Para comenzar tenemos que referirnos al concepto en sí, la inmigración corresponde a la

llegada de personas a un país o región diferente de su lugar de origen para establecerse en él.
La diversidad hoy en día es un aspecto muy importante, pero ¿Es factible un país sin
fronteras? Es un tema muy polémico, el control en la circulación de personas en nuestra
frontera es cada vez más rígido. El tráfico de drogas, la presencia de criminales, entre otros,
son factores que determinan esta situación. Nos enfocaremos a revisar esta situación desde
diversas perspectivas para generar conclusión de acuerdo a la investigación, es necesario hacer
un análisis de las consecuencias en términos de justicia y solidaridad que plantea el fenómeno
migratorio. En lo personal se nos hace cada vez más común la presencia de un extranjero por
nuestras calles, personas que vienen en busca de mejores condiciones de vida, pero que se ven
opacados por un grupo minoritario que no significan un aporte al país. Traficantes, criminales,
proxenetas que son demandados a través de los medios de comunicación masiva. Gracias a
ello, existe en el país una generalización respecto a la presencia extranjera, estereotipos que
nos causan inseguridad y dificultad para confiar en el forastero. Los sentimientos generados
son muy confusos, por una parte admiración por aquellas personas que quieren emprender
nuevas vidas con mejores condiciones, y por otra rabia e impotencia por aquellos que dañan
esa imagen y a la vez compasión por aquellas que se ven afectadas.
Las migraciones han estado presente desde el origen del ser humano, y antropológicamente se
discute si migrar está en la naturaleza misma de la humanidad. Como sea, no hay dudas en que
este fenómeno plantea interesantes disyuntivas éticas que los Estados deben solucionar a
través de políticas públicas migratorias, que deben tenerse en cuenta pues afectan a una
cantidad importante de personas buscando nuevos horizontes a nivel mundial. Los países que
reciben migrantes enfrentan decisiones complejas, que deben ser evaluadas por múltiples
expertos. Decisiones referentes a cierre de fronteras, dependerán de la relación entre el
Estado receptor y aquél al que pertenecen los migrantes, por tanto una cuota importante de
diplomacia parlamentaria está en juego. Además, el tipo y número de inmigrantes que
deberán cruzar la frontera, junto con el ambiente político, económico y social que existe en el
país al momento de la llegada de los migrantes son cuestiones sumamente importantes.
Idealmente no deberían existir grandes requisitos para el tránsito de personas entre un país y
otro, mientras todas las personas sean responsables en su actuar. Lamentablemente sabemos
que es imposible, debido a la escasa educación e irresponsabilidad por parte de la mayoría de
la población. Nuestras acciones llegan hasta políticas públicas de formación para las nuevas
generaciones e implantar una nueva imagen del forastero basada en la diversidad, respeto y
solidaridad.

La visión de la Iglesia sobre las migraciones tiene como punto de partida su propia visión del
ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios y, por tanto, sujeto de un valor inalienable,
independiente de su situación social o de su lugar de residencia. La Iglesia es madre, y como
madre acoge a todos los hombres, estén donde estén. Como Pablo VI declaró en la homilía de
clausura del Concilio Vaticano II: «Para la Iglesia Católica nadie es extraño, nadie está excluido,
nadie está lejos».

Un importante documento programático del Vaticano, en el papado de Juan Pablo II cuyo
nombre “Preparando el tercer milenio que llega” solventaba la exigencia a los católicos de
realizar un riguroso examen de conciencia sobre los errores cometidos en la búsqueda de la
unidad de las iglesias y, además, el vislumbre de una verdadera renovación social y eclesial, es
un eje humanístico importante para el análisis de la inmigración. Además en varios pasajes del
Antiguo Testamento nos señala el Señor la importancia de guardar una especial consideración
hacia el foráneo, mientras recuerda al pueblo elegido su reciente pasado emigrante. Así,
señala el Éxodo: «No hagáis daño al extranjero; ya sabéis lo que es un extranjero, pues
extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto» (Ex. 23,9), y en el Levítico se lee: «Si viene
un extranjero para habitar en vuestra tierra no le oprimáis; tratad al extranjero que habita en
medio de vosotros como al indígena de entre vosotros; ámale como a ti mismo, porque
extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto» (Lev. 19, 34)