Un ciclo escolar que termina, una página que llega a su fin; un peldaño

más que subir.
La oportunidad comienza de nuevo; no es el fin, sólo es el inicio de tu
porvenir.

Siempre nos encuentran los actos de fin de año un poco cansados,
bastante estresados y a las corridas. Podemos hoy hablar de los
objetivos que cumplimos, de los contenidos que vimos, de las notas
que se sacaron los chicos, de qué haremos el año que viene.
Pero, más allá de las notas, ¿cómo vivimos este año en el colegio? Los
chicos, ¿disfrutaron el aprendizaje? Los papás, ¿se sumaron al
proyecto educativo? Los docentes, ¿supimos cómo acompañar a
nuestros alumnos?
Si docentes y padres reflexionamos sobre nuestro rol, nos daremos
cuenta de cuán importante es nuestro papel, de cuánto depende de
nosotros el crecimiento de los chicos. La vida cotidiana tiene sus
dificultades: horarios, gastos, trabajos, compromisos, por eso,
debemos ayudarnos para lograr un objetivo fundamental: que los
chicos alcancen su máximo potencial, que concreten los mejores
sueños que soñamos para ellos. No me refiero a que tengan títulos o
mucho dinero el día de mañana sino a que sean personas libres,
responsables y felices.
Que los valores con los que nos llenamos la boca a veces: honestidad,
esfuerzo, compromiso, solidaridad, se hagan carne en nosotros.
Seamos el ejemplo que nuestros hijos necesitan. Los bienes materiales
o tener todo lo que tienen los demás no los hará mejores personas a
ellos ni mejores padres a nosotros. Es mejor que vean cómo nos
entusiasma crecer, mejorar, aprender. Que la vida también sea una
maravilla para nosotros, un regalo que debemos ser dignos de
merecer.¡Felicitaciones a todos por todo lo que aprendieron este año!
¡Y reciban con los brazos abiertos las oportunidades que el nuevo año
tiene para ustedes!
No importa lo difícil que haya sido este año, tenemos todo un año
entero de estreno.