You are on page 1of 9

LA MEDIOCRIDAD NO ES ACTITUD CRISTIANA

Conferencia sobre esta mezquina forma de ser
Autor Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

1. LA MEDIOCRIDAD
Lo mediocre es poco importante, poco interesante, poco abundante o de calidad media. Se dice
que el mediocre es de poca inteligencia o de poco mérito, es además mezquino, vulgar, corriente,
amigo de la pequeñez, y enemigo de la generosidad, cada uno sepa ubicarse si es o no es mediocre
o en que grado estamos y si podemos superar esta mezquina forma de ser, por no saber o no querer
aprovechar los talentos que nos han sido dado.
Le consulte a un siquiatra amigo las características de su forma de ser y me entrego este
diagnostico: “Es una persona que vive según las conveniencias, no acepta las opiniones de los
demás y busca apoyo para desacreditarlas, no es un animoso para nuevas tareas, por lo cual se le
diagnostica como poco inteligente, carente de personalidad y sufre de envidia. Le fastidia la
perfección, por tanto los que tienen estas características no han sido considerados como genios ni
como héroes, y no hay ningún santo entre ellos, lo mas triste, es su incapacidad para amar, razón
suficiente, para no concordar con el vivir cristiano”.
2. AMARAS AL SEÑOR TU DIOS, PERO SIN MEDIOCRIDAD
Se acercó uno de los escribas que les había oído y, viendo que les había respondido muy bien, le
preguntó: “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?”
Jesús le contestó: "El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú
amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas
tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más
grande que estos". (Mc 12,29). Mateo lo relata de esta forma: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento
más grande de la Ley?". Jesús le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con
toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es
semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen
toda la Ley y los Profetas". (Mt 22, 36-40)
Amarás al Señor, tu Dios, nos pide el Hijo de Dios, que es Dios. Este mandamiento, es una
obligación que todo cristiano debe tener en cuenta, es decir doblegarse a este precepto, si no lo
hacemos, caemos en desacato, es decir, en atrevimiento. El verdadero cristiano se adhiere con
fidelidad a su fe.
Este es nuestro deber de cristiano autentico. Amarás y con todo el corazón, esto implica sin ninguna
restricción y con todo lo que nos da la vida. Amarás con toda el alma, es decir con lo esencial para
nuestra vida, lo más importante, la parte espiritual e inmortal, capaz de entender, querer y sentir, y
que, junto con el cuerpo, constituye la esencia humana. La obligación incluye; amarás con toda la
mente, con la capacidad intelectual humana, con el pensamiento y más allá de toda imaginación y
voluntad. Esto es amarás con todo lo que hemos recibido de Dios, por tanto con todo lo que
podemos acercarnos a Dios y estar con Él.
Jesús, nos exige un amor total, es decir El no acepta un amor parcial o limitado. Cristo nos solo
enseña cual es el mandamiento más importante, además lo reclama, lo demanda y lo amplia a todos
los hombres. En efecto, Él quiere la entrega y el amor, tanto a Dios como al prójimo y esto es lo
más sorprendente, ya que pone al mismo nivel dos mandamientos diciendo: De estos dos
mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas.
Cuando Cristo Jesús, dice que es el mandamiento más grande, no le da cabida a la mediocridad,
que sería no darle importancia a este mandamiento, predisposición muy acariciada según las
circunstancias y las conveniencias. Con todo, a través de la historia, el hombre ha fracasado en
este mandato, y sigue fallando.
En otros términos, Jesús nos pide que si somos sus seguidores, esto es cristianos, debemos ser
absolutamente contrarios a cualquier sentimiento acentuado de hostilidad, antipatía, rechazo y odio
a Dios y a los hombres.
Si pensáramos solo en amar a Dios y no a los hombres, sería un cumplimiento mediocre de nuestra
parte y lo triste es que es algo con lo que convivimos a diario, está a la vista de cualquiera en la
familia, en la amistad, con los vecinos, con los que piensan diferente, entre los políticos, entre las
naciones y pueblos.
Esto es los que nos enseña Jesús, el hombre es imagen de Dios, y si tu amas a tu prójimo, amas a
Dios, y si amas a Dios, lo amas en también en el prójimo.
Estos preceptos son nuestros fundamentos de la vida cristiana, ambos basados en el amor, y por
amor a Dios y al prójimo, juntos el mandamiento más grande de la Ley
El compromiso con nuestro prójimo que nos pide Jesús, es impactante, y pide que se haga con todo
el corazón y con toda el alma, con todo el espíritu y con todas las fuerzas. Con todo el corazón, es
con todo lo nuestro, sin reservas, con todo tipo de sacrificios, con todo lo que nos hace vivir. Con
toda el alma, es con toda la sensibilidad del amor divino. Con todas las fuerzas, es ardientemente
y sin tibieza, sin mezquindades y para que no falte nada, con todo nuestro entendimiento, con toda
nuestra mente, con la inteligencia y la reflexión.
Todo el que obedece este precepto, se encamina a la perfección de la divina gracia. El Señor quiere
que amemos naturalmente el bien; amando también a nuestro prójimo y parientes, dándonos
espontáneamente a los hombres de bien, y entregando gratuitamente todo nuestro afecto.
El Mandamiento de Amar a Dios sobre todas las cosas, impone también otros deberes, inalcanzable
para los mediocres que se destacan en buscar una explicación inventada según sus propios
criterios, no el de Dios. Amar a Dios, exige devoción, prontitud de la voluntad para entregarse a
Dios. Requiere además de la oración, necesaria para la elevación de la mente y el corazón a Dios
para alabarle y pedirle lo que conviene a nuestra salvación. Involucra además la adoración, porque
en ella reconocemos la grandeza de Dios y nuestra pequeñez, sometiéndose nuestra voluntad a Él.
También envuelve el sacrificio como acto para honrar a Dios.
Pero no solo debemos contentarnos con saber lo que Dios pide, también se debe conocer lo que
este mandamiento prescribe y prohíbe, como el odio a Dios, la acidia, o pereza, el tedio o fastidio
de las cosas espirituales, cansarse de reflexionar la palabra de Dios o sentir flojera de rezar.
También prohíbe el amor desordenado de las criaturas, y establece como falta gravísima preferir
las criaturas en lugar de su creador o cumplimiento de su voluntad divina. Este mandamiento no
acepta el culto indebido, es decir, rendir culto a medias.
Hay otras prohibiciones donde no se puede alegar posibilidad de aceptación, como la idolatría, la
adivinación, en especial la que dice de la pretensión de adivinar el futuro por medios indebidos, a
modo de ejemplo, el Tarot es una práctica indebida que ofende a Dios. Prohibido esta la
superstición, la brujería, tributar un culto indebido a personas o cosa no divina, el sacrilegio, la
simonía como intento de comprar algo espiritual.
3. HABLAR MAL DE DIOS, COMO LO MEDIOCRES
“Al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que hable contra el
Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el futuro” (Mt 12, 32-33)
En aquel tiempo los mediocres quería empequeñecer los milagros de Cristo y lo hacía atribuyendo
a que estas eran obras eran por el poder de Satanás, este era un pecado de ignorancia, por eso
dice el Señor que al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará, ya que los
fariseos no reconocían en Cristo el Hijo de Dios y lo veían bajo la apariencia de hombre. Pero no
es lo mismo cuando por malicia o mala fe se ofende a Dios y el Espíritu Santo es Dios.
Jesús, advierte que al que hable contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni
en el futuro. Sin embargo queda si la esperanza de la atribución que tiene Dios de cambiar el
corazón del que peca y ponerlo en un camino de rectitud y sacarlo de la mediocridad.
Luego Jesús añade: Raza de víboras, ¿cómo pueden ustedes decir cosas buenas, siendo malos?
Porque la boca habla de la abundancia del corazón. El hombre bueno saca cosas buenas de su
tesoro de bondad; y el hombre malo saca cosas malas de su tesoro de maldad. Pero les aseguro
que en el día del Juicio, los hombres rendirán cuenta de toda palabra vana que hayan pronunciado.
Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado". (Mt 12, 32-37)
Jesús nos pone dos comparaciones ambientales, El árbol bueno da buenos frutos. Un dicho dice
que: Si el corazón no lo anunció a la boca, ¿cómo lo podría la boca anunciar? ¿Qué decían los
fariseos contra Jesús? El Evangelio lo dice, y la muerte de Jesús será un complot en el que ellos
tienen parte destacada. Jesús hasta los llama raza de víboras. La víbora, es pequeña e inofensiva
de aspecto, pero es venenosa. La misma idea se expresa con la imagen del tesoro. Este es el alma,
- el hombre -, que tiene y guarda lo que el hombre es. El hombre bueno, del buen tesoro de su
corazón habla la boca. Otro dicho dice: -el tesoro de la conciencia que va a obrar está lleno del
espíritu malo, hasta la acción buena la hará mala.- Y Jesús añade una sentencia: Pues por tus
palabras serás declarado justo o por tus palabras serás condenado.
El hombre de bien alaba a Dios. La alabanza es la expresión externa de nuestro amor interno a
Dios. El hombre enriquece su tesoro hablando con Dios, pidiéndole el bien y prometiéndole obrar
bien. El hombre que ama a Dios, se cuida para no caer en la mediocridad de hacer invocación de
Dios en testimonio de verdad.
Del mismo modo, no nos es posible el uso del nombre de Dios en vano, es decir, pronunciarlo sin
motivo. Jurar en falso poniendo a Dios por testigo, eso es perjurio.
Tampoco podemos hablar de Dios sin el debido respeto a su santo nombre de Dios, como tampoco
hablar mal de los santos hijos de Dios, como María Santísima, ya que cuando se habla de blasfemia,
se habla de injuriar a Dios, y esto involucra renegar de la virgen bendecida por el Espíritu Santo. El
Espíritu Santo fue enviado para santificar el seno de la Virgen María y fecundarla por obra divina,
él que es "el Señor que da la vida", haciendo que ella conciba al Hijo eterno del Padre en una
humanidad tomada de la suya.
4. EL DIA DEL SEÑOR
La peor de todas las mediocridades, es darle insignificancia al Día del Señor y las fiestas
relacionadas. Dijo Jesús: “Hagan esto en memoria mía” (Lc 22,19). No se trata de re-crucificar a
Cristo, lo que se hace es re-actualización y perpetuación del sacrificio de Cristo en la cruz. El no
vuelve a morir, sino que, en su ministerio de intercesión en el Cielo y a través de la Misa, continúa
ofreciéndose al Padre como un sacrificio vivo.
El domingo es el día de la resurrección de Cristo y los celebramos con la Santa Misa y cumplimos
además con el Tercer Mandamiento del Decálogo. Desde el tiempo del Nuevo Testamento (tiempos
Apostólicos), el domingo remplazó al sábado judío como día dedicado al Señor para darle culto y
descansar de las labores. La Iglesia no "cambia la Biblia", como dicen los mediocres y algunas
sectas que se aferran al sábado. Es un hecho histórico que desde el principio (desde el siglo I) los
cristianos celebran el día del Señor el domingo. La Iglesia es fiel a la doctrina de los Apóstoles. No
fue hasta la época moderna que algunas sectas, desconociendo la realidad histórica, se revirtieron
a la práctica judía de celebrar el sábado en vez del domingo.
Un referencia bíblica: "El primer día de la semana, estando nosotros reunidos para la fracción del
pan" (Hechos 20,7). El "primer día de la semana" es el domingo y además, el domingo es el día de
Pentecostés, en que estaban reunidos los Apóstoles con María Santísima en oración y se derramó
el Espíritu Santo.
El decálogo, nos manda santificar las fiestas. Para el cristiano, la resurrección de Cristo es una
fiesta y la celebramos con alegría el domingo y fiestas de guardar. No alegrarse con esta fiesta es
caer en la pequeñez del mediocre, que justifica la insignificancia de este día.
5. ENALTECER NUESTRAS RAICES, ENGRANDECER NUESTRA FAMILA
Pedro y los apóstoles contestaron: "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. (Hechos
5,29). En resumen, he descubierto lo siguiente: Dios hizo recto al hombre, pero ellos se buscan
muchas complicaciones. (Ecle 7,29)
Dios quiso que, después de él, honrásemos a nuestros padres, a los que debemos la vida y que
nos han transmitido el conocimiento de Dios. Y Dios quiere que sus hijos obedezcan.
Las enseñanzas que hemos recibido de nuestra fe (CIC), nos dicen que un hombre y una mujer
unidos en matrimonio forman con sus hijos una familia. Sus miembros son personas iguales en
dignidad. Las relaciones en el seno de la familia entrañan una afinidad de sentimientos, afectos e
intereses que provienen sobre todo del mutuo respeto de las personas.
La obediencia de los hijos es el reflejo de la unidad de sus padres. Si los padres ponen en evidencia
falta de unión y entendimiento, y están socavando los fundamentos de la confianza y el respeto
mutuo, entonces los padres destruyen su propia autoridad, no pueden pretender que sus hijos les
obedezcan.
En efecto el ejemplo de confianza en los esposos, motiva la obediencia de los hijos, en cambio con
sus discusiones dan un ejemplo de discordia e inclinan a la desobediencia a los padres.
Recordemos que en la mente de los hijos, la familia es una unidad y los padres son una sola cosa,
ellos no pueden elegir entre uno y el otro, y al observar actitudes opuestas sobre un problema los
desorientan.
Para que los hijos entiendan que se debe honrar y enaltecer sus raíces, hay que hacer primero con
ellos gestos de grandeza, hay que entender que la familia es una comunidad privilegiada, llamada
a realizar un propósito común de los esposos y una cooperación diligente de los padres en la
educación de los hijos, no entenderlo es ir a la imperfección del concepto familia.
En efecto, en los deberes de los padres, la fecundidad del amor conyugal no se reduce a la sola
procreación de los hijos, sino que debe extenderse también a su educación moral y a su formación
espiritual, es decir no entregar a los hijos una formación mediocre. Los padres deben mirar a sus
hijos como a hijos de Dios y respetarlos como a personas humanas. Y han de educar a sus hijos en
el cumplimiento de la ley de Dios, mostrándose ellos mismos obedientes a la voluntad del Padre del
cielo.
Jesús, nos dejó un mandamiento de amor, para que como padres se lo entreguemos a nuestros
hijos y, luego para que los hijos se lo den a sus padres. Dijo el Señor: Os doy un mandamiento
nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros
los unos a los otros. (Jn 13,34).
Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Prójimo, es próximo y nuestro prójimo más próximo es nuestra
familia, nuestros padres, a quien le debemos mucho, El prójimo refleja la bondad de Dios y al prójimo
se lo ama con amor de caridad porque en él está Dios. Y Cristo está en el prójimo, porque somos
hijos de un mismo padre, por lo tanto, hermanos entre nosotros y porque tenemos un mismo destino
eterno.
Enaltecer nuestras raíces, es un distintivos del amor cristiano. Honrar a nuestros padres, con todo
lo que son, con su naturaleza humana, buena es sí misma y digna de nuestro amor, no admite
insignificancias.
6. CUIDAR EL PATRIMONIO DE DIOS, LA VIDA HUMANA
Se entiende por patrimonio, el conjunto de bienes que pertenecen a alguien. El hombre pertenece
a Dios. El hombre fue creado por Dios desde el principio del tiempo y fue creado de la nada,
compuesto de cuerpo y alma. Sólo el hombre es capaz de poder comunicarse con su Creador,
puede hablar con Él y puede convertirse en amigo de Dios. Esencial para esta amistad, es la
amistad entre los hombres y respetar su vida, en cualquier condición y lugar, sin egoísmo y exento
de pequeñeces.
Y respetar y cuidar el Patrimonio de Dios, no se hace callando frente a los sucesos, porque
enmudecer, es complicidad y no orar por esta necesidad, es indiferencia. El Santo Padre Juan Pablo
II, haciendo ver la mediocridad del hombre de fe, ante el Cuerpo Diplomático de la Santa Sede, el
10 de enero de 2002, decía: “En la noche de Navidad hemos acudido espiritualmente a Belén y nos
hemos entristecido al constatar que la Tierra Santa, donde el Redentor vio la luz, sigue siendo, por
culpa de los hombres, una tierra de fuego y de sangre. Nadie puede permanecer insensible ante la
injusticia de la que es víctima el pueblo palestino desde hace más de cincuenta años. Nadie puede
negar el derecho del pueblo israelí a vivir de modo seguro. Pero nadie puede olvidar tampoco a las
víctimas inocentes que, de una parte y de otra, caen todos los días bajo los golpes y los tiros.”
Pero Dios, no es patrimonio de nadie, así lo hacía ver el Papa Juan Pablo II en el mismo discurso
anterior: “Dios no está al servicio de un hombre o de un pueblo, y ningún proyecto humano puede
pretender apropiarse de él. Los hijos de Abraham saben que Dios no puede ser patrimonio de
nadie……. La verdad sobre el hombre, que es una criatura. El hombre sólo es auténtico cuando se
pone ante Dios en actitud de pobreza. Sólo es consciente de su dignidad cuando reconoce en él y
en los demás la huella de Dios, que lo creó a su imagen……Y para hacer ver que no se debe actuar
con egoísmo y simpleza, agrega: Los cristianos ofrecen a todas las personas esta verdad sobre
Dios y sobre el hombre, especialmente a sus hermanos y hermanas fieles del Islam auténtico,
religión de paz y de amor al prójimo.”
La defensa del carácter sagrado de la vida humana en toda circunstancia, no admite mediocridad
ni en los hechos ni en los pensamientos, como tampoco el apoyo en las manipulaciones genéticas.
La aceptación del aborto, es complicidad con el homicidio, donde se mata a un ser totalmente
inocente e indefenso.
El querer, pensar y apoyar el suicidio, es una actitud injusta ante el creador de la persona que no
sabe aprovechar sus talentos, complicando su propia existencia y negándose a buscar una solución
con su Dios. La vida no es nuestra sino de Dios, somos solo administradores de ella.
Cuidar el Patrimonio de Dios, implica además, la eliminación de la pobreza, mediante esfuerzos
constantes en favor del desarrollo, el respeto de los derechos humanos en todas las circunstancias,
la lucha contra las grandes enfermedades y el acceso a la salud de los menos pudientes. Pero
también el cuidado de nuestra propia salud, lo que implica el no consumo de drogas, evitar el exceso
de alcohol y el tabaquismo.
7. HACER LA VIDA EN UN PANTANO
El hombre puede vivir en aguas puras, sin embargo su mediocridad le ha hecho amigo de vivir en
aguas pantanosas. Todo esto, porque no quiere beber del agua que no da más sed.
Conversación de Jesús con la Samaritana: “Jesús y dijo: ¡Si conocieras el don de Dios y quién es
el que te dice: Dame de beber, tú le pedirías a Él, y Él te daría a ti agua viva! Ella le dijo: Señor, no
tienes con qué sacar el agua y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, te viene esa agua viva? ¿Acaso
eres tú más grande que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebió él mismo, sus
hijos y sus rebaños? Respondió Jesús y le dijo: Quien bebe de esta agua volverá a tener sed; pero
el que beba del agua que yo le diere no tendrá jamás sed; que el agua que yo le dé se hará en él
una fuente que salte hasta la vida eterna. Le dijo la mujer: Señor, dame de esa agua para que no
sienta más sed ni tenga que venir aquí a sacarla”. (Jn 4:4-26).
¿Qué quiere expresar Jesús por esta imagen del “agua viva” que se hace “fuente” en el que la bebe,
y que el agua que mana esa “fuente” salta o llega hasta la “vida eterna”? Podríamos asegurar que
la vida espiritual, que Dios dispensa, y las gracias de todo tipo dispensadas por Dios y Cristo-Dios.
Entusiasmada la samaritana dice: Señor, dame de esa agua para que no sienta más sed ni tenga
que venir aquí a sacarla. En el Apocalipsis, se dice: “Y el que tenga sed venga, y el que quiera tome
gratis el agua de la vida” (Ap 22:17; 7:17).
El “agua viva,” es energía y vitalidad, es “fuente,” que es principio de actividad, aquí sobrenatural,
vital, llega “hasta la vida eterna,” termino sobrenatural. Estas tres características se incluyen
interpretando esta enseñanza de la vida de la gracia como don del Espíritu Santo. Jesús se presenta
aquí como el dispensador de la gracia, del don del Espíritu Santo.
La mediocridad del Cristiano está derramando el “agua viva” que le ofrece Jesús para su salvación
y a cambio hace su vida en un pantano de aguas estancadas y sin vitalidad, por tanto se incapacita
para ver “las cosas de arriba donde esta Jesús.”(Col. 3:1)
Escribió San Pablo: “Poned la mirada en las cosas de arriba, no a las de la tierra. Porque habéis
muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se
manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con El en gloria. Haced morir, pues, lo
terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que
es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, en las cuales
vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas. Pero ahora dejad también
vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca.
No mintáis los unos a los otros, habiéndonos despojado del viejo hombre con sus hechos, y
revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el
conocimiento pleno”. (Col. 3:2-17).
Son dos preceptos que van unidos, no cometer actos impuros y no desear la mujer del prójimo.
Estas faltas no se pueden menguar, no se pueden minimizar, y cometerla, ofende al santuario del
Espíritu Santo. “¿O no sabéis que vuestro cuerpo es santuario del Espíritu Santo, que está en
vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis?” (1 Cor 6,19)
¿No hay que ser tan puritano o no hay que ser tan mediocre? El hombre se introduce y no quiere
salir de una vida hedonista, a tal punto que independiza su fe y sus compromisos con sus creencias
religiosas para participar de una sexualidad fuera del amor y de sus particularidades humanas. Y
llega a tal ridículo, que se convence que muchas de estas cosas las hace en secreto, es decir,
asegura que Dios no le ve y actúa libremente.
La mediocridad es tan grande, que ni siquiera ya es capaz de evitar las conversaciones sobre este
tema en el plano de la morbosidad. La sexualidad, para Dios es santa y la alimenta de aguas puras
como el amor, y el hombre la está alimentando con aguas contaminadas de su pantano. El hombre
no tiene tiempo para rezar, pero si le sobra para hablar de genitalidades, no tiene tiempo para
pensar en Dios, pero le sobra para la imaginación concupiscente. La sexualidad provocativa es el
tema principal de los medios de comunicación, y el hombre se afana por vivirla.
Así, por un camino equivocado, iluminado por la mediocridad, el hombre busca hoy la felicidad y no
puede hallarla, piensan solo en su propio placer, es incapaz de autogobernarse según la razón y
la fe y se transforma en lo que no es, con una vida tan desorientada y confundida, que solo le
produce infelicidad.
8. VIVIR DEL DESPOJO Y LA AMBICION
Dijo Jesús: "¿De qué sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?" (Mt 16, 26)
En una clase de Derecho para alumnos que estudiábamos y trabajábamos fuera, nuestro profesor
no hizo disponer de una hoja y lápiz, éramos unos 35 alumnos, y nos dijo: Le voy hacer una sola
pregunta, expláyense como quieran, cuando crean que terminaron, se puede retirar de la sala y no
volveremos a reunir en 1 hora más. Escriban en la hoja: ¿Que han robado ustedes o que han
permitido que se robe?. Y sin más se retiró. Nadie escribía en la hoja, ni siquiera su nombre, y a los
pocos segundos uno a uno se fue retirando de la sala, dejando la hoja dada vuelta sobre la mesa
del profesor.
Unas hora más tarde, profesor y alumnos en un increíble silencio ingresaban a la sala, algunos
mostrando indignación y humillación, otros quitando la vista.
El Profesor tomo las hojas y comprobó que no había ninguna respuesta y comenzó a decir: “Veo,
que ninguno ha comprado cosas robadas o copias ilegales de algo. Les felicito, sus computadores
no tienen ilícitos. Que alegría de saber que mis alumnos no han participado de fraude alguno, les
han dado a cada cual las cosas por su correcto valor y calidad, pagan sus salarios como
corresponde, pagan sus deudas, trabajan afanosamente y no le roban al patrón ningún minuto
leyendo el diario o en Internet”, y así siguió por varios minutos, hasta que nos dio una última
pregunta, para lo cual no pidió ni por escrito ni publica respuesta: “Cuantos de ustedes han
engañado a Dios con estas repuestas y cuanto me engañaron a mí, solo reflexionen”.
Yo creo que el profesor no tenía ningún derecho a recibir respuesta a ninguna de las dos preguntas,
ni la escrita ni la reflexiva y él lo sabía. Pero la lección fue positiva, porque reflexionamos de una de
las peores mezquindades, el robo y la codicia oculta en cada uno.
La mediocridad, permite al trabajador no cumplir con su trabajo y exigir la paga completa, la misma
que hace el patrón cuando no paga un salario justo, o del comerciante que altera la balanza, la
calidad o el precio. La vulgaridad permite comprar cosas ilegales y hacer la vista gorda en los ilícitos.
La imperfección de la mente y del corazón, es la que acepta la coima.
¿Se puede andar junto a Jesús y ser ladrón? Cuando Jesús salía a predicar junto a sus apóstoles,
recibían ofrendas, y como necesitaron un tesorero, eligieron a Judas, hombre codicioso y amante
del dinero. San Juan dice que era ladrón.
Cuando María ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos y la casa se llenó del olor del
perfume, dice Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que lo había de entregar:"¿Por qué no se
ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?" Pero no decía esto
porque le preocuparan los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía la bolsa, se llevaba lo que
echaban en ella. (Jn 12-6)
Recostándose sobre el pecho de Jesús, le dice: "Señor, ¿quién es?" Le responde Jesús: "Es aquel
a quien dé el bocado que voy a mojar." Y, mojando el bocado, le toma y se lo da a Judas, hijo de
Simón Iscariote. Y entonces, tras el bocado, entró en él Satanás. (Jn 13, 25-27).
La mediocridad se vulgarizado tanto, que hasta grandes cadenas informativas han querido elevar a
calidad de victima al ladrón de la tesorería de los apóstoles (Jn 12,6) y que al que dejo entrar en su
vida a Satanás. (Jn 23,27)
“Y en esto sabemos que le conocemos: en que guardamos sus mandamientos. Quien dice: Yo le
conozco y no guarda sus mandamientos es un mentiroso y la verdad no está en él.” (1Jn 2,4)
9. VIVIR ENJUICIANDO AL PROJIMO
La mediocridad se reviste de fiesta con el rumor o el chisme, en especial cuando corre entre las
gente propagando una noticia o comentario que tiene por fin murmurar de alguien o enemistar a
una personas con otra. Esta acción siempre lleva consigo un juzgamiento, en otras palabras una
crítica al prójimo. Pero no una crítica limpia, sino sucia, ya que no es para mejorar y lo peor es que
se hace de espalda, acompañada del chisme y utiliza la murmuración para expandirse.
Lo penoso, es que estas cosas no las consideramos como pecados y lo son. Lo peor es, que parece
existir una cierta indiferencia a estos tipos de pecados y no le otorgamos mayor importancia. El
“chisme”, la murmuración mal intencionada, el rumor dañino, el placer del comentario por los
defectos de los otros, de nuestros hermanos en la fe, de nuestros compañeros de trabajo, amigos,
vecinos, o cualquiera que se nos ocurra, es una falta grave, porque es una disimulada acusación
falsa contra una persona que se hace con el fin de perjudicarla.
El comentario dañino nos hace caminar por la mediocridad en pleno, sin decencia, por caminos sin
caridad, con barro o lodo, y es difícil no salpicarse, ensuciarse o mancharse si pasamos por el.
En verdad, es una falta enorme de finura, es un estilo ordinario y mediocre de vivir, el estar
participando de las murmuraciones, criticando las faltas y defectos, algo que nos debe parecer
indigno, especialmente, por la falta de misericordia por los demás. Esta forma de vida, crea
sentimiento de antipatía, odiosidades, peleas y rencores. Lo triste de esta situación, es la pérdida
de amigos, la desconfianza entre nosotros mismo y la falta de fe en la nobleza de las personas.
Lo doloroso está en los que les encanta mostrase como santos, puros, llenos del estado de gracia,
pero se deleitan levantando dedos acusadores como si eso los hiciera mejores.
Es algo “fuerte”, pero ¿como puede ser posible el vivir criticando el quehacer de nuestro prójimo,
criticar cada una de sus faltas, plantear y exigir castigos y sanciones y luego a veces proclamar la
Palabra de Dios al mismo tiempo?
Nuestro egoísmo nos hace ver las faltas de nuestro prójimo con gran facilidad, aumentamos las de
ellos y despreciamos la nuestras. Todo esto hace necesario un examen de conciencia, tal vez así,
podríamos darnos cuenta del dolor que nosotros mismos provocamos a quienes están en nuestros
comentarios, y por supuesto, darnos cuenta que con esta actitud, le estamos fallando al Señor,
porque no nos estamos amando como se nos esta mandado.
Nuestra relación con los que nos rodean, con los que participamos en el cada día de nuestra vida y
cada relación familiar tiene que ser vividas honestamente. Talvez esto presupone muchos sacrificios
y mucho amor. Pero, al mismo tiempo, estos esfuerzos se ven acompañados siempre por un gran
sentido de paz y de recompensa mutua.
Tenemos que amarnos entre nosotros, es un precepto que esta implícito en nuestra fe. Amar incluso
hasta que nos duela; si nos duele es la mejor señal. Nosotros hemos sido creados para amar y ser
amados. Amar a nuestro prójimo, no es otra cosa que amor hacia Dios. Pero no existe amor en la
murmuración, la crítica injustificada y peor cuando no se tiene fundamento de ella.
Seamos además valientes y apegados a nuestros valores y principios, no condescendamos, no
convivamos, no aceptemos, no nos contaminemos, no promovamos, no aplaudamos y no nos
manchemos con este proceder, con este estilo de vida, si lo hacemos, somos mediocres y
mezquinos.
Quizás, de manera egoísta, hasta hoy, era satisfactorio ver castigados a los demás y entretenernos
con el comentario de sus faltas, de sus errores. Pero reflexionemos un minuto, y pidamos a Dios la
misericordia para nuestro corazón, y la del pecador y roguemos para su conversión. Pero nunca
seamos indolentes y permisivos con el mal.
Hagamos una meditación sobre nuestros actos, de quién inspira mis palabras, de porque he querido
dar mi opinión en todo y si digo la verdad o si he revelado secretos; Revisemos si he juzgado o
chismeado. Revisemos si nos quejemos buscando conmiseración o desahogo indebidamente. No
pongamos atención a lo indebido. No acostumbremos a hablar lo que no edifica: chistes con
groserías, hirientes a una raza, nacionalidad, etc.
En otras palabras, no dejemos ningún espacio para esta mediocre manera de vivir en la
murmuración estéril, hagamos un gran espacio para la corrección fraterna. Pero no nos olvidemos
cuando sea necesario, la denuncia del mal para evitar confusión en aquellos hermanos que puedan
desviarse del camino de rectitud.
Antes de criticar a nuestro prójimo, antes de murmurar y chismear, antes de de deleitarse con
nuestra lengua ociosa, reflexionemos si estos son, los mismo modos de ser de los fariseos que con
premeditación y alevosía, condenaron al sufrimiento de Nuestro Señor Jesucristo.
Dios nos ayude a no caer en la pequeñez, la mezquindad, la vulgaridad y a nos ser mediocres.
Pedro Sergio Antonio Donoso Brant
Agosto de 2007