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Cuando un niño no duerme bien, toda su familia duerme mal, los problemas del sueño en la infancia son un asunto serio.

Mientras dormimos, nuestro organismo está ocupado en tareas imprescindibles para la supervivencia que no puede hacer durante la vigilia. Dormir bien es fundamental, y más durante la infancia ya que el sueño repercute en el buen desarrollo del organismo y especialmente en el del cerebro.

El insomnio es debido a una dificultad en la conciliación y/o en el mantenimiento del sueño. Afecta a niños de todas las edades y sus causas pueden ser muy variadas. Prolongado en el tiempo altera el sistema inmune y el endocrino, favorece la obesidad infantil, los problemas cardíacos y retrasa el crecimiento. Se resiente el funcionamiento muscular, aparecen dolores musculares (“de crecimiento”), disminuye la habilidad para las tareas de precisión y la capacidad de reacción.

El mal descanso nocturno repercute en el desarrollo y buen funcionamiento cerebral, causa fatiga, dificulta el aprendizaje, trastorna el ánimo y la conducta, con síntomas similares a los del TDA-H, aumentando el riesgo de que el niño sufra accidentes.

Horas de sueño y edad

horas de sueño

El sueño en los niños con problemas neurológicos.

Los problemas de sueño son muy frecuentes en los niños con trastornos neurológicos. Pueden deberse al problema de base o a una inmadurez en la regulación cerebral del patrón sueño-vigilia. Si la falta de sueño altera la conducta, el ánimo y el aprendizaje en los niños sin problemas neurológicos, interfieren aún más en los que sí los tienen.

El mal dormir de los hijos repercute en el descanso de sus padres. Esto es especialmente cierto en los padres de niños con trastornos neurológicos, ya que las preocupaciones, exigencias y dificultades superan a las de los adultos con hijos sin problemas.

Las encefalopatías graves (de origen cromosómico, malformativo o lesional) con privación sensorial o movilidad muy limitada, interfieren en el desarrollo y la adaptación del reloj interno causando problemas en el ritmo de sueño, bien por dificultades en la conciliación, por despertares nocturnos repetidos en la misma noche, o incluso por inversión total del ciclo sueño-vigilia, de modo que los niños duermen de día y pasan la noche despiertos.

En general, las alteraciones del sueño en las encefalopatías graves son inespecíficas. El patrón de sueño y los registros electroencefalográficos (EEG) están muy alterados debido a la gravedad de la afectación cerebral. Se registra una disminución de la fase del sueño que parece tener una relación directa con el crecimiento cerebral y el aprendizaje.

En los trastornos menos discapacitantes como el TDA-H, hasta el 44% de los niños tienen problemas de sueño. Les cuesta conciliar el sueño, se mueven mucho durmiendo o se despiertan muy pronto por la mañana. Aunque duermen las mismas horas que los niños sin TDA-H, parecen tener un sueño menos reparador.

vrgLos niños con trastornos del neurodesarrollo tienen un sueño deficitario, lo que a su vez interfiere en el neurodesarrollo.

Trastornos del sueño que se confunden con trastornos del neurodesarrollo.

Hemos visto que un mal descanso nocturno que se prolonga en el tiempo causa problemas de aprendizaje y de la conducta con síntomas muy similares al TDA-H. Ante un niño con síntomas de TDA-H debemos asegurarnos siempre de la cantidad y la calidad de las horas de sueño. Si hay dudas, es conveniente que los padres hagan un diario de sueño.

La apnea obstructiva durante el sueño, el trastorno más frecuente del sueño en la edad infantil, el síndrome de piernas inquietas o los terrores nocturnos, distorsionan el sueño y pueden simular o confundirse con otras patologías neurológicas.

La detección de los problemas del sueño y su tratamiento precoz mejora la salud global del niño.

Esto se debe a que en la etapa de movimientos oculares rápidos (MOR) se reprocesa información

Esto se debe a que en la etapa de movimientos oculares rápidos (MOR) se reprocesa información relacionada con las emociones.

En la primera vez que se estudia el efecto de la privación de sueño de movimientos oculares rápidos (MOR) en la modulación emocional de los seres humanos, se llegó a una conclusión: la reactividad a estímulos emocionales se incrementa en ausencia de dicha etapa, explicó María Corsi Cabrera, especialista de la Facultad de Psicología de la UNAM, entidad donde se realizó esta investigación precursora.

Se conoce que durante esta fase —que tiene lugar varias veces durante el sueño y que usualmente ocupa la cuarta parte del tiempo que duerme una persona—, la actividad cerebral se vuelve rápida, el tono muscular disminuye, comienzan los movimientos oculares y se reprocesa la información emocional, pero ¿qué pasa si no se llega a este estadio?

Para llevar a cabo esta investigación, se tomó a un grupo de 19 individuos para someterlos a un proceso de privación selectiva —es decir, se les permitió llegar a todas las etapas del sueño, menos a la MOR—, con la finalidad de determinar los efectos de esta carencia en la reactividad emocional, reacción crucial a la hora de establecer relaciones interpersonales, laborales y cotidianas, explicó.

Trabajo en equipo

El proyecto, realizado en conjunto con la Universidad McGill de Montreal, Canadá, consistió en hacer que un grupo de 19 voluntarios durmiera cuatro noches en un laboratorio, mientras que por las tardes, se les pidió que realizaran una tarea específica dentro de un resonador, con la finalidad de analizar su actividad cerebral antes y después de la privación del sueño MOR.

“Los sujetos pernoctaron cuatro días en el sitio de estudio. La primera velada era para que se adaptaran a las condiciones de registro (electrodos, cama y ambiente); la segunda, fue tomada como línea base para que lograran un sueño habitual; en la tercera, fueron privados de la fase MOR, y la cuarta, fue para que se recuperaran”.

Como contraparte, se creó un grupo control con individuos que eran despertados el mismo número de veces que los del otro grupo, pero nunca en la fase MOR, aclaró.

La prueba a realizar durante las tardes consistía en ver imágenes dentro de un dispositivo de resonancia magnética funcional, o resonador, que mide la actividad metabólica cerebral.

“Las fotografías iban desde un hombre que apunta al observador con una pistola, hasta un bebé. Dentro del aparato, los individuos tenían dos botones, uno para disparar si se sentían amenazados por lo que veían, y otro que oprimían si no percibían peligro. Esta actividad se realizaba entre las 17 y las 19 horas, antes de ir a la cama”.

Poco después, al dormir en el laboratorio, si en la polisomnografía de los voluntarios había indicios de fase MOR, eran despertados y se les mantenía así durante dos minutos, para evitar que regresaran a esta etapa del sueño.

Resultados

La segunda vez que los sujetos de control realizaron la tarea, tras las interrupciones de sueño, mantuvieron el mismo nivel de reactividad. Su respuesta era estable y la activación cerebral al tomar una decisión, disminuyó.

Sin embargo, en los sujetos privados de sueño MOR aumentó significativamente el número de disparos y también la activación cerebral, tanto al comparar estos datos con los de su sesión anterior, como al cotejarlos con los del grupo de control.

Lo que indican los resultados, destacó, es que la reactividad a estímulos emocionales aumenta si una persona no ha tenido el sueño MOR necesario durante una noche; además, la actividad

cerebral metabólica se incrementa. Sin embargo, se desconoce qué pasaría si esta situación se prolonga.

“Estos resultados son consistentes con estudios realizados en los años 70 con animales. En ratas se demostró que si se les privaba de esa misma etapa de sueño, eran más agresivas y atacaban a sus compañeras, pero hasta ahora no se había hecho nada similar con humanos”.

La especialista detalló que durante el sueño MOR, el cerebro experimenta una gran activación de origen endógeno, es decir, no provocada por estímulos. Además, se activan áreas del sistema límbico (parte involucrada con la emoción).

Al respecto, Corsi Cabrera señaló que las experiencias recogidas sugieren que, durante el sueño MOR, hay un reprocesamiento de la información emocional, pues si se priva a un individuo de esta etapa, al día siguiente se incrementa su reactividad y el cerebro requiere igual o mayor nivel de activación que la primera vez, como si nunca hubiera hecho la tarea asignada previamente.

Además, esto indica que evitar que el sistema límbico se active durante el sueño MOR incrementa la activación cerebral en dos áreas en particular.

Una es la corteza prefrontal izquierda, relacionada con las funciones ejecutivas, toma de decisiones y evaluación de la pertinencia de las respuestas. Por ello, si las personas privadas de sueño MOR realizan la tarea por segunda vez, activan esa área.

La otra es la región occipital, que participa en el análisis visual de las imágenes y que trabajó más en los sujetos estudiados que en los del grupo de control.

“Por un lado, aumenta la reactividad conductual ante un estímulo de amenaza y, simultáneamente, se registra una mayor activación en las áreas cerebrales que participan en la toma de decisiones y en las áreas visuales. Esto sugiere un incremento en la excitabilidad cerebral y la necesidad de mayor activación para ejecutar la tarea”.

Para concluir, Corsi Cabrera recalcó que durante el sueño MOR hay un reprocesamiento de la información que, si es inhibido, provoca que al día siguiente el cerebro reaccione como si fuera la primera vez que realiza una tarea conocida, es decir, incrementa su reactividad ante estímulos emocionales.