CANTOS DESBORDANTES

Salvador Pliego
PRÓLOGO

Una de las experiencias más hermosas que he vivido en este tiempo es conocer un poco
más al escritor y poeta Salvador Pliego, debo reconocer que, al principio de esta amistad,
el sólo ver su perfil en las redes me infundía no temor, pero si un respeto envuelto en
admiración y hasta en algún momento lo sentí inalcanzable por la imagen que proyecta,
un hombre elegante, de una sola pieza.
Platicar con él, ha sido no sólo grato, también un aprendizaje, a pesar de la virtualidad
que nos ha unido, su trato me lo hace sentir cercano, navegar entre sus letras ha sido una
bella travesía, el ir verso a verso contagia su optimismo, ese amor tan grande que
transpiran sus letras, no sólo por la vida sino por todo lo que ella conlleva.
Pedirme que prologue, no el último sino el más reciente de sus poemarios “Cantos
Desbordantes” ha sido una de las distinciones más grandes y emocionantes que he
recibido, sentí una especie de sacudida y sin mentir me llene de miedo, primero por el
respeto que siento hacia su persona y obra, segundo porque es la primera vez que me
enfrento a esta vivencia, cierto, he hecho pequeños aportes a poetas, pero nunca un
prólogo en forma.
“Cantos Desbordantes” es un viaje que desde el principio te invita a soñar, a entender que
lo inverosímil puede ser posible, desde alcanzar las estrellas hasta derretir los hielos
cuando el corazón late o una mirada penetra una sonrisa.

“Apareció una estrella sin luz, sin firmamento,
cual nubosidad del espacio.
Bastó una mirada para distinguirla
y una sonrisa para iluminarla”.

Salvador Pliego nos toma de la mano permitiendo que entremos a sus letras para hacerlas
nuestras, caminar por su poesía, sentir que esos gritos hechos cantos, más que alzar la
voz, es alzar al mismo espíritu para saborear su desbordante inspiración y amor.

“Hunde tus ojos de miel en mi corazón

ii
y deja que los beba a mil voces,
para que los grite a mil cantos”.

En las letras del poeta, encontramos “Cantos y Gritos”, donde los silencios no son
afásicos vacíos en que la mudez hace perder el ritmo de lo que no se escucha, los
silencios son espacios donde el corazón late y grita esperando ser escuchado, y es
descubriendo la libertad lo que permitirá no abrazar a la sordera.

“A los desaparecidos y muertos
en su lucha por la libertad”.

Su amor por la vida, la mujer, las aves, el Cosmos y sobre todo, el futuro de los infantes
en pobreza extrema, que en nuestro México no es promisorio, lo matiza con colores que
iluminan cada senda de su trova, donde las sombras son momentos que pierden su
opacidad cuando el poeta en cada letra entrega su luminosidad de “Cantos estimulantes”,
un lugar dentro de sus “Cantos Desbordantes” que nos conduce a la reflexión, al
agradecimiento, a ir hasta el centro del corazón para apagar oscuridades.

“llevarse a la luna en el pecho
y confundirla con algo, con alguien,
con el que pasa a un lado,
y con el pulgar decirle,
decirle: ¡Aquí estoy!”

En “Cantos Azulados” navegamos en el elegante erotismo al que Salvador Pliego nos
invita a viajar, sensualidad que deja sentir las caricias de su musa al escuchar el canto de
su lira donde el placer es un espacio colmado de sutiles deleites que nos hace sentir la
vehemencia del amor.

“Y hay un coro de ansiedades gesticulándote asombro.
Cantas para mí. Y yo te canto lo mismo y sin sonido:

iii
copio tus reacciones, convierto en mutismo tus labios y tus flores,
hago ondas con las manos para plagiarte tus más sensuales bemoles”.

En “Pedagogía y Cantos” Su preocupación por la educación se enfatiza en cada uno de
sus versos, cerramos los ojos y abrimos el alma para que su trova nos lleve a una bella
manera de concientizar, ocuparnos y preocuparnos cómo el poeta, abriendo brechas para
que los niños, jóvenes y adultos, tengan una mejor forma de vida.

“Cuando el niño abre su libreta
y comienza la lectura,
se despierta su propio jardinero”.

En “Cantos Testimoniales” podemos vislumbrar al mismo poeta que nos permite entrar a
lo más hondo de su ser, a él mismo, a Salvador Pliego, reconocerlo de forma profunda,
palparlo y sentirlo como lo que es: un poeta transparente, humilde y verdadero, en pocas
palabras, un ser humano como bien lo dice su último canto.

“En mi último aliento izad todas las velas:
que no sangren las olas, ni el altamar sepulte
a la tempestad bajo la tierra,
que al día siguiente leeré mi último canto,
y se arderá la noche en la arena”.

Ha sido una hermosa experiencia caminar de la mano, del alma, del corazón, de la
sonrisa, sentir la fragancia de las flores, el vuelo de los pájaros, conocer el cielo de los
niños de la calle, el amor por la vida y reafirmar que el amor es lo más poderoso del
mundo. Gracias Salvador por hacerme parte y participe de estos maravillosos “Cantos
Desbordantes”.

Rosario Salazar
Mérida, Yucatán, México, a 25 de junio de 2017.

iv
v
ÍNDICE

3 Proemio

5 Gritos y cantos

11 Cantos estimulantes

19 Cantos azulados

41 Pedagogía y canto

45 Cantos testimoniales

52 Biografía del autor
A Xasní, Ximena, Isis e Itzel

Cuando me dijeron que estaba loco, me pregunté:
-¿Qué, acaso hay otra forma de ser?

2
PROEMIO

I
¡Vamos por las estrellas!
Sin contarlas, a ponerles letras.
Y cuando el poema resuene,
que no haya ventanas
sino ojos que las lean.

II
Antes de la humanidad: hielo seco y frío.
Entonces dos bocas se juntaron.
De ahí los latidos; ¡todos los latidos!

III
Por dentro y por fuera mi ser se debate.
Pero adentro, muy adentro,
en la profunda oscuridad inalcanzable de mi pecho
es donde se inicia el fuego.

3
IV
Subes hasta mí cual fueses un retoño de vida y sangre.
Y yo me recuesto en ti para conocer el canto y la palabra.

V
Apareció una estrella sin luz, sin firmamento,
cual nubosidad del espacio.
Bastó una mirada para distinguirla
y una sonrisa para iluminarla.

4
GRITOS Y CANTOS

5
Alzas la voz y me haces sentir libre.
Me identifico con el grito: tu grito.
Mi entorno está en tu voz.
Levanto el pecho para que el volumen sea futuro y no pasado.
Y me identifico:
Soy ese grito… ¡Nunca calles!

-.-.-

Hunde tus ojos de miel en mi corazón
y deja que los beba a mil voces,
para que los grite a mil cantos.

-.-.-

Pones el pecho: tú pecho o mi pecho.
¡No importa!; nuestro pecho.
Ni el aire ni el cielo escucharán palpitaciones,
pero la misma sangre contemplará la luz
que hace fluir nuestros latidos.

6
Me hablas con tu voz de pájaro.
Y yo le abro las alas: la escucho;
la transformamos en resonancia por todos los confines.
Por encima del cielo se vuelve todo un grito
que libera al pecho y lo engrandece.

Y ahí nos estalla el corazón como las nubes:
tú eres el ave y yo el viento
que esparce el silbido a todos los rincones.

-.-.-

De entonces se dice que el cielo canta.
Y yo escucho tu voz, la incorporo a mi sonrisa,
le pongo el pecho para oírla.
Cuando de ti la palabra es un baile desposado
de plumajes o un carrusel de mieles en la boca, le llamo: amor…
y es cuando escucho que el canto se desborda.

-.-.-

Deliro. Y no es de un canto sino un grito.
Dime de qué parte vienes:
¿de tu corazón al liberarme
o de mis ojos al amarte?

7
Mi casa es un grito que nace en tu garganta
y tiene una herida roja
que late semejándose a tu boca.

-.-.-

Cuando te acercas a mí y escuchas nada,
sólo el silencio,
es que no te has acercado lo suficiente:
oye mi corazón; está gritando.

-.-.-

Entinto un grito… Lo escribo.
A manera de introducción le digo que es nuestro,
nuestro grito:
esa hermosa sensación de ser feliz
sin vocalizar la existencia.

¡Qué urgencia de gritarlo ahora!

8
Te encuentro en mi voz, y la altero con la suavidad de un grito,
el de tu nombre.

Acá o allá lo escucharán desde mi pecho
y sabrán que a ti te robo la miel de un labio por tu nombre.

-.-.-

Tal vez en tu vientre resuene la plácida delicadeza
donde convierto mi voz en un aliento
y torne ese sonido en el sueño donde recuesto
mi sombra en tu pecho.

-.-.-

Escríbeme en los ojos tu grito.
Déjalo correr, brincar, subir los escalones,
contarme alguna historia.
Cuando abra los ojos,
sentiré que estuviste en los míos.

9
Me escondo en el corazón de todos… y grito.
Alzaré la voz enardecida de los que fueron callados,
de los que construyeron cumbres y no les fue permitido el viento,
de los mercaderes que a su fruto los llenaron de dolores,
con la pólvora de la miseria.

Desde el fondo de cada pecho sacudiré mi pecho,
y por cada latido nuevo pescaré metales, cortezas,
treguas y follaje, para que en la resistencia, en cada grito,
desde las entrañas, y todavía húmedo y jornalero,
entregue a la intemperie mi voz y su permiso.

Yo abrazaré al primero; y al último,
desde mi corazón, le mostraré tu grito.

10
CANTOS ESTIMULANTES

11
Coloreando

El niño tiene una flor
y escribe con libertad de letras.
Le han dicho que es solo, que es nadie,
que es guerra de oriente, que es cañón del sicario.

Su corazón le grita al fuego y éste le obedece.
Escribe lo que el pétalo cuando sus palmas se cierran.

El niño tiene una flor que de sus ojos se esparce.
Él viene coloreando a las aves.

¿Quién?

Aquel hombre vino, encaró a todos,
levantó su escopeta
y disparó su primavera.
Y dijo: -¿Quién quiere ayudarme a levantar las flores?

12
Suspiro en la arena

La vida guarda un sueño: los ojos de atardeceres
que fueron sembrados en la arena
y que al paso del tiempo giraron como historias.

Vuelven mirando manecillas el reloj de la memoria y de la noche,
el tacto que fue y el pincel que le tocó la piel borrándole las sombras.

Y cuando dentro de uno el corazón muerde sus labios,
revive sus fragmentos, saca su diario del fondo a re-leerlo,
vuelve ese sueño cristalino: ahí se dice que la vida nunca muerte es;
tan sólo es un soplo y el suspiro de los ojos puestos en la arena.

Silbidos profundos

El alma del pájaro sacude su plumaje.
Aterriza sin que toque tierra, o nube,
o el espacio interior, o las cortinas del aire azulado.
Es un ladrón e inquilino de los brazos abiertos.
Sacude con sus sílabas el canto.
Y aunque digan que no es cierto,
yo lo escuchó en mi pecho
y silbo con él sus maravillosas melodías.

13
La madre

Preguntó el hijo: ¿De qué parte de tu vientre vengo?
Respondió una madre: De mi cuerpo.

Preguntó a otra: ¿De qué parte de tu vientre vengo?
Respondió la segunda madre: Del deseo de tenerte.

Preguntó a una tercera: ¿De qué parte de tu vientre vengo?
Respondió ella: De la espera de mi vientre.

Preguntó a una cuarta: ¿De qué parte de tu vientre vengo?
Le contestó la madre: De la pureza de mi pecho y el corazón de mi vientre.

Ahí reconoció el hijo a su madre.

Determinación

Yo no doy mi mano
que está llena de nudillos y salvajes cicatrices:
mis dedos son las cortaduras del tiempo
y un futuro de nubes que caen libremente
y a veces se ciñen de la dureza de los años.
Cuando un amigo se acerca,
abro mi pecho y extraigo mi corazón
para que él apriete su mano.
Por eso, nunca doy mi mano.

14
La olimpiada

Abril, me castigó tu hambre.
Mayo, trajiste las cigarras por las nubes.
El niño detrás de la vida va en carrera.
¿Saltará la noche o las vallas de su identidad nocturna?
Quisiera regalarle un sol en forma de medalla,
y regalarle lluvia, y padre y madre en vez de guerra.
¿Saltará julio sin que nadie a la calle lo devuelva?
Abril… y agosto, la competencia languidece,
y como nunca se pierde la intensidad de una estrella.
Quisiera decirle al niño, al niño de la calle,
que aunque sea de polvo, de aplausos, de fuego de mi boca,
se llevara puesta en los ojos la medalla de mi alma.

Madrugada

Me despierto en los abismos de tu cuerpo.
Y mientras un pájaro sorbe tu sueño
y lo cobija con sus alas,
yo escribo en una página mil veces: te quiero…
Y el ave detiene su aleteo
forzando al alba a entonar su madrugada.

15
Pajaritos verdes
-In memoriam-

Recuerdo a mi niña con sus pajaritos verdes,
y recuerdo a esas aves mirándome de frente.
Sin que nadie toque su plumaje, vuelve el tiempo,
y vuelve donde se quedó ausente.
Las copas de los bosques se agachan frente al viento:
alguna vez pasaron las aves de colores.

Vuelve el aire, y los bosques se retuercen sin sus verdes.
Recuerdo a mi niña, y recuerdo a esas aves mirándome de frente.

Al centro del corazón

Sentarse sobre la esquina de la luz,
sobre la esquina, y mover, mover a la luna,
¡con el pulgar mover a la luna!,
y llevarla hacia el centro,
o en medio de los ojos y al centro de la nada;
llevarse a la luna en el pecho
y confundirla con algo, con alguien,
con el que pasa a un lado,
y con el pulgar decirle,
decirle: ¡Aquí estoy!

16
Memorias

Recuerdos aquellos donde se nos duerme la mirada,
o cuando los ojos se blanquean intentando recobrar la imagen
de un vestigio, de una reliquia que nos amordazó el alma
a un instante, a unos brazos abiertos,
o a un rostro que nos miró los ojos
y nos hizo temblar por dentro,
y que ahora, distantes o perdidos, tan sólo susurran su confín
y dejan en nuestro pecho el tiempo,
como si éste fuese la constancia de un pasado de la ausencia.

Alejandra Pizarnik

He buscado la noche donde a nadie más le pertenece…
y me ha tomado de la mano.
En el destiempo silencioso me ha llevado a caminar consigo,
y sin pretexto alguno un lirio inalcanzable me entregó.
¿Y dónde está mi yo para besarle si a nadie más le pertenece?

17
Timidez

Totalmente a oscuras se desnudó,
se quitó el rostro y las manos,
se cubrió de negro la espalda y el pecho,
desapareció en la nada sus piernas y cadera.
Después cerró los ojos y oscureció a su sombra...
y apagó a la oscuridad.

Destellos

Las estrellas están para tocarlas:
con los sueños, con las ilusiones;
y cuando uno las toca con el pecho
nos dejan ese brillo en la mirada.

18
CANTOS AZULADOS

19
Toda tú

La noche estalló como guirnalda
y una sed de amor me trajo hasta tu boca.
Encinta de besos y caricias caías a mi boca, y en cada beso
mi piel como la lluvia se esparcía.
Y tus brazos, ¡oh otoños invisibles, ventisqueros!,
eran el alud sobre los valles, el cuarzo que el volcán
como una lanza iba arrojando.

Tus labios, también, como las uvas se exprimieron:
igual que los racimos que el labriego devoró al ver su fruto.
¡Ah, toda tú!... ¡Toda tú, y gota a gota!
Mientras las sombras combatían a la tarde
y la noche escudaba a sus estrellas,
el amor me trajo hasta tu boca.

¡Ah, toda tú, y gota a gota!

20
Usted no se imagina

Usted no se imagina lo lindo que es quererle,
abrir esas ventanas que alumbran hasta el alma,
recorrer el mundo juntos sin moverse de un espacio,
tenerla a usted en todo: en el cuerpo y en la mente,
y saber que falta mundo donde pueda imaginarle.

Usted me lleva a la alegría como no puede entenderla:
es belleza todo el día, es candela cuando a oscuras
yo la siento que me mira.
Usted me arrastra en su sonrisa, me vuelve otro Midas,
y lo que toco se derrite y se convierte en alegría.

Usted no se imagina lo hermoso que camina:
la belleza de sus pasos; su cadera, que resalta,
y esa sombra que parece va como una bailarina.
Usted me envuelve, y yo quisiera me envolviera de por siempre.
No en vano es tan bonito tenerla de sonrisa.

21
Llenaste de besos a tus manos

I
Entro a tu pared de sueños –vas tejiendo tus manos a los sueños.
A tu lado me despierto y no hay girasoles hoy:
el día es una ráfaga de viento, un terciopelo asomado en la ventana.
Y no recuerdo tu beso de noche, ni la palabra de ayer sobre la almohada.
Duermes con la túnica de un libro que cubre tu cuerpo con palabras.

Ayer toqué tus manos.
Llenaste de besos a tus manos y con ellas tocaste a mis labios.
Y no recuerdo la noche, ni la almohada, ni el cepillo de dientes
que duerme junto a la ventana.
Pero, ayer toqué tus manos.

Duermes… ¡No sé qué sueño duermes!
Tu piel platica en voz muy baja.
Tu cabellera es un círculo de quietud y de goteras.
Salgo, y regreso nuevo, y limpio, y almendrado,
y sé que ayer toqué tus manos,
y tocaste mis labios con tus manos.

Y me recuesto nuevamente,
en tu almohada, entre tus sueños.
Los girasoles no despiertan todavía.
Y me reclino donde duermes,
donde pones tus velos para un viaje,
donde doblas tu sombra a que descanse.
Sé que ayer toqué tus manos,
y llenaste de besos a tus manos,
y tocaste mis labios con tus manos.

22
II

Difuminas en tus manos el contorno de mi rostro.
Brota de ese tacto una oración callada,
y me haces decirte tu nombre tantas veces.
Tus yemas son un bálsamo que peregrina a merced
de lágrimas y de sonrisas.
Y pones tus manos en mi rostro…
Pareciera purificas mis ojos al cerrarlos,
que cubres mi mentón para darle borde y celosía.
Mi rostro está manchado de cicatrices y gravilla,
de vida y de palabras, de calladas tempestades.
Y tus manos dulces las pones en mi rostro.
Y en ese instante, ya sin ojos, sin boca, sin lengua o tacto alguno,
un beso brota de mi rostro hacia tus manos.

23
Ejército de plumas

Entonces me desvistes. París, desde sus cumbres,
muestra sus jardines y el nuevo mundo canta a capela
junto a un vodka en la repisa;
y no sé si es Montevideo o los blues
que zapatean junto a un fotógrafo de una revista.
Y te acercas, y me palapas…
¡Tu tacto es un ejército de plumas!
Madrid se asoma y Quito se empalma con sus iris alunados.
Te quitas las sombras… ¡y te miro!
Descubro en tu perfil la música de itinerario:
toca Valparaíso a Mozart, con su flauta.
Y te toco, ¡te toco!, con mis dedos repaso tus mosaicos.
Escucho jazz de tus lunares.
A tu lado, París reconstruye su Eiffel
y me hace mirarte por la espalda.
¡Y te toco con un grito de amor desesperado!
México musicaliza tu cuerpo a cielo raso,
y yo dibujo en tu lunar mis manos,
a que busquen la inmóvil violeta de tus campos.

24
Si vos

Si vos… y luego, si querés,
si querés que sea yo,
y de la luz, de la luz a la flor
me colgás, me colgás de su olor,
y el aroma se esparza preñado de amor,
estaré, estaré junto a vos,
prendido de rayo, rojizo y silbante,
como un simple mirlo, como un quieto tucán,
en el hombro de vos, junto a vos.
¡Junto a vos!
Si querés que sea yo…

Agua dulce

Bordes lindos, espuma bajo los ojos,
bajo la guirnalda que se asoma,
peregrina de piel risueña y agua dulce,
encuéntrame, mírame, llévame.

25
Su boca está en la taza

Hay un beso en la taza de café.
Despacio, sobre la mesa, contando,
veo sus manos en todas direcciones.
Quise saber de qué estaban hechos esos granos,
y le pregunté a la mesa, al clavel,
a la servilleta y al sabor de ese aroma.

Ella se levanta, me abraza, se despide y me despido:
va a la calle y también voy a la calle.
Su boca está en la taza, y me devuelvo.
Ella por detrás me abraza, y me devuelvo.
Cuento sus manos en la mesa, sus ojos en la mesa
y el dibujo de ese beso, y me devuelvo.

Siento su boca despertándose en mi boca.
Ella se levanta, me abraza,
y un bostezo de un te quiero se escapa
de los hoyuelos de su cara.

Su boca es un café de beso y madrugada.
Me abraza, por detrás y por los ojos. ¡Me abraza!
Y me devuelvo, y la beso, la beso,
la abrazo y la beso,
con ese sabor de taza, de café de madrugada,
la beso…

26
Caminas

Caminas con tus cinco sombras,
con tus cinco lluvias de latidos, con tus cinco párpados viajeros.
Me llevas, y no sé a dónde;
me devuelves a tu lado donde el amor nunca es olvido.

Llevas hoy un beso junto a cada una de tus sombras.
La calle, te digo, es el cobertor de todo caminante.
Pero tú me vas dando tus sombras, tus sombras, y te quiero;
me vas dando la mano, y me escapo a lo más oscuro,
me oculto donde tu labio sombrea todo el día.

Camino de la mano de tus sombras, te quiero, de tus cinco sombras.
Pienso que tu abrazo son los ruiseñores.
Te quiero.
Tus sombras que me dan la mano. Te quiero.
Y esa boca tuya que se escapa y camina hacia mi boca… Te quiero.
Y esos dedos que duermen en tus sombras, que tocan a mis dedos
y los llenan de labios de tu boca.
Me duermo en tus sombras, en tu oscuridad me duermo.
Y me das la mano, tus sombras que me dan la mano.
Te quiero…

Pienso que tus manos son las sombras de los ruiseñores, y sus besos.
Te quiero.

27
Escribo un verso para ella

Pronuncio su nombre que no tiene, y extraigo del piano
su boca enamorada.
Su tenue parecido a un pañuelo blanco
lanza sobre el mar mil llamas y cristales.
Escribo un verso para ella… ¡Y pronuncio su nombre,
su nombre que no tiene!
Existe en los vocablos y en los signos.
Y toco un piano, ¡un piano sin su nombre!
Su boca está en los tonos, y es un mar de fuego y de cristales;
su boca enamorada, sus bellos cabellos que la forman,
el refugio de luz en su figura.
Y toco un piano, y es ella con su timidez de nota.
Y su nombre se adjudica el verso para ella.
Escribo un sueño con su nombre, y es su boca enamorada.

Y luego

Dibújame tus brazos, tus respiros,
tus labios y caballos,
en mi todo, en mis partes, doblemente en mis adentros,
en mis rasgos únicos que son forjados para ti,
también mi quédate y abrázate conmigo…
y luego, bórrame.

28
Ella juega con mi lengua

Con su lengua juega con mi lengua:
la arrastra sin perjuicio alguno a su propio laberinto,
le inventa formas y destinos y el tono para seducirla,
la aparece o desaparece dándole un sabor inexistente.
Juega como si fuera la ladrona que se roba el placer;
y mi lengua corre tras ella para ver la joya,
para recuperar aliento, para exhalar un gemido nuevo.
Y no hacen falta ni sus manos, ni sus ojos, ni su boca,
en esa excitación donde ella hace jaque mate a todo movimiento.
Trajina con los mitos, como una loba enardecida,
para que aúlle yo y mi lengua levante el cuello mirando hacia la luna.
Y yo siento las luces, las arenas, el carbón y todas las distancias,
mientras ella juega y juega, o sacude y sopla a mi lengua.

Y también

Usted es una mujer terriblemente hermosa,
peligrosamente bella, aterradoramente linda,
espeluznantemente agraciada, atosigadoramente atrayente,
Maja de mil sombras y mil noches,
Venus del espectro y el enigma…
y también, bonita.

29
Jueves

Se enredan tus cabellos en mi ego.
Y es jueves, tu jueves santo, mis jueves de cabellos.
Iré a la luna o a tus brazos, tus lindos brazos y mis jueves de cabellos.
Es hora de todo, y de brillo y de esperanza.
En el trabajo estás, en el trabajo duermo,
y el escritorio es un compás enardecido de teclados
que duerme siesta cada vez que mi tintero toca tus cabellos.
Pero es jueves, lo sabes y lo sé, y me enredo en tus cabellos.
Flotan sus fibras en las fotos colgadas en los muros.
Las puertas se apoderan del color de tus raíces.
Y es jueves, lo sé, y me ato a tus cabellos,
y ellos se enredan en el aire que soplo
para entibiar con mieles a mis manos.

Grano de arena

Ser un grano de arena,
sin orilla, sin resaca,
de un montículo esparcido,
de una playa alejada,
de un azul que se despierta,
y que lo único que sienta
sea tu boca que le sopla.

30
Cuido de ti

Respondo a cada interrogante, y soy yo el de las dudas.
Indago en tu ropaje todo velo que gira en tu cintura.
He pensado que tus manos mudan el calor al frio,
y al frío entibian al moverse.
Cuido de ti. Cuido el doblez de tu sonrisa
y el párpado que entreteje una brizna y nos separa.
Quizá sea tan intangible, pero no hay otra forma,
y cuido las hebras que tu voz deja en mi oído.
Pongo tus ojos en mis manos, tus ojos repletos de encanto,
y las cierro y abro sin que pasen más allá de la mirada.
Cuido de ti…
Y si no pongo tus manos en mi piel,
¿cómo voy a proteger tus manos?

31
El lirio de la tarde

El lirio de la tarde se ha dormido.
Asalto, por sorpresa, tu quietud de cielo.
Amo los párrafos de tu alma que se leen
con esa calma imperturbable, y de vez en cuando
bostezan un dejo de existencia.
Tu serenidad arrulla la soledad de mi alma, y la apacigua.
Te amo… Y es lo único que ocurre.
Se acalla la voz y su palpitación desiste.
Y leo tus ojos y tu sien: los párrafos sagrados de tus iris.
Y el lirio de la tarde se despierta y calladamente te bendice.
Y yo te amo… ¡Es lo único que ocurre!
El lirio de la tarde se estremece.

32
Pan nuestro

Pones la mesa, y te sientas al borde del silencio.
Canta la cafetera, las servilletas cantan. Los utensilios resuenan
su metal hecho a galope. Y te sientas a la orilla de mi hambre.

Miro tus ojos en la mesa: son manteles largos que la seda no ha tocado.
Tus párpados dibujan el contorno de un florero y una vela olvidada.
Te miro: busco tus ojos en la mesa, en los platos, en el agua,
en la canción de madrugada.

Pones la mesa. Tus ojos los extiendes en la mesa.
Y me siento al borde de todos tus silencios
buscando en cada plato tu mirada,
intentando colarme a tus ventanas,
y te encuentro sentada en el silencio.

Miro tus ojos de pan, el pan nuestro que me habita,
la plegaria diaria que hace cielo mi camino.
¡Y los bendigo, les mando la oración de un sentimiento!
Y tú vienes, te acercas, te sientas al borde de mi orilla.
Y la mesa son dos besos platicándose miradas.

33
Usted convoca

Usted agrupa mitades en enteros,
le pone firma a la caricia y sello al compromiso;
me hace a usted quererla,
y se vuelve verdadero el mundo en el que vivo.

Usted convoca a la libertad con su alegría,
con ella empareja el palpitar y mi sonrisa,
y hace que concuerden, cual habito frecuente,
el mundo de su suerte y el sentido de mi dicha.

Usted pregona que somos un trayecto:
la ruta hacia la vida. Con ese itinerario
no hay pierde o desvarío: usted convoca…
y yo respondo, y yo la quiero.

Me explico: el mundo es de nosotros.
En este asunto de querernos,
más ancha es la sonrisa,
más libre es la alegría.

Que suceda usted conmigo,
aquí, ahora,
es todo lo que vale,
sin importar el cómo.

34
Y dejo un beso

Canción de luna que no ha nacido cuando caminas.
Tus ojos tocan el cielo y se abre otro cielo sobre ese cielo.
Y no hay ruido en tu corazón a veces.
Es esa canción de luna cuando me miras.
Me preguntas si yo te quiero. Y yo me callo y sólo te miro.
Y pongo la luna donde caminas, donde tus dedos, donde tus hombros.
Y pongo un beso donde tu soplo y donde tus miedos.
Canción de luna en tu corazón que beso.
Y me preguntas… Y yo me callo. ¡Y yo te miro!
Y dejo un beso donde ilumina tu paso o donde oscurece tu caminar en sombras.
No hay ruido en mi corazón tampoco.
Y dejo un beso, ¡y dejo un beso sobre tu sombra, sobre tu espalda, sobre tu frente!
Canción de luna cuando te beso… cuando te beso… cuando te beso.

35
Canto

Cantas para mí. Nutres tu voz de colibríes.
Siento al oírte que nunca va a morir el día.
Hay viejas historias en tu voz que son perfume.
Subo una escalera de parques y de coqueteo impredecible.
Subo hasta tu voz que está llena de cánticos
parecidos a un guiño, roce o seña que vienen de tu central recato.
Y hay un coro de ansiedades gesticulándote asombro.
Cantas para mí. Y yo te canto lo mismo y sin sonido:
copio tus reacciones, convierto en mutismo tus labios y tus flores,
hago ondas con las manos para plagiarte tus más sensuales bemoles.
Y aunque no escuches mi voz, se calca la sonoridad desde mi pecho,
que timbra besos y armonías en la ornamentación de tus delicias.

Ella

Cuando ella alzó la mirada,
Bécquer sacó sus rimas…
y las leyó en sus ojos.

36
Rosa en que tu boca

Sedienta rosa y breve en que tu boca
sobre el azul murmura:
sorbo tus perfumes,
me embriago, lírico, sobre tu piel bronceada,
recojo las cenizas de un beso que aún se arde.

¡Ah sobre tu labio azucarado y puma!
¡Ah desde tu plácido filón de néctar y rosáceo!
¡Ah desde la drupa en que te absorbo y te cultivas!

Mis ansias por ti no terminan nunca.
En el pecado de tus besos, como un marino abrupto y ciego,
busco tu corazón de flama y soplo,
y en el viento de tus mieles
me embarco sin dirección o vuelo.

Mis ansias de tu boca sorprenden a la mar y al cielo.

37
Encuentro

Tengo en el centro del amor tu nombre.
He soñado torres en mis ojos que se inclinan a buscarte.
Mi voz suena a un río frío y pedregoso,
pero, me encanta esa sonrisa tuya que me reconoce.
Me encanta ese sonido tuyo y de tu boca:
es una volcánica ternura, un ladrón de mundo y cielos
que roba de mi corazón tu nombre.

Te tengo en el corazón, y no lo siento.
Busco tus besos en mis manos, en toda porción de polvo,
en el epicentro de mi cuello que se alza a encontrarte.
¡Y no apareces!
Te descubro en tu boca, en tu boca de sonrisa.
Y te tengo en el corazón: resuelta, jovial, dulce. ¡Y te encuentro!
Y se va mi corazón alegre… ¡Y no lo siento!
Y palpita… ¡Y no lo siento!
Y vibra… ¡Y no lo siento!
Y te encuentro donde todo, ¡y te apareces!
Y sonrío, sonrío y sonrío… ¡y te apareces!

38
Acá usted

No dude usted en mi forma de quererla:
usted convida el mundo más allá de las palabras.
Usted es la intención de una experiencia inigualable
donde yo presagio divinas coyunturas,
por ser la concreción de una utopía impensada
en la que usted deambula y yo la sueño en mi alegría.

Acá usted es la razón de tan bonitos días,
lo que abre en mí el gozo, los pasos a la suerte,
la marcha hacia la vida.

Entiendo que sus ganas se parecen a las mías.
Entiendo que su empeño retoza con el mío.
Acá usted es la guarda de dos vidas que se engarzan,
que buscan amarrarse y se descubren liberadas,
y luego se capturan una a otra en el cariño.

Usted entiende que el amor lleva ternura,
el que habla en compromiso, el que platica con resguardos.
Acá usted me lleva y yo la llevo asegurada,
y no hay dudas ni lindes en eso de quererla.

Entiendo, pues, la dicha que poseo con su acierto
de decirme sí cuando la quiero,
de tomar mis ojos con sus manos,
de latir mi pecho a doble pecho.

Acá tengo motivos de decir que hay futuro,
que es bonito el día, que no hay pendiente en nada,

39
que todo me provoca, y me provoca a mil maneras:
¡entiendo qué es la vida
y entiendo así al quererla!

40
PEDAGOGÍA Y CANTO

41
Cátedra

Un maestro escribe… y los ojos de un niño florecen.
Su cátedra repinta una pizarra con gramática.
Y un niño levanta la mano, se acerca a la pizarra,
escribe… y sus dedos también se abren como flores.

La oración

En la pizarra hay unas letras.
Dice: “Oración a lo divino”.
Un niño la ha escrito.
Afuera se han empeñado en borrarla con un enjambre de morteros,
de rabia, de nidos de sangre por doquier.
Las ventanas se cierran en Ayotzinapa, Nochixtlán, Aguas Blancas,
mientras los casquillos restallan en las puertas.

Y un niño toma un gis color de niebla y escribe en la pizarra:
“Oración a lo divino”.
Y su sonrisa es un árbol, una cigarra, una mano,
un saludo al que pasa, un mirar alegre,
un sentir hacia el azul y la luz que toca en su ventana.

42
Deletreando

Un maestro salió a la calle
y se detuvo donde la multitud se apresuraba caminando.
De su maletín sacó un bolígrafo y lo puso sobre el piso,
de lado derecho.
Después extrajo un borrador y un gis, y los colocó de lado izquierdo.
Acto seguido: abrió su libreta, y la puso en el centro.
Y dijo: Yo voy a enseñar la pedagogía de la voluntad y la reverencia.
Y de su pecho extrajo una flor
para deletreársela al primer caminante que pasaba.

Las palabras

El niño abre los ojos.
De su mochila extrae una libreta blanca,
y escribe unas palabras:
“Mi maestro educa”.

Y el niño abre sus ojos, mira las palabras,
y una hoja en blanco se desprende y vuela cual paloma.

43
La lectura

¿Cuántos girasoles entran a los ojos
y cuántas noche buenas se pronuncian con la boca?

Borra sus ojos el niño y desdibuja su boca;
con un girasol los repinta.
Hay claveles en forma de ojos
y hay gardenias que parecen son las bocas.

Cuando el niño abre su libreta
y comienza la lectura,
se despierta su propio jardinero
y sale a cosechar los algodones,
mientras sus pupilas giran sorprendidas,
cual fueran girasoles.

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CANTOS TESTIMONIALES

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Soy

Aquel que calla, soy; de aquel silencio.
No caminante sino arena:
un simple soplo, un vaivén del viento
que va y se esparce sobre la hierba.
Aquel fragmento de polvo que se diluye,
que no se toca, sólo se siente.
Alguna torre sobre los mares
que va y se inclina para mirarle.

Jazmines

Guardo en mi corazón un niño
y una canción de sonajas que resuena entre jazmines.
Los escucho en cada latido y me serenan noche tras noche.
Tiene el otoño un frío y el verano a su nieve,
porque entre más humano me puse,
más viejo es el hombre que vive.

46
Sueños

Disfruto del ave que no toco,
de ese vuelo que lleva su alforja
a donde el cabello suelto, a donde lo silvestre se arremolina,
y donde el instante no es pasado
sino el hervor de todos los sueños que caminan.

Polvo y viento

Algo, como polvo,
algo soy, y viento,
y me reclino sobre mí mismo,
sobre mi cuerpo tibio y frío,
y escucho a la resaca
o el acorde de un cincel
que pule a la noche
y la convierte en poesía.

47
Arrojo

Amo esa imperfección que alerta y lanza,
como si el pecho tuviera trozos de verdades en las manos,
porque nos hace buscar nuevos caminos,
y aunque el corazón vaya lentamente caminando,
empuja y marcha cuesta arriba.

Navegando

Vengo sobre mi piel,
agitado de mañanas, amarillos y volcanes,
maleablemente respirable,
ondulante y seducible,
lleno de ventisca y olas y epopeyas,
embrujado en flores de desconocidas primaveras,
altamente tempestuoso,
pincelado hasta en las corvas,
en los mismos colores que me bañan,
y cuando respiro, simplemente me hago brisa
y me voy, desde mis ojos, navegando.

48
Poesía

Bebe mi corazón de sangre y fuego.
Vuelan las aves cual esmeraldas de aire
y cada turbulencia es un manantial de plumas.
Vuelan los cantos desenterrando el rocío,
adjuntando mares y obreros, invocando a la espuma combatiente.
Desde los crepúsculos donde las cenizas se arden
y configuran las manos con la arcilla,
donde se penetra la tierra para darle su semilla
y amamantarla de humedad y de madera,
hay, como si fuese la dulzura de la nube,
la gracia de un jardín remoto, hay la coloquial belleza del paraje.
Vuélame, pues, a tu vacío y a tu patria,
a tu llama consumida, a tu encendida luz de vida,
a tu animada luna de esperanza.
Desde la fortaleza frenética del alba,
desde los hijos de los dioses verdes y errantes,
desde los desgreñados montes
que a mi corazón le vuelan y castigan,
hazme tu enfurecido viento,
la hallada montura que a un jinete amarrara
para desatar el sonido y la palabra,
para que cada pedazo me queme la boca al pronunciarte,
para arderme de sombras, de verdes jornaleros,
de viñas y harrieros, y con esa sangre gritar todos los gritos,
todo el sudor y la pólvora en la espada;
y pronunciarte de rodillas, como el pan:
repartirte, poesía.
¡Deja que mi corazón se arda!
¡Deja que mi corazón se sangre

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y escribirte con el rojo,
y con el rojo latir toda palabra!

Vigencia

Cuando te cruces frente a mí
no traigas de vuelta el pasado:
lo he tirado, o escondido, o lo puse
en lo más recóndito de mi memoria.
Si tú te aferras al pasado, no me reconocerás,
no sabrás quién soy ahora.
En cambio, traigo mil sonrisas nuevas;
tal vez una, o todas, coincidan con la tuya.

50
Último canto

En mi último aliento izad todas las velas:
que no sangren las olas, ni la altamar sepulte
a la tempestad bajo la tierra,
que al día siguiente leeré mi último canto
y se arderá la noche en la arena.

Testamento

No me entierres, hija.
Pon en mis manos los versos de Neruda
y llévame a ver el atardecer por última vez.
Píntame los ojos abiertos, como si vieran todo
y te observaran a ti mirando el cielo.
Tócame el rostro con tu mano,
igual que te toqué al nacer, y la vida me llenó de gozo.

Cuéntame cómo un viejo conquistó el mar con un anzuelo,
y lo llevó a su barca, y mostró que su corazón no era viejo;
y cuéntame o cántame por qué el atardecer
me enamoró tan intensa y abruptamente.

Y cuando no despierte, hija,
abre tú los ojos,
y déjame que siga el atardecer mirando.

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SALVADOR PLIEGO:

Mexicano, nacido en la ciudad de México. Con estudios en Antropología Social y una
Maestría en Sistemas de Computación. Como escritor inició su carrera a finales de 2005
y desde entonces ha publicado más de 20 libros.

Fue premiado como segundo lugar en poesía por la ENSL en México y nominado como
finalista por el II Certamen Internacional de Poesía “San Jordi” en España, 2006.
Participó como jurado en el Primer concurso literario “Atina Chile” en 2007. Su poema
“Espadas y papiros” fue entregado como parte de los premios otorgados al ganador del
Segundo concurso de cuentos cortos HdH Medieval. De sus viajes ha recibido múltiples
reconocimientos, entre otros, el de ser “visitante ilustre del Municipio de Urrao”,
Colombia, y “visitante distinguido” de la ciudad de San Pedro de Tacna, Perú.

Durante 2007 y 2008 participó activamente en el foro MundoPoesia, considerado uno de
las más grandes de la red de Internet en cuanto a escritores, publicaciones y lecturas. En
ese periodo fue premiado en 18 ocasiones, entre ellas, otorgándosele el premio de “Poeta
del mes”.

En el 2011 fue ganador de los siguientes premios: Ganador del concurso Rubén Darío
Rumbaut con el poema “Dulzura”, y “Primera mención de honor” en el concurso
internacional de poesía “Trofeo Memorioso”, organizado en Chiloé, Chile, con los
siguientes poemas: Corcel de alas blancas, ¿Dónde los olivos? y Templanza.

En enero de 2012 ganó del Primer Concurso Literario Andrés D. Puello por su libro
Crepitaciones. En el mes de mayo se le informa que su poema “Oda a la risa” fue
incorporado en unos libros de texto para el aprendizaje del español en Puerto Rico. La
radio satelitevisión/Americavisión de Chile le otorgo un reconocimiento “por su
participación en la Poesía destacada, mes de septiembre 2012, de los programas radiales
‘Música y declamación de poesías’”.

En abril de 2013 Radio Satelitevisión/Americavisión le otorgó un nuevo reconocimiento,
como poesía destacada, por su poema: Arde la poesía. En el mes de mayo, otro más por
su poema: Desnudez de la mirada, y en el mes de junio, un nuevo reconocimiento por el
poema: Canción de viento y brisa.

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En mayo de 2014 recibe 3 reconocimientos en México: el primero de la Universidad
Tecnológica de Huejotzingo y la Secretaria de Educación Pública (Puebla); el segundo de
la Presidencia Municipal de Querétaro a través de su Instituto de Cultura, y el tercero del
H. Ayuntamiento Constitucional de Tlalnepantla de Baz (Estado de México) a través de
la Dirección General de Educación y Cultura y el Instituto Municipal de la Cultura y las
Bellas Artes.

En el mes de octubre se le notifica que su poema “Miguel Hidalgo” fue incluido en un
dvd en conmemoración a Miguel Hidalgo, por parte del municipio Miguel Hidalgo, del
estado de Hidalgo, México. Recibe el mismo mes un diploma de honor de parte de la
Revista Mirlo “por haber sido seleccionado en el Ier Certamen Poético Mirlo”.

En junio del 2015 recibe un diploma de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua
“por su participación como poeta y destacada trayectoria en la producción literaria”.

En octubre del mismo año recibe tres reconocimientos: de los planteles Ignacio Manuel
Altamirano y Benito Juárez García, pertenecientes al IEMS de la Cd de México,
México; y otro del Instituto de Educación Media Superior del Distrito Federal, México,
quien le otorga un reconocimiento por “su extraordinario trabajo en los planteles del
Instituto, a través de los Recitales de Poesía compartidos a la comunidad estudiantil”.

En octubre, también, se le notifica que ganó el primer lugar del concurso literario
“Certamen Internacional El Molino”, por su poemario: Corcel de luz y plata.

A principios del 2016, se le otorgan tres reconocimientos en México: de la Universidad
del Valle de México, de la Universidad Salesiana y de la Universidad Pedagógica
Nacional. Los tres por su poesía.
En el mes de octubre, Conversando a Través de la Poesía, de Houston, TX. EU, le otorga
un reconocimiento a su poesía.

En marzo del 2017 recibe 8 reconocimientos producto de una gira realizada en
Aguascalientes, México:
1.- Dirección de Educación tecnológica Industrial Aguascalientes y el Centro de
Bachillerato Tecnológico Industrial y de servicios no. 282
2.- Dirección General de Bachillerato Centro de Estudios Bachillerato 6/1
Aguascalientes.
3.- Conalep Aguascalientes II.
4.-Universidad Autónoma de Aguascalientes.
5.-Universidad Cuauhtémoc.
6.- Escuela Preparatoria “José María Morelos y Pavón”.
7.- El Centro de Estudios de Bachillerato “Lic. Jesús Reyes Heroles”.
8.- Escuela Preparatoria por cooperación Lic. Benito Juárez.

A fines del mismo mes, Northwest Embracing Hispanic Culture Through the Arts de
Houston, Tx. EU, le entrega in reconocimiento por su participación en el evento en honor
a Cesar E. Chávez.

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A la fecha ha realizado lectura de su poética en Estados Unidos, México, Perú, Chile,
Argentina, España, Nicaragua y Colombia.

Septiembre 2017

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