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Para Kant el fenómeno era el modo en que los objetos nos son dados; en

Schopenhauer, el modo en que se nos oculta la verdadera realidad de las cosas.

Es comprensible que en un sistema eminentemente irracionalista, el puesto
supremo en la jerarquía de las artes no lo ocupe un arte del lógos sino del
sentimiento. Antes lo vimos: cuando la razón calla, habla la voluntad. Pues bien: la
voluntad habla el lenguaje de la pasión y del sentimiento, un lenguaje
indescifrable para la razón pero universalmente comprensible: "El compositor
revela la esencia íntima del mundo y expresa la más honda sabiduría en un
lenguaje que su razón no comprende"

La música no expresa ya una idea sino que representa la vida, la voluntad misma
en sus distintos grados de objetivación, la "sinfonía de la naturaleza" que aúna
perfectamente todos sus elementos, desde el bajo fundamental -las fuerzas
inferiores de la naturaleza- hasta la melodía -el hombre-, erigiéndose así en un
mundo paralelo al de los fenómenos

Es precisamente ese velo de engaño el que nos hace ver la distinción individual
como algo absoluto y funda el móvil antimoral por excelencia: el egoísmo. Quien
vive sumido en el modo de conocimiento fenoménico considera la distinción entre
su propio individuo y los demás como algo plenamente real y establece un abismo
infranqueable entre su propio ser y los otros.

Así viven, en mayor o menor medida, la gran mayoría de los hombres: inmersos
en el engaño, haciendo daño a los otros y pagando con sufrimiento su maldad. Esa
es la condición natural del hombre y, en general, de todos los seres; porque el
egoísmo, además de ser el móvil antimoral, es el móvil natural de todos los seres
vivientes. La naturaleza es inmoral, como lo es la voluntad que en ella se objetiva.

Pero hay algunos casos, tan excepcionales como asombrosos, en los que ciertos
individuos consiguen rasgar el velo de Maya y acceder a la verdadera naturaleza
de las cosas: Para esos hombres, el otro no es ya un "no-yo" sino "otra vez yo"

No se sabe cómo ni por qué, han descubierto "el secreto último de la vida": que el
mal y la maldad, el sufrimiento y el odio, la víctima y el verdugo, son lo mismo,
aun cuando parezcan diferentes a la representación.

Todo este mundo nuestro tan real, con todos sus soles y galaxias, es nada

¿Cuántas cosas se juzgan imposibles de hacer antes de que se hayan hecho?