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Declaración de guerra

“Los pueblos que no defienden lo suyo, terminan siendo inquilinos en su propio país”
(Juan Rafael Mora Porras)

Citando a uno de los expresidentes de nuestra amada república le pregunto
a usted mi estimado lector o lectora ¿Es un huésped en este país? En una era en
la que el consumo, el materialismo y la tecnología se adueñan de nuestras vidas y
atacan como fieras nuestra identidad, debemos sin lugar a dudas defendernos con
todas nuestras fuerzas y coraje o ser devorados ineludiblemente por estas bestias,
cuyo origen multicultural, desgarra sin cuartel nuestra autoctonía.
La razón de mi anterior pregunta es debido a que en la sociedad actual, como
comenta el autor costarricense Fabián Dobles en su ensayo “¡Alerta ustedes!” y
como asimismo menciona la autora, también costarricense Carmen Naranjo en su
ensayo “A mí que me importa”, en Costa Rica existe una “infracultura del portamí”,
donde no hay un interés auténtico en el “tico” por conservar su forma de ser, pensar,
actuar, comportarse, entre otros aspectos que por más pequeños que sean, son
base fundamental de nosotros como costarricenses y que tristemente ha
aumentado con el pasar de los años, y nos ha hecho perder quien somos de forma
gradual.
Lo que anteriormente comentaba se evidencia en muchos aspectos de la
cotidianidad que poseemos, desde el lenguaje, hasta el comportamiento, pasando
por las formas de comunicación, transmisión de información y entretenimiento, un
ejemplo irrebatible de esto son las famosas “redes sociales” que aunque han hecho
un enorme bien al mundo, también han dañado mucho a las sociedades, y nosotros
no estamos exentos de ese daño, debido a que es sumamente notoria la tendencia
de imitar de forma casi reflexiva el comportamiento y/o pensar de los países
anglosajones o hermanos hispanos como México, sin tomar en consideración las
consecuencias de estos actos.
Por mencionar uno de los puntos previamente dichos, ir caminando
apaciblemente por la Plaza de la Cultura en San José o el Parque Central de
Heredia y alcanzar a escuchar frases como “wey”, “pinche”, “no mames” o términos
anglófonos como “selfie”, “meme” entre muchos otros términos y frases,
provenientes de jóvenes de mi edad o un poco mayores, que me han dejado
completamente atónito y sobrecogido, y el uso constante del tuteo y la pérdida del
voseo, el mismo voseo de nuestros padres y abuelos y que poco a poco pierde
terreno en el sitio de su nacimiento.
Todo este divague en el cual le he inmiscuido, es para hacerle caer en una
reflexión sobre la pérdida de valores que como costarricenses hemos perdido de
forma exponencial, de cómo los antivalores cual virus o bacteria han infectado en
nuestro haber y vivir social, y aun así no hacemos nada por evitarlo. Para
ejemplificar esto que le digo, le invito a analizar el comportamiento de las personas,
sobre todo jóvenes cuando sube al transporte público, notará como una
considerable cantidad hace uso de los celulares de forma indiferente, a puntos
incluso de ocupar asientos designados por la 7600 para personas con capacidades
limitadas.

los aborígenes. en un Tártaro social en el que todos nos hundamos? No lo sé y me aterra sólo pensarlo. donde existe una triste ausencia de valores como el respeto. sin cuartel. se respinga y exclama el idiay”. como hermanos costarricenses poseemos de forma innata. que honraron las letras de nuestro himno nacional “cualquiera que quiera tu gloria manchar. les invito a defender con valor. Otro ejemplo de lo que anteriormente mencioné se denota en la consciencia social hacia el sufrimiento de los primeros dueños de esta tierra. y que debemos defender con fiereza. se “hace el loco” ante estos en tanto no le afecten de forma directa. es decir. honor y lealtad a la patria. contradiciéndome a mí mismo. en la zona de Salitre donde los hermanos de nuestra tierra son mancillados impunemente. Aunque. desalojándolos de sus hogares. Fallas que en sus obras y actos batallaron fieramente para defender quien somos. que viendo los problemas sociales concurrentes y diarios. tal y como hicieron nuestros ancestros. no todo está perdido. de mejorar como costarricenses. recordando el ensayo Idíay de Carmen Naranjo. como Carmen Lyra en sus cuentos de Tío Conejo. y así tantos guerreros de nuestra patria. aún en esta oscuridad cegadora existe una ínfima luz que da una pequeña esperanza sobre el rumbo de los valores de esta sociedad y que permite pensar en un futuro mejor. y creo que lo más trágico es cómo se evidencia esto en la cotidianidad del costarricense. Fabian Dobles. veamos en el Gran Área Metropolitana. verá a tu pueblo valiente y viril”. y me pone a cuestionar ¿Llegará el día en el que haya tantos antivalores que la sociedad pacífica y armoniosa que el mundo conoce caiga en la decadencia completa. Carlos L. nuestra cultura. como si no tuvieran existencia en este mundo. donde hay un gran número personas desamparadas. piedad o misericordia. esperando por la compasión de algún buen transeúnte. y espero que este oscuro augurio sea completamente erróneo. O no vayamos muy lejos. le invito afanosamente a recuperar nuestra riqueza y autenticidad. Si bien la sociedad costarricense vive en una “marionetización anglosajona” y un homicidio de los valores. De esta pérdida de valores podríamos conversar durante todo el día y no terminar. sin hogar. entre otras atrocidades innombrables. dejando desamparadas a tantas familias. a la tierra y a nosotros mismos. como sucede en las tierras del sur. una respetada autora costarricense: “Así el costarricense. así que estimado lector o lectora. que es puntilloso y que su pacifismo acaba cuando alguien lo codea o lo molesta en alguna forma. ¡Entonces hermanos y hermanas. aún hay oportunidad de cambiar esta situación. Tal infección de los antivalores es preocupante. la tolerancia. como los Carmen Naranjo. la que todos. lo que este autor llama “sentido de la hermandad”. con ilusión en el pecho y júbilo en el alma. como humanos y como sociedad en sí. aun cuando estos saben que serán ignorados con frialdad y apatía. valores y costumbres del nauseabundo virus que infecta y contamina nuestro ser. como Pancha Carrasco en el frente de batalla contra los filibusteros. tradiciones. el “ser” que nos permite ser llamados costarricenses! ¡Llamo a una guerra contra ese virus de los antivalores y contra nuestra pérdida de identidad! .

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