You are on page 1of 5

Alberto Escudero Los espejos amaestrados

Nivel: B1

Gramática: los pasados

Temas: sociedad, terror

País: España

Breve reseña:

Deseando comprar un espejo, el protagonista entra en una tienda rara
donde venden unos espejos muy caros alegando que están
"amaestrados". Un cuento de terror acaba siendo una metáfora de
nuestra sociedad en la que sobreviven los que mejor se adaptan.

Propuesta de explotación didáctica:

1) Ofrecer primero la parte central del texto, desde "El sótano" hasta
"Y me alargó un martillo". Proponer que hagan hipótesis a ver de
quién se trata.

2) Repartir el texto entero. Sugerir que piensen qué metáfora puede contener

Caminamos por una larga galería. — No tanto como parece.. son peores que las fieras.. para que creamos que ya están a punto. — A estos ya no importa que les dé la luz. Deme la mano. Y a algunos no tenemos más remedio que ejecutarlos. . que decimos aquí. pues. Aquello me pareció ya demasiado: solté una carcajada. — Vamos hacia las celdas de castigo. muy extraños. 2. con pasillos y galerías laterales. porque atrasamos las ejecuciones para hacerlas delante de los que aún pueden corregirse. a ver a esos desgraciados —dije. El sótano era una excavación a modo de catacumbas. — Pero es terrible. ¿Quiere ver la celda de los condenados a muerte? Hay siempre alguno. vas a leer el texto completo. Evidencia las nuevas palabras de vocabulario. para que se vayan «ablandando». Mi mujer sabe que he venido aquí. para que les sirva de lección.. De detrás de ella provenían unos débiles sollozos. Ahora. Y lo sabe también mi socio. Paramos frente a una puerta de hierro. otra vez para adentro.. y sentí un gran alivio. Cuando me di cuenta de qué clase de sollozos se trataba sentí que se me ponía la carne de gallina. Había tan solo una pequeña bombilla.. — ¿Y en ese caso. búscalas y apúntate su significado. sólo a los que vuelven a jugarnos una mala pasada. No son más que espejos. riéndome de nuevo. Tome: tenga cuidado. — No le va a pasar a usted nada. Hay muchos que fingen el llanto. en la oscuridad. y su secretaria.? — Cuando lo descubrimos. don Toribio —me salía sólo un hilo de voz—. Escribe tus hipótesis.. y envuelta en un trapo. — ¿Ejecutarlos? — Sí. Actividades: 1. Los tenemos encerrados varios meses. Al final había una habitación iluminada. Y me alargó un martillo. está el suelo muy mal en algunas zonas.Vas a leer la primera parte de un cuento. — Vamos. tranquilo. — Mire.

— No. todas ellas repletas de preciosos espejos. Póngase frente a este. Es preciso que le mostremos a usted nuestras instalaciones. Los empleados me echaron una mirada burlona. Efectivamente. Los espejos amaestrados No quiere ver. hay que seleccionarlos. pero el espejo devolvía una imagen de él bastante aceptable. y vi que les faltaba un espejo. ya me entiende. — Ramón. seguros sociales. demasiado: no sabía cuál elegir. aquí. Y está. .. sí. Pronto nos sumergimos en un estrecho túnel. Por eso nos vemos obligados a «forzarlos un poco». ni de estar loco. Por una puerta disimulada que había al fondo pasamos a una espaciosa trastienda. no muy recargado. le saldrá en menos de cuatro mil. muy bien de precio. Los espejos de calidad son muy vagos. pero — tenga en cuenta que todos nuestros espejos se venden ya amaestrados. haga usted el favor. Recorrimos varias salas. Mi perplejidad se iba convirtiendo en oscuros temores.. — ¿Amaestrados? — el caso era que aquel hombre no tenía cara de gastar bromas. Hace un poco de frío. Señalé uno. Veo que usted entiende. Seguí a don Toribio. naturalmente. — Ah. Llamó a uno de sus empleados. Cada uno de ellos estaba frente a un espejo. Había varios empleados con guardapolvos. es una preciosidad. si por ellos fuera no reflejarían más que estrictamente mandan las leyes de la óptica. — Sí. Volví la cabeza con inquietud hacia la puerta. además. El espejo se lo oculta servilmente aunque no siempre. Vamos a hacerle una pequeña demostración. claro. — Estos espejos que ve aquí son ejemplares en fase de perfeccionamiento. En uno de los rellanos colgaban unas capuchas. Le parecerá quizás algo excesivo. no quiere saber lo que hay hacia delante por eso interpone espejo que lo tape. luego sabría por qué. hay que tener personal especializado. esto lleva muchos gastos. las escaleras se iban haciendo más lóbregas.. por si había que huir precipitadamente de aquel sitio. — ¿Que le podríamos regalar a Marianne? — El otro día me enseñó ella la reforma que han hecho en el ático. — Creo no haber oído bien. y le hablaba en un extraño lenguaje. ha oído usted bien. — Le voy a enseñar ahora lo de abajo.. A medida que bajábamos. y. Tenga la bondad de acompañarme. Allí tienen de todo. ¿Por qué no vas adonde el señor aquel que era amigo de tía Elvira? Don Toribio creo que se llama. le advierto. para que nuestro cliente lo pueda apreciar. tenían de todo. ya han pasado prácticamente por todas las otras fases del proceso. Al tal Ramón daba pena verlo.

— Pero es terrible. — No tanto como parece. Los tenemos encerrados varios meses. entonces el espejo me devolvió una imagen todavía . ¿Quiere ver la celda de los condenados a muerte? Hay siempre alguno. No son más que espejos. para que se vayan «ablandando». — Mire. que decimos aquí. sólo a los que vuelven a jugarnos una mala pasada. — ¿. don Toribio —me salía sólo un hilo de voz—. en la oscuridad. — A estos ya no importa que les dé la luz. Deme la mano. Paramos frente a una puerta de hierro. Había tan solo una pequeña bombilla. El sótano era una excavación a modo de catacumbas.. Mi mujer sabe que he venido aquí.. está el suelo muy mal en algunas zonas. Me puse frente al que dijo.— Tome. Tome: tenga cuidado. Y me alargó un martillo. y envuelta en un trapo. a ver a esos desgraciados —dije.. Caminamos por una larga galería. muy extraños. otra vez para adentro.. y su secretaria.? — Cuando lo descubrimos. Comencé a oír algo parecido a un zumbido. Al final había una habitación iluminada. Cuando me di cuenta de qué clase de sollozos se trataba sentí que se me ponía la carne de gallina. — No le va a pasar a usted nada. Santo Dios: CÓMO ME VI. son peores que las fieras. — ¿Ejecutarlos? — Sí.. — Fíjese usted en ése. para que creamos que ya están a punto. y sentí un gran alivio. — ¿Y en ese caso. con pasillos y galerías laterales. Aquello me pareció ya demasiado: solté una carcajada. vamos a ponernos esto. Si se quedan con su cara puede que algún día le hagan una faena.. porque atrasamos las ejecuciones para hacerlas delante de los que aún pueden corregirse. porque además se transmiten las imágenes de unos a otros. De repente me vi. De detrás de ella provenían unos débiles sollozos. tranquilo. Y lo sabe también mi socio. para que les sirva de lección.? — Con los de aquí abajo toda precaución es poca... observándolo por todos lados. Y a algunos no tenemos más remedio que ejecutarlos. Hay muchos que fingen el llanto. — Vamos hacia las celdas de castigo. pues. El grito del espejo se confundió con mi propio grito: levanté el martillo. — Vamos. riéndome de nuevo.

pero le he notado al espejo como una especie de. Es lo que permite tener la seguridad de que devolverá siempre a sus dueños la mejor imagen. — ¿Sonrisa irónica? — Sí. digamos. Creo que ahora puede comprender la razón de que nuestros precios sean. Recobré el conocimiento en un diván que tenía don Toribio en su despacho. Llamé a don Toribio esa misma tarde: — .más espantosa.. Le parecerá a usted una locura. Alberto Escudero (España) .. A los pocos días estuve en casa de Marianne. Es preciso que nuestros clientes tengan esta experiencia. solamente el susto. poco frecuentes. Esa es la señal de que está bien amaestrado. pero sé que no conseguiré olvidar esta visión. Puso el tapón al frasco de sales.. Caí desmayado al suelo.. No sé cuántos años tengo que vivir aún. — Ah. — No ha sido nada. no se preocupe. y corrí a ver el espejo. exactamente.

Related Interests