I Jornadas Nacionales.

Perspectivas e intervenciones en las ciencias sociales del NOA
24, 25 y 26 de agosto 2017

Epistemología, hegemonía y Estado
HOMERO R. SALTALAMACCHIA

https://www.youtube.com/watch?v=_Bbhf5bG1dE

I. En oposición a todo empirismo, la tradición constructivista propone que todo conocimiento es
una construcción: percepciones conceptualmente organizadas, que son el efecto de complejas
elaboraciones colectivas que cumplen la función de conjeturas para la acción. Sera dicha acción
la que permitirá conocer la adecuación entre la conjetura y sus resultados.

II. En los procesos que conducen a grandes cambios civilizatorios se van construyendo mitos
fundacionales que permiten representaciones adecuadas a las novedades que se van produ-
ciendo. Entre esos mitos, se fortalecen aquellos de los que Max Weber diría que poseen mayores
afinidades electivas con las principales tendencias y las principales fuerzas que conducen esas
transformaciones.

III. En la modernidad capitalista occidental su mito fundante fue el contractualismo. Y entre to-
das sus versiones, la más influyente fue la transformación que hiciese Locke de la propuesta
hobbesiana. En Hobbes, la sociedad natural era una ficción lógica (basada en la mecánica cor-
puscular) que permitía fundamentar la construcción de un Estado basado en el acuerdo racional
de voluntades individuales. Con ese mito se daba fin a las cosmovisiones medievales, pero no se
fundamentó la sociedad burguesa. En cambio, la introducción del concepto “propiedad privada”
en la sociedad natural, le permitió, a Locke, presentar un mito del origen de la modernidad ca-
pitalista basado en cuatro grandes proposiciones: 1) la sociedad es el producto de la agrupación
de individuos que la preexisten lógicamente, 2) los individuos poseen derechos y propiedades
pre-sociales que no pueden ser violentados por el estado, 3) el voto concreta esa producción de
la vida social a partir de las voluntades individuales; 4) el Estado, al ejercer sus funciones de
guardián de tales derechos, puede violentarlos, y que la sociedad civil tiene derecho a oponerse
a esa violencia estatal. Proposiciones en las que estalla una ausencia, la del poder emanado de
la propiedad que el Estado debe defender. De allí que aún hoy ese poder del dinero es presen-
tado como un poder fáctico que las teorías liberales ignoran. Y la economía es pensada como el
lugar en el que los desarrollos tecno-científicos y los poderes regulatorios del merado (esa fa-
mosa mano invisible), producen procesos sometidos a leyes inevitables, sobre las que lo político
no debe actuar, a condición de perturbar su buen desarrollo.

Apoyada en ese mito, la ciencia política en particular y las ideas hegemónicas sobre lo social en
general producen una reducción de lo político, al que identifican exclusivamente con las gestio-
nes del Régimen, que incluye elección de gobernantes y la gestión del gobierno, incluyendo en
esa reducción la total despolitización ( ignorancia, forclusión) de toda acción de la vida social y
la suposición de que los recursos de poder políticos son aquellos que las constituciones republi-
canas reconocen, dando a entender explícitamente que los poderes incuisod en la idea de Régi-
men son los que verdaderamente rigen la vida social. Al tiempo que ignoran , como lo ignoran
las instituciones republicanas, los efectos y alcances del poder que hace posible la propiedad

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sobre las empresas (en sus diferentes faces de producción, distribución). Ignraando entonces,
junto a la forclusión de toda apreciación política de las gestiones propias de la vida social extra
régimen, la capacidad de influencia de los empresarios en la gestión de las burocracias e incluso
de los miembros de los poderes republicanos, mediante sus capacidades simbólicas (prestigio,
etcétera) y sus capacidades de corrupción, en todas sus formas veladas y abiertas ( a lo que
suman la capacidad de chantaje que luego pueden ejercer sobe aquellos a quienes han corrom-
pido, mediante la amenaza de denuncias, etcétera, lo que es un panorama corriente en la época
actual, como bien se sabe.

La hegemonía capitalista siempre se apoyó en esa mitología. Y esa mitología es extremadamente
peligrosa en la actualidad, ya que hoy oculta nuevas transformaciones en las que las redes de
empresas trasnacionales están transformando el mundo e incluso el mismo diseño de los esta-
dos nacionales que nacieran en esa misma modernidad capitalista.

Si ben se ha hablado ya de diferentes formas de gobernanza (concepto ajeno a toda discusión
sobre los alcances democráticos de esa forma de gobierno), esta son generalmente limitadas al
estudio de las formas institucionales que adquieren diferentes regímenes trasnacionales, tales
como el FMI, Banco Mundial, ONU, etcétera. Pero no otras formas, que directamente influyen
en la creación de ideologías que conforman y legitiman nuevas elites, como lo es, entre otras, El
Foro económico Mundial, que actúa como un organizador de la hegemonía neoliberal en el
mundo.

El efecto es la dificultad para comprender cómo el cambio de época que están imponiendo esas
elites posee, entre otros efectos, las destrucción de las capacidades soberanas de la mayor parte
de los estados, convertidos en estados fallidos sea porque se los somete a deudas impagables,
sea porque se limitan sus capacidades de gobierno, por la acción de grandes empresas de nar-
cotráfico, tráfico de armas y de personas, etcétera.

V. Luego de las dictaduras cívico-militares y de la caída del muro de Berlín los teóricos de la
política de Europa y América dejaron las influencias del marxismo y buscaron sus utopías en el
liberalismo contractualista y sus derivados. Las virtudes y defectos de los pensadores sobre las
transiciones a la democracia se explican por ese regreso a tradiciones liberales, en las que la
democracia tiende a confundirse con el mero estado de derecho. Habiéndose superado el drama
de los estados burocrático-autoritarios, la investigación politológica se redujo a medir el grado
y calidad de los regímenes latinoamericanos medidos desde una métrica utópica, construida en
base a la imagen ideal de los estados, lo que Guillermo O’Donnell denominara cuadrante no-
roeste. Que, mediante la legitimación de los lobbies empresariales y el financiamiento privado
de los partidos políticos, junto a las maniobras destinadas a manipular el voto de los pobres, se
han convertido en verdaderas plutocracias.

Con ello reverdeció el mito contractualista. Pero con una limitación que el mismo O’Donnell
captara en sus últimos trabajos. Las teorías sobre la transición a la democracia hablaban del
régimen, pero no de los estados nacionales. Limitación que O’Donnell (2008, 2010) tendió a su-
perar agregando, al pensamiento de lo político, tres dimensiones nuevas: 1) el sistema legal y
todas las reglas y procedimientos formales e informales; 2) el entramado burocrático 3) las iden-
tificaciones nacionales y 4) la ciudadanía.

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Esas contribuciones confirman que el Estado-Nación no puede ser comprendido si se acepta la
distinción Estado/Sociedad Civil, performada jurídicamente. No lo es porque, en democracia, los
ciudadanos están presentes en todo lo instituido, sea como electores, sea como aportantes, sea
como beneficiarios, sea como representantes electos, sea como trabajadores o empresarios, sea
como burócratas, etcétera. Razón por la que es mejor entenderlo como la institucionalización
de relaciones sociales y no como una dupla de entidades separadas.

VI. Actualmente existen trabajos que denuncian públicamente la ignominiosa concentración de
las riquezas. Entre esos trabajos se encuentran los de Thomas Piketty y los de Oxfam, que hace
más de un lustro que muestran esa misma concentración (y su contracara la pobreza y la domi-
nación). Por otra parte, existen trabajos que muestran cuáles son los países con mayor canti-
dad de trasnacionales (medidas por su tasa de beneficios, su número y su capacidad de em-
pleo de mano de obra). De esas empresas, en los últimos diez años, EEUU posee el 32,4 por
ciento, Europa aumenta su presencia del 34,2 por ciento a 35,6 por ciento y Japón, disminuyó
del 25,2 por ciento al 13 por ciento. Pero esa concentración de trasnacionales ya no puede ser
interpretada en clave de Centro/periferia. Por el contrario, los estudios sobre la constitución
de las redes de empresas trasnacionales muestran una concentración que crea las bases de un
poder trasnacional que se sirve de algunos estados nación mientras que contribuyen a que
muchos otros sean estados fallidos. Esa concentración es lo que mostró un estudio reciente
sobre las redes corporativas a nivel mundial (que presentaré en la conferencia) y lo que explica
el crecimiento del voto bronca en los Estados Unidos de Trump, en el Brexit, en el crecimiento
de los partidos nazis europeos contra elites que representan a esa clase mundial de magnates
uno de cuyos centros de reunión anual es el Foro Económico Mundial de Dabos.

VII. Por eso las luchas nacionales y populares ya no pueden agotarse en países. Hoy se trata de
construir fuerzas trasnacionales capaces de ponerle freno a la capacidad destructiva de esas
corporaciones, ya que ni los movimientos nacional populares más potentes son actualmente
capaces de revertir sus dominios, sin una fuerza trasnacional que los respalde.

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