VIDA

Y

LIBERTAD

REVISTA DE REVISTAS Nº 3
JULIO 07 DE 2010

SOLO LA LIBERTAD DA SENTIDO Y GARANTIZA LA EXPERIENCIA SAGRADA Y DIGNA DE LA VIDA

Sólo rompiendo silencios se puede hacer algo de luz
Proyecto de Acto Legislativo sobre la “Adopción del Nuevo Escudo de la Republiqueta de Uribelandia”, que el gobierno saliente del Führer deja en herencia para ser aprobado por los H. P. (Honorables Parlamentarios) del “nuevo” Congreso de la “Unidad Nacional” a partir del 20 de Julio de 2010.

POR LAS RUTAS DE MI LOCOMBIA

La salida del presidente colombiano Álvaro Uribe: Adiós, que le vaya bien
Juan Alberto Sánchez Marín (especial para ARGENPRESS.info) Adiós, patrón, don Álvaro otra vez muy pronto, que le vaya bien, que no lo vaya a coger el carro desbocado y zigzaguero del propio legatario, que dios quiera no lo parta el rayo de esas justicias terrenal y divina tan trampeadas a punta de bendiciones episcopales y hasta pontificales, y que no lo vaya a espichar el choque de trenes entre poderes y entre colombianos que usted nunca dejará atrás. El presidente colombiano, Álvaro Uribe Vélez, deja el poder padeciendo lo que el escritor y filósofo Fernando González, también antioqueño de pura cepa, llamó, en 1936, “un estado de conciencia vanidosa”. El eximio paisano del presidente sostenía entonces que: “…escribir groserías en las paredes de edificios públicos; robar, cuando nadie lo sabrá; vender la patria, cuando nadie lo sabrá y ejecutar actos buenos, heroicos, cuando lo han de saber, es un estado de conciencia vanidosa”. La coherencia entre el pensamiento anticipado del filósofo y el estado de conciencia, “muy limitada en verdad”, que ha imperado en La Casa de Nariño durante el último gobierno, resulta evidente si recordamos algunos casos del nutrido bestiario mediático nacional reciente, en los que esta clase de soflama presidencial se hace sentir. La premisa incluye eso de tirar la piedra y esconder la mano. Como en el caso del malmirado acuerdo militar con los Estados Unidos, que da vía libre a la presencia de tropas de ese país en 7 bases militares. Uribe, en la Segunda Conferencia de la Convención de Ottawa, efectuada en Cartagena el 3 de diciembre de 2009, dijo delante de todos que: “Muchos países, para enfrentar problemas de inseguridad, se han cerrado a la vigilancia internacional. Nosotros abrimos las puertas de par en par a esa vigilancia”.

Es más, el 31 de octubre del mismo año, en Ibagué, según la propia Secretaría de Prensa de la Presidencia, ya había dicho que: “Tenemos toda la entereza para que ese texto lo conozca, de principio a fin, la comunidad nacional y la comunidad internacional”. Y que, como “es un acuerdo de vital importancia”, “…estará a disposición de todos los colombianos la semana siguiente, de acuerdo con lo que me ha confirmado la Cancillería”. A tantos meses de la promesa y ya en la puerta de salida, el presidente Uribe sigue sin divulgar un ápice del referido acuerdo militar, ni adentro, ni afuera. En un santiamén dejó de importar. Y que a alguien le importara era una tontería. Porque hasta se corrió la voz de que el acuerdo no era tal, sino adéndum, parágrafo, quizás paráfrasis, a otro convenio viejo y empolvado de los años cincuenta. Y los medios corrieron obsecuentes a echarle tierra al asunto. Las razones del mutismo son elementales: El acuerdo viola la Constitución, que ni siquiera autoriza el tránsito de tropas. Y viola los mínimos procedimientos de curso requeridos: Se salta hasta la talanquera fácil del legislativo, con la propia anuencia del poder afectado. Si no, como es que en octubre de 2009, el mismo presidente de entonces de la Cámara de Representantes, Edgar Gómez, dijera con cara de palo que el Ejecutivo colombiano consideraba que "el acuerdo no afecta la neutralidad del Estado, no implica el tránsito de tropas (extranjeras), y no contempla el paso de personal militar con finalidad ofensiva". Y que, por estos motivos, quién lo duda, “el gobierno de Álvaro Uribe consideró que dicho acuerdo no debe ser sometido a discusión y aprobación por parte del Legislativo”. Lo dijo como si nada, sin anestesia, la voz cantante de un poder malogrado a punta de puestos y dadivas. “La conciencia vanidosa” se pega. Y en esa misma razón infeliz nos mintieron diciendo que son acuerdos de igual a igual, con nuestros amigos los estadounidenses, en un despiste sin parangón, en el que no hay nada bajo control, excepto la verdad y las buenas intenciones, siempre mantenidas a buen recaudo. La fila de ejemplos puede atisbarse de una sola ojeada en cualquier página de estos arduos dos cuatrienios. Álvaro Uribe, como “amigo”, le metió una puñalada trapera a Hugo Chávez, el presidente de Venezuela, en una mediación pedida por el mismo gobierno colombiano y a la que le dio curso con la certeza de que sería infructuosa. La situación se salió de madre cuado las gestiones del vecino, en vez de irse a pique, empezaron a ser eficaces. Entonces y sin aviso, el presidente colombiano dejó colgado de la brocha al presidente venezolano, al que por demás acusó de tratar de ayudar en un conflicto infame, pero requerido para sostener el caballito de batalla que es la máquina de guerra de “la seguridad democrática”. Uribe hizo de todo, cuanto le dio la gana y de las maneras que quiso. Hizo de la contradicción y la paradoja destrezas gubernamentales. Y de la mentira simple y llana un canon gerencial, en esta empresa necia que es Colombia. Agobió ciudades, pueblos y aldeas remotas con circenses consejos comunales transmitidos sin tregua. Reconvino al aire, de labios para afuera, a ministros y menestrales. Soltó la jauría de caza del DAS tras opositores, periodistas críticos, líderes sindicales y todo el surtido de los ciudadanos incómodos. Configuró, al interior de las fuerzas militares, un torvo mecanismo de estímulos, que, por entre un tubo, condujo a que las tropas en repetidos golpes de gracia llevaran a cabo el asesinato de campesinos y otros pobres, en un patrón siniestro al que el gobierno y los medios llamaron y llaman con un eufemismo sinvergüenza: “falsos positivos”. Oyó y atendió los susurros aviesos y solapados de José Obdulio Gaviria, el primo de don Pablo (Escobar). Sentó a su diestra, como Secretario Privado de la Presidencia, a Bernardo Moreno Villegas, un habilidoso egresado de la Financiera de Desarrollo Territorial (FINDETER). Camanduleó

de más con César Mauricio Velásquez, su Secretario de Prensa, una especie de predestinado del Opus Dei, a cuyas convicciones no les calza la democracia, si no es de papel. En fin. Con la partida de Uribe es de esperar que se vayan los cohechos no tan idos, con Yidis, Teodolindo y el ido de Sabas Pretelt. Se van, por fin, Fabio Valencia Cossio y sus intervenciones abiertas, descaradas y reiteradas en esa especie de apéndice del Ejecutivo que han terminado siendo el Congreso de la República y la Cámara de Representantes durante este tiempo, donde apenas si son audibles unas pocas voces independientes y dignas. Se va también la vanagloria inmoderada, más bien insolente, de la junta del gobierno con toda clase de malas compañías: pendencieros, trapisonderos y malhechores; los que entran por la puerta de atrás a Palacio; los muchos otros que también fungen de asesores, directores o secretarios, y fingen de piadosos; los que son defendidos a capa y espada por el presidente, en cuyas diatribas recriminatorias a la Justicia está la procura de exculparse a sí mismo, como máximo responsable de todos los quebrantamientos a la ética y las leyes. Álvaro Uribe dijo en UNASUR: “Colombia ha tenido una democracia respetable, de independencia de instituciones, de plenitud de libertades”. Y en Barrancabermeja, el 11 de agosto, hace casi un año, afirmó durante el V Encuentro de la Jurisdicción Constitucional, que “La Justicia en Colombia es autónoma, independiente, y se ha fortalecido bastante, gracias a nuestros esfuerzos presupuestales y a la Seguridad Democrática.” Y sostuvo que “este Gobierno le permite hoy (a la Justicia) actuar en todas las regiones y frente a todos los temas. Hoy no tiene restricciones territoriales ni restricciones de materia”. Sin palabras. Cuando la Corte Suprema de Justicia es una de las instancias más atacadas por el presidente y sus partidarios. Donde los jueces son vilipendiados y desautorizados por el propio Álvaro Uribe, y acusados de politiqueros, de falseadores y de calumnia. Cuando toda la rama judicial es desprestigiada y puesta en el banquillo de los acusados, en tanto que los acusados, sus subalternos y secuaces, cómo no, son absueltos a priori por el Jefe de Estado. Los pájaros tirándole a las escopetas. Claro está, al fin y al cabo, a lo sumo una nueva variedad de los mismos “pájaros” de nuestra Violencia con mayúscula, aquella en la que hay tantas raíces de tanto. Se lleva Uribe a cuestas una moral retrechara, gazmoña y afincada en la psicodelia: serán malos, pero adinerados y útiles los buenos mozos; serán buenos, pero pobres los desgraciados. ¡Qué viva Sarmiento Angulo! ¡Abajo los desplazados, esa suerte de infiltrados!

El 23 de marzo de 2009, en un consejo de seguridad en Tibú, Norte de Santander, el presidente aseveró que en sólo 22 procesos de los llamados “falsos positivos” iniciados entonces, se había encontrado soporte jurídico para las denuncias. "Nosotros somos los primeros en exigir que no haya ‘falsos positivos', que haya total transparencia, pero tenemos que ser los primeros en denunciar que mucha gente, amparada en este tema, lo que ha hecho es crecer falsas acusaciones, para tratar de paralizar la acción de la Fuerza Pública contra los terroristas". Unos meses después, el 3 de diciembre pasado, en una videoconferencia, el presidente Uribe volvió a llamar la atención porque “hay personas e instituciones que, en muchas ocasiones, acusan a nuestras Fuerzas Armadas falsamente, simplemente por afectar nuestro proceso de Seguridad Democrática”. Las cifras escandalosas de muchachos asesinados en distintas partes del país, que ya sobrepasan los dos mil, acallaron pronto esta monserga del presidente. Echando mano a palabras de José María Vargas Vila, dichas en otro contexto, pero con medidas que ahora parecieran tomadas por escribano notarial, o, mejor, por sastre de pueblo, el presidente Uribe siempre trató de hacernos creer que no se daba cuenta de que andaba “por sobre las cenizas de los muertos”. Así estuvo todo el tiempo y así se va. Cuando la Justicia condenó a 30 años al coronel retirado Alfonso Plazas Vega, volvió la carga al machete de Álvaro Uribe Vélez, con idénticas argumentaciones: "El terrorismo, que está perdiendo, en su osadía, ahora quiere ganar a través de tinterillos con acusaciones falsas contra la seguridad democrática". Lo dijo el 3 de junio, en una ceremonia de ascensos de la policía, en la Escuela General Santander, y agregó: "Los tinterillos, los idiotas útiles e inútiles, están en contra de esta política y atemorizan a la Justicia que a veces les da recibo". Álvaro Uribe sangró por la herida y una sombría asociación de ideas debió incrustársele en esa alma de tantas encrucijadas fatídicas: El infeliz veredicto contra una extralimitación remota y brutal debió hacerle pensar al presidente que por ahí anda suelto el artífice de las Convivir, principio del paramilitarismo, y el regente de un régimen en el que ha corrido mucha sangre inocente. Al gobierno del presidente Uribe, en el tema de la guerra interna y de su “Seguridad democrática”, le puede pasar igual que a la Inglaterra de “La guerra de los Cien Años” contra Francia, que ganó casi todas las batallas decisivas, pero a la final perdió la guerra. Es que ni “Jaques”, ni “Camaleones”, ni toda la calaña de los montajes bélicos, sin desconocer su carácter paliativo en el retorno de civiles y militares, y en la reunión de las familias, conducen a parte alguna, mientras los caminos restantes, los del diálogo, de la equidad, del empleo digno, de la seguridad social básica, por ejemplo, sigan siendo minados sin miramientos con la intolerancia de un dogmático y la jactancia de un ubérrimo. “Que el amor por esta Patria sea la llama a través de la cual Nuestro Señor y la Santísima Virgen me iluminen para acertar; también, para superar la humana vanidad y rectificar cuando incurra en el error”. Esto lo imploró Álvaro Uribe en su discurso de posesión durante su primer mandato, el 7 de agosto de 2002. Era el Álvaro Uribe del corazón grande. Pero aún así, los santos cielos no lo oyeron. En muy pocas cuestiones acertó. Jamás superó la humana vanidad y más bien se le acendró a toda la hornada a su alrededor el “estado de conciencia vanidosa”. Y, como hemos visto, en vez de rectificar cuando incurrió en errores, se volvió iracundo (y lo dejó ver), y le endilgó todas las culpas a quienes no pensaran como él. Álvaro corazón grande recuerda mucho a Ricardo Corazón de León, aquel rey inglés de la segunda mitad del siglo XII, y no sólo porque al uno, al criollo, lo seduzcan las caballerizas y los caballos, y al

otro la caballería, sino por lo cruzados ambos, el corte anacrónico de la cohorte y los escuderos, y, claro está, por el poquísimo gusto por gobernar (que se disimula en trabajar, trabajar y trabajar). Y, a cambio, sí la enfermiza fascinación por la guerra, por desgastar a sus patrias con el embeleso de ganar batallas minúsculas e intrascendentes. El uno, a última hora, tuvo su Saladino, su carcelazo y su derrota; el otro, el nativo, todavía no lo sabemos, pero ya el personaje escucha por todos los puntos cardinales los pasos de animal grande de la Justicia, la nacional (a la que no logró sojuzgar) y la internacional (que ya le hace regar el tinto del caballo). Y hoy, a diferencia de ayer, no vamos a quedar en manos de Juan Sin Tierra, pero sí en las de Juan Manuel sin Tiempo, y, de cierto, cual siervos sin tierra, como siempre. Bajo el yugo de los dos gobiernos seguidos de Álvaro Uribe Vélez, mucho del país se fue muriendo en el entre tanto, golpe a golpe, peso a peso. Bala a bala, mejor. Después de estos implacables años de tanta “conciencia vanidosa”, más allá de la mentada “seguridad democrática”, de la cohesión antisocial, de las amañadas cifras de crecimiento o de la espelucada confianza inversionista, yace tendida y exánime la esperanza en un país justo, y es irremediable que luzcan mal y cabizbajos los sueños de una Colombia más incluyente y menos violenta. A la manera de decir las cosas del finado poeta calarqueño Luis Vidales, a esta Colombia se le han muerto tantas cosas que ya parece un poco fantasma. La prueba de ello es que a estas alturas ni siquiera nos espante la idea de que Juan Manuel Santos sea el sucesor de Uribe y el continuista del aquelarre nacional que ha sido tal mandato. Ojala que la callada movilización popular que no deja de brotar a lo largo y ancho del país, siga avanzando y haciéndose incesante. No se la ve en los medios, pero ahí está. No se la registra, porque se la disimula, pero ahí va. Por supuesto, también tiene algo de espectral: no figura en las encuestas, no come cuento, no traga entero, se la nombra como algo amorfo. Es de estudiantes, de indígenas, de negros, de obreros, de desempleados o mal empleados, de desplazados, de víctimas de todo tipo y de familiares de víctimas, de pobres que no tienen nada y, quién lo duda, de algunos pobres diablos colados que ni siquiera saben que también son pobres aunque tengan algo de plata. En otra palabras: esa parte innegable del país que nunca hizo parte del manipulable “estado de opinión” tan propugnado por el presidente que ya se va.

http://www.argenpress.info/2010/06/la-salida-del-presidente-colombiano.html

“NADIE ES SI PROHIBEN QUE OTROS SEAN”:

Paulo Freire

¿Cuál sería el interés de Uribe en la Alcaldía de Bogotá?
Algunas señales indicarían la intención del Presidente de buscarla. Los analistas le apuestan a diferentes razones: una prolongación de su inagotable espíritu de poder, su deseo de estar cerca de Santos o su capacidad de servicio. ¿Se atreverá?
A un poco más de un mes de entregar la banda presidencial, el mandatario saliente, Álvaro Uribe, no ha definido su futuro político, pero una de las puertas que pareció dejar abierta hace unos días fue la de aspirar a la Alcaldía de Bogotá. Al menos así lo dejó ver en una entrevista con RCN Radio al ser preguntado sobre si tenía previsto ser candidato al gobierno de la capital colombiana. No dijo ni sí ni no, como es su costumbre. Dijo que quiere “ayudar en lo local a que las cosas salgan bien”. “Me gusta una buena alcaldía de Bogotá, me gusta ver la prosperidad de esta ciudad, me gusta que la administren bien. Una ciudad que me ha albergado con cariño, yo sí que agradezco esas votaciones de Bogotá”, agregó el mandatario. La posibilidad de que Uribe sea candidato al segundo cargo más importante de Colombia asustó a los que se preparan en la carrera por la Alcaldía, molestó a sus opositores y sorprendió a sus allegados. Pero la iniciativa es de vieja data. Una vez la Corte Constitucional le cerró el paso a una nueva reelección Presidencial, hubo quienes propusieron esa salida a la vocación de poder del mandatario. El ex embajador de Colombia en Sudáfrica Carlos Moreno De Caro dijo en ese entonces que había que aprovechar la “excelente gestión de Uribe, para que asuma las riendas de la ciudad que actualmente presenta problemas en materia de seguridad, infraestructura vial y de tipo socioeconómico”. Además, dijo que desde ese cargo el Presidente saliente podría vigilar la gestión de su sucesor en la Casa de Nariño, “para que no haga travesuras”. Hace casi dos años El Espectador también había sugerido que el mandatario aspiraría a ese puesto. En ese momento, sin embargo, todavía estaba viva la alternativa de la reelección.

¿Por qué Bogotá?
Bogotá es atractiva como trampolín para la Presidencia, debido a lo que representa: es la metrópoli más importante de Colombia y una de las más importantes de Suramérica, junto a Río de Janeiro, Buenos Aires y Lima. De hecho, alberga el 17 por ciento de la población del país, maneja un presupuesto superior a 16 billones de pesos, produce aproximadamente el 25 por ciento del PIB nacional y aporta cerca del 50 por ciento de la actividad financiera.

¿’Líbido dominandi’ o servicio?
“Más allá de cualquier circunstancia personal, los políticos, como bien lo discernieron personajes tan distantes en el tiempo como Epicuro, Maquiavelo, de Maistre, Le Bon y Canetti, entre otros, buscan conquistar el poder, aumentar el poder y conservar el poder”, escribe Camilo Rojas, asesor de campañas políticas en su blog político. Según el asesor, es una parte de la naturaleza humana la que impulsa a unos hombres a ejercer el dominio, la que les da la voluntad de poder. Es lo que se llama líbido dominandi. Para algunos analistas, el placer que da el poder es lo que motivaría a Uribe a aspirar a la Alcaldía de Bogotá, después de haber estado ocho años al frente de la administración de la nación. “Uribe es un animal político, en el mejor sentido, y no concibe la vida sin el ejercicio del poder”, dice Jaime Castro, ex alcalde de Bogotá a Semana.com. Castro recordó que en Colombia, Tomás Cipriano de Mosquera fue Presidente del Estado del Cauca después de haber ocupado por cuatro períodos la Presidencia. También mencionó los casos de varios presidentes de otros países, como León Febres Cordero, de Ecuador, y Valéry Giscard d'Estaing, de Francia, que hicieron algo parecido debido a su capacidad de política. “Al Presidente lo seduce más el deseo de servir que la vanidad del poder” fueron las palabras con las que el representante por Bogotá Nicolás Uribe defendió la posible aspiración del mandatario. El representante de La U Señaló que la preocupación de Uribe estriba en “el retroceso de la ciudad en los últimos ocho años”, refiriéndose a las dos administraciones del Polo Democrático. El congresista, quien ha defendido la idea de que Uribe sea alcalde, dijo que esa posibilidad sería “interesante, para tener un modelo de ciudad a la altura de las exigencias de la globalización, para resolver los problemas de criminalidad y la debacle que nos deja el actual Gobierno distrital”.

No obstante, según el congresista, las declaraciones del Presidente tenían el propósito de generar opiniones, antes que el de demostrar sus aspiraciones a futuro, una vez deje la Casa de Nariño. “El Presidente está acostumbrado a dar ese tipo de declaraciones buscando que lo interpreten, más que para revelar sus verdaderas decisiones. Es una forma de medir la opinión sobre un tema”, explicó.

“No importa quién vaya, lo importante es resolver los problemas”
“Si aspiran Batman o Robin, yo iré hasta el final”, dijo a Semana.com David Luna, representante por Bogotá, quien es uno de los aspirantes a suceder a Samuel Moreno.

El precandidato adujo que era un honor para él, y además legítimo, que en la competencia por la Alcaldía estuviera Uribe. No obstante, indicó que para ocupar el cargo había que tener, además de la capacidad, el conocimiento de la ciudad. Luna argumentó que las malas administraciones del Distrito se deben a que algunos políticos “han usado la Alcaldía como un trampolín para llegar a la Presidencia, como un escampadero, o como la continuación del ejercicio del poder. Ninguna de estas opciones le conviene a la ciudad”, dijo. Para Iván Cepeda, representante del Polo electo por Bogotá, las razones por las que Uribe buscaría la Alcaldía de Bogotá son dos: “Uribe tiene una ambición ilimitada de poder, que demostró cuando buscó su segunda reelección, y que no se agotó con la decisión de la Corte de declarar inexequible el referendo”, dijo. Y, “él quiere seguir gobernando desde la sombra del país. La pregunta que sigue abierta es cómo hará Santos para definir su línea de gobierno”, agregó. En su criterio, la llegada de Uribe a la administración de la ciudad trasladaría “fenómenos nacionales, como sacrificar los métodos a los fines, actitudes que riñen con la legalidad, al Distrito”. Hay quienes aseguran que Uribe llegaría al Palacio Liévano sin dificultad, y hay quienes creen que los bogotanos prefieren otro tipo de gobierno. No obstante, sólo en los próximos días se sabrá si las declaraciones de Uribe fueron una revelación o un globo al aire. Semana.com ©2008. Todos los derechos reservados.

Quiere otros huevitos

Falacia y espejismo de la seguridad democrática
Escrito por Bernardo Congote *

*Magíster en Ciencia Política, Economista, Investigador socio político independiente
28 de junio de 2010

¿Seguridad? ¿Democrática? El gobierno de Álvaro Uribe gastó ocho años en derrotar a un enemigo que jamás reconoció que existía. Convertir ese discurso en una constante, pondría en peligro los mejores propósitos del nuevo gobierno.

Historia del tiovivo autoritario
En Colombia la guerra no ha sido ocasional ni ha tenido partes estables ni posee límites espaciotemporales. Por el contrario, se ha convertido en una perversa forma de hacer política, degradando, inclusive, los preceptos clásicos del arte de la guerra. Registros confiables muestran que en el lapso de 150 años (1810-1960), el país vivió cada 4.7 años un episodio significativo de violencia política por asonada, levantamiento o guerras civiles. Fenómeno que se agrava si se tiene en cuenta que sólo durante la segunda mitad del siglo XIX dicho promedio fue de un episodio cada 1.5 años, habiendo terminado con la Guerra de los Mil Días que cobró la vida de aproximadamente el 4% de la población [1] [2] [3]. Los primeros 50 años del siglo XX quedaron marcados por múltiples asonadas guerrilleras de corte bipartidista. Luego se incrementó la violencia con el bandolerismo, también bipartidista, que desembocó en las guerrillas de la FARC y del ELN de los años 60's [4]. En los 80's surgió la "refundación de la patria" por la vía del narco-paramilitarismo de élite aupado por el Estado, que ha cobrado, hasta ahora, 35 mil víctimas denunciadas [5] [6]. Y comenzando el siglo XXI las mayorías celebran el arrinconamiento fronterizo de la insurgencia como gran éxito de la llamada "seguridad democrática". Quedamos así ad portas de seguir cavando nuestra endémica proclividad a hacer de la política el escenario ideal para la violencia.

Una estrategia errada
Las críticas a la "seguridad democrática" fueron variopintas en el reciente debate electoral. Petro, a fondo, le mostró al gobierno que ignorar la inequidad social como alimento de la guerra sólo le echaba más fuego a los fusiles. Mockus se distrajo en el impacto de las ejecuciones extra judiciales

contra civiles inocentes, pero en el fondo fue partidario de reproducir la estrategia. Y los demás, con Santos a la cabeza, se sumaron al coro de alabanzas [7]. No se vio que en la campaña se tomara el toro por los cuernos desnudando las fallas estructurales del programa, comenzando por el carácter errático de su concepción estratégica. Conviene indagar entonces varios puntos: Si la guerra en Colombia se puede limitar al episodio de la reducción relativa de la violencia que caracterizó al gobierno que termina. Si el gobierno identificó correctamente a las partes en conflicto. Si la violencia política colombiana se puede acotar entre un comienzo y un final definidos en el tiempo. Y, sopesando lo anterior, Si la estrategia merece las alabanzas recibidas. Los estudiosos coinciden en que el conflicto colombiano ha sido crónico, que ha tenido por contendientes a partes disfrazadas dentro del bipartidismo y que, además, es difícil de reducir a corto plazo. Ellos mismos inducen a dudar del diagnóstico blanco-negro que sirvió de base conceptual a la reacción militar de estos ocho años, entre otras cosas porque la tipología de esta violencia tiene características mixtas entre las guerras tradicionales inter estatales, o "viejas guerras", y las guerras de tipo intra estatales, civiles, internas, o "nuevas guerras", que habrían obligado a formular diagnósticos y estrategias más depurados que las tipificadas por la seguridad democrática [8] [9]. A estas deficiencias tendría que sumarse un examen alrededor de los siguientes yerros: Error de diagnóstico y enfoque. Disfraz del fenómeno paramilitar. Origen de graves efectos diplomáticos subregionales. Ignorancia de las cifras sobre la violencia política. Amenaza de un debilitamiento social irreparable, y Degradante efecto autoritario sobre lo político

¿Una Guerra "sin conflicto"?
El gobierno erró al afincarse en su prejuicio de que en Colombia no existía ni existe conflicto alguno. Comprometer desde su campaña una política de seguridad en pro de "una Colombia sin guerrillas ni paramilitares", habría caído en petición de principio militar por no haber reconocido a su contraparte, quedando impedido para acotar las circunstancias reales del conflicto [10]. Actuando de esa manera, el gobierno contradijo el énfasis que le dio a la desmovilización de los paramilitares, cuyo motor original desde los años 80 había sido precisamente defenderse de una escalada profunda y amplia de la insurgencia guerrillera. Desconocer la existencia de un conflicto ignoraba que hacía poco la insurgencia había reiterado en El Caguán su propósito de sustituir por medio de las armas este modelo de Estado [11]. Significaba también ignorar que en el ataque a esas dos facciones se encontraba altamente comprometido el aparato militar y policial del Estado, acusando al tiempo desmoralización y complicidad [12]. Y como si ello no bastara, ignoraba que en el andamiaje paramilitar estaba comprometido un enredado flujo de intereses políticos y empresariales locales, que buscaban, por un lado, aupar el desplazamiento forzado de poblaciones y, por el otro, consolidar la representatividad ilegítima de esos intereses por dentro del Poder Legislativo [13].

El gobierno de la seguridad democrática falló en materia grave al concentrar sus energías durante ocho años en derrotar a un enemigo que nunca reconoció. Además, no pudo planificar esa derrota de acuerdo con las circunstancias socio políticas exigidas por la tradición violenta colombiana, que hubiera tenido como condición desmontar la urdimbre narcoparamilitar y parapolítica regional. Hasta que, finalmente, se diluyó en golpes de mano de impacto mediático pero de baja envergadura táctica ó estratégica que, en absoluto, corresponden a la magnitud de los recursos económicos, humanos y políticos invertidos.

De democrática sólo el nombre
La Constitución define como deber fundamental de "... las autoridades de la República... proteger a todas las personas... en su vida, honra y bienes,... y demás derechos y libertades" [14]. Por ello todo planteamiento de seguridad ciudadana tenía y tiene, como supuesto, reconocer que aquella estaba efectivamente amenazada, lo que se hizo a medias, pero, además, que en su protección debía articularse un compromiso armónico de todas las autoridades de la República, no sólo del Poder Ejecutivo. Cierta concepción narcisista mesiánica del ejercicio del poder, que le hizo incurrir en errores de concepción política y militar, llevó al gobierno a cometer otro más, relacionado con el hecho de pensar que sólo la Casa de Nariño era capaz de romper un aparato de guerra que, democráticamente hablando, habría exigido el trabajo articulado entre los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Así, la estrategia democrática sólo tuvo el nombre, y terminó refundida en el manejo manipulador de las mayorías legislativas y en la creación de permanentes controversias y choques abiertos con el Poder Judicial, que pusieron en evidencia, para completar, su carácter autocrático. [15]

Política del mal vecino
El gobierno Uribe recibió una diplomacia relativamente saneada. En 2002, Hugo Chávez ya gobernaba en Venezuela y se le tenía por una contraparte visible. Por aquel entonces, alrededor del Plan Colombia manejábamos relaciones de buen nivel con el gobierno de Estados Unidos, y teníamos adecuadas relaciones con los países limítrofes y un alto nivel de influencia en el continente, dado que César Gaviria ejercía la Presidencia de la OEA. De ahí que en este terreno el balance no sea tampoco auspicioso. La seguridad democrática mostró que al arrinconar a las insurgencias aquende o allende las fronteras, el gobierno, de carambola, exportó el desangre hacia Venezuela, Ecuador, Panamá y Brasil, aupó enemistades con Nicaragua y abrió controversias inocuas con Estados Unidos. Su patología autocrática le hizo demeritar en sus vecinos la posibilidad de tenerlos como aliados o al menos como interlocutores informados, convirtiéndolos en enemigos por razón de la incursión ecuatoriana, o en vecinos maltratados, como sucedió con la malograda mediación chavista con las FARC, que enrareció la acción humanitaria de "Colombianos por la Paz". Un planteamiento estratégico que mereciera las alabanzas que se le hacen, hubiera pre establecido los riesgos del arrinconamiento fronterizo y previsto su impacto ultra regional mediante el diseño de acciones conjuntas internacionales que impidieran, como sucedió y sucede, que las fronteras terminaran castigadas en lo comercial, calientes en lo militar y enredadas al máximo en lo

diplomático. Con el agravante de que con Estados Unidos terminamos en el peor de los mundos posibles, co-administrando siete bases ubicadas en territorio colombiano, lo que hizo que un acuerdo potencialmente positivo, alborotara a nuestros vecinos, Brasil incluido.

"Cuando los hechos contradicen las creencias, tuerzo los hechos"
"Cuando los hechos contradicen las creencias, tuerzo los hechos". Este aforismo propio del mesianismo autoritario en boga, refleja que, a medida que asciende la fe en algún mesías, se desborda la disposición a razonar sobre la realidad social, y quienes buscan e inclusive construyen las cifras, las devalúan con el fin de que las creencias mesiánicas no sufran menoscabo. Ello explicaría por qué se difunden tan pocos datos sobre el problema de la violencia interna, o por qué, cuando se difunden, tiende a imponerse sobre ellos el autoritarismo estatal, insinuando que su verdad es sagrada, sin que importe que las cifras demuestren falencias protuberantes. A este respecto, datos recién publicados por la Universidad Nacional muestran que ninguno de dos de los indicadores universalmente aceptados sobre violencia política (número de muertos y número de acciones bélicas), permite inferir que la seguridad democrática haya logrado cifras mejores que las registradas durante los años 90[16]. Considerando que se acepta como indicador válido que conflictos por encima de la línea de mil muertos anuales tipifican un estado de guerra o de conflicto armado mayor, Mauricio García prueba que entre 1990 y 2005, Colombia nunca bajó de ese nivel, pues registramos aproximadamente 1.200 muertos en 1990 y 1.000 en 2005. Y aunque bajamos de ese piso entre 2006 y 2008, en ese mismo período aparece una tendencia ascendente que nos acerca de nuevo al mínimo de los 90 [17]. En relación con el número de acciones bélicas, entre 1990 y 2008 nunca bajamos de un promedio anual de 200, como que se registraron 227 en 1990 y 255 en 2008. Ahora, lo que se atribuye con razón el gobierno de Álvaro Uribe, es que los altos indicadores del bienio 20012002, que llegaban a 4 mil muertos anuales y generaban entre 400 y 500 acciones bélicas, ciertamente disminuyeron pero sólo hasta ubicarlos, cabe insistir, en los niveles de los años 90. Con el atenuante de que ese éxito fue logrado en el momento en que Uribe diseñó esa estrategia bajo el precario supuesto de que en Colombia "no había conflicto"· Su autogol, por consiguiente, fue de antología.

El fin del fin (sic)
Lo anterior permite acotar el logro de la "seguridad democrática" pero, al tiempo, poner en su lugar la fraseología mesiánica que llevó al alto mando militar a proclamar "el fin del fin", o a reconocidos áulicos con cierto disfraz académico a perorar sobre el "comienzo del fin", ignorando ambos que según mediciones internacionales de los conflictos registrados durante el lapso de los años 70 a 90 del siglo pasado, el colombiano entre ellos, "... solamente el 7,5%... han terminado mediante la victoria militar de una de las partes"[18]. Simplemente porque lo que aquí llamamos "fin" no es sino el regreso a lo que ocurría en los años 90. Conviene precisar entonces que: El territorio afectado por el conflicto comprende todavía un número importante de municipios.

El conflicto afecta a todo el territorio nacional. Y El conflicto se mueve de la mano del desplazamiento de los cultivos de coca, asunto que se encontraba en el engranaje del problema desde los años 90 y que tampoco fue resuelto por la seguridad democrática y Que no resiste el menor análisis conceptual la pretensión de que una "solución militar" favorezca a alguna de las partes involucradas en la guerra. [19]

¿Permanente? ¿Insustituible? ¿Indiscutible?
A pesar de su gravedad, lo anterior será sólo superficial si lo comparamos con las implicaciones socio políticas que puede traer consigo la posibilidad de conservar a ultranza esa estrategia. En palabras de Nietzsche, existe el riesgo de que el objetivo del Estado, como institución destinada a proteger a unos individuos de otros «... si exagera en ese refinamiento es en aras de (concentrarse en proteger al) individuo debilitado... por lo que el objetivo originario del Estado queda radicalmente aniquilado » [20]. La paradoja resulta de la mayor utilidad aquí y ahora. Si la seguridad que brinda el Estado se convierte en eje programático permanente, como se proclama que debe hacerse en Colombia una vez terminada la contienda electoral, esa misma permanencia promete cultivar en los individuos una sensación de amenaza - debilidad - miedo que, en absoluto, podrá ser el pilar de un Estado sólido. De esta forma la seguridad por encima de todo y por todo (o Permanente, Insustituible e Indiscutible como se pregona), puede conducir al debilitamiento del sentido de autoestima y supervivencia de los ciudadanos, aumentando la debilidad patológica en el ánimo y en el funcionamiento de las instituciones. Como si lo anterior no bastara, una política de seguridad a ultranza se convierte en amenaza para el desarrollo económico, pues está probado que la debilidad interactiva entre ciudadanos e instituciones eleva al máximo los costos de transacción y pone en riesgo la competitividad [21]. En este orden de ideas, estaríamos ad portas de salir de una contradicción para entrar en otra. De una que disminuyó relativamente el conflicto sin aceptar que existía, hacia otra que promete prosperidad, trabajo y desarrollo pero elevando los costos de transacción y castigando el desarrollo, por la vía de la seguridad a ultranza. Una sociedad como la colombiana, agotada por el esfuerzo de una guerra secular que, para peor, no registra victorias que ofrezcan alguna esperanza real de paz, va a seguir amenazada con la posibilidad de que el aseguramiento enfermizo propiciado por el Estado termine por llevarla al agotamiento extremo, eligiendo entre dos males el menor: o la auto destrucción o más autoritarismo.

Camino a la sima
Acabamos de probar electoralmente que los lazos de autoritarismo amarrados durante los años precedentes dejaron a Colombia lo suficientemente debilitada, amedrentada y sumisa como para favorecer al triunfador de la dupla Mockus - Santos. No de otra forma se explica la recepción electoral minoritaria que tuvieron las propuestas osadas de Petro, las alternativas políticas y la crítica sesuda de Pardo ó la evidente habilidad planificadora de Vargas. Los candidatos que dirimieron la segunda vuelta no hicieron algo por desbaratar el sofisma de la necesidad Permanente, Insustituible e

Indiscutible de la seguridad como estrategia de gobierno para Colombia, simplemente porque ambos se proponían impulsarnos hacia la misma sima que hemos venido cavando desde que nos hicimos República: hacer de la política el escenario de una guerra empobrecedora. *Magíster en Ciencia Política, Economista, Investigador socio político independiente

Notas de pie de página
[1] CONGOTE, Bernardo, 2004, "Anatomía religiosa de la guerra. De qué manera una red de valores inoculada desde la Colombia temprana, constituye también un dispositivo de la violencia política". Tesis de Maestría, Universidad de los Andes, Departamento de Ciencia Política, Bogotá (Inédita). 2006, "La ética católica y el espíritu de la guerra en Colombia", Ponencia XII Congreso de Latinoamericanistas españoles, Santander, España, Septiembre 2006, www.halshs.archivesouvertes.fr/REDIAL [2] BUSHNELL, David, 2000, "Colombia una nación a pesar de sí misma", Planeta, Bogotá. CORREA, Fernando, 1996, "Republicanismo y reforma constitucional.1891-1910", Editorial U. de Antioquia, Medellín, 1ª. Edición. KALMANOVITZ, Salomón, 2010, "Las cuentas nacionales de Colombia durante el siglo XIX" (Conferencia sobre libro en preparación, CEDE, Uniandes, 2010-04-06). [3] Para tener una dimensión del estropicio colombiano, la Primera Guerra Mundial cobró aproximadamente 10 millones de muertos afectando proporcionalmente al 3,6% de la población que tenían en 1915 las cuatro potencias (Gran Bretaña, Francia, Rusia y Alemania). [4] SÁNCHEZ, et.al., 2000, "Bandoleros, gamonales y campesinos", Ed. Ancora, Bogotá, 6ª reimpresión. [5] "Paramilitares ultraderechistas colombianos admiten haber participado en al menos 35 mil homicidios", www.voltairenet.org, Mayo 14 2010, consulta de Mayo 19 2010. [6] CONGOTE, Bernardo, 2009, "Carta de Mancuso a Uribe. Paramilitarismo y ‘seguridad democrática' en Colombia", Le Monde diplomatique, Edición Colombia, No. 81, www.eldiplo.info [7] WILCHES, Jaime, 2010, "¿Y el discurso PARA... qué?", Razón pública, 2010-05-24, www.razonpublica.org [8] KALDOR, Mary, 2001, "Las nuevas guerras", Editorial Tusquets, Barcelona, 1ª. Edición. SCHMITT, 1966, "Teoría del partisano", Instituto de Estudios Políticos, Madrid. LICKLIDER, Roy, 1993, "The consequences of negotiated settlements in civil wars, 1945-1993", American Political Science Review 89 (3), Sept. 1995: 681-690. WALTER, Barbara, 1997, "The critical barrier to civil war settlement", International Organization 51 (3):335-364. [9] CONGOTE Cit. (2004) (2006). [10] URIBE, Álvaro, 2002, Programa de los Cien Puntos. "Punto 26. Colombia sin guerrilla y sin paramilitares. La autoridad legítima del Estado protege a los ciudadanos y disuade a los violentos. Es la garantía de la seguridad ciudadana durante el conflicto y después de alcanzar la paz... 30 El Presidente dirigirá el orden público como corresponde en una sociedad democrática en la cual la fuerza pública respeta a los gobernantes de elección popular... Nota 2. Conserve este manifiesto. Si ganamos la Presidencia haga que lo cumplamos". (Fuente: www.presidencia.gov.co).

[11] GALAN, Francisco, 2010, ""Punto de partida para construir una oferta posible de solución a la guerra de guerrillas en Colombia", en "Colombia: Escenarios posibles de guerra y paz", Ed. Universidad Nacional /UNIJUS, Bogotá, 1ª Edición, Pg. 185. [12] Añadiéndole a lo anterior que el desmonte del paramilitarismo habría hecho metástasis hacia un profundo desbarajuste del Poder Legislativo marcado por la parapolítica. [13] Es probable que el gobernador de Antioquia Álvaro Uribe tuviera suficiente información al respecto. [14] Constitución Política de Colombia, Artículo 2. [15] SCHULTZE-KRAFT, Markus, 2010, "La estrategia de resolución integral del conflicto armado y la construcción democrática del poder y del orden en Colombia", en "Colombia: Escenarios posibles de guerra o paz", Editorial Universidad Nacional/UNIJUS, Bogotá, 1ª Edición, Pg, 293-298. [16] GARCÍA, Mauricio, 2010, "Colombia: conflicto armado, procesos de negociación y retos de paz", en "Colombia: Escenarios posibles de guerra y paz", Ed. UN/UNIJUS, Bogotá, Pp.: 254,255 [17] El adverbio aproximadamente se explica porque la fuente muestra sobre este ítem gráficos y no tablas seriadas. [18] SCHULTZE-KRAFT, Cit.:291. [19] GARCÍA, Cit.: 256. [20] NIETZSCHE, Friedrich, 1993, "Humano, demasiado humano", Ed. ME EDITORES SL, España, Pgs.169, 170. Nota entre paréntesis del autor de este artículo. [21] CONGOTE, Bernardo, 2010 "Legalidad, costos de transacción y desarrollo", en Razón Pública, Edición de Mayo 4 2010, www.razonpublica.org

http://www.razonpublica.com/index.php?option=com_content&task=view&id=1121&Itemid=159

“No podemos ser prisioneros eternos de nuestro pasado, porque hay más mañana que ayer esperándonos”:
Silvio Rodriguez

¿Dejó Santos de ser uribista?
A cuatro días de elegido, se reunió con Gustavo Petro, el archiopositor del Presidente para dialogar sobre un 'Acuerdo Nacional' y una semana antes aceptó la adhesión de César Gaviria, otro enemigo de Uribe. En su comisión de empalme no hay un solo uribista. Y anoche Juan Manuel Santos declaró que su gobierno será de 'tercera vía', esa escuela política que busca armonizar valores propios de centroizquierda con los principios económicos del libre mercado, una filosofía que no es propiamente de derecha. ¿Usó Santos a Uribe para elegirse y ya enterró su filosofía? ¿Sigue siendo uribista? ¿Se puede tener un gobierno de Tercera Vía uribista?

No es posible más sectarismo
Jorge Iván Cuervo Externado, Universidad Externado, Profesor e investigador ¿Que define ser uribista? ¿Apoyar las políticas y el estilo de gobierno de Uribe? Si es así, Santos en el fondo sigue siendo uribista, así se haya visto cambios en la forma y el discurso. Pero si ser uribista es ejercer el poder con sectarismo visceral, degradando la institución presidencial, violando el precepto constitucional según el cual, el Presidente de la República simboliza la unidad nacional, Santos parece querer gobernar bajo un clima de concordia y de uso de la capacidad instalada de las instituciones, diferenciándose de un estilo personal pugnaz y confrontacional que gustó tanto en este país de atravesados. Uribe gobernó conectado con el alma atrabiliaria de la Nación. Santos trabajó con él y aceptó su estilo, pero todo indica que es de otro talante, ya ha nombrado 4 altos funcionarios del gobierno de Pastrana y su equipo se perfila como un equipo técnico y profesional. Santos, el gran camaleón de la política colombiana. Nota. No confundir con Roy, el gran lagarto.

La cultura política que expresan es la misma.
Álvaro Jiménez Uribe y Santos expresan un proyecto que venció militar y políticamente en el largo conflicto colombiano. Juan Manuel es hijo de ese proyecto. Eso si, será la versión decente, moderna del mismo. (Siempre más deseable). Uribe fue el martillo, Juan Manuel es el guante.

Juan Manuel es consciente que no puede seguir el estilo de camorra que Uribe expresa, pero conoce que sin Camorra no sobreviven en el corto plazo los valores y resultados que representa. ¿Tiene el deseo de conducir a Colombia a un escenario de democracia, paz y desarrollo para todos? Esto afirma y repite de manera insistente,... y empieza a ser escuchado. ¿Podrá convertir su deseo en realidad? Depende de las fuerzas políticas, de como establezca su relación con ellas y de que los distintos sectores de la sociedad asumamos una interlocución con su gobierno, que construya comunes sobre el futuro de la nación. Santos y Uribe Expresan la misma cultura política. Santos cambiará en las formas y las formas si afectan el fondo.

Sí, hasta ahora
Carlos Alfonso Velásquez Universidad de la Sabana Profesor, Jefe de Área Si por ser uribista se entiende un estilo de gobernar polarizante por aquello de ser "frentero", indudablemente Santos dejó de ser uribista. Hasta ahora su estilo ha sido mucho más prudente pues ha sabido decir las cosas en que no habrá continuismo sin agredir, es decir, ha hecho gala de poseer tacto. Ha sido, por ejemplo, el caso de la analogía del Estado de Derecho con los tres bueyes jalando el arado. En ninguna de las ocasiones dijo que el buey (ejecutivo) ha tratado de ir más rápido para imponerse a los otros, o que el buey (judicial) ha estado resabiado pues no ha querido andar al ritmo que le han querido imponer. Solo habló del "deber ser", es que "al buen entendedor pocas palabras le bastan". En cuanto a las ideas políticas que orientarían su gobierno, si efectivamente acoge la "Tercera Vía", dejaría el neoliberal uribismo a un lado sin necesidad de sacrificar políticas como la Seguridad democrática o la confianza inversionista, haciendo realmente efectiva la cohesión social.

De los Huevitos Uribistas: Nace el Santismo.
Miguel Antonio Galvis Instituto de Pensamiento Étnico, Social y Político, Director Ejecutivo El Dr. Santos se mantendrá como “el continuador de la política de seguridad democrática”, esa defensa lo proyectará fiel y empollando los huevitos que le han encomendado. Pregonará que Uribe ha sido el mejor Presidente en décadas, y que fue “un gran guerrero de la patria” nacido en las montañas antioqueñas. Como exponente de la oligarquía bogotana, intentará mostrar su talante de estadista

cosmopolita, se rodeará de asesores internacionales de alto nivel, por lo que no volveremos a ver consejos comunitarios, ni peleas presidenciales con las altas cortes o con los Presidentes de los países vecinos. En contraposición, el Presidente Santos ha dicho reconocerse como: pragmático, se mide por resultados, diplomático, se sabe rodear, no cuida espaldas de nadie y no reconoce enemigos ajenos. El GOBIERNO DE UNIDAD NACIONAL es la propuesta reeleccionista para el 2.014, y LA TERCERA VÍA el desmonte del Estado Comunitario y el Estado de Opinión, en el Post - Uribismo.

Habría un desplazamiento en el espectro político
Sandra Fonseca García

Juan Manuel Santos ha marcado diferencias de estilo con el Presidente, que sugieren que el uribismo fue la estrategia electoral y la unidad nacional será la estrategia de gobierno. Primero, reemplazo el estilo frentero de Uribe por uno conciliador, con el que sorprendió y convoco a la adhesión en masa de partidos e individuos. Segundo, el enfoque al desarrollo. La 'tercera vía’ es un modelo con el cual se adapto la social democracia al mundo globalizado, moviéndose a la centro-izquierda progresista (Blair), superando el neoliberalismo(Giddens)y el debate estéril acerca del Estado enemigo-Estado solución(Clinton). Con este modelo Santos tendría que hacer cambios institucionales para profundizar la democracia, crear condiciones de crecimiento económico sostenible (transparencia y eficiencia administrativa, menos pobreza y más equidad social) y lograr integrarnos en la globalización, sin descuidar la seguridad democrática y la confianza de inversión. Un buen cambio y un gran reto.

La realidad es algo más compleja
José Manuel Restrepo Colegio de Estudios Superiores de Administración CESA, Rector

En el nuevo escenario de la política nacional se vivirán y sentiran formas y actuaciones distintas. La oposición recalcitrante, se supera por una más comprometida con el futuro de la nación y menos irracional. Una oposición que entiende que puede haber actuaciones acertadas en el gobierno de turno y otras que deben ser censuradas. Las visiones caudillistas quedan a un lado, por oposición a posiciones de consenso de Estado. Las visiones maniqueas, cambian por acuerdos nacionales sobre un mínimo común que permita el progreso.

La sola pregunta sugiere un país bastante más simple de aquel en el que estamos y vamos a enfrentar. Santos no es Uribe, y su gobierno tendrá carácter y sello propio, sin perjuicio de construir sobre lo construido y avanzar desde los logros anteriores. Muy acertado el camino de la tercera vía como una opción distinta de país!! Por lo menos nos plantea un camino distinto.

Quiere decir que empezó a ser santista
Álvaro Forero Analista político y columnista de El Espectador

La declaración de que su gobierno será de Tercera Vía es la más importante de JM Santos desde que inició campaña. La más reveladora porque por fin se ubica ideológicamente por fuera de la camisa de fuerza electoral uribista. Quiere decir que el paso por el uribismo no implicó que Santos renunciara a la filosofía política que propugnó de 1988 a 2005. Que los propósitos de su gobierno se parecerán más a los de Clinton que a los de Bush, a los de Bachelet que a los de Piñera. Que su gobierno va a buscar objetivos de centro izquierda con métodos de centro derecha. Que el acercamiento al Liberalismo tiene como propósito evolucionar la coalición de gobierno hacia el centro del espectro político, y que la Unidad Nacional tiene contenido. Que la explosión de ira de Álvaro Uribe ante el acercamiento de Santos y Gaviria, fue el ruido ensordecedor que se oye en la superficie cuando las placas tectónicas se mueven. Que si no resulta cierta, se la van a recordar… toda la vida. http://www.lasillavacia.com/movida/16264

De Santos a Uribe
Felipe Zuleta Lleras | 26 Junio 2010

Después de una semana de haber sido elegido como presidente el ciudadano Juan Manuel Santos, es claro que el gran perdedor es el presidente Uribe Varios son los mensajes que Santos ha mandado, con su estilo sinuoso, y que deben tener aterrado a Uribe y a sus colaboradores. Ya está claro que Santos no piensa dejarse montar un gobierno paralelo.

No vemos a Santos defendiendo a las personas cercanas a Uribe y que están encausadas por la comisión de delitos. Entre ellas por supuesto a los promotores del referendo reeleccionista liderados por el controvertido Luis Guillermo Giraldo, quien está próximo a sufrir una condena ejemplar, gracias a las denuncias que en su momento hiciera Noticias Uno. Tampoco creemos que Santos vaya a defender a Sabas Pretelt, a Bernardo Moreno, a José Obdulio Gaviria y a todos aquellos que de una u otra manera llegaren eventualmente a tener responsabilidad de algún tipo por temas como la yidispolítica y las chuzadas. El estilo de Santos y los mensajes que ha mandado son contundentes: no piensa seguir con las peleas de Uribe ni está dispuesto a cargar sobre sus hombros con todos los escándalos de corrupción que tienen al presidente Uribe totalmente desquiciado. El gobierno de Santos será un gobierno santista y en ningún caso uribista. Santos nació en un medio en el que nunca ha tenido que lagartear absolutamente nada. Y mucho menos lo hará ahora que alcanzó la Presidencia de la República con un mandato contundente y con una gobernabilidad inmensa. Todo eso explica las razones por las cuales Uribe está absolutamente descontrolado, porque tiene claro que Santos no piensa hacer nada para defenderlo a él y a las personas que delinquieron en estos últimos ocho años. Por eso he sostenido, a diferencia de lo que dicen los analistas, que el gran perdedor de las elecciones de hace una semana es el presidente Álvaro Uribe. La prueba de esto son los nombramientos anunciados por Santos esta semana, nombramientos que traen implícitos unos mensajes a Uribe: el mal manejo de la economía, el deterioro de las relaciones internacionales y el atraso en la infraestructura del país. El solo hecho de que Santos se haya reunido esta semana con las Cortes para reiterarles su actitud respetuosa debe tener a Uribe enfermo, como enfermo lo tiene que Vargas Lleras pueda llegar a un ministerio o que César Gaviria quede con cuota en el gobierno de Santos, por sólo mencionar un par de casos. Así las cosas, me atrevo a vaticinar que en los meses por venir veremos cómo se van a deteriorar las relaciones entre Santos y Uribe, porque es claro que Santos representa todo lo que Uribe detesta: el cachaco estrato 6, de buenos modales, del Country, golfista y clasista. Uribe quería de presidente a Andrés F. Arias; por eso pretendió triturar a Vargas Lleras, trituró a Noemí y acabó con los partidos. Y qué irónico que al final del día acabó llevando a la Presidencia a la única persona que es capaz de traicionarlo sin ningún remordimiento. http://www.elespectador.com/columna-210492-de-santos-uribe

LO HUMANO TIENE DERECHOS

Más claro no canta un gallo
Escrito por José Gregorio Hernández Galindo 28 de junio de 2010

La condena de la Corte Interamericana de Derechos Humanos a Colombia por el asesinato del senador Manuel Cepeda tiene bases y alcances decisivos para fijar la responsabilidad del Estado en proteger a los opositores y evitar episodios como el exterminio de la Unión Patriótica.

Algo más que buenos consejos
Cada vez que Colombia es condenada en un tribunal internacional por violación de los Derechos Humanos -en particular en la Corte Interamericana, que ha proferido varios fallos respecto de acontecimientos ocurridos en nuestro país- se oyen voces de quienes estiman injusto que, no siendo el Estado colombiano el que cometió los crímenes, seamos los contribuyentes quienes pagamos los costos de la reparación a las víctimas. Quienes así razonan no tienen en cuenta varias consideraciones:

Colombia está comprometida por tratados internacionales en esta materia. Uno de ellos es la Convención Americana de Derechos Humanos, o Pacto de San José de Costa Rica, del 22 de noviembre de 1969 (aprobada por el Congreso mediante Ley 16 de 1972 ), que creó la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Entre otras normas de ese instrumento internacional, cabe destacar la del artículo 62.3, a cuyo tenor "la Corte tiene competencia para conocer de cualquier caso relativo a la interpretación y aplicación de las disposiciones de esta Convención que le sea sometido..." (Colombia aceptó expresamente esa competencia desde el 21 de junio de 1985). Y la del artículo 63.1, en el cual la Convención dispuso: "Cuando decida que hubo violación de un derecho o libertad protegidos en esta Convención, la Corte dispondrá que se garantice al lesionado en el goce de su derecho o libertad conculcados. Dispondrá asimismo, si ello fuera procedente, que se reparen las consecuencias de la medida o situación que ha configurado la vulneración de esos derechos y el pago de una justa indemnización a la parte lesionada". El artículo 93 de la Constitución dispone que los tratados internacionales sobre derechos humanos prevalecen en el orden interno, y señala perentoriamente que los derechos consagrados en la misma Carta se interpretarán de conformidad con dichos tratados. De conformidad con el artículo 2 de la Constitución, las autoridades colombianas tienen la obligación de proteger "a todas" las personas residentes en el territorio, en su vida, honra, bienes, derechos, creencias y libertades.

Colombia debe responder tanto por la omisión en que puedan incurrir sus autoridades, al permitir que los crímenes sean cometidos o al no administrar justicia eficaz y oportuna en la investigación y sanción de los responsables, como también por los crímenes que sean imputables a agentes estatales. Como consecuencia de todo ello, podemos concluir que las sentencias proferidas por la Corte Interamericana tienen plena validez en el país y, sobre todo, carácter vinculante. No son meras opiniones, ni tampoco consejos que nuestras autoridades puedan atender o no. Cuando se trata de condenas, el Estado se obliga a cumplir las órdenes que se le impartan y a responder patrimonialmente, en su caso, por los daños causados a las víctimas.

El "castigo" de los criminales
La más reciente decisión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en relación con Colombia es la del 26 de mayo, divulgada la semana pasada, mediante la cual se resolvió acerca de los hechos relacionados con el asesinato del senador de la Unión Patriótica Manuel Cepeda Vargas, perpetrado el 9 de agosto de 1994. La Corte encontró responsable al Estado colombiano por dicho crimen. Consideró que se trataba de un crimen de Estado cometido en el marco de un plan premeditado, dentro de una estructura organizada específicamente para tal fin. El fallo asegura que el aparato judicial colombiano no hizo los esfuerzos suficientes para resolver un caso que tuvo un impacto nacional e internacional tan importante. La sentencia dentro del proceso penal, por cuyo mérito algunos agentes estatales fueron condenados a 43 años de prisión, fue disminuida varias veces y los culpables siguieron delinquiendo, aunque se supone que estaban en la cárcel. Agrega el tribunal que el proceso disciplinario iniciado contra los suboficiales del Ejército culpables del magnicidio resultó ineficaz, pues ni siquiera se les destituyó de las Fuerzas Militares.

Las normas violadas
La Corte hizo varias declaraciones que deben ser resaltadas: El Estado colombiano violó los derechos a la vida e integridad personal, reconocidos en los artículos 4.1 y 5.1 de la Convención Americana de Derechos Humanos, en perjuicio del senador Manuel Cepeda Vargas. El Estado colombiano violó los derechos a las garantías judiciales y protección judicial, reconocidos en los artículos 8.1 y 25 de la Convención, en relación con el senador asesinado y sus familiares. El Estado colombiano violó los derechos a la protección de la honra y la dignidad, la libertad de pensamiento y expresión, la libertad de asociación y los derechos políticos, reconocidos en los artículos 11, 13.1, 16 y 23 de la Convención, en perjuicio del senador Manuel Cepeda Vargas.

El Estado colombiano violó los derechos a la integridad personal, protección a la honra y dignidad, de circulación y residencia de los familiares del senador Cepeda, reconocidos en los artículos 5.1, 11 y 22.1 de la Convención.

Las sanciones
Por tanto, la Corte condenó al Estado colombiano en los siguientes términos: El Estado debe concluir eficazmente las investigaciones internas en curso y, de ser el caso, las que se llegaran a abrir para identificar, juzgar y sancionar a todos los responsables de la "ejecución extrajudicial del senador Manuel Cepeda Vargas". El Estado debe garantizar la seguridad de los familiares del legislador asesinado, y evitar que deban desplazarse o salir del país nuevamente, como consecuencia de amenazas, hostigamiento o persecución proferidos a raíz del fallo. El Estado debe publicar por una sola vez en el Diario Oficial y en otro diario de circulación nacional los apartes de la Sentencia en ella misma señalados. La Sentencia, además, deberá mantenerse publicada, al menos por un año, en un sitio web oficial estatal adecuado. El Estado debe realizar un acto público de reconocimiento de responsabilidad internacional por los hechos, y, de común acuerdo con sus familiares, realizar y difundir una publicación y un documental sobre la vida política, periodística y el papel político del senador Manuel Cepeda Vargas. El Estado debe otorgar una beca con el nombre de Manuel Cepeda Vargas para una carrera profesional en ciencias de la comunicación o periodismo en una universidad pública de Colombia elegida por el beneficiario. Dicha beca será adjudicada y ejecutada a través de concurso de méritos por conducto de la Fundación que lleva el nombre del senador sacrificado. El Estado debe brindar el tratamiento médico y psicológico que requieran las víctimas. El Estado debe pagar la indemnización por daños materiales y daños inmateriales, y efectuar el reintegro de costas y gastos (a este respecto debe decirse que la Corte estimó adecuadas las indemnizaciones contempladas por daños materiales en los fallos de la jurisdicción Contencioso Administrativa interna, pero ordenó compensación por daños inmateriales y reintegro por gastos y costas). Dentro del plazo de un año desde la notificación de la sentencia, el Estado debe rendir un informe a la Corte sobre las medidas adoptadas para su cumplimiento. Una vez analizado el contenido de esta histórica providencia, en que, por unanimidad, la Corte halló configurada la responsabilidad del Estado colombiano, cabe subrayar varios puntos que deberían ser tenidos en cuenta por el gobierno y por las autoridades judiciales internas:

Crímenes de Estado: que los hay, los hay
En primer término, contra lo asegurado en infinidad de ocasiones por los gobiernos, sí hay en Colombia casos de crímenes contra la humanidad cometidos en nuestro territorio por agentes estatales. Eso no significa -punto que debe quedar muy claro- que de modo específico los presidentes de la República o los ministros hayan impartido las órdenes de cometer delitos, ni que puedan ser consideradas las instituciones en sí mismas (el Ejército, por ejemplo) como entes criminales, pero sí se organizan en su interior, de vez en cuando, grupos que conciben y llevan a cabo planes macabros, que por sus características encajan dentro de lo que la jurisprudencia internacional clasifica como verdaderos crímenes de Estado.

Abstenerse ante el horror
En segundo lugar, el Estado debe abstenerse de estimular o propiciar, con su actitud hostil ante movimientos o partidos de oposición, que fuerzas oscuras -creyendo que prestan un gran servicio a la patria, o que ayudan o respaldan con ello al gobierno de turno- planifiquen crímenes tan horrendos como los que tuvieron lugar en contra de la Unión Patriótica. Por ello preocupa, más que la desprotección misma de dirigentes políticos -que también es factor de responsabilidad estatal-, la presentación negativa que a veces se hace de líderes políticos, intelectuales, periodistas o miembros de partidos de oposición, mercándolos ante la opinión pública -y por supuesto ante fanáticos criminales- como vinculados con organizaciones guerrilleras o subversivas. El peligro allí -está demostrado- es muy grande.

Un crimen político
Dice la Corte Interamericana al respecto: "Como ha quedado constatado, el senador Manuel Cepeda se orientaba hacia una oposición crítica a diferentes gobiernos, tanto en su labor periodística como en sus actividades políticas y parlamentarias. Durante el período en que fungió como dirigente de la UP y del PCC, pesó sobre él una constante amenaza sobre su vida, que se incrementó en intensidad hasta llegar a su muerte, por lo que sus actividades las realizó en un contexto de amenazas y hostigamientos permanentes por sus posiciones políticas y de desprotección por parte de agentes estatales. En efecto, las partes (en el proceso) reconocieron el móvil político de la ejecución extrajudicial". Y añade: "En este sentido, si bien puede considerarse que aún bajo amenazas el senador Cepeda Vargas pudo ejercer sus derechos políticos, libertad de expresión y libertad de asociación, ciertamente fue el hecho de continuar ejerciéndolos lo que conllevó su ejecución extrajudicial. Lo anterior, precisamente porque el objetivo de ésta era impedir su militancia política, para lo cual el ejercicio de esos derechos era fundamental. Por ende, el Estado no generó condiciones ni las debidas garantías para que, como miembro de la UP en el contexto referido, el senador Cepeda tuviera una oportunidad real de ejercer el cargo para el que fue democráticamente electo, en particular mediante el impulso de la visión ideológica que representaba, a través de su participación libre en el debate público, en ejercicio de su libertad de expresión. En última instancia, su actividad fue obstaculizada por la violencia ejercida en contra del movimiento político al que el senador Cepeda Vargas pertenecía y, en este sentido, su libertad de asociación también se vio afectada".

El problema no es de escoltas
La trascendencia de este fallo no solamente estriba en lo dicho, sino en precisar los alcances de la responsabilidad del Estado desde el punto de vista jurídico internacional. Su actividad debe ir más allá -mucho más allá- de donde ha ido hasta ahora, pues no le basta sostener que desde los altos mandos o desde el gobierno no hubo injerencia alguna en los crímenes, sino que en una sociedad democrática, el Estado y todas sus autoridades -gobierno, jueces, órganos de control, fuerza públicaestán obligados a rodear de garantías a las personas, no solamente en lo que respecta a su seguridad física -muchas veces creen que aumentando el número de escoltas asignados se cumple

con la función estatal-, sino en relación con el cabal, pleno y libre ejercicio de todos los derechos fundamentales y políticos. En efecto, no se agota el papel de los órganos competentes en el cuidado de una persona ya amenazada y de su familia, sino que desde antes, es decir, desde cuando esa persona principió a ejercer sus libertades de pensamiento, de opinión, de expresión, de asociación -esté o no de acuerdo con las orientaciones del gobierno, sea o no miembro de la oposición, y sin que importe a cuál partido pertenezca-, el Estado tiene la obligación -y responde por acción y por omisión al respecto- de respetar y de hacer que se respete el uso integral y tranquilo de esas libertades y de esos derechos.

Los peligros del bla-bla-blá
En tal sentido es muy peligroso que el Estado, aun cumpliendo con la protección policial en cuanto a la seguridad de los dirigentes y líderes políticos: Gradúe a sus opositores de enemigos públicos Los relacione arbitrariamente con organizaciones criminales Proscriba y condene públicamente sus actividades políticas Permita a subalternos incurrir en abusos (vale la pena recordar el caso de las "chuzadas") No investigue a cabalidad los delitos contra esos dirigentes, u Obstaculice las investigaciones o los fallos. Cuidado con las palabras Y una observación final: con el debido respeto, no comparto -para el caso de Colombia- la expresión "ejecución extrajudicial". Ella hace pensar erróneamente que en nuestro país podría haber "ejecuciones judiciales", y que ellas sí serían lícitas. Nuestra Constitución, por el contrario, excluye de manera terminante y absoluta la pena de muerte, y el propio Pacto de San José de Costa Rica hace lo propio en cuanto a Estados como Colombia[1]. Situación diferente es la de Estados en los que la pena de muerte no ha sido abolida. Allí -como lo vimos hace pocos días en Utah, en Estados Unidos- hay ejecuciones judiciales. Es mejor, en el caso de Colombia, hablar de crímenes, o de ejecuciones, pura y llanamente. Todas ellas están prohibidas en nuestro sistema jurídico.

Notas de pie de página
[1] El artículo 4 de la Convención Americana de Derechos Humanos establece: "Artículo 4. Derecho a la Vida 1. Toda persona tiene derecho a que se respete su vida. Este derecho estará protegido por la ley y, en general, a partir del momento de la concepción. Nadie puede ser privado de la vida arbitrariamente. 2. En los países que no han abolido la pena de muerte, ésta sólo podrá imponerse por los delitos más graves, en cumplimiento de sentencia ejecutoriada de tribunal competente y de conformidad con una ley que establezca tal pena, dictada con anterioridad a la comisión del delito. Tampoco se extenderá su aplicación a delitos a los cuales no se la aplique actualmente. 3. No se restablecerá la pena de muerte en los Estados que la han abolido.

4. En ningún caso se puede aplicar la pena de muerte por delitos políticos ni comunes conexos con los políticos. 5. No se impondrá la pena de muerte a personas que, en el momento de la comisión del delito, tuvieren menos de dieciocho años de edad o más de setenta, ni se le aplicará a las mujeres en estado de gravidez".

http://www.razonpublica.com/index.php?option=com_content&task=view&id=1120&Itemid=159

Víctimas no deben pedir perdón
Julio 2 de 2010 Por Iván Cepeda Castro
Por primera vez un tribunal internacional condena al Estado colombiano por el asesinato de un líder político de oposición: la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso Manuel Cepeda Vargas. Los alcances y el carácter trascendental de esta decisión se desprenden de su contenido.

En el texto de la sentencia se encuentran los elementos probatorios para demostrar que el genocidio perpetrado contra la Unión Patriótica es un crimen de Estado, planificado y ejecutado por estructuras organizadas que han involucrado a mandos militares y a jefes paramilitares. Comienza a resolverse, de manera definitiva, la polémica sobre este capítulo de nuestra historia contemporánea. Durante largo tiempo, las instancias oficiales han querido negar ese exterminio, atribuirlo al narcotráfico o a las víctimas, quienes supuestamente asumieron posiciones que las dejaron expuestas a la violencia proveniente de múltiples grupos ilegales. A la luz de lo que comienza a establecer la justicia internacional, el genocidio contra la UP es uno de los tantos crímenes de Estado cometidos en el país, que por su naturaleza son crímenes contra la humanidad.

El dictamen internacional se pone en consonancia con los desarrollos que vienen haciendo los tribunales nacionales al condenar a mandos del Ejército y a líderes políticos como "autores mediatos" o, en otras palabras, como dirigentes de aparatos de poder destinados a cometer crímenes de lesa humanidad. Son precisamente esos avances los que pretenden socavar propuestas como la de fortalecer el fuero penal militar, limitar las atribuciones de las altas cortes o convertir a la Fiscalía en una dependencia del Poder Ejecutivo.

La Corte Interamericana considera que la ejecución de oponentes por razones políticas vulnera directamente la democracia. Con el objeto de poner punto final a la criminalidad de Estado, el tribunal internacional dictó órdenes específicas de reparación. Dichas medidas responden a la necesidad de evitar la perpetración de asesinatos como el del senador Cepeda Vargas, y de buscar la erradicación

del contexto ideológico que promueve ese tipo de criminalidad: que se siga incitando a la violencia o justificando la impunidad con la "culpabilidad de las víctimas". Entre las disposiciones que adoptó la Corte, le ordenó al Estado colombiano que formulara una solicitud de perdón y el reconocimiento de responsabilidad estatal en un acto solemne en el que estuvieran reunidas las dos cámaras legislativas.

Hace algunos días, el presidente Álvaro Uribe Vélez hizo una declaración que presentó a la opinión pública como una petición de perdón relacionada con el caso Cepeda. No obstante, el presidente Uribe no reconoció la responsabilidad del Estado en este crimen ni cumplió con ninguna de las condiciones previstas en la sentencia de la Corte Interamericana. En cambio, aseguró que las víctimas promueven el desprestigio del país en el exterior. No pudo ocultar su malestar por la sentencia. El Presidente convirtió la supuesta solicitud de perdón en un nuevo agravio. Por tal motivo, le escribí una carta en la que le informaba que su solicitud en tales condiciones es inaceptable.

Las decisiones de la Corte Interamericana no son recomendaciones que quedan a consideración de los funcionarios del Gobierno Nacional. Se trata de órdenes para ser acatadas y cumplidas debidamente. De no hacerlo, el Estado se expone a nuevas sanciones y transmite el mensaje de que no está dispuesto a respetar las normas de derechos humanos. Un pésimo precedente a los ojos de otras instancias jurídicas y políticas de la comunidad internacional.

La sentencia de la Corte Interamericana pone las cosas en su sitio. Ni las víctimas son culpables de los crímenes de lesa humanidad que han sufrido ni deben pedir perdón a sus victimarios. Así no les guste a los perpetradores y sus cómplices. COPYRIGHT © 2010 http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/otroscolumnistas/victimas-no-deben-pedir-perdon_7786760-1

Un asco
Opinión. Opinión. Uribe se limita tautológicamente a decir que como Cepeda fue asesinado, lo asesinaron. ¿Quiénes? los asesinos. Antonio Caballero Domingo 27 Junio 2010
Iba a titular este artículo con la palabra 'Desfachatez'. Creo he titulado así ya unos diez artículos en estos ocho desfachatados años de gobiernos del presidente Álvaro Uribe. Desfachatez: descaro, desvergüenza, cinismo. Cualidad o comportamiento del que obra sin preocuparse de si lo que hace es lícito o no. O de si lo que dice es cierto o no. Desfachatez. El presidente Uribe acaba de superarse en desfachatez a sí mismo.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó esta semana al Estado colombiano (por sexta vez en los últimos tres años) por el asesinato, hace 16 años, del senador Manuel Cepeda, dirigente de la Unión Patriótica. Y a las pocas horas salió por diez radiodifusoras el presidente Álvaro Uribe a decir que pedía perdón, pues así lo exigía la sentencia en su calidad de representante del Estado. Pero a decir que no. Así: Colombia tiene que pedir perdón a toda la ciudadanía afectada por la violencia, perdón. Ofrecer perdón, pedir perdón. Corresponde al Presidente de la República hacerlo, independientemente de la época de los crímenes. Yo lo hago con toda humildad. ¿Colombia? No: es demasiado amplia esa cobija. El que acaba de ser juzgado y condenado por la Cidh es el Estado, no el país. Pero Uribe lo niega: -Yo no puedo decir que el Estado asesinó al senador Cepeda o al uno o al otro. Lo que sí puedo decir es que lo asesinaron. Y que eso es muy grave y que eso no se puede repetir. Repetirlo es imposible: no se remata a un muerto, y ya fue exterminada minuciosamente toda la Unión Patriótica en su momento, dejando más de tres mil cadáveres. Uribe se limita a decir tautológicamente que como Manuel Cepeda fue asesinado, lo asesinaron. ¿Quiénes? Los asesinos. Como en el cuento del bobo del pueblo que denunció a los que se habían robado las campanas de la iglesia: "Los ladrones". Prosigue el presidente Uribe: -Y yo pido perdón. Yo hago parte de ese 50 por ciento de las familias colombianas que ha sufrido en carne propia esa violencia. Sé qué es ese dolor. Y por eso desprevenidamente pido perdón. Y ya no es el jefe del Estado acusado quien habla, sino una víctima: el hijo huérfano de un hombre asesinado por las FARC. No por una violencia innominada, indeterminada y como gaseosa: por las FARC, así como la que se llevó a Cepeda fue también una violencia específica (y señalada con nombre propio por la Cidh): la del Estado colombiano. Cuyo jefe toma ahora de nuevo la palabra: -Pero hay que tener en cuenta una cosa: no se puede implorar, exigir a la justicia internacional que obligue al Estado colombiano a pedir perdón y al mismo tiempo adelantar falsas acusaciones, proceder con odio a maltratar injustamente a compatriotas, a maltratar injustamente la honra de los gobiernos. Eso es muy grave. Porque es tan grave el crimen físico como el crimen moral. Entonces en eso hay que tener mucho cuidado. ¡Caramba, Presidente! ¡Si Manuel Cepeda fue el asesinado, no el asesino! El compatriota "maltratado injustamente" fue él. Y no se trata de "falsas acusaciones": ya en el año 2001 el Tribunal Superior de Bogotá halló culpables materiales del asesinato a dos sargentos del Ejército, y los condenó a 43 años de cárcel (habría que averiguar si los están cumpliendo, o si les dieron la casa por cárcel o les redujeron la pena o andan por ahí con el brazalete magnético de los consentidos del Inpec, matando gente). Y en cuanto a "la honra de los gobiernos", son los gobiernos mismos los que se deshonran cuando comenten crímenes o los amparan, o cuando niegan que tales crímenes hayan sido cometidos. Que es lo que sigue sucediendo ahora (pues lo de Cepeda y la Unión Patriótica, tal como dijo el presidente Uribe como quien se espanta moscas, "fue hace años, mucho antes que este gobierno"). Lo que sigue sucediendo ahora lo resumió la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) hace diez días, publicando que en lo que va de 2010 ya son 31 los sindicalistas asesinados. Diez días antes, la Confederación Sindical Internacional había dado la cifra para el año pasado, el 2009: 48. Y saltó entonces el gobierno a protestar indignado (por boca del ministro que se llama de Protección Social,

nada menos), corrigiendo el dato: hay que contar solo 28, porque los otros 20 muertos eran "líderes sociales que no tenían relación con el sector sindical". No es fácil ir más lejos en la desfachatez. Este gobierno tiene una rara capacidad para invertir la realidad, como en un espejo: para acusar a los acusadores, culpabilizar a los inocentes, inocentar a los culpables, defender a los victimarios contra sus víctimas. Como dijo hace unos días el ex presidente César Gaviria (y eso no significa que su propio gobierno estuviera limpio de polvo y paja y sangre) "este gobierno es un asco". Ya casi se acaba: gracias sean dadas a la Corte Constitucional. Pero deja puestos tres huevitos de serpiente.

Semana.com ©2008. Todos los derechos reservados. http://www.semana.com/noticias-opinion/asco/140882.aspx

Lo invitamos a leer el Texto Completo de la Sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos donde se condena al Estado Colombiano por el crimen del Senador de la Unión Patriotica Manuel Cepeda, abriendo el Archivo Adjunto que se anexa en el correo enviado de la presente edición de “VIDA Y LIBERTAD”, o visitando el siguiente enlace:

http://www.viva.org.co/cajavirtual/svc0212/articulo0865_212.pdf

GIRAMUNDO

Saber la verdad a tiempo...
No soy profeta ni adivino. Nadie me informó una palabra de lo que iba a ocurrir; todo ha sido fruto de lo que hoy califico como el razonamiento lógico.
28Fidel Castro Ruz | Tomado de Cuba debate | 28-6-2010 Cuando escribía cada una de mis Reflexiones anteriores, a medida que una catástrofe para la humanidad se aproximaba aceleradamente, mi mayor preocupación era cumplir el deber elemental de informar a nuestro pueblo. Hoy estoy más tranquilo que hace 26 días. Como siguen ocurriendo cosas en la corta espera, puedo reiterar y enriquecer la información a la opinión pública nacional e internacional.

Obama se comprometió en asistir el dos de julio al partido de cuartos de final, si su país obtenía la victoria en los octavos de final. Él debiera saber más que nadie, que esos cuartos de final no podrían realizarse ya que antes ocurrirán gravísimos acontecimientos, o al menos debiera saberlo. El pasado viernes 25 de junio, una agencia internacional de noticias de conocida minuciosidad en los detalles de las informaciones que elabora, publicó las declaraciones del “…comandante de la Armada del cuerpo élite de los Guardianes de la Revolución Islámica, general Ali Fadavi…” ― advirtiendo ― “…que si Estados Unidos y sus aliados inspeccionan a los barcos iraníes en aguas internacionales ‘recibirán una respuesta en el Golfo Pérsico y el Estrecho de Ormuz’”. La información fue tomada de la agencia local de noticias Mehr, de Irán. Dicha agencia, según el despacho, comunicó: “Fadavi añadió que ‘la Armada de los Guardianes de la Revolución cuenta actualmente con centenares de embarcaciones dotadas con lanzaderas de misiles’.” La información elaborada casi a la misma hora de lo publicado en Granma, o tal vez antes, parecía en algunos puntos una copia al carbón de los párrafos de la Reflexión elaborada el jueves 24 de junio y publicada en ese periódico el viernes 25.

La coincidencia se explica por el uso elemental que siempre aplico del razonamiento lógico. Yo no conocía una palabra de lo que publicó la agencia local iraní. No albergo la menor duda de que tan pronto las naves de guerra de Estados Unidos e Israel ocupen sus puestos ― junto al resto de las embarcaciones militares norteamericanas ubicadas en las proximidades de las costas iraníes ― e intenten inspeccionar el primer buque mercante de ese país, se desatará una lluvia de proyectiles en una y otra dirección. Será el momento exacto en que se iniciará la terrible guerra. No es posible prever cuántas naves se hundirán ni de qué bandera. Saber la verdad a tiempo es para nuestro pueblo lo más importante. No importa que casi todos por natural instinto, podría decirse que el 99,9 por ciento o más de mis compatriotas, conserven la esperanza y coincidan conmigo en el deseo sincero de estar equivocado. He conversado con personas de los círculos más cercanos y a la vez recibido noticias de tantos ciudadanos nobles, abnegados y cumplidores de su deber, que al leer mis Reflexiones no impugnan en lo más mínimo sus consideraciones, asimilan, creen y tragan en seco los razonamientos que expongo, sin embargo, dedican de inmediato su tiempo a cumplir con el trabajo, al que consagran sus energías. Eso es precisamente lo que deseamos de nuestros compatriotas. Lo peor es que repentinamente se conozcan las noticias de gravísimos acontecimientos, sin haber escuchado antes noticia alguna sobre tales posibilidades, entonces cundirá el desconcierto y el pánico, que sería indigno de un pueblo heroico como el cubano, que estuvo a punto de ser objetivo de un ataque nuclear masivo en octubre de 1962, y no vaciló un instante en cumplir el deber. En el desempeño de heroicas misiones internacionalistas, combatientes y jefes valientes de nuestras Fuerzas Armadas Revolucionarias estuvieron a punto de ser víctimas de ataques nucleares contra las tropas cubanas que se aproximaban a la frontera sur de Angola, donde las fuerzas racistas sudafricanas habían sido desalojadas tras la batalla de Cuito Cuanavale y se atrincheraban en la frontera con Namibia. El Pentágono, con el conocimiento del Presidente de Estados Unidos, suministró a los racistas sudafricanos alrededor de 14 armas nucleares a través de Israel, más poderosas que las que fueron lanzadas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, como hemos explicado en otras reflexiones. No soy profeta ni adivino. Nadie me informó una palabra de lo que iba a ocurrir; todo ha sido fruto de lo que hoy califico como el razonamiento lógico. No somos novatos ni entrometidos en este complicado tema. En la postcrisis nuclear, se puede augurar lo que ocurrirá en el resto de América de lengua iberoamericana. En tales circunstancias, no se podrá hablar de capitalismo o socialismo. Sólo se abrirá una etapa de administración de los bienes y servicios disponibles en esta parte del continente. Inevitablemente seguirán gobernando cada país los que hoy están al frente del gobierno, varios muy cercanos al socialismo y otros llenos de euforia por la apertura de un mercado mundial que hoy se abre para los combustibles, el uranio, el cobre, el litio, el aluminio, el hierro, y otros metales que hoy se envían a los países desarrollados y ricos que desaparecerá repentinamente.

Abundantes alimentos que hoy se exportan a ese mercado mundial también desaparecerán de forma abrupta. En semejantes circunstancias, los productos más elementales que se requieren para vivir: los alimentos, el agua, los combustibles y los recursos del hemisferio al sur de Estados Unidos, abundan para mantener un poco de civilización, cuyos avances descontrolados han dirigido la humanidad a semejante desastre. Hay, sin embargo, cosas muy inciertas todavía, ¿podrán abstenerse las dos más poderosas potencias nucleares, Estados Unidos y Rusia, de emplear una contra la otra sus armas nucleares? Lo que no cabe la menor duda es que desde Europa, las armas nucleares de Gran Bretaña y Francia, aliadas a Estados Unidos e Israel ― que impusieron con entusiasmo la resolución que inevitablemente desatará la guerra, y ésta, por las razones explicadas, de inmediato se volverá nuclear ―, amenazan el territorio ruso, aunque el país al igual que China ha tratado de evitar en la medida de las fuerzas y las posibilidades de cada una de ellas. La economía de la superpotencia se derrumbará como castillo de naipes. La sociedad norteamericana es la menos preparada para soportar una catástrofe como la que el imperio ha creado en el propio territorio de donde partió. Ignoramos cuáles serán los efectos ambientales de las armas nucleares, que inevitablemente estallarán en varias partes de nuestro planeta, y que en la variante menos grave, se van a producir en abundancia. Aventurar hipótesis sería pura ciencia ficción de mi parte.

Fidel Castro Ruz
Junio 27 de 2010

http://www.cubadebate.cu/reflexiones-fidel/2010/06/27/saber-la-verdad-a-tiempo/

ATILIO BORON
Atilio A. Boron Politólogo y Sociólogo argentino.

Esta guerra es de Obama
El mundo está al borde de una nueva conflagración: naves de guerra de Estados Unidos y su peón en Medio Oriente, Israel, avanzan por el Golfo Pérsico con claras intenciones de atacar a Irán. A continuación, un análisis sobre la justificación que de esta inminente guerra hace el académico israelí-americano Amitai Etzioni. El argumento de este autor es aleccionador por el desgraciado papel que en él juegan los prejuicios racistas, el desprecio por la evidencia empírica (al igual que en el caso de Irak, donde contra todas las evidencias, se decía que poseía armas de

"destrucción masiva"), y el inmoral entrelazamiento entre los intereses empresariales y los planteamientos teóricos prevalecientes en el mundillo académico norteamericano.

Irán, la guerra de Obama
Amitai Eztioni es uno de los sociólogos más influyentes del mundo. Nacido en Alemania y emigrado a Israel en los años fundacionales de ese Estado, se radicó tiempo después en Estados Unidos donde inició una larga carrera académica que lo llevó a transitar por varias de las más prestigiosas universidades de ese país: Berkeley, Columbia, Harvard, hasta culminar, en los últimos años en Washington, D.C., como Profesor de Relaciones Internacionales de la George Washington University. Pero sus actividades no se limitaron a los claustros universitarios: fue permanentemente un hombre de consulta de diversos presidentes estadounidense, especialmente de James Carter y Bill Clinton. Y desde el 11-S, con el auge del belicismo, su voz ha resonado con creciente fuerza en el establishment estadounidense. Hace pocos días ofreció un nuevo ejemplo de ello. Incondicional apologista del Estado de Israel, acaba de publicar en la Military Review, una revista especializada del Ejército de Estados Unidos, un artículo que pone en evidencia el “clima de opinión” que prevalece en la derecha estadounidense, en el complejo militar-industrial y en los más encumbrados sectores de la administración, y muy especialmente en el Pentágono. El título de su artículo lo dice todo: “Un Irán con armas nucleares, ¿puede ser disuadido?” La respuesta, huelga aclararlo, es negativa. Esta publicación no podía llegar en un momento más oportuno para los belicistas estadounidenses, cuando reiteradas informaciones –silenciadas por la prensa que se autodenomina “libre” o “independiente”- hablan del desplazamiento de navíos de guerra estadounidenses e israelíes a través del Canal de Suez y en dirección a Irán, lo que hace temer la inminencia de una guerra. En varias de sus últimas “Reflexiones” el Comandante Fidel Castro había advertido, con su habitual lucidez, sobre las ominosas implicaciones de la escalada desatada por Washington en contra de los iraníes, cuya pauta no difiere sino en lo anecdótico de la utilizada para justificar la agresión a Iraq: acoso diplomático, denuncias ante la ONU, sanciones cada vez más rigurosas del Consejo de Seguridad, “incumplimiento” de Teherán y el inevitable desenlace militar. Las sombrías predicciones del Comandante lucen optimistas en comparación con lo que plantea este tenebroso ideólogo de los halcones estadounidenses. En una entrevista concedida el miércoles pasado a Natasha Mozgovaya, corresponsal del periódico israelí Haaretz en Estados Unidos, Etzioni ratifica lo expresado en la Military Review, a saber: Irán pretende construir un arsenal nuclear y eso es inaceptable. La única opción es un ejemplarizante ataque militar, y es preferible desatarlo un mes antes y no diez días después de que el satanizado Irán disponga de la bomba atómica. En su artículo el profesor de la GWU insiste en señalar que cualquier otra alternativa debe descartarse: la diplomacia fracasó; las sanciones de la ONU carecen de eficacia; bombardear las instalaciones nucleares no cambiaría muchos las cosas porque, según declaraciones del Secretario de Defensa Robert Gates, lo único que se lograría sería retrasar el avance del proyecto atómico iraní por tres años; y, por último, la disuasión no funciona con "actores no racionales" como el actual Gobierno de Irán, dominado por el irracionalismo fundamentalista que contrasta con la mesura y racionalidad de gobernantes israelíes que asesinan a activistas humanitarios en pleno Mediterráneo. Por consiguiente, lo único realmente eficaz es destruir la infraestructura de Irán para imposibilitar la continuación de su programa nuclear.

Ese ataque, agrega, “podría ser interpretado por Teherán como una declaración de guerra total”, pero como las tentativas de diálogo ensayadas por Obama fracasaron es urgente e imprescindible adoptar drásticas medidas si Estados Unidos no quiere perder su predominio en Medio Oriente a manos de Irán. Por sus grandes reservas petrolíferas -sólo superadas por Arabia Saudí y Canadá, y muy superiores a las de Iraq, Kuwait y los Emiratos- Irán excita el ansia de rapiña del imperialismo estadounidense, que con el 3% de la población mundial consume el 25% de la producción mundial de petróleo. Además, no hay que olvidar que la guerra es el principal negocio del complejo militarindustrial, de modo que para sostener sus ganancias hay que utilizar y destruir aviones, cohetes, helicópteros, etcétera. Así, la diabólica pareja formada por la “guerra preventiva” y la “guerra infinita” continúa inalterable su curso, ahora bajo la presidencia de un Premio Nóbel de la Paz cuyo servilismo ante tan oscuros intereses unido a su falta de coraje para honrar ese premio coloca a la humanidad al borde de un abismo. Y esta guerra no puede decirse que sea parte de "la pesada herencia de mis predecesores", como suelen decir los gobernantes afectos a la resignación y el inmovilismo. No es la guerra de Bush continuada por su sucesor, sino que es un genuino producto de la nueva administración imperial. Llamemos las cosas por su nombre: esta es la guerra de Obama.

http://www.atilioboron.com/2010/06/esta-guerra-es-de-obama.html

cintas Las inéditas cintas de Nixon sobre Chile y Allende: El lenguaje del imperio
por Peter Kornbluh · 2 de julio de 2010
Acaba de conocerse el contenido de las grabaciones secretas de las conversaciones sobre Chile entre el ex Presidente Richard Nixon y su consejero de Seguridad Nacional Henry Kissinger. Las cintas dan cuenta del grosero lenguaje con el que tramaban el derrocamiento de Salvador Allende, a quien trataban de “hijo de puta” y decían que querían “patear su trasero”. Aunque impreciso en las fechas, uno de los diálogos podría constituir el primer reconocimiento del rol de la CIA en el asesinato del general René Schneider. “Es un estado fascista”, declaraba el Presidente Richard Nixon durante una conversación sobre Chile en el Salón Oval de la Casa Blanca. No hablaba sobre el Chile del sangriento régimen del general Augusto Pinochet. Al contrario, él y su consejero de Seguridad Nacional, Henry Kissinger, se estaban quejando por el triunfo de la coalición de Salvador Allende, la Unidad Popular, en las elecciones municipales de abril de 1971. La única forma en la cual parecían capaces de comprender la creciente popularidad de Allende era comparar al Presidente chileno –un socialista de toda la vida – con Adolf Hitler. “Esto es como una estrategia alemana”, le dijo Kissinger a Nixon el 6 de abril de 1971, durante un encuentro de una hora. Algunas semanas más tarde, el sistema secreto de grabación de Nixon registró a Kissinger sugiriendo que los chilenos “están actuando en esto como actuaban los nazis con el Reichstag”.

Casi 40 años después de que fueran subrepticiamente grabadas, las cintas de Nixon siguen siendo un regalo a la espera de ser entregado a historiadores y a estudiantes de historia. El sistema de grabación se hizo conocido por la infame conversación sobre el escándalo de Watergate, cuando fueron descubiertas y llevaron a la renuncia de Richard Nixon, ante un inevitable impeachment (juicio político). Pero las grabaciones de Nixon, 3.700 horas de conversaciones que mayoritariamente tuvieron lugar en el Salón Oval durante un periodo de 883 días, entre febrero de 1971 y mediados de julio de 1973, también corresponden a la mayor parte del tiempo en que Salvador Allende fue el Presidente de Chile constitucionalmente electo. Y capturaron las voces sin maquillaje, a veces histriónicas, de un presidente imperialista y sus más altos asesores refiriéndose a Allende como “hijo de puta”, discutiendo cómo “patear su trasero” y “remover” a Allende. Esta semana, en Estados Unidos un grupo de historiadores y ex funcionarios del Departamento de Estado, conocido como nixontapes.org, publicó casi 100 páginas de transcripciones y enlaces a audios reales de Nixon, Kissinger, el secretario del Tesoro John Connally y otros altos funcionarios discutiendo sobre Chile. Las grabaciones y transcripciones nos permiten convertirnos en una mosca en el muro que escucha a los más poderosos funcionarios del país más poderosos del mundo discutir qué hacer con un pequeño país de América Latina que desafiaba la hegemonía política y económica de Estados Unidos. A pesar de que todas las referencias a las intervenciones encubiertas que llevaba a cabo la CIA para desestabilizar a Allende permanecen clasificadas (y borradas de las grabaciones) las discusiones que ahora pueden escucharse son un ejemplo de la mentalidad imperialista del Presidente y sus hombres.

EL PROBLEMA DE LA EXPROPIACIÓN
De acuerdo a las transcripciones de las cintas, nada parece haber molestado tanto a Richard Nixon como la decisión del gobierno de Allende de iniciar la nacionalización de las empresas estadounidenses que habían dominado la economía chilena por décadas. Nixon creía que la respuesta de Estados Unidos debía ser cortar a Chile todos los créditos bilaterales, incluyendo los préstamos bancarios para exportaciones e importaciones, bloquear los créditos multilaterales y evitar que Chile renegociara su deuda externa. “Quiero que sepas”, le dijo Nixon a Kissinger, “que no quiero hacer nada por Chile. Nada”. El Departamento de Estado, que era más sensible a las leyes internacionales y a las obligaciones de Estados Unidos con los organismos multilaterales, no estuvo de acuerdo. Pero Nixon encontró un fuerte aliado en su conservador secretario del Tesoro John Connally, quien le dijo que si Washington no se paraba frente a Allende, otros países de América Latina empezarían a nacionalizar negocios estadounidenses. La posición de Connally, le dijo Nixon a Kissinger en una reunión del 11 de junio de 1971, era que “el efecto en el resto de Latinoamérica, sin importar lo que escuchemos desde el Departamento de Estado y el resto, va a ser malo para nosotros, dejar de molestar a los chilenos y ser tan delicado con ellos”. Adicionalmente, continuó Nixon, “en lo que a la opinión pública americana concierne, los americanos mueren de ganas de que golpeemos a alguien en el trasero”. “Mis convicciones sobre esto son muy fuertes”, afirmó Nixon. “Todo lo que hacemos con el gobierno chileno será observado por otros gobiernos y grupos revolucionarios en América Latina como una señal de que lo que pueden hacer y salirse con la suya. Por lo tanto, tiendo a estar en contra de hacer cualquier cosa por ellos”. A medida que la reunión seguía, Nixon dijo a Kissinger y Connally: “quizás deberíamos encontrar un lugar para golpear a alguien en el trasero”. Luego los tres discutieron sobre Salvador Allende, transformando su esfuerzo por evitar una confrontación con Washington en una suerte de esquema deliberado: Nixon: Oh, maldita sea, John, [Allende] es inteligente.

Kissinger: …muy inteligente. Nixon: Es cierto. Connally: Muy inteligente. Kissinger: Entonces— Connally: Incluso muy duro. Kissinger: —Mirando el registro, él—esto debe servir a su propósito de que no haya enfrentamiento [con EE.UU.]. Nixon: Eso es correcto. Sólo unos meses más tarde, luego de que Allende decidiera crear un “impuesto al exceso de ganancias” a las compañías mineras Anaconda y Kennecott y no pagar compensaciones por nacionalizar sus minas, el 5 de octubre de 1971 Nixon dijo a Kissinger: “He decidido remover a Allende”. Connally puso entonces el tema de un golpe: “…y lo único que usted puede esperar es tenerlo derrocado y, en el intertanto, usted puede lograr su punto para probar, a través de sus acciones en su contra… que lo que está cuidando son los intereses de Estados Unidos”. Para Nixon, Estados Unidos había finalmente encontrado “un tipo al que podemos golpear”. Urgió a sus asesores a “entregarnos un plan. Los voy a golpear”. “Todo vale en Chile. Golpeen sus traseros, ¿ok?”, instruyó Nixon a Kissinger al final de la reunión. “De acuerdo”, respondió Kissinger.

EL ASESINATO DE PÉREZ ZUJOVIC
El 8 de junio de 1971, el ex ministro del Interior Demócrata Cristiano, Edmundo Pérez Zujovic, fue acribillado en un descarado asesinato político. En Chile, su asesinato evocó el reciente recuerdo del golpe respaldado por la CIA en contra del comandante en jefe chileno René Schneider, menos de nueve meses antes, cuando la CIA había intentado bloquear el juramento presidencial de Allende creando un “clima de golpe”. En Washington, la transcripción de las cintas desclasificadas revelan que Nixon, Kissinger y el más alto asesor de la Casa Blanca, H.R. Haldeman, tenían un interés particular en la reacción chilena al asesinato de Pérez Zujovic y se les puede escuchar bromeando sobre la situación: Kissinger: Los hijos de puta nos están culpando a nosotros. Haldeman: ¿Culpando a la CIA? [Risas] Kissinger: Están culpando a la CIA Nixon: ¿Y por qué demonios lo habríamos asesinado? Kissinger: Bueno, primero, no pudimos. Estamos— Nixon: Sí. Kissinger: La CIA es muy incompetente para hacerlo. Recuerde—

Nixon: Seguro, esa es la mejor parte… Kissinger: —Cuando trataron de asesinar a alguien, tomó tres intentos— Nixon: Sí. Kissinger: —y después de eso vivió tres semanas. Aquí, Kissinger parece estar refiriéndose, y por primera vez realmente admitiendo, al rol de la CIA en el asesinato del general Schneider. Después de varios intentos abortados de un grupo de militares en retiro y oficiales activos que habían recibido armas y fondos de la CIA, Schneider fue interceptado y le dispararon camino al trabajo el 22 de octubre de 1970. Murió tres días más tarde -no tres semanas, como decía Kissinger-, producto de las heridas. De acuerdo a las grabaciones, la conversación giró luego hacia cómo la administración Nixon podía transformar el asesinato en una oportunidad para golpear a Allende. El gobierno de la Unidad Popular, informó Kissinger al Presidente, había usado el asesinato de Pérez Zujovic para “imponer le ley marcial y para realizar un fuerte ataque contra nosotros”. La respuesta del Presidente: “Entonces vamos a darle—dejémosle que lo sientan”. Como era de esperar, Kissinger estuvo de acuerdo. “Creo que debemos usarlo como un pretexto”. Más adelante en la conversación, Nixon y Kissinger infirieron que la gente de Allende estaba detrás del asesinato como una maniobra política para ayudar a consolidarlo; estuvieron de acuerdo en que “el asesinato prueba” que Allende estaba “avanzando hacia un gobierno de un solo partido lo más rápido posible”. “Creo que este tipo está tomando el dominio completo de ese país”, declara incorrectamente Nixon. “Déjenme decir que en todas las futuras acciones hacia Chile prefiero la línea más dura”. Desafortunadamente para el bien de la historia, al momento en que Allende fue derrocado el 11 de septiembre de 1973, Nixon ya había apagado su grabadora del Salón Oval. En julio de ese año, durante las dramáticas audiencias del caso Watergate en el Congreso, un asesor de la Casa Blanca reveló la existencia del sistema de grabación secreto. El Congreso inmediatamente exigió que la Casa Blanca entregara todas las cintas; Nixon reclamó “privilegio ejecutivo” y se negó. Sólo después de que la Corte Suprema sentenciara que no podía esconderlas más de las autoridades legales, el Presidente entregó las cintas. Éstas revelaron que había mentido sobre su rol en el “asalto” a la sede del Partido Demócrata en el edificio Watergate, lo que forzó su posterior renuncia. Sin embargo, otro sistema de grabación secreto no fue detectado y se mantuvo operativo: el de Henry Kissinger. El 16 de septiembre de 1973, el sistema de grabación de Kissinger registró su primera conversación telefónica con Nixon después del golpe en Chile. Su conversación (desclasificada por petición de mi organización) captura sus actitudes mientras un régimen verdaderamente fascista consolidaba el poder a través del derramamiento de sangre en Chile: Kissinger: La cosa en Chile se está consolidando y por supuesto los periódico están balando porque un gobierno pro comunista fue derrocado. Nixon: ¿No es eso algo? ¿No es eso algo?

Kissinger: Quiero decir en vez de estar celebrando—en el periodo de Eisenhower habríamos sido héroes Nixon: Bueno nosotros no—como sabes—nuestra mano no aparece en ésta siquiera. Kissinger: Nosotros no lo hicimos. Quiero decir que los ayudamos. [referencia a la CIA borrada] creó las mejores condiciones posibles. Nixon: Eso es correcto. Y esa es la forma en que se va a jugar. Pero escucha, mientras la gente está preocupada, déjame decir que no se van a comprar esta basura de los liberales esta vez. Kissinger: Absolutamente no. Nixon: Ellos saben que es un gobierno pro comunista y así son las cosas. Kissinger: Y proCastro. Nixon: …Olvidémonos de lo pro comunista. Era un gobierno antiamericano durante todo el tiempo.

*NOTA: En los diálogos, los guiones largos (—) al final de una frase denotan interrupciones, mientras que cuando aparecen en el medio de una frase significa que uno de los interlocutores recomenzando una frase o una oración incompleta. Todas las grabaciones pertenecen al sitio nixontapes.org *Peter Kornbluh es autor Pinochet: Los Archivos Secretos. (Barcelona: 2004) Dirige el “Chile Documentation Project” en la organización sin fines de lucro National Security Archive en Washington D.C.
http://stolpkin.net/spip.php?article362

“Estimo urgente el pensamiento libre como liebre. Estimo urgente abrir calle al perimero que no calle.”:

Carlos Edmundo de Ory

CAJA DE PANDORA

¿Qué hay detrás del
Tom Hodgkinson*

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* Periodista de investigación británico que escribe regularmente en el cotidiano The Guardian
¿Qué es Facebook, y quién anda detrás? Tom Hodgkinson hizo una investigación periodística para el cotidiano británico The Guardian, y éste es el interesante y revelador resultado. El entusiasmo de la comunidad de inteligencia estadounidense por la innovación en alta tecnología después del 11-S y la creación de In-Q-Tal, su fondo de capital de riesgo, estaba en 1999 anacrónicamente vinculados a este artículo. Como el 11-S sucedió en 2001, no pudo haber provocado la fundación de In-Q-Tal, dos años antes. Desprecio Facebook. Su enormemente exitoso negocio americano se describe a sí mismo como de utilidad social que le conecta con la gente de su alrededor, pero me resisto a él. ¿Por qué necesitaría yo un ordenador para conectarme con la gente que me rodea en esta Tierra de Dios? ¿Por qué debería mediar en mis relaciones una pandilla de supercretinos en California? ¿Qué hay de malo en el bar? ¿Conecta realmente Facebook a la gente? ¿No nos desconecta más de lo que nos conecta, al limitarnos a enviarles por el ciberspacio notas agramaticales y fotos divertidas, mientras nos encadena al escritorio en lugar de hacer algo placentero como hablar, comer, bailar y beber con las amistades? Un amigo me ha dicho recientemente que se pasó en el Facebook un sábado por la noche, solo en casa y bebiendo en el escritorio. Que imagen más triste. Lejos de conectarnos, el Facebook realmente nos aísla en nuestros lugares de trabajo. Facebook alimenta también una suerte de vanidad y engreimiento en nosotros. Si cuelgo un retrato mío en la lista de mis cosas favoritas, puedo construir una representación artificial de quién soy para conseguir sexo o aprobación (me gusta Facebook, me dijo otro amigo, conseguí echar un polvo). También incentiva una competitividad inquietante entre las amistades; parece que, con los amigos, hoy en día la calidad no cuenta para nada y la cantidad es

la reina. Cuantos más amigos tiene, mejor es usted. Es usted popular, en el sentido que gusta a las escuelas superiores americanas. Como prueba, la portada de la nueva revista Facebook de Dennis Publishing: Cómo doblar su lista de amigos. Parece, sin embargo, que estoy muy solo en mi hostilidad. En el momento en que escribo, Facebook dice tener 59 millones de usuarios activos, incluyendo a siete millones en el Reino Unido, el tercer mayor cliente después de los EEUU y el Canadá. Esto es, 59 millones de bobos, todos los cuales han dado la información sobre su carnet de identidad y sus preferencias de consumo a una empresa americana que no conocen en absoluto. Ahora mismo dos millones más se unen cada semana. Con la tasa actual de crecimiento, Facebook tendría más de 200 millones de usuarios activos el año próximo por estas fechas. I predigo incluso que esta tasa de crecimiento se acelerará durante los próximos meses. Tal y como dice su portavoz, Chris Hughes, le es inherente extenderse a donde sea difícil deshacerse de él. Todo lo dicho sería suficiente para hacerme rechazar para siempre Facebook. Pero hay más razones para detestarlo. Muchas más. Facebook es un proyecto bien financiado, y la gente que lo financia, un grupo de capitalistas de riesgo de Silicon Valley, tiene un pensamiento carente de toda ideología, anhelante de extenderse alrededor del mundo. Facebook es una manifestación de esta ideología. Como PayPal antes de él, es un experimento social, expresión de un tipo particular de libertarianismo neoconservador. En Facebook es usted libre de hacer lo que quiera mientras no le importe que le bombardeen con los anuncios de las mayores marcas del mundo. Como con PayPal, las fronteras nacionales son cosa del pasado. Aunque el proyecto fue inicialmente concebido por la estrella mediática Mark Zuckerberg, la verdadera cara de Facebook es el capitalista de riesgo de 40 años de Silcon Valley y filósofo futurista Peter Thiel. Hay sólo tres miembros en la dirección de Facebook y son Thiel, Zuckerberg y un tercer inversor llamado Jim Breyer, procedente de una empresa de capital de riesgo llamada Accel Partners. Thiel invirtió 500.000 dólares en Facebook cuando los estudiantes de Harvard Zuckerberg, Chris Hughes y Dustin Moskowitz fueron a su encuentro en San Francisco en junio de 2004. Poco después lanzaron el portal. Según se informa, Thiel posee actualmente el 7% de Facebook, que, de la valoración actual de 15 billones de dólares, valdría más de 1 billón. Hay mucho debate sobre quiénes fueron exactamente los fundadores originales de Facebook, pero, quienquiera que fueran, Zuckerberg es el único que permanece en la dirección, aunque Hughes y Moskowitz sigan trabajando para la compañía. Thiel está bien considerado en Silicon Valley y en la escena del capital de riesgo de los EEUU como genio libertario. Es el cofundador y director ejecutivo del sistema bancario virtual PayPal, al que vendió Ebay por un billón y medio de dólares, quedándose para sí 55 millones. También dirige un fondo de cobertura llamado Clarium Capital Management y un fondo de capital de riesgo llamado Founders Fund. La revista Bloomberg Markets le tildaba recientemente de uno de los más exitosos directores de fondos de cobertura del país. Ha ganado dinero apostando en petróleo, de precios ascendentes, y en predecir correctamente que el dólar se debilitaría. La revista Fortune le ha tachado recientemente, a él y a sus irracionalmente ricos amigos de Silicon Valley, de la mafia del PayPal, y el reportero también observó que Thiel tiene un mayordomo uniformado y un supercoche McLaren de 500.000 dólares. Thiel es también un maestro ajedrecista intensamente competitivo. Ha sido conocido por arrojar airadamente las piezas cuando pierde. Y no pide disculpas por esta hipercompetitividad, pues dice: Muéstreme un buen perdedor y yo le mostraré un perdedor. Pero Thiel es más que un capitalista inteligente y avaricioso. Es un filósofo futurista y activista del neoconservadurismo. Licenciado en filosofía en Stanford, en 1998 coescribió un libro titulado "The Diversity Myth", un detallado ataque al liberalismo y la ideología multiculturalista que dominaba Stanford. Pretendía que la multicultura produce una disminución de las libertades individuales (SIC!). Mientras estudiaba en Stanford, Thiel encontró un periódico de derechas en funcionamiento llamado

The Stanford Review, cuyo lema era fiat lux (hágase la luz). Thiel es miembro de TheVanguard.org, un grupo de presión neoconservador que actúa en Internet, erigido para atacar a MoveOn.org, un grupo liberal que trabaja en la red. Thiel se autodefine como libertario. The Vanguard está dirigido por Rod D. Martin, un filósofocapitalista a quien Thiel admira mucho. En la página, Thiel dice: Rod es una de las mentes pensantes importantes de nuestra nación en la creación de nuevas y necesarias ideas para la cosa pública. Posee una comprensión más completa de América de la que la mayoría de ejecutivos tiene de sus propios negocios. Esta pequeña degustación de su página web les dará una idea de su visión del mundo: TheVanguard.org es una comunidad en línea de los americanos que creen en los valores conservadores, el mercado libre y el Estado limitado como los mejores medios de dar esperanza y oportunidades cada vez mayores para todos, especialmente para los más pobres de entre nosotros. Pretenden promover políticas que reformen América y el globo. The Vanguard describe su política como reaganista-thatcherista (SIC). El mensaje del presidente dice: Hoy les daremos a [la página web] MoveOn, a Hillary y a toda la prensa de izquierda algunas lecciones que jamás habrían imaginado Así, la política de Thiel está fuera de duda. ¿Y su filosofía? Oí un podcast de una dirección que dio Thiel sobre sus ideas para el futuro. Su filosofía, sucintamente, es ésta: desde el siglo XVII determinados pensadores iluminados han estado llevando al mundo fuera de los límites de la anticuada vida natural, ahí cita la famosa caracterización de Thomas Hobbes de la vida como desagradable, brutal y corta hacia un nuevo mundo en que hemos prácticamente conquistado la naturaleza. El valor existe ahora en cosas imaginarias. Thiel dice que Pay Pal fue motivado por esta creencia: que puede encontrar el valor, no en los objetos reales manufacturados, sino en las relaciones entre seres humanos. Pay Pal era una manera de mover dinero alrededor del planeta sin restricción alguna. Bloomberg Markets lo expresa así: para Thiel, Pay Pal era sobre todo libertad: permitía a la gente eludir los controles actuales y mover dinero alrededor del globo. Al cabo, Facebook es otro experimento supercapitalista: ¿pueden ustedes lograr dinero al margen de la amistad? ¿Pueden crear comunidades libres de fronteras nacionales y venderles después CocaCola? Facebook es profundamente contrario a la creatividad. No la fomenta en absoluto. Simplemente media en relaciones que ocurrirían en cualquier caso. El mentor filosófico de Thiel es un tal René Girard, de la Universidad de Stanford, que ha propuesto una teoría del comportamiento humano llamada deseo mimético. Girard cree que las personas son básicamente como ovejas y copian a cualquier otro sin gran reflexión. La teoría también parecería haber sido demostrada en el caso de los mundos virtuales de Thiel: el objeto deseado es irrelevante; todo lo que se necesita es saber que los seres humanos tenderán a moverse en rebaño. Girard es un asiduo de las veladas intelectuales de Thiel. Lo que no oirán en la filosofía de Thiel son palabras como arte, belleza, amor, placer o verdad. Internet está atrayendo enormemente a neocons como Thiel porque les promete un determinado tipo de libertad en las relaciones y los negocios, libertad ante la molestia de leyes y fronteras nacionales y cosas por el estilo. Internet abre también un mundo de libre comercio y expansión del laissez faire. Thiel también parece aprobar los paraísos fiscales en el exterior y dice que el 40% de la riqueza mundial reside en lugares como Vanuatu, las Islas Caimán, Mónaco y los Barbados. Creo que es necesario señalar que Thiel, como Rupert Murdoch, está en contra de los impuestos. También le

gusta la mundialización de la cultura digital porque dificulta más los ataques contra enseñoreamiento bancario: no puede haber revolución obrera que asuma el control del banco, si éste está en Vanuatu, dice. Si la vida en el pasado era desagradable, brutal y corta, en el futuro Thiel quiere hacerla mucho más larga, y a este fin ha invertido también en una empresa que está explorando las tecnologías de prolongación de la vida. Ha comprometido 3,5 millones de libras con un gerontólogo de Cambridge llamado Autrey de Grey que está buscando la llave de la inmortalidad. Thiel está también en el consejo asesor de una cosa llamada Singularity Institute for Artificial Intelligence. Desde su fantástica página web se dice lo siguiente: "Singularity es la creación tecnológica de inteligencia más rápida que la humana. Hay diversas tecnologías que van en esa dirección: inteligencia artificial, interfaces de cerebro informático, ingeniería genética, diferentes tecnologías que, si llegaran al umbral de refinamiento, nos permitirían crear una inteligencia más rápida que la humana". Así, por confesión propia, Thiel está intentando destruir el mundo real, que él llama naturaleza, e instalar en su lugar un mundo virtual. Es en este contexto donde debemos considerar el auge de Facebook. Facebook es un experimento de manipulación global y Thiel es un joven brillante en el panteón neoconservador, aficionado a fantasías excéntricas y tecnoutópicas. Yo no quiero ayudar a nadie a hacerse rico. El tercer miembro de la dirección de Facebook es Jim Breyer. Es miembro de la empresa de capital de riesgo Accel Partners, que puso 12,7 millones de dólares en Facebook en abril de 2005. En la dirección de tales gigantes americanos como Wal-Mart y Marvel Entertainment, está también el ex presidente de la Asociación Nacional de Capital de Riesgo (NVCA). Actualmente ésta es la gente que está realmente haciendo que las cosas ocurran como ocurren en América, porque invierten en nuevos talentos jóvenes, los Zuckerberger y demás. La más reciente serie de fondos de Facebook la aportó una compañía llamada Greylock Venture Capital, que puso una suma de 27,5 millones de dólares. Uno de los veteranos de Greylock se llama Howard Cox, otro ex presidente de la NVCA, que está también en la dirección de In-Q-Tel. Bien, créase o no (compruébese en su página web), éste es el sector de capital de riesgo de la CIA. Después del 11-S, la comunidad de inteligencia estadounidense se entusiasmó tanto con las posibilidades de las nuevas tecnologías e innovaciones en el sector privado que en 1999 puso en marcha su propio fondo de capital de riesgo, In-Q-Tel, que identifica y acompaña a las compañías en el desarrollo de tecnología punta para distribuir esas soluciones a la CIA y al grueso de la comunidad de inteligencia de los EEUU para sus próximas misiones. Al departamento de defensa de los EEUU y la CIA les gusta la tecnología porque les hace más fácil el espionaje. No necesitamos nuevas vías para disuadir a nuevos adversarios, dijo el secretario de defensa Donald Rumfeld en 2003. Necesitamos dar el salto a la era de la información, que es la base decisiva de nuestros esfuerzos de transformación. El primer presidente de In-Q-Tel fue Gilman Louei, que fue miembro de la dirección de la NVCA con Breyer. Otra figura clave en el equipo In-Q-Tel es Anita K. Jones, ex directora de investigación en defensa e ingeniería para el departamento de defensa de los EEUU y con Breyer, miembro de la directiva de BBN Technologies. Cuando abandonó el departamento de defensa, el senador Check Robb le pagó el siguiente tributo: ella juntó la tecnología y las comunidades militares operativas para diseñar planes detallados para mantener el dominio estadounidense en el campo de batalla en el próximo siglo. Actualmente, incluso si no se tragan la idea de que Facebook es una suerte de extensión del programa imperialista americano mediante una herramienta de reunión de información masiva, no

hay forma de negar que, como negocio, es de todo punto genial. Algunos idiotas de la red han sugerido que su tasación en 15 billones de dólares es excesiva, pero yo argumento que, en todo caso, es demasiado modesta. Su escala es verdaderamente vertiginosa y su potencial de crecimiento, casi ilimitado. Queremos que todo el mundo pueda usar Facebook, dice la voz impersonal del Gran Hermano en la página web. Apuesto a que lo harán. Es su enorme potencial lo que ha conducido a Microsoft a comprar el 1,6% por 240 millones de dólares. Un rumor reciente dice que el inversor asiático Lee Ka-Shing, de quien se dice que es el noveno hombre más rico del mundo, ha comprado el 0,4% por 60 millones. Los creadores de la página necesitan prohibir muy pocas cosas con el programa. En general, les basta con cruzarse brazos y ver cómo millones de adictos a Facebook transmiten voluntariamente sus datos personales, fotografías y listas de sus objetos de consumo favoritos. Una vez que ha recibido esta amplia base de datos, Facebook no hace más que revender la información a anunciantes o, como apunta Zuckerberg en una nota reciente en un blog, intentar ayudar a la gente a que comparta información con sus amigos sobre lo que hacen en la web. Y, efectivamente, esto es exactamente lo que está sucediendo. El pasado 6 de noviembre, Facebook anunció que 12 marcas mundiales han subido en la tabla, que incluyen a Coca-Cola, Blockbuster, Verizon, Sony Pictures y Condé Nast. Todo ello presentado con sandeces mercadotécnicas del mayor nivel, con comentarios de sus entusiasmados representantes, entre los cuales: Con Facebook Ads, nuestras marcas pueden convertirse en parte del camino de los usuarios que se comunican e interactúan en Facebook, según Carol Kruse, vicepresidenta de mercadotecnia global interactiva de CocaCola, lo vemos como una forma innovadora de cultivar relaciones con millones de usuarios de Facebook permitiéndoles interactuar con Blockbuster de formas convenientes, relevantes y entretenidas, según Jim Keyes, presidente y director ejecutivo de Blockbuster. Esto va más allá de las impresiones publicitarias. Esto atañe tanto a la participación de Blockbuster en la comunidad del consumidor que, a cambio, los consumidores se sienten motivados a compartir los beneficios de nuestra marca con sus amistades. Para el lenguaje de Facebook compartir es anunciar. Entre en Facebook y se convertirá en un libre anuncio andante y hablante de Blockbuster o Coca-Cola, ensalzando las virtudes de esas marcas a sus amigos. Estamos viendo la cosificación de las relaciones humanas, la extracción de valor capitalista de las amistades. Actualmente, por comparación con Facebook, los diarios, por ejemplo, empiezan a parecer desesperadamente obsoletos como modelo de negocio. Un diario vende espacio publicitario a las empresas intentando que éstas vendan sus productos a los lectores. Pero el sistema es mucho menos refinado que el de Facebook por dos razones. La primera es porque los diarios tienen que afrontar el fastidioso gasto de pagar a periodistas que proporcionen el contenido. Facebook obtiene su contenido gratis. La segunda es que Facebook puede dirigir la publicidad con mucha mayor precisión que un diario. Diga en Facebook que su película favorita es This Is Spinal Tap y cuando se lance el tráiler de Spinal Tap pueden estar seguros de que les enviarán anuncios. Es cierto que Facebook se ha metido en un lío con su programa publicitario Beacon. Se notificaba a los usuarios que una de sus amistades había realizado una compra en una determinada tienda online; 46.000 usuarios sintieron que este nivel de propaganda era intrusivo y firmaron una petición llamada ¡Facebook, dejen de invadir mi privacidad! Zuckerberg se disculpó en su blog. Ha escrito que ahora han cambiado el sistema de "opt out" por el de "opt in". Pero sospecho que esta pequeña rebelión contra esta implacable cosificación se olvidará pronto. Al fin y al cabo, hubo una protesta nacional del movimiento por las libertades civiles cuando se debatió la idea de una fuerza policial en el Reino Unido a mediados del siglo XIX. Además, ¿acaso han leído realmente los usuarios de

Facebook su política de privacidad? Se les dice que no tienen mucha. Facebook pretende ser libertad, pero ¿no se asemeja más realmente a un régimen virtual casi totalitario motivado ideológicamente con una población que pronto sobrepasará a la del Reino Unido? Thiel y compañía se han creado su propio país, un país de consumidores. Ahora pueden ustedes, como Thiel y otros nuevos maestros del ciberuniverso, considerar este experimento social tremendamente excitante. Aquí está, por fin, el estado de las luces anhelado desde los puritanos del siglo xvii que zarparon hacia Norteamérica, un mundo en que todo el mundo es libre de expresarse como le plazca, según lo que uno vea. Las fronteras nacionales son cosa del pasado y todo el mundo brinca en un despreocupado espacio virtual. La naturaleza ha sido conquistada por la infinita ingenuidad del ser humano. Sí, ustedes pueden decidir confiar su dinero al genial inversor Thiel y, ciertamente, estar esperando impacientemente la flotación pública del imparable Facebook. O también pueden decidir que no quieren ser parte de este programa fuertemente financiado para crear una árida república global, en que ustedes mismos y sus relaciones con sus amistades son convertidas en valores a la venta para marcas gigantes globales. Pueden decidir que no quieren ser parte de esta subasta por el mundo. Por mi parte, voy a desenchufar todo esto tanto tiempo como me sea posible y utilizaré mi tiempo, no en conectarme a Facebook, sino en hacer algo útil, como leer libros. ¿Por qué querría perder mi tiempo en Facebook cuando tengo todavía por leer el Endimión de Keats y cuando hay semillas que plantar en mi jardín? No quiero retirarme de la naturaleza, quiero volver a ella. ¡Maldito aire acondicionado! Y, si quiero conectar con la gente de mi alrededor, recuperaré una vieja pieza de tecnología. Eso es libre, eso es fácil y proporciona una experiencia individual única de compartir información: se le llama hablar.

Traducción: Traducción: Daniel Escribano http://encontrarte.aporrea.org/teoria/sociedad/104/a15815.html

“Perdimos, no pudimos hacer la revolucion. Pero tuvimos, tenemos, tendremos razón de intentarlo. Y ganaremos cada vez que un joven sepa que no todo se compra, ni se vende y sienta ganas de querer cambiar el mundo”:

Envar El Kadri

DEBATE “A” LA IZQUIERDA

Los límites de la izquierda
estalinismo, El estalinismo, que no sólo purgó criminalmente a la generación que hizo la revolución, sino que también europeoarrebató la autonomía de los partidos comunistas europeo-occidentales, quebró su independencia
Andrés de Francisco

Hay logros sociales, políticos y constitucionales que sin duda se deben a la izquierda. El sufragio universal, conquistado o concedido, fue un logro de la izquierda y del movimiento obrero. Los derechos de huelga, reunión y manifestación, los sistemas de protección y seguridad social, los sistemas públicos de salud, los sistemas laicos de enseñanza obligatoria y gratuita, el derecho laboral favorable al factor trabajo. Todo este complejo sistema de derechos sociales y políticos es sin duda un logro de las fuerzas democráticas de la izquierda. Sin embargo, a la vez puede decirse que la izquierda ha sido derrotada. Primero, porque esos logros están en franco retroceso tras tres décadas de durísima y eficaz ofensiva neoliberal, esto es, de desregulación, privatización y re-mercantilización de la vida social y económica que, naturalmente, afecta a unos países más que a otros. Y, como se puede comprobar a diario, la salida al gran crash del 98 y a la crisis sistémica subsiguiente se está saldando con un reajuste aun más duro en contra de las clases trabajadoras y de los sectores más vulnerables de la sociedad. Quedan muy lejos las medidas del laborista Clement Attlee quien, tras la II Guerra Mundial, nacionalizó el 20% de la economía británica, es decir, sus sectores estratégicos, y la axiología que informa las políticas públicas contemporáneas parece haber olvidado el célebre principio –freedom from want- que guiaba el informe Beveridge de 1942. Muy lejos de aquella audacia está la voluntad política de los representantes de la izquierda institucional de hoy. Pero la izquierda ha sido derrotada, en segundo lugar, como movimiento socialista, como ese conjunto de fuerzas revolucionarias y/o reformistas dispuestas a superar, destruir o enterrar el capitalismo, en beneficio de un modo de producción más eficiente y racional, y de un modelo social basado en la justicia y la igualdad. Como si del negativo de esa utopía se tratara, lo que tenemos ante nuestros ojos es una globalización grancapitalista con todo su espectáculo de miseria moral y material, de injusticia, corrupción y desenfreno, con todos sus fetichismos de la riqueza y el lujo, con su ética individualista del consumo irresponsable, con su frívola superficialidad posmoderna, etc. Se trata de una derrota con profundas raíces históricas que a mi entender tiene tres episodios cruciales. Primero, la reacción fascista que siguió al fracaso revolucionario de la socialdemocracia europea en los años 20 del siglo pasado y que tuvo por misión, en parte cumplida, la destrucción del movimiento obrero y su cultura organizativa. Segundo, el estalinismo, que no sólo purgó criminalmente a la generación que hizo la revolución, sino que también arrebató la autonomía de los partidos comunistas europeo-occidentales, quebró su independencia intelectual, cercenó su creatividad y los empobreció moralmente. Tercero, el propio desarrollo del capitalismo tardío trajo consigo un conjunto de transformaciones tanto en la estructura de clases – diferenciando a las fuerzas del trabajo, eliminando la centralidad de la vieja clase obrera industrial y terciarizando la economía- como en el plano cultural –con el giro posmoderno- y el político –con la aparición de

nuevos movimientos sociales con nuevas agendas políticas (igualdad de género, derechos de las minorías, o protección del medioambiente). Con sus mejores hombres y mujeres purgados, destruidas sus gloriosas tradiciones organizativas, descentrada su base social, faltos de autonomía y creatividad (tras refugiarse en la Realpolitik estalinista y en las tristes simplificaciones de la guerra fría), y para colmo desconcertados con la propia complejidad del capitalismo de la gran corporación…; con todos esos lastres a sus espaldas, la izquierda europea, sin verdadera implantación social, con direcciones aburguesadas y retóricas pseudorrevolucionarias, a la que el mismo Mayo del 68 pilló desprevenida, no estaba preparada para hacer frente a la tenaz ofensiva contra la democracia y la ciudadanía desatada en el último tercio del siglo XX. Contra la democracia y la ciudadanía, en efecto, porque esa ofensiva ha impuesto un perfil netamente oligárquico en la estructura del poder social y porque, en esa misma medida, ha desfigurado por completo el principio de soberanía popular. A mi entender, a ello han contribuido decisivamente al menos los siguientes desarrollos: 1) La oligopolízación de los mercados, que supone una quiebra del principio (en alguna medida democrático) de soberanía del consumidor. En un mercado de competencia no oligopólica, los consumidores fijan los precios conformando una demanda agregada y en esa medida son soberanos. En los mercados oligopólicos, las grandes corporaciones imponen los precios al consumidor limitando la competencia entre productores y controlando la oferta. Un mercado muy importante para la cultura democrática es el de la información y la comunicación. Pues bien, se trata de un mercado altamente concentrado. Jerry Mander, de hecho, estima que 7 grandes corporaciones1 se reparten el control del 70% de los media mundiales, lo que incluye televisión, satélites, agencias de información, sistemas de cable, revistas, diarios, edición de libros, producción cinematográfica e Internet. Esto significa que una exigua minoría tiene el enorme poder de influir en –y manipular- los contenidos de conciencia y el pensamiento de miles de millones de habitantes del planeta. La fuerte oligopolización del mercado mundial de la comunicación y el control de la oferta informativa suponen que la sociedad civil carece en buena medida de una opinión pública propia, autónoma, plural y críticamente formada, y que es llevada a pensar y saber lo que conviene a las élites del poder.2 La manipulación que sufrió la opinión pública mundial en la última guerra de Irak no es más que un ejemplo. Es verdad que hay redes, circuitos y grupos alternativos –en Internet y fuera de ella- que conforman espacios de comunicación resistentes al proceso de homogeneización cultural vigente, pero su influencia real es muy limitada, si observamos, por ejemplo, que el americano medio ve 30.000 anuncios publicitarios al año o que el japonés medio se sienta ante el televisor 4 horas y media diarias. 2) La transnacionalización corporativa que, entre otras muchas cosas, permite la opacidad contable de las operaciones entre empresas matrices y filiales, y supone la quiebra del principio democrático de la accountability. Tanto fiscal como financieramente, las grandes corporaciones trasnacionales escapan al control de los Estados y de cualesquiera organismos reguladores: la reciente crisis económica mundial es fuertemente deudora de esa impunidad con la que los altos directivos de tantas grandes empresas camuflaron sus malabarismos contables, especularon con productos financieros de altísimo riesgo y ocultaron su irresponsabilidad –y sus robos- tras una falsa pantalla de sedicentes ingenierías de inversión creativa. La fuerte financiarización de la economía global no ha hecho más que agravar estos de por sí ya graves problemas del capitalismo tardío. 3) La colonización del Estado, lograda por medio de los numerosos puentes de ida y vuelta entre los consejos de dirección de las grandes empresas o grupos financieros y los gobiernos, o lograda mediante amenazas de desinversión o deslocalización de las multinacionales, o mediante presiones especulativas de mercados fuertemente controlados por potentes grupos de inversión. A esa colonización del Estado contribuye en paralelo el conjunto variable de mecanismos contramayoritarios de los sistemas representativos modernos, desde el veto presidencial o el bicameralismo hasta los sistemas electorales no proporcionales o sesgados para excluir a las minorías antisistema o más radicales, pasando por la marcada oligarquización de las estructuras de poder en los partidos políticos. Todo ello hace que el gobierno del Estado sobre-represente los intereses del dinero y la riqueza (los moneyed interests), mientras que los intereses de las mayorías trabajadoras y/o desempleadas – base social de la democracia- quedan sub-representados, diferidos, marginados o silenciados. 4) El sometimiento de pueblos enteros a través del mecanismo de la (re)negociación asimétrica de la deuda externa de los países. En todo el mundo, pero sobre todo en los países más pobres y endeudados, las instituciones de la gobernanza neoliberal (FMI, Banco Mundial, etc.) han impuesto condiciones salvajes –

recortes sociales, privatizaciones, desinversiones- para la concesión de nuevos empréstitos, condiciones que han empobrecido aún más a esos pueblos atándolos por el cuello a la soga de una deuda externa creciente que sólo enriquece a los países y entidades acreedores. En el mundo griego antiguo, antes de las primeras reformas democráticas de Solón, a uno se le podía esclavizar si no saldaba sus deudas. En el mundo contemporáneo la deuda externa es la principal causa de que muchos países vean dramáticamente condicionada su soberanía nacional. 5) Finalmente, la geopolítica (neo)imperialista, militarmente sostenida, de las grandes potencias para el control y apropiación de las principales fuentes de energía y recursos –vegetales, hídricos, minerales o alimentarios- así como las principales rutas comerciales desde los países productores (muchos subdesarrollados) hacia los países ricos del hemisferio norte. El imperialismo no lo ha inventado el capitalismo, huelga decirlo. Antes bien, es el modus operandi histórico de los Estados fuertes, al margen del régimen político: la democracia ateniense fue imperialista, como lo fue la república romana, como lo han sido tantas y tantas tiranías. Sencillamente, las potencias capitalistas –con EE.UU. a la cabeza- no se han quedado atrás, han continuado valiéndose de esa vieja lógica del poder, y el resultado ha sido el mismo de siempre: el expolio y la desposesión de los legítimos propietarios de esos recursos vitales, con la colaboración infame y servil de las oligarquías locales: otra batalla más ganada a la soberanía nacional de numerosos países. Este ataque multilateral a la democracia ha tenido por consecuencia que los grupos (o países o pueblos), más pobres y vulnerables (y mayoritarios), masas ingentes de trabajadores o desempleados, tengan menos libertad, menos libertad de la opresión y menos libertad de la privación. Son menos soberanos como miembros del cuerpo cívico –del que muchos van quedando de facto excluidos- y viven más a merced de las decisiones de minoritarios pero muy poderosos grupos de interés. Desapoderadas política y socialmente, las mayorías que viven –o aspiran a vivir- de su trabajo quedan crecientemente expuestas a la amenaza terrible de la privación y la escasez. Este proceso multilateral y multinivel de oligarquización tiene –conviene subrayarlo- una terrible consecuencia: el paralelo deterioro de la cohesión social. En efecto, por la vía de la creciente concentración de la riqueza los índices de desigualdad se disparan hasta dar en la polarización social. Las clases medias se proletarizan, las clases obreras se empobrecen y precarizan, crecen las bolsas de marginación y exclusión, aumenta el miedo, la inseguridad y la desconfianza interpersonal.3 El vínculo societario se debilita, se exacerba el oportunismo y cunde el resentimiento de los más desfavorecidos hacia una sociedad que les da la espalda. Al final, rotos los lazos de unión entre el bien público y el privado, ya nadie cree en la sociedad como un proyecto compartido y cohesionado de cooperación social.

La libertad como eje irrenunciable de la izquierda
El diagnóstico anterior se asienta en una idea central: la libertad de los muchos es la gran víctima del proceso de globalización grancapitalista desatado en estas últimas décadas de ofensiva neoliberal. He insistido en esa idea porque, aunque a menudo se olvide, y es penoso tener que recordarlo, si el pensamiento de la izquierda ha tenido un eje central y prioritario, éste ha sido el de la libertad. La izquierda, en efecto, tanto en su gran matriz socialdemócrata clásica como en su vertiente anarquista, no ha tenido otra utopía que la de una sociedad emancipada, esto es, una sociedad de hombres y mujeres libres, libres de la opresión y libres de la necesidad. Sea dicho al paso que ambas formas de libertad negativa no son independientes. Marx, por ejemplo, creía firmemente que la libertad de la opresión sólo se alcanzaría una vez superadas las servidumbres de la necesidad. Pensamiento, sin duda, profundo, que tiene profundas raíces clásicas. Sea como fuere, y dejando de lado ahora estas y otras sutilezas de la libertad, sí quisiera llamar la atención sobre su importancia, sobre su centralidad para la utopía de la izquierda. ¿Por qué es tan prioritaria y urgente la libertad? ¿Por qué no puede la izquierda renunciar a ella? El más sabio de los locos jamás imaginado dice de la libertad que “es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; [que] con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre”.4

¿Tiene razón Cervantes? ¿Por qué? Tiene razón, a mi entender, porque la libertad es la condición de la vida auténtica, esto es, de una vida basada en actividades y quehaceres queridos por ellos mismos. Dicho de otra forma, la libertad es la condición de la autorrealización individual y del desarrollo personal. Una vida impuesta por la voluntad ajena es una vida amputada y subalterna, expuesta siempre a la arbitrariedad del poder, una vida –como bien sabía Montesquieu- marcada por el miedo y el silencio. A fuerza de temer, callar y consentir, el hombre sin libertad aprende a renunciar a sí mismo, esto es, a hacer aquello que le permitiría realizar su potencial creativo. El horizonte vital de las personas está lleno de posibilidades, pero la vida real se va tejiendo a base de decisiones y de no-decisiones, de acciones y de no-acciones. La falta de libertad restringe y angosta ese horizonte vital: acota las decisiones y acciones en ámbitos de dominación –son acciones y decisiones forzadas- y desplaza al mundo imaginario de las no-decisiones y las no-acciones lo que el individuo haría por sí mismo, de buena gana, voluntariamente. La falta de libertad nos obliga a renunciar a lo que nos haría felices o apetecería y a hacer lo que a otros hace felices o apetece. Por eso, repito con nuestro hidalgo universal, la libertad “es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos”. Que la izquierda ha olvidado su compromiso central con la libertad ha quedado testimoniado en muchas ocasiones. Todavía causa rubor recordar las torpes justificaciones del estalinismo en nombre de no se sabe qué baremos de igualdad o qué conjunto de necesidades básicas (como si la libertad no fuera la primera necesidad básica…). La revolución cubana es admirable en muchos sentidos, sin duda: lo es por sus logros sociales, por su diplomacia, por su solidaridad internacional, por su resistencia tenaz y a menudo heroica ante un largo historial de intentos de desestabilización desde fuera. Pero sorprende que buena parte de la izquierda no se atreva a criticar la falta de libertades del pueblo cubano (y se conforme con justificaciones contextualistas, que no dan tanto de sí, por importante que sea el bloqueo norteamericano).5 Y en la misma línea, prefieren ignorar la deriva cesarista de la revolución bolivariana en Venezuela6 o el peligro totalitario que encierran los “derechos colectivos” que nutren parte de la nueva marea nacionalista. Un autor tan sofisticado como Gerald Cohen, uno de los padres del llamado marxismo analítico y emblema de la izquierda académica contemporánea, no hace mucho que situaba los valores de la comunidad y la igualdad en la base de la utopía socialista7 con el ostensible olvido de la libertad. Sin duda, ellos son valores importantes, pero no conviene olvidar que buena parte de los afanes de la izquierda moderna consistieron también en liberar a la sociedad del yugo comunitario de la sociedad tradicional. O que el principio comunista de distribución pensado por Marx, “de cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad”, no es un principio igualitarista de distribución sino un criterio de solidaridad basado en el altruismo incondicional y la reciprocidad generalizada. En cualquier caso, una comunidad igualitaria sin libertades individuales parece más bien una contrautopía. La consecuencia de este olvido de la libertad no es sólo la preocupante disociación entre libertad e igualdad sino una suerte de distribución de valores entre izquierda y derecha, por la cual distribución la libertad sería el principal valor de la derecha y la igualdad el de la izquierda. Así las cosas, no es de extrañar que gran parte de la filosofía política contemporánea se haya entregado –y en buena medida extraviado- en un complicado debate –en alguna medida estéril y bizantino- sobre la métrica de la igualdad, desde que Amartya Sen lanzara su célebre pregunta “¿Igualdad de qué?”.8 Es curioso constatar que de toda la batería de métricas propuestas –los recursos, las oportunidades, las capacidades, los funcionamientos- a nadie se le ocurriera proponer directamente la que siempre ha estado en la agenda republicano-democrática radical de la izquierda histórica, a saber, la libertad misma, y hacer de la igual libertad (la aequa libertas) el ideal a analizar. Sea como fuere, la igual libertad –como decía antes- ha sido el eje central del proyecto emancipatorio de la izquierda histórica. Obviamente, no cualquier libertad, sino esencialmente la igual libertad de la opresión y la necesidad. La sociedad emancipada sería así una comunidad política (es decir, una sociedad de ciudadanos activos) en la que no hay dominadores ni dominados, sino sólo hombres y mujeres igualmente libres, con las condiciones políticamente garantizadas para desarrollar una vida digna y realizarse a sí mismos. La igual libertad de la opresión y la necesidad no exige que seamos iguales en muchos otros aspectos. No exige la igualdad de recursos, ni tampoco la igualdad de capacidades o funcionamientos. Pretender semejante igualdad sería un ejercicio absurdo y condenado al fracaso. Lo que exige la igual libertad de la opresión/necesidad son niveles de suficiencia material, garantías constitucionales y, como veremos, también límites institucionales; exige que todos tengamos un nivel suficiente de recursos, bienes e ingresos, un nivel suficiente de garantías frente a la enfermedad, frente a los golpes del azar y la fortuna, frente a la intromisión, la extorsión o la discriminación, etc., y que todos respetemos ciertos límites social-republicanos al uso de determinados bienes primarios. Que todo ello supone atacar la desigualdad, ocioso es decirlo; por ejemplo, exige la igualdad de oportunidades o la igualdad jurídica.9 Pero sobre todo supone atacar la extrema desigualdad material, esto es, la polarización social, por la cual amplias masas de la población mundial se ven condenadas a la exclusión de

todos esos recursos, oportunidades y garantías mínimos, y forzadas por ello a llevar una vida miserable y sometida. Todas las propuestas interesantes que se han venido proponiendo en los últimos años (tasa Tobin, incremento fiscal de un 2% a la décima parte más rica del planeta, la renta básica de ciudadanía, la condonación de la deuda externa de los países más pobres) son medidas encaminadas a reducir o erradicar la extrema polarización del capitalismo contemporáneo, pero no tienen por objeto la igualdad como tal en ninguna de sus métricas convencionales.

Libertad y capitalismo
Armada con este principio normativo de la igual libertad de la opresión/necesidad, la izquierda, tanto la socialista de raíz republicano-democrática como la anarquista, ha sido y no puede dejar de ser una izquierda anticapitalista. Porque para esta izquierda, el capitalismo es un sistema de dominación social, es decir, un sistema donde una parte importante de la población –las clases subalternas- tiene seriamente cercenada su libertad, está sujeta a dominación, y vive –esto es- alienada. Y porque para esta izquierda el mercado capitalista es un sistema asimétrico de intercambio desigual entre grupos, pueblos y países, a resultas del cual los más vulnerables van quedando privados de sus medios de vida y desapoderados. La alienación es lo contrario de la libertad. Estar alienado, en efecto, significa ser alieni iuris, estar bajo la jurisdicción de otro, sometido a su voluntad. Para la izquierda la alienación está en el centro de la realidad cotidiana del capitalismo así como la desalienación o la emancipación humana está en el centro de su utopía. A mi entender, la izquierda del futuro tiene que ser en esto perfectamente radical y afirmar su identidad anticapitalista. Luego diré en qué precisos sentidos. Ahora bien, el capitalismo es resistente y combatirlo o hacerle frente implica reconocer muchas cosas, pero entre ellas las tres siguientes sobre las que no suele ya insistirse demasiado. Primera: el capitalismo genera la ilusión de la libertad, esto es, la falsa conciencia por la cual la dominación real –no reconocida en muchos casos- es voluntaria y libremente aceptada por los que la padecen. El contrato de trabajo es un contrato formalmente libre, nadie me obliga a aceptarlo, no hago más que alquilar libremente mi fuerza de trabajo, que es mía. Y sin embargo, la empresa capitalista es un espacio de dominación donde el trabajador está sometido a la ajena jurisdicción, pese a, y a través de, la libertad formal del contrato. Se trata de una ilusión muy poderosa que no sólo oculta la coacción estructural que padecen en general las clases asalariadas, unas más que otras, sino que se integra en otras propiedades del sistema capitalista como su alta complejidad, su desarrollada división del trabajo y sobre todo en la competencia generalizada, y es reforzada por ellas. Cuando uno compite en un sistema complejo, diferenciado y abierto, simplemente para ganarse la vida o prosperar, tenderá a pensar que sus logros y sus fracasos se los debe exclusivamente a su propio mérito y a su esfuerzo personal. Y comoquiera que eso del esfuerzo y el mérito son hechos reales, que efectivamente cuentan y retribuyen, el individuo tenderá a creerse íntegramente responsable de su destino social, plenamente dueño de sus propias decisiones y, por responsable, libre. Segunda: el hecho de la competencia universal unido a la mencionada ilusión de la libertad genera una nueva ilusión, la del individualismo idiótico o apolítico, esto es, la ilusión según la cual los problemas de los individuos tienen una solución puramente individual, no colectiva. Este individualismo hay que entenderlo dinámica o

dialécticamente en el siguiente sentido: crece y decrece según crezca o decrezca la capacidad de autoorganización política de las propias fuerzas anticapitalistas. Así, por ejemplo, la atomización social de la sociedad-masa del capitalismo globalizado contemporáneo ha facilitado enormemente la ofensiva neoliberal de las últimas tres décadas que, a su vez, ha dado un giro de tuerca a esa misma atomización. Sin organización no hay resistencia colectiva, sin resistencia las élites en el poder imponen su criterio. En décadas pasadas solía hablarse del “sujeto revolucionario” y hubo grandes debates sobre si la clase obrera había dejado de serlo y sobre si había otro sujeto en la recámara para sustituirlo. A mi entender, nunca hubo un sujeto revolucionario, al menos si por tal entendemos un ente colectivo hecho y acabado, que camina cual gigante pisoteando las contradicciones del sistema y dispuesto a sacarse de su enorme chistera la nueva y feliz sociedad. No hace falta haber leído a F. Engels o a E.P. Thompson para saber que ese “sujeto” siempre fue un movimiento frágil y fluido, que hubo de formarse y construirse políticamente y que siempre fue vulnerable a sus propias tensiones internas y a todo tipo de estrategias externas de división. Y, desde luego, justo es decir en honor a la verdad que fue un gran mérito de sus dirigentes y bases que el movimiento obrero del XIX alcanzara tal punto de autoorganización y autoconciencia política que llegara a plantar cara al poder social y político de la burguesía del XIX y aun del siglo XX. Pero, insisto, ese “sujeto” no existe sino que está siempre por construir. Ahora, más lábil y evanescente que nunca, también. Sin olvidar –conviene subrayarlo- que el individualismo idiótico y la ilusión de la libertad son dos de los principales obstáculos en el camino de esa tarea de arquitectura política y de reorganización de las fuerzas de la izquierda. Pero hay más. Tercera: no todo es alineación y dominación en el capitalismo, lo cual, por más que salte a la vista, tampoco suele reconocerlo el pensamiento de la izquierda. Pero lo cierto es que el capitalismo genera muchos espacios de libertad real. Ese mismo trabajador precario y servil en su puesto de trabajo se siente libre en otras muchas facetas de su vida: elige, compra, decide, vota, opina, piensa, lee, habla, discute, sale, entra, va y viene… Tendrá miedo a quedarse sin trabajo, a no llegar a fin de mes; habrá muchas cosas que no podrá hacer, porque carecerá de los recursos necesarios... Todo eso es cierto y es grave, pero ese mismo trabajador precario no tiene miedo a que lo encarcelen sin ton ni son, a manifestar su opinión política, a movilizarse, a la policía secreta, al chivatazo de sus vecinos, a cambiar de fe, etc. En definitiva, hay muchos espacios no imaginarios sino reales de libertad negativa en el capitalismo, de cosas que uno puede hacer sin impedimento externo, sin miedo a ser reprimido. Y es que las sociedades capitalistas no son sólo capitalistas. Son también sociedades plurales, abiertas, diferenciadas: en definitiva, modernas. Y aunque el capitalismo –como régimen de propiedad y dominación- es compatible con sistemas cerrados y dictatoriales, lo es aún más con sistemas representativos y parlamentarios con garantías jurídico-constitucionales a los derechos de libertad individual. Con ello no hago más que constatar la evidencia histórica, a saber que modernidad y capitalismo han ido de la mano y se han alimentado mutuamente.

El eje de la modernidad
Llegados a este punto, quisiera preguntar lo siguiente. Si la izquierda es anticapitalista ¿acaso ha de ser también antimoderna y renunciar al proyecto emancipatorio que la modernidad sin duda encierra? Si, por el contrario, la izquierda sigue apostando por la modernidad, ¿debe encontrar algún acomodo con el capitalismo? La modernidad es una realidad histórica pero también es un proyecto político-social basado en la libertad. Supone la emancipación, para empezar, de la ignorancia –recordemos el sapere aude de Kant, el gran filósofo de la modernidad: ¡“atrévete a saber”!-, y abre de par en par las puertas del conocimiento: ya no hay castas sacerdotales “letratenientes” ni biblias en latín que nadie entiende. La modernidad promete también la emancipación del yugo comunitario, del estrecho cerco de sus necesidades básicas, de la tiranía del nacimiento y la sangre, de la jerarquía social heredada y la limitación corporativa, de la estrechez aldeana de miras y de las ataduras de la tradición. Rotas todas esas cadenas, queda el individuo casi desnudo e ilimitado, solo ante sí, ante un horizonte de posibilidades de autodespliegue y autocreación, de autodesarrollo y autorrealización. Queda el individuo moderno, con su alma fáustica, dispuesto a experimentarlo todo, a conocerlo todo, a apropiárselo todo, a traspasar barreras sociales y ascender hasta lo más alto, a transformar indefinidamente el mundo –a desarrollarlo- para plegarlo a sus crecientes, ilimitadas, siempre nuevas, necesidades.10 ¿Está dispuesta la izquierda a retroceder en ese camino, a volver a encadenar la libertad individual, a cercenar las posibilidades de autodespliegue del individuo? ¿O sigue asumiendo la izquierda el proyecto emancipatorio

moderno, sin reparos, pese a sus contradicciones? ¿Debe la izquierda encontrar límites y ponerle bridas a la modernidad? Yo creo que sí, que la izquierda debe ser crítica con la modernidad y encontrarle esos límites, pues de lo contrario la modernidad misma se autodestruye. Como ya dramatizó Goethe, hay en ese afán del hombre moderno por experimentar el mundo y desarrollarlo a su antojo un elemento diabólico. El desarrollismo moderno, en efecto, desata fuerzas que pronto escapan al control humano y en su impulso creativo arrasan con lo que encuentran a su paso. No sólo destruyen así, sin piedad, la inocencia de un mundo ya perdido que sólo aspiraba a su reproducción simple sino que pierden de vista la escala humana de la misma dinámica social y acaban por crear mundos artificiales, feos y disfuncionales, en los que no se puede vivir, pero que les son impuestos a poblaciones enteras inmoladas en el altar de los pingües beneficios de las grandes corporaciones y/o de los delirios de grandeza de gobernantes estúpidos y venales. Mas, ¿cuáles han de ser esos límites? ¿Cómo y dónde echar el freno? A mi entender, sin renunciar al proyecto emancipatorio de la modernidad, la izquierda ha de buscar dos tipos de límites: límites cívicos al individualismo y límites ecológicos al desarrollismo. Va de suyo que limitar algo no significa destruirlo. Antes al contrario, a veces la mejor manera de conservar algo es impedir, limitando sus manifestaciones, que crezca hasta volverse autodestructivo. El individualismo moderno tiene dimensiones maravillosas a las que no podemos renunciar. Tampoco sería razonable renunciar a lo que es constitutivo de la naturaleza humana, su creatividad transformadora y constructiva de mundos artificiales. El problema central de la modernidad es el desenfreno, esto es, la falta de límite del individualismo desarrollista. Así, pues, empezando por el primer tipo de límites, tarea de la izquierda es recuperar cosas que la modernidad parece haber olvidado, a saber: la obligación social frente al oportunismo individualista, el deber cívico frente a la desafección y el cinismo, la virtud frente a la idioteia y el narcisismo, en fin, el compromiso y la responsabilidad frente al nihilismo subyacente a la propia modernidad. En resumidas cuentas, la izquierda debería combatir el desenfrenado individualismo reinante, con todos sus fantasmas, y reclamar la presencia del ciudadano y su mirada política, la que apunta al bien público y no sólo al interés privado, la que deriva en acción política visible y democrática y desconfía de las manos invisibles y los mecanismos espontáneos de coordinación social tan caros al liberalismo económico, la que es capaz de controlar al poder político participando en la cosa pública en lugar de replegarse en una privacidad silenciosa y conformista. La cuestión es cómo: ¿cómo devolver el protagonismo al ciudadano y ponerlo en el centro de la vida pública, máxime cuando el capitalismo, de la mano de la competencia y sus libertades negativas, genera la ilusión –y la patología- del individualismo idiótico? Además, ¿de qué ciudadano debemos hablar en el siglo XXI? Ciudadano viene de ciudad y, aunque no se advierte demasiado, es lo cierto que la globalización está suponiendo la remunicipalización del planeta. Mas la nueva centralidad de las ciudades no es la de la antigüedad mediterránea, ni la de Medievo, en las que resurge y se transforma el viejo ideal republicano de ciudadanía forjado por Grecia y Roma. Es más bien un escenario de gigantismo municipal, de megaciudades-región a una escala desconocida en el registro histórico. ¿Qué piensa la izquierda de este proceso de hiperconcentración urbana? ¿Tiene la izquierda un modelo de megaciudades-región para el siglo XXI? ¿Cuál es su modelo de desarrollo urbano? ¿Está más cerca del de un Robert Moses en Nueva York o de su gran oponente, la Jane Jacobs que defendía la barriada con todo su caudal de capital social? ¿Está por el hormigón o por la calle de nuestra infancia y la tienda de la esquina? ¿Apuesta por la velocidad de la vía rápida o por la comunidad y la cercanía del vecino? ¿Cómo devolver la escala humana al desarrollismo heredado? Por otro lado, hoy más que nunca el mundo es un sistema complejísimo de interdependencias globales, hasta tal punto que ya no se puede hablar de espacios públicos

locales. Al contrario, muchos de los problemas locales son en realidad derivaciones de un espacio público planetario y por lo tanto sólo admiten soluciones globales. Esta aldea global parece reclamar más que nunca ciudadanos del mundo capaces de hacer suyos problemas de toda la humanidad. Éste es, sin duda, otro de los grandes retos de la izquierda: vertebrar una ciudadanía planetaria, cosmopolita, construir una sociedad civil transnacional capaz de hacer frente al proceso creciente de concentración oligopólica del poder económico a escala mundial y de armar la necesaria contra-hegemonía en el seno de la opinión pública global. Tarea sin duda de dimensiones titánicas. Ahora bien, ese ciudadano de nuevo cuño, si ha de cobrar el debido protagonismo, no sólo debe cuidarse de la ciudad, esto es, del espacio público-político, por amplio que sea. En realidad, y vamos al segundo tipo de límites –los ecológicos-, la ciudad y la política tienen su alteridad. A eso que está más allá (o más acá) de la política los griegos lo llamaban physis. Las leyes de la ciudad constituían el nomos frente a las leyes de la naturaleza que constituían la physis. Esta dicotomía sigue vigente, por supuesto, y conviene decir que la naturaleza no sólo es el suelo sobre el que el hombre ha construido su mundo social. Al hacerlo, además, el hombre no ha dejado de transformar la naturaleza para adaptarla a sus necesidades. A decir verdad, no pudo ser de otra forma: la ciencia y la técnica son los colmillos y las garras con las que hemos aprendido a sobrevivir como especie. Pero de la misma manera que el mal ciudadano –el idiotés- explota y corrompe a su ciudad, se beneficia de forma oportunista del sacrificio de otros, también el homo faber ha llegado a sacrificar el esfuerzo de millones de años de dura selección natural a proyectos miopes de desarrollo repletos de efectos perversos a menudo irreversibles. La racionalidad instrumental sin la cual el hombre no se entiende a sí mismo se ha vuelto contra el propio hombre y ha levantado una devastadora lógica de la dominación que amenaza la viabilidad misma de la especie. No cabe duda: hoy ya no podemos seguir viendo la naturaleza sólo con los ojos fríos y desencantados – modernos- de la ciencia y la técnica. Me atrevería a decir –y ello es urgente- que hay que volver a ungir a la naturaleza de misterio, de magia, de religiosidad. Y descubrir un nuevo modo –si se quiere, poético- de mirarla y relacionarse con ella. La biología evolucionaria puede explicar la precisa funcionalidad de un órgano, pero no la belleza del organismo. El árbol produce oxígeno, pero esa utilidad –vital para el hombre- no es la única justificación del árbol: además, es bello. Tal vez mirando a la naturaleza poéticamente –más allá de su utilidad y su función- seamos capaces de cultivar una verdadera conciencia ecológica. Como bien entendió Kant, el juicio estético es un juicio desinteresado; dicho de otra forma: cuando contemplamos la belleza en lo último que pensamos es en aprovecharnos de ella. Al contrario, la queremos por ella misma y deseamos que se quede intacta, tal como está, eternamente, pues cualquier intromisión o modificación la destruiría. Pese a las críticas de Nietzsche, tan influyentes, creo que Kant estaba en lo cierto al desligar el gusto por lo bello del interés de la voluntad.11 Y desde luego, mirando a la naturaleza no sólo como el resultado ciego y acumulativo del azar y la necesidad o como materia y energía susceptibles de ser utilizadas en nuestro beneficio, sino además como obra de arte, le devolveremos el “aura” que la ciencia y la técnica le han arrebatado, captaremos su absoluta singularidad y –como querría Benjamin- la contemplaremos como la “manifestación irrepetible de una lejanía”.12 Sólo así, siempre a la distancia estética, podríamos hacerla objeto de culto, y estaríamos en mejor situación de preservarla. Sea como fuere, con una estética subyacente o sin ella, parece claro que si la globalización pide ciudadanos del mundo y una cultura cosmopolita, ese concepto de mundo habrá de incluir al mundo natural, a la physis. La reconciliación no sólo debe ser la del hombre con su (cosmo) polis. Ha de ser más profunda: ha de ser también la del ciudadano con la tierra. Cabe preguntarse, sin embargo, si el capitalismo es compatible con una estética contemplativa y con una verdadera conciencia ecológica. W. Sombart, en un texto memorable, expresaba elocuentemente sus dudas sobre la primera pregunta: “la vida en un ambiente capitalista acostumbra al espíritu… a aquilatar también el valor de las cosas que se sitúan fuera de la esfera económica; esto quiere decir, a valorar las cosas y las personas midiéndolas con su valor pecuniario…De esta manera, respecto a las cosas se pierde el sentido de lo que sencillamente es bello sin más, de aquello que es solamente la perfección de la forma, es decir, el sentido artístico propiamente dicho, que ni se puede cuantificar ni pesar ni medir”.13 Así, sigue argumentando Sombart, el valor se convierte en precio, que es medible, la grandeza (greatness) se confunde con lo grande (bigness) y el éxito se ve reducido a riqueza contante y sonante: “Tener éxito –sigue diciendo- significa siempre adelantarse a otros, ser más, rendir más, tener más que otros, “ser más grande”. Por

su naturaleza se valora más el éxito de aquel tipo que se puede expresar en números: es decir, la riqueza”.14 Esta filosofía cuantitativista no hace sino meterle presión competitiva al individuo, sacándolo de sí, e impide que rija su vida por el ideal de “la armonía de una personalidad centrada en sí misma”; bien al contrario, lo empuja a una vida de incesante autosuperación alimentada por una ambición “sin límite”.15 El espíritu del capitalismo no parece, pues, muy amigo de la contemplación estética; como diría Brecht, el hombre del capitalismo mira a la naturaleza con impaciencia.16 Pero hay más palos capitalistas –o modernistas- puestos en la rueda de la conciencia ecológica. En especial uno que tiene que ver ya no con las leyes de la economía sino con las de la energía. En efecto, la economía capitalista es un sistema termodinámico abierto basado en la masiva utilización de recursos no renovables y la no menos masiva emisión de residuos no reabsorbidos, sin cálculo alguno del llamado “coste físico de reposición”.17 Como tal sistema termodinámico, está sometido a la ley de la entropía y es temporalmente insostenible. Cualquier proyecto serio de reformas encaminadas a recuperar la sostenibilidad económica de nuestras sociedades industriales implicaría un cambio radical en el modo de vida occidental, basado en el confort y el consumismo, a su vez, basados en un acceso muy desigual a recursos limitados muy desigualmente apropiados y repartidos. Una reorientación ecológica de la economía moderna que tenga en cuenta su dimensión física y termodinámica –en la tradición “bioeconómica” iniciada por el gran GeorgescuRoegen18- es tan necesaria como seguramente irrealizable pues supone la renuncia a las señas de identidad mismas de la civilización industrial capitalista. Y tal vez no estemos dispuestos a semejante sacrifico o no sepamos cómo ejecutarlo. Pese a la sobrecogedora ironía con que lo dice, tal vez tenga razón el propio Roegen: “Quizá el destino del hombre sea tener una vida corta pero ardiente, excitante y extravagante en vez de una existencia larga, sosa y vegetativa. Dejemos que otras especies –las amebas, por ejemplo, que no tienen ambiciones espirituales- hereden una tierra todavía bañada por un sol abundante.”19

Límites social-republicanos a la propiedad
Si analizamos pues críticamente el capitalismo como modelo de desarrollo, con mirada estética o sin ella, se deduce la necesidad de una política de límites bioeconómicos al crecimiento. Es una cuestión de pura racionalidad estratégica global. Ahora bien, el capitalismo no es sólo un modelo de desarrollo; es también, ya lo sabemos, un modelo de dominación social que arraiga en la estructura de la propiedad, en sus esquemas de distribución asimétrica, en sus sistemas mercantilizados de intercambio y asignación, y en sus pautas de acumulación. Entre otras “grandes transformaciones”, lo que el capitalismo ha hecho a lo largo de su joven historia moderna y contemporánea ha sido mercantilizar –esto es, convertir en mercancíadeterminados bienes primarios que –al menos desde una perspectiva republicana- son esenciales para construir una identidad cívica, para dotar –esto es- a la condición de ciudadanía de un contenido material sustantivo. Son bienes cívico-constituyentes. Así ocurre, principalmente, con la vivienda, con el trabajo y con el capital mismo. En el capitalismo estos bienes han sido entregados al mercado y su uso apenas conoce límites a su enajenabilidad o a su acumulabilidad. Pues bien, una política anticapitalista de izquierdas, a mi juicio, debe buscar el modo de imponer justamente esos límites social-republicanos al uso de aquellos bienes, y desmercantilizarlos en la medida de lo razonablemente posible.20 La vivienda –el oikos- es un bien fundamental para la vida humana. Es el lugar de residencia, espacio de intimidad individual y familiar pero a la vez centro de gravedad de una geografía comunitaria donde el individuo

construye sus vínculos vecinales más cercanos. En esa geografía está el barrio, el distrito, la circunscripción, y allí está la escuela, la asociación de vecinos, el mercado –el ágora-, la calle, la iglesia, el centro de salud, la agrupación del partido, etc. En esa geografía votamos, compramos, paseamos, charlamos, comentamos. La vivienda es la célula de ese pequeño pero complejo organismo social, y ha de quedar fijada, esto es, protegida de la esfera de la circulación comercial. La propiedad inmobiliaria consigue ese fin, dota de seguridad al individuo y hace a cada ciudadano un “demandante residual” de la riqueza comunitaria. Para el republicanismo, la vivienda tiene un significado cívico-político: significa un espacio físico seguro en la comunidad, no una mercancía cuyo valor está definido en un mercado impersonal. Así, todos los programas orientados a restringir la acumulabilidad y la capitalización de la vivienda tiene un fundamento social-republicano: alquileres de renta limitada, propiedad inmobiliaria con limitaciones sobre las plusvalías, limitación de los derechos de los acreedores sobre la vivienda del deudor (si es primera residencia), incremento de la presión fiscal sobre segundas viviendas vacías y cerradas. Etc. Desde un punto de vista social-republicano, la vivienda es un bien primario, que ha de ser universalizable como bien seguro y protegido de las disolventes leyes del mercado inmobiliario, que dejan sin techo a los grupos económicamente más vulnerables e incrementan artificialmente los costes hipotecarios, en beneficio de unos pocos, de la población en su conjunto. El que cada ciudadano posea un lugar seguro de residencia no puede depender sólo de un incierto y caprichoso mercado, o de los inciertos ingresos salariales de los ciudadanos, sino que tiene que implicar una activa política social-republicana de la vivienda. Lo mismo ocurre con otros derechos de propiedad cruciales, cuales son los derechos de propiedad sobre el capital o sobre el trabajo. En efecto, hay formatos de empresa que congenian bien con los parámetros desmercantilizadores republicanos aquí propuestos. En concreto, la empresa cooperativa –ya se organice según el modelo yugoslavo o según el más flexible modelo Mondragón- impone restricciones decisivas a la acumulación y a la transferencia de activos o acciones por parte del miembro o socio, y también impone restricciones sobre el control y la distribución de beneficios residuales. Por lo común, el miembro de una cooperativa de producción ha de revender sus acciones a la empresa o dar a la empresa opciones de compra o derechos de veto o aprobación respecto de la transferencia de esas acciones. A su vez, los miembros y sólo los miembros son los demandantes residuales de las ganancias de la empresa, y nunca tienen una libertad irrestricta para enajenar sus derechos de pertenencia. A cambio de esas restricciones, el trabajador está protegido de la explotación y dominación capitalista, y de las incertidumbres e inseguridades de un mercado de trabajo que puede llegar a ser cruel. El trabajo asalariado mismo también puede entenderse desde esta filosofía social-republicana y considerarlo un bien fundamental del trabajador que debe estar protegido de la lógica disolvente del mercado. De hecho, toda la normativa sobre rescisión de contratos por “causa justificada” tiene su fundamento en esa filosofía. El empresario no tiene una libertad irrestricta para despedir al trabajador a su antojo. Los costes asociados al despido también son mecanismos social-republicanos de protección del trabajo como un bien con características cercanas a la propiedad. Lo mismo ocurre con la representación de los trabajadores y la posesión de derechos de voto en el comité de dirección de la empresa, cuando se da el caso. Entre la mercantilización plena de la relación salarial y su constitucionalización en sentido social-republicano como un derecho de propiedad sobre el trabajo hay un continuum cuya solución de continuidad está siempre políticamente determinada según la correlación de fuerzas entre el capital y el trabajo, según el ciclo económico, según las políticas públicas de empleo, según el nivel de servicios asistenciales, etc. Es algo que estamos viviendo a diario.

La paradoja del argumento aquí defendido
Empezamos subrayando la centralidad para la izquierda del ideal de la libertad, y nos revolvimos contra su olvido. Sin embargo, según avanzaba el argumento, no hacíamos otra cosa que reclamar límites y más límites. La paradoja es que esos límites, en última instancia, son límites a la libertad individual, a la libertad de uso de determinados bienes, impidiendo por ejemplo venderlos o acumularlos o permitiéndolo bajo determinadas condiciones; límites al crecimiento, que sin duda supondrían innumerables cortapisas a la libertad de acción y elección. La restricción de la libertad individual en nombre de la propia libertad es una de las paradojas centrales de la teoría política republicana y toca cuestiones complejas como las de la naturaleza de la ley, la legitimidad democrática o el principio de soberanía. En este texto no hay ya lugar para desarrollar estos temas. Pero sí diré que la única salida posible a esta paradoja de la aequa libertas está en el punto de equilibrio en el que una comunidad política decide democráticamente poner límites a su propia capacidad de limitar las

libertades individuales. Ese punto de equilibrio es inestable, sí, pero la aproximación a él ha de ser uno de los desiderata fundamentales de toda comunidad democrática que se tome realmente en serio la igual libertad de todos. El ideal regulativo que ha de guiar la búsqueda de ese equilibrio no puede ser otro que el de la justicia social: la justicia guiará el ejercicio de la soberanía democrática, dará legitimidad al proceso legislativo y hará que la ley sea expresión de lo universal. Los clásicos hicieron de la justicia una de las cuatro virtudes cardinales; y Rawls la convierte en la primera virtud de la sociedad bien ordenada. El problema es que la justicia no está dada, sino que hay que construirla teóricamente, y hay tantos modelos de justicia como teorías de la justicia. Pues bien, la izquierda debe entrar en ese debate y optar. Una pista: una de las teorías de la justicia más potentes y avanzadas jamás propuesta –la de John Rawls- da primacía a las libertades básicas, no cuenta los derechos de propiedad de los medios de producción entre dichas libertades básicas, y –un detalle no menor- es neta, manifiesta y radicalmente anticapitalista.

NOTAS
♣ Agradezco a A. Greppi, J. Álvarez, F. Aguiar, J. Sola, I. Campillo, C. Fdez. Liria y J. A. Noguera, sus estimulantes comentarios a una versión previa de este artículo. Huelga decir que sólo yo soy responsable de los desaciertos que resten. * A. de Francisco es profesor en la UCM. 1 Jerry Mander es el Director del International Forum on Globalization. Las 7 grandes son: Walt Disney Company, News Corporation, Time Warner, Sony, Bertelsmann, Viacom y General Electric. 2 Es verdad que hay un grado notable de pluralismo informativo aun en los medios convencionales de comunicación de masas, pero la distribución de contenidos responde a una curva normal en la que los programas de máxima audiencia y gran parte de la basura televisiva más el grueso de la publicidad se agrupan en torno a la moda, mientras que los programas más críticos, reflexivos, culturales o “alternativos” se dispersan en los minoritarios márgenes de la curva. Harvard tenía a su “izquierdista”, John Rawls, como el MIT tiene al suyo, Noam Chomsky, todavía más radical. Pero todos sabemos la extraordinaria función objetiva que cumplen Harvard y el MIT como instituciones en la reproducción del capitalismo norteamericano, nutriendo a sus élites dirigentes y reproduciendo valores concretos, como los de logro, competitividad e individualismo. 3 Cfr. R. Wilkinson y k. Pickett (2009), Desigualdad, Un análisis de la (in)felicidad colectiva, Madrid: Turner. 4 Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, cap. lviii. 5 Además de los hechos denunciados, por ejemplo, en el informe 2009 de Human Rights Watch, creo que la izquierda debería evaluar crítica y desprejuiciadamente si –y hasta qué punto- la institución del partido único (el PCC) supraordina y pervierte las estructuras asamblearias –parcialmente asimilables al modelo de la Comuna de París- del poder político en Cuba. Es una cuestión, a mi entender, decisiva. 6 Es cierto que un proceso de cambio social profundo, como el emprendido en Venezuela desde 1999, exige un fuerte liderazgo, incluso carismático. El problema de semejante liderazgo, empero, no es el líder en sí, sino el “séquito” que lo acompaña y que aspira a heredar su poder en lo que Max Weber denominó la rutinización del carisma, la cual suele desembocar en un tipo de dominación –la burocrática- tan celosa de sí misma que perseguirá su autoperpetuación aun a costa de traicionar los logros revolucionarios y de enterrar sus ilusiones. 7 Cfr. G.A. Cohen, “Vuelta a los principios socialistas”, en R. Gargarella y Félix Ovejero, comps. (2001), Razones para el socialismo, Barcelona: Paidós, pp. 153-170. 8 A. Sen (1980), “Equality of What?” The Tanner Lectures on Human Values , Vol. 1, Cambridge, Mass.: Cambridge University Press. 9 Sin que ello impida acciones afirmativas o la asignación de derechos especiales a determinadas minorías o a determinados grupos de vulnerabilidad.

10 Cfr. M. Berman (1982), All that is Solid Melts into Air , Londres: Penguin. 11 Cfr. F. Nietzsche (1983), La genealogía de la moral, III, 6, Madrid: Alianza, pp. 120-123. 12 Cfr. W. Benjamín (1936), “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”, epígrafe 3, en Discursos Interrumpidos, I, Buenos Aires: Taurus, 1989. 13 W. Sombart (2009), ¿Por qué no hay socialismo en los Estados Unidos?, Madrid. Capitan Swing Libros., pp. 42-43. 14 Op. cit., pp.44-45. 15 Op. cit., pp.46. 16 Véase el poema “A los hombres del futuro” del libro Historias de almanaque (1939). 17 Al respecto, vid. J. M. Naredo (2007), Raíces económicas del deterioro ecológico y social, Madrid: Siglo XXI, cap. 4. 18 Véase, Nicholas Georgescu-Roegen (1996), La ley de la entropía y el proceso económico, Madrid: Argentaria-Visor. 19 N. Georgescu-Roegen (1976), "Energy and Economic Myths," Energy and Economic Myths, New York: Permagon Press, 3-36, pág. 35 (cit. por John Gowdy y Susan Mesneror, “ The Evolution of Georgescu-Roegen's Bioeconomics”, Review of Social Economy, vol. LVI, No. 2, Summer 1998. 20 Cfr. W.H. Simon, “Social-Republican property”, UCLA Law Review , 1991, 38: 1335-1413. La fórmula del texto “en la medida de los razonablemente posible” encierra dificultades evidentes y deja la cuestión abierta. En efecto, ni todo lo razonable (o deseable) es posible ni todo lo posible tiene por qué ser razonable o deseable. A la vez, la cuestión queda abierta porque el equilibrio entre lo deseable y lo razonable es un equilibrio en última instancia político en el que se dirimen no sólo cuestiones de factibilidad sino de eficiencia y también de justicia. www.kaosenlared.net/noticia/los-limites-de-la-izquierda

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Multitudinarias marchas en agradecimiento a Uribe (Imágenes exclusivas) Cortesía de uribestiario.com uribestiario.com

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