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E L PADRE

Cuando pienso en mi padre me vienen a la memoria los
regresos a casa, al terminar nuestra jornada de trabajo. V o l -
víamos de noche, él en bicicleta y yo trotando. Corría a la
par, a veces me atrasaba un poco y luego lo alcanzaba. L a
bicicleta era de mujer, el asiento estaba demasiado bajo y
mi padre, un poco echado hacia atrás, pedaleaba despacio
por la calle de tierra. Estoy seguro de que no hablábamos.
E n realidad tengo la impresión de que nunca hablába-
mos. Si intentara recuperar algún diálogo con mi padre me
resultaría imposible. Sólo frases sueltas. Esto de los regre-
sos ocurría en Salto, el pueblo de la provincia de Buenos
Aires donde fuimos a vivir cuando emigramos de Italia. U n
hermano de mi padre estaba en la Argentina desde antes de
la guerra y le había ofrecido una participación en su carni-
cería. Yo tenía doce años.
Recorrimos ese trayecto durante meses y meses. Con
frío, con calor, con lluvia. Después de tantos años, la me-
moria rescata una única carrera nocturna que las resume a
todas. Esa imagen siempre vuelve y se impone sobre los de-
más recuerdos. Aunque son muchas, nítidas y fuertes las
imágenes que tengo de mi padre. E n general de la época de

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de mí. esperándome. en cada golpe. M i padre fabricándo. era su derecho. reparto a la mañana y a la tarde y. M i padre caminando cauteloso unos pasos delante pregunto qué hubiese pasado si mi padre lo alcanzaba. afeitándose cierto. sando la uva para hacer vino. de carpintería. con un Partió para América en 1948. res. cosechando. M i padre era un montañés callado y tímido. don- un ciruelo que daba frutos amarillos en una rama y rojos en de aprendí la recorrida de los clientes antes de memorizar otra. M i padre vaciando la letrina con dos baldes colgados nada servían los ruegos de mi madre y los consejos de sus en los extremos de una larga vara de madera que se cruzaba compañeros. De agua. oscu. secarse el sudor de la frente y tomar un trago de y a veces su turno terminaba en la mitad de la noche. Siempre había algo que hacer. Estoy pensando en la actitud de terrateniente. Ahí está la figura de mi padre. seguramente arrancado de reía. ban ser enjabonadas más que el resto. expli. de- sobre los hombros. M i padre abonando los surcos de la safiando el toque de queda y las balas. en la carnicería. sin duda. M i padre emparchando la cámara de pareció que lo hacía para darse ánimo y cubrir el descon- una bicicleta. M i padre cortando pasto cuadamente la palabra respeto. Parecía que nada tuviera secretos para él. porque quería dor- huerta con el contenido de esos baldes. en los bosques que comenzaban más allá de las últi. Teníamos Después vino el trabajo a su lado. Trabajaba en una fábrica de gas guadaña. Pero podía co a través del océano. Aquel hombre sa. M i padre llegando a casa de noche. hasta una imagen muy clara de esa violencia al aire libre. cuando terminaba. palabras. se lo veía de buen humor. daba en el negocio. Salía al estaba asombrado con tantas habilidades. bromeaba. E n el viaje en tren a través de la llanura invernal. todo el tiempo. petaba. M e a pescar. N o recuerdo la razón o nunca la supe. Volvía a casa sin esperar que amaneciera. en el campo de un inconsciencia y la tozudez. Todavía llegar a la desembocadura de un río donde nos deteníamos me parece oír el jadeo de los dos hombres corriendo. Recuerdo el reencuentro en el puerto de Buenos A i - en el patio. pero a mí me algún lugar prohibido. Se trataba de una disputa en- colegio de monjas al que yo iba. pasados dos años de separación. a través de una colina que dominaba el lago. Y o la primera media docena de palabras en castellano. parando unos segundos para sacarle filo a la mi padre durante la guerra. rumbo al pueblo. M i padre güiándome por tre vecinos. Pocas veces tuve oportunidad de aplicar tan ade- ños de la que estaba orgulloso. U n peral que daba peras de diferentes estaciones. Tengo un atajo. su abrazo torpe y sin cándome por qué había dos zonas de la cara que necesita. ayu- bía hacer de todo. tampoco habló demasiado. Limpiar 13 . M i padre hachando mir en su cama. Podría intentar hacer una lista y creo irritarse y mucho. Con nosotros nunca se enojaba. apretando los dientes y soltando un soplido ronco ssolini o guerra que se lo impidieran. De tanto en tanto sus dedos se comprimían ría. M i padre lavando una oveja en el arroyo para junto a mí y su brazo se mantuvo rodeándome los hombros luego esquilarla. frente a un espejo colgado de un clavo. heredé la desde el amanecer hasta el anochecer. mi niñez. en el pueblo italiano. Nos quería y nos res- mas casas: bajo el brazo llevaba la escopeta belga de dos ca. calle hasta que el otro saltó por encima de una cerca que ra y quieta bajo una nevada. para darme un apretón. M i padre realizando trabajos de albañile. antes del largo viaje en bar. y no existían Hitler o M u - troncos. Una vez lo vi perseguir a un tipo por la que no acabaría nunca. Iba sentado me una flauta. M i padre sembrando. injertando frutales.en el portón del daba a un barranco y escapó. p i . E l día de la despedida pino para el árbol de Navidad. De él. M i padre con el torso desnudo.

Llegué al pueblo el día rante toda la tarde. me do en el fondo de sí mismo. du. en la cocina. bajo. E n los últimos tiempos había traba. N o lograron ¿En qué medida mi presencia le servía de compañía. N o aguantó. estaba guardaba silencio. Venía desde Brasil. Eran siempre noches grandes. M i padre no era el mis. Se lo veía feliz. cargadas de estrellas y Una noche. Avanzábamos a través de un deco- emprendí otro viaje. de silencio. en los espaciados regresos al pueblo. oí a mi hermana murmurar: "Qué hermoso a América. Yo no estaba con pasara la noche. Algunas co. M i padre pedaleaba y yo trotaba a su lado. y en ómnibus. y otra noche y otro día. pacio y soportar las humillaciones cuando llegaban.la picadora de carne. Entonces. sensación no me gustaba. a jugar al fútbol en la sexta división del Club Compañía Cuando murió. tenía a un chico de meses en brazos. seta clara. mi padre comentó: "Para cuando brando un óvalo de tierra. vivía en un clima de acusaciones silen. También en el reducido territorio de tostado por el sol y se le notaban los músculos bajo la cami- aquel negocio éramos extranjeros y había que ganarse el es. No le iba bien. N o modidades en el baño. América lo había golpeado. A esta al. Las acusaciones provenían de mi tío y mis dos pri. Sé ces llegaba con un poco de retraso al trabajo. do. Empecé jora. darles agua a los animales. y luego el día. A lo sumo rumiaba una mana que me dijo: "Papá murió". Así las veo. que el cerco de las noches y los días se rompiera. M e enteré que una vez. la sierra eléctrica. cinco años después de la llegada al pueblo. y la deuda me incluía. dar un salto. hasta él en el negocio nuevo. de i n - retenerme y tampoco se animaron a llamar a mi padre. M e fui sin que lo supiera. pelar venga Antonio". M i padre no me decía nada. Se Muchos años después de su muerte. Estaba contento con los botines. Eran fotos de sus dependencia lo amargaba. L a enfermera se despidió hasta el lunes. recuerdo? L o que veo es un cachorro impaciente. agazapa- prochó. lavar el piso. posterior al entierro. el pantaloncito y aplicarle inyecciones día por medio. Una enfermera iba a General. centivo. surgido como desde 14 15 . teníamos otra referencia que el foco de la bicicleta alum- al comprar un calefón. E n la puerta encontré al marido de mi her- mos. M i padre dijo: Los partidos eran los sábados después de mediodía y a ve. Quería llegar rápido. Y o me sentía extraviado en esa oscuridad y la su propia carnicería. esperando su oportunidad para encontraba con pequeños cambios en la casa. Nunca me la re. de alivio? ¿Me vería como yo me veo ahora en el noro cuánto pudo dolerle aquella huida. L a última fue un sába- la camiseta que me habían dado y podía llevarme a casa. yo estaba lejos. frase en voz baja cuando me veía aparecer corriendo. ¿Y mi pa- jado de cadete en una farmacia. Estoy seguro que esa era papá". para que mo de antes. Y o De tantas cosas relacionadas con mi padre me acuerdo intuía que mi padre hubiese deseado un destino distinto especialmente de aquellos regresos a casa después del tra- para mí. Ig. hipnótico. viajando en trenes ciosas. que en el final preguntó por mí. mientras mirába- sentía obligado con su hermano mayor que lo había traído mos unas fotos. Partí a descubrir la ciudad. Pero no podía hacer nada y veintisiete años. Nunca había pensado en eso. "Vamos a ver si aguantamos hasta el lunes". Después. Por lo tanto pensaba en mí con cada me- ajos para los embutidos. E l chico era yo. rado de casas mudas y luces fantasmales en las ventanas y tura mi padre se había separado de mi tío y había instalado en los patios. dre? ¿Qué pensaba? ¿Qué significaba para él ese tránsito M i madre y mi hermana me vieron dejar la casa porque se entre la agitación de la jornada y la promesa del descanso? despertaron mientras yo preparaba la valija.

y este otro que se proyectaba en los días futuros y estaba hecho de necesidades e insatisfac- ciones y furias contenidas y esperanzas obstinadas. espuelas de plata y sombre- ros de alas anchas. había visto llorar a hombres rudos. perdido del otro lado del océano. PRIMER AMOR Esa luz mínima marcaba el camino y finalmente nos sacaba de la oscuridad. Nos guiaba a la mesa familiar preparada para la cena. me dieron una bicicleta y me pusie- ron a repartir carne. el pueblo. campanazos que anunciaban las partidas y estremecían el silencio y. Nada de sombreros de ala ancha. a los rumores de las sillas arrastradas sobre el piso de ladrillos y de los cubiertos en los platos. caballos impetuosos. Tenía doce años y estaba enamorado. renovándose en una calle que podría no tener fin. bandadas de palomas y más allá una ciudad como un muro.un sueño. hierro y óxido. Tuve que enfrentar el desconocimien- to dd idioma y soportar las burlas de los pibes en las que. anchas avenidas empedradas. había cruzado el océano en un barco de emigrantes. los zapatos por alpargatas. no mu- chos. Miraba el horizonte y fantaseaba acerca de llanuras. por lo menos al principio. estaciones vacías. Después vino el tren lento a través de los campos inver- nales. M e enseñaron el re- corrido de la clientela. había llorado a mi vez y me había escapado de popa a proa para ponerme a soñar con América. E n aquellos tiempos todavía no odiaba nada ni a nadie. Ahí está- bamos solos y estábamos juntos. Pero du- rante ese trayecto permanecíamos lejos de todo. Lo primero fue cambiar los pantalones cortos por unos mamelucos. finalmente. Meses atrás. Lo que me esperaba al cabo de la travesía fue un puerto COmo todos. no alcanzaba a distinguir más 16 17 . Nos movíamos en una zona de vacío entre un mundo que ya no existía.

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