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—“Alta Espuma” ¿eh?

Lord Vakarian pareció atragantarse al mentarlo y no
entendí bien el nombre.

La muchacha asintió encima de su pecho. El roce de su mejilla era muy suave, y Ursa
sonrió. Estaba contento de volver a dormir en tierra firme, después de tan largo viaje
por el Mar Angosto a bordo del Tritón Azul, el bajel del capitán Vishay.

Había conocido a un miembro de su tripulación en una taberna de Lys, la Ciudad Libre.
Jugueteando con una de sus ovaladas monedas entre los dedos, el bardo lo interrogó
amablemente durante largo rato, mezclando en su conversación chistes y anécdotas
aderezadas con el famoso vino tinto del lugar, para aflojar más la lengua al ya ebrio
marino.

Al acabar la noche, el bardo apretó la moneda con fuerza contra el dorso de la mano
del marinero quién empezó a quejarse, para luego sonreír maravillado al ver grabada en
su piel la figura de una mujer desnuda. Con una palmada en la espalda, Ursa le lanzó la
moneda lysena y se fue. Al día siguiente, tras una breve conversación, Vishay lo aceptó
más que encantado como pasajero.

—¿En qué pensáis?

Ursa volvió en sí y se encontró aquellos oscuros ojos norteños mirándolo con
curiosidad y deseo.

—En el nombre de este castillo —mintió—, seguro que hay una bonita historia
tras él. Cuéntamela, Sílbhe.

La chica sonrió. Le gustaba cómo aquel apuesto bardo pronunciaba su nombre, con
ese acento tan exótico. Sílbhe deslizó la mano que acaricaba el pecho del bardo hacia
abajo, rodeando su miembro. Empezó a humedecerse cuando Ursa se estremeció de
placer, endureciéndose y, lenta, juguetonamente, se puso encima de él.

—Mejor os la muestro…

***

son mi especialidad —dijo desviando brevemente su mirada hasta su fardo—. cuando las tareas en la cocina están listas y la panza de nuestro señor llena. La rodeó con el brazo y dejó que ella se durmiera en su regazo.. Alta Espuma. sentándose en el último escalón—. pronunció una plegaria a su Dios y agradeció saber otra historia. […] —Extraído de las Crónicas de un Hombre Sin Rostro. Me gustan las historias que casi nadie sabe. cogidos de la mano. recuperadas por el Maestre Amargein. seguirían dentro de él. Mañana quién sabía… “Valar Morghulis”. Ursa casi consiguió olvidarse de algunas de esas historias. bajo aquí para despedir al sol. porque casi nadie baja hasta aquí —finalizó. Despertó a la muchacha y ascendieron. —Es una historia preciosa. son casi secretos… De hecho. Senescal de la Ciudadela durante el reinado de . de algunos de esos secretos y de algunas (¿todas?) partes de él. en ese día. Las otras. una que alguien más que él pudiera recordar. Sílbhe sonrió cuando la besó ante la cocina y las miradas risueñas del resto del servicio. En la base de aquel castillo. Cuando el sol surgió entre las olas. y la calidez del cuerpo de aquella hermosa muchacha encima de él. —… Casi nadie lo recuerda. con la espuma de las olas que se rompían muchos metros abajo bañándole los pies. a veces. con una sonrisa pícara—. —¿Sí? El bardo asintió en silencio. no me equivocaba al decirlo… Aunque dudo que pueda explicarla tan bien como tú —añadió. por aquellas escaleras bañadas por la espuma. murmuró. Un instante después la vida comenzaba de nuevo en el castillo de la Casa Vakarian. A mí me la enseñó mi abuela cuando era pequeña y. Casi.

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