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Fogwill, el sabor del encuentro

Fogwill, según dijo, escribió “Los Pichiciegos” en dos o tres días habiendo consumido
12 gramos de cocaína. Fue la primera novela sobre la Guerra de Malvinas. Escribió
durante el conflicto armado, apurado por concluir antes que ella terminara. Sabía que la
llegada del Papa le pondría fin al enfretamiento y que la guerra era el hambre. Gamerro
señala, acertadamente, que para consumir cocaína solo se necesita una nariz y un dealer.
Escribir es otra cosa.
Fogwill se dedicó a escribir y en esto empleó su vida. Preguntado acerca de cuándo
comenzó a hacerlo, respondió que escribió desde siempre. Fue una suerte de prodigio,
un adelantado, cosa que lo hizo alumno de la Facultad de Medicina a las 16 años.
No sólo fue poeta, cuentista y novelista. Fundó una compañía de publicidad, llamada Ad
Hoc, y la editorial Tierra Baldía antes de comenzar a publicar. También estuvo preso
por estafa y para escribir tranquilo.
Como publicista dejó alguna curiosidad: se le encargó escribir los chistes y los
horóscopos del Chicle Bazooka. También se le debe el slogan “El sabor del encuentro”.
Una publicidad de Coca Light, que mal usa su poesía, figura entre las mejores del país.
En su agencia, ubicada a pocos metros de la antigua sede de la EOL, escribía y leía
poesía a sus empleados. Sandra Russo, Emilio del Guercio y Alan Pauls trabajaban allí.
La escritora Inés Fernández Moreno también. Ella recuerda que Fogwill consumía
“cocaína muy libremente adelante de todo el mundo. Tenía abierto su escritorio, vos
entrabas y se estaba dando un saque. Te ofrecía café, cigarrillos, yerba, coca: estaba
todo disponible”.
En sus escritos la droga también está presente, pero no simplemente como tema. Quizá
“Help a Él” sea de lo mejor que escribió. Difícil es saberlo. Se trata de una variación del
Aleph de Borges, donde gran parte del cuento está escrito desde el punto de vista de un
sujeto drogado. En Fogwill la droga es una estética y una irreverencia.
Preguntado acerca de qué era el arte, dijo necesitar unas 40 hojas y varios píe de
páginas. Sin embargo atinó alguna definición. “El arte es hacer operaciones sobre la
palabra”. También explicó cuál sería esta operación del arte: “(…) hay un arte en ocultar
que uno es un recién llegado a la lengua. Y hay un arte también para resaltar eso”.
Fumaba desde los 16. Entre sus cuentas más importantes se encontraba una afamada
tabacalera. El final de sus días estuvo signado por un enfisema. Rechazó el trasplante de
pulmón; no quería ser habitado por un cadáver ni promover la industria del trasplante.
Sin aire en los pulmones, experimentó la muerte el 21 de agosto de 2010.