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Mario Vargas Llosa

EXTEMPORÁNEOS
¿Lo real maravilloso
o artimañas literarias?
Carpentier solía afirmar que su falta de imaginación lo llevó a ficticia– de las luchas independentistas
y de los primeros años de vida soberana
construir sus novelas sobre bases históricas, con la sorpresa de de Haití. La doctora Speratti-Piñero
que la realidad americana era en sí misma mágica. Vargas Llosa prueba que prácticamente no hay en la
novela un solo personaje (ni siquiera Ti
demuestra en este ensayo, al analizar El reino de este mundo, Noel), ni un episodio, y aun detalle o mo-
cómo tras este supuesto se esconde un gran artificio literario. tivo que no tenga raíces bibliográficas.
Y, sin embargo, de esta comprobación no
resulta, en modo alguno, empobrecida
uando Alejo Carpentier afirmó: Ciudad del Cabo, las ruinas de Sans-Sou- la originalidad de El reino de este mundo ni

C “Yo soy incapaz de ‘inventar’
una historia. Todo lo que escribo
es ‘montaje’ de cosas vividas, observa-
ci y buena parte de los lugares donde ocu-
rre la novela. Pero si este viaje disparó la
imaginación de Carpentier sobre el
el talento creativo de su autor. Por el con-
trario, la exposición de las fuentes utili-
zadas por el novelista cubano sirve para
das, recordadas y agrupadas, luego, en mundo de Henri Christophe y las largas desvelar, de manera íntima, el procedi-
un cuerpo coherente”1 dijo una verdad luchas por la independencia de Haití, los miento de transmutación de una reali-
muy mentirosa. Porque, aunque es cier- verdaderos materiales que utilizó para dad histórica en realidad ficticia de que
to que su material de trabajo para crear El reino de este mundo no fueron cosas que Carpentier se valía para emancipar su fic-
ficciones era la historia documental, vio y oyó, sino que leyó. También en ción de todo sometimiento o dependen-
las fuentes escritas para investigar el pa- este caso, como en todas sus ficciones cia de sus fuentes e imponerse al lector
sado, también lo era que, en el proceso futuras, su inspiración fue libresca. como un mundo original, dotado de
de convertir en novela aquella materia Los críticos que se han ocupado de unos rasgos y movimientos, colores, le-
prima, sometía ésta a una transformación esta novela –Roberto González Echeva- yes, personajes, acciones y de un sistema
tan radical que en la ficción pasaba a ser rría, Richard A. Young, Nury Raventós temporal absolutamente propios e in-
una realidad inventada de pies a cabeza, de Marín y otros– han subrayado que casi transferibles. Pocas veces, en la crítica
emancipada en cuerpo y alma de su todos los personajes y sucesos de El reino latinoamericana, un trabajo de paciente
modelo. Deshacer y rehacer la historia, de este mundo tienen una corresponden- erudición ha sido tan fecundo para ilu-
mudada en ficción, era la manera propia cia en la realidad histórica. Pero quien minar el encaminamiento mediante el
de Carpentier de inventar historias. ha llevado a cabo el más exhaustivo tra- cual un escritor de genio saquea el mun-
Alcanzó, en esto, una maestría consu- bajo de arqueología de las fuentes que do real, lo desmenuza y reconstituye con
mada, a partir de 1949, cuando apareció aprovechó Carpentier es Emma Susana la palabra y la fantasía para oponerle una
su primera obra maestra, El reino de este Speratti-Piñero.2 En su notable investi- imagen literaria.
mundo, acaso la mejor de sus novelas y una gación, demuestra que la novela es un Ningún lector que se enfrente a esta
de las más acabadas que haya producido “mosaico increíble” de datos históricos, novela sin estar al tanto de su gestación,
la lengua española en este siglo. (Antes, mitológicos, religiosos, etnológicos y so- sospecharía que todos los sorprendentes
en 1933, había publicado una novela ciológicos recogidos por Carpentier en acontecimientos y los inusitados perso-
regionalista, ¡Ecué-Yamba-O!, que, luego, libros de viajeros, historiadores, en co- najes que la pueblan son “históricos”,
con perfecta lucidez, desdeñó.) El pun- rrespondencias, artículos especializados, ni siquiera realistas. La historia que
to de partida de El reino de este mundo fue biografías y manuales de mera divulga- cuenta parece mucho más cerca de lo le-
un viaje que hizo a Haití, en 1943, ción o popularización, refundidos y gendario, lo mítico, lo maravilloso y lo
acompañando al actor Louis Jouvet, en organizados en un orden compacto pa- fantástico que del mundo objetivo y la
el que visitó la Ciudadela La Ferriere, la ra dar una versión literaria –es decir, pedestre realidad. Pero esta impresión no
1 Jaime Labastida, “Alejo Carpentier: realidad y conoci- 2 Pasos hallados en El reino de este mundo, El Colegio de Méxi-
resulta de la historia que El reino de este
miento estético”, Casa de las Américas, xv, 87 (1974), 21-22. co, México, 1981. mundo cuenta, sino, exclusivamente, de

3 2 : L e t ras L i b r e s E n e ro 2 0 0 0

Pero. realzados de esta manera repetir. De este estilo. no nie. siempre. pero se podría llamar. tejándola con los hechos históricos que le to con exactitud: “reducción. que El reino de este mundo cubre un perio. cráteres. el tacto. es de una gran precisión a la hora media entre la conspiración del manco El narrador se vale de las mayúsculas de designar el objeto y describirlo. es- El reino de este mundo es. de dioses. de lo do de unos ochenta años –de 1751 a 1830 intención y de tono” (p. gico. dispuestos en fila. pero. Este estilo repre. se va transformando en algo lidad. Enemigo. esta averiguación es impo. Señor del Mar. que. las Muletas de Legba. Brise-Pimba. la voz engolada del sirven de materia prima. entre mático. La cualidad plástica del estilo hace que quiénes son y creen en ellos (por un si- lidad inventada: el tiempo. por supuesto. ciñéndonos a los datos contenidos sobre los otros. en torno fugazmente la realidad ficticia. brando la realidad ficticia de misterio. en su prólogo de 1949 el narrador cuenta la novela. el Falso lujosa. –muchas de ellas extraídas de dicciona. Un estilo en gas referencias temporales (“Sobre todo de los Caminos. en las largos. La historia La perspectiva mítica: los mundos del narrador un nivel sagrado al que sólo se accede a de la novela no avanza como el tiempo No menos notable ni original que la in. agrie- lector tiene a menudo la sensación de que a los cuales parece girar todo lo demás. como el narrador. lo amanerado no esto habían transcurrido veinticinco Reales. eliminando todas las fechas –no hay ciones del Gran Juez. reales. sión espiritual o mágica en la realidad la hora de adjetivar– es la sensorialidad sible. leyendo esta novela lo llama Carpentier. sin vención de un sistema temporal ficticio. de la impresión de un transcurrir. Y cada coloca cerquísima de aquellos creyentes). Como no están narrador para dotar al mundo ficticio de de quien sólo llegamos a averiguar con definidos ni explicados. Toda ficción el lector sienta que. pero desconectados legendario o mítico–. nuoso narrador que para nombrarlos se tiene un tiempo. además que. ella. un espacio que. senta. “real”. desde la pers- como si aquéllos no estuvieran enlazados do a partir de un espacio y una historia pectiva de los personajes cuya credibi- en una secuencia. años”. y co. com- discurso escrito. de lo corregido y repensado. la Batería de las Princesas el que. lísimos movimientos de un narrador halla en las antípodas del que finge lo Aunque. cambio de tado. se vale el hilo conductor de la historia. también. la oralidad. sino yuxtapuestos. de modo que. pero sin der opera desde la sombra en los hechos tiene un tiempo propio –una sucesión o integrarse en un transcurrir parejo y siste. su relato. más o menos– pues ese es el tiempo que teriales recogidos en las fuentes librescas. sin insistir ni trabajo agrícola obligatorio. creado para ella y por no pasan sino hay muchas cosas. hechos centrales.la astuta y originalísima manera en que temporal. una sola en el libro– y limitándose a va. ingenuidad o miedos y esperanzas conservando cada uno su autonomía esencialmente distinto –real maravilloso sostienen en pie aquella dimensión E n e ro 2 0 0 0 L e t r a s L i b r e s : 33 . la Puerta Única. Caplao-Pimba. podemos decir desmembramiento. más bien. saliendo de la ficción. de San Jorge y la San por todos los sentidos: la vista. de lo leído y premedi. y. aunque modela. de tanto en tanto. que fluye a la manera de un río. pese a su semblante fabri. salta de un es la creación del espacio en El reino de este nivel esté constantemente asomando en periodo a otro –de un cuadro a otro–. bierno republicano y la imposición del de un aura religiosa ciertos hechos. el Señor el olfato. La astucia del narrador hace que este detenerse nunca. de cámara lenta. el sabor. rraille. Ese tiempo es. gracias al estilo. que la señora Speratti-Piñero ha descri- espontáneo. los de las novelas “realistas”. tal del narrador. través de la fe y las prácticas mágicas. históricos y las peripecias individuales. por ejem. Más bien. los capítulos de la novela arman res malignos. desde la perspectiva de quienes ya saben lo aleja de la realidad real y lo vuelve rea. Y es. el que más certeza que muere muy anciano. lo cierto es o creencias. cado. es imposible establecer la edad de los Marinette Bois-Cheche y otros– son más otros. en cada capítulo. Trastorno. mundo. “…esto duraba ya desde hacía más los Loas del vudú –Loco. llamativos. ficticia: los Grandes Pactos. que. contradicción. El tiempo de capítulo consta siempre de uno o dos para el lector son figuras llamativas. una completa ilusión: una invención. acumulación de ocurrencias–. para impregnar de solemnidad y nimbar un extraordinario poder de síntesis: des. diosecillos y se- como ocurre en los grandes frescos. pero. Petro. el narrador ha borrado las pis. a la novela. una continuidad anecdótica que dé revelando que ella está hecha. Para crear ese tiempo propio. de pectáculos que. y que sólo existe allí. lla distinción ortográfica. las Ora- que la historia parezca entrarle al lector tas. y conjuros y otras fuerzas imágenes inmóviles de las pinturas. no hay flujo cronoló. de una manera menos surrealista. Ogún Fe- de el adorno realza lo vital. tanto que el gran concentración de vivencias. la manera como se las arregla para distinto. de doce años…”). incluida la del que sirve de que nombres propios que ameriten aque- ga lo que es –pura literatura–. curiosamente. El discurso el lector tiene la sensación de estar reco. Aguasú. redistribución. Por eso. espirituales cuyo benéfico o maléfico po- ta sensación se debe a que cada capítulo ticos que se complementan. seres cribe a pinceladas rápidas. de palabras rebuscadas rriendo una galería de grandes murales vez. Su característica mayor. gracias a los habi- rios y vocabularios especializados– se cronológicamente. a diferencia de plo. está reñido con la vida del cuerpo. binación. Ti Noel. un desfile de periodos temporales está. personajes. mencionados uno de sus rasgos prototípicos. van erigiendo una dimen- de la exactitud –nunca vacila ni yerra a en la novela. don. 106) de los ma- artificial. el oído. y de Mackandal y el establecimiento del go. Separados por intervalos a veces muy fantasmagórico. Esas estratégicas mayúsculas van sem- capítulo y capítulo. ampliación. tándola y revelando en ella un trasfondo el tiempo se ha detenido o sido abolido. colorean lentísimo.

los cañones de la La cantidad y variedad de estas enume. el contexto recuerda. y se muevan. la fantástica –entre lo objetivo y lo subje. conservando una míni. de tanto en sión o trastorno esencial en lo narrado. diríamos– asomar este procedimiento que va per- mundo). porque si todas las porcelanas de la costa. no capacidad de tránsito de que dispone. El tos. en objetiva no detecta. De este modo. originalísima novela no es el fantástico. llas propiedades que permiten a la mano ajíes minúsculos. se apropia de aque- alpistes sin nombre. servían para sujetar las puertas. de realidad objetivo y saltara a lo fantás. que sudaban en la noche. 1992. que está co. ta y pone en movimiento a la “rama gan- gregarias. en verdad. a un mundo maravilloso. como en la noche en el narrador hace gala de esa formidable filando una característica sui géneris. en el curso del relato. lo que introduce. sible gracias a la iniciativa de un perso. que sólo se hace vi. naje dotado de poderes especiales (en este tivo–. súbitas agitaciones. un espíritu. En la ciudad una suspendido. alcaparras de azufre. diante la omisión de ésta y la exclusiva consistencia esencialmente literaria. 132). a este método de narrar una variante del de las cosas de este mundo en forma de su arbitrariedad sólo se explica –y justi. Amílcar– y que algo tan y sospecho que hay más) van manifes. que. matas solitarias de ho. convertirla en fantástica. el narrador se las arregla Ciudadela tengan nombres propios –Es- raciones (he registrado una veintena. La omisión transforma a este ser jas velludas. Sin embargo. se acercan el efecto con la causa. estudio preliminar por Florinda Friedmann de Goldberg. tanto. impalpable como las “noticias” corran tando. a la rea- música. otros tres por conjuntos o asambleas de objetos que. Dicho así. por eso. mento. invisible. todos de grandes colectividades a veces. en el que no hay fronteras esenciales en- entonces desconocida familia: “Era como to de vista) de uno o varios personajes. por igual de lo vivido y lo fantaseado o ejecutora a la “rama ganchuda”. leyendas y los mitos coexisten. las esquinas adelantaban el filo y la hu- los caracoles que yacían solitarios y pe. o fingir tal cosa me- realidad ficticia. irreconocible a través de la za. ma –a veces infinitesimal– distancia mundo de este cariz. de libre albedrío. algo más sin. utilizando a veces el estilo indi. en la que. dependencias” (p. dad y sus efectos inesperados. a las cámaras y na. en el tope de los Moles. procedimiento y lo definen como una Además de las mayúsculas. a desrealizarla y darle y afilian obedeciendo a íntimos manda. paz de traspasar lo ordinario y detectar soñado. Para efectuar esta transformación Casi en cada capítulo del libro. mo a caballo entre la realidad histórica y la periferia del episodio. el omitido Ti Noel. y. que en un hubieran puesto a cantar en coro” (p. las túneles y corredores. da ta. devoran la experiencia histórica. Todas las citas son de esta edición. subjetividad. la que de pronto llama e integra recto libre y a veces no. para todo lo que existe tiene una vida propia: los lambíes indios. El reino de este mundo. Barcelo- vida objetiva. dispersa y hasta (que conviene no confundir con el pun. em. que. “Los techos estiraban el alero. No es así. la impresión de que el narrador. La mano de Ti Noel que suje- este u otro mundo) y acciones en unidades alma. de la información. para impregnar subjetivamente de mila. paredes”. dotadas de patas: “Pronto manteniéndola levemente sujeta a la las noticias bajaron por los respiraderos. se estos personajes. lo torna sujeto actuante. todos la materia es artículo de fe. 3 4 : L e t ras L i b r e s E n e ro 2 0 0 0 . de ellos. 68. allá. do de la voz humana…”3 No se trata de experiencia racional del lector. y mostrando a las co. de que meter en un saco que se lleva al hom- secuencia narrativa a objetos y seres (de vivificar lo material insuflándole un bro” (p. atraídas y emparentadas por una sas de manera que parezcan dueñas de chuda” ha sido abolida. 147). de una percepción ca. y cuya ambigua sustancia se nutre que es quien en verdad vuelve activa y caso Mackandal). figura retórica que consiste en confundir procedimientos contribuyen a mitificar la desbordando sus confines. empero. gro y maravilla una realidad histórica. lo anima e independi- sensitivas que se doblaban al mero soni. sino un sonido. aunque esto ocurra en el curso de estas meras enumeraciones. tación –a ese pase de prestidigitación del co secreto entre cosas que la simple visión sino el mítico o legendario. ficticia a organizarse de manera serial. –en eso consiste su astucia– jamás se com. tre lo animado y lo inanimado. en la perspectiva lidad ficticia: la de un mundo panteísta en una unidad a una vasta. predisposición congénita de la realidad Los críticos llaman metonimia a este promete pues nunca le da su propio aval.Vargas Llosa : E L R E I N O D E E ST E M U N D O mágico-religiosa con la que el narrador profundo que un adorno retórico: una nudo. a me. de total pasivo en activo. Este orden soterrado de la realidad exposición de aquél. abandonara el nivel (a Ti Noel) convertir la rama en instru- entre las piedras. Edhasa. que estallan las trompas del caracol. tico. p. debido a ese movimiento de ocul- aluviones de objetos delatan un parentes. cipión. estas cascadas o El territorio en el que transcurre esta frases. al eliminar una parte importante se despliegan ante el lector como una cin. una se coloca. A veces. 3 Alejo Carpentier. vemos lo extraordinario (el orden secreto del del objeto –su humanización. produce una subver- ta animada. y inmensamente atractiva por su singulari- es un ser humano. bejucos que tejían redes pleando este recurso. todos los abrojines que quienes aquella animación recóndita de un espíritu. hay alguien. sin identificarse con el punto de vista de medad no dibujaba sino oídos en las trificados. No es raro. Yo prefiero llamar primero consiste en reorganizar el orden no es objetivo y por lo mismo verificable. sin embargo. Aníbal. 96). bruscos El segundo procedimiento consiste en rama ganchuda encuentra siempre cosas reordenamientos que agrupan en una dotar a lo inanimado de animación. la adopción de una elip- desfiles o colectividades compactas que fica– en función de una perspectiva sis. automáticamente. en este tiempo lentísimo y casi Las cosas animadas “La ciudad es buena. narrador–. de modo que és- recóndita sanguinidad: “La mano traía iniciativa. dato escondido. subjetiva (mágico-religiosa).

las cocinas. pero mucho más la culminación de una aventura semi- narrado según este procedimiento: la ani. La extraordinaria eficacia de nas o hechos que de este modo alcanzan espíritu embrujado de Solimán que ha la prosa. dio. consiste. el narrador se ha acercado tanto al la colonia. en su cuidadosa elec. registrar pasa por ser la realidad. “De Profundis”. narrador se las arregla para conservar Otro de los cráteres de la novela es consigue un efecto de suceso sobrenatu. Ilustración: LETRAS LIBRES / Adriana Flores Fernández Uno de los episodios más deslumbran. a la muerte. porque. repetir sobre la estatua los antiguos ritos. El tercer procedimiento. moverse. de parte prodigiosa. Me refiero a la rebelión del subjetividad que lo que ésta registra o cree Borghese en las que “un mundo de esta- manco Mackandal. se ha ocurrido. fuera de juicio. de plaga demoniaca. y esta idea lo pone naje movedizo y siniestro. de la muda farmacias. mítico. se vista propio. y el miedo que ella propaga en la comarca. que contamina de muerte y po. Éste adquiere independencia moviéndose entre distintos planos o nive. de una consecuencia cuya perspectiva ha adoptado para na. nar a los blancos de la colonia mediante dor de El reino de este mundo está siempre hacerle señas. el más arriesgado y radical tiene la certeza de que está masajeando del Norte…”– y aparece como un perso. –“El veneno se arrastraba por la Llanura les de realidad. Sin embargo. en la que el masajista acaba mación de lo inerte a través de datos del narrador. siempre su autonomía –un punto de la transformación final de Mackandal ral. de sus desplazamientos es éste. Colocándose en la perspectiva de Mackandal. ha conseguido una mudar a lo puramente fantástico. el mentario y a menudo utilizado al mismo antigua ama. es decir. hechizo o llegado casi a vivir el episodio desde la ción de las palabras. miento hacia aquella subjetividad colec- crito de la historia haitiana. Para ello. alucinado milagrosa. en narrar tan cerca de una de recorrer las galerías del Palacio escondidos. Pero el lector tiene la sensa- dredumbre los establos. racional y objetiva. una suerte de fantasmagoría. rrar–. al abolir a se mantenga dentro de una verosimilitud ción. Pero no lo es. difícil y sutil que éste. cuando Solimán reconoce en una estatua tiva: “¿Qué sabían los blancos de cosas de E n e ro 2 0 0 0 L e t r a s L i b r e s : 35 . dos de que el hechicero manco escaparía volver legendario. que parece. (la Venus de Cánova) el cuerpo de su tes de la novela –uno de sus cráteres–. Nada de ello. el diestro erizada crispación anímica del exiliado. tuas” le ha parecido animarse. dimiento aparece en otra de las más lla. tera– a saltar a lo fantástico. en Roma. Paulina Bonaparte. las panaderías y hasta el aire personaje crédulo –creyente. un hecho muy concreto y circuns. y convenci- admirable muda en la realidad ficticia: Un buen ejemplo de este proce. está enteramente tiempo que el anterior. en verdad. el narrador inicia el desplaza- tural. mativas escenas de la novela. para nunca ese pueblo de seguidores de Mackandal buidor de venenos. plural. es decir. reunidos en torno al patíbulo. el manipulador y distri. casi sobrena. El narra. comple. Luego. diferenciado del personaje –un hombre al que los esclavos creen do- trata de un “efecto”. quien trata de elimi. quien. Esta es V. cuando empieza a el veneno. de modo que la historia ficticia mudarse en animal– el día de su ejecu- tivos del narrador. que lo lleva el cadáver de Paulina. de psicológica de los doctos alardes narra. las sitúa para narrar en la perspectiva de un ción del hecho maravilloso. tado de poderes licántropos. transpirar la ponzoña encantamiento. para narrar el episo- que respiran los dueños y hacendados de o supersticioso– y narra desde allí esce. velocísimo y casi –pero sin nunca franquear esta fron.

mágico. ciempiés. tan seductor. el narrador ha ner aunque sea con la punta de un pie el se burló de los surrealistas europeos. ¿Se villoso. avispa. tilo impone a todo el episodio. ~ en el fuego…” Las mudas del narrador llas metamorfosis desde muy cerca. gros con que suelen etiquetar a menudo mején. sean sólo de cuatro élitros o de largas antenas. quien. y el cuerpo del negro espigó en el pero nunca en pura fantasía. y cuya perspectiva narra. hormiga. plo. poco Washington. ilusiones. tarántula. volando por sobre las cabezas…”. ron. que transforma. co. y regresa a un nivel histórico. sino del realidad objetiva. Sin comprometerse él mismo. para narrar “que muy un hombre muy anciano que vive de his. a la hora de escribir novelas. El narrador narra aque. se vuelve ave. DC. o mítico. de vuelve de veras todas estas cosas? Es ya objetiva de la historia haitiana. objetivo de la realidad americana. que experimenta. pero falsa. sí. era metido de cabeza ginario que real. en un mundo más ima. expresan las creencias del vudú. do al lector de las mudas y alteraciones eso. aseguró. demuestra su novela. como aire. en leyenda y mito. Por ejem.Vargas Llosa : E L R E I N O D E E ST E M U N D O negros? En sus ciclos de metamorfosis. falena. se da maña para mante. distrayen. Carpentier enarboló la bandera aquella creencia en las aptitudes lican. nos dice. no resulta de una descripción mítica. en cada caso. dad de que aquellas transformaciones que humano con la posesión de varias patas. La teoría es bonita. entre estos distintos niveles de realidad menos que confundido con esa mente Mackandal se había adentrado muchas son inapresables en el curso de la lectura. (p. luego de este clímax el en su senectud. desquitándose de la falta de un brazo están hechos. pero. pa- preparado el clima para el milagro. rarias que el novelista cubano empleaba por diez soldados. como los mila- Había sido mosca. de veces en el mundo arcano de los insec. centenaria y en proceso de disolución. DICONSA 3 6 : L e t ras L i b r e s E n e ro 2 0 0 0 . En el prólogo que escribió para esta cediendo toda la responsabilidad de encantamiento o milagro a lo narrado. o mara- narrador abandona aquella perspectiva garañón. a la ra los que. creencias. como en la ejecución de lo “real maravilloso” como un rasgo trópicas del manco. lo “maravilloso” hecho sobrenatural: “Sus ataduras caye. novela. consumado manejo de las artimañas lite- pocos vieron que Mackandal. ganso. vaquita de San Antón El narrador emplea muchas veces los creyentes los hechos insólitos o que y hasta cocuyo de grandes luces verdes” estos cambios de nivel de realidad para parecen romper la normalidad. el contacto con esa realidad histórica. noviembre de 1999. agarrado torias y recuerdos. imprimir una atmósfera de hechizo. y por la unidad que el es. en los años finales de Ti Noel. 84). por la delicadeza y velocidad con que modo que así quede abierta la posibili- tos. a aquéllos desde de Mackandal. donde el mundo Sin embargo. “nunca fue sino una artimaña literaria”.