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Lunes, 19 de juLio de 2010 www.Publico.es

Culturas
Reportaje

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L

madrid

braulio garcía jaén

Karl Kraus. El periodista austriaco dejó sin publicar su crónica del nazismo

a pregunta sobre si se podría seguir escribiendo después de Auschwitz no se había formulado todavía, porque Auschwitz, en 1933, no había tenido lugar. A Karl Kraus, sin embargo, ya le había invadido esa pregunta, porque pudo imaginárselo. La tercera noche de Walpurgis, quizá la más clarividente crítica del nazismo escrita antes de que se materializara el infierno que su fraseología informaba, fue su respuesta, pero no la publicó. El lector en español dispone ahora de una reedición de este libro que desde su primera frase –“No se me ocurre nada sobre Hitler”– está arrancado al silencio. De Karl Kraus (1874), poeta, dramaturgo y periodista austriaco, tres veces candidato al Nobel, apenas había traducciones disponibles en castellano. “Había una deuda pendiente con Kraus, que es una figura muy relevante del siglo XX”, dice Sandra Santana, autora de una tesis doctoral sobre su obra, y que da por restituida parte de la deuda con esta reedición, junto con la también reciente de Escritos (una selección de artículos) y otras tres obras que se imprimirán en el próximo medio año. Kraus, fundador y director de Die Fackel, la revista de la que publicó 922 números entre 1899 y 1936, año en que murió (“demasiado pronto”, según Walter Benjamin), y que a partir de 1912 no tuvo otro redactor, ni corrector ni editor que él mismo, ya había optado por el silencio al comienzo de la Primera Guerra Mundial. A finales de 1914, lo rompió con un artículo, En esta gran época, escrito para anunciar cuán pequeña, bajo las bombas, acabaría siendo: “En esta época ruidosa que retiembla con la sinfonía estremecedora de acciones que provocan noticias y noticias que disculpan acciones, en una época así no esperen de mí una sola palabra propia. Ninguna salvo ésta, justamente la que protege aún al silencio de ser malentendido”. “Su revista fue la única que siguió publicando cartas de los soldados y artículos muy críticos con la guerra. Es verdad que pudo hacerlo gracias a su independencia económica y a sus amistades en la primera plana política, administrativa y militar”, explica José Luis Arántegui, traductor y compilador de Escritos (Visor). Acantilado publicará a principios de 2011 una selección de mil páginas de Die Fackel, además de un ensayo de Santana sobre su autor.

‘La tercera noche de Walpurgis’, escrita en 1933, alertaba contra el exterminio que Hitler pondría en marcha

Silencio: AuSchwitz Se eStá geStAndo

El silencio de La tercera noche de Walpurgis (Hiru), sin embargo, es otra cosa. No se trata de “esa estrategia retórica” que subraya Santana, utilizada otras veces como “estrategia de expresión frente a lo que está ocurriendo: por ejemplo, frente a la represión de una huelga, interrumpe la publicación de su revista”. Tampoco de su repentina muerte, aunque es verdad que había estado corrigiendo las galeradas de este libro (y las correcciones podían ocupar a Kraus durante meses y años), sobrevenida poco después de que lo atropellara una bicicleta en abril de 1936. No. Respecto a las circunstancias históricas, él mismo dedicó un número de su revista, en julio de 1934 y titulado ¿Por qué no se publica Die Fackel?, para explicarlo: “Está el peligro de que por actos polémicos cuya utilidad no se podría demostrar se produjeran sacrificios humanos por la mera sospecha de que estas personas sean partidarios del polemista”, se lee al principio de ese ejemplar, según traducción simultánea y telefónica de Adan Kovacsics, traductor de la versión para teatro de Los últimos días de la humanidad, que publicará también Hiru en otoño.
Metáforas encarnadas

La tercera noche de Walpurgis, sin embargo, incluye el silencio como argumento y no sólo por motivos prácticos. Es, en parte, la impotencia de la sátira que sobreviene porque la realidad ya es una sátira, y sangrante, resume Arántegui. “El nazismo lo supera, de ahí que el libro sea algo abierto, porque sigue llegando material, cada vez más y cada vez peor”, añade Kovacsiscs. El hitlerismo fue antes que nada una forma de hablar:

encantador y satírico del apocalipsis
el noveno hijo de una familia judía adinerada, Karl Kraus nació en 1874 en lo que hoy es Jicin, República checa, entonces la bohemia austrohúngara. Antes de fundar su revista ‘Die Fackel’, abandonó los estudios de Derecho y el doctorado de Filosofía. ‘satírico apocalíptico’, según definición de su biógrafo edward Timms (Visor libros), los testimonios que sobre él se han recogido hablan de un hombre encantador, afable en el trato, demoledor cuando de escribir se trató. la mujer de su vida, sidonie Nadherny, siempre estuvo casado con otro. Él murió en 1936.

Karl Kraus en 1917.

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«No se me ocurre nada sobre Hitler», escribió Kraus al iniciar su alegato B. Brecht: «Él era la mano que su época alzó contra sí misma»
“Un discurso que materializa las metáforas”, según el mismo Arántegui escribe en su epílogo a Escritos. El regreso a las esencias a través de una retórica incendiaria –intuyó Kraus– se iba a demostrar metiendo fuego a Alemania y Europa hasta reducirlas a ceniza. “La versión de que ‘a ningún judío se le ha tocado un solo cabello’ ha podido ser mantenida porque está comprobado que es la única forma de tratarlos que no se ha puesto en práctica; mientras que a muchos se les ha cortado todo el pelo al cero”, se lee en este libro escrito poco después de la llegada de Hitler al poder, en 1933. De su aparato propagandístico, ayudado involuntariamente por todos los que repiten sus mensajes sin entender lo que implica repetirlos, Kraus sabe (como Goebbels) que es así como el nazismo devora cualquier discurso que quisiera resistírsele. Frente, por ejemplo, a las detenciones preventivas por motivos políticos: “A esos insatisfechos les toca en suerte la prisión preventiva, la desintegración de sus agrupaciones, e incluso la constatación a través de la oficina Wolff de que dicha desintegración no tuvo lugar”. La agencia de noticias Wolff informaba puntual y eficazmente de las bondades del nazismo, según puede com-

probarse todavía consultando la hemeroteca, por ejemplo, de La Vanguardia . No deben confundirse, sin embargo, las dudas de Kraus, con ninguna mistificación del exterminio de los judíos como si fuera algo inexpresable. Él mismo detestó esa mistificación por adelantado. No hay que atribuir a la lengua la impotencia e irresponsabilidad de los que la usan. Karl Kraus: “Si uno consigue ganarse a la lengua, ni siquiera un acontecimiento como el de Hitler podría usurparle el pensamiento”. “Antes que Hitler, cualquier cosa”, fue, según Arántegui, la razón por la que él, más o menos socialdemócrata, acabó apoyando al canciller socialcristiano Dollfuss, ante la incapacidad de los socialdemócratas para comprender –aunque no le faltaban indicios entre sus militantes torturados– lo que Hitler suponía. “Nada más fatídico que la actitud de un liderazgo que con un nuevo aliento avanza veloz hacia la ruina pero no logra recobrarlo para decir la verdad”, escribió Kraus, judío, sobre los que eran sus compañeros de viaje (al campo de concentración, se entiende) sin saberlo. “Cuando su época alzó la mano contra sí misma, él era esa mano”, escribrió sobre él Bertold Brecht. Una cosa es el silencio y otra la fatalidad. El libro de Kraus reconforta al menos porque, mirando de frente al desastre, no le concede en ningún momento el carácter de inevitable. ¿Cómo enfrentarse a él? Es a eso a lo que Kraus se niega a responder, porque habría sido liberar de su responsabilidad a cada uno de los lectores. “Sobre la responsabilidad personal, no hay nada que decir”, repite Arántegui, su traductor. Karl Kraus perdió la voz tras ser atropellado por un ciclista. Murió el 12 de junio de 1936.D

BIBLIOGRAFÍA

Karl Kraus en castellano
> ‘LA TERCERA NOCHE DE WALPURGIS’, HIRU, 2010. Escrito en 1933 frente al ascenso del nazismo, Kraus no lo publicó finalmente por miedo a las represalias que pudieran descargar contra conocidos y partidarios que el libro cita. > ‘ESCRITOS’, VISOR, 2010. Una selección de artículos publicados por el autor en su revista ‘Die Fackel’, acompañada de un incisivo epílogo del traductor José Luis Arántegui. > ‘PALABRAS EN VERSO’, PRETEXTOS, 2005. Kraus, poeta. Selección y traducción de Sandra Santana, autora de una tesis doctoral que publicará Acantilado en febrero de 2011. > ‘DICHOS Y CONTRADICHOS’, MINÚSCULA, 2003. Kraus en comprimidos. Todo el ácido de su estilo, concentrado en aforismos, género que cultivó sobre todo a partir de 1905. > ‘CONTRA LOS PERIODISTAS Y OTROS CONTRAS’, TAURUS, 1998. Reedición de la traducción de Jesús Aguirre, se trata también de textos aforísticos, aunque de variable extensión. Además de los periodistas del título, la guerra de los sexos, la moral, el derecho y la política, son objeto recurrente de sus reflexiones. > ‘LOS ÚLTIMOS DÍAS DE LA HUMANIDAD’, TUSQUETS, 1991. Un “collage” documental y descomunal, construido con frases, titulares y personajes que Kraus fue encontrado por la calle, en los cafés y en los periódicos, durante la Primera Guerra Mundial. Un drama “irrepresentable”, por lo que preparó luego una versión para teatro, que publicará Hiru el próximo otoño. Ambas, traducidas por Adan Kovacsics.

Culturas Los latinoamericanos suceden a Larsson
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Responsable de la edición: Peio H. Riaño p culturas@publico.es

La corrupción y la crisis globalizan el género negro
contar a los escritores andaluces invitados me salieron catorce”, afirma. Entre ellos, el sevillano Juan Ramón Biedma (El humo en la botella, Salto de página) y el cordobés Francisco José Jurado (Benegas, Almuzara). Esta globalización del género y su paradójica concreción en países como Argentina, se basa en las actuales convulsiones que sufre el mundo. La crisis económica –algo de lo que saben bastante los argentinos tras el corralito– con las caídas de las bolsas, los recortes sociales, el colapso generalizado del sistema capitalista y el enfado ciudadano son un material de primera fila para todo autor, aunque no sea un especialista en novela negra. El colombiano Mario Mendoza, así lo ve: “En EEUU no hay dinero para los inmigrantes pero sí para pagar a la General Motors. Esto está empezando a ocurrir en Europa. El mundo va a ser cada vez más negro y ahí está la novela negra para contarlo”.
Novela de reportajes

Paco Taibo II (izq) y Álvarez Areces, ayer, en Gijón.
GIJÓN

EFE

PAULA CORROTO

ACANTILADO EDITARÁ UNA SELECCIÓN DE MIL PÁGINAS DE LA REVISTA DE KRAUS

Una «antorcha» para iluminar un imperio a oscuras

1 de Abril, 1899
El primero de los 922 números de ‘Die Fackel’ apareció en Viena, capital del Imperio Austro-Húngaro, poco después de que su fundador, Karl Kraus, rechazara encargarse de las páginas nobles del prestigioso diario ‘Neue Freie Presse’. Tenía 24 años. “Ojalá ilumine ‘La Antorcha’ una tierra en la que, a diferencia del imperio de Carlos V, nunca se alza el sol”, escribió. Acantilado editará una selección de mil páginas traducidas por Adan Kovacsics en febrero de 2011.

Escaparate y quirófano
Los apellidos más brillantes del primer tercio del S. XX europeo desfilaron por ella: Schöenberg, Wittgenestein, Brecht, Adorno o Freud. Y muchos enemigos también, atrapados al pie de la letra. “Llama a la palabra por su nombre, la arranca de forma destructiva de su contexto y, precisamente por eso, la devuelve a su origen”, escribió Walter Benjamin sobre su demoledora técnica para las citas. ‘Die Fackel’ está disponible on-line.

Ejemplar de ‘Die Fackel’

3 Después de la marea nórdica, llegada junto al fenómeno Millenium de Stieg Larsson, es hora de enfocar la mirada hacia otros autores. La reciente Semana Negra de Gijón ha demostrado que existe un grupo importante de autores, en su mayoría españoles y latinoamericanos, cuyas novelas retratan la decadencia de sus respectivos países. Además, son escritores que no están encorsetados por el género. Como en un buen guiso, mezclan el crimen con la política, hacen un retrato familiar e introducen elementos de la cultura pop. Esta focalización hacia Latinoamérica y España muestra la depuración de las nacionalidades en este género. Ya no pertenece al ámbito anglosajón y ni siquiera pueden apropiárselo ahora los escandinavos. Según el director de la Semana Negra, Paco Ignacio Taibo II, la clave está en que este festival ha sido fagocitado por andaluces y argentinos. “Me quedé bastante sorprendido, pero cuando me puse a

La Semana Negra, “un éxito” a pesar de la crisis
La venta de libros durante la Semana Negra de Gijón, celebrada entre el 9 y el 18 de julio, se redujo en un 33% con respecto a 2009. Según señaló ayer el director del festival, Paco Ignacio Taibo II, entre vendidos y regalados por las 27 librerías se llegó a los 35.985 ejemplares. El año anterior, llegaron a los 54.000. Aunque la crisis haya podido causar la caída de las ventas, la economía no ha hecho efecto en el número de visitantes al festival. Este año, 845.000 personas han paseado a lo largo de diez días entre librerías y puestos de churros. También es la edición que más escritores ha congregado. Hasta 152 autores de 14 países participaron en las mesas redondas y presentaciones. “La cultura es el balón de oxígeno de la sociedad”, dijo Taibo. Y, precisamente, por la crisis, “había que tirar la casa por la ventana y ha sido un rotundo éxito”, añadió.

Sin embargo, esto no significa un triunfo del realismo. Es quizá el género que con mayor soltura denuncia a una sociedad y sus desigualdades, pero como dice el escritor argentino Raúl Argemí, ya no estamos hablando de realismo-socialista en el que los ladrones eran ladrones. Las novelas de Gabriela Cabezón, La Virgen Cabeza, con su delirio argumental y juegos del lenguaje, y la de Guillermo Orsi, Ciudad Santa, con su tono paródico, son prueba de ello. La consecuencia de este proceso en el que parece que la novela negra es capaz de asimilarlo todo es la progresiva importancia que cobra la novela de reportajes. Ahí está el ejemplo de Sangre joven, de Javier Sinay, uno de los triunfadores de la Semana Negra. Para Luisgé Martín, autor de Las manos cortadas, “es un cóctel explosivo” al que se puede sumar “un subgénero como la novela de corrupción”. Y en este caso no hay que ir muy lejos. El caso Brugal o la trama Gürtel podrían ser un buen argumento para una novela. Se cumpliría así la máxima de Carlos Salem: “En España cada vez hay más voces de novela negra porque el telediario ya nos satura”.

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