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TEMAS

DE MUJERES
Revista del CEHIM

Año 2 - Nº 2
2006
CEHIM – UNT
TEMAS DE MUJERES
Revista del CEHIM

Año 2 – Nº 2
2006

Centro de Estudios Históricos e Interdisciplinarios Sobre las Mujeres


Facultad de Filosofía y Letras
Universidad Nacional de Tucumán
San Miguel de Tucumán, República Argentina

Directora Editoras de este número


Hilda Beatriz Garrido Cristina López
Hilda Beatriz Garrido

COMITÉ DE ARBITRAJE

Hilda Habichayn (Universidad Nacional de Rosario)


Andrea Martínez (Universidad de Ottawa, Canadá)
Diana Maffía (Universidad de Buenos Aires)
Marta Bonaudo (Universidad Nacional de Rosario - CONICET)
María Clara Medina (Göteborgs Universitet, Suecia)
Judith Casali (Universidad Nacional de Tucumán)
Alejandra Ciriza (Cricyt – CONICET - Mendoza)
Enriqueta Bezian (Universidad Nacional de Tucumán)
Sandra Fernández (Universidad Nacional de Rosario - CONICET)
Gabriela Karasik (Universidad Nacional de Jujuy – CONICET)

Imagen de portada "Pachamama" Dando a Luz” de María La Placa


http://www.bolivianet.com/arte/marialaplaca/index.html

Centro de Estudios Históricos interdisciplinarios Sobre las Mujeres


Avda. Benjamín Aráoz 800 – San Miguel de Tucumán
Tel. 0381 4310570 - Fax 03821 4310171
E-mail: prensa@webfilo.unt.edu.ar http://www.filo.unt.edu.ar/centinti/cehim/temas_1.pdf

ISSN 1668-8600
TEMAS
DE MUJERES

REVISTA DEL CEHIM

ISSN 1668-8600
CONTENIDO

Presentación 6
Intelectuales, Género y Universidad 7
Nélida Bonaccorsi, Lidia Ozonas, Lidia Marina López
Discriminación Genérica y Heterosexualidad Obligatoria en la Producción del 16
Cuarteto Cordobés
Gustavo Blázquez
Mujeres visiblemente invisibilizadas. La antropología y los estudios de la división 29
sexual del trabajo
Liliana Bergesio
En defensa de la libertad sexual: discursos y acciones de feministas y 44
homosexuales en los ’70
Karina A. Felitti
Las mujeres en las organizaciones armadas de los ´70. Montoneros 64
Beatriz Garrido, Alejandra Giselle Schwartz
Ensayo sobre Antígona 80
Noelia Billi
Un abordaje desde el género a la militancia estudiantil de mujeres en colegios 94
secundarios San Miguel de Tucumán (1980/1985)
Gustavo Nicolás Salvatierra
Orientaciones para publicar 121

4
5
Presentación

Esta publicación es una invitación a conocer los resultados y los avances de


las investigaciones que realizan investigadoras e investigadores de diversas
disciplinas e instituciones académicas, que tienen como tema de interés el
estudio de la condición de las mujeres desde una perspectiva de género,
tanto en el pasado como en el presente.
El formato de la revista que editamos es posible por el avance de las nuevas
tecnologías de información que ponen al alcance de un público impensado la
producción reciente de profesionales reconocidas-os y de jóvenes
investigadoras-es. Esta forma de editar, además, permite mantener una
publicación continua y con permanencia.
Sin duda, consideramos un logro el haber podido llegar a concretar este
segundo número, que contiene los aportes de Nélida Bonaccorsi, Lidia Ozonas
y Lidia Marina López, docentes-investigadoras de la Universidad Nacional del
Comahue; de Gustavo Blázquez, docente de la Maestría de Antropología de
la Universidad Nacional de Córdoba; de Liliana Bergesio, antropóloga de la
Universidad Nacional de Jujuy; de Karina A. Felitti, investigadora del CONICET y
miembro del Instituto de Investigaciones de Estudios de Género de la
Universidad de Buenos Aires; de Noelia Billi, estudiante avanzada de la
Facultad de Filosofía y Letras, UBA; de Beatriz Garrido, docente-investigadora
de la Universidad Nacional de Tucumán y Alejandra Giselle Schwartz,
estudiante avanzada de la Carrera de Historia de la Facultad de Filosofía y
Letras, UNT, y de Gustavo Nicolás Salvatierra miembro del Centro de Estudios
Históricos Interdisciplinarios Sobre las Mujeres de la UNT.
Nuestro agradecimiento a las integrantes del Comité de Arbitraje,
destacadas profesionales en el campo de las Ciencias Sociales que aceptaron
con su nombre avalar esta publicación.

Las editoras

6
Intelectuales, Género y Universidad

Nélida Bonaccorsi•
Lidia Ozonas••
Lidia Marina López•••

Resumen

En el presente artículo pretendemos indagar acerca de la continuidad y discontinuidad en


el campo cultural en que se conforman las relaciones de género, y principalmente los
obstáculos de las mujeres en acceder a cargos jerárquicos, producto de la construcción de los
imaginarios sociales sobre la división sexual del mundo de la vida. Tratamos de demostrar la
distribución por sexo de cargos y funciones de la planta docente y órganos de gobierno.
Además establecer los modelos de relaciones existentes y prácticas de género como formas de
organizar el entramado de relaciones socio-educativas al interior de la Universidad.
El aporte metodológico consiste en el entrecruzamiento de los métodos cualitativos y
cuantitativos. Se aplicará el método de “análisis de contenido” para los datos cualitativos, los
que se relacionarán con los datos cuantitativos, aplicando distintos métodos de visualización
multidimensional de datos multivariados.

Introducción

El objetivo de este artículo es identificar los dispositivos intelectuales y las prácticas de


género concomitantes, como forma de organizar las redes de relaciones socio- educativas al
interior de la Universidad Nacional del Comahue. Presentamos dos estudios de casos: la
Facultad de Humanidades y la de Economía y Administración.
Nos proponemos enunciar algunas interpretaciones sobre las prácticas sociales y de
género que configuran el ámbito académico, político y de investigación en la institución
universitaria. Entendemos que en nuestra dinámica de comprender y explicar dichas prácticas,
nos implicamos también poniendo en cuestión nuestro propio quehacer en el ámbito
institucional. Al ser sujetos de la universidad estudiada reconocemos que se producirá una


Docente e investigadora del Departamento de Historia, Facultad de Humanidades, Universidad Nacional
del Comahue. Doctora en Historia con orientación en Estudios de la Mujer. Directora del Centro
Interdisciplinarios de Estudios de Género. Directora de la Especialización “Estudios de las Mujeres y de
Género”.
••
Docente e investigadora del Departamento de Historia, Facultad de Humanidades, Universidad
Nacional del Comahue. Diplomada en Desarrollo Agrario, FLACSO. Directora del proyecto de
Investigación “La situación socio-profesional de varones y mujeres docentes - investigadores en la
Universidad Nacional del Comahue, en el periodo comprendido entre 1994-2002”.
•••
Docente e investigadora del Departamento de Informática, Facultad de Economía, Universidad
Nacional del Comahue. Doctoranda en Informática en la Universidad Nacional del Sur.

7
relación de sujetos de conocimiento con los individuos analizados: los agentes sociales que
producen su práctica (Bourdieu, 2000).
En el seno de esta institución el saber es utilizado como poder conformándose una
articulación entre el campo de poder y el campo intelectual, siendo las relaciones de género
asimétricas y a la vez dispositivos de poder. Los conceptos de campos, en especial el campo
intelectual nos permite construir un modelo metodológico a partir de definir la Universidad como
un campo intelectual donde circulan tensiones de saber diferenciado, tensiones de poder, de
relaciones de subordinación y de intereses políticos-ideológicos. Consideramos que en la
historia presente1 si bien hay un cambio en las convenciones sociales que representan un
avance en nuevas regularidades de habitus, las permanencias de los roles tradicionales son un
obstáculo que se visibiliza en el acceso a cargos directivos.
En las relaciones de género entre el cuerpo docente, siguen habiendo muchos elementos
de desigualdad, abiertos en algunos casos como en las diferencias salariales por el mismo
trabajo (categorías), o enmascarados: sólo una pequeña proporción de mujeres accede a los
empleos directivos de mayor nivel.
Una prueba de la persistencia de los viejos valores del interés social en mantener a la
mujer en situación de inferioridad, la tenemos en la industria cultural que cultiva un mercado
específicamente femenino partiendo de la suposición de la inferior calidad intelectual de las
mujeres.
Nos planteamos un conjunto de interrogantes como ejes que nos permite interpretar los
datos relevados

-¿Cómo están delimitados los espacios y a partir de qué representaciones del lugar de la mujer
en la sociedad?
-¿Qué situaciones simbólicas se dan con la entrada de las mujeres a campos tradicionalmente
masculinos?
-¿Qué relaciones de subordinación se establecen?
-¿Qué cambios y permanencias se visibilizan en el periodo estudiado?

Las relaciones de género en el seno de la Universidad

Debemos tener en cuenta que el mayor acceso de las mujeres docentes se constata en
la Universidad Nacional del Comahue en un momento de reducción del presupuesto económico
de la universidad pública y de crisis de identidad de la misma. Más que cualquier otra
institución, en la actualidad se encuentra bajo la presión de responder a las necesidades del
mercado de trabajo y a las exigencias de competitividad y de productividad de la economía
globalizada. ¿Está preparada la universidad como institución y el cuerpo docente para

1
Entendemos por historia del tiempo presente el estudio interdisciplinar que hace de bisagra
entre la historia tradicional y la historia prospectiva.

8
enfrentar el desafío de cambio? ¿Están las mujeres incluidas con equidad para desarrollar esa
innovación?
Es importante señalar que donde se produce una mayor afluencia de mujeres es en los
profesorados de humanidades, ciencias de la educación y de ciencias exactas que sufren una
masificación más intensa y un mayor recorte en los recursos, tanto en términos humanos como
económicos. Es decir, parece que las mujeres siempre llegan a ocupar los lugares que han
dejado los hombres. Siguiendo esta caracterización de feminización de la Universidad es
significativo estudiar las relaciones de género que se producen en su interior: en los espacios
de poder, de construcción del conocimiento.
En cuanto al poder, notamos que en la Facultad de Humanidades el cargo de decano ha
sido ocupado sucesivamente desde la normalización (1983) sólo por varones. En cambio en la
Facultad de Economía y Administración se han alternado el decanato entre varones y mujeres.
Esta diferencia se debe a que en Humanidades el campo de trabajo es muy restringido en
cuanto a ascenso jerárquico y llegar al puesto de decano por elección del Consejo Directivo es
un lugar de prestigio, en cambio para un profesional en la facultad de Economía y
Administración, su campo ocupacional está fuera de la universidad y sólo se interesa en tener
cátedras y/ o proyectos de investigación para adquirir mayor actualización. Estar en contacto
con el mundo del conocimiento, aún sin recibir remuneración a cambio de su actividad (ad
honorem) significa desempeñarse en estos espacios académicos que configuran en el
imaginario social un ascenso de prestigio, sobre todo en ciudades capitales del interior del
país.2

Esquemas normativos de género

“Empoderarse” significa que las personas adquieren: el control de sus vidas, habilidad
para hacer cosas y definir su propia agenda, dejar de ser heterónomas, hacerse del poder y
tener decisión.
Sin embargo, no todo apoderamiento lleva a la igualación entre los sexos. Un aumento
en el poder formal no significa necesariamente un cambio en la calidad de vida de las mujeres.
La historia corrobora este hecho, Foucault (1980) afirma que no basta con cambiar el aparato
del Estado y sus instituciones –tecnologías de dominación- para cambiar ciertas prácticas en la
sociedad, sino que debemos cambiar los mecanismos –las tecnologías del “yo” que dan origen
a estas instituciones.
Amalia Valcárcel (1995) se pregunta por qué no hay detentación del poder por parte de
las mujeres en el nivel simbólico pertinente. Consideramos que dado que el poder denota
masculinidad, el poder femenino no connota de la misma manera, tampoco tiene la misma
significación. Es decir, el poder lo puede obtener una mujer en forma aislada pero no se
constituye en forma extensiva como logro del colectivo completo al que ese alguien pertenece

2
La Capital de Neuquén tiene en la actualidad, una población de 270 000 habitantes.

9
significativamente. Para las mujeres que lo detentan no significa que las saquen de los
esquemas normativos a los cuales su colectivo está sujeto.
No son sólo las relaciones con las instituciones las que influyen en los individuos, sino
también la relación entre los individuos mismos, las que constituyen el habitus en el cotidiano
entre mujeres y hombres. Estas relaciones son las regularidades que estructuran las
posiciones y articulan las relaciones en el campo social. A este plexo de sentido lo
denominamos esquemas normativos de género.
El concepto de capacidades “naturales” proviene de un modelo explicativo funcionalista,
sustentado en la idea de que quiénes mandan tienen “capacidades” para hacerlo y se da forma
a la estratificación social a partir de esas aptitudes reconocidas como tales, o bien mediante un
adiestramiento específico. Es decir, las prácticas de género han sido interiorizadas a lo largo de
la historia por la construcción de las normativas de género que hacen a las relaciones
desiguales entre las mujeres y los varones. El ejercicio de la dominación masculina (Bourdieu,
2000a) borró la elaboración histórica, la transformó en deshistorizante, las que con
permanencias y cambios fueron constituyéndose en los distintos campos de poder, y entre
ellos, el campo intelectual que nos interesa investigar.

Campo intelectual

Podemos decir parafraseando a Silvia Sigal (2002) que en forma reiterada se manifiestan
tres características en el mundo universitario de nuestro país 1) su vulnerabilidad ante los
cambios gubernamentales, 2) una lógica de acción propia 3) la fragilidad de sus jerarquías
culturales. Características que intentamos dilucidar teniendo presente nuestro marco teórico de
referencia.
La función de la economía de conjunto de la sociedad, como plantea Castoriadis
(1998:201) es “el encadenamiento sin fallo de los medios, de los fines, o de las causas, o los
efectos en el plano general, la correspondencia estricta entre los rasgos de la institución y las
necesidades “reales” de la sociedad considerada, en una palabra sobre la circulación integra e
ininterrumpida entre un real y un racional - funcional”. El hecho capital es que las instituciones
cumplen unas funciones vitales sin las cuales la existencia de una sociedad es inconcebible.
La sociedad inventa y define para sí tanto nuevos modos de responder a sus necesidades
como nuevas necesidades. Lo que mantiene a una sociedad unida, siguiendo el pensamiento
del mismo autor, es su institución en sentido amplio: valores, lenguaje, procedimientos y
métodos de hacer frente a las cosas y de los individuos consideradas en sus diferenciaciones:
mujer/varón por ejemplo.
De conformidad con sus normas, la institución produce individuos, quienes por
construcción reproducen la institución. Las significaciones imaginarias sociales cobran cuerpo
en la institución de la sociedad (en la Universidad por medio del conocimiento científico,
racional, empírico, especulativo).

10
Immanuel Wallerstein (2002:66) se pregunta por el rol que le cabe a los intelectuales en
medio de las rápidas e inciertas transformaciones que atraviesa nuestro mundo actual. “En el
ejercicio del saber social confluyen cuestiones morales, políticas e intelectuales. Hace a la
reflexión en el campo intelectual preguntarse ante la crisis estructural de la economía mundo
capitalista, si el marco actual de “nuestro sistema de saber “es cuestionado”. Teniendo en
cuenta la categoría analítica del autor: en el sistema- mundo moderno se plantea la
polarización de los valores, así se asegura que la ciencia es el único ámbito de la búsqueda de
la verdad, asignándosele a la filosofía, las letras y las humanidades la búsqueda de lo bueno y
lo bello (división de objetivos epistemológicos). Este conjunto de creencias ha sido mencionado
regularmente como uno de los logros mas elevados de la modernidad. Esta premisa nos
permite analizar, desde el enfoque de género, cómo la actividad académica en las Facultades
donde se “busca lo bello y lo bueno” y el asistencialismo (agregamos nosotras) hay un elevado
número de mujeres mientras que en las facultades que buscan la “verdad”, y el conocimiento
científico el personal docente es preponderantemente masculino. El imaginario social de
división del conocimiento lleva a que las Universidades donde se imparten más disciplinas
llamadas “científicas” adquieran un mayor prestigio social.
Citado por Wallerstein (ibid, 68), Gramsci afirmaba que “cada clase social crea dentro de sí
orgánicamente uno o más grupos de intelectuales que le proporcionan homogeneidad y
conciencia de su función.” En la actualidad los estudiosos posmodernos retuvieron en general
los elementos centrales de la insistencia gramsciana en la organicidad, pero la extendieron
hacia grupos que están más allá de las clases, incluimos en esta perspectiva de análisis las
relaciones de género.
Este marco conceptual nos remite al análisis de los datos empíricos, -en forma
comparativa- de la composición de género en las Facultades de Humanidades y de Economía
y Administración de la Universidad Nacional del Comahue.

Facultad de Humanidades

Departamento de Historia:
Docentes: 21 mujeres y 10 varones
Departamento de Letras:
Docentes :15 mujeres 6 varones
Departamento de Filosofía:
Docentes: 12 mujeres 11 varones
Departamento de Geografía:
Docentes: 20 mujeres 7 varones
Totales:
68 mujeres y 34 varones

11
Facultad de Economía y Administración

Departamento de Economía:
Docentes :12 mujeres 21 varones
Departamento Contable:
Docentes: 35 mujeres 39 varones
Departamento Administración:
Docentes: 15 mujeres, 27 varones
Departamento Informática:
Docentes: 35 mujeres y 37 varones
Departamento Matemática:
Docentes: 50 mujeres y 13 varones
Totales:
151 Mujeres – 137 varones

Podemos observar que en la Facultad de Humanidades en los cuatro departamentos,


donde la mayoría del personal docente son mujeres, paradójicamente el decano es varón,
como lo expresado anteriormente esta constante se mantiene desde 1983. Mientras que en la
Facultad de Economía y Administración la preponderancia en el plantel docente es masculina y
el decanato está representado por una mujer. Sin embargo, se rompe esta constante en el
departamento de matemáticas, aquí la salida laboral más común de esta disciplina es la
docencia en la enseñanza media o universitaria. Corroboran estos datos las apreciaciones
vertidas en párrafos anteriores donde hacíamos referencia a que las carreras tradicionalmente
femeninas son aquellas dedicadas al profesorado, al igual que en las cuatro que se dicta en la
Facultad de Humanidades donde se registra el mismo comportamiento numérico.
Los datos relevados nos permiten realizar y enunciar descripciones y aproximaciones
explicativas sobre la visibilidad de las diferencias de género, las que se reflejan en las
posiciones jerárquicas y en las formaciones profesionales, según la tradicional división del
trabajo por sexo. A partir de los datos empíricos se desprende que en los distintos sectores
académicos hay una presencia mayor de mujeres que de varones, en tanto la localización por
categorías las ubica en los rangos inferiores.
El imaginario colectivo a través de la historia ha constituido el perfil docente - para el nivel
primario y en la enseñanza media- en el estereotipo de la mujer en su función de reproductora
de saberes. En los esquemas de pensamiento y percepción hay una permanencia internalizada
a partir de que la visión hegemónica del mundo es la división del trabajo en producción
(varones) y reproducción (mujeres), esa visión del mundo otorga sentido a las prácticas
diferenciadoras y asimétricas de género. Esta concepción connota un mundo donde las
relaciones son estáticas y definidas por su reiteración “natural”.

12
A manera de reflexión

En la actualidad, el incremento de la presencia de las mujeres en la Universidad Nacional


del Comahue es un hecho que puede continuar progresando. El aumento de tituladas
universitarias junto al crecimiento de carreras ha generado como consecuencia, una mayor
presencia de mujeres entre el personal docente, observándose en el artículo del la Revista La
Aljaba N° VIII, (Ozonas, L y otras, 2002) que se ha producido esencialmente en las categorías
más bajas, en tanto la tendencia a ocupar puestos directivos es muy leve. Nos hacemos una
serie de interrogantes para dar pie a la continuidad de nuestra investigación : ¿Se puede
afirmar que es el fin del monopolio de los hombres en la construcción del conocimiento?, o que
¿Sólo se percibe en los ámbitos de las Universidades públicas?
Si bien la tendencia general en la sociedad actual es que cuando el puesto de trabajo es
poco remunerado o bien ha perdido el prestigio social que detentaba, deja de ser apetecible
para el hombre y su hueco es ocupado automáticamente por la mujer. Y por el contrario,
cuando está ganando prestigio, menos mujeres deciden avanzar en él. Es decir, la tendencia
se inclina a excluir las diversidades hombre/mujer porque no tienen cabida en un modelo
economicista. La diversidad de la mujer es considerada a partir de la “naturalización de sus
roles”. Pero nada es innato, las culturas y las sociedades construyen los géneros. Lo
planteamos como una expresión desiderativa porque en la Universidad hay una discriminación
solapada en la distribución de responsabilidades. Hemos de entender la igualdad entre mujeres
y varones como punto de partida respetando las diferencias, valorándolas por igual. En pocas
palabras: igualdad en las diferencias.

13
BIBLIOGRAFÍA

ALEMANY, Carme (1995) “De asistentas anónimas a investigadoras científicas” en AAVV,


Mujeres e Investigación, Oviedo, España, Universidad de Oviedo.

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Economía –Administración” en La Aljaba, segunda época, n° 7. Universidad de Luján.

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M (comp.) Perfiles del feminismo iberoamericano. Buenos Aires, Catálogos, 2002.

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14
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Ciencia, Docencia y Tecnología, nº 10. Universidad Nacional de Entre Ríos.

WALLESRSTEIN, Immanuel, (2002) Un mundo incierto, Buenos Aires, Libros del Zorzal.

15
DISCRIMINACIÓN GENÉRICA Y HETEROSEXUALIDAD OBLIGATORIA
EN LA PRODUCCIÓN DEL CUARTETO CORDOBÉS

Gustavo Blázquez•

Cuando alguien, con la autoridad de un maestro,


describe al mundo y tú no estás en él,
hay un momento de desequilibrio psíquico,
como si te miraras en el espejo y no vieras nada”.
Adrienne Rich. Invisibilty in the Academe

Las cuestiones por las que se pregunta este trabajo se encuadran en una discusión, a
partir de una investigación etnográfica realizada en la ciudad de Córdoba durante el período
2000-2002, de las políticas y las poéticas por medio de las cuales en los bailes de cuarteto3 se
(re)produce tanto un género artístico local como la diferencia genérico/sexual al mismo tiempo
que se (re)instaura la “heterosexualidad obligatoria” (Rich,[1980]1999) como base de la
dominación masculina. Para dar cuenta de esta doble (re)producción, el presente ensayo
examina los diferentes argumentos por medio de los cuales los agentes son localizados
canónicamente en posiciones diferentes en el campo de la producción artística del Cuarteto de
acuerdo a su identidad de género. A partir de este análisis el trabajo procura una explicación
tanto para estos argumentos —que, como veremos, contribuyen a dar una forma específica o
canon a la gramática de la producción de un conjunto de sonoridades llamada “música de
cuartetos”— como para el machismo en tanto principio de explicación sostenido por los sujetos
involucrados.
Para cumplir con nuestros objetivos, en primer lugar se sintetizará una genealogía del
Cuarteto prestando atención a la participación de las mujeres en tanto artistas para luego
atender a las condiciones que hicieron posible esas formas de participación.

Breve esbozo genealógico del Cuarteto

Tanto los discursos doctos como las canciones que suenan en las radios o los discos y son
danzadas en los bailes, cuentan una historia que señala un origen (Ursprung) del Cuarteto a


Prof. Titular cátedra “Problemática de la Producción Artística”. JTP. cátedra “Antropología Social y
Cultural”. Facultad de Filosofía y Humanidades. Universidad Nacional de Córdoba. Dirección postal:
Peatonal “B” Casa 127. Bº. Mariano Balcarce. (5010). Córdoba. Teléfono (0351) 4655360. e-mail:
gustavoblazquez3@hotmail.com.
3
Los términos en itálica deben ser leídos como categorías propias de los hablantes. Por bailes
de cuartetos se entienden los encuentros danzantes con música de Cuarteto en vivo
organizados por empresarios privados en diferentes clubes y locales de importantes
dimensiones a los cuales se ingresa previo pago de un derecho de entrada.

16
partir del cual éste se desarrolló hasta el presente en una evolución que sólo la violencia de la
dictadura militar de mediados de los años ‘70 intentó suprimir. Este tipo de historia monumental
es construida conjuntamente por políticos, científicos sociales y artistas y a través de ella se
imagina una continuidad que posibilita agrupar bajo una misma etiqueta a una serie de
producciones artísticas y prácticas de entretenimiento masivas producidas y consumidas por
diferentes agentes sociales desde hace seis décadas. De acuerdo con la relectura de
Nietzsche propuesta por Foucault(1988) estas Historias metafísicas deben ser enfrentadas a
partir de una genealogía que, al articular la “Herkunft” o procedencia con la “Entstehung” o
emergencia, exponga el carácter tanto de ‘documento de cultura” como “de barbarie” que
Walter Benjamín reconoce en todo patrimonio cultural en sus llamadas “Tesis sobre la filosofía
de la Historia”.
Como parte de esta genealogía del Cuarteto pueden describirse algunos momentos en los
cuales emergieron las mutaciones de efectos acumulativos que hicieron que el término
“cuarteto”, utilizado originariamente para designar un tipo de formación musical, acabara
designando a un género musical danzante declarado oficialmente “folklore cordobés”4. A estas
sonoridades constituidas a través de sucesivos desplazamientos se les han adjudicado
diversas procedencias, todas ellas caracterizadas por compartir una tonalidad subalterna —o
baja en términos bajtinianos— que fueron oficializadas y así nuevamente torcidas en el
homenaje diseñado por la Cámara de Diputados de la provincia de Córdoba5. A la originaria
procedencia rural erróneamente atribuida se le han adosado otras y así “los cuartetos” pasaron
a formar parte del gusto de los negros cordobeses, figura que designa a los integrantes de las
clases trabajadoras locales6. De manera semejante, mientras en los primeros años los bailes
con música de cuartetos eran frecuentados por grupos familiares, luego de la recuperación
democrática de 1983, cada vez más la generación de los padres y los abuelos abandonó esta
forma de entretenimiento que pasó a convertirse en un territorio juvenil7.

4
Según la versión ofrecida por el diario local LA VOZ DEL INTERIOR, la Cámara de Diputados
en su sesión del 07/VI/00 además de instituir el Día del Cuarteto aprobó “por unanimidad un
proyecto destinado a declarar al cuarteto como género folklórico cordobés”.
5
Esta consagración por parte de la sociedad política de una práctica cultural asociada con los
sectores subalternos de la sociedad cordobesa se realizó por medio de una ceremonia durante
la cual además de las alocuciones de los diputados se distinguió con plaquetas y diplomas a
los principales artistas y productores de Cuarteto. El acto contó con una gran cobertura por
parte la prensa local que al día siguiente hacía públicas declaraciones como la siguiente,
emitida por la esposa de Carlitos “Pueblo” Rolán, uno de los homenajeados: “Fue una
recepción hermosa, muy gratificante. Es una oficialización del cuarteto. Después de tantas
cosas que hemos pasado llega esta instancia, el reconocimiento de todas las clases sociales.
Estamos todos muy felices”(Laura Rolán, LA VOZ DEL INTERIOR 8/VI/00)
6
El uso de la categoría negro/a está ampliamente difundido y sus sentidos son muy diversos.
Así, por ejemplo, puede designar tanto una figura abyecta y despreciable como convertirse en
un apelativo afectuoso utilizado por los enamorados y el grupo familiar.
7
Por una cuestión de espacio no analizaremos estas diferentes procedencias. Sólo hemos de
señalar que existe un común acuerdo en ubicar esta procedencia en la hibridación entre la
tarantela italiana y el pasodoble español realizada en el medio rural que luego emigró junto los
campesinos durante las décadas de 1950 y 1960 a la ciudad de Córdoba para convertirse en la
música que animaba los bailes en los clubes barriales a los cuales concurrían las familias
proletarias. (Cf. Hepp, 1988; Florine,1996). A partir de este acuerdo se construyen otras
procedencias tan diversas como, según algunos músicos y compositores entrevistados, Miami

17
“¡¿Y las Mujeres?!”

Quizá a esta altura del relato acerca de las sucesivas emergencias y transformaciones de
un conjunto de sonoridades llamadas por algunos cuarteto que se producen en y para los
bailes a los que concurren jóvenes y adolescentes de los sectores populares del interior de una
empobrecida nación latinoamericana, el lector se haya preguntado: “¡¿Y las Mujeres?!.”.
En el principio estaba Leonor Marzano, la madre creadora del Cuarteto e inventora del
ch(t)unga-ch(t)unga, consagrada en los apoteóticos recitales que RODRIGO protagonizó en el
Luna Park en el 2000. Después, continúa la historia oficial, en los años ’70, aparecieron
algunos grupos cuyas cantantes eran mujeres, como LAS CHICHI, LAS PEPONAS, TRES ALMAS,
pero estos grupos tuvieron una corta existencia y son considerados como meras empresas
comerciales o choreitos sin ningún valor artístico. Estos grupos con jóvenes y atractivas
cantantes femeninas e instrumentistas masculinos eran unos productos comerciales que se
imponían mediáticamente como parte del Cuartetazo y que, según algunos productores
artísticos de la época entrevistados, “andaban muy bien afuera”, es decir en el interior de la
provincia y provincias vecinas, pero no en Córdoba capital. Luego el silencio de la dictadura8
hasta que, hacia fines de siglo, surge una nueva cantante, NOELIA, quien rápidamente emigró
hacia el mercado bailantero porteño.
Esta historia oficial que cuenta la participación de las mujeres en los mundos de los
cuartetos oculta, como siempre, otras presencias femeninas. Algunas, un tanto más
accidentales como la de Jean Florine quien durante su trabajo de campo participó como
flautista en un tema de “El marginal” placa editada por JIMÉNEZ en 19959. Otras, en tanto, han
sido más extensas aunque menos recordadas. Por ejemplo, el cuarteto BOROM BOM BOM, una
de las tantas imitaciones de LA LEO que circularon desde finales de los años ’60, incluía a una
mujer, Mirta Martínez, como pianista. Ella, como ocurría en LA LEO, estaba ligada por
matrimonio al acordeonista del conjunto.
Esta repetición no buscada tanto como su excepcionalidad nos permite sospechar que
quizá la única posibilidad de acceso al mundo de los músicos de cuarteto a disposición de las
mujeres se encontraba, en principio, bajo la tutela de las relaciones de parentesco y en forma
de instrumentista. De esta manera, estas mujeres, tanto Leonor como Mirta, que participaban

y el canal de Panamá o los sanavirones, según LA VOZ DEL INTERIOR. En su edición del
cinco de enero de 2000 el matutino afirmaba bajo el título “Sanavirones Cuarteteros”: “El
cuarteto, esta música tan especial; que sentimos los cordobeses tiene que ver con las raíces
indígenas. Los sanavirones eran muy alegres, tenían grupos y bailaban. En cambio los
comechingones eran más tranquilos”
8
En medio del silencio impuesto por la dictadura militar sobre el cuarteto característico una de
las modificaciones traídas por CHÉBERE fue la introducción de un coro femenino. Pero esta
innovación resultó poco interesante y las mujeres fueron rápidamente reemplazada por
bronces.
9
Jane Florine además de musicóloga es flautista y trabajó como tal, en el período 1976-1983,
en la Orquesta Filarmónica del Teatro Colón, en la Orquesta del Teatro Argentino de La Plata
(Bs. As) y en la Orquesta Sinfónica Nacional. En su tesis doctoral Florine(1996:55) considera
que esta fue la primera participación de una mujer como instrumentista desde los días de
Leonor Marzano. Sin embargo, como veremos, esto no es así.

18
activamente sobre el escenario mantenían su buen nombre y honra. Ellas eran unas señoras.
Eran concertistas. Dando forma a esta figura, por ejemplo, la Sra. Leonor Marzano aparece
luciendo varios anillos y gruesas pulseras de oro en la tapa del disco Nº 25 editado por el
CUARTETO LEO donde está junto a su esposo, a su hijo, y el resto de los miembros del conjunto,
todos de traje y corbata.
A partir del Cuartetazo y del éxito televisivo del programa “La Fiesta de los Cuartetos” las
mujeres pasaron a ocupar la protagónica posición de cantantes y sus atributos físicos
resultaron más importantes que sus conocimientos musicales o sus capacidades de afinación.
El primer disco de LAS CHICHI — titulado “A bailar el pasito cordobés con Las Chichi” y editado
en 1975 (RCA VIK LZ-1290)— muestra claramente el interés mas voyeurístico que auditivo que
pretendía despertar el conjunto. En la tapa, al igual que en la contratapa, se ve a través de un
dibujado agujero de cerradura el cuerpo fotografiado de tres mujeres danzando en un espacio
blanco. Ellas no tienen cabeza, es decir, no se las podemos ver y sólo podemos observar sus
torsos y piernas. Una de ellas usa un bikini, osado para la época, la otra un mini-short, camisa
ceñida al cuerpo y zapatos con plataforma de corcho. La tercera, en último plano y más
vestida, aparece con un jean y una camisa blanca.
Esta nueva figura que emergió durante el Cuartetazo se diferencia de la figura anterior en
la cual se representa a la mujer artista como una señora acompañada por su esposo ocupando
una posición desplazada dado que el centro era ocupado por el cantante. Ahora las mujeres
pueden llegar al centro de la escena. Pero, para ello, deben perder su condición de señoras y
transformarse en un fragmento de cuerpo, una voz, un objeto sexual, una chichí10.
En su análisis del proceso a través del cual las relaciones de género participan en la
(re)producción de los significados musicales, Lucy Green (2001) analiza la existencia de un
dualismo Señora/Puta en torno al cual se articulan las representaciones de y para las cantantes
que condicionan a su vez las formas de recepción musical de sus productos.
De acuerdo con el análisis de Green, la figura de la mujer cantante se articula en torno a
dos posiciones. La madre que acuna a su hijo en un espacio que no se encuentra regido por la
lógica de la exhibición y la puta que ofrece su voz y su cuerpo públicamente. Aunque opuestas;
ambas figuras comparten la construcción de la voz como instrumento natural y propio de las
mujeres, seres a su vez supuestamente más cercanas al mundo de la “Naturaleza”11.

10
El término chichi deriva de chiche, término lunfardo utilizado para designar a las cosas
pequeñas y por extensión a los juguetes. Las madres pueden referirse a sus hijos recién
nacidos como un chiche. Este término puede pasar a ser el sobrenombre del sujeto: “el
Chiche”. De acuerdo con ciertas prácticas fonéticas propias del idiolecto de los sectores
populares cordobeses la /e/ final suele ser reemplazada por /i/ y así el sobrenombre pasa a ser
Chichi.
Cuando el término se utiliza para designar a una mujer atractiva cambia la acentuación que
pasa de grave a aguda. En algunas oportunidades, y con un sentido humorístico, los hombres
puede usar la forma aumentativa chichizón para describir a una atractiva mujer.
11
Green también señala como este dualismo producto de lo que ella llama “patriarcado
musical” ha sido puesto en cuestión por las primeras cantantes de blues negras (Ma Rainey y
Bessie Smith) quienes “se mostraban sexualmente activas y maternales, sin contraponer nunca
la disponibilidad sexual a la imagen de la esposa y la madre perfecta y tampoco eran
necesariamente heterosexuales”(Green:2001:45). Estas observaciones de Green podrían

19
La instrumentista a diferencia de la cantante encuentra en el instrumento una mediación
entre su cuerpo y el público. Esta mediación al mismo tiempo que disminuye su grado de
exposición cuestiona la natural alienación de las mujeres en relación a la tecnología producto
de su asociación con la naturaleza y de este modo uno de los principios justificativos del
“patriarcado musical” (Green,2001). Este cuestionamiento del orden masculino hegemónico
(re)presentado por la emergencia de la figura de instrumentista ha sido domesticado por
diversas tácticas. Por ejemplo, señala Green(2001:58-83) en el ámbito de la cultura occidental
las primeras mujeres autorizadas legítimamente a ejecutar instrumentos musicales
públicamente fueron monjas y hasta el siglo XIX no se permitió que las mujeres tocaran en
orquestas con hombres. En parte, sostiene la autora, la exclusión tenía como función asegurar
un menor número de competidores y proteger los puestos de trabajo. Cuando esto no puedo
ser asegurado por medios legales (re)surgieron los argumentos referidos bien a la debilidad
bien al carácter neurótico de las mujeres que impedirían el trabajo en equipo requerido por una
orquesta.12
Dentro del esquema interpretativo de Green, podríamos suponer que las relaciones de
parentesco que unían a la pianista y al acordeonista eran una forma de controlar la inicial
participación de las mujeres en los mundos de los cuartetos. Cuando las mujeres se “liberan”
de estas relaciones cambian al mismo tiempo su posición artística y perdiendo la mediación
supuesta por la presencia del instrumento son exhibidas/se exhiben como objeto sexual. Así,
quizá la emergencia y el éxito relativo de las cantantes en los mundos de los cuartetos a
mediados de los ’70 no representan tanto una forma de “liberación femenina” como una nueva
forma de sujeción que (re)produce el vínculo entre el canto y las definiciones patriarcales de la
feminidad que hacen de la cantante una chichi.
Durante el proceso militar y luego de la apertura democrática hasta el presente fueron,
como analizaremos a continuación, los argumentos referidos a las particularidades de la
“naturaleza femenina”, supuestamente incompatibles con las condiciones de trabajo los
encargados de impedir el acceso de las mujeres a la producción artística en los mundos de los
cuartetos. “Las mujeres, según repiten los productores, “no andan”.

extenderse a otras cantantes dentro del blues, el rock y el pop como Janis Joplin, Mama Cass,
Madonna o Celeste Carballo, en el ámbito del rock nacional..
12
Otro intento de controlar esta emergencia puede reconocerse en el aislamiento de las
instrumentistas y la formación de “orquestas de señoritas” dedicadas a una música
supuestamente frívola y sin valor artístico. La sexualidad de estas señoritas como la de las
cantantes continúo siendo dudosa. Como señala Green(2001:69-76), las instrumentistas se
alejaban de la imagen de puta y perdían su feminidad al punto que, como muestra el film
“Some Like It Hot” dos hombres perseguidos por la mafia pueden camuflarse entre ellas,
bastante poco femeninas, a diferencia de la cantante, papel interpretado por Marilyn Monroe.
En el campo del jazz y de la música popular otra estrategia de control de las mujeres fue su
confinamiento al piano, instrumento interpretado en el siglo XIX como “el hachis de las
mujeres”(burguesas). Varias de estas estrategias de dominación masculina que procuran
controlar el acceso de las mujeres a la posición de instrumentista fueron contestadas en el
campo de la música popular por el punk-rock.

20
“Las mujeres no andan”

Pareciera que en los mundos de los cuartetos, como muchas veces me dijeron músicos y
productores, “las mujeres no andan”, es decir, no funcionan como una empresa rentable. Un
productor me comentaba, “Imaginate que la Noelia no entró y eso que!!!!!!”. ¿Qué que?, le
pregunté, pero él cambió de tema13.
Las razones por las cuales se supone que personas de sexo femenino no pueden formar
parte de un conjunto de Cuarteto son variadas. Para algunos, esta exclusión responde a las
condiciones en las cuales se desarrolla la vida de los artistas cuarteteros. Los viajes
permanentes y la ausencia de camarines donde los músicos puedan cambiarse de ropa e
higienizarse, aparecen como los principales impedimentos para la incorporación de mujeres.
Los músicos, todos varones, pueden desnudarse y liberarse de determinadas restricciones
corporales, (eructar, reírse de sus sonoras flatulencias, enamorar a diversas seguidoras, etc.)
que serían consideradas de mal gusto si fueran realizadas frente a personas del “sexo opuesto”
o disminuirían el status de la mujer frente a la cual se producen estos actos14.
La falta de espacio obliga a los músicos a estar en un permanente contacto y gran parte de
las horas de sus días la pasan en compañía de sus colegas antes que con sus esposas y
familias. Por ello, la presencia de mujeres no aparece como conveniente dado que por una
parte rompería el clima de camaradería masculina que predomina entre los integrantes de una
orquesta y por otra parte daría lugar a la emergencia de celos y conflictos en las relaciones
matrimoniales de los músicos .
A estos argumentos, considerados moralmente neutros en tanto se basan en las
condiciones materiales en que se desenvuelve la actividad laboral de los artistas del género, se
adicionan otros fundados en una representación machista15 de una supuesta “naturaleza
femenina”. Un músico me comentaba en una entrevista en la cual discutíamos las políticas
sexistas que rigen la incorporación al mercado de trabajo generado por los bailes de cuartetos:
“(Ellas) siempre dan problemas.... Eso es impensable (la incorporación de mujeres). Por eso
ningún cuarteto lo hace. Aparte te aseguro que si lo hacen se vienen abajo. Seguro. Con una
no creo, pero con dos....seguro. (risas)”. (Entrevista Nº 5 21/01/01)

13
Después me enteré que Noelia además de voluminosa y sensual era la amante de un
conocido dirigente de un club de fútbol y también un político profesional.
14
Eric Dunning(1995:331-2) describe que en el caso de las actividades recreativas utilizadas
como espacio de construcción de identidades masculinas las mujeres son excluidas de los
momentos de camaradería donde los hombres se liberarían de las restricciones impuestas por
la civilización. En el caso del rugby “una vez ebrios, los jugadores entonaban canciones
obscenas y, si están presentes las esposas o novias de algunos de ellos, cantan “Buenas
Noches, Señoras” como señal de que abandonen el recinto. A partir de ese momento, todo lo
que suceda será exclusivamente para los hombres, y las mujeres que hayan optado por
quedarse son vistas como unas degradadas”. Esta segregación genérica puede reconocerse
también en diferentes estudios sobre clase trabajadora en el medio urbano. (Cf. Foote-
White1973; Hall, Stuart & Tony Jefferson (ed),1976; Guedes,1997)
15
El término machista es utilizado por los propios agentes para justificar la exclusión de las
mujeres.

21
Estas interpretaciones del “carácter femenino”, que incluyen ideas acerca de la dificultad o
imposibilidad constitutiva de las mujeres para trabajar en equipo, permiten mantener a la
producción de música de cuartetos como, tomando la frase de Eric Dunning, “un coto
masculino”. De esta manera, un grupo de agentes diferenciados por la adscripción genérica, se
arrogan para sí y monopolizan un espacio laboral y creativo. Según comentara uno de los
artistas entrevistados
“BB: Es impensable (la incorporación de mujeres). A nadie, ni siquiera como broma se le
ocurriría decir, bueno, tengo una chica que toca bien el bajo
GB: Ni siquiera como broma?
BB: No. No, ni en joda
(Entrevista Nº 6 06/02/01)

Más allá de las particularidades del “alma femenina” que los agentes encuentran para
justificar la discriminación genérica, dos factores contribuyen a hacer impensable la
incorporación de mujeres a los grupos de cuartetos.
En primer lugar, los mundos de los cuartetos están permanentemente intentando separarse
y distinguirse de la bailanta del Gran Buenos Aires, género artístico donde las mujeres tienen, o
quizá mejor tuvieron, una participación importante16. Así, la exclusión de las mujeres, además
de reservar sólo para algunos un mercado de trabajo y de creación, viene a sumar otra nota
característica al canon del Cuarteto y así incrementar la diferenciación con otros géneros
artísticos competidores. Por un lado, el Cuarteto sin mujeres, o mejor aún, con una única mujer
colocada en el origen y por lo tanto una Madre17. Por el otro, la bailanta y sus pulposas
cantantes.
Un segundo elemento a tener en cuenta al pensar porque la participación de las mujeres
en el campo de la producción del cuarteto resulta impensable para los sujetos está en relación
con los modos según los cuales se produce la comunicación entre los artistas y su público.
Cuando discutía estas relaciones con un entrevistado que llevaba más de 10 años participando
en estos mundos de los cuartetos como músico y compositor, él me explicó:

--BB “Las mujeres son más exitistas en cuanto a idolatrar a un artista del sexo opuesto.
Vos fijate que cuando hay una mujer que es exitosa –Talía, Natalia Oreiro, Shakira- vos ves
que cuando bajan en el aeropuerto.... Vos no ves chicos; 20.000 hombres que estén así

16
De la misma manera que a finales de los ’80 y principio de los ’90 se integraron al circuito
bailantero distintos cantantes del interior del país, como el puntano Alcídes, los cordobeses
Pocho “La Pantera” y Sebastián o el salteño Ricky Maravilla también se integraron algunas
mujeres como Gladys “La Bomba Tucumana”; Lia Cruzet “La Tetamantis” o Gilda quien se
convirtió después de su trágica muerte en un accidente automovilístico en Santa, con altar,
ofrendas y seguidores.
17
Cabe acotar que si bien nos hemos estado refiriendo a la participación de la mujeres en el
espacio de la performance artística la misma operación de exclusión o inclusión subalterna se
(re)produce también en la producción comercial. Las únicas mujeres que participaban en este
campo estaban ligadas por relaciones de parentesco con los artistas que producían como en el
caso de Jiménez y su esposa Juana Delseris o en el de Gary y su esposa Karina Fuentes.

22
ahhhh!!. En el recital de Shakira tal vez no van muchos hombres, puede haber sí, pero me
refiero a que entren así, que se pongan en una histeria por un artista no hay.
Además vos mirate un video de los Beatles, de Elvis Presley, de la Mona y las minas están
sacadas y los guasos también. Pero las minas como delirio. Como que pasas por ahí a ser un
sex-symbol, porque estas vestidos con las lentejuelas y estás tocando cuarteto. El poder; la
fama adquiere un erotismo aparte. Parece, no sé, que genera una atracción aparte, por más
que seas lo que seas. Vos ves, vienen Luis Miguel, Chayene, Ricky Martin, el aeropuerto está
hasta las manos de minas. Se tiran los pelos. Te amo!!!!. Pero no pasa lo mismo del hombre
frente a la mujer...
--GB. ¿Pero si hay chicas que entran en histeria con Shakira, también podrían hacerlo con una
cuartetera...?
--BB. Sí. Pero no es que entren en histeria con Shakira. Mmm....(silencio). A ver si me explico.
Yo tampoco vi que en Shakira genere una histeria de chicas....... (Silencio). Acá está la parte
de ídolo y la parte sexual por el otro. Decir género opuesto. No solo hay dios, sino hay un
modelo de hombre. Shakira provoca solamente la parte mujeres, va a provocar en una
mayoría, la parte de... pero es como artista solamente. Si le ponés un hombre ya es distinto
porque ya juegan otras cosas. Juega el sexo. Acá en el cuarteto pasa lo mismo. Por eso creo
que son todos hombres.”
(Entrevista N* 4 17/01/01)

Este agente parece distinguir dos tipos de vínculos entre el artista y su público. Por una
parte, el músico en tanto ídolo o dios es posicionado en el lugar del ideal del yo de los sujetos.
Este tipo de vínculo, sumado a la posterior identificación entre los diferentes yoes que han
colocado un mismo objeto como su ideal del yo dan forma, según Freud[(1921)1986] a (la
psicología de) las masas.
Pero como si esto no fuera suficiente y para asegurar un conjunto de seguidores, los
productores de los mundos de los cuartetos agregan un plus erótico que ligue al cantante con
un público femenino al cual (pre)suponen heterosexual, de modo tal que para cada chica el
cantante ocupe tanto el lugar del ideal del yo como el de objeto de amor al cual se entrega el
yo.
Para las chicas el cantante es tanto un ídolo como un objeto de deseo erótico. En el baile,
cuando se encuentren con él se producirá la “sensación de triunfo” que según Freud[
(1921)1986:124] se genera “cuando en el yo algo coincide con el ideal del yo” y a la cual los
interesados describen como delirio.
Para los hombres, la situación no puede jugarse de la misma manera. “las minas están
sacadas y los guasos también. Pero las minas como delirio”. Ellos sólo deben sacarse e
incorporar al cantante como ideal del yo; como dios. Pero, al mismo tiempo, están obligados a
resignar cualquier vínculo erótico con él. Los artistas constituyen un ídolo en tanto funcionan

23
como objeto de deseo de las mujeres que ellos desean y en este sentido se produce la
identificación entre el cantante y el chico en relación a lo que este quiere ser18.
De acuerdo a la representación de los productores artísticos y comerciales, las mujeres
siguen a los cantantes y tras ellas van los varones que las buscarán durante el baile, mientras
ellas intentan encontrarse con los artistas.
En este circuito de deseos que recorren el espacio del baile una mujer cantante sería
menos atractiva para las otras mujeres (heterosexuales) dado que sólo funcionaría como ideal
y no como objeto erótico. Con menos mujeres interesadas parecería ser que los varones
pierden interés en el baile dado que estos no encontrarían en aquellos eventos danzantes
donde la voz fuera femenina ni un objeto con el cual identificarse, en tanto hombres
heterosexuales, ni mujeres.
Por otra parte cuando el cantante se entrega a su público que lo acaricia, besa, pellizca
eróticamente e incluso tiene sexo con él no sólo no deteriora la imagen masculina del artista
sino que por el contrario la acrecienta. Esta situación no puede darse en el caso de las mujeres
dado que una mujer que permitiera ese acceso casi irrestricto a su corporalidad por parte de
los fans sería antes que una artista, una puta.
Como concluía BB “Todo termina siempre en una cuestión machista. Un hombre con
muchas minas es un vivo y una mina con muchos hombres es una puta. Esto es más o menos
así. Pasa por ahí. Por eso es impensable”. (Entrevista Nº 5 21/01/01)

Más allá del machismo

“Tenemos un instinto profundo, aunque irracional,


a favor de la teoría de que la unión del hombre y de la mujer
aporta la mayor satisfacción, la felicidad más completa”
Virginia Woolf. “Un cuarto propio”.

Pero quizá todo no termine en una cuestión machista19. Las suposiciones y teorías que
circulan en los bailes y que dan forma a un canon que hace impensable la participación de una

18
Durante el trabajo de campo, uno de los músicos me dijo “a mi me gustaría saber porqué a
los pibes los pone contentos cuando vos (es decir el yo que habla) cambias el auto. Es como si
se lo compraran ellos. No lo entiendo”.
19
Eric Dunning tiende también a colocar el punto final de su análisis del deporte como coto de
identidad masculina en el machismo al que hace derivar del desequilibrio entre las relaciones
de poder entre los sexos. Este desequilibrio es a su vez producto de la diferencia de fuerza
física que estaría por un efecto natural diferencialmente distribuido entre dos grupos de
humanos: los hombres y las mujeres. De este modo la menor dependencia del uso de la fuerza
física y la mayor capacidad del Estado para monopolizar su uso legítimo producirían un
equilibrio en las relaciones entre los sexos y una disminución del machismo. Esta
argumentación, como la de nuestro entrevistado, se detiene en el machismo como ideología de
una diferencia que aunque condenable se encuentra “naturalmente” fundada. Así, estas
explicaciones suponen aquello que deberían explicar. Una crítica de este tipo de teorías
construidas sobre un binarismo biológico macho/hembra puede encontrarse en Haraway(1995).

24
mujer cantante o instrumentista llevan dentro de sí la asunción no cuestionada del carácter
heterosexual del deseo. Esta naturalización, tanto por parte de los participantes en los mundos
de los cuartetos como por gran parte de la teoría social en la cual la participación freudiana no
es menor20, puede ser cuestionada si se considera al género no como una propiedad del sujeto
sino como una conquista que emerge conjuntamente con la consecución de la
heterosexualidad y los repudios consiguientes. (Cf. Butler, 1990; 2002).
La masculinidad y la feminidad, sostiene Judith Butler (2001:155) “emergen como las
huellas de un amor no llorado y no llorable”. Esta conquista triunfal del género al interior de una
matriz heterosexual se produciría a partir de un doble repudio: los vínculos homosexuales y lo
femenino21.
De modo hiperbólico, según la descripción de Butler, podría sostenerse que se es hombre
en tanto la pérdida de otro hombre no es llorada ni llorable sino transformada por medio de una
identificación melancólica en una masculinidad que repudia lo femenino. “Ella es su
identificación repudiada (un repudio que él sustenta como identificación y, a la vez, como objeto
de deseo” (Butler, 2001:152). Así también se es mujer en tanto la pérdida del vínculo
homosexual no es llorado, ni llorable y se repudia tanto la finalidad como el objeto del deseo
edípico.
En esta serie de repudios se construye el género no como aquello que expresa la
sexualidad sino “como compuesto justamente de lo que permanece inarticulado en la
sexualidad” (Butler, 2001:155). A través de estos repudios realizados en acciones cotidianas se
marcan los límites del sujeto a partir de la delimitación de un conjunto de formas monstruosas y
abyectas que se condensan en torno a la negra puta y el trolo contra las cuales se recortan los
sujetos normales22.
Los sujetos, de acuerdo a la teoría performativa del género enunciada por Butler
(2001;2002), devienen genéricos en la repetición ritualizada de convenciones impuestas
socialmente gracias en parte a la fuerza de la heterosexualidad hegemónica. En los bailes
donde los principios de la división heterosexual se imponen desde las políticas del ingreso
(Blázquez,2002), e incluso cuentan con el apoyo de la fuerza policíaca estatal que separa el
espacio en el cual danzan hombres y mujeres23, el hecho de que las mujeres como artistas no

20
Una crítica a las teorías de la diferencia sexual que presuponen el carácter natural de la
heterosexualidad puede encontrarse en Rich([1980]1999) y Butler(2002)..
21
Este doble repudio puede también encontrarse en las canciones obscenas que cantaban los
jugadores de rugby después del Buenas Noches Señoras que, según Dunning(1995: 332),
tenían “dos temas recurrentes: por una parte, la burla de las mujeres y por la otra de los
homosexuales”.
22
Según nuestra investigación los sujetos que participan de los bailes de cuartetos se
autodefinen como normales y se diferencian así de todo otro conjunto de seres definidos como
negros, putas, trolos, chetos, tortilleras, carteludos, choros, etc.
23
En el espacio del baile de cuarteto pueden describirse distintas áreas ocupadas por
diferentes formaciones coreográficas. En el espacio central o pista la coreografía tiene la forma
de tres círculos concéntricos. El más externo está ocupado por adolescentes de sexo
masculinos de pie y fijos en su lugar que miran pasar a las mujeres que danzan entre sí en
pequeños grupos que giran en sentido antihorario y dan forma a un segundo círculo. Entre
ambas formaciones e impidiendo el excesivo contacto entre las mismas circula
permanentemente la policía de uniforme y con las armas reglamentarias haciendo retroceder, a

25
puedan funcionar “ni en broma” adquiere a la luz de las anteriores discusiones sobre el género
otro sentido.
En síntesis, en estos mundos de los cuartetos el repudio de la mujer artista que ni en
broma24 podría participar de un conjunto es algo más que una expresión de machismo es decir
de una ideología que viene a justificar un conjunto de diferencias que se presentan como
naturales y ahistóricas. Este “ni en broma” es la forma que en este caso adquiere ese repudio
de lo femenino y así una de las formas a través de las cuales se (re)construye en el baile la
matriz heterosexual25.
Estos repudios a través de los cuales se conquista el género y las identidades genéricas
devienen, en el contexto del baile, en identificaciones maníacas antes que melancólicas, como
las destacadas por Butler (2001). En el baile el encuentro del Yo con su ideal es eufórico, un
momento narcisista donde se confunde la identificación con el enamoramiento. Y esta euforia
que para ellas es delirio es la contracara del repudio, de modo que cuanto ellas más
enloquezcan por unos artistas siempre masculinos y (supuestamente) heterosexuales, menos
lugar tendrán como artistas. Así se salvaguarda un canon que (re)produce la exclusión o, en el
mejor de los casos, una posición subalterna para las mujeres en el campo de la producción
artística al mismo tiempo que instituye la heterosexualidad como forma canónica de relación
entre unos sujetos que llegan al baile diferenciados en hombres y mujeres.

golpes de puño, a los chicos que sólo quieren estar cada vez más cerca de ellas. Al interior de
estos dos círculos danzan parejas heterogenéricas o pequeños grupos de amigas también
girando en sentido antihorario.
24
Otros entrevistados solían decir que “ni en joda”, “ni soñado”, “ni en pedo (borracho)” o “ni
locos meterían una mina”. Como se ve esta repudio es tan extenso y radical que no dejaría de
producirse aún en estados tan primitivos como el chiste, el sueño, la intoxicación o aún la
locura.
25
Junto con el repudio de la mujer artista en el baile, según hemos podido observar se
repudian los vínculos homosexuales tanto entre el público y los artistas como entre los
bailarines. El repudio de los vínculos homosexuales se realiza en parte por medio del cultivo de
los vínculos de amistad que suponen una meta sexual inhibida como única forma legítima de
contacto entre dos hombres.

26
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28
MUJERES VISIBLEMENTE INVISIBILIZADAS
LA ANTROPOLOGÍA Y LOS ESTUDIOS
DE LA DIVISIÓN SEXUAL DEL TRABAJO

Liliana Bergesio*

Resumen

Este trabajo se centra sobre tres ejes y los pone en relación: la antropología social y
cultural; los estudios de la mujer y del género; y los estudios sobre la división sexual del
trabajo. A partir de identificar sus intersecciones se muestra cómo los modelos de
representación sobre género y trabajo, expresados mediante las dicotomías cultura/naturaleza,
producción/reproducción y/o trabajo/familia, son incorporados en el funcionamiento del
mercado de trabajo, dificultando la inserción laboral de las mujeres y haciendo invisibles las
formas de trabajo existentes fuera de las identificadas bajo la denominación de empleo.
Todo propósito de sistematizar décadas de discusiones teóricas, en este caso desde
comienzos de 1970 a la actualidad, es necesariamente una simplificación y generalización del
problema. Por ello realicé el necesario recorte procurando focalizar la atención en los trabajos
pioneros sobre el tema y en los que han abierto una perspectiva de interpretación más allá de
la descripción etnográfica.

Introducción

"Y dijo Yavé Dios a la mujer:


"Multiplicaré los trabajos de tus preñeces.
Parirás con dolor los hijos y buscarás con ardor a tu marido, que te dominará".
Al hombre le dijo:
"Por haber escuchado a tu mujer, comiendo del árbol del que te prohibí comer, diciéndote no comas de él:
Por ti será maldita la tierra; con trabajo comerás de ella todo el tiempo de tu vida;
te dará espinas y abrojos y comerás de las hierbas del campo.
Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelva a la tierra,
pues de ella has sido tomado; ya que polvo eres, y al polvo volverás".
Sagrada Biblia, "Génesis 3".

La crítica feminista en antropología social, al igual que en las demás ciencias sociales,
surgió de la inquietud suscitada por la poca atención que la disciplina prestaba a la mujer. Ante
lo ambiguo del tratamiento que la antropología social ha dispensado siempre a la mujer, no
resulta fácil, sin embargo, dilucidar la historia de esta inquietud. La antropología tradicional no
ignoró nunca a la mujer totalmente, ya que en la fase de "observación" de los trabajos de

*
Lic. en Antropología; Mg. en Teoría y Metodología de las Ciencias Sociales. FHyCS - UNJu (Jujuy-
Argentina).
E-mail: dlmontial@arnet.com.ar

29
campo, el comportamiento de la mujer se ha estudiado, por supuesto, al igual que el del
hombre, de forma exhaustiva: sus matrimonios, su actividad económica, ritos y todo lo demás.
La presencia de la mujer en los informes etnográficos ha sido constante, debido
eminentemente al tradicional interés antropológico por la familia y el matrimonio. En las teorías
del parentesco y matrimonio resultaba imposible, incluso para los antropólogos, dejar de lado a
las mujeres, pero ellas aparecían en las etnografías invariablemente como hijas, hermanas o
esposas de uno o incluso varios hombres, como meros objetos de intercambio de sus
capacidades reproductivas entre hombre. El principal problema no era de orden empírico, sino
más bien de representación.. A modo de ejemplo, se puede citar el caso de los autores de un
famoso estudio sobre la cuestión, que analizaron las distintas interpretaciones aportadas por
etnógrafos de ambos sexos acerca de la situación y la idiosincracia de las aborígenes
australianas. Los etnógrafos varones calificaron a las mujeres de "profanas, insignificantes
desde el punto de vista económico y excluidas de los rituales". Las etnógrafas, por el contrario,
subrayaron el "papel crucial desempeñado por las mujeres en las labores de subsistencia, la
importancia de los rituales femeninos y el respeto de los varones mostraban hacia ellas".26 Las
mujeres estaban presentes en ambos grupos de etnografías, pero de forma muy distinta.
La cándida expresión del renombrado antropólogo Bronislaw Malinowski: "La antropología
es el estudio del hombre que abraza a una mujer", y que da cuenta, al menos en parte, de
cómo él entendía el lugar que les cabía a las mujeres en la antropología sociocultural clásica es
bien conocida y repetida. Bastante menos conocidas son, sin embargo, y solo como para
tomarlo de referencia, las obras de algunas antropólogas que, paradógicamente, habiendo sido
sus discípulas, investigaron y escribieron sobre las vidas de mujeres en diversas culturas.
Estos planteos motivaron que, en un trabajo anterior, presenté una revisión y
sistematización de la historia de la antropología social y cultural y su relación con los estudios
sobre las mujeres y el género. Allí planteaba tres etapas: una antropología donde las mujeres,
aunque presentes, están subsumidas por la "mirada masculina", a esta etapa la he denominado
la "pre-historia de la antropología de la mujer"; la segunda, a partir de los años 70, signada por
la relación con el feminismo y que he llamado "antropología de la mujer"; y la tercera, marcada
por los debates con el feminismo y la propia ciencia, que llamo "antropología del género"
(Bergesio 2001). Estas etapas, según la revisión bibliográfica que realicé, no representan una
"evolución", no son etapas cronológicas, sino, como yo las veo, de desarrollo paralelo en la
actualidad, si bien surgen en distintos momentos, la "nueva" inclusión de las mujeres o de la
categoría género, no reemplaza a la "vieja mirada", sea esta cual fuere.
Fue a partir de la llamada Antropología de la Mujer, a comienzos de los años ‘70, que se
fueron desarrollando distintas interpretaciones teóricas en torno a los sistemas de género
(Bergesio 2002) desde la Antropología Social y Cultural. Estos estudios estuvieron, en un
primer momento, fuertemente motivados e influenciados por el movimiento feminista y esta

26
ROHRLICH-LEAVITT, Ruby; SYKES, Barbara y WEATHERFORD, Elizabeth (1975)
"Aboriginal woman: male and female anthropological perspectives". En: REITER, R. (ed.)
Toward an Anthropology of Woman, 110-26, Nueva York, Monthly Review Press. Citado por
Moore (1999:13-4).

30
relación fue calificada como de vecindad, conflictiva y ambivalente (Stratherm 1993). En los
debates sobre estas cuestiones el papel de la división sexual del trabajo ha tenido un lugar muy
destacado apoyado, principalmente, en la convicción de que la división de nuestro mundo entre
actividades reproductivas y productivas está fundada en diferencias biológicas. Esta división
entre el trabajo productivo y reproductivo, uno adjudicado a los hombres y el otro a las mujeres,
basado en diferencias biológicas “...actúa como la mejor fundada de las ilusiones colectivas”
(Bourdieu 2000:57). Porque los informes etnográficos muestran una gran variedad en las
actividades que ejercen mujeres y hombres, de manera que casi nada, o muy pocas cosas al
menos, son atributos de unos o de otras (Lamas 1996). Pero a pesar de esta variedad hay
rasgos que se consideran universales y que requieren ser interpretados; dado que, con
independencia del tipo de cosas que hagan hombres y mujeres, las sociedades reconocen y
elaboran diferencias entre los sexos pero las actividades masculinas suelen considerarse más
importantes que las femeninas (Comas D'Argemir 1995).
En el presente trabajo se intentan recuperar las controversias centrales de la relación entre
antropología, estudios de la mujer y del género en relación a los estudios sobre la división
sexual del trabajo. La cual muestra cómo los modelos de representación sobre género y
trabajo, expresados mediante las dicotomía cultura/naturaleza, producción/reproducción o
trabajo/familia, son incorporados en el funcionamiento del mercado de trabajo, dificultando la
inserción laboral de las mujeres y haciendo invisibles las formas de trabajo existentes fuera de
las identificadas bajo la denominación de empleo.
Todo propósito de sistematizar décadas de discusiones desde distintas teorías –en este
caso desde los ’70 a la actualidad-, como es habitual dentro de la antropología, y en las demás
ciencias sociales, es necesariamente una simplificación y generalización del problema. Por ello
en este trabajo realicé el necesario recorte procurando focalizar la atención en los trabajos
pioneros sobre el tema y en los que han abierto una perspectiva de interpretación más allá de
la mera - aunque muy necesaria- descripción etnográfica.

Mujeres y división sexual del trabajo en los estudios de antropología

Esther Boserup redactó a finales de los ‘60 uno de los primeros análisis comparativos
sobre el trabajo de la mujer basado en datos procedentes de un amplio abanico de
sociedades.27 Señala allí que, pese a los estereotipos definitorios de las funciones de cada
sexo y a la generalización de la división sexual del trabajo en todas las culturas, el trabajo de
las mujeres difería de una sociedad a otra. Subraya el efecto negativo que supone para la
mujer el colonialismo y la penetración del capitalismo en las economías de subsistencia; ya
que, en algunos casos, los administradores coloniales introdujeron reformas en el suelo que
desposeyeron a las mujeres de sus derechos sobre la tierra. Como relata Boserup, estas
reformas no eran ajenas a la supremacía del enfoque europeo, según el cual cultivar la tierra

27
BOSERUP, Esther (1970) Women's Role in Economic Development. Londres: George
Allen&Unwin. Citado por Moore (1999:61-2).

31
era un trabajo propio de hombres. Su obra es un punto de partida importante porque plantea
cuestiones omnipresentes en la polémica sobre la condición social de la mujer y su función
económica en la sociedad y en ella se han inspirado muchos trabajos empíricos llevados a
cabo en la siguiente década.
Pero de mayor importancia aún fueron los trabajos de Serry Ortner (1979) y Michelle
Rosaldo (1979) quienes coinciden, por separado en dos artículos publicados originalmente en
1974, en proponer un par de categorías dicotómicas que expresan la oposición asimétrica entre
los sexos. Son las conocidas dicotomías naturaleza/cultura y doméstico/público, que durante
años influirán en las investigaciones sobre estos temas.
La oposición naturaleza/cultura28 se inspira en el estructuralismo lévi-straussiano. Ortner
argumenta que la subordinación femenina se debe a que de forma universal las mujeres se
asocian simbólicamente con la naturaleza y los hombres con la cultura. No es que esta sea
realmente así, sino que es la manera de percibirlo, pues lo que se pone en juego en la simetría
sexual son ideas y sistemas simbólicos. Todas las culturas establecen, según Ortner, una
distinción entre el mundo natural y la sociedad humana. Insiste en que esta distinción puede
concentrarse de forma muy variable, pero su importancia radica en que la naturaleza es
transformada por la cultura. Mediante la tecnología y el pensamiento los seres humanos tratan
de dominar la naturaleza, de donde obtienen su subsistencia. La naturaleza se considera
inferior a la cultura porque es sometida por ella. Las mujeres se consideran más próximas a la
naturaleza debido a sus funciones procreadoras y son estas mismas funciones las que, a su
vez, confinan a las mujeres al contexto doméstico y les asigna actividades compatibles con él.
"La mujer crea naturalmente desde el interior de su propio ser, mientras que el hombre es libre
de -o bien se ve obligado a- crear artificialmente, es decir, por medios culturales, de tal modo
que se mantenga la cultura” (Ortner1979:119). El hombre, en cambio, desarrolla actividades
que sobrepasan el ámbito doméstico y que se sitúan en el orden social global. Es quien domina
la naturaleza, y por lo tanto también la esfera social y a las mujeres.
Rosaldo introduce la distinción entre lo doméstico y lo público, en la que parecen
proyectarse las categorías del funcionalismo prevalentes en el ámbito del parentesco.
Considera esta oposición como la base de un esquema estructural necesario para explicar que
la simetría entre mujeres y hombres no puede entenderse en términos biológicos, sino como
algo universal en la experiencia humana y este algo es el rol de las mujeres como madres y
cuidadoras. “Este hecho resulta ser el centro de la distinción más simple en la división del
trabajo de los adultos de un grupo humano. Las mujeres llegan a verse absorbidas
predominantemente por las actividades domésticas a causa de su rol de madres. Sus
actividades económicas y políticas se ven limitadas por las responsabilidades del cuidado de
los niños, y sus emociones y atenciones están dirigidas muy precisamente hacia los niños de la
casa" (Rosaldo 1979:160). Esta orientación contrasta con la de los hombres, que se hallan más

28
Sobre la percepción esencialista que opone la naturaleza a la cultura, asimilando a la mujer
con la naturaleza y al varón con la cultura ver los trabajos de la antropóloga peruana Imelda
Vega-Centeno "Logos de la subordinación femenina: naturaleza vs. cultura". En: Vega-Centeno
(2000:25-112).

32
libres para dedicarse a actividades económicas, políticas o militares que se enmarcan en el
orden de lo que llamamos sociedad, en un sistema más universalista y que incluye lo
doméstico.
Como se puede ver las interpretaciones de ambas autoras son muy parecidas y las dos
parejas de categorías que propusieron inspiraron muchos trabajos posteriores, pero fueron
objeto de críticas también. Ya que, la búsqueda sistemática a través del registro etnográfico de
distintos contextos socio-culturales de la distinción doméstico/público en que se fundaría la
asimetría sexual sustentando el "status secundario que universalmente tiene la mujer" (Ortner
1979), ha encubierto los límites de la etnografía clásica -por lo menos en el campo de la
antropología y de la mujer- ya que dificultó a muchas investigadoras en la problemática de
género construir los lineamientos teórico-metodológicos específicos con que abordar lo relativo
a las mujeres tanto en la dimensión etnográfica concreta como en el interior de la propia
disciplina que, como tal, ha sido desarrollada por varones blancos y occidentales durante un
período específico de la historia. Sin embargo, el principal problema no reside en una
cristalización de esas nociones o conceptualizaciones específicas utilizadas para la
interpretación de la problemática de la mujer sino en la dificultad de analizar las condiciones de
posibilidad de los modelos teóricos dominantes: la forma en que se organizó el pensamiento
antropológico a partir de la construcción de una idea de humanidad imbricada de antemano por
la problemática de la diferencia de los sexos (López Machado 1990).
Desde mediados de los ´70 el análisis de la situación de la mujer estuvo en su mayor parte
dominado conceptualmente por la oposición entre doméstico/público, tal como lo expresan
varias publicaciones29 y por la discusión sobre el carácter productivo/reproductivo del trabajo.
Estos conceptos dualistas, siguen una lógica de oposición y antagonismo, regulan e interpretan
el lugar de la mujer en la sociedad y los roles que ésta debe asumir, normatizando y
jerarquizando las relaciones sociales. Los seres humanos - según sea su sexo- son incluidos
en una de las dos posibilidades factibles dentro de una oposición, considerándose cada
característica como natural, inherente a los varones o a las mujeres, según sea el caso. Esta
inclusión limita las posibilidades de ambos y excluye los matices y las combinaciones (Rico
1990). Por ejemplo, MacCormack y Strathern (1980) señalan el problema de proyectar la
dicotomía naturaleza/cultura, generada en nuestra sociedad, hacia otras sociedades para las
que puede no ser pertinente ya que no tienen por qué hacer esa distinción. Comaroff (1987)
hace la misma observación para el binomio doméstico/público, que puede tener contenidos
muy variables entre unas sociedades y otras. De hecho el pensamiento filosófico occidental
está sólidamente asentado en el binarismo, por lo que no es de extrañar que las oposiciones
dicotómicas invadan las categorías analíticas que se utilizan en ciencias sociales. Comas
D'Argemir (1995) propone para su superación la deconstrucción de tales categorías, es decir,
realizar el análisis de cómo sus significados funcionan en diferentes contextos culturales, lo que
posibilita, de hecho, no tomarlas como algo dado.

29
Por ejemplo para Eric Wolf (1968) la división masculino/femenino es una expresión cultural
de las relaciones público/privado, que implica a su vez una ordenación-instrumental opuesta a
una ordenación-expresiva.

33
Aunque estas críticas son correctas, hay un elemento básico que debe rescatarse de las
aproximaciones de Ortner y Rosaldo. Su esquema conceptual no nos permite llegar a la
interpretación última que explique la subordinación de las mujeres en relación a la división del
trabajo pero sí es un punto de partida muy útil para examinar la construcción cultural del género
y para entender las asociaciones simbólicas de las categorías hombre y mujer como resultado
de ideologías culturales y no como características inherentes o fisiológicas (Moore 1999).
Un trabajo de referencia obligada para explicar la asimetría sexual es el de Rubin
(1996) quien recurre al texto de Claude Lévi-Strauss (1993 [1949]) sobre el origen de la
sociedad descrita en Las estructuras elementales de parentesco basándose en su noción de
"intercambio de mujeres". De acuerdo con Rubin, las implicaciones sociales de la diferencia
entre dador y dádiva confieren a la mujer una posición subordinada en el interior de los
sistemas sociales. Señala que el "intercambio de mujeres" es un concepto seductor y vigoroso,
porque ubica la opresión de las mujeres en sistemas sociales antes que en la biología. Además
sugiere buscar la sede final de la opresión de las mujeres en el tráfico de mujeres, antes que
en el tráfico de mercancías. Ya que el intercambio de mujeres es el paso inicial hacia la
construcción de un arsenal de conceptos que permitan describir los sistemas sexuales. Rubin
(ob.cit.) retoma a Lévi-Strauss30 en otro de sus escritos donde plantea que la división social del
trabajo es engendrada como objetivo de establecer una interdependencia mutua entre los
sexos y de definirlos como categorías separadas y mutuamente exclusivas. La heterogeneidad
es establecida como una forma de relación sexual más viable económicamente. En términos
valorativos, entretanto la división entre los sexos está lejos de ser equivalente. Lévi-Strauss
concluye allí que la división del trabajo por sexos no es una especialización biológica sino que
debe tener algún otro propósito. Este propósito, sostiene, es asegurar la unión de los hombres
y las mujeres haciendo que la mínima unidad económica viable contenga por lo menos un
hombre y una mujer. La división del trabajo por sexo puede ser vista así como un tabú contra la
igualdad de hombres y mujeres, que divide los sexos en dos categorías mutuamente
exclusivas, que exacerba las diferencias biológicas y así crea el género. La división del trabajo
puede ser vista también como un tabú contra los arreglos sexuales distintos de los que
contengan por lo menos un hombre y una mujer, imponiendo así el matrimonio heterosexual. El
género es así una división de los sexos socialmente impuesta. Por lo que, lejos de ser una
expresión de diferencias naturales, la identidad de género exclusiva es la supresión de
semejanzas naturales. Requiere represión: en los hombres, de cualquiera que sea la versión
local de rasgos femeninos; en las mujeres, de la versión local de los rasgos masculinos. En
resumen, Rubin señala que de las teorías de Lévi-Strauss sobre el parentesco se derivan
algunas generalidades básicas sobre la organización de la sexualidad humana, a saber: el tabú
del incesto, la heterogeneidad obligatoria y la división asimétrica de los sexos.
En los trabajos de antropología sobre la división sexual del trabajo en los ´70 también se
recuperan algunos de los presupuestos de la teoría marxista para profundizar en el análisis de

30
Ver: LEVI-STRAUSS, Claude (1971) "The Family". En: SHAPIRO, H. (ed.) Man, Culture and
Society. Londres: Oxford University Press.

34
algo que había sido sistemáticamente olvidado, como son las relaciones de reproducción, a las
que mayoritariamente se vinculan las mujeres. Esta aproximación es la que más directamente
considera la división del trabajo social como eje central para explicar la subordinación de las
mujeres. Es evidente que al binomio producción/reproducción se le pueden aplicar las mismas
prevenciones que antes hemos comentado para el uso de categorías dicotómicas. Fue Karl
Marx (1975) quien introdujo esta distinción, reflejando el esquema conceptual del capitalismo
que instituye la separación entre el ámbito laboral y el familiar, entre el trabajo - que se vende
en el mercado- y la persona, entre las funciones económicas y otras esferas de la vida social.
Pero es preciso aclarar que él mismo plantea que no es que ello sea así sino que se concibe
así. Marx considera el proceso de producción y de reproducción de forma unitaria y entiende
muy claramente que la reproducción tiene lugar tanto en el proceso de trabajo como fuera de
él. Más aún, la reproducción trasciende el ámbito económico, pues interviene un elemento
histórico y moral que obliga a considerar la lógica social global en que se efectúa la producción
y reproducción del capital. No hay, pues, una esfera reproductiva separada, de la misma
manera que no hay una esfera productiva autónoma, porque la propia existencia de la
producción depende de que, a su vez, tenga lugar el flujo constante de su renovación. El
carácter unitario de la dicotomía se rompió precisamente al ser aplicada al análisis de la
situación de las mujeres. En este caso se tomó como referencia la obra de Federico Engels
(1974) que se inspira en los estudios de antropología de Lewis Morgan (1980 [1872]) y donde
relaciona los cambios en las condiciones de existencia con los cambios en la familia y las
relaciones de género. El punto crucial es la insistencia de Engels de que no solo se analicen
las relaciones de producción, sino también las de reproducción, entendiendo que la opresión de
las mujeres deriva de su asociación unívoca a la esfera reproductiva y de la desvalorización de
la misma por considerarse fuera de la producción social. La oposición trabajo/familia pasa a ser
la expresión de la separación de funciones y de instituciones entre producción y reproducción,
entendidas ahora en su forma más restrictiva.
Eleonor Leacock31 es una antropóloga marxista que debate el carácter universal de la
subordinación de la mujer. Considera que este postulado se desprende de un modo de análisis
básicamente antihistórico que deja de lado las consecuencias de la colonización y del auge de
la economía capitalista en todo el mundo y que comparte un marcado carácter etnocéntrico y
androcéntrico.32 Leacock rechaza dos de los argumentos propuestos por otras escritoras
feministas: que la condición de la mujer depende directamente de su función de concebir y criar
niños, y que la distinción doméstico/público es un marco válido para el análisis de las
relaciones de género en todas las culturas. A partir del material recogido en sociedades de
cazadores-recolectores, corrobora el razonamiento de Federico Engels (1974) al afirmar que la
subordinación de la mujer con respecto al hombre, el desarrollo de la familia en tanto que
unidad económica autónoma y el matrimonio monógamo están ligados al desarrollo de la

31
LEACOCK, Eleanor (1978) "Women's status in egalitarian society: implications for social
evolution". En: Current Anthropology, 19 (2):127-75. Citado por Moore (1999:46-7).
32
Leacock critica a algunos de los primeros textos feministas, especialmente la colección de
Rosaldo y Lamphere de 1974 Women, Culture and Society.

35
propiedad privada de los medios de producción. Lo más importante del trabajo de Leacock es
que en las sociedades preclasistas los hombres y las mujeres eran individuos autónomos que
ocupaban posiciones de idéntico prestigio y valía. Estas posiciones eran sin duda diferentes,
pero no superiores ni inferiores. Opina que, contrariamente a los primeros informes redactados
por etnógrafos varones, las mujeres de todas las sociedades contribuyen de manera sustancial
a la economía; y que contrariamente a las afirmaciones de algunas antropólogas feministas, la
condición de la mujer no depende de su papel de madre ni de su reclusión en la esfera
doméstica, sino de si controlan el acceso a los recursos, sus condiciones de trabajo y la
distribución del producto de su trabajo. Al examinar la etnografía de los indios iroqueses,
Leacock concluye que la separación de la vida social en esfera doméstica y pública no tiene
razón de ser en comunidades pequeñas donde la producción y la administración de la unidad
doméstica forman parte, simultáneamente, de la vida pública, económica y política.
Karen Sacks33 en uno de sus primeros artículos pretendió modificar la tesis de Federico
Engels, a tenor de la cual la subordinación de la mujer empezó con el desarrollo de la
propiedad privada, alegando que existen numerosos datos que demuestran que en la mayoría
de las sociedades sin clases, que carecen del concepto de propiedad privada, no existe
igualdad entre hombres y mujeres. A pesar de esta afirmación se muestra totalmente de
acuerdo con la opinión de Engels porque explica las condiciones en las que las mujeres pasan
de estar subordinadas a los hombres, y se ve corroborada por los datos etnográficos e
históricos recogidos desde la publicación de la obra de Engels, que reflejan que la posición
social de la mujer no se ha mantenido siempre, ni en todas partes ni en la mayoría de los
aspectos, subordinada a la del hombre. En otra obra Sacks34 pone en pie una estructura para
apreciar cómo varía la condición de la mujer de una cultura a otra. El postulado subyacente en
la obra sería que si la mujer y el hombre acceden por igual a los medios de producción, existe
necesariamente igualdad de género. La obra de Sacks es muy útil porque no da por supuesta
la igualdad y la autonomía de la condición de la mujer en sociedades preclasistas, como parece
ser el caso de Leacock y, por consiguiente, ofrece la posibilidad de examinar cómo ha
evolucionado la posición de la mujer en estas sociedades. Pero hay dos críticas importantes.
La primera se refiere a la dicotomía doméstico/público ya que en el último trabajo citado ella se
basa en la suposición implícita de que los derechos y actividades de las mujeres -
representadas como hermana o esposa- se distinguen fácilmente una de la otra -las
domésticas de las públicas-; una suposición injustificada en sociedades donde las familias no
son unidades económicas autónomas, es decir, donde lo doméstico y lo público no es tan fácil
de diferenciar. Y la otra crítica se refiere al problema de las ideologías culturales; ya que la
mayoría de estudios del feminismo estarían ahora de acuerdo en que la valoración cultural
atribuida a los hombres y a las mujeres en la sociedad no depende únicamente de su posición
respectiva ante el sistema de la producción (Moore 1999).

33
SACKS, Karen (1974) "Engels revisited: women the organization of production, and private
property". En: ROSALDO, M. y LAMPHERE, L. ; ob.cit. Citado por Moore (1999:48-9).
34
SACKS, Karen (1979) Sisters and Wives: The Past and Future Of Sexual Equality. Westport,
Cornn: Greenwood Press. Citado por Moore (1999:49-50).

36
La más conocida de las teorías de las teorías sobre la reproducción es la de Claude
Meillassoux (1977) quien se concentra en la esfera doméstica como marco de las relaciones
sociales de reproducción más importantes e intenta relacionarlas con la perpetuación de los
sistemas económicos. Toma como referente las sociedades africanas con agricultura de
subsistencia, con sistema de filiación patrilineal y matrimonio poligínico y en las que el núcleo
productivo básico es la comunidad doméstica.. Dadas las condiciones productivas, la
perpetuación de la comunidad no se basa en el control de la tierra -la propiedad es comunal-, ni
en el control de los instrumentos de trabajo -son muy simples y pueden ser obtenidos por
cualquier persona-, sino en el control de la fuerza de trabajo. La riqueza proviene de tener
linajes muy amplios, con mucha gente trabajando para el conjunto del grupo y esto se consigue
mediante el control de los matrimonios. Tener muchas mujeres -base de la poliginia- no solo
posibilita el acceso a su trabajo sino, sobre todo, a sus capacidades reproductivas, es decir, a
los hijos como fuente de trabajo. Una primera consecuencia es la jerarquía de los mayores
sobre los jóvenes, pues estos dependen de los primeros tanto para acceder a los recursos
comunitarios como para llegar al matrimonio. La segunda consecuencia es la jerarquía de los
hombres sobre las mujeres, que intercambian entre sí mediante las alianzas y acuerdos entre
linajes. El control de las mujeres es, en definitiva, el control de las condiciones de existencia del
grupo. La comunidad doméstica es la base de funcionamiento de la economía de subsistencia,
pero también de la articulación de esta clase económica con el capitalismo en su proceso de
expansión. Por lo tanto, Meillassoux sostiene que el control de los medios de producción es
menos importe que el control de los medios de reproducción, es decir, de las mujeres. Esto se
opone claramente a el planteo de Federico Engels.
Su argumentación evoca un viejo debate en antropología, suscitado por Lévi-Strauss (1993
[1949]), acerca del intercambio de mujeres y los orígenes del comportamiento cultural humano.
No se plantea de hecho las causas de la subordinación de las mujeres, sino que las da por
supuestas y contempla a la mujer solamente en su dimensión reproductora. Esta es la crítica
que más frecuentemente se hace de su obra.
Harris y Young35 hacen la contribución más elaborada a la teoría de las relaciones de
reproducción. Proponen en primer lugar la deconstrucción de la categoría de mujer, así como
de algunos términos analíticos –matrimonio, doméstico- por considerar que se trata de
categorías empíricas que contienen relaciones diferentes en distintas sociedades. El objetivo
es llegar a entender el problema de la diferencia en sí mismo y por qué se desarrolla de
determinada manera en cada sociedad concreta. El concepto explicativo lo encuentran en el de
reproducción. Su aportación radica en la diferenciación de tres significados distintos del
término: la reproducción humana o biológica, la reproducción del trabajo y la reproducción
social o sistémica. Estos tres significados representan distintos niveles de abstracción, cada
uno de los cuales posee implicaciones distintas para las relaciones de género. Insisten en esta
consideración, porque si bien es evidente que las relaciones de género aparecen de forma

35
HARRIS, O. y YOUNG, K.(1981) "Engendered Structures: some Problems in the Analysys of
Reproduction". En: KAHN, J.S. y LLOBERA, J.R. (eds.) The Anthropology of Pre-Capitalist
Societies. Londres: Macmillan. Citado por Comas D'Argemir (1995:27-8)

37
relevante en la reproducción humana y en la reproducción de los individuos como trabajadores,
no sucede así, en cambio, cuando se trata de la reproducción sistémica, en que las relaciones
de género se dan por supuestas. La principal preocupación de las autoras es cómo pasar del
análisis más amplio del modo de producción a entender formas y procesos específicos, en
unas condiciones históricas concretas. Esto es importante para el análisis del género cuando
se analizan las condiciones de reproducción de un sistema productivo históricamente
determinado. Ya que permiten poner cuestiones de cómo las relaciones de género difieren en
formaciones sociales distintas y cómo las formas de dominación y subordinación entre hombres
y mujeres, entre mujeres y mujeres, entre hombres y hombres, son condición de existencia de
la perpetuación de relaciones de producción particulares.
El uso de la dicotomía producción/reproducción ha tenido como principal problema el que
se haya identificado a menudo de forma restringida con el binomio trabajo/familia, asociando el
primero a la producción y la segunda a la reproducción. Yanagisako y Collier (1987) señalan
que esto origina otro complejo de binomios en que por una parte aparecen cosas materiales-
tecnología-participación de ambos géneros-actividad remunerada-fábrica-dinero y por otra
parte personas-biología-femenino-actividad sin salario-familia-amor. Con ello no se consigue
realizar un análisis objetivo, sino que se proyecta el modelo de la representación sobre trabajo
y género que existe en nuestro sistema cultural. Se utilizan como categorías analíticas nuestra
propia forma de conceptualizar el conjunto de funciones e instituciones en que se fragmenta el
proceso social que, de hecho, es unitario. Yanagisako y Collier concretan su crítica basándose
en el texto de Harris y Young que he presentado antes. Sus argumentos son válidos en lo que
respecta a la identificación que Harris y Young efectúan entre mujer y reproducción y también
por lo que respecta a la propia visión dual que sostienen. Sin embargo, y a pesar de estas
críticas, el esfuerzo de conceptualización de Harris y Young sobre la reproducción sigue siendo
válido: no es la división del trabajo lo que ocasiona las asimetrías sexuales, sino que estas
asimetrías se incorporan como elementos básicos para la perpetuación de determinadas
relaciones de producción.
Aunque el binomio producción/reproducción puede presentar problemas de reificación y a
pesar de que sus componentes se entiendan de forma segregada, también puede decirse que
se ha avanzado bastante en su superación. Así las investigaciones más recientes sobre el
trabajo de las mujeres, la economía informal o las formas de autoabastecimiento han permitido
develar la importancia económica de actividades no remuneradas tales como el trabajo
doméstico, el trabajo para el autoconsumo o el trabajo voluntario para la comunidad, por
ejemplo, que poseen un papel esencial en el suministro de los servicios y productos de
consumo que sufragan los costes de la fuerza de trabajo, contribuyendo, pues, a su
reproducción. El análisis de la reproducción, por otro lado, no se ubica exclusivamente en la
familia, sino también en otros ámbitos y relaciones -red de parentesco, comunidades, estado,
etc.-. Se ha problematizado, por otra parte, el que se tome el grupo familiar como una unidad
de análisis, en la medida en que contribuye a percibir la familia como un grupo natural y como
una unidad de acción. Además, ha sido un gran avance la consideración misma de que el

38
trabajo y la familia no son ámbitos separados más que ideológicamente, ya que desde la lógica
económica y social se encuentran imbricados, articulando la producción y la reproducción. Se
recupera así la visión integradora que proponía Marx. La asociación entre producción y
reproducción no debiera de ser entendida únicamente en sus dimensiones económicas. Ya que
en ella cristalizan relaciones a nivel conceptual que clasifica en distintos dominios - parentesco,
política, economía, ideología- y que a un nivel metodológico pueden considerarse organizadas
también en distintos niveles de abstracción.
En este sentido va la propuesta de Comas D'Argemir (1995) quien insiste en la necesidad
de no confundir los modelos de representación con la lógica que rige el funcionamiento social.
Persona y actividad, familia y trabajo, parentesco y economía se piensan separadamente pero,
por el contrario, se hallan totalmente imbricados. Plantea que no es que el binomio
trabajo/familia no exista, sino que lo que hay que entender es que tal dicotomía expresa el
modelo de representación de las relaciones entre género y división del trabajo y por tanto ha
pasado a formar parte de nuestra manera de entender la realidad, frente a otras percepciones
que tienden a homogeneizar las actitudes y motivaciones de las mujeres respecto al empleo.
Ella muestra la existencia de una gran heterogeneidad entre las mujeres. Insistiendo en que el
trabajo remunerado posee significados y valores muy diferentes tanto en la vida de las mujeres
como en la construcción de la identidad, en sus actitudes y motivaciones y también con
respecto al trabajo y a la familia. Señala que no es la actividad en sí lo que cuenta, sino las
relaciones sociales en que se incluye. Y, sobre todo, insiste en que en nuestra sociedad se
efectúa mucho más trabajo del que se contabiliza y es reconocido oficialmente, siendo una
parte de este trabajo remunerado pero otra parte no.
A esto hay que sumarle que el esquema laboral en el que se asientan las nuevas formas
de trabajo está lejos de la seguridad y estabilidad que proporcionaba el empleo para toda la
vida, lo que se plantea es un sistema de ocupaciones múltiples, que se combinan entre sí, o
que suceden alternativamente en la vida de las personas. Estas ocupaciones múltiples implican
combinar el empleo con la auto-ocupación, el ganar dinero con el hágalo usted mismo, el tener
un empleo a tiempo parcial con el cuidado de los/as niños/as, el compaginar las actividades
remuneradas con el voluntariado, el trabajo en sociedades civiles u organizaciones de la
comunidad.
El trabajo hoy debería incluir todas esas formas de trabajo necesarias y no solo el empleo.
Esto implica un cambio cultural, en el sentido de que tendrá que modificarse el concepto mismo
de trabajo, los presupuestos por los que se organiza el tiempo de vida y el valor que se asigna
a cada actividad. La gran pregunta es si estas distintas formas de trabajo que estarán
presentes en nuestras vidas en forma de opciones múltiples y simultáneas, lo estarán tanto
para los hombres como para las mujeres al mismo tiempo. Y si los modelos de representación
sobre género no se basarán ya en la actual oposición trabajo/familia, cuáles serán las clases
de nociones y símbolos que se crearán. El futuro de los sistemas de género no es
independiente de las formas de trabajo que haya y se reconozcan socialmente. La construcción
social del género está en relación dialéctica con el sistema social y, más en concreto, con la

39
división del trabajo. Ya que, en una sociedad basada en la desigualdad, el género se concibe
como una relación desigual y, a su vez, reproduce el sistema de desigualdades.

Perspectiva comparativa e intersecciones

"Ella crea poemas en la mesa y en la cocina hojaldres;


letra y delicias para regalar, música del arpa de David sanando a Saúl
y sanando también a David, alegrías del alma y de la boca condenadas por los abogados del dolor.
- Sólo el sufrimiento te hará digna de Dios -le dice el confesor-,
y le ordena quemar lo que escribe, ignorar lo que sabe
y no ver lo que mira".
Eduardo Galeano, Memoria del fuego. I. Los nacimientos. 1981

El desarrollo de los estudios sistemáticos, afincados en espacios académicos sobre la


mujer y las relaciones de género evidencia un campo epistemológico propio que aunque
interceptado con diversas disciplinas sigue un camino particular. El contexto histórico en el cual
se desenvuelve la reflexión sobre la mujer y el género está marcado por la existencia de los
movimientos feministas, de los diversos espacios de acción de mujeres y por los cambios
acaecidos en la división sexual del trabajo, en la estructura social y en la cultura.
Los/as antropólogos/as que se dedican a los estudios del género han remarcado que lo
que les pasa a las mujeres no se puede comprender si no se mira lo que les pasa a los
hombres y a las mujeres, y que lo que les pasa a ambos no puede ser comprendido sin prestar
atención a todo el sistema social. Los/as antropólogos/as también le han dado pistas de otros
mundos, de diferentes formas de presión y libertad. La antropología provee una lista de
información de diferentes culturas, que es bueno tener para pensar (Strathern 1993); y puede
contribuir al esclarecimiento de los elementos constituyentes de la identidad psicosocial
femenina, al mismo tiempo que otorga bases firmes, propias del conocimiento científico, a los
postulados que plantean una revisión del rol y status de la mujer en nuestra sociedad, así como
de la ideología dominante que los genera y reproduce (Rico 1990).
La perspectiva comparativa que la antropología ha introducido en la interpretación cultural
del sistema de género y en el debate sobre la división sexual del trabajo, incluidos los
problemas planteados por el desarrollo del capitalismo, ha mejorado considerablemente el
conocimiento en estas áreas, tanto teórica como empíricamente. Su acento en los distintos
tipos de diferencias y en las de género en particular, permite cuestionar la primacía que la
antropología social ha acordado tradicionalmente a la diferencia cultural. Ello no significa que
esta última deba ignorarse o dejarse de lado, lo cual constituiría, por lo demás, una insensatez,
sino sencillamente que las distintas clases de diferencias existentes en la vida social humana -
género, clase, raza, cultura, historia, etc.- siempre se construyen, se experimentan y se
canalizan conjuntamente. Si prejuzgamos la hegemonía o la importancia de un tipo concreto de
diferencia, nos exponemos automáticamente a ignorar las demás. Es, no obstante, evidente
que en determinados contextos existen diferencias más importantes que otras. De ello se
desprende que la interacción entre varias formas de diferencias siempre se define en un

40
contexto histórico determinado y, sobre todo, que no podemos dar por supuesto que
conocemos la relevancia de un determinado conjunto de intersecciones entre clase, raza y
género sin analizarlas previamente.

41
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43
EN DEFENSA DE LA LIBERTAD SEXUAL: DISCURSOS Y ACCIONES DE
FEMINISTAS Y HOMOSEXUALES EN LOS ’7036

Karina A. Felitti•

Resumen

Hacia fines de los `60, el Estado argentino consolidó su tradicional preocupación por la
caída demográfica, relacionando el tamaño de la población con necesidades geopolíticas y
proyectos de desarrollo. Alentó la natalidad y defendió el orden tradicional entre los géneros,
atacado por los enemigos externos e internos de la sociedad cristiana occidental. En este
contexto, los cuestionamientos al modelo de familia patriarcal, la extensión de la
anticoncepción y el aborto, y la creciente presencia homosexual en la escena pública,
generaron la intervención estatal en defensa de la moral y las buenas costumbres. No resulta
extraño entonces, que reivindicando sus libertades y la autonomía de sus cuerpos, el
movimiento feminista y el Frente de Liberación Homosexual (FLH) encontraran puntos en
común. Aquí se analizarán las formas de acción y resistencia que desarrollaron juntos, para
enfrentar las políticas implementadas desde el Estado que violaban sus derechos y libertades
individuales.

I. Introducción

Desde mediados de la década del sesenta, la cuestión demográfica se erigió como tema
prioritario de discusión, a nivel nacional e internacional. En Argentina, distintos gobiernos,
civiles y militares, consideraron que el tamaño de la población constituía un importante factor
geopolítico que no podía descuidarse: se necesitada contar con muchos habitantes para
alcanzar el desarrollo económico y protegerse de una eventual agresión extranjera. De ahí, la
urgencia por contar con una política de población nacional que detuviera la caída demográfica,
ya fuera fomentando la inmigración, disminuyendo la mortalidad y, especialmente, aumentando
la tasa de natalidad.

36
Una versión preliminar de este trabajo fue presentada en las Jornadas Género, Sociedad y Política
Homenaje a Marcela Nari, IIEGE - PEHESA - Cátedra de Historia Social General, Facultad de Filosofía y
letras – UBA, 15 de abril de 2005. Agradezco los comentarios y sugerencias que Mario Pecheny realizó a
las hipótesis y conclusiones de este trabajo.

Profesora en Historia (UBA). Miembro del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género (IIEGE) de la
Facultad de Filosofía y Letras - UBA. Ha cursado la Maestría en Historia Argentina y Contemporánea de
la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT). Becaria de posgrado de CONICET. Actualmente, realiza su
doctorado en Historia, en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA), sobre las políticas de población, las
prácticas anticonceptivas y los discursos sobre moralidad y sexualidad en la historia argentina reciente.

44
Sin embargo, las recomendaciones a nivel mundial eran precisamente las contrarias. La
cantidad de habitantes en América Latina constituía una preocupación para los Estados Unidos
y para otros países desarrollados, que relacionaban el exceso demográfico de la Región con su
atraso económico y social, y la combatividad y descontento de la mayoría postergada de sus
habitantes. Para frenar este crecimiento, que suponían desmedido en relación a los recursos y
oportunidades de desarrollo, recomendaban la aplicación de políticas de control de la natalidad.
La reacción a estas propuestas no fue uniforme: algunos países latinoamericanos las
adoptaron, mientras que en otros, se generaron corrientes de oposición, generalmente
lideradas por grupos de izquierda, que veían en esta difusión compulsiva de la anticoncepción,
una nueva forma de imperialismo.
A su vez, la Doctrina de la Seguridad Nacional exhortaba a redoblar la vigilancia hacia
dentro, atendiendo a los posibles “enemigos internos”. La definición de estos enemigos era
amplia, incluía no sólo a los militantes políticos sino a toda persona que cuestionara los pilares
del sistema capitalista y la sociedad cristiana occidental (Huggins, 1991). En tal contexto, la
“mujer emancipada” y los homosexuales, revolucionaban el sistema de género y atentaban
contra los objetivos poblacionistas, la moral y el modelo de familia patriarcal, al escindir el
placer sexual de la reproducción.
Los medios masivos de comunicación y hasta una disciplina moderna como el
Psicoanálisis, colaboraron en la cruzada para reinstaurar el orden moral y regresar a las
mujeres a la maternidad y al mundo doméstico. El discurso psicoanalítico, aún en sus
versiones más progresistas, no desafió los valores y concepciones habituales acerca de las
relaciones entre los sexos, la sexualidad, el deber maternal y el orden familiar; utilizó un nuevo
lenguaje para legitimar modelos tradicionales (Plotkin, 2003). Los medios de prensa,
especialmente las revistas femeninas y otras publicaciones populares, comenzaron a tratar
temas hasta entonces tabú, como la sexualidad infantil, la educación sexual, la anticoncepción,
el placer femenino y la homosexualidad, pero esto no implicó una mirada más tolerante. Los
niños y la juventud debían ser controlados; la sexualidad se vivía plenamente en el matrimonio;
las mujeres debían evitar masculinizarse y olvidar que su principal fuente de realización era la
maternidad; los homosexuales eran personas enfermas que necesitaban ayuda para “curarse”
y revertir su condición. Aún así, como señala Isabella Cosse, la inclusión de estas temáticas
reflejaba un nuevo clima de ideas y opinión, la posibilidad de comenzar a debatir cuestiones de
la vida privada en el espacio público (Cosse, 2004).
En este contexto, no resulta extraño que el movimiento de mujeres y de homosexuales
encontraran puntos en común, a partir de la experiencia de vivir en un sistema que los oprimía.
En muchas oportunidades, lucharon juntos contra el policiamiento de la vida privada,
reclamando la libertad sexual y el acceso a la anticoncepción y el aborto. Si bien muchos de
estos reclamos siguen vigentes, en la década del ’70, la violencia social generalizada y la
preocupación por la caída demográfica dieron un tono específico a estas demandas. La
defensa de la libertad en la vida privada, se incluía en un conjunto de reivindicaciones que
excedían esa dimensión: la revolución sexual era inseparable de la revolución social y política.

45
Si bien en la actualidad la situación es diferente, ya sea por la existencia de un estado
democrático y por la aceptación más generalizada de los métodos anticonceptivos, las
relaciones prematrimoniales y la homosexualidad, parte del imaginario construido sobre estos
temas desde el estado autoritario, ha logrado subsistir. A partir de él, se justifican actitudes
represivas e intolerantes hacia la diversidad, en una sociedad que está aún construyendo su
democracia. Mientras persisten las mismas demandas por parte del movimiento de mujeres y
de minorías sexuales, que engloba ahora una variedad de identidades mucho más amplia que
la homosexualidad masculina, muchas de las consignas a favor de la educación sexual, la
difusión de anticonceptivos, el derecho al aborto y la libertad sexual, se expresan en otro tono y
otro lenguaje.
De ahí nuestro interés, en construir una historia que nos indique las transformaciones
prácticas y discursivas del Estado y la sociedad, respecto a los derechos sexuales y
reproductivos. En este trabajo, nos proponemos analizar las formas de acción y resistencia que
desarrollaron las agrupaciones feministas y el Frente de Liberación Homosexual en los años
setenta, para enfrentar las disposiciones que se diseñaron e implementaron desde el Estado.
En primer lugar, presentaremos una síntesis de las políticas referidas a estos temas.
Seguidamente, relevaremos las intervenciones públicas de estos movimientos sociales, a partir
de sus documentos de discusión, volantes, programas y solicitadas, además de los relatos de
los y las protagonistas, ya sea a través de sus escritos autobiográficos y de entrevistas
personales37. Por último, se presentarán algunas conclusiones parciales, respecto a los
cambios y continuidades en los modos de reivindicar el derecho de mujeres y varones a
disponer de su propio cuerpo.

II. Discursos y políticas en contra de la anticoncepción y la libertad sexual

En 1969, el Instituto Torcuato Di Tella organizó el Simposio sobre política de población


para la Argentina, en respuesta al debate político, intelectual y social que generaba la cuestión
demográfica. En ese encuentro se discutieron distintas estrategias para aumentar la cantidad
de habitantes, mejorar la calidad de la inmigración y alcanzar una equitativa distribución
regional. Las propuestas estuvieron influenciadas por el temor que originaba el crecimiento
poblacional de los países latinoamericanos, especialmente el brasileño, y la creciente
ingerencia norteamericana en los asuntos de la Región y sus recomendaciones antinatalistas.
Si bien las conclusiones del Simposio no se tradujeron en medidas puntuales, en el imaginario
social fueron arraigándose los temores a la falta de población, la imprescindible necesidad de
revertirla y la urgencia de diseñar una política de población propia, que reafirmara la autonomía
nacional.
En lo que respecta a la vida cotidiana, desde mediados de los sesenta, y a pesar del estilo
político represivo y autoritario que impuso el gobierno militar del General Onganía (1966-1970),

37
Para este trabajo he entrevistado a Sara Torres (26/01/2005) e Hilda Rais (16/03/05),
quienes gentilmente han abierto su archivo personal, facilitándome documentos y fotografías.
Las citas textuales que se presentan a lo largo del texto remiten a estos encuentros.

46
las ciudades fueron testigos de una importante transformación de los roles de género. Las
mujeres, principalmente de los sectores medios, se beneficiaron de una situación impensada
tan sólo una generación atrás. Podían salir solas, gozar de una mayor libertad sexual y
controlar efectivamente la natalidad, gracias a la difusión de los métodos anticonceptivos
modernos, en especial, la píldora antiovulatoria. Muchas profundizaron su ingreso a las
universidades y al mercado de trabajo, situación que les ofreció la oportunidad de manejar su
propio dinero y hasta poder vivir solas. Esta imagen de mujer moderna convivía con el
tradicional estereotipo de la madre, esposa y ama de casa, que ahora también se presentaba
en un nuevo formato, bajo la influencia del Psicoanálisis y un nuevo mercado de productos
domésticos (Feijoo y Nari, 1996). Estos cambios inquietaron al gobierno de Onganía que buscó
recuperar el clima de moralidad perdida, intentando controlar la vida privada de la ciudadanía.
La censura y la represión a conductas consideradas obscenas y subversivas se extendieron a
las más variadas costumbres y manifestaciones cotidianas: las minifaldas, los pantalones
anchos y el pelo largo en los varones, los besos en el plazas y lugares públicos, la
concurrencia a hoteles alojamiento, las salidas a boites y whiskerías, fueron manifestaciones y
conductas perseguidas por el gobierno que contó para esta tarea, con la valiosa colaboración
policial (Felitti,2000).
Con la vuelta del peronismo al poder en 1973, la persistente caída demográfica volvió a
instalarse como preocupación. La tasa bruta de natalidad que en la década de 1960 había sido
de un 24,3%, en los setenta bajó a 22,6%. Esta tendencia declinante sólo se revirtió
momentáneamente en 1975 (23,4%) por la llegada a la edad de casamiento y nacimiento del
primer hijo, de las generaciones comparativamente más numerosas del baby boom
(Torrado,2003:326). En el Plan Trienal para la Reconstrucción y la Liberación Nacional (1974-
1977) del gobierno peronista, se advertía sobre el peligro de esta situación que contrastaba con
las características demográficas del resto de los países latinoamericanos (Plan Trienal, 1973).
Un informe oficial, presentado por Perón a los dirigentes partidarios provinciales, demostraba
que Argentina estaba siendo sometida a un “sutil plan exterior del largo alcance para
despoblarla de hombres y mujeres en edad útil”, apoyado en una campaña psicológica y
material que promovía las esterilizaciones femeninas (Clarín, 1974). Para contrarrestar esta
situación, el gobierno oficiaría medidas que permitieran cumplir con el objetivo de alcanzar los
50 millones de habitantes en el año 2000.
El 28 de febrero de 1974, Perón y su ministro de Bienestar Social, José López Rega,
firmaron el Decreto 659 que disponía el control de la comercialización y venta de productos
anticonceptivos, junto a la prohibición de desarrollar actividades relacionadas, directa o
indirectamente, con el control de la natalidad. La medida recomendaba, además, realizar un
estudio sobre el tema y una campaña de educación sanitaria que destacara a nivel popular, los
riesgos de someterse a métodos y prácticas anticonceptivas. Esta “amenaza que compromete
seriamente aspectos fundamentales del destino de la República” se consideraba fruto del
accionar de “intereses no argentinos” que desalentaban la consolidación y expansión de las
familias, “promoviendo el control de la natalidad, desnaturalizando la fundamental función

47
maternal de la mujer y distrayendo en fin a nuestros jóvenes de su natural deber como
protagonistas del futuro de la patria” (Decreto 659,1974).
Si bien la campaña no se efectuó y el requisito de la receta por triplicado, una para la
farmacia, otra para la paciente y la tercera para la Secretaría de Salud Pública, no llegó a
aplicarse sistemáticamente, sí se cerraron 60 consultorios de planificación familiar que
funcionaban en hospitales. Esta clausura volvió efectiva la prohibición de informar sobre
métodos anticonceptivos y distribuirlos, en las instituciones que dependían del Estado o eran
supervisadas por él, incluyendo las obras sociales (Llovet y Ramos, 1986). Si la
comercialización de anticonceptivos en algunos casos se mantuvo, esto dependió del libre
arbitrio de médicos y farmacéuticos. La prohibición obstaculizó el conocimiento y el acceso a
los métodos de control de la natalidad a los grupos sociales más desfavorecidos, precisamente
aquellos de mayor tasa de fecundidad. Los sectores altos y medios que contaban con servicios
privados de salud, tuvieron la oportunidad de continuar recibiendo la información y las recetas
necesarias, mientras que los sectores populares, obligados a concurrir a hospitales públicos,
no pudieron hacerlo (Felitti,2004).
Al igual que la “mujer emancipada” y las prácticas de control de la natalidad, la
homosexualidad cuestionaba el orden natural, al escindir el sexo de la procreación y
desarticular el sistema de género.38 Además, resultaba perturbadora la exogamia que
practicaban los homosexuales en términos de clase, geografía, edad y estatus socio cultural.
Para controlar estas situaciones, desde mediados de los años ’40, el Estado había delegado en
la policía la atribución de reprimir actos no contemplados en el Código Penal. La aplicación del
Reglamento de Procedimientos Contravencionales (1946) fue una de las primeras medidas en
ese sentido. En abril de 1949, la figura de contravención de escándalo público, conocida como
el “2 H”, completó la ofensiva: ésta permitía detener por 30 días, sin posibilidad de pagar una
multa, a cualquier sospechoso de incitar y ofrecerse al acto carnal (Sebreli,1997).
En los inicios de los años sesenta, un protagonista clave en este proceso de control social
fue el comisario Luis Margaride, conocido por sus razzias en los hoteles alojamientos, cines y
baños públicos, el aumento de la iluminación en las calles y espacios abiertos para evitar
contactos efusivos, y otros gestos de censura e injerencia policial en la vida privada. La
permanencia de este personaje en el poder, durante los gobiernos de Frondizi (1959-1962);
Guido (1962-1963); Onganía (1966-1970) y Perón (1973-1974), vale como ejemplo para
demostrar hasta que punto, el clima represivo excedía a la división entre gobiernos civiles y
militares, democráticos o golpistas. Ya en los ’70, en la última etapa del gobierno peronista, la
violencia fue aumentando su caudal de manera vertiginosa: de un corte de pelo forzado en una
celda se pasó a las amenazas de muerte y asesinatos. En febrero de 1975, la publicación El
Caudillo, vinculada a López Rega, publicó una nota en donde se llamaba a “acabar con los

38
Al hablar de homosexualidad nos referimos a ambos sexos, aunque el accionar de los
varones fue más notorio en estos años. Como señala Hilda Rais, hasta entrada la década del
’80, no hay manifestaciones públicas de mujeres homosexuales, que luego pasaran a llamarse
lesbianas. Por motivos personales y cuestiones estratégicas ante los detractores del
feminismo, las militantes feministas homosexuales ocultaban su orientación sexual. (Rais:
1996).

48
homosexuales”: brigadas callejeras debían ocuparse de colocarlos en campos de reeducación
y trabajo, raparlos y dejarlos atados a los árboles con leyendas explicativas. A partir de ese
momento, los grupos de homosexuales militantes comenzaron a replegarse.
Una año más tarde, con la instauración del Proceso de Reorganización Nacional, el
terrorismo de estado se consolidó como práctica. Acostumbrados a circular por el espacio
público, plazas, cines de películas clase B, y especialmente, baños públicos o “teteras”, los
homosexuales se vieron obligados a cambiar sus rutinas. Muchos se mudaron de la Capital a
los suburbios, en sus recorridos evitaron las avenidas y confeccionaron planes de escape y
sistemas de seguridad antes de comenzar cualquier reunión o fiesta (Sebreli, 1997; Rapisardi y
Modarelli, 2001). Sólo en los carnavales, los varones disfrazados de “locas” se revelaban
públicamente, poniendo en funcionamiento las reglas de esta celebración que todo lo permite.39
No resulta extraño que la Junta Militar haya derogado el decreto que declaraba feriados esos
días y terminara censurando estas fiestas.
En lo que respecta a la política demográfica, el Proceso continuó en la línea trazada
por el peronismo. Mediante el decreto 3938 (1977), la Junta aprobó los objetivos y las políticas
propuestas por la Comisión Nacional de Política Demográfica (CONAPODE). Esta oficina,
creada por el peronismo, tenía como misión “proyectar una política nacional de población e
intensificar el crecimiento cuantitativo y cualitativo de la población argentina y su más adecuada
distribución regional” (Decreto 980,1974:2). El aumento de la fecundidad se propuso por una
doble vía: otorgar incentivos para la protección de la familia y eliminar las actividades que
promovieran el control de la natalidad. Las medidas de estímulo, como el facilitar el acceso a la
vivienda, asignaciones familiares efectivas, la instalación de guarderías infantiles y un régimen
laboral más favorable a la maternidad, no se volvieron efectivas; fueron las disposiciones
coercitivas instaladas por el gobierno anterior las que se mantuvieron en vigencia.
El Proceso de Reorganización Nacional no sólo controló la difusión de los métodos
anticonceptivos, también instaló su propia concepción sobre la moralidad y las buenas
costumbres. Los contextos "micro" de la vida social se impregnaron de una visión autoritaria
que buscaba restaurar el orden y el poder de mando, liberando las tendencias represivas de
una sociedad, que más allá de la acción estatal, se patrulló a sí misma. Se instaba a los
progenitores a preservar la seguridad de su hogar; el padre debía ejercer un comportamiento
rígido, hasta despótico, al interior de su propia familia, para poder responder a la pregunta que
se repetía desde los medios de comunicación, a instancias del gobierno, "¿Sabe usted dónde
está su hijo?” (O´Donnell, 1987; Filc, 1997; Jelin, 1998).
La medida que impedía la libre comercialización de anticonceptivos y su difusión fue
recién derogada durante el gobierno de Raúl Alfonsín, el 5 de diciembre de 1986 (Decreto
Nacional 2.274, 1986). En esta nueva disposición, a tono con las recomendaciones de la
Conferencia Mundial de Población de México (1984), el gobierno se comprometía a realizar “las

39
Las fiestas de carnaval se caracterizan por un profundo igualitarismo, que ignora las
jerarquías oficiales o las invierte. Se trata de una fiesta universal que percibe al mundo entero
como una locura, que ridiculiza cualquier pretensión idealista y hace hincapié en las funciones
corporales más groseras (Bajtin: 1994).

49
tareas de difusión y asesoramiento necesarias, para que el derecho a decidir acerca de su
reproducción pueda ser ejercitado por la población con creciente libertad y responsabilidad”.
Vale aclarar que esta derogación y la aceptación de las recomendaciones internacionales, no
implicaron la inmediata y generalizada implementación de acciones positivas.

II.El feminismo de los ’70: un nuevo andar

Durante los setenta se formaron diversos grupos de mujeres, unidas en su lucha contra la
opresión y el objetivo de transformar las relaciones entre los géneros. Distintos escritos
recorren la historia de las organizaciones feministas en aquellos años: algunos sesgados por la
propia experiencia militante (Aldaburu et al, 1982; Cano,1982; Calvera, 1990; Oddone, 2001);
otros como resultado de la historia oral y del trabajo de archivo de investigadoras, que buscan
rescatar del olvido a estas organizaciones y recuperar las raíces del feminismo actual (AA.VV,
1996; Belucci, 1999; Gil Lozano, 2004; Vasallo, 2004). A partir de ellos sabemos de la
existencia de la Unión Feminista Argentina (UFA), que funcionó desde 1970 hasta el golpe de
1976, con una importante merma de sus integrantes en el ’73. Los grupos de concienciación
fueron uno de sus rasgos característicos. Crearon este neologismo para reemplazar el término
concientizar, utilizado por la izquierda, que implicaba un movimiento de afuera hacia adentro.
En los grupos feministas, en cambio, la reflexión debía surgir desde lo personal para
proyectarse a la política. Como afirmaba uno de sus volantes: “Hermana: ama de casa,
estudiante, obrera, empleada, profesional. NO ESTAS SOLA. Tus problemas no son
individuales: son parte de la opresión de la mujer (...).
Otro de los grupos de mayor influencia fue el Movimiento de Liberación Femenina (MLF).
La fuerte exposición pública de su autodenominada líder, María Elena Oddone, le otorgó gran
visibilidad mediática, situación que introdujo discusiones en el campo feminista, sobre la
legitimidad de los liderazgos personales y las estrategias de funcionamiento. La radicalidad del
lenguaje empleado por el MLF quedó plasmado en sus volantes y en los 14 números de la
revista Persona, que editaron, con interrupciones, entre 1973 y 1975. También tuvieron
actuación en esos años, otras organizaciones como Nueva Mujer, de orientación netamente
marxista, el Movimiento Feminista Popular (MOFEP), luego Centro de Estudios Sociales de la
Mujer Argentina (CESMA), la Asociación para la Liberación de la Mujer Argentina (ALMA), la
Agrupación de Mujeres Socialistas (AMS) y el Frente de Lucha por la Mujer (FLM), que agrupó
a varios de estos grupos, y actuó en el contexto del Año Internacional de la Mujer, en 1975.
Hacia la segunda mitad de los setenta, encontramos a la Agrupación de Mujeres
Argentinas (AMA), la Asociación de Mujeres Alfonsina Storni (AMAS), la Asociación Juana
Manso y la Unión de Mujeres Socialistas (UMS). En esa época también se creó el Centro de
Estudios de la Mujer (CEM), la Organización Feminista Argentina (OFA) y la Asociación de
Trabajo y Estudios de la Mujer “25 de noviembre” (ATEM). Esta lista que no pretende ser
exhaustiva, vale para ejemplificar la explosión de los temas de mujeres y del feminismo en

50
estos años, y la fragilidad e intermitencia con la que muchos de estos grupos funcionaron,
nucleando en muchos casos, a no más de una decena de personas.
La organización Nueva Mujer tuvo una breve incursión editorial con la publicación de dos
textos: el folleto La mitología de la femineidad, de Jorge Gissi y el libro Las mujeres dicen basta
(1970), una compilación de artículos de Isabel Larguía, Peggy Morton y Mirta Henault. Es
interesante analizar el contenido de este libro en relación a las cuestiones de sexualidad,
anticoncepción y aborto. En su artículo “El trabajo de la mujer nunca se termina”, Morton
estimaba que las demandas de acceso al control de la natalidad y al aborto iban a ser
concedidas, puesto que se trataba de medidas reformistas, que no cuestionaban el verdadero
problema estructural, el modelo de familia. En una línea similar, el trabajo de Larguía arremetía
contra la “revolución sexual”, a la que consideraba una válvula de escape para el
neocapitalismo, que no restituía la condición humana a la mujer. Para esta autora, la liberación
sexual femenina escondía una independencia imaginaria, era un tema de intelectuales y
estudiantes, desarrollado a partir de la sociedad de consumo, que tenía un efecto adverso
sobre el objetivo de abolir la sociedad de clases. La mujer: “preocupada exclusivamente por
establecer su dominio revanchista en el interior de la relación amorosa, postergará su
integración a las luchas que tienden a destruir el sistema que la aprisiona”. La moral privada
que fomentaba estas “actitudes revanchistas” se oponía a la moral proletaria que, gracias a su
rigidez, permitiría avanzar en el camino de la revolución social.
La liberación sexual, el derecho al control de la natalidad y el cuestionamiento del deber
maternal, fueron temas tratados por todas las agrupaciones, aunque como podemos constatar,
según la orientación política general, las apreciaciones variaban. La crítica a la exaltación
social y comercial de la maternidad ocupaba un rol destacado en las campañas,
especialmente, el festejo del Día de la Madre. Para representar la descentración social que
padecían las mujeres cuando se convertían en madres, la UFA había diseñado un volante en el
que se veía a una mujer, con ruleros y delantal, con tres niños inquietos, cocinando, tendiendo
ropa, junto a una TV encendida, que reproducía un aviso de cosmética femenina para ser
“sexy”. Su lema: “Madre: esclava o reina, pero nunca una persona”. En otro volante del MLF, se
describía la falta de protección social de la maternidad, con jornada de trabajo ilimitada, sin
salario, sindicato, ni descanso dominical y la negación de esta situación por el sistema, “con
regalos por un día, mientras la utiliza todo el año. Como afirmaba la UFA, el Día de la Madre,
“es el bombón para hacernos aceptar 80 horas de trabajo semanal no remunerado”. De este
modo, iba abandonándose una postura arraigada en el feminismo local desde fines del siglo
XIX, que situaba a la maternidad como base de legitimación de la lucha por los derechos civiles
y políticos de las mujeres (Nari, 2004). El feminismo de los ’70, en cambio, articulaba sus
reclamos desde las reivindicaciones de las mujeres como sujetos autónomos e individuales,
más allá de su posición relacional.
En 1973, las tensiones internas produjeron una fuerte deserción en las filas de la UFA. Las
pocas que decidieron continuar lo hicieron sin proyectarse al exterior, reforzando el trabajo
interno de concienciación. El golpe de estado al gobierno socialista de Salvador Allende en

51
Chile y la masacre de los presos políticos en la cárcel argentina de Trelew, pusieron sobre el
tapete las diferencias políticas irreconciliables entre muchas de sus integrantes: “La comisión
del prensa de UFA, formada por una o dos mujeres, sacó un comunicado en un diario
protestando porque a un edificio que se llamaba Gabriela Mistral se le había puesto el nombre
de un militar. A la mitad eso le pareció demasiado arriesgado, como comprometerse
demasiado en política, que no teníamos porque; a la otra mitad nos pareció nauseabundo
protestar por eso, una banalidad al lado de lo que estaba sucediendo”. A esto se sumaban, las
diversas concepciones acerca del feminismo y su organización, y la existencia de un “mini
guetto lésbico que no se daba a conocer” y que interfería con las modalidades de
funcionamiento de los grupos.
Sin embargo, la firma del Decreto 659/74 las hizo salir a la calle. Junto a otras mujeres del
Movimiento de Liberación Femenina, redactaron un volante con el mensaje: “No al embarazo
no deseado” (Nº del decreto ley en cuestión), No a la esterilización forzosa (Plan McNamara) –
Por una maternidad consciente. Firmado: MLF – UFA” (Cano, 87). Estas consignas debieron
redactarse con mucho cuidado: el feminismo exponía un tema que generaba controversias y
recelos en ambos extremos ideológicos. En su oposición al Decreto que limitaba el control de la
natalidad, debían dejar aclarado su rechazo al “imperialismo norteamericano”, precisamente, el
país promotor de la anticoncepción en el continente:

“Cuando salimos a volantear la primera vez, las feministas y el FLH, el volante que
habíamos hecho era tan confuso que nos atacó la izquierda y nos atacó la derecha. La
izquierda nos acusaba de estar a favor del Plan Mc Namara y de querer esterilizar a todas las
mujeres de América Latina y la derecha de proabortista, me acuerdo que tuvimos que
modificarlo (...) Además había un grado de politización tan alto en aquel momento, que no eran
volantes dirigidos solamente al publico en general, sino que nos peleábamos con la izquierda,
con la derecha”.

El Frente de Lucha por la Mujer (FLM) estuvo formado por varios grupos feministas y
asociaciones vinculadas a partidos políticos, en ocasión del Año Internacional de la Mujer
(1975). Con el objetivo de generar un debate social sobre los problemas de las mujeres en
Argentina, el Frente organizó una serie de actividades y elaboró un documento en el que
expusieron sus objetivos fundamentales. Entre ellos se demandaba la derogación del decreto
659/74, el acceso legal y gratuito al aborto, y mejores condiciones para las madres,
especialmente las trabajadoras y las solteras, remuneración del trabajo hogareño, guarderías
zonales, patria potestad y tenencia compartida. La inclusión de cuestiones relacionadas con la
sexualidad y el aborto fueron los detonantes para el conflicto que llevó a la expulsión de las
feministas del grupo original, formado por mujeres representantes de estructuras partidarias. La
radicalidad de sus consignas hizo que se les prohibiera la entrada al seminario regional sobre
“La participación de la mujer en el desarrollo económico, político y social: obstáculos que se
oponen a su integración” que organizaba la ONU, con el auspicio del gobierno argentino, entre

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el 22 y el 30 de marzo de 1976, y que finalmente quedaría trunco a causa del golpe militar
(Grammático, 2004).
Hacia 1980, la Organización Feminista Argentina (OFA), formada a partir de la disolución
del MLF, se expresaba contra la condena al aborto, la obligación de dar servicios sexuales,
tarea que ligaban a los trabajos domésticos, y la consideración de la maternidad como una
obligación y no como elección. María Elena Oddone, también fundadora de esta organización,
señala en sus memorias el papel que desempeñó la Psicología del niño y la “mística de la
infancia” en la sujeción de las mujeres. Para Oddone resultaría imposible compatibilizar la vida
profesional y la maternidad sin perjudicar a otras mujeres: “No falta en la televisión alguna
profesional que dice con orgullo mentiroso “yo pude criar a mis hijos y hacer carrera”. Lo que
no dice es que esclavizó a su madre, la abuela, para que se ocupara de lo que ella no podía
hacer, o que fue otra mujer, una empleada, la que se ocupó de sus hijos, que para hacerlo
debió abandonar a los propios” (Oddone, 2001: 115). A tono con la radicalidad de sus
mensajes afirmaba: “La maternidad ha frenado el progreso de la especie humana, manteniendo
a la mitad de la población en la esclavitud y la ignorancia con consecuencias letales” (Oddone,
2001:116). Evidentemente, esta posiciones extremas excluían a una importante cantidad de
mujeres, aún feministas, y obstaculizaban el crecimiento del movimiento.

III. El Frente de Liberación Homosexual: una propuesta para “salir del placard”

Hacia fines de los sesenta, a instancias de un grupo de homosexuales, en su mayoría


trabajadores con experiencia sindical, surgió la agrupación Nuestro Mundo. A su núcleo original
se sumaron intelectuales y estudiantes universitarios, dando así origen, en agosto de 1971, al
Frente de Liberación Homosexual de la Argentina. La historia del Frente ha sido presentada por
sus protagonistas (Perlongher, 1985; Sebreli, 1997) y por investigadores que basaron sus
trabajos en esas mismas memorias, documentos de la organización, notas de prensa y
entrevistas (Rapisardi y Modarelli, 2001; Bazán, 2004). A partir de estos escritos, sabemos que
su estructura albergaba diversos grupos independientes entre sí, que funcionaban de forma
horizontal. Uno de ellos, el Grupo Eros, estaba formado por jóvenes universitarios de izquierda
y anarquistas, entre los que se contaba Néstor Perlongher, carismático líder de este
movimiento. Desde que Eros ingresó al Frente, en marzo de 1972, sus adherentes le
imprimieron un sello característico y plantearon las primeras discusiones, en torno a la
autonomía de la lucha por los derechos sexuales o su inclusión entre los objetivos de la
revolución social.
Las diferencias ideológicas y estratégicas no impidieron que se llegara a un acuerdo de
funcionamiento, manifiesto en la redacción de los Puntos Básicos, en la lucha contra la
represión hacia los homosexuales y la defensa del derecho a disponer del propio cuerpo. Al
igual que el feminismo, sus formas de acción iban desde la discusión teórica a la acción
concreta, con volanteadas, la participación en manifestaciones que defendían la libertad
sexual, y la asistencia a conferencias, actos o jornadas sobre sexualidad y homosexualidad,
para cuestionar la asimilación de esta orientación sexual con una enfermedad. Otra

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característica en común con el movimiento de mujeres, fue la preocupación por alcanzar un
nivel de conscientización en la comunidad homosexual, que permitiera asumir la identidad sin
culpas y cuestionara la estigmatización.
En una época, en que la lucha contra opresión sexual se consideraba inseparable de la
lucha contra otras formas de opresión, económica, política y cultural, el vivir libremente la
sexualidad fue considerada una actitud revolucionaria. Esto llevó a que muchos militantes del
FLH se sintieran atraídos por los discursos de la izquierda y el peronismo montonero. La
organización estuvo presente en algunos actos organizados por la Juventud Peronista, como la
asunción de Cámpora y la llegada de Perón a Ezeiza, aunque no todos se mostraron
satisfechos con los nuevos “compañeros”. La forma de vivir de los homosexuales causaba
rechazo y resultaba una amenaza hacia ambos extremos de la política. Para la derecha, su
comportamiento cuestionaba la organización tradicional de la familia, una subversión de las
costumbres que alteraba el orden social. La izquierda revolucionaria, en tanto, consideraba que
sus conductas eran desviaciones culturales burguesas, caprichos individualistas. Las
agrupaciones armadas iban más lejos: temían que su falta de hombría los convirtiera en
delatores. Por estos motivos, el acercamiento con la juventud peronista duró poco. El nuevo
gobierno no se mostró dispuesto a modificar la política represiva, apremiado por la violencia
creciente, más bien la incentivó. Por su parte, las bases militantes no quisieron agregarse más
problemas cuando el General Osinde denunció una alianza entre la izquierda, los
homosexuales y los drogadictos. La respuesta de la Juventud Peronista que anunciaba el fin de
ese breve encuentro, se condensó en el canto: “No somos putos no somos faloperos, somos
soldados de FAR y Montoneros”.
Desde fines de 1973, el Frente editó la revista Somos, luego de la aparición de un único
ejemplar del periódico Homosexuales, en junio del mismo año. Esta revista tuvo ocho números
y se publicó hasta enero de 1976. Su tiraje máximo fue de 500 ejemplares que se distribuían en
forma personal y clandestina. En su contenido se incluían noticias de casos policiales que
involucraban a homosexuales, tomados de la prensa nacional e internacional; denuncias de
represión policial; información sobre los movimientos gays y lésbicos de otros países; noticias
sobre el feminismo internacional y nacional, con notas sobre el MLF y la UFA. También se
publicaban historietas, poemas, traducciones de escritos teóricos, ensayos, testimonios y
cartas de adhesión de otras organizaciones de similares objetivos. Asimismo, se presentaban
las acciones y declaraciones públicas del Frente, brindaban información sobre enfermedades
de transmisión sexual y asesoramiento para evitar los abusos policiales, invitando a participar a
sus lectores con aportes intelectuales y materiales, que permitieran sostener este
emprendimiento.
La revista se proponía crear una conciencia sobre el ser homosexual, la injusticia de la
represión que padecían y la necesidad de unir esfuerzos, para salir de esa situación
vergonzante y alcanzar la liberación. En el armado y diseño de la publicación se traducían las
condiciones precarias en las que trabajaban, de forma clandestina y con escasísimos recursos.
Muchas de las noticias presentadas carecían de un análisis crítico, tal como señalaba uno de

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sus lectores en una carta a la redacción, quien además remarcaba la falta de espacio para la
realidad nacional, en relación a la extranjera (Somos, Nº 5). A pesar de estas observaciones, si
tenemos en cuenta el contexto de producción de estos números y la inexistencia de una
experiencia de trabajo previo, el aporte de la revista Somos resulta sumamente valioso e
innovador.
Hacia 1974, el FLH publicó el texto Sexo y Revolución, un análisis marxista sobre el
sistema capitalista y la forma en que su superestructura ideológica reprimía las libertades
sexuales. Allí se denunciaban la falta de correspondencia histórica entre los procesos
revolucionarios en lo político y económico, y la concreción de la revolución sexual, además de
la ausencia de apoyo por parte de los grupos políticos revolucionarios, que no toleraban la
homosexualidad y la consideraban otro producto del “capitalismo decadente”. Para explicar las
bases de la represión política – sexual, se remitían a la necesidad del sistema capitalista de
seres humanos susceptibles de ser dominados o capaces de dominar. Como el fin supremo del
sistema era asegurar la explotación de la fuerza de trabajo en beneficio de una clase, todas las
áreas de la vida, hasta la cotidiana, resultaban actos políticos impulsados por ese objetivo.
Para desentrañar las bases de la opresión era necesario prestar atención al proceso de
socialización en la familia, allí donde se reproducían las características del sistema. En su
seno, el macho condensaba el poder, desde lo económico hasta lo sexual, puesto que el coito
“deviene una institución estructurada culturalmente para la satisfacción del varón, que detenta
toda la iniciativa, y que posee el derecho legítimo a gozar” (Sexo y revolución; s/f). En este
análisis, la mujer era meramente un objeto de placer y reproducción, obligada a cumplir con las
tareas de la “esclavitud doméstica”. Todo esto demostraba hasta qué punto el sexo era una
cuestión política; para recuperar la libertad, se necesitaba de una revolución total que terminara
con las bases ideológicas sexistas. Las mujeres, a pesar de algunas conquistas logradas hasta
ese momento, no habían podido cambiar la situación. Por eso, como grupo oprimido, al igual
que los homosexuales, serían excelentes aliadas en esta tarea transformadora.
Desde 1975, el Frente pasó a funcionar en la clandestinidad. La amenaza lanzada
desde El Caudillo hizo descender su número de seguidores. Luego del golpe militar de 1976, lo
que quedaba del movimiento se disolvió. Todavía no parecía tiempo de una política de
reconocimiento, como sostiene uno de los protagonistas: “No teníamos idea de qué se trataba
la resistencia o las luchas por el reconocimiento, el gay power o la rebelión antipolicial de
Stonewall. Vivíamos en una etapa prehistórica y nuestro único objetivo era que no nos
arrestasen” (Rapisardi y Modarelli: 2001: 87).40

IV. En contra de la “opresión patriarcal”: estrategias de acción colectiva

40
Los sucesos de Stonewall hacen referencia al enfrentamiento que tuvo lugar, el 27 de junio
de 1969, entre los dueños y parroquianos de un bar gay ubicado en Greenwich Village, Nueva
York, y las autoridades policiales que, nuevamente, había ido a realizar una razzia. (Kornblit et
al, 1998).

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Como vimos, las consignas y demandas de los homosexuales militantes se acercaban a
las reivindicaciones de los grupos feministas. Tal como se afirmaba en los Puntos Básicos de
Acuerdo del FLH, las mujeres y los homosexuales eran reprimidos e inferiorizados por el
sistema dominante, y por ello juntos debían actuar para revertir la situación (Somos Nº 3:
1974). Los militantes del FLH sostenían como consignas la lucha contra el machismo y “el
derecho a disponer del propio cuerpo”; por eso su organización participó de las campañas
contra la celebración del día de las madres, criticando la asimilación de la mujer a su tarea
reproductiva, mientras que en Somos recordaron la exaltación que había hecho el nazismo de
su figura. (Somos Nº 5: s/f).
La ocasión de consolidar un grupo formado por mujeres y varones, homosexuales y
heterosexuales, surgió a partir de la convocatoria de la revista 2001, que en 1972, preparó un
número dedicado a la sexualidad. A ese llamado respondieron miembros del FLH, entre ellos
Néstor Perlongher, y por las feministas: María Elena Oddonne, Marta Migueles, Hilda Rais, y
Sara Torres, las tres miembros de UFA, aunque su participación se inscribía más en términos
personales que orgánicos. No todas las feministas estaban de acuerdo con esta apertura:
“algunas pensaban que era bueno estar ahí para ver qué pasaba, como una forma de difundir
el feminismo en otros lados”, para otras fue una experiencia hasta desconocida.
De allí surgió el Grupo Política Sexual como una plataforma de estudio y acción, que
nucleaba alrededor de veinte personas, que también militaban en otras organizaciones. Con el
transcurrir de las primeras reuniones, los varones heterosexuales abandonaron el grupo: “si no
hacíamos los que ellos querían, ellos se iban, si ellos eran los dueños de la verdad.
Obviamente que les atacaba la identidad masculina”. Semanalmente se reunían para leer y
discutir bibliografía sobre sexualidad, como Política Sexual de Kate Millet, el Informe Kinsey y
la Función del orgasmo de Wilhem Reich. Organizaron charlas - debate y conferencias sobre la
sexualidad y sus implicancias políticas, colaboraron en la redacción de Somos y elaboraron un
documento: “La moral sexual en la Argentina”. También realizaron intervenciones públicas, en
los encuentros de Sexología y reuniones en donde se proponían métodos para “curar” la
homosexualidad, denunciando los prejuicios y omisiones: “Hacíamos una especie de acción
comando, nos distribuimos entre el publico, y después levantábamos la mano e interveníamos.
Era muy impactante porque los chicos del FLH sí se definían como homosexuales y a la salida,
el publico los rodeaba y les preguntaban, y los adoraban.”
El Grupo consideraba que las transformaciones en las formas de vivir la sexualidad y en las
relaciones de poder construidas en torno a ella, constituían un aporte muy valioso a la
revolución y al cambio de las estructuras sociales. Durante un tiempo, se reunieron en el local
alquilado por María Elena Oddone para el funcionamiento del MLF y la elaboración de la revista
Persona. También accedieron a un espacio otorgado por el Partido Socialista de los
Trabajadores, gracias al apoyo, más personal que partidario, que les diera su dirigente, Nahuel
Moreno.
La implementación del Decreto 659/74 provocó la inmediata reacción del grupo, que
constituyó una Comisión contra la Prohibición de los Anticonceptivos. Para captar la atención

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de la sociedad realizaron una volanteada en pleno centro porteño en la que confluyeron otras
militantes de UFA y el MLF:
“La recepción era buena, con sorpresa al principio pero coincidía con lo que la gente
pensaba, aparte causaba mucho asombro ver a los chicos del FLH volanteando por esto.
Teníamos compañeras que hacían dramatizaciones publicas en la calle Florida. Me acuerdo de
una compañera que era del MLF, que era una mujer muy petisa y muy gorda. Ella en su vida
personal, real, tenía una hija única pero hacía escándalo en la calle Florida, llorando y diciendo
que tenía nueve hijos y por eso el cuerpo que tenía, y que era pobre y que no podía comprar
anticonceptivos y toda la gente decía “tiene razón”. La manifestación culminó con la detención
de un miembro del FLH bajo el cargo de ensuciar la vía pública: “Y nos pasó una cosa curiosa,
que detuvieron a un compañero del Frente, varón. Lo detuvo una policía mujer, cuando él decía
“yo nunca voy a usar anticonceptivos”.

Sin embargo, hablar de derechos sexuales y reproductivos no era una tarea fácil. En el
sentido común se había instalado un fuerte consenso acerca de la necesidad de aumentar la
población del país. Además, el discurso antiimperialista, opuesto a las esterilizaciones que se
realizaban en varios países del Tercer Mundo y a los intereses de los laboratorios
norteamericanos, eran factores que jugaban en contra: “Cómo nosotras íbamos a querer
disponer del propio cuerpo cuando el imperialismo nos estaba dominando”. Finalmente, el
Grupo de Política Sexual tampoco logró superar los obstáculos y el peligro del funcionamiento
clandestino, y se disolvió poco después del golpe de 1976.

V. El devenir de los reclamos: de la arenga revolucionaria al lenguaje de los derechos

Durante este recorrido hemos vislumbrado discursos y comportamientos opuestos,


contradictorios y coincidentes, sobre la anticoncepción y la libertad sexual. Por un lado, el
Estado fomentó la natalidad al prohibir la difusión de prácticas anticonceptivas y clausurar los
espacios públicos de información, apuntalando a la familia como célula básica de la sociedad y
reprimiendo a la homosexualidad, como conducta “desviada” del modelo hegemónico. Las
consideraciones geopolíticas sobre los peligros de un país “vacío” justificaron estas políticas
demográficas. Aunque sus resultados no fueron los deseados, y la tasa de natalidad mantuvo
su tendencia declinante, las medidas afectaron el clima social y cultural sobre la
anticoncepción. A pesar de la derogación del Decreto 659/74, la falta de iniciativa de
muchos/as médicos/as, que consideran al tema fuera de su agenda, y el comportamiento
errático de la demanda, en sus actitudes y percepciones, demuestran hasta que punto la
prohibición ha dejado secuelas en el largo plazo.
Desde la sociedad civil, las demandas del feminismo y del FLH encontraron distintos
obstáculos para concretarse. El más evidente fue el contexto represivo que, desde el Estado
bajaba hacia la sociedad toda, y los/as obligó a la clandestinidad o el repliegue. Pero también
existieron fuertes competencias y diferencias de criterio entre las distintas organizaciones de
mujeres, que impidieron un trabajo de manera conjunta de forma permanente. La defensa de la

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horizontalidad y el rechazo a los liderazgos, a la visibilidad mediática y a los apoyos
económicos externos, sumado a las diferencias políticas y la falta de continuidad en el
funcionamiento de la mayoría de estas agrupaciones, fueron debilitando el poder de
convocatoria del feminismo local. Vale aclarar que todas estas organizaciones eran pequeñas,
unas pocas mujeres sostenían las actividades de varios grupos; recién en la década de 1980 el
movimiento feminista y la defensa de los derechos de las mujeres se tornarían masivos.
Uno de los principales puntos de conflicto fue la discusión entre quienes consideraban que
la cuestión femenina debía pensarse desde la misma experiencia del ser mujer, y quienes
sostenían que el feminismo necesitaba conectarse con la realidad nacional y latinoamericana.
El problema de la doble militancia se agudizó hacia 1973, de acuerdo al clima de politización y
radicalización que se vivía en el país. A esto se sumó, una falta de confianza sobre la
capacidad de los grupos, manifiesta en la ausencia de publicaciones propias (Nari, 1996).
El FLH tampoco consiguió imponer sus consignas, ni interesar activamente a otros
colectivos sociales en este tema, ni alcanzar la concientización de la comunidad homosexual.
La idea del “orgullo gay” parecía poco probable mientras se viviera en la clandestinidad. Ahora
bien, esta crítica que sostiene Perlongher, uno de sus más activos representantes, tiene otra
cara. La experiencia del Frente demostró “que un alto grado de concientización es posible aún
en el contexto de una sociedad tan altamente represiva como la Argentina”, y que aquello que
podría interpretarse como hiperpolitización, no eran más que pedidos racionales en una
sociedad ciega por su autoritarismo (Perlongher, 1997).
Otra forma de analizar las repercusiones de las intervenciones públicas de estos
movimientos es indagando sobre las condiciones de posibilidad: “Fue una época de mucho
cambio pero yo no puedo relacionar lo que leía que pasaba en otros países con lo que pasaba
acá. Acá los que nos planteábamos ese tipo de cosa realmente éramos muy pocos (...) Si
hubiésemos querido hacer algún movimiento con eso (la revolución sexual), una marcha, no
hubiera ido nadie”.
En la actualidad, los derechos considerados legítimos se definen en un proceso conflictivo
de deliberación en el espacio público. Los actores y actoras políticas luchan por obtener el
reconocimiento de aquellas situaciones que perciben como injustas y reclaman una respuesta
política. El reconocimiento de que el cuerpo de las mujeres no será sometido a prácticas sin su
consentimiento, como la imposición de métodos anticonceptivos, y que tampoco se les negará
el acceso a información y medios para regular la reproducción, si esa es su voluntad, pueden
ser interpretados dentro de la categoría de los derechos humanos, como derecho a la vida y a
la libertad. La moderna tecnología reproductiva incorpora una nueva cuestión: permitir el
acceso a tratamientos contra la esterilidad y mecanismos para lograr un embarazo. Lo mismo
sucede con el derecho a elegir el/la compañero/a sexual.
Como vimos, en la práctica estos enunciados se enfrentan con las políticas de población
que llevan a cabo los Estados. Ya sean pronatalistas o fiscalizadores de la fecundidad, de
manera explícita o implícita, los gobiernos al controlar el caudal de sus habitantes y el
comportamiento cotidiano de sus ciudadanos, esgrimen medidas que inciden sobre los

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cuerpos. Esto es así puesto que “la sumatoria y combinación de una multiplicidad de
decisiones individuales y de pareja tienen consecuencias sociales al largo plazo, a través de
las tasas de natalidad y de crecimiento poblacional, lo cual transforma el tema en objeto de
políticas nacionales y aun internacionales” (Jelín, 1996). Es decir, existe una tensión entre las
responsabilidades públicas y el respeto por la privacidad y la intimidad.
El retorno a la democracia y la expansión del virus del SIDA, planteo un contexto oportuno
para que el movimiento de mujeres y el de minorías sexuales, apoyado ahora en redes y
movimientos transnacionales, retomaran sus antiguas demandas y reivindicaran nuevos
derechos. Con mayor nivel de organización, participación y presencia pública, las feministas y
los militantes de minorías sexuales continúan luchando contra las restricciones al acceso a
anticoncepción y el aborto, los edictos y abusos policiales y distintas manifestaciones
discriminatorias, pero en muchos casos, el tono de su lenguaje y las modalidades de acción
han cambiado. Una gran parte del movimiento gay actual reclama su integración a la sociedad
y demanda los mismos derechos que tienen las parejas heterosexuales, respecto al
matrimonio, la herencia y la adopción. Ya no se trata de reivindicar un discurso revolucionario
sino de incluirse en la ciudadanía existente, sin plantear un universo alternativo. Ya no se da
una exaltación de las “mariquitas” y de las “locas”, ni del sexo libre en las “teteras”; son
modelos y prácticas dejadas de lado por quienes buscan esta integración, esgrimiendo el
lenguaje liberal de los derechos humanos.
Hoy en día el ser gay se define más en términos de un mercado de consumo, que en la
puesta en práctica de un sexo revolucionario. Además, como señala Mario Pecheny, las
prácticas políticas que apuntan a revertir la subordinación de la homosexualidad no se limitan
al espacio de la política formal, también se desarrollan en los espacios intermedios, ligados a
particulares formas de sociabilidad. Más allá de la legislación, ha cambiado el modo en que la
comunidad de homosexuales se relaciona con el resto de la sociedad, quebrando en parte el
sistema de doble moral e hipocresía, que toleraba la homosexualidad mientras se mantuviera
oculta en el ámbito privado (Pecheny: 2001).
A su vez, el feminismo también ha rediseñado su discurso y sus estrategias. Por ejemplo,
en muchos casos, en relación al aborto se pide su despenalización más que su legalización y
gratuidad. Además, como ha señalado Mabel Belucci, el tema del aborto se instala en el
escenario público y adquiere visibilidad cuando el poder hegemónico lo impone en la agenda
pública (Belucci, 1999). Muchos de los grupos sociales que reclaman la despenalización, se
basan en estadísticas de muerte materna, contradicción semiológica para referirse a las
mujeres que murieron mientras, precisamente, evitaban ser madres. Por otro lado, la defensa
de la salud reproductiva ha permitido incorporar al debate los derechos sexuales de las
mujeres y esto ha abierto nuevas posibilidades de discusión y reclamos.
Muy recientemente se ha intentado encuadrar el derecho democrático a la sexualidad en
las discusiones sobre el respeto a la expresión sexual, entendida en su forma más amplia,
abarcando la orientación sexual heterosexual, homosexual, bisexual, la transexualidad y el
travestismo (Ríos, 2004: 171). La noción de “ciudadanía íntima”, en palabras de Ken Plummer,

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la aglutinación de “una pluralidad de historias y de discursos públicos acerca de cómo vivir la
vida personal en el mundo postmoderno”, puede servirnos para contener las diferentes esferas
de la intimidad, y al nombrarlas, posibilitar el reconocimiento de nuevos derechos y
obligaciones (Plummer, 2003: 26).
Lo imprescindible es que la ciudadanía asuma su rol en este nuevo espacio. Cuando la
sociedad logra saltear los obstáculos que se imponen, armonizando perspectivas opuestas
mediante un “sistema de doble discurso”, la participación en los reclamos se vuelve minoritaria.
En estos casos, la doble moral permite que mientras se defienden o toleran políticas represivas
sobre los derechos sexuales y reproductivos, por el otro, se recurra a mecanismos “ilegales”
para ampliar las opciones (Shepard, 2000). Aunque las posibilidades varíen según la
pertenencia de clase, la mera oportunidad de lograr el objetivo desde el nivel personal, hace
que muchas mujeres pospongan su participación en lucha, sabiendo que sus reclamos pueden
satisfacerse más allá y a pesar de las políticas públicas.
Algunas entrevistas a mujeres, jóvenes en edad reproductiva en los años setenta, de
distintos sectores sociales y perfiles educativos, me han indicado que la mayoría de ellas
desconocía el contenido del decreto 659/74, así como la existencia de organizaciones
feministas, el FLH y sus acciones. Más allá de los peligros de una historia contrafáctica,
podemos suponer que si todas estas mujeres se hubieran visto impedidas de acceder a
servicios de control de la natalidad, la protesta hubiera sido multitudinaria. Lo mismo hubiera
sucedido, si todos los varones y las mujeres homosexuales/bisexuales hubieran asumido
públicamente su orientación sexual, la represión habría sido tan extendida como imposible de
sostener.
El lenguaje de los derechos humanos ha permitido legitimar la noción de derechos
sexuales y el reconocimiento del valor de la sexualidad para la realización personal,
independientemente de los fines reproductivos; la libre disposición del cuerpo constituye ya un
derecho inalienable. Apoyado en este nuevo discurso, el movimiento de mujeres y de minorías
sexuales avanza en su lucha, con nuevas estrategias y en un contexto democrático y
globalizado, y por suerte y por desgracia, con los mismos objetivos de siempre.

60
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63
LAS MUJERES EN LAS ORGANIZACIONES ARMADAS DE LOS ´70
MONTONEROS♥

Beatriz Garrido•
Alejandra Giselle Schwartz••

Resumen

Los debates que giran en torno a la violencia que se vivió en la Argentina en la década,
suponen intentos para develar creencias, valores, ideologías, memoria, formas de sociabilidad,
que se orientan a dar explicaciones acerca de la historia reciente.
A partir de la relectura de algunas cuestiones vinculadas a la presencia de mujeres dentro
de la organización político-militar peronista Montoneros, intentamos aproximarnos a la
comprensión de su accionar en los años ´70, desde una perspectiva interpretativa propositiva y
productiva a la discusión teórica política
Dentro de este marco, nos proponemos, a partir de este estudio de carácter exploratorio,
brindar una mirada que relacione esta experiencia histórica con la diferencia sexual entendida,
siguiendo a Joan W. Scott, no en términos de la mera diferencia anatómica, sino como "un
sistema históricamente específico de diferencias determinadas por el género" (Cit. por Luna).

El problema a estudiar

El eje de la reflexión que proponemos desarrollar se centra en la utilidad teórica y práctica


que el concepto género ofrece al campo de la reflexión política. Dentro de este marco, nos
proponemos una relectura de algunas cuestiones vinculadas a la presencia de mujeres dentro
de la organización político-militar peronista Montoneros, para intentar aproximarnos a la
comprensión de su accionar en los años ´70, desde una perspectiva interpretativa propositiva y
productiva a la discusión teórica política
Los debates que giran en torno a la violencia que se vivió en la Argentina en esa década,
suponen intentos para develar creencias, valores, ideologías, memoria, formas de sociabilidad,
que se orientan a dar explicaciones acerca de la historia reciente.
Existen numerosos trabajos sobre el peronismo, la juventud peronista y sus organizaciones
armadas, realizados con diversas metodologías y enfoques teóricos. Lo que nos proponemos
por nuestra parte, a partir de este estudio de carácter exploratorio que no intenta comprobar


Este trabajo fue presentado en las Xº Jornadas InterEscuelas/ Departamentos de Historia. UNT.
Rosario, Septiembre/2005.

Profesora de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional de Tucumán. Directora del
Departamento de Historia, UNT. CEHIM. Doctora en Historia. Master en la Problemática del Género,
UNR. deptohistoria@filo.unt.edu.ar, biazzo@ciudad.com.ar
••
Alumna Avanzada de la Carrera de Historia, Facultad de Filosofía y Letras, UNT.

64
hipótesis, es brindar una mirada que relacione esta experiencia histórica con la diferencia
sexual entendida, siguiendo a Joan W. Scott, no en términos de la mera diferencia anatómica,
sino como "un sistema históricamente específico de diferencias determinadas por el género".
(Cit. por Luna). En sentido, interesa también dejar abierta la discusión que deriven en otros
estudios.
Emplearemos conceptos y categorías que pueden permitirnos una aproximación al
problema que planteamos, como poder, masculinidad, sexualidad, estigma, participación y
justicia social, violencia política, entre otros.
Pensamos el funcionamiento social sin divisiones rígidas, sin dar prioridad a un conjunto
particular de determinaciones. Consideramos que la totalidad de relaciones y tensiones que
constituyen lo social, pueden analizarse desde un punto particular, el relato de una vida, un
acontecimiento oscuro, etc., que permiten interpretar las sociedades de otro modo,
considerando que no hay práctica ni estructura que no esté producida por las representaciones
-contradictorias y enfrentadas-, mediante las cuales los individuos y los grupos dan sentido a su
mundo. No responden necesariamente a divisiones sociales previas. Por ello abren nuevas
posibilidades para pensar las prácticas y su relación con lo social, sensibles a la pluralidad de
las divergencias que atraviesan una sociedad y a la diversidad de los empleos de materiales o
de códigos compartidos. Así cuestionamos la división entre objetividad de las estructuras
(documentos, series, etc) y subjetividad de las representaciones. Al intentar superar tal división
se consideran los esquemas generadores de los sistemas de clasificación y percepción, como
verdaderas instituciones sociales, incorporando bajo la forma de representaciones colectivas
las divisiones de la organización social41.
En cuanto a la metodología que empleamos, las técnicas más adecuadas son aquellas que
nos permiten llegar a los fenómenos desde un punto de vista cualitativo como los relatos de
vida, las trayectorias biográficas y las entrevistas en profundidad que posibilitan la
recuperación, a través de la palabra, de la memoria individual y colectiva, mediante el "retorno
de lo biográfico", teniendo como uno de sus principales propósitos captar los signos de las
diversas construcciones conceptuales y de las interpretaciones e interacciones de los grupos
humanos42.

41
Estas representaciones son como matrices de prácticas constructoras del mundo social.
Se presentan a la manera de imágenes de distinto significado, de sistemas de referencia y de
categorías que permiten clasificar las circunstancias en que toca actuar y a los individuos en
ellas implicados. De hecho la ”... noción de representación social nos sitúa en el punto donde
se intersectan lo psicológico y lo social. Antes que nada concierne a la manera cómo nosotros,
sujetos sociales, aprehendemos los acontecimientos de la vida diaria ” Jodelet.. 1986. En este
sentido tomamos el concepto de representación, como un tipo de conocimiento orientado a la
acción que se construye en la interacción social. Cf. GARRIDO, Beatriz et al. “Género y trabajo
docente en las representaciones de universitarios-as argentinos-as de inicios del siglo XXI”.
Ined.
42
Cf. SCHWARTZSTEIN, Dora (comp.) 1991. La historia oral. CEAL. Buenos Aires;
FORNI, Floreal et al. 1992. Métodos cualitativos II. La práctica de la investigación. CEAL.
Buenos Aires; FERRAROTI, Franco. 1990. La historia y lo cotidiano. CEAL. Buenos Aires.

65
Nuestras fuentes se componen del material de entrevistas43 testimoniado por mujeres
militantes de la organización montoneros, fuentes editas que recogen relatos de mujeres que
actuaron en la guerrilla y fuentes literarias de autores y autoras argentinos-as.

Escenario político y social de la Argentina de los ´70

A comienzos de los ´70, en la etapa de la denominada Revolución Argentina, el conflicto


social desencadenó una fuerte movilización. Dentro de este contexto, emergieron
organizaciones armadas, entre ellas, Montoneros44; esta organización combinó la acción
clandestina con la actividad político partidaria, principalmente a través de la Juventud
Peronista, adhiriendo al peronismo y a sus banderas político-sociales.
En 1972 el presidente de facto, Lanusse, convocó a elecciones nacionales para marzo del
45
73 . Estas elecciones reinstalaron al peronismo en el poder, después de casi 20 años de exilio
de su líder el General Perón. El Frente Justicialista de Liberación, alianza encabezada por el
Justicialismo, logró una importante victoria con casi el 49% de los votos. Héctor Cámpora,
asumió la presidencia de la Nación como el candidato de Perón.
La pugna entre las fuerzas internas del peronismo irá debilitando a Cámpora que perderá al
apoyo de Perón. Era evidente la orientación del Presidente dentro del internismo partidario
hacia la organización Montoneros46. “Tras la masacre de Ezeiza, ocurrida al retornar

43
Las entrevistas realizadas son del tipo no estructuradas y flexibles. Del material de
entrevista obtenido, hemos realizado una selección tomando aquellas que considerábamos
más representativas de cada uno de los problemas analizados.
44
“…Montoneros fue la fusión de un sinfín de grupos preexistentes. Grupos que habían
militado la juventud peronista de fines de la década del ’60. Había un denominador común en
muchos de esos grupos de nuestra generación… Había organizaciones que nacieron como
peronistas, otras que nacieron como marxistas leninistas, un partido comunista armado, otras
con posiciones maoístas y otras con posiciones troskistas. Y surgió una con una posición
intermedia de naturaleza guevaristas que eran las FAR, las Fuerzas Armadas
Revolucionarias… Las FAR convergieron más tardíamente al peronismo y, en ese sentido fue
la última organización que se fusiona dentro de la organización Montoneros… Nuestra fuerza
en su ideología tenía como un elemento significativo, importante del tema del "hombre nuevo".
No era sólo una sociedad nueva, un cambio de estructura, un cambio de marco jurídico o un
mero cambio de propiedad de los medios de producción. Una sociedad nueva también
culturalmente, espiritualmente, si se quiere. Una sociedad que construya un hombre nuevo y
ese hombre nuevo era el futuro de la sociedad”. Entrevista a Mario Firmenich realizada por
Felipe Pigna, 2002.
45
“Lanusse convocó a un frustrado pacto… (el) Gran Acuerdo Nacional, para lo cual dictó
una Enmienda Constitucional Provisoria de efectos temporales y limitación de contenido
revisorio, sujeta a una convalidación posterior, que modificó "los términos de duración de los
cargos electivos, reincorporó la reelegibilidad presidencial…amplió la representación del
Senado de las provincias, incorporó la autoconvocatoria parlamentaria, etc". Sin embargo, la
coalición autoritaria dominante, pese a las reformas constitucionales introducidas, y debido a la
presión de los sectores radicalizados de la coalición opositora, debió aceptar una transición
anticontinuista, pues no estuvo ya en condiciones de imponer restricción ni proscripción política
alguna. Esta circunstancia se debió fundamentalmente al cierre de filas que los partidos
políticos practicaron en la conciliación denominada Hora del Pueblo (1973)”. SAGUIER,
Eduardo. 2004. “Golpes de Estado y rupturas políticas en Argentina (1962-1999)”.
www.cambiocultural.com.ar
46
“Hemos dicho…que no queremos para nuestra juventud la frustración y la muerte,
porque ella es la destinataria de los frutos de la victoria que se ha logrado con su entusiasmo,

66
Perón…tuvo comienzo el proceso de…deslegitimación de las organizaciones armadas
(Montoneros)”47.
Poco después del retorno de Perón, en septiembre se convocaron nuevas elecciones, en
las que la fórmula Perón-Perón obtuvo el 60% de los sufragios.
Montoneros aparecerá como la expresión más clara de la lucha armada peronista; en la
organización van a ir convergiendo diferentes manifestaciones del movimiento guerrillero, como
las Fuerzas Armadas Revolucionarias e integrantes de las disueltas Fuerzas Armadas
Peronistas, la FAP 17, entre otras48.

“¿Qué pasa, qué pasa, qué pasa General?, tá lleno de gorilas el gobierno popular”

El 1º de mayo de 1974, cuando Perón llama a los Montoneros y a la JP «imberbes y


estúpidos», éstos se retiran de la Plaza de Mayo y son expulsados del peronismo. “Es
innegable que las palabras de Perón, su manejo del discurso político, premiaban a la pata
sindical y denigraba públicamente a los jóvenes. A través de la manipulación del discurso
político, elemento constitutivo del mito político, Perón intenta retomar las riendas del
justicialismo, congraciarse con la derecha sindical y liberarse de su alianza con la juventud…”49

“El dolor, la frustración y la decepción por la enorme distancia entre lo que habíamos
soñado y luchado y lo que Perón nos ofrecía estalló en una bronca espontánea que no

su desinterés y su entrega generosa. La liberación de la Patria les pertenece por derecho


propio…Se inicia una etapa en la que será necesario una defensa apasionada y clara de los
actos revolucionarios del gobierno… queremos una juventud consciente, tenaz y protagonista
de la Reconstrucción Nacional. Queremos una juventud que comprenda que es vanguardia de
un gran ejército en lucha…” CAMPORA, Héctor J. 1973. La Revolución Peronista. EUDEBA.
Buenos Aires.
47
SAGUIER, E. 2004. Op. Cit.
48
“Somos una unión de hombres y mujeres argentinos y peronistas que nos sentimos parte
de la última síntesis de un proceso histórico que arrancó 160 años atrás y que con sus avances
y retrocesos da un salto definitivo hacia adelante a partir del 17 de octubre de 1945, que en
estos últimos 15 años se ha expresado en la Resistencia, la Revolución del 56, los Uturuncos,
los Conintes, los Planes de Lucha, el Ejército Guerrillero del Pueblo, el Movimiento
Revolucionario del Pueblo, la Central General de Trabajadores, el Peronismo Revolucionario,
Taco RaIo. Todo este proceso ha influido en nuestra formación y es el que le otorga sentido y
proyección a nuestra lucha. Luego de haber militado en los distintos frentes del Movimiento,
varios grupos de diversas partes del país nos organizamos para llevar adelante una guerra
Iarga de Resistencia Armada contra el régimen gorila. Proveníamos de distintos sectores y
orígenes, obreros, estudiantes y profesionales de tradición peronista, cristianos, nacionalistas e
izquierdistas. Pero nos unieron la convicción y el sentimiento, ya comunes, de la necesidad de
luchar con las armas en la mano por la toma del poder con Perón y con el pueblo y la
construcción de una Argentina libre, justa y soberana…Concientes de que carecíamos de
medios y experiencias, nos dedicamos largo tiempo a entrenarnos y disciplinarnos, preparando
minuciosamente las primeras operaciones, destinadas a la recuperación de armamento, muni-
ciones, explosivos, etc…En estas condiciones es que decidimos salir del anonimato como
organización bajo el nombre de Montoneros…porque consideramos que había que pelear
porque ya era hora de que dejáramos de llorar nuestros caídos; era la hora de que cayeran los
de enfrente; hora de que llorara el enemigo”Montoneros: El llanto para el enemigo. Dirigente
nacional de los Montoneros. América Latina en Armas, Ediciones M.A., Buenos Aires, Enero de
1971. Fuente: http://www.elhistoriador.com.ar/
49
SCHWARTZ, Alejandra G. “Perón según los Montoneros. Construcción del mito político”.
Ined.

67
necesitaba imponerse desde afuera. Salía de nuestros propios corazones desgarrados”50.

El velorio de Perón fue el último acto público de Montoneros. Con él, se cerraba una etapa
en la historia argentina y en la relación de esa agrupación con el gobierno51.

“…del 73 al 76, hay otros elementos que entran en juego: la vuelta de Perón; la confrontación
con él; la lucha entre la derecha y la izquierda del peronismo, que fue sangrienta; el retroceso
acelerado después de la muerte del Viejo; la ascensión del sector más reaccionario del
peronismo, que asume el poder para destruir y sienta las bases para la dictadura militar. A
partir de ahí fue el derrumbe y la destrucción que me tocó vivir en carne propia” (Tina)52

En 1975 se puso en marcha en Tucumán el Operativo Independencia, a partir del cual se


comenzaron a ejecutar “las operaciones que sean necesarias a efectos de neutralizar y/o
aniquilar el accionar de los elementos subversivos que actúan en la provincia de Tucumán”53.
Comenzó así una etapa de represión implementada por el gobierno; era la aplicación oficial
de la Doctrina de Seguridad Nacional, que partía de concebir la existencia de una guerra Este-
Oeste, fijando fronteras ideológicas y por la que surgió un nuevo tipo de enemigo: el enemigo
interno. Este concepto es el que autorizará a las FFAA a vigilar la actividad política de la
ciudadanía, reprimir las actividades consideradas como subversivas y, llegado el caso,
intervenir en el sistema político y excluir a la población de la participación democrática54. El
concepto de frontera ideológica plantea un nivel de subjetividad absoluto. En palabras del
general Ibérico Saint Jean: “...primero mataremos a los subversivos, luego a sus
colaboradores, luego a sus simpatizantes, luego a los indiferentes y por último a los tímidos“55.
La crisis estaba tan generalizada en ese año que aún los sectores oficialistas consideraban
que la única salida era la caída del gobierno de Isabel Martínez56. Las rivalidades entre los

50
ROBLES, Adriana. 2004. Perejiles. Los otros Montoneros. Colihue. Buenos Aires.
51
“…el movimiento de masas del peronismo va adelante empujado por la misma dinámica
de su propia conciencia y a veces hasta antecede a la vanguardia política… (en) este
movimiento se da como objetivo la búsqueda de la justicia social, la independencia económica
y la soberanía política… Es antiimperialista y antioligárquico y, así como ha logrado durante 25
años actuar sin vanguardia política, eso mismo lo ha transformado también en antiburocrático,
consecuencia de la traición de los burócratas …Hemos llegado a la lucha armada sólo cuando
se agotaron todas las otras posibilidades de lucha política … En determinado momento no tuvo
más sentido el voto, ni el voto en blanco ni el proyecto de golpe de Estado populista, ni
tampoco las tres sucesivas experiencias…de guerrilla rural... No tuvo más sentido ni siquiera el
retorno político de Perón. Quiero decir: el proceso no ha comenzado con Montoneros; los
Montoneros han sido su inevitable consecuencia. Más aún, la decisión de lanzarse a la lucha
armada. Ha sido en sí misma una política de masas”. Entrevista de Gabriel García Márquez a
Mario Firmenich. En ANGUITA Eduardo y Martín Caparros. La voluntad. Una historia de la
militancia revolucionaria en la Argentina, Tomo III. www.montonerosfragmentosdeunahistoria
52
Testimonio de Teresa Meschiatti (“Tina”). En DIANA, Marta. 1996. Mujeres guerrilleras.
Planeta. Buenos Aires.
53
Decreto del Poder Ejecutivo Nacional “S” Nº 261. Firmado por María Estela Martínez de
Perón, Presidenta de la Nación y los ministros del gabinete. Buenos Aires. República
Argentina. 05/02/1975.
54
Cf. SCHWARTZ, Alejandra G. “La Universidad en el blanco. Golpes de Estado,
Represión y Universidad”. Ined.
55
Informe de la Bicameral.
56
Dentro del oficialismo, algunos sectores conservaban cierta esperanza de conservar el
poder, a pesar de la crisis y el deterioro del gobierno. Desde inicios del año ´75, el entonces
gobernador de La Rioja y miembros del ejecutivo nacional pugnaban por lograr la reforma de la

68
sectores en pugna, por un lado las organizaciones armadas que impulsaban la revolución
social, y por otro el terrorismo de estado de la Triple A57, ponían en evidencia la incapacidad
del poder político para manejar la crítica situación. Este paisaje se tornaba más complejo por la
profunda crisis económica y los conflictos laborales; todo ello coadyuvó a la creencia
generalizada de que la salida militar era la única alternativa58.
Instalado el proceso militar en el poder implementó un régimen de acumulación que
aparecerá con toda violencia en el denominado "Proceso de Reorganización Nacional"; a partir
de este modelo aperturista de acumulación se producirá una fuerte concentración del capital en
los sectores dominantes y en los grandes grupos empresarios; se otorgará más valor al capital
financiero por encima del capital productivo; también se producirá una acumulación geométrica
de la deuda externa que convertirá a la dependencia financiera en el principal nexo de
subordinación. Se producirá la reestructuración del mercado interno orientado a las demandas
del consumo suntuario, y la disminución del poder adquisitivo de los sectores asalariados59. En
realidad este modelo ya había aparecido con el "rodrigazo" en el gobierno peronista anterior.
El decenio del ´70 será para nuestro país cruento y dificultoso pues la vida cotidiana de
miles de personas va a estar marcada por la pesada carga de la dictadura. Las
organizaciones armadas van a sufrir las consecuencias directas de la legalización de la
represión instrumentada por la dictadura instaurada a partir de 1976. Asimismo, la estrategia
que se planificó e implementó para Tucumán desde el poder se orientó a aniquilar a
importantes sectores de la población a través de la práctica constante de las desapariciones,
de las torturas, de las violaciones, de los asesinatos, de los secuestros de niños-as y de la
desintegración familiar. En realidad, Tucumán fue el laboratorio del terrorismo de Estado con
la instalación de los primeros centros clandestinos de detención desde 1975. Fue también
una de las provincias donde la represión caló más hondo tanto en su profundidad y extensión
(1 desaparecido cada 1000 habitantes) como en la conformación de una memoria que
legitimó la existencia y la necesidad de una guerra sucia como lo va a demostrar el
surgimiento del bussismo como fuerza política60.

Mujeres, poder y política

Se ha señalado que el accionar político de las mujeres se ha visto históricamente limitado a


las tareas vinculadas con lo social y asistencial, que suponen el “estar” donde algo falta,
determinando que las mujeres mismas refuercen el estereotipo de sus “cualidades femeninas”

Constitución que posibilitara la reelección presidencial. Diario La Gaceta, 06-01-1975.


Tucumán.
57
La Alianza Anticomunista Argentina fue una fuerza parapolicial de ultraderecha.
58
Cf. ROMERO Luis A. 1996. Breve Historia Contemporánea de la Argentina. FCE. Buenos
Aires.
59
Cf. AGOSTINO, Hilda N. et al. 1995. Aportes para el estudio de la Historia económica y
social contemporánea. II. Floppy. Buenos Aires.
60
Cf. SCHWARTZ Alejandra Giselle. 2004. “La Universidad en el blanco. Violencia política,
golpes de estado y universidad”. Ined.

69
autoexcluyéndose de los espacios de toma de decisiones, reputados como masculinos. Tal
situación ha imposibilitado históricamente el desarrollo de las mujeres como sujetas políticas,
siendo invisibles en el escenario público61. Aquí emerge lógicamente el tema del poder como
un concepto central en la participación política de las mujeres.
Los estudios de las relaciones de género permiten comprender que el poder se presenta
como un fenómeno diferenciado, una de cuyas formas de legitimación ha sido el género. El
poder es uno de los ejes sobre el cuál giran las relaciones intergenéricas; éstas están
atravesadas por el poder; en ellas el poder se “pone en acto”. Son relaciones de fuerza y del
resultado de estos juegos de fuerza resultarán los posicionamientos sociales, culturales y
subjetivos de cada género, visibilizándose las contradicciones en los conceptos de poder y de
ciudadanía. Lola Luna señala que la dimensión de poder con que define al concepto de género:

“es clave para el análisis de la historia política de las mujeres, porque ayuda a descifrar
los procesos sociales y políticos en los que se dan los juegos de poder entre lo masculino y
lo femenino, sus estrategias y alianzas múltiples, es decir, lo que hay detrás de las
exclusiones de las mujeres y las formas bajo las que se las ha incluido históricamente”62.

Para Jutta Marx que las mujeres no ocupen los niveles de decisión no está relacionado ni
con su participación cuantitativa ni con los esfuerzos que realizan, sino que es consecuencia de
la vigencia de una concepción hegemónica a partir de la cual tanto las mujeres como sus
modalidades de participación, diferentes de los estándares dominantes masculinos, son
desvalorizadas63.
MacKinnon, por su lado, ha planteado que todo lo que incluye poder, es político; de allí que
las relaciones entre varones y mujeres, que históricamente han estado marcadas por una
asimetría en el ejercicio del poder, son políticas. Entonces, el género es un asunto político,
pues desde el proceso histórico se ha podido observar que las mujeres, por el sólo hecho de
serlo son las más explotadas, oprimidas y discriminadas tanto en lo económico como en lo
social y político, en tanto los varones han sido tradicionalmente quienes han ocupado los
espacios de poder, han sido los redactores y ejecutores de la ley, así como los beneficiarios de
la producción económica, excepto aquellos que tienen ciertas condiciones que los califican
como objetos de discriminación al igual que las mujeres, tal el caso de los negros o de los
homosexuales64. El sujeto masculino hegemónico establece relaciones de subordinación no
sólo con el sujeto femenino sino con el sujeto homosexual; este desajuste muestra que la
iniquidad entre los sexos pasa a ser un asunto político.

61
Cf. MARX, Jutta. “Mujeres, participación política y poder”. En MAFFÍA, Diana y Clara
Kuschnir. 1994. Capacitación política para mujeres. Géneros y cambio social en la Argentina
actual. Feminaria. Buenos Aires.
62
LUNA, Lola. “La historia feminista del género y la cuestión del sujeto”. En Web de
Creatividad Feminista.
63
MARX, Jutta. 1994. Op. Cit.
64
Cf. MCKINNON, C. Hacía una teoría feminista del Estado. El Estado Liberal (mimeo).

70
Mujeres y acción política

“…lo que más me hace tomar conciencia…de la cuestión de la postura de las mujeres, es
asumir lo que había sido Eva Perón. A nosotros nos parecía que a partir de lo que había
hecho Eva Perón ya estaba el camino expedito. Punto. Hacías y seguías y chau. Un poco eso.
Y había tantas cosas. Sentíamos, yo sentía con un grupo de compañeras de periodismo y con
relaciones familiares, mis primas que también estaban haciendo cuestiones políticas o por lo
menos una de ellas, que no nos planteamos la cuestión de género…Uno hacía y punto (Marta)

El peronismo reconoció a las mujeres su condición de ciudadanas al concederles el


derecho al sufragio; aunque Luna señala que dio este derecho “…a las mujeres por el interés
de mantenerse en el poder -las mujeres eran votos que … legitimaban- y no tanto por
reconocimiento de las razones políticas que argumentaban los movimientos sufragistas que
luchaban en América Latina desde comienzos del siglo...El caso argentino…arroja suficientes
elementos para fundamentar la idea de la existencia de una compleja alianza paternalista /
maternalista -representada en la pareja complementaria de Perón / Eva- que habla de la
complicidad femenina que sostiene el patriarcado, la inclusión en la que hay poder y
ganancias para las mujeres, pero también pérdidas y no superación real de su exclusión. El
discurso de Eva a las mujeres sobre su función política es de los mejores ejemplos de la
ideología maternalista, modernizante del papel femenino”65.

“…formamos…el centro de estudiantes para poder unirnos a las luchas estudiantiles. Y en


esa salgo como la secretaria del centro de estudiantes…la idea era, lo que de alguna manera
organizaba mi criterio…era que las mujeres teníamos el mismo derecho que los hombres,
éramos exactamente iguales, me importaba tres pepinos y, la verdad que incluso…el concepto
de “ah, sos machista!”, ni siquiera esa idea estaba en esos términos, no la vivíamos …o yo no
la vivía, por lo menos… Y la verdad que tampoco nos preocupaba muy mucho. Le metíamos
para adelante y punto…(Marta).

En general, en este momento histórico, se suele ver tanto a los movimientos como a los
sujetos políticos como asexuados, más allá de los papeles que las mujeres hayan tenido –
muchas veces importantes- en esta lucha. Jutta Marx dice que esta aparente neutralidad omite
la participación de las mujeres, desvaloriza sus luchas y las invisibiliza.
No obstante, podríamos decir que con la participación de las mujeres en las
organizaciones peronistas van a aparecer ciertas estrategias y modos de actuar que, muchas
veces sin proponérselo, comienzan a generar fracturas en los moldes culturales respecto a la
asignación de roles dentro de la cultura patriarcal.

“Estábamos dispuestos a “debilitar” el poder enemigo con pequeñas y grandes acciones


militares que alcanzaran el impacto de verdaderos actos políticos. De este modo nuestra vida
se militarizó a un nivel desproporcionado para la relación de fuerzas…y hasta se impuso que
deberíamos vestir uniforme…para operar en una Argentina en la que el enemigo nos cazaba
como a ratones…”66

65
LUNA, Lola. “La otra cara de la política: Exclusión e inclusión de las mujeres en el caso
latinoamericano”. En www.mujeresenred.org
66
ROBLES, Adriana. 2004. Op. Cit.

71
Belluci analizando la militancia de Alicia Eguren señala que “La idea rectora de esos
tiempos fue también -desde una concepción voluntarista- lograr rompimientos, ya que el
accionar es un mecanismo generador de cambios…al intentar reconstruir su recorrido se logra
visibilizar su protagonismo en el campo de las luchas políticas y en las prácticas de resistencia
social”67.
Como ejemplo de esta dinámica que trata de romper los códigos culturales sobre la
masculinidad y la feminidad en relación a la lucha armada, encontramos la siguiente
declaración de las Fuerzas Armadas Peronistas en un reportaje realizado en 1970 que
apareció publicado en Cristianismo y Revolución:

“- Se ha observado una presencia casi invariable de algunas mujeres en los grupos de acción
de las FAP. ¿Qué significado se le da a este hecho?

FAP: Nosotros partimos por principio de una amplia concepción revolucionaria de cuerdo a la
cual la mujer tiene que tener el mismo grado de participación que el hombre en todos los
procesos de la sociedad y, sobre todo, en el proceso de cambiar una sociedad que la ha
sumergido en una situación de marginación y dependencia. Es por ello que en las FAP,
mujeres y hombres tenemos el mismo grado de participación en todas las tareas
revolucionarias y en todo tipo de responsabilidades, especialmente en la primera línea de
combate. Además es la continuación de toda una trayectoria en nuestro movimiento,
ejemplificada no sólo por Eva Perón sino también por las medidas concretas del gobierno
peronista que elevaron a la mujer argentina en todos los ordenes especialmente el político”.68

Las mujeres en la Organización Montoneros. Participación política y género

¿Cuál fue el papel de las mujeres en las organizaciones guerrilleras insertas dentro de la
lógica patriarcal del enfrentamiento armado y, cómo las afectaba?
Luna afirma que “las luchas, y los logros de las mujeres son hechos políticos relacionados
con la ideología, con las ideas de política en suma con problemas de exclusión y de
subordinación, que pueden ser analizados en términos de poder a través del concepto de
género y sus significados”69.

“Yo empiezo a tomar conciencia de lo político y a tener actitudes a lo político… en los ´70
concretamente…con el tucumanazo…del que no participé activamente pero si participaba
como alguien que veía esto que explotaba por todas partes y siendo… estudiante de
periodismo… Había participado del 2° Tucumanazo…de los quilombos, habíamos organizado
marchas, como centro de estudiantes, la cana nos tenía re fichados como centro de
estudiantes…
“…el dueño del diario El Pueblo me toma primero y después en canal 10 me toma y soy la
primera mujer que ejerce el periodismo, pero además el periodismo en la calle. De ir a hacer
investigaciones en los barrios, ir con el fotógrafo…La verdad que yo no siento que a mí me
halla resultado muy difícil abrirme paso en esas cosas. Y eso va generando conciencia política
además, de la práctica misma de la profesión. Uno empieza a tomar contacto con lo que

67
BELLUCI, Mabel. “Alicia Eguren: la voz contestaria del peronismo”.
www.desaparecidos.org.ar
68
CRISTIANISMO Y REVOLUCIÓN. Reportaje a las Fuerzas Armadas Peronistas (F.A.P.).
Nº 25. Septiembre de 1970.
69
LUNA, Lola. 2003. “Introducción a la discusión del género en la historia política”.
www.modemmujer.org

72
pasaba con las organizaciones político militares… Paralelamente, estábamos desarrollando
nuestra actividad política como Juventud Peronista, pero todo muy al desorden porque era tan
vertiginoso lo que pasaba en esos momentos… Nosotros por esa época… éramos del frente
político y como éramos, era periodista,…éramos sindicalistas y nuestra identidad era peronista
…Cuando comienza a hacerse más sistemática la militancia es cuando, al mismo tiempo, la
organización que había sido clandestina desde sus orígenes, se hace más pública. Estaba bien
dividido lo que era el frente sindical, el frente juvenil, el frente de las mujeres y
Montoneros…que era una organización político militar. Entonces nosotros nos desarrollábamos
en los frentes. Yo en el frente sindical, yo nunca participe del frente de las mujeres, ni tampoco
participe por mucho tiempo y más sistemáticamente en el frente juvenil. Yo rápidamente me
metí en el frente sindical y dentro de lo que era lo mío, el periodismo.
“…decidimos incorporarnos a Montoneros más sistemáticamente. Y comenzamos a ser parte
de lo que era la estructura, digamos, de la estructura de Montoneros. No ya de los frentes
públicos, sino de la organización como tal. Pero siempre muy ligado a lo que era nuestra
actividad como periodistas. Así que pasamos a…realizar la prensa montonera, desde trabajar
con el Diario “Noticias” en su momento, trabajar con la revista “Evita Montonera”…Organizar
todo lo que era prensa… (Marta)
“Y la verdad que ahí las cuestiones de género no aparecían como tal, y nunca aparecieron
como tal. ¿Por qué? Porque no teníamos conciencia de la cuestión de género, estoy
absolutamente segura. Y porque además nosotros disputábamos, le dábamos la discusión
pero de que “ah!, pero que yo soy mujer, ¿qué?” y era disputarle y cuestionar, cuestionar cosas
pero bueno no la vivíamos como problemas, digamos, en estas circunstancias. Porque yo,
después sé que en otras áreas si existió el problema de género y si había discriminación”
¿En relación a qué: al entrenamiento militar...?
“Exactamente y todo lo que era toma de decisiones. Ahora, en el caso particular mío, yo,
por ejemplo, la crítica que hago por eso no lo hago desde el género, yo tengo una cosa muy
especial con la cuestión de género. ¿Por qué? Porque yo me reivindico ante todo como un
sujeto social y que me importa tres carajos si soy hombre o soy mujer. Y yo voy a disputar esa
cosa sea hombre o sea mujer... Aunque yo si cuestiono las estructuras machistas, la
mentalidad machista y todo lo demás, pero yo soy una convencida que hacer los planteos
desde “yo mujer” solamente porque soy mujer no ayuda. Y si yo disputo las cosas, las disputo
porque tengo derecho, porque soy un sujeto social, no porque sea mujer. Entonces, esta
cuestión, algunas veces, la he hecho porque sí y otras veces lo hago porque desde la cuestión
racional mucho después. Se notaba en este ir construyendo los espacios que uno iba
disputando…
“... dentro de la Organización, sí ha habido problemas de género, visto desde la perspectiva
de género. Eran estructuras político militares, desde la concepción militarista pero desde lo
militar del sistema. Y dentro de la concepción militarista del sistema, las mujeres estamos
cagadas. Así que las compañeras que se han ido desarrollando, han tenido que enfrentar con
el enemigo y con los compañeros. Ha habido mucha lucha en eso y, la verdad, que ha sido,
que ha sido muy duro...Y son compañeras que hay que reivindicarlas, a muchas de ellas,
desde esa perspectiva. Pero nosotros, yo me atrevería a decir, que no lo hacíamos desde esta
idea del género. Lo hacíamos desde esta idea de que el enfrentamiento con la oligarquía era
en una paridad de condiciones. Que para la oligarquía seas hombre o mujer, eras exactamente
lo mismo. Para ellos éramos el enemigo que había que exterminar y no había distinciones. Y
de alguna manera nosotros hemos dado la pelea así. Eso de codo a codo, tal cual. Sea hombre
o mujer. Ahora no todos los hombres compañeros lo veían así. En mi relación particular con mi
compañero no teníamos ese problema. La idea de que los dos tenemos la misma
responsabilidad, la misma obligación, los mismos deberes, los mismos derechos. Y en un
grupo importante de compañeros eso…estuvo claro…” (Marta).

La actitud de muchas mujeres en el comienzo de esta etapa, disciplinadas en la estrategia


político-militar, es clara en relación a quién es el enemigo común, no tan así en sus
vinculaciones de género que, en general, no eran cuestionadas. Y si aparecía algún
cuestionamiento éste no se hacía visibilizando una ideología de género a través de la cual las
relaciones sociales desiguales evidenciaban dominación, exclusión, resistencias y

73
consentimientos70; es más, para muchas militantes estaba interiorizado un discurso de
igualdad.

“Nuestro entrenamiento comprendía, entre otras destrezas, la rutina de correr…En los


entrenamientos de tiro…no superaba una puntería mediocre y poca velocidad de reacción. Sin
embargo, ni yo ni la organización teníamos opción, era preciso que todos nos convirtiéramos
en cuadros militares”71.

El proceso de masculinización de sus comportamientos dentro de organizaciones formadas


y dirigidas por varones mayoritariamente fue una estrategia necesaria de las mujeres para
sobrevivir, ser valoradas, ser más autónomas; de alguna manera se podría argumentar que
este reacomodamiento identitario, no muy consciente pero si necesario dentro de este marco,
redundó en algunas ganancias para la situación de las mujeres que posibilitó la lucha por la
participación política en otros escenarios.

La sexualidad

¿Qué tensiones en el espacio de la sexualidad tienen repercusiones en la vida personal -


identidad y vida afectiva- y en los procesos de la vida cotidiana?

“Y yo sé que en la convivencia cotidiana de la organización, en los momentos del quehacer


cotidiano de la militancia aparecían cuestiones que nosotros considerábamos jodidas y
contrarias a lo que era el ideal de paridad de condiciones incluso al nivel de convivencia de
desarrollo afectivo y/o sexual. Con el tiempo, nosotros descubrimos que había compañeros que
tenían comportamientos machistas desde el punto de vista sexual con las compañeras. Y esa
fue toda una discusión que hubo que dar, una pelea que hubo que dar. Relaciones de
infidelidad que para nosotros, las mujeres era peor, no era de infidelidad sino de deslealtad lo
cual es peor todavía. Y los tipos haciéndose la croqueta, con toda la boludez esa. Esto te estoy
hablando de los tempranos ´70. Apareció mucho eso… Que el hecho de que vos tengas
expresiones de afecto por un compañero no era que te querías ir a encamar... No, de ninguna
manera, era el compañero al que vos tenías afecto y era un compañero de lucha. Nada que ver
con la otra boludez, ¡tarados! No era eso en absoluto. Te estoy hablando ahí, desde los ´70.
Imaginate eso luego, cuando teníamos los milicos corriéndonos por atrás, si vos no tenías
claras esas cosas era terrible...Y yo creo que para la época que los milicos implementan todo el
terrorismo de Estado, creo que había, sin que sea totalmente terminada, pero si había más
conciencia de eso…hacia el 76, 77, 78. Es decir…ya no tenías que andar planteando esto “eh,
boludo” no, no es así!
“Además se había tenido desde el punto de vista de lo que era la organización un duro
aprendizaje: había un montón de compañeros que habían caído, sus compañeras habían
quedado solas, muchas veces uno terminaba conviviendo con otro compañero por cuestiones
de que no podías salir a decir que tu compañero estaba en cana y los compañeros tenían
conciencia de que era una relación política la que existía. Antes, eso no existía y compañeros y
compañeras se te iban al humo en cualquier circunstancia a lo que nosotros llamábamos “el
liberalismo”, la cuestión liberal de la acción política que te hacia confundir los planos. Y que a la
larga podía tener su incidencia política y con un costo muy alto para la cuestión política. Así

70
La dominación “no depende únicamente de la violencia ya sea física o sicológica. Implica
siempre compartir al menos parcialmente las mismas representaciones por los dos sexos,
compartir que induce en la conciencia y en la voluntad de los individuos una cierta forma de
consentimiento, y por lo tanto de cooperación, a su propia subordinación”. Godelier, Maurice en
Farge, Arlette. Las mujeres y el poder político, México. 1993. Cit. Por Luna, Lola. “Lo político
del género en América Latina”. En De Nairobi a Beijing. Diagnósticos y propuestas. Isis
Internacional. Santiago de Chile. 1995.
71
ROBLES, Adriana. 2004. Op. Cit.

74
que eso si fue algo de lo que se hablaba mucho, se cuestionaba mucho. Y yo sé anécdotas,
por ejemplo, donde el jefe que mandaba a los compañeros a otra provincia buscando
enganchar a una compañera. Te estoy hablando al principio, cuando todo el mundo teníamos
las hormonas al bochinche y éramos tan jóvenes y la vida era tan corta... Y darle la pelea con
que no, la vida muy corta y las hormonas al bochinche, pero bueno. No es así la cosa. Eso fue,
creo que particularmente…fue uno de los aspectos donde las mujeres tuvimos que dar mucha
discusión en esto de que somos sujetos sociales y tenemos los mismos derechos y tenemos
las mismas cuestiones y hay una ética que hay que respetarla. Que tiene que ver con un
proyecto político y que en todo caso esas son las conductas y los comportamientos del
enemigo y que no tienen que estar acá. Un poco eso era la idea…”(Marta).

Según Belluci “la pareja pasó a ser un estatuto de compromiso por excelencia tanto
afectivo como político e intelectual...Básicamente, primaba el vínculo heterosexual, abierto o
cerrado, con implicancias políticas y rupturista de las costumbres tradicionales…(la) dupla de J.
W. Cooke - Alicia Eguren anticipó en la Argentina un modelo de pareja activista, propio del
consenso epocal de los setentas, momento en los cuales se fue diluyendo la impronta machista
del varón luchador y la mujer ajena al mundo público de su compañero”72.
Pero algo que no se tiene que perder de vista es el hecho que esta generación nacida
entre los años 1940/50 no pudo romper totalmente en este momento histórico con los
estereotipos de su sociedad. Quizás la expresión más clara del machismo y la moralina en la
organización sea la homofobia73.

“Por sobre las cabezas de la gente, se podía divisar una pancarta que decía FRENTE DE
LIBERACIÓN HOMOSEXUAL. -¡Esto es el colmo!- protestó el Pelado Prokiuk. ¡Habría que
sacarlos a patadas de la plaza! -¿Por qué? –defendió Marcial. Los trolos también tienen
derecho a expresarse en un gobierno popular. –Qué derecho ni un carajo. Hay que cagarlos a
palos y meterlos en cana. –Habló el comisario Prokiuk- terció la flaca Alcira. Gustavo tironeó a
Cabeza del codo, hizo una seña de ya volver…y se detuvo a diez metros del cartel sostenido
por dos tipos…a su lado, una cuarentona llena de granos y prolijamente vestida de rojo
furioso…Cabeza la desnudó sin piedad: -Con lo fea que es no le quedaba otra cosa que ser
tortillera” 74.

72
Cf. www.desaparecidos.org.ar
73
“Deseas felicidad, pero la seguridad es más importante para ti”. Algunas/os activistas de
los 70 entendieron esta consigna como un problema para la revolución sociopolítica, ya que
exigía como condición ineludible la liberación sexual. Y hablar de liberación sexual es, aun
hoy, criticar un término que suena irritante: el patriarcado. Desde finales de los años 60, en la
playa conquistada por las feministas, gays y lesbianas se sumaron y formaron un coro que
denunciaba al sexismo, incomodando a la derecha política que las/os condenó desde el púlpito
siempre tan familiar para ellos; a la izquierda que excomulgó de sus filas, como el caso de
Héctor Anabitarte, militante del Partido Comunista Argentino que fue “despromovido” por
“confesar” su homosexualidad, y a las “fuerzas populares” que sumaron como furgón de cola
del tren revolucionario a los reclamos de las mujeres y de las minorías, o que las/os excluían
en sus códigos de “nueva” moral, ya que ser infieles, putos o faloperos atentaba contra la
condición de soldado de FAR o Montoneros, como entonaron más de una vez en la Plaza
colmada y efervescente por la llegada del General”. RAPISARDI, Flavio. “De lo público a lo
secreto”. Radar. www.pagina12.com.ar
33
POLLASTRI, Sergio. 2003. Las violetas del paraíso. Una historia montonera. El Cielo por
Asalto. Buenos Aires.

75
La dinámica de los procesos que giran alrededor de las relaciones intergenéricas puede
entenderse en relación con nociones más amplias de poder y de dominación. Bourdieu75 se
ocupa de las relaciones entre poder y cultura e introduce el concepto de violencia simbólica.
Aquí puede verse una vinculación entre las diferentes violencias sobre las mujeres, la violencia
cotidiana y la violencia armada que supone el ejercicio del poder y el uso de la fuerza.
En La dominación masculina, Bourdieu explicó que al estar incluidos “hombres y mujeres
en el objeto que nos esforzamos en aprehender, hemos incorporado, bajo la forma de
esquemas inconscientes de percepción y apreciación, las estructuras históricas de orden
masculino; nos arriesgamos entonces a recurrir, para pensar la dominación masculina a formas
de pensamiento que son ellas mismas producto de la dominación”76.
Así, la relación masculino-femenino en tanto dominante-dominado remite “naturalmente” a
un juego de polaridades homólogas en que aquélla se aprehende como universalmente
justificada. Dentro de este juego, la relación intersexual emerge como una relación de
dominación construida por el principio de división básico entre masculino (activo, claro, público,
etc.) y femenino (pasivo, oscuro, privado, etc.) Este principio “… crea, organiza, expresa y
dirige el deseo masculino como deseo de posesión, como dominación erotizada, y el deseo
femenino como deseo de la dominación masculina, como subordinación erotizada y, como
reconocimiento erotizado de la dominación”77. El movimiento circular que va desde la fisiología
de los sexos hacia estructuras cognitivas universalistas que los incluyen, se cierra con el
retorno de estas estructuras sobre la anatomía sexual: la “masculinización” del cuerpo
masculino y la “feminización” del cuerpo femenino se constituyen en procesos históricos de
largo aliento que determinan“…una somatización de la relación de dominación, así
naturalizada”78. El poder se sitúa en el centro de la vida social y se despliega con mayor
claridad para legitimar las desigualdades de estatus dentro de la estructura social.

75
“Bourdieu ... muestra cómo las diferencias entre los sexos están inmersos en el conjunto
de oposiciones que organizan todo el cosmos, la división de tareas y actividades y los papeles
sociales. Explica cómo, al estar construidas sobre la diferencia anatómica, estas oposiciones
confluyen para sostenerse mutuamente, práctica y metafóricamente, al mismo tiempo que los
“esquemas de pensamiento” las registran como diferencias “naturales”, por lo cual no se puede
tomar conciencia fácilmente de la relación de dominación que está en la base y que aparece
como consecuencia de un sistema de relaciones independientes de la relación de poder.
Citado por LAMAS, Marta. “Género, diferencias de sexo y diferencia sexual”. En RUIZ, Alicia E.
C. (comp) 2000. Identidad femenina y discurso jurídico. Biblos. Buenos Aires
76
BOURDIEU, Pierre. “La dominación masculina”.
http://www.udg.mx/laventana/libr3/bordieu.html#2
77
Bourdieu analiza la realidad social en clave de género y reconstruye la manera como se
simboliza la oposición hombre/ mujer a través de articulaciones metafóricas e institucionales,
mostrando la forma en que opera la distinción sexual en todas las esferas de la vida social y el
orden representacional ... advierte que el orden social masculino está tan profundamente
arraigado que no requiere justificación: se impone a sí mismo como autoevidente, y es
considerado como “natural” gracias al acuerdo “casi perfecto e inmediato” que obtiene de
estructuras sociales tales como, por un lado, la organización social del espacio y tiempo y la
división sexual del trabajo, y por otro lado de estructuras cognitivas inscriptas en los cuerpos y
en las mentes”. Citado por LAMAS, Marta. Op. Cit. 2000.
78
GRAÑA, François “¿La dominación masculina en entredicho? “Androcentrismo y “crisis
de masculinidad” en la producción científica reciente”. En Hombres por la Igualdad. Web del
Ayto. de Jerez . 2000.

76
Luna comparte la idea de la construcción de sujetos generizados por la diferencia sexual en
contextos discursivos dominantes históricos y concretos, en donde se dan estrategias de
significación creadas por oposición. “Hablamos de sujetos corpóreos materializados, situados
geográficamente, con capacidad de actuar desde y por su propia constitución. Hablamos de
sujetos cambiantes discursivamente con capacidad para establecer nuevos significados, a
menudo entrelazados con los viejos significados de género. Es decir, planteamos un sujeto
construido, normalizado, pero también, resistente y constructor de sí mismo”79.

Las mujeres y la maternidad

¿Qué supuso para las mujeres la decisión de participar en las organizaciones armadas en
relación a sus roles tradicionales en la maternidad, la familia, el espacio privado del hogar?
En el análisis de la maternidad se pueden diferenciar dos dimensiones, una simbólica que
comprende las concepciones y el significado que la maternidad tiene para la vida de las
mujeres; y otra que corresponde a los arreglos que se buscan para cuidar a los hijos/ as, y a
los conflictos y ambivalencias que las mujeres tienen que enfrentar para conciliar su actividad
pública con el cuidado de los niños/ as.

“… la maternidad era un acto de conciencia absoluta. Era muy difícil y sobre todo en
determinada franja. Sobre todo en los frentes abiertos…Y estaban las compañeras de los
barrios, con las compañeras del sindicato y estábamos las compañeras que teníamos
experiencia universitaria y bueno, yo te digo que en lo personal, hablábamos en el sentido que
la maternidad tiene que ser un acto de conciencia. Vos no podes largarte a tener hijos así como
así. Sin embargo, había que saber que si vos tenías hijos era una responsabilidad muy grande,
pero al mismo tiempo los hijos eran necesarios. Así que era un acto de mucha responsabilidad.
En el caso nuestro, en el caso mío particular, yo tenía mis traumas…Yo tengo mi hija en el año
76. Previamente, yo tuve que hacer una especie de tratamiento para quedar embarazada
porque no quedaba embarazada. Yo me caso en el 73 pero yo ya tenía mi pareja desde el año
71… Y la idea era (y por supuesto que teníamos nuestras relaciones sexuales como
corresponde al boom de los 70) y mi criterio si viene, viene, qué vamos a hacer? Uno
procuraba que no viniera, pero si viene, viene. Y por suerte para mí, no vino. Digo por qué por
suerte? Porque eso nos permitió hacer un montón de cosas, pero el criterio era si te quedas
embarazada, te quedas embarazada. Y tampoco tomaba ninguna medida... Vos tenés que
asumir la responsabilidad, así que si viene, pechito argentino. Te vas al frente y punto” (Marta).

Nos encontramos frente a mujeres que desean ser madres y también desean ser individuas
con una participación activa en la vida política del país. Y si bien, muchas mujeres tuvieron
funciones centrales dentro de las organizaciones, los papeles tradicionales vinculados al
maternaje fueron reforzados80.

79
LUNA, Lola. “La historia feminista del género y la cuestión del sujeto”.
http://www.rcp.net.pe/Cemhal/articulo.htm
80
Isabel Martínez Benlloch y Amparo Bonilla en Sistema sexo género, identidades y
construcción de la subjetividad (2000), sostienen que en Occidente a partir del siglo XVIII, a la
maternidad se incorporaron nuevos deberes que iban mas allá del hecho biológico, ya que al
magnificar la función de las madres en el cuidado y la formación intelectual de los hijos, se les
atribuyó cierta autoridad y la posibilidad de desarrollar su "naturaleza femenina" siendo "buena
madre". Este ideal de maternidad que sigue manteniéndose, demoniza todo deseo de
autonomía en las mujeres, terminando éstas fagocitadas por sus hijos.

77
“Una cosa que yo hice bastante correcta…es que cuando decidí tener un hijo también
decidí parar para dedicarle a mi hijo un tiempo que fue muy profundo, muy necesario para el
desarrollo de su personalidad y de la mía…Durante los cinco primeros meses me ocupé de mi
hijo y después intenté hacer una militancia de “medio tiempo” para tratar de conservar ese rol
de madre…”(Tina)81

Jutta Marx afirma que el hecho de que las mujeres sean las principales, aunque no las
únicas, responsables de la vida doméstica, lleva a una “yuxtaposición” de la actividad política
con los roles domésticos. Actúan en dos planos, tensionantes entre sí, genera conflictos y
desgaste emocional. El ámbito político no ha integrado los valores y pautas de conducta de las
mujeres; en realidad no aparece una redefinición de la cultura política.

“Una vez sentí la queja de una compañera. Ella tenía…tenía dos hijitos. Ella y la pareja…él
era el responsable de la regional. Entonces…ella también era militante y militante dirigente,
dirigente importante. Pero llegan a la casa y no tenían gas. ¿Quién es el responsable de
comprar gas? ¿El varón o la mujer?...Sabía que no podía llevarle al compañero ese nivel de
problemática.” (Cristina).

Sin embargo, puede observarse que tanto en los vínculos de pareja como en la
maternidad, estas mujeres producen quiebres pues pueden reflexionar sobre el contenido real
de la maternidad, con sus contradicciones, conflictos, su carga de trabajo y el abandono del yo
mismo82.

“La cuestión del género sí la veíamos cuando doña Dora decía:”bueno, pero yo a mi marido
le digo “yo cocino, pero después me voy a la reunión. Me voy a la reunión porque si no, ¿qué
va a ser después si no voy a la reunión?” (Cristina).

Para Lola Luna el sujeto “mujer” de la cultura occidental fue construido mediante diversos
discursos con aspiraciones universalistas “desmentidas por la realidad cotidiana que vivían
muchas mujeres, y con un carácter esencialista porque a esa “mujer” se la rodeó de virtudes
consideradas naturales, representando... “un modelo normativo de heterosexualidad
reproductora”83.

Para cerrar

En este trabajo intentamos describir y explicar algunos elementos vinculados al papel que
las mujeres cumplieron en la lucha armada, sus representaciones sociales y las relaciones
intergenéricas. En este sentido, mirar desde el género supone visibilizar las contradicciones en
los conceptos de poder y participación política de las mujeres.
Revisando los diferentes testimonios, publicados o tomados por nosotras, de mujeres
militantes de Montoneros, en general no hablan de las acciones armadas que llevaron a cabo y

81
Testimonio de Teresa Meschiatti (“Tina”). En DIANA, Marta. 1996. Op. Cit.
82
Lagarde sostiene la teoría del cautiverio de las mujeres y que la maternidad gira en torno
a la procreación, pero que la rebasa a tal grado que existe más allá de sus límites. Los cuerpos
femeninos se disciplinan para la procreación-concepción, gestación, parto y lactancia, pero
también para los cuidados invisibles que permiten dar cuidados toda la vida.
83
LUNA, Lola. “La historia feminista del género y la cuestión del sujeto”. En Web de
Creatividad Feminista

78
se centran en la represión que el estado terrorista ejerció sobre sus cuerpos, a través de la
tortura, el abuso, la violación. Al analizar Mujeres Guerrilleras de Marta Diana, Nofal menciona
que “El hueco más inquietante del libro es el silencio sobre las armas; ninguna de las
entrevistadas habla de su participación activa en la lucha armada. Esto sugiere al menos dos
lecturas; la imposibilidad de narrar los huecos simbólicos de lo traumático (Jelin, 2000) o la
posibilidad de pensar en un silencio deliberado; lo que se puede y lo que no se puede decir, lo
que tiene y no tiene sentido, tanto para quien lo cuenta como para quien lo escucha... El
silencio más importante del texto es el que se tiende sobre la lucha armada y sobre la
posibilidad de matar”84.

“…cuál era el lugar de las mujeres en la guerrilla, quiénes eran ellas, cómo (era) la
cotidianidad de las mujeres militantes en organizaciones políticas (de meta y programa
totalizadores) que impregnaban la vida social e individual en toda su extensión... He allí la
carga que, todavía hoy, cuesta desactivar, a tal punto que en las narraciones de la guerrilla
y de la represión hay un gran vacío: el de la cotidianidad. Y es que, detrás del estatuto de
la excepción, tiene que haber un más allá”85.

La década del ´70 es un espacio de disputa en el que los debates no están cerrados. Uno
de ellos, sin duda, es el referido al papel de las mujeres dentro de las organizaciones armadas
y su relación con el poder desde la mirada del género. Este punto es posible de ser explorado
en mayor profundidad pues muchas de sus protagonistas pueden narrarlo y así se podrá
recuperar y comunicar su historia, su vida, su pensamiento recurriendo a su memoria.
El ejercicio de memoria supone una ética de responsabilidad histórica, pues “la memoria no
se pierde”. La memoria, como fuerza subjetiva que penetra y que circula a través del pasado
personal y colectivo, reconstruye, reinterpreta y preserva -con las ideas, aprendizajes, afectos e
identidades del presente- los sucesos, experiencias y relaciones con las individualidades y
colectividades del pasado: "Pero no toda la cadena de ese pasado sino fragmentos de un tejido
que entrelaza rostros, palabras, gestos, espacios, objetos y eventos según el transcurrir de los
distintos tiempos y contingencias de la vida social”86.
Cuando mujeres y memoria se intersectan se puede hacer este ejercicio narrando la
experiencia de su pasado reciente y cómo las afectó.

84
NOFAL, Rossana. 2004. “Testimonios de la militancia: los cruces del género. Mujeres
Guerrilleras (1996) de Marta Diana”. Actas de las VII Jornadas Nacionales de Historia de las
Mujeres, II Congreso Iberoamericano de Estudios de Género. GESNOA. UNSA. Salta (CD).
85
Recientemente se publicaron dos libros sobre mujeres en la lucha armada “dos
novedades recogen e investigan las historias de mujeres relacionadas con la lucha armada:
Buscada, la biografía que Laura Giussani hizo de Lili Massaferro, y La montonera, donde
Gabriela Saidon hizo lo propio con Norma Arrostito”, de acuerdo a la información brindada a
través Página 12. No hemos podido acceder más que al comentario de Soledad Vallejo. RIMA.
2005.
86
MASSOLO Alejandra. 1998. "Testimonio autobiográfico femenino: un camino de
conocimiento de las mujeres y los movimientos urbanos en México". www.laventana.udg.mx

79
ENSAYO SOBRE ANTÍGONA

Noelia Billi•

Resumen

El presente trabajo se inscribe bajo la tentativa de problematizar algunos tópicos canónicos


en las lecturas de la tragedia Antígona de Sófocles. Desde una perspectiva de género se
interroga acerca de aquello que una distribución de masculinidad(es) y feminidad(es) deja leer
en un texto clave de la reflexión ético-política del pensar occidental. Así pues, se transitan las
posibilidades ofrecidas por la “democracia griega” –de la cual somos herencia-, se analiza la
limitación que la sexuación impone a ciertas prácticas y saberes éticos, políticos y/o religiosos,
tanto como su proyección en las tematizaciones actuales de la cuestión. Por medio de
señalamientos históricos se delinean los trazos constituyentes de las subjetividades atribuidas
a hombres y mujeres en el contexto de unas instituciones que incluían la creación y
representación pública de textos trágicos como el que nos ocupa. Con ello quisiera concretarse
una problematización de los modos en que las formas de subjetivación son demandadas y
producidas en estratos sociohistóricos específicos.

Ensayo sobre Antígona

Análisis exhaustivos que provienen de las más diversas tradiciones atestiguan la riqueza y
la función heurística que Antígona habrá tenido a la hora de abordar el campo problemático de
la ética y la política. Las sucesivas interpretaciones de la tragedia de Sófocles –desde el
momento mismo de su insistente representación en el s. V a.C- hablan de los modos en que
cada sociedad fue capaz de pensar y apropiarse de las problematizaciones que allí se dejan
leer. Así pues, nos dejaremos interpelar por este bello y polémico texto: esperemos, entonces,
que nuestra lectura devenga ensayo, “una prueba modificadora de sí mismo en el juego de la
verdad... una ‘ascesis’, un ejercicio de sí, en el pensamiento” [Foucault:1986, 12]
Nuestro trabajo, en fin, consistirá en plantear algunos interrogantes desde una perspectiva
de género: formularemos preguntas al texto, eventualmente a nosotros mismos como lectores,
y todo desde esta particular forma de leer que es el indagar las condiciones de posibilidad de
las formas de pensar, sentir y hacer atribuidas a lo masculino y a lo femenino, en un
determinado contexto sociohistórico. En la medida en que la ética precisa constituirse como un
espacio de interrogación incesante, no puede desestimarse una tentativa –evidentemente
política- de evitar la clausura de los sentidos que atribuimos a los textos y a los conflictos que


Estudiante avanzada de Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.
Sus áreas de investigación son, además de los estudios de género, los atravesamientos político-
institucionales en las textualidades filosóficas y literarias. Junto al grupo de producción de pensamiento
(Ya no) Babelia, participa en la coordinación y despliegue de espacios donde la creación de nuevos
modos de hacer, pensar y sentir sean posibles.

80
en ellos se dejan ver. Si la ética -pero no sólo ella- tiene algún sentido para nosotros
actualmente, tal vez sea porque se espacializa en las grietas de lo instituido, grietas que a su
vez contribuye a visibilizar. Habida cuenta de que las formas de pensar-sentir-hacer en un
tiempo y espacio dados se presentan, en general, como instancias estáticas, inmóviles,
ahistóricas por sustraerse del tiempo de lo social histórico instituyente, es válido transitar el
planteo posible de una temporalidad (política) de la ética que, en al instaurar la pregunta -en los
bordes, pero también por los bordes- a la vez rompa con las cristalizaciones de sentido,
poniendo en movimiento los límites que están siempre re-trazándose, creando lo nuevo. La
creación como una política de la ética, como la instauración misma de los quiebres donde
formas nuevas pueden advenir. Y hacer esto (nos) implica pensar la relación de lo ético y lo
político, es decir, problematizar el modo en que un determinado orden social es capaz de
demandar(se) y producir(se) determinadas formas de ser sujeto, a fin de sostenerse.

¿Crítica a la tiranía o tiranía del género?

La querella que adquiere mayor visibilidad en la tragedia es la encarnada por Antígona y


Creonte. La joven se presenta como hermana, hija y futura (luego frustrada) esposa. Debe
notarse que todas estas denominaciones adquieren sentido al interior de la institución familia
de la Grecia del s. V a.C., la cual tenía como polos de referencia privilegiados a los hombres,
varones, del grupo (recordemos que, en general, las familias eran grupos extensos nucleados
por el oikos, donde la intensidad y “dirección” de los afectos se daban de un modo no
analogable a la familia nuclear burguesa –emergente de la modernidad y de la cual somos
nosotros producto. En la Antigüedad Clásica existía una fuerte continuidad entre el ámbito
público y el doméstico: ambos eran atravesados por las líneas de fuerza ético-políticas de un
modo visible, a diferencia de la modernidad donde se pretende “limpiar” el ámbito doméstico de
las cuestiones políticas y al ámbito público de las temáticas éticas, asociándolas a cierta
psicología individualista. Tal escisión no es pensable en la Grecia Clásica, donde en el s. IV
a.C., pensadores de la talla de Aristóteles serán capaces de conceptualizar virtudes
fundamentales, tal el caso de la phrónesis [prudencia], como pasibles de obtención en el
ámbito de lo público-político –aun si es una virtud individual- a partir del cual se difunden al
interior del ámbito doméstico.) [cf. Aubenque:1999, especialmente pp.50-56] Esto da cuenta de
la esfera en la cual las subjetividades femeninas podían hacerse de algún estatuto social: el
ámbito de lo doméstico se privilegia al punto de inhibir la exposición en la esfera pública
(excepto para ocasiones que no tienen, quizá, más valor que el de la excepción que rigidiza la
regla). El hecho de que las relaciones parentales bajo las cuales Antígona se encuentra a sí
misma dependan semánticamente de los miembros de identidad de género masculina de la
familia, se condice con lo anterior: si bien la femineidad socialmente reconocida (es decir, en
forma “positiva”) es un bien adquirible dentro del oikos, ella está subordinada inequívocamente
a la masculinidad, cuya constitución y reconocimiento son dados únicamente por otros varones
en el ámbito público-político [cf. Vernant:1993 que en “La organización del espacio” trabaja la

81
‘sexuación política’ de la espacialidad griega; y también Pommeroy:1975, especialmente
“Images of Women in Literature”]. Este rasgo se acentúa en el caso singular de Antígona,
habida cuenta que los miembros varones del linaje en que se inscribe pertenecen al gobierno
mismo de la ciudad.
Creonte, por su lado, es dibujado como un tirano, razón política ciega a cuestiones que
excedan la ley y el bienestar de la ciudad: nada tienen que decir al tirano las relaciones
familiares propias (Hemón y Eurídice) y ajenas (Antígona y su ascendencia), las que se
sustentan en la religión (leyes divinas) o las basadas en la autoridad que otorga la edad y el
don profético (Tiresias).
Tanto Antígona como Creonte son trazados con bordes rígidos, lo cual da razón a las
lecturas que hablan de una ciega obstinación de ambas partes, de una impermeabilidad a los
argumentos del otro, de una incapacidad de autolimitación y al mismo tiempo de tejer
conjuntamente las leyes divinas con las civiles. Algunos autores pueden incluso equiparar,
contra las interpretaciones más tradicionales, la actitud del soberano con una ‘religiosidad’
orientada a la esfera pública, mientras que la ‘religiosidad’ de Antígona tiene su epicentro en el
hogar doméstico [Vernant:1987, 36]
No es del todo inverosímil afirmar que Antígona puede ser leída como una crítica a las
tiranías (recordemos que es creada en el período democrático ateniense, lo cual permite
imaginar que los oyentes de aquel tiempo se consideraban en una situación bastante diferente
de la representada en el teatro). En este sentido, es sugerente la reticencia a la argumentación
de ambos personajes, en clara oposición a la situación democrática en la cual la tragedia fue
estrenada. Recordemos que en aquel período las resoluciones son deliberadas en conjunto por
los ciudadanos, grupo conformado por los varones mayores libres propietarios atenienses. A su
vez, la tragedia misma devino una institución del socius ateniense, analogable a los órganos
políticos y judiciales [Vernant:1987, 26]
Suponer, entonces, que la crítica implícita se dirigiera al carácter tiránico de Creonte,
dejaría a Antígona en el lugar de víctima. Así, la obstinación y autosacrificio de la doncella
serían leídos como un efecto de la acción creontina, y por ende, como una crítica a la tiranía
sin más. Esta lectura subrayaría apropiadamente las consecuencias nefastas de un gobierno
despótico donde las leyes son dictadas por una sola persona, o más bien, donde la ley se
identifica con la persona misma del soberano. Esta perspectiva puede, en parte, ser sustentada
por dos pasajes textuales. En primer término, ante el decreto creontino de mantener insepulto
el cadáver de Polinices, el coro asiente –si bien con algo de temor, según anota Graneros en
su edición del texto [Graneros: nota 29] reafirmando la legitimidad del hacer de Creonte:
“Puedes legislar como quieras respecto de los muertos y de los que estamos vivos” [Sófocles:
v. 13-14]. Del carácter despótico e ilimitado en sus efectos del poder tiránico, Antígona misma
es quien se expresa: “Y mi acción sería aprobada por todos éstos, si el temor no atara su
lengua. Pero el poder absoluto, entre otras muchas cosas de que goza, también puede hacer y
decir lo que le plazca.” [Sófocles: v. 505-507]. Allí, tal vez, se inscribe la posibilidad de que los
cuestionamientos al decreto de Creonte sean entendidos por éste como amenazantes de su

82
propia persona, siendo el tratamiento dado a las diferencias -a las creencias y prácticas
divergentes- el de reducirlas a un lugar de “oposición a”, en lugar de tomarlas en su propia
especificidad. Así pues, los argumentos y sentimientos no sólo son "de los otros", sino que
devienen "la otredad" misma.
Asimismo, no es sólo una acción determinada –la exposición del cadáver a los animales de
carroña- lo que se impone, sino que a través de ella se instituye una jerarquía de valores, en la
cual sentimientos amorosos, creencias religiosas y razones prudenciales son subordinadas a
los “intereses de la ciudad” -que en este caso se identifican con los criterios de su soberano.
Con la misma lógica, al estar identificados el poder político y la virilidad, se opera una
“sexuación” de los ámbitos de acción y las razones para actuar en ellos. En el caso que nos
ocupa, se advierte una partición binaria y jerarquizante, a través de la cual se postula el
ejercicio del poder gubernamental como modo masculino y privilegiado de ser, al tiempo que se
descalifica el resto de las acciones, quedando éstas bajo la sospecha de responder a una
“sumisión a las mujeres” [Sófocles: v. 746] y por tanto de “afeminamiento” e inferiorizadas (cf.
todo el diálogo entre Creonte y Hemón [v. 630 – 765], especialmente notables son líneas como:
‘Eres esclavo de una mujer. No me importunes más’ en boca del tirano [v. 756], lo cual
descalifica de plano todo argumento ligado a lo femenino).
Ante este cuadro nos preguntamos: ¿Sófocles podría haber situado la trama en una
situación de democracia, en vez de en una tiranía? Si así fuera, ¿el desenlace hubiera sido
otro? (Este preguntar forma parte de la ficción teórica que en el inicio de este escrito hemos
nombrado como ‘ensayo’: no debe olvidarse que las tragedias se inspiran en historias míticas
donde la invención de la democracia no ha tenido lugar aun. Por otro lado, es precisamente a
través de los contrastes entre la realidad ‘representada’ y la realidad ‘efectiva’ del auditorio, que
la tragedia obtiene su potencia problematizante y su espíritu crítico. Cf. Vernant:1987, 16 y 27).
Pues bien, intentemos pensar si, en el caso que la orden de no sepultar a Polínices hubiera
emergido de la deliberación de los ciudadanos en la asamblea (una de las instituciones
políticas creadas al interior de la democracia ateniense) Antígona se hubiera resignado a ella
pacíficamente. Asentir a esta posibilidad exige su despliegue. Antígona, en tanto mujer, no
hubiera formado parte del grupo de ciudadanos que conjuntamente deliberaron y tomaron una
decisión. Con lo cual, sus razones para acatar las leyes de la ciudad no habrían sido una
consecuencia de haber presentado sus argumentos en el órgano democrático de la ciudad, de
haberse hecho parte de la deliberación. Luego, puede ponerse en duda que el carácter violento
de Antígona [Sófocles: v.471-2] no hubiera de aparecer en tales circunstancias (democráticas)
y, por tanto, que la reacción de Antígona fuera precisamente eso: una reacción ante la tiranía
instituida. Con ello, claro está, se debilita la posición que coloca el nudo conflictivo de la
tragedia en el cuestionamiento a la tiranía. Aunque tal vez no sólo eso.
La pensadora estadounidense Martha Nussbaum manifiesta sentir admiración –muy
parecida, quizá, a la compasión– por el personaje de Antígona, sentimiento del cual intenta dar
razones en La Fragilidad del Bien [Nussbaum: 110-1] Dicha admiración parece sustentarse en
el hecho de que la joven padezca un dictamen que no acepta, al elegir sus argumentos ante los

83
de Creonte, aunque optara así por la muerte pero también por su dignidad. Ahora bien, las
coordenadas interpretativas de tal "defensa de la propia dignidad" están dadas, creemos, por
un resistir la aceptación de lo que aparece como injusto, siendo que la injusticia mana de un
tirano que incluso es capaz de castigar con la muerte la desobediencia a sus decretos. Tal
clave de lectura pone en primer plano una suerte de carácter heroico de la doncella, a la vez
que su opuesto correlativo: el obstáculo a vencer representado por la obstinación de Creonte.
Tanto como cualquier heroísmo, el que a nosotros nos sugiere la lectura de Nussbaum hace
hincapié en una personalidad (en el sentido moderno, en términos de sujeto de conciencia que
tiene en sí mismo la causa, intención y propiedad de sus pensares y prácticas) que acaso
resuene "anacrónicamente" con los románticos del s. XIX, quienes albergan en su interior las
tempestades de la pasión (familiar, fraternal o conyugal) como lo opuesto a una racionalidad
fría y calculante, emergente también de y en la modernidad. Lo cual deja, si no a un lado, al
menos en un lugar secundario, las condiciones de posibilidad sociales e históricas (es decir,
institucionales y políticas) de las decisiones y respuestas de Antígona en la coyuntura recreada
por Sófocles. Carece de ingenuidad nuestro decir del “anacronismo”, al referirnos a la heroína
romántica. En primer término, en la medida en que las acciones –categoría en la cual algunos
incluyen la muerte como sitio a través del cual Antígona verdaderamente se agencia de sus
actos y de su ser [cf. Iriarte y Zambrano]- son reconocidas como “heroicas”, la doncella no
puede sino ser nombrada con adjetivos que describen lo más excelso de la virilidad (habida
cuenta de la inexistencia de una lengua que diga la gloria –trágica o no- en y de lo femenino)
[cf. Iriarte y Louraux]. Lo cual lleva a pensar que antes que una “super mujer”, Antígona
“deviene varón” en su hacer heroico. De allí que la heroicidad detectable deba ser puesta, en
última -pero no única- instancia, en relación con los héroes míticos (sobre ellos no nos
explayaremos, aunque insistimos en aclarar que distan mucho de asimilarse a los que la
modernidad instituye: el universo del mito se localiza en un pasado lejano donde los héroes
poseían habilidades sobrehumanas, lo cual los convertía en cuasi-dioses; mientras que en la
modernidad se parte de la existencia efectiva del Sujeto, a partir del cual se “inventa” el
romántico como su negativo). Diremos en segundo término: no incluir en los protocolos de
lectura de las tragedias de Sófocles las referencias a lo político –es decir, no sólo al tipo de
gobierno efectivo de la ciudad y su despliegue en y a través de instituciones, sino también a los
modos de subjetivación diferencial de los varones respecto de las mujeres, de los libres
respecto de los esclavos, de los propietarios respecto de los que no lo son, etc.– es eludir una
cuestión que los griegos en general(Sófocles, en este caso) colocaban en un lugar
preponderante [cf. Vernant:1987, 15-42; Foucault:1984, 39-59]
En el hipotético caso de que la acción se desplegara en un contexto democrático, ¿acaso
Antígona no hubiera sido vista como un elemento disgregador de la democracia que constituía
la identidad de los ciudadanos, y por tanto, como condenada a muerte con justicia? Aunque si
así fuera, si la muerte hubiera sido justa para los espectadores, tal vez Antígona no hubiera
sido una tragedia, dado que el conflicto trágico- una antinomia entre dos posturas igualmente
aceptables puestas en tensión insuperable- no hubiera alcanzado tal estatuto. Tal vez la

84
posibilidad del conflicto hubiera desaparecido ante lo que a todos se les presentaba como
evidencia: las decisiones tomadas por los ciudadanos (varones) devienen ley que debe ser
obedecida por todo/a ateniense, so pena de exclusión (ya sea por destierro o por muerte).
Factum que no podía cuestionarse, quizá, sin cuestionar a la vez las cláusulas de inclusión al
conjunto de los ciudadanos. Como es de suponerse, toda condición de inclusión tiene por
correlato la exclusión de ciertos individuos; en el caso que nos convoca tanto las mujeres como
los jóvenes y esclavos quedan por fuera de la ciudadanía.
Precisemos a qué nos referimos con cláusulas de inclusión/exclusión, dado que abre a un
plexo de referencias vasto.
En principio aludimos a aquellas que regulan la dinámica de dos espacios diferentes. Uno
es el de deliberación e institución de leyes, de promulgación y ejecución de decretos, etc. Este
es el espacio que llamaremos de ciudadanía, quedando configurado como aquel en el que los
involucrados se constituyen en legisladores, con lo cual les es lícito considerarse autónomos
(es decir, como dándose leyes a sí mismos). Ahora bien, el campo de acción de estas leyes no
se reduce al espacio de ciudadanía, sino que regulan un espacio mucho más amplio, que
incluye a mujeres, niños, jóvenes y toda aquella persona en territorio ateniense. A este espacio
heterogéneo lo llamaremos de legalidad, en el cual los involucrados quedan bajo la jurisdicción
del sistema legal instituido en el espacio de ciudadanía; estando la mayoría de sus integrantes
excluidos del espacio de ciudadanía, el espacio de legalidad es, por definición, heterónomo (es
decir, se regula por leyes que no contribuyeron a instituir). Nótese que el espacio de legalidad
contiene al de ciudadanía, con lo cual la inclusión al primero es condición necesaria pero no
suficiente para pertenecer (actual o potencialmente) al segundo. La ciudadanía queda,
entonces, regulada por cláusulas de inclusión/exclusión diferentes (en este caso, sólo los
varones libres mayores propietarios atenienses pueden legítimamente considerarse
ciudadanos).
Nos gustaría indagar las condiciones de posibilidad de tales delimitaciones. Puede
sostenerse que ambos espacios son instituciones socio-históricas constituidas por las/os
atenienses de la época, pero también que sus subjetividades son constituidas en y por el
atravesamiento de las instituciones mencionadas. Teniendo esto en cuenta, pensamos que la
sociedad instituirá modos de subjetivación diferenciales respecto de aquellos que serán
incluidos/excluidos en/de un espacio u otro. De modo que quisiéramos enfatizar no tanto la
“aplicación” de criterios “sobre” individuos ya constituidos –criterios que definirían a posteriori
distintos regímenes políticos, sobre sujetos que son “naturalmente” de cierto modo o bien
“neutralmente” constituidos en un espacio pre-político – sino más bien el hecho de que los
modos de subjetivación intrínsecamente suponen un carácter político, los cuales serán los que
configuren las cláusulas de inclusión/exclusión al espacio de la ciudadanía (aquel donde los
sujetos ejercen la autonomía). En este sentido cabría, quizá, releer aquellos pasajes en donde
Martha Nussbaum se refiere a la creación de la ciudad como un “instrumento”, que sería
aplicado a la naturaleza por parte de los seres humanos (¿varones?), lo cual abre la posibilidad
de entender que en su concepto –el de la pensadora- la ciudad sería un ente trascendente a

85
los ciudadanos, creado por ellos una vez que su subjetividad está completamente constituida.
Si tal conjetura fuera legítima, podríamos ver un cuestionamiento a una posición como la de
Martha Nussbaum en los escritos de Cornelius Castoriadis, cuya lectura de Antígona
transitaremos a continuación.

C. Castoriadis observa que en el primer estásimo (v. 332-375) Sófocles claramente alude al
carácter autocreador del ser humano [Castoriadis: 25]. A diferencia de Esquilo, quien –en
Prometeo Desencadenado– suponía una antropogenia (y por tanto un origen extra-
humano/social/histórico del hombre), Sófocles explicitaría la condición esencialmente
autopoiética del hombre, quien se ha dado/enseñado a sí mismo las diferentes artes, incluido el
lenguaje. Castoriadis extrae de aquí la tesis de que la esencia humana consistiría en crearse
los hombres a sí mismos, no de una vez y para siempre, sino de un modo constante y
permanente. Entonces, el canto que Sófocles presenta a la ciudadanía ateniense sería un
testimonio de la conciencia que a la misma le era lícito tener: conciencia de ser constituyentes
y constituidos de/en su propia realidad y, por tanto, reservándose la potencia de
desinstitucionalizar lo existente para crearse diferentes. En este sentido, cabría preguntar
quienes poseían tal conciencia y qué uso le daban.
Nos encontramos, entonces, con una lectura de Antígona diferente. En ella lo que tiende a
subrayarse es el error de sostenerse en un monos phronein, en vez de situarse en el ison
phronein (que traducimos: ser el único en “pensar justo”, y “pensar justo” en conjunto,
respectivamente): “Antígona es...una cima del pensamiento, de la actitud política democrática,
que excluye y condena el monos phronein, que reconoce la húbris [naturaleza] intrínseca de los
hombres, le responde con la phrónesis [prudencia] y enfrenta el problema último del hombre
autónomo: la autolimitación del individuo y la comunidad política” [Castoriadis: 27].
Sabemos que los varones ciudadanos podían considerarse autónomos, dado que siendo
ellos mismos quienes deliberaban y dictaminaban leyes y penas, se daban a sí mismos (auto)
las leyes (nomos) con las cuales organizaban la ciudad. Los sujetos de la Grecia clásica se
constituían como sujetos en tanto pertenecientes a la ciudad, sin ella no eran nada –tristemente
célebre es el caso socrático, donde el filósofo prefiere morir a causa de las leyes de Atenas que
vivir fuera de ella. Es decir, su destino ético estaba subordinado a su destino político.
Recordemos una vez más aquello que Aristóteles establecerá en el s. IV a.C.: la Política es, de
las Ciencias Prácticas, la arquitectónica; lo que significa que es en el ámbito político donde se
definen las metas a las que tenderá tanto la ciudad como los individuos que la conforman. De
este modo se subordinan a la Política el resto de las Ciencias Prácticas, incluida la Ética. Esto
implica considerar la Etica como un ejercicio de la virtud, principalmente a través de la
articulación de los medios adecuados a los fines buenos. La importancia de la prudencia para
alcanzar la vida buena, atestigua la subordinación antedicha, dado que aquella virtud
intelectual sólo puede ser adquirida por los varones libres mayores que puedan ejercitarse
políticamente [cf. Ética nicomaquea, especialmente los libros I-III y VII-X]

86
Ahora bien, dado que la actividad política de las mujeres era nula [Mosse: 54-66], lo que
queda en cuestión es la posibilidad misma de una ética para las mujeres. Principalmente si
consideramos que la reflexión moral era una práctica de sí, un gobierno de sí, cuyo fin era la
“elaboración de la conducta masculina hecha a partir del punto de vista de los hombres y con el
fin de dar forma a su conducta[s]... en las que habrán de hacer uso de su derecho, poder,
autoridad y libertad” [Foucault:1986, 24]; ésto excluye por principio a las mujeres, quienes se
definían, al igual que los esclavos y los jóvenes, por su minoridad, y la consecuente necesidad
de tener un tutor. “Esta minoría [jurídica] se refuerza con la necesidad que [la mujer ateniense]
tiene de un tutor, un kyrios, durante toda su vida: primero su padre, después su esposo, y si
éste muere antes que ella, su hijo, o su pariente más cercano en caso de ausencia de su hijo.
La idea de una mujer soltera independiente y administradora de sus propios bienes es
inconcebible” [C. Mosse: 55; cf. Sissa: 103-104]
Luego, cabe meditar si la crítica al monos phronein tendría el mismo peso al recaer sobre
un ciudadano que sobre alguien que no lo era, si un espectador que no fuera ciudadano
hubiera entendido el conflicto que estaba presenciando de la misma manera. Imaginemos que
una mujer hubiera asistido a la representación y hubiese tenido la suficiente formación para
entender la trama de la obra –dos factores que no son seguros en absoluto–, ¿habría
reflexionado acerca de la necesidad de autolimitarse, de ejercer sobre sí un trabajo que podría
otorgarle un gobierno de sí? ¿Acaso para ello no hubiera sido preciso también una conciencia
de sí como capaz de autogobernarse, autolimitarse? ¿A quién se dirige la afirmación de la
democracia en Antígona? ¿Cuáles son las posibilidades de transformación de sí que ofrece a
quienes no conciben tal posibilidad? Y, por otro lado, si una mujer hubiera tenido la voluntad de
transformarse, y por ende, de constituirse como sujeto tan autónomo como los ciudadanos
¿hubiera sido beneficioso para la democracia ateniense? ¿Podía problematizarse a sí misma
en este aspecto: produciendo subjetividades que estando excluidas del ámbito político
aspiraran a incluirse en él?

¿Leyes de la ciudad vs. Leyes divinas?

“Ciertamente, uno de los principales motivos de orgullo de los atenienses, hijos espirituales
de Pericles, fue haber desarrollado un orden civil que incorporaba las exigencias de las ‘leyes
no escritas’ de la obligación religiosa y las respetaba” [Nussbaum: 112]. Aun, como bien aclara
Nussbaum, sería una simplificación sugerir que el entramado conjunto de las leyes divinas y las
civiles no hubiera de presentar tensiones. No es nuestro fin embarcarnos en una discusión
sobre este tema específico, sino más bien indagar las implicaciones de la distribución de
géneros que Sófocles realiza entre los personajes. Tenemos al tirano, cuya palabra, desde el
ejercicio del poder, deviene ley de la ciudad. Por su parte Hemón y Tiresias se muestran
adoptando posiciones más flexibles, que sin dejar de lado la legalidad civil, son capaces de
considerar también otros elementos de juicio: lo erótico, y el orden de lo sagrado, entre otros.
[Sófocles: v.785-800, 1065-1090] Luego vemos a Ismene, joven temerosa que, en principio

87
asume su condición de subordinada a las leyes de Creonte, razón por la cual se niega a
rebelarse alegando que es mujer; más tarde Ismene intenta compartir el castigo que ha sido
impuesto a Antígona, quizá a modo de solidaridad para con su hermana, quizá ante el temor de
quedar viva pero sola. [Sófocles: v.58-69 y 537-540] Por último nos encontramos con Antígona,
aferrada a “las leyes no escritas e inquebrantables de los dioses” [Sófocles: v. 456]
Ahora bien, tomemos a los personajes que se presentan como inflexibles: Antígona y
Creonte. Notamos, entonces, que es el sujeto varón quien asume los roles que tienen que ver
con el ámbito de lo político (acceso al mundo público, ejercicio efectivo del poder, legitimación
de sus actos mediante la apelación al bienestar de la ciudad); mientras tanto, Antígona le
opone el valor indiscutible y eterno de los mandatos divinos, los lazos sanguíneos que
trascienden la vida de los hombres, el amor por lo ya no humano –dioses y muertos. Ambos se
desentienden de las razones del otro, casi en un delirio monologal que sólo puede ser afectado
por la muerte; ambos se conciben atados a un compromiso más importante: leyes de la ciudad
o leyes divinas, aunque igualmente incuestionables. Del carácter pretendidamente eterno y, en
consecuencia, invariable de las “leyes divinas” –el cual hace inconcebible una interrogación
sobre su justicia- nos ocuparemos luego. Mas primero cabe indagar las estrategias que hacen
de los argumentos creontinos algo incuestionable.
En instancia primera, vale destacar la “exageración” que tiene lugar en la representación
del soberano. Como bien nota Martha Nussbaum, resulta demasiado sospechosa la negativa
de Creonte a reflexionar sobre su decreto. En honor a la verdad, debemos decir que todos los
personajes incitan al gobernante a una modificación de su decisión. A excepción del coro –
cuya obsecuencia enraizada en un supuesto temor hemos mencionado-, la tragedia bien puede
leerse como estando construida en base a los diferentes argumentos que van
contraponiéndose a Creonte, y que éste sistemáticamente rechaza en una ilimitada defensa de
los intereses de la pólis.
El primer personaje que encarna las fuerzas que potencialmente o en acto pueden
oponerse a los modos de ser y hacer cívicos, es Antígona. Ella se fundamenta en las leyes
divinas, las cuales “no son de ahora ni de ayer, sino que tienen vigencia eterna y nadie sabe
cuándo aparecieron” [Sófocles: v. 457 – 458], y han de respetarse aun contra los decretos
públicos (y mortales). Más tarde será Ismene quien recordará a Creonte que la doncella
condenada a muerte es su futura nuera, intentando hacer valer la potencia erótica (de éros, a
fin de diferenciarlo de la philía: el amor filial o de amistad) del vínculo entre los jóvenes. A su
turno, será Hemón quien intente la salvación de su prometida, en la tentativa de persuadir a su
padre de que no cuenta con el consenso del pueblo y de que lo más conveniente para sus
propios intereses (los de Creonte) sería ceder (“no existe ciudad que sea propiedad de un solo
hombre... muy bien reinarías tú solo en una tierra desierta” [Sófocles: v. 737 y 739] dice Hemón
a su padre cuando éste se niega a escuchar más que su propia voz). En última instancia será
Tiresias quien anticipe la mala fortuna por venir, en razón de que se ha dejado un cuerpo
insepulto. Es de notar que, excepto el del adivino, los argumentos que se exponen están
enfocados a la situación de condenada a muerte de Antígona. Sólo Tiresias invoca motivos

88
religiosos (“los dioses ya no aceptan las plegarias de nuestros sacrificios, ni el fuego de los
muslos, ni emiten las aves sonidos de buen augurio, porque están saciadas con la sangre
coagulada del cadáver” [v. 1020 – 1023]), haciendo contrastar la inmortalidad de los dioses con
la finitud de Creonte, condición humana que lo ha llevado a errar, a partir de lo cual es preciso
ser prudente y enmendar la impiedad cometida. Impiedad que, desde luego, es doblemente
grave al castigar también a la doncella que actuó según los mandatos sagrados [cf. v. 1024 –
1030].
Así pues, “en la vida de Creonte, toda relación es civil; las personas son valoradas en
función de su productividad para el bien comunitario... Creonte se muestra incapaz de ver en
cualquiera que se oponga a la ciudad otra cosa que un obstáculo que hay que superar”
[Nussbaum: 103]. A ciencia cierta no podemos saber el modo en que semejante
“reduccionismo” –por citar nuevamente a la pensadora norteamericana- impactaba en el
auditorio, aunque tal vez sea lícito conjeturar que una versión tan obscena del personaje del
tirano y su despotismo obedeza a la común concepción que de tal figura se tenía en el s. V a.C.
[cf. M. I. Finley:1987, 183]. Habida cuenta de que los tiranos eran invariablemente de género
masculino (tanto en la ficción trágica como en la mítico-histórica), es nuestro parecer que, una
de las perspectivas posibles, habla de cierta imposibilidad por parte de Creonte de ceder, de
incursionar en un proceso deliberativo más amplio, cuando tal posibilidad implicara una
disminución del prestigio viril. Como el mismo Creonte va mostrando en el transcurso de la
obra, él se ve en la necesidad de poner sus propias razones contra la juventud pasional de
Hemón, la “enfermedad” que vuelve locas a Antígona e Ismene, la ambición de los adivinos
que se venden al mejor postor. Sucede que de las decisiones de Creonte no sólo depende el
gobierno de la ciudad, sino también el de sí mismo. Tal vez en el decir “Mientras yo esté vivo
no será una mujer la que me gobierne” [v. 526; el subrayado es nuestro], podría reemplazarse
“mujer” por “hijo”, “joven”, “viejo”, o cualquier otra persona o ente colectivo del socius en
cuestión, puesto que la vista de Creonte está fijada en su primera determinación.
Ahora bien, si es verosímil pensar que la subjetividad masculina tenía como pilar el papel
que el individuo tenía en la ciudad (patrimonio, cargos políticos, etc.), quizá no es alocado
sugerir que un cuestionamiento a tal posición no podía sino ser entendida como una amenaza
a su propio ser. Es decir, si en lugar de pensar en un individuo constituido que puede “ocupar”
o “actuar” ciertos roles, aludimos a determinadas formas de hacer, pensar y sentir (modos de
subjetivación) que son producidas en y a través de universos de significaciones, y que
determinan los rasgos ontológicos de los diferentes tipos de seres que se entraman en un
sociohistórico específico. Y bien, podríamos, de tal modo, decir con Foucault [1986, 29]. “No
hay acción moral particular que no se refiera a la unidad de una conducta moral, ni conducta
moral que no reclame la constitución de sí mismo como sujeto moral, ni constitución del sujeto
moral sin ‘modos de subjetivación’ y sin una ‘ascética’ o ‘prácticas de sí’ que los apoyen.”.
Así pues, las condiciones político-institucionales de la época, posibilitaban que fuera
pensable (aun en la versión paródica es necesaria una base común de inteligibilidad, que nos
permita saber qué estamos parodiando) que un personaje de género masculino –Creonte- se

89
viera cegado por el orgullo y la soberbia, haciendo converger las líneas de fuerza sociales
(especificidad de las relaciones de poder entabladas entre los distintos grupos) y las
individuales (modos de hacer, pensar y sentir sujetos a un saber distintivo sobre el propio sí
mismo y a una perspectiva determinada de lo que es el orden social instituido). De otro modo:
lo que aquí se estaría suponiendo ininterrumpidamente son las coordenadas que ubican a la
masculinidad en estrategias globales y locales de ejercicio del poder sobre sí (ética) y sobre los
otros (política), siendo el personaje creontino no ya la ”imagen” o “arquetipo” de cierto grupo –lo
cual haría suponer una homogeneidad de las singularidades que es siempre ficticia- sino un
emergente de tales mapas socio-subjetivos: un punto de adensamiento posible y singular, que
surge del entrecruzamiento de fuerzas de distinto orden (diferencia cualitativa) e intensidad
(diferencia cuantitativa).

Por otro lado tenemos a Antígona, “muerta en vida” por ser amante de los muertos,
obteniendo a partir de tan extraño amor la fuerza para rebelarse contra el decreto de Creonte.
Teniendo en cuenta los rasgos de carácter y los valores de la joven, los cuales puestos en
tensión con los creontinos configuran el conflicto trágico, nos gustaría preguntarnos si era
necesario que el personaje de Antígona fuera de género femenino. Por un lado, sabemos que
en la Atenas del s. V a.C., las mujeres estaban recluidas en el ámbito de lo doméstico, siendo
sus tareas la supervisión de esclavas, el tejido, y demás enseres de la casa. Prácticamente su
único contacto con la esfera pública se verificaba en la asistencia a algunas fiestas religiosas.
[Winkler: XX] Aquí “las mujeres” significa las hijas o esposas de los ciudadanos. Vale la
aclaración dado que su caso difiere del de las mujeres pobres del pueblo que podían trabajar
como nodrizas o vendedoras de cintas sin dejar de ser tenidas por “honestas”, como así
también del caso de las prostitutas en todas sus variantes socioeconómicas. [C. Mosse: 67ss;
Kurke:1997]. Teniendo esto en cuenta, conjeturamos que al espectador ateniense (¿acaso a
nosotros no?) debía resultarle “natural” que el compromiso con los valores divinos sea asumido
por un personaje femenino (¿tal vez un varón luciría “afeminado” en las mismas
circunstancias? [Winkler: XX]). Acaso el curso de acción de Antígona también le resultaría
bastante coherente. No es nuestra intención -y por lo demás, tampoco es algo que esté a
nuestro alcance- quitarle conflictividad a la trama, sino más bien preguntarnos hasta qué punto
era pensable otra actitud por parte de la joven.
En su rebelión, Antígona, aun si desafía la autoridad de Creonte, no consigue escapar a su
destino femenino; toda su rebelión y la pasión que la anima quedan dentro del marco de los
lugares tradicionales en los que las mujeres se desenvolvían (los lazos sanguíneos, los ritos
sagrados, su matrimonio frustrado... en fin, la “ley del útero” [cf. Iriarte]), pero no sólo eso sino
que la clase de leyes a las cuales ella se sujeta son de naturaleza distinta a las que rigen el
compromiso de Creonte. Si las leyes divinas son “inquebrantables y eternas”, Antígona no
puede sino recibirlas pasivamente, a modo de órdenes, lo cual la obliga a cumplirlas. Es como
si la imposibilidad de argumentar públicamente que Antígona padece hubiera moldeado su
subjetividad, la hubiera conformado como un ser pasivo que recibe órdenes y las cumple, aun

90
en detrimento de sí misma. Tal vez podría entenderse desde aquí que “Antígona no se refiere
al amor ‘patológico’ sino al amor ‘práctico’” como subraya Nussbaum haciendo uso de la
terminología kantiana [Nussbaum: 107]
¿Pero ”en detrimento de sí misma”? Tal vez la única posibilidad que tuviera Antígona de
ser alguien, era la de ser-para-el-otro, y no para sí; lo cual más que cuestionar la institución
“mujer” de la época, antes bien la realimenta. “...Los individuos mismos son heterónomos, ya
que juzgan aparentemente según criterios propios, cuando en realidad sus juicios tienen un
criterio social” [C. Castoriadis: 97]. Si esto fuera así, sería coherente que la acción de la joven
no acarreara daños a terceros, sino a sí misma (un ser-para-el-otro que se sacrifica por-el-otro),
pero ¿sería esto una virtud como piensa M. Nussbaum (op. cit. p.111)? Quizá sí, siempre y
cuando recortemos la acción de Antígona de sus implicaciones políticas, es decir: ¿Alcanza
Antígona a cuestionar las relaciones de poder establecidas, a través de las cuales se
distribuyen valores -opuestos y complementarios- para cada género, jerarquizando los
masculinos por sobre los femeninos? A su vez, nos preguntamos si Antígona podría haber
organizado una rebelión ya no individual sino colectiva contra el tirano, incluso contra el
carácter tiránico del gobierno [cf. Iriarte para una lectura de esta rebelión individual como
“soledad” heroica]. De hecho, su hermano Polínices había organizado un ataque contra su
patria, para poner fin a una situación que consideraba injusta (la negación de sus derechos al
trono de Tebas). Quizá hubiera sido preciso que Antígona fuera varón para que su obstinación
la llevara a practicar y discursivisar una lucha de ese tipo. Como observa M. Zambrano [1967],
la herencia paterna no se dividió del mismo modo entre varones y mujeres: los primeros
heredaron a Edipo-Rey, Antígona a Edipo-Hombre.

91
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93
UN ABORDAJE DESDE EL GÉNERO A LA MILITANCIA ESTUDIANTIL DE
MUJERES EN COLEGIOS SECUNDARIOS
SAN MIGUEL DE TUCUMÁN (1980/1985)

Gustavo Nicolás Salvatierra∗

Resumen

En el presente trabajo intentaremos explicitar los mecanismos sexistas que operan sobre la
constitución identitaria de las mujeres, a partir del análisis de la militancia política estudiantil en
colegios secundarios de San Miguel de Tucumán en el periodo llamado de transición a la
democracia (1980/1985).

Introducción

En los años finales de la dictadura militar impuesta a los argentinos a partir del 24 de marzo
de 1976, va surgiendo en la sociedad una cada vez mayor certidumbre del fracaso de este
proyecto autoritario, paralelamente a un tenue reclamo de participación en todos los ámbitos,
que con el correr del tiempo irá intensificándose.
El movimiento estudiantil no es ajeno a esta situación, es así como comienzan las primeras
manifestaciones de su presencia, sus primeras actividades.
La provincia de Tucumán, escenario del Operativo Independencia y sus secuelas, no será
la excepción en el concierto de la Nación. Dentro de este contexto, los/as estudiantes
universitarios y los/as del nivel medio comenzarán a reorganizarse.
En este sentido, el “Movimiento Estudiantil Secundario”, resultará para sus integrantes, el
primer ámbito de participación política con características propias, además de un genuino
espacio de sociabilidad; al que sus adolescentes actores/as le imprimirán diversas marcas
sociales, culturales, etarias y de género.
En este trabajo nos proponemos, analizar las diversas situaciones vividas específicamente
por las mujeres en su militancia política en el ámbito estudiantil. Poner nuestra mirada en las
jóvenes militantes del Movimiento Estudiantil Secundario, de tal manera que al “hacerlas
visibles”, podremos estudiar su trayectoria política; su inicio y desarrollo posterior en las
distintas prácticas llevadas a cabo; sus conflictos, sus luchas y objetivos, etc., que al ser
abordados desde una perspectiva de género nos permitirá visualizar situaciones
discriminatorias, de subordinación, androcentrismo y sexismo.
Consideramos de importancia tener siempre presente las distintas variables que cruzan la


Licenciado en Historia, C.E.H.I.M. – Facultad de Filosofía y Letras - Universidad Nacional de Tucumán.
bebesalvatierra@yahoo.com.ar

94
temática estudiada, tales como la religión, la edad, el grupo cultural de pertenencia, la clase,
etc.; focalizando, sin embargo, para el objetivo propuesto, el análisis en tres de ellas:
En primer lugar, la pertenencia de las actoras a una franja etaria determinada, cuyo marco
general sería la “adolescencia”, con sus procesos y conflictos, etapa donde sucede por
excelencia la construcción de la identidad sexual y genérica.
En segundo lugar, la influencia de la “educación formal” -y sus instituciones-, en el montaje
de comportamientos culturalmente construidos. Es decir, en la implantación social de imágenes
modélicas del “ser mujer”; tema además, directamente permeado por el momento histórico. Por
último, la familia, cuya influencia en muchos casos, gravitará en las decisiones de nuestras
actoras.
A partir de lo planteado se hacen necesarias algunas consideraciones previas. Acotaremos
nuestro trabajo por un lado, al momento comprendido entre los años 1980 y 1985, es decir, al
período circunscripto por la llamada “transición a la democracia”.
El marco espacial estará ajustado a la ciudad de San Miguel de Tucumán, capital de la
provincia homónima, foco de las acciones de los distintos grupos armados y centro del teatro
de operaciones en la llamada lucha antisubversiva; teniendo en cuenta que, por otro lado, no
encontramos información referida a actividades políticas en los colegios secundarios del interior
de la provincia en el recorte temporal elegido.
Nos interesa este marco temporal, por el gran deseo de participación política y libre
expresión que lo caracterizó, además de encontrarse comprendido entre estos años,
acontecimientos políticos-sociales de gran trascendencia como fueron la etapa final del
Proceso Militar y su descomposición, la Guerra del Atlántico Sur y la llegada de la democracia,
con la victoria del candidato de la Unión Cívica Radical Raúl Alfonsín, con el 52% del total de
votos; reuniendo así, mayoría propia en el Colegio Electoral, el 30 de Octubre de 1983, como
resultado electoral.
Es en este momento donde encontramos los primeros rastros de militancia política en los
colegios secundarios, luego de un pronunciado silencio durante la etapa más cruenta de la
dictadura militar, tanto en los testimonios de nuestros/as informantes -que así lo dan cuenta-,
como en las distintas informaciones, propagandas y convocatorias a diversas actividades
publicadas en los medios periodísticos; observando luego una pausa que llega a la casi
desaparición de este tipo de material a fines de la primera mitad de los ’80, en forma
coincidente, además, con el egreso de este grupo de actores/as de sus respectivos colegios
secundarios.
Abordaremos el tema propuesto a partir de una perspectiva de género, constituyéndolo
además, en un trabajo, metodológicamente hablando, de neto corte cualitativo. Para ello nos
valdremos de la metodología y técnicas que nos proporciona la Historia Oral, y los relatos e
historias de vida, intersectando material periodístico con testimonios orales producto de
entrevistas abiertas y en profundidad realizadas a protagonistas de diversas agrupaciones
políticas que tuvieron distintos grados de responsabilidad y participación en los años
estudiados.

95
Al apelar a la triangulación de datos, buscamos una mayor rigurosidad en la validación de la
información obtenida, dejando de lado la falsa confrontación entre los métodos cualitativos y los
cuantitativos.
Los objetivos propuestos serán: analizar la reproducción y pervivencia de mandatos genéricos
entre los/as adolescentes, y estudiar las formas y grados de participación en política estudiantil
de las mujeres de este grupo etario.
Intentaremos demostrar que en los años en cuestión, en el movimiento estudiantil secundario,
en San Miguel de Tucumán y en el contexto histórico concreto de la época:

• Observamos dentro de la diversidad interna y externa del colectivo “mujeres militantes”,


que todas sus actoras estuvieron expuestas por igual a diversos mecanismos sexistas de
subordinación y discriminación genérica hacia el interior del movimiento y hacia el interior de
sus propios partidos políticos.
• Que el grado de conciencia acerca de las situaciones anteriormente planteadas y las
estrategias de respuestas de cada una de las actoras a las mismas, fue personal y varió de
acuerdo a diversos condicionantes que operaban sobre cada una de ellas (agrupación
partidaria, historia personal, colegio de pertenencia, etc.).
• Que la construcción identitaria de género (es decir, de la propia construcción del “Ser
Mujer”), no estaba presente conscientemente, resultando que la participación de las mujeres,
no revistió carácter alguno de construcción o demanda de espacios genuinamente genéricos; ni
un espacio político verdaderamente inclusivo, no discriminatorio y realmente democrático en el
campo de las prácticas políticas; encontrándonos en unos casos, ante reivindicaciones y
objetivos políticos específicamente estudiantiles -que no intentaban ir mas allá de la conquista
de soluciones a las necesidades específicas del sector-, y en otros ante el desarrollo de
estrategias políticas cuyas directrices emanaban desde el partido político de pertenencia.
• Que no configuraron un punto de vista estrictamente femenino de ética y de política,
dentro de un espacio altamente androcéntrico como lo es el de las prácticas políticas.
Por último consideramos que esta investigación cobra importancia a la luz del hecho de ser
un tema hasta ahora no explorado en nuestro medio; constituyéndose además, en el primer
acercamiento cualitativo a la cotidianeidad de la experiencia política del sector de la juventud
comprendido por los/as estudiantes secundarios de Tucumán; dejando de lado la visión
“tradicional” de los estudiosos de esta problemática que la incluyen dentro de la temática de las
“juventudes partidarias” o bien la asocian a la militancia en política estudiantil universitaria.
Menos aún, ha sido estudiado el tema desde una perspectiva de género visibilizando el
devenir histórico de la militancia femenina dentro de los movimientos estudiantiles, sobre todo
el perteneciente a los colegios secundarios con sus problemáticas específicas, y sus
condicionamientos de género, sociales, éticos, políticos, y generacionales que marcaron a sus
actoras. Situación marginada con frecuencia por la historiografía tradicional, rescatándolas para
la memoria, intentando el desafío que representa la construcción de otra historia, más
democrática y más abarcativa.

96
Género y Prácticas Políticas. Un Estudio de Caso

El espacio político está conformado como un espacio masculino, de tal manera que las
actividades políticas y sus organizaciones no se constituyen al margen de la división sexual del
trabajo, sino que vienen determinadas por las formas diferenciadas que tienen las mujeres y los
varones de llevar a cabo las actividades sociales.
A partir de estas consideraciones, nos proponemos indagar de qué manera las
adolescentes realizaban, en la ciudad de San Miguel de Tucumán, actividades políticas hacia el
interior, y desde las distintas agrupaciones estudiantiles, en el marco de los colegios
secundarios.87
Con respecto al universo trabajado, este estuvo compuesto por entrevistas
semiestructuradas, abiertas y flexibles a actores/as con diversos grados de participación, tanto
en las agrupaciones estudiantiles como a autoridades partidarias, considerándolos/as
“informantes claves”.
Los informantes y sus testimonios fueron obtenidos a partir de la técnica de “bola de nieve”
por la cual, con los datos proporcionados por un/a entrevistado/a, vamos ampliando el espectro
de potenciales testimoniantes. Como último dato, debemos advertir, que los testimonios orales
fueron cruzados entre sí y confrontados con material periodístico de la época.
Ahora bien, nos parece importante precisar más detalladamente el marco temporal que
utilizaremos en la presente investigación; es decir, el comprendido entre los años 1980 y 1985;
período denominado por los/as investigadores/as como: transición a la democracia.
Partiremos definiendo el concepto de “transición” como el intervalo de tiempo entre un
régimen político y otro. En él, las reglas de juego no están definidas y los actores luchan por
ello (pues configurarán en el futuro a perdedores y ganadores).
Estas reglas de juego generalmente suelen estar establecidas por gobernantes autoritarios.
De tal manera, que cuando modifican sus reglas y comienzan a dar mayor garantía a los
derechos de los individuos y grupos se inicia la transición.
Por otro lado, el análisis de dicho período hace necesaria la definición de otro elemento
constitutivo del mismo, nos referimos a la “Liberalización”, que sería el proceso de redefinición
y ampliación de los derechos que protegen a los individuos (vida privada, libertad de palabra y
movimiento), y a los grupos sociales (expresión de las discrepancias, libertad de expresión
colectiva, de asociación, eliminación de la censura), de los actos arbitrarios o ilegales del
Estado o terceros. Esta situación depende de las facultades del gobierno, institucionalizándose
o acrecentándose, si no constituyen una amenaza.
Es decir, constituiría un proceso de concesión, desde arriba, de mayores derechos civiles y

87
Como lo planteáramos oportunamente, todo el material bibliográfico referido a la temática
de los movimientos estudiantiles y de su correspondiente militancia política, hace referencia
básicamente a la desarrollada en el ámbito universitario, lo mismo ocurre con respecto al
análisis teórico de la misma. Cf. Califano, J.A.: La revolución de los estudiantes. Bs.As., Ed.
Paidos, (1971); Troncoso, Oscar: La rebelión estudiantil en la sociedad de posguerra. Bs.As.,
Centro Editor de América Latina, (1973); Almaraz, Roberto (et al): ¡Aquí FUBA!. Las luchas
estudiantiles en tiempos de Perón (1943-1955).

97
políticos, más amplios y completos, que permitan la organización concertada de la sociedad
civil, tanto a nivel de élite como de masa.
Por último, “Democratización”, sería el proceso posterior a la liberalización y supone una
ampliación completa y un reconocimiento real de los derechos civiles y políticos.
Se hace necesaria la participación completa de la sociedad, la aparición de más partidos y
de un sistema de partidos. Pero también las organizaciones colectivas de intereses, como
sindicatos y otros grupos, la elaboración y adopción de los principales procedimientos e
instituciones democráticas que caracterizan a ese régimen, como una ley electoral o la fijación
de las relaciones entre un poder legislativo y un ejecutivo, más otros aspectos importantes para
el funcionamiento del sistema. La instauración democrática se completaría al terminar la
construcción de las principales estructuras del régimen.
Es muy rico y minucioso el debate teórico producido alrededor del concepto de transición,
tanto desde la Ciencias Políticas como desde la Historia, sobre todo a partir de las dos últimas
décadas del siglo XX.88
Por ejemplo, Julián Santamaría destaca tres fases en este “proceso de transición”, estas
serían: “crisis”, “instalación” y por último “consolidación democrática”. Según el mismo autor la
transición sería un proceso de cambio a través del cual los valores, normas, reglas de juego e
instituciones que integran un régimen autocrático son sustituidas por el sistema de valores,
normas y reglas que conforman un régimen democrático. Abarcaría desde el estallido de la
crisis hasta la instauración de un nuevo orden. El proceso de consolidación se cumpliría
cuando el nuevo régimen alcanzare el nivel de autonomía suficiente para regirse por la lógica
de sus principios de organización.89
Sin embargo, la transición no comienza con la liberalización, sino recién en 1982 con la
caída de Galtieri, tras el fracaso militar en Islas Malvinas.
Por su parte O’Donnell y Schmitter definen el término “liberalización como “el proceso que
vuelve efectivos ciertos derechos, que protegen a individuos y grupos sociales ante los actos
arbitrarios o ilegales cometidos por el Estado o por terceros....en el plano individual el hábeas
corpus, la inviolabilidad de la correspondencia y de la vida privada en el hogar, el derecho a
defenderse según el debido proceso y de acuerdo con las leyes preestablecidas, la libertad de
palabra, de movimiento y de petición ante las autoridades, etc. En el plano de los grupos, la

88
Con respecto a la producción que sobre todo en forma teórica se ha consultado en la
presente investigación y que así mismo puede servir de guía para profundizar en el tema, Cf.:
Tortosa, Amparo: Transiciones desde un gobierno autoritario a la democracia política
http://www.cienciapolitica.com/article_read.asp?id=67; O’Donnell, Guillermo y Philippe
Schmitter: Transiciones de un gobierno autoritario. Conclusiones tentativas sobre las
democracias inciertas. V.4. Barcelona, España, ed Paidos, (1994); Quiroga, Hugo: El tiempo
del Proceso. Conflictos y coincidencias entre políticos y militares 1976-1983. Rosario, Ed.
Homosapiens, (1994); Vezzetti, Hugo: pasado y presente. Guerra, dictadura y sociedad en la
Argentina. Bs. As., Ed. Siglo XXI, (2003); Lesgart, Cecilia: Usos de la Transición a la
democracia. Ensayo, ciencia y política en la década del ’80. Rosario, Argentina, Ed.
Homosapiens, (2003); Moisés, José Álvaro: Entre la incertidumbre y la tradición política. Una
crítica de la primera generación de estudios sobre la transición. En WWW.argiropolis.com.ar.
Nelly Richard: La problemática del feminismo en los años de la transición en Chile. Mimeo.
89
Tortosa, Amparo, Op. Cit.

98
libertad para expresar colectivamente su discrepancia respecto de la política oficial si sufrir
castigo por ello, la falta de censura en los medios de comunicación y la libertad para asociarse
voluntariamente con otros ciudadanos.”90
La liberalización marca, según estos autores, el inicio del proceso de transición.
Contrariamente, la “transición” es definida como “el intervalo que se extiende entre un régimen
y otro. La transición se inicia con el proceso de disolución del régimen autoritario que puede
desembocar en la restauración de la democracia, en el retorno de algún tipo de régimen
autoritario o de corte revolucionario.”91
Portantiero, a su vez, define a la transición democrática como “... un proceso, extendido en
el tiempo, cuya primera fase es el inicio de la descomposición del régimen autoritario, la
segunda la instalación de un régimen político democrático que se continua en un tercer
momento en el cual, en medio de fuertes tensiones se procura consolidar al nuevo régimen.”92
Recordemos que la crisis del Estado autoritario que lo lleva a su fracaso se inicia en 1980.
El momento de agotamiento que significa la clausura de las posibilidades fundacionales del
régimen militar, comprende los breves periodos de gobierno de Viola y Galtieri. Aun cuando
dentro de ese momento se haya atravesado por una etapa de flexibilización política no se
puede inferir que se ha iniciado el período de transición democrática. La apertura política de
Viola no da lugar al inicio de la transición democrática. Esta comienza, en el momento de la
descomposición del régimen militar con la caída de Galtieri –aun antes del retiro de los militares
a los cuarteles- luego de la derrota de Malvinas.93
Hugo Quiroga, distingue cuatro etapas dentro del régimen militar. Estas, guardarían cierta
unidad y organicidad coincidiendo con la sucesión de las presidencias militares, de tal manera,
que la primera sería la de Jorge Rafael Videla (1976/1981), la segunda durante el gobierno de
Viola (1981), la tercera correspondería a la presidencia de Leopoldo Fortunato Galtieri
(1981/1982) y finalmente la de Reynaldo Bignone (1982/1983).
Estas diferentes etapas estarían –según el mismo autor- atravesadas por cuatro grandes
momentos que indican el origen, desarrollo y terminación del proceso militar. Los momentos no
coinciden temporalmente con las etapas y pueden ser ubicados de la manera siguiente:
“Legitimación” (1976/1977), “deslegitimación” (1978/1979), “agotamiento” (1980, 1981,
1982) y “descomposición” (1982/1983).94
“La adhesión original con la que contó el régimen militar fue erosionándose por la falta de
eficacia de la administración de facto, al no encontrar las soluciones a aquellos problemas
básicos que requerían respuestas inmediatas. La pérdida de legitimidad, que lleva en 1980 a
una situación de agotamiento y que mas tarde culminará en el momento de la “descomposición
con el derrumbe del soberano, es el resultado de diferentes momentos críticos en los que se
transparenta la incapacidad de respuesta del Estado autoritario a las demandas sociales de

90
O’Donnell, Guillermo y Philippe Schmitter, Op. Cit.: (pp.20).
91
Ibíd.: (pp.19/20).
92
Citado por Quiroga; Hugo: Op. Cit.: (pp.268).
93
Ibíd. (pp.269).
94
Ibíd. (pp.54/55).

99
distintas naturalezas”95.
En los hechos, la sociedad argentina parecía recobrarse después de un largo insomnio.
Seis años de dictadura militar eran suficientes. Las secuelas serán muchas: los muertos, los
desaparecidos, la chatura, el atraso, el terror, y la destrucción de la economía.
Se comenzaba a buscar una salida de la pequeñez y a la frustración del régimen militar. Un
pueblo humillado y ofendido empezaba a reanimarse. La sociedad se resistía ya a tolerar
prácticas y modelos autoritarios de convivencia social. La recomposición de un espacio
democrático y pluralista era la condición necesaria para reconquistar el respeto a sí misma
luego de varios años de autoritarismo militar.

Mujeres adolescentes y militancia estudiantil

Si realizamos un análisis desde una óptica genérica, debemos decir que tradicionalmente la
vida política estuvo concentrada en el varón. La inferioridad intelectual considerada en la mujer,
así como su esencialidad (que la llevaría a preferir su papel como madre y ama de casa,
desentendiéndose de otras actividades), limitó durante siglos la participación de las mismas en
el campo de la política. Son numerosos/as los autores/as que consideran que la presión del
imaginario social, de la educación y la creación de sus propias creencias de base, condujeron
al género femenino a suponer su ineficacia en este terreno.
El sector poblacional, comprendido por los estudiantes de los colegios secundarios –
adolescentes en su amplísima mayoría -, no escapaba a toda la situación descripta.96
En el contexto histórico descripto, los distintos partidos políticos, comenzarán a llevar a cabo
actividades cada vez más públicas y publicitadas. Será el caso del Partido Comunista, del
Movimiento al Socialismo, del Peronismo, etc. La Unión Cívica Radical, por ejemplo,
comenzará a realizar reuniones periódicas en la sede del partido, reuniones que en un principio
solo era para “prestarse el hombro”:97

95
Ibíd. (pp.55).
96
En el presente trabajo conceptualizamos “adolescencia” como una producción social. Es
decir, un concepto construido socialmente que se define por su contenido cultural, de manera
que la edad deja de ser un elemento definidor, dando coherencia a la labilidad de
identificaciones que caracteriza esta etapa para adolescentes y padres, dotándoles de una
identidad de grupo que les garantiza su inscripción en el conjunto social. El “adolescente” se
construye en base a las expectativas que le ofrece la sociedad, por mediación de la familia y
sus otros significativos, de manera que no es igual el adolescente actual que el de hace unas
décadas. Para mayor profundidad en el análisis de la conformación de identidades de genero
en la adolescencia Cf. López Mondéjar, Lola: “Masculino/Femenino/Neutro. Vicisitudes de la
identidad sexual y de género en la adolescencia” en www.aperturas.org./15lopezmondejar.html;
y especialmente: Checa, Susana (comp.): Género, sexualidad y derechos reproductivos en la
adolescencia. Bs. As., Ed. Paidós, (2003).
97
Si bien intentamos dar la mayor claridad posible al relato en lo referido a lo cronológico,
nuestros/as informantes no pueden definir con presición el momento justo en que ocurren
determindos sucesos como la aparición pública de la agrupación, o el arribo de la misma a sus
respectivos colegios, etc., aunque todos/as destacan tres momentos referenciales claves:
desde aproximadamente el año 1981 hasta Malvinas, el período de guerra específicamente y
por último el retorno a la democracia.

100
“... en la última etapa de la Dictadura empezó un poco la congregación,
a compartir ideas y compartir dolores; frustraciones, llorar y escuchar
llorar, empezar a hablar de lo que no se podía hablar, a extrañar a los
que ya no estaban, a preocuparse por los que fueron y volvieron y
estaban mal. Primero fue eso.” (Amalia, 37 años, empresaria)

Siguiendo con el análisis de esta agrupación, y sin perder de vista el hecho de que lo mismo
sucedía en las demás, este tipo de reuniones fueron adquiriendo una mayor actividad
doctrinaria, donde el debate crecía en profundidad y apertura temática. Jornadas de lectura y
reflexión, ya nucleados en torno a la Juventud Radical (o en la Juventud Comunista, etc.),
comprometían cada vez más a sus militantes en los “Cursos de Formación Política”98
En todos los casos estudiados, la formación doctrinaria dentro del partido de pertenencia
era realizada a conciencia, con jornadas de lecturas y debates sobre distintos tópicos tanto
teóricos como prácticos.99 En cuanto al aspecto material, solo serán el Partido Radical y el
Partido Comunista los únicos que le aporten a sus miembros el material necesario para
propaganda, es decir pintura, papeles afiches, volantes, filmaciones documentales, etc. Siendo
Franja Morada Secundarios (en adelante F.M.S.), la que contará con mayores recursos, sea en
forma directa del partido o por provenir desde la rama universitaria, lo que les permitía contar
con mayores herramientas a la hora de realizar su labor política.
Paralelamente, se inicia un proceso de apertura política en los establecimientos
educacionales, donde tibiamente comienza una callada lucha para que, los hasta ese momento
“Clubes Colegiales”, recuperasen su rango de “Centro de Estudiantes”.100 La militancia se
trasladaba al ámbito educacional:

“Después de tanto debate y cambio de ideas en el partido, comenzás a


tomar conciencia de todo lo que había pasado, y lo que estaba
pasando,... , comenzás a rebelarte contra todo eso y no alcanza la casa
para rebelarte, así llegás al lugar en donde vos estás, el grupo de

98
Cada agrupación daba a esta activididad de “formación teórica” un nombre en particular,
pero su escencia y fin era el mismo. En estas reuniones se trataba temas como el definir que
era la democracia, el rol de los partidos políticos, definir las funciones de las organizaciones
sindicales, estudiar la historia del Movimiento Obrero, la historia de las interrupciones
constitucionales en Argentina, etc.
99
Todas las actoras entrevistadas, al recordar estas jornadas de debates (sobre los temas
más diversos), coinciden en designarlas como “uno de los momentos que mas les gustaba”, y
en donde “podían pasar horas”.
100
Status que había sido prohibido durante el gobierno militar, así como todo tipo de
manifestación o actividad política en todos los establecimientos y niveles educacionales del
país, permitiendo en el mejor de los casos, la existencia de “Clubes Colegiales”, encargados
únicamente de actividades lúdicas y recreativas, y por cierto no en todos los colegios. Como en
todas las aristas que el tema genera, siempre hay que tener presente que las caracteristicas de
cada una de ellas dependerá de la situación de cada colegio en particular. Es decir, que no
será la misma realidad la que se viva en un colegio de mujeres que en uno mixto; religioso,
estatal, nacional o dependiente de la universidad (y entre ellos ya sea de la estatal o de la
católica privada).

101
hockey, la escuela, ...” (Andrea, 35 años, Abogada)

Las distintas agrupaciones políticas que actuaban en el nivel secundario, comenzaban


nuevamente su accionar público, luego de una prolongada etapa de silencio, invitando
repetidamente a reuniones a través de los medios gráficos de la provincia, intentando así,
sumar voluntades a sus filas. Es fácil de comprobar que esta tarea les resultaba sumamente
dificultosa debido a los rechazos y prejuicios; siendo el temor, el sentimiento que en forma más
generalizada, prevalecía ante la posibilidad de “hacer política”:

“Los padres tenían mucho miedo, y los chicos también, aun después de
Malvinas, aun después del retorno a la democracia. No se pensaba que
la democracia fuera a ser algo normal, todo el mundo pensaba que era
una transición y se volvía a la dictadura, entonces era constante que los
padres nos pidieran que no lo llamásemos más a sus hijos, ...” (Amalia)

“... se venía de una generación donde la militancia política estaba


proscripta culturalmente” (Andrea)

“… volanteábamos, repartíamos la prensa, era como una militancia


medio clandestina, yo por ejemplo, no me blanqueaba del todo, no todos
mis compañeros sabían que yo hacía algunas cosas,…. Para volantear
me camuflaba entre ellos mismos y no me podían reconocer. …Yo me
enteraba un dato, por ejemplo la fulana es hija de zutano que ha hecho
tal cosa que capaz que quiera saber algo y la íbamos a ver y primero era
acercarse al curso y preguntar quien era, preguntarle si quería si tenía
ganas, si podía, muy clandestino…., yo me acuerdo, yo vivía con mucha
culpa esto de la clandestinidad” (Adriana C., 36, Psicóloga)

A pesar de todo esto, sus cuadros políticos llevarán a cabo una intensa actividad político-
gremial, realizando numerosas marchas, sentadas, panfleteadas, pintadas, exhibiciones de
películas, charlas, etc.; referidas sobre todo a lo estrictamente estudiantil y en menor medida a
los Derechos Humanos101.
En cuanto a los objetivos de lucha, todas las entrevistadas coinciden: exámenes en junio,
eximición con seis102, el uso o no de uniformes, la formación de Centros de Estudiantes allí

101
Respecto al tema de los desaparcidos y la violación de los Derechos Humanos durante la
dictadura, solo las actoras entrevistadas pertenecientes a Franja Morada Secundarios relatan
sin dudar haber tenido debates, pero no superaba esa práctica.
102
Durante la dictadura había sido modificado el reglamento siendo necesario una nota
mayor a siete para eximirse

102
donde no los había y el cambio de status allí donde eran Clubes Colegiales.103 Trabajaban
además –en el caso de Franja Morada- en la concientización acerca de las virtudes del
cooperativismo. y “semanas”104 de festejo para todos los colegios, además del pedido del
boleto estudiantil -reivindicación que solo quedaba en la declamación pues en la práctica
existía el abono estudiantil que cumplía con esa función-.
Es necesario aclarar que de la misma manera realizaban tareas para el partido en sí, como
vender sus publicaciones, ir a las reuniones, realizar actividades de afiliación, etc.

“En un primer momento ha sido más netamente partidario, lo partidario


nos fue vinculando con lo que eran las luchas en Buenos Aires
fundamentalmente,… además, lo que quedaba de la lucha postergada,
no te olvidés que la lucha de los secundarios anterior, venía de la mano
del boleto estudiantil o del carnet estudiantil, entonces,…, retomar esas
consignas, era una, yo te diría, era una bandera.” (Adriana C.)

Las agrupaciones estudiantiles se insertan en las distintas estructuras partidarias; algunas


en agrupaciones más o menos jerárquicas, pudiendo pertenecer indistintamente tanto a la
Juventud del partido como a la línea estudiantil junto con la universitaria.
En el caso de F. M. S. -si tomamos la agrupación Radical como ejemplo-, reproduce la de
su homónima universitaria, con representación en la Juventud Radical y así mismo en la
estructura partidaria, con un Secretario General a cargo y distintas Secretarías divididas por
áreas. Consolidándose dos de sus militantes mujeres, como líderes de la agrupación durante el
período estudiado, las cuales debieron enfrentarse a distintos condicionamientos tanto
sexuales como generacionales que desde los varones de la agrupación, como desde el Partido
mismo supieron oponerles, construyendo su propia subjetividad, con los conflictos y sus
estrategias resolutivas que esto implicaba.
Sin embargo, también en la rama estudiantil del Partido Comunista, el liderazgo estaba en
manos de mujeres. Esto no nos debe hacer suponer, que el hecho de llegar a cargos
principales en estas agrupaciones haya constituido un liderazgo con connotaciones genéricas,
es decir, no se plantearon reivindicación alguna para su genero. A decir verdad, hubo un
“masculinización” en su gestión, de tal manera que no va a darse un proceso de

103
Será recién a partir del año 1984 en adelante en que se irá extendiendo gradualmente la
transformación de los clubes colegiales en Centros de Estudiantes en los distintos
establecimientos educacionales, prohibidos anteriormente por la dictadura.
104
Es una tradición en Tucumán que prácticamente todos los colegios del nivel medio tengan
durante el año una “semana” del mismo, variando su duración y su modalidad de acuerdo al
establecimiento pudiendo ser externa o interna, deportiva y/o cultural y no necesariamente de
siete días durante los cuales se realizan actividades deportivas y recreativas en distintos
eventos y juegos que van en algunos casos desde los tradicionales de una quermés hasta
recitales y concursos. Dicho evento rota durante el año de colegio en colegio, tratando de que
no coincidan las fechas de su realización, operando como un verdadero espacio de sociabilidad
en donde los/as adolescentes interactúan.

103
“empoderamiento”105.
Por que como lo expresa Marcela Lagarde, las mujeres en realidad: “logran establecer
algunos liderazgos reconocidos siempre que no lideren a favor de la causa de las mujeres. Esa
es la condición de participación y sigue siendo una condición de participación para las jóvenes,
para las adultas y las viejitas.”106
Por otro lado, se agregará un dato más: al pertenecer las lideres de F.M.S. a un colegio
secundario dependiente de la Universidad Nacional de Tucumán107, también tendrán
representación en la Federación Universitaria de Tucumán (F.U.T.), situación que no
compartirá con ninguna otra agrupación de su tipo en el nivel medio.
Esto nos permite concluir que la actividad política de sus miembros se encontraba integrada
a una férrea jerarquía partidaria y a una dependencia orgánica en cuanto a su formación
doctrinaria, lo que llevará a que nuestros/as entrevistados/as no duden en negar el elemento
lúdico o el “espíritu de aventura” en su trabajo político, lo suyo era “militancia pura y a
conciencia” con planteos teóricos, y debate interno de estrategias, tanto electorales como
coprogramáticas, en donde lo fundamental pasaba por el compromiso hacia sus
compañeros/as, que se hacía extensivo a todos los ámbitos de su vida.
Si bien la primera militancia estaba dividida entre el partido y el colegio o escuela de
pertenencia, no tardaron en nucleares en torno a una federación común. Así, primero fue la
Federación de Estudiantes Secundarios (F.E.S.), luego la Confederación de Estudiantes
Secundarios (C.E.S.), posterior a nuestro marco temporal de estudio.

“... éramos irrespetuosos y agrandados y entonces éramos una

105
Utilizamos “Empoderamiento”, como una categoría analítica concebida por la crítica
feminista, y que en forma detallada la define M. Lagarde como: “El conjunto de procesos de
empoderamiento es decir, el de todos aquellos conducentes a lograr que las mujeres nos
vayamos haciendo de recursos, bienes, habilidades, capacidades, espacios y todo aquello a
favor de nuestra propia vida. El empoderamiento tiene funciones muy concretas
desarticuladoras de la opresión. Llamamos poderes positivos desde la perspectiva de
empoderamiento a aquellos que permiten deconstruir opresión y a aquellos que permiten
remontar y crear alternativas en nuestras propias vidas. También planteamos el
empoderamiento como un conjunto de procesos en que cada mujer internaliza esos poderes. O
sea, que no son poderes externos, sino que se vuelven maneras de ser, de vivir, de pensar, de
sentir, de actuar. No es un poder ajeno a la persona, es una reconstitución de la persona que lo
ha internalizado, que lo ha hecho suyo y que es empoderada. La otra dimensión del
empoderamiento es que para que haya empoderamiento de género individual, tiene que haber
empoderamiento de género colectivo. Es un proceso colectivo y social. Es una articulación
entre una construcción social colectiva y una apropiación individual subjetiva.” Cf. Cob,
Gabriela y Fernando Francia: La edad más densa de la vida de las mujeres
Entrevista a Marcela Lagarde.
http://www.cosmovisiones.com/habitacionpropia/cont/lagarde.html Este caso en particular
fue analizado en profundidad en: Salvatierra, Gustavo Nicolás y Néstor Fabián Egea: Presencia
femenina en el movimiento estudiantil secundario. El caso de Franja Morada. Tucumán en los
’80. En Actas de las VIIº Jornadas Regionales de Investigación en Humanidades y Ciencias
Sociales. Universidad Nacional de Jujuy, (octubre de 2002).
106
Cf. Cob, Gabriela y Fernando Francia, Op. Cit.
107
Nos referimos a la Escuela y Liceo Vocacional Sarmiento dependiente de la Universidad
Nacional de Tucumán.

104
federación, como la F.U.T.” (Adriana G., 36 años, estudiante de
Sociología, empleada administrativa)

Las reuniones ya sea para debatir o para intentar construir una estrategia común alrededor
de un tema prefijado, se realizaban en bares que en esos momentos estaban de moda, nos
refieren los/las entrevistados/as, verdaderos espacios de sociabilidad en donde estos/as
adolescentes interactuaban, votándose por agrupación y no por institución educativa.108

La Influencia Familiar

Como hicimos referencia al inicio de este trabajo, nuestras actoras verán su accionar
cruzado por distintos condicionantes; influyendo sobre cada una de ellas de diferentes
maneras. Así es como una trayectoria política se verá condicionada por variables tan diversas
como la religión, la clase, el género, la edad, la familia, la cultura de pertenencia, etc.
Sin embargo, consideramos que se pueden encontrar elementos comunes que dejarán su
impronta, de tal manera que nos gustaría comenzar analizando la influencia que la familia
pudiera tener sobre el tema en cuestión.
La división sexual moderna del trabajo se consolida con la industrialización y el capitalismo.
La vida social se divide en dos ámbitos claramente diferenciados: la vida privada y la vida
pública. A la familia se le atribuían las tareas relacionadas con la reproducción humana y el
cuidado de los hijos, siendo las mujeres las responsables de las mismas, mientras que la
economía, la política y la cultura se convirtieron en tareas públicas asignadas a los varones.
La producción de bienes se trasladó a las fábricas y restringiéndose el concepto de trabajo
para referirse solo al productivo que recibe un salario, una retribución económica.
Dos limitaciones podemos inferir de esta situación, para la mujer en su participación política:
por un lado el tiempo disponible, pues será a costa de emplear la doble jornada y triple en
algunos casos.109 Vetándoselas además para no asumir deseos ni comportamientos propios
del competir y la agresividad de la lucha política.
En segundo término, podemos ver como limitativo de su participación, el hecho fácil de
constatar, de que las mujeres que acceden a las instituciones de gobierno lo hacen en aquellos
sectores o áreas en los que, de alguna forma, prolongan sus actividades de protección y
cuidado familiar, es decir las áreas sociales, culturales, educativas y medioambientales, pero
muy escasamente desarrollan actividades de comercio, hacienda, industria, defensa, etc.
En este modelo podríamos ver una cierta concesión por parte del poder masculino para que
la mujer participe en algunas áreas del poder político y no en otras, reproduciendo de esta

108
Esta estrategia era pergeñada por los dirigentes de la unión de Estudiantes Secundarios,
agrupación estudiantil peronista, que enviaba a sus militantes menos conocidos a “camuflarse”
como miembros de otros partidos sin representantes, votando a favor de sus propuestas, las
que, por supuesto, ganaban al ser mayor el número de personas.
109
Hacemos referencia a una “triple jornada laboral” cuando la mujer además del formal y del
realizado en el hogar, realiza actividades de gestión como las desarrolladas para conseguir
pavimento, cloacas, agua potable, etc.

105
manera ciertos mandatos referidos al rol de la mujer. De tal manera, que a simple vista
parecería haberse operado un salto cualitativo en las posibilidades de ascenso dependiendo de
cada una de ellas el lugar de arribo. Sin embargo, en la realidad todas estas operaciones
servirían para colocar sobre cada aspiración femenina un “techo de cristal”.
Es que este techo de cristal, como lo refiere Amalia Valcárcel, sirve para designar “todo el
conjunto de prácticas y maniobras que dan como resultado que las mujeres sean desestimadas
por los sistemas de cooptación… Los efectos son patentes: es como si realmente existiera una
barrera invisible sobre las cabezas femeninas en una pirámide jerárquica, barrera que no
puede traspasarse mediante esfuerzos individuales.”110 En concordancia con esto, los tramos
bajos van a estar feminizados mientras los superiores quedarán en manos masculinas;
claramente lo vemos en el sistema de enseñanza, en la administración, en la justicia, en el
sistema bancario, en las estructuras partidarias, etc.
Consideramos que la familia sigue siendo, a pesar de las variaciones que ha ido
presentando, el primer y más importante agente de socialización, sobre todo de patrones
normativos básicos que estructuran la personalidad futura de los hijos. Este poder socializador
se extiende también al orden político, en cuanto que la familia se convierte en conformadora de
opiniones, actitudes y decisiones, como tradicionalmente suceden en los procesos políticos.
De esta manera encontramos decisiva la influencia que la familia tiene en la configuración
del comportamiento político de los individuos, en cuanto organización social básica, donde
existen relaciones políticas, entendidas como relaciones de poder. Poder que ha sido
sustentado por el varón, encarnado en la figura del padre.
Este poder, por cierto que tiene una dimensión económica, es decir, se fundamenta en la
propiedad de la hacienda familiar, en el trabajo e ingresos del esposo e hijos varones, todo lo
cual genera una desigualdad y dependencia en las relaciones con el varón. Es cierto que este
esquema se ha ido transformando debido, entre otros factores, a la incorporación masiva de la
mujer al trabajo asalariado, aunque el referente simbólico del varón como aglutinador del poder
económico y fuente de poder permanece y estructura la vida social de la familia.
En síntesis, la familia es una institución social básica que tiene la capacidad de socializar en
la discriminación del poder, ya sea porque legitima el poder masculino, o porque socializa
desigualmente a los niños y a las niñas en las relaciones de poder, señalando a los unos su
espacio en el mundo público y a las otras que su ámbito de desarrollo principal está en la vida
privada, conformada por el mundo doméstico, donde por cierto, también existirá una relación
jerárquica asimétrica.
Siguiendo a Jelin, podemos decir que “La unidad familiar no es un conjunto indiferenciado
de individuos. Es una organización social, un microcosmos de relaciones de producción, de
reproducción y de distribución, con una estructura de poder y con fuertes componentes
ideológicos y afectivos que cementan esa organización y ayudan a su persistencia y

110
Valcárcel, Amalia: La política de las mujeres: (pp.98/99).

106
reproducción”111.
En las entrevistas realizadas a las militantes de las distintas agrupaciones, observamos una
característica que se repite en todas, excepto en una de ellas. Nos referimos al inicio de la
militancia pues es concebido como un hecho “natural”, ya que para ellas esa actividad parece
ser constante, realizada desde niñas, a partir del marco familiar que convertía las visitas al
partido en una actividad habitual, es decir, ellas asumen de esta manera, la “naturalidad” de su
militancia:

“...era como comer, como hablar, era parte de la vida.” (Amalia)

“En el ’82 ingreso al M.A.S. a través de unos compañeros de teatro que


no eran de acá. Mi familiares de militantes de izquierda, mi papá
peronista, mi mamá radical y mis hermanos todos P.R.T…. Siempre
hubo militancia, aun durante la dictadura” (Adriana G.)

“Mi familia venía del P.C., hay una tradición de militancia, mi mamá fue
militante de los derechos Humanos durante toda la dictadura…, o sea, te
doy datos que hacen a la tradición de militancia fuerte que en esto cierra
todo un proceso, y en esto me voy incorporando yo, … era como algo
natural que estaba dentro de la tradición familiar.” (Adriana C.)

Queda claro el rol decisivo que jugó el entorno familiar y la condición militante de sus padres
sobre nuestras entrevistadas, excepto, como ya dijimos, en una de ellas, militante del Partido
Comunista.

“… a través de una amiga comienzo a ir a las reuniones del partido,


comenzamos a reunirnos,…, casi todos eran hijos de militantes, yo no.”
(Mariela, 35 años)

Otro ejemplo de la fuerte influencia familiar y sus tradiciones lo apreciamos claramente en


nuestras entrevistadas de la F.M.S. Ambas se toman el trabajo de entrelazar en un relato, todo
el derrotero histórico de su familia y el por qué de la elección del radicalismo, en una especie
de cosmogonía fundante de sus raíces político-familiares.

“Mi familia vino migrando por la guerra desde Siria, ¿te imaginás? en
esa época solo el Radicalismo daba cabida a los recién llegados,..., así

111
Cf. Jelin, Elizabeth: Pan y Afectos. La transformación de las familias. Brasil, Sao Paulo,
Fondo de Cultura Económica, 2000: (pp.25/26). Existe innumerable material bibliográfico sobre
cuestiones de género, familia, y sobre las transformaciones operadas en las estructuras
familiares, ya sea édito como disponible en Internet. Pero nos permitimos recomendar el
anteriormente citado además de: Torrado, Susana: Historia de la Familia en Argentina Moderna
1870-2000. Bs. As. Ed. De la Flor, (2003).

107
militaban mis abuelos, mis padres y nosotros desde muy niños. En esto,
mucho tiene que ver nuestra cultura, quizá nosotros hemos sido
bendecidos con una cultura muy comunitaria que asume cotidianamente
compromisos, y la militancia es un compromiso”. (Amalia)

Con respecto a la concepción de la militancia que cada una de ellas tiene, es importante
rescatar la contraposición que encontramos, pues están aquellas que ven a la militancia –en
aquel período de sus vidas- pasar más por el juego, por la “aventura” de hacer algo, que sino
prohibida, era una actividad poco “común” además de “arriesgada” para los/as jóvenes de ese
momento.
Y por el contrario, vemos también, militantes que descartan de plano el juego112. La
militancia en ellas será en todo momento una actividad realizada a conciencia, con planteos
teóricos, y debate interno de estrategias, tanto electorales como coprogramáticas, en donde lo
fundamental pasa por el compromiso hacia sus compañeros, compromiso que se hacía
extensivo a todos los ámbitos de su vida.

“... el compromiso era constante, yo militaba todo el tiempo, ni siquiera


supe lo que es salir a bailar...” (Andrea)

“... lo mío pasaba por el compromiso, por el trabajar por los derechos
Humanos, por mostrar a la gente que se podían hacer cosas,... , no
siempre nos entendían, en realidad eran muy pocas las compañeras que
lo hacían, algunas nos decían zurdas, cosa que no me importaba...”
(Amalia)

La Influencia de la Educación y sus Instituciones:


La educación formal y sus instituciones son otro elemento que deseamos incorporar al
análisis de esta investigación.
Los teóricos de la reproducción aseguran que las escuelas refuerzan la división de trabajo
en la sociedad manteniendo las desigualdades de clase, raza y sexo. Según este argumento,
las escuelas no median ni pretenden cambiar las estructuras de la sociedad ni las
características de los individuos que ocupan posiciones de riqueza, status y poder. Las
escuelas serían estáticas, según este argumento, al ser un microcosmos de la sociedad, antes
que un agente de cambio.113
Un currículo formal no representa todo el conocimiento escolar, sino que representa lo que
las escuelas pretenden enseñar.

112
Consideramos que el elemento lúdico o el sentido de aventura y riesgo como motivadores,
debe ser tenido en cuenta, básicamente por la edad de los/as actores/as y por la coyuntura
política se estaba viviendo, si bien no todos/as los/as entrevistados/as adhieren a esta postura.
113
Cf. Kelli, Gail P. y Nihlen Ann S.: “La enseñanza y la reproducción del patriarcado: cargas
de trabajo desiguales, recompensas desiguales”. Sociología de la educación. Enguita Mariano
F. (Ed.), Barcelona, Ed. Ariel, 1999: (pp.203).

108
Ahora bien, si analizamos el material didáctico utilizado por los colegios podemos advertir
que en su mayor parte, las mujeres son ignoradas en estos. Las mujeres o bien no existen o, si
existen, están confinadas a la vida doméstica, aunque esto varía de un nivel a otro.
En lo que se refiere a los textos de historia de secundaria, en general en raros casos
mencionan a las mujeres o las distorsionan deliberadamente pese a los avances acaecidos en
el conocimiento sobre la historia de las mujeres a partir de mediados de los años ’60. De tal
suerte que suelen ser relegadas a segundo plano a papeles de esposas de pioneros,
cosedoras de banderas, trabajadoras sociales, enfermeras, asistentes presidenciales y cosas
por el estilo. El movimiento sufragista, el sindicalismo femenino, etc., eran ignorados o
relegados a una sola línea.
Además, la estereotipación rígida observada en los textos está bien documentada, igual que
su lenguaje, que invariablemente utiliza el genérico masculino; normalizando los textos, el
doble trabajo para la mujer: pueden trabajar a cambio de un salario (lo que los textos rara vez
mencionan), pero deben adoptar fundamentalmente la responsabilidad de criar a los niños,
cocinar, y mantener la casa.114
Pero existe además, un currículum oculto o no formal que mediante su práctica reafirma los
roles de género socialmente deseados; como lo expresáramos anteriormente, el grado de
profundidad y puesta en práctica de esta situación adquiría características propias de acuerdo
a cada colegio.
“Los textos escolares y el currículo han sido pensado y dirigidos desde lógicas o criterios
masculinos. Son mínimos los espacios legítimamente creados para el despliegue de la
expresión libre y auténtica de las alumnas.”115
Siguiendo a Parra: “…mas allá de las cifras que indican un acceso igualitario al sistema
educativo, los resultados de la educación, los aprendizajes, las vías de salidas de los niveles
educativos, las opciones en el sistema de educación superior, la inserción en el mundo laboral,
señalan diferencias consistentes entre hombres y mujeres. La tendencia indica que la escuela
socializa a niños y niñas, no solo reproduciendo los estereotipos sexuales tradicionales, sino
que además, contribuyendo a reforzarlos a través de lo que se ha llamado el currículum
oculto.”116
Los mecanismos de discriminación más importantes en el sistema educativo ya no se sitúan
en el acceso al sistema, sino en la calidad y modalidades de la enseñanza que impiden la
igualdad real de oportunidad entre los sexos. “…el sistema educativo comienza a actuar desde
edades muy tempranas, para las cuales los contenidos de la sociabilización adquieren la
calidad de realidad contundente y compacta y por ende, difícil de cuestionar y modificar… la
discriminación en el proceso educativo se produce tanto en el currículo explícito como en las

114
Cf. Kelli, Gail P. y Nihlen Ann S. Op. Cit. (pp.211/213).
115
Parra, María Eugenia: Las desigualdades según el género y su relación con los ámbitos
público y privado. Una perspectiva desde lo educacional. Rev. Digital Cinta de Moebio Nº1,
Setiembre de 1997, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile.
http://rehue.csociales.ucile.cl/publicaciones/moebio/01/frames 29.htm
116
Ibíd.

109
prácticas de transmisión del conocimiento”.117
Haremos en este punto, una comparación entre la Escuela Normal Juan B. Alberdi y la
Escuela y Liceo Vocacional Sarmiento dependiente de la Universidad Nacional de Tucumán,
pues nos parecen dos instituciones representativas del arco de posibilidades referidas al tema
tratado.118
Con respecto a la Escuela Normal podemos decir que ejercían un control lleno de
implicancias genéricas sobre sus alumnas, control sobre la vestimenta, sobre el
comportamiento, etc. Intentando siempre consolidar una “imagen femenina” dentro de los
cánones “aceptables por la sociedad”.119

“… si yo tengo recuerdos de la Escuela Normal, son recuerdos muy


represivos o sea, en esa época me acuerdo que usábamos medias
marrones, me acuerdo que las odiaba a las medias marrones, entonces
quedaba como un acto de rebeldía ponerse medias blancas y saber que
a la entrada te van a parar por ponerte medias blancas, y no poder
ponerte un vaquero, y no poder ponerte nunca un par de zapatillas, eran
verdaderos actos de rebeldía. Y me acuerdo que se generaban movidas
a nivel grupal del curso, o sea, decirte por que no se deben hacer esas
cosas, de por que la rebeldía está mal, era muy pero muy fuerte
convertían en actos de rebeldía, era muy fuerte.
…Yo entro en el ’75 a la primaria… mi ingreso a la escuela normal está
marcado por un muy tibio recuerdo pero verdadero, de los militares
dentro de la escuela, o sea, uniformados dentro de la escuela en un
momento en donde mis viejos se estaban escondiendo… Lo que pasa
habían movido a muchos militares a la provincia y muchos de sus hijos
iban a la escuela normal. Son cosas que recién hoy puedo ver cuanto
impactaban sobre la idiosincrasia de la escuela. Yo tenía otra sensación
interna, …de no poder sobreponerme al miedo que me generaba el
estado represivo que había en la escuela.” (Adriana C.)

Por otro lado, lo que ocurre en la Escuela Sarmiento120 no es casual, pues como bien lo
expresan nuestras entrevistadas:

117
Ibíd.
118
Una situación especial representan las grandes restricciones que operaron en los colegios
confesionales religiosos, no solo sobre temas directamente atinentes al género sino además,
sobre toda práctica política, etc., que continuaron hasta bien entrada la democracia; sin
embargo por una cuestión de alcances de este trabajo no se desarrollará en profundidad.
119
Se llegaba a prohibir el uso del nombre del colegio en los afiches publicitarios de bailes.
Así sus alumnas debían recurrir a seudónimos para realizarlos, por ejemplo: “Baile Anormal”,
popularizado durante toda la década del ’80.
120
Un detalle necesario a tener en cuenta, es que la Escuela Sarmiento no posee un régimen
mixto, cursando unicamente mujeres. Esta situación, considerada de importancia no es pasada
por alto en este trabajo, por el significado y la connotación que tuvo (y tiene) sobre las
protagonistas y su actividad no obstante, no será analizado.

110
“Yo me entero que el movimiento docente de la Escuela Normal, …,
donde hay un proceso de desapariciones y despidos muy groso durante
la dictadura, y es mas, antes de la dictadura, en el ’74 y en el ’75 ya
estaban prácticamente afuera los docentes más picantes que tenía la
escuela y eso, digamos no pasa en los colegios de la Universidad.
…mucha de esa gente no es reincorporada al servicio, entonces el
proceso de debate político dentro de la escuela, no se da en ningún
estamento, es más, los docentes, el cuerpo docente son los grandes
sostenedores de aislarla a la escuela de todo el proceso de
democratización. ...era distinto al proceso de la Andrea en la Escuela
Sarmiento, eran como terribles debates que se generaban dentro de la
escuela, llevados por la clase de historia o por la clase de instrucción
cívica…” (Adriana C.)

“... a nosotras nos favorecía el régimen que teníamos en la Escuela al


ser dependiente de la Universidad, porque aunque quedaban algunos
vestigios de autoritarismo en el cuerpo docente, en general, había una
franja de libertad, y la libertad es tan poderosa que por más pequeña
que sea la luz al final, da lugar a mucho.” (Amalia)

“... no te olvides que los primeros que recuperan el status de Centro de


Estudiantes fueron los colegios universitarios, ..., así los docentes nos
hacían debatir mucho acerca de la democracia, de la política, ...”
(Andrea)

Discriminación, sexismo y conformación de identidades

Parafraseando a Mabel Belucci, vivimos en una sociedad sexista que asigna roles sociales
fijos a las personas por el simple hecho de pertenecer a un determinado sexo; restringiendo y
condicionando de esta manera, la posibilidad de un desarrollo pleno para todos los sujetos
sociales, varones o mujeres. Fundado en la superioridad supuesta de un sexo sobre el otro,
que en cada proceso histórico asume formas distintas y novedosas de segregación.121
Así, “La intolerancia social hacia las mujeres se expresa en invisibilizar su presencia y
calificar subvalorativamente su participación en el mundo público, como también desconocer su
rol de fuerza reproductiva de trabajo en el mundo privado. Aun, sigue siendo argumento
ideológico para su discriminación considerarlas como únicas responsables del funcionamiento
y administración de la unidad familiar. Por lo tanto el no reconocimiento como sujetos sociales

121
Cf. Bellucci, Mabel: “La intolerancia hacia las mujeres”. Rev. Todo es Historia. Nº262, Bs.
As., Abril, 1989: (pp.60).

111
parte del no reconocimiento como sujetos individuales.”122
De tal manera que: “En la vida social es posible distinguir diversos planos de violencia, y
constituye uno de ellos la violencia constitutiva de la diferencia sexual, la cual, en el contexto
de la ideología patriarcal hegemónica, sostiene un reduccionismo que confina la feminidad a
dos paradigmas: objeto sexual o madre. Esta violencia simbólica e ideológica suele arrojar
como consecuencia la cosificación de las mujeres, inhibirlas como sujetos autónomos y
convertirlas en ejecutoras ciegas de un destino cuyas decisiones y alternativas se acotan a los
dictados de las imágenes de género hegemónicas”.123
Interrogadas sobre sus relaciones con el otro sexo, algunas narran sus comienzos en la
militancia acompañada por su padre, quien las “resguardaba” y “protegía”. Veremos también en
sus compañeros de agrupación, también una actitud paternalista, protegiéndolas en las
marchas “por cualquier cosa”, mandándolas a llevar las banderas de la agrupación, lugar
determinado por los miembros masculinos de la misma, como el “sitio” de menor peligro.
La actitud de minoría de edad, es recién expresada taxativamente por ellas cuando hacen
referencia a la imagen que las jerarquías del partido y de la misma Franja Morada, tenían de su
rama de los colegios secundarios.124

“... éramos la hermanita menor, casi como un adorno” (Amalia)

Sin embargo, este rasgo de discriminación sexual y generacional,125 no es privativo de esta


agrupación, ni se exacerba con sus mujeres, sino que lo encontramos como rasgo común en
todas las agrupaciones políticas del nivel medio,126 lo que nos lleva a preguntarnos si esta
“minoría de edad”, no se tradujo en causas de prácticas discriminatorias, como podría ser la
escasa colaboración material que encontraron en general por parte de las estructuras
partidarias.

“Sobre todo el P.C ponía material y seguridad para las pegatinas. Eran
cosas mínimas” (Adriana G.)

Queda claro que las mujeres jóvenes enfrentan una doble dificultad que no solo es de

122
Ibíd. (pp.61).
123
Cf. Caffarelli, Constanza: "Y mañana serán mujeres de bien..." Estigma, control del cuerpo
y avasallamiento de los derechos sexuales en adolescentes institucionalizadas. Actas del
Cuarto Congreso Chileno de Antropología, del 19 al 23 de noviembre de 2001 en el
Campus Juan Gómez Millas de la Universidad de Chile.
http://rehue.csociales.uchile.cl/antropologia/congreso/s0902.html.
124
Son las únicas que lo expresan.
125
Esta “minoría de edad hace referencia tanto a lo sexual como a lo generacional, pero en
ambos casos, en la práctica se tradujo en prácticas discriminatorias como por ejemplo el hecho
de la escasa colaboración material que encontraron en general, por parte de las estructuras
partidarias.
126
Esta situación es también advertida por militantes de la U.E.S., U.J.S., F.J.C
entrevistados. Cf. Egea N.F. y Salvatierra G.N. “La U.E.S. en Tucumán en los ’80. Una
aproximación a la Militancia Estudiantil Secundaria”, en Actas del Vº Encuentro Nacional de
Historia Oral: “Investigación, Metodologías y Prácticas” Capital Federal, Argentina (2001)

112
género Por un lado, es supervalorada la juventud en el género femenino quedando muchas
veces atrapadas por estereotipos (sobre todo estéticos), y sometidas a sus exigencias , pero al
mismo tiempo inferiorizadas porque no tienen autoridad, no tienen legitimidad, no tienen
reconocimiento en la toma de decisiones y no tienen reconocimiento en sus habilidades.127
La discriminación sexual de parte de los varones del partido radical es constante y es
advertida por una de nuestras protagonistas, aunque aclara que solo ahora lo ve, ya que “se ha
formado en las cuestiones feministas”:
Amalia recuerda haberse sentido discriminada constantemente, es más, admite la fuerte
estructura ético machista de parte del Partido:

“... en las reuniones en que debatíamos ideas, a nosotras siempre nos


mandaban a escribir,... , ellos armaban las listas y nosotras íbamos a
escribir. Los varones hacían las roscas, tenían el poder de asignarnos
los lugares y el que hacer, en realidad ellos nos asignaban lo que para
ellos eran las tareas subalternas. Los puestos importantes nunca eran
para nosotras en el partido.
... cuando protestaba, y les hablaba del feminismo, se reían y me
decían: agradecé que te estamos escuchando y no te mandamos a la
cocina...” (Amalia)

Esta protagonista en su análisis acerca de la situación narrada, si bien ve como un error de


sus compañeros el hecho de discriminarla, reelabora lo sucedido en su sistema de valores
invirtiendo la polaridad de la situación de subordinación, argumentando que ellos se equivocan
al mandarla a cocinar o escribir pues estas tareas en realidad son importantísimas sino
fundamentales, pues ellas llevan implícitas una gran cuota de “amor”, pues alimentar y pasar
en limpio las reflexiones son actividades de “servicio”.
Además:

“... el hecho de ser mujer, de ser discriminada, me enriquecía porque


permitía que se me acerquen gente con mucho sufrimiento y me
contaran sus problemas,..., cosa que con los varones quizá no
hacían.”(Amalia)

La situación no es la misma para Andrea, quien por otra parte durante sus estudios
universitarios llegó a ser una de los referentes máximos de Franja Morada e incluso la primera
presidente mujer de la Federación Universitaria de Tucumán, quien no reconoce abiertamente
haber sufrido algún tipo de discriminación sexual, aunque admite también que los varones las

127
Cf. La edad más densa de la vida de las mujeres. Entrevista a Marcela Lagarde por
Gabriela Cob y Fernando Francia.
http://www.cosmovisiones.com/habitacionpropia/cont/lagarde.html

113
mandaban a llevar las banderas dentro de las marchas y el carácter machista del partido, lo
mismo en el énfasis que pone al recordar su experiencia como la primera mujer en lograr la
presidencia de la Federación Universitaria de Tucumán, énfasis que solo deja entrever que ella
también lo considera como un logro inusual para su género.
Al margen de la militancia y sus prácticas políticas, las entrevistadas no manifiestan
claramente tener conciencia de conflictos y situaciones vivenciales de marcado sexismo y
discriminación, en realidad sus reflexiones son en numerosas ocasiones contradictorias. En
general no perciben discriminación hacia ellas pero adjudican al radicalismo un carácter
absolutamente machista en sus prácticas y estructuras.
Consideramos, siguiendo a Marcela Lagarde, que la identidad juvenil es prioritaria a la
identidad de género. Esta identidad juvenil es utilizada para asuntos de política o de encuentro
entre las mujeres, quedando la identidad de género relegada sólo a aspectos familiares o de
amistad.
Muchas veces no se trata de que las mujeres jóvenes no sepan que son mujeres; lo saben,
pero eso no es suficiente para aliarse, para hacer cosas juntas (en el sentido de las
reivindicaciones de género), más allá de ser amigas o parientas entre sí. En el horizonte
cultural prevalece la identidad juvenil o la identidad estudiantil como si fuera neutra, como si no
tuviera género.
Siguiendo a esta autora, se produce en tal sentido, una convocatoria muy fuerte hacia las
mujeres para hacer cosas, participar, actuar, sin importar su condición de mujer. Las mujeres
jóvenes, como todas las mujeres, son convocadas a no poner en primer término su identidad
de género, sino a actuar como si eso no tuviera una importancia política, social, para la acción,
para el encuentro.128
Interrogadas sobre si tenían recuerdos de sexismo en su experiencia política, nos
responden:

“…cuando hacía crisis por impotencia o nervios, mis grandes


apuntaladores han sido los varones... lo que pasa que el P.C., creo que
tiene una cultura de incorporación femenina distinta. …y también tengo
una cultura familiar de no hacerme problema por la diferencia, y no
tengo registro si alguna hombre haya tenido problema de que yo era
mujer pero yo tener problema para posicionarme donde estuve no tuve
ningún problema.” (Adriana C.)

“… no, el tema iba como por otro lado, nos sentíamos como pares, el
tema de la mujer no existía.” (Mariela)

“… creo que a los 16 o 17 años nadie se siente discriminada, las

128
Cf. La edad más densa de la vida de las mujeres. Entrevista a Marcela Lagarde por
Gabriela Cob y Fernando Francia.
http://www.cosmovisiones.com/habitacionpropia/cont/lagarde.html

114
relaciones que tenés con tus pares es de pares. No se me hubiera
ocurrido ni pasado por la cabeza la militancia feminista a los 16 años”
(Adriana G.)

La importancia de la discriminación de las mujeres en política, más allá de lo que se pueda


observar en la política misma, remite a la disfunción de la palabra pública de la cual no
disponen quienes padecen discriminación. Por otra parte, la asociación que se realiza entre
política y poder dificulta el libre juego del género con las instancias partidarias, ya que se
supone que las mujeres no deben aspirar al poder.129
Por último, vemos que si bien la experiencia por nosotros estudiada queda también acotada
por el egreso de sus respectivos colegios secundarios de nuestras entrevistadas, su militancia
politica no concluye, sino que en general, continuarán militando en la universidad. Es así como
al egresar de sus colegios Secundarios pasaron a integrar los cuadros militantes de los
distintos partidos y su representación universitaria, participando políticamente en cada una de
las facultades en donde realizarán sus carreras de grado. Haciéndolo incluso, algunas de ellas,
en la Federación Universitaria de Tucumán.
Es decir, que su participación política no concluye, sino que trasciende el ámbito estudiantil
secundario para incorporarse definitivamente en la vida política partidaria.

Conclusión

La crítica feminista legó a la comunidad científica el concepto de género, herramienta útil en


el análisis de la sociedad y sus relaciones, mostrando como las mismas estaban montadas
sobre estructuras jerárquicas, dentro de las cuales, la mujer llevaba la peor parte. Y como su
vida quedaba enmarcada en roles sociales que la confinaban a las tareas pertenecientes a la
esfera de lo privado, espacio al que por cierto no pertenecía la política.
Las entrevistas realizadas a los fines de este trabajo, demostraron las dificultades que las
adolescentes debieron sortear, al comenzar a construir su vida en el espacio público y en el
privado, es decir a articular –difícil en el caso femenino- lo individual y lo social.
Así, nuestras entrevistadas, emprenden el relato percibiendo la experiencia puesta en
cuestión, como el inicio de su vida pública, confiriéndole a la militancia, características que la
hacen pertenecer al espacio público.
Corroboramos en primer lugar, que tres ejes marcan la forma de concebir la militancia y
concebirse como militantes: el colegio, espacio con características muy particulares; una
estructura familiar con tradiciones político-culturales muy marcadas y el adoctrinamiento
partidario como fundante de una base estrictamente política.
Por otro lado, que la construcción de espacios masculinos y femeninos en las prácticas
políticas de las distintas agrupaciones, es llevada a cabo por los varones de las mismas, a
través de la imposición de actividades materiales y simbólicas que dejaban a sus compañeras

129
Cf. Giberti, Eva: La discriminación de la mujer en América Latina. (pp.119).

115
subordinadas ante el espacio masculino, y en una condición de “minoría de edad”. Esto aun
cuando alguna de nuestras entrevistadas no se muestren concientes de ello.
Aquellas que decidieron militar fueron las encargadas de limpiar y acomodar el comité,
preparar el café o los refrescos, pegar los sobres y cuanto mas, atender a otras mujeres que
llegaban hasta la sedes de los partidos políticos en busca de asistencia social.
Contemplamos a partir de los relatos proporcionados por nuestros/as entrevistados/as, por
un lado, una clara discriminación generacional sufrida por todos/as los/as militantes de las
diferentes agrupaciones políticas del nivel medio de parte de sus estructuras partidarias, y por
el otro una igualmente notoria discriminación de género.
Vemos además en esto último, dos situaciones contrapuestas. Una de nuestras actoras
expresa en forma notoria haber percibido la experiencia discriminatoria. Hubo en ella una toma
de conciencia, un reconocimiento de tal situación, pero para no victimizarse gira la valorización
del hecho discriminatorio, llegando a expresar que el “ser discriminada la enriquece”. En
general, para el resto de los/as entrevistados/as esto pasa desapercibido, prima por sobre
cualquier cosa la problemática adolescente. Como lo afirman: no son mujeres, son pares.
En el otro extremo, otra testimoniante, no admite haber sufrido discriminación, sin embargo
acepta y afirma que el partido al que pertenece es absolutamente machista en sus prácticas y
en todos sus cuadros. Cabría preguntarse entonces, ¿es entendible la presencia del machismo
sin la práctica discriminatoria?, es que ¿existe realmente el machismo no discriminador?.
Mientras que en las agrupaciones estudiantiles analizadas, sobre todo las ubicadas a la
izquierda del espectro ideológico, existe una tradición de incorporación de la mujer más
significativa, en Franja Morada Secundarios, en Tucumán y en el período estudiado, no se nos
presenta como la excepción en cuanto a la media de las estructuras agrupacionales de este
tipo, todo por el contrario, es un claro ejemplo de estructura machista patriarcal, discriminatoria.
A pesar de lo analizado, cuando observamos liderazgos llevado a cabo por mujeres; -
aunque ellas no se reconozcan así-, nos referimos a que todas las tomas de decisiones
pasaban por ellas, siendo además, las referentes e interlocutoras válidas de sus agrupaciones
para el resto de las mismas. Sin embargo no consideramos estar en presencia de un proceso
de empoderamiento, ya que dichas decisiones políticas serán tomadas en virtud de un poder
totalmente masculinizado, sin rozar siquiera el tema del “ser mujer”, sin plantear la problemática
de la feminidad y sus conflictos; sin producir, o poner en debate, la construcción identitaria
propia.
Estas líderes lo fueron, por una práctica incansable y desinteresada, en donde los
planteamientos de género y la construcción de una identidad femenina en sus actividades, no
existieron, sino que sus expectativas se centraron en la búsqueda de objetivos comunes a
ambos sexos, utilizando distintas estrategias.
Esto quedará comprobado en los objetivos de sus luchas políticas, no intentando ir más allá
de reivindicaciones estudiantiles específicas o cumplir con directrices emanadas por el partido
de pertenencia.
Cada una de nuestras entrevistadas tuvo las características típicas de los adolescentes. Sin

116
embargo rompieron únicamente en lo político ese molde cultural que les era impuesto (miedo a
la militancia por ejemplo), pues sólo advertimos una identidad en construcción: la de
adolescente.
Es decir que no podemos hablar de construcción de una identidad genérica, sino de esa
identidad que prima a cualquier otra y que se construye entre pares, demostrando o haciendo
patente la reproducción de mandatos sociales en la imposición de roles a la mujer que no
contribuyen a la construcción de espacios más igualitarios dentro de la experiencia política y al
debate general de las condiciones de desigualdad social y política, que producen desde ya,
desiguales destinos entre los sexos.
Como reflexiones finales podríamos sintetizar que la incorporación de la mujer a la
educación media y superior, al trabajo remunerado en general y sobre todo al trabajo
profesional cualificado son factores que cuestionan el sistema de roles específicos de género.
La desigual distribución de las responsabilidades familiares y sociales en función del género,
que aun permanece, actúa de freno para que la mujer pueda acceder, permanecer, competir y
ascender en iguales condiciones con los varones, tanto en los puestos directivos de carácter
político y económico como en el mercado de laboral.
Queda claro así, que a la batalla de la participación política, la mujer la libra previamente en
espacios intermedios como lo son la familia, los niveles educativos-profesionales, la
incorporación al mercado de trabajo y los cambios culturales respecto a la concepción de los
roles del varón y de la mujer.

117
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Periódico La Tarde, Tucumán, 1981 a 1985
Material de entrevistas relevado entre 2002 a 2004

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