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El hombre recibe esos dones agradecido y los hace fructificar con

la ofrenda de su trabajo cotidiano. Entre las vides o en el interior


de las montaas interpreta el latido de la Madre Tierra trazando
su destino en los surcos y tallando en la roca el pasado y el futuro
de su raza. La estirpe de la tierra se abraza a las infinitas
posibilidades de progreso que le ofrece la Pachamama en el rico
suelo malargino.