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P R I M E R A E N D E C H A

Me acabo
de caer...

La culpa es
de Voltaire...

Una bala me dio...

La culpa es de

Rousseau...

Pajarillo...
soy yo...

La... culpa
es de...

No sé el
paternóster...

La culpa es de

Vol...
taire...
Rou... sseau...

7
Soulac, Tarn-et-Garonne,
enero de 1935...

8
Está...
rezando...

9
Dios te salve, María,
llena de gracia...

El Señor es
contigo...

*

...y bendito es
el fruto de tu
vientre, Jesús.

Bendita eres
entre todas
las mujeres...

Santa María, ...ahora y en la hora de
M... Madre de nuestra muerte...
Dios... ruega
por nosotros
pecadores...

Amén.

* EL ASESINO DE LA VENDIMIA ARRESTADO EN DELITO FLAGRANTE EN BURDEOS

10
¿Roland?
¿Roland?

Nos... ¿Las oye?
Nos están Nos están llamando...
llamando...

¿Qué?
¿Quién,
Roland?

Las campanas. Oh, no, no se
Nos están inquiete. Solo
llamando... están dando
la hora.

Es
curioso, las
campanas...

Ah, bueno... ¿Sí?

... Dígame, Roland,...
Solo me
evocan la Shhh... Acérquese,
muerte. padre, acérquese...

11
Me llaman como nos
llamaron a todos...

Todo empezó
con ellas...

Aquel agosto
de 1914...

La guerra es
algo muy ruidoso.

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Imágenes del horror ancladas en lo
más profundo de la memoria como
Muy sensible,
una vieja ostra a un naufragio...
en realidad... Ruidos ensordecedores...

Olores sofocantes y tan penetrantes
que años después aún se puede sentir
el hedor dulzón...

Pero si quisiera resumir la guerra, me quedaría con el
tañido de las campanas con el que empezó todo...

Después,
el silencio. Ese silencio que solo la guerra puede
engendrar. Espeso como en el vientre
de una madre bajo la tumba.

Espeso como millones de silencios
que se encabalgan y se superponen
los unos a los otros.

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Los que allí estaban no
tenían más que papel barato
podrido por la humedad para
hacer resonar su voz, una
última vez.

*

Querida familia: no es fácil
encontrarse así, bruscamente,
en primera línea.

**

* Querida madre: te escribo estas líneas desde la trinchera en la que estamos desde el domingo por la noche. Anoche pasamos a la primera línea, pero no sé qué pasará, esto es espantoso.
Daría lo que fuera por estar lejos de aquí. En fin, esperemos que al menos ** Amada mía: es con gran desamparo que te escribo y, si Dios y la Santa Virgen no me prestan su asistencia, será
la última vez;
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Mi hermosa piel de porcelana
se torna, cada día un poco más,
del color del barro.

Ya no aguanto este frío que endurece Me gustaba tanto la noche.
mi piel antes de resquebrajarla
lentamente, de cortarla centímetro
a centímetro...

Su envoltura intrigante y Pero la noche aquí es un
dulce y las promesas sordas ataúd y los cuerpos que se
que anuncian la proximidad acercan no traen más que
de los cuerpos. la muerte.

Quedan tan lejos las madrugadas
cálidas del verano en que desde
la ventana admiraba el desfile de
¡Dios mío! Prometo que jamás nuestros bellos soldados y les Los caballeros de brillante armadura
volveré a quejarme del calor ordenaba abalanzarse sobre el roja y azul no son más que bestias
de los hornos. enemigo a cambio de mi de pelo y arcilla...
pañuelo blanco.

Y hace tiempo que mi
pañuelo se convirtió en
una venda inútil, un trapo
empapado en sangre.
¡Ay! No es fácil
ser mujer,...

Pero he recibido
mi merecido:
el fruto de mi ¡Adiós!
imprudente necedad y Joséphine Taillandier
de mi ordinaria cobardía.
* Creo que nunca he estado tan sucio. Lo de aquí no es un lodo líquido como en la Argona. Es un barro de arcilla espesa y pegajosa. En esta época de lluvia, la tierra de las trincheras se
desploma, revelando cadáveres. Hay huesos y cráneos por doquier. ** Uno se pregunta cómo podemos permitir que pasen cosas así. No

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Joséphine Taillandier nació en Méricourd,
un pueblo cuyo principal mérito era
encontrarse en la intersección de los
caminos que llevaban a Reims, Châlons-
sur-Marne y Verdún.
Por eso había casi tantos
posaderos y taberneros
como campesinos y
viticultores.

La señorita Taillandier, con
17 años recién cumplidos,
servía para uno de ellos,
en «La Champaña feliz».

A finales del verano de 1914, esa
ventaja geográfica fue la desgracia
del campesino cuando la trinchera
asesina sustituyó pronto al surco
abastecedor en todos sus campos.
Pero a principios de 1915
seguía haciendo feliz a los
traficantes de licores.

La guerra se había
acuartelado a solo
unos kilómetros. A
veces enviaba algún
obús, pero, sobre
todo, arrastraba
a una marea de
soldados que o
subían al frente y
bebían para sacar
valor o volvían de
él y bebían para
olvidar el horror.

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¡Eh, Joséphine!
Abre los ojos,
si aún puedes,
Gaston, y verás
que no estás solo.
Ya le llegará el
turno a tu vino.

¡Mi vino!
¿Vas a plantar el
viñedo antes de
servírmelo o
qué?

Sí, y el mío, mi turno
Bah, si así
también llegará, ¡y aún
eres menos
tendré el gaznate seco!
baboso, nadie
se quejará.

¡Ja, ja, ja! ¡Es
ligera de lengua,
la chiquilla!

De lengua y de Observa, retaco, y verás
cascos, ¡y vaya cómo voy a complacerlas.
posaderas!

¡Hola, preciosa!
¿El vinazo no
quiere ir a la
retaguardia?

¿O prefiere tu
retaguardia ir
¡Mira cómo esas nalgas
piden dejarse ver! al soldado?

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¡Te va ¡Te voy a reventar la cabeza
a salir muy hasta que pidas
caro, zorra! perdón, desnuda
y de rodillas!

¡Soltadme,
panda de
inútiles!

¡Basta ya,
Choffard, o ¡Si te cruzas
acabarás a en mi camino
la sombra!
te desangro
como a una
cerda!

¡A ella voy a Ese soldado se llamaba Albert Choffard, segunda clase en
dejar yo sin sombra! el 1420 de infantería de Lozère. Aún no lo sabía, pero lo que
¿Me oyes, puta? debía haber sido una simple noche a la sombra, terminaría
por llevarlo al paredón.

Solo una semana después de ese incidente, se encontró el cuerpo de la muchacha
durante las labores de ampliación de una trinchera, apenas enterrada en la En su blusa había una carta de
primera línea bajo una fina capa de tierra helada. despedida, escrita por su asesino...

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No tenía sentido investigar más. Se estaba preparando una gran ofensiva.
Además, no había tiempo. Había un cadáver y hacía falta un asesino.

Le tocó al soldado Choffard.

Y si no fue él, su ejecución serviría
de ejemplo a los demás.

Porque esa creencia era una ilusión. Menos de dos semanas
después, me encontré empujando la puerta de «La Champaña
combatiente».

O al menos eso creían.

19
Buenos
días.

Un café con leche,
por favor.

En asuntos criminales, siempre he creído Todo ello ayuda a meditar y a desvelar
en la importancia de la «inmersión». poco a poco todas las pistas; una de
Impregnarse del lugar, de la atmósfera, ellas será la que, al final, conduzca
de los rostros, de las formas de ser y a la resolución del caso...
de actuar...

20
Siempre que se pueda, hay que hacerlo con la mayor
discreción posible para no perturbar el orden de lo
que se estudia.

Esta vez, y eso que aún no me encargaba oficialmente No importa. Lo ideal es siempre inaccesible.
de aquello, la voluntad de discreción parecía ser ya
una causa perdida...

Disculpe,
¿podría
ayudarme?

Venga, Pérez,
te toca: ¿juegas
o esperas a que
termine la guerra?

Por
supuesto,
teniente...

¡Ah! Teniente, por desgracia
Busco una el pueblo está lleno de ellas.
tumba. ¿A quién busca? ¿Civil o militar?

Militar. La
tumba del Albert Choffard.
soldado
Choffard.

21
Hhmm...

* muerto por culpa de las mujeres

22
Por favor. Gracias.
Adelante. Mis disculpas,
teniente.

Dios te salve, María,
llena de gracia,
el Señor es contigo...

...ahora y en la hora
de nuestra muerte, Amén.

Qué gran ¡A ver! ¡En el
¿Eran amigos? frente todos
majadería y
qué gran miseria lo somos un
es todo este poco!
asunto...

23
El Choffard era Se dejaba llevar por
de la escuadra el beber y, para un
nuestra... No era pueblerino, hablaba más
un mal muchacho, del culo de las mujeres
no de los peores. que el de las vacas, con
todo respeto, mi
teniente.

Pero ¿qué quiere?
Veinte años recién
cumplidos, así que
ya ve...

¿Por eso le han ¡¿?!
escrito «muerto A saber... En cierto modo
por culpa de las no es del todo mentira. No
mujeres»? hemos podido venir antes.
Tras la... bueno, la muerte del
Choffard, nos hemos visto
junto a los coloniales en la
«mano», ¡ocho días seguidos!

¿La «mano»?

¿Y cómo quieres que la
¡Pues claro! ¡«La mano conozca? Desde donde pasa los
de Massiges»! No es más días, ¡se necesitan unas lentes
que barrancos y pendientes considerables para atisbar
repletas de ametralladoras el frente!
boches. ¡Una ratonera para
los peludos! ¿No la conoce?

Sí, bueno. Pero ¡ocho días arrastrándonos
por esas malditas colinas! ¡Ni que fuésemos
todos culpables de lo de la moza!

Nos han relevado
esta mañana, por
eso hemos venido a
devolverle lo que
queda de sus cosas.

24
En todos los sentidos, Le pedimos
sí. El Choffard tallaba la que tallara un
madera mejor que nadie, amuleto para la
¡y con un simple cuchillo! sección y nos
hizo esta.
¿Era
suya?

Siempre que podía
tallaba y tallaba
sin parar. Pipas,
ceniceros, animales
y figuras...

Decía que la figurilla ¿Por qué una madre?
representaba a todas nuestras ¿Por qué no una mujer? Ya se lo he dicho,
madres, que velaba por nosotros. teniente. ¡Veinte años
tenía apenas! ¡Y no
era el más joven
de la sección!

Ya ve, aparte de
mí y del Arsène,
Y desde ¡ni uno ha pasado
entonces, por el altar! Sus
me crea o madres son las
no, no nos únicas mujeres
hemos llevado que conocen.
grandes golpes.

¿Qué, Julot?
¿Has terminado Es
de darle al pico? verdad...

Aún tenemos
que asearnos
antes de la
pitanza.

Venga,
vámonos.

Bueno...
Un placer,
teniente.

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Dígame...

¿Y cómo podrían
Los gendarmes con lo que está
no caen muy bien pasando?
por aquí, ¿no?

No es culpa mía. No fui yo quien condenó Tiene razón, Arsène.
a vuestro compañero, De la investigación se
que yo sepa. ocuparon los
oficiales.

Pero te digo una
cosa: que el ejército
se empiece a distraer
con la policía, ¡no
presagia nada bueno! ¡Oficial o policía, da igual! Unos nos
Mejor sería alguien envían al frente y otros nos impiden
de los nuestros. volver de él. ¡Y ahora nos llevan
directamente al paredón hasta
siendo inocentes!

Todo por una muchacha que
se habrá hecho desnucar por un
boche por querer hacer turismo
en la primera línea.

¡Así que ahora
cierra el pico, Julot,
o podrías ser el
próximo!

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¡¿Ah, sí?! ¡¿Sospechas?! ¡Y un carajo!
¿Y qué pasa con la carta que estaba
sobre la
mocosa?

Parece estar convencido de la
inocencia del soldado Choffard.
Sin embargo, es normal que
haya sospechas, ¿no?

Porque puede que
Choffard tallase la Si podían sospechar
madera bien, ¡pero de Choffard, ¡también
jamás tocó un lápiz! podían pensar en el
¡Un manco ciego como autor de la carta!
un topo podía escribir ¿Y dónde está, eh?
mejor que él!

No lo sabía,
¡¿verdad?! Los
señoritos oficiales
tampoco lo sabían.
¡Ah, no! ¡Nadie
preguntó!

Le habrán volado la cabeza
a nuestro compañero, pero
¿acaso se ha cerrado el
asunto? ¡¿Eh?! ¡¿Acaso
se ha cerrado?!

27
No...

No se había
cerrado...

*

* MARIETTE VAUGUENARD ENTERRADA EN LA INTIMIDAD. La joven monja asesinada en primera línea en el frente de la Champaña ha sido enterrada ayer en la estricta intimidad. Aún se desconocen
los detalles de este atroz asesinato, pero no se descarta la presencia de un merodeador alemán particularmente perverso. Por ello, las autoridades recuerdan que los civiles tienen
absolutamente prohibido acercarse a las líneas del frente.
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Tres días después de la ejecución del
soldado Choffard, Mariette Vauguenard,
Esta vez no estaba
enfermera del Servicio de la Cruz Roja
bajo una capa de
en Méricourd, había sido encontrada
tierra. No. De pie,
en una trinchera abandonada de la
con un fusil en la
primera línea.
mano y en posición
de tiro, apoyada
sobre el escalón.
Pero también tenía
el cuello rebanado.

Y, lo más
importante, una
carta de despedida
en uno de los
bolsillos, escrita
por su asesino.

Para esta nueva investigación se adoptó un enfoque distinto, pero igualmente radical.

¡Soldados!

Aunque
me cueste tanto
como a vosotros,
¡mantendré mi
palabra!

29
Nadie puede hacerme creer que
se puede llevar a una enfermera a la
primera línea y después masacrarla sin
que nadie haya visto u oído nada
sospechoso.

¡Espero oír pistas, sospechas
o incluso denuncias! Si no encontramos
al asesino, haremos...

¡¿?!

¡No se
muevan!

¡Les prohíbo dejar este
campo! ¡Al próximo que rompa
filas, disparo sin vacilar!

30
¡Firmes,
demonios!

¡Será imbécil!
¿Acaso piensa
seguir con el
interrogatorio
mucho más? Está
claro que los
alemanes nos han
visto. Tenemos que
dispersarnos si...

¡Que ¡Larguémonos!
vuelven!
¡Seguidme! ¡Hacia
las trincheras!
¡Deprisa!

¡A
cubierto,
maldita
sea!

¡Maldito fantoche!
¡Estúpido patán! ¡Casi hace
que nos apiolen a todos
por la maldita muchacha!

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Aunque la guerra se había especializado en el asesinato en masa legal, había que
reconocer que era muy poco compatible con los asuntos policiales, por naturaleza
mucho más singulares. Y el caso, como la víctima, fue finalmente enterrado sin
que nadie tuviese objeciones al respecto.

Dichosos los
que han muerto
por la tierra Dichosos
carnal, con tal los que han
que fuera en una muerto por
justa guerra. cuatro palmos
de tierra.

Dichosos los
que han muerto
con una muerte
triunfal.

32
Dichosos los que han
muerto en una justa
guerra. Dichosas las
espigas maduras y el
trigo sesgado...

Teniente Capitán
Vialatte... Janvier.

Soy el ordenanza
del general Berthelot.
Lamento hacerle esperar.

No se preocupe; como
ha oído, aprovechaba para
recordar al gran Péguy.

Un gran hombre, sin duda, que Dicen que murió espada en mano,
vivió su vida acorde arremetiendo contra el alemán que
a su obra. tenía enfrente. «Muerto en una justa
guerra»,
sí...

Siempre me pregunto por qué llamó a este poema
«Eva», pues en él habla más de la guerra que de
nuestro venerable antepasado.

Lo que podía haber
llegado a escribir me
faltará, pero lo que
dejó escrito me
acompañará siempre...

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En medio de este tormento, Sobre las obras
la biblioteca es un remanso de de Péguy puedo
paz, pero apenas encuentro hablar sin parar,
con quién dialogar en ella. capitán...
¿Le gustaría a usted?

El general Berthelot le
pide disculpas. Una reunión
del Estado Mayor lo va a
mantener ocupado un
poco más.

¡Entonces, tenemos
una cita! Cuando la
triste historia que le
ocupa le deje un rato
libre, por supuesto...

Mientras esperamos, hemos
instalado lo que nos ocupa
en las dependencias que nos
hacen de hospital de campaña
para oficiales.

Sígame, es por
aquí. Tenemos que
atravesar el edificio
para llegar a él.

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