Sanar la Vida

Dr. Jorge Carvajal Posada
(Diciembre 2000)

JORGE IVÁN CARVAJAL POSADA

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Licenciado en Medicina y Cirugía por la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia.

Ha sido profesor en la Universidad de San Martín, en la Universidad CES de Medellín y en la Universidad Nacional de Bogotá. Efectuó estudios de postgrado en Auriculoterapia, Acupuntura, Terapia Neural, Medicina Floral y Ayurveda. Experto en Medicina Bioenergética. Creador de la Medicina Sintergética. Miembro fundador de la Asociación de Médicos e Investigadores en Bioenergética (Amibio) ha pertenecido a su Junta Directiva en varios periodos. Editor de www.davida-red.org. Autor de los libros "Aventuras por los caminos de la Bioenergética: un arte de curar" (Editorial Luciérnaga) y "Contextos de Sintergética", Láser y Sintergética", "El fuego del amor", "Agua y cielo en el sendero" y "Por los senderos del alma", todos en Editorial Viavida. Autor de numerosos trabajos de investigación. Ha desarrollado aparatos softlaser para tratamiento en Sintergética, equipos RAM (Resonadores de Arquetipos Mórficos), equipos de cromoterapia e isobacks. Ha impartido numerosos cursos en diversos países, especialmente en Estados Unidos, España, Argentina, Venezuela, Chile, Ecuador, Perú, Guatemala y Cuba. E-mail: jip@epm.net.co Web: www.davida-red.org

Nota del Autor
El lector podrá comprobar el grado de utilidad que la enseñanza aquí ofrecida tiene para él en este momento, mediante la práctica y el ejercicio de la intuición. Si la instrucción suministrada eleva la aspiración y la voluntad de servir desde el plano de las emociones al plano mental, si permite a cada lector desidentificarse de la ilusión y conectar más con su esencia, entonces se habrá cumplido el propósito; si no es así, no se acepte lo expuesto. Jorge Carvajal P. JCP NOTA EDITORIAL

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Estas páginas contienen el Seminario del Dr. Jorge Carvajal organizado en la ciudad de Sitges en Diciembre del 2000. Están transcritas con la cuidadosa intención de conservar en cada línea, el alma del autor, su ritmo y su poesía, con la esperanza de que a través de las palabras, pero fundamentalmente más allá de ellas, el lector despierte a la realidad de su esencia eterna. El trabajo de transcripción fue posible gracias a la colaboración de Ma. Antonia Durán, Margarita Clar, Carmen Pérez y Ma. Eugenia Peñas. Al final se adjuntan con su formato intacto algunos de los textos que han salido en la Página Web de la Red cuya dirección es: www.davida-red.org Nuestro propósito es que todos los seminarios que ofrecen la síntesis del trabajo de más de 20 años de investigación y clínica se editen y sean accesibles, como cuadernillos, libros o a través de Internet.

Feliz Navidad por anticipado, feliz milenio.

Sanar la Vida I

Hoy vamos a empezar hablando de la cordialidad. Obviamente que de la cordialidad es poco lo que se puede hablar ya que es una palabra sagrada, es la clave de la apertura amorosa. La apertura amorosa es la clave de la amistad, de la amabilidad, de la cordialidad, del amor y de las relaciones humanas. Todo comienza ahí, cordialidad viene de corazón. Cuando tú partes del corazón en la relación humana estás partiendo de tu cordialidad y estás eliminando todas las barreras,

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todas las fronteras, todos los juicios, todos los prejuicios, todas las intolerancias y estás en el mínimo común denominador de tu humanidad. La humanidad comienza donde se expresa la cordialidad. La cordialidad está antes de la buena voluntad, antes de la igualdad, de la fraternidad, de la libertad, de los derechos humanos, de la hermandad. La cordialidad es la única forma a través de la cual nosotros podemos entrar en comunicación, si no hay cordialidad no hay empatía, no hay simpatía, no hay comunicación. Así que ahora vamos a empezar el seminario tomándonos de las manos, conectándonos con el corazón. Cordal y cordial son aquellas cosas que vienen del corazón. Cerramos los ojos unos instantes, nos conectamos al interior de nuestro corazón, llevamos a nuestro corazón una imagen vivida, que evoque pasión, que evoque amor, que nos conmueva, puede ser un atardecer en el mar, la mirada amorosa de la compañera o el compañero, Dios, esa imagen que realmente nos conmueva profundamente desde el corazón. Sentimos la imagen ya no como una visión sino como un fuego interior. Dejamos que esa llama arda, que penetre todo nuestro cuerpo, dé calidez a nuestra piel y concentramos ese fuego interior en nuestras manos. Ahora sentimos que podemos desplazar toda esa cualidad, todo ese calor de nuestro corazón que llamamos cordialidad a nuestras manos y vamos a compartir, la cordialidad surge cuando compartimos desde el corazón, dejemos que esa llama fluya hacia los demás, acojámosles desde nuestro corazón, allí desde siempre te conozco, desde siempre en el corazón te reconozco, aunque sea la primera vez que te veo, el corazón te reconoce porque tú eres parte de mi y yo soy parte de ti. Ahora me puedo mirar en tus ojos y reconocerme, ahora te puedes mirar en mis ojos y reconocerte. Ahora mas allá de la piel y del cuerpo somos parte de un mismo fuego fundamental, de una sola llama, la llama de nuestra humanidad. Vamos a compartir esta humanidad, nos levantamos un segundo, nos damos un abrazo, un abrazo que venga desde el alma, que nazca desde nuestro corazón y circulamos cinco minutos, solamente cinco minutos por el salón y abrazamos a quien nos provoque abrazar. Observamos la vida, compuesta por caras: lo blanco, lo negro, la luz, la sombra, lo celeste, lo terrestre. Pero esas caras no son opuestas, esas caras son las de la complementariedad. Este universo es un universo de reciprocidades. Surgimos a la vida, nacemos a la vida cuando nacemos a la reciprocidad. Todo genuino amor es recíproco aunque sea impersonal. Es el arte de dar y de recibir. Si tú no das y recibes en el mismo instante, eres incompleto, tú no estás amando. Si tú estás ahí para dar pero te cierras al recibir no puedes tener cordialidad, no puedes tener ternura, no puedes abrir tu corazón. Este mundo es un mundo de sensibilidad. La piel de la conciencia es sensibilidad. Conciencia es una piel del universo y su quinta esencia es sensibilidad. Todas las cosas reaccionan entre si, todas las cosas se relacionan, resuenan. La música del universo es una música de resonancia y esa resonancia está hecha de comunicación, de intercomunicación. Y allí donde hay apertura hay comunicación. Siempre tenemos un mínimo común denominador para comunicarnos, desafortunadamente nos atrapamos en la trampa de las palabras y el lenguaje, pero antes de las palabras está tu mirada, antes de las palabras está tu sentir que es total, antes de las palabras está tu humanidad, está tu piel, está tu evolución, están todos los electrones que saltan y danzan desde tu cuerpo generando una armonía alrededor de ti y yo puedo captar esa armonía sin que tú digas una sola palabra. Lo importante es cómo me siento frente a ti, lo importante en la relación no es que digamos o dejemos de decir, sino cómo nos vamos a sentir. Cuando se relacionen con alguien pregúntese antes que nada ¿cómo lo hice sentir? No qué le dijeron, no hagan ninguna evaluación de ningún otro tipo, salvo desde el código del sentir. ¿Cómo hacen sentir a un niño?, ¿cómo hacen sentir al abuelo? Es posible que sus discursos, aún sus discursos espirituales sean correctos desde el punto de vista del intelecto, es posible que la oración y la fórmula sea la correcta, es posible que sigan todas las recomendaciones del psiquiatra o del psicólogo, o

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todos los códigos de la ética, pero si no lo hacen sentir más humano, más íntegro y mejor, Uds. no están reivindicando su humanidad, no se están relacionando como seres humanos. Se están relacionando desde el pasado, como autómatas, desde las programaciones, desde las expectativas, pero no desde el presente. La vida es un perpetuo abrazo. Podemos abrazar la vida o huir o atacar la vida. No existe otra opción. Cuando no estamos abrazando la vida, la estamos sufriendo, cuando no abrazamos la vida, nos estamos congelando. La vida es fuego, es fuego eléctrico, el fuego del amor. Es fuego magnético, es fuego de atracción. Es fuego de comunicación, es un permanente fuego. La vida es un viento que mueve el fuego y el fuego es el amor. Donde no hay amor estamos en pasado o en futuro, renunciamos al presente y cuando renunciamos al presente renunciamos a la vida. La vida es un movimiento de meditación permanente. Alguien me pregunta ¿qué es la meditación?, ¿cual es la fórmula de la meditación?, es muy simple: vivir. Porque cuando no estás meditando estás muriendo en términos humanos y cuando tú meditas aprendes. La ley de la vida es aprender. Cuando tú te sientes aprendiz eres humilde y si eres humilde tienes apertura amorosa y si tienes apertura amorosa tienes cordialidad y si tienes apertura amorosa más cordialidad tienes empatía, tienes simpatía, tienes resonancia, tienes comunicación fluida y tienes paz. Y no tienes paz porque conquistes la paz sino porque reconoces la paz que hay en ti. Todas las cosas estaban ahí: la paz, el amor, la libertad, la materia, la energía, la información, la conciencia, la perfección. No había que buscar la perfección, acuérdense. Ya éramos perfectos así como éramos. El único problema es que aunque las cosas estaban, éramos nosotros los que no estábamos. Cuando no somos humanos es porque no estamos en nosotros. Es porque hemos asumido un patrón de identidad falso, porque nos hemos negado nuestra sensibilidad, porque nos hemos negado a movernos interiormente, porque no hemos aceptado conmovernos. Es porque hemos ido al seminario para escuchar la voz del viento pero no permitimos que el viento golpeara nuestra cara en las aceras que nos acercaban a esta sala y sintiéramos el placer del viento. Es tal vez porque sentimos que el día era muy feo pero no comprendimos el lenguaje de los grises y el día está hermoso cuando es gris. Y el mar es mas hermoso cuando está enojado y la lluvia fresca también es hermosa porque la lluvia ablanda la tierra, porque la lluvia permite el milagro de las semillas y el milagro de las germinaciones, sin la lluvia no existiría primavera. La vida es como un fuego y ese fuego arde porque hay un leño, hay un leño maduro, hay un leño seco. Cuando Uds. prenden el leño y están frente a la chimenea, y están atentos, escuchan en ese fuego que se eleva la voz del viento y si abren los ojos y no ven el fuego van a encontrar la voz del viento que mueve los árboles, la voz del otoño y las hojas que caen también está ahí. Y cuando el fuego crece Uds. encuentran la lluvia que se acerca y cuando el madero explota Uds. encuentran el trueno que resuena, de tal manera que ahí en ese leño seco está un resumen de toda la naturaleza, de todos los elementos. Está la madurez de la tierra, la madurez del viento, del agua, de la tormenta, está el sol y la tierra fecundados en ese fuego y cuando Uds. ven en el fuego de la chimenea no sólo algo que los calienta sino un milagro que contiene todas las señales de la vida, entonces empiezan a conmoverse con el fuego y ya no necesitan que el fuego los queme para moverse. A veces nos movemos cuando la vida nos quema. No es necesario esperar a morir para que la vida nos queme, nos remuerda; no es necesario que la vida nos duela intensamente hasta la destrucción para que podamos despertar. Despertar a la vida es muy simple: es reconocer que en una sola cosa están todas las cosas si la observas desde tu corazón. En cada cosa están todas las cosas. En cada naranja están todas las frutas, en cada mariposa están todos los vuelos, está el sol, el aire, el paisaje, el silencio, la crisálida, los gusanos, la historia de la evolución. En cada migración está la historia de la conciencia cósmica que se mueve haciendo de cada individuo la célula integrante de un

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organismo inteligente y grupal. Cuando Uds. ven una mariposa o cientos de mariposas volar, están viendo el gran cuerpo de una conciencia que se mueve, el oleaje de un solo mar. Cada una de las mariposas que migran es apenas una ola dentro de un mar de conciencia colectiva. Y cuando tú aprendes a mirar así el mundo, conmovido, ese mundo se ve desde el corazón, entonces tú ves en el otro una ola parte de tu mismo oleaje, partícipe contigo del mismo océano de la conciencia. Y aprendes no sólo a tolerar sino a comprender, no sólo a comprender sino a amar. Y vamos pasando por esas distintas fases de la sensibilidad. Sanar la vida es rescatar la sensibilidad. Porque la vida nos regaló sentidos pero los tenemos embotados, porque el estrés nos llevó a refugiarnos en anestésicos y en analgésicos; y volvimos la religión, el conocimiento y la medicina, el arte de embotar los sentidos. Y convertimos la vida en el arte de embotar los sentidos para llegar a la ciencia terrible del no sentir. Y pensamos que si no sentimos estamos vivos y es todo lo contrario. Y pensamos que si no nos duele estamos sanos y es todo lo contrario. Desde el punto de vista médico hay una cosa catastrófica que es el estrés opiáceo, así se llama. El estrés opiáceo es un estrés del que no tienes escapatoria, es algo impredecible para ti, es algo que tú no puedes controlar. Y cuando tú no puedes controlar, cuando no eres dueño de ti mismo, cuando no puedes utilizar tu instrumento, el organismo emplea un mecanismo de defensa único y precioso que es liberar opiáceos endógenos, es liberar endorfinas, encefalinas y sustancias análogas de la morfina y de la heroína que conocemos. ¿Por qué razón?, porque el cerebro está equipado con receptores para esos opiáceos con el fin de amainar el dolor en los momentos críticos de la vida. Pero una vez que pasa la crisis pasa el estrés. Y has amainado el dolor y has podido sobrevivir. Sin embargo si tú vives en una crisis permanente, en una reacción de fuga permanente, si tú no encuentras la madre, el padre, esa figura interior en ti, si te expulsan del paraíso y no puedes encontrar un paraíso al interior, no te queda más remedio que fabricar un paraíso artificial, pero no es porque busques la droga fuera, frecuentemente ya estás drogado. Buena parte de nosotros como humanidad no sólo estamos dormidos sino dopados, estamos drogados, tenemos saturados los órganos de los sentidos. Miramos pero no vemos, oímos pero no escuchamos, comemos pero no disfrutamos y no nos nutrimos, hablamos pero lo hacemos desde la memoria y desde el automatismo y no desde la vida, utilizamos un cuerpo sufriéndolo pero no gozamos del cuerpo. Abrirnos a la vida es abrirnos a la inocencia, a la totalidad del cuerpo, a ese estado negentrópico de la infancia interior permanente. El Niño Dios nace en nosotros todos los días y no tan sólo los veinticuatro de Diciembre cuando somos conscientes de nosotros, cuando rescatamos la conciencia íntegra de ser lo que somos, de ser el cuerpo, de ser los deseos, de ser la piel, de ser el alma. En ese momento estamos renaciendo a la vida, renaciendo a los sentidos pero llenos de sentido. Ya no vivimos para embotar los sentidos y anestesiarlos sino que ya vivimos para abrir los sentidos, para despertar los sentidos, para vivir el dolor encontrando también en el dolor una oportunidad y un sentido. En ese momento, en ese instante, la vida empieza a hacerse significativa. Hemos perdido el significado, porque hemos perdido la sensibilidad, hemos perdido la sensibilidad porque hemos confundido la salud con la analgesia y con la anestesia y con el bienestar físico, emocional y mental y el estado perfecto de armonía que es el estado perfecto de muerte, porque cuando tenemos un estado perfecto y de armonía ya estamos muertos. La vida es desequilibrio, es crisis continua, es crecimiento, es un vórtice caótico. Si no tienes crisis, si no te duele la vida, si no te conmueves, estás muy grave aunque no te diagnostiquen un cáncer. Pero si tu tienes un SIDA, o un cáncer o una enfermedad terminal terrible y estás despierto y eres consciente de ti y eres consciente de tu crecimiento, de tu dolor y estás aprendiendo la lección así sea dolorosamente, estás terriblemente vivo, mucho más vivo que los muertos autómatas que deambulan por

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todas las calles de las grandes ciudades del mundo. Entonces morir o vivir no tiene nada que ver con estados perfectos de equilibrio, la vida es desequilibrio y el desequilibrio es significativo si nos aporta su lección que es aprendizaje. Empezamos a vivir cuando empezamos a aprender, pero empezamos a aprender cuando abrimos las antenas de los sentidos, cuando abrimos los ojos. Tenemos los ojos muy abiertos, pero los ojos del alma están cerrados. Cuando un hombre despierta el Cosmos abre unos ojos, el Universo canta en nosotros, está en nosotros, somos una estrategia de la conciencia universal para aprender. Dios aprende a través de nuestros ojos. Dios crea a través de nuestros sentidos, a través de nuestras manos. El Cosmos se contrae en nosotros y en la vida para expandir su conciencia. Nosotros somos antenas de expansión de la conciencia, pero hemos tenido la expansión y vamos en una infinita contracción, hasta la total negación, porque hemos negado el arte de liberarnos, el arte de entregarnos, el de expirar, el de morir, el de darnos.

Sanar la vida II

No nos hemos dado cuenta que si no moríamos no podíamos volver a nacer, que si no expirábamos no podíamos volver a inspirar, que si no nos entregábamos era imposible el éxtasis, que sin la renuncia a mí mismo es imposible completarme. Solamente cuando renuncio me completo, solamente cuando me desnudo y me hago vulnerable y me acepto tal como soy, le estoy dando mi nota al mundo. El mundo no me necesita mejor de lo que soy, el mundo no me necesita perfecto, ya me hizo perfecto, yo soy una nota única e irrepetible y vine a dar esa nota. Pero sólo puedo cumplir mi parte templando las cuerdas del instrumento, porque si mi instrumento está destemplado no emito la nota que vine a emitir, y si está templado por el perfeccionismo tampoco daré ninguna nota ya que mi cuerda se revienta. Vinimos a reconocer nuestro justo medio, el de nosotros, el noble sendero del medio, la complementariedad entre los opuestos, el abrazo de la vida. Cuando yo abrazo la vida encuentro mi otra cara pero cada uno de Uds. es la otra cara que yo necesito, cada uno de los otros es otra cara desconocida, es una aventura cósmica que Uds. tienen ahí para realizarse, para completarse, para complementarse, para darle sentido a la vida. Cada uno de los seres de la naturaleza es tu maestro y cuando tú eres sensible, cuando eres el aprendiz, cuando estás dispuesto a aprender la lección, entonces no sólo toleras la piedra sino que la incorporas, la haces parte de ti. Entonces el fuego no te quema y la vida no te destruye porque eres blando como el agua y te dejas permear de todas las cosas y empapas todas las cosas. La primera lección para sanar la vida es entonces tener un punto de partida. Generalmente tenemos objetivos y metas y deber ser. Tenemos una frontera del deber ser, tenemos un debería ser, tenemos una máscara que hemos construido. Una máscara de orgullo espiritual, una máscara de espiritualidad, una máscara de ciencia, de conocimientos. Una máscara de poder,

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una mascara de placer. Tenemos un Ego exterior que es el que mostramos al mundo y eso que mostramos al mundo es apenas una estrategia de adaptación. Es la cáscara, es el barniz, es la cara que le mostramos al otro para enamorarlo o para capturarlo o para atraerlo. Debajo de esa máscara existe la Sombra, allí donde está realmente lo que somos, nuestros impulsos, nuestras tendencias, nuestro egoísmo, todas aquellas cosas que hemos considerado negativas, todos los prejuicios que traemos desde la infancia, todas las cargas están debajo de esa superficie. Pero mas allá y al interior recóndito, oculto, muy dentro de ti, en el fondo de tu corazón, expresión del alma, está tu unidad nuclear, tu Ser, aquello que tú eres, aquello que tiene la nota clave, aquello que te da el sentido de vivir, aquello que te permite tener una dirección, un objetivo, hacer de la vida algo significativo. El problema es que desde la máscara es imposible reconocer al ser. El lío es que si no aceptas tu sombra no puedes reconocer tu luz. Si no pasas a través de esa capa intermedia del Ego con todas sus programaciones, es imposible acceder al núcleo de tu conciencia interior. Así que tenemos un punto de partida y ese punto de partida se llama la aceptación. La aceptación es que yo me acepto tal como soy, incondicionalmente. Grande o pequeño, blanco o negro, malgeniado o de buen genio, con tendencias e impulsos que no controlo, de todas maneras me acepto como soy. Porque aquellas cosas que no acepto están fuera de mi control. Aquellas cosas que no comprendo no me dan poder. Todas aquellas cosas que he reprimido, precisamente porque he reprimido tienen mucho mas poder. La Sombra tiene poder sobre nosotros porque la hemos escondido y la hemos reprimido. Si dejáramos de reprimirla y controlarla, automáticamente perdería su capacidad de controlar. Nosotros hemos creído que controlar es posible reprimiendo, hemos creído que las tendencias o los impulsos las podemos eludir. Ninguna cosa dentro de nosotros puede ser eludida, absolutamente ninguna. Todo está ahí manifiesto, controlándote, controla tu cuerpo, controla tus emociones, controla tus relaciones, controla tu salud, controla tu hígado, tu bazo. Todas las iras reprimidas están ahí actuando, la ira no es sino una autoafirmación. La ira no es negativa, lo negativo de la ira es no dejarla salir, es volverla una tendencia permanente de irascibilidad e irritabilidad, pero si tú no la contienes y la dejas salir, la ira tiene un propósito. Todos los sentimientos son buenos sentimientos, aun aquellos que hemos considerado malos, son buenos sentimientos. Se convierten en malos sentimientos cuando se vuelven resentimientos, cuando los dejamos atrapados. El miedo está ahí congelando tus riñones, actuando sobre tus huesos, sobre tu energía ancestral. La obsesión está ahí actuando sobre tu páncreas, sobre el metabolismo del azúcar, sobre el bazo y el chacra del bazo, sobre toda la circulación de la energía. El exceso de exaltación que no es alegría sino manía, está sobrecargando tu corazón. Todas las emociones se están inscribiendo en nuestro cuerpo y no sólo en nuestro cuerpo sino en el patrón de nuestras relaciones, así que no ganamos nada reprimiendo nuestras emociones. Si nosotros no liberamos la sombra no podemos reconocer la luz. Cada uno de los sentimientos negativos es apenas una sombra o una parte no desarrollada de un sentimiento positivo. En la ira está todo tu potencial. Una persona iracunda es una persona que tiene una energía ni buena ni mala, una energía que puede volver autoafirmación. Una persona obsesiva es una persona que puede tener consagración y tenacidad. Aquella persona consagrada es un obsesivo en términos positivos. Lo que es obsesión en término de Eros, es consagración en término de Logos. Todas las cosas tienen dos polos. Si nosotros negamos el polo inferior, negamos nuestras raíces, y no podemos ascender a las flores. Lo primero es que reconozcamos la tierra, el reino mineral en nosotros, nuestras raíces, nuestro fundamento, la infraestructura a partir de la cual podemos crecer. Y volvamos a ser sensibles entonces a esa raíz que es nuestro cuerpo y convirtamos nuestro cuerpo en el templo del espíritu, nuestro cuerpo es sagrado. Ascender a la espiritualidad realmente es descender al cuerpo y reconocer en nuestro cuerpo una evidencia

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cierta de la inteligencia evolutiva que nos habita. La inteligencia en nuestro cuerpo es la misma danza de Dios, es la inteligencia del creador que se mueve en nuestra propia naturaleza. Nuestra tarea es aceptar esa naturaleza, aceptando primero que todo su vulnerabilidad, aceptando que es una naturaleza blanda, a eso lo llamamos la naturaleza humana: “es tan humano que se conmueve”. “Es muy humano porque puede llorar”, “es muy humano porque puede sentir”, “es muy humano porque es vulnerable”. Esa es la genuina condición humana. La vulnerabilidad es lo que nos permite sentir el mundo y procesar al mundo. Desde ese sentir total entonces vamos a tratar de hacer un recorrido por las antenas de los sentidos, y por el territorio del cuerpo tratando de comprender los sentidos de otra manera. Vamos a empezar, entonces, por la visión: Y empezamos por la visión porque la clave de nuestras relaciones con el mundo es nuestra visión del mundo. ¿Como vemos el mundo? El mundo es así como nosotros lo estamos mirando. El mundo es del color de los anteojos con que nosotros lo veamos. Cuando la gente descubre una cosa, siente que eso aparece pero todas las cosas estaban ya, las leyes todas están ahí. Einstein no descubrió la Ley de la Relatividad, no hemos descubierto cosas de entropía y negentropía, todas las cosas hace miles de millones de años que están ahí creadas. Lo que descubrimos es simplemente, una nueva manera de ver las cosas. Antes las veíamos de una manera mecánica, luego de una manera relativa, luego desde un orden implícito, después desde un orden teleológico, vemos cosas llenas de sentido. Luego vemos que el universo atomizado en miles de partes y partículas es íntegro, y rescatamos la visión de la integridad desde la diversidad. Pero todas esas cosas han estado ahí. Simplemente nosotros a través de una nueva forma de mirar el mundo descubrimos un nuevo mundo, un nuevo mundo no existe. Existen nuevas maneras de mirar el mundo. Así que lanzarnos en la aventura de la humanización es descubrir nuevas maneras de ver el mundo y es descubrir sobre todo nuevas maneras de vernos, de percibirnos, de mirarnos nosotros mismos. Por eso vamos a hablar de la visión. Los ojos son el instrumento de la visión y son un bello símbolo del universo. En cada uno de los globos oculares Uds. tienen un universo completo. En cada uno de los globos oculares Uds. tienen una parte central, aparentemente pasiva, que es el cristalino. Y ese nombre es muy bonito, se llama cristalino, no es por azar, es porque es cristal, porque es cristalino, porque deja pasar la luz. Y empezamos a aprender lecciones muy hermosas de la evolución. Si la evolución es el movimiento de la conciencia, esa conciencia está en todas partes, en todas las cosas y obviamente también está en el Reino Mineral. Cuando el Reino Mineral evoluciona deja pasar la luz, se vuelve transparente a la luz. La parte más evolucionada del Reino Mineral son las gemas y las gemas tienen valor porque brillan, porque reflejan la luz, porque refractan la luz, porque dejan pasar la luz, porque son un prisma para revelar la belleza de la luz. Eso es una gema. O sea que la parte más bella del mineral es su parte blanda, no su parte dura. Nosotros vemos la consistencia, la materia, la dureza del diamante, pero un diamante no es valioso porque es duro, es sobre todo valioso porque tiene un comportamiento muy especial frente a la luz, por los visos que da. Y un diamante no es bello por su cantidad sino por su cualidad. Y su cualidad está determinada por el tallado del diamante, es decir, por lo que hemos sacrificado del diamante. Esa chispa de diamante es producto de algo mucho mas grande, de una piedra mucho mayor. En la medida en que sacrificamos todo lo que sobraba para ganar la perfección que es el dejar pasar la luz y el reflejar la luz obtenemos un diamante muy valioso. Así aprendemos la primera lección de la conciencia: en la evolución, lo más valioso es aquello que deja pasar la luz, que procesa la luz, que enriquece la luz. Y vamos a ver la evolución en términos de luz, vamos a ver que literalmente todos los seres y las cosas son estrategias para procesar la luz, para enriquecer la luz, para dejar pasar la luz. Lo primero, entonces, es dejar pasar, lo primero es tolerar, lo primero es dejar ser. Lo blando del diamante es su permeabilidad a la luz,

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lo duro del diamante es su materia. Tenemos que ser duros desde el punto de vista de la materia, tener un cuerpo físico sólido, pero desde el punto de vista de la conciencia tenemos que ser blandos, es decir permeables a la conciencia, permeables al otro, permeables a la luz. Y vamos a ver que esa luz que en el diamante son fotones, se vuelve luz virtual cuando el Reino Vegetal ya no deja pasar la luz sino que atrapa la luz, procesa la luz. Inicia el proceso de fotosíntesis y capta la luz y la almacena amorosamente pero para regalarla y permitir el milagro de la evolución. El milagro de la evolución es posible, porque primero el Reino Mineral se hizo sensible a la luz y luego el Reino Vegetal siendo más sensible diseñó mecanismos para almacenar la luz en moléculas químicas y luego el Reino Animal se nutrió de esas moléculas para volver a liberar la luz como instinto y después el Reino Humano hizo la síntesis de la luz mineral, vegetal y animal para liberar la luz del intelecto y en este momento como humanidad estamos ascendiendo a ese estado de síntesis en que vuelve a arder en nuestro corazón el fuego de esa misma luz para elevarnos al Quinto Reino, el Reino de las Almas. He ahí la historia de la sensibilidad, que también es la historia de otra visión del mundo, es leer el mundo con otros ojos. Si yo te mirara con otros ojos descubriría en cada segundo un ser diferente, una aventura para conquistar y no caería en la rutina. Si yo te miro siempre con los mismos, no ojos, sino anteojos, obviamente me voy a aburrir muy pronto en la relación. La relación va a durar lo que dura la luna de miel porque yo no me he cambiado los anteojos del enamorado y quiero seguir viendo en ti solamente la imagen congelada en el pasado. Pero si yo puedo cambiar la visión, yo te estoy cambiando a ti y estoy ayudando en tu transformación y me estoy transformando. Lo único que tenemos que hacer para sanar la vida inicialmente es cambiar de visión, ser sensibles a una nueva visión. ¿Cómo hemos visto el mundo hasta ahora?, lo hemos visto desde los fundamentos, creemos que el mundo son partículas atómicas y subatómicas, muros, civilizaciones, autopistas, tecnología, pero no vemos la magia del mundo que se mueve por encima de las autopistas, dentro de los edificios, en el espacio vacío es donde se genera ese movimiento de la conciencia que permite hacer de éste un mundo que a cada instante se renueva, un mundo mágico. La clave del mundo es que está vivo y que podemos participar en él. Lo importante del mundo no es ese mundo afuera en el que nosotros nos asentamos y que nos da soporte, sino ese mundo adentro, ese mundo vivo en el que nosotros participamos. Adquirir una nueva visión del mundo es entrar de lleno en la corriente de la participatividad. Aquello que es participativo es vivo. Debemos preguntarnos siempre en nuestras relaciones: ¿Esto genera más participatividad? ¿Esto genera competencia o entra en la dimensión del compartir? ¿Esto aísla la luz o expande la luz? El mundo de la participatividad es un mundo de expansión de la luz: cuando tú compartes estás expandiendo la luz. Cuando tú dejas de compartir, estás oprimiendo la luz, la estás ensombreciendo, estás cerrando un ojo del cosmos; tú eres un ojo del cosmos y el cosmos deja de ver cuando tú cierras tu conciencia al compartir. Entrar en ese mundo de la participatividad es comprender que cuando miramos creamos el mundo. Cada vez que realmente vamos más allá de la mirada y podemos ver que estamos recreando la creación, estamos creando el mundo. El mundo no es el mundo que miramos, el mundo es en buena parte el mundo que creamos. Cuando yo te miro con ojos de odio yo te estoy creando y estoy creando odio. Cuando yo te miro con una mirada de miedo estoy creando el miedo en tu corazón. El hombre no sabe que cada una de sus acciones es un acto de creación. El hombre es un creador, un creador en materia mental y para ello utiliza sus sentidos y eso nos conduzca a un sentido muy grande de responsabilidad. Todos participamos del bienestar o malestar de los otros. Todos estamos determinando el pronóstico de las enfermedades de los otros. Nuestra actitud significa un ojo interior, un ojo total, un ojo que revela nuestro corazón y con esa actitud nosotros estamos programando al mundo. Volvamos a tomar,

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entonces, el símbolo del ojo y pensemos en el cristalino. Así como hay un cristalino que deja pasar la luz y la enfermedad del ojo es que ese cristalino se opacifique, así en la relación cada uno de nosotros podemos ser o no transparentes. Si no somos transparentes no pasa la luz y no hay relación, no hay visión. La transparencia en términos humanos se llama honestidad. Y la honestidad es una consecuencia de la aceptación porque si tú no eres honesto contigo, si no te conoces, no puedes conocer al otro, no te puedes relacionar.

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Sanar la Vida III

Ejercicio: Vamos a visualizar una velita, puede ser incluso un sol, aquella imagen que Uds. puedan mantener más constantemente y mientras la observamos vemos todas las características de la llama, sus tonos rojizos, azules, amarillos, también sentimos su calor, también somos conscientes de que el fuego siempre transmuta, siempre eleva, siempre asciende y por eso es un símbolo de la evolución de la conciencia que evoluciona hacia la síntesis. Somos conscientes por un instante de que el fuego todo lo transmuta tomando la gravedad de la materia y convirtiéndola en levedad. Así como esa llama es nuestra vida, nosotros ascendemos desde el cuerpo al alma, desde la gravedad a la levedad, de las leyes de la materia, a las leyes de la conciencia, ascendemos al aire que es la mente universal, allí donde tiene existencia el Templo de la Sabiduría que es el Templo del Alma. Ahora no sólo observamos la llama, la sentimos con su calor, con su brillo, con sus propiedades, como símbolo de la evolución y vamos repitiendo mentalmente “yo estoy en la luz, yo estoy en la luz”. Lo repetimos mentalmente en forma continua hasta que literalmente nos sintamos adentro de esa luz, nos confundamos con la luz. Proyectamos esa luz al interior, la hacemos penetrar a través de nuestra frente, como si la encendiéramos en todo el centro de nuestra cabeza, en el lugar que ocupa la epífisis, la glándula pineal, en el centro geométrico de nuestra cabeza, y sintiendo esa llama interior arder en nuestra cabeza repetimos mentalmente: “la luz está en mi, la luz está en mi, la luz está en mi”. Sentimos ese fuego interior transmutador, que nos lleva siempre a la evolución, a la síntesis, que es el norte, la brújula de nuestra vida, es aquello que nos puede dar sentido. Comprendemos que la iluminación tiene que ver con la luz al interior, con el despertar. Permitimos que esa luz despierte cada uno de los recónditos rincones de nuestro cerebro. Todos aquellos sitios que reprimimos, todos aquellos sentimientos que inmovilizamos, todas aquellas inteligencias congeladas, toda esa música cósmica dormida al interior de nuestro cerebro, despierta con la luz. Proyectamos ahora esa luz al corazón, sentimos el corazón como una llama de amor ardiente. Dejamos que su fuego inunde todo nuestro torrente sanguíneo. Que ese fuego llegue a los lugares más recónditos del cuerpo, a los lugares internos, lugares congelados, desconectados. Llevamos esa tea de amor ardiente por todos los espacios. El alma es lo que ve por nuestros ojos, es aquello que siente desde la totalidad en nosotros. Los ojos no ven, los ojos son una cámara fotográfica, los ojos son como microscopios o telescopios que el alma utiliza. Nadie ha podido lograr que un ojo enucleado vea, ¿no? El ojo ve porque está en ti, pero tú ves y eres tú porque en ti está el alma. El alma es lo que siente, es lo que se abre, es lo que es sensible y también es lo que sana en ti. Cuando hablamos de sanación, de sanar la vida, estamos por ello hablando del alma. No podemos sanar la vida desde el instrumento. Sanamos la vida porque la vida es música. Obviamente que sin el instrumento no tendría sentido la música, apenas seria una partitura. La vida es un programa que es música, el alma es el intérprete y el cuerpo, la personalidad, es el instrumento. Ella necesita templar las cuerdas del instrumento, para eso necesita empezar a reconocer la visión, necesita empezar a utilizar los ojos. Imagínense que alguien aparece en mitad del seminario muy probablemente piense que es una cosa de locos y se devuelva. Frecuentemente nosotros hacemos lo mismo, entramos y vemos sin perspectiva la locura del instante, vemos gente que se abraza como locos, lloran, sonríen, sin motivo, y lo calificamos de arbitrario. Si viésemos desde un marco mayor, si comprendiésemos que es precisamente porque no hay un

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motivo visible, porque es sin motivo, porque hay entrega que yo te abrazo, no por ser quien eres, sino porque me nace del alma, comprenderíamos eso que vemos. Las cosas que nacen del alma, son aquellas cosas que están llenas de sentido, que integran la vida. Ahora vamos a ver que la visión es lo que nos da el sentido, el ojo es el órgano del sentido que maneja las máximas frecuencias, el sonido tiene una frecuencia menor, el tacto tiene una frecuencia menor, son vibraciones de frecuencia mucho más baja. Pero el ojo procesa la luz y a la velocidad de la luz se acaban el espacio y el tiempo, a la velocidad de la luz no existen los relojes. Cuando ustedes entonces ven desde la conciencia, se implican; cuando no ven con el ojo del intelecto separado del ojo de la intuición; cuando pueden enfocar, a la unión de ambos se llama el enfoque. Cuando no hemos unificado los dos ojos vemos doble, casi todos nosotros vemos doble. Vemos los sentimientos de una manera, vemos la materia de otra manera; la familia de un modo, la religión de otro modo y andamos por el mundo con mil ojos y mil imágenes distintas. Cuando logramos tener un punto de enfoque, creamos una imagen única, una imagen holográfica, una imagen llena de sentido. Cada persona, cada personalidad, cada aspecto de la personalidad tiene una manera de mirar el mundo. Así que nosotros no estamos viendo el mundo sino que estamos viendo pequeñitos mundos esquizofrénicamente separados y sin sentido, porque desde el intelecto yo veo las cosas de una manera, desde el afecto las veo de otra manera, desde las expectativas y la programación de otra manera, desde el egoísta las veo diferente que desde el generoso. Tenemos muchas subpersonalidades, es decir, un zoológico muy grande de personalidades dentro de nosotros, cada una con una visión del mundo diferente. Cuando se entra en la conciencia, en la luz, se accede al director de orquesta, el director de orquesta de todas las hormonas es la hipófisis. El director de orquesta del hombre es el sexto chacra, el sexto centro, ¿por qué razón? Porque allí se hace una síntesis de la personalidad; porque allí, los instrumentos, las subpersonalidades, los cuerpos, el cuerpo físico, el emocional y el mental empiezan a responder a un solo señor. Y porque ahí entonces, aquello que era ruido se convierte en una sinfonía. Antes, los violines que son muy buenos y los tambores y las cuerdas y los vientos, entraban cada uno a su antojo, esa descoordinación es lo que da cuenta del frecuente fenómeno de la clínica en lo cotidiano: el de que la gente, va a donde el médico y no le encuentran nada, el riñón está bien, el hígado está bien, el bazo está bien. El endocrinólogo dice que todo está bien y el gastroenterólogo también, pero todo funciona mal y así a veces la gente se muere de “nada”, los exámenes no muestran nada, las analíticas no muestran nada, pero se muere. ¿Por qué razón?, Porque es que la vida es un patrón de orden, un patrón de organización. Lo importante no son los factores, sino el orden de los factores, porque en la vida el orden de los factores sí altera el producto, porque en la vida cada cosa debe ocupar su lugar. Y el que ocupe su lugar significa también que ocupe su tiempo. La vida tiene tiempos, cada órgano tiene tiempos, cada glándula, cada hormona tiene ritmos y tiene tiempos. El amor tiene un tiempo, el descanso tiene otro tiempo, el trabajo tiene otro tiempo. La vida tiene ritmos, tiene estaciones. La vida es una danza rítmica del Creador, escrita en nuestro cuerpo. Esa danza rítmica se armoniza en nuestro sexto centro. Cuando ascendemos a nuestro sexto centro, podemos decir, el hombre asciende al Creador que ya existe en él, el hombre asciende a su programa, cuando ese estadio se alcanza se habla de: “el hombre en Dios” y cuando el hombre está en Dios, Dios desciende al hombre. El primer movimiento, es un movimiento de transmutación, ascendemos la materia para revelar su belleza. Ascendemos el carbono para revelar un diamante. Cuando somos un diamante y por eso el símbolo del sexto centro es el diamante, entonces la luz del espíritu pasa a través de nosotros. Es decir, Dios puede estar en el hombre cuando el hombre asciende a Dios. Cuando nosotros formamos un vórtice de atracción magnética para atraer la luz, entonces la luz

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desciende, no antes. Tenemos que hacer atractiva nuestra personalidad al alma. Tenemos que poner bonito nuestro cuerpo, no para consagrar la vida al cuerpo sino para consagrar el cuerpo a la vida, para consagrar el templo al espíritu. Entonces adquiere otro sentido la belleza y adquiere otro sentido la ética y entendemos aquello de lo Bueno, lo Bello y lo Verdadero que empezaremos a mirar en la dimensión de Sanar la Vida. Sanar la Vida es hacerla bella, también el cuerpo. También pintar el cuerpo, también vestirlo bonito, también nutrirlo adecuadamente, rescatar la armonía. La armonía es el sentido de las proporciones. Porque cuando hay sentido de las proporciones hay resonancia. Todas las resonancias están hechas de proporciones y proporcionalidades. Cuando yo pierdo el sentido de las proporciones pierdo la belleza en la vida. La vida es buena y hay bondad cuando hay ética y vamos a hablar un poquito de la ética de las relaciones. La vergüenza se refiere al yo, la bondad se refiere al nosotros y lo verdadero se refiere a la emergencia de la luz, a la conciencia, al significado. Lo bello y lo bueno cobran un significado cuando se transmutan y ascienden y así entonces nosotros podemos conquistar lo que se llama la Vida, el Agua Abundante de la Vida, se conquista cuando realizamos lo bueno, lo bello y lo verdadero. La belleza empieza por los sentidos, por los ojos cuando el código de lectura no es exclusivista. El exclusivismo es la negación de la belleza. Todas las cosas armónicas tienen dos polaridades y tienen un punto de encuentro, tienen un sendero del medio en que se realiza su conciencia. El Universo es polar, como es arriba es abajo, hay comunicación y hay resonancia cuando hay correspondencia, hay correspondencia cuando hay polaridades. Hay correspondencia en nosotros cuando no disociamos el masculino o el femenino; cuando no vemos el padre o la madre afuera sino que lo vemos al interior, en nuestro corazón. El punto de correspondencia del hombre es el corazón, es el punto de encuentro, es el punto de síntesis entre los pares de opuestos. Así realizamos permanentemente la síntesis. Vamos a ver entonces que eso depende de la visión y vamos a ver el símbolo de la visión, ¿cómo aprender a leer las cosas de diferente manera? Si yo te veo solamente desde el código exclusivista de la forma yo solamente voy a ver las proporciones de tu forma, yo solamente voy a ver el tamaño de tu nariz, yo solamente voy a ver el código del almanaque y el código de la moda. Pero si yo te veo desde la perspectiva del corazón, la belleza en ti no es la visión externa, sino la visión interna que yo tengo de ti. Así que aunque estés viejita, encorvada y arrugada, yo veo la ternura en tus ojos, veo la sonrisa en tus ojos aunque no tengas dientes, no busco tus dientes, busco tu sonrisa. Veo el calor en tus manos, aunque tus manos estén deformadas. La belleza desde el código interior es lo que mueve tu corazón, lo que te conmueve, aquello que te permite aprender una lección. Cuando asumes la actitud del Aprendiz siempre vas a reconocer lo bello en todas las cosas porque estás yendo más allá del mundo de la cantidad y de la apariencia y estás entrando en el mundo de la cualidad y el mundo de la esencia, que es el mundo del alma. Son los ojos del alma aquellos que ven la belleza desde la actitud del Aprendiz. Y esos ojos del alma en el seno del cuerpo se centran en el corazón, desde donde tú puedes ver lo que es esencial. Cuando solamente veas la fealdad, cuando tú veas los excrementos y no adivines detrás de los excrementos, está la vida orgánica y abonada por ellos, una flor que puede florecer y una armonía que puede surgir, entonces estás viendo con los ojos de la personalidad, con los ojos de la máscara. Esa es la clave de la armonía interior. Somos disarmónicos cuando no revelamos la armonía de las cosas que vemos. Las cosas no son feas, todo tiene un propósito. Y ese propósito significa que hay una coherencia interior. No solo que hay un destino sino que hay una esencia armónica al interior que podemos reconocer. Los ojos de la personalidad tienen una visión local y los ojos del alma tienen una visión global ambos son necesarios, los ojos del alma y los ojos de la personalidad, para llegar a unirlos en un sentir total. Así que la primera propuesta para Sanar la Vida, respecto de la visión, es que a veces somos

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hipermétropes y a veces somos miopes. O tenemos las cosas muy cerca y los árboles no nos dejan ver el bosque, o tenemos las cosas en una perspectiva tan distante, que los bosques nos impiden reconocer los árboles, las frutas, las semillas y la siembra. ¿El ojo qué está haciendo permanentemente? Él está acercando, él mira a lo lejos y luego se acerca, aleja y acerca las imágenes. El ojo es como un corazón que está oscilando, está pulsando permanentemente. Cuando tenemos entonces una visión miope, realmente tenemos que acercar demasiado las cosas para poderlas ver y solamente vamos a poder contemplar los detalles. ¿Cómo entonces acomodarnos? En términos médicos a eso se le llama acomodación, el cristalino se acomoda, el cristalino tiene músculos y actúa como un corazón, cambia su forma para centrar la imagen exactamente en la retina. Si las cosas están muy lejos, él tiene que hacer que los rayos de luz coincidan exactamente en la retina y para ello él cambia su forma, si están muy cerca también cambia su forma, y sino se desenfoca. El problema de nuestra vida es que andamos desenfocados, es que no tenemos punto de enfoque. Si yo no tengo un punto de mira, si no tengo un punto de enfoque, si no tengo un horizonte, si no tengo una perspectiva, realmente no sé dónde estoy. No sabemos para dónde vamos porque no sabemos dónde estamos. Punto de partida: dónde estamos. Y el “dónde estamos”, lo da lo que llamamos, la correcta visión. Y la correcta visión es una visión que conjuga la visión de la izquierda y la derecha, la del cerebro izquierdo y la del derecho, la del masculino y la del femenino, la del pensar y la del sentir. La correcta visión es aquella que te permite aproximar tu sentir al corazón porque es el sentir el que permite armonizar el pensar global con el actuar local. Pensar globalmente, movimiento de expansión, a eso lo llamamos el contexto, sin contexto, ningún texto es válido. Todos los textos son válidos porque hay un código para leerlos y el código para leerlos sale del contexto y el contexto se llama visión global, regresar al contexto, ¿dónde estoy?, ¿en qué contexto me muevo en la relación? Si tú no te pones en el contexto de la relación, te vas a relacionar de memoria. Cada quien exige que individualices tu relación con él. Él es único y tú no te puedes relacionar con una persona como te relacionas con los otros. Tú tienes cuatro hijos y no los puedes tratar de la misma manera, eso sería lo más injusto del mundo. Cada uno de ellos es un contexto y un universo diferente y tú tienes que aprender a entrar en la magia de ese contexto. Cuando rescates la individualidad y la irrepetibilidad de cada relación humana entonces estás naciendo a una genuina relación. Entramos en el contexto cuando podemos mirar a lo lejos, cuando podemos quitar los ojos del suelo, cuando podemos inspirar y podemos reposar. Sin el reposo, sin la inspiración, sin la visión del paisaje, y ese es un ejercicio, es imposible entrar en el contexto. Si te sitúas mirando por la carretera de Sitges, aquí alrededor del mar, esa es exactamente igual a las de Colombia, a las de Barcelona, a las de París. Y frecuentemente vamos por todos los sitios del mundo mirando al suelo, es decir, mirando los almacenes y lo concreto, aquí hay los mismos almacenes que hay en Barcelona y los que hay en Ruanda y en todas partes del mundo, una sociedad consumista tiene almacenes más o menos del mismo tipo. Pero si yo me doy la oportunidad de hacer un paseo, dejándome llevar, sin pensar en nada más, a la orilla de la playa, entonces yo voy a entrar en el contexto de lo que es Sitges y entonces las calles y los apartamentos y las gentes y las otras cosas me van a parecer distintos porque ya le he dado un marco al paisaje. Entonces, ¿cuál es el marco del paisaje de mi acción? Esa es una pregunta bien importante. ¿Dónde la enmarco?, ¿Dónde la encuadro? A las cosas hay que enmarcarlas y encuadrarlas para darle un fondo y una perspectiva. Ninguna imagen tiene un sentido sino tiene un paisaje de fondo, es una imagen muerta sin un paisaje de fondo. La visión puntual es la visión de las formas que se delinean. La visión global es una visión de profundidad, de sentido, de contenido, de significado. Así que nosotros tenemos que unir las dos visiones. Si yo caminara solamente mirando mis pies, rápidamente

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me caería o me tropezaría con algún obstáculo, pero si yo solamente caminara mirando al horizonte, rápidamente me iría a un hueco que hay en la calle, de tal manera que tenemos que combinar las dos cosas. Pero si yo caminara sin sentir mi cuerpo, perdería rápidamente el equilibrio. Entre la visión global y la acción local hay una instancia de un sentir total que es lo que permite el equilibrio. Así que tú no vas pensando que estás viendo el horizonte. Tú no vas pensando que tienes que caminar con tus pies aquí, tú vas sintiendo. Y en el momento en que dejes de sentir ya pierde también su sentido la visión global y el actuar local. Hay dos tipos de personas en el mundo: unos los soñadores, aquellos que andan resolviendo todos los problemas del Universo, que sueñan, que hacen poemas, que discuten de Filosofía pero que nunca hacen nada y otros los activistas, aquellos que hacen y hacen y hacen pero nunca saben para dónde van, lo hacen sin sentido. Pero existe una humanidad que es aquella que es capaz de traducir los ideales en términos concretos, a eso lo llamamos la magia. El hombre es un creador cuando puede traducir sus sueños, sus esperanzas, sus alegrías, sus ideas, en términos concretos. Y es bien importante porque nos permite evaluar si realmente estamos avanzando en el camino, si realmente nos estamos sanando. Si algo transforma tu vida, si algo transforma tus relaciones, si algo transforma tu manera de ver el mundo, si algo aumenta tu margen de tolerancia, si algo ensancha tu visión, si algo te da un enfoque mucho más transparente, si algo produce cosas nuevas en tu vida, si algo materializa, si aparecen hechos nuevos, digamos una casa, un apartamento, un libro, una nueva relación con el mundo o un viaje es porque realmente tú estás adquiriendo una visión más amplia, porque estás progresando desde tu visión, porque estás sensibilizando tus ojos. Ejercicio: Vamos a hacer un pequeño ejercicio para mirar lo de la visión. Vamos a enfrentarnos unos y otros y vamos a aplicar la visión local y la visión global. Durante tres minutos se miran frente a frente a los ojos, tratando de mirar el ojo, y durante tres minutos se miran frente a frente a los ojos como si nos estuviéramos viendo en la distancia, es decir, como si, a pesar de que tú estás ahí yo estoy mirando el paisaje lejano que hay detrás de ti. Vamos a tratar de percibir las sensaciones diferentes que adquirimos con estos dos tipos de visiones. Es difícil, lo sé, pero hay que emprenderlo, casi siempre huimos los ojos de la gente y por eso no nos relacionamos. Jorge pregunta: alguien dice: es difícil de explicar, sentí que el ojo izquierdo me acogía más pero que los dos me acogían. Me sentí como una cámara fotográfica, descubrí mi propia lente. A ver mujer, ¿tú qué sentiste? Yo sigo sintiendo mucha emoción, mucho amor, es que es un sentimiento Jorge, mucho calor, mucha sensibilidad, todo esto he sentido. Yo no he visto nada, yo solo he sentido. Sí, es muy bello, porque yo veo que ella llora, se conmueve, se pone roja, experimenta calor. Se trata de sentir. Muchos trataron de ver, porque uno cree que mirar es tratar de mirar a ver que se ve, a ver si de pronto aparecen colorcitos o el aura. El ejercicio es de sentir, porque nosotros miramos y no vemos, no nos permitirnos sentir, no miramos con el corazón. Y cuando realmente miramos con el corazón, empezamos a comprender cosas en la vida cotidiana, que es que nosotros no miramos a la gente, no vemos la gente, nosotros vemos los ojos, vemos las formas pero pasamos desapercibido el dolor del alma, el alma del otro, su luz, su alegría. Hay tantas cosas en el lenguaje de la gente, tantas cosas en el lenguaje de nuestros ojos, que si solamente recuperáramos ese código de comunicación, que si solamente nos decidiéramos a acariciar con los ojos, decirle al otro, “mis ojos no te ven, mis ojos te acarician, mis ojos te acogen, mis ojos son la puerta de entrada para que tú puedas llegar a mi corazón”, nos estaríamos sanando. Hagamos esa experiencia de sanación con nosotros mismos, si es difícil ver al otro así, una de las

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cosas más difíciles es mirarse al espejo. Cuando ustedes se miran al espejo, se están peinando, se están pintando, cualquier cosa pero realmente, eluden el verse. Si se quedaran tres minutos mirándose fijo a los ojos, experimentarían una cantidad de sentimientos, frecuentemente, son sentimientos de extrañeza, por ejemplo. A veces es un sentimiento de miedo, nunca nos hemos mirado, nunca hemos estado con nosotros. En ocasiones es un sentimiento de disociación, ustedes sienten que ese que hay ahí no son ustedes. Un sentimiento de extrañeza, como de encuentro con un ser que ustedes no conocían. También un sentimiento en el que los dos ojos están tan disociados, que ustedes automáticamente se refugian en uno y no quieren mirar al otro. Ese es un símbolo bien hermoso para que ustedes se vayan reconociendo. Aceptarse no es conocerse, es reconocerse, porque el alma ya nos conoce. El alma sabe quienes somos nosotros, el alma no tiene pasado ni futuro, es un presente permanente. El alma tiene todas las perspectivas de la vida. Así que de lo que se trata es de reconocernos, de volver a conocer ese ser que somos y que el alma conoce, utilizando los ojos. Los ojos son realmente el espejo del alma, son también el espejo del cuerpo, el punto de síntesis. Y algo de verdad milagroso sucede cuando más allá del mirar podemos ver.

Sanar la Vida IV

La primera barrera, la primera frontera, es la mirada. Si ustedes abrieran las puertas de los ojos todas las antenas de comunicación estarían dispuestas para la relación. Pero cuando ustedes no permiten la apertura con la mirada entonces se cierran todas las puertas de la comunicación, estén conscientes de eso. A veces, intelectualmente dicen: “yo voy a hablar con fulano, lo voy a perdonar, me voy a reconciliar”, pero sus ojos están diciendo otra cosa, sus ojos están disociados. Empiecen a reconocer el lenguaje de los ojos, porque es un lenguaje total, ahí está incorporado todo el cerebro y todos los sentimientos. Los ojos tienen un contacto privilegiado con el sistema límbico y el sistema límbico es el cerebro procesador de las emociones. Cuando la señal que llega y pasa a través de los ojos llega al tálamo, del tálamo, de ese centro cerebral, se desvía hacia la amígdala que es el cerebro límbico más importante. De tal manera que todo lo que ustedes ven lo están viendo también en la perspectiva de su memoria emocional. No hay ninguna visión indiferente, toda la visión está cargada de afecto. En cada una de sus miradas está cargada toda su historia emocional concentrada. Así que si nosotros empezamos a manejar nuestra mirada podemos sanar a la gente. Estén frente a la gente, estén frente al hijo y cuando el hijo esté hablando mírenle a un ojo y mírenle al otro alternativamente, y hagan como un radar sin que se dé cuenta, obviamente, para que él pueda pasear su discurso entre los dos hemisferios cerebrales, el de la izquierda y el de la derecha. Porque si ustedes logran que él hable desde los dos hemisferios y los alterne ya lo están sanando. Sanar la vida es volver a tomar posesión de nuestro instrumento y empezar a reconocer esas antenas del sentido, que llamamos los órganos de los sentidos, empezar a cambiar nuestra visión. Pero

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empezar a cambiar nuestra visión es utilizar el órgano de la visión que es un computador cósmico que nos han regalado para dialogar con el mundo, para dialogar con la vida. Ustedes conocen el “mal de ojo” y saben, tal vez intuyen lo que es el mal de ojo. Ustedes saben que una mirada puede matar, que una mirada puede quemar. Ustedes saben cuánta pasión puede haber una mirada pero cuánto desprecio puede haber en una mirada. Antes de que ocurran muchas cosas afuera ya lo estamos revelando con los ojos y con la mirada. Entonces traten de ascender un sentimiento de integridad y de aceptación desde el corazón a los ojos para relacionarse con la gente y en el momento que eso se logre sí se pueden relacionar. Un ejemplo: si hay una persona, con la cual tienen un sentimiento de agresividad, cierren los ojos y acudan a esa visión interior, ustedes no solo ven con los ojos de afuera, la visión interna es la más importante. Cierren los ojos y vean una imagen de esa persona, vean de qué color está vestida. Si está vestida de rojo, cámbiense al extremo opuesto del espectro, vístanla de azul y miren qué ocurre. Jueguen así con los complementarios y vean que sus sentimientos siempre tienen una vibración, tienen un color que los está determinando y cuando ustedes trabajan con el color pueden modificar el sentimiento. De la misma manera cuando modifican el sentimiento, cambian el color con el que ven a la gente. Por ejemplo, y esto es muy sencillo, los carros rojos son los que más se accidentan pero no es porque los carros rojos sean mecánicamente imperfectos, es porque evocan competitividad y agresividad de los otros conductores, simplemente por eso. Entonces el porcentaje de accidente con los carros rojos es mucho más grande que con los carros de otro color. Ese, simplemente es un ejemplo que nos revela cómo nuestra manera de ver el mundo, determina cosas tan importantes como las tasas de accidentalidad. Dentro de este sistema vamos a chequear algo que va mucho más allá de los ojos: nuestra visión total del mundo. Cada una de las cosas que hacemos en la vida, la forma como comemos, lo que nos gusta, la manera en que miramos, las enfermedades que sufrimos, está contenido en un gran contexto, que es nuestra visión. Toda visión es interior, no hay visiones exteriores. Lo que viene de afuera es apenas el ingrediente, es la materia prima para hacer la imagen del mundo. Al cerebro no llegan ni manzanas, ni naranjas, ni mandarinas, ni jugo de papaya, ni mujeres, eso no llega allá, llegan códigos o señales porque todo tiene que ser codificado para que pueda ser interpretado. De tal manera que todo lo que nosotros vemos y sentimos son apenas señales de otras cosas, señales codificadas de otras cosas. Un síntoma es una señal de una enfermedad pero no es la enfermedad. Frecuentemente, en medicina confundimos el síntoma con la enfermedad. El síntoma apenas es una estrategia adaptativa del organismo frente a la enfermedad, es la mejor estrategia adaptativa. El arte de hacer medicina es decodificar los síntomas y los signos. Los síntomas y los signos son mensajes codificados a los que llamamos señales. Tú, por ejemplo, me das una señal con tus ojos y esa señal que me das con tus ojos tiene un significado en el contexto global, de tal dimensión, que eso puede determinar si yo me caso contigo o no, es decir, si de ahí en adelante atamos nuestras vidas, si tenemos hijos. Tú me lanzaste una señal de acogida, esa señal se encontró con mi señal, hubo reciprocidad, hubo un punto de encuentro, un punto mágico de la conciencia, se originó un vórtice y a partir de ese vórtice, todo un capítulo de la Creación se desenrolló. Miremos la importancia de las señales y esas señales, entonces, son una codificación del cómo vemos el mundo. Si hay ternura en tu corazón, no puedes no expresarlo en tu contacto, en tu escritura, hasta en tu manera de lavarte los dientes. Si ustedes fueran por el tráfico, pueden adivinar muchas cosas de la gente por la manera como va, como pita, como frena, no todos frenamos de la misma manera, no todos pitamos de la misma manera, algunos ni siquiera pitan, otros ni siquiera manejamos, que es peor. Nuestras modalidades de relación con el mundo, responden a nuestra visión del mundo. ¿Qué imagen tenemos del mundo? La imagen que tenemos de nosotros.

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¿Qué imagen tenemos de nosotros? Depende de nuestra visión. Miren que estamos en un capítulo trascendental porque eso determina nuestra humanidad, nuestra individualidad, nuestra relación con los hijos, nuestra cultura. Tenemos una visión machista, y una visión maternalista, tenemos una visión de hemisferio izquierdo y una visión de hemisferio derecho. Felizmente que existen las visiones del hemisferio izquierdo, porque sin visiones locales no podríamos caminar por este mundo, pero felizmente que existe la Teosofía, la Teología, la Filosofía, la Metafísica, la Poesía, el Arte, visiones del hemisferio derecho para que nos salgamos del marco estrecho de la Ciencia. Tenemos una visión de esta vida, pero felizmente que tenemos la visión de una vida trascendente porque sino ésta no tendría sentido. Tenemos una visión de la religión pero felizmente tenemos una visión que nos lleva a un arte de vivir porque sino andaríamos siempre aplazando esta vida para la otra vida. Es decir, lo que vemos es como las cosas se equilibran, como la religión se vuelve un sin sentido si no hay filosofía y si no hay ciencia, como la economía es necesaria para vivir la vida sin tensiones y hay una economía energética que es la economía del cuerpo y la economía de la relación. El arte de vivir es necesario para equilibrar todos los pares de opuestos, dulcificar la vida, hacerla original y hacerla digna de vivir. Entonces estábamos hablando del ojo, de la visión, del tálamo, de la relación tálamo cortical y todas esas cosas, eso apenas es un símbolo de una corriente cósmica y esa corriente cósmica corresponde a la visión que la vida ha tenido del mundo que pasa a través de ella. Pues bien, vamos a resumir ahora nuestras visiones del mundo. Como humanidad hemos tenido varias visiones y esas visiones han determinado nuestra cultura. Primero, una visión Formística: La visión formística es la visión de las formas, una visión rígida que se esclerosa en una forma, que nos da sus leyes, son las leyes de la materia, es la visión de las apariencias. Y esa visión formística es la del punto, las cosas son así y punto. Es la visión de la autoridad, la visión del dogma, la visión del autoritarismo, del fundamentalismo. Nosotros creemos que esto es de los dictadores y no, en nosotros hay un pequeño dictador que tiene una visión formística, felizmente porque necesitamos contextos, puntos de anclaje. Allá donde decimos “y punto” es donde demarcamos nuestros territorio, porque si nuestro territorio no tuviera límites sería imposible vivir, es decir, yo tengo que saber que si tú te pasas un 30% de equis cifra de peso, estás obeso, para poder tener un lenguaje. Es decir, sin una visión formística no existirían códigos y no existiría lenguaje y no existiría patrones de referencia. El problema de la visión formística, como el de todas las visiones del mundo, no es la visión en sí, es quedarse en ella. En ti tiene que existir algo de dogmas, es decir, algo de creencias más o menos absolutas que te fijen un norte, una dirección en la vida, que te den un patrón de referencia, tiene que existir un territorio sólido. La visión formística establece el territorio sólido en el que tu vida se desarrolla, es la visión de tus valores. Pero esa visión que tú incorporas se vuelve autoritarismo, totalitarismo, fundamentalismo, separatismo cuando se la impones a otro. Tus valores pueden ser trascendentales pero no se los puedes imponer al otro. Hay alguien que nos dijo: “mi paz os dejo, mi paz os doy”, no mi paz os impongo, jamás nos impuso nada. La paz como un mandamiento, nos la dejó como una gracia, como un don, como algo que es gratuito, que te da levedad, algo por lo cual tú puedes optar. Todas las visiones son posibles, integran la vida y enriquecen la vida, si respetan el libre albedrío, si respetan tu libertad de opción. Espiritualmente hablando, el método es respetar el libre albedrío, no hay imposiciones, no hay normas, no hay reglas absolutas. Un Maestro que imponga y mande razones, no es un Maestro. Para el Maestro, lo más sagrado en ti es tu libre albedrío. El libre albedrío es la nota clave de tu alma y si no te nace del alma, si no te nace de adentro del corazón, todo valor por correcto que sea es una escritura muerta. Las verdaderas escrituras, en términos de la sabiduría, son escrituras vivas, aquello que surge desde una fuente interior, aquello que te nace de lo más

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profundo del alma, no aquello que te imponen. Por ejemplo, casi todos los tratados de Paz en el mundo, son semillas de incubación de la guerra, porque es la paz de los victoriosos y no hay cosa más violenta, ni más separatista que la paz de los victoriosos. Cuando nosotros hablamos en términos de mesa de negociación, sentamos a los potentados al lado de personas que no tienen ni voz, ni voto, ni educación y a eso lo llamamos igualdad y lo llamamos equilibrio. Eso es una caricatura, el equilibrio no tiene nada que ver con la justicia, ni con la igualdad de oportunidades. Así que buena parte de lo que nos pasa es que este mundo es fundamentalista y nuestra visión del mundo es fundamentalista. Esa visión fundamentalista ha llevado a muchos problemas, primero, el separatismo, separar el cuerpo del alma, separar la mente del cuerpo, separar el cerebro del cuerpo. Dividir la medicina, entre los psicólogos y los neurólogos y asignar un pequeño territorio y un capítulo para cada quién y asumir una actitud de intolerancia. Nuestro mundo es intolerante, por ejemplo, tomemos la ciencia, la ciencia se volvió la religión de nuestro tiempo. En la medida en que la religión ha ido aflojando y ya no dicen: “el qué no está conmigo, está contra mí”, y los líderes religiosos, entienden que los otros pobres diablos de las otras religiones, tienen también derecho a Dios y a salvarse, que hay muchos métodos para llegar a la Unidad. En la medida en que algunas instituciones religiosas aceptan que no son las mejores, que son una de tantas alternativas para acercarse a Dios, en la medida en que nuestras instituciones comprenden que en un mundo que tiene de 6.000 a 7.000 millones de habitantes, apenas hay 1.000 millones de practicantes genuinos de la religión, ¿qué vamos a hacer con los otros 6.000 millones? Tenemos que elaborar una ética de relación, una ética civil. Una ética de comunicación con la tierra, con el Dios interior, no con el Dios que está anclado a una u otra parroquia, o a un dogma. Cuando nosotros vemos eso entonces, y entramos en la corriente de una religión que va adquiriendo otra perspectiva, nos damos cuenta de otras cosas: que la ciencia empieza a asumir el papel de la religión y ahora todo tiene que ser sometido al método científico y todo tiene que caer en el dominio de los expertos. Y tú no te atreves a amamantar a tu hijo si no consultas con el psicólogo o con el pediatra y ni te atreves a hacer el amor porque hay que ir al sexólogo y de pronto todo se volvió científico, hasta el Arte y la Filosofía tienen que pasar por el sacrosanto sagrario de la ciencia, sin saber que nuestra vida es decisiva y que nuestra vida como decisiva está alimentada de intuición, que hay cosas intangibles y lo intangible es lo más importante de la vida. No es lo que vemos, es lo intangible, no es la apariencia, es la cualidad y yo no he visto que una cualidad aparezca en un microscopio, hasta ahora no, ni va a aparecer tampoco en un telescopio, ni hacia el macrocosmos o hacia el microcosmos va a aparecer la cualidad, porque la cualidad es lo que da el patrón de organización. La cualidad es la manifestación del amor, el amor es la cualidad de la vida, es el colorido de la vida. El amor son los lazos invisibles que unen todas las cosas, desde la fuerza gravitacional pasando por las partículas atómicas o subatómicas hasta las relaciones de los sexos. Las relaciones humanas están determinadas por distintos coloridos de esa sustancia universal que llamamos el amor y que no podemos medir ni pesar pero es todo cuanto existe realmente. Cuando nos movemos en esta dirección entonces nos tenemos que salir del paradigma formístico, saber que tenemos un campo de aterrizaje y empezamos a mirar en el pasado. Cuando miramos el pasado, vemos que tenemos una historia y que si tenemos dolor de cabeza hoy tenemos que ver cuánto nos trasnochamos ayer o cuánto bebimos ayer. Que lo que nos pasa en el día fue lo que hicimos posiblemente la noche anterior. Así llegamos a la segunda visión, la Visón Causal: Descubrimos que las cosas tienen un movimiento, los puntos de mueven y tienen causa, esa es la ley de la causalidad. Está muy ligada a la ley general de la causa y efecto, que llamamos la ley del karma. Y dentro de esa ley del karma empezamos a reconocer una cosa bien clara, todas las acciones provocan sensaciones, yo hago

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algo y eso me provoca una sensación. Si la sensación es placentera y vamos a hablar un poquito del placer, entonces eso crea un deseo y una memoria, y esa memoria genera la necesidad de repetir la acción. Y así, entre acción memoria, deseo acción, nosotros nos estamos repitiendo, nos estamos reiterando. Así tenemos costumbres, luego esas costumbres se vuelven hábitos, luego esos hábitos se vuelven ritmos que se inscriben en el cuerpo y están determinando todos tus ritmos corporales, es así como vamos esculpiendo el cuerpo. Lo estamos esculpiendo a través de nuestros hábitos y nuestros hábitos son la manera como el pasado y el futuro se van encadenando de una manera cíclica y repetitiva. Pero cuando lo miramos en otra perspectiva vemos que ese no es un asunto solamente humano, es un asunto de la evolución de la conciencia. Yo miro una metástasis, un cáncer se repite, todo da metástasis, no solo lo negativo: los buenos sentimientos dan metástasis, te invaden, porque todo se multiplica, eso son fractales. Todas aquellas cosas que constituyen un patrón de organización auto entretenido tienen tendencia a multiplicarse. Las leyes de la naturaleza responden a los fractales, son como los hábitos de la naturaleza. Algunos llaman a las leyes físicas, hábitos de la naturaleza, cosas que se repiten de una manera constante. Eso quiere decir que todo aquello que siembres desde tu deseo, va a generar una cosecha. Eso quiere decir que siempre que siembras vientos, cosechas tempestades. Eso quiere decir que lo que han sembrado en tu corazón lo vas a sembrar en tus hijos y en los hijos de los hijos por generaciones. Y eso que hay cosas que para nosotros son incomprensibles, como que por ejemplo tú tengas un padre alcohólico y termines casándote con un adicto. ¿Qué hay detrás de eso?, por qué estás repitiendo esos mismos patrones y esos mismo patrones se repiten a lo largo de familias, o sea, las metástasis no son cosas que corresponden a una unidad celular y a un cáncer que se multiplica en el seno del individuo, sino que son sociales, son generacionales, son transgeneracionales, porque hay una ley de causa y efecto. Esa ley de causa y efecto nos lleva a ser muy cuidadosos de nuestra siembra, porque todo aquello que sembremos va a germinar, va a germinar en nuestras emociones, en nuestros pensamientos, pero también va a florecer desde el genoma y desde los núcleos atómicos. Todas nuestras emociones están ancladas a los núcleos celulares. Cuando yo tengo una emoción libero una molécula y esa molécula se ancla a un receptor que está en la membrana celular. Ese receptor cambia químicamente y dispara una señal hasta el núcleo de la célula y desde el núcleo de la célula, inhibe o despierta un gen. Obviamente que el cáncer no es algo que viene de afuera, hay inductores o hay promotores externos pero todos nosotros tenemos oncogenes, son genes de cáncer, eso depende del contexto. Y ese contexto es, el ritmo de tu vida, lo que tú hagas con tu vida, tus memorias, las cosas que se repiten. Una cosa que tú haces una sola vez no tiene sentido pero lo que haces repetidamente, lo que hace parte de tus hábitos determina tu destino. Si volvemos a leer nuestra historia con otros ojos, es decir, con otra visión del mundo ya no es la misma historia, adquiere otro significado. Cuando nuestra historia adquiere otro significado nosotros cambiamos de historia y al cambiar la historia cambiamos la vida, cambiamos el presente. Entrar en el paradigma de la causalidad es entender desde la conciencia algo milagroso: la historia no ha pasado, no es cierto. Esos cuentos de que el pasado ya pasó no son ciertos, el pasado está vivo, inscrito en tu corazón, en tus núcleos atómicos, en cada una de tus células, no lo puedes negar. Y eso seria terrible si sólo llegáramos hasta ahí, pero sigue la ecuación: no lo puedes negar pero lo puedes transformar, lo puedes cambiar. Si cambias el código de lectura y cambias el significado de tu historia, si lo lees no desde los ojos del catastrofismo sino desde los de la oportunidad; si ves en la crisis una esperanza, una lección, una transmutación, algo que te permite crecer y cambiar, entonces ya no hay catástrofe suficiente para derrumbarte porque todo lo vas a leer en ese código. Cambiar entonces la lectura de la historia es aprender a leer la historia desde el presente,

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desde el momento actual, y aprender su lección. La historia es grave cuando nos quedamos congelados en el pasado, pero es leve cuando la traemos al presente. Lo grave de la historia produce culpa, la culpa produce juicio, el juicio produce un chivo expiatorio, el chivo expiatorio produce una relación humana crítica. Si mi código de lectura es el código de la víctima yo estoy congelado en el pasado. La historia de la Biblia de las estatuas de sal es literalmente cierta. Cuando tú te congelas en el pasado te vuelves una estatua de sal. Hemos de mirar al pasado para proyectarlo al porvenir a través del presente, aprendiendo su significado. En el presente significativo yo transmuto la gravedad en levedad. Transmutar la gravedad en la levedad es aprender la lección. Y aprender la lección significa que en lugar de irme con el maestro al hombro y los pupitres al hombro y los libros al hombro, me voy con la lección aprendida del colegio. ¿Uds. se imaginan que uno saliera con el pupitre del Bachillerato a cuestas al pasar a la Universidad? Pues literalmente es lo que hacemos en la vida: andamos con el pasado al hombro. El pasado ha sido maravilloso y si ha sido crítico es aún más maravilloso, porque es el sparring que te puso la vida, es la oportunidad que tuviste para aprender, para fortalecerte. Cada suceso es una lección. En la perspectiva de una historia significativa no existen éxitos, no existen fracasos; no existen profesores buenos o malos, no existen tiranos, no existen padres ni buenos ni malos, existen solo maestros. En la vida no hay sino maestros y lecciones, y estamos condenados a repetir las lecciones que no aprendemos. Por eso vivimos el mismo conflicto raíz desde muchas dimensiones: lo vivimos con el papá, luego lo vivimos con el esposo y luego condenamos a los hijos a que sigan repitiendo ese tipo de conflictos hasta que el código del victimismo se termina. Y simplemente se termina al hacernos una pregunta: ¿en este momento yo soy víctima de..., o me siento víctima de...?; ¿cuando me siento víctima de?, cuando pierdo el poder interior, cuando pierdo la seguridad interior. Ese es el código de lectura: me siento víctima cuando desarrollo una relación de dependencia de cualquier tipo, cuando mi relación no conduce a una mayor libertad. A veces nos decimos mentiras y nos justificamos, pero si eso te lleva a la dependencia estás en el código de lectura de la víctima y estás congelado en el pasado. ¿Esta relación me produce dependencia e inseguridad, me genera posesividad o me libera y te libera?, porque si te libera, la liberación es mutua. ¿Esta relación es una relación de reciprocidad?, existe reciprocidad cuando yo desde el presente me voy hacia el pasado pero me devuelvo hacia el presente, es decir, hago la flecha del tiempo en dos direcciones. La flecha del tiempo va del presente al pasado y del pasado al presente cuando nace el observador consciente. Pero si la flecha del tiempo no tiene sino una dirección en términos de conciencia del pasado al futuro, el pasado se queda congelado y yo ya no tengo nada que hacer, estoy perdido. Si yo puedo regresar al pasado para cambiar el significado entonces vuelvo a conquistar el poder. Y regresar al pasado es liberar la víctima y liberar la víctima es liberar la culpa y liberar la culpa es liberar al que estoy culpabilizando, al chivo expiatorio. Y hacer todas esas liberaciones es construir relaciones para la libertad. El aprendizaje de esa visión del mundo es entonces que la historia no son hechos muertos. A mi no me importa si Simón Bolívar nació en Caracas o murió en Santa Marta, a mi me importa cómo vivió; importa dónde se vive, no dónde se nace o dónde se muere. Y ese dónde se vive debe traducirse en términos del cómo se vive, qué tan intensamente se vive, cuál es el colorido de tu vida, cuál es el colorido de nuestra vida. Cuando uds. miran hacia el pasado encuentran muchos baches, tiempos muertos y realmente son tiempos muertos, tiempos sin memoria, tiempos sin historia en los cuales uds. pasaron desapercibidos por la vida, sin generar huellas exteriores, sin dejar huellas interiores. Y de pronto se encuentran momentos claves, nodales, puntos mágicos. Generalmente puntos muy dolorosos. Uds. ven cómo el dolor genera huellas intensas en nuestro cuerpo, en nuestra historia. Esos puntos dolorosos son puntos de crisis, esos puntos de crisis son puntos caóticos,

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puntos de transformación, de cambio, de oportunidades, vórtices de emergencia, puntos de máxima sensibilidad. Los tiempos de máxima sensibilidad fueron los puntos de máxima oportunidad; en esos instantes recibíamos la lección sagrada de nuestra humanidad. Por eso la crisis de sensibilidad representa siempre una oportunidad única y feliz para aprender a ser lo que realmente somos.

Sanar la Vida V

Los puntos de máxima sensibilidad son los instantes de máxima humanidad; en ese momento nos estábamos humanizando, estábamos recibiendo una lección única y feliz. Y de pronto encontramos instantes intensos en la vida y empezamos a reconocer que el tiempo tiene una dimensión vertical. En ese paradigma causaefecto veíamos cómo el tiempo estaba acostado, la corriente de la vida nos llevaba del pasado hacia el futuro. Pero hubo momentos de anclaje en que el tiempo se

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vuelve intenso, ese tiempo se volvió vertical, ese es el tiempo de la conciencia. Es un tiempo profundo, un tiempo interior, un tiempo que se ancla en el corazón, mucho más intenso que extenso. No es el tiempo del dolor sino el tiempo de la vida, de la intensidad y cuando entran en ese tiempo de la intensidad están aprendiendo lecciones desde la totalidad, no desde el intelecto. Para el intelecto: el tiempo es horizontal, para el sentir: el código de lectura es total, el tiempo es vertical, te toca todo, te toca la piel, toca tu manera de ver el mundo, toca tu corazón, toca tu fisiología, te transforma, te hace humilde si eras duro, te fractura la vida pero te hace tomar conciencia de ti. Ese es el tiempo en que te caes del caballo, mientras vayas montado en el caballo no vas a poder aterrizar a lo que tu eres, te confundes con el caballo. El lío del hombre es que en la historia se ha confundido con el caballo: el caballo son sus emociones, son los placeres, es la fuerza, el motivo, aquello que le da a la vida intensidad, pero nosotros no somos el caballo, el caballo apenas es nuestro instrumento. Cuando vivíamos en el tiempo de la historia, en el tiempo horizontal, nosotros consagrábamos la vida al caballo, pero cuando nos caemos del caballo entonces somos nosotros. Y obviamente no podemos dejar escapar el caballo, es necesario, sino no llegamos a ninguna parte. Pero ya sabemos que el caballo es nuestro instrumento, es nuestro amigo, es nuestro hermano. Frecuentemente después de la caída del caballo surge la mentalidad formística y hacemos una regresión al pasado. Entonces nos volvemos tiranos y le damos garrote al caballo. Y mientras más garrote le damos al caballo, más se enoja y más se nos desboca y más nos tumba. Entonces empezamos a reprimir a Eros, a reprimir las emociones, empezamos a atacar al mundo, al demonio y a la carne. Empezamos a disociar el mundo de Eros y el cielo. En todas las Cosmovisiones antiguas, los demonios y los dioses estaban en el mismo templo y era un sendero de ascenso. Y realmente Lucifer, el demonio, aquello que veíamos en la sombra también era una chispa de Dios, era su otra polaridad. Y en todas esas cosmovisiones era imposible reconocer la luz, sin reconocer la sombra. Pero nosotros nos caímos un día del caballo, negamos nuestros impulsos, nuestros instintos, nuestra fuerza, la sombra y nos inventamos religiosidades, no religiones, sino religiosidades para reprimirnos. Y obviamente mientras más escuálido el caballo mucho menos fácilmente vamos a llegar al objetivo. Buena parte de nuestra cultura es la de un caballo desnutrido: negamos la emoción, negamos el placer, negamos el código del sentir, embotamos los sentidos o los desnutrimos de tal manera que negamos nuestra sexualidad, congelamos nuestra pelvis, congelamos las caricias en nuestra piel, tuvimos vergüenza de nuestro cuerpo, salimos del paraíso del sentir, nos pusimos una hoja de parra pero esa hoja de parra no está en los genitales sino en todo el cuerpo y en todos los sentidos y nos impedimos percibir la luz del sol, la luz de la vida, cerramos los ojos y entonces vamos ahí como víctimas porque el caballo nos tumbó. Pero llega el día en que el hombre aprende a ser amigo del caballo y surge el centauro. Pero un día el hombre aprende a liberarse del caballo y surge Pegaso, el caballo alado y surge Sagitario. Y entiende que el caballo es la flecha, la dirección de su vida que puede apuntar en torno de una meta. Y más allá, un día el hombre dispara su flecha y encuentra su propio corazón y da en el blanco de su propio corazón, ese día él regresa desde ese zodiaco, de ese símbolo de la historia para descubrir que las causalidades son circulares: toda flecha que yo lanzo se devuelve. Y empieza a descubrir simbólicamente que todo regresa a su punto de partida porque la Tierra es redonda, porque la conciencia es redonda y empieza a descubrir el sendero de la espiral: todo regresa pero en una dimensión superior cuando hemos aprendido la lección, cuando hemos aprendido el significado. Así empezamos a regresar al mundo de las causas para cambiar las causas. Al mundo del karma para cambiar el karma, estamos aquí para cambiar el karma no para seguir repitiéndolo. Y cambiamos el karma cuando somos conscientes de los significados y cuando

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aprendemos lecciones. Y cuando aprendemos lecciones obviamente no nos condenan a repetir el mismo año, ya aprendimos la lección y entonces nos promueven al año siguiente. No quiere decir que cuando terminamos una lección llegamos a la meta, no, llegamos a otro punto de partida que nos señala un sendero mas amplio, un mundo más abierto. Llegamos a un portal mayor, a una más amplia visión y por ende a una mucho mayor responsabilidad. No se nos acaban las responsabilidades, crecen tus responsabilidades porque eres mucho más inclusivo, más incluyente. Así que cuando tú eres el maestro de tu historia y no el que lleva al hombro la historia, no el que está sufriendo la historia, cuando te sensibilizas a la historia y empiezas a mirarla atrás ves que lo que en su momento fue una catástrofe era lo mejor que te podía pasar. Y como nosotros no tenemos la perspectiva global nos quejamos, pero resulta que cuando tú te fracturas el pie tal vez te están evitando con la fractura del pie una fractura de la columna cervical, y te están protegiendo. Alguna vez yo tuve una paciente que quería tener hijos, estuvo nueve años haciendo lo posible y lo imposible, con inseminaciones, con todos los métodos para tener hijos. Al fin de cuentas, después de un método “bioenergético”, pero uno no sabe porque hay tantas variables que pueden incidir en esto, simplemente porque estaba maduro su karma para tener el hijo, engendró un hijo, fue maravilloso, lo tuvo, hasta los nueve meses un niño lleno de salud y a los nueve meses ese niño hizo una displasia sanguínea, una enfermedad del sistema hemático que en dos, tres meses se llevó al niño. Ella me decía llorando, yo aprendí la lección, pero fue muy duro aprenderla. Porque yo me sentía muy infeliz de no ser madre y ahora me siento terriblemente infeliz de haber podido ser madre, porque es peor el dolor de este hijo que perdí después de luchar nueve años. Así que nosotros no tenemos todo el contexto y como no tenemos todo el contexto nos rebelamos y al rebelarnos negamos el significado de nuestra historia y no aprendemos la lección. La lección es que tú no puedes estar sino donde estás. Porque si tú no das el paso donde estás no puedes llegar a ninguna parte. El ahora y el aquí son el único lugar y el único tiempo que existe, la única oportunidad desde el punto de vista de la conciencia. Si te pierdes esa oportunidad no te pueden dar otra. Aquí viene el problema de la aceptación: aceptarse es aceptar el significado de las cosas pero en presente. Es que si nosotros no aceptamos lo que somos ahora y aquí no podemos evolucionar. Es que si nosotros tenemos la conciencia en el deber ser o en el debería ser, no evolucionamos. En síntesis: si nosotros no queremos lo que tenemos no podemos tener lo que queremos. Esa es una frase que puede ser un hilo conductor para la ley de la causalidad y acceder al proceso del karma: Uds. modifican su karma, modifican su historia, modifican la ley de la causalidad cuando toman posesión de su instrumento. Es decir, cuando aprenden la lección que tienen que aprender en un momento y en un lugar. Lo que en otros términos quiere decir, cuando quieren lo que tienen. Porque si no quieren lo que tienen entonces al tener lo que quieren realmente lo que van a generar es un obstáculo para la evolución, un lastre. Mientras más tengan lo que quieren sin querer lo que tienen, más obstáculos van a tener a su evolución. Así que yo puedo querer todas las posesiones del mundo, pero lo que necesito para llenar el vacío en mi corazón no es poder, ni posesiones, ni mas carros, desafortunadamente andamos dormidos y como tenemos una sensación inmensa de vacío, entonces tenemos un vacío en el plexo solar y comemos y comemos; o conseguimos y conseguimos; o estudiamos y estudiamos. Pero ese vacío no se llena con conocimientos porque ese es un vacío de sentido y el vacío de sentido se llena con una vida significativa. El vacío de sentidos se llena con significados, no se llena con ninguna otra cosa, ni siquiera los ojos de la amada te pueden llenar un vacío de sentido. Ni siquiera Dios, un Dios externo, te puede llenar un vacío de sentido, porque mientras Dios no sea significativo en tu interior, apenas va a ser una imagen externa de la cual vas a desarrollar una adicción. Y esa adicción como toda adicción es muy peligrosa

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porque cada vez vas a sentir una distancia mas grande entre tu dios y tú de tal manera que vas a estar congelada en la visión del dios del Antiguo Testamento, un dios que premia o castiga, un Dios trascendente, y te vas a perder la aventura de conversar con Dios en tu propio corazón, o de conversar con Dios cuando estás conversando con tu hijo. Vemos entonces la importancia de rescatar los hechos de nuestra historia, de hacer nuestra biografía. De volver a leer nuestra vida en términos significativos. Y ahora vamos a hacer un pequeño ejercicio. Vamos a cerrar los ojos y cada uno va a recorrer en presente, recordemos que estamos en presente, su historia. Como primera parte del ejercicio, durante tres, cuatro minutos cada uno va a detenerse en los hechos significativos y en su cuaderno o libreta de apuntes va a hacer una pequeña señal: estos hechos son significativos para mí. Segunda parte: van a ubicarse en ese tiempo y van a decir, cómo lo viví, cómo lo sentí y luego van a ubicarse en este tiempo y van a decir cómo lo siento, cómo lo vivo. Luego la tercera parte del ejercicio, después de ser conscientes de los dos códigos de lectura, los dos códigos del sentir, van a poner un “igual” para designar la lección, sin meter el intelecto. ¿Qué me quiere decir esto, qué me quiso decir esto, qué lección aprendí?, ¿qué lección no he aprendido, qué lección tengo que aprender? Entonces, tres fases: ir a la historia, encontrar los hechos significativos. Los hechos significativos no son hechos intelectuales, siempre son aquellas cosas que se marcaron en el código del sentir más intensamente, aunque ahora los hayan reprimido y los rechacen. Segundo, ver cómo lo sienten en este momento, eso mismo que vivieron en ese entonces cómo lo sienten en este momento. Y tercero qué significado tiene, qué significado tuvo, qué lección pueden aprender, si es que la aprendieron. Y por último, después de esto van a entrar en otra dimensión y esa dimensión es: en qué cosas he tenido que repetir la lección que no aprendí de este evento, ¿qué cosas se asocian a esa lección que yo no aprendí? Porque ese no aprendizaje los ha condenado a Uds. en su vida a repetirse en múltiples sectores sin que se hayan dado cuenta. El que yo no aprenda la lección de la autoridad y la lección del padre me lleva a tener líos toda la vida con la figura masculina. Es decir, con el esposo, con el hijo mayor, con quien represente la autoridad, con el gobierno, es un conflicto con la autoridad pero que está en mi interior. Y así vamos encontrando el riel, el hilo conductor de nuestros conflictos, porque si encontramos ese foco iterativo que se va multiplicando como un foco de Hammer, se va inscribiendo en el cuerpo, en el alma, en la mente, en los sentimientos, en nuestra manera de ser, entonces podemos volver a ser maestros de la historia desde nuestra visión de las causas y podemos cambiarlas. A eso se le llama hacer este eje: Pasar de la causalidad, del mundo de la forma, (este es el mundo de la forma y este es el mundo del alma) a la derecha en este esquema tienen el mundo de la forma y aquí el mundo de la cualidad. Nosotros tenemos que darle un sentido a la forma, es decir, traducirla en términos de calidad o de cualidad, en términos del alma. Y para traducir la causalidad en términos del alma, para darle sentido, tenemos que ir al pasado y regresar a nosotros. Es decir, hacer la causalidad circular, a eso se llama el pasado en presente. Este es el ejercicio, el pasado en presente para llenarlo de sentido. Vamos a estar entonces cada quien recogido, ojalá con los ojos cerrados, como un ritual sagrado, tómenlo así, conságrense, háganlo como un ritual sagrado porque lo que nos estamos jugando es el contenido o significado del pasado, lo que significa jugarnos la calidad de la vida. O cambiamos la historia del pasado, que estamos cargando, aprendiendo la lección, o estamos condenados a repetirla indefinidamente. Así que para aprender el significado de la historia vamos a hacer este ejercicio. Ahora estamos en grupo y el hecho de que haya un vórtice de conciencia grupal lo facilita, entonces lo hacemos, dedicándole unos diez minutos. Y luego obviamente Uds. lo van a anotar y lo van a seguir repitiendo en la casa. Siempre que tengan un conflicto pregúntense de dónde viene, de dónde traigo esta carga, de dónde traigo este

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código, cómo puedo cambiarlo, ahora, en este momento. Siempre que el espejo de la relación en la vida los confronte ante una persona o ante un hecho entiendan que frecuentemente el conflicto no nace de afuera sino es su manera de percibir las cosas. Y esa manera de percibir las cosas es aprendida, es un condicionamiento. Encontrar de dónde partió ese condicionamiento es encontrar la piel sensible de la historia. Los puntos críticos o de crisis son las ventanas del alma: el alma se expresa a través de la crisis. Entonces al hacer el ejercicio cerramos los ojos, estamos un ratico en esas circunstancias, las recorremos desde el sentir, no desde el intelecto. Sentimos nuestra historia, pasamos por nuestras edades y luego de unos minutos vamos anotando. Vamos a ver cómo lo sentimos antes, cómo lo sentimos ahora y qué significado podemos sacar de todo esto. Diez minutos. Los que sintieron alguna diferencia en los hechos que se vivieron, en la historia, y los que se sienten en este momento levanten la mano. ¿Quiénes percibieron alguna diferencia?, son muchos. Allí donde hay una diferencia estamos creciendo, estamos evolucionando, esos son hechos que no se quedaron congelados, son hechos que han ido rescatando su significado, que han sido reinterpretados en el código de la vida. Aquellos hechos que se siguen viviendo hoy de la misma manera, por ejemplo si yo te pregunto por tu madre que se murió e inmediatamente se te encharcan los ojos, haces un rictus de amargura y vuelves a vivir esa herida como si tu madre se estaba acabando de morir, yo sé que ese es un hecho congelado en tu vida, que es un hecho del que no aprendiste el significado, que es un hecho al que no te has adaptado, del que no has aprendido la lección. Y ahí tenemos que cambiar el significado de la historia porque si no vas a seguir leyendo la vida desde tu herida. Es como una espina, vamos cojos por la vida. De pronto alguien vivió una espina dolorosamente y se la sacó, o ya hizo un granuloma de cuerpo extraño, y ahora se acuerda del dolor pero ya no le importa: aprendió que no podía caminar sobre las espinas. Pero hay otro que tiene una espina y se la cuida y se pone esparadrapos y no permite que se la toquen y toma analgésicos pero cuida su espina, cuida su dolor cuidadosamente todos los días, entonces se queja porque va coja por la vida. Obviamente si tienes una espina en el pie y la estás cuidando tienes que cojear. Pero no cojeas ya frente a tu madre, frente al dolor o el recuerdo de tu madre sino que cojeas frente a tu maternidad, cojeas frente a tu hijo, cojeas frente a la muerte de la vecina. Cojeas en todas aquellas cosas que te aproximen a la muerte, vives con terror de la muerte, es decir, que has hipotecado tu vida. Muchos de nosotros tenemos una hipoteca en el pasado que no somos capaces de pagar. Hemos hipotecado nuestra vida y el precio que pagamos por esa hipoteca es la vida misma. No nos damos cuenta. Esa es la imperiosa necesidad de descongelar en el pasado, desde el código del sentir. Porque si lo haces desde el código intelectual lo único que pones es otra curita, otro analgésico, u otro anestésico. A veces entendemos pero no comprendemos. La diferencia entre entender y saber está en el sentir. Mucha gente entiende pero no sabe porque no vive, porque no siente. Si tú entiendes y no sientes, no has comprendido. Entonces no sabes. Dar significatividad es sentirlo, no sólo entenderlo sino sentirlo, porque cuando lo sientes lo bajas de la cabeza al corazón, lo anclas en tu corazón. Entonces vamos a hacer una caricatura, algunos de nosotros hacemos eso al comienzo. Se fueron al pasado como se va uno a la cacería de un ratón, ¿no?, se fueron con una escoba en la mano, prendieron todas las luces, ¿si?, están alerta desde el intelecto a ver donde salta el ratón. Obviamente los ratones se escondieron, la mayoría de los ratones se escondieron porque ellos no son bobos, ¿no? Ellos se van a su cueva, esperan que esté oscuro, que esté oscuro en su conciencia, que Uds. no se defiendan, que el ego no esté alerta y en observación crítica y entonces por la noche, cuando Uds. no se dan cuenta, salen y los muerden, eso es lo que nos pasa en la vida. ¿Por qué hacemos lo que no queremos hacer? ¿Por qué nos dejamos arrastrar de nuestros impulsos? Simplemente porque hemos fortalecido los

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impulsos al reprimirlos. Entonces los reprimimos y generamos un aumento de la presión de esos impulsos hasta que se desbordan y viene un desbordamiento de la represa y literalmente nos posee, literalmente nos arrastra. Y el problema de pelear con la bestia es que siempre llevamos perdida la batalla. Esa es la historia de una falsa religiosidad, es la historia de creer que soy superman contra el mal, contra los impulsos y los sentimientos, es por eso que tenemos adicciones, por eso hay tanto dolor en las relaciones humanas, porque hacemos lo que no queremos hacer, desde la conciencia. Y hacemos lo que no queremos hacer, nos dejamos poseer de los impulsos porque esos impulsos están profundamente reprimidos. Yo les pongo un ejemplo y así lo vamos entendiendo: hay una entidad en la clínica conocida como hipertensión arterial maligna, son presiones arteriales elevadísimas, muy difíciles de controlar que a veces no ceden a los antihipertensivos más poderosos, que inclusive frecuentemente generan insuficiencia renal e insuficiencia cardíaca. Es algo que atañe a la vida, al pronóstico de la calidad de la vida. Cuando analizamos desde el punto de vista de la investigación, estos pacientes tienen una cosa muy particular y aparentemente paradójica, es que si Uds. los ofenden ellos dicen que no se sienten ofendidos. Es que cuando Uds. los llevan a un laboratorio y empiezan a chuzarlos y obviamente hacer que les duela, a diferencia de todos los pacientes que uno chuza que protestan, ellos no sólo no protestan sino que se les eleva ligeramente la presión arterial y de sobremesa dicen desafiantes que no les dolió. Eso hacemos frecuentemente en la vida, desafiamos: No me duele, no, a mí no me duele. Pero te duelen tus arterias, te duele en el endotelio vascular, se te sube la presión, destroza tu corazón, destroza tu riñón y tú crees que no te duele, tú crees que no te pasó nada. Creemos que no nos duele por la capacidad de reprimir que tenemos. Y sin embargo arrastramos dolores muy agudos desde la primera infancia, desde dolores o traumas que vienen desde el parto, dolores que se remontan al tiempo en que estabas en el vientre de tu madre, que se retrotraen a la tristeza, o el resentimiento, o el rechazo que tu madre sintió mientras te tenia en el vientre. Dolores que datan desde los primeros encuentros entre papá y mamá que tú no pudiste controlar, desde la violación, el abuso sexual. Alrededor del sesenta, sesenta y cinco por ciento de las mujeres americanas adultas sufrieron abuso en la infancia. Es decir, que el abuso no es la excepción, el abuso es la regla. Muchos de nosotros no aprendimos la lección dolorosa del abuso y desarrollamos un mecanismo que realmente es un mecanismo de cambiar de personalidad. Cambiamos de personalidad, es decir, este problema no existe, nos negamos el problema, enterramos el problema, lo reprimimos profundamente, pero ese problema está en nuestros intestinos, en nuestro sistema vascular, está vivo. Mientras más grande nuestra capacidad de reprimir y de sublimar y de entender intelectualmente, mucho más grande es la posibilidad de ejercer un daño sobre la presión arterial o sobre otros órganos. Entonces encontramos muchos dolores del alma profundamente reprimidos que no nos permiten rescatar el significado del pasado y aprender la lección. Cuando uno ve la historia del abuso de niños, se encuentra dos tipos de historia diferente: unos que siguen cargando el cuento toda la vida y ni siquiera se dan cuenta de que lo están cargando y otros que no solo lo redimieron sino que se volvieron las mejores personas, se volvieron servidores del mundo, personas capaces de una compasión infinita. Entre la gente más compasiva y más generosa del planeta hay grandes traumas humanos, la diferencia no es el trauma, la diferencia es la capacidad de aprender la lección. Uds. me preguntarán, bueno, y entonces cómo hacemos para regresar a la historia, para regresar al pasado, para resolver eso. Porque no tienen que esperar a que aparezca un psicoanalista, o un jungiano, o un mago que les resuelva el problema. Eso es seguir cayendo en el círculo vicioso de la dependencia: creer que haya una sola persona que desde afuera pueda resolver ese tipo de situación. Realmente el terapeuta es un catalizador, pero si tú no te asumes, si no lo asumes, si no tomas el rol de ser tu

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propio psicólogo, tu propio médico, tu propio psiquiatra; si no te desplazas hacia la tensegridad que es el núcleo de ese esquema que tenemos allá, (dibujo) hacia la autogestión, estás perdido, porque has desplazado una dependencia y la has cambiado por otra. Cambiaste la dependencia del padre o de la madre o de Dios o de la religión, por el psicoterapeuta jungiano o el psicoanalista o el de la nueva era o el de la antigua, de todas maneras es una nueva forma de dependencia y estamos aquí para liberarnos. Ahora la propuesta es cómo liberarnos. Ahí nos introducimos en un territorio sensible que es el territorio del alma, y el territorio del alma es el territorio de la psicología. Ese territorio de la psicología es el de todas las escuelas de psicología. Y podemos ver cómo las escuelas de psicología, han ido creando diferentes territorios de la conciencia en el hombre. Para la escuela Reichiana, para la bioenergética de Reich, en general Ud. es el cuerpo, es decir, que todo lo que Ud. piensa, hace, dice, sobretodo siente, está inscrito en la coraza neuromuscular. Y ahí lo podríamos encontrar. De hecho se puede hacer un masaje y liberar una tensión, una angustia, una ansiedad. Ahora abrazaba a alguien muy querido aquí y yo sentía que su diafragma convulsionaba, es decir, que el abrazo le mueve en el seno del cuerpo algo reprimido en el plexo solar que busca espasmódicamente salir hacia su corazón para darle significado. De pronto encontramos dentro de esa teoría de Wilheim Reich, de Lowen, de Pierracos de todos los maestros de la bioenergética que podemos entender cosas como que a alguien se le haga un masaje, empiece a llorar y se le quite un sarcoma. En la historia de la medicina hay casos bien particulares, yo en este momento recuerdo que alguien estaba haciendo alguna vez una terapia de rolfing, haciendo masajes profundos, y esta persona a la que le estaba haciendo rolfing empezó a dar un grito de dolor desesperado y con el dolor se acuerda de un evento: de pequeño estaba en misa, se cayó un muro, le cayó sobre la tibia, la fracturó pero él no se atrevió a decir esta boca es mía en ese momento porque estaba en un recinto sagrado. Pues bien, ese grito congelado ocasionó una degeneración celular y un sarcoma, esta persona lo que tenia era un sarcoma óseo, una entidad maligna y lo especial es que cuando él regresó y vivió esa circunstancia y gritó como debería haber gritado entonces y liberó esa energía, el sarcoma desapareció. Así que cuando nosotros regresamos y vivimos de nuevo, dándole un significado a aquello que dejamos congelado, generamos la más poderosa de las revoluciones en la vida, Uds. no saben la energía atómica que es un sentimiento reprimido. Pero si con un sentimiento cambiamos la historia, si con un sentimiento de ira y de venganza contra los españoles y contra el oprobio, se produce la independencia de países enteros y se derrama sangre. ¿Uds. saben lo que es un sentimiento de estos reverberando al interior?, incidiendo sobre los neurotransmisores, sobre los neuropéptidos, sobre las moléculas maestras de las emociones, sobre los núcleos celulares: eso es pavoroso. Así que empezamos a entender la importancia de regresar a estos puntos nodales porque la conciencia es quántica, tiene puntos de cruce o puntos nodales que están determinando toda nuestra historia y la calidad de la vida y si volvemos a esos puntos críticos o de cruce o puntos nodales y volvemos a vivir desde el sentir, transformando el significado empezamos a aprender la lección. Aprender la lección es sanarse, y aprender es vivir, porque la vida no es sino un proceso de aprendizaje. Yo lo llamo “aprender”, en el sentido también de “encender”: la vida es una invitación: “vamos a prender un fuego interior”, prendemos ese fuego cuando desde el código total del sentir aprendemos el significado de los eventos. Pues bien, retomemos a Lowen y Pierracos y toda la psicología envuelta en la frontera del cuerpo, y en los anillos caracterológicos. Vamos a ver un poquito esos anillos, y cómo los manejamos ya que ahí quedan congelados buena parte de nuestros traumas, pero también congelado en forma de colagenosis, de enfermedades auto inmunes, de enfermedades del endotelio vascular. Muchas enfermedades son simplemente las máscaras de antiguos traumas

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que no se pudieron drenar, que no pudieron vivirse, a los que no se les pudo encontrar significado. Pero encontramos otro territorio que es el territorio freudiano y nos ubicamos en el contexto histórico en que aparece toda la teoría psicoanalítica, es una edad victoriana caracterizada por la represión. Es una edad en la cual el tema de la sexualidad es un tabú y obviamente un momento histórico en el que alrededor de esto se produce una gran patología. Entonces encontramos una teoría en la que regresando al inconsciente y encontrando esos núcleos de estancamiento de la libido en el pasado nosotros podemos liberar al individuo. Vemos entonces que ya saltamos del cuerpo físico y empezamos a encontrar el alma, la psique humana, en la caverna del inconsciente. Pero paradójicamente en la misma época en que Freud vive, viven Jung y Assagioli. Como era una época victoriana y la gente estaba más preparada para oír los asuntos del inconsciente oscuro y de los impulsos, entonces Freud ocupa la primera plana y nos olvidamos de Jung y nos olvidamos del otro territorio del inconsciente que es el inconsciente colectivo, el inconsciente universal, el mundo de los arquetipos, el mundo del alma. Y por la misma época en que Jung interviene para darnos toda una teoría de esa piel sensible del alma inscrita en nuestros distintos territorios, aparece Roberto Assagioli, el psiquiatra italiano que crea la Psicosíntesis. Posteriormente viene Víctor Frankl y nos dice que la clave está en el sentido: la neurosis en este momento no es una neurosis de placer, no es una neurosis de poder sino una neurosis de sentido. Cuando la gente hace un intento de suicidio y se les pregunta después por qué intentaron suicidarse, es bien claro que no fué porque no tenían sexo, tenían sexo, no fué porque no tenían dinero, tenían todo el dinero del mundo, no fue por la falta de un papá o una mamá o una figura de esas, intentaron suicidarse porque su vida no tenía sentido. Así Frankl empieza a descubrir que la vida tiene un sentido, que el alma está en el cuerpo, en las emociones, en la mente para dar un sentido y cuando lo perdemos caemos en la neurosis del siglo XX que es una neurosis del sentido. Empezamos a encontrar entonces dentro de la nueva psicología todas aquellas escuelas que nos trasladan al mundo de lo transpersonal y empiezan a decirte que el sentido de la vida no está solo en ti. La vida es la vida, es una corriente de la que tú participas, pero participas con todo el planeta, con toda la evolución. Y empieza a demostrarse que en ti está el reptil, la conciencia del reptil, del mamífero, del humano pero también la conciencia del alma, y que en el alma todas esas conciencias son simultáneas y que todos somos responsables de todos y esta vida apenas es una pequeña respiración en el contexto de la gran vida. Y miren cómo entonces empieza a cambiar la perspectiva de la historia, pero toda esta introducción es simplemente para decir: ¿Yo qué me gano con las historias del alma y los arquetipos y el inconsciente colectivo y el subconsciente si yo no tengo con qué pagarme la terapéutica? y al fin de cuentas ¿de qué sirve la terapéutica si muchos de quienes la hacen entienden por qué están mal, pero no resuelven el problema? Yo puedo entender qué me pasa pero si no lo resuelvo estoy tal vez incluso peor. El problema de la conciencia no es el de hacer conciencia, no es el del consciente. La conciencia es algo total que involucra cada una de tus células. Entonces viene Roberto Assagioli, el psiquiatra italiano y nos propone la psicosíntesis. La propuesta en la Psicosíntesis es que tú mismo seas tu terapeuta y que integres en el territorio de tu ego, en vivo y en directo, todas aquellas fuerzas o pulsiones contrarias que te mueven como una marioneta por la vida. Y te propone volver a asumir el control de tu vida para que tengas una dirección, es decir, tomar posesión de tu voluntad. Pero tomar posesión de tu voluntad de una manera muy distinta a como siempre la hemos entendido: no la voluntad como una fuerza, no la voluntad como la capacidad de resistirse sino la voluntad como la capacidad de fluir en la dirección de tu propia corriente, del viento y de la corriente de tu vida. La voluntad como la capacidad de estar consciente de la dirección de tus corrientes para mantener el timón en esa dirección; no como la capacidad de luchar contra el volcán, sino como

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la capacidad de contemplar el volcán a la debida distancia para que la lava no te queme y hacer también del volcán, de la erupción, una parte del paisaje de tu vida, ya no el drama de tu vida.

Sanar la Vida VI

Son importantes los silencios de los que nacen las palabras. Si esos silencios son conscientes y significativos, si en esos silencios tú te oyes, tú te puedes escuchar, entonces puedes dialogar con el mundo. Hay una paradoja neurofisiológica que es importante, todo esto tiene sus coordenadas, sus correspondencias en el plano del cuerpo, y es que es imposible hablar si no te puedes escuchar, esa es la razón por la cual los sordos son mudos, son sordomudos, no son mudos-sordos sino sordo-mudos. Como no pueden escuchar no pueden hablar, porque el lenguaje no es un asunto de las cuerdas vocales; es un asunto de que te escuchas y cuando tú no te escuchas titubeas y vas inseguro por la vida. El titubeo es lo que le sucede al tartamudo, Y nosotros somos tartamudos, aunque hablemos de corrido somos tartamudos. Tartamudeamos cuando no nos escuchamos porque todas nuestras acciones están vinculadas a nuestra capacidad de escucha. Si escuchamos, nuestras acciones son sólidas, están ancladas en nuestro interior, tienen fuerza, son intensas, si no escuchamos nuestras acciones son insustanciales, se las lleva el viento. Cuando un tartamudo va ha hablar tiene un conflicto inter-hemisférico, es decir, el sonido tiene que pasar a un lado y luego regresar al punto de partida, pero él tiene un desfase de unos cuantos milisegundos y entonces no alcanza a escucharse a tiempo, por eso él tiene que tartamudear, se impulsa para poder atraparse, escucharse y despegar. Cuando está nervioso, es decir cuando menos escucha, cuando más atento está al exterior, entonces mucho más fácil y agudamente va a tartamudear. Pero esto es cierto respecto de todos los instantes de la vida en que hemos dejado de escuchar, en que hemos hipotecado el ser y nos hemos dirigido al exterior, en que hemos desarrollado dependencia. En ese momento perdemos seguridad, perdemos anclaje interior y ya no podemos dialogar con el mundo. Dialogar con el mundo es corresponderse, es algo que siempre es recíproco, pero cuando perdemos reciprocidad ya no nos hemos escuchado, ya no estamos en el lenguaje de la vida, literalmente estamos de nuevo muriendo. Así tenemos como el lenguaje, la palabra, el sonido nos vuelve a anclar al interior y nos introduce más intensamente en el presente.

Construcción del Carácter: Recorrido por los 12 Arquetipos
Vamos mirando dos dimensiones, vamos a entrar en el mundo de los arquetipos. Esto es tejer, estamos en el cuerpo y estamos en las personalidades, vemos que las personalidades son un instrumento, que el carácter constituye las cuerdas del instrumento. Para escuchar la resonancia de las cuerdas del instrumento tenemos que desarrollar escucha, pero como es un diamante de mil caras vamos a verlo simultáneamente en otra dimensión. Nosotros necesitamos control, necesitamos seguridad, si perdemos el control perdemos la confianza, si perdemos la confianza perdemos la seguridad, si perdemos la seguridad no tenemos un territorio propio, es decir, no sabemos dónde aterrizar, no tenemos raíces, no tenemos los pies en tierra.

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El primer Arquetipo de la humanidad, la primera conquista nuestra, la primera gran necesidad humana es la Seguridad. Sin Seguridad no se puede dar ningún desarrollo en términos humanos. La Seguridad proviene de la posibilidad del control, el control proviene de que tú te muevas en un territorio que conozcas, eso lo llamamos un territorio de la conciencia y ese territorio de la conciencia puede ser controlado si hay una correcta visión. Pero además ese territorio tiene tiempos, para que tengas control el tiempo de ese territorio debe ser presente, porque si estás en el pasado pierdes el control, eres la víctima y si estás en el futuro estás colgado, no puedes aterrizar, no puedes concretar. Para que estés en el medio de tu propio territorio, en el centro de tu integridad, en tu núcleo de tensegridad, necesitas conquistar el tiempo presente, para lograrlo necesitas control. Entonces el carácter tiene una cuerda que hay que templar que se llama el control, si yo pierdo el control, si pierdo la visión, si pierdo el enfoque, entonces esa cuerda se revienta o se destempla. La segunda cuerda del carácter que vamos a templar se llama compromiso, si yo no ingreso en el territorio del presente, si yo no conquisto el tiempo interior que es el tiempo presente pierdo el compromiso, es decir, el control del tiempo. Compromiso es control del tiempo y la vida. Veremos el concepto compromiso muy detenidamente, es también tiempo, es sobre todo tiempo. Eso que llamamos espacio tiempo es puro tiempo condensado, este cuerpo que ustedes tienen, no son sino las huellas del tiempo, es tiempo desplegado. El espacio es tiempo explícito, el tiempo es espacio implícito o espacio potencial. Vamos a verlo en otra dimensión: todo es tiempo. El tiempo es oro porque el tiempo es conciencia y la conciencia es el movimiento de la vida. Veíamos cómo es posible ir a rescatar el tiempo perdido, el de la historia, cuando rescatamos el significado y hacemos la historia viva significativa en presente. Rescatar el tiempo es rescatar la vida, porque la vida es un código del tiempo, la vida es una oscilación rítmica del Creador y podemos medirla como eventos que se repiten en el tiempo, o sea: frecuencias. Todo en el Universo vibra, o sea todo en el Universo tiene frecuencias, todo en el Universo se relaciona a través de códigos de frecuencias. Todas las cosas se coresponden, o sea se responden entre sí y se responden entre sí porque re-suenan, vuelven a sonar. Yo re-sueno contigo, mi sonido evoca tú sonido, entra en resonancia contigo. Y todas las cosas están en resonancia porque guardan ciertas proporciones rítmicas, porque todas las cosas son armónicas unas de otras, es decir: En una cosa están todas las cosas, porque cada cosa es un armónico de un solo sonido fundamental que continúa en armónicos hasta el infinito. Recordemos que los armónicos de una nota fundamental son simplemente múltiplos de esa nota fundamental. Así que el Universo es un Universo de armónicos que están comunicados en re-sonancia, que se co-responden, o sea: Este es un Universo de sensibilidades, todas las cosas son sensibles unas a otras. Estamos de la mano del sonido a través del sonido descubrimos el tiempo, descubrimos los ritmos, descubrimos la correspondencia, descubrimos las resonancias y así encontramos de nuevo la unidad. Encontramos que toda la diversidad es simplemente una expansión de la unidad y empezamos a descubrir no un Universo sino un omniverso o un uni-diverso, eso es nuestro universo y así empezamos a aceptar el código de la diversidad. Cuando tomamos entonces las notas, encontramos que hay patrones rítmicos. Todo cuanto existe es un patrón rítmico todo, absolutamente todo. Un protón, un electrón, un libro, un pensamiento, una galaxia es un patrón rítmico, es un ordenamiento de formas o de sonidos o de vibraciones, ya sean colores, sonidos, vibraciones electromagnéticas, al fin y al cabo todos son oscilaciones rítmicas. Y ustedes me dicen: “¿Y las formas?”, las formas también son patrones de organización rítmica. A través de las transformaciones de Fourier, transformaciones que pertenecen a las matemáticas complejas, ustedes pueden convertir todo patrón rítmico en un patrón mórfico y todo patrón mórfico en un patrón rítmico. Es decir las formas y las vibraciones son interconvertibles aún matemáticamente, de tal

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manera que el organismo lee en códigos de frecuencia y esos códigos de frecuencia son armónicos de una palabra fundamental, del verbo de la nota fundamental de tu vida, del sonido del alma. El alma se diversifica en ti y da la chispa de luz de tus ojos y da la frecuencia de tu corazón, y así se va cualificando tu cuerpo. Vamos entendiendo el código de la escucha que es el código del sonido y vamos entendiendo la importancia de escuchar todos los instrumentos no sólo los que nos gustan, a veces solo nos gusta la música clásica pero en nosotros hay un bolero y un porro y hay un apalé y muchos otros ritmos que nos hemos negado en la vida porque hemos caído en el exclusivismo. Así Tomatis, se encontró este famoso pintor que pintaba sólo en amarillo, cuando lo estudió su oído encontró que solamente escuchaba un tipo de frecuencias, estaba sordo en todos los otros tipos de frecuencias. Este pintor era muy infeliz obviamente, pero era muy apreciado por sus cuadros, fue sometido a un test de escucha y a un tratamiento de audiosicofonología, se le enseñó a escuchar otra vez. Se puso muy feliz en su vida pero sus clientes se pusieron muy tristes porque no volvió a pintar en esos maravillosos tonos amarillos, sino que apareció el rojo, el verde y los otros colores, es decir, completó el espectro. Esto es tan importante, aún desde el punto de vista terapéutico, que cuando nosotros hablamos todo nuestro cuerpo entra en resonancia. Hablar es vital para autoreconocerse, para integrarse, nuestra voz es una música que resuena en la hipófisis y la hace producir beta endorfinas. Cuando yo produzco un sonido puedo poner a vibrar la silla turca y hacer que se produzcan endorfinas y también cambiar el equilibrio hormonal. Otro ejemplo de la vida cotidiana es el caso de los monjes que cantaban el canto gregoriano, cuando cambió la liturgia y les quitaron el canto gregoriano, todos esos monjes benedictinos se deprimieron. Les hicieron mil estudios y los llevaron al psiquiatra y no encontraban la causa, los llevaron a donde Tomatís, les hizo el test de escucha y los volvió a poner a cantar el canto gregoriano y todos salieron de la depresión. El canto gregoriano tiene un efecto antidepresivo, sobre todo si ya tú te nutres de ese tipo de sonido, también nos alimentamos de los sonidos. Pero las cosas van hasta los huesos, yo tuve hace unos 20 años más o menos, una paciente con unos osteomelitis crónica supremamente severa que tenía un dolor terrible. Me llamaba la atención que ese dolor era resistente a los opiáceos, a los derivados de la morfina, absolutamente a todo, esta mujer lloraba día y noche. Cogimos un audiofrecuencímetro, es decir, un equipo que sirve para afinar instrumentos musicales, nosotros lo utilizamos en la terapia porque el hombre es también un instrumento musical. El audiofreceuncímetro emite notas en toda la escala pero también tiene un detector para recibir esas notas y ver si la nota que se da y la nota que emite el paciente o el instrumento corresponden exactamente, así se afinan los instrumentos. Hablamos con la señora, ella tenía una excelente voz y lo que llamamos un excelente oído, pero había una nota que por más que ensayara no podía reproducir, ni hacia arriba ni hacia abajo. Le grabamos esa nota y la pusimos a oír esa nota y tratar de repetirla todos los días, dos tres minutos por la mañana, dos tres minutos por la tarde y encontramos algo maravilloso, es decir, que cuando lograba reproducir esa nota durante uno o dos minutos tenía 24 horas de analgesia, es decir era la nota que le faltaba para completarse. Frecuentemente la enfermedad es un vacío, es una ruptura de nuestra red vibracional, es un sonido que no podemos escuchar, es algo que no podemos ver, es un color al que hemos renunciado en la vida, es una pérdida del colorido de la vida que está mostrándonos un punto de ruptura, un punto por donde se está desfondado nuestra integridad. El compromiso es entonces templar la cuerda, es escuchar, cuando estás escuchando estás en presente. Si escuchas el mar y las olas a la orilla del mar, en ese momento ocurre algo trascendental, una alineación; en ese segundo estás en presente y cuando estás en presente estás ingresando en el tiempo del alma, el tiempo vertical, el tiempo sin pasado ni futuro, el tiempo de la eternidad. En ese momento

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estás haciendo magia, la magia no es un ritual externo, es lo que nosotros hacemos en la vida cotidiana cuando nos podemos alinear. Entonces tenemos que el Arquetipo de la Seguridad está hecho de estas dos cosas: yo estoy seguro cuando estoy en el ahora y aquí, todo lo demás es incierto. Yo estoy seguro cuando acepto la incertidumbre desde la certidumbre de este momento, porque este momento es cierto, este momento es existencia pura, este momento es la presencia existencial del espíritu en mí. Así que cuando yo estoy en presente, ahora y aquí, cuando veo este lugar y escucho este lugar, cuando entro en el espacio tiempo de este instante y de este lugar, en ese momento tengo la única seguridad posible porque el hombre es impermanencia, no sabemos si es primero mañana o la eternidad. De todas maneras de este lugar y de este segundo yo puedo estar seguro en la vivencia, la única certidumbre es que el pasado y el futuro se vuelven incertidumbre, pero esa incertidumbre ya no nos importa en la aventura infinita del momento porque el instante, el momento, es una aventura cuando lo puedes vivir así intensamente, cuando puedes escuchar el momento, cuando te puedes escuchar en el momento. A eso lo llamamos entonces el Arquetipo de la Seguridad y vamos a empezar a mirar nuestras visiones del mundo. Visiones del Mundo. Tenemos la visión fundamentalista, pasamos por la visión causal, pasamos en la flecha del tiempo del pasado al futuro, nos regresamos al tiempo para cambiar el significado de la historia, pero cuando cambiamos el significado de la historia estamos en presente y en presente tenemos una visión del mundo que llamamos el control. Tenemos control de nuestro horizonte, de nuestro enfoque, de nuestra perspectiva y en presente tenemos también la escucha. ¿Qué ocurre entonces en ese momento, cuando la flecha del tiempo va en todas las direcciones, hacia delante, hacia atrás y cruzado por la vertical? Que se forma un vórtice, se forma un punto de cruce, ese punto de cruce es un punto crucial, es un punto de conciencia, de conciencia de sí y ese punto de conciencia de sí, me permite que aparezca otra visión del mundo. Desde acá (sector izquierdo) el mundo tiene muchas perspectivas, muchos tiempos, muchos espacios, pero todos los tiempos y los espacios de ese mundo son creados por el observador. Aquí nace el observador, aquí nace el alma, el alma es el observador en nosotros. Aquí no somos el pensamiento, ni lo pensado sino el pensador, aquí estamos en el espacio vacío entre los pensamientos que es presente infinito, es momento, es interior. Aquí estamos en el universo humano, estamos en el universo de la meditación, no la de meditación como un ritmo, una secuencia, una escuela, sino como algo ligado a la vida cotidiana, tenemos consciencia de nosotros, recuperamos el centro. Aquí (sector de la derecha) el mundo es un mundo externo que se te impone, hay normas, hay leyes que tú sufres o gozas o entiendes, pero de todas maneras esas leyes son externas a ti. Aquí ese mundo de pronto te cruza, pero es solamente a través de un vector en lo que llamamos la causalidad. Pero tú aquí (izquierda) tomas posesión del mundo porque regresas al centro y eres el observador y el observador sabe que no hay textos sino contextos y entonces nace el modelo de lectura contextual, el de la relatividad. Todo depende de los ojos con que lo mires. Todo depende de la posición del observador, todo depende de la cultura del paciente. El sentido de todo lo que tú ves depende de tu perspectiva y esa perspectiva es variable. Cuando nosotros entramos en el mundo de lo contextual entramos en un mundo de amplia banda pasante, de amplia tolerancia, entramos en el universo de la relatividad. Salimos del universo del dogma y entendemos que el único dogma es que no pueden existir verdades absolutas, que la verdad es evolutiva, es móvil, es relativa, es fluida como la vida, que todo depende del lente con que se mire. Cuando entramos en ese mundo contextual entonces entramos en el mundo en el que es posible la Psicosíntesis, porque comprendemos que los aspectos de la personalidad se cruzan en el centro: que hay una personalidad central, dominante, guía. De hecho cuando se hacen regresiones en pacientes con personalidad múltiple, que cada vez son más

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frecuentes, todos los autores describen que se llega a un maestro interior, a una personalidad que trasciende todas las otras personalidades, a una personalidad que no muere, a una personalidad que le da sentido a todas las sub-personalidades y que las puede coordinar. Cuando llegamos a esa personalidad central vemos que ella es la que vive en presente y la que está en contacto con el alma. Esa personalidad no juzga, ahí no existe el juicio, para esa personalidad no hay personalidades malas o buenas, no tiene la necesidad de que la persona se polarice en una u otra dirección, sino que es el agente que centra, es aquella que cruza todos los vectores en el centro, es el agente de la síntesis, de lo sistémico, de la complejidad. Sale entonces una visión del mundo que es la Visión Sistémica que nos dice que una personalidad es un sistema y es un sistema coherente. No hay nada que no tenga sentido en el seno de la personalidad, un vector siempre se ha equilibrado por su otra polaridad y hay un punto de encuentro en el centro. Pero no solo eso sino que ahí hay una unidad orgánica, esa personalidad es autosuficiente; autosuficiente es que se automantiene, se autorecrea, tiene una vida, tiene un patrón de organización, tiene una coherencia interior. De tal manera que avanzamos, entonces tenemos un punto, alguien descubre que ese punto se desplaza entonces dice “aparece el tiempo”, pero realmente el que se mueve no es el tiempo, no es el punto, es la conciencia. La conciencia crea el tiempo, el maestro le pregunta a sus discípulos “¿que se mueve cuando la bandera ondea?” el primer discípulo dice “se mueve la bandera”, el segundo discípulo dice “se mueve el viento”, el maestro dice “no, se mueve tu conciencia”. Realmente todo lo que vemos como movimiento es el movimiento de la conciencia, es la ilusión del tiempo, cuando la conciencia se aquieta regresa al centro y por el centro se cruzan todos los vectores. El arte de sanar la vida es el arte de regresar al centro, de regresar al tiempo presente, de regresar al instante. Cuando estamos en el instante, en el tiempo presente somos el observador y el observador ni es el campo de observación, ni el fenómeno observado sino aquello que habita en el vacío del presente, el observador es el alma. El observador es el pensador, no el pensamiento. Al observador lo denominamos el tercer punto focal de la mente. Teníamos dos puntos de enfoque: uno es el campo de observación, otro es el fenómeno observado y ahora estamos en el tercer punto focal, el punto de la síntesis, aquel que hace que nuestra visión tenga un enfoque, una dirección y un sentido, ese es el observador, el tercer punto focal de la mente. Cuando nace el observador, nace la necesidad de una lectura contextual del mundo. Antes del observador existen textos, las leyes de la causalidad, las leyes de la ciencia, en la medicina estudiamos la historia clínica del paciente y miramos en el pasado la causa de los efectos que tenemos ahora en el presente. Pero cuando nace el observador el tiempo no solo viene del pasado, sino que se desplaza hacia el futuro, es decir que las cosas no sólo tienen historia sino que las cosas tienen un sentido, tienen una dirección, tienen un propósito. Desde el territorio del observador no me pregunto sólo por lo que ha pasado sino por lo que puede pasar, no me demando de dónde viene sino hacia dónde va, si puedo predecir hacia dónde vas o hacia dónde voy y vuelvo significativo, ya no sólo la historia y el pasado en términos del presente, sino que vuelvo significativo también los objetivos, los sueños, el sentido, los propósitos, en función de presente, conquisto el sentido de mi vida y con ello la fuerza.

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Sanar la Vida VII

El observador es el maestro de los procesos y en la vida no existen hechos, solo existen procesos. Procesos son todas aquellas cosas que están ocurriendo ya, ahora y aquí, lo que está ocurriendo en presente. Cuando puedes inmiscuirte en el mundo de los procesos estás en el mundo del observador. No estás en el limitante mundo de los resultados y las expectativas que son una prisión del intelecto. No estás en el mundo de los condicionamientos, la culpa, el karma, la historia, sino que estás en el mundo del proceso, estás haciendo camino. No pierdes de vista el horizonte, la perspectiva, pero te olvidas de la meta. Te olvidas del resultado y te entregas al proceso, te olvidas de la cosecha y te entregas a plantar la semilla. El hombre es un sembrador de semillas, pero para sembrar la semilla sin sufrir hay que olvidarse de la cosecha. Si yo siembro la semilla y mientras siembro la semilla pretendo cosechar, al otro día vuelvo a abrir la tierra y escarbo para ver la semilla. Ustedes se imaginan un agricultor que se asoma a ver cómo va la semilla de maíz todos los días, la mata ¿no? Eso es lo que pasa con nosotros que no renunciamos a los resultados. No renunciamos a las metas, estamos colgados de ellas y nos olvidamos del camino, nos olvidamos de los procesos. Bienaventurados aquellos que viven la meta en el camino, porque de ellos es el reino de los procesos y el reino de los procesos es el reino de los cielos, el reino del alma, el reino del observador. Estar en el proceso es actuar localmente sintiendo totalmente. Ya has pensado globalmente, ya has conquistado el mundo de los contextos, ya tienes la amplia perspectiva, ya subiste a la cima de la montaña pero eso te sirve para volar, no te puedes quedar ahí soñando en la montaña. Ya subiste a la cima de Capricornio, pero uno asciende a la cima de Capricornio para bajar con el agua abundante de la vida y el agua abundante de la vida es anunciar que en el presente

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vive la conciencia, en el presente están vivos los procesos. Ahí se está realizando la síntesis y ocurre algo muy lindo: empieza el mundo de la vida, el mundo de lo orgánico, el mundo de lo sistémico. Cuando estás en el centro muchos vectores se cruzan, muchos hilos se cruzan. El centro siempre es un vórtice, el centro siempre es el ojo del huracán. El centro siempre es un centro caótico desde donde es posible el surgimiento de algo nuevo, algo que renueva, algo que se crea. El centro siempre es un centro de creación, es en el centro donde está ocurriendo la creación. El centro siempre es el centro del universo. El universo no tiene un centro en el centro de la galaxia, el centro del universo es el corazón de un hombre que tiene consciencia. En ese momento todos los vectores comunican en el centro de nuestro corazón. No hay que ir al centro de la galaxia, hay que ir al corazón, porque ahí está toda la historia de la evolución. El arte de regresar al corazón, de rescatar el centro es el arte de la síntesis, de la psicosíntesis y ocurre algo muy especial, es que en el centro el sistema se cierra, y al cerrarse se hace autónomo. Digamos que ustedes tenían aquí un punto, el punto forma una línea, la línea se devuelve porque es una flecha de dos direcciones, el tiempo es reversible, ustedes van al futuro pero se devuelven hacia el pasado y pueden conjugar futuro y pasado en la causalidad circular en ese punto que llamamos el presente, pero vemos que ese presente también se desplaza hacia el futuro pero que existe un gran tiempo, un tiempo vertical entonces hace la onda hacia arriba y se devuelve, pero también se sumerge en Eros que era lo que estábamos viendo, de tal manera que tenemos en el centro del observador todos los espacios y todos los tiempos confluyendo, se forman múltiples vectores o múltiples contextos. Si él ve que la vida cambia según si la mira hacia el futuro, hacia el pasado, hacia arriba, hacia abajo, hacia la izquierda o hacia la derecha reconoce quién está anclado en el pasado y no lo juzga. Le ayuda mirar en otra dirección, a reconocer que también hay un sentido, que hay una dirección que es la del futuro, no le hace regresiones toda la vida a ver si por fin va a resolver el problema de si era Cleopatra o el Rey Salomón, sino que también lo proyecta al futuro, en la dirección del alma. Es decir que hay otras opciones terapéuticas, que se trata no tanto de proyectar al pasado o al futuro, sino al centro, a este momento y enseñarle a escuchar, a escucharse, a comprender las señales de su cuerpo y de su vida. Segundo Arquetipo: Identidad. Así entonces va conquistando un contexto, el territorio de la conciencia siempre es contextual, siempre es relativo, nunca es textual, porque es un territorio de comprensión amorosa, es un territorio de tolerancia, de atracción magnética hacia el centro. Pero cuando eso se logra entonces uno va construyendo un espacio que es su espacio, a ese territorio lo llamamos la Identidad y la Identidad es el segundo Arquetipo de la humanidad. ¿Qué necesitamos? Identidad. Una vez que tenemos un piso en el que asentarnos, en el que soportarnos, necesitamos apropiarnos de una parte de ese territorio, sentirlo nuestro territorio, deambular con seguridad al interior de ese territorio al que llamamos la Identidad. Vamos a ver cómo buena parte de nuestras enfermedades provienen de que hemos perdido nuestra auto-imagen, de que hemos perdido nuestra conciencia de nosotros mismos, hemos perdido nuestra Identidad. Vamos a repasar esto que es la primera gran afirmación, yo le llamo el SI, “S” de Seguridad “I” de Identidad. Primero tenemos que decirle sí a la vida, asegurarnos, tener un soporte sensible, tener un colchón afectivo en el cual nos podamos recostar, para soportar las tensiones del mundo y tener un territorio que llamamos nuestro, tener una identidad personal. Podemos describir el territorio de la identidad cuando el círculo se cierra, mantienes todos sus vectores y aparece una célula o una persona humana o una galaxia. ¿Por qué tiene Identidad? Porque tiene una membrana, porque está rodeado de una piel sensible y alrededor de esa piel se comunica. Desde esa piel sensible dialoga con el universo pero también mantiene

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un equilibrio interior, aparece un patrón de organización, a ese patrón de organización le llamamos un organismo. Un organismo es un sistema complejo. Entramos en el misterio de los sistemas complejos que para mí es tal vez lo más apasionante del avance de nuestra ciencia actual, son los sistemas complejos. Cuando hablamos de terapias sistémicas, nos estamos refiriendo precisamente a lo que la ciencia denomina los sistemas complejos. Muchas de las terapias familiares, el eneagrama, las constelaciones familiares, vienen exactamente de esta concepción sistémica. Pero toda la ciencia de la complejidad, la ciencia del caos, la ciencia de los fractales, las matemáticas complejas, la consideración de la existencia de números negativos, todos esos avances que se dan en nuestra visión del mundo están precisamente anclados aquí, en la concepción sistémica. ¿Qué es entonces un sistema? Es un territorio en el que interactúan partes armónicas comunicadas entre sí. En el interior de un sistema surgen la armonía, la resonancia, el dialogo. Hay un lenguaje, quiere decir que hay compresión, un sistema es una entidad donde se da la comprensión entre sus elementos. La relación ya no es simplemente reactiva, ya no reaccionan los unos con los otros, como ocurre en el universo de la física, hay además un dialogo, un lenguaje, hay comprensión. Cuando este sistema es un sistema humano, la comprensión desarrolla otra propiedad, que se llama comprensión amorosa. El lenguaje universal de la humanidad es la comprensión amorosa, la compresión amorosa permite relaciones humanas justas y eso es lo que todos vinimos a aprender. Aprender a relacionarnos desde la justicia, desde la hermandad, desde el equilibrio y la condición de eso es que haya amor. Miren como vamos tejiendo la red hablamos del mundo de los sistemas y vamos a ver que los patrones de personalidad son sistemas. Si yo te trato un aspecto de la personalidad fuera de contexto, fuera de tu centro, fuera del alma, realmente te estoy creando un desequilibrio, te tengo que tratar en todo tu contexto. Tengo que reconocer que cada aspecto de la personalidad por “negativo” que sea es absolutamente necesario para la evolución, que frecuentemente ese aspecto negativo no resuelto es la mejor oportunidad que tienes para ascender por la escalera de la vida desde Eros hasta Logos, haciendo la síntesis a nivel del ego. Tenemos entonces, mirando en otra dimensión, que nosotros tenemos una unidad nuclear, esa unidad nuclear es el Ser, allí ya somos perfectos, allí ya está toda la información, allí confluyen todos los vectores de la vida, todas las subpersonalidades están en esa unidad nuclear. Enseguida, tenemos la Sombra, todas las tendencias, todos los impulsos, todas aquellas cosas de nosotros que nos separan de la vida, que niegan esa unidad nuclear está acá. Adentro es la luz, aquí está la sombra, entre ellas reside la unidad crepuscular de transición donde se produce todo lo bello de la vida. El arte, los poemas, la música, son producto de ese claro-oscuro ya que surgen cuando la gente transita desde el mundo de la sombra hacia el mundo de la luz. En ese tránsito aparecen la aurora y el crepúsculo, aparece el atardecer o el amanecer de la vida, esos momentos críticos en que se tiene una percepción tenue de la luz y se ve que el color es el sufrimiento de la luz interior. Pero aquí (señalando la circunferencia externa) tenemos la máscara, la apariencia. Entonces si miramos las subpersonalidades veremos que realmente son un vector que pasa por muchos territorios. En el territorio del ser la subpersonalidad es una nota esencial para tu música, en el territorio de la sombra es una distorsión de tu música, pero sigue siendo tu música, y en el territorio de la máscara es una estrategia adaptativa, un barniz que has puesto para que no se te vea la sombra. Lo esencial es comprender que cuando te pones ese barniz encima de la sombra, estás haciendo más lejana la posibilidad de percibir tu luz, porque para conquistar tu luz tiene que pasar a través de tu sombra. El camino de la unificación supone primero descender a Eros, y desde Eros entonces sí, ascender a Logos. Lo más alto es siempre lo más interior, Logos no está por allá arriba por la estratosfera 50 pies o 50 metros de altura sino que está en el núcleo de cada

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célula, en el núcleo de tu corazón, allí está Logos. Ascender a Logos es regresar al interior y regresar al interior es aceptarte, porque el disolvente de esta máscara es aceptación. Para disolver todo esto y llegar a nuestra quinta esencia, no nos queda más remedio que la aceptación. Pero para aceptar necesitamos aceptar y reconocer todas estas subpersonalidades, todas esas tendencias que aquí aparecen como negativas. Vamos a verlo en otra dimensión. Tenemos entonces que el cuadro de la vida sería este, ya vemos que es un patrón cerrado de organización. La vida y los organismos se caracterizan porque no son sistemas cerrados totalmente como los de la Física. En la Física, los mecanismos son cerrados y están regidos por las leyes de la termodinámica clásica y las leyes de la Física. Los organismos en cambio son abiertos a intercambiar la materia y la energía y la información, sólo son cerrados organizativamente es decir, mantienen su identidad. Independientemente de que yo coma marisco o arroz o sea vegetariano, mantengo mi cerebro, mantengo mi forma, independientemente de que cambie el combustible, independientemente de que me nutra de Marx, o de Jesús, o de Freud, mantengo mi forma. Puedo ingresar muchas cosas diferentes en el instrumento desde el punto de vista materia, energía e información pero el milagro de la vida es que mantiene la constancia de la forma, la constancia del patrón de organización. Así que tenemos un sistema complejo, como la personalidad que mantiene la constancia del patrón de organización y ese sistema complejo está constituido de tres unidades, vamos a verlo ya no en una dimensión concéntrica sino en una dimensión vertical. Esas tres unidades son: primero Eros, los impulsos, el Id aquello que está sumergido; el Ego y el Súper-Ego o Logos. Todos ellos llegan aquí en su interfase (zona ondulada del dibujo) al contacto con un mar, un mar que es el de la conciencia colectiva, el mar de la Conciencia Universal que llamamos Rigpa, la sustancia luz es la Mente Universal. En la interfase entre la Mente Universal y el Súper-Ego encontramos el Karana Sarira, esa es la unidad de conciencia que representa el Templo de Salomón, el Templo del Alma. Digamos que ahí tenemos nuestro diseño y a través de ese instrumento nosotros podemos empezar a interactuar con la vida. Veíamos que en Eros hay un mar primitivo de impulsos, pero esos impulsos desordenados generan impulsos que tienen que nutrir al Súper-Ego. El procesamiento de esas señales se hace a través del Ego, es el Ego el que está dirigiendo esa operación. El Ego entonces es una interfase, es una membrana activa. Es el teatro en el cual ocurre la armonía de los pares de opuestos, siendo los pares de opuestos las fuerzas de Eros y las fuerzas de Logos. Pero las fuerzas de Eros y de Logos se vuelven complementarias a nivel del Ego, de tal manera que si yo comprendo y resuelvo la esquizofrenia de la vida y comprendo que sin sentimientos, sin emociones los pensamientos no tienen fuerza y que sin pensamientos las emociones no tienen dirección, empiezo a realizar la unidad que necesitaba de mis sentimientos y de mis impulsos para darle fuerza a mis pensamientos y mis sueños. Todos los sueños que desconocen a Eros son sueños flacos, son sueños desnutridos que no llegan a ninguna parte. Todos los sentimientos y las emociones que desconocen a Logos no tienen dirección, son apenas turbulencia, frecuentemente destructiva, son anarquismo. Cuando el Ego controla a Eros, Eros se desorganiza más, se vuelve más poderosamente destructivo, cuando el Ego teme a su Eros, a sus impulsos, lo fortalece; cuando lo reprime también lo fortalece; cuando huye lo fortalece. El trabajo de la Psicosíntesis es reconocer los vectores emergentes desde la parte oscura, la parte sombría y aceptarlos para llenar de fuerza, de luz y de radiación el Súper-Ego, y así realizar la síntesis radiante de tal manera que la persona o la personalidad se convierta en un agente de la luz del Alma. Realmente a todo este proceso es lo que llamamos el proceso de alineación. Cuando logramos esta coherencia o esta alineación, somos agentes del alma. La persona o personalidad es un cristal a través del cual puede pasar la luz del alma, somos agentes de polarización de esa luz. Cuando hemos logrado la alineación asumimos nuestra verdadera Identidad. Hemos perdido la

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Identidad porque hemos negado los aspectos “negativos” de nuestra personalidad. ¿Como conquistamos esos aspectos negativos, que tienen un temor pavoroso del intelecto y un temor enorme al Ego? No puede ser desde el mundo del intelecto y de la conciencia habitual, tenemos que entrar en un estado de conciencia no vigilante, y un estado de conciencia no vigilante es el mundo del juego. Es jugando con esos aspectos de la personalidad como los podemos conquistar. Es a través del mundo del dibujo, del arte, de la escritura automática, porque esos aspectos sólo se dejan conquistar y se dejan atraer cuando no están sometidos al imperio del Ego. Es necesario formar en el juego un vórtice atractivo desde el Ego para que las fuerzas de Eros asciendan y toquen nuestro corazón y podamos dialogar con ellas y para eso tenemos que regresar a la Seguridad.

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Sanar la Vida VIII

¿Dónde se siente seguro Eros? Eros solamente se siente seguro en el Paraíso. ¿Cuál es el Arquetipo del Paraíso?, ¿Que es lo que nos da la máxima Seguridad? Cuando estamos en el Paraíso como territorio nos sentimos seguros, nos sentimos confiados, progresivos. El territorio del paraíso es el territorio de la infancia, es decir, es el territorio de la inocencia. Con el Inocente tenemos el primer héroe arquetípico en nuestro periplo como seres humanos. El Inocente es el Arquetipo del niño Dios, del niño Jesús, de la ternura, de la dulzura, de la pureza, del no condicionamiento, de la desnudez, del nacimiento, de la naturaleza humana en contacto pleno con la Naturaleza. A nivel del arquetipo de la Inocencia se da la mínima entropía, el máximo potencial, el máximo nivel de organización. En el Arquetipo de la Inocencia volvemos a conquistar el Reino de los Cielos, el Reino de los Cielos es este paraíso mítico y en este paraíso mítico no nos habíamos puesto la hoja de parra, es decir: aún no habíamos sido expulsados del paraíso. En ese paraíso no existe el mal, el mal era parte del bien. No existía la serpiente del bien y del mal, no existían cosas como la tentación, como la culpa o la condenación o el separatismo, todavía no nos habíamos divido al interior entre la materia y el espíritu; la materia también era espiritual. Cuando accedemos al árbol del conocimiento del bien y del mal nos separamos, es decir, el conocimiento es una herramienta para separar el mundo, una estrategia que necesitábamos en la evolución, necesitábamos conocer el mundo separándonos. Pero la verdadera sabiduría es rescatar la integridad y rescatar esa integridad es regresar a la Inocencia. Regresar a la Inocencia es regresar al territorio de la flexibilidad, de la vulnerabilidad, de la humildad, de la trasparencia, de la Inocencia en el sentido de ser puros. Cuando tú eres puro, las bestias se transforman en tus servidores, los demonios se transforman en dragones alados, se transforman en Pegasos con alas para que tú vueles y llegues a tu objetivo. La primera propuesta es entonces regresar a la Inocencia, pero obviamente eso tiene su traducción. Regresar a la Inocencia es renunciar a la prisión del intelecto y la prisión del intelecto genera apegos y aversiones, es decir, genera dependencia. La dependencia es una manifestación de que hemos perdido la Seguridad, de que hemos perdido la confianza y la perdida de la seguridad y la confianza es que hemos perdido el paraíso, pero todo paraíso es interior, vamos a verlo. Trabajo con la Sombra: Ejercicio de Psicosíntesis. Ahí donde empieza el juego empieza la genuina terapéutica de integración de las fuerzas de Eros, porque las fuerzas de Eros son juguetonas. El exorcista de las fuerzas de Eros, dentro de los héroes arquetípicos, es el último que conquistamos y ese es el Bufón. Si estás demasiado serio, si no te ríes de ti mismo, si no te ríes de la vida, si te lo tomas todo demasiado en serio entonces los ratoncitos se te van a esconder y no vas a poder jugar con ellos. Pero tú vas a llamar a los ratones al juego y si eres un Bufón, es decir si no te tomas en serio y te ríes de ti mismo, ellos van a entrar en el juego. Siempre que tengan un aspecto que no les guste píntenlo, (en tanto dice esto pinta un puercoespín), vaya, yo quería pintar un puercoespín pero me salió un conejo sonriente ¿no? Esto no es por casualidad, antes me salía muy bien el puercoespín, porque en mí había un puercoespín, con mucha crítica, con mucha intolerancia, con mucho sentimiento de superioridad, con mucho separatismo, con mucho orgullo espiritual. Obviamente que todavía quedan muchos de esos ratones por allá agazapados, pero de todas maneras uno va trabajando, después de muchos años ya es muy difícil que me salga un puercoespín porque ese era mi juego, y yo jugaba

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con él y me daba mucho miedo, me daba terror de entrar al juego porque él me tiraba flechas y me chuzaba, era un animalito hostil, hasta que logré convencerlo de que jugáramos y que subiéramos a la montaña y en la cima se convirtió en un osito blanco, lo más hermoso del mundo. Si no es jugando, si no es con imágenes eidéticas, totales, recuperando la vivencia desde todos los sentidos, estos animalitos no se dejan conquistar. Pero si tú empiezas a jugar se acercan a ti y te revelan su secreto y de pronto te hacen llorar; yo lloré muchas veces porque ese puercoespín no es sino un niño inocente que se tuvo que poner una armadura por el maltrato del ego. Es un niño al que no dejé jugar, es un niño al que no dejé descansar, es un niño al que oprimí toda la vida y debido a ello él me negó su ternura, su fuerza, me negó su vida. Entonces ustedes cogen estos aspectos de la personalidad y les asignan un nombre, es muy importante hacerlo, es mágico nombrarlos. Cuando empezamos a atribuirle un nombre y un apellido, tú te llamas Miko, tú te llamas Piedra, cualquier nombre cuanto más absurdo y más ridículo mucho mejor ya que es jugar al absurdo. Tengan bien en cuenta que si no cabe lo absurdo está metido el Ego, está metido el intelecto y están haciendo otro tipo de juego. Una vez que lo nombran ya ustedes le han creado una membrana activa, un patrón de organización, en cierta forma le han dado vida y le han dado voz, ya tiene derecho a hablar. Enseguida lo ponen a hablar, como el Ego está metido es muy difícil al comienzo porque el Ego no escucha y mucho menos va a escuchar a un animalito al que acabas de bautizar, pero al cabo de un tiempo te empieza a hablar y te empieza a decir cosas. Déjense llevar por la imaginación, el mundo de la imaginación es el mundo del presente, es el más real de los mundos, todo lo que ustedes ven en la creación son precipitación de imágenes que alguna vez fueron pensamientos. Esos pensamientos se revistieron del poder magnético del deseo y se precipitaron hasta el mundo de las formas y surgió este hotel o surgió una casa o surgió un matrimonio, todo lo que nos rodea fue primero una imagen. Así que recurramos al mundo de los niños, el mundo de la fantasía, el mundo de la infancia que es el de la imaginación y empezamos a conversar con estos aspectos de la personalidad y empezamos a escribir. Obviamente no escribimos cuando estamos hablando, lo hacemos más tarde sin que ellos nos vean, si ellos saben que estamos escribiendo de ellos no nos vuelven a dar su secretos. Lleven un pequeño diario, dedíquenle 10-15 minutos, no trabajen con todo el zoológico que con todo ese zoológico nadie puede. Empiecen con el animalito que más los perturbe, denle un nombre y cojan ese animalito y empiecen a conversar con él. Empiecen a oírlo, a escucharlo primero, denle voz y que él les proteste. Les va a protestar, al comienzo no se va a acercar, no va a querer hablar, va a tener recelos. Inclusive mírenlo a los ojos y ustedes ven como van cambiando los ojos del animalito. Primero está agresivo, luego tiene miedo, luego tiene tristezas, a veces se pone tierno y llora, pero los mira así de reojo a ver si ustedes quieren o no quieren. Ustedes les dicen “yo te necesito, tú eres parte de mi, tú eres lo mejor de mi, perdóname por haberte abandonado” empiezan a hablar de esta forma, pero que haya sentimiento, si no hay sentimiento el juego no vale, tiene que ser un juego lleno de sentimiento. Si está lleno de sentimiento es total y está lleno de sentido. Cuando él se aproxime lo suficiente, ustedes también le hablan, le dicen lo que se les ocurra. Cuando haya suficiente cercanía lo invitan a dar un paseo y lo van llevando a dar paseitos. De pronto cuando estén dando un paseo van a ver perros y fieras y cosas peligrosas y ese animalito va a tener miedo, va a tener miedo porque hay muchos eventos que atacan a ese animalito. Entonces demuéstrenle que ustedes lo van a proteger y lo van a cuidar y lo van a mimar, e invítenlo después a un paseo mucho más largo que es el ascenso a un nevado. El nevado es el símbolo de la pureza, es el símbolo de la amplia perspectiva, de los cuatro puntos cardinales, de la amplia visión, el nevado es el símbolo del alma. Entonces lo van ascendiendo y lo protegen, durante el ascenso él tiene frío y ustedes le arropan y lo llevan hasta la cima y en la cima le

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muestran su horizonte, el horizonte de la vida. Le dicen “mira esta también es tu visión, esta es mi visión pero es la tuya, yo te cedo mi visión. Esta también es tu vida, estos son tus sueños”. Dentro de ese trabajo con los Arquetipos ustedes van a encontrar que de pronto aparecen un anciano o una anciana, es el hombre sabio, es el Alma que aparece y los une y los bendice. Ocurren cosas aparentemente absurdas pero muy bellas, que hacen parte de los Arquetipos del Inconsciente Colectivo y en ese momento ustedes recuperan uno de los patrones esenciales para su Identidad y recuperan una gran cantidad de fuerza, descubren que toda la fuerza que hasta ahora han empleado en dividirse y en rechazar la pueden emplear para construir y la vida empieza a fluir. Muchas de las cosas que intentamos en la vida nos van mal porque nos hemos separado en pequeños compartimientos y toda nuestra energía, toda la economía de nuestra personalidad se nos va en contener las fuerzas de Eros. A duras penas nos alcanza la vida y a veces ni la energía ni la vida, para retener todas esas pulsiones inconscientes. Si dialogar con el animalito les resulta difícil simplemente rayen en un cuaderno, eso se le llama el ejercicio de la escritura automática, consiste en que escriban lo que se les ocurra. Por favor no vayan a caer en la ilusión de pensar que son el canal de un Maestro, o de una inteligencia superior, nada de eso, son un canal de sus propias energías, de sus propias fuerzas, de su propia luz, asuman la responsabilidad sobre ese canal y empiecen a escribir sin pensar. Los poetas escriben sin pensar. Un poeta que piensa para escribir está perdido, él fluye como una cascada, como un torrente, como un paisaje, él es más contexto que texto. Los textos de poesía realmente son contextos del alma. Ustedes al igual que el poeta no escriban para nadie, no escriban para que sea bonito o feo, para que suene bien, para enorgullecerse, para reivindicar el Ego, escriban para la vida. Si les es difícil escribir cojan colores y pinten, y pinten el animalito, al pintarlo se pintan a ustedes. Así como un niño pinta un árbol y el sol y su papá y su mamá y su familia y un buen psicólogo sabe exactamente en qué fase de su desarrollo de la personalidad está ese niño, así es con ustedes pues en esos momentos realmente son como niños. Entonces pinten la situación, lleven un cuadernito de dibujo y vayan llevando un seguimiento, será todo un proceso. Si tienen constancia, el trabajo la requiere, si le dedican 10-15 minutos todos los días, si tienen perseverancia, van a llegar a conocer aspectos tan desconocidos y tan cruciales de su vida y van a resolver tantos problemas, que van a estar realmente preparados como terapeutas para resolver muchos problemas de la gente. En el trabajo de Psicosíntesis, entonces, nosotros involucramos algunas preguntas y esas preguntas claves son: espejo de la relación ¿qué no me gusta? ¿qué no quiero? Y ahí lo podemos vincular al trabajo de psicosíntesis, vamos a hacer la experiencia aquí, porque tiene que ser una experiencia en la que el intelecto no entre. Si tú te pones a pensar qué es lo que no quieres, estás pensando, o sea que no estás hablando del querer sino de las programaciones intelectuales, del debería ser, no ¿qué es lo que no quieres? Entonces vamos a hacer un pequeño ejercicio para terminar esta primera fase. Ustedes se distribuyen en parejas, (pide a alguien que se acerque) este ejercicio es un poquito confrontador. Se colocan delante de la otra persona, le miran a los ojos, con una mano le sujetan por el hombro y con la otra van a llevar con el puño cerrado el brazo en dirección a su pecho en gesto de pegarle al tiempo que con tono enérgico le dicen: “¿qué no quieres?” Representan el ejercicio: “¿Qué no quieres?” - “la tristeza”. “¿Qué no quieres?” - “el frío”. “¿Qué no quieres?” – “el odio“. “¿Qué no quieres?”– “la separación“. “¿Qué no quieres?” – “el dolor“. “¿Qué no quieres?” – “la ignorancia“. Bueno, como ven ahí van saliendo muchos núcleos porque no das tiempo de pensar, llega un momento que tú te sientes confrontado y te irritas. Así trabajan los monjes tibetanos, cuando tú te confrontas, te confrontas, te confrontas, te confrontas, las últimas cosas que salen desde la irritación son las cosas más hondas, son las que realmente no quieres y aquello que no quieres es lo

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que más te duele y eso que más te duele es lo que tienes que trabajar. Empezamos a hacer ese ejercicio, hasta el ridículo no importa somos niños... no hay tiempo para pensar, es importante esa exigencia continua como en el momento de crisis porque así emerge todo el ser. Ustedes ven una persona pusilánime que de pronto en un momento de crisis es capaz de hacer todos los actos heroicos del mundo, es capaz de salvar a muchas personas, de entrar en un incendio, por ejemplo, y devolverse y arriesgar su propia vida, porque en ese momento no hay tiempo y cuando no hay tiempo es el presente, allí está el alma. Ustedes no tienen tiempo de preparar ni de elaborar ninguna respuesta, ahí la vida no se prepara, ahí la vida se vive. Y es bien especial, ustedes se han dado cuenta que cuando se aflojan los tornillos del Ego lo primero que aparece es la sonrisa, a ustedes le dan ganas de reírse y se ríen ¿no?, pero entre la risa y las lágrimas hay una frontera, un límite muy sutil, habitualmente los que más se ríen son los que terminan llorando. Así que si uno continúa el juego llega un momento en que realmente convulsiona el diafragma y desde lo más obscuro del infierno interior, desde allí donde tenían los demonios reprimidos, sale eso que “no quieren” y eso que no quieren es lo que ha generado la máxima resistencia, la máxima intolerancia y es precisamente aquello que más debemos trabajar. De pronto creemos que es que debemos trabajar la luz y el amor y las cosas bonitas y nos volvemos tiernos y románticos y entonces eso se endulza de tal manera que se nos suben las hormigas. Se trata de no endulzarlo tanto, de no ser tan empalagosos, de dedicarnos realmente a aquello que tenemos que trabajar y eso que tenemos que trabajar precisamente son nuestras resistencias. Allí donde estamos llenos de amor, pues bueno estamos llenos de amor, dejémoslo. Pero allí donde estamos llenos de oscuridad, de dolor y de resistencia, esa es la frontera de la vida donde tiene sentido nuestro trabajo. Y esa clave se obtiene a través del “¿que no quieres?” y posiblemente emerja en los momentos difíciles. ¿Ustedes han visto qué sucede cuando la gente se acalora? Al acalorarse uno aumenta el tono de la voz, aumenta las frecuencias pero también aumenta la velocidad de las palabras. ¿Han visto una discusión? Eso es machacar palabras una encima de otras, en ese momento están saliendo cosas que uno ni siquiera se imaginaba, después pide de nuevo disculpas, aparece la víctima y pide disculpas. Pues bien en ese momento está saliendo lo esencial, aquello que tú creías que habías controlado y no habías logrado controlar, aquello que tenía profundas raíces; aquello que te has ocupado cuidadosamente de afeitar y de podar para que no salga afuera, pero mientras más lo podas más fortaleza le vas a dar a sus raíces y más profundamente incluido está dentro del Ego. Entonces el trabajo es reconocer nuestras resistencias, aquello que no queremos, aquello a lo que nos resistimos, sabiendo que aquello que nos genera mayor aversión proviene de nuestro mayor apego. El odio es amor triste. Son polaridades de la subpersonalidad, o de las tendencias, o de los impulsos. Entonces mucho cuidado en el juego del inconsciente, porque si ustedes van profundizando desde el juego -no desde el intelecto-, van a reconocer a un hombre desconocido o a una mujer desconocida. Van a reconocer la cara oculta, pero esa cara oculta está proyectando su sombra sobre la vida cotidiana y vamos a comprender entonces muchas de las cosas que no hemos podido comprender, que no hemos podido dominar en nuestra vida porque venían de nuestra cara oculta y estaban cuidadosamente guardadas. Pausa y ejercicios. Nuestra civilización es una civilización masculina, es una civilización patriarcal, machista, que se olvidó del otro lado de la vida. Se olvidó de la dulzura, de la ternura, de la apertura, de la fecundidad, de lo blando, de lo húmedo, todas aquellas cosas que permiten crear un territorio para que germine la semilla. Nuestra civilización es algo así como una civilización de semillas secas, almacenadas para el consumo. Pero nuestras semillas no son para almacenar sino para sembrar, sin embargo en nuestra cultura tenemos semillas para consumir y obviamente las semillas para consumir no pueden ser frescas porque las tenemos

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que almacenar en silos; por eso no vivimos en el presente de la tierra, en el presente de la siembra. Rescatar entonces el universo de lo femenino, es rescatar una energía penetrante, una energía que da raíces, que da profundidad, que da colorido y que da sentido. En este seminario hay un 70-80% de mujeres, pero eso no sucede porque sea España. En el mundo en todas las cosas donde nos estamos jugando el porvenir de la conciencia como humanidad y como planeta, si observan van a ver la energía femenina y eso no es así porque esto sea un movimiento feminista, sino porque las mujeres tienen la semilla de la conciencia. Es así porque en lo femenino está la semilla del territorio de la sensibilidad y como planeta hemos perdido sensibilidad. El único problema es que perdimos el territorio sensible que es aquel donde se dan las resonancias, los intercambios, las correspondencias y el diálogo de todas las cosas. Nuestro territorio no puede ser un territorio desértico, ni insensible; hemos construido un desierto. Necesitamos rescatar la piel de nuestra humanidad y la piel de nuestra humanidad es femenina, es la piel de la ternura, la piel del poema, la del arte, la de las lágrimas, la de la poesía, la de la fecundidad. Somos estériles, es una tierra estéril, pero no solo es una tierra estéril porque la intoxicamos invadiéndola, violándola, penetrándola, haciéndola estéril a través de toda la contaminación, sino que es estéril porque no hemos tenido consideración por la madre. Porque hemos dejado de honrar a la madre, de honrar a la amante, porque hemos dejado de honrar a lo femenino en nosotros. Porque hemos huido del dolor, de la vulnerabilidad, de la humildad, hemos huido de todas aquellas cosas que nos daban receptividad. Hemos huido de la apertura, nos hemos cerrado a la vida y estamos estériles porque no nos dejamos fecundar, no nos dejamos abrasar de la naturaleza. No hemos reconocido que nuestra propia naturaleza es abrasadora, en los dos sentidos: en el sentido en que abraza y en el sentido en que nuestra naturaleza es puro fuego que abrasa y que transmuta.

Sanar la Vida IX

Cuando conquistamos esa otra cara oculta empezamos a descubrir algo bien especial y es que el único territorio posible para que tenga lugar la evolución, es un territorio de sensibilidad. Estamos vivos porque somos sensibles, evolucionamos porque somos sensibles y los puntos dolorosos, los puntos donde se produce el dolor, esos puntos de máxima fricción son los quantos de la evolución. Los quantos de evolución también son quantos de conciencia, son campos en los cuales nace un contexto a través del cual se puede generar un orden emergente. Podemos emerger a la vida cuando hay cruces, cuando hay crisis, cuando hay quantos; cuando lo masculino y lo femenino se cruzan para que surja un vórtice de conciencia; cuando la materia y el espíritu se cruzan para que surja en el centro el Yo, la Identidad, el Ego, la conciencia. Estas olas que vemos afuera, el Universo de lo masculino, son apenas un campo infinitesimal y ese campo infinitesimal es la punta del iceberg de un gran océano de sensibilidad. Océano de sensibilidad en el que hay un régimen de co-respondencias, que permite que este Universo sea no local, es decir que lo que ocurre en un lugar resuena a través de este sistema, de esta red, en todos los lugares. Es este océano de sensibilidad el que hace posible que cuando un electrón se mueve tiemble el Universo, que cuando mi palabra se emite tenga un repercusión hasta en la última de las galaxias, que cuando oro pueda tener una acción sobre un paciente que está en un hospital a distancia, que la telepatía sea la ley de la vida, porque la telepatía es la comunicación a través de

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una red sensible y a esa red sensible la hemos llamado el vehículo etérico. El vehículo etérico para nosotros es el mar cuántico, el océano de Virac de los físicos. Realmente es una cuestión de nombre pero este océano de partículas virtuales o este campo de posibilidades infinitas emerge por acción de la consciencia, porque la consciencia es el agente que puede crear una perturbación sobre el campo cuántico para construir este territorio emergente, el territorio de la vida. Habida cuenta de este contexto entonces tenemos un mar de sensibilidad, un territorio de sensibilidad, una piel cósmica sensible en nuestra piel, en nuestros ojos, en nuestras relaciones, en las membranas celulares. Todo en el Universo es piel sensible. Todo el Universo son interfaces de intercambio de información. La comunicación se rompe cuando yo no encuentro tu piel sensible. Allí donde tu puedes reír o puedes llorar tienes tu máximo vórtice de crecimiento. Si yo cojo la piel de tu intelecto a la que no respondes, realmente no me puedo comunicar contigo. El drama con las relaciones con nosotros y con los otros es que no hemos encontrado la piel sensible, es que no hemos tensado la cuerda para que resuene con nuestra nota. Resulta que nosotros nos comunicamos y a pesar de que utilicemos las mismas palabras, el mismo lenguaje, hablamos en distintos códigos, y aunque creemos que estamos hablando de lo mismo estamos hablando de cosas muy diferentes. Nosotros tenemos una piel muy sensible en Colombia que es la piel de la guerra y ha habido lecciones muy bellas que hemos aprendido en torno a ella. A mí me maravilla que el negociador más exitoso que hemos tenido para dialogar con la guerrilla, jamás habló de política con la guerrilla, jamás habló del territorio, jamás habló del país. Ese negociador compró unas gallinas y se las llevó, porque sabia que les gustaba mucho, y se llevó unos libros de poemas de Baudelaire, de Verlen, de los poetas franceses y entonces se fue para la selva de San Vicente del Caguán a compartir con él, frijoles paisas y gallina y poemas de Verlen. Lo que él hizo fue entrar por debajo, siempre tenemos un territorio para entrar al interior, ese territorio está más allá de las máscaras, más allá de las apariencias, es el territorio donde yo puedo encontrar tu corazón. Si tú tratas con un bajalenguas de dialogar con un niño estás perdido, eso es lo que hacemos en medicina. Nos asomamos con el estetoscopio frío y el bajalenguas y ya el niño está en crisis de pánico, pero si tú juegas con el niño, si te arrodillas, si estás a su altura, si sonríes, si lo acojas, si no tienes ninguna prisa, si entras en el código de su vida, en el de su lenguaje, rápidamente se va a dejar hacer todas las barbaridades del mundo, porque tú ya eres su amigo, porque ya estás trabajando desde su centro. Trabajar desde el centro es el arte de encontrar los puntos de mínima resistencia y la piel sensible de la gente, allí donde a la gente le duele para conmoverse con su dolor. No trabajes desde tu perspectiva ni desde tu programación, sino ponte en los zapatos de la gente. Pregúntale qué parte de su piel o de su conciencia le duele y allí donde le duele es precisamente el punto de máxima resonancia. Si tú tienes una mirada o una palabra de consuelo o una acogida que en voz alta querría decir: “yo te aprecio, yo aprecio tu dolor, yo me conmuevo con tu dolor, yo te tengo en cuenta, yo te tengo afecto, tomo consideración de ti, tengo un sentimiento de consideración por lo tuyo y por tu dolor“, aunque no dijeran una sola palabra estarían entrando inmediatamente en el código de la relación, estrían estableciendo un código de comunicación. Así que para entrar a este Universo tenemos que restablecer un código de comunicación, es decir tenemos que producir una señal y esa señal, el código de comunicación universal, nace en el corazón. El territorio del lenguaje es el territorio del corazón, desde el corazón ustedes generan un campo magnético 5.000 veces más potente que el campo magnético del cerebro. Desde el corazón están envolviendo y abarcando a la gente, desde el corazón están sintiendo la totalidad. Desde el corazón están siendo protegidos del error del apego, o de la aversión del intelecto, desde el corazón como oscilador eléctrico maestro no sólo están restableciendo su propio ritmo sino los ritmos biológicos de la gente. Cuando

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una persona centra su consciencia amorosa en su corazón toda su fisiología cambia. Sus ritmos cerebrales cambian, sus movimiento intestinales se armonizan y su campo magnético se hace coherente, se hace incluyente. A eso se llama tener un aura magnética inclusiva, y teniendo eso no tienes que hacer nada. Si estás en el corazón, si trabajas desde el corazón, si pones la aguja desde tu corazón, si acompañas desde tu corazón, ya estás produciendo un campo magnético ordenante. Es un campo magnético en el sentido de la Física y produce efectos físicos, pero produce además un ordenamiento en el plano emocional, está produciendo un sentimiento de paz. Lo primero es conseguir en la terapéutica o en la relación humana una respuesta de relajación. La respuesta de relajación es la fisiología del sentimiento de paz y un sentimiento de paz es un sentimiento de apertura que permite el contacto terapéutico. Sin paz, en reacción de fuga nunca puede existir un contacto terapéutico. La palabra contacto es tocarte con el tacto, te toco con mi voz, te toco mis ojos, te toco con mis sentimientos, te toco con mi silencio. Si toco tu corazón estoy contribuyendo a que tú despiertes, a que asumas el control de tu vida. Entonces miremos que la vida es integridad, esa integridad es armonía rítmica, y la enfermedad es una ruptura de la armonía rítmica y la podemos denominar una dis-ritmia. La enfermedad es una especie de epilepsia, lo que pasa que las epilepsias no están sólo en el sistema nervioso central. Siempre que haya una enfermedad hay una disarmonización rítmica o una disritmia. En esa disritmia las cuerdas de tu instrumento están vibrando de una manera desordenada, a distintas frecuencias no resonantes entre sí, entonces generan ruido y generan resistencia. Cuando todos tus ritmos son múltiplos o submúltiplos de los ritmos del corazón, tenemos armonía rítmica. La armonía rítmica permite que tu música pueda resonar y que tus acciones en lugar de ser como la luz que se dispersa sean como un láser, que tiene dirección, que tiene penetración y que tiene un efecto profundo sobre los sistemas. Si yo tengo armonía rítmica y te miro te conmuevo, pero si yo no tengo armonía interior mi mirada es indiferente para ti. Toda terapéutica así como toda relación humana empieza con ese contacto, y el contacto, la apertura, el control de la relación, empieza desde los ojos y se profundiza a través de la escucha, cuando adquirimos control y conquistamos el compromiso. En ese momento puede nacer la palabra. La palabra crea, la palabra libera, la palabra encarna, pero la palabra debe ser hija del silencio y de la correcta visión. Si no tienes la correcta visión tu palabra enferma más que sana, tu palabra produce ruido. Hay mucho ruido en la relación terapéutica porque decimos palabras sin control y decimos palabras sin que nos escuchemos, entonces nuestras palabras no tienen ni raíces ni tienen sentido. Cuando rescatemos el lenguaje humano vamos a regresar al territorio de la seguridad y vamos a revisar los Arquetipos, porque lo que sanamos son los Héroes Interiores. Realmente el mundo de los Arquetipos es el mundo de nuestra realidad, es el mundo de nuestra conciencia, es el más universal de los mundos. Los arquetipos no son sólo símbolos, los arquetipos están incluidos en nuestro cuerpo, en la evolución de nuestra humanidad, en cada acto cotidiano. En cada acto cotidiano hay un Héroe, hay un Sabio, un Buscador, un Amante, un Huérfano, un Inocente, un Guerrero, un Bienhechor. Todos los arquetipos están simultáneamente ahí, no es que yo desarrolle un arquetipo y luego desarrolle el otro, están como dipolos, como corazones que establecen diferencia de potencial y denotan en qué punto estoy en mi recorrido, de tal manera que muchas de las pruebas, de los síntomas que nosotros tenemos son producto de las fricciones en ese recorrido, en esa aventura a través del territorio de los arquetipos o del mar del inconsciente colectivo. Así que veíamos los dos primeros Arquetipos: Seguridad e Identidad, y veíamos que lo único seguro que tenemos es la incertidumbre, también. Y a pesar de eso gastamos buena parte de la energía de nuestra vida para obtener una seguridad que nunca vamos a poder obtener. La seguridad existe en el instante, el instante es la única certidumbre, más allá rige la ley de la

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incertidumbre, la ley de la impermanencia. La paz solo es posible cuando tú te aceptas, pero aceptarte es aceptar tu impermanencia, sin embargo aceptar la impermanencia es aceptar el cambio permanente. Lo único permanente es el cambio. Aceptar la impermanencia es aceptar la evolución, estás vivo cuando cambias, es decir cuando eres impermanente. Pero pretendemos congelar la vida para volverla segura. Sin embargo podemos volver segura la vida cuando la congelamos y cuando la congelamos ya no la podemos llamar vida, esa es la paradoja, porque la vida es permanente-impermanencia. Entonces digamos que hay un mar de sensibilidad que está por debajo de todos los Arquetipos y es lo que hace de la vida una aventura. Esa es la aventura de vivir. Si tú eres un mar de sensibilidades eres un misterio para conquistar. Así cuando estoy ante ti, mi mujer y te veo hoy y mañana, si soy capaz de reconocer desde mi sensibilidad que ya no eres la misma, tengo todavía un universo por conquistar. Pero si tú eres mi mujer y yo congelo tú imagen en mi corazón, entonces te estoy viendo mañana en el pasado y como te estoy viendo mañana en el pasado, estoy matando la relación, porque esa relación no es fluida. Porque no hay aventura, porque la llama de Eros se acaba a los 15 días, el fuego de Eros, la luna de miel dura nomás que 15 días. Más allá de esos días si no puedes percibir la aventura de la evolución, si no te comprometes a conquistar el misterio vivo en tu corazón, sino te conmueve lo misterioso, lo profundo de ese océano entonces estás condenado a relacionarte desde los condicionamientos y desde las imágenes, de tal manera que te relacionas no con tu mujer sino con un fantasma que dejaste congelado en el pasado. Esa no es tu mujer si no ves en ella un fruto de la evolución que te lleva a entrar en contacto con la tierra, con el universo de lo femenino, con todas las mujeres del mundo, con todo lo que en el mundo es tierno, es fértil y blando, realmente no estás aprendiendo la lección de ese océano que es tu mujer. Ese mar de sensibilidad nos enseña que todos los quantos, o los puntos de cruces se corresponden y están comunicados de tal manera que yo puedo tener todas las cosas en una sola cosa. El problema es que yo la atienda. El amor parte de la atención, atención es el cuidado, cuidado es “care”, caridad viene de cuidar. Yo tengo caridad cuando cuido, yo cuido cuando pongo cuidado, yo pongo cuidado cuando tengo atención y yo tengo atención cuando dirijo mi conciencia a un punto y cuando dirijo mi conciencia a un punto ese punto es el centro de mi universo. Estoy renunciando a todo el universo para concentrar intensamente mi conciencia ahí. La primera clave de la relación es entrar en este mar de sensibilidad y prestar atención, la gente necesita atención. Esa atención en términos humanos la llamamos consideración. Yo te considero. Mi mamá me decía que yo era un desconsiderado y yo no entendí, hasta muchos años después. Las mamás no quieren a los hijos desconsiderados, o sí los quieren pero reclaman que los hijos dejen de ser desconsiderados. La primera necesidad humana es de consideración, ya después viene el aprecio. El aprecio es muy bello, yo te pongo un precio pero es un precio espiritual. Es el precio de la vida, es un precio trascendental. Yo te aprecio significa yo te valoro, yo te doy un valor que es intangible. Es la valoración. Primero yo te tomo en cuenta, yo te digo en la relación cuento contigo y a la vez te digo cuenta conmigo. Esas son las cuentas de la economía de la relación, contar con el otro y hacerlo sentir que cuentas con él. Y aquí esa economía de la relación se refiere al código del sentir y ese código del sentir es un océano. Por eso lo que decimos es ¿cómo se siente?, no lo que le dices, ni lo que le haces, sino cómo se siente. Tú le haces sentir que lo valoras, tú le haces sentir que tiene valor. Tú le hiciste sentir que lo pones en consideración, que lo aprecias; que participas con él, que lo incluyes en tu programa, en tu plan, en tu pensamiento, en tu mirada, en tu propósito, en tu oración. De las cosas más bellas que le ocurren a uno como médico es que el paciente llega y le cuenta “mire doctor yo fui a misa por usted, o comulgué por usted, o en mi casa oramos por usted”. Si ustedes supieran la magia

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que hay en esa intención sincera de una familia que ora por su médico o por las intenciones de alguien, esa es realmente nuestra comunidad, nuestra unidad, el estado de comunión. Entramos en comunión cuando los unos contamos con los otros. Si la relación con tu paciente, o con tu hijo no se acaba cuando acabas de conversar con él y en la oración de la noche o en tu pensamiento lo llevas a tu corazón, se están produciendo magias en la relación, transmutaciones inmensas, porque estamos recurriendo a esto. Cuando hay aprecio y hay valoración entonces surge algo más profundo que se llama el afecto. Entonces uno hace una dedicatoria y dice “con afecto” o “con profundo afecto”. El afecto es lo que nos afecta, viene de ahí, es lo que nos mueve interiormente. El afecto nos toca profundamente. El afecto es el primer embrión del amor. Y todas esas cosas parten de un territorio sensible, ese territorio sensible es la amistad. La amistad es la primera expresión del Ritual de Desarrollo en términos humanos que llamamos apertura amorosa y la apertura amorosa es simplemente la reedición del Ritual de Desarrollo. El desarrollo es un ritual que comienza cuando el niño abre los brazos y abraza a la madre y la madre sonríe. En ese intercambio de reciprocidades mutuas de apertura comienza el ritual que permite que nuestra personalidad se estructure, que nosotros nos valoremos. En esos dos territorios hay tres necesidades básicas del hombre que son: la necesidad de atención, todos necesitamos que nos atiendan, no solo físicamente sino psicológicamente, que nos presten atención, que nos pongan cuidado, que nos cuiden, que la vida nos cuide, luego la necesidad de aprecio, o la valoración, y por último la de afecto. Las tres nacen en el territorio de la cordialidad y de la amistad y de eso depende el sentir y del sentir depende nuestra comunicación. La vida es pura comunión, es comunicación, comunicación con nosotros y con los otros. ¿Cómo estamos? Estamos como están nuestras redes de comunicación. ¿Qué tan armónica es la comunicación con nosotros? Esa es la pregunta determinante para saber qué tan bien o mal estamos. Comunicación con el cuerpo, comunicación con las emociones, comunicación con los pensamientos, con los seres queridos, con el círculo mayor de conocidos, comunicación con el alma, comunicación con Dios. ¿Qué imagen tenemos de Dios? Eso está también en buena parte determinando lo que somos. En la epidemiología de la religión, sabemos que buena parte del pronóstico de los enfermos crónicos depende, no del tipo de técnica terapéutica, sino de la imagen de Dios que el paciente tenga, de si tiene un soporte trascendente, de si tiene una conciencia para relacionarse con el mundo de lo trascendente. La imagen de la vida y de la muerte que tenga, revela ser un factor de gran importancia para predecir hacia dónde va una enfermedad crónica o una enfermedad terminal.

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Sanar la Vida X

¿Cómo te sientes?; ¿Cómo los haces sentir?; ¿Cómo te sientes contigo mismo? El sentir es la materia prima de la imagen de sí, y esa imagen de sí, es una síntesis de tu valoración, de tu afecto, de tu aprecio, de tu capacidad de evocar o de prestar atención. Se trata de la autovaloración. Nos hemos minusvalorado, nuestra imagen de nosotros se ha derrumbado porque no ha habido cordialidad, ni amistad, ni atención, ni aprecio, ni afecto y obviamente nuestra imagen se derrumba. Y ahora les diré algo en apariencia paradójico: menos mal que esa imagen se derrumba. Menos mal, porque todavía nos miramos en el espejo de un Paraíso externo. Necesitábamos, para desarrollar nuestra identidad, un territorio inicial de sensibilidad, pero el del Paraíso es un territorio de sensibilidad que no es exigente y si permanecemos en él no crecemos. Es el territorio de la inocencia inconsciente, ahí no nos caemos porque alguien nos toma de la mano, allí estamos protegidos, allí tenemos una barrera y una emanación que es la del Padre y el Padre nos libra de todos los peligros. Pero obviamente un día, trascendemos ese territorio y nos caemos, es la caída. En esa caída sentimos que perdemos el Padre, entonces viene el territorio del Huérfano. Es el territorio de la orfandad; en el camino entre estos dos territorios, inocencia y orfandad, construimos lo que llamamos Seguridad. La Seguridad, tiene dos elementos, la confianza, -fianza interior- y la prudencia, que trascienden el territorio de la fe , pues esta es creer en algo que nos supera y trasciende, pero en confianza y prudencia revelamos algo inmanente que restaura la seguridad desde adentro. La esperanza es confianza en el porvenir; realmente la fe, la confianza, la prudencia, la esperanza, constituyen la infraestructura de una auténtica seguridad. Esta no se puede tener porque se compra un seguro de un millón de dólares. La auténtica seguridad es interior y está hecha de valores espirituales, de valores trascendentales y que a pesar de ser intangibles tienen un efecto cierto sobre la Fisiología. La fisiología de la confianza es la fisiología de la relajación, es la respuesta de la paz. El perdón genera confianza, hay confianza donde no hay juicio y donde no hay culpa. Pero la genuina confianza es una confianza en el ser, en la personalidad no se puede confiar, la personalidad es la apariencia. Cuando yo me relaciono contigo desde el ser y sé que aunque seas un ladrón, o un asesino, o un drogadicto, en ti hay una esencia pura, cristalina, trasparente y cuando yo no evoco tu sombra sino tu luz, entonces tú te puedes transformar. Lo vemos con las relaciones con los adictos. Cuando se tratan los adictos, de lo que uno menos habla es de la droga, o del pasado; uno habla de la luz, habla del porvenir, acepta a la persona con su adicción. El problema de los adictos, es que no reconocen que lo son. Una vez que hay un reconocimiento, un asumirse, empieza la solución pero la solución es imposible hasta que no se acepte que se es adicto. Hasta que no se acepte que se ha perdido el territorio de la seguridad no se ha resuelto el arquetipo de la orfandad. Cuando no resolvemos el arquetipo de la orfandad, entonces desarrollamos dependencia. La dependencia, es la primera gran enfermedad, es la enfermedad del territorio de la Seguridad y nace en la transición del Paraíso a la Orfandad. Es muy importante comprenderlo porque como humanidad estamos ahí. La humanidad todavía añora el Paraíso y llora por el Paraíso y pretende rescatar el Paraíso perdido. Se rebela contra la pérdida del paraíso y busca el paraíso desesperadamente, buscando el placer y el poder. Busca

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reconstruir un territorio del paraíso al exterior pero la lección del huérfano es la lección de la construcción de un territorio al interior. El paraíso es interior, el paraíso es un estado de conciencia. Y el dolor del huérfano es reconocer los propios límites, yo tengo fronteras, tengo límites; conocer eso es adquirir el justo sentido de las proporciones. Yo sé que no está la mano de Dios para salvarme si me tiro por el precipicio; yo sé que no soy Superman y no me puedo poner el vestido de Superman y tirarme del segundo piso, porque no va a estar papá detrás para retenerme; yo sé que tengo límites en mi territorio; sé que existen límites más allá de los cuales se puede perder la vida y la integridad; sé que hay restricciones. Pero si aprendo la lección no vivo las restricciones como limitaciones, sino como puntos de partida. El huérfano aprende que sus restricciones son un punto de partida y que él rescata la seguridad cuando reconoce su territorio. Ya no es el territorio del padre, ya no es territorio ajeno, sino su territorio. Ahí surge una variedad de integridad, que llamamos la tensegridad; la tensegridad es autogestión. El huérfano aprende como el hijo pájaro que tiene que volar con sus propias alas y que el arte de ser padre, es el arte de liberar, y que perdemos el paraíso para conquistar la libertad y la libertad nos lleva a un paraíso interior. Cuando conquistamos nuestras propias alas, cuando ya no dependemos, construimos un paraíso interior. Pero yo puedo, no aprender la lección del huérfano, puedo quedarme congelado en la orfandad y perder todo sentimiento de seguridad y cuando desaparece el soporte del padre, entonces lo reemplazo por un soporte exterior, busco columnas afuera que me sostengan. Sin embargo, cuando yo dependo de un soporte externo, estoy perdiendo el poder, estoy perdiendo la libertad, el libre albedrío. Puedo depender de papá gobierno, o mamá cocaína, o del dinero, o de otro tipo de poder, o depender del placer. Viene entonces, lo que se llama la primera gran inversión de la polaridad en la humanidad. Normalmente, la vida está alimentada por múltiples corrientes. Múltiples corrientes que son, desde electromagnéticas y físicas hasta espirituales, esas corrientes son como radiaciones, llamémoslas rayos. Dentro de esos rayos, uno va por la corriente emocional, otro va por la corriente mental, otro por la corriente física. Todos esos rayos son simplemente aspectos de la Vida Una y todos ellos están destinados a nutrir la vida; sin embargo, cuando yo invierto los términos y consagro la vida a una de estas líneas, me vuelvo exclusivo o exclusivista, es el monocultivo en la vida. Entonces, yo hago el monocultivo de la religiosidad, no de la religión, el monocultivo de la cocaína, el monocultivo de la ciencia como cientifismo y me olvido de todos los otros territorios, en ese momento estoy ingresando en un territorio mortal que es el territorio de la dependencia. Yo tengo este quantum de energía y de conciencia, este territorio, (señalando la totalidad de la circunferencia) este es mi centro, pero elijo solamente este sector y me consagro a él generando un vacío en todos los otros aspectos de la vida, como tengo una sensación de vacío, entonces, busco expandir este sector y lo que hago es un monstruo. Ese monstruo es una expansión en uno solo de los sectores de la vida, que cada vez me aleja más del centro, de mi propio centro y cada vez me lleva a puntos nodales periféricos donde yo experimento la pérdida de la integridad o la desintegración; esto es lo que se llama el modelo en expansión. El modelo en expansión es aquel en que tú te expandes y te expandes y como no encuentras nuevos límites, buscas nuevos límites en el territorio y mientras más te expandes en el territorio más vacío experimentas y mientras más vacío experimentas más necesidad de territorio tienes. Así por ejemplo uno encuentra una persona que tiene miles de millones de pesetas y cada vez que consigue un millón de pesetas, tiene sed de más y de más, y destruye su vida y destruye su familia, y destruye el planeta y destruye su entorno, y construye monopolios porque está en ese cáncer, eso es un cáncer. Está devorando su integridad a través de un proceso de expansión que es explosivo. Está entrando en el universo de la entropía, en el universo de la expansión, cuando el universo de la vida es el universo de la

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contracción, de aquello que va hacia un orden mayor. De tal manera, que yo primero me expando, porque mi Padre me ha expandido, porque mi Padre se contrae en mí para que me pueda expandir y soy el Inocente Inconsciente. Pero si yo sigo en proceso de expansión y no construyo un territorio dentro del paraíso, un territorio interior que sea el núcleo de contracción, donde le digo: “Gracias Padre, por la semilla, ahora yo tomo la semilla y siembro y produzco la cosecha de mi propio territorio”, si yo no nazco a la belleza de la orfandad, que es la pérdida del territorio externo, pero la conquista de la integridad y de la identidad separada del Padre caigo en el vacío y la pérdida de sentido. Miren los arquetipos y su secuencia como el latir de un corazón, Dios nos da el Universo, somos Inocentes Inconscientes, no sabemos lo que hacemos y nos expandimos, poblamos la Tierra y simultáneamente, destruimos la Tierra, somos como niños necios que no sabemos utilizar el instrumento que nos ha regalado la vida. Pero de pronto vemos que ese proceso de expansión es dañino y es nocivo e ingresamos en el territorio de la contracción, que es el territorio de la Orfandad y nos construimos un territorio seguro al interior. Y ese territorio seguro al interior nos permite rescatar nuestro poder y nuestra seguridad y entramos en una nueva dinámica de expansión y contracción. Si yo ya tengo este territorio y conozco este territorio, entonces, puedo expandir mis límites; ese territorio realmente me sirve para expandir los límites. Sin embargo, de nuevo, si expando los límites indefinidamente entro en el territorio de las fuerzas centrífugas y llega un punto de no retorno, es como un corazón, es la ley del corazón. El corazón, normalmente se contrae y se expande, él es autocontráctil, porque tiene fibras elásticas y esas fibras elásticas son como un resorte que tiene un punto de máxima expansión. Si ustedes no dañan el resorte y no lo llevan más allá de sus límites, el resorte regresa solo, es así como funciona el corazón. Pero si ustedes van a forzar la expansión ya no tienen punto de retorno, es decir, el resorte no puede regresar a su punto de partida. El viaje a través de los arquetipos es de ida y de regreso, realmente ese es el misterio del Hijo Pródigo: salir cada vez del hogar del Padre, tener la vivencia de la búsqueda y regresar de nuevo al corazón. Es el arte de salir del corazón, de hacer las cosas de corazón, desde el corazón, pero regresar de nuevo al corazón. Es muy importante comprender esto porque en el arquetipo de la Orfandad estamos viviendo todo el fenómeno del consumismo y de la dependencia y realmente buena parte de nuestras enfermedades son apenas variedades del consumismo, son variedades de dependencia, porque hemos perdido el poder y nos sentimos víctimas. Entonces el huérfano que no resuelve el conflicto del territorio, de la pérdida del paraíso, el que se queda llorando a la vera del camino, es la víctima y la actitud de víctima destruye el patrón de la personalidad, genera resentimiento, genera culpa, genera juicio y daña todo el patrón de relaciones humanas. Los infartos de las relaciones humanas aparecen ahí donde el huérfano no comprende su lección, donde el huérfano no asume su tarea. Por eso, buena parte de nuestra función como terapeutas, como médicos, como amas de casa, para sanar la vida es despertar y es despertar la gente de esta condición y preguntarle, ¿víctima de quién? La conclusión es que somos víctimas de víctimas de víctimas, y que no tiene ningún sentido ser víctima de alguien que ya fue víctima. Mi pregunta favorita con un paciente que se queja de la vida es esta, si a usted le van a dar un regalo y usted no lo recibe, ¿de quien es el regalo?; pues es del otro. Pero ¿por qué tienes que recibir ese regalo que no quieres recibir? Pregunta el Inocente hasta que aprende la ley de la no-resistencia, el Inocente se niega a perder el paraíso, se niega a salir del paraíso pero obviamente ya no tiene el paraíso, aunque se resiste a admitirlo ya no tiene un soporte en el paraíso. Como no tiene un soporte en el paraíso se busca un paraíso artificial y ese paraíso artificial lo lleva a embotar los sentidos para amainar el dolor de la perdida del paraíso. Y ese embotamiento de los sentidos lo lleva a consagrar la vida al placer, a consagrar la vida al poder y se olvida de su centro, se

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olvida del Hijo que es y el Hijo es conciencia y la conciencia está destinada a aprender, vinimos a aprender, él se niega a aprender la lección por esa razón. La vida consiste en salir de la Inocencia Inconsciente y regresar a través del zodíaco y a través de los arquetipos a la Inocencia Consciente. Miren un niño y miren un viejito, terminan pareciéndose y por eso se juntan y resuenan; por eso los abuelos disfrutan tanto con los nietos, porque los dos son blandos, los dos son humildes, tienen sentido del humor, están más allá de la construcción de territorios externos y de posesiones. Pero la diferencia entre los dos es que uno es la Inocencia Inconsciente y el otro, a través de la aventura de la vida, ha conquistado una parte del sector de la conciencia. Y por eso aparecen los cuentos, y por eso los cuentos no se los inventan los niños, se los inventan los abuelos para los niños. Porque los abuelos, a través de las leyendas, que son las historias de los Héroes en su recorrido por todo el Sendero de los Arquetipos han aprendido la lección y tienen nuevamente la Inocencia, recuperan la Inocencia. Se trata de ser inocentes pero inocentes conscientemente, porque cuando tenemos inocencia inconsciente, tenemos ingenuidad y la ingenuidad está muy cerca de la bobada o de la idiocia. Cuando somos ingenuos, frecuentemente nos comportamos como idiotas, pero lo peor de todo es que somos idiotas útiles. Es decir, que no hay nada más terrible que esa gente que se deja utilizar y se deja robotizar y se deja chantajear. Y es frecuente eso en el terreno de la relación, que eso que llamamos el terreno de la relación sea el terreno del chantaje, no el de la sensibilidad sino el de la sensiblería, ojo con eso. Y en la parte de la feminidad hay una desviación que se llama la sensiblería, lo femenino es sensible, esa es su esencia, esa es la tierra que soporta las semillas, que permite la evolución. Pero cuando la sensibilidad se convierte en sensiblería surge una gran ilusión, una neblina, una confusión en nuestras visiones, porque estamos en el mundo de la manipulación. Yo tengo lágrimas de cocodrilo, es decir, lloro cuando te veo. Ustedes han visto cómo surge la sensiblería, ya en el territorio de la infancia, observen cuando un niño se cae. El niño se cae pero no llora inmediatamente, eso no es automático, él trata de levantarse y mira hacia los lados y si hay alguien que lo pueda coger, entonces lanza el grito y le salen lágrimas de cocodrilo. Pero si sabe que hay alguien allí que lo va a confrontar, le va a decir: eso lo asumes tú, tú te caíste, eres dueño de tu cuerpo y de tu equilibrio, entonces no va a utilizar sus lágrimas. Y nosotros lo vemos en la relación en que, frecuentemente, hay lenguajes duales, los abuelos sobreprotegen, los padres confrontan y el niño se mueve en una esquizofrenia que realmente no aprende a confrontarse. No aprende a confrontarse porque no tenemos claridad de criterios en la relación. Así que miremos cómo tenemos que salir del territorio de la inocencia inconsciente. ¿Cuál es entonces, la respuesta del niño? La primera respuesta ante la pérdida del paraíso, es el temor. Es el temor de morir, el temor de no ser capaz, el temor de fracasar, todos esos temores nacen ahí cuando los tenemos que asumir. Un pájaro simplemente suelta su pichón para que vuele, ellos no van a estar abajo atajando a los pichones para que no se vayan a desnucar, sino que simplemente los sueltan para que vuelen. El arte de ser padre, es el arte de liberar. Hay una cosa bien especial: en nuestra cultura un adulto consigue el 15 ó 20 por ciento de lo que sueña, de lo que quiere, pero nosotros a los niños les damos el 80% de lo que nos piden, eso es una catástrofe porque estamos educando inválidos, porque estamos generando sobreprotección y dependencia. Yo no conozco cosa más terrible, más peligrosa, que nuestra riqueza, nuestra abundancia porque nuestra abundancia pervierte a nuestros hijos, porque les impide vivir el dolor, porque no les da los anticuerpos emocionales que necesitan para crecer. Y cuando tengan que afrontar la vida y ya no tengan a mamá o a papá, van a buscar la cocaína, o van a buscar la heroína. Eso es un drama pero ese drama no nació con ellos, nació con nuestra actitud. Nuestra actitud es que al hijo no le pase lo que a nosotros nos pasó, que no asuma las dificultades por las cuales nosotros pasamos, pero precisamente,

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nosotros somos hijos del dolor, somos hijos de las dificultades. Tenemos que aprender a dosificar los bienes de la tierra, porque hemos generado las más grandes injusticias. Mientras nuestros hijos tienen todo lo innecesario, cada 3 segundos se muere un niño de hambre física, cada tres segundos, eso es totalmente escandaloso. Ustedes dirían esto es problema del marxismo o del comunismo o del deterioro de intercambio en las relaciones internacionales, no; eso es problema de nuestra vida cotidiana, de nuestro estilo de vivir, de nuestro consumismo. ¿Cuantas cosas absolutamente innecesarias les compramos? Aquellas cosas no necesarias, se vuelven la pobreza emocional del niño, la pobreza de su personalidad, no hemos aprendido a fortalecerlos. Así que hay que enseñarles un territorio, el niño va a experimentar pánico. En este punto de transición viene el miedo y allí donde hay miedo o pánico no se puede manifestar el amor, porque el pánico genera reacción de ataque–huida y la condición del amor es respuesta de relajación, es decir, no puede haber amor donde no hay paz. Entonces el niño, entra en respuesta de fuga y se queda congelado, o entra en una respuesta contraria a la de fuga que es la temeridad. Y ustedes ven los muchachos temerarios, este muchacho que va a 300 Km. por hora en una moto pasándose el semáforo en rojo y todo eso. Uno ve que ha pasado desde un extremo al otro, pero lo que él tiene es miedo. Es un tipo especial de miedo, el miedo que ha adquirido una careta: que se llama temeridad pero la temeridad está muy lejos del heroísmo, porque la temeridad ha perdido el centro, es exactamente lo contrario al heroísmo. El temerario se estrella y el que se fuga no evoluciona, ambos son fracasos ante el miedo, el fracaso estará hasta que el niño aprenda algo bien importante: la prudencia, mi territorio tiene límites. Con la prudencia nace la primera expresión de sabiduría, el primer aprendizaje es prudencia. La prudencia significa reconocer, después de oscilar entre la fuga y el ataque, entre el temor y la temeridad, el justo medio. La primera parte del justo sendero del medio en nuestro camino, es conquistar la prudencia.

Sanar la Vida XI

Y la prudencia es muy simple: saber lo que no puedo hacer, saber lo que no debo hacer, saber lo que está más allá de mis límites, reconocer que no soy Superman, no soy Dios, tengo mis límites. Yo puedo meditar, puedo tener una inclinación espiritual pero también me duele el riñón, me duele la columna, tengo un cuerpo físico limitado, también me ofusco como todos los seres humanos. Esa prudencia nos enseña la lección de la vulnerabilidad: Cuando sentimos que somos vulnerables surge la necesidad de cuidarnos. Y el autocuidado es la verdadera atención primaria en salud. Empieza por aprender a no hacernos daño y el primum non noccere es la norma más sagrada de toda medicina. Tú dañas al otro, es porque ya te haces daño, porque no te aceptas. Porque no te cuidas. Tú no eres capaz de hacerle al otro lo que ya no te hayas infligido a ti mismo. Tú no amas al otro porque no te amas a ti. Tú dañas al otro porque te estás dañando a ti mismo. El no hacer daño es reconocer un territorio interior, el de los propios límites, donde la seguridad no puede venir del exterior. La seguridad no es una cosa permanente o externa, sólo puede venir de una presencia interior que se obtiene al aceptar fluir en el ahora y aquí. La seguridad no es un estado en el que se está; es un proceso

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en el que se fluye. Cuando yo conquisto la prudencia, no hay posibilidad de dependencia y aprendo la lección del paraíso: el padre y la madre están en mí. El territorio del paraíso no es exterior, es un territorio de la conciencia y ese territorio vive en mi corazón, es tan amplio como mis sueños, como mis esperanzas, como mi capacidad de amar, como mi capacidad de dar. Arquetipo del Buscador: todos nosotros somos Buscadores y el sendero de la búsqueda es el de las preguntas, el buscador siempre parte de un interrogante. Y vamos a ver que lo importante es formular la pregunta correcta. Nosotros nos quejamos de que no nos encontramos, o de que no encontramos, no hallaremos y no nos hallaremos mientras no nos formulemos la pregunta correcta. Vivir es el arte de preguntarse, las respuestas déjaselas a la vida, las respuestas están en tu interior, en la evolución encontrarás que las respuestas son preguntas mayores, siempre que partas de la pregunta correcta. La vida siempre te responde con otra pregunta y así puedes evolucionar. Cuando la respuesta a una de tus preguntas sea un dogma o una conclusión, estás perdido porque ya no tienes la posibilidad de avanzar. La vida es el sendero de las preguntas: es el sendero del dónde que se refiere al espacio; el del cuándo que se refiere a ritmo y tiempo; pero sobre todo el sendero del cómo que se refiere a la expresión del ser en el espacio y el tiempo. Frecuentemente sabemos dónde y cuándo pero no sabemos cómo. Conocemos del espacio y el tiempo externos pero no sabemos del espacio-tiempo interior, allí donde tiempo y lugar -cuándo y dóndese convierten en el sentir del corazón. En este sentir somos la presencia donde el estar se convierte en un modo de ser que determina la calidad de la vida, al cómo somos y cómo vivimos en el espacio y el tiempo. El cómo vivimos es expresión del cómo nos sentimos, y en ese indefinible código del sentir sabemos más de nosotros, pues el sentir es una expresión de lo que es total en cada quien: el ser. Tenemos así tres preguntas claves en el sendero del buscador: el dónde, el cuándo y el cómo. El del Buscador es el Sendero del Discipulado, el aprendiz de la autogestión, aquel que trasciende la conciencia de la dependencia. La auto-gestión es el punto de partida para poder abandonar definitivamente el paraíso externo de la dependencia y entrar en el proceso de la inocencia consciente, esa honestidad de la transaparencia que permite relaciones destinadas a la libertad. Cuando el Buscador se pregunta, surgen respuestas que son otras preguntas y entra en el sendero de la capacidad de responder que llamamos el de la Responsabilidad. El Sendero de la Responsabilidad es el Sendero del Alma y el alma es el Maestro, el Buscador es el discípulo. Él busca porque sabe que no sabe. Cuando sabe que no sabe es un aprendiz. Aquel que abandona el sendero de la inercia, el antiguo camino de la ignorancia en el que estuvo condenado a repetir infinitas veces su propia historia. Como aprendiz, el buscador expande su territorio. Y a una expansión siempre sucede una contracción; nos expandimos en la Inocencia Inconsciente y nos contraemos en la Orfandad. Nos expandimos en la búsqueda pero en la búsqueda descubrimos el amor y nos contraemos en el Amante y regresamos a nosotros, son otros dos movimientos. Y esos movimientos se dan en el territorio de la Responsabilidad. El Buscador aprende a responder: esa responsabilidad es una forma superior de reaccionar. La materia prima es la sensibilidad que asciende desde la reactividad y se convierte en la dimensión humana de la responsabilidad. Seguimos siendo sensibles pero es una forma de sensibilidad superior que llamamos responsabilidad. Estamos en capacidad de responder a los estímulos, de responder al mundo. Es bien importante porque aquí la conciencia ha avanzado, ha evolucionado mucho. Una persona responsable, es una persona que está en el camino del alma, aunque no sea el discípulo de ningún Maestro conocido. La primera parte de la conciencia, la más primitiva, es la conciencia reactiva, esa conciencia está en el mundo molecular, por eso hablamos de los reactivos cuando hablamos de moléculas, los reactivos lo son porque reaccionan entre si. Pero cuando la reactividad es una sensibilidad consciente tiene que evolucionar a la

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responsabilidad. Y la responsabilidad no tiene nada que ver con esa fijación que llamamos seriedad. La seriedad es la muerte del ser porque impide su fluidez; la seriedad es una forma de rigidez que impide la flexibilidad en nuestra respuesta. La genuina responsabilidad no es una programación, la genuina responsabilidad es sensibilidad consciente. Comenzamos con un embrión de responsabilidad que se expande, digamos que es un núcleo de expansión y empieza el sendero de búsqueda, vamos incluyendo un territorio cada vez mayor, con una propiedad emergente: inclusividad. El territorio de la inclusividad es una banda pasante amplia, es decir, es un territorio donde hay una máxima tolerancia. ¿Qué tan avanzados están en el Sendero de la Búsqueda? Lo pueden saber por su Responsabilidad y por su Inclusividad, porque el pecado original, aquel por el que fuimos felizmente condenados a construir un paraíso interior, es el de la separatividad. El Sendero es el proceso de reparar el pecado original del separatismo, ingresando en un proceso de creciente inclusividad, no el de la especialidad o del exclusivismo, sino el de la inclusividad. Cuando te vas volviendo inclusivo, cuando puedes tolerarte y tolerar, cuando puedes comprenderte y comprender, tu marco de comunicación y de servicio se expanden. Puedes realizar la misión del buscador al comprender que eso que buscabas no estaba en tu exterior. En la frontera misma de la búsqueda la pregunta que dirigías hacia afuera se refleja en tu conciencia, para reconocer que en ti mismo, preguntas eternas, estaban las respuestas. Cuando miras el universo reconoces que tú eres el universo, cuando miras al otro te reconoces en sus ojos, reconoces en él tu propia imagen y con él y en él empieza un Sendero de Retorno.

El Amante y el Sendero de Retorno
Ese Sendero de Retorno, ese Sendero de interiorización que te vuelve al corazón, es el sendero del Amante. Has lanzado la flecha pero en Sagitario te das cuenta que esa flecha se devuelve -la causalidad circular- y da en el blanco de tu propio corazón. Conquistas el mundo cuando conquistas tu propio corazón, conoces el mundo cuando te conoces, pero conocerte es sentirte, y conocerse y sentirse es saberse, un conocimiento existencial del espíritu que nace de tu propio corazón. Bueno ahí vamos en la aventura. Vamos a descansar, mañana seguimos el seminario.

Las Visiones del Mundo, los Héroes Arquetípicos y el Carácter
Ayer hemos dado apenas una pequeña parte de la información, hemos ido muy despacio porque yo prefiero que vayamos despacio, asimilando, masticando, hoy vamos a hacer una primera sesión, una meditación, una alineación, una integración, un contexto general, es decir, yo les voy a plantar una semillita. Para unos va a ser una de cilantro, para otros una semilla de rosa, para otros una semilla de roble. Tal vez algunas semillas germinen de aquí a algunas vidas, no tenemos ningún afán... y otras germinen mañana. Lo importante es que no tengan ningún sentimiento de impaciencia, ningún sentimiento de irritabilidad, pues irritabilidad e impaciencia no permiten a ninguna semilla germinar. Lo que se propone no es una cosa para entender, es algo para comprender y para transformar la vida. Si preparamos el terreno -tierra fértil de la apertura amorosa- y seleccionamos la semilla, cuando menos pensamos germina. Germina porque es

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primavera en nuestra vida, porque el calor y la humedad de nuestro amor, con el sol del alma, han permitido el milagro de la multiplicación de los panes y los peces, que es el milagro de las semillas infinitas, que una vez poblaron la tierra con los arquetipos de la evolución. Muchos me dicen después de 20 años de oír las mismas cosas que ahora sí están empezando a entender desde la vida. Quiere decir que dejaron de oír y empezaron a escuchar, a resonar desde el sentir, siempre total. Renunciemos a todo sentimiento de prisa. Una sola palabra que se siembra en el corazón vale más que todos los cursos y todos los discursos. Entrar por el sendero de la comprensión que es el sendero del corazón y entrar por el sendero de la totalidad, el sendero del corazón es el de la totalidad. La visión global y la acción local se convierten en el corazón en un sentir total. Un modo de vivir es el estilo personal e intransferible que da a la vida su colorido original. El pincel, los colores, el lienzo, son universales, espacio y tiempo cualificados por el paraíso interior que cada quien puede pintar con su sentir. Es ese sentir el que produce la armonía de un poema, la profundidad indescriptible de un paisaje, el arte de la vida para cada quien pinte su universo y luego entre en él. Nuestras visiones del mundo son como un cáliz en el que depositamos la vida, el agua abundante de la vida. Realmente el Sendero está sostenido por nuestra visión. Más importante que la cuerda sobre la que caminamos, que el camino sobre el que vamos caminando, es la visión que nos sostiene, la visión que nos dirige. Así que, nuestro camino es el de nuestra visión del mundo. Las visiones del mundo permiten al Héroe interior, al Discípulo del Alma, aquel que emprende la aventura de la vida, recorrer a través de portales, a través de senderos particulares, transitar una parte del camino que conduce a la meta de un nuevo comenzar. Y esos puntos nodales en el sendero están señalando hacia un punto de apertura el contacto con el Plan de la Vida. Realmente todo este Sendero se recorre con el fin de construir el cáliz que vamos a rebosar con el Agua Abundante de la Vida, el Amor. Estos Senderos están relacionados por pares de opuestos, por ley de complementarios y a su vez cada uno es dual. Ustedes tienen de este lado (derecha del diagrama) un Sendero de expansión y de este lado (izquierda del diagrama) un sendero de contracción, aquí tienen un sendero de ida y aquí tienen uno de regreso. Aquí entre ustedes, hay una persona muy especial que está en ese Sendero de búsqueda y me consultó porque tenía crisis de pánico, pero lo particular es que ella hace crisis de pánico en el avión cuando se va de la casa pero cuando regresa a casa no hace crisis de pánico. Todos nosotros tenemos siempre un ir y un regresar, de pronto estamos bien en casa pero de pronto queremos salir de casa. A veces estamos sanos cuando viajamos, cuando salimos del hogar y a veces estamos sanos cuando regresamos al hogar. Hay personas que no pueden ver la casa, en la casa se enferman, no toleran estar en el hogar. Estas personas están en el sendero de ida, en su respectivo camino, el de los Héroes interiores. Es muy importante empezar a comprender en qué parte del camino estamos porque así también sabemos cual lección estamos aprendiendo, lo que nos permite consagrar nuestros mejores esfuerzos a lo que puede ser esencial para cada momento, aquello que realmente pueda contribuir al crecimiento. El Discípulo aprende a reconocer su parte, no lo de los otros, no lo del mundo de los sueños, sino aquella parte que en realidad puede transformar su vida. Son entonces seis pares de opuestos, este (señalando la parte inferior del eje vertical) completa el séptimo elemento, y se comunica con un octavo elemento, (parte superior eje vertical), que es el que produce la integridad. Ese elemento es el sentido de todos los componentes de esa copa de la vida que es el cáliz, ese cáliz que elevamos al Padre, o que elevamos a Dios, o que elevamos al cielo como estado de conciencia que nos sacia de plenitud. Podríamos comprender aquí -refriéndose al esquema donde sea alinean fases del carácter, lecciones arquetípicas y visiones del mundolas relaciones entre los rayos, los centros de energía, las facetas de la personalidad y el sendero del discípulo. Rayos no son cosas metafísicas, son realidades que están

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presentes en la vida cotidiana. Los Siete Rayos son las siete estrategias de la conciencia, son los caminos de la Luz en el territorio de la creación. Para quienes saben comprenderlo, el cuerpo es un claro símbolo del espíritu, es un templo del espíritu. Tenemos siete octavas fundamentales. Esas siete octavas, esas siete notas a su vez, tienen siete notas subsidiarias y tenemos una tabla periódica de 49 notas que constituyen 7 centros principales, 21 centros secundarios, 49 que son terciarios y más de 300 puntos que son pequeños subsidiarios, que son los puntos de acupuntura. Así vamos entonces penetrando en lo que es el símbolo humano, toleramos y respetamos la diversidad de los caminos: el camino de la sombra o el camino de la luz, el camino de ida o el camino de regreso. Muchas veces durante el camino tenemos que ir y tenemos que regresar: Nos expandimos como Inocentes y regresamos, nos contraemos, como Huérfanos; nos expandimos como Buscadores y regresamos como Amantes; nos expandimos como Guerreros y regresamos como Bienhechores; nos expandimos como Destructores y regresamos como Creadores; nos expandimos como Gobernantes y regresamos como Magos; nos expandimos como Bufones y regresamos como Sabios. He ahí los 12 Arquetipos fundamentales, los 12 Héroes en este recorrido. Pero esos 12 héroes son creados por nuestras visiones del mundo y vamos a ver cómo se corresponde el camino y la visión del mundo. Por eso es tan necesaria una visión del mundo, porque cuando se tiene una visión del mundo se crea el camino para un Héroe interior que te permite aprender una lección, la lección del discípulo a través del zodíaco. Esto también está relacionado con el zodíaco, obviamente con la cruz, vamos a ver que está relacionado con el carácter. Ya no quiero sobrecargarlos sino simplemente llamarles la atención sobre unas pocas relaciones para que empiecen a ver esto desde el sentido, es decir, no como piezas aisladas del rompecabezas. Desafortunadamente, todo lo que llamamos esoterismo, lo hemos tratado como una pieza aislada del rompecabezas de la ciencia, de la psicología, de la filosofía, del arte, de la religión, de la magia. El esoterismo es realmente el arte de integrar todas aquellas cosas que en el trasfondo estaban integradas. Hay un océano interior que integra y le da sentido a todo el oleaje de las manifestaciones. Se trata entonces de que volvamos a rescatar la integridad y vamos mirándolo entonces detenidamente. Teníamos acá una búsqueda (señalando la línea superior del diagrama) este nivel de búsqueda lo llamamos el nivel de la afirmación, el SI. Le he llamado “sí“, por su utilidad mnemotécnica, para que ustedes lo aprendan, así fue como yo lo reflexioné y como me lo puedo aprender más fácilmente. Lo primero que hay es una afirmación, ¿en qué nos afirmamos?, en la Seguridad y en la Identidad. El primer sendero es el camino que conduce a la Seguridad y a la Identidad. Ese camino tiene ingredientes que son confianza y prudencia, fe y esperanza, Si yo tengo fe y esperanza, si yo tengo confianza y prudencia, tengo seguridad, aún en medio de la incertidumbre. Ya veíamos ayer que la seguridad es aceptación de la incertidumbre. Y ese camino lo podemos reducir a una sola palabra: aceptación. Acepto mi sombra, acepto mi luz, acepto mi identidad, acepto mi unicidad, me acepto como yo. Y ese es el camino de la genuina ecología humana, porque cuando yo me acepto con mis bemoles, es decir, con mis sombras, acepto al otro, si yo no soy perfecto, acepto la imperfección. La imperfección es una evidencia cierta de mi evolución. Cada camino tiene un pensamiento semilla. Acepto mi imperfección, tengo derecho a ser imperfecto, tengo un derecho sagrado: el derecho de equivocarme. Para mí es el más sagrado de los derechos humanos, tal vez entre los ángeles ese no sea un derecho pero entre los hombres sí, tenemos el derecho de equivocarnos. El temor de equivocarse quiebra ese camino, quiebra ese contacto, quiebra ese Sendero, entonces no podemos tener Seguridad. El temor de equivocarse viene de algo que no tiene ninguna relación con el ser, viene del no ser, de una falsa Identidad. Nos viene de la máscara. Todos los afanes de autosuficiencia son orgullo y el orgullo es la peor de las máscaras. El orgullo espiritual por ejemplo, ha deteriorado todo el

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camino de la espiritualidad, porque frecuentemente hacemos el camino de la espiritualidad para separarnos, por orgullo, es decir, que estamos todavía anclados al pecado original, hacemos el camino para mirar a los otros por encima del hombro, para sentirnos más importantes. Es bien importante porque esa aceptación la podemos simbolizar en una frase muy bella que no recuerdo dónde leí pero que me llegó al corazón, “el mar es mar porque está debajo de los ríos”. Entonces sean como mar y no sean como ríos, eso nos lo decía alguien bien conocido por ustedes, cuando decía estas palabras, “el que se humilla será ensalzado”. Y ese es el punto de partida en nuestro Sendero que ayer llamábamos el Sendero del Aprendiz. El aprendiz tiene condiciones. Para ser aprendiz necesitamos primero humildad. Primera parte del sendero: el aprendiz. El aprendiz acepta sus limitaciones y como acepta sus limitaciones ha vivido la Orfandad, sabe que necesita ayuda, es un Huérfano. Entonces es humilde y si es humilde es desapegado y el que se desapega puede conquistar una disciplina. Y el que conquista una disciplina tiene un ritmo de vida y quien tiene un ritmo de vida entra en el código de la vida porque la vida es ritmicidad cíclica, miren cómo vamos cerrando el círculo. Pero ustedes tomen cualquiera de estos elementos, díganse entonces, mi única obligación es ser como yo soy. Dice un chiste que cuando nos vayamos para el cielo no nos van a preguntar por qué no fuimos como San Pedro o Simón Bolívar, sino por qué no fuimos como nosotros, por qué no fuimos aquello que nosotros éramos. Y vamos a ver que ese camino nos prepara a un camino mucho más avanzado que se llama el de la Autenticidad.

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Sanar la Vida XII

Tenemos entonces en ese primer camino y en esa visión, el dipolo 1–7, el Arquetipo de la Seguridad. Ese dipolo está hecho de dos personajes, de dos Héroes míticos: el Inocente, que se va hacia fuera, hacia la expansión de su paraíso y a su territorio, él cree como los niños, que todo es suyo. Cuando ustedes ven un niño observan ese tipo de competitividad, llamémosla así, de creer que todo es de ellos y es normal que así sea pues ellos están viviendo el arquetipo de la Inocencia Inconsciente. Hasta que el Inocente un día se da cuenta de que no todo es suyo y que hay territorios donde no debe adentrarse porque si lo hace se cae, en todos los sentidos. Entonces inicia un sendero de contracción que es el Huérfano. Este Arquetipo es trascendental, este arquetipo todavía está en el mundo de la involución, en el mundo de la personalidad, todavía estamos muy inmaduros cuando estamos transitando esos Arquetipos. Pero vamos a ver que el desarrollo es dispar, a veces estamos en el territorio de la responsabilidad o aún más lejos pero hemos dejado lastre acá, y nos sentimos Huérfanos, víctimas en algunas situaciones y esto no nos deja avanzar. Todo lo que dejamos pendiente en uno de los Arquetipos nos impide después el trabajo a través de la rueda de la vida. De pronto encuentro por ejemplo a alguien que está reconociendo el mundo de lo implícito y viviendo la teoría cuántica pero va y maltrata a sus hijos, y maltrata a su mujer, o en los fines de semana es dependiente del alcohol, yo inmediatamente sé que dejó un asunto pendiente en su evolución. En cada uno de los momentos de la vida estamos viviendo todos los arquetipos pero hay uno que estamos desarrollando especialmente. Ese arquetipo nos permite conquistar también una visión del mundo. En la medida en que giramos en la rueda y vamos integrando estos pares de opuestos nuestra visión del mundo va siendo más integral y cuando alcanzamos estos puntos, nuestros ejes, realmente logramos la síntesis. La síntesis es alcanzar la integridad y la integridad es alcanzar la salud. La memoria holográfica de la integridad es salud, nosotros ya somos salud. Nosotros no tenemos salud, somos salud y lo somos porque esa es nuestra esencia: la integridad; la enfermedad es una ruptura en la integridad, una solución de continuidad en la conectividad física o una disrupción de la resonancia armónica, es decir, una ruptura frecuencial de comunicación al interior. Así que de lo que se trata es de vivir la vida intensamente, de vivirla en presente desde el núcleo interior de nuestro ser que es pura integridad revelada a través de tres fases u octavas que vamos conquistando: La Paz, el Amor y la Libertad. En la medida en que nos profundizamos en estas dimensiones la vida se vuelve significativa. La vida tiene fundamentos y significados, cuando logramos interiorizarnos, es decir, conquistar un tiempo y un espacio interior, atraparnos en el instante, en el presente, en ese momento la vida se hace profunda y se hace intensa. Es decir, que vamos conquistando el Kosmos pero el Kosmos de los griegos, el kosmos con K. Y la conciencia cósmica es una conciencia Crística, pongamos a Kristo aquí con K. Yo digo que conquistamos aquí esa letra sagrada, la k, que es el kosmos entendido, el Kosmos como una conciencia profunda. ¿Eso qué quiere decir? Que ustedes tienen en la profundidad de los significados el Kosmos y en la superficie del Kosmos tienen todas las partículas y fundamentos. Nosotros creemos que el Kosmos está hecho de partículas pero tal vez lo menos importante del kosmos sean las partículas

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consideradas aisladamente pues cada una es en realidad un patrón de relaciones. Por ello hay más Kosmos en un átomo que en todas las partículas del mundo, hay más inteligencia en un átomo porque él ya es un patrón de organización. Hay más Kosmos en las células que en todos los átomos y en todas las partículas, aunque hay mucho más partículas y átomos que células. Hay más Kosmos en un tejido que en todas las células, los átomos y las partículas. Hay más Kosmos en un hombre que en todos los tejidos. Hay más Kosmos en una sociedad, en un grupo humano y así hasta que llegamos a un vértice, a un punto crucial que es un punto de alta sintergia o de síntesis Este es un punto en el cual el Kosmos se contrae y en el mínimo espacio tenemos la máxima dimensión de la inteligencia. Realmente ese es el sendero de la evolución, profundizarnos en el océano del Kosmos hasta que todo quede reducido a un holograma, a un punto que lo incluya todo. El esfuerzo que estamos haciendo es dejar el separatismo, entre los esotéricos y los exotéricos, entre los científicos y los magos y entender que todo simplemente eran polaridades del mismo diamante de mil caras que llamamos la corriente de la vida. Se trata de profundizarnos. Aquí, en la superficie, el tiempo es más extenso (arriba) y abajo en la profundidad o vértice del triángulo invertido el tiempo ya no tiene extensión pero es mucho más intenso. Paradójicamente, en la medida en que nos profundizamos ganamos levedad. Arriba rigen las leyes de la gravedad y de la materia y aquí abajo en la medida en que hay síntesis, en que nos profundizamos en el Grial, en el Cáliz de la Vida, el Cáliz del Alma, rigen las leyes de la levedad. Las leyes de la levedad son las leyes de la gratuidad, las leyes de la Gracia son las de la Comunión, en ese amor responsable, incluyente y participativo que llamamos la Eucaristía. En el punto de síntesis cercano, todo está inter-comunicado céntricamente, todo está en todo; todo hace parte de todo; todo está en nuestro interior. Cuando llegamos a la verdadera síntesis realizamos el conocimiento de que el Universo es interior. El nivel de la aceptación, esta línea (la de arriba en el diagrama del cáliz) está compuesta de cuatro elementos: dos elementos para la Seguridad y dos elementos para la Identidad. Aquí (primer punto nodal, derecha del diagrama del cáliz) yo digo: Yo Soy en el Mundo y aquí (séptimo punto, izquierda) yo vuelvo a decir: Yo Soy, desde otra perspectiva, Soy Yo. Y cuando conjugo todo este eje empiezo a decir: Yo Soy Ese Soy Yo; Yo Soy - Ese Soy Yo, es una imagen de espejo. Dice el hombre en esta fase del sendero: me reconozco en el mundo afuera y luego me identifico, me reconozco en el mundo interior. Salgo al mundo para mirarme en el espejo del mundo, me reconozco. Cuando salgo al mundo, digo: Yo Soy, cuando regreso digo: Ese Soy Yo. Es decir, me estoy mirando en el espejo del mundo y me estoy reconociendo. Y cuando estoy en el centro digo: Soy la integridad, es decir: Soy parte de la totalidad, soy a imagen y semejanza de la totalidad, a imagen y semejanza de Dios y entonces digo: Yo Soy Ese, Ese Soy Yo, Yo Soy Dios. Yo soy un reflejo de la Divinidad, de la Integridad y no por orgullo sino por vivencia espiritual. Es un momento en que hay una experiencia existencial del espíritu, es lo que realizamos con el eje de la Aceptación. O sea, que cuando yo me acepto, acepto a Dios en mí. Cuando yo me acepto, acepto al prójimo y lo acepto también como un reflejo de mi misma sustancia, de la sustancia divina. Estamos realizando entonces este primer movimiento que es la afirmación, la aceptación, que va de la Seguridad a la Identidad. Pasamos a la segunda línea del 2 al 6 ¿cuáles son los dos elementos? Un elemento expansivo que es del Héroe que se pregunta, es el sendero de las preguntas del que hablábamos ahora, es el científico, es el que se interroga por la vida, es aquel que se interroga por sí mismo: ¿quién soy yo?, ¿en qué mundo estoy?. Ese que se empieza a preguntar es el Buscador. Pero cuando ve que las respuestas no están afuera, regresa con el mundo a su interior, hace la primera gran fusión y se descubre el Amante que es otro Héroe interior. Así que el Buscador expande y el Amante contrae. El Buscador trata de encontrarse afuera pero mirándose en el espejo del mundo regresa de nuevo a casa, a su interior y

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encuentra al Amante. Así se desarrolla lo que llamamos el arquetipo de la seguridad, conformado por el movimiento entre el inocente y el huérfano, y un segundo movimiento entre el buscador y el amante. Los dos movimientos se sintetizan en el centro de conciencia o punto de cruce donde a través de esta primera afirmación, seguridad e identidad, construimos la primera Gran cruz, la cruz mutable. Crucificados, en el sentido sutil, en el punto de cruce accedemos a un nuevo nivel de conciencia donde la seguridad es producto del aprendizaje del inocente, el huérfano, el buscador y el amante. Dos senderos de ida, la inocencia y la búsqueda; dos senderos de regreso, la orfandad y el amor. Una sola lección, en síntesis, construir un territorio interior donde se refleje viva y amorosa la imagen del mundo; nuestra propia imagen. La imagen de Dios. Este es nuestro real soporte. La única fuente de seguridad e identidad. Un segundo nivel en el sendero del héroe interior está constituido por el movimiento entre la responsabilidad y la autenticidad. La responsabilidad es un territorio de la conciencia generado por el viaje del guerrero, que es un viaje de ida, y el bienhechor, que es un viaje de regreso. En el primero se conquista. En el segundo se entrega sin condiciones. La autenticidad para completar la figura del ocho, es el segundo gran movimiento que se relaciona con la autenticidad. El destructor y el creador se entrelazan para explicarnos que la muerte es complementaria de la vida. Así como la línea anterior, conformada por los territorios de la seguridad y la identidad, representan ese punto de partida de la evolución que es la aceptación de sí, responsabilidad y autenticidad conforman una segunda línea cuya nota clave es adaptabilidad. Este es el polo de la relación que podemos encontrar en la concepción antroposófica del símbolo humano. En el cuerpo tenemos un polo de acción, un polo de reacción y un polo de relación. La relación es el polo rítmico, es el corazón. O sea, que la relación es el corazón del sistema; la relación es el alma en nosotros, la cualidad de la vida. Las cosas no son cosas ni partículas; sólo existen patrones de relaciones. Al hablar de relación nos referimos a la esencia de todas las cosas, a ese mínimo común denominador de todo que es el alma omnipenetrante. Sanar la vida es simplemente disipar el velo o la ilusión de las apariencias. Cuando logran fundir la máscara, cuando logran llevar la luz a los sitios sombríos, que llamamos de temor o de miedo; cuando logran desidentificarse de sus programaciones y de sus fantasmas, entonces se revela lo que son. Así que primero, disipar la niebla de la ilusión. Y para disipar la niebla de la ilusión hay que dejar que alumbre el Sol. Por razones mnemotécnicas también podemos llamar RA a este nivel de la responsabilidad y la autenticidad RA, que en esta connotación es un nombre para el sol interior del alma RA, está compuesto de dos lecciones que los Héroes Arquetipos aprenden, de dos caminos: el de la Responsabilidad y el de la Autenticidad y aquí estamos tocando la parte esencial de la propuesta para sanar la vida. Sanamos la vida cuando ingresamos en el sendero del alma, porque el alma es el médico interior, el sanador en nosotros. Ingresamos en el sendero del alma cuando somos responsables, cuando no somos solamente reactivos, cuando no tenemos reactividad pasiva, sino que asumimos nuestra responsabilidad. Y reconocemos que somos responsables cuando tenemos buena voluntad, “Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad” significa que la energía de la paz brota del manantial del servicio; es una cosa bien hermosa sobre la que aún no hemos meditado suficientemente. Cuando tú tienes disponibilidad, cuando eres capaz de atender las necesidades del otro; cuando eres capaz de hacer generosamente aquello que no está dirigido a tu ego, en ese momento tu corazón empieza a convertirse en un elemento radiactivo, tu aura empieza a convertirse en un aura magnéticamente atractiva. Las personas más bellas y más atractivas en este mundo, no son las reinas de belleza, ni las princesas, a pesar de que la prensa nos lo pinte así, son las personas de buena voluntad. En la buena voluntad nace un servidor del mundo, un discípulo del alma que toma posesión de su instrumento Un aprendiz de la vida. Cuando nosotros

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vemos en nuestras ciudades buena parte de nuestros pacientes deprimidos, no es cierto que no tengan energía; “se están cocinando en su propia salsa”. Tienen demasiada energía y no saben qué hacer con ella. Si les diéramos solamente la oportunidad de dar lo mejor de sí a través del servicio, de nuevo, como agua fresca, su energía volvería a fluir. Toda esa energía, todo ese potencial humano, ese potencial infinito de un hombre o de una mujer, desperdiciado en frente de la televisión, o en los días cotidianos y grises encerrado en un apartamento, toda esa sabiduría existencial de nuestros abuelos y nuestros jubilados inutilizada, es terriblemente tóxica, funde, genera las depresiones más pavorosas de la vida. Genérenle a estas personas la posibilidad de sentirse importantes, de darle un sentido a la vida, de encontrar un pequeño camino de servicio, de generar una actividad que dignifique la vida y se les quita la depresión. La gente de buena voluntad, raramente se deprime. La gente de buena voluntad no tiene represas en el plexo solar. La gente de buena voluntad no tiene autointoxicaciones emocionales. Ella tiene múltiples poros a través de los cuales está drenando la energía, la energía retenida es tóxica, el agua estancada es impotable. El agua que se puede beber es el agua del manantial porque corre. Cuando la vida, como el manantial corre y ese potencial se puede renovar, ustedes vuelven a vivir. Pero si la vida no se renueva, entonces genera las toxinas más terribles. Reich lo llamaba el orgón negativo. El orgón negativo es una energía radiactiva terriblemente tóxica, según Reich incluso cancerígena, y viene de todo lo que se encierra. Esos sitios que se encierran, como nuestro salón ahora, se vuelven densos, pesados, por eso, yo me pregunto: “el ambiente se pone pesado, ¿son ustedes o soy yo?” pero frecuentemente es eso, se acumulan cargas positivas, matan los electrones. Los electrones son parte de la vida, la vida es electronegativa, se manifiesta a través de un flujo de electrones y si se acumulan cargas positivas empezamos a volvernos pesados, es decir, empezamos a oxidarnos, entramos en el mundo de la entropía, en el mundo de la desorganización. Tenemos a RA y vamos a estudiar detenidamente a RA porque es el hilo conductor, ese es el Sol interior. Entonces hay tres niveles, tres grandes senderos, realmente son seis, esos seis al cruzarse forman vórtices de tensegridad o de integridad, vórtices de síntesis. Aquí (señalando el cuarto vórtice en el dibujo) está el vórtice que ayer llamábamos la visión sistémica, o donde aparecen los organismos. Si contamos estos tres hacia acá, o estos tres hacia acá, este es el cuarto elemento. Y el cuarto elemento está relacionado con un octavo elemento emergente. Ese elemento emergente siempre es la integridad. Y la integridad tiene dos polos, un polo que se contrae y lo llamamos Unidad, y como todo es doble, todo es dual, tenemos también un polo que se expande, al que llamamos la Diversidad. Empezamos a reconocer que la diversidad es apenas el polo expansivo de la unidad y que la unidad es la contracción de la diversidad, y reconocemos que entre los dos no existe ninguna contradicción, son partes de la misma unidad, es el mismo corazón del cosmos que se dilata y se contrae. Y empezamos a acceder, desde esta visión, a algo muy interesante que se llama la ecología humana. La ecología humana la podemos sintetizar así: realizar la unicidad del hombre en el seno de la interdependencia. Nosotros creemos que interdepender, o depender de otros, es renunciar a la individualidad, o a la identidad, pero vamos a descubrir que no existe individualidad sin interdependencia. En términos de ecología humana ya no hablamos de libertad como independencia. La independencia es una falsa libertad, podemos verlo por ejemplo en nuestras colonias, nos liberamos de los otros pero somos esclavos de nosotros, de nosotros mismos que somos los peores esclavistas. ¿Cuándo nos vamos a liberar de nosotros? Cuando reconozcamos nuestra interdependencia. ¿Cuándo me libero como ser humano? Cuando reconozca mi humanidad. Lo que realiza y reivindica mi humanidad, mi individualidad como ser humano es mi humanidad, es pertenecer al grupo humano. Realmente el grupo nos libera y eso nos lleva a un nuevo tipo de conciencia y de ética planetaria y es

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que todos somos responsables de todos, es que nos liberamos juntos o nos enterramos juntos. Es que este no es el momento de los genios, o de los gurús o de los grandes individuos sino de los grupos humanos. Es que la iniciación en este momento es colectiva y no es posesión de ninguna iglesia o de ningún grupo por poderoso que sea. Es que este no es el momento de los dogmas ni de los monopolios sino que la única vía posible para nuestra humanidad es la del compartir, no la del competir. La nueva ecología humana realiza la unidad dentro de la diversidad. Realizas tu individualidad dentro de tu interdependencia para rescatar tu integridad. Eres un ser humano íntegro, no cuando tienes una personalidad muy fuerte sino que eres íntegro cuando te integras a tu humanidad para dar tu nota única: la de tu individualidad. Así que tenemos esta propuesta de integrar con todas estas interfases que son puntos de síntesis. Cuando alcanzamos una cruz de estas, un cruce, tenemos una crisis. Y a la crisis de la superficie la llamamos la crisis de la sensibilidad, por eso hablamos ayer tanto de la sensibilidad. A la crisis del medio, la más importante, la llamamos la crisis del despertar, despertar es iluminarse. También es la crisis de la Iluminación, de percibir nuestra luz. Y a la última crisis la llamamos la de la responsabilidad porque eso nos da tareas. Nos da tareas en el gobierno, nos da tareas en la educación y nos hace responsables de otros. Aquí subimos al Gólgota, a la cima de la montaña y realizamos la Cruz Fija en los cielos, (segunda línea del dibujo). Esta es la Cruz Mutable (primera línea, eje 1-7), es la Cruz del discípulo. Esta es la Cruz del Iniciado (segunda línea eje 2-6). Esta es la Cruz del Maestro (tercera línea eje 3-5). Y ustedes tienen a través de este sendero que va profundizándose en el cosmos, los tres puntos de pasaje crítico en nuestra evolución. ¿Qué nos está ocurriendo como humanidad? Que casi todos estamos acá (primera línea). Nos duele la vida, nos empezamos a conmover. Menos mal que la vida nos duele. Porque es que antes de que la vida nos doliera estábamos por fuera del Cáliz de la Vida, del Agua Abundante de la Vida. Estábamos, no en el sendero de la Evolución, sino en el Sendero de la Involución y estábamos repitiéndonos en la Rueda del Karma. Es decir, repitiendo como autómatas los mismos antiguos errores, sin aprender como hombres y mujeres la lección de nuestra historia y condenados por tanto a repetir la historia. Cuando un día despertamos y la historia nos duele y nos volvemos sensibles, eso es una cosa maravillosa porque esa sensibilidad empieza a moverte un núcleo interior que siempre asienta en tu corazón. Y cuando se mueve ese núcleo interior, entonces tú tienes una vibración que abarca toda la totalidad. Esa vibración que va a toda la totalidad te mueve el alma, es decir, hace que tu persona, tu personalidad, tu carácter se vuelva magnéticamente atractivo para el alma. El alma está ahí, nosotros somos el alma. Pero ¿para qué nos sirve?, hasta habernos purificado y sensibilizado al alma es como tener un carro de fórmula 1 en el garaje, es exactamente lo mismo; o tengo un carro de formula 1 y lo manejo como un triciclo porque no tengo las llaves. Cuando Jesús nos decía: “perdónalos porque no saben lo que hacen”, sus palabras eran exactas, realmente nuestra primera enfermedad es ignorancia. Ignoramos lo que somos, ignoramos nuestra identidad, ignoramos el potencial humano, el potencial de nuestro instrumento. Ni siquiera hemos estrenado nuestro cerebro. No conocemos el símbolo de nuestro cuerpo. Matamos porque somos ignorantes, no porque somos malos. No debería haber cárceles, deberíamos construir sitios o espacios de conciencia donde un hombre aprendiera a reconocer el milagro de la vida. Podríamos desarrollar escuelas de vida, verdaderas comunidades terapéuticas, donde el hombre pueda aprender que la vida no se mata y que es posible matar a otro sin destruir la mejor parte de sí. La ley de la causalidad es circular e implica que todo aquello que sembramos, es decir que sentimos, decimos o hacemos, se nos devuelve multiplicado. Todo aquello que tú das, sea bueno o malo, vuelve a ti multiplicado. Es la ley de los diezmos, la ley de la conciencia, cuando 10 personas meditan, tienen un efecto sobre 100 personas. Si

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el 10% de la población se pusiera en meditación se cambiaría todo el patrón de organización energético de toda una comunidad. Si tú das diezmos no tiene qué ser a la parroquia de la esquina, también puede ser a los pobres del mundo que son parte de la parroquia, de la Iglesia del mundo. La iglesia es realmente el templo místico, el cuerpo místico de Cristo. Y el cuerpo místico de Cristo no está ni en Oriente, ni Occidente, ni está en disputa entre las religiones; se revela en el alma de nuestra humanidad, cuando nuestras relaciones son fraternas, es decir que se fundan en la comprensión amorosa. Si regalo el 10% de lo que hago, automáticamente estoy recibiendo una cosecha maravillosa, para que pueda regalar mucho más, esa es la ley de la vida, la ley de los diezmos. Este es el sendero del servidor o el bienhechor. El guerrero se lanza en la búsqueda del Grial hasta que triunfa en la derrota de su propio ego. Vencido y fatigado descubre en la soledad de la montaña que el Grial estaba en su corazón. Sediento de amor apura el agua de la vida abundante y llena los cántaros de su vida para descender al valle donde la cosecha del alma vive aún en la peregrinación del desierto. Allí en la idolatría de los falsos ídolos la vida ha perdido su sentido. Hasta que un día llueva maná del cielo. Y la raza se hace más Humana. De la mano del servidor, el poseedor de manás, fuego de la mente universal, la humanidad vence las aguas del mar rojo, donde perecen las armadas del materialismo sin alma. Desnuda y limpia, después de haber destruido sus falsas identidades y haber derribado el becerro de oro y otros ídolos, la humanidad nace al ideal de la hermandad, el pueblo de Dios bebe del agua abundante del santo Grial, la misma Copa Sagrada, donde la creación entera es encarnación de un dios de Amor. Sensibilidades y dolores, crisis, cruces, despertares, en el centro brota la conciencia. Responsabilidad, iniciación, los niveles centrales nos revelan una corriente interior que va uniendo los territorios al canal central, Shushumna, donde confluyen todas las formas de conciencia. La presión y el fuego del sendero van revelando, desde la roca oscura, la gema refulgente, y en el punto central de desnudez total y transparencia, la joya en el loto, el Yo Soy, como una imagen vívida de Dios se nos revela. A imagen y semejanza del Creador; como un espejo la materia, el cuerpo, ahora convertido en templo, es un fiel reflejo de Su danza. En el silencio, de silencio y de vacío, los ritmos de la Vida Una vibran como música callada. Voz de los silencios, madre de todos los sonidos, resonancias lejanas de lo eterno despiertan el cerebro y el oído interno. Voz del caracol y la espiral, galaxias interiores, el cuerpo de Dios con todas sus manifestaciones atributos o deidades. Ahora se pueden unir todas las culturas, todas las creencias. Indra era las manos del creador. El sol, una faceta de su luz. La tierra una sombra en la distancia proyectada, que será telón de fondo para que brille más intensa la luz. La humanidad, una voz del Creador para liberar sus reinos. La clave es el despertar a un universo que creamos a imagen y semejanza de nuestra visión.

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Sanar la Vida XIII

Las preguntas que cuestionan la vida son las máximas estrategias de crecimiento en nuestra evolución, pero a veces esas preguntas son un lenguaje vivo y duro: se te muere la mamá, se te muere el hijo, tienes una quiebra económica, te da un cáncer. En ocasiones, cuando estás muy dormido y muy anestesiado y tus sentidos espirituales están embotados, la sacudida es mucho más intensa. Y de pronto esa sacudida no ocurre a nivel personal sino en términos humanos. Los que vivimos en Medellín hemos reconocido cómo, de la civilización del dinero fácil, pasamos a la civilización de las bombas y del terrorismo, y vemos cómo todas las familias en Medellín están heridas porque todas tienen un drama para contar. Pero cuando yo lo veo en mi consulta y constato el efecto que eso ha tenido, cuál es la dimensión del mundo, cuál es el despertar espiritual inmenso en la ciudad, entonces digo: “qué maravilla”. Es terrible que hayamos tenido que pasar por las bombas, pero a lo mejor sin el ruido de las bombas y sin la muerte y la sangre cerca -y sin decir esto es sólo allí, porque también es con ustedes, porque es con nosotros, es con todas la familia humana- no habríamos despertado a nuestra humanidad. De pronto yo me digo: “por Dios, ¿qué estamos esperando?”. ¿Si los niños que se mueren de hambre no son una bomba en nuestro interior, si no sangran en nuestro corazón, entonces qué estamos esperando para despertar como humanidad? El símbolo de esto es la caída, es Pablo, el discípulo, que se cae de su caballo. Es el discípulo inteligente que entiende las Sagradas Escrituras pero no las siente, no las vive en su corazón hasta que se cae del pedestal de la ilusión. Y la luz de su alma, una vez que está en el fondo del túnel de su caída, donde yace desnudo de las máscaras del ego, cuando ya no se identifica con la fuerza del caballo, le dice: “¿por qué me persigues?”. Si el alma nos pudiera gritar, nos diría: “¿por qué me persigues?”. Porque el alma es el ser que somos, nuestra quinta esencia. Hay tradiciones que dicen que la chispa del alma en el hombre animal, es decir, ese ser que va emergiendo y se va desarrollando, empieza a descender al hombre cuando nuestro sistema solar pasaba por la constelación de Sagitario, hace unos 18 millones de años. Y, quiénes son los Señores de la Llama, los Señores de

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Venus -porque todos los planetas en esta concepción tienen vida y conciencia-, quiénes transportaron a la Tierra la luz del alma. Nuestra humanidad es como un gran ser dentro del Ser de la tierra, también denominado el Logos planetario. Para esa antigua tradición inscrita en la sabiduría perenne, la humanidad es un vórtice de inteligencia cósmica, un vórtice de conciencia que representa uno de los centros sagrados del Logos Planetario. Pues bien, el alter ego del Logos de la Tierra, es el Logos de Venus de donde según la misma tradición proceden los Señores de la Llama, que un día implantaron en la conciencia del hombre animal ese regalo, esa semilla cósmica que llamamos un alma individual. Hasta ese entonces el alma era colectiva, había un alma animal, un alma vegetal, un alma grupal por especies y géneros. Pero a nosotros nos abrieron una cuenta corriente personal en el banco espiritual cósmico. Tenemos esa cuenta corriente con acceso el potencial infinito de las reservas universales. Las llaves de esa cuenta corriente son un de una rara aleación: alineación y coherencia, otra forma de denominar nuestra honestidad y transparencia. Cuando hay honestidad, cuando hay transparencia, cuando hay coordinación entre el pensar, el sentir y el actuar, cuando somos lo que somos en cada tiempo, en todo lugar, es decir, cuando somos confiables, nos convertimos en un vórtice de atracción magnética para el alma y el alma toma posesión de su instrumento: la personalidad. Porque el alma está por eones, tal vez por millones de años en meditación. El alma es la chispa divina en nosotros, es el Ángel Solar, es el Ángel de la Guarda pero necesita un templo y ese templo, es el Templo de Salomón, ese Templo de la Sabiduría construido con las mejores acciones de nuestra vida cotidiana. En la economía espiritual absolutamente nada se pierde. Una simple sonrisa que das desencadena una cascada de entropía negativa, la sonrisa que das nunca se pierde pues vuelve a florecer desde cada corazón generando jardines de amor. Una sonrisa es el corazón que te florece en los labios y cuando tú le sonríes a tu hijo y tu hijo le sonríe a su profesora y su profesora le sonríe a 40 estudiantes y 40 estudiantes le sonríen a sus 5 familiares y -paren de contar-, ya ustedes han sembrado una sonrisa que se ha cosechado en todo el barrio y eso no cuesta nada. Esa es la economía espiritual. Cuando yo doy una sonrisa, cuando doy amor, cuando doy solidaridad, cuando doy paz, cuando doy un abrazo, no quedo más pobre. Cuando doy 20 centavos quedo 20 centavos más pobre, esa es la economía de la materia. Pero la economía de la conciencia es la economía de la multiplicación de los panes, mientras más das, más se te multiplica. Dar es la ley del corazón. Bajo esa ley espiritual actuamos cuando somos sensibles a la luz del alma, y empezamos a manifestar un embrión de buena voluntad. Ese grupo de personas en todo el mundo, de todas las religiones, de todos los países, de todas las culturas, que manifiestan buena voluntad, son los ayudantes de la Jerarquía Planetaria. Los miembros de la Jerarquía Planetaria son nuestros Hermanos Mayores en el seno de la Humanidad. Esas son las personas a las que nosotros podemos colaborarles y servirles porque ellos pueden cambiar esta Humanidad, porque están disponibles para que la energía del compartir, que es la energía Crística de la Vida Abundante, pueda circular. A los colaboradores, hombres y mujeres de Buena Voluntad, se les llama el Nuevo Grupo de Servidores del Mundo. Ellos son de todas las razas, de todos los credos, de todas las políticas, de todos los países, de todas las etnias, todos ocupan su posición. Miren una persona que exprese un campo de radiación magnética amorosa y responsable, en cualquier lugar y desde cualquier posición, entre los políticos, entre los militares, entre los banqueros, aún entre muchas personas que pasan desapercibidas, y que realmente están permitiendo el flujo del prana planetario, y allí verán un miembro del nuevo grupo de servidores del mundo. El prana planetario de la cultura, el de la conciencia, el del dinero, el de la religión, todos son variedades de prana, todos son radiaciones cósmicas. El Nuevo Grupo de Servidores del Mundo se caracteriza por su Responsabilidad y su Autenticidad, son agentes de la circulación de esa sangre

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planetaria del prana con sus diferentes tipos de energías necesarias a la evolución de la naturaleza.

La Autenticidad
En la danza del Creador, retomando el cauce de nuestra propuesta, recordemos que en la primera fase, en la de Sensibilidad, desarrollamos un buen carácter; por eso insistimos ayer todo el día sobre la estructura del carácter. En la segunda fase empezamos a conquistar el corazón. Y cuando lo hacemos logramos un nivel crucial de nuestro desarrollo, aquel en el que actuamos de corazón. Hay una pregunta crucial esencial para centrarnos: “esto que pienso, hago o digo, ¿lo pienso, lo hago o lo digo de corazón? Si tú lo haces desde el corazón, lo haces desde tu centro. Si lo haces de tu centro, lo haces desde tu Sol Interior. Ese Sol Interior tiene dos radiaciones, la radiación del Amor y la de la Sabiduría. Y el AmorSabiduría, se traduce en dos condiciones: una Responsabilidad y otra Autenticidad. Cuando tienes Amor-Sabiduría en tu vida, eres responsable y eres auténtico. La Sensibilidad, este primer polo, es la puerta de entrada. Y a ese polo lo llamamos en el símbolo del cuerpo, el Polo neuro-sensorial. Es la cabeza, antena de recepción sensible y puerta de entrada o polo cefálico de carga para todas las energías que entran a nuestro sistema orgánico. Para que la energía pase, tenemos que abrir las puertas, que simbólicamente están representados en los sentidos ubicados como antenas en el polo cefálico. Allí no sólo miramos sino que desarrollamos una manera de percibir nuestro mundo, de sentirlo, de procesarlo. Desarrollamos una visión del mundo, a través de la cual miramos el universo que vivimos, y sin saberlo, en esa mirada construimos el universo que creemos ver afuera. Al despertar, más allá de nuestra sensibilidad externa a un universo interior, creamos una visión del mundo que nos permite ser conscientes en el mundo. Ahora ya no lo podemos sólo sufrir o soportar. Ya somos los actores de un universo que deja de ser aquel espectáculo lejano y ajeno que contemplábamos desde afuera como espectadores. Ya no sólo somos sensibles. Somos responsables, ante todo de nosotros, porque hemos despertado a lo que somos. Somos auténticos. El de la visión no sólo es un sentido. Como todos los sentidos, cuando despertamos, la visión se convierte en el sentido. Entonces, el ver se vuelve más profundo que el mirar, y abrimos los ojos a la profundidad del Kosmos, no ya como ese universo superficial para soportar, sino como la honda significatividad de un orden universal para vivir. Abrir los ojos es ir por la vida con sentido: tener una dirección y un propósito, tener un proyecto de vida. ¿Cuál es su proyecto de vida? Si es que tienen algún proyecto. ¿Han reconocido el proyecto de su vida? Asciendan a un punto lo más alto posible para contemplar su mundo, no ya separado en tiempos y lugares, sino integrado en un paisaje lleno de caminos y colores y profundidades diferentes, pero unidas en un solo marco. A eso le podríamos llamar la expansión del presente, pues allí todo pasado y todo futuro están incluidos en una sola visión. Este es un símil de la visión del alma, del despertar, de la expansión de la conciencia. Miren el pasado en la perspectiva del presente. Miren el futuro desde el ahora y aquí. Es como estar en la cima de sí mismo; en ese lugar de la montaña podemos contemplar los cuatro puntos cardinales, estar en el cenit donde el sol en su centro alumbra en todas direcciones. Allí ya no hay partes oscuras: el impetuoso río, el volcán en erupción, la playa, el mar, el horizonte, cada día y cada noche recobran su sentido a la luz de la conciencia céntrica. No hay sólo claridades, pero las sombras y los claro-oscuros hacen parte allí del paisaje de la vida. Las piezas del rompecabezas están juntas, hemos llenado de colores y sentido el lienzo de la vida. Ahora podemos entrar en él y vivirlo, porque es una creación auténtica. Es original.

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Cuando así, desde la cima del presente llenamos de sentido nuestro mundo, descubrimos los movimientos de la danza que veníamos a danzar. Y vamos a sentir, con todos los sentidos, el sentido de danzar la vida. Unos movimientos adelante, otros hacia atrás, nos balanceábamos también de lado a lado, pero el sólo sentido de la danza era danzar la música que vinimos todos a danzar. A escuchar. A cantar. A disfrutar... ¿Y si el sólo sentido de la danza fuera danzar, y el sentido de la vida, fuera vivir, y el sentido en los sentidos tomar posesión del único sentido: la felicidad? Es posible así, sentir que la responsabilidad plena es la gracia, la gratuidad de la danza, la levedad de ser, la autenticidad de ser lo que se es y vivirlo. Visto ya en una perspectiva colectiva todos somos movimientos de la danza: La danza entre tú y yo, la danza entre nosotros, la de todos con todos. La de cada uno con el Creador. La Naturaleza, también la nuestra, es la Danza del Creador. El no es su danza pero sin ella no lo podemos conocer. Y si aceptamos la invitación a bailar, en los movimientos, en el ritmo, en la armonía pudiéramos sentir que el sentido de vivir es ser parte de su Música.

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Sanar la Vida XIV

Cuando miran la vida así, desde el observador, desde la integridad, desde arriba, ustedes reconocen una danza; se preguntan entonces ¿qué música danzábamos? Porque a veces no reconocemos ni la música, nuestra música, ni la danza ¿De dónde venimos?, ¿Hacia dónde vamos? Danzamos... danzamos y danzamos, hacia delante y hacia atrás, unidos por un ritmo que nos da sentido. Y el sentido es la misma danza, la vida. Unan todos los puntos cruciales en la vida y entonces van a reconocer un diseño bien especial. Es su propio programa, el algoritmo o fórmula que formula el movimiento, la relación oculta entre lo que buscan, lo que encuentran, y lo que simplemente parece fortuito. Es la secuencia que va marcando los tiempos de su historia, las pausas y los movimientos críticos, los puntos de anclaje que revelan oculto el ritmo. Es la secuencia que va marcando los momentos de entrada de cada instrumento en la sinfonía de la vida. Revela también los tiempos en los que se callaba la sinfonía, y ustedes como el alma, el intérprete o el músico, templaban las cuerdas del instrumento o carácter. Desde la altura de la propia visión, desde el alma, tenemos un horizonte, un sentido, un propósito para vivir. Allí podemos generar un proyecto de vida, escribir la música, cambiar los ritmos, dar sentido a nuestros instrumentos, escuchar toda la orquesta. Allí somos sensibles a nuestro camino, sensibles a nuestra dirección, a nuestros objetivos, pero por sobre todo, y más allá de cada sentido individual, somos sensibles al sentido. Ayer veíamos también que este polo neurosensorial, la cabeza, tiene otro comando que son los oídos. Cuando la vida tiene sentido aprendemos a escuchar. Oír es una propiedad de los oídos como sentidos: oímos voces y sonidos, en plural. Escuchar es propiedad del sentido, se escucha en singular. Oímos los ruidos de la superficie, escuchamos la voz de la profundidad. Cuando escuchamos, regresamos al presente. En la insondable profundidad del presente, todos los sonidos son ecos del silencio. Desde las antenas de los sentidos, en el polo neurosensorial, captamos la música que permite al ser danzar. Ingresamos así al polo rítmico, donde el corazón dirige la orquesta del cuerpo. Pero sin ingresos no hay energía. En el corazón desemboca la corriente de la vida, y si no llega la energía al corazón, aunque tengamos vitaminas y proteínas la vida pierde su sentido. A veces cuando nada falta, todo parece faltar. En los países donde todo se tiene afuera parece más profundo el vacío existencial. Si las antenas no captan la información que mueve la energía, no habrá vitalidad. Es esa la clave de la economía energética. “¿Por qué me siento cansado Dr.?” Pues porque vas por la vida con los ojos cerrados, y así dormido sin una visión del mundo a la que puedas despertar no podrás nunca saber de dónde vienes ni adónde vas. Porque no escuchas y sólo puedes percibir el ruido en el que se han embotado tus sentidos. Porque así confundido, sin verte, sin escucharte, sin sentirte, vas como un juguete a la deriva en el mar de tu destino. En la crueldad aparente de ese destino sin lecciones, sin sentido, habrás perdido el sentido de vivir. Si no tienes una visión de ti mismo, no tendrás una visión del mundo, ni un proyecto de vida, ni siquiera una vida digna de llamarse vida. Así confundido con la conciencia embotada en los sentidos, sentirás un día, al despertar, el vacío infinito de la crisis de sentido. ¿Una neurosis de sentido es terrible? No, es lo más maravilloso que a uno le puede pasar. Cuando a mí me llega a la consulta un muchacho de 18 años con una crisis de sentido, yo le digo: “menos mal, porque yo me demoré 40 años para vivirla”. La mayoría de la gente se demora hasta la muerte. Casi todos hacemos, o hacen la crisis de sentido cuando están muriendo. ¿Qué sentido tenía la vida?, ¿Qué hicimos de la vida?, Y la crisis es provocada no tanto por lo que hicimos, sino por lo que

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dejamos de hacer. Las caricias retenidas, la ternura congelada, las solidaridades olvidadas, el tiempo que matamos sin sentido, los vacíos del ser gravitan en la crisis de la muerte como sombras que nos impiden emerger. La crisis de sentido es más una crisis existencial por el no-hacer que por el hacer. Cuando uno habla con los moribundos, ellos no se quejan de lo que hicieron, no hay tantas culpas como nosotros creemos. Lo que duele en los momentos cruciales es aquello que pudo haber sido y no fue, tal vez porque estábamos demasiado ocupados preparándonos para vivir. Pero la vida no es algo para preparar. Es algo para vivir. Muchos escritores famosos antes de su muerte se lamentan del Sol que no recibieron, de los helados que no se comieron, de los abrazos y de las sonrisas que dejaron de dar, de lo cotidiano que dejaron de vivir. Y esa gente, que es espiritualmente avanzada por su campo de influencia en la Humanidad, empieza a reconocer, que la clave de la espiritualidad no está en subir la escalera, sino en bajar la escalera hacia la vida cotidiana, hacia el presente, hacia la capacidad de darle transcendencia a las pequeñas cosas de la vida. Así tenemos primero, disponer la cabeza para recibir la energía, abrir el polo neurosensorial, abrir los ojos bien abiertos, abrir los oídos, callar para que nuestra palabra pierda la capacidad de herir y en este momento, realmente la energía entrante puede pasar al altar del corazón. La mayoría de nosotros está literalmente colgado del cuello: no tiene los pies en la tierra, tiene la cabeza por allá, diez Km. por delante del cuerpo. Nos olvidamos el cuerpo 10 Km atrás y obviamente el corazón está disociado. No vivimos porque no sentimos la voz del corazón. El corazón sólo aparece en la vida como factor de comunión, cuando hay relación entre los diferentes territorios que habita el ser. Pero en la esquizofrenia existencial de un yo que habita el abismo entre el ser y el debería ser, no aparece el corazón como ese sutil pulso integrador que inunda el cuerpo con el ritmo integrador del ser. Pero el afán de buscar y prepararse para vivir, la necesidad imperiosa del maestro, se convierten en un ruido de tal dimensión que raramente podemos escuchar en nuestra profundidad la voz del corazón. La voz de la conciencia que encontramos en ese silencio de la renuncia cuando abandonamos toda búsqueda. Ese afán desesperado por encontrar, es un afán del ego, la prisa de un perfeccionismo que vive la vida como una competencia para ser mejor. Cuando tú te olvides de ser mejor y te acuerdes de servir; cuando simplemente tengas silencio, buena voluntad, disponibilidad. Cuando no estés donde quisieras estar sino que estés allí donde el mundo te necesite. Cuando tú seas capaz de estar en el lugar donde puedes dar tu nota, no la nota que tú te imaginas que te va a dar prestigio, sino la nota que te hace útil, que te hace humano, en ese momento estás preparado. Cuando el discípulo deja de buscar el maestro y busca al hermano, cuando deja de mirar arriba y aprende a mirar abajo, aparece el maestro. No es una cuestión de mediumnidad, es la capacidad, generada por el servicio, de tener la mente firme en la luz, lo que produce un contacto más real que toda realidad. En el alma el contacto es posible pero el alma se expresa en todos como cualidad para servir. No es la canalización mediúmnica la vía del corazón. Es el servicio humilde y silencioso lo que abre los canales hacia el alma grupal y el ashram. Cuando nos olvidemos de entrar en esos contactos trascendentales y aterricemos en nuestro corazón; cuando nos olvidemos de viajar al centro de la galaxia y hagamos un viaje sensible hacia la necesidad de nuestros hermanos; cuando nos olvidemos de conquistar los estratos de conciencia transpersonal y cósmica y conquistemos la conciencia humana de los niños que se mueren de hambre en el tercer mundo, así, descendiendo al otro que nos necesita, estaremos ascendiendo al corazón de nuestra espiritualidad. Se trata, no de ser ángeles sino de ser humanos, con todo el dolor que eso representa. Ser seres humanos, ahora y aquí, de carne y hueso, con todas las limitaciones humanas pero con todo el potencial cósmico del libre albedrío que nos permite liberarnos y liberar los prisioneros del planeta para dar la nota superior del amor: la genuina libertad.

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Los ángeles no tienen libre albedrío, ellos tienen una función y la tienen que cumplir, así tarde millones de años: allí está el Ángel de la Guarda hace 18.000.0000 de años, esperando a que despertemos. Es decir, que allí no hay libre albedrío, hay luz, hay inteligencia, es una parte del plan de la evolución pero nosotros somos la voz, la palabra creadora; nosotros somos el agente de la Creación. Cuando miramos la perspectiva de la evolución en otra dimensión, nos encontramos que la tierra no son rocas desnudas, no es la tierra, no solo son los árboles sino que la tierra es un ser inteligente, que es Gaia, es un ser que tiene un propósito en la evolución. Y nosotros somos una antena inteligente; nosotros somos la voz de Gaia; somos la síntesis de los reinos de la Naturaleza, y a través de nosotros, el cuarto reino, toda la Naturaleza puede dar su canto y puede ascender al quinto reino, que es el reino de las almas. La de ser humano, es una aventura trascendental. Cuando empezamos a sensibilizarnos, a ser humanos, cuando asumimos nuestra verdadera identidad, entendemos que no es de la condición humana ni la guerra, ni el asesinato, ni el robo, ni la violencia. De pronto oímos decir: “es que la violencia es producto de nuestra condición humana”, No, injusticia, violencia, desamor, son consecuencias de nuestra deshumanización o de nuestra inhumanidad; ni siquiera lo son de nuestra bestialidad, porque eso es un insulto a las pobres bestias, que jamás son tan bestiales como las pintan. Deberíamos quitar ese nombre de bestial cuando nos referimos a lo que pasa en este planeta y decir: Ese es el sendero de la magia negra, el sendero involutivo de la negación, de la ignorancia, del apego, de la aversión, del odio, de la sombra. Es el sendero de la negación del amor, de la identificación con aquello que no somos. Ser humanos, es tomar posesión del instrumento del alma. Desarrollar una personalidad coherente, templar las cuerdas del instrumento para que la vida que es música pueda ser interpretada por el intérprete que es el alma, en el seno de esta persona, de esta caja de resonancia que es la personalidad. Si mis partituras están en los divanes del alma, si el alma tiene un violín quebrado o un piano que ni siquiera sabe que existe, entonces no va a resonar la música: la música tiene sentido si resuena en este cuerpo. Nuestra meta evolutiva es realizar el Reino de Dios, el Reino de las Almas pero, lo desarrollamos en vivo y en directo, ahora y aquí, en esta carne. Lo encarnamos, no para la vida eterna, ni para cuando seamos perfectos. Ahora mismo, aquí, estamos preparados si queremos, esa es nuestra libertad, para tomar las llaves del reino interno. Este es el momento de empezar a servir, es el momento de empezar a vivir, es el momento de entrar en la nota clave, en la dimensión de nuestro corazón cuya ley en el tiempo es el presente y cuya nota desde el punto de vista del sentido, es la nota del dar.

Sanar la Vida XV

De la responsabilidad o la vía del guerrero auténtico
El corazón se da sin pausa, sin prisa, segundo a segundo. A cada instante su nota es dar, enriquecido y purificado, aquello que recibe. Así mismo, nosotros podemos ser como el corazón que distribuye sangre y vida. Aumentamos el potencial dañino del mal cuando a través de nuestro mal carácter lo potenciamos y lo entregamos así, multiplicado en su poder disociador. Se trata de que nosotros seamos como el corazón. Se trata de que podamos recibir la sangre venosa del metabolismo de las relaciones con el mundo, y que, en la transparencia de nuestra vida, la llenemos de luz, enriqueciéndola y devolviéndola como una forma de prana

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puro y nutritivo para todos los seres. Recibir el prana del reino mineral, el prana del reino vegetal y el del reino animal, percibir el prana solar y el prana terrestre y convertirlos en ese bello torrente de vida amorosa e inteligente que llamamos la humanidad. Humanizarnos es posible, cuando empezamos a despertar a ese Sol Central interior –RA– hecho con las radiaciones de nuestra Responsabilidad y Autenticidad. ¿De qué materia prima está hecha la responsabilidad? Su quintaesencia es la conciencia de un héroe arquetípico interior que llamamos el guerrero. Irrumpe en la vida cuando la visión trasciende el pequeño territorio del ego o no-yo y se emprende el viaje hacia el campo de conciencia ampliado del Yo. En el horizonte se vislumbra el alma humana. En el camino la cruzada es de hermandad. En el corazón se intuye el misterio del Santo Grial, una Copa de dolor que revela al interior luz y amor. En ese territorio sagrado el servicio va hasta el sacrificio. El guerrero asciende a la cima del heroísmo y en la muerte del ego revela la vida. En su derrota se esconde la victoria genuina. Derrotado el ego, desecha la coraza, la luz del alma brilla. Como el agua cristalina que brota en las alturas de la nieve pura, como un manantial de luminosa claridad, la autenticidad surge de la bruma. El guerrero auténtico es un testigo de excepción de la misteriosa levedad de las alturas. Su cruzada es la hermandad y la justicia. Su horizonte es de libertad. Su territorio es el país de la conciencia. Su secreto es el cáliz del Agua abundante de la Vida. Sangre de Cristo, Quintaesencia de Su Cuerpo Místico, Humanidad. Como héroes míticos, los guerreros parten hacia la conquista de un territorio, un Lugar Sagrado donde la alquimia de la materia y la energía que llamamos sangre, está contenida en un Cáliz o Santo Grial. En todos nosotros hay un Guerrero, dispuesto a conquistar con esa sagrada sangre un nuevo territorio al interior. Cuando damos en el blanco de oro del propio corazón, cuando en la búsqueda del oro alquímico, desarrollamos un carácter sensible a la Luz del Alma, comprendemos que la genuina transmutación no es del plomo al oro, sino de la personalidad al alma. El guerrero asciende en cuerpo y alma a la cima del Espíritu. La no resistencia de la personalidad hace leve la materia que puede ascender y revelar el Ser. Disuelta la armadura, desnuda la roca dura de la personalidad, el guerrero emprende el camino del servicio. Nace el servidor, el aguador, el buen samaritano. Sus armas son ahora de compasión. Ascendiendo a la montaña de la vida, en la propia cima, había reunido los cuatro puntos cardinales en su corazón, para que la materia, el cuaternario pudiera revelar el quinto elemento, el alma. En el alma devela el sagrado misterio de la unión, cuerpo y sangre de Un Solo Ser, que inspiran el sendero de Retorno. En el servicio, el servidor descubre el camino del amor, como una vía a Dios escondida en sí mismo. La genuina Eucaristía. Comunión. En otros, el guerrero-servidor descubre su propia esencia, y en todos, el misterio del agua más abundante, la Vida. Ya no toma la vida, Ya no se resiste a la vida. Fluye como sangre en el mismo Cuerpo de Cristo, y presiente el misterio del Espíritu. Como en la historia del Caballero de la Armadura Oxidada, sólo la ternura y la compasión pueden disolver la sombra que oculta el Amor, la verdadera fortaleza del Ser. Es su Armadura la que se derrite, pero no desde afuera sino desde adentro, cuando el guerrero nace a la compasión del verdadero servidor. La llave secreta que libera al ser humano de su prisión está en el corazón. El fuego sagrado que derrite el hielo y la indiferencia es encendido en el propio centro. En la desnudez el viento de la vida aviva la llama interior del Ser; con materia prima de su vulnerabilidad, el servidor descubre en la humildad el más grande potencial. El pecado original del separatismo, que nace del orgullo, se disipa en la humildad para que la luz del alma pueda brillar a través de la personalidad. La vulnerabilidad es la fortaleza del guerrero, pues le permite nacer a la humildad de la prudencia, en la que el reconocimiento de los propios límites le hace comprender que sólo en otros puede ser ilimitado. El camino del sanador, es el mismo sendero del Servidor, el del educador, una vía de amor-sabiduría o comprensión amorosa. A propósito de un sendero de responsabilidad, que pueda conducir a una auténtica humanidad en la que cada ser humano pueda dar su nota original, ¿qué podemos ver en nuestra sociedad actual? Alguien me decía ayer: “¿qué hacemos con esa epidemia emergente de la disfunción cerebral, en niños que tienen el síndrome de hiperactividad y déficit de concentración?”. Y yo dije: “mire, esa epidemia no es de los niños, es de nuestro modelo educativo, que es una camisa de fuerza”. Nuestro

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modelo educativo, es una camisa de fuerza sobre la nueva conciencia emergente. Estos niños que nacen son rebeldes, no participan de nuestros mismos paradigmas, en su cerebro vienen otros programas, ellos están destinados a cambiar el planeta. Alguna vez en Medellín, hubo un foro de expertos, como tantos foros de expertos que hay en todo el mundo, rasgándose las vestiduras porque los estudiantes de mi provincia habían sacado las peores calificaciones. Pero ¡menos mal!, ¡qué bueno que los nuestros se rebelen!, esa es una manera de revelarse. Este es un sistema totalmente absurdo. Mientras peor, mejor en el seno de un sistema parecido. Ustedes se imaginan a un Einstein en uno de nuestros colegios, o estaría en la cárcel o lo habrían desechado como a un idiota profundo. Afortunadamente él tuvo que terminar en una oscura oficina de patentes y no haciendo un P.H.D porque le hubieran cortado las alas. Es necesario que nosotros empecemos a comprender, a ser sensibles a esa humanidad emergente, y a comprender que nuestros hijos van a ser muy diferentes de nosotros y que no los podemos introducir en nuestros viejos códigos. Que la familia ya no va a ser la misma, de pronto alguien dice: “es que la sacrosanta familia”, pero no, hemos de ver que la familia es algo infinitamente más amplio: es la familia humana. Los patrones de relación familiar están cambiando a una velocidad tan acelerada; las costumbres sexuales están cambiando a tal velocidad, el shock del futuro nos tiene envueltos de tal manera, que si no tenemos una sensibilidad, una capacidad de conmovernos a esa conciencia emergente, nosotros vamos a obstaculizar terriblemente el ascenso de las nuevas generaciones y no solo eso, sino que nos vamos a llenar de amargura y de resentimiento. Vamos a entrar en un conflicto generacional que no tiene sentido. Ellos no tienen que ser como nosotros porque ellos son de otra Era. Nosotros somos de una Era Pisciana, educados para Piscis, educados para los territorios: el territorio del hogar, el territorio de la parroquia, del país. Nosotros vivimos en función de pequeños conventos y territorios; ellos son personas que emergen para una ciudadanía planetaria, para una humanidad sin fronteras y obviamente son personas que van a tener crisis y conflictos y se van a rebelar. Y se van a rebelar con ellos mismos y van a estar en efervescencia, pero son ellos quienes van a dar la nota de un nuevo planeta. Así que podemos empezar a sanar a nuestros niños generando modelos educativos mucho más sensitivos. Esto -señalando la pizarrason Rayos, son estrategias de la conciencia. Hay un hijo mío que está intentando desarrollar la sensibilidad pero todavía está en el territorio de la sensiblería, yo no puedo educarlo como Ricardo Corazón de León porque sería ir contra él. Y hay otra hija que está en esta fase de Responsabilidad y Autenticidad, obviamente que si yo me voy al territorio de la Sensibilidad no reconozco su nota esencial. Hay otros dos que son totalmente musicales, que están en este mundo de los arquetipos, del orden implícito y que son música. Yo no les puedo decir es que tienen que ser matemáticos o médicos como su papá, sólo puedo decirles: ustedes tienen que dar su propia nota. Miren, cuando yo voy a ver a los drogadictos, me encuentro las guitarras quebradas de la vida, me encuentro los violines quebrados de la vida, me encuentro muchachos y también profesionales que fueron obligados a seguir una profesión porque daba más dinero, o porque daba más prestigio, o porque un músico en Colombia no puede sobrevivir porque el Arte no paga. Pero como el Arte no paga, el precio es la vida. Y el precio realmente es la vida, porque hacer lo que no nos nace hacer significa nadar contra la corriente toda la vida. Muchas de las personas enfermas e infelices y con cáncer que vemos en el mundo están desgastando lo mejor de su vida, nadando contra su corriente, nadando contra su sentir, nadando contra la levedad de la Gracia, contra la Espiritualidad, en dirección contraria al alma. Y los hemos obligado, porque hemos hecho máquinas para producir; hemos llegado al punto en que no producimos artículos de consumo para consumidores, sino consumidores para artículos de consumo. La mujer que nos presenta la publicidad no es un ser humano, es un artículo de consumo. Los médicos entramos en la ley de la oferta y de la demanda y no damos nuestra nota sino que nos especializamos en aquello, que como mercancía sea más valiosa. Ya no tenemos un valor como seres humanos sino un valor de uso, o un valor de cambio. Identifíquense en ese momento en que ustedes se sienten utilizados, en que son mercancías y lleguemos hasta la caricatura: la caricatura de una señora que compra una vaca para aprovechar la promoción de piensos, así estamos.

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Literalmente es esto, vamos a un supermercado y vamos recorriendo, no sabemos qué necesitamos, no tenemos un orden de prioridades: la responsabilidad consiste precisamente en establecer un orden de prioridades en la vida. “Primero lo primero”, es lo que piensa quien es responsable, y primero lo primero, no en un sentido estratégico, sino en un sentido táctico, ahora. “Primero lo primero” es: primero me lavo las manos, antes de utilizar el bisturí; primero viajo a mí mismo, antes de viajar al centro de la galaxia; primero vivo esta vida si quiero vivir la vida eterna... es dar prioridad a lo que tiene que ver con este momento, en el ahora y aquí; es ponerse en presente. Quien tiene responsabilidad está en presente y sabe jerarquizar la vida. ¿Cuántas de las cosas que decimos o hacemos son innecesarias? Todo aquello que es innecesario es un ruido para el alma, es un lastre que impide evolucionar; todo cuanto lanzamos desde nosotros es un boomerang que indefectiblemente ha de regresar.

Sanar la Vida XVI

Cuando decimos que el ser humano es un creador en materia mental, advertimos también que podemos dejar nuestras creaciones a medio construir. Estas construcciones no concluidas, nos atrapan y obstruyen el flujo de la conciencia como ruidos que parasitan nuestro propio campo de energía. Nuestras palabras son como ladrillos de edificaciones que muchas veces se quedaron sin concluir. Cada una de las cosas que empezamos y dejamos inconclusas, son como extrañas frases sin sentido y fuera de contexto en el libro de la vida. Hagamos por unos instantes, una imagen mental de cómo es esa, la ciudad de nuestra vida. ¿cuántos edificios en ruinas?, ¿cuántos proyectos abandonados a medio comenzar?, ¿cuántas trochas sin afirmado queremos pavimentar? ¿Cuántas cosas que apenas dejamos formuladas? ¿cuántas intenciones sin sentido, cuántos esfuerzos sin dirección? ¿Cuántas cosas que soñamos y no magnetizamos desde nuestro corazón?, ¿Cuántos proyectos abandonados cuando apenas empezábamos? ¿cuánto de lo que decimos sentimos realmente? Como invasores que han construido sin programa y sin orden, hemos hecho de la vida una especie de contaminado barrio marginal. En sus calles mal trazadas y sin salida no podremos ya quejarnos de que las cosas no fluyan, porque somos nosotros los que no fluimos. El tráfico caótico es el de nuestros propios vehículos; la ciudad es también un reflejo de nuestra forma de pensar y de sentir, expresado en nuestras actitudes. Como pensamos y sentimos, así mismo vivimos. ¿Para qué buscar afuera causas, chivos expiatorios o enemigos, si los arquitectos de esa ciudad invivible hemos sido nosotros mismos? Ruidos en el espacio, ruidos en el tiempo, invadiendo los poblados, las zonas deshabitadas, los silencios, los vacíos. Sin lugar para el movimiento, prisioneros de nuestra propia red, llega un momento de conciencia en que reconocemos que no es

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posible escuchar nuestra voz en medio de todo ese ruido. Pensamientos, palabras, emociones, intenciones, obras, muchas cosas están por fuera de lugar. Y lo que no ocupa su lugar es como un ruido que impide escuchar al ser que habita detrás del los eventos. Empezamos a sanar cuando decidimos dejar de producir más ruido. Cuando advertimos que no es necesario crear, ni mejorar aquello que al ser lo que ya es, es de nuestra esencia porque nuestra naturaleza, aquello que ya es, se manifiesta cuando se acepta sin condiciones. Evolucionar es posible sólo a partir de lo que ya se es. Cuando se acepta ser, es posible cambiar. La vocación del ser es fluir en un proceso de constante cambio, en el que el ser sólo puede ser puro presente. Allí donde el fluir del ser se represa, su esencia evolutiva se altera; por eso todas las formas de ruido atentan contra la naturaleza del ser. Reconocer lo que no es esencial nos hace más responsables. Menos ruidosos. Más humanos. En la perspectiva de la conciencia, somos tan pobres como cosas innecesarias tengamos. A veces aquello que consideramos posesiones, son sólo las miserias nuestras, como si de pronto lo que en apariencia es riqueza fuera una evidencia real de la pobreza interna. Poseer no lleva necesariamente al ser. Desprenderse lo puede revelar. Constatémoslo: vayamos al ropero y miremos: un par de zapatos que hace seis meses que no se utilizan no son tan necesarios. Si miráramos en el espejo de la conciencia veríamos entretanto multitudes de descalzos. Si solamente tomáramos conciencia de que en un mundo en el que tantos niños mueren aún de hambre física hay superávit global en la producción de alimentos, nos tendríamos que preguntar todos ¿cómo es posible permitir semejante absurdo?... Arterias obstruidas para la circulación de la sangre de la tierra... El corazón del amor que no bombea. La plaga de la injusticia generando un colapso planetario. Y no sólo hay hambre sino, que para mantener el precio de los productos, todos los días se arrojan toneladas de leche al mar, toneladas de frutas al mar, toneladas de alimentos que redimirían el cerebro de miles de niños. A pesar de su verdadera humanidad y de su alma, alrededor del 25% de la población mundial, no va a disponer de un cerebro que le permita realizar su dimensión humana. Y ese también es nuestro Karma. Si solamente pudiéramos prescindir de un pequeño porcentaje del vil negocio de las armas, millones de seres humanos podrían llevar una vida digna de llamarse humana. Es tanto un problema de políticos, dirigentes, gobernantes y líderes espirituales, como un asunto nuestro. Se evidencia tan terrible situación en todo lo superfluo, en la vacua vanidad de los roperos, en aquello que se va a nuestra basura, en la suicida pérdida de tiempo. Los movimientos de la conciencia en nuestro espacio tiempo, es decir nuestras pensamientos, nuestros sentimientos y nuestras acciones son los actores del orden y del caos de nuestro universo. En ese universo, además de ser responsables de los nuestros, todos somos responsables de todos.

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Sanar la Vida XVII

Cuando de todo sobra, es difícil reconocer lo esencial. Nos queda faltando corazón. Aunque muchas cosas nos falten, si nos sobra corazón podemos llenar la vida de sentido. Podemos conmovernos, ser solidarios, ofrecernos. Servir. Lo que no es esencial para la vida, se convierte en un cimiento para la propia prisión; así, vamos prisioneros de lo que tenemos que guardar y cuidar o defender, invirtiendo los mejores recursos de la vida, nuestra inteligencia y nuestra capacidad de amar, en cosas fútiles y vacías. Cuando una cosa ocupa su lugar, es irreemplazable. Sólo es sobrante lo que está fuera de lugar; y a veces somos nosotros mismos los que estamos fuera de lugar; por eso decimos de alguien que pierde el control y el sentido de las proporciones, que se ha salido de casillas. No nos sentimos necesarios al mundo, hasta que la crisis existencial nos coloca en el lugar correspondiente, un lugar que nadie más podría ocupar, porque pertenece al ser. En el banco de la vida nuestro superávit deja muchos saldos en rojo, y no se trata de renunciar al agua que sacia la sed; sólo hay que beber y dejarla correr. Lo verdaderamente nuestro es aquello que refrendamos con la vida, pues sólo así nos podemos posesionar, lo que también quiere decir posicionarse. Nada es realmente nuestro, aunque así lo acrediten todas las leyes. Nuestra riqueza es generar riqueza. Nuestra fortaleza se cimenta en lo que dejamos pasar; es una fuerza distributiva. Retener congestiona y enferma, produce infartos en las relaciones. Nuestra responsabilidad para sanarnos como seres humanos, es aprender a desprendernos porque todo aquello que nosotros poseemos, no siendo nuestro, es un boomerang terrible, nos intoxica, embota nuestros sentidos, es el colesterol que tapa las arterias de nuestro corazón espiritual. Los infartos planetarios realmente no son otra cosa que nuestra insolidaridad, nuestra insensibilidad, nuestra incapacidad de conmovernos: por eso cuando nos duela la vida es peligroso tratar sólo el síntoma del dolor con analgésicos. Una de las más globales y rentables industrias en este planeta, es la industria de la manipulación del sistema límbico, que ha perpetuado la primitiva reacción de ataque o de la huida. Es la industria de los búnkers o de las armas, la industria de los barbitúricos y de los sedantes; la de la de los psicofármacos. Después de la industria de las armas, la industria de los psicofármacos es la más terrible y la más mortífera. Nosotros creemos que lo que es mortífero es la droga, pero no, lo mortífero es nuestra actitud de miedo o escapismo, o terrorismo. Huir del dolor impide construir el amor, representa la muerte porque el dolor es sólo una rivera del río de la vida. La otra rivera es el amor. Y la corriente es la vida. Cada hora empleada en huir del dolor, es una hora

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dedicada a huir de nosotros, a huir de nuestro corazón, de la posibilidad feliz de despertar. El dolor es un señalador, único y feliz, que nos ha puesto la vida; nos señala un talón de Aquiles para que podamos crecer, y crecer es interiorizarnos para emprender el regreso al corazón. Asumir nuestra responsabilidad, es abrir el primer portal en el sendero del alma, lo que nos muestra un horizonte más allá de la simple reactividad o la rígida seriedad. Nosotros hemos confundido responsabilidad con seriedad y con separatismo, o con personalidades fuertes arrasadoras. La responsabilidad produce inofensividad, adaptabilidad, flexibilidad. La responsabilidad es una conquista de dos héroes míticos: el Guerrero y el Bienhechor. Un día, fatigado de conquistar territorios externos, el guerrero libra la batalla definitiva del ego. La derrota de su propio ego es su victoria mayor, y con el trofeo de una personalidad consagrada al servicio, emprende el camino de retorno. Ha nacido el bienhechor, un servidor del mundo. Ya no tiene más que su propio reino interior por conquistar y sus puertas se abren de par en par con la llave sagrada de la autenticidad.

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Sanar la vida XVIII

De la responsabilidad a la autenticidad
El guerrero parte en busca de un territorio externo. Conquista todos los honores, los favores del rey y de la reina. Tal vez lo peor que nos pueda ocurrir es obtener todo lo que queremos pues no tendremos oportunidad de querer aquello que tenemos. No es posible tomar posesión de un territorio que es ancho y ajeno, y realmente nunca tendremos poder sobre lo que no queremos, aunque el rey y la reina nos lo asignen. Si no tomamos posesión del pequeño espacio de nuestra vida cotidiana, nuestros sueños, proyectos y esperanzas estarán soportados en el vacío y no podrán tener sentido. Lo más inmediato, lo más permanente y cotidiano en nuestra vida, está dentro de nosotros mismos. Por eso la primera gran conquista es interior. El primer gran territorio, la cima más alta, está en nuestro centro, donde el guerrero encuentra el poder del propio corazón, con su escudo invencible: el amor. Ese territorio da sentido a todas las conquistas, es el punto de partida desde el que toda expansión es posible. Allí nace la confianza que nos sostiene, la identidad que nos afirma con una causa, el servicio que convierte la vida en un propósito saqrado. El verdadero guerrero arriesga la vida por amor a la vida; conoce sus límites y sabe que dentro de ellos es invencible. Conoce que su mejor arma es la justicia. Si no tomamos posesión de nosotros mismos, no podremos poseer nada, aunque las leyes o las notarías así lo establezcan. Pero tomar posesión no sólo es conocerse, pues el intelecto conoce y raramente comprende. Poseemos lo que comprendemos. El conocimiento sólo nos permite tener. La comprensión nos lleva a tomar posesión del territorio del ser, donde nace el genuino poder, aquel en el que la luz del intelecto tiene la fuerza del corazón. Luz y amor generan poder. Este es el poder del guerrero, la fuente de su responsabilidad. Cuando reconocemos nuestros límites, podemos expandirlos. Damos un paso y podemos dar el siguiente, nos comprendemos y podemos comprender. Nos queremos y podemos querer. No es responsable pretender tener lo que queremos sin antes querer lo que tenemos: nosotros mismos somos el primer haber en la economía de la vida. ¿Nos tenemos? ¿tenemos el control de nuestros actos? ¿de nuestras actitudes? ¿de nuestras intenciones? ¿nos podemos amar sin condiciones? El guerrero ocupa su lugar, guarda la distancia, avanza y se retira a tiempo. Sabe de táctica y estrategia, reconoce el paso inmediato y la dirección futura. Sabe que posicionarse es posesionarse. Ocupa su posición para cumplir su parte, para darse desde lo que es. Así nace el bienhechor, aquel que comparte la conquista de sí. Al reconocer el don de ser, el bienhechor es el guerrero que, después de haberse vencido, se da a sí mismo desde la fuente inagotable del ser. Y así, en esa constante entrega, el bienhechor es un guerrero que siempre se renueva. Su territorio es el espacio de las relaciones donde fluye el amor. Ya no es carga, ni partícula, ni personalidad: es el campo intangible de la relación que pone cada cosa en su lugar, el campo del alma. Allí las leyes de la materia, las que rigen el espacio-tiempo tangible exterior, ceden su lugar a las leyes de la conciencia, las de un intangible territorio interior, en el que al poseerse el ser no necesita nada tener. Siempre muriendo, siempre naciendo, siempre nuevo, para las leyes de la conciencia cada ser es único. Original. Auténtico.

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El Creador y el Destructor
Si el guerrero y el bienhechor nos han señalado el camino de la responsabilidad, el creador y el destructor aparecen como héroes arquetípicos en el camino hacia la autenticidad. En las estériles y fatigadas tierras antiguas no pueden germinar las nuevas semillas. Cambiar la tierra, llevar agua fresca, remover el surco... el destructor desecha las antiguas malezas de raíz, pulveriza el antiguo orden, desencadena la tormenta que lleva agua abundante y fresca. Pero en el aparente caos, las semillas del nuevo orden esperan el momento para emerger de la mano de una conciencia interior que, a imagen y semejanza del creador, hace surgir del caos un nuevo universo. El destructor es aquel que prepara el terreno, remueve nuestra tierra, nos libera de las enraizadas malezas. De los desechos del guerrero, con la semilla de su aprendizaje, el destructor es un alquimista que mezcla la tierra, el agua y el fuego en un mortero de aire para sembrar los arquetipos del plan. En la crisálida, ese extraño y silente lecho de vida y de muerte, el gusano, o la forma aparente del orden antiguo, asiste al despliegue de la sutil mariposa. La muerte es el agente de un Dios que también es Destructor y en la muerte da nueva forma al amor inherente a la vida de todas las cosas. El Terrible Destructor no es más que el sepulturero de las semillas, un buen sembrador que sabe esperar pacientemente la primavera del Creador. Con el regreso del sol brotan las nuevas plantas y florecen con sus perfumes originales. Las mariposas desatan sus alas, y todo parece emprender el vuelo hacia el alma. Obra de arte irrepetible, la vida es siempre fluida; en su cauce de nacimiento y de muerte continua, como una corriente infinita, la vida es agua fresca que pareciera siempre manar de sí misma. En la crisálida de la vida impersonal, el destructor da sepultura a la antigua y pesada estructura. El aprendiz y su maestro, la vida, emergen de la crisálida como dos alas unidas en el vuelo de la lección aprendida. Así, de significados vamos tejiendo la vida, y el resultado es un tejido original, un espacio para el ejercicio de la libertad zurcido con hilos de nosotros mismos. En ese espacio de fluida levedad siempre estamos naciendo al amor. Ese es el territorio del Creador, en el que vivimos y nos recreamos, cuando renunciamos a lo que no es esencial. Cuando renunciamos a la gravedad que ata al mundo de las apariencias, cuando podemos liberar todo el lastre, la vida toda se convierte en arte; como una obra original que deriva de su propia autenticidad su valor. Ya la vida vale no por lo que pesa o por lo que retiene, sino por lo que en ella libera y es leve. En el proceso de disolución, el fuego del Destructor reduce la materia liberando su esencia. Cuando una semilla muere se libera la planta. Cuando muere el átomo, una radiación se libera. Ya en el ciclo final de su existencia la flor exhala un perfume; todo pareciera morir para vivir; todos los frutos mueren para germinar. Es el sendero del Destructor, que derrumba las viejas formas para que actúe el Creador. Es el camino de la autenticidad, un sendero sagrado hacia nuestra humanidad. Ser humano, es ser auténtico. Ser auténtico es ser original. La diferencia entre un original de Van Gogh y una copia, no es una diferencia de forma, hay copias casi perfectas, la diferencia es que el original, es el original: pintura del alma, el original es auténtico, es producto de la conectividad con el universo, en el que la pintura revela más de levedad que de esfuerzo. Es un momentum, en el que la sencillez de lo que está entretejido nos conecta con los arquetipos del Creador, y producen la obra de arte genuina, una rara mezcla de belleza y amor. El original es una esencia escondida detrás de la apariencia es la escultura que emerge cuando a la roca de la personalidad le quitamos lo que sobra. El proceso del Destructor es como la talla del diamante y la obra del Creador nos revela en la escultura que aún hasta la materia más dura puede embellecer la luz. Dios destruye para renovar y revelar lo que oculta toda forma. El Destructor transforma y purifica la materia prima. El creador transmuta y crea formas nuevas. El sentido de la destrucción del templo,

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por parte de Sansón, es un bello simbolismo. El “muera Sansón con todos los filisteos” puede ser leído como el proceso de eliminar el odio, la critica, el separatismo, el apego, la hipocresía. Es el derrumbe del templo de la sombra para que se pueda erigir el templo de la Sabiduría. Lo mismo, con el Becerro de Oro: derribamos el Tabernáculo en el desierto, el de la materia, para nacer a la luz del Alma y construir el Templo de Salomón, templo de sabiduría, del que descubre como el Rey Sabio que “Esto también pasará”. Así como no hay creación posible sin destrucción, no tendría sentido la salud sin la obra transformadora de la enfermedad. Creación y destrucción, salud y enfermedad, nacimiento y muerte son complementarios entre sí. Son necesarios para vivir.

Sanar la Vida XIX

Cuando tenemos seguridad y confianza en nosotros, tenemos confianza en los otros; desde la confianza establecemos una piel sensible de comunicación, que llamamos apertura amorosa o amistad. La amistad surge de la confianza y ésta es el común denominador de la amistad. Se puede llegar a confiar más en el amigo que en la madre que respetamos y honramos. No hay una relación humana que sea genuina sin contacto; y la materia prima del contacto es la amistad. Serás un mejor padre si puedes ser el amigo de tus hijos; tú puedes ser mi amante pero si no eres mi amiga, lo que llamamos amor será una prisión por soportar. El punto de partida hacia ese amor tolerante que nos puede liberar, es la amistad. Toda genuina

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relación humana se gesta en la amistad. La amistad es como una piel tejida de confianza que nos afianza al interior y nos proyecta, sin complejos, a la relación humana. Si nos fiamos de nosotros mismos podemos confiar en otros. En ese territorio de reciprocidades, nace la amistad. Me afianzo en ti. Te afianzas en mí. Confiamos... somos confidentes, coincidentes en el afecto sin afectación... convergentes en nuestra común humanidad. En la reciprocidad de la confianza se da la respuesta de relajación, en la que te entregas y me entrego, nos abandonamos en el otro, para sentirnos completos. En ese abandono surge esa forma superior de integridad, que nos permite revelar que sólo en el otro, cuando construimos el nosotros, tiene sentido nuestro ser individual. La apertura amorosa es la puerta de la amistad y la primera estrategia para espiritualizar la vida. Produce un ambiente de cordialidad o apertura de corazón; abrir el corazón es simplemente ser cordial. La cordialidad es la esencia de la amistad; todos los amigos lo son por ser recíprocamente cordiales, y, en esa reciprocidad, la amistad hace más llevaderos todos nuestros roles: somos compañeros de trabajo, de sueños, compartimos las esperanzas y las frustraciones, tenemos algo en común. Y ¿Qué tenemos en común? El gusto por la música, un hobby, la visión del mundo, todo aquello que nos permita converger, es un punto de contacto desde el que es posible compartir. Si el hijo no es amigo del padre, establece una relación en la que no se comparte; va a tener problemas con su imagen paterna, porque nunca la habrá asumido, aunque todos los días el padre lo acompañe.

Tejiendo la Vida
Las relaciones humanas establecen vínculos y reciprocidades, puntos nodales entretejidos de tal modo, que ya jamás se podrán romper sin destrozar nuestra propia identidad. Una genuina amistad no se rompe; sólo se puede desanudar, porque la amistad es la más sencilla expresión del amor incondicional. Sólo de condicionamientos están hechas las relaciones que se tienen que romper, pero esas no son las relaciones del ser, que siempre construye el amor para la libertad. Cuando rompemos las relaciones humanas rompemos nuestra integridad. Te puedes ir o te puedes quedar, a condición de que, de cerca o de lejos prevalezca un sentimiento de amistad. Nos podemos separar sin destruirnos, podemos dejar de compartir la intimidad, sin que se destruya en nosotros la amistad. Aún la despedida triste puede ser cordial. Todas las rupturas de relaciones generan disrupciones en los centros de energía, en la circulación de los rayos, en las glándulas y en el cuerpo. Todos los focos de ruptura tienen que ser anudados firmemente, lo que genera en todos los planos cicatrices, puntos de mayor resistencia, que actúan como verdaderos cortacircuitos. Son talones de Aquiles que nos hacen más frágiles. Las cicatrices no sólo son las de las cirugías o los traumas físicos. Las podemos llevar también en nuestro cuerpo emocional, creando territorios de congestión y sensibilidad anormal. Hay cicatrices por las que no circula la energía, pues a su nivel se presenta un gran aumento de resistencia eléctrica. Pero esto se puede mejorar con técnicas de terapia neural que permiten restaurar el flujo de la energía y la conectividad. De igual forma, tenemos cicatrices en nuestras relaciones, cortocircuitos con el padre, la madre, la autoridad...Y la psicología es el arte de reconocer también esos infartos relacionales que nos impiden dar y recibir. No puedes romper tus relaciones sin romperte. Si en lugar de reventar o anudar los hilos, aprendemos a tejer y a desanudar, conservaremos la integridad de los hilos de la vida. No son necesarias las rupturas, ni las dependencias -y ni siquiera las independencias-, si sabemos conservar ese precioso germen de libertad que encierra la amistad. La enfermedad es producto de una

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ruptura, una herida física o emocional, una fractura, una quiebra económica, una pérdida afectiva, un conflicto de desvalorización, en fin, en todos los niveles es posible que se presenten soluciones de continuidad. Enfermedad es pérdida de conectividad, de correspondencia, es la desunión que crea una pérdida de la integridad en el tejido de la vida. Salud es simplemente integridad. Las rupturas producen fugas de energía por las que se nos va la vida.

Sanar la Vida XX

El Poder de la Serenidad
Sanar las cicatrices. Lo que hace un buen médico cuando alguien tiene una hemorragia severa, es obviamente ponerle sangre, pero no se queda transfundiendo sangre toda la vida; mientras transfunde la sangre cierra la herida. Si queremos sobrevivir en el plano emocional, además de transfundir energía, valor o ánimo es necesario cerrar las heridas y tratar esas cicatrices profundas y sensibles que aún no acaban de sanar. Las relaciones humanas no se rompen, se desanudan. Cuando rompemos relaciones algo también se rompe dentro de nosotros: perdemos integridad adentro y afuera, pues nos quedamos con la herida del resentimiento que afecta permanentemente nuestra vitalidad. Si desanudamos con paciencia los lazos que nos unen, esos lazos jamás se romperán aunque estemos muy lejos; nos llevaremos el regalo de la lección aprendida más que el sentimiento de fracaso que nos amarra al pasado. Los resentimientos son cicatrices sensibles en tu corazón que generan úlceras, hipertensión, cáncer, colitis, artritis y muchas enfermedades crónicas. El nombre y apellido de muchas de las enfermedades que vemos en la práctica clínica es resentimiento, o sea, sentimientos no resueltos o mal reparados porque hubo una ruptura en la relación. No permitan jamás que una relación llegue al extremo de la ruptura que destruye y

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desintegra, es red de soporte emocional que da sentido a la vida: de la integridad de esa red depende el pronóstico de la salud, la enfermedad y la vida. Si no tenemos una red de relaciones íntegra, nuestra susceptibilidad de enfermar o de morir es de 3 a 5 veces mayor; es lo que dicen todas las estadísticas. Hay una definida relación entre la capacidad de curarse de una enfermedad grave y la calidad de relaciones que uno tiene consigo mismo y con otros. Dos estudios recientes sobre la evolución de algunas formas de cáncer -melanoma y cáncer de seno-, demuestran cómo el reunirse periódicamente para compartir el dolor, la esperanza, la alegría, en un contexto de psicoterapia grupal de apoyo, puede duplicar la expectativa de vida y mejorar la calidad de la supervivencia. Si a mí en medicina, alguien me dijera: “mire, descubrimos un medicamento que duplica la supervivencia de los pacientes con cáncer de mama metastásico o con melanoma metastásico”, -que son muy malignos-, yo les diría: ese es un medicamento imperial, eso es una revolución en la medicina, ya estaríamos hablando por prensa, radio y televisión. Bien, ese medicamento existe y es el soporte afectivo Suministramos esa poderosa medicina cuando restauramos el ritual de desarrollo. (Aquí en el seminario taller se pasa alguien de primera fila y Jorge le extiende los brazos y se abrazan) Empezamos el seminario dándonos un abrazo pero terminamos el seminario así, (la gira y colocándose detrás de ella la vuelve a abrazar colocando una de sus manos sobre la frente de ella), “yo te doy mi soporte, te puedes recostar en mí, en mi hombro, en mi corazón, me puedes sentir, puedes contar conmigo”. Pero aunque no envuelvan a alguien en sus brazos, si ustedes le dicen desde su corazón -puedes contar conmigo, él ya se está soportando en ustedes, ustedes lo están amamantando con la esperanza, le están dando sentido a la vida, y el hilo para volver a tejer la integridad, que es un hilo de sentido. Podemos vivir de muchas maneras, pero sin sentido es imposible vivir. Realmente por donde se nos reventó el hilo de la vida, en nuestra cultura, es por el lado del sentido. El sentido no es verbal. Se comunica con la mirada, desde el silencio, con la actitud, desde el acompañamiento, desde los actos, desde los hechos, desde la vida. “Por sus obras los conoceréis”; cuando con toda la vida decimos: “puedes contar conmigo”, estamos reconstituyendo el ritual de desarrollo. Y el ritual de desarrollo es el punto de partida de la vida; es lo que más necesitamos cuando nacemos y también cuando nos estamos muriendo. No necesitamos muchas oraciones, ni muchas palabras sabias, necesitamos silencio, acompañamiento, ternura, disponibilidad, es todo lo que necesitamos. Necesitamos un hombro donde llorar, necesitamos en quién soportar nuestro dolor; necesitamos un colchón amortiguador, para que nuestras caídas no sean tan duras. Cuando se hacen las grandes estadísticas poblacionales, como las del condado de Alameda en California, con estudios prospectivos a largo plazo con grupos de más de diez mil personas por ejemplo, y se demuestra que la gente puede fumar, puede beber, puede trasnochar, puede hacer muchas cosas pero lo único que no puede hacer es romper sus relaciones, porque el riesgo de infarto, el riesgo de morir, el riesgo de enfermar de una enfermedad crónica, de aquel que no tiene soporte relacional, es mucho más grande que el riesgo de una persona que fuma o bebe pero está contento porque se siente querido. El sentirse querido es el principal alimento de la vida. Ese sentirse amado por Dios en todas las cosas nos lleva a una forma de oración: es orar como si aquello que pedimos ya nos hubiera sido concedido. Es el llamado “Efecto Isaías”, una esperanza que ya es viva confianza; es el sentirse querido por Dios; ya sea por Dios Padre, por el Dios que también vive en tu padre o en tu amada, en tu hijo o en tu terapeuta. No es posible de veras vivir sin la experiencia del amor: el sentirse amado es el alimento esencial de la vida. Así que entramos en el mundo del soporte interior: un mundo de amor que va naciendo del ritual de desarrollo y se prolonga en la amistad, un amor incondicional desde el que se construye la libertad. Ese es el territorio del poder, que conquistamos cuando el guerrero convertido en

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bienhechor, ha descubierto, en la derrota de su ego, el sagrado misterio del dar para construir el templo sagrado del amor. En ese templo se restaura la integridad de un amor que no posee, que no reclama, que no depende nunca de nadie, porque sólo se soporta en el dar. Nacemos al gobernante que puede distribuir los bienes de su reino con la ayuda del mago, que aplica la magia distributiva de quien da a cada quien según su necesidad. Todo su dar es un don del amor, toda su ciencia conduce a la sabiduría del sabio que sabe que vivir es el arte de ocupar el propio lugar para ejercer el rol que a ese lugar corresponde. El gobernante se hace sabio y fluye en la alegría de esa levedad que asciende desde un soporte que sostiene sin amarrar. Y de nuevo ese soporte es de la esencia del amor incondicional de donde brota toda auténtica amistad. Por las puertas de la amistad entramos al corazón; conmovidos desde el corazón, recorriendo el sendero del Guerrero y el Bienhechor, encontramos en la derrota del ego la conquista del reino interior. La primera gran expansión de consciencia es el acceso al gobierno del cuerpo físico, el primer reino que conquistamos en el camino de regreso al Ser. Tomamos posesión de nuestro cuerpo, entramos con reverencia al templo interior, cuando lo conocemos. Cuántos mensajes cifrados del cuerpo que aún no comprendemos, ¿cuántas enfermedades nacen de la ignorancia de las necesidades de nuestro instrumento? Una sinfonía de interacciones moleculares, atómicas, electrónicas, un concierto de fuerzas y energías, un paisaje estrellado de neuronas como un cielo interior en un cerebro que aún no hemos estrenado. Ese cuerpo es el patrón de organización de la energía y la información: es un espacio donde han quedado grabadas las huellas del tiempo. El cuerpo es el cauce en el que se mueve una conciencia que lleva el plan de la vida hasta la última de las células. El gobernante comprende que su cuerpo físico, el territorio de su reino, no es la esencia de su realidad: ese territorio externo es apenas el escenario de múltiples interacciones que expresan el nivel de la conciencia. Sobre la unidad física, el escenario, se reflejan siete notas fundamentales, o siete colores: cuatro colores sutiles, que se llaman los cuatro éteres y tres colores más densos que son, el sólido, el líquido y el gaseoso. Pero este cuerpo que vemos apenas es la sombra de ese doble que llamamos el doble etérico. Empezamos entonces a acceder a la sanación, al mundo del color, del sonido, al mundo de la circulación del prana; empezamos a leer los órganos en otro sentido; empezamos a ser conscientes de que nos nutrimos, no solamente de cosas materiales sino que también, por el polo neurosensorial, nos alimentamos del Sol, del aire, del prana del mar, del prana de la naturaleza; comprendemos que somos responsables del cuerpo de la tierra que también tiene un cuerpo etérico, en el seno del cual tenemos la vida y que si destruimos la tierra estamos destruyendo nuestra vida. Nacemos, desde el punto de vista energético, a otro tipo de ecología que aparece cuando hemos tomado posesión de nuestro instrumento y podemos ser maestros de nuestra energía. Posteriormente llega el momento en que tomamos posesión de nuestra energía emocional: ese momento es sagrado, se le llama la Segunda Iniciación. Nacemos a nuestra humanidad cuando nacemos a nuestra energía y tomamos posesión del templo de nuestro cuerpo. Avanzamos en nuestro proceso de humanización cuando controlamos las emociones, cuando el jinete controla el caballo, cuando controlamos nuestros impulsos, cuando no somos sus víctimas sino que utilizamos la bestia, los impulsos, como el caballo alado, es decir: cuando lo tomamos como lo mejor de nuestra fuerza y le damos la dirección de nuestros pensamientos. Eso quiere decir cuando el sendero del científico y el sendero del místico se encuentran en nuestro quinto centro, es decir, el corazón asciende a la cabeza, la cabeza desciende al corazón y en el camino de encuentro entre los dos, surge la palabra creadora, la palabra iluminada, nace un creador porque es dueño de su magnetismo. El hombre tiene un potencial magnético enorme, ese potencial magnético, emitido por su corazón, puede trasformar la vida si tiene amor con discernimiento. El poder que adquirimos es amor más

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discernimiento, es amor luminoso; ya no es amor ciego, el amor ciego puede ser un peligro mayor. De amor estamos enfermos, de amor se enfermó esta naturaleza, el amor sobreprotector, el amor condicionado, el amor condicional, el amor del mercenario, todas estas variedades de amor han creado nuestra cultura y nuestra civilización. Es decir, que “por amor”, como consecuencia de eso que llamamos amor, que son apegos y enamoramiento, estamos destruyendo el planeta. Pero cuando accedemos a un amor pleno de luz, a un amor pleno de discernimiento, empezamos a controlar nuestras emociones y ascendemos al segundo piso de nuestro poder, al segundo nivel de nuestro poder, que es el control emocional, a eso lo llamamos la Segunda Expansión de Conciencia, o la Segunda Iniciación. Ya estamos de este lado, (señalando el dibujo) ya no estamos del lado izquierdo en que descendíamos, ya empezamos a ascender a nuestro origen. Empezamos el Sendero de Retorno, el Sendero del Hijo Pródigo, el Sendero de Regreso a la Casa del Padre. Descubrimos en ese poder emocional el orden implícito de un océano de sensibilidad. Ya no somos las olas, ya no estamos a merced del viento; ahora podemos profundizarnos en nuestro propio océano, para conquistar la serenidad, una condición sanadora que brota del alma.

Dr. Jorge Iván Carvajal Posada

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