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Notas de Indulgencia

Es difícil trasmutar los sentimientos que la música genera a unas líneas contenidas en la frialdad del
papel; más aún si la música lleva implícita en sus notas la enorme carga espiritual y afectiva de las
marchas fúnebres o procesionales que los guatemaltecos aprecian, conocen e identifican con la
Semana Santa y sus imágenes. Indulgencia, perdón, gratitud, pesar, tristeza… sus notas crean y
recrean en la mente y corazón un sinnúmero de sentimientos.

Difícil tarea para quien escribe estas reflexiones ya que la música procesional guatemalteca es una
de las más singulares manifestaciones de las emociones que los habitantes de la Tierra del Quetzal
guardan en su ideario, abordadas desde varias ópticas por varios académicos en múltiples
ocasiones. Estudiadas, investigadas y analizadas por destacados antropólogos e historiadores; su
origen, evolución y permanencia a lo largo de los siglos XIX, XX y XXI es una demostración muy
precisa del profundo arraigo de las tradiciones católicas, herencia de los primeros años de la
colonia, fecundadas y nutridas por el mundo barroco y mestizo del siglo XVIII.

Aunque formalmente la música que hoy acompaña el paso de los solemnes cortejos procesionales
en el país no tienen nada que ver con las características barrocas, si es posible identificar en su
permanencia esa capacidad que la música posee para incorporarse al efecto teatral y efectista de la
procesión, derivados, estos sí, de la profunda vocación barroquista del guatemalteco, que reúne en
sus expresiones su pasado milenario maya, y la herencia hispano-islámica que le ha marcado para
siempre.

La selección de marchas que la Comunidad Beatas de Belén presenta en esta tercera edición de
Indulgencia es una manifestación de esa vocación innata del guatemalteco de querer perpetuar en
su memoria el vínculo con su pasado familiar o social que constituye quizás el principal nutriente
del apego a sus tradiciones y la valoración de sus manifestaciones.

Así, el devoto o cualquier admirador de la música guatemalteca, encontrará en esta grabación el


recuerdo de aquellas obras pioneras en el gusto de aquella Nueva Guatemala de la Asunción que a
pesar de la cercana Reforma Liberal (1871) vivía al amparo de sus devociones y cultura colonial.
Destaca entonces la sonoridad impactante de Señor de la Merced, obra de uno de los más prolíficos
autores de finales del siglo XIX, Salvador Iriarte, quien con sus obras sacras y profanas logró dar
identidad al mestizaje de aquella ciudad que aún respiraba a Andalucía en sus casas y a campo
primaveral en sus jardines, mezclando los olores criollos de sus cocinas aromatizadas por especias
mayas y árabes empleadas en las comidas de la Semana Santa, la Nochebuena y las grandes
fiestas familiares que se quedaron agazapadas y vivas entre las ruinas de la destrucción de los
terremotos de 1917 y 1918.

La ciudad que resurgió después de la tragedia lo hizo con sus piadosas tradiciones y evocando su
pasado católico. Era la pequeña capital en la que las obras de Brígido Porres, Mónico de León,
Alberto Velásquez, Everardo De León Cifuentes o de Salvador Rojo resonaban detrás de las andas
que lentamente iban creciendo año con año, enriqueciendo con sus marchas un repertorio que
cada Semana Santa iba incrementando aquel patrimonio nacido de la influencia de la escuela
alemana. Penitencia, Los Tres Clavos, Martirio, Lágrimas, Divina Mirada o La Dolorosa tienen la
misión en esta grabación de transportar al oyente a aquellos días de las duras décadas de los
veintes, treintas y cuarentas donde las penurias económicas y los vaivenes políticos eran también
modeladores de la cultura guatemalteca.
De la segunda mitad del siglo XX, época dorada de las andas y sus decoraciones, cuando menos
hasta finales de los años sesenta, con crecimientos en número de cargadores, itinerarios y trabajos
artesanales, encontrará el auditorio los nombres de Pedro Donis Flores, Manuel Antonio Ramírez
Crocker, Efraín Madrid, Víctor Manuel Guerrero o José Dolores Fuentes cuyas obras Salva a Tu
Pueblo Señor, El Cuervo, Madre He Ahí a Tu Hijo, El Penitente, Los Siete Dolores de María, Agnus
Dei, Divina Majestad, San Nicolás y Dios Mío enmarcan los recuerdos de generaciones que vivieron
la acelerada depauperación socioeconómica del país, de un avanzado proceso de secularización y
laicidad, pero también de una lucha porque las tradiciones de raíz católica no se perdieran y
constituyeran un vínculo entre el pasado, herencia de aquellos hombres y mujeres que resistieron
la Reforma Liberal y aquellos años en que el camino del país parecía cuesta arriba.

La presencia en esta grabación de Luis Felipe Echigoyen, Carlos Díaz del Cid, Manuel Estrada
Velásquez, Alfredo Gómez Barillas y Enrique Vásquez Quinteros, con las notas de Dulce Encuentro,
Serena Mirada, Fuente Divina, Post Mortem y En Verdad os Digo constituyen un ejemplo claro de la
llegada del final del siglo XX y principios del XXI en que el tiempo y la permanencia en el espíritu de
los guatemaltecos de su Semana Santa se han ido reflejando en la continua difusión y crecimiento
de los pentagramas fúnebres que en los días santos recorren los sentidos de los devotos.
Indulgencia, de Antonino Oddo cierra este compendio histórico musical en el que se vislumbra el
aporte foráneo al ya rico y significativo archivo procesional de los días grandes guatemaltecos.

Enhorabuena a la Comunidad Beatas de Belén, a su Ilustre Rector, Monseñor Marco Aurelio


González Iriarte y su leal equipo de colaboradores; a la banda de solistas “La Sacra Armonía” y su
director Luís Adolfo Pirir Ávila, al equipo técnico de grabación, por alcanzar con la edición de este
tercer volumen de Indulgencia, un peldaño más en la construcción y conservación de su tesoro
musical, patrimonio de todos los que aman este suelo y especialmente al Nazareno del Beaterio y la
Santísima Virgen de Dolores.

Walter Enrique Gutiérrez Molina

Coordinador de la Licenciatura en Historia, Escuela de Historia, Universidad de San Carlos de


Guatemala

Nueva Guatemala de la Asunción, en la fiesta patronal de la ciudad, día de Nuestra Señora de la


Asunción, 15 de agosto de 2017