You are on page 1of 180

,li,

Ilt:

iEI{E

opA

§

pof

cBr§TopHEn

'Profcaor

de Hl,storla

eo el U¡lvetsity

DAW§ON

á!'1"

Cottono

College Exeter'

TR.ADUCCION

.DE

ERANCrsco

rl.l.as

Ds TPIADA

Untvcrstdad

Catedrático- de

., ..

,

,il

Savor no iscftÉir ftt

U.[t].r'il" ";,:- i^'l:,1 h.iI i

w"*1¡1--

.&*-.",1¡

--)<.-. .

¡.

-J¿.,,J-d,r,i--3

lib'roo Y rqyistflS"

i"¡.

..

1

x'*^o'rl]*.*i-sir."m*o.B,uti"

"

.),

fo^¡

--Id.'"t:,s-^,i"r.1.:.,1:,^*i,jh. u¡ivcrsidaddol

*¿3-

\ü¡dv

.dL

sJ

d s

""d "'x,-lh

PEGASO

t)

'

,ii,

i

.

I

,

t:,

ES pRoplEDAD. QUEDA fiEcHo EL DEPÓsrro QUE M¡RCA LA LEYi,

COPYRIGHT BY. "EDICIONES PEGA"SO". MADRID. 1945.

INDICE DE MATERIAS

.l

li: ii.l; :.:

,.]

íA

,rtll

i\r

r.i t

I il' ,1 W$liiltffi-flfil riltüd'iiffiil fi[ififlffii, i.:"'r*'iii', ili ::rili;iiffi

tOS ORTGENES DE EUROPA

,

..

, li'r

r 1

,l

t.

,

i

'

:

INDICE DE iVÍATERIA§

'

I,

I

|

'

l';r.,

Introducción "' "'

,1

PRTMERA PARTE.-LOS CIMIENTOS.

Capítulo I'-El Imperi'o rornano

,,.

ri.i

r

T

.tl

'i,

';

15

r

97

'::

.

I

l,

,:

,,
I

t,

Imperio'de Oriente

r9r

.)

,

..

',tl

.ti

,

,

:

,.

:l

Mar; terii;

s'

PA&.ryE".iLA

TIANDAD OCSIDENTAL.

Págs.

Capifulo XI.+La iglesia occidental ¡1

DarDaroS

I,

de,Iós

tt

XII.-La restaur¿ción del y el renacimiento'carolingio

occidente

": "' :" "'

XIII.-La época de los vikingos y la conversión'

del norte XIV.-Los primeros pasos cle la unidad eurdpea'

'Conclusién

Indice alfabético

B'ibliografía

237

257

279

308

3f7

329

r'ir:

'

; ll&11

INTR ODU,CCION

i

\

I

,,f

I

I

i

rti

Or cleo yo sea necesario justifloar la, couposicióu r1e

este libro acerca del per"íoclo generalmente conoeido como Ia "edad tenebrosa",'pues, pese a los progresos rea.Ii-

zados en todos los campos de ia historia medieval y no obs-

taute el arec,ierrte interés por la cultura de aquel tiempo, ésta quede todavía como materia olvidada y despreoiablg. Los

ultériores qiglos del Medievo, por ejemplo el rmd6oimo o.i

eI décimotercero, han tenido cada uno de ellos un carác-

ter propio y peculiar; en tanto que la mayoría de los

transeurridos eqtre la caída del Imperio romano'y la qon-

quista normanda (*), ofrecen un perfil confuso y sin con-

tornos precisos, carente de fuerza real para olavarse en

nuestras mentes. Así, por ejemplo, hablamos de la Ingla'r

terqa anglooajoaa oomo, si fuera t¡n todo único a to lafg$ de los años, olvidando que entr.e la época de San Eduar-,

do el eonfesor y Ia conquista anglos4iona media un abie-

mo semejante al que la separa de los tiempos'de CuqmltrtIl,

y

de Mazarino, o al

que aparta nuestros días de los de

Chaucer y Eduardo III.

Y, en realidad, fu6 una edad que sufrió mutaciones más repentinas que ninguna otra de las de la historia de la ci-

(*)

De

blico

inglés.

Inglaterra .en ro66. Nótese que el autor se , dirige a un pú-

(Nota

del traductor.)

'lli''

i¡urnoDUccIoN

vilización europea; en efecto, comrJ recalco 'en eI título, fué

la edad creadora por excelencia,

aquella

i,ii

i

manifestaáión cultural,

ya que no formó esta-o

sino l¿l misma cultura' Ia

culturales posteriores'

t" bar. de todos los.logros

trdaú que no's resulta difícil

¡uriu

iro

ae¡iao

pro".*o

t:ornlrrtrnder y aple-ciy,-.en

a la naturaleza cr.eat¡,:¿r rle su,actividad. tr'ué

orgánico interno (lll¡Lr llo se manifiesta en 1la-

Io ctral:careoe de la r'lrl hr:illante expansiórr

*udiro. r,esuláclos exter:ioles, Jt,t'

ut*uo"iO" superficiai

c1e las ép0cas

cultural,

como el

Porque no son los períodos

Benacimiento r.r t'l siglo de Au-gusto'-

"tra'ttr¡uilos"

lt¡s

ele

his-

.

-la

gr:andes mé-

toria los más dignos de estudio. tlno de

ritos d,e la historia

os Q1t0 uos sac?tr dtr rrosotros lnlsln'os

de los h.echos no discutiilos*

¡loil descubre. una

-lejos

.y

,"al"idu.l que

va

eficacia

de otro rnodo clescon,c,t¡ríamos. lltiene efeoti'

elevar nuestra mente ¿l' lln¿l' ílnorl1 totalurente

,diversa de la que eot,.*ocemos, a, un muntlo distinto pero

no menos' real; porque el que llamarno§ el

temporáneo"

que culturas

-'rurqnd'o

con-

es el mundo de una generación,.rnientras

del tipo de las bizantina o carolingia son

mlundos de vida varias veces secula'r'

La historia debe ser tra gran corr(rctora de este "aletea-

nismo temn"poral", de es'e ytarochtal,ism' i'n ti'nt'e que Iler-

t¡and Bussell ha seflalado con raz6n

des vlcios

ria ha

de nuestro tiempo'

tr)or

uno de

los -glu"-

histo-

Desgraciadamente' la

sido escrita dernasiado a rneuudo cor un.espíritu

harto elistinto. Los historiadores modernos¡ espeoialmente

lbs ingleses,

con los

han tendido con frecueneia a medir al pasado

puede justifioarse tal proceiler

módulos del p.r.esente, viendo etr la historia_un mo-

que culmina en el aotü¿l

vimiento inevitable á. progr**o

estado de eosas. Todavía

en.autores como M. C. IMells, que busca clar al hombre r*to-

ffiffir'

á;i* ;ilrurrrooao histórico

clel mundo;

"."Já.

pero incluso en el

.*.ii¡i,

)

Ias bases de su concepci6n

mejor cle los c&sos esa lna-

la historia es fundaurentalmente antihis-

INTRODUCCION

tórica, ya que implica la subor,dinación del pasado al

pre-

sénte, y eL vez de liberar a 1a mente clel aideani.*o,1urr-

sanshando el horizonte iítelectual, da

pie

a ra ariüosánti-

o, Io

que

es

ficación f,ar.isaica de los historiador"" *hi,,tr,

todavía peor, a la autosatisfaceión de 1os modernos fiiis-

teos (1).

Existe, rraturalmente, el peligro contrario cle utilizar

eomo aymt roulta los licmpo nrrevos, hit,n a

idealizaeión romántica tlel pasado, bitn por

nacitnar o'religiása.

respetable,

yu qr*,

a la historia

eausa de una

motivos interesados cle propaganila

De estas razones, la Írltima

es la más

en definitiva, e1,romírntico trata a la historia como un fin

en misma;

cos a quienes

;, de heeho, es a los historiadores románti-

somos

aereedores de los primeros interrtos

medieval por sí propia mejor

historiadores propagñn-

carác[.ie*-

de estudiar a la civilización

que como medio para algo. Los

distas, por su parte, moviclos por motivos de

tralristórico, tienden sin darse cuenta a falsificar la his-

to¡ia en provecho de criterios preconcebidos. TaI es el

pe-

ligr'o a que se hallan expuestos eo.stantemente ros histo-

*iadores católicos de la edad media, desde el instante en

que el renacer romántico llevó a un

primer plano Ia c«¡u-

y

de la cuitura

oepc,ión del medievo como ,,edad de la fe,,

mer{ieval eomo la plasmación social de los ideales católi-

cos. No ocurrió así anteriormente, e historiadores cat6-

Jicos, cual lrleury, se

extraviaron a mcn.do po* la sencla

lugares

comunes del post"renaci-

y

la

ignoiancia pro-

o,gótica,,

;i,

contr:aria al adoptar los

noiento contr:a la ha¡rl¡arie

pias de la "eclad tenebrosa,,. Iün los últimos ciento

t

de años ciertarnente ha existido ontre los escritores cató- licos Ia t'ende,eia a transformar' la historia en una rama

(¡)

Aun es

in'ferior el bajls'imo nivel

.qy,e

ionsideran

raros,

it

mani{estado

clitorgs contemporáneos-

.

:1."

al

,99.

heras llena.

d,e

aqueilos es-

"¿""

pi-iáá .ááo-irrJ'üé.il.

oor

bichos

cuyas peculiaridades son mbstratirs

medlante

el

pago de deterrninada

púbrico por er biógrafo-expositor

cantidad.

INTRODUCCION

'lr

de la apologética

¡

a idealizar la civilización medieva con

: &el' (1), lograran una vaiorización intuitiva del ideal mona-

 

miras a exaltar sus

ideales religiosos, sin que en la práeticá

logre sus fines esa manera de escribir la historia, porque

tan pronto como el lector concibe sospechas sobre la im-

parcialidad del historiador desconfía sea cierta cada"una

eal,,guitdr*jqr, su pasión haeia Ios estudios bizantinos o

medievaleq. Tales casos son raros; por regla general,

el tipo

para

corriente del historiador seglar el monacado perma_

algo extraño e

incomprensible,

un f-enóme-

:,nece como un

de las cosas que lee.

Por otro lado, sin

eml.rargo,

es imposible

comprerrder

no parejo al Iamaísmo del 'Iibet o a los sacerdotes sume- rios. Mientras que para el católico la institución monásti-

 
  • i. :;,,

la cultura medieval si no se simpatiza y gstima a la reli-

gr fgrn¡a aú-n parte integrante de su mundo

Eegl,a benedietina regula hoy vidas humanas

espiritual.

,ri

ia

más ,i

,'"1,:

lll

,l

,

-r'ril i,ii

llL

gión de los tiempos medios, punto cn el cual los escritores católicos Ilevan una ventaja indiscutible. Para los histo-

menoi que en tiempos de Beda. Hay hombres que todavÍa

 

rezan los mismos oficios divinos

y

siguen

idénticos

ideares

riadores seculares, Ia alta edad me«lia debe por fuerza apareeer todavía como edacl obscura, ópoca de barbarie

,carente de cultura

¡'

litei,alura seglar.es, conclenada a dispu-

de disciplina y contemptación. Con

nastrca vrene a ser un puente

fo"que f, t"-"ál.iá;.;;-

vivo por el cual podemosr ,;r

 

tas ininteligibles o a dogmas incomp,rensibles, cuando no

a guerras salvajes sin justificación polític¿ o r¡conómica,

,p"yr

a

la-ot¡1

Iuviana del

orilla dJ aquella

extü¡a

sociedad' antedi-

siglo vr, sin perder der todo el contaeto con el

Mas par,a los católicos no son tan obscuros los días que

vieron la conversión de Occidente, la formaci6n de la civi-

lizaaión cristiana y la creación de un arte y una literatura

bajo e1 signo d,e la

cruz. Sobre todo es Ia edad de los mon-

jes, una edaü que co¡n:ienza con los Padres del desierto y eoncluye con el gran movimiento de reforrna rnonástica,

que se simboliza en los nombres de Cluny en Occidente y

el monte Athos en Oriente. Los uombres más selieros de

la épooa son nombres d.e monjes:

San llenito y

San Gre-

gorio, los dos Columbanos, Beda y San l3onifacío, Alcui- no, R,abano Mauro y San Dunstan, siendo los monjes los

autores de los mayores resultados culturales, tanto por. lo lo que toca a Ia conservación de1 saber clásico cuanto en

Io

la

'da,

que respecta a la conversión d.e los pueblos nuevos

)

a

formación de nuevos centros d,e civilización en lrlan- en Nórtumbria y en el imperio caroliügio. Es muy difícil para quien no sea católico darse cuenta

cabal de lo que significa esa magna tradieión. Y, de heeho,

ha habiclo muy pbcos estudiosos que, como Heinrich Gel-

,

Lo que ineluso tieoe poca

importancia

al,lado del en.

aquefla

tendimiento de Ia fe, que fué el iesorte último de

edad. Si fué una eda.d rle fe,

!e-

su externa profesión

no

lo

fué meramente ,;;;*;

ñ;;";;;;;;

épooa eran más mo-

;#;"

,*tigio*,-;

aquella

inferirse que }os hombres de

rales, más justos o más humanos, *o .ri" Ies y económicas, que"los hijos de nueetro

"-l*i*",

siglo.

Más bien

porque no tenían fe en ellos mismos o en las posibilidades

del esfuerzo humano, sino que

ponían

su confiinza

eu,alpo

más que la civilización, en algo fuera de la historia. ño

cabe duda que es

una actitud en l¿ que h¿y

leliqiones

ellas

en

orientare*l

que

,ro

muoho.de

mún con lns grandes

purr'aiil¡*

,

oo, ._

ao_

ciándose radical¡nente de

.áod*, *l

aotividad

tismo ni a un fatalismo ante los

,*ot*;-ip[tos

la

.*t.riirur,

social.

sino más bien a una intensifioacidn de

Los cimientos de Elrropa fueron eeha,dos entre temores, :

-

"'(t),

Vide sus Pro

Schriftcn, y el prótogo

monachis,

qr.

iu

irnpr,eso

*n

er$t¿utderáitte

til;:u:rsa¡lE

ll¡o-p-"r¡;;";'.ii;

,I(fcioé

r¡¡EU

mi.

ffi,

I

ffi$o

mrif #r'u

ffi+: ffiJ

ffi;, mf,

6

TNTRoPUcQIoDI

fl¿quezas y

sufrimientos, unos sufrimientos que difícil-

pente podemoo hoy concebir,

ras de los últimos

ni

siguiera

tras las

aulargu-

dieciocho años (*); iro obstante lo

cual, el

sentimiento de degeoper¡eión, de ippotencia

.a,bandouo

que las cqlamidades, e la hora

si¡r

pfo-

lÍmites y de

voc¿|¿p, no era incompatihle con aquel espíritu de válor

y

eo\fianza

que

inspiró

a los hombres esfuerzos heroicos

y aociones sobrehurnanas. Tal fué el espíritu de los granrlcs lrcrrnbres, hacedores

;

de la queva edad; de San AgustÍr:r, r¡ue vió la vanidad y la

pequeñez dei culto al poderío humano; de San Benito, que

forjara urr asilo de paz y orden espiritual en medio de las

galamidades de 1as guerras góticas; rle San Gregorio, que

echó sobre sus honbros la carga de los cuidados ile.todo eI

mundo euando la civilizaaión caía en escombros a su al.ro-

cledor; de San Bonifacio, que, presa de acobardamiento y

  • i desilusión profundos, supo consasrar su vida al ensancha- miento de Ia grey cristiana.

r,

".

Di,em, h,omi,ni,s non desi,dcrari,: tal es

la convicción rai-

Sada de la époea,

convieeión difícil de

apreciar

para

Ios

no-

dernos- 01Ie juq$an la histqrls spqsi,e kurr¡q,nctatts; ytu

.que el "día del hombre" es el solo objeto posible para un

,.adppqado

cultp atr hombre. §p opstante, pafa qqiep +o

cpqprende esta idea elave, los logros más elevados y per-

fls eote tiempo seráa tnn iniptelkqrlplep CIomo 10

monasterio budista

pa,ra

un homhre

de negocios

:{pep_e+tgs

g9iía

un

d,e l¡ époea yictoriqRa. Es.tpmos sepflradps dBI p.asado eu-

ropeo por

dqBde

u4a barrera espiritual

y

ohli$ados a esfudiarlo

lejos con la curiosidad clesi+teresada con que up

n{qu€fl0g:o

;, rP,Qr

ha

las

d.eFesi.ierrff los ¡esfpp de

üpá,ilrltura

muerfp,

aqi

pp

tal¡tqi Bi los lect$res qo rpligro"pos sintieran

ep¡pedidg eq esüs lih-r.o uua ¿*uq.e,dlda importaúsia,,q, cuestiones teológicas o eelesiástieas, tengan presente

(*)

El

prélego

publicada en rg3z.

de este libro fué

escrito para la primera edición,

(Nota del traductor.)

ffit

ffi*

que no es dable comprender eI pasado sin enteitder las eo-

sas en que los hombres

dei pasádo

habían coloeado su ilu-

sión. trl hecho mismo de que esas cosas seau aún cuestio-

nes de interés para los teólogos ha traíclo su olvido

¡ror

los historiadores, con la consecuencia de que estos últirnos

dedican mayor

amplitud

a moyirnientos secuntlarios que

tengan áigún punto de contacto con las mentes de1 día

que ¿1 las cosas que tuvieron vital interés para los hombres

del trrasado y que inf,ormaron 1o mismo su vida interior

que

slls instituciones soeiaies y sus ,actuaoiones concreta,§.

Cuando ho alargado la consideración de estos temas nt¡ ha sido para demostrar un argumento teológico ni para justi.-

floar up punto de vista religioso, sino para expliear el pa-

sado. Este libro no es ura historia de la lglesia, ni una his-

tor.ia del cristianisrno, sino una historia de la cultura,, de

Ia civilizaciórr partieular que es nuestra

ra. E[ mundo

propia predeeeso-

de Ia a]ta edad rnedia es el muudo de únss

de nuestros antepasados no rnuy lejanos; el mundo de que venirnos y que ha forrnaclo nuestra esencia naciotal. Mu-

ehos de noüotros ilevar"nos venas o sangre de los fautores del mundo medieval (1).

Los mod,ernos hornbres de ciencia insisten con rarón e4

subrayar eémo la existencia del homhre mod.erno está u0-

fluída por la herencia de1 pasado prehistórico. Mas, si esto

es ver'da'd por lo que se r,effrefe a nuestfos remotos antepa- sados neolíticos, 1o ,es con rnucha mayor raz6n. en,cuir.trfiq a los antecesores inmediato,s cuya mano moldea toilaVís

direotamBnte rruestras vidas y deterrnina los rnismo§ Vo-

cahlos que hablamos y los nol'n,bres de los

sitios eu qiue -vi-

mile+ari¿ tra- luz elara d.e

vimps. Pues éste fué el paríoclo en el que la

dieién prehistórica de nuestra rar,a salt, a la

(t)

Una simple

pjeada sobre los libros

que

reales muestra que una parte ponsiderable do las

tqatan de genealoglas

clasce modíbwles in-

Elesas tienen

4e Irnrrque

,títulqs

II.

o.?ra

,¡rffteqlef

flcsc.gnf,er ng-Je

de

San

..

d4-

Edraldg

III

sino de Carlomagno

y

p

Wadirriiro,

de Boleslao

ffi

INTBODUCCION

:

'

,

,la

historia y adquiere.conscien6i4 de,¡í mi¡ma al ponerse

superior. Sin este proceso

la

civilización europea,

en contacto con una civlización

'areador no existiría esto que es

.1.'

J,'.11,

I il'

r,,

t.,'r.itlr*ll-

i:;i'

,ll

rrr'

'1,.

porque civilización no es un abstracto concepto inteleotual

por el estilo de la "eivilizaciin" tle los lilósofos diecioches-

cos, sino- un organismo social concreto, poseedor de una rea- tidad tan cabal y rnueho más impor:tante que las unidades

naeionales de que llablamos

a cada

r,: ,Bl hecho de que muchos no se den cuonta; de Ia ver-

¡laso.

dad'ee debe sobre todo a que,la hietoriaimoderaa ha sirlo escrita en Ia mayoría de los easos desde un punto de vista

naoionalista. Algunos, entre los más grandes historiadores

décimonónieos, fueron a la par apóstoles de la religióu na-

eionallsta, y.muy a unenudo sus historias Bon m&nuales de

pfopaganda üacional. Lo que a,par,eoe e,laro pn los hinto-

riadores filosóficos, teñidos de la idealización hegelii,na rlel

Iletqdo cómo expresién suprem& de la Idoa unive¡eal,r{üsí

somo en escritores del tipo de Treitsabke y X'roude, repr6- sentantes de un nacionalismo puramente polítieo. A lc¡ lnr-

go del siglo XIX este movimiento caló

pular y produjo Ia coqcetrrcíón que de

en Ia eonoiencia po-

la hibtrr'fia tien¿

el

houbre m-sd-io" §e filtró desde la universidaf, a,las es@ue- Ias elementales y desde los profesores a los novelistas y

periodistas. Con la eonseeuencia de qne eada nación pre-

teude ser por misma una unidacl oultural,f poseer uu4

autosufieiencia espiritual de qu,e en realidad óar

....

Cada'

una eorsidera su participación en la tradicióu

europea

eomo

', , 4r resultado original qué.nada debe al roqlp; importándo-

..

§ele. un ardite de los cimieutos eomunos

," , tr¡ropia

tradiaiéu individual, Y esto

mente

-

en

que aruaigó

su

o"''¿¡'uí;*;;;;r;,

acadÉmieo, sino que ha minado y viciado toda la

vtda intern¿cional de la Eurona eontemporánea. Tiene su

némesis en la guerra europea, que significa p*ra la vida

Eüropa upa escisión mucho mayor que todas lasinume-

,ii,l,,,rd*

,t¡,,,,,,1,rosas guerras anteriores, y cuya§ consecuencias se p_ercf,

::,r.:l,

...

,,.,,,",

...

**,*

'r

'

ben hoy en dÍa en las exasperadas rivalidades nacionales

que están aearreando Ia ruina cconómiea de todo e[ con-

1.1,""i.i:,,1r

' ',,i

,

I

;i:";= que falten a la fecha pensadores que se den cuen-

ta de semejante estado de cosas, pero, salvo raras excep-

oiones, haeen tan poco rnérito de la tradición europe& eomo

sus contrarios. Colocan su fe en un internacionallsmo abs- tracto, sin base históriea, con lo que provocsn rüevos B:

tallitlos,de seutimientos

nacionaliglasr

;en muahos

aspeetos' ,;,i

---

prás exagerados que ninguno de los áet siglo

Lo rnalo del náeionaliinro no estárni oniu

iix.--

leeltad ailas l

tradieiones del pasado ni en su defensa de 1á unid'd'n¿r ,,-1,

r r'i,,,r,'

.,1i,

.,

l

,t

l '.,

il':

'l;,

'

''

,

l'1, ', "

eional o del dereoho de

autodeterminación. En Io que yerra .

naeional con la última y abar-

algo supranacional.

*stá,

en

es en identiñcar esta unidad

cadora unidad de cultura, que es

Los cimientos tiltirnos de nuestra cultura uo

el Estado naciorral, sino en la unidad europea. Verdad es

que semejante unidad no ha

plasmado

hasta ahora en una

forma política, y tal vez nunca pueda hacerlo; pero ello

,

no impide se trate de una sociedad real, no de una abstrae-

ción inteleetual, y que sólo gracias a su eomunión en esta

sociedad

Io que

las distintas culturas naeionales han Iogrado ser

hoy

son.

Es indudable que resultó fácil perder el sentido de

esta unidad durante los siglos xwrr y xrx, euando la oivi-'

lización eulopea había alcanzado tal prestigio que pareoía

no tener rivales v coincidir eon Ia

civilización en §eneral.

_euando

tu fr"g.-

Pero hoy lae cosas ha.n cambiad_o mucho,

monía de Europa está amenazada por todos la,ilos; coár-

do Rusia y Amérioa no pueden seguir sieudo,t¿niaas

extensiones coloniales de la cultura

cipian a rivalizar e,on Europ" t"ri,

,riqueza, y,a ,ilesenvolver cuituras

por l

europea, sino que piin-

;;b-l;.iór=;J;';"

cuanao

""

indepindientes;

oÍ*ju.

pretensiones

Ios pueblos de Oriente resucitan las

,,,,

de una eivilización oriental, y euando nosotros mismos an-

t:

r,l1

.

I

' i''

r N,T B O D,U QQ,r OUr

I.iii'r¡'r ,' fl¿aos pÉrd,ienelo la oonfianza en nuestFas].propias tradi'

ciopes. Desgraciadamente, no hay quien defienda la causa de

Europa.

tereses

Cada Estado nacional ha creado millares de in-

gigautescos preparados para defenderle, y la cau-

sa del internacionalismo halla asimismo catnpeones en las huestes del lil¡eralismo, dol sooialisrno y de la finanza in-

ternacional. Ilásta las gentes orientales han llegacto a

ten,er consciencia de sí mismas, siguientlo Ias trazas de los nacionalismos de O,ccidente y desarr:ollando una propa-

ganda naeionalista calcada de sus modelos occidentales.

Pero nadie ha pensado jamás llamar a Europa una nación,

,

y }a causa de Europa

No obstante, si

yace sumida en el olvido.

nuestra civilizaoión ha de perdurar es

necesario que se desarrolle una eomún corteiencia europg,a

y un sentimiento de su unidad histórica y orgíinica. No se tenga miedo de que este sentimiento perjudique a la : ca,trlsfl cle la paz internacional u origino un recrudecimiento de hostilidades entre Iluropa y las oulturas extraeuropea§. Lo que molesta al oriental es la pretensión amoganüe de

que nuestra civilización es la sola especie de civilizaeión

que tiene importancia, y es mucho más capaz de verla con

buenos ojos si la mira como un todo espiritual y no, co4p

ai presente, a la 4nanera de un incomprensib e poder ma-

terial que puglla por inter:venir en sus esferas vitales. Si ha cle ser creada alguna vez una verdadera eivilizaoión universáI, no 1o será ignorando la existencia de las gran- des tracliciones culturales, sino más bien fomentando la

, 'r

mutua comprensión entre ellas. Per"o antes dqr qug sea hacedero dar a la cultur& 0ü[Q:

,li

i,

pea el pu,esto a que es aeree'dora en Ia socieclad iuterna-

cional det'.futuro, es preeiso ñuperar

la errónea visión del

pasado que ha llegado a ser moneda corriente durante eI siglo último, y repobrar rrn sentirnieurto histórico de tra lra- dición europea. Itemos de volver a escribir nues{ra histo-

ffi

INTRODUCCION

ria desde qn puntortde,vie-ta,

jo

eüropeo¡r toma,ruos el fi6[6:

de entender la unidad de nuestra común civilizaeidn

áon el mismo afán que hasta aquí

tudio de nuestra ináividualidad

hemos dedicaclo al es-

nacional. Eso es lo que

yo

he tratado de hacer de uua manera elemental en el

presente libro. No se trata de identificar la causa de la civilización con la de ninguna raza ningún pueblo, ni

de exaltar a Europa a expensas de otras civilizaciones. Eealmente, el períádo que he escogido es uno en el oual

la cultura occidental era evidentemente i¡ferior a Ia. de sus grandes vecinos orientales y no gozaba del esplendor

externo eon que hoy nos impresiona. Sin embargo, por

esta misma raz6n de que entonces era pequeña, débil y ru-

dimentaria, creo es más fácil considerarla como un todo

y comprender los diversos elementos que han ooCIperad.o

a su formación. Es indudable que meclia un abismo en., t«i et barbarismo del siglo vrrr y la perfeoción meaániea del xx, pero no clebe olvidarse que, por 1o que afecta a las cosas externas cle la vida, es aún mayor el que se alire

entre el mundo de nuestros bisabuelos y el de Carlomtg'

no. La vida social cle hoy, pese a lo distinta que la hace

su aspeeto

exlstienclo

técnico, r,lava sus raíces en eI pasado remoto,

una hilaoión vital entre la moderna soéiedad

europea y la tlel alto medievo. Son dos momentos del mis-

mo proceso, el clal no es producto de ciegas fuerzas ma'

teriales o económicas, sino, en grado no pequeño, una evo:

lución orgániea que

tes cle que pueda

clebe ser estucliada como un todo an-

ser eomprendi'cla parcialmente. :'

I

m

rl

)., i ri,

:,1

PRIAAERA, PARTE

, L O S

C I M I E N T O.S

I

;;;r,:' ,t, ,

''

,i]

i 1, ir: ¡i!

,i¡

...

;lrili.,

,

,'

i

rlr

r.i "t

,t,iffii

\

-

.. ..

li[fl#f,flrflt1:

t,

ffi{

l,

r

EL IMPERIO ROMANO

§i'e¡¿os tan acostumbrados a basar nuestra visión del . munoo y truestra concep0iór íntegra de la historia §o-

' hontbre eüropeo fepresentá una unidad más soeial que

racista. fneluso en lo que respecta a la cultura, Ia unidad

erifópea no es'el fundarrrento úi etr

historia de Europa, sino la última

punto de partida 'd¿ Ia

y

no alóanzada meta

haeia Ia cual dirigimos nuestros ,esfuerzos desde haee más

cle un mileaio.

On los tiempos prehistórioos Europa carecÍa de uuidad

cutrturál. Era el lugar

mierrtes, ¿'ftlturálcsl

de eita de una Áerie de distintas eo-

las cuales proviehen eh su mayorÍa dé,

las más el¿¡radae oivi.liaaciones del antiguo Oriente y que

eran transildtidas a Occidente a través del eorhereio y de

la colomiaaci6it, o por ün I'ento ploceso de contao,til. EtrrMe.

diterráneo, el Danubio, el Atlántico

y

eI Báltieo fueron las

vías prihcipales por donde se oanalizd ta dtrufm eultu-

ral, y cáda uno de ellos base a su vez tle ünn evolucién

independleRte, étr ocesi,6n propioia

consüitlrlda en punto

departidadetrnase.fiede-cu,}tufáÉIoeal.es.,.

Fero la

creación de una verdadera civilización euro-

peá, se detrió no' tañto al paralelisüqo y con.úergenciá :de

tritl

EI

fmporio

Romano

tales corrientes eulturales cuanto a la formación de un

solo centro de cultura superior que

y absorbió los distinto*

iarrapca

Cristo

del E$eo, donde

!.rpo.

ya

g.raduaknente dominé

Este movimiento

io*i ...

en el tereer milenio antes dé

cofoparable más a

occidental que a

se originó un centro oultural

las más elevadas civilizaciones del Asia

las culturas bárbaras a" O

..

iA.rrt

..

f;br.1;;;ü;r-

de este núcleo primitivo surg.ió a la postre Ia eivilización

*,1á:l.u de la

hntigua Grecia, verdadera fontaqa cle la trá-

dioión europ€a.

trs de los griegos de donde saeamo§ los.caracteres más

distintivos del Occidente

oriental: nuest