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UNIVERSIDAD

NACIONAL DE
EDUCACIÓN:
ENRIQUE
GUZMÁN Y
VALLE

TEMA: ANALISIS LITERARIO DE LA OBRA COSMOS DE


WITOLD GOMBROWICZ
Curso: Filosofia
Profesor:Ricardo Carranza
Estudiante:Vargas
Elizabeth Galvez
Ciclo: VI
Suarez
Seccion: H2

2017

Cosmos-Gombrowics Páá giná 1


Dedico este trabajo
a mis padres
quienes me apoyan
incondicionalmente
.

INTRODUCCIÓN

Cosmos-Gombrowics Páá giná 2


Gombrowiecz es el gran genio del siglo XX, escribía para los jóvenes y la posteridad, pero a
pesar de haber vivido 24 años en la Argentina, aquí el polaco es casi un desconocido. Si bien
es cierto que las novelas policiacas tienen tendencia de ser escrito como tal y su notoriedad a
lo que conlleva a un análisis muy profundo. Podríamos llamar a Cosmos una novela sobre
una realidad que se está creando a sí misma, el mundo en constante cambio; la realidad,
obsesiva; el devenir, creación y destrucción simultánea, mutiladas.

Gombrowics, hombre culto como el que más, lector asiduo de todos los que llegaron antes y
después de el (A veces para explicarle; se ha dicho que sus novelas de los años treinta no se
entienden sin el existencialismo y el psicoanálisis de los cincuenta. Pero esto es una novela
del 65, y Gombrowicz ya lo sabe todo de todas las formas posibles. Tanto sabía que fue y se
murió cuatro años después, pura lógica vital y literaria, sí señor, la suya.

Para muchos se hace una comparación con Kafka ya que es una obra psicoanalítica del autor,
en ello veremos como el autor se adentra al personaje y cada vez que uno está leyendo, no se
sabe si seguir leyendo o dejar de leer.

Para estos tiempos preguntar a un joven quien es Gombrowiecz, es como perder el tiempo, ya
que nadie sabría de su existencia. Si nos sumergimos en su vida, podemos decir que que
provenia de una familia acaudalada y católica.

ÍNDICE

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I. BIOGRAFIA DEL AUTOR 5
II. MARCO HISTORICO – LITERARIO DE LA OBRA 6
III. CRONOLOGIA 7
IV. SINOPSIS DE LA OBRA 7
V. ARGUMENTOS 7
VI. PERSONAJES 7
VII. TEMAS Y PROBLEMÁTICA DE LA OBRA 7
VIII. TIEMPO 12
IX. ESPACIO 12
X. RECURSOS LITERARIOS 12
XI. FIGURAS LITERARIAS 12
XII. VOCABULARIO 13
XIII. COMENTARIO 13
XIV. BIBLIOGRAFIA 14

ANALISIS LITERARIO DE LA OBRA COSMOS DE WITOLD GOMBROWICZ

I. BIOGRAFÍA DEL AUTOR


Cosmos-Gombrowics Páá giná 4
(Maloszyce, Opatow, 1904 - Vence, Francia, 1969) Escritor polaco, uno de los más
destacados narradores de la vanguardia de entreguerras. Miembro de una rica familia de
industriales y terratenientes, pasó la mayor parte de su infancia en Varsovia, donde obtuvo la
licenciatura en derecho en 1926. Tras un viaje a París trabajó en los juzgados de la capital
polaca; se preparaba para ejercer la abogacía, pero después de publicar el libro de
relatos Memorias del tiempo de la inmadurez(1933) decidió dedicarse exclusivamente a la
literatura y a la crítica literaria, labor que desarrolló para diversas publicaciones.

El estallido de la segunda guerra mundial lo sorprendió en el transcurso de un viaje por


Argentina, en cuya capital decidió entonces instalarse. Durante largos años la obra de Witold
Gombrowicz fue despreciada e ignorada por los medios conservadores y por la crítica adepta
al realismo socialista, pero finalmente consiguió reconocimiento, y en 1963 obtuvo una beca
de la Fundación Ford para viajar a Berlín occidental, desde donde trasladó su residencia
primero a las cercanías de París y luego a Vence, ciudad en la que murió, poco después de
que le fuera concedido el Premio Formentor Internacional de Editores.

Su primera obra, la recopilación de cuentos Memorias del tiempo de la inmadurez, data de


1933, y en ella ya se manifiesta su actitud irónica y cargada de humor absurdo respecto de las
herencias literarias anteriores, que manipuló y subordinó a sus propios objetivos. En realidad,
su prosa enlazaba con la postulada una década antes por S. I. Witkiewicz, y tenía entre sus
premisas básicas la convicción de que el formalismo perfeccionista de la cultura occidental
había conducido a la esterilidad del arte. La forma, para él, es un medio de relación de los
individuos entre sí, pero es preciso desenmascararla para librarse de sus ataduras.

Suele estimarse como su mejor obra la sátira cultural Ferdydurke (1937), insolente ya desde
el mismo sinsentido de su título. Singular, futurista y surrealista, esta novela es en realidad
una especie de compendio que incluye géneros tan diversos como diarios, panfletos, ensayos,
monólogos y diálogos, y resulta en definitiva una suerte de crítica al sistema educativo y a la
escala de valores éticos de la sociedad de la época. El protagonista es Momo, un "adulto" de
30 años, escritor fracasado, que vive la esquizofrenia de sentirse atrapado por su
adolescencia, como si no la hubiera terminado de vivir. Momo comienza a revivir
experiencias y relaciones que pertenecen a su vida pasada, a la de ese adolescente de dieciséis
años, del que por momentos no puede escapar. Reaparecerá en su vida el profesor Pimko, una
especie de censor, más que un estricto tutor, que hace volver a Momo al colegio para que
termine de ser "educado".

Este colegio, o mejor, internado, se convierte en una especie de prisión de la que Momo
"adulto" intenta escapar infructuosamente. En otro momento de la novela y de la vida de
Momo, el profesor Pimko lo lleva a residir junto a la familia de un ingeniero conocido por
Jovencillos. Momo comienza a vivir en una casa llena de referencias modernas, donde sus
habitantes adoptan constantemente poses a través de las cuales manifiestan su yo. La hija del
ingeniero, una adolescente de dieciséis años llamada Zutka, cautiva el corazón de Momo,
pero ella no corresponde a su amor. Tantos fracasos y tanta incomprensión hacen que Momo

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escape de esa casa, de esa vida y con ello de todas las poses. Comienza a vagabundear y a
vivir otras experiencias, van desapareciendo las máscaras y, al final, Momo se ve obligado a
reconocer "que sólo podemos huir del hombre en otro hombre", y que deberá huir de
continuo "en otros hombres y correr, correr, correr a través de toda la humanidad". El
hombre, y en ello se visualiza la filosofía de Gombrowicz, sólo se realiza a través del
hombre.

En 1938 publicó la obra dramática Yvonne, princesa de Borgoña, y al año siguiente, en la


prensa y por entregas, la novela Los hechizados. Después de la guerra, en 1953, apareció la
novela Transatlántico y, ese mismo año, el drama El matrimonio. Más tarde se
editó Pornografía (1960), Cosmos (1965), por la que obtuvo el Premio Formentor, y la pieza
teatral Opereta (1966). El teatro y la novela de Gombrowicz están íntimamente relacionados,
no sólo por su sentido de lo grotesco y por el contenido de sus tramas, sino porque en ambos
géneros los personajes adoptan papeles que les son impuestos y que encarnan al modo de
estereotipos, mediante un lenguaje hecho de gestos y muecas. Gombrowizc publicó además
tres volúmenes de sus Diarios (1957, 1962, 1966), que son una suerte de diálogo provocativo
con el lector a propósito de diversos hechos de su vida, y en particular sobre las
manifestaciones sociales del pensamiento estético y literario.

II. MARCO HISTORICO-LITERARIO DE LA OBRA

El estallido de la segunda guerra mundial lo sorprendió en el transcurso de un viaje por


Argentina, en cuya capital decidió entonces instalarse. Durante largos años la obra de Witold
Gombrowicz fue despreciada e ignorada por los medios conservadores y por la crítica adepta
al realismo socialista, pero finalmente consiguió reconocimiento, y en 1963 obtuvo una beca
de la Fundación Ford para viajar a Berlín occidental, desde donde trasladó su residencia
primero a las cercanías de París y luego a Vence, ciudad en la que murió, poco después de
que le fuera concedido el Premio Formentor Internacional de Editores.

Gombrowicz comenzó a escribir Cosmos en la Argentina; en enero y febrero de 1963 se


encontraba en Uruguay dándole los toques finales, peleando contra un desenlace "que se
negaba a revelarse". Terminada en Europa, la novela ganó el Prix International de Litterature
de 1967, dos años antes de que su autor muriera en Vence, Francia, en el momento en que
empezaba a ser reconocido.

III. CRONOLOGIA

En plena guerra mundial, el escritor sale de Varsovia para situarse en la Argentina

IV. SINOPSIS DE LA OBRA

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Cosmos es, según su autor, una investigación sobre «los orígenes de la realidad», una
búsqueda de vínculos entre acontecimientos aparentemente desconectados entre sí: un gorrión
colgado, un gato colgado, un hombre colgado; manchas, huellas, flechas, señales, pistas en
varias direcciones, bocas que se yuxtaponen, que se complementan, que se comunican
misteriosamente, ritos, ceremonias eróticas, y, por encima de todo, la imperfección, la
fragmentación del conocimiento humano, la incapacidad para conocer el Todo

V. ARGUMENTO

Fuks y Witold han salido de sus casas, acaso huyendo, acaso, como dicen, para pasar las
vacaciones en el campo fuera de Varsovia, lejos de sus familias y sus preocupaciones.
Buscando una casa, en un árbol junto a la carretera, encontrarán a un gorrión colgado. Les
impresiona la crueldad de tal acto. Metros más allá encuentran aposento en una casa donde
todo parecerá que les conduce al gorrión colgado.

VI. PERSONAJES

Principales

Fuks y Witold

Secundarios

Lena , Ludwik, Katasia, Dawidek (gato de Lena)

VII. TEMAS Y PROBLEMÁTICA DE LA OBRA

¿Diario?
En Cosmos, el protagonista tiene el mismo nombre que el autor (Witold) y quizá por el tono
íntimo y subjetivo en que narra, podríamos pensar que se trata de un diario privado. Al
coincidir los nombres de escritor y personaje tendremos un sólo filtro, se mezclan la realidad
y la ficción, y la credibilidad de ésta dependerá exclusivamente de la entrega del lector.
Muchos nos preguntaremos si el viaje fuera de Varsovia se realizó o si éste fue una fantasía
del personaje, narrada por él como un diario (sin fechas pero con nueve capítulos), o como un
intento de novela dentro de la novela.
Además, el texto que aparece a manera de prólogo, tiene precisamente este título:
“Fragmentos de mi diario en los que se habla de Cosmos”. Y es en estas líneas en donde se
plantea el marco conceptual que le sirve a Gombrowicz para crear su ficción literaria. Si la
novela policíaca es “un intento de organizar el caos”, él recurrirá al género para ordenar el
suyo. Pero sabe -Witold- que cualquier orden es arbitrario, una manera determinada de
acercarse al caos para darle sentido. En este caso concreto, el esfuerzo se centra en interpretar
el desconcierto frente al mundo a través del lenguaje. Porque el lenguaje no es más que un
sistema formal que se aproxima al caos para aprehenderlo, darle nombre e intentar la
comunicación dentro de un sistema:

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¿Pero cómo relatar algo sino a posteriori? ¿Es que realmente no se puede expresar nada en
el momento de su nacimiento, cuando se trata aún de algo anónimo? ¿Es que nunca nadie
será capaz de transmitir el balbuceo del momento que nace?¿Por qué razón si hemos salido
del caos no podemos nunca entrar en contacto con él? Apenas fijamos en algo nuestros ojos
y ya, bajo nuestra mirada, surge el orden… las formas…” (pág. 39).
Cuando percibimos aquello desconocido, sentimos incomodidad, por lo tanto lo primero que
intentamos es darle una forma: imaginamos asociaciones, buscamos referencias, creamos
analogías, en un intento de acercar el caos al terreno de lo conocido. Pero estos mecanismos
son arbitrarios y dependen de cada uno, o de la cultura que cada uno tiene asimilada. Lo
formal es relativo por naturaleza:
“… Dado que nosotros construimos nuestros mundos por asociación de fenómenos, no me
sorprendería que en el principio de los tiempos haya habido una asociación gratuita y
repetida que fijara una dirección dentro del caos, instaurando un orden.
Hay algo en la conciencia que se convierte en trampa de ella misma.” (pág. 9).

Dos constantes, lo afectivo y lo erótico


El joven Witold relata aquello que experimenta durante un viaje de verano. La partida de su
casa se debe a un conflicto familiar de gran importancia, sin embargo no desarrolla este tema,
lo evita, huye de él. A pesar de tener un mundo afectivo altamente perturbador, no añade nada
sobre él más allá de un nivel muy básico, aparentemente superficial:
“… tenía problemas en Varsovia con mi familia, problemas revulsivos, desagradables; ni
modo, mala suerte…” (pág. 99).
Al inicio del viaje se encuentra con un amigo, Fucks, quien también se aleja de un conflicto
con su jefe, y juntos se instalan en un hostal familiar. Todo aquello que los aleje de su entorno
cotidiano -en donde hay mucho dolor- vale como pretexto para distraerlos de aquello que los
angustia. Y la novela policial será otro pretexto para disfrazar sus preocupaciones.
Suceden, según Witold, cosas extrañas, sin embargo en realidad no es importante lo que
sucede, lo que interesa es cómo ellos posponen sus problemas identificando señales que,
supuestamente, los conducen a resolver enigmas: un gorrión ahorcado será el inicio de la
trama.
Junto al problema familiar, hay otra constante en el texto que es una imagen erótica que surge
en la cabeza de Witold: la boca de Lena, la chica joven y bella hija de los dueños del hostal,
en relación con la boca de Katasia, la empleada de la casa, cuyos labios tienen una pequeña
deformidad que le produce cierta excitación. Es una asociación subjetiva, producto de su
mundo interior, no tiene nada que ver con la realidad exterior. Sin embargo, para el joven
estudiante, ver una boca es imaginar la otra. La perturbación que le producen unos labios lo
llevan a desear los otros.
El joven se siente atraído por una chica recién casada, por lo tanto prohibida e inalcanzable. Y
al mismo tiempo descubre el morbo que le producen los labios deformados de la empleada,
una mujer vulgar a quien imagina menos pura, y al mismo tiempo más asequible. Ese deseo
repartido lo abarca todo, y cubre el mundo narrativo de misterio, sordidez y mucha oscuridad.
Se trata una vez más de las dos caras del deseo: la luminosa y bella (Lena) y la oscura y
menos bella (Katasia). Le gustan las dos porque le hablan de dos facetas distintas de lo
femenino: eso explica su deseo de integrarlas:

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“Lena era el cuerpo y alma de toda esta estupidez. No podía dejar de pensar en que detrás
de todo se hallaba oculta Lena, que tendía hacia mí, tensa en un deseo íntimo, secreto… Casi
podía verla vagar por la casa, dibujar en los techos, mover la vara, colgar el palito,
conformar figuras con los objetos, deslizarse a lo largo de las paredes, clandestinamente…
Lena… Lena… avanzando hacia mí… implorando tal vez mi ayuda. ¡Tonterías! Sí, tonterías,
¿pero por otra parte ¿era posible que aquellas dos anomalías -la relación de las bocas y
aquellos signos- no tuviesen nada en común? Sería absurdo. Sí, absurdo. Pero también podía
ser totalmente un producto de mi imaginación, algo que me absorbía tanto como esa relación
entre los labios de Lena y los de Katasia.” (pág. 75).
Situaciones aisladas que no significan nada se van sumando, pero el relato de Witold señala la
manera como se repiten, la manera obsesiva como se le imponen, de ahí la necesidad de dar
una forma a estas extrañas señales para que tengan un sentido -cualquiera sea- porque si
encuentra un sentido habrá esperanza. Al hacerlo en forma de ficción, se protege con el
género policial, con la ilusión de hallar a un culpable, y la consecuente resolución de todos
los misterios.
La prosa de Gombrowicz oscila entre la descripción detallada del mundo exterior, a manera
de registro o enumeración sin pausa, intentando de esa manera evitar cualquier contacto con
el torturado mundo interior; y las sugerencias que este registro provoca en el yo -subjetivas,
obsesivas, y al mismo tiempo angustiantes- porque lo devuelven, de manera irremediable, a
lo que no quiere recordar: sus problemas en Varsovia. Witold recurre al exterior para
refugiarse, pero no lo consigue: lo de fuera es un trampolín que lo lanza hacia adentro:
“… y esto me hacía sentir mayor disgusto hacia mis padres, mayores deseos de olvidar todo
lo referente a Varsovia, y continuaba ahí sentado a disgusto, rencorosamente, mirando sin
querer la mano de Ludwik, mano que no me importaba, mano que me asqueaba y atraía y en
cuyas posibilidades erótico-táctiles debía yo penetrar… Distracción. Sonido y furia. Volvía a
concentrarme en mi trozo de corcho en la botella, observaba aquel cuello y aquel corcho
para no observar ninguna otra cosa; aquel corcho se había vuelto en cierta forma mi barca
en el océano…” (pág. 35).
“Era increíble aquel cielo estrellado y sin luna. Entre sus enjambres se destacaban las
constelaciones; algunas de ellas me eran conocidas: la Osa Mayor, la Osa Menor…; las
localicé en seguida, pero otras constelaciones que me eran desconocidas estaban también
allí, como inscritas entre las estrellas principales; traté de fijar líneas que las configurasen…
pero esto trazos diferenciantes y las exigencias de ese mapa me fatigaron pronto y desvié
entonces la atención hacia el jardín; pero también en él la proliferación de objetos me fatigó
en seguida, la chimenea, el tubo, el canalón, las molduras del muro, un arbusto y otras
combinaciones; como por ejemplo la curva y el fin del sendero, el ritmo de las sombras… y,
sin quererlo, empecé también a buscar figuras, formas; en realidad no lo deseaba, estaba
aburrido, impaciente y caprichoso hasta que advertí que lo que me atraía en aquellos
objetos, lo que me tenía absorbido era “el que estuvieran detrás”, o sea que un objeto estaba
“tras” otro, el tubo tras la chimenea, el muro tras la esquina de la cocina, todo como…
como… como…como los labios de Katasia tras los labios de Lena…” (pág. 24).
“¡El gorrión! ¿El gorrión! En realidad ni Fuks ni el gorrión me interesaban mayormente, las
bocas eran por supuesto mucho más inquietantes… así pensaba en mi distracción… y por
eso hice a un lado al gorrión para concentrarme en las bocas, pero esto provocó una
desagradable partida de tenis, pues el gorrión me arrojaba a las bocas y las bocas al
gorrión, y así me encontré entre el gorrión y las bocas; cada uno de esos puntos se cubría
con el otro; cuando lograba llegar a las bocas, vorazmente, como si las hubiese perdido,

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sabía ya que más allá de este lado de la casa estaba el otro lado, más allá de las bocas se
hallaba a solas el gorrión ahorcado…. Y lo más molesto era que el gorrión no se dejaba
situar en el mismo mapa de las bocas, se hallaba completamente afuera, pertenecía a otro
mundo y, además era casual, absurdo. ¿Por qué entonces me perseguía? ¡No tenía derecho!
¡Claro que no tenía derecho! ¿No tenía derecho? Cuanto menos se justificara su presencia
más intensamente me perseguía y me era más difícil olvidarlo… Porque si no tenía derecho
era mucho más significativo el que me obsesionara de esa manera. ” (pág. 25-26).

El absurdo
El humor tiene un rol importante en el relato de Witold, consigue minimizar la angustia que
corroe al protagonista. Humor irónico que está sintetizado en la frase de León:
“Tiru- liru-lá”

La aparición de la tetera en el momento en el que esperaba descubrir el cuerpo de Lena es una


imagen inaudita, extraña y jocosa al mismo tiempo. Disminuye la tensión y añade un
ingrediente al caos: lo lógico hubiera sido ver un pecho, una rodilla, unas piernas abiertas:

“Y por fin vi.

Quedé aniquilado.

Él le enseñaba una tetera.

Una tetera.

Ella estaba sentada en una silla, junto a la mesa, con una toalla de baño sobre los hombros a
guisa de chal. Él estaba de pie, en camiseta, y le mostraba una tetera que tenía en la mano.
Ella miró la tetera. Dijo algo. Él respondió.

Una tetera. Estaba preparado para todo. Para todo menos para ver una tetera. Hay una gota
que hace derramar el vaso, algo que resulta ya “demasiado”. Existe algo así como un
exceso de realidad, una abundancia que ya no se puede soportar. Después de tantos objetos
que no soy capaz de enumerar: agujas, ranas, gorrión, palito, vara, puntilla, cáscara,
cartón, etcétera, etcétera, chimenea, corcho, ranura, canalón, mano, pelotitas de miga,
etcétera, etcétera, terrones, red, alambre, cama, piedrecillas, mondadientes, pollo, eczemas,
bahías, islas, agujas, y así por el estilo, sin parar, hasta el aburrimiento, hasta el hastío, y
ahora esa tetera, sin venir a cuenta, sin tuviera nada que hacer, como algo extra, gratuito,
como un lujo del desorden, como un donativo, un presente del caos…” (pág. 87).

Otro ejemplo puede ser la ceremonia erótica que organiza León con tintes esperpénticos, o
ramalajes de locura. ¿Convocar a la familia para un espectáculo como ese?
León es el personaje que consigue asumir el absurdo antes que Witold, el único que está de
vuelta de todo. Entre él y el estudiante se establece una gran complicidad a lo largo de la
novela. El viejo ya no espera nada de la vida, acepta el reino del caos y sabe convivir con él
haciéndole un quite: inventa su propio lenguaje y se centra en sus placeres sin necesidad de
terceros: es un experimentado onanista. Witold percibe lo que oculta porque se identifica con
él, quizá por eso comienza a imitar sus formas y habla como él:

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“… en plena ebriedad de ser una pareja de Lulos -Lulo él, Lula ella- luleaban a más no
poder y cada uno incitaba al otro en el lululeo.” (pág. 125).

-Berg -respondí.

-Berg bembergado con el Berg -gritó.

-Berg bembergado con el Berg -repetí.” (pág. 219).

La búsqueda de un orden que de sentido fracasa en Cosmos, (“buscar una idea que explique,
que imponga un orden” señala en el diario como propuesta), y la promesa de un final de
novela policial quedan truncados: el caso no se resuelve. Gombrowicz se mueve en un mundo
absurdo: los planes trazados vuelan por los aires, las señales no conducen a nada, las posibles
pistas terminan siendo artificio, manipulación, juego. No se resuelven los crímenes, y se
puede pensar que la muerte de Ludwick no era más que una fantasía de Witold quien hubiera
deseado eliminar al marido de Lena como eliminó, efectivamente, a su gato.
El supuesto andamiaje que armó asociando señales e intentando interpretarles en un sentido u
otro, resulta infundado. Pero el juego funcionó porque mantiene al lector enganchado, atento
a la trama policial, curioso, expectante. Y cuando el narrador decide proclamar el absurdo, el
sin sentido total, la lluvia lava el escenario, arrasa con todo, aparecen nuevas señales, nuevos
palitos, y el lector tiene la sensación de volver a comenzar de cero. Al mismo tiempo la
atmósfera claustrofóbica se relaja, el aire refresca, y la vida sigue su curso como si nada.
En realidad no se vuelve a cero, se retorna a lo único real, tangible, inobjetable, aquel nivel
primario que todos aceptamos y compartimos sin grandes misterios: el dolor (Varsovia) y la
necesidad de alimentarse para sobrevivir. No creo que sea gratuito que la mayoría de escenas
se desarrollen alrededor de una mesa, lugar en donde se alimentan. De esa manera se entiende
el último párrafo que cierra con una frase lapidaria, un aterrizaje violento en la realidad:
“En conclusión: escalofríos, reumas, fiebres, Lena enfermó de las anginas, fue necesario
llevar un taxi de Zakopane, enfermedades, médicos, en fin todo cambió y yo volví a Varsovia,
mis padres, el conflicto permanente con mi padre, y otras historias, problemas, dificultades,
complicaciones. Hoy en el almuerzo comimos pollo relleno.” (pág. 220).

VIII. TIEMPO

El hallazgo de lo inexplicable (del gorrión colgado, en pleno descanso de una caminata por el
sofocante bosque) en Cosmos es el reconocimiento del pasado en el espacio, la conciencia de
un paso humano anterior; pero su revelación no hace más que apuntar lo enigmático del acto
que la originó. Despojada de razón, la imagen del gorrión colgado deja surgir su inutilidad
estrambótica en quien la mira. El caos que desata la aventura del conocimiento, emerge
avasalladoramente, de ese elemento aislado que lleva en sí la memoria del origen caósmico,
para teñir todo el bosque con su incongruencia. No se trata, por tanto, de una indignación

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moral ante lo criminal, sino de la curiosidad ante la lógica que materializó tal incoherencia.
El futuro será desde entonces la reconstrucción, paso a paso, de un pasado innombrable. Ese
gorrión excede la normalidad supuesta del bosque donde ha sido colgado.

IX. ESPACIO

El lugar donde ocurren los sucesos es en Polonia, dirigiéndose de Krupowki y Zakopane de


ahí arriba a otra ciudad escapando de los pleitos de sus padres.

X. RECURSOS LITERARIOS

Al plasmar sus ideas este autor hace uso de muchos recursos literarios, tenemos la metáfora,
anafora

XI. FIGURAS LITERARIAS

Símil

Un pájaro ahorcado. Un gorrión ahorcado. Era un grito que proclamaba a gritos su


excentricidad.(p.13)

Metáfora

La tierra estaba desnuda, a trechos cubierta por una hierba corta(p.13)

Anáfora

Un pedazo de lata retorcido, un palo, otro palo, un cartón roto, un palito incluso un
escarabajo…(p.13)

XII. VOCABULARIO

Vestíbulo.-

1. m. Atrio o portal que está a la entrada de un edificio.

2. m. En los hoteles, cines, teatros, etc., sala amplia próxima a la entrada deledificio.

3. m. Espacio cubierto dentro de la casa, que comunica la entrada con losaposentos o con un
patio.

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Bochorno.-

1. m. Aire caliente y molesto que se levanta en el estío.


2. m. Calor sofocante.
3. m. Encendimiento pasajero del rostro.
4. m. Desazón o sofocamiento producido por algo que ofende, molesta o avergüenza.
Eczema.-
1. m. Afección cutánea caracterizada por vesículas rojizas y exudativas, que danlugar a
costras y escamas
.
Cateo.-Acción y efecto de catear (‖ buscar una veta minera).

1. adj. Dicho de una escritura: Que no representa las palabras mediante signosfonét
icos o alfabéticos, sino su significado con figuras o símbolos, como la queusaron lo
s egipcios y otros pueblos antiguos.
2. adj. Perteneciente o relativo a la escritura jeroglífica.
3. m. Cada uno de los caracteres o figuras usados en la escritura jeroglífica.
4. m. Escritura jeroglífica.
5. m. Pasatiempo o juego de ingenio consistente en descifrar un mensaje queaparec
e expresado mediante un conjunto de signos y figuras.
6. m. Imagen visual o escritura difíciles de entender o interpretar.

XIII. COMENTARIOS

A la manera de una novela policíaca, Witold Gombrowicz, crea un libro lleno de sus
obsesiones personales, de su "cosmos" particular donde las formas, los actos, los
pensamientos, la relación de las cosas (por más extraña que sea) tienen una lógica interna
apabullante. Del mínimo detalle se forma una gran conclusión, pero de las grandes
conclusiones no se fíe nunca. Libro repleto de las ideas predominantes en la literatura de
Gombrowicz: la vejez, el sexo, la juventud, la mirada... Siempre la mirada de Gombrowicz
absolutamente dominadora del texto, la misma de cualquier otro libro que leas de él; férrea,
única, particular... que te gusta o no te gusta, como todo lo que es tan personal, casi privado,
casi como la mirada oculta de un voyeur que se asoma tras las ramas de un árbol a espiar la
vida.

XIV. BIBLIOGRAFIA

COSMOS. WITOLD GOMBROWICZ. Editorial Seix Barral. Páginas 224.

https://www.infobae.com/cultura/2017/08/04/witold-gombrowicz-el-gran-
escritor-polaco-que-quiso-matar-a-borges/

http://www.revistaanfibia.com/ensayo/yo-tambien-lei-a-gombrowicz/

https://ebookmundo.org/book/cosmos-2/

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