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NÉSTOR S.

PARISI

LA RESPONSABILIDAD CIVIL DE LOS ESTABLECIMIENTOS


EDUCATIVOS EN EL MARCO DEL CÓDIGO CIVIL Y COMERCIAL
DE LA NACIÓN
Hay diferencias entre el escultor y el jurista. El primero trabaja con material inerte y tiene una meta definida, puede
llegar a su obra y a dar un último golpe de cincel. El jurista en cambio trabaja con materia viva, su meta es
imprecisa y está en continuo movimiento. Siempre es necesario un nuevo golpe y se requiere una puesta a punto
permanente, una renovación continua, no solo para llegar más lejos sino para no retroceder ante la injusticia y el
abuso de poder de los más fuertes.
Nieto, Alejandro y Fernández, Tomás: “El Derecho y el revés”

Es una verdad de Perogrullo que la promulgación del Código Civil y Comercial de la Nación ha ido acompañada
de innumerables cambios en el ámbito de la responsabilidad civil; algunos de mayor envergadura que otros. Si bien
es cierto que parte del reflejo legislativo se constituyó en los grandes trazos que hasta el momento venía
soslayando tanto la doctrina y la jurisprudencia, no deja de ser una novedad el hecho de que en ciertos aspectos no
se ha innovado demasiado respecto al derogado Código de Vélez manteniendo criterios que el gran jurista cordobés
ya había tomado para sí.
En lo que aquí interesa somos de la opinión que con independencia de lo que se halla innovado -o no- en materia
de responsabilidad civil de los establecimientos educativos, estas líneas se enfocarán en un objetivo tan básico
como elemental: la álgida tarea de evitar repeticiones innecesarias que ya se encontraban reflejadas en plumas
autorales y en obras literarias largamente ilustradas. En consecuencia el riesgo es grande pues el derecho es
plenamente compatible con la mediocridad; máxime cuando el autor pretende evitar unas cataratas de prefijadas
ideas. Todo lo que ponemos a disposición del lector es novedoso y de exclusiva formulación con base en el nuevo
cuerpo legal unificado.
El desafío es poner sobre el tapete aquellas pautas que ha traído consigo la nueva reforma en la materia que nos
ocupa, estructurando -como es debido- la temática tratada con el conjunto todo de normas que desperdiga la
legislación sancionada. Más aún cuando de una línea estructural pueden obtenerse ramificaciones en un sinfín de
variables legislativas que interactúan unas con otras.
En adelante haremos referencia a la responsabilidad civil de los establecimientos educativos, siendo menester
una aclaración inicial, sin la cual el desarrollo argumentativo podría quedar huérfano: suele hablarse en general y a
secas de la responsabilidad de los establecimientos educativos sin hacer mención a la materia que se encuentra en
disputa. Es decir, merece resaltarse que un instituto de enseñanza no solo puede responder civilmente, sino que
también desde la esfera penal -puede darse el caso que su titular sea una persona física-, administrativa -sanciones
ante las autoridades de contralor correspondientes- por lo que no es correcto generalizar su responsabilidad en
términos abstractos sino que irremediablemente debe apuntarse a la faceta que se pretende incluir. Tal es el caso
de la responsabilidad civil que de ellos se derivan.

I - BREVE HISTORIA LEGISLATIVA


La responsabilidad civil de los establecimientos educativos ha sufrido desde su reflejo legislativo primario dos
grandes modificaciones. Originalmente y a grandes trazos se contemplaba el deber de responder -siempre desde la
óptica civil- en cabeza de los directores de colegios y maestros artesanos por el daño causado por sus alumnos o
aprendices mayores de 10 años de edad, siendo la causal de eximición la prueba fehaciente de que ha sido
imposible impedir el daño en la medida del cuidado que debían poner sobre la conducta del alumnado.
A posteriori, mediante la sanción de la ley 24830 se modificó el anterior 1114 donde estaba contemplada aquella
responsabilidad en lo que luego fue el 1117 del reciente cuerpo civil derogado.(1)
Sin dudas el cambio más profundo que había consagrado la reforma era que la responsabilidad civil dejaba de
estar en cabeza de los directores y los maestros artesanos para recaer en los propietarios de los establecimientos
educativos. Si bien no fue el único cambio, sí ha sido el más notable. Pero nos avocaremos a la actualidad y algunas
notas distintivas que deben apuntalarse.

II - UN DATO NO MENOR: UBICACIÓN CONTEXTUAL DE LA NORMA


Como primera aproximación es necesario volver al contenido del actual artículo 1767 que es la piedra de toque
que articula la responsabilidad civil de los establecimientos educativos.
En efecto esta norma textualmente expresa que el titular de un establecimiento educativo responde por el
daño causado o sufrido por sus alumnos menores de edad cuando se hallen o deban hallarse bajo el
control de la autoridad escolar. La responsabilidad es objetiva y se exime solo con la prueba del caso
fortuito. El establecimiento educativo debe contratar un seguro de responsabilidad civil, de acuerdo
con los requisitos que fije la autoridad en materia aseguradora. Esta norma no se aplica a los
establecimientos de educación superior o universitaria.
No es un dato menor indagar acerca de la ubicación estructural que el legislador le ha dado. El sitial de una
disposición cuantiosas ocasiones puede ser una eminente solución a los problemas interpretativos que de ella
pueden derivarse. Y lo que a priori hay que destacar es que mientras el derogado 1117 se hallaba dentro del Libro
II, Sección II, Título IX -de las obligaciones que nacen de los hechos ilícitos que no son delitos-, el Código Civil y
Comercial -en adelante CCyCo.- lo enmarca dentro del Libro III relativo a los derechos personales, Título V -otras
fuentes de las obligaciones-, Sección 9; donde se contemplan la mayoría -no todos- de los supuestos especiales de
responsabilidad.
Siendo de esa forma cabe enfocarse en las diferencias que ha traído la nueva regulación con respecto a su
antecesor para luego sí edificar una línea de razonamiento de cuya piedra fundacional se deriven el resto de las
normas. Es que analizar el 1767 del CCyCo. de forma aislada podría traer nefastas consecuencias como veremos
más adelante.

III - MODIFICACIÓN CONCEPTUAL. EL DEBER DE RESPONDER. TITULAR


REGISTRAL VS. PROPIETARIO
Mientras que el Código Civil hacía referencia a los propietarios de los establecimientos educativos en materia
de legitimación pasiva la nueva norma reemplaza el término por el titular de un establecimiento educativo.
Evidentemente existe una sutil diferencia, pero que no puede ser obviada. En primer lugar, porque el propio
legislador ha cambiado la expresión propietario por la de titular. Evidentemente, si todo se mantuviera incólume en
este sentido se habría utilizado la misma terminología. Ello no ha sido así.
En efecto he aquí una primera salvedad cual es la de necesariamente interpretar si los términos propietarios y
titulares pueden ser utilizados indistintamente; fundamentalmente porque en algunas ocasiones el “propietario
real” puede diferir del “titular registral”.
Nos parece que ya no cabe duda de que la legitimación pasiva se desplaza en quien se encuentre registrado
como titular en los organismos correspondientes -personas jurídicas, Inspección General de Justicia si se tratase de
sociedades por ejemplo, aunque el CCyCo. hace referencia solo a Registro Público para unificar conceptos- o en los
registros educativos -DIPREGEP en Prov. de Bs. As., la Dirección General de Educación privada en el ámbito de la
Ciudad Autónoma, los respectivos organismos provinciales, etc.- sin perjuicio de que en los hechos el propietario
bien puede resultar una persona distinta de la que se encuentre registrada.(2)
Bien puede suceder que la responsabilidad recaiga sobre ambos: titular registral y el propietario como persona
física en caso de diversidad de figuras. Piénsese por caso el supuesto establecido en el artículo 144
del CCyCo.en tanto regula la inoponibilidad de la personalidad jurídica en supuestos de consecución de los fines
ajenos para la que fue creado el ente societario.(3)
Entendemos entonces que el artículo 1767 del CCyCo. viene a colocar en cabeza de quien se encuentre en el
registro correspondiente la responsabilidad civil de los institutos educativos; distingo de vital importancia por lo
expuesto en el parágrafo precedente. Diversas normas avalan la postura esgrimida acerca de la dualidad conceptual
entre titularidad registral y la mera propiedad -el art. 195, a, ii (estatuto de personas jurídicas); art. 245(facultad
del titular registral para la afectación de vivienda como bien de familia extensivo al art. 247); art. 1170, inc. A) y
D) (que distingue titularidad de posesión en la adquisición del boleto de compraventa); por mencionar solo alguna
de ellas-.
Más aun, la propia Real Academia Española efectúa la distinción pertinente, esbozando que el titular es
quien tiene a su nombre un título o documento jurídico que la identifica, otorgándole un derecho o la propiedad de
algo, o le impone una obligación; a la vez que el propietario es aquel que tiene derecho de propiedad sobre algo, y
especialmente sobre bienes inmuebles. Es claro que el legislador ha querido ceñir la responsabilidad a quien se
encuentre en los registros correspondientes. En efecto si se hubiera querido involucrar también al propietario así lo
habría establecido la norma.(4)
Esta línea argumentativa es compatible con otras legislaciones, por ejemplo, la española; en tanto contempla en
la parte pertinente de su artículo 1903 que las personas o entidades que sean titulares de un centro docente de
enseñanza no superior responderán por los daños y perjuicios que causen sus alumnos menores de edad durante
los períodos de tiempo en que los mismos se hallen bajo el control o vigilancia del profesorado del centro,
desarrollando actividades escolares o extraescolares y complementarias. La responsabilidad de que trata este
artículo cesará cuando las personas en él mencionadas prueben que emplearon toda la diligencia de un buen padre
de familia para prevenir el daño.
Ambas normas -derogada y actual- contemplan los daños que sean causados o sufridos por los alumnos
menores de edad -la palabra edad ha sido incorporada pero en nada cambia la base conceptual- siendo
indispensableefectuar una salvedad. Actualmente los daños causados o sufridos por los alumnos menores de edad
abarcan los supuestos de aquellas personas que no han cumplido 18 años -art. 25 CCyCo. incluyendo también a la
nueva categoría de adolescentes, que si bien siguen siendo menores de edad resultan ser quienes tienen 13 años
cumplidos-.
Lo que hoy parece sobreentendido no lo era tanto con la antigua legislación. Recordemos que el hoy derogado
1117 había convivido temporalmente con las disposiciones que establecían la mayoría de edad a los 21 años con lo
que se generaba allí una extensión etérea en el concepto de "minoridad" ensanchando consecuentemente la
responsabilidad de los institutos de enseñanza.
Ahora bien, puede darse el caso de que un alumno menor de edad obtenga la emancipación por medio del
matrimonio -art. 27, CCyCo.- lo que es perfectamente factible pues recordemos que el artículo 404
del CCyCo.sistematiza los supuestos de falta de edad nupcial para aquellos menores que no han cumplido la edad
mínima requerida -18 años- otorgando tal facultad con autorización de sus padres o en su defecto dispensa judicial.
Es inevitable trazar una ambivalencia entre ambas ideas. El menor emancipado a los fines de la responsabilidad
de los establecimientos educativos continua siendo menor. El matrimonio si bien le otorga ciertas aptitudes y
capacidades legales -en rigor terminológico “de ejercicio”- que de otra forma no tendría en nada modifica la escala
conceptual otorgada por el artículo 25.
Dicho ello surgen dudas sobre si pueden darse otros sujetos responsables además de los titulares de los
establecimientos educativos. En principio, la ley no contempla ningún otro -la compañía de seguros responde en
virtud del contrato suscripto pero no lo hace como civilmente responsable-. Sin embargo es de notar que existe
alguna jurisprudencia ibérica que hace repensar la situación y que van abriéndose camino con determinados
criterios emanados del Tribunal Supremo sobre todo en el reparto del quantum indemnizatorio. Ya hay sentencias
que reconocen al propio alumno o a sus padres como corresponsables del daño ocasionado en virtud de la deficiente
educación recibida por el menor en cabeza de sus padres o de la temeridad manifiesta de este, y que en
consecuencia, decretan compartir la indemnización entre la administración o titular del centro o minorar la carga
indemnizatoria del responsable legal(5). Más allá del acuerdo o no sobre esta línea de razonamiento, hoy esta
solución no puede compartirse en el derecho argentino sin perjuicio de ingresar al análisis de las acciones de
repetición.
Ahora, ¿resulta necesario demostrar la culpa del dependiente para que proceda la acción contra el titular del
establecimiento educativo? Claramente la respuesta negativa se impone, pues sostener lo contrario sería subjetivar
el marco de la acción; circunstancia que el artículo 1767 excluye de manera lacónica.
Sin embargo el propio docente bien puede ser demandado -facultativamente- por quien promueve la acción a
título de dependiente del principal resultando concurrentes ambas responsabilidades por lo que, si bien el centro
educativo es quien debe responder o en su caso la compañía de seguros de contratación obligatoria- esta es una
relación obligacional completamente ajena al perjudicado.
En este marco merece citarse el artículo 1904 del Código Civil ibérico que contempla expresamente la posibilidad
de que el principal o quien paga la acreencia por responsabilidad del dependiente repita de estos lo que hubiese
satisfecho, haciendo especial mención al caso de los centros de enseñanza (6) -concordantemente con el derogado
art. 1123, CC-.
Es cierto que no existe actualmente una norma igual a la derogada (art. 1123, CC) y podría pensarse que si el
legislador hubiera querido mantener esa idea la hubiera contemplado en la legislación unificada. Pero no es
textualmente como se deben analizar los artículos sino de forma integral. Y evidentemente la relación entre docente
e instituto es diversa de la que puede darse entre el establecimiento y el alumno o entre un tercero dañado y el
instituto de enseñanza.
Pues bien, la solución está dada por no perder de vista que si bien es el establecimiento educativo quien debe
responder frente al damnificado -alumno o no- la responsabilidad civil de la autoridad escolar por cuya negligencia
se suscitó el evento dañoso existe y es concurrente con la del titular del instituto; por ende debe recurrirse a las
previsiones de las obligaciones concurrentes -varios deudores pero causales diferentes- contenidas ahora en los
artículos 850 y siguientes del CCyCo.; aplicando de manera subsidiaria las disposiciones de las obligaciones
solidarias (art. 852).
Y si bien el acreedor en este tipo de obligaciones de diversa causa puede exigir el pago a uno, o varios
codeudores simultanea o sucesivamente [inc. a), art. 851] se configura la excepción por la existencia de una
disposición en contrario conforme lo dispone el encabezado de la propia norma mencionada pues a la par se da la
existencia de otra regla especifica acerca de quién debe responder en el caso de los daños causados o sufridos por
los alumnos menores de edad. El salvoconducto de “excepto disposición legal en contrario” del artículo 851 es el
que hace jugar que el deudor no puede accionar contra el docente y sí contra el establecimiento educativo. Ello con
total independencia de la acción de regreso que pudiera ejercitar este último contra el maestro.
La imposición de un seguro obligatorio viene a zanjar en gran medida este tipo de cuestiones pues será la
aseguradora quien termine respondiendo a causa del contrato de seguro suscripto con el establecimiento; aunque
ello no quita que pudiera suscitarse alguna de las causales de delimitación del riesgo o supuestos de “no
seguro” (vgr. mora del asegurado); circunstancias que en tanto no configuren cláusulas abusivas eximirán a la
aseguradora.
En este orden de ideas, el contrato de seguro participa de las propias generalidades de cualquier contratación,
donde según cual fuere el riesgo será la prima y así deberá ser la indemnización que el asegurador promete al
asegurado. Porque la prima de riesgo, también llamada prima pura, neta o teórica, representa la contrapartida del
riesgo, esa posibilidad de que se produzca el evento incierto previsto en el contrato que da lugar a la prestación del
asegurador.
Habiendo dicho esto nada obsta que el docente sea pasible de las sanciones administrativas y penales
correspondientes en caso de corresponder, circunstancia que queda fuera del marco de análisis bajo el prisma
civilista pero que bien pueden concurrir coetáneamente a él.

IV - LA IDEA ACERCA DE QUE EL MENOR “SE HALLE O DEBA HALLARSE”


BAJO EL CONTROL DE LA AUTORIDAD ESCOLAR
En rigor de verdad aquí no existen mayores modificaciones con la legislación derogada. Aunque es merecedor de
destacar la adenda terminológica en tanto actualmente se dispone que el deber de responder se perfecciona cuando
el alumno menor de edad se halle o deba hallarse -concepto incorporado- bajo el control de la autoridad escolar.
Cierto es que la jurisprudencia venía conceptualizando que el instituto educativo era responsable cuando si bien
el alumno no se encuentra bajo control de la autoridad escolar si debiera estarlo. Dicho de otro modo pero con igual
sentido el colegio debe extremar las medidas de seguridad y administrativas que limiten en este sentido su deber de
responder.
Comúnmente, las escuelas les solicita firmar a los progenitores o responsables del menor una autorización -a
principio del ciclo lectivo- donde prestan conformidad para las salidas antes de su horario normal y habitual,
verbigracia, ante la ausencia de un docente. Somos de la idea de que ello no enerva la responsabilidad civil, pues en
rigor de verdad la conformidad del responsable del menor debe ser otorgada en cada caso en particular ante una
salida antes de cumplido el horario. Una genérica conformidad para abarcar todos los supuestos de retiros
anticipados no solo es insuficiente sino que no puede mediante dicho instrumento validarse la salida del alumno“sin
previo aviso” a sus responsables. La buena fe como deber genérico aquí se impone y por ende la conformidad
debiera ser dada, reiteramos, en cada circunstancia particular.
Al fin y al cabo con la terminología “deba hallarse bajo la autoridad escolar” el legislador ha querido mantener el
deber de responder ante negligencias de cuidado de los docentes, o personal administrativo. Ya no alcanza con
argumentar que no se ha podido controlar a la totalidad de los alumnos, por ejemplo, por la escasa cantidad de
profesores. Jurisprudencialmente se hacía mella en que la institución no podía escudriñarse para dislocar su
responsabilidad civil en el efectivo control del alumno sino cuando también, a pesar de no tenerlo, debiera estar a
su cuidado.(7)
Si bien no puede considerarse una enumeración taxativa y mucho menos cerrada, la Dirección General de
Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires ha elaborado un documento en el marco de la Capacitación
Jurídica en Educación, donde bien se enumeran una serie de supuestos que estarían enmarcados en el ámbito del
efectivo control del alumno y la responsabilidad de la institución; pudiendo enumerarse:
1. Realizar un control periódico de las instalaciones y bienes muebles que pudieren general algún riesgo al
alumnado por su mal estado de conservación y, en su caso, ordenar por escrito de inmediato su reparación.
2. Tomar medidas de seguridad y control en cuanto a las puertas de acceso al edificio escolar durante el horario
de entrada y salida de los alumnos. En los demás horarios deberán permanecer cerradas con algún dispositivo de
seguridad y bajo el control de alguna persona designada por la autoridad.
3. Durante los recreos se deberá designar personal docente o de preceptora, distribuidos en puntos estratégicos,
a fin de controlar en forma adecuada el comportamiento de los alumnos y evitar accidentes.
4. En horario de clases del profesor jamás deberá dejar solos a los alumnos, salvo que estén bajo la custodia de
algún preceptor.
5. No dar órdenes o encargues a los alumnos fuera de las dependencias de la escuela, ni autorizar actividades,
dentro o fuera del establecimiento, para realizar sin vigilancia.
6. No realizar tareas de educación física en lugares que no cumplan con las condiciones de seguridad adecuadas.
7. Obrar con mayor atención cuando se está al frente de alumnos que presentan problemas de conducta.
8. Controlar el sector de las escaleras, en los colegios que cuenten con más de un piso, con el objeto de evitar
accidentes.
9. Asignar docentes responsables en proporción a la cantidad de alumnos, siempre que se realice una lección
paseo, viaje o excursión organizada por el colegio, cumpliendo con las comunicaciones pertinentes y recabando
las autorizaciones de los padres, conforme las reglamentaciones de las lecciones.

V - UN FENÓMENO EN ASCENDENCIA. LA RESPONSABILIDAD CIVIL


DERIVADA DE LOS CASOS DE BULLYING
Un fenómeno que en la actualidad puede generar consecuencias indemnizatorias en cabeza de los
establecimientos educativos es el daño sufrido por un alumno que es víctima de tratos degradantes por parte de sus
compañeros -más raramente del propio docente-; comportamiento tristemente reconocido como
el acoso escolar y toda forma de maltrato físico, verbal o psicológico, de forma reiterada y a lo largo del
tiempo. Si bien no es un término acuñado por la Real Academia Española se tiene por cierto una noción más o
menos uniforme de lo que representa este tipo de conducta.(8)
No cabe pensarse solo en las secuelas físicas del daño experimentado por un alumno, sino que también cabe
atender a la indemnización de consecuencias no patrimoniales (art. 1741, CCyCo.). Y en este marco es evidente que
tanto el maltrato físico, verbal o psicológico que padece la víctima bien se da en un ámbito donde la
irreprochabilidad de esa conducta se enmarca en el control de la autoridad escolar que negligentemente no pone
coto a ese actuar fundamentalmente teniendo en cuenta que el bullying es una conducta que por lo general perdura
en el tiempo, lo que torna aún más gravosa la falta de control de la autoridad.
La cuestión no es menor y difícilmente pueda catalogarse el bullying como caso fortuito que, por otra parte,
debe resultar ajeno a la actividad, circunstancia que evidentemente no se perfecciona.
Resulta fundamental el tema de las cargas probatorias acerca de la demostración del perjuicio, pues a tenor de
lo dispuesto por el artículo 1767, la obligación se encuentra en cabeza del establecimiento educativo, que debe
demostrar la ruptura del nexo causal mediante la fuerza mayor (9). Dentro de esta estructura juega también el
artículo 1736 en tanto la carga de la prueba de la causa ajena recae sobre quien la invoca.
La justicia ibérica ya ha tenido oportunidad de expedirse en este sentido afirmando que en el daño moral existe -
en el marco del bullying- ya un campo de la doctrina y la jurisprudencia que lo integra a todas aquellas
manifestaciones psicológicas que padece o sufre el perjudicado por el acaecimiento de una conducta ilícita y que por
su naturaleza u ontología no son traducibles en la esfera económica. Y puede en esa línea entenderse como daño
moral en su integración negativa toda aquella detracción que sufre el perjudicado damnificado y que supone una
inmisión perturbadora de su personalidad que, por naturaleza, no cabe incluir en los daños materiales porque estos
son aprehensibles por su propia caracterización y por lo tanto traducible en su quantum económico, sin que sea
proceso ejemplarizar el concepto; tampoco pueden entenderse dentro de la categoría los daños corporales porque
estos por su propio carácter, son perfectamente sensibles y también, por una técnica de acoplamiento sociocultural,
traducibles en lo económico. Mediante la conducta descripta como bullying los acosados se sienten avergonzados y
su autoestima se destruye, generando en la víctima sentimientos de culpabilidad; se configura así una situación sin
duda que, puede encuadrarse en el concepto de daño moral.(10)
Desde ya que no toda conducta dañosa sufrida por el alumno puede encuadrarse en el concepto
de bullying, pues de por sí esta caracterización requiere algunas peculiaridades que le resultan propias y
particulares.
Por caso, bien se dijo que la conducta de castigar a un niño impidiéndole ejercer su libertad de expresión y
someterlo a la burla de sus compañeros es contraria a la dignidad humana y constituye un trato degradante.(11)
Como incorporación novedosa y tratándose de una específica función de la responsabilidad civil -con
independencia que sectores doctrinales la ubican fuera de ella como una categoría autónoma, discusión que excede
a esta reflexión- puede ocurrir que ante la verificación de una situación de bullying, los responsables del menor
interpongan la novísima acción preventiva consagrada en el artículo 1711 con el objeto de evitar, continuar o
agravar la acción u omisión antijurídica.
Es que si bien la función resarcitoria estará indemne, cuando lo que está en juego es la salud psicofísica del
menor no cabe duda que la efectividad de esta acción preventiva es más beneficiosa para la víctima(12). Por otra
parte, nada quita que la imposición de esta tutela descarte automáticamente la función resarcitoria que puede
cobrar vigencia, verbigracia, cuando el daño ya se produjo y se pretende evitar su agravamiento o continuación.
Lo expuesto cobra aún más relevancia si se tiene en cuenta que expresamente se contempla como función de la
responsabilidad civil la prevención del daño (arts. 1708 y 1710 y ss.).
Justamente una de las grandes innovaciones en esta materia se da en torno de la procedencia de la acción
preventiva (arts. 1710 y ss., CCyCo.) que bien puede ser interpuesta a fin de obligar al establecimiento a que
arbitre los medios necesarios a fin que arbitre los medios necesarios para evitar la continuación de la conducta
dañosa (difícilmente pueda proceder efectivamente antes del bullying). La “ventaja” que se ofrece a quien acciona
por este medio es la innecesaridad de la concurrencia de cualquier factor de atribución por expresa exclusión
normativa.
Claro está que si lo que se pretende es frenar la conducta perjudicial habiéndose ya producido parte del daño,
puede echarse mano a la acción resarcitoria pues ambas no resultan excluyentes, sino que suponen un
complemento entre sí.
En un histórico fallo la Corte Suprema de México ha tenido oportunidad de expedirse sobre el tema mediante su
Sala Primera; al referirse a la protección reforzada que merecen los derechos de los niños y su relación con
el bullying tendiente a acreditar la responsabilidad por los hechos constitutivos del mismo, y finalmente, imponer la
indemnización que corresponde al menor por el daño causado.
Fácticamente se había entablado una demanda por daño moral, interpuesta por una madre de familia, por propio
derecho y en representación de su menor hijo contra el instituto educativo al que pertenecía el infante y su
profesora, quien le ocasionó daño psicológico, como consecuencia de una constante agresión física y psicológica. El
menor a raíz de ello padeció ansiedad, baja autoestima, frustración, depresión y dificultades de adaptación,
síntomas característicos del acoso escolar. Se recomendaron diversas medidas de tratamiento, mismas que fueron
comunicadas a las profesoras del plantel; sin embargo, la situación empeoró. En primera instancia se determinó
absolver al instituto, pues se consideró que no se había acreditado el maltrato en contra del menor. Posteriormente,
la actora interpuso recurso de apelación contra la sentencia de primera instancia, sin que ello tuviera éxito, pues
más tarde, se confirmó la resolución recurrida. Inconforme, y después de diversos trámites procesales, la madre del
menor consideró pertinente recurrir al amparo de la justicia; sin embargo, el Tribunal Colegiado determinó solicitar
a la SCJN, ejerciera su facultad de atracción para conocer del amparo.
En marzo de 2014, el presidente de la CSJN admitió el asunto a trámite por considerar que no había precedentes
en torno a la responsabilidad civil por maltrato escolar (bullying), considerando pertinente agotar los siguientes
tópicos. En primer lugar a la amplitud del fenómeno bullying y su complejidad; refiriendo que el bullying u
hostigamiento escolar es un fenómeno generalizado y antiguo, que en los últimos años ha escalado de manera
significativa. La Primera Sala de la CSJN, considera que el bullying “...es todo acto u omisión que de manera
reiterada agreda física, psicoemocional, verbal, patrimonial o sexualmente a una niña, niño, o adolescente;
realizado bajo el cuidado de las instituciones escolares, sean públicas o privadas...”.
Se refirió en segunda instancia a la protección reforzada de los derechos del niño. El interés superior del menor
establece que es obligación de las autoridades estatales que la protección de los derechos del niño se realice a
través de medidas “reforzadas” o “agravadas”, y que los intereses de los niños sean protegidos con mayor
intensidad. El acoso escolar constituye un atentado a la dignidad, integridad física y educación de los niños
afectados. En algunos supuestos, el hostigamiento puede constituir un tipo de discriminación. Es por ello que
profesores, autoridades escolares y administrativas deben tomar medidas de protección reforzadas para evitar,
tratar y remediar cualquier situación de acoso que sufra el menor. El Estado debe garantizar que la educación se
preste con equidad, en espacios integrados, seguros y libres de violencia.(13)
La antijuridicidad como componente de la responsabilidad civil está configurada, además del
incumplimiento contractual, por la violación a la recientemente sancionada ley para la promoción de la
convivencia y el abordaje de la conflictividad social en las instituciones educativas.(14)
De hecho ya han existido recientemente varios pronunciamientos judiciales donde se ha considerado
al bullying como no constitutivo del caso fortuito a los fines de quebrar la relación causal como eximente prevista en
el artículo 1767.(15)

VI - LOS NUEVOS PARADIGMAS DERIVADOS DE LOS ESTABLECIMIENTOS


EDUCATIVOS ESTATALES
Hemos manifestado con anterioridad que la norma en cuestión relativa a la responsabilidad civil de las
instituciones educativas debía ser analizada en el marco de la estructura íntegra del CCyCo. Nótese que con
anterioridad a la reforma se hacía referencia a los propietarios de establecimientos educativos privados o estatales.
Y he aquí lo que sin dudas sea la diferencia de mayor magnitud entre la legislación derogada y lo dispuesto por
el vigente 1767. Ya no se hace mención a los establecimientos estatales por una sencilla razón: los mismos quedan
exceptuados de las normas de responsabilidad civil a tenor de los prescripto por los artículos 1764 y 1765 en tanto
disponen que la responsabilidad del Estado se rige por las normas y principios del derecho administrativo nacional o
local, según corresponda quedando excluidos expresamente las disposiciones del capítulo referente a los supuestos
especiales de responsabilidad.
Desde ya que los institutos que se encuentran excluidos del ámbito de la responsabilidad regida por el 1767 son
los que resultan ser exclusivamente estatales, mas no lo que revisten el carácter de privado y reciben una
subvención del Estado, lo que de ninguna forma los traslada fuera de la órbita privada.
Seguramente, el mayor punto de conflicto esté dado por el distingo de los daños que sufre o causa un alumno
según pertenezca a una institución privada o estatal. Y sobre todo cuando al momento la mayoría de las provincias
no han sancionado su propia ley de responsabilidad del Estado; lo que de por sí puede generar llamativas
inequidades en el daño resarcible. Sobre todo porque una norma de fondo como lo es el 1767 puede ser modificada
por legislaciones provinciales.
Evidentemente, la ambivalencia carece de sentido común, mas es una temática propia de la responsabilidad
estatal que escapa al punto analizado sin perder el eje, reiteramos, que la norma vigente no contempla las
instituciones educativas que revistan el carácter estatal como si lo hacia su antecesor.
Ahora bien, la institución cuyo titular es el Estado ¿se ve en la obligación de contratar un seguro de
responsabilidad civil tal como lo fija el segundo párrafo del artículo 1767 o por el contrario esta obligación queda
exenta en virtud de lo transcripto anteriormente? Por nuestra parte creemos que la respuesta afirmativa se
impone, pues en rigor de verdad lo que ha de regirse por el derecho administrativo nacional o local es la
responsabilidad estatal solamente, mas no la obligación que de él se deriva de la contratación de un seguro de
responsabilidad civil.
Dicho ello es imprescindible mencionar que en cuanto al seguro de responsabilidad civil si existe una diferencia
en lo que concierne su contralor. Anteriormente velar por su cumplimiento era función de las autoridades
jurisdiccionales, mientras que actualmente ese deber recae en la Superintendencia de Seguros de la Nación pues
resulta ser, tal como lo expresa la normativa vigente, la autoridad en materia aseguradora. (16) La relación entre
aseguradora y asegurado tiene sus bemoles aunque resultan extrañas al marco de análisis del presente.

VII - EL DEBER DE RESPONDER CON FUNDAMENTO EN UNA


RESPONSABILIDAD OBJETIVA CALIFICADA
No cabe duda por destacarlo la propia norma que la responsabilidad de los establecimientos educativos es de
carácter objetivo y solo resulta eximente la prueba del caso fortuito.
Esta circunstancia ya venía siendo afirmada por la doctrina y jurisprudencia de manera indubitable, que
despojaba a la negligencia y al dolo de la ecuación para responsabilizar a los institutos de enseñanza.
Desde esa óptica no cabe dudas que la responsabilidad es objetiva y agravada aún, ya que no es suficiente
demostrar la ruptura del nexo causal por el hecho de un tercero ni del damnificado, sino que la única circunstancia
exculpatoria resulta ser el caso fortuito. Por ello hablamos de una obligación objetiva calificada. No basta con
acreditar la ruptura causal con la intervención de un tercero por quien no se debe responder sino que es necesario
que se perfeccionen los extremos viables del caso fortuito.
Sin pasar por alto que si bien es cierto que caso fortuito y fuerza mayor eran utilizados como términos
unificados, el anterior Código refería en ciertos casos a fuerza mayor y en otros a caso fortuito, lo que en principio
había generado una suerte de discusión acerca de la ambivalencia de términos que a la postre fue zanjada. Como
sea, el artículo 1730 del CCyCo.(17) ya no deja lugar a dudas disponiendo que caso fortuito y fuerza mayor sean
empleados como sinónimos.
La terminología que dispone la responsabilidad objetiva incluida en la mentada norma es un acierto legislativo
enmarcado en el mejor entendimiento del Código. Evidentemente no faltarían quienes, de no haber sido
contemplada su redacción tal cual lo hace, echaran mano a la disposición del artículo 1721 en tanto en ausencia de
normativa el factor de atribución es la culpa. Al estar dispuesto expresamente esta interpretación claramente
sesgada de parcialidad e inocua queda fuera de la ecuación.
No es menos cierto que al constituir una obligación de resultado el hecho de mantener la indemnidad del
alumno, podría devenir en aplicable el artículo 1723 que basa la responsabilidad objetiva cuando de las
circunstancias de la obligación o lo convenido por las partes, surge que el deudor debe obtener un resultado
determinado. Como fuere, la aclaración dispuesta por el legislador consagrando deforma indubitable este tipo de
responsabilidad es un acierto.
Pues bien, con anterioridad, habíamos hecho especial referencia a que nos encontrábamos frente a una
responsabilidad objetiva agravada. Daremos motivos de ello. Mientras que el propio artículo 1722 define al factor
objetivo de atribución cuando la culpa del agente es irrelevante a los efectos de atribuir responsabilidad, la
liberación se produce demostrando la causa ajena, excepto disposición legal en contrario.
Y en el contexto de los establecimientos de educación juega esta última conceptualización. Es que
genéricamente el hecho de un tercero -hoy normado por el art. 1731- es entendido como un elemento que produce
la ruptura del nexo causal enervando el deber de responder del causante del daño. Sin embargo aquí no es
suficiente. El agravamiento de la objetividad se enaltece en tanto solo el caso fortuito -cuya prueba se encuentra en
cabeza de quien pretende demostrarlo- produce la ruptura del encadenamiento causal adecuado y descarta el deber
de responder.
Si bien resulta ser que en este tipo de responsabilidades no se toma en cuenta la culpa del agente dañador, en
todos los casos el deber de diligencia está presente y es efectivamente su omisión culposa o dolosa la que genera la
responsabilidad que, a la postre, es imputada objetivamente. Es imposible prescindir por completo de la culpa aun
en la responsabilidad objetiva. Lo que sucede es que el propio legislador ha optado porque darle un matiz
irrelevante a los fines de responder.
En todo caso lo dice de forma brillante una sentencia emitida por el Superior Tribunal de España donde
se consagra la idea de mantener el concepto moderno de la culpa que no consiste solamente, según el criterio
clásico, en la omisión de la diligencia exigible según las circunstancias del caso, ya que actualmente se ha ampliado
su idea para abarcar aquellas conductas donde hay negligencia sin una conducta antijurídica y aquellas otras en que
partiendo de una actuación diligente y lícita, no solo en su inicio sino en su desarrollo, se entiende existente
también una conducta culposa a virtud de un resultado socialmente dañoso que impone la desaprobación de la
acción o de la conducta, por ser contraria a los valores jurídicos exteriorizados; es decir, es una conducta
socialmente reprobada.(18)
Allí se está imputando la responsabilidad por el riesgo siendo la negligencia irrelevante para atribuir
responsabilidad. Más no significa que la misma no exista. Por el contrario, se utiliza un argumento que pretende
mantener un equilibrio entre la conservación de la culpa como criterio de imputación, mutando parcialmente su
propio concepto. Esto se justifica con la utilización de la frase “concepto moderno de la culpa”, es decir, sin prueba
de la negligencia. Esta sentencia esconde, por tanto, una imputación por riesgo de empresa, con la técnica de
cambiar el concepto esencial de imputación.

VIII - LA PERSPECTIVA DESDE LA ÓPTICA CONTRACTUAL DEL VÍNCULO


“INTER” PARTES
Siendo el vínculo entre el establecimiento educativo y quienes contratan ya sin duda de consumo, participa
asimismo de las pautas contractuales traídas consigo por el nuevo CCyCo. Es por ello que irremediablemente las
previsiones de los artículos 957 y siguientes les son plenamente aplicables a una relación que si bien principalmente
es consumeril participa de caracteres esenciales de las figuras de locación de servicios y estipulación a favor de
terceros.
Consecuentemente nos situamos ante ciertas particularidades contractuales que no escapan a la relación
dentro de la institución educativa y el/los responsables contratantes.
Ya no cabe discutir la exclusión de la responsabilidad de los padres por los hechos de los hijos (art. 1754) en el
supuesto analizado pues, conjugada con las previsiones adoptadas por el legislador respecto a los institutos de
enseñanza, una de las causas de cesación de la mentada fattiespecie es la de poner situar bajo la égida de
vigilancia de otra persona al hijo, de forma transitoria o permanente (art. 1755).
Enmarcado en este orden el legislador opto por no considerar la responsabilidad de los centros de enseñanza
como directa (art. 1749) pero, si bien tampoco se encuentra comprendida en el marco de la responsabilidad por el
hecho del dependiente (art. 1753), participa de características singulares de esta última pues los daños causados o
sufridos por los alumnos menores de edad se deben ciertamente a la negligencia de la autoridad educativa a cargo
cuya omisión coadyuvo al perjuicio.
Y aquí se genera una ambivalencia de interpretaciones dadas textualmente por el título del artículo 1753 que
bien puede no coincidir con su contenido. Es que si pensamos en que la responsabilidad del principal -titular del
establecimiento educativo- está dada por los daños que causen las personas de las cuales se sirve para el
cumplimiento de sus obligaciones cuando el hecho dañoso acaece en ejercicio o con ocasión de las funciones
encomendadas, contemplamos el supuesto de los daños que produce cualquier autoridad educativa (docente,
preceptor, etc.). A la par, si nos guiamos por el encabezado de la norma, se refiere al hecho del dependiente, lo que
si pudiera llegar a investir el supuesto de los establecimientos escolares, recordando que un hecho puede ser
abstenerse de llevar adelante determinada conducta (cuidado de los alumnos).
IX - LA RESPONSABILIDAD DE LOS ESTABLECIMIENTOS DE ENSEÑANZA Y
EL MARCO DE LA RELACIÓN DE CONSUMO
Al contrato de enseñanza le resultan plenamente aplicables las disposiciones contenidas en el Título III,
Capítulo 1, en tanto contrato de consumo. Y aquí sí debe efectuarse una necesaria digresión. El título reseñado
anteriormente bien puede ser aplicado a los institutos de enseñanza tanto públicos como privados. La explicación es
simple. La norma contemplada en el 1764 deja afuera de la responsabilidad estatal solo las disposiciones
delCapítulo 1 del Título V (otras fuentes de obligaciones) pero nada obsta que el instituto estatal revista el carácter
de proveedor del servicio de enseñanza. En este enfoque la relación de consumo está dada tanto respecto a los
entes privados como estatales.
La interrelación entre quien contrata el servicio de enseñanza -pública o gratuita- y el titular del establecimiento
está enlazada en las características propias de un vínculo de consumo, resultando plenamente aplicables las
disposiciones respecto de trato digno (art. 1097); trato equitativo y no discriminatorio (art. 1098); y la libertad de
contratación (art. 1099).
Asimismo, fuente de relevancia extrema es la obligación de información enmarcada en el artículo 1100
del CCyCo. y todas las cuestiones relativas a la publicidad, en especial sus prohibiciones (art. 1101) y la cesación de
la misma (arts. 1102 y 1103). Si bien es poco frecuente ver entrometidas a estas directrices en la vinculación con
establecimientos educativos su relevancia no es menos notoria en tanto son derivaciones necesarias y obligatorias
de las relaciones de consumo.
La exclusión de los establecimientos de educación superior o universitaria se mantiene en el marco del artículo
1767, cuya única modificación ha sido más que nada de tinte terminológico al suplantar el término terciario por
superior. De todas formas en nada modifica la conceptualización de la exclusión pues los institutos terciarios, junto
con las universidades, conforman el nivel terciario o superior de la enseñanza oficial. Se los conoce también como
institutos terciarios no universitarios o institutos de educación superior.
Queda por determinar si en el caso en que un sujeto ajeno al vínculo escolar es dañado por un alumno, pueden
serle aplicadas a la víctima las disposiciones relativas a la relación de consumo. La distinción no es menor pues una
respuesta afirmativa hará caer sobre la esfera de la víctima la posibilidad de accionar en base a los beneficios dados
por las previsiones del artículo 1092 en adelante.
Creemos que con anterioridad a la reforma legislativa quien sufriera un daño causado por el alumno siendo
externo a la vinculación contractual era alcanzado por la figura del bystander, es decir, aquella persona que era
considerado un “consumidor expuesto”. Sin embargo, la reforma ha hecho agua en este sentido quitando tal
posibilidad.
El artículo 1 del Anexo II, ley 26994, modifica algunas normas de la ley de defensa del consumidor. Se elimina
de su texto la categoría de consumidor “expuesto”, permaneciendo vigentes, en el concepto legal, el “consumidor”
propiamente dicho y el consumidor “equiparado”. A pesar de los esfuerzos explicativos de la comisión redactora,
acerca de su proyectada eliminación - hoy concretada-, la ausencia de la figura del consumidor meramente
expuesto y, con ello, su desprotección, implica un retroceso, aunque ante la amplitud concedida al “consumidor” en
el artículo 42 de la Constitución Nacional debemos esperar a ver qué grado de extensión dará la jurisprudencia,
ahora, al concepto de consumidor equiparado, como sujeto afectado indirectamente por los efectos de una relación
de consumo que le es ajena.
La especificación dentro de los contratos de consumo entre el establecimiento y quienes con el contratan lejos
está de ser baladí en cuanto a la eficacia temporal de las leyes; pues de esta forma cobra significación el último
párrafo del artículo 7 del CCyCo. en tanto las nuevas disposiciones son aplicables a los contratos en curso de
ejecución, cuando existan normas más favorables al consumidor en las relaciones de tal índole. No constituye un
dato de menor trascendencia pues la relación de consumo se perfecciona con el inicio de cada ciclo escolar por lo
que un alumno, por ejemplo, que ingrese desde jardín o preescolar hasta su culminación en la escuela secundaria
estará beneficiado por las previsiones consumeriles.
Las condiciones y el trato digno resultan ser otro de los pilares fundamentales que no puede pasarse por alto y
bien puede generar responsabilidad del establecimiento educativo por su propia violación respecto de los
alumnos.(19)

X - INTERRELACIÓN CON LAS OBLIGACIONES DE HACER Y LOS CONTRATOS


DE SERVICIOS
Si bien nominativamente ha desaparecido la figura de la locación de servicios el artículo 1251 impacta de lleno
en la relación contractual entre el establecimiento educativo y el responsable del menor. En efecto el Capítulo 6 del
Libro III, relativo a los contratos en particular, destaca que el contrato de servicios se da cuando el prestador del
servicio, actuando independientemente, se obliga a favor de otra a “...proveer un servicio mediante una retribución;
pudiendo ser en el segundo supuesto un vínculo a título gratuito...”.
Dentro de este contexto surgen implicancias que no pueden ser dejadas de lado, pues el artículo 1278 de directa
incidencia al caso que nos ocupa dispone que a los contratos de servicios le son aplicables las disposiciones de las
obligaciones de hacer, que se encuentran inmersas en el artículo 773 del CCyCo.
Surgirá ínsito como debe interpretarse un Código, de forma armónica y no aisladamente, por lo que da cuenta
que una norma está directamente vinculada con otra a la que de forma necesaria debemos remitirnos para no
perder el eje de la cuestión. Y cobra aquí fundamental virtualidad las disposiciones relativas a este tipo de
obligaciones, pues el instituto educativo se obliga a la prestación de un servicio en el tiempo, lugar y modo
acordado por las partes.
Al momento de la contratación por supuesto que se tiene en miras la indemnidad del menor que concurre al
instituto -en el supuesto específico de daños sufridos por él- por lo que no cumpliéndose este requisito nos hallamos
frente a un incumplimiento del plexo obligacional.
La buena fe inmersa no ya en la escuadra del contrato, sino en todos los ámbitos del derecho (art. 9, CCyCo.) ve
alcanzar sus efectos en el primer supuesto del artículo 774. Es que si bien el acreedor no puede comprometerse a
un resultado concreto -que el alumno aprenda-, sí debe comprometer su conducta en poner de si la diligencia
apropiada con independencia de su éxito.
No parece ser ese el camino cuando se debe asegurar el resultado en tanto la indemnidad del alumno -si
contemplado en el inc. 2) del art. 774-. Nos hallamos frente al segundo supuesto donde el deudor debe procurar el
resultado concreto, con independencia de su eficacia. Y este es el casus de los daños sufridos por los alumnos. Para
que quede claro; mientras la obligación de impartir educación se centra en la hipótesis del párrafo anterior -utilizar
la diligencia apropiada independientemente de su éxito- la seguridad e indemnidad del menor se enmarca en el
resultado concreto que pesa sobre quien imparte el servicio de educación.
Mientras que el primer supuesto se estructura sobre la base de las obligaciones de medios -servicio educativo-
en el caso de mantener indemne al alumno trasladamos el eje central a las obligaciones de resultados, solo
exceptuadas por el caso fortuito de aplicación restrictiva, máxime tomando en cuenta que participamos de una
relación de consumo.
En este cartabón contractual rescatamos las sabias palabras del maestro ibérico Federico de Castro y Bravo,
quien con su sagacidad habitual destacaba que lo importante al momento de contratar es la voluntad o intención de
quien declara, teniendo en cuenta lo que se quiere más que lo que se dice. Para juzgar de la intención de los
contratantes, deberá atenderse principalmente a los actos de estos, coetáneos y posteriores al contrato.(20)
Y no cabe duda de que quien efectúa una contratación con una institución educativa, sea pública o privada, lo
hace en la más absoluta certeza e intención de que a la par del servicio educativo, el órgano velará por la
indemnidad del alumnado evitando causarle daños. Pensar lo contrario sería ingresar en el campo del abstenerse de
contratar.
Gran parte de la explicación asumida oportunamente en el artículo 1723 data de esta cuestión. El resultado
determinado existe no en el servicio de educación, sino en la idea de que el alumno no sufra daños; ni más ni
menos surge la aplicación en este orden del mentado artículo.
No perdemos de vista que en un punto intermedio las obligaciones derivadas del contrato educativo parecerían
ser las mixtas, donde el deudor se obliga al mismo tiempo al ejercicio de una cierta actividad (enseñanza) y a la
realización de un resultado final (indemnidad del alumno y de terceros).
Y recordemos que si bien parte de la doctrina brega por la desaparición de la obligación de seguridad ninguna
duda cabe que esta mantiene su plena vigencia en las relaciones de consumo; por lo que es indubitable que
resultan de plena y lisa aplicación al supuesto que nos comprende.

XI - ¿QUÉ SUCEDE RESPECTO A LA PRESCRIPCIÓN DE LA ACCIÓN? EL


DEBER DE ARTICULACIÓN NORMATIVA
Como primera medida es sabido que la relación entre el proveedor del servicio educativo y el consumidor
permanece a los albores de la ley de defensa del consumidor aplicada en forma conjunta con las disposiciones del
CCyCo. (art. 963 relativo a la prelación normativa).
Nótese que podría generarse una situación de injusticia legislativa que debiera ser zanjada por una prudente
interpretación del judicante y tiene directa relación con el plazo de prescripción de la acción derivada del daño
sufrido por un alumno. Ya sin dudas que estamos ante una relación de consumo con particularidades contractuales
propias de otras figuras (contrato de servicios -art. 1251-, estipulación a favor de terceros -art. 1027, CCyCo.- y lo
relativo a las obligaciones de hacer -art. 773 y ss.-) el plazo prescriptivo contenido tanto en el supuesto del artículo
2561 segundo párrafo es de 3 años, que coincide con la manda del Anexo II punto 3.4 de las modificaciones a la lay
26361 (art. 50).
Sin embargo, la peculiaridad está dada en que el plazo genérico contenido en el 2560 otorga una prescripción de
cinco años que sin dudas, al ser más abarcativo que el de tres, coloca al consumidor en una más desventajosa
situación al tener dos años menos para accionar.
Si bien es una plataforma fáctica compleja de compatibilizar quedan dos posibilidades interpretativas, ambas con
anclaje legal. El artículo 1094 in fine dispone que, en caso de duda sobre la interpretación del CCyCo. o de las leyes
espaciales, prevalece la más favorable al consumidor. Sin dudas, el plazo quinquenal es más ventajoso que el de
tres años consagrado para las relaciones de consumo.
¿Podría el consumidor argumentar este último lapso temporal atento a ser más favorable a sus intereses, donde,
paradójicamente la norma consumeril lo coloca en una posición más perjudicial para sus intereses? No deja de ser
una temática compleja y una solución uniforme difícilmente pueda darse.
En rigor de verdad el artículo 1094 in fine se refiere a los casos dudosos relativos a la interpretación del Código o
de las leyes especiales. Y aquí no se da prima facie esta dicotomía. Lo que está en juego es la representación de
aplicar un plazo genérico de prescripción quinquenal o el específico del consumidor de tres años. Creemos que esta
última solución debe imponer. Cuando existe una normativa aplicable al caso específico para una determinada
situación jurídica no puede, so color de beneficiar al consumidor, extender la ley de una forma que ni el propio
legislador ha previsto. Lo contrario implicaría sosegar lo legislado y distorsionar decididamente el plazo de
prescripción dado para las relaciones de consumo.
En palabras de la Suprema Corte de la Provincia de Buenos Aires en un recordado voto del doctor San Martín, se
ha dicho que cuando el texto de la ley es claro y expreso, no cabe prescindir de sus términos, correspondiendo
aplicarlo estrictamente y en el sentido que resulta de su propio contenido, por lo que ha decidido que al intérprete
de la ley no puede acordársele el poder de variar el contenido mismo del texto legal interpretado, al grado de
prescindir de él, pues la materia de la ley no es un caucho tan elástico, y la técnica interpretativa no es de una
flexibilidad tal que a fuerza de tirar sobre el texto se llegue siempre a solucionar el caso. (21)
Una solución contraria sería ingresar en esa distorsión e inflación de efectos legislativos que de ninguna forma
puede convalidarse.
Inexorablemente, de aquí en adelante, una sentencia que abarque la responsabilidad de los establecimientos
educativos en daños causados al alumno menor de edad deberá hacer referencia a la Declaración Universal de los
Derechos del Niño, ley nacional 23849, promulgada el 16/10/1990. Creemos que una manda judicial que carezca de
esta fundamentación vulnera abiertamente el mismísimo artículo 1 del CCyCo., desconociendo concordantemente la
primera parte del artículo 75, inciso 22), de la Carta Magna.
La prelación del artículo 1 del CCyCo. y la interpretación que ha efectuado actualmente la Corte Suprema de
Justicia en materia de control de convencionalidad así lo exigen.
Sera el juez en todo caso quien deberá bregar por una aplicación sistemática e integradora del Código. Ningún
cuerpo legal puede abarcar todas las circunstancias sobrevinientes. Por ello hacemos nuestras las palabras de aquel
maestro francés Jean Etienne Marie Portalis en el proyecto de elevación del Código galo al resaltar sabiamente
“...un Código por más completo que pueda parecer, no impide que surjan mil problemas imprevistos
que, casi tan pronto está terminado, se ofrecen al magistrado. Las leyes una vez redactadas
permanecen tal cual han sido escritas. Corresponde al magistrado pues, avizorar el espíritu de la ley...”.

Notas:
(1) Plasmando textualmente: modificase los arts. 1114, último párr. y 1117. Sancionada: 11/6/1997. Promulgada de
hecho: 3/7/1997. BO: 7/7/1997. El Senado y Cámara de Diputados de la Nación Argentina reunidos en Congreso, etc.,
sancionan con fuerza de ley: art. 1 - Agrégase como último párrafo del art. 1114 del CC lo siguiente: “Lo establecido sobre
los padres rige respecto de los tutores y curadores, por los hechos de las personas que están a su cargo”. Art. 2 -Modifícase
el art. 1117 de CC el que quedará redactado de la siguiente manera: “Los propietarios de establecimientos educativos
privados o estatales serán responsables por los daños causados o sufridos por sus alumnos menores cuando se hallen bajo
el control de la autoridad educativa, salvo que probaren el caso fortuito. Los establecimientos educativos deberán contratar
un seguro de responsabilidad civil. A tales efectos, las autoridades jurisdiccionales, dispondrán las medidas para el
cumplimiento de la obligación precedente. La presente norma no se aplicará a los establecimientos de nivel terciario o
universitario”
(2) Bien puede darse el caso de una transferencia de titularidad, suscripta por boleto privado y no instrumentada aun en los
registros correspondientes. Aquí se da el caso de que el titular registral no resulta propietario aun, pero deberá seguro
respondiendo legalmente. He aquí un caso de laboratorio que ilustra la importancia del distingo entre titular y propietario
(3) El mentado artículo reza: Inoponibilidad de la personalidad jurídica. La actuación que esté destinada a la consecución de
fines ajenos a la persona jurídica, constituya un recurso para violar la ley, el orden público o la buena fe o para frustrar
derechos de cualquier persona, se imputa a quienes a título de socios, asociados, miembros o controlantes directos o
indirectos, la hicieron posible, quienes responderán solidaria e ilimitadamente por los perjuicios causados. Lo dispuesto se
aplica sin afectar los derechos de los terceros de buena fe y sin perjuicio de las responsabilidades personales de que puedan
ser pasibles los participantes en los hechos por los perjuicios causados
(4) Una interesante sentencia del 28/10/2013, dictada por el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción Número 1 de Rubí
-Barcelona-, trató específicamente el asunto sobre la distinción entre el propietario de un inmueble y su concordancia en el
Registro de la Propiedad, lo que hemos dado en llamar propietario “real” y titular registral. Esta dicotomía obliga a
considerar dos interesantes consecuencias cuyo desarrollo conceptual y práctico se podrá analizar, a saber: 1) La diferencia
entre propietario “real” y titular registral, sobre todo en los casos en los que como refiere la sentencia expresada no hay
una coincidencia entre uno y otro
(5) STS nº 1135/2006 de 10 de noviembre
(6) Art. 1904, CC español: El que paga el daño causado por sus dependientes puede repetir de estos lo que hubiese
satisfecho. Cuando se trate de centros docentes de enseñanza no superior, sus titulares podrán exigir de los profesores las
cantidades satisfechas, si hubiesen incurrido en dolo o culpa grave en el ejercicio de sus funciones que fuesen causa del
daño. Y en el mismo sentido se pronuncia el art. 145 de la ley de régimen jurídico de las administraciones públicas y el
procedimiento administrativo común que dice “La Administración correspondiente, cuando hubiere indemnizado a los
lesionados, exigirá de oficio de sus autoridades y demás personal a su servicio la responsabilidad en que hubieran incurrido
por dolo, o culpa o negligencia graves, previa instrucción del procedimiento que reglamentariamente se establezca”.
Concluido el contencioso originado, y por lo tanto ejecutada la sentencia estimatoria del daño ocasionado por el que se
condena al titular del centro a pagar una determinada cantidad de dinero como indemnización, la ley permite al centro a fin
de paliar sus pérdidas económicas volver o repetir la cantidad pagada contra el profesor causante de que el menor causase
daños a un tercero, obligándole por lo tanto a devolver al centro lo que se abonó antes en su nombre. La única condición
que se establece es que pueda probarse que el profesor obró con culpa suficiente siendo el responsable directo del daño
ocasionado por el menor. Esta acción, denominada de regreso, puede iniciarla el centro público y el privado o concertado, si
lo estimasen oportuno. En ningún caso es obligatoria. Y el plazo para su interposición es de quince años a contar desde el
pago de la indemnización
(7) Se ha dicho que la obligación de los padres renace recién una vez que la del Centro Escolar termina la suya y que esta
circunstancia debe interpretarse con la suficiente flexibilidad que cada caso demande. Cabe recurrir al criterio de
habitualidad para establecer hasta donde llega esa flexibilidad, pues si es habitual que en un Centro de Educación los
alumnos se queden en el patio del recreo por un corto espacio de tiempo después de terminada la jornada lectiva antes de
ser recogidos o trasladarse a sus domicilios, es obligado deducir que los padres cuentan con que hasta entonces están en el
instituto educativo y vigilados por su personal. Superior Tribunal español - Sala I - 29/12/1998
(8) Para enmarcar la temática en la compleja trata social que representa es interesante analizar las causas y orígenes del
que puede derivar
(9) Ver Juzgado de Primera Instancia Número 2 de Vitorio, 1/2/2005, Audiencia Provincial de Valencia del 13/10/2006
(10) Audiencia Provincial de Madrid, 18/12/2008
(11) Colombia. Corte Constitucional. Sentencia T - 442 del 3/6/1992. Magistrado Ponente Eduardo Cifuentes Muñoz
(12) La justicia colombiana resolvió un interesante caso en el que se resalta la tutela preventiva dentro de este marco de
ideas. Una niña de nueve años de edad, estudiante de una escuela pública, decidió no volver a la escuela a estudiar al verse
rechazada por sus compañeros que la llamaban “prostituta” y “enferma de Sida”. Tal idea surgió a raíz del comentario que
hiciera uno de sus compañeros en clase de religión, dado que por sostener la menor una presunta relación amorosa con
otro menor de edad, y por la respuesta que dio la profesora al tratar de explicarle al menor involucrado que si había hecho
el amor con la niña podía estar infectado de Sida. Posteriormente, la profesora afirmó que la niña cuando grande iba a ser
una prostituta, y además prohibió a los demás compañeros de la niña juntarse con ella pues podía contagiarlas de la
enfermedad. Desde ese día los niños no volvieron a jugar con la niña, y ella al verse rechazada se fue llorando para la casa
y decidió no volver a la escuela pues se había generado un ambiente hostil en su contra. La madre de la niña ante tal
situación decide interponer en contra de la maestra acción de tutela para que se le proteja a su hija los derechos a la
igualdad, a la honra y a la enseñanza. Corte Constitucional Colombia. Sentencia T - 337, del 26/7/1995. Magistrado
Ponente Eduardo Cifuentes Muñoz. Ver también en el mismo sentido sentencia T- 293, del 9/6/1998 M.P. (E). Carmenza
Isaza de Gómez, y Sentencia T - 440, del 2/7/1992. M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz emanada del mismo órgano
(13) La Sala aplicó un test, para conocer qué tipo de responsabilidad sería la demandada. En caso de demandar por
conductas de agresión, deberá corroborarse: 1) el acoso a la víctima; 2) el daño físico o psicológico que sufrió el menor; 3)
el nexo causal entre la conducta y el daño. Cuando se demanden omisiones de cuidado a la Institución, se comprobará: 1)
la existencia del bullying; 2) la negligencia de la escuela para responder a la situación; 3) el daño físico o psicológico, y 4)
el nexo causal entre negligencia y daño. Reparación del daño moral. Determinada la responsabilidad civil, se tendrá que
resarcir a la víctima, tomando en consideración su derecho a recibir una “justa indemnización”. En el caso de la víctima, los
parámetros y cuantificación del monto deberán atender: A) El aspecto cualitativo del daño, el cual comprende: 1) el tipo de
derecho o interés lesionado; 2) la existencia del daño; 3) la gravedad de la lesión o daño. B) El aspecto patrimonial o
cuantitativo derivado del daño moral: 1) los gastos devengados derivados del daño moral; 2) los gastos por devengar. En
cuanto a la responsable: 1) su grado de responsabilidad; y 2) su situación económica. Después del análisis del caso en
concreto, de las pruebas periciales tanto en psicología como sociología y de las testimoniales de la familia del menor, la
Primera Sala consideró que se acreditaron conductas de bullying, atribuidas a la profesora. Asimismo, a partir del material
probatorio se advirtió que las labores del Instituto y su personal para frenar el hostigamiento escolar fueron nulas.
Asimismo, se tomaron en consideración las evaluaciones psicológicas y se confirmó el daño causado en el menor, bastó ver
las alteraciones psicoemocionales que repercutieron en sus ámbitos social, afectivo y académico. Es así, como en un hecho
sin precedentes, la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, por unanimidad de cuatro votos, acordó
otorgar el amparo de la justicia a la señora y su menor hijo, quien fue víctima de acoso escolar, incitado y fomentado por su
profesora, y al que no respondió apropiadamente la institución ni el personal docente. Dada la grave afectación a la
dignidad del menor, el alto grado de responsabilidad de los codemandados y atendiendo a la capacidad económica (media)
de la institución, es que los señores Ministros resolvieron condenar a los codemandados a cubrir la cantidad de $
500.000,00 (Quinientos mil pesos 00/100 M.N.) por concepto de “indemnización” por daño moral, así como a observar
diversas recomendaciones para atender el fenómeno de acoso escolar. Afectación que puede calificarse como leve, media o
severa. La gravedad del daño puede calificarse como normal, media o grave. Pueden ser los gastos médicos derivados de
las afectaciones a los sentimientos y psique de la víctima. En este rubro pueden ubicarse posibles daños futuros
(tratamiento médico, terapias psicológicas o ganancias no recibidas, derivadas de la afectación a los derechos y bienes
morales). La intensidad puede ser leve, media y alta. Para ello, deberán ponderarse: el bien puesto en riesgo; el grado de
negligencia y sus agravantes; la importancia social de los deberes incumplidos. La Primera Sala destacó que la resolución,
más que una advertencia, es una invitación para que las instituciones educativas dimensionen el fenómeno y entiendan que
no puede ni debe ser tolerado; que es necesario que las autoridades y los particulares que tienen a los menores bajo su
cuidado, refuercen sus estrategias de atención para proteger a lo más preciado de nuestra sociedad, los niños y las niñas.
Se enfatizó que, es sumamente importante que las instituciones educativas los protejan contra toda forma de perjuicio.
Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación De México, 15/5/2015, resuelto en el Amparo Directo 35/20141,
siendo el ministro ponente Arturo Zaldívar Lelo de Larrea
(14) L. 26892, del 11/9/2013. BO: 4/10/2013
(15) Se dijo que el caso fortuito requiere, para su configuración, la concurrencia de imprevisibilidad e inevitabilidad,
asimismo, necesita que el hecho sea ajeno al establecimiento, elementos que no están reunidos en el sub examine, puesto
que los testimonios acreditan que el comportamiento agresivo del menor atacante no era imprevisible ni inevitable, así
como tampoco el daño se produjo en un medio ajeno al colegio, por el contrario, ocurrió dentro de sus instalaciones y en el
horario del dictado de clases. Por ello, debe confirmarse la responsabilidad atribuida a la demandada (in re “G. R. J.
c/ Babar Bilingual School Dominique Seguin s/daños y perjuicios” - CApel. Civ. - Sala A - 3/7/2009)
(16) La Superintendencia de Seguros de la Nación fue creada por el art. 150 de la L. 11672, reglamentada por el decreto
23350/1939, la cual reglaba la materia hasta el dictado de la L. 20091. Dicho régimen fue modificado, según se dijo, por
adolecer de dos fallas fundamentales: a) carencia de facultades suficientes de la autoridad de control; b) ausencia de un
régimen adecuado de sanciones. Posteriormente, se dictó la L. 20091, “De los Aseguradores y su control” reglamentada por
la resolución 21523/1992 de la Superintendencia de Seguros de la Nación, para regir el ejercicio de la actividad
aseguradora y reaseguradora en todo el territorio de la Nación. Dicha ley contiene un capítulo específico relativo a la
autoridad de control en la materia disponiéndose en su art. 64 que “el control de todos los entes aseguradores se ejerce por
la Superintendencia de Seguros de la Nación...”
(17) Art. 1730 - Caso fortuito. Fuerza mayor. Se considera caso fortuito o fuerza mayor al hecho que no ha podido ser
previsto o que, habiendo sido previsto, no ha podido ser evitado. El caso fortuito o fuerza mayor exime de responsabilidad,
excepto disposición en contrario. Este Código emplea los términos “caso fortuito” y “fuerza mayor” como sinónimos
(18) STS, 1ª, 8.11.1990 (RJ 1990\8534), pronunciada en el denominado “Caso Persán”
(19) Así lo señalo la Corte Constitucional de Colombia en la sentencia T-385, del 1/9/1995. Siendo el M.P. Carlos Gaviria
Díaz. La Corte señaló además que con el estado lamentable en que se encuentra la escuela, no se viene cumpliendo con la
función social que la Constitución asigna a la educación, pues el servicio se viene prestando en condiciones que ponen en
peligro la vida de educandos y educadores, ofenden la dignidad, y ponen en riesgo la salud de esas personas. No se puede
educar a un grupo de niños “...en el respeto a los derechos humanos...”, cuando en el establecimiento donde se pretende
impartirles esa formación, brilla por su ausencia tal respeto. Los padres de los alumnos, estos, y sus profesores tienen
derecho a que las autoridades no les sometan a un riesgo grave para su vida y para su salud, así como tienen derecho a
recibir la educación básica obligatoria en condiciones dignas
(20) de Castro y Bravo, Federico: “La interpretación del negocio jurídico” - Ed. Civitas SA - Madrid - págs. 82 y 83
(21) “Rener, Clorinda Beatriz y otros c/Ludueña, Néstor Fabián y otro s/daños y perjuicios” - SC Bs. As. - 16/9/1997
DARÍO A. VICTTORE(*)

LA RESPONSABILIDAD CIVIL EN EL CÓDIGO CIVIL Y


COMERCIAL DE LA NACIÓN, CON ESPECIAL REFERENCIA A
LOS ESTABLECIMIENTOS EDUCATIVOS

I - PUNTUALIZACIONES PREVIAS
En el presente trabajo, me propongo analizar la responsabilidad civil en el nuevo Código Civil y Comercial de la
Nación (CCyCo.), aprobado por ley 26994, que comenzó a regir el 1/8/2015, por disposición de la ley 27077, con
referencia a los supuestos especiales de responsabilidad y, en particular, a la de los establecimientos educativos.
Metodológicamente, en el CCyCo., la responsabilidad civil es regulada en el Libro III, Título V, Capítulo I, que se
divide en 11 secciones, siendo tratada en los artículos 1708 al 1780. Además, hay diferentes normas especiales de
responsabilidad civil a lo largo del articulado. Por ejemplo, el artículo 1493 refiere a la omisión de preaviso en el
contrato de agencia y el artículo 1243 a la responsabilidad en el contrato de leasing, perdurando tantas otras en los
diferentes microsistemas -ambiental, consumidor, riesgos del trabajo, accidentes de tránsito, accidentes aéreos,
accidentes de la navegación, etc.- y otras normas que cuentan con prescripciones sobre responsabilidad civil y que
siguen vigentes(1). Recordemos que los distintos proyectos de reforma de nuestra legislación de derecho privado
redactados desde 1987 se encaminaron a suprimir los distingos entre la responsabilidad contractual y
extracontractual, criterio que adopta el nuevo CCyCo.
El proceso de constitucionalización del derecho privado se expresa acabadamente en el artículo 1716,
materialización del principio alterum non laedere -o deber de no dañar a otro- y, en sí, de la unificación de los
sistemas de responsabilidad civil contractual y extracontractual, al señalar también que el incumplimiento de una
obligación da lugar a reclamar la reparación del daño. Este deber genérico de no causar daños a otros en su
persona y en sus bienes tiene plena vigencia en el derecho de daños y se fundamenta en el artículo 19 de la
Constitución Nacional (CN).
Por otra parte, el artículo 1717 consagra el presupuesto de antijuridicidad, disponiendo que “cualquier acción u
omisión que cause un daño a otro es antijurídica si no está justificada”. Comprende los actos voluntarios e
involuntarios, regulando una antijuridicidad amplia.
A partir del artículo 1726, en materia de relación causal, el CCyCo. mantiene la clasificación de las consecuencias
inmediatas, mediatas y casuales. En cambio, suprime la categoría de las consecuencias necesarias. Bueres opina,
con acierto, que es atinada esta simplificación, pues la categoría de las consecuencias necesarias ha generado, por
lo menos en la Argentina, diversas confusiones y se han impulsado seis o siete criterios de
interpretación. Asimismo, se mantiene el criterio de la causalidad adecuada.(2)
Lo referido al factor de atribución, al igual que el Proyecto de la Comisión Federal de la Cámara de Diputados de
1993 y el Proyecto de 1998, no incluye una norma consagratoria del principio de la culpa como lo hace
elartículo 1109 del Código Civil (CC). Por ello, el artículo 1721, refiriéndose a la atribución de un daño al
responsable, puede basarse en factores objetivos o subjetivos. En ausencia de normativa, el factor de atribución es
la culpa(3). Los Fundamentos de la Comisión Redactora del CCyCo.(4) son claros al explicar que no hay una jerarquía
ordenada legalmente entre ellos, pero no se puede ignorar que en la práctica jurisprudencial la mayor parte de los
casos son en relación a factores de atribución objetivos, y por ello son regulados en primer lugar. Así, la culpa
resulta ser un factor de atribución residual.
En cuanto al daño resarcible, la lesión a un derecho o a un interés no reprobado por el ordenamiento -
jurídicamente protegido- es su basamento (art. 1737), que permite poner en marcha el mecanismo resarcitorio así
como las tutelas inhibitorias y restitutorias. El artículo 1738 reseña que la indemnización comprende las pérdidas del
patrimonio de la víctima, el lucro cesante y las chances. Incluye muy especialmente las consecuencias de la
violación a derechos personalísimos de la víctima, de su integridad personal, su salud psicofísica, sus afecciones
espirituales legítimas y las que quebranten su proyecto de vida. A renglón seguido, el artículo 1740 señala que la
reparación del daño debe ser plena. Puntualiza Bueres, amén de críticas que formula al articulado, que es acertado
que se apunte al interés como núcleo de la tutela jurídica y que se entienda que el daño se indemniza por las
secuelas, por las consecuencias. No existe la posibilidad de resarcir objetivamente un perjuicio por la sola actividad
dañosa. Esto reconduce fácilmente a la idea de que habrá dos categorías de daños: el patrimonial y el
extrapatrimonial (o moral)(5). Lo que se repara es el daño sufrido injustamente, plena e integralmente (art. 1740).
Concluyendo, en el régimen de la nueva legislación se ha receptado importantes cambios, además de
la unificación de los sistemas de la responsabilidad contractual y la extracontractual(6), que son reguladas
conjuntamente -por ser el fenómeno resarcitorio inseparable o unitario, centrado en el daño-, siendo los más
destacados: se estableció expresamente las funciones preventiva, resarcitoria y las sanciones pecuniarias
disuasorias, amén de regular el deber de prevención; se dispone las causales de justificación que suprimen la
ilicitud de una conducta que ha ocasionado un daño; sistematiza la temática de la asunción de riesgos -hasta ahora,
de tratamiento doctrinario y jurisprudencial-; consagra expresamente la responsabilidad civil contractual objetiva en
las obligaciones de resultado; precisa una regla general en materia de extensión del resarcimiento, siendo
indemnizables las consecuencias inmediatas y las mediatas previsibles; determina como regla general que los
factores de atribución y las eximentes de responsabilidad deben ser probados por quien los alega y, como
excepción, permite a los jueces aplicar la teoría de las cargas probatorias dinámicas; equipara el dolo al dolo
eventual; en caso de graves incapacidades, la legitimación para reclamar indemnización por daño moral la extiende
no solo al damnificado directo, sino también a los ascendientes, descendientes, cónyuge y quienes conviven con
aquel y reciben un ostensible trato familiar; establece un método de cálculo para el caso de incapacidades
permanentes, sean físicas o psíquicas; la pérdida de chance es dispuesta expresamente como daño indemnizable;
contempla la responsabilidad contractual por el hecho del tercero que se introduce en el cumplimiento de la
obligación; establece la responsabilidad objetiva en materia de actividades riesgosas, excluyéndola expresamente
en el caso de profesionales; define al guardián de la cosa riesgosa o viciosa; reduce los plazos genéricos de
prescripción liberatoria a cinco años, y para las acciones por responsabilidad civil dispone que prescriben a los tres
años; reduce el plazo de la suspensión de la prescripción por interpelación a seis meses; se contempla la mediación
como supuesto de suspensión de la prescripción y se instituye que el reclamo administrativo, cuando es obligatorio,
la interrumpe; regula en detalle la responsabilidad colectiva, tanto la general como aquella que proviene de un
grupo de riesgo; por último, en lo concerniente a la responsabilidad del Estado y los funcionarios públicos, se
establece la aplicación de normas y principios de derecho administrativo.(7)
Un capítulo aparte merece la supresión por parte del Poder Ejecutivo Nacional (PEN) de la Sección 5 del
Anteproyecto, que contemplaba los daños a los derechos de incidencia colectiva (art. 1745, Anteproyecto elaborado
por la Comisión), los daños a los derechos individuales homogéneos (art. 1746), con sus presupuestos de
admisibilidad (art. 1747) y los alcances de la sentencia (art. 1748). Recordemos que todos ellos estaban
estrechamente vinculados a la protección ambiental. Merecidas críticas de la doctrina han recaído sobre esta
decisión del PEN. Así, se sostuvo que “quitó el carácter de completitud que tiene que tener este cuerpo normativo ...
quitó así al Código unidad, coherencia y sistematización, que es el objetivo central de la codificación ... La inclusión
del sistema de responsabilidad por daño a los derechos de incidencia colectiva vinculados con la protección del
ambiente en el CC hubiera permitido su cumplimiento igualitario y hubiera logrado que los jueces puedan ejercer su
función adecuadamente sin balancear la justicia hacia los sectores del privilegio y el poder, frenando la arbitrariedad
del Poder Administrador, incorporando así al derecho vivo, surgido de la propia realidad argentina, aquel derecho
real que anhela la sociedad argentina”.(8)
En los Fundamentos de la Comisión Redactora, se expresa que es menester que “los operadores jurídicos tengan
guías para decidir en un sistema de fuentes complejo, en el que, frecuentemente, debe recurrirse a un diálogo de
fuentes, y a la utilización no solo de reglas, sino también de principios y valores. En el sistema jurídico argentino
vigente no hay un dispositivo que fije reglas generales respecto de las fuentes ni en relación a la interpretación de
estas”. Por ejemplo, en el Título de los contratos de consumo dice que “en el campo de la interpretación, se
establece un ‘dialogo de fuentes’ de manera que el Código recupera una centralidad para iluminar a las demás
fuentes”(9). Ese diálogo de fuentes, sostiene Sagarna, debe ser entre la CN, los tratados incorporados al
ordenamiento jurídico -en especial los de derechos humanos- y todas las normas inferiores, como así también un
ida y vuelta entre las distintas normas del propio Código(10). Más aún, añaden los Fundamentos de la Comisión que
“la interpretación debe recurrir a todo el sistema de fuentes. Así, se alude a la necesidad de procurar interpretar la
ley conforme con la CN y los tratados en que el país sea parte, que impone la regla de no declarar la invalidez de
una disposición legislativa si esta puede ser interpretada cuando menos en dos sentidos posibles, siendo uno de
ellos conforme con la Constitución”. Por ello, la responsabilidad civil no deberá aislarse de ese cruce de normas que
tienen por centro a la “persona humana”(11), ya que, como enseña el doctor Ciuro Caldani, “lo relevante a tener
como meta del conocimiento jurídico es la vida humana, cuyo concepto puede discutirse, pero constituye una
realidad que vale reconocer en todos los despliegues a nuestro alcance”.(12)

II - LOS SUPUESTOS ESPECIALES DE RESPONSABILIDAD EN EL CÓDIGO


CIVIL Y COMERCIAL
En la Sección 9 se trata los “Supuestos especiales de responsabilidad”, a partir del artículo 1763 y hasta el
artículo 1771 inclusive, comprendiendo: la responsabilidad de la persona jurídica (art. 1763), la inaplicabilidad
directa ni subsidiaria de las normas de responsabilidad civil del CCyCo. al Estado (art. 1764), la aplicación de
normas y principios de derecho administrativo a la responsabilidad del Estado y los funcionarios públicos(13) (arts.
1765 y 1766), la responsabilidad de los establecimientos educativos (art. 1767) -tema del que nos ocuparemos
seguidamente-, la responsabilidad por la actividad de los profesionales liberales (art. 1768), la aplicación de la
responsabilidad derivada de la intervención de cosas a los daños causados por accidentes de tránsito (art. 1769),
la protección de la vida privada (art. 1770) y la acusación calumniosa (art. 1771).
Asimismo, en la Sección 6 “Responsabilidad por el hecho de terceros”, legisla acerca de la responsabilidad
principal por el hecho del dependiente (art. 1753), la responsabilidad de los padres por los daños causados por sus
hijos (arts. 1754 y 1755) y la responsabilidad civil de otras personas encargadas de la vigilancia de terceros (art.
1756). A continuación, en la Sección 7 “Responsabilidad derivada de la intervención de cosas y de ciertas
actividades” contiene tres artículos (del art. 1757 al 1759 inclusive), al igual que la “Responsabilidad colectiva y
anónima” de la Sección 8, contenida en tres normas que van del artículo 1760 al artículo 1762.

III - ACERCA DE LA EVOLUCIÓN DE LA RESPONSABILIDAD CIVIL DE LOS


ESTABLECIMIENTOS EDUCATIVOS
Los primeros pasos conducentes a desplazar la responsabilidad del docente por los daños que sufran o causen
los alumnos de establecimientos educativos hacia la órbita objetiva la encontramos en el derecho comparado. El
primer antecedente sucedió en Francia con el caso “Leblanc”(14). Posteriormente, en otro pronunciamiento que
conmocionó a la opinión pública, el Tribunal de Guéret y la Corte de Limoges negaron convenir la ausencia de culpa
de un maestro(15). Por ese entonces, el Código de Napoleón, en su artículo 1384, cuarto párrafo, disponía que “los
maestros y los artesanos (son responsables) del daño causado por sus alumnos y aprendices durante el tiempo que
ellos estén bajo su vigilancia”(16). Luego del caso “Leblanc”, el 20/7/1899, se modificó el artículo 1384 del CC
francés supliendo la responsabilidad de los maestros de los establecimientos educativos públicos por la del Estado,
continuando vigente el régimen para los docentes de establecimientos privados. Finalmente, la reforma del
5/4/1937 suprimió de manera absoluta la presunción del artículo 1384 y a juicio de Le Tourneau-Cadiet “los
educadores públicos no son más verdaderamente responsables por el hecho de otro (los daños causados por los
niños, que están a su cargo), porque a la víctima se le ha retirado el derecho de accionar contra ellos ... el Estado
los ha sustituido: este es el verdadero responsable por el hecho de otro...”(17). En España, por su parte, el factor de
atribución continúa siendo el subjetivo(18). Dice Hersalis que “la principal innovación consiste en que la
responsabilidad civil por los daños causados por los alumnos menores de edad se traslada de los docentes a los
titulares de los centros educativos, en unión a una mayor concreción de las circunstancias en que pueden producirse
los daños y en la incorporación del derecho de regreso de los titulares de centros educativos respecto de los
profesores, en el caso de dolo o culpa grave”.(19)
En nuestro país, el CC de Vélez siguió en idéntico sentido al articulado del CC francés y al Esbozo de Freitas
(en este último, eran responsables los maestros y los directores de colegio u oficinas, los primeros sobre todo
cuando los alumnos se encontraban bajo la vigilancia directa del maestro del colegio). Rezaba el artículo 1117
del CC aprobado en 1869: “Lo establecido sobre los padres rige respecto de los tutores y curadores, por los hechos
de las personas que están a su cargo. Rige igualmente respecto de los directores de colegios, maestros artesanos,
por el daño causado por sus alumnos o aprendices, mayores de diez años, y serán exentos de toda responsabilidad
si probaren que no pudieron impedir el daño con la autoridad que su calidad les confería, y con el cuidado que era
de su deber poner”(20). Así, se identificaba la responsabilidad del alumno mayor de diez años, que obraba con
discernimiento y por tanto su responsabilidad era directa; y la responsabilidad del director o del maestro artesano,
bajo cuyo cuidado y autoridad se encontraba el alumno al momento de llevar adelante el hecho dañoso, recayendo
sobre los primeros una responsabilidad indirecta o “refleja”. A su vez, el codificador no distinguió entre educación
pública de gestión estatal o privada ni nivel de enseñanza -sea inicial, primario, secundario, terciario, etc.- ni
orientación -comercial, industrial, normal, etc.-, sino que solo pretendió que se mantenga la disciplina del grupo.
Basta solo recordar la orientación sarmientina de la educación (y de la escuela) y de las normas sancionadas en el
país bajo su gobierno.(21)
Los cambios que ha experimentado el sistema de enseñanza en nuestro país desde la sanción del Código Civil
provocaron que el Congreso de la Nación sancionara la ley 24830 en el año 1997, que modifica sustancialmente la
redacción del artículo 1117, siendo hasta la entrada en vigencia del CCyCo. la siguiente: “Los propietarios de
establecimientos educativos privados o estatales serán responsables por los daños causados o sufridos por sus
alumnos menores cuando se hallen bajo el control de la autoridad educativa, salvo que se probare el caso fortuito.
Los establecimientos educativos deberán contratar un seguro de responsabilidad civil. A tales efectos las
autoridades jurisdiccionales, dispondrán las medidas para el cumplimiento de la obligación precedente. La presente
norma no se aplicará a los establecimientos de nivel terciario o universitario”. Se observa un desplazamiento de la
legitimación pasiva de los directores de colegio y maestros artesanos -liberándolos de la presunción de culpa de
Vélez Sarsfield- a los propietarios de los establecimientos educativos, con fundamento en un factor objetivo de
atribución de la responsabilidad, quedando asimismo comprendidos en la norma tanto los daños causados como los
sufridos por alumnos menores de edad dentro del ámbito de actividades desarrolladas en el establecimiento, e
imponiendo la contratación de un seguro obligatorio. Culmina excluyendo de la regulación a los institutos terciarios
y universitarios.

IV - LA RESPONSABILIDAD CIVIL DE LOS ESTABLECIMIENTOS EDUCATIVOS


EN EL CÓDIGO CIVIL Y COMERCIAL
Sin dudas, la modificación del régimen de la culpa presumida en el artículo 1117 en su redacción original al
régimen de responsabilidad objetiva introducido por la reforma de la ley 24830, en el que la única eximente es el
caso fortuito, se ha sustentado, como dice Boretto, en el “riesgo educativo” (con todos sus condimentos de peligro,
riesgo, vigilancia y contralor) que asume el titular del establecimiento educativo por el servicio que presta.
Eneste sentido, la judicatura señaló que “el factor de atribución de responsabilidad objetivo que impera en el
artículo 1117 del CC lleva a presumir legalmente la relación causal eficiente entre el riesgo creado por la actividad
colegial a cargo del Estado y el daño, por lo cual, para exonerarse de responsabilidad, es este último quien debe
acreditar la ruptura del nexo causal supuesta por el ordenamiento jurídico en la norma citada”(22). Por ello, el factor
de atribución objetivo norma un supuesto específico de responsabilidad sustentado en el riesgo de la actividad y en
el incumplimiento del deber de seguridad(23). Este sistema de responsabilidad objetiva torna infecundo individualizar
al autor del daño, siendo solamente requisito esencial que el mismo se produzca cuando el educando esté bajo el
control y la supervisión de la autoridad educativa. Así, el establecimiento no puede liberarse probando, por ejemplo,
la culpa de un tercero, por carecer de relevancia, atento al factor de atribución normado y a la imposición de la
obligatoriedad de la contratación de un seguro. Por ello, el legitimado pasivo es el propietario o titular del
establecimiento educativo al que concurre el alumno dañado o dañino.
No obstante, no se encuentran exceptuados los directivos o maestros, quienes también pueden ser
responsabilizados en forma directa si se demuestra su dolo o culpa y, en tal caso, deberán reparar el daño causado
de acuerdo a los principios generales de responsabilidad civil subjetiva (arts. 512 y 1109, CC) (24). Así, se ha
resuelto responsabilizar a reparar los daños y perjuicios al docente a cargo de la clase “durante la cual un menor
sufrió un accidente -en el caso, un compañero le arrojó un trozo de fórmica en el ojo-, si las pautas de orden,
vigilancia y trabajo incentivado dentro del aula no eran las adecuadas y suficientes” e incluso a la directora del
establecimiento educativo por omitir “adoptar los arbitrios necesarios tendientes a neutralizar cualquier peligro que
eventualmente pudiera generar la situación de deterioro del mobiliario”.(25)
Ahora bien, en el CCyCo. el artículo 1767 regula la responsabilidad de los establecimientos educativos en la
Sección 9 como un supuesto especial de responsabilidad. No altera en su esencia el régimen normado por la
ley24830, pero sí juega un papel preponderante en la actividad educativa la unificación de los regímenes de
responsabilidad contractual y extracontractual, ya que si bien, aunque permanezcan distinciones excepcionales
propias de cada sistema, sí hay determinados supuestos de educación que se regulan a través de un “contrato de
enseñanza”, cuya atipicidad por falta de regulación continúa en el CCyCo., más allá de que le serán aplicables las
disposiciones referidas a los contratos(26) (arts. 957 y ss.) y, para un importante sector de la doctrina, la ley
24240 de defensa del consumidor(27). Destacada jurisprudencia así lo ha entendido al resolver un caso en el que
varios niños contrajeron el síndrome urémico hemolítico en una pileta de natación de un establecimiento educativo
privado cuya agua estaba contaminada y a raíz de ello se inició acción de daños, condenando en primera instancia a
la sociedad titular del colegio y a los socios integrantes del ente; al ser apelado el decisorio, la Cámara de
Apelaciones liberó de responsabilidad a estos últimos y elevó el monto de condena, señalando que “la sociedad que
explota un establecimiento educativo es responsable por la enfermedad contagiosa que varios niños contrajeron en
una pileta de natación con agua contaminada ubicada en sus instalaciones -en el caso, síndrome urémico
hemolítico-, pues la sola existencia de un daño sufrido dentro del ámbito de esa relación de consumo alcanza para
tener por configurado un incumplimiento de la obligación de seguridad que estaba a su cargo, máxime cuando, al
tratarse de menores, la protección de la parte más débil se ve acentuada”.(28)
A su vez, con la unificación de los regímenes de responsabilidad civil en el CCyCo., no podremos determinar si se
trata de una responsabilidad contractual o extracontractual del establecimiento educativo ante daños causados o
sufridos por alumnos menores de edad. Acaecido el hecho dañoso, no será determinante si un alumno dañó a otro,
o lo causó personal del establecimiento o un tercero extraño al mismo, ya que estaremos hablando de la
responsabilidad civil del establecimiento educativo que deriva de la ley, es ex lege, esté o no perfeccionado un
contrato de enseñanza o de prestación de servicios educativos. Más aún, si el menor fallece por los daños
padecidos, será una responsabilidad civil nacida de la ley y no ex contractus, ya que el deber de seguridad al
alumno no nace del contrato sino de la norma que lo impone, más allá del acuerdo entre los contratantes. Agrega
Sagarna: “...en el mismo sentido si el perjuicio lo sufre alguien distinto al propio alumno pero fue causado por este,
puesto que si el daño es originado por un dependiente del principal se regulará el infortunio por las normas
específicas previstas en el Código para tal eventualidad (arts. 732 y 1753)”.(29)
Clarificadas esas cuestiones, ahora sí analizaremos la normativa del nuevo texto legal. El texto
del artículo 1767 del CCyCo. prescribe: “Responsabilidad de los establecimientos educativos. El titular de un
establecimiento educativo responde por el daño causado o sufrido por sus alumnos menores de edad cuando se
hallen o deban hallarse bajo el control de la autoridad escolar. La responsabilidad es objetiva y se exime solo con la
prueba del caso fortuito. El establecimiento educativo debe contratar un seguro de responsabilidad civil, de acuerdo
a los requisitos que fije la autoridad en materia aseguradora. Esta norma no se aplica a los establecimientos de
educación superior o universitaria”.
Corresponde, en primer término, especificar el ámbito de aplicación de la norma en cuestión y quién es el
legitimado pasivo. El artículo 1767 refiere a “establecimiento educativo”, excluyendo de su campo de acción a
los“establecimientos de educación superior o universitaria” (art. 1767, último párr.). Como observa un importante
sector de la doctrina, no todos los establecimientos educativos están comprendidos en el
mencionado artículo1767 del CCyCo., sino aquellos cuya actividad encuadra en el marco de la ley 26206 de
educación nacional, que “regula el ejercicio del derecho de enseñar y aprender consagrado por el artículo 14 de la
CN y los tratados internacionales incorporados a ella, conforme con las atribuciones conferidas al Honorable
Congreso de la Nación en el artículo 75, incisos 17), 18) y 19), y de acuerdo con los principios que allí se establecen
y los que en esta ley se determinan”, y a todos aquellos institutos de enseñanza que mediante las normas
provinciales y municipales se incorporen a su propio régimen educativo si es que no adhirieron al sistema educativo
nacional, sean de gestión pública o privada. Así es que el primer párrafo del artículo 1767 del CCyCo. señala a la
“autoridad escolar”, variando lo prescripto en el artículo 1117 de la reforma de la ley 24830 que señalaba a la
“autoridad educativa”, por ser este último un término más amplio y genérico que “escolar”, en tanto este sí refiere
específicamente a la “escuela”. Por ello es que otro tipo de establecimientos, como una academia de idiomas o
música, un gimnasio o una colonia de vacaciones, están excluidos del ámbito de aplicación del régimen
del artículo 1767 del CCyCo., no siendo para ellos obligatorio contratar el seguro de responsabilidad civil y pudiendo
probar otros eximentes de responsabilidad, además del caso fortuito, tales como hecho de la víctima -art.
1729, CCyCo.-, caso fortuito -art. 1730, CCyCo.- o hecho del tercero por quien no se debe responder -art.
1731, CCyCo.-. Por ello, se les aplica la responsabilidad objetiva genérica contenida en
el artículo 1723 del CCyCo.(30) y el supuesto especial del artículo 1767 del CCyCo.
Otra cuestión a analizar no menos relevante es la referencia que el artículo 1767 hace a “establecimiento
educativo”, suprimiendo el distingo entre privados o estatales, por lo que no hay lugar a dubitaciones acerca de que
se aplica a todos ellos. A su vez, ahora el CCyCo. responsabiliza al “titular” del establecimiento, cuando el régimen
del CC lo hacía con los “propietarios”. Recordemos que la doctrina entendió que, en estos casos, el legitimado
pasivo era “quien estaba a cargo de la organización del colegio y no quien tenía el dominio del inmueble, para quien
rigen los artículos 1757 y 1758 del CCyCo.”. Ahora, “titular” es quien asume el deber de seguridad como obligación
de resultado frente a los alumnos y a terceros por los daños sufridos o causados (31). Vale aclarar que la doctrina se
ha inclinado, al analizar la reforma de la ley 24830, a considerar que el término “propietario” no refiere a quien
resulta ser dueño del inmueble; por ende, al variar ese término por el de “titular”, la intención del legislador es
responsabilizar al organizador del establecimiento y de la actividad educativa, no al dueño del inmueble que lo da en
locación para que en él se preste el servicio educativo.(32)
La técnica legislativa empleada por los codificadores es precisa al regular, en el último párrafo, que "esta norma
no se aplica a los establecimientos de educación superior o universitaria". En los Fundamentos de la Comisión
Redactora del CCyCo. se sostiene que “en cuanto a educación superior y universitaria, ya no puede predicarse que
exista un deber de cuidado similar al de los otros establecimientos”. Por último, el artículo 1767 del CCyCo. no
regula la responsabilidad civil de los directivos, docentes y personal del establecimiento educativo, encontrándose la
misma regida por las normas generales de la responsabilidad civil (arts. 1749 y concs., CCyCo.).
Restará aún por resolver los supuestos de responsabilidad por daños sufridos o causados por niños de
establecimientos educativos de gestión estatal, atento a la exclusión de la responsabilidad de los artículos 1764 y
1765del CCyCo.(33)
En cuanto al factor objetivo de la responsabilidad, que se menciona expresamente al final del primer párrafo
del artículo 1767, la culpa del agente es irrelevante (cfr. art. 1722), toda vez que el titular del establecimiento
compromete un deber de seguridad para con el alumno cuando se halle o deba hallarse bajo el control de la
autoridad escolar, de manera que se obliga a mantener indemne al alumno o a quien este cause un daño,
respondiendo por las consecuencias dañosas del mismo, pudiendo liberarse solo con la prueba del caso fortuito.
El artículo 1723 CCyCo. señala que hay responsabilidad objetiva cuando “el deudor debe obtener un resultado
determinado”, deber de garantía que asume el titular del establecimiento con el alumno y hacia
quienes este pudiese dañar. La jurisprudencia es clara, al fallar que “es de resultado la obligación de seguridad que
tienen los establecimientos educativos respecto de sus alumnos, quienes deben salir del lugar en perfectas
condiciones físicas y morales -en el caso, un niño de preescolar sufrió fracturas al caer al piso cuando se retiraba del
campo de deportes-, pues los representantes legales no deben asumir los riesgos que suelen presentarse cuando
colocan a sus representados en un establecimiento escolar”.(34)

V - REQUISITOS DE LA RESPONSABILIDAD CIVIL

La norma en cuestión exige la presencia de determinados requisitos para activar el mecanismo resarcitorio
previsto en el artículo 1767 del CCyCo.
En primer lugar, con la unificación de la responsabilidad contractual y extracontractual,
el artículo 1767 del CCyCo. abarca tanto a los daños que el alumno causa a otro (tercero ajeno o no al sistema
educativo) y a los daños sufridos por el alumno. Así, puede ser dañado otro alumno de la institución educativa, un
docente u otro personal o terceros extraños, pudiendo encontrarse dentro o fuera del establecimiento; es requisito
esencial que se haya encontrado o debía hallarse bajo el control de la autoridad educativa.
Incluso, puede acontecer que el daño sea causado con culpa -art. 1724, CCyCo.- del alumno menor de edad
pero mayor de 10 años o ser causado por un niño menor de 10 años, en cuyo supuesto el acto será involuntario -
art. 216, CCyCo.- o el menor de edad estar privado de la razón [art. 261, inc. a), CCyCo.: acto involuntario del
privado de la razón al momento de cometer el ilícito], pero su hecho podrá resultar objetivamente antijurídico.
Agrega Sagarna que, si el daño es sufrido por el alumno por una actividad riesgosa, “pueden aplicarse los
artículos 1757 y 1758 del CCyCo., pero en este caso la legitimación pasiva es contra quien realiza, se sirve u
obtiene provecho de ella, siendo tres en este supuesto las eximentes -arts. 1729, 1730 y 1731-”(35). Atento a la
previsión del artículo 1737 del CCyCo., el daño causado o sufrido puede ser en la persona o en el patrimonio del
alumno o del tercero.
Recordemos que, en lo referido a daños sufridos por terceros en actividades escolares, prestigiosa jurisprudencia
entendía, durante la vigencia del CC, que dichos daños se encontraban abarcados en la esfera de responsabilidad
extracontractual del artículo 1113, segunda parte. Así, por ejemplo, la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil,
Sala G, en el decisorio “Castro, Mabel Haydée c/Asociación Católica Irlandesa (colegio Mons. Dillon)”, en el que la
madre de dos alumnos de una institución educativa sufrió la fractura de tibia y peroné al caer mientras participaba
de un juego en una fiesta escolar que era celebrada en un campo de deportes, revocó la sentencia de primera
instancia, resolviendo que “la asociación que regentea un colegio no es responsable por los daños sufridos por la
madre de un alumno, que se lesionó al participar de una actividad lúdica en una fiesta escolar, pues no se acreditó y
nada autoriza a suponerlo que el juego era riesgoso, tampoco se le atribuyó algún tipo de vicio a sus componentes -
en el caso, era un arnés con un elástico amarrado con estacas- ni a objeto alguno que haya tenido contacto con el
cuerpo de la víctima o vinculación con el accidente ... la responsabilidad de un colegio por los daños sufridos por el
padre de uno de sus alumnos, que se lesionó al participar de un juego en una fiesta escolar, debe evaluarse bajo la
esfera extracontractual estipulada en el artículo 1113, segunda parte, del CC, pues el artículo 1117 reglamenta la
responsabilidad de los propietarios de establecimientos educativos privados o estatales solo por los perjuicios
causados o sufridos por estudiantes menores cuando se hallen bajo su control” (del voto de la Dra. Areán).(36)
Seguidamente, es condición esencial para que se responsabilice objetivamente al titular del establecimiento
educativo que el alumno que cause el daño o sufra el perjuicio sea menor de edad al momento que se produce el
hecho dañoso. Por ello, carece de relevancia que quien sufrió el daño sea mayor o menor de edad, personal del
establecimiento, alumno o un tercero ajeno, o sea un daño a la propiedad, sino que basta que lo haya causado un
alumno menor de edad. Por otra parte, si el daño es causado por un tercero o por otro alumno -así este sea mayor
de edad- se requiere que la víctima sea alumno menor de edad.
Aquí, pueden plantearse inconvenientes por las altas tasas de repitencia en la educación secundaria, que
provoca que finalicen sus estudios alumnos siendo ya mayores de edad y compartan las aulas con otros que son
menores de edad, así como también los daños que sucedan en el marco de la educación para adultos (EEMPA),
aunque creemos que en este último supuesto no regirá la responsabilidad objetiva del artículo 1767 del CCyCo.
El fundamento de la norma radica en que el titular del establecimiento responderá si un alumno del colegio daña
a otro, garantizando al mismo tiempo responder por daños sufridos por ese alumno menor de edad.
Asimismo, otra de las exigencias de la norma es que el alumno menor de edad que causó o sufrió el daño se
halle o deba hallarse bajo control de la autoridad educativa, esto es que se encuentre bajo la vigilancia del
establecimiento educativo. Dice Sagarna que “El hallarse bajo el control de la autoridad escolar significa la
posibilidad material de controlar al alumno, así no podrá ejercer esa vigilancia hacia aquellos alumnos ausentes, por
lo que mal podría atribuirse una responsabilidad y menos objetiva como la del artículo 1767 del CCyCo.”(37). Al
respecto, la jurisprudencia señaló que “El instituto educativo demandado resulta responsable ante los daños y
perjuicios padecidos por un alumno que sufrió fracturas al ser empujado por uno de sus compañeros en una clase
de educación física pues, siendo que el hecho aconteció dentro de sus instalaciones y mientras el estudiante se
encontraba a cargo de docentes, tanto su cuidado como la vigilancia del agresor se encontraba en cabeza del
colegio, en tanto la obligación asumida por este contempla no solo la de educar sino también un indudable deber de
seguridad”.(38)
El agregado referido a que los alumnos “deban hallarse bajo el control de la autoridad educativa”, que no lo
encontramos en el artículo 1117 del CC reformado por la ley 24830 simboliza que la obligación de seguridad de la
institución y, por ende, la responsabilidad objetiva se extiende a los casos en que un alumno se ha retirado del
establecimiento antes de la finalización normal y habitual de la jornada escolar sin autorización de sus progenitores
o escapó de la escuela luego de haber ingresado saliendo del control de la autoridad escolar o se le impidió el
ingreso al establecimiento. Así lo resolvió en una resonante sentencia el Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo
Civil Nº 3, al fallar el caso de un menor de edad que se presentó en el polideportivo del establecimiento educacional
al que asistía con el fin de concurrir a la clase de educación física pero, debido a que ese día se suspendió la
actividad, el personal de seguridad del predio le impidió el ingreso. Luego de dirigirse con sus compañeros a un
terreno ubicado a la vera de las vías ferroviarias, el chico murió al ser arrollado por un tren. Sus padres
demandaron por daños al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, al tratarse de una escuela pública. La sentencia
de primera instancia condenó a la demandada y a la aseguradora al pago de una indemnización, fundado en que “la
escuela demandada y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires del cual aquella depende, deben responder por la
muerte de un alumno que fue arrollado por un tren cuando se encontraba junto a sus compañeros en un terreno
ubicado a la vera de las vías, pues al momento de ocurrir el hecho, el menor debía estar bajo el control y la
responsabilidad del personal del establecimiento educativo, lo que no ocurrió por habérsele impedido el acceso al
predio donde debía tomar clases de educación física, incumpliéndose de ese modo el deber de seguridad que
conlleva la obligación de enseñanza” y responsabilizando a la aseguradora a responder por la muerte del alumno
arrollado por el tren, “pues, si bien el ámbito espacial de la cobertura está limitado al ‘área educativa’, el hecho por
el cual se endilga responsabilidad a la parte demandada -haberle denegado el acceso al predio donde debía tomar
clases de educación física-, ocurrió dentro del área afectada por la escuela para desarrollar las clases”.(39)
Párrafo aparte merecen los daños ocasionados o sufridos por los alumnos a la entrada o salida de la jornada
escolar. Aquí, la jurisprudencia ha sido proclive a extender la responsabilidad del establecimiento educativo,
particularmente en los casos en que los automóviles que circulan frente al establecimiento embisten a algún
alumno. Así, se ha resuelto que “el establecimiento educativo demandado es responsable por los daños que sufrió
un alumno al ser embestido por un automóvil al momento de la salida de la escuela, pues si bien dicho siniestro
ocurrió fuera del ámbito del establecimiento, no había transcurrido un considerable lapso de tiempo desde el horario
de salida, lo cual lo obligaba a los docentes ejercer la guarda efectiva sobre los alumnos durante ese período”, pero
determinando la existencia de responsabilidad concurrente entre el conductor del automóvil y el alumno menor de
edad al señalar que “corresponde atribuir responsabilidad concurrente por los daños y perjuicios derivados de un
accidente de tránsito al menor y al conductor del automóvil que lo embistió a la salida del establecimiento
educativo, pues si bien el menor cruzó la calle corriendo de manera imprevista, el automovilista no extremó los
recaudos para conservar el dominio del rodado en una zona escolar ante la eventual salida de alumnos”.(40)
A continuación, el artículo 1767 del CCyCo. refiere a establecimiento educativo, sin distinguir si la gestión es
pública y privada; por tal, nos parece -como señalásemos más arriba- que abarca a todas las instituciones
educativas, con exclusión de las terciarias y universitarias; salvo los colegios cuyo titular sea el Estado Nacional -
vgr., los dependientes de las Universidades Nacionales- que, entendemos, se encuentran abarcados en el régimen
de la ley 26944 de responsabilidad del Estado y excluidos del régimen del CCyCo.
Amén de ello, la norma se aplica a los establecimientos educativos de gestión pública y privada incluidos dentro
del sistema educativo nacional, quedando excluidas aquellas instituciones que desarrollan sus actividades bajo otros
modelos de enseñanza, como una academia de idiomas o un centro de día.
Sin embargo, por ejemplo, en la Provincia de Santa Fe, los establecimientos educativos de gestión estatal
cuentan con una cobertura de seguro de responsabilidad civil “ante casos de accidentes sufridos por alumnos de los
distintos establecimientos escolares de gestión oficial de la Provincia, cualquiera fuese su nivel y modalidad ... el
tipo de seguro contratado es, tal como obliga el CC, de responsabilidad civil, lo cual significa que su finalidad es
tener indemne patrimonialmente a los asegurados ante posibles reclamos económicos por daños que puedan sufrir
alumnos con motivo de accidentes incluidos en la cobertura del seguro”(41). Sin embargo, cuando trata el alcance de
la cobertura, dice que “comprenden a los accidentes que sufran los alumnos de los establecimientos escolares,
cualquiera fuere su nivel o modalidad (inicial, primario, secundario, terciario, especial, adultos, no formal) así como
también la edad de los mismos, ya sea mientras los alumnos estén dentro del establecimiento como cuando
estuviesen fuera del mismo pero a cargo de las autoridades escolares. Se considera ‘establecimientos’ a aquellos
ámbitos físicos definidos como tales por la normativa (escuelas, CEF, CER, etc.) ... Hechos excluidos de la
cobertura: accidentes sufridos por alumnos fuera del establecimiento escolar cuando no se encuentren a cargo de
personal escolar (en la vía pública durante el trayecto hasta ingresar al establecimiento, cuando va de regreso a su
hogar, cuando el alumno salió del establecimiento durante la jornada sin autorización del personal escolar, etc.).
Accidentes causados ‘intencionalmente’ por los alumnos afectados. Accidentes sufridos por el personal escolar, ya
que este caso se trata de un accidente de trabajo y, por lo tanto, tiene su propio régimen de cobertura. Accidentes
sufridos por otras personas que no sean alumnos ni personal escolar”(42). Esta cobertura pareciera no cumplir los
requerimientos del artículo 1767 del CCyCo., al prescindir responder, por ejemplo, por los daños causados por los
alumnos -nótese que solo menciona a los daños que sufran- así como aquellos que sufra el personal pero que
pudiesen haber sido causados por alumnos. Interrogantes plantea la expresión “accidentes causados
intencionalmente por los alumnos afectados” y otros supuestos -vgr., que el alumno se retire de la escuela sin
autorización de sus padres durante la jornada escolar- en los que, tradicionalmente, la jurisprudencia ha
responsabilizado al establecimiento.
Con respecto a la eximente de responsabilidad, al igual que el artículo 1117 del CC, el CCyCo. prevé que el
titular del establecimiento educativo se exima de ella solo acreditando el caso fortuito. Se ha debatido si la
existencia de culpa de la víctima o de un tercero por el que no se deba responder libera al titular del
establecimiento. Sin embargo, la jurisprudencia mayoritariamente se inclinó por liberar de responsabilidad civil al
titular del establecimiento educativo solo si probaba el caso fortuito(43). Agrega la doctrina que se liberaba al titular
del establecimiento educativo “solo si demostraba el protagonismo causal en el evento del caso fortuito y por más
que ese organizador de la educación probase la intervención fáctica total o parcial de la culpa de la víctima o de un
tercero por quien no debía responder, no se lo liberaba de responsabilidad civil”.(44)
Extensos han sido los debates acerca de la configuración de la eximente del caso fortuito. Como prueba de ello,
basta citar algunas decisiones judiciales que lo demuestran claramente. Así, la Cámara de Apelaciones de
Concordia, Sala Civil y Comercial II, al resolver un caso en el que una mujer, por sí y en representación de su hijo
menor de edad, demanda por daños y perjuicios al Consejo General de Educación de la Provincia de Entre Ríos, el
Gobierno provincial y el Instituto Autárquico Provincial del Seguro, con el objeto de obtener una indemnización por
las lesiones que aquel padeció cuando se encontraba jugando en el recreo de un establecimiento escolar público y
golpeó su cabeza al chocar con otro niño, siendo la demanda en ambas instancias admitida parcialmente, resolvió
que “el Gobierno de la Provincia de Entre Ríos y el Consejo Federal de Educación provincial son responsables por los
daños que sufrió un menor en un establecimiento educativo público cuando, durante el recreo, golpeó su cabeza al
chocar con otro niño, pues dicho evento no puede encuadrarse bajo el supuesto de caso fortuito, desde que se
produjo dentro de sus instalaciones, en horario escolar y bajo la esfera de control de la persona jurídica pública,
máxime cuando el suceso representaba un peligro previsible derivado del juego, edad y reunión de los niños”.(45)
El CC definía al “caso fortuito” como el hecho “que no ha podido preverse, o que previsto, no ha podido
evitarse” -cfr. art. 514, CC-, mientras que el CCyCo. dispone: “Se considera caso fortuito o fuerza mayor al hecho
que no ha podido ser previsto o que, habiendo sido previsto, no ha podido ser evitado. El caso fortuito o fuerza
mayor exime de responsabilidad, excepto disposición en contrario. Este Código emplea los términos ‘caso fortuito’ y
‘fuerza mayor’ como sinónimos” (art. 1730, CCyCo.). En este sentido, aporta claridad -en base a la realidad actual
en la que se desarrolla la labor educativa- la sentencia de la Cámara Tercera de Apelaciones en lo Civil y
Comercial de Córdoba, al sentenciar que “el establecimiento educativo es responsable por los daños que sufrió una
menor cuando durante una clase un compañero tiró una birome contra el ventilador la que rebotó impactando en
aquella, pues, el comportamiento de este último no puede encuadrarse dentro del supuesto de caso fortuito desde
que constituye un supuesto de daño causado por un alumno menor de edad del establecimiento mientras se hallaba
bajo el control de la autoridad educativa, caso atrapado por las previsiones del artículo 1117 del CC, máxime
cuando resulta previsible que un niño cometa un acto de indisciplina durante una clase”(46). Más aún, al rechazar la
invocación del caso fortuito por parte de la institución educativa demandada por los daños y perjuicios padecidos
por un alumno que sufrió fracturas al ser empujado por un compañero en una clase de educación física, señaló que
“no es posible calificar el hecho como imprevisible e inevitable, si conforme las declaraciones de los testigos
aportados a la causa el agresor solía tener una conducta mala”.(47)
Por último, continuando la línea trazada por el artículo 1117 del CC reformado por la ley 24830, que estableció la
obligatoriedad de la contratación de un seguro de responsabilidad civil, de acuerdo a los requisitos que fije la
autoridad en materia aseguradora, disipa la incertidumbre refiriéndose a la “autoridad en materia
aseguradora”, que es la Superintendencia de Seguros de la Nación (SSN), recordando que el CC disponía que serían
las “autoridades jurisdiccionales” las que dispondrían medidas para el cumplimiento de esa obligación, ambigüedad
que generó que la doctrina no acordase sobre si refería al Ministerio de Educación de la Nación, de las Provincias
y la CABA o a la SSN. Así, permite que se establezcan las mismas exigencias para todas las jurisdicciones y evita,
en principio, que sea la jurisprudencia la que deba pronunciarse acerca de los alcances de la cobertura.
Verbigracia, la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil, Sala H, entendió que “La cláusula contractual de un
seguro de responsabilidad civil tomado por un establecimiento educativo que establece una limitación de cobertura
es inoponible, pues la aplicación de esa limitación actuaría como una vía oblicua para dejar sin efecto la finalidad
perseguida por el artículo 1117 del CC al consagrar el seguro obligatorio (del voto del Dr. Picasso)”.(48)
En este sentido, la doctrina acuerda con la modificación normada y propone que el ejercicio de la "autoridad en
materia aseguradora" no se limite a los requisitos de autorización, sino también a controlar anualmente la vigencia
y alcance de la cobertura. De lo contrario, podría suceder que una vez ocurrido el accidente se advierta la falta de
seguro (vgr., por falta de pago de la prima; por liquidación de la compañía; etc.) recién al intentar obtener el cobro
de la indemnización frente a la compañía. En caso de incumplimiento, Alterini propugnaba la imposición de
sanciones.(49)

VI - LOS ESTABLECIMIENTOS EDUCATIVOS DE GESTIÓN ESTATAL Y


PRIVADA
Recordemos que la responsabilidad del Estado y los funcionarios públicos se regula por la aplicación de normas y
principios de derecho administrativo de acuerdo a los artículos 1764 y 1765 del CCyCo. Asimismo, el artículo1767
refiere a “establecimiento educativo”, suprimiendo el distingo entre privados o estatales, por lo que no hay lugar a
dubitaciones acerca de que se aplica a todos ellos. Por tanto, resta analizar los supuestos de responsabilidad por
daños sufridos o causados por niños de establecimientos educativos de gestión estatal, diferenciando según sea del
Estado Nacional, las Provincias y la CABA y, por último, las instituciones privadas con aporte estatal.
1. Establecimientos educativos del Estado Nacional
La responsabilidad contractual y objetiva del artículo 1117 del CC zanjó los debates acerca de su alcance a los
establecimientos educativos públicos, contemplándolos en su regulación(50). Ahora bien, el CCyCo. no distingue los
establecimientos según el titular sea el Estado o un particular. Ello implica que presupone la existencia de un vínculo
jurídico preexistente que hace nacer una responsabilidad contractual, ya sean instituciones privadas o estatales,
gratuitas u onerosas. Si la educación es gratuita, hay un contrato gratuito, con obligaciones para ambas partes. En
este sentido se ha pronunciado la doctrina y la jurisprudencia.(51)
Recordemos, sin embargo, una postura minoritaria que representa el decisorio de la Corte Suprema de Justicia
de Santa Fe, en autos “Franco, Fabio Ramón c/Ministerio de Educación y Cultura de la Prov. de Santa Fe y otro
s/indemnización de daños y perjuicios”, en el que la demandada manifestó que “la relación que pudiera existir con
los terceros -beneficiarios del servicio esencial de educación- y el Estado no reviste naturaleza contractual, inclusive,
aun, cuando una de las partes no abone por la prestación de tal servicio. En ese sentido, alega la responsabilidad
aquiliana del Estado ... subsumida en el artículo 1112 del CC”(52). Y la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe al
fallar entendió que “el régimen de responsabilidad civil de los entes públicos locales en la reparación de los daños
que pudieran causar en la prestación de un servicio público (en autos, de educación) es de naturaleza
extracontractual, conforme a la hermenéutica que cabe efectuar de las normas constitucionales e
infraconstitucionales en juego y de la jurisprudencia de la CSJN; pues si contrae la obligación de prestar un servicio
lo debe hacer en condiciones adecuadas para cumplir con el fin para el que ha sido establecido, siendo responsable
de los perjuicios que provocare su incumplimiento o su irregular ejecución, lo cual encuentra fundamento en el
artículo 1112 del CC”(53). Razón por la que la Cámara de Apelaciones no tuvo más remedio que aceptar la excepción
de incompetencia planteada por la demandada: “La decisión expedida por la CSJ de Santa Fe por vía del recurso de
inconstitucionalidad que tramitara por expediente agregado por cuerda al principal, anulando la decisión de la
Cámara confirmatoria del rechazo de la excepción de incompetencia oportunamente articulada por la Provincia
demandada, declarando el rango aquiliano de la relación jurídica que vincula a las partes (alumno - establecimiento
educativo), y remitiendo las actuaciones a esta Sala para expedirse nuevamente sobre la cuestión apelada, no deja
margen alguno para que los firmantes de este decisorio, actuando como órgano jurisdiccional subrogante del que
interviniera a nivel de Alzada, expida otra decisión que no sea la de admitir la excepción de incompetencia
premencionada. Ello así, no tanto por el deber de precedencia que dimana del ‘stare decisis’ en términos genéricos
o indeterminados (cuando la fuerza vinculante del criterio de un Tribunal Superior dentro de la estructura judicial se
proyecta hacia los que están condicionados por alguna forma de dependencia jerárquica directa o indirecta con
aquel), sino, y más ajustadamente aún, por cuanto la decisión que la CSJ dictara en este proceso, marca un camino
del cual esta Sala no podría apartarse a riesgo de incurrir en desobediencia judicial”.(54)
El artículo 1767 del CCyCo., al no formular distinciones según de quién sea la titularidad del establecimiento,
parece reafirmar la postura de quienes entienden que todas las instituciones educativas se hayan comprendidas en
la norma(55). No obstante, la exclusión de la responsabilidad del Estado y de los funcionarios públicos del régimen
de responsabilidad civil del CCyCo., regulándola por la aplicación de normas y principios de derecho administrativo -
nacional o local, según el caso- conforme a los artículos 1764 y 1765 del CCyCo., torna inaplicables las disposiciones
del Título V, sea directa o subsidiariamente. Más allá de las objeciones constitucionales que puedan recaer sobre la
norma específica, se plantean una serie de interrogantes referidos al plazo de prescripción aplicable y la facultad de
cada Provincia o municipio de regular su propia responsabilidad, que puede acarrear un desconocimiento al principio
constitucional de igualdad, importando serias restricciones al alterum non laedere(56). Como enseña Sagarna, este
apartamiento del Estado del régimen del CCyCo. implica continuar con las diferencias entre responsabilidad civil
contractual y extracontractual. Incluso, la ley 26944 contiene, además del caso fortuito y la fuerza mayor, otros
eximentes de responsabilidad, como lo son el “hecho de la víctima o de un tercero por quien el Estado no debe
responder” [cfr. art. 2, inc. b)](57). Más interrogantes se presentan por la postura doctrinaria -que parece ser la
adecuada al nuevo ordenamiento normativo, en miras a la protección de los débiles jurídicos- que avala la
aplicación de la ley 24240 a los daños causados o sufridos por menores en los establecimientos educativos
públicos.(58)
2. Establecimientos educativos de los Estados provinciales y de los municipios
La ley 26944 de responsabilidad del Estado, en su artículo 11, invita a las Provincias y a la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires a adherir a los términos de esta ley para la regulación de la responsabilidad estatal en sus ámbitos
respectivos. Por ende, si una Provincia adhiere al régimen de la ley 26944, sus establecimientos educativos quedan
allí encuadrados; o por la norma que cada jurisdicción dicte. En ausencia de legislación, se aplican las disposiciones
del CCyCo.
No obstante, como mencionásemos supra, la Provincia de Santa Fe, por ejemplo, cuenta con un seguro de
responsabilidad civil, expresamente para “cumplir con las obligaciones del CC”(59) en materia de responsabilidad.
3. Establecimientos educativos de gestión privada con aporte estatal
Actualmente, en todas las jurisdicciones el Estado contribuye con un aporte para el pago de salarios y aportes
de la seguridad social del personal de establecimiento educativos cuya titularidad y gestión son de un privado (vgr.,
asociaciones civiles, congregaciones religiosas, etc.). Estos establecimientos, cuyo funcionamiento se encuentra
sujeto al controlar de la autoridad administrativa de la jurisdicción a la que pertenezca -así, en la Prov. de Santa Fe,
encuadra su actividad en la L. (provincial) 6427 y su DR 2880/1969, entre otras normas-, responden en los
términos del artículo 1767 del CCyCo., debiendo contratar a tales efectos el seguro de responsabilidad civil, no
recayendo la legitimación pasiva en el Estado, que no es el titular de la Institución.

VII - COMENTARIOS FINALES


Como conclusión, podemos expresar que la regulación de la responsabilidad civil de los establecimientos
educativos como un supuesto especial de responsabilidad, sumado a la unificación de los regímenes de
responsabilidad civil contractual y extracontractual(60), recepta los antecedentes doctrinarios y jurisprudenciales de
los últimos tiempos; reitera como eximente al caso fortuito y establece que el titular del establecimiento educativo
responderá tanto si el alumno menor de edad, sea que cause o sufra el daño, se halle o debía hallarse -y no lo
estaba- bajo control de la autoridad escolar; siendo obligación del titular del establecimiento contratar un seguro de
responsabilidad civil.
Por otra parte, el régimen de responsabilidad civil del CCyCo. impone nuevos criterios de actuación de la
judicatura tendientes a una mayor prevención del daño no ocurrido(61). También nos compete a todos los
operadores del derecho ese deber, adoptándolo de buena fe y, conforme a las circunstancias, las medidas
razonables para evitar que se produzca un perjuicio, disminuir su magnitud o borrarlo en su existencia. Por ello es
que, en el sistema del CCyCo., la responsabilidad civil tiende, primordialmente, a prevenir el daño y luego a su
resarcimiento y reparación.(62)
Sin hesitar, esta norma deberá ser interpretada y aplicada a la luz de la constitucionalización del derecho
privado, materializada en el texto y el espíritu del CCyCo., que proyecta encontrar coherencia entre todo el bloque
de constitucionalidad con el derecho privado, estableciendo una comunidad de principios entre la Constitución, el
derecho público y privado(63); ello requiere, necesariamente, para una efectiva vigencia de los principios y ejercicio
de los derechos constitucionales de enseñar y aprender, prestar especial atención a los problemas de la convivencia
escolar y sus nuevos desafíos como el “bullying”, el “ciberbullying” y la violencia escolar, que deberán ser
abordados, fundamentalmente, desde la óptica de la prevención de los daños, que permitirá evitar causar o producir
un daño o no agravarlo, toda vez que el desplazamiento del centro de preferencia de la legislación del patrimonio al
ser humano “impone una hermenéutica in dubio pro homini, a favor del ser humano”(64), tendiente a la satisfacción
de los principios constitucionales de no dañar y de la reparación integral.

Notas:
(*) Abogado (UNR). Profesor Universitario en Ciencias Jurídicas (UCEL) y Maestrando en Derecho Privado (UNR). Adscripto
a la cátedra “E” de Introducción al Derecho y a la cátedra “B” de Historia Constitucional Argentina (Facultad de Derecho -
UNR). Asesor de instituciones educativas de gestión privada de la Provincia de Santa Fe
(1) Sagarna, Fernando A.: “Responsabilidad civil de los establecimientos educativos en el Código Civil y Comercial” -
RCyS2015-IV, 255, AR/DOC/901/2015
(2) Bueres, Alberto J. (Dir.): “La responsabilidad por daños en el Proyecto de Código Civil y Comercial de 2012” -
LL18/02/2013, 1 - LL, 2013-A, 835 - RCyS2013-II, 5
(3) Bueres, Alberto J. (Dir.): “La responsabilidad por daños en el Proyecto de Código Civil y Comercial de 2012” -
LL18/02/2013, 1 - LL, 2013-A, 835 - RCyS2013-II, 5
(4) Pueden verse en http://www.nuevocodigocivil.com/wp-content/uploads/2015/02/5-Fundamentos-del-Proyecto.pdf
(5) Bueres, Alberto J. (Dir.): “La responsabilidad por daños en el Proyecto de Código Civil y Comercial de 2012”,
LL18/02/2013, 1 - LL, 2013-A, 835 - RCyS2013-II, 5
(6) Sin embargo, destacada doctrina señala que aún perduran ciertas diferencias. Así, Sagarna, por ejemplo, dice:
“Unificación de los regímenes de responsabilidad civil: La unicidad del fenómeno de la ilicitud o del ilícito impone la
homogeneización de las consecuencias o efectos de los ámbitos de responsabilidad civil contractual y extracontractual,
aunque algunas diferencias siguen perdurando (como, por ejemplo, sucede con la extensión de las consecuencias; la
inaplicabilidad de ciertas normas al ámbito extracontractual; edad para comprensión de determinados actos; el contrato con
un profesional y el daño producido; entre otros)”, en Sagarna, Fernando A.: “Principios de responsabilidad civil en el Código
Civil y Comercial” - RCyS2015-V, Tapa, AR/DOC/1425/2015
(7) Extraído de los fundamentos expuestos por la Comisión Redactora del CCyCo., integrada por los Dres. Ricardo L.
Lorenzetti, Elena Highton de Nolasco y Aída Kemelmajer de Carlucci. Para ampliar, se aconsejan los siguientes trabajos:
Vázquez Ferreyra, Roberto A.: “Responsabilidad civil. Aspectos generales en el nuevo Código Civil y Comercial de la Nación”
- Revista Reformas Legislativas. Debates doctrinarios. Código Civil y Comercial - Ed. Infojus - N° 1 - diciembre/2014 - año I
- pág. 93, Id Infojus: DACF150182; y Compagnucci de Caso, Rubén H.: “La responsabilidad contractual y extracontractual.
Unificación en el Código Civil y Comercial” - RCyS2015-IV, 31, AR/DOC/958/2015
(8) Cavalli, Luis: “Derecho ambiental en el Código Civil y Comercial de la Nación. Ley 26994” - Revista de la Fundación
Ciencias Jurídicas y Sociales del Colegio de Abogados de la Provincia de Buenos Aires, Cuadernos de CiJuSo - Nº 2 -
diciembre/2014 - año I
(9) Extraído de los fundamentos de la Comisión Redactora del CCyCo.
(10) Sagarna, Fernando A.: “Principios de responsabilidad civil en el Código Civil y Comercial” - RCyS2015-V, Tapa,
AR/DOC/1425/2015
(11) Sagarna, Fernando A.: “Principios de responsabilidad civil en el Código Civil y Comercial” - RCyS2015-V, Tapa,
AR/DOC/1425/2015
(12) Ciuro Caldani, Miguel Á.: “Aportes iusfilosóficos para la construcción del derecho”, “Metodología Jurídica” - Recopilación
- Ed. Zeus SRL - Rosario - 2008
(13) En este punto, la doctrina es contundente: “La des-responsabilidad de los funcionaros del Estado responde a una
necesidad política coyuntural que desdibuja la seriedad del Proyecto de Código”, Cavalli, Luis: “Derecho ambiental en el
Código Civil y Comercial de la Nación. Ley 26994” - Revista de la Fundación Ciencias Jurídicas y Sociales del Colegio de
Abogados de la Provincia de Buenos Aires, Cuadernos de CiJuSo - Nº 2 - diciembre/2014 - año I
(14) Un alumno del Instituto, lesionado por un compañero, falleció. Estando acreditada la ausencia de culpa de parte del
maestro, el Tribunal Correccional de Sena lo condenó como civilmente responsable
(15) Hersalis, Marcelo y Jalil, Julián E.: “¿Responsabilidad o irresponsabilidad de los establecimientos educativos?” -
LLBA2006, 1298 - DJ06/12/2006, 1001, AR/DOC/3644/2006; agrega el autor, respecto del caso “Leblanc”: “Es verdad que,
con motivo de la apelación del Ministerio Público, la Corte de París reformó la sentencia; pero la modificación no pudo
producir efecto respecto del maestro, pues este último que había perdido la razón como consecuencia del fallo no había
podido interponer la apelación en término”
(16) Sagarna, Fernando A.: “Responsabilidad de los docentes y de los institutos de enseñanza” - Reimpresión - Ed.
Depalma - Bs. As. - 1996, en Hersalis, Marcelo y Jalil, Julián E.: “¿Responsabilidad o irresponsabilidad de los
establecimientos educativos?” - LLBA2006, 1298 - DJ06/12/2006, 1001, AR/DOC/3644/2006
(17) Hersalis, Marcelo y Jalil, Julián E.: “¿Responsabilidad o irresponsabilidad de los establecimientos educativos?” -
LLBA2006, 1298 - DJ06/12/2006, 1001, AR/DOC/3644/2006
(18) Art. 1903 del CC español: “Las personas o entidades que sean titulares de un centro docente de enseñanza no superior
responderán por los daños y perjuicios que causen sus alumnos menores de edad durante los períodos de tiempo en que los
mismos se hallen bajo el control o vigilancia del profesorado del centro, desarrollando actividades escolares o
extraescolares y complementarias. La responsabilidad de que trata este artículo cesará cuando las personas en él
mencionadas prueben que emplearon toda la diligencia de un buen padre de familia para prevenir el daño”
(19) Hersalis, Marcelo y Jalil, Julián E.: “¿Responsabilidad o irresponsabilidad de los establecimientos educativos?” -
LLBA2006, 1298 - DJ06/12/2006, 1001, AR/DOC/3644/2006
(20) Trigo Represas, Félix y López Mesa, Marcelo: “Tratado de responsabilidad civil” - LL - Bs. As. - 2004 - T. III,
argumentan que el art. 1117 “equiparaba la responsabilidad de los directores de colegio a la de los maestros artesanos...”
(21) Al respecto, expresa Petrocelli: “La misma concepción iluminista del derecho surge de la admiración de Sarmiento por
el proyecto constitucional alberdiano ... como gobernante fue autoritario, de mano bien dura”, Petrocelli, Héctor B.:
“Historia constitucional argentina” - 1ª ed. - Ed. UNR Editora - Rosario - 2009 - vol. I
(22) “G., M. L. c/Consejo de Educación de E. Ríos y otros” - CApel. CC Concordia - Sala II - 30/8/2012
(23) Boretto, Mauricio: “Responsabilidad de los titulares de establecimientos educativos: presente y futuro” - LL Gran Cuyo
- marzo /2015 - pág. 140
(24) Boretto, Mauricio: “Responsabilidad de los titulares de establecimientos educativos: presente y futuro” - LL Gran Cuyo
- marzo /2015 - pág. 140
(25) “Garello, Hilario R. y otra c/Salvo, Mónica y otros” - CApel. CC Lomas de Zamora - Sala II - 4/5/2004
(26) Hernández, Carlos A.: “El contrato de prestación de servicios educativos privados. Consideraciones sobre el derecho de
admisión y las facultades de extinción a favor del establecimiento” - RCyS2007, 532. Aquí, el autor sostiene que “el
contrato de prestación de servicios educativos privados ha sido, históricamente, relegado por la doctrina en su
consideración”
(27) Sagarna, Fernando A.: “Principios de responsabilidad civil en el Código Civil y Comercial” - RCyS2015-V, Tapa,
AR/DOC/1425/2015
(28) “G. R., J. H. y otros c/C., V. J. y otros s/daños y perjuicios” - CNCiv. - Sala H - 2/6/2014, DJ 5/11/2014, 76 - RCyS
2015-II, 98
(29) Sagarna, Fernando A.: “Principios de responsabilidad civil en el Código Civil y Comercial” - RCyS2015-V, Tapa,
AR/DOC/1425/2015
(30) Sagarna, Fernando A.: “Principios de responsabilidad civil en el Código Civil y Comercial” - RCyS2015-V, Tapa,
AR/DOC/1425/2015
(31) Sagarna, Fernando A.: “Principios de responsabilidad civil en el Código Civil y Comercial” - RCyS2015-V, Tapa,
AR/DOC/1425/2015
(32) Villagrán, Santiago: “La responsabilidad de los propietarios de establecimientos educativos en el Proyecto de Código” -
LL - 2013-A, 635
(33) Sagarna, Fernando A.: “Principios de responsabilidad civil en el Código Civil y Comercial” - RCyS2015-V, Tapa,
AR/DOC/1425/2015
(34) “Gómez, Irene c/Instituto San Roberto Arzobispado de Buenos Aires y otros” - CNCiv. - Sala H - 30/4/2002, RCyS
2002, 805
(35) Sagarna, Fernando A.: “Principios de responsabilidad civil en el Código Civil y Comercial” - RCyS2015-V, Tapa,
AR/DOC/1425/2015
(36) RCyS 2013-VII, 30, LL, 2013-D, 376 con nota de Jorge A. Mazzinghi (h)
(37) Sagarna, Fernando A.: “Principios de responsabilidad civil en el Código Civil y Comercial” - RCyS2015-V, Tapa,
AR/DOC/1425/2015
(38) “G., R. J. c/Babar Bilingual School Dominique Seguin” - CNCiv. - Sala A - 3/7/2009, DFyP 2010 (mayo), 71 con nota de
Carlos del Mazo
(39) “Fernández, Gustavo Gabriel c/GCBA - Secretaría de Educación s/daños y perjuicios” - JNPI Civil N° 3 - 4/11/2011
(40) “C., J. del C. y otro c/Vázquez, Gonzalo y otros” - CNCiv. - Sala H - 18/12/2007
(41) http://www.santafe.gov.ar/index.php/educacion/guia/get_tree_by_node?node_id=144893
(42) http://www.santafe.gov.ar/index.php/educacion/guia/get_tree_by_node?node_id=144893
(43) Sagarna, Fernando A.: “Responsabilidad civil del establecimiento educativo para alumnos con capacidades distintas. La
eximente ‘caso fortuito’” - LL - 23/8/2010, 8; LL, 2010-E, 15
(44) Sagarna, Fernando A.: “Responsabilidad civil del establecimiento educativo para alumnos con capacidades distintas. La
eximente ‘caso fortuito’” - LL - 23/8/2010, 8; LL, 2010-E, 15
(45) “G., M. L. c/Consejo de Educación de E. Ríos y otros” - CApel. CC Concordia - Sala II - 30/8/2012
(46) “Córdoba, Romina Dayana c/Superior Gobierno de la Prov. de Cba. y otros s/ordinarios - otros” - Cámara 3ª de
Apelaciones en lo Civil y Comercial Cba. - 1/11/2011, (expte. 898533/36)
(47) “G., R. J. c/Babar Bilingual School Dominique Seguin” - CNCiv. - Sala A - 3/7/2009, DFyP 2010 (mayo), 71 con nota de
Carlos del Mazo
(48) “G. R., J. H. y otros c/C., V. J. y otros s/daños y perjuicios” - CNCiv. - Sala H - 2/6/2014, en DJ 5/11/2014, 76, RCyS
2015-II, 98
(49) Villagrán, Santiago: “La responsabilidad de los propietarios de establecimientos educativos en el Proyecto de Código” -
LL - 2013-A, 635
(50) Villagrán, Santiago: “La responsabilidad de los propietarios de establecimientos educativos en el Proyecto de Código” -
LL - 2013-A, 635. Una postura minoritaria sostuvo el carácter de extracontractual de la relación en los supuestos de
establecimientos públicos. Puede verse: Sagarna, Fernando A.: “Responsabilidad civil de los docentes y de los institutos de
enseñanza” - Depalma - Bs. As. - 1994 - pág. 143, y Salinas, Carlos E.: “La responsabilidad civil de los institutos de
enseñanza” - LL136-1354
(51) López Mesa, Marcelo J.: “Código Civil y leyes complementarias. Anotados con jurisprudencia” - Ed. LexisNexis - Bs. As.
- 2008 - T. II - pág. 714; Novellino, Norberto J.: “Responsabilidad por daños de establecimientos educativos” - Ed. Rubinzal
- Culzoni Editores - Santa Fe - 1998 - pág. 59; Andrada, Alejandro D.: “Responsabilidad civil de los propietarios de
establecimientos educativos y de los docentes” - Doctrinas esenciales. Responsabilidad Civil - LL - Bs. As. - T. IV - págs.
151 y ss.; Sambrizzi, Eduardo A.: “La responsabilidad de los propietarios de establecimientos educativos en el nuevo
artículo 1117 del Código Civil” - ED, 176-853; Sambrizzi, Eduardo A.: “Naturaleza jurídica de la responsabilidad en el
supuesto contemplado por el artículo 1117 del Código Civil” - LL - 2/11/2005; Gregorini Clusellas, Eduardo: “La obligación
de seguridad impuesta a quienes se encomiendan menores” - LL - 1989-B, 499, entre muchos otros, en Villagrán, Santiago:
“La responsabilidad de los propietarios de establecimientos educativos en el Proyecto de Código” - LL - 2013-A, 635
(52) “Franco, Fabio Ramón c/Ministerio de Educación y Cultura de la Prov. de Santa Fe y otro s/daños y perjuicios” - Corte
Suprema de Justicia de Santa Fe - 17/2/2010
(53) “Franco, Fabio Ramón c/Ministerio de Educación y Cultura de la Prov. de Santa Fe y otro s/daños y perjuicios” - Corte
Suprema de Justicia de Santa Fe - 3/5/2011
(54) “Franco, Fabio Ramón c/Ministerio de Educación y Cultura de la Prov. de Santa Fe y otro s/daños y perjuicios” - CApel.
CC Santa Fe - Sala I - 23/2/2012
(55) En este sentido, Villagrán, Santiago: “La responsabilidad de los propietarios de establecimientos educativos en el
Proyecto de Código” - LL - 2013-A, 635
(56) Moia, Ángel L.: “Responsabilidad del Estado por los establecimientos educativos de gestión pública. Viejos y nuevos
problemas de la prescripción liberatoria” - LL - 2/10/2014, 1
(57) Sagarna, Fernando A.: “Responsabilidad civil de los establecimientos educativos en el Código Civil y Comercial” -
RCyS2015-IV, 255, AR/DOC/901/2015
(58) Parellada, Carlos A.: “Prescripción del reclamo de daños contra el Estado y funcionarios públicos” - RCyS - 2014-XII,
54
(59) http://www.santafe.gov.ar/index.php/educacion/guia/get_tree_by_node?node_id=144893
(60) El reclamo de la indemnización de daños derivados de la responsabilidad civil prescribirá a los tres años (cfr. art.
2561, CCyCo.)
(61) En los fundamentos de la Comisión Redactora del CCyCo. se lee: “Todos los tratados internacionales suscriptos por el
país y que resultan obligatorios deben ser tenidos en cuenta para decidir un caso”
(62) No menos importante resulta ser que estos principios rectores del régimen de responsabilidad civil deberán orientarse
y ejercerse conforme los 18 artículos del Anexo I -Título Preliminar- del CCyCo. Aquí, partimos de que el juez tiene la
obligación de resolver los casos sometidos a su conocimiento fundando razonablemente sus decisiones -art. 3-; los
derechos deberán ser ejercidos de buena fe -art. 9-; el ejercicio regular de un derecho propio o el cumplimiento de una
obligación legal no podrá constituir como ilícito ningún acto, no siendo amparado por la ley el ejercicio abusivo de los
derechos y debiendo el juez ordenar evitar sus efectos, reponer al estado de cosas anterior y fijar un resarcimiento -art. 10-
, aplicándose especialmente para los supuestos de abuso de posición dominante -art. 11-; las convenciones particulares no
podrán dejar sin efecto las leyes en cuya observancia está interesado el orden público -art. 12-; reconociéndose
expresamente los derechos individuales y de incidencia colectiva; se deberán respetar los derechos sobre el cuerpo humano
-arts. 17 y 56-; los derechos de las comunidades indígenas -art. 18-, y la persona humana, no afectándose su dignidad, por
ser inviolable -arts. 51 y 52-, en Sagarna, Fernando A.: “Principios de responsabilidad civil en el Código Civil y Comercial” -
RCyS2015-V, Tapa, AR/DOC/1425/2015
(63) Fundamentos de la Comisión Redactora del CCyCo.
(64) Alferillo, Pascual E.: “El proceso de constitucionalización del derecho civil” - Ratio Iuris. Revista de Derecho Privado