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LA CALLE Y SUS ESPÍRITUS

Análisis histórico de dos comunidades juveniles en la


Guadalajara de los setenta y ochenta:
los tonchos y los soleros

Jesús Zamora

Prólogo de Rogelio Marcial

16 de septiembre, 2016

1
LA CALLE Y SUS ESPÍRITUS
Análisis histórico de dos comunidades juveniles en la
Guadalajara de los setenta y ochenta:
los tonchos y los soleros

JESÚS ZAMORA
PRÓLOGO DE ROGELIO MARCIAL

® 2016, El Colegio de Jalisco. Imagen de la portada: Foto 1: Blas de La Solemnidad, origen desconocido;
foto 2: Toncho Pilatos, de Alberto Rodríguez

Zapopan Jalisco, México.

2
I loved you like no other
Your eyes I can't erase
Your voice it wakes me always
Pouring down from space

Like warm sun rays


You're turning into
Wild sails on cool bays
I'm watching for you

Tonight the skies


Are open for you
Mountains and big clouds
Dividing in two

Mark Kozelek, Tonight, the sky.

Para mi hija Fernanda...

3
INDICE
Prólogo de Rogelio Marcial…………………………………………………………2
Introducción……………………………………………………………………..……5

CAPÍTULO1
SOLEROS Y TONCHOS: CULTURA JUVENIL Y HEGEMONÍA
1.1.- Los Soleros……………………………………..………………..………………...20
1.2.- La Solemnidad como historia………………………………………….....………24
1.3.- De Toncho Pilatos a los tonchos……………………..…………………..………29
1.4.- la proscripción: tonchos y soleros, dos comunidades imposibles…………...35
1.5.- Escena y establishment……………………………………..……………….....….42

CAPÍTULO 2
LA CALLE Y SUS ESPÍRITUS: LAS ANDANZAS
2.1.- La tardeada…………………………………………………………………............50
2.2.- Tonchos y Soleros: limites y lejanias…………………………………….……...…60
2.3.- Un día en la plaza de toros………………………….…………………………….…68
2.4.- Liturgia toncho y solera………………………………………………………...….…71

CAPÍTULO 3
GEOGRAFÍA DE LA REBELDÍA
3.1.- La ciudad como escenario…………….…………………………..…………....74
3.2.- Al paso en Talpita…………………………….………………………....…......…82
3.3.- Talpita: un escenario para el desarrollo de la rebeldía…………………....…..85
3.-4.- Fronteras culturales………………..……………………………………………89

CAPÍTULO 4
LA GUERRA CONTRA LAS PANDILLAS
4.1.- La crisis de las pandillas………………………………………………...………96
4.2.- El 5to Poder…………………………………………………………..……….......105
4.3.-Los Pazuzus…………………………………………………………………....…107
4.4.- Los Zorrillos………………………………………………………………..….…..109
4.5.- Otoño del 82: La Guerra contra las pandillas………………………..…….…...110

Conclusiones
4.5.- Caballo Loco, una oportuna digresión……………………………………......…116

Bibliografía………………………………………………………………...……….……121

4
INTRODUCCIÓN

“We will rock you” es la más remota línea rebelde que recuerdo en la vida. La
escuché por primera vez en la afligida Guadalajara de 1977; año de los
bombazos efectuados por la organización guerrillera de la Unión del Pueblo en
el centro de ciudad; fue ese también el año de los sangrientos motines de
octubre en la Penitenciaría de Oblatos. La sobrevigilancia policiaca en las
zonas suburbanas del oriente o este de la urbe ante la latencia de la
insurrección socialista, era parte de nuestro ambiente. El coro de aquella
canción sonó en el aire mientras jugábamos un partido de futbol. Una
camioneta cargada de instrumentos pasó a la mitad de nuestro imaginario
campo que cubría lo largo de la calle 48 del Sector Libertad. Lentamente
avanzó y sobre la caja del vehículo dos o tres muchachos ya mayores y de
cabello largo, cantaban y tocaban los tambores de una batería desarmada al
ritmo de la ya histórica canción de Queen. Son los de La Solemnidad, dijo
alguien al verlos pasar. Los vimos alejarse y desaparecer en la oscura esquina
de la calle Industria, en el barrio de San Juan Bosco.
Fue ese un lapsus en el juego que me marcó, pues nunca más olvidé
ese ritmo ni esa imagen casi fantasmal de aquella nave cruzando desde
entonces y hasta hoy en la memoria, como una nube perpetua. Muchos años
después de ese momento, heme aquí tratando de averiguar qué era todo
aquello de “La Sole” ─como se le conoció popularmente a La Solemnidad─,
junto a Toncho Pilatos, una de las bandas de rock más importantes en el este
de la ciudad durante los años setenta y parte de los ochenta. La Sole grabó
poco material original, puesto que lo suyo era la ejecución de covers o
imitaciones de las canciones de rock en inglés que sonaban en la radio de la
época. Contando con un amplio repertorio de hits, poco a poco el grupo se
colmó de un vasto número de seguidores, muchos de ellos pertenecientes a las
incontables pandillas del este de la ciudad. A estos jóvenes adeptos a la
música de La Sole se les conoció como “Los Soleros”. Dentro de la misma
dimensión de los grupos de rock de la Guadalajara setentera, encontramos a
“Toncho Pilatos”, quienes también contaron con un amplio sequito de
prosélitos, conocidos como “Los Tonchos”, en este caso y para cuestiones de

5
desambiguación que explicamos en la nota al pie, “los tonchos históricos”,
algunos de ellos también, miembros de las pandillas de la parte este de la
ciudad.1 Este libro trata sobre la historia de algunos de esos cientos de jóvenes.
Ambas comunidades, soleros y tonchos, dieron la pauta para introducirnos en
el mundo de las pandillas, en especial de aquellas asentadas en los barrios de
los sectores Reforma y Libertad, enclave de dominio al cual pertenecían
muchos de estos jóvenes. En Guadalajara estos jóvenes de los setenta y
ochenta tuvieron una carga simbólica dual, pues en ciertos casos, a la vez que
eran seguidores de toncho o la sole, eran también miembros de alguna de las
muchas pandillas que había en la capital del estado y en los municipios
aledaños. Los soleros y los tonchos vinculados material, simbólica y
culturalmente a las pandillas del este de la ciudad son en sí, los ejes desde los
he pretendido hacer una explicación amplia sobre el contexto histórico, político
y social juvenil de las décadas aludidas, mismas en las que se produjo el
estudio del fenómeno que aquí se presenta.
Fue en las primeras fases de este trabajo que aparecieron algunos
nombres de pandillas y sus vínculos con La Sole o El Toncho. Las charlas
iniciales trajeron la evocación de los lugares, el recuerdo de la delimitación de
los territorios y de las riñas entre las pandillas. La reflexión de esos planos
trajeron la reminiscencia directa e indirecta del esqueleto de toda una
estructura de funcionamiento semiclandestino que permitía desde una lógica un
tanto autónoma ─propia de los jóvenes en los barrios─, producir lo que el
mundo adulto no consideró: un lugar en el mundo en el cual poder desplazarse.
La historia de los soleros y de los tonchos es posiblemente, la historia de dos
de las más remotas y organizadas comunidades juveniles en la ciudad. La
misma nos remite a los escenarios vivenciales de miles de jóvenes que
habitaron los barrios pobres de la Guadalajara durante ese tiempo. De ahí que
el principio hipotético que soporta la presente investigación sustente que a
pesar de que las décadas setenta y ochenta fueron en términos de vigilancia y
represión policiaca años de un fuerte control en contra de un sector de la

1
Cabe aclarar que el término de los tonchos, lo he utilizado sólo para referirme a los seguidores del grupo
Toncho Pilatos. Hago esto para diferéncialos del concepto de “los tonchos” con que se calificó de manera
despectiva a cierto tipo de joven adicto a un inhalante llamado tonzol, el cual es un químico utilizado por
los zapateros para ablandar el hule de las suelas y que fue conocido como popularmente como “toncho”.
Otra forma de conocer a los seguidores de Pilatos, aunque no muy extendida es la de “los toncheros”.

6
juventud en los barrios pobres de Guadalajara, estos tuvieron la facultad
organizativa e imaginativa para generar su propio sistema de representación,
mismo que no contempló la inclusión de los valores hegemónico/culturales del
modelo tradicional. La emergencia de las comunidades de los soleros y de los
tonchos conformada por miles de jóvenes ─muchos de ellos pertenecientes a
las innumerables pandillas, en especial las del este de la ciudad─, fue la
evidencia contundente de un hecho de relación doble en términos del dominio
hegemónico y la resistencia cultural juvenil: ni los jóvenes del este de la ciudad
estuvieron del todo impedidos de los márgenes de acción para crear su propio
mundo, ni el gobierno del Estado tuvo la suficiencia institucional represiva
necesaria como para impedir la consolidación de estas dos comunidades,
independientemente de los arteros ataques del sistema policiaco en contra de
las pandillas del este.2
De ahí que me atreva a aseverar que la existencia del fenómeno
expuesto a lo largo de este libro, intenta tirar por tierra el mito de Avandaro, el
cual aseveraba que luego de aquel famoso evento rockero de septiembre de
1971, el rock fue vetado en México. Insistir en esa concepción de poder
omnipresente es atribuirle al Estado mexicano un dominio que evidentemente
no ha tenido sobre la juventud ─mucho menos en el vasto campo de la
creatividad auto-organizativa─, a la vez que es negarle su valor a los
movimientos juveniles que persistieron aunque de manera precaria, si
cohesionada en algunas de las grandes ciudades del país, como lo fue el caso
de los tonchos y los soleros en Guadalajara. He llamado a esta tendencia en la
cual se incumple la posibilidad del control absoluto desde el Estado en relación
a un sector juvenil que logra despojarse de la envestidura de los valores
culturales tradicionales para crear los propios como dominación
hegemónico/cultural fragmentada; la misma se refiere a la condición creada por
ciertos grupos juveniles para generar un cosmos cultural propio sin necesidad
de integrar del todo los códigos de la cultura dominante. Por ello no está de
más señalar la relevancia del presente libro, esto si tomamos en cuenta que
son pocos los trabajos de corte histórico que tocan la temática sobre las

2
El desarrollo de esta afirmación lo haré más adelante, en el capítulo uno basado en las reflexiones del
historiador inglés neo marxista Derek Sayer. “Everyday forms of state formation: some dissenting
remarks on ‘Hegemony’”, en Gilbert Joseph y Daniel Nugent (eds.), Everyday forms of State formation.
Revolution and the negotiation of rule in modern México, Durham, N. V: Duke University Press.

7
pandillas o la vida juvenil barrial en una era remota en la historia de nuestra
ciudad. De ahí que parte de la intención profunda de este escrito este basada
en la lógica de la historia desde abajo, una recuperación de fragmentos que
pretenden ser unificados para conformar un remanente que nos permita
alumbrar entre las grietas de tiempos y de actores perdidos. 3 Debido a la
exigencia que un trabajo de estas características establece respecto a su
dirección teórico-analítica, conceptual y metodológica y dado a lo limitado de
las fuentes documentales, he planteado la trama explicativa a partir de una
serie de testimonios realizados a ex tonchos y ex soleros que han sido
esenciales para la reconstrucción de aquellos aspectos que nos permitan
direccionar sus prácticas de vida diaria, de organización, mismas que a la vez
se relacionen con los macro contextos económicos, políticos, sociales y
culturales de las décadas de los setenta y ochenta. La elección del tema de
esta fase de la historia de la ciudad está fundada en el análisis de las formas
de vida de un segmento de la juventud, mismo que lleva implícito el propósito
de clarificar en cierto grado ―y en la mediada de las posibilidades que el
propio objeto de estudio concede― la significación especifica de ese pasado, el
cual es parte secuencial de la historia de los sectores juveniles marginales en
Guadalajara.
Para argüir esta afirmación me remito a las proposiciones que Josep
Fontana hace en el libro Historia: Análisis del pasado y proyecto social, en el
cual indica la necesidad de que los historiadores, tengan a bien renovar de
manera constante una visión crítica del presente, que a su vez explique en lo
posible las razones de los problemas que nos aquejan como sociedad,
sustentado ello en lo que han sido fuera de la tradición política, las nuevas
formas de abordar la historia, desde las crónicas de ciudades, hasta los libros
de recuerdos personales.4 Los vacíos, los olvidos, las omisiones, las rupturas
en las sucesiones históricas respecto a un tema, generan ambigüedades
explicativas que lentifican en cierta medida la comprensión de los múltiples
procesos que subyacen detrás de un fenómeno como el de los jóvenes
“tonchos” y “soleros”. Es de ahí que asumo este estudio como uno más de los

3
Peter Burke, Formas de hacer historia, Madrid, Alianza, 2006, p.19
4
Josep Fontana, Historia: Análisis del pasado y proyecto social, “Los orígenes”, España, Editorial
Crítica, 1982, p.39

8
muchos posibles aportes en el sentido de la construcción de secuencias
significativas que nos permiten mirar al pasado de la juventud histórica de la
ciudad, y desde ahí tratar de comprender algunas de las muchas razones que
han circundado, como una forma de maldición social a ciertos sectores sociales
de Guadalajara. La historia de estos jóvenes no pueden sustraerse de su
enorme entramaje político y sociocultural, de ahí que sea muy importante
señalar que esta investigación pretende ─gradualmente y mediante futuras
exploraciones─ ir más allá de la posibilidad que ofrece el propio objeto de
estudio en lo que se refiere a su descriptibilidad, para amplificar los análisis al
convertirlos en una explicación derivada de las condiciones sociales de
determinada época. En ese sentido, Santos Julia ubica a la explicación teórica
como el instrumento que nos permite producir el hecho histórico como fuente
de conocimiento.

Lo social en historia no se dice sólo ni principalmente del objeto, sino del modo
de explicación, es decir, de la teoría que sirve para construir el hecho histórico
como objeto de conocimiento. Más exactamente aceptar la sociedad y el hecho
social como objeto de historia significa aceptar un modo de determinación
social, una causalidad social como propia de la explicación histórica. 5

Vemos con la afirmación de Julia como el vínculo de la sociedad con el hecho


social forma parte de la lógica generativa del evento como producto de un
estado de cosas que le precede. En tal sentido y considerando la dinámica de
la causalidad a la que alude Santos, la rebeldía juvenil de los setenta en los
barrios de la Guadalajara del este fue antecedida por una serie de entramajes
de regulación que fueron desde el ejercicio público de la fuerza policiaca hasta
la construcción de un universo de tácticas moralizantes que circulaban en las
escuelas y en los barrios, entendidos estos como cuerpos colectivos con una
fuerte carga político/eclesiástica a la que había que cuidar desde una serie de
tácticas de vigilancia meticulosa, para impedir la aparición de prácticas o
comportamientos disolventes.6 El derivado de esta condición de dominio del

5
Santos Julia. Historia social: sociología histórica, Historia social: sociología histórica. Madrid, Siglo
XXI, 1989, p. 33
6
Acorde a esta noción de dominio sobre el medio y los sujetos, es pertinente pensar en la concepción de
Biopoder de Foucault. Esto debido a que a lo largo del presente libro quedaran descritas algunas de las
estrategias de control mediante el ejercicio de la fuerza del Estado en contra de un sector de la juventud
de la Guadalajara de los años setenta y ochenta; el establecimiento de un conjunto de mecanismos y
procedimientos cuyos papel o función y tema, aunque no lo logren, consisten precisamente en asegurar

9
mundo adulto sobre el juvenil ─en el cual se cumple el principio de la
causalidad del que habla Julia─ no es tan sólo la rebeldía en términos parcos,
sino el intento de reconfigurar el mundo; llenarlo de música, de baile, de
lugares separados de la rigidez de los vigilantes; construir códigos,
vestimentas, organizaciones propias. Un estado inerte de las cosas, produce
una nueva dimensión de vida en la cual asoma el escape, el dinamismo de la
fuga. En el caso de la investigación aquí presentada debí en una primera parte
concéntrame en la reconstrucción objetiva de los “tonchos” y de los “soleros”
como actores de comunidades identificables. Es por ello que este trabajo
pretendió concentrar algunas de esas historias, muchas de las que aún se
hallan extraviadas en espera de que el inicio de una gran conexión les dé
cuerpo tanto respecto al pasado como en relación al futuro. Creemos que el
rescate, la recomposición y la gradual liberación del pasado en el nivel de la
historia de la juventud en Guadalajara, contribuirá en buena medida a la
restauración de las fisuras que nos impiden penetrar en un panorama amplio y
retrospectivo sobre nuestros propios procesos históricos como sociedad. Otro
momento del proceso del presente estudio tiene que ver con la correlación de
esos grupos juveniles ─como una especie de fuerza cultural emergente─ en un
contexto específico en la historia de la ciudad de Guadalajara y del propio país.
No olvidemos que la historia de estos sectores quedaba atrapada en medio de
la transición de los modelos político económicos del nacionalismo echeverrista
y lopezportillista y a la vez atravesó por la gradual instauración del régimen
neoliberal de Miguel de la Madrid Hurtado a principios de los años ochenta. 7
Todas ellas, administraciones sumergidas en fases críticas donde los
quebrantos económicos (petroleros, devaluativos y bancarios) eran comunes,

el poder. Michel Foucault, Seguridad, territorio y población, Curso en el Collége de France (1977-1978),
traducción Horacio Pons, FCE, 2006, p. 16
7
Con los tonchos y los soleros, nos encontramos con una generación que está situada justo a la mitad de
dos modelos económico políticos, con dos formas de ver y llevar el mundo desde el poder del Estado. A
fines de los setenta persistía la era de los cuidados del paternalismo ─implícito en el Estado Benefactor─
que en la vida diaria ameritaron políticas persecutorias en contra de la juventud de los barrios pobres. A
inicios de los ochenta inicia una etapa marcada más por el abandono a su suerte de los jóvenes mexicanos
que en la construcción de estrategias concretas de atención. La incubación en esos años de las posteriores
generaciones de “ni-nis” son un ejemplo de ello. El historiador Lorenzo Meyer lo interpreta de la
siguiente manera: El proceso de globalización, sello de identidad del siglo XX, fue resultado de dos
evoluciones convergentes: En primer lugar, el triunfo de los años setenta, primero en Gran Bretaña y
después en Estados Unidos, de sendas corrientes políticas dispuestas a desmantelar al “Estado
Benefactor”. Lorenzo Meyer e Ilan Bizberg, Una Historia Contemporánea de México: transformaciones
y permanencias, México, Océano, 2003, p. 18

10
esto en una etapa en la que la explosión demográfica nos llevó a un
crecimiento exponencial, a la vez que los movimientos guerrilleros se
expandieron por todo el país. De ahí que tengamos que asumir tanto a los
tonchos como a los soleros como estas dos entidades que se encontraban en
una serie de tránsitos múltiples que van de los estados socio biológicos
(adolescencia/mundo adulto) a etapas superiores de la socio-economía y la
cultura. Es así como al avanzar en el campo de la historia de los soleros y de
los tonchos caminamos por igual al autoencuentro, hacia un nuevo plano del
cual pretendemos extraer la luz posible para depurar lo poco que conocemos
del tema en el presente. Al igual que Pierre Nora lo argumenta: estamos ciertos
de que la autoconciencia surge bajo el signo de lo que ya ha ocurrido, como el
cumplimiento de algo siempre ya comenzado.8
De ahí que el paso en la reconstrucción invoque a las voces que
caminaron por espacios como los casinos “Arlequín”, “El Dos Patios”, “El
Modelo” o “El Venecia”, todos estos lugares de la memoria que estuvieron
incrustados en los barrios pobres del este de la ciudad. El regreso a esta
historia pasa por esas calles, en las cuales apenas quedan vestigios de ese
pasado; casas derruidas en las que se celebraron reuniones por las que
pasaron miles de jóvenes ─tonchos, soleros, rockeros, muchachos en general─
en una época en que la invisibilidad los cubría. Lugares como puntos perdidos
en la ciudad donde emana para quienes ahí transitan ─y conocen su
significado─, la impresión de que la historia ha sido interrumpida, esperando
que al ser contada, reaparezca en el presente como continuidad en un mundo
donde la naturaleza de lo histórico era una entidad extraña cada vez menos
inidentificable.

Nuestro interés en los lieux de mémoire donde la memoria se cristaliza y


segrega a sí misma se han producido en un determinado momento histórico, en
un punto de inflexión donde la consciencia de una ruptura con el pasado está
ligado con el sentido de que la memoria ha sido rota; pero rota de una manera
en que se plantea el problema de la encarnación de la memoria en ciertos sitios
donde un sentido de continuidad histórica persiste. Hay lieux de memoire,
lugares de la memoria, porque ya no hay medios de memoire, ambientes reales
de la memoria.9

8
Pierre Nora, Between memory and history: Les Lieux de Mémoire, Representations, No. 26, Special
Issue: Memory and Counter-Memory p. 9
9
Ídem, p.7

11
Podemos pensar en aquellos casinos que albergaron a cientos de jóvenes ─y
que hoy se encuentran abandonados o convertidos en centros comerciales─ en
el sentido que plantea Nora, como los lugares de una presencia encarnada que
se enciende al contacto de la vista, del olfato, del tacto hecho recuerdo. El
mismo revive como continuidad a pesar de que nadie hable de ello. De ahí que
este libro sea quizás, uno más de esos intentos desde el cual se desea dar
curso a esa inmanencia asociada a las historias juveniles de los barrios del
este de la ciudad. Pretendo dar cuenta de cómo surgieron esos mundos
imaginados y cómo en el curso de los años esos mundos se han integrado
como un residuo de otro tiempo que a muchos de nosotros nos permite
pensarnos en lo que fuimos: actores sociales imbricados en dimensiones
temporales simultaneas, pasado y presente en tanto quienes vivieron esas
experiencias nos las pueden compartir. Esto como sujetos de la acción
histórica a la vez que de la acción interpretativa. El cruce de esas dos
dimensiones genera lo mismo conflictos que concordia. No avanzaba bien en
una reflexión sobre el significado de tal o cual ritual de los soleros o los tonchos
cuando ya aparecía una voz que ratificaba o descalificaba la interpretación. La
discusión sobre un tema que esta incrustado en la entraña misma de la historia
de decenas de tonchos y soleros en este siglo XXI, fue al final de cuentas el
mejor nutrimiento para desbordarme en temas que no suponía relevantes, pero
que en medio de la discusión, logré ver su significado y trascendencia. Ese es
el precio de estudiar una historia un tanto situada en el presente. Tal como lo
dice Wallerstein,
Los historiadores sostendrán que sólo es posible escribir historia del “pasado” y
no del “presente”, ya que la escritura del presente traería consigo la impronta
de las pasiones del momento.10

Este es un libro de historia sustentado en un pasado relativamente reciente, a


la vez que discernido con las miradas del presente, de ahí que las reacciones
han sido inevitables. La impronta justiciera de la pasión se ha manifestado en
varios pasajes, de ahí que el lector queda avisado de la presencia de esos
momentos. Nos encontramos ante la historia de dos amplios sectores juveniles
que se desplazaron en la ciudad en las décadas de los setenta y ochenta. El
solerismo y el toncherismo forman al día de hoy, parte de la cultura del este de

10
Immanuel Wallerstein, Análisis del sistema-mundo: una introducción, México, siglo XXI, 2005, p.17

12
la ciudad. Si queremos precisar una comprobación respecto a la afirmación que
sustenta esta idea, diré que entre los habitantes de esas colonias, la historia de
estos movimientos se mantiene hasta el día de hoy como parte de la memoria
colectiva de esa zona, sobre todo en la memoria de personas que hoy rayan
entre los cuarenta y los cincuenta años de edad. La pregunta es ¿Cómo
podemos articular una historia global sobre esas décadas teniendo como
actores centrales a una gama de cientos de jóvenes que no organizaron del
todo un movimiento de manera premeditada, sino que en el curso de una serie
de necesidades relativas a la diversión y el tiempo libre, fueron constituyendo
algunas prácticas ─baile, vestimenta, sociabilidad─ que terminaron por generar
una identidad juvenil? De ahí que el inicio de la presente investigación haya
resultado un tanto complicado en lo que respectó a la organización de
elementos. Fuentes, datos, testimonios parecían venir desarticuladamente de
todas partes. El reto fue entonces empezar a tomar elementos aparentemente
inconexos para tratar de ordenar una lógica de relación entre eventos y
actores, entre prácticas y la creación de nuevos universos en un escenario en
el cual la música y la violencia estaban fuertemente enlazados. El
desentrañamiento de la naturaleza de fenómenos emergentes como lo fue el
caso de los tonchos y los soleros, obliga efectuar una labor de restauración
histórica a partir de buscar elementos justo ahí, donde priva el enrevesamiento,
donde los hechos están incrustados en el entramaje de una aparente “sin razón
social” desde la cual debemos descifrar sus pautas, extraer una racionalidad.

Debemos preocuparnos de manera creciente por descubrir la «racionalidad» de


la sinrazón social. Esto no quiere decir levantar las manos y decir «no puede
ocurrir nada en la historia», sino más bien, encontrar las «razones» de la
sinrazón social.11

En tal sentido, este trabajo ha consistido en tratar de direccionar ese cumulo de


memorias dispersas para ponerlas en cierto orden. Por otra parte la historia,
como elemento compartido en tanto memoria colectiva, es parte de una serie
de componentes que terminan por establecer la identidad del este u oriente de
la ciudad. Es decir el movimiento de los tonchos y de los soleros constituyen
una pieza más en una zona donde han surgido una serie de fuertes
expresiones identitarias o de culturas alternativas, mismas que le dan a los

11
E. P. Thompson, Agenda para una historia radical, critica, 1994, p. 12

13
sectores Libertad y Reforma el talante de ser una cadena de barrios rebeldes
de la clase obrera tapatía. Es la misma zona de la ciudad en que surgió el
Frente Estudiantil Revolucionario (FER), a la vez que se fundó la Liga
Comunista 23 de Septiembre. En ese mismo sentido las colonias Benito Juárez
y la Yáñez fueron las franjas de resguardo del grupo guerrillero la Unión del
Pueblo. También se encuentran en esas calles las preparatorias de la
Universidad de Guadalajara números dos y tres, mismas que fueron escenarios
de grandes batallas en las que la Federación de Estudiantes de Guadalajara
(FEG), trató con cierta dificultad al principio, de imponer su hegemonía a
organizaciones estudiantiles disidentes como el propio FER durante el año
1970, haciendo correr la sangre a lo largo de dichos sectores. 12 Es la misma
zona en donde está incrustado el “baratillo” como una forma de comercio
alternativo que en su momento fue nutrido por la compra/venta de pantalones
de mezclilla “Levi´s” y de tenis “converse” y “vans”, elementos indispensables
tanto del uniforme juvenil rockero de la época. Es esta amplia composición de
movimientos sociales, políticos y culturales en que debemos imaginar
incrustado el fenómeno de los tonchos y de los soleros durante los 70 y 80.
Una fase sumergida en una serie de violentos subcontextos de crisis sociales.
Años marcados por la depresión económica, las devaluaciones, la
sobrepoblación y problemas de desempleo, mismas que causaron enormes
estragos en las expectativas de los jóvenes pobres, quienes terminaron por
miles emigrando hacia los Estados Unidos en busca de mejores oportunidades
laborales. Justo ahí, en el país norteño es que viven ahora decenas, quizás
cientos de ex tonchos y ex soleros que en los 80 dejaron Guadalajara, muchos
de ellos para no volver hasta el día de hoy. Fue en los barrios de los sectores
Reforma y Libertad que se aglomeraron decenas de pandillas, muchos de
cuyos miembros fueron asiduos seguidores tanto de La Solemnidad como de
Toncho Pilatos. Ambos son los sectores en los que mejor germinó y creció el

12
Para una mayor apreciación de la violencia estudiantil dirigida desde la FEG hacia grupos
democratizantes ir al libro “Poder y Violencia en la Universidad de Guadalajara”; en él se exponen las
estrategias de control ejercidas por ese organismo estudiantil para mantener el control de las
preparatorias, incluyendo el uso de sus relaciones con algunos pandilleros del este de la ciudad para
fortificar ese dominio. El trabajo del autor es de suma relevancia en tanto es una de las pocas
exposiciones que existen sobre los hechos por parte de uno de los actores del bando contrario a
organizaciones como el Frente Estudiantil Revolucionario (FER); el autor fue miembro del Pentathón
desde los años sesenta además de ser Jefe de Estado Mayor de la zona Jalisco. Jaime Abundio Rodríguez
Gómez, Poder y Violencia en la Universidad de Guadalajara, México, Eugenesias, 2009.

14
fenómeno de la prostitución, contándose en sus barrios famosos prostíbulos o
casas de cita como “La Comanche”, “Rosa Murillo” o “Guadalajara de Día”. Lo
mismo esa zona del oriente congregó decenas de cabarets, bares y centros
nocturnos, la mayoría de ellos instalados en la franja de la Calzada
Independencia en el perímetro dado a su cruce con la calle de Gigantes. 13
También fueron estos los barrios en que se encontró por más de cincuenta
años (1932-1982), la penitenciaría de Oblatos, la mayor cárcel estatal casi
como una especie de “servicio a domicilio” para los habitantes de la zona, en
especial a los jóvenes. Amén de que en esas calles germinó también el
proyecto de la Teología de la Liberación de los años setenta, sobre todo en los
sectores juveniles de las parroquias de colonias como San Onofre, San Isidro,
Santa Cecilia o San Juan Bosco y que tuvo su culmen en la adscripción juvenil
de la parroquia del Divino Preso, donde surgió el movimiento de “Barrios
Unidos en Cristo” a inicios de los ochenta.
Es este concentrado de elementos socioculturales los que hay que
considerar para tratar de dimensionar el significado que tuvo el movimiento de
los tonchos y de los soleros, más allá de adscribirlos a la apreciación
reduccionista de que estos cientos de jóvenes sólo fueron “fans de dos grupos
de barrio”. Es por ello que podemos decir que el contexto en que surgieron
ambas comunidades, estuvo mucho más allá de ser considerada como una
corriente juvenil efímera, sino que formó parte de un proceso de la identidad
histórica de todo el sector este de la ciudad. La historia de estos miles de
jóvenes es en buena medida, la historia sociocultural de las pandillas y sus
formas de ser en una fase muy remota de la ciudad. Es también la historia de
las rupturas generacionales, de los quiebres en las visiones del mundo adulto
respecto al juvenil, mismas que van desde el determinismo de un clasismo
social que dividía a la juventud tapatía entre la Guadalajara rica y la pobre,
─teniendo como eje de diferenciación a la Calzada Independencia─, hasta las
visiones diferenciadas que los soleros y los tonchos tenían como actores de
esta historia, respecto a formar parte del ser y estar en la vida y muerte de la
ciudad. Por eso era imperante para la historia de las culturas juveniles de
occidente, traer de nuevo a los tonchos y a los soleros suspendidos para la

13
Bogar Escobar Hernández, Amaneció en Guadalajara, Universidad de Guadalajara”, 2015.

15
eternidad en un salto en el aire, gritando para siempre. Porque dice John
Holloway que antes del verbo fue el grito; un grito que se niega a la mutilación
de la vida truncada por el dinero. “Un grito de tristeza, un grito de honor, un
grito de rabia, un grito de rechazo: ¡NO!”.14 Eso dijo Holloway en
Comunicemos. Es ese “no” convertido en grito, el mismo al que invoco para
traer hoy a la memoria a los tonchos y a los soleros. Recordar, caminar a la luz
del día y de la noche. Recordar los pasos dados desde hace más de cuarenta
años para regresar sobre ellos, abrirnos campo en la aridez de una visión
histórica del mundo en que un Estado marginado de la vida, marginado del
entendimiento suficiente para comprender el hacer vital de jóvenes de miles de
adolescentes que de la nada, aparecieron bailando incesantemente. Por último
y a razón de un profundo agradecimiento que nunca podré saldar, quiero
mencionar a aquellas personas que fueron determinantes en el desarrollo y
conclusión de este trabajo.
Al inicio y me refiero a los meses que fueron del invierno del 2013 a junio
del 2015, el presente libro era sólo un acumulado de esbozos, ideas sueltas,
algunas charlas transcritas y desorganizadas. Más adelante, y estando ya en el
programa de estancias posdoctorales del Colegio de Jalisco por lapso de un
año que fue de septiembre del 2015 al mismo mes del 2016, y con el apoyo del
Dr. Rogelio Marcial y del Dr. Refugio de la Torre Curiel, encontré la forma de
investigar por un periodo más amplio el tema, con el respaldo del Consejo
Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), el cual nos apoyó con el
financiamiento de una estancia posdoctoral para contar con la oportunidad de
rediseñar el proyecto. A mi paso por dicha institución debo reconocer el favor
dado con su atención y respaldo a mi proyecto con sus experiencias en el
proceso al Dr. Rafael Sandoval Álvarez; a la Dra. Erika Patricia Cárdenas
Gómez, a la Dra. Cristina Gutiérrez Zúñiga, a la Dra. Laura Alarcón Menchaca,
a la Dra. Beatriz Núñez Miranda y a la actual coordinadora del programa de
Doctorado, Estrellita García Fernández; al licenciado y colega Joel Guzmán
Anguiano lo mismo que al Dr. Javier Hurtado, actual presidente de esta
institución. En el plano de la labor de los encuentros y la asesoría en el tema
agradecer a todos los amigos que en el camino, de manera directa e indirecta

14
John Holloway Comunicemos, Guadalajara Jalisco, Editorial Grieta, México, 2013, p. 36

16
─presentes y no─ contribuyeron con sus experiencias a la confección y
fortalecimiento de este libro. Es por eso que entre muchos debimos empezar a
rememorar, a pensar en este texto. Tonchos, soleros, rockeros en general con
sus testimonios me ayudaron a abrir una puerta a una dimensión de ese
pasado que viví de manera un tanto tardía a mediados de los ochenta. De ahí
mi agradecimiento por su invaluable ayuda a Martin Alvarado “El Zope”, a su
hermano Juan “Militia” Alvarado y a su mujer Flor López. A Juan García
Castorena, “The Catallizador”; al “Canelo” y Elías Serrano, ambos grandes y
respetados cancerberos del hoy día resurgente culto solero, y en especial a
Francisco Guzmán, poeta tapatío, seguidor de la sole en tiempos remotos, que
tuvo a bien guiarme ─incluso en mis propios terrenos─ para darme luz sobre la
época de los soleros y los tonchos en el este de la ciudad. Gracias a “Lupillo”,
baterista de Toncho Pilatos, lo mismo que a José Iñiguez López “Pepe”,
baterista de La Solemnidad. Mi especial gratitud a José Antonio Pérez Luna, “El
Yombin” y a su mujer Susana García Uribe por su esfuerzo y generosidad a la
hora de integrarse con ímpetu al presente trabajo.
A mis amigos de aquella época Francisco Villa Maldonado y Antonio
Rodríguez Esqueda, lo mismo que todo mi aprecio por sus valiosos testimonio
a Edmundo Fuentes Ramírez de Vidrio; a Darío Olguín y a Armando Segovia
“Manyu” de Atheos por su valioso respaldo a lo largo de los años. A mis
camaradas de labor en la búsqueda de las definiciones profundas de la música
regional y global, y mi colega historiador y gran conocedor del tema David
Reiko Moreno, al Dr. Juan Antonio Vargas, a los hermanos Israel y Diego
Martínez y en especial a mis compañeras de travesía profesional luego de
muchos años de amistad y trabajo cercano, Alejandra Hernández, Laura Flores
y particularmente Erika Ledezma. De la misma manera debo destacar la
importancia de los debates dados sobre el tema en las redes sociales, espacios
de los cuales extraje datos concretos y conjeturas que de manera indirecta me
ayudaron a cuadrar algunos de los pasajes del texto. Las referencias de
fuentes generadas por tonchos y soleros en páginas virtuales como MySpace a
YouTube y Facebook, han sido determinantes para la profundización del
presente trabajo. Gracias por ello ─aunque indirectamente sin que esto reste
merito─ a “ZorryOsburne”, “Roadyrecords” y “Carlos Tontón”; a “Roady”, “Krap
Pándura” y Miguel “El Pastel” Robledo. A todos, mil gracias.

17
CAPÍTULO I
Soleros y Tonchos:
Cultura juvenil y hegemonía

18
El Tri y Botellita de Jerez, dos grupos del Distrito Federal que han estado cercanos a los
chavos y a sus formas de protesta. Sin embargo a finales de 1989, aceptaron venir a
Guadalajara a un concierto organizado por el PRI, realizado en la Concha Acústica del
Parque Agua Azul, donde Alejando Lora, vocalista del Tri, se abstuvo de sus tradicionales
agresiones al sistema. Esto les ganó el rechazo y el repudio de la banda, que coreaba a
una sola voz “queremos a la Sole”. La sole, “La Solemnidad”, es un grupo de rock local,
nacido de las entrañas de la banda.

Rosana Reguillo, En la calle otra vez.

1.1.- LOS SOLEROS

El propósito del presente capítulo es el de intentar caracterizar a los actores de


esta investigación. Es por ello que decidí colocar en este aparatado una
secuencia descriptiva y analítica que trate de responder una serie de preguntas
que den cuenta sobre la identificación de los agentes centrales de la historia
que aquí se presenta. Más allá del propósito de focalizarnos ampliamente en
las trayectorias de los grupos de rock “Toncho Pilatos” o de “La Solemnidad”,
nos interesa poner la luz en la cuestión de quiénes eran sus seguidores, ─los
tonchos y los soleros─ y de qué manera estas colectividades juveniles se
vinculaban con las pandillas y su contexto en un tiempo y espacio específicos.
Es este capítulo en el cual situé las vértebras que en buena medida sostienen
el carácter histórico del presente libro, esto a partir de una reflexión de cómo
estos actores generaron sus propios escenarios de relación, concibieron una
serie de prácticas, mismas que derivaron en una nueva forma de ser en el
mundo. Respecto a la temporalidad no hay un punto específico en que
podamos precisar el nacimiento del fenómeno, de ahí que haya señalado
algunos momentos cercanos a la fase de origen de los movimientos toncho y
solero. Si bien Toncho Pilatos lanzó su primer disco en julio del año 1971, y La
Solemnidad se formó en el año 1972 como un grupo de barrio especializado en
tocar covers de las grandes bandas del rock de moda en esa época, el ascenso
popular de ambos como expresiones juveniles populares los veremos con
cierto auge a mediados de esa década.15 Debemos aclarar que el uso de estos

15
Un cover es una pieza musical popular ejecutada por un grupo a manera de imitación. En el campo de
los conocedores de la música un cover sólo tiene como primera instancia un propósito de entretenimiento,
aunque si existen covers cuya intención es innovar desde un tema original. Dado que la sole formó su
repertorio de covers, mismos que trasladó como playlist de sus presentaciones, se le consideraba una
banda que no aportaba nada nuevo al rock en la ciudad. Sin embargo, para el Doctor en Historia y
Ciencias de la Música Rubén Cano López, un cover es la instauración, por parte del oyente, de una

19
dos momentos es de carácter referencial, y tiene la sola intención de estabilizar
la lógica de un proceso histórico en el cual podamos situar un punto de partida.
Afanados como estamos aquí en tratar de establecer el diseño del umbral de
una identidad, no está por demás señalar incluso que para algunos soleros y
tonchos, las historias de ambos grupos y sus respectivas comunidades
deberían presentarse de manera separada. Para quienes conocen sus
trayectorias pareciera que nada o poco tienen que ver los seguidores de La
Solemnidad que se dedicaba a la ejecución de covers de bandas famosas de
rock, con los admiradores de Toncho Pilatos que centró parte de su obra en las
exploraciones experimentales del rock, el blues y las raíces musicales
prehispánicas y mexicanistas. Sin embargo, pasados los años y al día de hoy,
esas lejanas diferencias han sido superados al grado de que existe una
convivencia fraternal entre los integrantes de ambas comunidades. Es por ello
que me parece importante tocar el tema de la relación entre la audiencia y cada
uno de los conjuntos, entre los soleros y la sole; entre los tonchos y Toncho
Pilatos, además de tratar de pensar en las múltiples formas en que ese vínculo
cultural gestado entre banda y seguidores, se desplegaba de manera material y
simbólica al interior de las pandillas y cómo se manifestaba metafóricamente en
la vestimenta, el baile o las formas de relacionarse internamente. En otras
palabras, tonchos y soleros crearon a su manera ─y tal como lo presenta
Carles Feixa─ una compacta microsociedad juvenil que en buena medida los
separó de los criterios del mundo adulto, creando los propios mediante al
afecto a nuevas formas de cultura.

Las culturas juveniles se refieren a la manera en que las experiencias sociales


de los jóvenes son expresadas colectivamente mediante la construcción de

relación entre una canción considerada como punto de origen o referencia y otra entendida como su
actualización. El reconocimiento de una canción o tema como versión de otra, en general, supone: 1)
que existe por lo menos una grabación o performance anterior conocida y reconocida socialmente; 2)
que la canción se asocia estrechamente con el cantante o banda de esa versión anterior y con su
respectiva escena musical; 3) que se construye sobre el tema un particular sentido de pertenencia a ese
cantante, banda y/o escena y 4) que la nueva versión introduce una transformación, de la intensidad que
sea, en el espectro de significación de la canción. En este sentido y observando los puntos tres y cuatro,
La Solemnidad cumplía en esos dos niveles íntegramente, esto se puede aseverar a partir de la intensidad
ocurrida en la forma de baile de los soleros; de ahí sostengo que no se puede asumir que La Sole era una
simple banda que imitaba a otras bandas, sino que en el hecho de la recreación de los temas, surgió una
nueva forma de ejecutar y asumir desde las audiencias los clásicos del rock. Para un mayor apreciación ir
a Rubén López Cano, Lo original es la versión: Covers, versiones y originales, en la música popular
urbana, Revista “Consensus” 16, Universidad Femenina del Sagrado Corazón (Unife), Lima, 2011, pp.
57-88, re editado en Barcelona, Amalgama, 2012, p. 83

20
estilos de vida distintivos, localizados fundamentalmente en el tiempo libre, o
en espacios intersticiales de la vida institucional. En un sentido restringido,
definen la aparición de “microsociedades juveniles”, con grados significativos
de autonomía respecto de las “instituciones adultas”, que se dotan de espacios
y tiempos específicos.16

En esos términos, soleros y tonchos transformaron la lejanía generacional


habida entre adultos y jóvenes en ese campo en que la subjetividad de la
diferencia ─entre un mundo y el otro─ dejó de ser un supuesto para poco a
poco convertirlos en continentes separados; esto fuera de pequeños interflujos
anecdóticos, como la remembranza curiosa y por muchos contada de una
pareja de personas mayores que eran seguidores de La Sole y que no perdían
ocasión para bailar los fines de semana entre los jóvenes, especialmente en el
“El Arlequín”.17

Un caso curioso que a todos nos llamaba la atención era el de una pareja de
personas ya un tanto mayores que sólo iba a ver a la sole, les gustaba esa
música y ellos bien alegres se ponían a bailar en medio de todos sin que nadie
se metiera con eso.18
El espacio de baile y su uso poco a poco fue dando origen a un dominio. Hablo
de ese nuevo submundo emergiendo de la nada en el que tonchos y soleros
compartieron los mismos territorios en las colonias del este de la ciudad.
Hablamos de jóvenes que en términos de una perspectiva de estudio histórico,
pueden ser completados como objeto de análisis a partir de una serie de
patrones unificadores que forman parte de un mismo fenómeno, entre otros
marginalidad, condiciones semejantes de vida en lo laboral y educativo,
además de bajas expectativas de desplazamiento social. Tal cual nos lo señala
16
Carles Feixa, De jóvenes, bandas y tribus, España, editorial Ariel, “De jóvenes, subculturas y estilos”,
2006, p. 3
17
El casino “Arlequín” estuvo ubicado en la calle de Independencia número 23 en Tlaquepaque. Dicho
lugar fue en su origen el “Club de Leones”. Era desde mediados de los años cincuenta, el punto obligado
para las fiestas de enlaces religiosos, eventos políticos, programas con líderes de los clubes deportivos,
graduaciones, bailes de coronación de reinas municipales, bailes generales, presentaciones de vedettes,
festivales de cultura o eventos de beneficencia. Al “Arlequín” lo empezaremos a ver anunciado para
eventos de La Sole a mediados de los años setenta. Desde entonces, dicho casino se convirtió en el centro
del movimiento solero y se mantuvo vigente como espacio para tardeadas hasta mediados de los años
ochenta. Teniendo en cuenta el registro de avance del fenómeno de los soleros y los tonchos como un
proceso de fuerzas semiorganizadas constituyéndose en una nueva representación ─a la vez que
delimitando espacios─ es que podemos signar la propuesta de un desplazamiento espacial que en una
primera etapa surgió en la zona de Tlaquepaque, mismo que poco a poco fue expandiéndose hacia
Guadalajara, para después instalarse de manera fortalecida en colonias como Talpita y Santa María en lo
que podríamos llamar una etapa de bonanza, hasta desaparecer a mediados de los ochenta en al casino “El
Popular”.
18
Entrevista con José Antonio Pérez Luna, “El Yombin”, aplicada el 8 de abril del 2016. El entrevistado
es uno de los más importantes expertos de la ciudad en el tema del rock tapatío. La charla transcurrió en
la casa de “Yombin” al este de la ciudad, cerca de la estación Tetlán del Tren Ligero.

21
Rogelio Marcial, es dentro de ese marco de condiciones compartidas que
emerge la identidad de los grupos juveniles, en tanto al fortalecerse la
concepción de un nosotros, está aparece en contraste hacía los otros.

La construcción de la identidad en el plano social es resultado de la búsqueda,


por parte de los actores, de lograr ubicarse en el mundo en el que se
desenvuelven; proceso estrechamente ligado a la interpretación que hagan los
sujetos sociales de este mundo. Las razones de la estructuración, el
funcionamiento y las demarcaciones de la realidad a la que se enfrenta son
más fácilmente comprensibles cuando se logra identificar lo que se es y lo que
no se es; como indicamos anteriormente, cuando queda claro lo que somos
nosotros, y lo que son los otros. Este proceso de auto y heteroreconocimiento
es el constituyente de la construcción de las identidades sociales. 19

En ese escenario podemos pensar en la aparición de los seguidores de Toncho


Pilatos y de La Solemnidad como el momento en que emerge una subcultura
que delimita el mundo no sólo ante los adultos sino ante sus iguales, es decir
ante otros sectores juveniles. Si planteamos este giro en la lógica evolutiva de
la historia del rock en la ciudad, estas dos comunidades representaron el
momento de transición que fue de los seguidores del rock tradicional (hippies y
rockeros), a la constitución originaria de seguidores de bandas locales que con
sus actividades configuraron una de las primeras esferas vinculadas al rock
hecho en casa. En esa fase temporal que abarca más de una década que va
aproximadamente de 1975 a 1985, ambos grupos lograron congregar a su
alrededor, a las que serían sin duda las audiencias más amplias de las que se
tenga memoria durante esos años, la primera ─conforme a la apreciación de
algunos ex soleros en un autoanálisis retrospectivo─ tribu urbana en la ciudad
de Guadalajara.

¿Entonces qué somos, qué fuimos? ¿Una generación perdida? ¿Acaso


hippies, beatniks, punks, cholos? Nada de eso, tal vez sí, un tanto heavy-
metaleros. Pero somos, si quieren, una secta religiosa; ni más ni menos que los
fundadores de la primera tribu urbana surgida del rock en Guadalajara: los
soleros. Porque no faltará quien diga que La Solemnidad tocaba puros fusiles
de rock en inglés y que los seguidores y sus vestimentas no tenían originalidad.
Pero algo es cierto, nadie nunca en guanatos cantó el rock tan bien como el
Blas y nadie jamás igualará el baile de los soleros. 20

19
Desde la esquina se domina: grupos juveniles: identidad cultural y entorno urbano en la sociedad
moderna, Rogelio Marcial, el Colegio de Jalisco, 1996, México, p.42
20
Francisco Guzmán, texto “Rock tras las rejas”, julio del 2014. Guzmán es uno de los más importantes
testimoniantes de la presente investigación; artista de la palabra, autor del libro La pantomima y otros
diarreicos relatos (2009); oriundo de Arandas y radicado en Talpita, más que solero o toncho, Guzmán es

22
Esta generación llegó a componerse según las memorias de algunos de los ex
seguidores de ambas bandas, de un bloque de más tres mil muchachos
―entre mujeres y hombres―, muchos de ellos, pertenecientes a las
abundantes pandillas que en ese tiempo poblaban la zona oriente de la ciudad
de Guadalajara, incluyendo algunas partes de los municipios de Tonalá,
Tlaquepaque y Zapopan, que también fueron puntos geográficos en los que
arraigo el fenómeno.

1.2.- LA SOLEMNIDAD COMO HISTORIA

“La Solemnidad” fue una banda de rock que estuvo activa en Guadalajara de
los años que van de 1972 a 1986. Los integrantes originales del grupo fueron el
cantante Blas Rodríguez Navarro conocido como “Blas”. En la guitarra principal
y en la batería estuvieron los hermanos Rafael y José Iñiguez López. Ambos
conocidos como “El Marras” y “Pepe” respectivamente.21 En la guitarra de
acompañamiento estuvo Rodolfo Asencio Castillo “El Popo”. En el bajo estaba
Tomás Vázquez Ríos “El Ganso”. Cuenta Blas en una entrevista para
“Buscando el rock mexicano” que en aquel momento las bandas usaban
nombres muy largos, y que a él se le ocurrió el título del grupo porque le
gustaba mucho una canción de los Bee-Gees que se llama The earnest of
being George ─La Solemnidad de ser Jorge─, de ahí sugirió La Solemnidad,
que después fue mejor conocida como “La Sole”, siendo por ello sus

uno de los que con más agudeza conserva los pasajes en las calles y los casinos de aquella época, y con
quien he compartido largas charlas derivadas en entrevistas desde el 2012 hasta el presente año.
21
Acompañado por José Antonio Pérez Luna, “El Yombin” a fines de abril del 2016, pudimos
entrevistarnos con “Pepe” para que nos contara su experiencia con la Sole. Pepe, al igual que “El
Marras”, nacieron en el barrio de San Andrés, en la calle 74 al cruce con Gigantes. Hoy día, Pepe tiene 71
años de edad. nació en 1945 y se precia de haber tenido una infancia muy larga. La misma transcurrió en
medio del sueño futbolero de jugar alguna vez en la liga de la primera división. “Yo estudiaba en la
primaria Lázaro Cárdenas que está en calle de Obregón 2387, y la calle de Felipe Ángeles. Desde que
amanecía hasta las 10, 11 de la noche yo jugaba futbol, yo quería ser futbolista. Me pusieron de apodo el
Periquín, y luego El 8, por lo de la bola 8 del billar, pues por andar en el sol se me puso la piel más
oscura. Mi primer equipo formal fue el de Colonia Hidalgo, era de los mejores de la zona. Un amigo de
mi papá fue el que me invitó a entrenarme en el equipo Oro, que tenían sus instalaciones también en San
Rafael. Empecé a entrenar, y pronto me metieron a la juvenil y en ese lapso de juego, me dijeron que me
querían meter en las reservas del equipo para que debutara en dos años. Ahí jugaba Felipe “El Pipis”
Rubalcaba, que le decían el príncipe, y ese mentado “pipis” un día me mentó la madre, y yo se la regresé,
“¿Sabes a quien se la estas mentando?”, dijo el pipis, y le dije que no porque yo fuera nuevo él no tenía
derecho a mentármela. Ya afuera nos agarramos a golpes, y todos se enteraron, y eso les molestó mucho,
en ese tiempo me pagaban 350 pesos a la quincena, y por esa pelea me prescindió el contrato. Y de ahí
entre en una depresión muy grande, dejé el futbol, ya no me gustaba entrenar, lo deje por un tiempo”.
Entrevista con José Iñiguez López “Pepe”, baterista de La Solemnidad, 22 de abril del año 2016.

23
seguidores llamados “Los Soleros”.22 La Solemnidad se fundó en 1972 y editó
tan sólo tres Ep´s de 45 revoluciones con temas originales, que poco tenían
que ver con el rock, ya que eran baladas en español al estilo de los grupos
románticos de la época como “Los Freddy´s”, o “Los Terrícolas”; esas
grabaciones tuvieron un ligero éxito, llegando incluso a ser programadas en la
radio a nivel regional. La casa en que ensayaba La Solemnidad está ubicada
en la calle Jorge Isaac número 245 a su cruce con Aldama del Sector Reforma,
casa materna de Rafael y José. Como ya lo expuse más atrás, el lado fuerte
del grupo era la ejecución de covers de rock de lo que más se escuchaba en la
radio. El baterista original de La Solemnidad fue un primo de los hermanos
Iñiguez López: Leopoldo Sahagún “Polo”, y al dejar la banda esté, se abrió la
oportunidad para que “Pepe” ─aunque no de muy buena gana─ entrara a la
Sole.

Un día Polo nos dijo que se iba a ir, y se llevó la batería. Mi hermano Rafael me
habló y me dijo que ellos sabían que yo tocaba la batería, y de ahí me pidieron
que yo fuera el sustituto. Mi hermano me dijo que no había opción, que yo tenía
que tocar porque mi mamá había hipotecado la casa para conseguir dinero
para los instrumentos, eso sí era algo grave, porque a mí no me gustaba la
música, a mí me gustaba el futbol. Me dijeron que había una tocada para un
sábado en Zapopan con una quinceañera, la fiesta duraba cinco horas y “ya
nos dieron un adelanto”. Para mi esa era una propuesta muy difícil pues no me
sentía seguro, y ellos tenían cinco años tocando. En esos días, de un lunes a
un martes, me aprendí veinte rolas. Entre ellas una de las que toqué primero
fue Who´s stop te rain de Credence, porque a pesar de que yo no me sentía
rockero, me gustaban los Beatles y Credence.23

Con “Pepe” como baterista, el grupo se fortaleció, y se puede decir que con su
inclusión, La Sole constituyó su sonido. Y aunque eran covers, estos eran
ejecutados con esa peculiaridad que llevaba a comentar a los soleros que La
Sole tocaba las rolas, incluso “mejor que las originales”.24 En ese contexto de
ascendente popularidad de la sole, durante las navidades el grupo regalaba
posters y camisetas a sus seguidores. Recuerda Blas constantemente en
charlas con sus cercanos el día en que algunos de sus jóvenes seguidores
hicieron una manta en la que pusieron los nombres de las pandillas que eran
asiduas a la banda y como quedaron impresionados al ver que en la tela había
22
Entrevista, “Buscando al rock mexicano”, capsula número 36, La Solemnidad, 9 de febrero del 2012,
última visita efectuada el 21 de julio del 2016.
23
Entrevista a José Iñiguez López “Pepe”, 22 de abril del 2016.
24
Expresión popular solera. La recurrencia de esta afirmación viene desde fines de los setenta e incluso,
se mantiene como memoria que honra el virtuosismo de sus integrantes.

24
más de treinta o cuarenta “placazos” de pandillas, en su mayoría del este de la
ciudad. Para imaginar un poco la dimensión de lo que aquí contamos, se dice
que en el casino “Popular” una de las sedes más importantes del solerismo a
mediados de los ochenta, cabían unas 500 personas paradas, y si quitaban las
sillas y las mesas podían entrar hasta unos 1,500 soleros bailando.25
Musicalmente hablando, para algunos de los conocedores del rock tapatío, uno
sólo parece haber sido el gran pecado de La Solemnidad: tocar sólo covers de
las grandes bandas de rock inglés y norteamericano. De ahí que sea común
escuchar que gente asidua al rock en la ciudad juzgue hasta el día de hoy el
trabajo de La Sole, como un repertorio de baratijas que le impide formar parte
del Olimpo del rock&roll regional. Por ello, no hablaremos aquí de la condición
del cover como una copia que reduce el horizonte creativo de sus ejecutores,
sino del cover como el instrumento unificador de una colectividad marginal que
identificaba en las presentaciones de la sole o de toncho, la posibilidad efímera
de alcanzar lo que para esa época era inalcanzable: la visita imaginada
─idealizada, utópica─ de esas grandes bandas de rock que jamás pisarían
México. Se trataba de vivir aunque fuera de manera ficticia, la experiencia del
tumulto, de la aglomeración y de algunas formas de histeria. Cosas que sólo se
veían en los films de grupos de rock que a cuentagotas llegaron a la ciudad
durante los setenta y los ochenta, años en que se exhibieron películas como
Gimme Shelter de los Rolling Stones en Altamont realizada en 1969, o The
song remains the same de Led Zeppelin a finales de julio de 1973 en el
Madison Square Garden de Nueva York.26 Para este caso, La Solemnidad fue
un grupo dedicado con maestría a la ─aunque no parezca─ difícil labor del
cover. Antes de ellos el covero mayor fue Pedro el Azkil y su grupo, también se
habían especializado en la réplica, en la reproducción de las canciones que se
escuchaban en la radio, pero que cuando eran ejecutados a manera de cover
por alguna banda, no se le daba el mismo valor que una composición original.
Sin embargo, en el caso de los seguidores o adeptos de La Solemnidad, se

25
Charla informal con Blas, cantante de La Sole; efectuada en su negocio de comida en San Pedro
Tlaquepaque, 21 de julio del 2012.
26
La sala de cine “Greta Garbo”, organizaba festivales de películas de música moderna, a ese ciclo se le
llamó “El Rock”, esto entre junio y agosto de 1983. Para quienes asistimos a alguna de esas funciones,
resulta emotivo recordar como esos eventos se convertían en la mini metáfora de un concierto real. Había
gritos y baile, y era común que pudiéramos entrar con una grabadora para resguardar las canciones, amén
de que la clásica y densa nube de humo de marihuana, era parte del escenario de esas funciones.

25
señalaba esa característica, José Antonio Luna Pérez refiere que un viejo
amigo suyo llamado Jesús, le comentaba eso alguna vez:

“A mí me gustan más las rolas con la sole que en el LP”, me decía Chuy, y es
que en verdad los integrantes de La Solemnidad interpretaban excelentemente
bien. Eran músicos muy buenos, “El Marras” era un cabrón. Era bien curioso
porque los conocías, y mira, veías a bandas como Spider´s, y a Toncho Pilatos
y todos tenían una facha de rocanroleros, ¡y La Sole no cabrón!, esos eran
unos señores, no eran rucos pero eran muy formarles. La ropa normal, escasa
melena, Blas podría considerarse el más rebelde, con su pelo y sus playeras y
su pandero. Yo no sé si él sabía cantar en inglés o no, pero fonéticamente las
canciones estaban bien cantadas en ese idioma.27

En ese mismo sentido corrió la apreciación de Francisco Guzmán la primera


vez que tuvo enfrente a los músicos de La Solemnidad. Y es que visto en los
años, algo que destacó del grupo, fue su anti-imagen como rockeros, impresión
que saltaba a la vista al momento y se sigue reteniendo como algo muy propio
de La Sole en la memoria; recuerda Guzmán:

Lo que no me queda claro es cuál de los músicos de La Sole es el que le


apodan “El Marras”, creo que es el del requinto. Es que casi todos ellos son
medio gorditos. Nada que ver con los grupos de rock gabacho. Bueno, a “El
Ganso”, a ese sí lo distingo porque está flaco y como que estira el pescuezo
cuando le tupe al bajo. Pero el que de veras destaca es “El Blas”, el cantante, a
ese todos lo conocen. Me pregunto a qué jale se dedican estos batos entre
semana. Han de ser albañiles o mecánicos. Para mí que alguno de ellos
despacha en una carnicería.28

Para los seguidores de la sole, un pequeño escenario en un taller de laminado


o en un casino era lo justo para producir el efecto de un micro concierto de
rock. Una pequeña batería de bafles era la expresión de potencia en audio más
grande de la época en los barrios pobres de la ciudad, y eso era suficiente.
Estos lograron reconfigurar como lo señala Henry Jenkins, una estética fan
cuyo centro no es la originalidad, sino la apropiación que los soleros hicieron de
un ambiente creado por una banda que sólo tocaba covers.

La estética fan se centra en la selección, alteración, yuxtaposición y


recirculación de imágenes y discursos ya creados. En pocas palabras, una
cultura pirateada exige un concepto de la estética que ponga énfasis en la
apropiación y la recombinación tanto o más que en la creación original y la
innovación artística.29

27
Entrevista con José Antonio Luna Peréz, “El Yombin”, citada.
28
Entrevista con Francisco Guzman, citada.
29
Henry Jenkyns, Piratas de Textos, traducción al libro, Textual poachers: televisión, fans, and
participatory culture, Barcelona, Editorial Paidós, 2010, p. 18

26
En ese sentido, tanto La Solemnidad como una banda especializada en covers
(lo mismo que Pedro el Azkil), conformaron un campo cerrado en el cual la
crítica sobre la originalidad de la música no era relevante, sino que lo
importante se situaba en la posibilidad de generar un ambiente en el cual, una
comunidad juvenil perteneciente a un extracto social especifico pudiera expiar
las vicisitudes del diario vivir mediante la fiesta y el baile. Hay un momento en
el proceso de la banda, en que ocurre una apropiación de los temas
ejecutados; es ahí que los tan menospreciados covers o fusiles, dejan de ser la
copia silvestre y rudimentaria de alguna banda inglesa o norteamericana, y
para pasar a ser propiedad de la audiencia. Para tal caso, y dejamos esto a la
discusión, la interpretación ─situada en el contexto de los suburbios de una
ciudad sub industrialización del tercer mundo─ produjo una serie de efectos
diferentes en la audiencia, mismos que no aparecen como efecto ante la
ejecución de los autores de las piezas originales.30 No es de dudar que esta
apreciación haga que más de un purista del rocanrol tenga escalofríos, pero
esa era una valoración que no se fundaba en un principio vago de
competencia, sino por la forma en que la ejecución de tal o cual canción,
provocaba un tipo muy específico de reacciones, exclusivas de una ciudad en
la cual ocurría un fenómeno de exclusión del mundo adulto respecto al juvenil.

1.3.- DE TONCHO PILATOS A LOS TONCHOS

No fue menor el arrastre que tuvo Toncho Pilatos entre sus adeptos ─algunos
de ellos pandilleros al igual que los seguidores de La Sole─, sobre todo hacia
fines de los años setenta en los barrios de las colonias Talpita y Santa María
del Sector Libertad. De ahí que sea importante establecer algunas razones que
bien pueden constituir la justificación por la cual el tema de las pandillas
vinculadas a los movimientos de la sole y de toncho. De Toncho Pilatos suele

30
Potencialmente existen tres aspectos diferentes a partir de los cuáles el músico puede relacionarse con
la obra ejecutada en su estudio cotidiano. Estos tres aspectos son: aspecto técnico, aspecto analítico,
aspecto emocional. Respecto a La Solemnidad debemos mencionar el aspecto emocional. Lógicamente
este aspecto está relacionado con las emociones del músico, es decir con su aspecto
emocional/psicológico y, en este sentido, la disponibilidad del propio conocimiento
emocional/psicológico por parte del músico será fundamental para la posibilidad o no de profundización
en las emociones profundas de la obra en cuestión; Francisco Fermín Galduf, Músicos y emociones: hacía
una teoría de la Interpretación musical, España, 2015, p.5

27
decirse que fue una banda nacida en el “barrio bravo” de Analco; ensayaban en
la calle de Luís Pérez Verdia 535 al cruce de Antonio Bravo, Sector Reforma,
en Analco.31 Historiografías del rock, decires y la cultura popular recogen esa
expresión que podría llevarnos a pensar en que la bravura era exclusiva de ese
barrio, sin considerar que esta noción de brío estaba ─para esa década de los
años de inicios de los setenta─ extendida casi en todo el este de la ciudad. Sin
demeritar la expresión sobre el arrojo juvenil al que aludimos líneas arriba,
podemos decir que al igual que La Solemnidad y otras bandas formadas en los
sectores Reforma y Libertad, aquel brío de muchachas y muchachos que
asistían a esos eventos, formaba parte inevitable de un entorno al cual había
que oponer resistencia de manera constante. Per se, los grupos de rock del
lado este de la ciudad surgieron por lo general, en barrios atestados de jóvenes
temerarios y desafiantes. Si La Sole se destacó por los fusiles, Toncho Pilatos
fue lo opuesto. La música de este grupo no surgía del todo a partir del rock,
sino que eran las raíces de la música mexicana las que se encontraban con su
camino. De Toncho Pilatos como una banda del pasado y del presente ya se
ha escrito mucho, pero no está de más delinear algunos de los aspectos más
básicos de esta agrupación para orientar al lector novel al respecto. Formado
en 1969 y desaparecido en 1992, el conjunto original estuvo integrado por los
hermanos Alfonso “Toncho” y Rigoberto Guerrero Sánchez así como por
Alberto López mejor conocido como “Beto”. Sobre el grupo existe una de las
mejores descripciones hecha por el escritor Carlos Monsiváis, cuando Toncho
hizo una de sus tantas visitas a la capital. El retrato hecho por Monsiváis
─luego de haberlo compartido con algunos colegas para comentarlo─ no da
margen que permita el escape de una sola de sus partículas, es sin duda, una
de las mejores apreciaciones hechas del grupo, obviando claro, esa idea que
pudiera parecer despectiva del término naco, pero que en voz de Monsiváis
nos remite a su labor por aquellos años, de reivindicar culturalmente al término.

Adviene el nuevo grupo, llegado de Guadalajara, que responde al ornamentado


nombre de “Toncho Pilatos” y —para uno, observador entusiasta— el
espectáculo sufre un vuelco cualitativo. Porque su cantante y líder, el propio

31
El disco más remoto de Toncho Pilatos se llamó “Primera Vez” y apareció en el año 1971. La empresa
disquera encargada de distribuirlo fue la Polydor, y estuvo acompañada de una gran campaña publicitaria,
entre la cual destaca la de su lanzamiento: “Toncho Pilatos, la música que México exporta, artistas
exclusivos del rock-power, serie internacional Polydor, próximo debut del 5 al 8 de junio en el
Champagne a Go-Go, de Av. Juárez y Jesús Terán”, ficha de Polydor, junio de 1971.

28
Toncho Pilatos, es un naco definitivo, pómulos acentuados, tez cobriza, mata
(cabellera) pródiga que acentúa el aspecto de comanche o de sioux. A la
segunda canción, Toncho Pilatos ha definido su estilo y pretensión: crear el
rock huehuenche, utilizar elementos indígenas y fundirlos con el rock muy
heavy. Pretensión y estilo se centran y se desbordan en la figura de Toncho,
que puede recurrir a ocho o diez maracas para agrandar su vocación de Mick
Jagger convertido en danzante de la Villa de Guadalupe, la violencia orgásmica
de la tradición del rock que adquiere la monotonía pausada, la repetición
estremecedora del danzante indígena. “No hizo igual con ningún otro conjunto”.
El mensaje, si uno puede desprenderlo aunque nadie lo dicte o elabore
conscientemente, es muy claro: Naco is beautiful, como antes black ha sido
beautiful y, en ciertos sectores chicanos, brown ha demostrado ser beautiful. 32

No se necesita creemos, que de nuevo aquí se dé cuenta sobre las


condiciones de fundación del grupo. Lo que si resulta relevante rescatar son las
experiencias que algunos de sus asiduos seguidores pudieron compartirnos a
lo largo de este trabajo, en especial todo aquello que vieron desarrollarse
debajo del escenario, entre el público; justo donde se dio el surgimiento de la
nueva comunidad de los tonchos. Es por ello que al hablar de estos dos grupos
de rock, hablamos de dos bandas con un potencial, con un carisma que a
pesar de ser opuestos en términos del método y del horizonte artístico,
permitieron que la ciudad pudiera ser diagramada en términos de una
efervescencia que podía ser medida de una nueva manera.33 Esto en tanto los
espacios que se generaron en torno a los grupos, constituyeron las fisuras de
un fenómeno juvenil nuevo que poco a poco iremos rearticulado como

32
Carlos Monsiváis, “No es que esté feo, es que estoy mal envuelto, je-je, notas sobre la estética de la
naquiza”, texto tomado de La cultura en México, suplemento de Siempre! 20 de enero de 1976, número
72.
Monsivais cierra su alusión a Toncho Pilatos aludiendo su altivez: “Toncho está afirmando que Naco is
beautiful y está siendo aprobado entusiastamente por una audiencia vivamente concernida por las
consecuencias estéticas y psicológicas del aserto (aunque no se atreva a verbalizarlo); Monsivais, ídem.
33
Entre quienes se fueron sus seguridores se recuerda mucho de la fortaleza de Alfonso Guerrero para
orquestar a sus músicos, respecto a las cuales era muy exigente; él tuvo durante su trayectoria como
acerca de 52 cambios de elementos, porque era muy estricto para su música, mucho muy estricto, él si le
llegabas tarde, por impuntual te decía: “no, no, si no quieres no vengas”, y muchos desertaban, pero era
muy estricto con su música. Toncho siempre llegaba bien vestido, se vestia con cuidado para dar una
presentación, tenía mucha disciplina; se arreglaba los dientes, se cortaba el pelo, para él era importante
la presentación de su persona, como te digo era muy estricto. Para él su vida era el rock, por ello
músicos como el guitarrista Jeff Beck lo reconocia y decía de él que era un buen músico, “multifacético”,
porque tocaba de todo, la banda Canned Heat vino de Los Angeles y lo vieron y le dieron su lugar,
mucha gente y sobre todos músicos de todas partes lo reconocían como un gran artista. Entrevista con
Antonio Rodríguez Esqueda, “Tony”, 7 de mayo del 2016, aplicada en la Colonia Talpita. En el ultimo
capítulo vermos de manera más amplia que “Tony” fue fundador de la pandilla “El 5toPoder” en la
colonia Talpita, misma que tenia su sede en la calle San Pablo 1878 y que estuvo relacionada con los
miembros de otras pandillas que eran afectos a Toncho Pilatos como “Los Cuervos” o “Los Surfos”, de
San Onofre y Santa María respectivamente. Hacia mediados de los años 80, “Tony” participó en la
creación del grupo de Bandas Unidas de Oblatos (BUO), vinculado a las Bandas Unidas del Sector
Hidalgo (BUSH), y junto a su tio “El Xipi”, fueron los editores del fanzine “La Neta”, órgano de difusión
de las BUO.

29
experiencia y como memoria. Es evidente que no nos encontramos ante un
movimiento que en su origen haya tenido un fuerte efecto social o político, sino
con una forma autónoma organizada desde la juventud para ordenar los
tiempos, espacios y haceres conforme a una serie de valores que no estaban
ligados al horizonte de la cultura hegemónica de Estado, lo cual no es cosa
menor, esto a pesar de que la emergencia del fenómeno toncho y solero no
contó con visos revolucionarios.

En realidad, la popularidad del rock no significó que aumentara el número de


jóvenes dispuestos a emprender una gran revolución al estilo maoísta. Significó
simplemente, que aquel nuevo producto cultural resultaba tremendamente
seductor, tremendamente entretenido, para millones de personas. La nueva
música embriagaba a gente muy diversa. Algunos de sus seguidores estaban
dispuestos a dejarlo todo y vivir al estilo marginal y rockero; otros ─la inmensa
mayoría─ tenían suficiente con un buen concierto de fin de semana para
recargar energías antes de volver el lunes a la fábrica u la oficina.34

Para reflexionar un poco la anterior cuestión, resulta relevante establecer


secuencias históricas que nos permitan comprender los procesos de vida en
que estuvieron sumergidos estos jóvenes actores como productores del
cambio. Esto en tanto como comunidades culturales disidentes, lograron ─con
una serie de nuevos hábitos─, fortificar una identidad en el ámbito de la
subcultura.35 Ambas comunidades, tonchos y soleros encarnaban las formas
que cerraban sobre sí el submundo de las pandillas, las drogas y la violencia;
estos personificaban los mitos de los peligros de los males y vicios urbanos
asociados al género musical del rock. El culto integraba desde el baile, la
convivencia interbarrial, las relaciones de género, hasta las formas de consumo
en un entonces incipiente mercado de drogas, a la vez que constituía los
pactos y rupturas entre las pandillas que derivaban de manera indistinta, en el
fortalecimiento o en el debilitamiento de lo que era una intuitiva noción ─sino de
un movimiento─ si desde una noción de unidad juvenil en los barrios pobres de

34
Carlos Granes, El puño Invisible, México, Taurus, 2011, p. 439
35
En un primer acercamiento al concepto subcultura, estaré trabajando con las reflexiones de Dick
Hedbige y Stuart Hall, “Los ejes principales que utiliza Hall para estudiar el estilo y el surgimiento de
estas manifestaciones son los conceptos marxistas como hegemonía, ideología, clase y dominación, de los
cuales llega a una primera conclusión: la subcultura es una oposición social de la clase trabajadora”. Es
esta idea, la que de momento mejor sitúa la condición de los soleros como un grupo de resistencia
proveniente de la clase trabajadora, que generó sus propios elementos de lucha cultural contra el proyecto
homogeneizador de un Estado paternalista. Para una mayor explicación ir a Tania Arce Cortes,
Subcultura, contracultura, tribus urbanas y culturas juveniles: ¿homogenización o diferenciación?,
Universidad Iberoamericana, México, D.F., en Revista Argentina de Sociología, vol. 6, núm. 11,
noviembre-diciembre 2008, pp. 257-271, Consejo de Profesionales en Sociología, Argentina, p. 261

30
la ciudad. De esa forma, peligrosidad y marginalidad fueron dos elementos que
nutrieron el carácter de la autoimagen de estos grupos juveniles, situación en la
cual el rechazo social fue el alimento que perfiló su postura en contra del
establishment. Tal y como lo dice Rossana Reguillo:

La construcción por los grupos de su propia identidad supone una actividad de


aprendizaje, una pedagogía que compromete a los actores tanto individuales
como colectivos en una lucha simbólica ─no por eso menos dolorosa─, por la
administración de la propia identidad. Si los sectores populares, como grupos
dominados han ido interiorizando el estigma y la descalificación de sus propias
prácticas, la lucha por la administración de la identidad y el derecho a
establecer los propios criterios valorativos, se inscribe dentro de una lucha
política que en los próximos años ─creemos─ habrán de caracterizar el
panorama urbano. La lucha por las identidades culturales es una lucha frontal
contra el poder que asigna las identidades.36

Ese rechazo estableció las condiciones para que un submundo emergiera en


forma de espejo-negativo, es decir como generador de una imagen
contrapuesta a los valores sociales prevalecientes para un tipo específico de
juventud sana y domesticada, que desde la discursiva del estado era definida
desde una perspectiva casi patriótica. Estaba claro que tonchos y soleros no
eran ni productores ni transmisores de la identidad estandarizada aceptada
desde la perspectiva del estado. Por el contario poco a poco se fueron
constituyendo como figuras sociales emergentes, en un apéndice de la
juventud convencional. Fuera de otros grupos identitarios de la Guadalajara de
los años setenta como los hippies o los tradicionales rockeros, soleros y
tonchos empezaron a constituirse ─desde la apariencia─ como la versión
germinal de un nuevo tipo de juventud.

Una nueva forma de ser dentro de un grupo, articulado este dentro de un


polígono que era a la vez social y cultural. La delimitación social está marcada
por las líneas invisibles ─y no tan invisibles tenemos en cuenta a la Calzada
Independencia─ de la estructura socioeconómica que separó de manera
simbólica en los setenta y ochenta a los sectores Reforma y Libertad del resto
de la ciudad. Fue dentro de ese esquema que ocurrió con las pandillas
─colmadas de tonchos y soleros─, la configuración del brote subcultural más
amplio de la época, teniendo como núcleos de reunión los casinos donde se

36
Rossana Reguillo Cruz, En la calle Otra Vez: Las bandas: identidad urbana y usos de la comunicación,
ITESO/el Colegio de Jalisco, 1991, p. 16

31
efectuaban las tardeadas. El desplazamiento de estas nuevas identidades en
ese campo de la geografía urbana nos deja ver más allá de un marco de
violencia juvenil. Nos indica la manera en que paulatinamente se incrustaron
en las calles nuevos actores sociales. No hablamos aquí de la antigua camada
sesentera de jóvenes que encontraban razones de reunión en espacios
específicos como los cafés cantantes, o las fiestas estudiantiles. En este caso
hablamos de algo más complejo y que para los años setenta marcó una nueva
escala de posicionamiento en el escenario callejero de miles de jóvenes,
portadores de códigos y posturas más desafiantes. Las esquinas, las plazas,
los lugares semi abandonados comenzaron a ser punto de coincidencia juvenil
de entre los cuales, poco a poco empezaron a emerger los puntos de
focalización espacial de las pandillas. Ahí donde el gobierno del estado de
Jalisco vio mediante sus agentes zonas de conflicto, fue que aparecieron
nuevas formas de ser y de comunicar un nuevo mensaje, que en cierta medida
avanzó atreves de los símbolos del rock, signos todos ellos, de una capacidad
nueva de actuar y organizarse, que rompió la falsa idea de la violencia
irracional con la que se acusaba a los pandilleros.

La anarquía, los grafitis urbanos, sus músicas, los consumos culturales, la toma
de la palabra a través de nuestros cada vez más sofisticados dispositivos
digitales, la protesta, la huida, sus silencios, las búsquedas alternativas y los
compromisos itinerantes deben ser leídos como formas de actuación política no
institucionalizada y no como practicas más o menos inofensivas de un montón
de desadaptados.37
En el sentido de la reflexión de Reguillo se puede decir que las pandillas
establecerán nuevos trazos de posicionamiento cultural que de a poco le fue
dando sentido a una nueva comunidad. La tesis que sostenemos aquí, es que
dentro de ese nuevo escenario, comunidades vinculadas a la escena juvenil
como los tonchos y los soleros fueron fundamentales en el proceso de
emancipación juventud Estado, o al menos así lo fue, en un sector social
claramente definido. Cada barrio se convirtió en un punto que concentraba una
identidad de grupo ante los demás. Así, cruces de calles que fueron de la 46 a
la 52 de Javier Mina, fueron las sedes de pandillas como “Los Pazuzus” y de
los “Zorrillos Locos”. En ambas se aglutinaron decenas de soleros que

37
Rossana Reguillo, Culturas Juveniles Formas política de desencanto, México, Editorial Norma, 2000,
p.13

32
delimitaron con grafitis y su presencia constante, su territorio. Era en esencia,
el rock, uno de sus elementos más importantes de cohesión juvenil. No lo era
así la música tradicional ni la tan de moda en esos días, música romántica o la
Disco. Para los tonchos y los soleros el rock se había constituido como un
vertedero de himnos que permitieron a los jóvenes de la época,
autorepresentarse en una situación de marginalidad.

Las identidades son construcciones sociales, se van fraguando las identidades


nacionales, las étnicas, las clasistas, las partidarias, las religiosas, las grupales;
se configura un nosotros, frente a uno o varios otros. En esta construcción no
se puede dejar de lado el juego del poder y la resistencia al mismo. Existe un
proceso de contradicciones y de alianzas; la identidad no es única, ya que
pueden existir varias identidades jerarquizadas en un núcleo intersubjetivo; hay
tres niveles: el individual, el grupal y el comunitario mayor.38

La emergencia de estos grupos juveniles en las calles de las colonias


populares de la ciudad, hicieron visibles ─además de las carencias─ la
posibilidad organizativa e imaginativa de un sector que fue tratado como una
corporación de delincuentes, cuando en el fondo edificaban con sus formas de
ser, un mundo paralelo al que resultaba difícil comprender. En principio,
podemos decir que hay una serie de rasgos que aparentemente separan a los
tonchos de los soleros y en tanto una parte del propósito de esta investigación
es lo mismo dar cuenta de esas diferencias que de las semejanzas, es que
trataremos de hacer una breve reflexión sobre esa condición tan destacable en
la época en que está situado el presente estudio.

A tonchos y soleros si bien la apreciación de diferentes horizontes


musicales los separaba, la condición geográfico/social los unificaba. Una
tardeada de Toncho Pilatos o de La Solemnidad era el punto de encuentro de
decenas y a veces cientos de jóvenes, la mayoría de ellos pertenecientes al
sector obrero juvenil de los barrios pobres de la ciudad, mismos que dedicaban
su tiempo libre a asistir a este tipo de eventos y convivir de manera directa con
los integrantes de los grupos de rock, con quienes desarrollaban fuertes
vínculos. Por ejemplo, en un sentido solidario respecto a los jóvenes que lo

38
Jorge Alonso, Identidades, acciones colectivas y movimientos sociales, (Coordinador), El Colegio de
Jalisco, México, 2001, p. 8

33
seguían, Alfonso Guerrero “Toncho”, escribió al menos una canción dedicada al
tema de los problemas por los que atravesaban en la etapa de la adolescencia.

Vas creciendo y vas viendo que es verdad,


y ahora es tiempo, que superes y es por ti.

¡Oh no!, nunca es tarde, tu te debes superar, estudias o trabajas,


tu lo puedes encontrar.

Ahora tienes que brincar, ¡Salta! un chipote saltarín,


tu lo puedes encontrar, sigue nadie te puede parar.

Oh no, si no quieres o no puedes, sigue ahí.


Nadie, puede obligarte es tu vida, y eres tú.

Eres chico, esas creciendo, no te debes doblegar.


Esto es duro, yo comprendo, pero es toda la verdad

Ahora tienes que brincar, ¡Salta! un chipote saltarín,


tu lo puedes encontrar, sigue nadie te puede parar.

El “Chipote Saltarín” fue Efraín Arteaga Montes. Un joven de San Juan Bosco,
quien vivía cerca del cruce de la calle 60 y Esteban Alatorre a mediados de los
años ochenta, justo en el territorio de “Los Vagos”, pandilla a la que al menos
su hermano Gabriel perteneció en esos años y en la cual había adeptos tanto
soleros como tonchos. La letra ofrece la descripción de la vida de infinidad de
muchachos de la época, en especial quienes formaban parte de los grupos
juveniles de esquina, que de manera recurrente aparecian fotografiados en las
páginas policíacas de la ciudad. Ese fue el caso del mismo Efraín Arteaga,
mejor conocido en la historia del rock local como “Chipote saltarín”, quien fue
detenido por un asalto a dos mujeres que esperaban el camión en febrero de
1984 junto a Margarito Gónzalez Pérez.39 Este tipo de relaciones tan cercanas
entre músicos y seguidores contribuyó en buena medida a forjar el tono
identitario que distinguía a la Sole y a Toncho de otros grupos de rock y sus
respectivas audiencias, era por decirlo de alguna manera, la hermandad más
peculiar en el plano de la música juvenil de la época en la ciudad. Entre ellos

39
El Informador, 7 de febrero de 1984. Casi diez años después ─en enero de 1994─, Margarito González
sería muerto de un balazo en el tórax luego de pasar el día asaltando a automovilistas y transeúntes en el
cruce de la avenida Belisario Dominguez y el periférico. El “Chipote Saltarín” estuvo entrando y saliendo
de la cárcel desde entonces, siendo uno de sus delitos recurrentes el tráfico de pastillas psicotrópicas.

34
estaban presentes también los miembros y jefes de las pandillas del orbe,
refiriéndome en este caso a los grupos juveniles asentados especialmente en
los sectores Reforma y Libertad que coincidían en los casinos, creando con ello
una zona de conflicto/convivencia. Desde ahí podemos pensar en una
cuadricula de sujetos que representaban las múltiples jefaturas de pandillas
asentadas en la zona del este de la ciudad y que sabidamente eran asistentes
a los conciertos de La Solemnidad y de Toncho Pilatos. Por recordar tan sólo a
algunas de estas pandillas dentro del marco temporal propuesto por este
estudio y que sabidamente contaban entre sus integrantes a tonchos o soleros,
estaban “Los de Vidrio”, “Los Zorrillos Locos”, “Los Pelamuertos”, “Los
Pazuzus”, “Los Dragones”, “Los Chukos”, “Los Vagos”, “El 5to Poder”, “La
Sixty Four”; “Los Monjes de la 66”, “La Banda SJB”, “La Banda del Barato”, “La
Banda de Jade”, “Los Chachos”, “La P.B.L”, “Los de la Piedra” o “Banda de La
Piedra”, “La Banda del Pañal”, “Forasteros”, “Mártires”, “Los P.B.L.” o “Los
Gaviotas”; “Los del Bambú”, “Gitanos”, “Los de la Tuza”, los de “Liverpool”, de
“Los Federales”, Los de “Mezquitán”, “La Morelos”, “Los de Nazaret”, “Los
Doceavos”, “Los Winnies”, “Las Doors”, los de “La Higuerilla”, “Los Ferral”, “Los
de la 20”, “La Banda 28 “Los Chicos Locos”, “Los del Calzón Miado”, “Los
Olivos”, “Los Fantasmas”, “Los Panteras”, “Los Monjes” de Zapopan, “Los de la
30”, “Mariguanos Felices”, “El Calcetín”, “El Triángulo”, “Los Papeleros”, los
“Chicos Malos”, “Los Catecos”, "Los Cuadros, "La Piedra", "La Gabacha", “Los
Pelones”, “Las Doors”, “Chicos Locos”, la “Banda “Los del Rio Blanco”, “La
Banda de los Guerreros Locos” “Los de la Juárez”, “Los Surfos”, “Los Cuervos”,
“Los Guadalupanos, “Smiller”, “Las Chivas”, “Galanes” “Los Vicky Bing”, “Los
Tonchos”, “El Triángulo”, “El Escalón”, “Los Mártires”, “Los Vikingos”, “Los
Tenis”, “La Rupia”, “Banda Disco”, “Banda del Nopal”, “Banda 13 y Rol”, “La
Colmena”, “Los Balcones”, “Los del Hongo”, “Los Chicos Malos”, “Banda
Ferrocarril”, “Banda de San Andrés”, y “Los Peyoyos” entre otras muchas más.
La integración de estas pandillas estaba dada en base a la
compartición/defensa del espacio, la condición de vida y clase, además de
horizontes culturales semejantes en cuanto al gusto por un mismo tipo de
música y forma de vestir. En este último sentido también exista toda una
estética constituida por un atuendo específico que se fue extendiendo por los
barrios del este de la ciudad. Así mismo, las nuevas representaciones de los

35
tonchos y de los soleros demarcaban con su presencia misma, los límites de
los barrios, los puntos de acceso y de peligro. La indumentaria a la vez que
permitió a estos jóvenes la autoafirmación, también propició su visibilidad,
situación que abrió las puertas al estigma, a la vigilancia y eventuales redadas.

36