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La fábula del lobo y la serpiente.

...y así el lobo, inocente y pacífico, se perdió en medio del bosque. Los árboles eran tan
altos que no le permitían contemplar la luna llena, y el frío, a pesar de no suponer un
problema para él, era cuanto menos agobiante.

El lobo continuó su rumbo, sin saber realmente donde acabaría, cuando, de repente, se
encontró con una serpiente en mitad de su camino.

- Extraña especie para este clíma tan mediterráneo, ¿no te parece, lobo? - dijo con tono
sarcástico la serpiente, que yacía en el suelo inmóvil por el frío.

"Es curioso lo diferente que puede llegar a ser una serpiente de un lobo. Mientras que yo
soy de sangre caliente, ella es de sangre fría", pensó el lobo para si mismo, mientras
observaba a la otra especie con precaución. "Además, de siempre han tenido fama de ser
traidoras y rastreras"

- Verás, es que me he perdido. Iba con mis otros amigos y de repente, me desvié del
camino. Cuando me quise dar cuenta, me encontraba en mitad de este bosque. He intentado
aullar para que me oigan, pero sólo soy capaz de hacerlo cuando veo la luna llena, y estos
enormes árboles me impiden hacerlo -

- Vaya, yo quizás pueda ayudarte - dijo la serpiente con tono dulce y tranquilizador. - Mis
ojos pueden reflejar cualquier cosa, aún sin estar realmente viéndola. Haré que reflejen la
luna llena, y de ese modo podrás aullar todo lo que quieras. Sólo tienes que mirarme a los
ojos...

El lobo, ingénuo de él, confió en aquellas palabras y decidió clavar sus preciosos ojos
azules en los de la serpiente. Enseguida, una enorme y brillante luna llena apareció en los
ojos del reptil, y el lobo, entusiasmado al ver cumplidas aquellas palabras, comenzó a aullar
lo más fuerte que podía, como si se le fuera la vida en ello.

Pero de repente, aquel destello empezó a tornarse desagradable, cegador. El lobo siguió
mirando los ojos de la serpiente para poder continuar aullando y, de ese modo, que sus
amigos supieran dónde se hallaba. Todo se empezó a volver más y más oscuro, y a pesar de
que quería dejar de mirar aquel reflejo, se esforzó hasta llegar al límite.

Se hizo el silencio en todo el bosque; un silencio que interrumpió la serpiente con cierto
tono burlón:

- ¿Ya te has cansado, preciosidad?

- N...no...no veo nada......¡no puedo ver nada! - exclamó el lobo, preocupado. - ¿Qué me has
hecho? -

- Pues, quería reflejar en mis ojos una enorme y brillante Luna llena, pero algo salió mal y
en su lugar apareció un Sol eclipsado por la Luna. Debe de ser eso lo que te ha dejado
ciego...lo siento. Aunque me gustaría serlo, no soy perfecta, cariño. - dijo la serpiente,
lamentándose.

- Y ahora, ¿qué voy a hacer si no puedo ver nada?

- Yo te he cegado, así que tengo la responsabilidad de cuidarte y protegerte. Yo te guiaré,


me quedaré contigo para siempre. ¡Déjame ser tus ojos! - dijo la serpiente sollozando a la
vez que en su rostro se esbozaba una sonrisa burlona.

El lobo, indefenso y asustado, aceptó la propuesta, pese a que ella misma le había dejado en
ese estado. Pero algo en su interior le decía, o le hacía creer, que era de confiar.

A lo lejos se comenzaba a notar la presencia de otro animal. La serpiente miró con


curiosidad, identificando aquella silueta con notable facilidad, mientras esta se acercaba
trotando.

- ¡Ey! Esos parecen los cascos de mi amigo, el caballo. - dijo el lobo con alegría.

"¿Un lobo tan hermoso como tú, amigo de ese caballo? Ni hablar...", pensaba la serpiente,
mientras observaba con desprecio al equino.

- Te equivocas, no es él.

- Pero si esas pisadas me resultan muy familiares...tiene que ser él... - dijo el lobo
convencido.

- ¿Vas a confiar más en tu oído que en mis ojos? - dijo la serpiente mosqueada al ver que
dudaba de ella - Sé que mis ojos te han traicionado una vez, pero eso no ocurrirá más.
Confía en mí...

Y así, los dos continuaron el mismo camino, dejando atrás al caballo, que acudió lo más
rápido que pudo al bosque tras escuchar los aullidos de auxilio y dolor del lobo.

- Lobo, ¿cómo has podido confiar en esa serpiente después de que te dejara ciego? - dijo
para si el caballo mientras contemplaba algunos restos de piel del reptil que yacían en el
suelo.

- [i]¿Cómo ha podido esa serpiente separarnos de él? - dijo un perro, mientras se acercaba
jadeando al caballo - Lobo y yo siempre hemos sido muy amigos... -

- Bueno, no olvides que las serpientes tienen sangre fría... - dijo el caballo.

- Sí, y algunas hasta pueden camuflarse para adaptarse al entorno y hacer creer cosas que,
en realidad, son falsas... - respondió el perro.

- Y algunas poseen preciosos colores que atraen la atención, aunque esas resultan ser las
más venenosas. -

La serpiente llevó al lobo a un lugar apartado, y clavó sus colmillos en una de sus patas,
fluyendo un veneno paralizador a través de estos. Desencajó su mandíbula y comenzó
engullirlo lentamente.