You are on page 1of 9

Actualidad 05/06/2017

Responsabilidad del Estado. Daños provocados por la arboleda pública.


Se mantiene el decisorio de grado que condenó al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires a resarcir los
daños y perjuicios sufridos por la reclamante en su inmueble como consecuencia del crecimiento de las
raíces de los árboles que se encontraban en el frente de la propiedad, toda vez que, ha quedado
demostrado que la actora efectuó oportunamente los reclamos administrativos, denunciando que el
crecimiento de las raíces estaban produciendo daños en el inmueble y el accionado desoyó el mentado
reclamo; a lo que cabe agregar que el informe elaborado por dependencias de la propia ciudad, al igual que
el informe pericial del ingeniero civil, vincularon la producción de los daños con el crecimiento de las raíces.
Así, ha quedado comprobado que el demandado omitió cumplir con su obligación de mantener y conservar
la arboleda pública, siendo ello causa adecuada y eficiente para la producción del daño reclamado.
Sada Manzini, María I. vs. Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires s. Daños y perjuicios /// Cámara de
Apelaciones en lo Contencioso Administrativo y Tributario Sala II, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 02-
02-2017; RC J 3448/17

Texto
En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a los 02 días del mes de febrero de dos mil diecisiete, se reúnen
en Acuerdo los Señores jueces de la Sala II de la Cámara de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo
y Tributario de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para dictar sentencia en los autos caratulados: "Sada
Manzini María I. c/ GCBA s/daños y perjuicios (excepto resp. médica)" Expte. N° 14946/0, y habiéndose
practicado el sorteo pertinente resulta que debe observarse el siguiente orden: FERNANDO E. JUAN LIMA,
FABIANA H. SCHAFRIK DE NUÑEZ Y ESTEBAN CENTANARO, resolviendo plantear y votar la siguiente
cuestión: ¿es justa la resolución apelada?
A la cuestión planteada, el Sr. juez FERNANDO E. JUAN LIMA dijo: RESULTA:
1. Que la señora María Inés Sada Manzini promovió demanda contra el Gobierno de la Ciudad de Buenos
Aires (en adelante, GCBA) a raíz de los daños y perjuicios que habría sufrido en el inmueble donde habitaba
como consecuencia del crecimiento de las raíces de los árboles que se encontraban en el frente de la
propiedad.
Conforme se desprende del relato de los hechos, la actora indicó que en las inmediaciones de su domicilio,
existían tres árboles que tenían entre 60 y 100 años (v. fs. 49).
En este sentido, explicó ante la falta de mantenimiento por parte del demandado, el crecimiento desmedido
de las raíces de las especies en cuestión se desplazaron por debajo de los cimientos de la propiedad
favoreciendo la filtración de humedad en estos sectores de la casa (v. fs. 49 vta.). Asimismo, relató que
sufrió daños en el interior de su domicilio tales como grietas en las paredes y en el suelo» (v. fs. 50/50 vta.).
En este contexto, expresó que desde 1997 efectuó reclamos por dicha situación ante el Centro de Gestión y
Participación de su zona. A su vez, destacó que a partir de la nota presentada en diciembre de 1999, se
formó el expediente administrativo 61548/1999.
En particular, manifestó que se han producido varios daños en el inmueble tales como grietas en las
paredes, daños en los cimientos, destrucción parcial de los pisos, entre otros (v. fs. 50/50 vta.).
En función de lo expuesto, reclamó la suma total de quinientos ochenta y tres mil pesos ($ 583000) para
reparar la totalidad de los daños sufridos como consecuencia del crecimiento de las raíces de los árboles
ubicados en el frente de su domicilio, con costas (v. fs. 2 y 52/52 vta.).
2. Que, corrido el pertinente traslado, el GCBA contestó la demanda a fs. 57/65 vta.
En primer lugar, opuso la excepción de falta de legitimación activa como defensa de fondo, dado que al
momento de presentar la demanda no acreditó su condición de propietaria del inmueble afectado ni ninguna
otra documentación que determine su relación con el bien.
Por su parte, al contestar la demanda, sostuvo que no podía endilgársele responsabilidad por el estado de
la propiedad, puesto que el deterioro descripto obedecía al descuido y negligencia de los ocupantes (v. fs.
60/61 vta.).
A su vez, entendió que la actora era la responsable del mantenimiento de las rejillas y desagües internos,
por lo cual, no podría atribuírsele responsabilidad por los supuestos daños causados por los anegamientos
de las rejillas (v. fs. 62).
Ante ello, destacó la ausencia de nexo de causalidad. En efecto, la parte demandada expuso que la actora
no logró vincular los hechos que le imputa con los daños alegados en la demanda. Es decir, no logró
demostrar cuál sería la causa atribuible al GCBA que le haya generado un daño (v. fs. 63 vta./64).
En otro orden, manifestó que existía otro expediente judicial tramitando en el Juzgado en lo Contencioso
Administrativo y Tributario N°12, Secretaría N°24, en el cual la actora le estaba reclamando los daños
sufridos en su propiedad como consecuencia de las fuertes lluvias ocurridas el 24 de enero de 2001. En
consecuencia, solicitó la acumulación de los expedientes y la suspensión de los plazos.
Por último, manifestó su oposición a la prueba informativa, planteó caso federal y solicitó el rechazo de la
demanda con costas a la actora.
3. Que, ante la excepción opuesta por el GCBA, la actora efectuó su contestación a fs. 71/72 vta.
Asimismo, a fs. 98/98 vta., la parte actora denunció como hecho nuevo el trabajo realizado por personal del
GCBA tendientes a cortar las raíces de los árboles ubicados en el frente de su domicilio. A su vez,
acompañó las correspondientes pruebas del mentado hecho.
En este sentido, el a quo admitió el hecho nuevo y la prueba acompañada (v. fs. 108/108 vta.).
Por último, a fs. 148/149, se rechazó el pedido de acumulación efectuado por la parte demandada.
4. Que, conforme surge de fs. 310/320, el Sr. magistrado de grado hizo lugar a la demanda y condenó al
GCBA a abonar la suma de ochenta y dos mil sesenta y tres pesos ($ 82063), comprensiva de los gastos
necesarios para la reparación del inmueble según fue detallado en el correspondiente informe pericial.
Para así decidir, en primer lugar, resolvió rechazar la excepción de falta de legitimación activa opuesta
oportunamente por la demandada, puesto que la aptitud de la actora para interponer el reclamo judicial
había quedado demostrado a través de los diversos informes de dominio y de las constancias que surgían
en el expediente "Sada Carlos Marcos s/ Sucesión ab intestato" (v. fs. 312 vta.).
Con respecto a la responsabilidad del demandado, el a quo sostuvo que "... por expresa previsión normativa
los árboles de la Ciudad de Buenos Aires (...) constituyen bienes del dominio público del Estado, y pesa
sobre las autoridades de la Ciudad la obligación de conservarlos en buen estado, de manera que las
personas puedan transitar por las calles sin riesgos para su integridad o bienes" (confr. fs. 314 vta.).
En virtud de ello, tuvo por probado que el GCBA tenía conocimiento del estado de las raíces de los árboles
ubicados en el frente de la propiedad donde habitaba la Sra. Manzini, considerando especialmente que su
inacción fue lo que provocó el hecho dañoso reclamado en el sub lite (v. fs. 315 vta.).
En este contexto, a través de los diversos dictámenes periciales agregados en la causa, tuvo por
comprobado los daños sufrido por la actora -v. fs. 315 vta./316-. Asimismo, en base al informe elaborado por
el perito ingeniero civil -coincidente con el informe elevado por el arquitecto Delfor E. García a la Dirección
General de Guardia, Auxilio y Emergencias de la Ciudad de Buenos Aires, que obra a fs. 19- determinó la
existencia de nexo causal entre la inacción del GCBA y los daños sufrido por la actora en su inmueble (v. fs.
318).
En otro orden, para cuantificar los daños sufridos, se basó en el informe pericial presentado por el ingeniero
civil. Allí, se calcularon los costos de las reparaciones que habría que efectuarle al inmueble y estimó para
ello la suma de ochenta y dos mil sesenta y tres pesos ($ 82063) según los costos de 2009. Con respecto a
los intereses, teniendo en cuenta que el daño fue valuado a valores actuales al momento del dictamen
mencionado anteriormente, determinó la aplicación de la tasa promedio establecida en el plenario "Eiben",
estableciendo como inicio del cómputo la fecha de confección del informe pericial en cuestión (v. fs. 319
vta.).
5. Que, notificada la sentencia a las partes, el GCBA interpuso recurso de apelación a fs. 326/326 vta., el
cual fue concedido a fs. 327.
A fs. 336/343 vta. obra la correspondiente expresión de agravios. Allí, se agravió concretamente por: a) la
legitimación activa de la actora, toda vez que ella no era la propietaria de la totalidad del inmueble dañado;
b) la falta de nexo de causalidad; c) los daños materiales endilgados, por considerar que ellos se debieron al
deterioro de la cosa y no a las raíces de los árboles; d) el plazo para el pago de la condena y e) la
imposición de las costas.
Conferido el traslado pertinente, la parte actora contestó los agravios a fs. 346/349 vta. solicitando su
rechazo, a cuyos fundamentos cabe remitirse en honor a la brevedad.
Finalmente, a fs. 350, los autos pasaron al acuerdo.
CONSIDERANDO:
6. Que, en primer lugar, resulta necesario señalar que, durante la tramitación del expediente, entró en
vigencia el Código Civil y Comercial (en adelante, CCyC) aprobado mediante la Ley 26994 y su
modificatoria Ley 27077.
En virtud de ello, con respecto al alcance del cambio normativo suscitado, cabe destacar que el hecho ilícito
sindicado como fuente del daño reclamado es anterior a la reforma legal aludida. El nacimiento de la
relación jurídica a la que se refiere este pleito, por tanto, quedó agotado al momento de producirse aquel
hecho y la procedencia de la responsabilidad imputada al demandado, entonces, no puede ser juzgada con
arreglo a la nueva ley sin darle un efecto retroactivo categóricamente prohibido en las disposiciones del
artículo 7 del CCyC.
Ello así, conforme se pronunció la Corte Suprema de Justicia de la Nación (en adelante, CSJN) con relación
a la eficacia temporal de la reforma mencionada, el principio de irretroactividad impide la aplicación de las
nuevas disposiciones a relaciones y situaciones jurídicas consumidas bajo el anterior régimen legal (in re
"D. L. P., V. G. c/ Registro del Estado Civil y Capacidad de las Personas s/ amparo", Fallos: 338:706).
Establecido lo anterior, corresponde abordar el análisis de las objeciones planteadas por la recurrente.
7. Que, a fin de mantener un orden metodológico, se tratará en primer lugar la crítica referida a la ausencia
de nexo de causalidad y la inexistencia de falta de servicio, ya que de proceder, sería innecesario tratar los
demás agravios expresados por la parte demandada.
Al respecto, de forma preliminar resulta oportuno recordar que el reconocimiento de la responsabilidad
estatal por su actividad tanto lícita como ilegítima, exige para su procedencia el cumplimiento de ciertos
requisitos imprescindibles, esto es: a) la existencia de un daño actual y cierto; b) la relación de causalidad
entre el accionar lícito (que lo coloque en una situación de afectación especial) o ilícito del Estado -hecho o
acto ilegítimo, o funcionamiento irregular o defectuoso del servicio, por no cumplirse de una manera regular
las obligaciones impuestas por las normas (confr. art. 1112 del Código Civil)- y aquel perjuicio y, c) la
posibilidad de imputar jurídicamente esos daños a dicho Estado (confr. Fallos: 306:2030; 307:821;
318:1531; 320:113; 321:1776; 321:2144; entre otros).
Sobre esas bases, debe interpretarse que cuando un derecho ha sufrido menoscabo frente a la
preeminencia de un interés público o por el obrar irregular del Estado, no basta la existencia de tal perjuicio
para justificar por sí la procedencia del resarcimiento, pues corresponde examinar si concurren los requisitos
enumerados anteriormente.
8. Que, en este marco de ideas, cabe recordar que el GCBA sostuvo la inexistencia de la falta de servicio,
puesto que la causa de las roturas producidas en el inmueble donde habitaba la actora no se debió a las
raíces sino a las características del bien en cuestión (v. fs. 337 vta.).
A raíz de ello, sostuvo que existía una interrupción del nexo causal toda vez que la causa eficiente de los
daños sufridos por la actora no radicaban en una omisión que se le pudiera atribuir (v. fs. 338 vta.).
8.1. En virtud de lo expuesto, es oportuno resaltar que el GCBA se encuentra obligada a la conservación de
la arboleda pública. A tal efecto, cabe destacar que la norma vigente tanto al momento de la interposición
del reclamo administrativo por parte de la actora (22 de septiembre de 1999) como la fecha de la
interposición de la demanda (30 de diciembre de 2004), era la Ordenanza 44779.
En este contexto, es dable señalar que la manutención del arbolado constituye un servicio público (conf. art.
3o de la Ordenanza 44779). En efecto, según surge de lo dispuesto en el artículo 10 de la Ordenanza, el
Estado local "... tomará las medidas necesarias para la conservación del arbolado público, conforme las
normas técnicas para su adecuado manejo y conservación. A tal fin realizará inspecciones periódicas a los
efectos de detectar enfermedades o daños... ".
8.2. Mencionada la normativa aplicable, cabe destacar que la parte actora formuló los correspondientes
reclamos administrativos ante los daños que estaba sufriendo como consecuencia del crecimiento
desmedido de las raíces de los árboles que se encontraban en el frente de su domicilio. En efecto, el 22 de
septiembre de 1999, presentó formalmente su reclamo ante la Dirección General de Espacios Verde (v. fs.
43/43 vta.).
Asimismo, el 11 de junio de 2004, la Sra. Manzini presentó una nota dirigida al Sr. Jefe de Gobierno de la
Ciudad de Buenos Aires, solicitando un informe técnico con respecto a los daños producidos en el inmueble
en el cual habitaba (v. fs. 18). En consecuencia a ello, en julio de 2004, se realizó la correspondiente
inspección del estado del inmueble y de la arboleda en cuestión. Ante ello, el arquitecto Delfor E. García,
informó que la propiedad se encontraba "... sumamente afectada por filtraciones en muros y techos,
observándose fisuras en el paramento de la medianera derecha. También además de estar la acera
completamente desnivelada debido al crecimiento desmedido de las raíces de los árboles existentes, las
cuales han crecido de manera tal, que han obstruido la cañería de desagüe del inmueble, provocando
anegamientos en el terreno con el consecuente asentamiento diferencial de las paredes (origen de las
fisuras citadas)
(...) Por otro pare, las ramas de estos árboles, avanzan sobre la terraza de la casa, obstruyendo los
desagües pluviales de la misma debido a sus hojas desprendidas
(...) De acuerdo a lo dicho, deberá procederse al corte de las raíces en forma urgente, debiéndose podar las
ramas que afectan la azotea, con el fin de evitar que la situación planteada se potencie con el correr del
tiempo " (v. fs. 19).
En virtud de ello, del propio informe producido en el ámbito del GCBA surgía que los daños ocasionados a
la propiedad eran producto del crecimiento de las raíces ubicados en el frente del inmueble.
A su vez, en el informe pericial elaborado por el perito ingeniero civil, se expuso expresamente que "... los
tres árboles citados, dada la antigüedad y envergadura de los mismos, causaron daños en la construcción
con el crecimiento de sus raíces y ramas" (v. fs. 221 vta.). Por consiguiente, el dictamen mencionado
anteriormente es coincidente con el informe elaborado para el GCBA que obra a fs. 19. A su vez, cabe
aclarar que la parte demandada no impugnó el informe pericial en cuestión.
En este contexto, según puede colegirse de las diversas constancias de la causa, ha quedado demostrado
que la actora efectuó oportunamente los reclamos denunciando que el crecimiento de las raíces estaban
produciendo daños en el inmueble donde habitaba. Sin embargo, al momento de interponer la demanda, el
GCBA desoyó el mentado reclamo. A ello, cabe agregar que un informe elaborado por la propia demandada
-v. fs. 19- al igual que el informe pericial del ingeniero civil -v. fs. 221/225 vta - vincularon la producción de
los daños con el crecimiento de las raíces de los árboles en cuestión. Así, ha quedado comprobado que el
GCBA omitió cumplir con su obligación de mantener y conservar la arboleda pública, siendo ello causa
adecuada y eficiente para la producción del daño reclamado por la actora.
En otro orden, cabe recordar que el GCBA alegó la ruptura del nexo causal por entender que el crecimiento
de las raíces no era la causa eficiente para la producción de los daños denunciados por la actora. Al
respecto, no debe soslayarse que quien alega una causal de eximición de responsabilidad debe probarla.
Sin embargo, la demandada se ha limitado en disentir con los resultados producidos en los distintos
informes técnicos y también con el razonamiento efectuado por el juez de grado, sin demostrar ni aportar
elemento alguno que permitan apartarse de los expuesto por los profesionales mencionados.
Por último, la parte demandada criticó al juez de grado por no haber valorado el informe pericial elaborado
por el perito ingeniero agrónomo, toda vez que este habría expresado que las causas del daño habrían sido
otras distintas al crecimiento desmedido de las raíces de los árboles (v. fs. 337 vta.).
Ante ello, es importante señalar que la parte actora impugnó el dictamen pericial en cuestión -v. fs. 218/219
vta.-. En consecuencia, el perito contestó dicha impugnación y formuló algunas aclaraciones al respecto.
Allí, destacó que "[para mayor confirmación de la totalidad de las causas que definitivamente provocaron los
daños descritos, será necesario recurrir a la aplicación de técnicas de relevamiento propias de disciplinas
como la Ingeniería Civil o la Arquitectura" (v. fs. 240).
De este modo, el a quo valoró en todo su conjunto los distintos informes periciales producidos en la causa,
incluso el dictamen presentado por el ingeniero agrónomo. En base a ello, fue persuadido de que la causa
del daño fue la falta de control y mantenimiento de los árboles ubicados en las inmediaciones del inmueble
en cuestión (v. fs. 318).
En virtud de ello, no le asiste razón a la recurrente al sostener que el juez de grado no sopesó la totalidad
de la prueba, máxime cuando no expresó de qué manera pudiera existir un desacierto en la valoración de la
prueba efectuado por el magistrado.
A mayor abundamiento, es oportuno destacar que el propio perito dictaminante consideró que un ingeniero
civil o un arquitecto eran los profesionales idóneos para establecer la causa del daño del inmueble. Por lo
tanto, incluso del propio dictamen del cual intenta valerse el demandado para justificar la inexistencia de
nexo de causalidad surge que los peritos idóneos para valorar dichas circunstancias eran otros
profesionales distintos a él.
Por todo ello, considero que debe rechazarse el agravio de la demandada referente al nexo de causalidad y
confirmar la sentencia de grado en lo atinente a este punto.
9. Que, asentado lo anterior, cabe adentrarse en el tratamiento del agravio del GCBA referido a los daños
materiales reclamados por la actora.
9.1. En este contexto, cabe recordar que la expresión de agravios "...constituye un acto de impugnación
destinado específicamente a criticar la sentencia recurrida, con el fin de obtener su revocación o
modificación parcial por el tribunal" y que, de ese modo "...tiene la trascendencia de una demanda destinada
a abrir la segunda instancia, pues sin expresión de agravios el tribunal se halla imposibilitado de entrar a
verificar la justicia o injusticia del acto apelado y como su objeto lo constituye el ataque a la decisión del
juez, la doctrina la denomina demanda de impugnación" (conf. Fenochietto, Carlos E. - Arazi, Roland,
Código Procesal Civil y Comercial de la Nación, T. I, 2a edición, Ed. Astrea, Buenos Aires, 1993, p.
939/940).
Asimismo, se ha dicho que "[e]/ contenido u objeto de la impugnación lo constituye la crítica precisa de
cuáles son los errores que contiene la resolución; sea en la apreciación de los hechos o en la aplicación del
derecho. Crítica razonada, que no se sustituye con una mera discrepancia, sino que implique el estudio de
los razonamientos del juzgador, demostrando a la Cámara las equivocadas deducciones, inducciones y
conjeturas sobre las distintas cuestiones resueltas (...) La parte del fallo no impugnado o criticado
insuficientemente, como sanción al recurrente, quedará consentida, pues reiteramos, la demanda de
impugnación viene a determinar los agravios y capítulos que se someten a la Cámara" (conf. Fenochietto,
Carlos E. - Arazi, Roland, ob. cit, p. 941/942).
En idéntico sentido, Fassi ha sostenido que el escrito de expresión de agravios debe contener "... un análisis
razonado de [la] sentencia y una demostración de los motivos que se tienen para considerar que ella es
errónea" (conf. Fassi, Santiago C, Código Procesal Civil y Comercial de la Nación, T. I, Ed. Astrea, Buenos
Aires, 1971, p. 473).
Por su parte, Palacio manifiesta que "... todo recurso se halla supeditado a dos tipos de requisitos: de
admisibilidad y de fundabilidad. En ese orden de ideas un recurso es admisible cuando posibilita el examen
de los agravios invocados por el recurrente..." y que "[és, en cambio, fundado, cuando en razón de su
contenido substancial, resulta apropiado para la obtención de una resolución que reforme, modifique, amplíe
o anule la resolución impugnada" (conf. Palacio, Lino E., Derecho Procesal Civil, T. V, Ed. Abeledo Perrot,
Buenos Aires, reimp. 1979, p. 41/42, núm. 526).
Agrega este último autor que "[l]a expresión de agravios es el acto mediante el cual, fundando la apelación,
el recurrente refuta total o parcialmente las conclusiones establecidas por la sentencia en lo que atañe a la
apreciación de los hechos o de la prueba o a la aplicación de normas jurídicas. Se trata, por lo tanto
{...)deuna alegación crítica e indirecta". Asimismo, añade que "... no constituyen expresiones de agravios
idóneas las afirmaciones genéricas sobre la prueba omitiéndose precisar el yerro o desacierto en que
incurrió el juez en sus argumentos sobre aquélla; el disentimiento con la interpretación judicial sin
suministrar bases jurídicas a un distinto punto de vista; la mera disconformidad con la sentencia por
considerarla equivocada o injusta o las generalizaciones y apreciaciones subjetivas que no cuestionan
concretamente las conclusiones de la sentencia apelada. También es insuficiente la expresión de agravios
si el recurrente se limita a manifestar que da por reproducidos argumentos formulados en presentaciones
anteriores {...)ya que el respectivo escrito debe bastarse a sí mismo" (confr. Palacio, Lino E., ob. cit, p.
266/267).
9.2. De conformidad con las pautas precedentemente delineadas, cabe analizar el agravio de la
demandada, por lo que -adelanto- considero que corresponde declarar desierto el planteo impetrado.
En primer lugar, el GCBA cuestionó el monto determinado por el juez de grado para indemnizar los daños
materiales sufridos por la actora. Sin embargo, sostuvo que los árboles que habrían causado el daño no se
encontraban en el frente de la propiedad en cuestión.
Por otro lado, reiteró sus argumentos referidos al estado de conservación del inmueble y la exclusiva
responsabilidad de la actora por su abandono (v. fs. 339 vta.).
Asimismo, volvió sobre el punto de la causa de los daños, explicando que ellos se debían a las
inundaciones sufridas en el año 2001, agregando que la verdadera causa del mal estado del inmueble no
eran las raíces sino la falta de mantenimiento por parte del ocupante (v. fs. 340 vta.).
De esta manera, de lo alegado por la demandada no se desprende cuál sería la crítica concreta efectuada a
la sentencia de grado. Al momento de expresar el agravio en cuestión, se limitó a repetir los fundamentos
brindados para fundar la inexistencia de nexo causal. Sin embargo, la recurrente no se hizo cargo de los
argumentos brindados por el a quo en lo que respecta a las conclusiones de la perito ingeniero civil.
En otro orden, el demandado reiteró los argumentos brindados al momento de fundar la inexistencia de
nexo causal, arguyendo que los daños han sido provocados para la falta de mantenimiento del inmueble en
cuestión. De esta manera, negó que la causa de estos daños fuera producto del crecimiento de las raíces
de los árboles. A pesar de ello, tampoco ha tenido en cuenta lo dispuesto por el juez de grado al respecto,
discrepando con su criterio sin aportar elementos que permitiesen determinar su desacierto. En efecto, la
reiteración de argumentos en nada se relaciona con la existencia o no del daño.
En virtud de ello, no logra desprenderse del agravio en cuestión cuál sería la crítica concreta a la decisión
del juez de grado, puesto que en ningún momento formuló un razonamiento tendiente a demostrar el error al
momento de fijar el monto indemnizatorio.
Por lo expuesto, no se hallan motivos que me permitan concluir en que el juez de grado haya incurrido en
algún yerro al cuantificar el daño material sufrido por la actora, como así tampoco se ha logrado conmover
los fundamentos dados para determinar el monto de la indemnización.
9.3. Asentado lo anterior, debe señalarse que el recurrente, en su expresión de agravios, se limitó a
discrepar con el juicio del a quo, sin fundar adecuadamente su parecer. En efecto, aún cuando se
ponderase el agravio con el criterio amplio que observa esta sala, la brevísima presentación en análisis no
cumple con los recaudos exigidos en el artículo 236 del CCAyT, por cuanto en el fundamento articulado se
limitó a reiterar los argumentos expuestos en su escrito de contestación de demanda y en parte de su
expresión de agravios, pero de forma alguna demostró el error o la arbitrariedad en el que habría incurrido el
magistrado de grado en su resolución (Fallos: 310:2278; 311:1989 y 312:1819, entre otros).
En pocas palabras, en el escrito en estudio se ha manifestado un simple desacuerdo con la decisión
adoptada en autos, en el cual no se han expuesto -con el rigor jurídico que debe observarse en los planteos
como el presente- las bases legales de punto de vista del recurrente, no se ha atacado la pacífica
jurisprudencia del fuero en la materia, así como tampoco se ha hecho cargo la parte de los argumentos
esenciales del pronunciamiento de grado, circunstancias que sellan la suerte del recurso.
10. Que, en otro orden, cabe tratar el agravio referido a la falta de legitimación activa.
En este sentido, destacó que el inmueble dañado integra el acervo hereditario del Sr. Marcos Sada. En
consecuencia, mencionó que la sucesión se encuentra aún en estado de indivisión, existiendo un
condominio entre los herederos, destacando que a la actora le corresponde solamente "...de 1/6 partes del
9/16 que pertenecieron a su padre " (v. fs. 337).
En virtud de ello, entendió que en caso de prosperar la demanda, la actora no podría recibir la totalidad de
la indemnización, ya que le corresponde a la totalidad de los coherederos (v. fs. 337).
Al respecto, es dable señalar que la actora acompañó el informe de dominio del inmueble ubicado en la
calle Gabriela Mistral 4182/86 (v. fs. 287/287 vta.). Allí, conforme lo explicó la parte, figuran como titulares
su padre y sus hermanos (v. fs. 288/288 vta.).
En este contexto, explicó que ante el fallecimiento de su padre, la Sra. Manzini resultaba heredera y tendría
derecho a una parte del inmueble en cuestión. En efecto, dicha circunstancia surge de la copia de la
declaratoria de herederos dictada en los autos "Sada, Marcos Carlos s/ sucesión ab intestato", que tramitara
ante el Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Civil N°49 de esta Ciudad (v. fs. 6/6 vta. de expediente
"Sada Manzini Maria I c/ GCBA s/ beneficio de litigar sin gastos", expte. N° 14946/2).
A su vez, cabe recordar que el juez de grado rechazó la excepción de falta de legitimación opuesta por el
GCBA. Para fundar dicha solución, tuvo por acreditado el vínculo de la parte actora con su padre a través de
la compulsa del expediente sucesorio mencionado en el párrafo anterior. Asimismo, destacó que se había
celebrado un acuerdo de partición en el cual los herederos convinieron adjudicar a la señora Manzini la
totalidad de la cuota parte que le correspondía al señor Marcos Carlos Sada, como así también "... se
comprometían a otorgar, mediante escritura pública, el acto jurídico que correspondiera a fin de que MARÍA
INÉS SADA MANZINI adquiriera la titularidad del 100 % del inmueble mencionado..." (v. fs. 312 vta., lo
destacado pertenece al original). Sin embargo, expuso que dicho acuerdo de partición no llegó a ser
homologado.
Ahora bien, según surge de expediente sub examine, el señor Marcos Carlos Sada tenía derecho a la
novena dieciseisavas partes del inmueble dañado (v. fs. 287/287 vta.). Por otra parte, la actora acreditó su
condición de heredera del causante mencionado anteriormente mediante la copia de la correspondiente
declaratoria de herederos, la cual fue cotejada por el a quo con la resolución original que obra en el
expediente en el cual tramita la sucesión del señor Sada (v. fs. 312 vta.). Asimismo, vale destacar que en la
mentada declaratoria, surge que existían otros herederos del Sr. Sada.
Por consiguiente, el carácter de heredera de uno de los cotitulares del inmueble legitima a la actora para
reclamar los daños y perjuicios en cuestión. Sin perjuicio de ello, cabe destacar que en el artículo 3485 del
Código Civil de Vélez Sarsfield (en adelante, CC) se estableció que "[l]os créditos divisibles que hacen parte
del activo hereditario, se dividen entre los herederos en proporción de la parte por la cual uno de ellos es
llamado a la herencia".
En concordancia con ello, en el artículo 3486 del CC se dispuso que desde la muerte del causante"... cada
heredero está autorizado para exigir, hasta la concurrencia de su parte hereditaria, el pago de los créditos a
favor de la sucesión".
En virtud de las normas expuestas anteriormente, le asiste razón en forma parcial al demandado en el
planteo formulado con respecto al planteo atinente a que la actora no puede percibir la totalidad de la
indemnización. En efecto, como consecuencia de la normativa citada, la señora Manzini estaría facultada
solo a percibir la suma correspondiente a su porción viril.
Sin embargo, cabe formular algunas aclaraciones respecto a este supuesto. En primer lugar, el monto
indemnizatorio fijado por el juez de grado es una obligación de dar sumas de dinero, que constituye una
obligación divisible en los términos de lo dispuesto en el artículo 669 del CC.
En este contexto, la limitación que se hace referencia en los artículos 3485 y 3486 del CC respecto al cobro
de los créditos divisibles concierne a la relación que mantienen los coherederos con los deudores
hereditarios. Esto se debe a que, al analizar la relación interna entre los coherederos, el crédito en cuestión
forma parte del acervo hereditario, puesto que el importe del monto a percibir deberá computarse en las
correspondientes hijuelas. Al respecto, es dable remarcar que se ha sostenido que "... el valor del crédito
integra también la masa de cálculo sobre la cual se determinará la cuantía y extensión de la hijuela de cada
heredero. Esta determinación interesa sólo a las relaciones entre los coherederos y a efectos de asegurar la
justicia del acto partitivo" (conf. Zannoni, Eduardo A., Derecho de las sucesiones, T. I, Ed. Astrea, Ciudad de
Buenos Aires, 2001, pág. 553).
Habida cuenta de ello -a los fines de mantener incólume los derechos de los demás coherederos y posibles
acreedores del causante- corresponde que, a fin de efectuar el pago de la condena establecida por el juez
de grado, se ordene la transferencia de los fondos a una cuenta abierta o por abrirse en el marco del
expediente "Sada, Marcos Carlos s/ sucesión ab intestato", expte. N°627/1994, que tramita ante el Juzgado
Nacional de Primera Instancia en lo Civil N°49 de esta Ciudad, con el objeto de que la indemnización
reclamada en autos sea computada en el acervo hereditario y se distribuya conforme a los procedimientos
establecidos en la ley por el juez a cargo de la sucesión mentada.
11. Que resuelto lo anterior, corresponde tratar el agravio del GCBA respecto a la falta de determinación de
plazo para el cumplimiento de la sentencia.
Sobre el punto, es dable señalar que si bien en la sentencia recurrida la Sra. juez de grado no especificó un
plazo para el cumplimiento de la condena -que en este caso considero no es de naturaleza alimentaria-, no
se advierte cómo esa indeterminación podría constituir algún tipo de agravio para la demandada.
Al respecto, en el artículo 395 del CCAyT expresamente se señala que cuando en la sentencia no se
establece plazo de cumplimiento, la autoridad administrativa vencida enjuicio dispondrá de sesenta (60) días
desde la notificación de la sentencia condenatoria, salvo los casos en que se trate de obligaciones de dar
sumas de dinero, que no sean de naturaleza alimentaria, en cuyo caso son de aplicación los artículos 399 y
400 del mismo código (confr. sala II CAyT in re "Beñacar Alegre Catalina c/ GCBA s/ daños y perjuicios
(excepto resp. médica)", EXP. N° 21817/0, del 05/08/2014 y "Barrotaveña Estela Renee el GCBA s/ daños y
perjuicios (excepto resp. médica)", EXP N°36.667/0, del 01/07/2014). Por lo tanto, propongo que se rechace
este agravio.
12. Que por último, corresponde expedirse respecto del agravio del GCBA relativo a la imposición de las
costas del proceso.
En primer lugar, resulta menester recordar que en el artículo 62 del CCAyT se dispone que "[l]a parte
vencida en el juicio debe pagar todos los gastos de la contraria, aun cuando esta no lo hubiese solicitado.
Sin embargo, el tribunal puede eximir total o parcialmente de esta responsabilidad al/la litigante vencido,
siempre que encontrare mérito para ello, expresándolo en su pronunciamiento, bajo pena de nulidad".
En este sentido, cabe señalar que las costas son, en nuestro régimen procesal, corolario del vencimiento.
Se imponen no como una sanción, sino como el resarcimiento de los gastos provocados por el litigio.
De ese modo, la justificación de la condena en costas está en que la actuación de la ley no debe
representar una disminución patrimonial para la parte en cuyo favor tiene lugar, haciendo su imposición al
deber del juez de condenar al derrotado. Por lo tanto, el vencido debe cargar con todos los gastos que hubo
de realizar el vencedor para obtener el reconocimiento de su derecho, quien debe salir incólume del
proceso.
Así, en principio, quien hace necesaria la intervención del tribunal por su conducta -acción u omisión- debe
soportar el pago de las costas que la contraparte ha debido realizar en defensa de sus derechos.
Por lo tanto, habiendo resultado sustancialmente vencida la demandada, no corresponde apartarse del
principio general, debiendo confirmarse la sentencia de grado en este punto.
En virtud de lo dispuesto, propongo al acuerdo que: 1) se rechace parcialmente el recurso interpuesto por la
parte demandada; 2) se declare parcialmente desierto el recurso de apelación interpuesto por el GCBA; 3)
se confirme la sentencia de grado en cuanto ordena el pago de la suma de ochenta y dos mil sesenta y tres
pesos ($ 82063) con más sus intereses conforme lo dispuesto por el a quo. Dicho pago deberá efectuarse
mediante la transferencia de los fondos mencionados anteriormente a una cuenta abierta o por abrirse en el
marco del expediente "Sada, Marcos Carlos s/ sucesión ab intestato", expte. N° 627/1994, que tramita ante
el Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Civil N°49 de esta Ciudad. Asimismo, se libre oficio al Sr.
juez a cargo del Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Civil N°49 de esta Ciudad con copia
certificada de la presente resolución, a los fines de poner en conocimiento lo aquí decidido; 4) se impongan
las costas de ambas instancias a la parte demandada sustancialmente vencida (art. 62 del CCAyT).
Así voto.
A la cuestión planteada, la Sra. juez FABIANA H. SCHAFRIK DE NUÑEZ dijo:
Que adhiero al voto del Sr. juez FERNANDO E. JUAN LIMA.
A la cuestión planteada, el Sr. juez Dr. ESTEBAN CENTANARO dijo:
1. Coincido con lo expuesto por mi colega preopinante, Dr. FERNANDO E. JUAN LIMA, así como con la
solución que propone para el caso en estudio, con excepción de lo expresado con relación a los
fundamentos generales de la responsabilidad del Estado (ver considerando 7) y de lo dispuesto en el
considerando 11° de su voto.
2. En cuanto al factor de atribución, cabe señalar que, mientras un sector de la jurisprudencia, coincidiendo
con la postura que funda la responsabilidad en la teoría del riesgo, considera que la génesis del daño se
encuentra en el vicio de la cosa -entendido como un defecto de fabricación o funcionamiento que la hace
impropia para su destino normal- y haciendo aplicable el art. 1113, 2o párrafo, 2ª parte, del Código Civil; otro
sector de la jurisprudencia, aún cuando la considera de naturaleza objetiva, lo hace con base en el deber de
seguridad y garantía.
En suma, en el caso que nos ocupa, en que la responsabilidad pretende atribuirse al dueño o guardián de
una cosa viciosa o riesgosa, forzoso resulta aplicar lo normado por el 2o párrafo del art. 1113 del Código
Civil.
2.1. Al respecto, resulta oportuno poner de resalto que, de acuerdo al nuevo art. 1113 citado, si el daño
hubiese sido causado por el vicio o riesgo de la cosa, el dueño o guardián de ella sólo se eximirá total o
parcialmente de responsabilidad acreditando la culpa de la víctima o de un tercero por quien no debe
responder. Resulta conveniente tener en cuenta que con esta fórmula se ha agregado al sistema original
previsto por el Código Civil, la responsabilidad por el riesgo o vicio de la cosa.
Ahora bien, se ha sostenido que, mientras de algunas cosas se puede decir que son peligrosas, de ninguna
se puede decir, en cambio, que no lo sea en absoluto. En efecto, la pólvora está siempre pronta a estallar;
es peligrosa. Un bastón sirve de apoyo al hombre para caminar, pero puede ser el objeto con el que al
caerse se lesione clavándose la punta; puede ser peligroso (BUSTAMENTE ALSINA, JORGE, Tratado de la
responsabilidad civil, Buenos Aires, Abeledo Perrot, 1997, núm. 1042, pág. 414).
Así, sentado ello, cabe destacar que la opinión doctrinaria mayoritaria sostiene que el carácter inerte de la
cosa no es un elemento que habrá de excluir su carácter riesgoso, pues el análisis de dicha característica
no pasa por la determinación de si la misma se presenta pasiva o, por el contrario, en actividad, sino que,
más bien, es la conclusión, a partir del estudio de las características de la cosa, respecto de si "ofrecía un
riesgo especial, intrínseco, normal o extraordinario" (ZAVALA DE GONZÁLEZ, M., Responsabilidad por
riesgo. El nuevo artículo 1113, Hammurabi, Buenos Aires, pág. 42).
El riesgo de la cosa ha de ser la causa del daño, y ese riesgo supone una "probabilidad de daño abstracta,
que computa anticipadamente un número indefinido de sucesos perjudiciales en función de la aplicación de
la cosa a su destino normar (ZAVALA DE GONZÁLEZ, M, op. cit., pág. 45). No altera dicha conclusión la
circunstancia de que exista algún acto que desencadene esa potencialidad de riesgo en el caso concreto:
así, la falta de adopción de medidas de seguridad (CNCiv., Sala H, en autos "Moltedo de Dickson, Nelly M.
c/ Empresa Distribuidora Sur S.A. y otro", del 24/4/00, del voto del Dr. Claudio Kiper, publicado en L. L.
2001-D-693).
Y la constatación del incumplimiento de ese deber por parte de la Ciudad no se ve alterado por la mera
invocación -huérfana de todo sustento probatorio- de que la causa de la roturas y filtraciones producidas no
se debió al crecimiento de las raíces del árbol sino a las características de la construcción del inmueble
donde reside la accionante.
Es decir que, no habiéndose probado adecuadamente el hecho del tercero o de la víctima, cabe concluir en
la exclusiva responsabilidad que, en el evento de marras, le cabe al Gobierno de la Ciudad de Buenos
Aires.
3. Con respecto a el agravio formulado por la demandada con relación al plazo fijado para el pago de la
condena de marras.
En tal sentido, con vinculación a la aplicación de la Ley N° 23982, cabe mencionar que dicha norma había
ordenado consolidar en el Estado Nacional las obligaciones vencidas o de causa o título anterior al Io de
abril de 1991 (art. Io) y además resulta comprensiva de las obligaciones a cargo de la ahora ex
Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires (art. 2o). Sin embargo, a la fecha de publicación de la Ley de
Consolidación (23/08/91) la Ciudad de Buenos Aires carecía de autonomía como contrariamente ocurre en
la actualidad.
Es decir, previo a alcanzar la referida autonomía el Estado Nacional consolidaba sus obligaciones a fin de
responder por las deudas contraídas por el Municipio de la Ciudad de Buenos Aires. Empero, en la
actualidad, "El Estado de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires es sucesor de los derechos y obligaciones
legítimas de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires..." (art. 7o de la Constitución de la CABA).
A tales efectos, si bien la Ley N° 23982 resulta vigente a la fecha de este pronunciamiento, cabe apuntar
que no es aplicable al ámbito local, toda vez que es la misma Ciudad Autónoma de Buenos Aires quien
debe dar cumplimiento a sus propias obligaciones y, siendo que la Ley de Consolidación es ajustada al
Estado Nacional y a las Provincias que adhirieron al sistema, excede claramente su posibilidad de emplearla
a este tipo de casos.
Por lo expuesto, cabe concluir que no resulta de aplicación la Ley 23.982 de conformidad como ya lo
expusiera este tribunal (in re "Fundación de la hemofilia el Obra Social de la Ciudad de Buenos Aires s/
cobro de pesos", EXP 3792/0, del 30/08/07, entre otros).
Sin embargo, con relación a la aplicación de las prescripciones contenidas en el Código Contencioso
Administrativo y Tributario, cuadra precisar que en el artículo 395 se establece respecto de la ejecución de
sentencias que "[l]a autoridad administrativa vencida en juicio, cuando en la sentencia no se establezca
plazo de cumplimiento, dispone de sesenta (60) días computados desde la notificación de la sentencia
condenatoria, para dar cumplimiento a las obligaciones en ellas impuestas, salvo cuando se trate de las de
dar sumas de dinero, que no sean de naturaleza alimentaria, en cuyo caso son de aplicación los artículos
399°y 400° A los efectos de lo establecido en este artículo, están exentos de lo previsto en los artículos 399°
y 400°, los créditos de naturaleza alimentaria cuyo importe total no sobrepase el doble de la remuneración
que percibe el Jefe de Gobierno".
Por otra parte, en el artículo 398 del CCAyT se sienta el principio del carácter declarativo de las sentencias
firmes que condenan a las autoridades administrativas al pago de sumas de dinero, con excepción de los
créditos de carácter alimentario que no sobrepasen el doble de la remuneración que percibe el Jefe de
Gobierno. De conformidad con esto, las autoridades administrativas deben incluir en los proyectos de
presupuesto para el ejercicio siguiente, la imputación con la que atender las erogaciones que resulten de las
sentencias condenatorias mencionadas en el art. 398 (art. 399). El carácter declarativo cesa el 31 de
diciembre del año de ejecución del presupuesto en el que se haya debido efectuar la inclusión del crédito
(conf. arts. 399 y 400 del CCAyT).
Asimismo, como juez de esta sala, he dicho al respecto que los créditos de naturaleza alimentaria que
sobrepasen el doble del sueldo del Jefe de Gobierno, son ejecutables hasta ese monto y en lo que lo
exceden tienen carácter declarativo y, por ende, debe aplicarse a su respecto el procedimiento establecido
en los artículos 399 y 400 del CCAyT. Esto se debe a que "la literalidad del artículo 395 del ordenamiento
deforma -en cuanto señala que "están exentos de lo previsto en los artículos 399 y 400 los créditos de
naturaleza alimentaria cuyo importe total no sobrepase el doble de la remuneración que percibe el Jefe de
Gobierno- no puede conducir a la conclusión de considerar que la circunstancia que el crédito exceda esa
referencia, hace que en su integridad se le apliquen las previsiones de los artículos 399 y 400 del citado
ordenamiento. Adviértase que una conclusión contraria conduciría a soluciones reñidas con la razón, pues
el solo hecho de exceder el honorario profesional en un peso la remuneración del Jefe de Gobierno haría
que su ejecución encuadre en las previsiones del artículo 399 y 400 del ordenamiento de forma, negando en
forma elíptica su carácter alimentario al diferir en el tiempo su percepción" (in re, SAC Sociedad Anónima
Cinematográfica c/ GCBA (Dirección General de Rentas y Empadronamiento Inmobiliario) s/ amparo (art 14
CCABA)", EXP N° 2462/0, sentencia del 17/12/02).
De acuerdo con lo expuesto, deberá precederse de modo que la parte del crédito que no exceda el monto
establecido como límite al que alude el art. 395 in fine del CCAyT sea abonada dentro del plazo de sesenta
días desde la notificación de la sentencia. Por el contrario, si existiese una porción del crédito que exceda
ese límite tendrá carácter declarativo y se regirá por el principio general establecido en el CCAyT es decir
deberá sujetarse a lo normado por los artículos 399 y 400 de ese cuerpo legal para las sentencias
condenatorias contra las autoridades administrativas que impliquen dar sumas de dinero (esta sala, in re
"Goncalvez, Graciela I. el GCBA s/ expropiación", EXP 18788/0, sentencia del 12/12/08).
Así dejo expresado mi voto.
En mérito a la votación que antecede, el tribunal RESUELVE:
I. Rechazar parcialmente el recurso interpuesto por la parte demandada.
II. Declarar parcialmente desierto el recurso de apelación interpuesto por el GCBA.
III. Confirmar la sentencia de grado en cuanto ordena el pago de la suma de ochenta y dos mil sesenta y
tres pesos ($ 82063) con más sus intereses conforme lo dispuesto por el a quo. Dicho pago deberá
efectuarse mediante la transferencia de los fondos mencionados anteriormente a una cuenta abierta o por
abrirse en el marco del expediente "Sada, Marcos Carlos si sucesión ab intestato", expte. N° 627/1994, que
tramita ante el Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Civil N°49 de esta Ciudad. Asimismo, se libre
oficio al Sr. juez a cargo del Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Civil N°49 de esta Ciudad con
copia certificada de la presente resolución a los fines de poner en conocimiento lo aquí decidido.
IV. Imponer las costas de ambas instancias a la parte demandada sustancialmente vencida (art. 62 del
CCAyT).
Regístrese, notifíquese por secretaría y, oportunamente, archívese.
Esteban Centanaro - Fabiana H. Schafrik de Nuñez - Fernando E. Juan Lima