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Antología poética


Stefan George

Edición compilada por M. Leonardo


Madrid, 2014
INTRODUCCIÓN

Poco conocido fuera del ámbito de la cultura


germánica, y excesivamente identificado en exclusiva
con ella, el perfil poético de Stefan George (1868-1933)
cobra paso a paso estos días nuevo interés para los
lectores españoles, cada vez más distantes del empacho
de los versos clónicos, sometidos a mundos cotidianos,
que han predominado en nuestras tierras desde el
término de la Segunda Gran Guerra. Cierto es que en
momentos de exaltación patriótica, George ha podido y
puede ser considerado como gallardete solo de la
genuina mentalidad alemana, pero una aproximación
moderna y sin filtros a su obra permite observar
enseguida que la trascendencia de su trabajo supera las
lindes de la cultura germánica para situarse en primera
línea de la creación y el espíritu verdaderamente
europeos.

Nacido en el verano de 1868 en Budesheim, cerca de


Bingen, en una de las encrucijadas con más carga
histórica del valle del Rhin, George recorrió en su
juventud amplias regiones de Inglaterra, Francia, Italia
y España, bebiendo muy pronto en las fuentes literarias
de Dante, Shakespeare y Baudelaire, a quienes más
tarde tradujo al alemán. Y si bien este europeísmo, fruto
del conocimiento, es fácilmente detectable en el
conjunto formal de su obra, aún más lo es en el interior
de su herencia poética, nutrida del subconsciente
colectivo de la mejor tradición europea, de aquello que,
magma indefinible, todavía da vida a buena parte de
nuestras concepciones y sentimientos.

La primera impresión profunda que la lectura de


George suscita es la de reencontrar en su obra
sugerencias o símbolos ya vislumbrados, o al menos
presentidos, en trance o en sueños inspirados. Su obra
viene en consecuencia a probarnos la existencia de una
Memoria de la Naturaleza que revela abstracciones de
siglos remotos: todo símbolo creado con la sinceridad de
creerlo nuevo acaba por encontrarse, tamizado a través
de la individualidad, en algún poema que nunca se había
leído.

No puede negarse que la poesía de George se relaciona


con presupuestos nietzscheanos, y en verdad también en
ella se percibe una expresión lírica de la aspiración a la
superación de la especie por la selección de los mejores,
mas igualmente hay que aceptar que su severidad, ardor
y luminosidad desborda esos presupuestos elitistas para
pasar a ser patrimonio, si no de las mayorías mecánicas,
sí de una "inmensa minoría" cada vez más extensa. Por
otra parte, y desde un análisis meramente crítico, se ha
comparado a George con Hõlderlin, y se han buscado
similitudes entre él y Rilke o Hofmannsthal, aunque
quizá la verdadera relación entre todos ellos fue el
rechazo del materialismo y un cierto milenarismo, más
o menos encubierto según cada caso. George, quien
vivió retirado, trabajando lejos de la industria editorial y
de los oropeles literarios, advirtió con rapidez que no se
podía maridar la vocación de poeta con las "crónicas del
día" -como hacia Hofmannsthal-, no cayó en la ternura
fácil de Hõlderlin o Rilke, y propugnó el apartamiento
de "la amorfía plebeya de los apóstoles de la realidad", al
tiempo que se manifestaba "en contra del ruido innoble
de la actualidad".

Como poeta se mantuvo al margen de todos los


acontecimientos temporales de su época, fue renuente al
choque con su presente, y jamás le pareció que el deber
y la función del poeta fueran comentar y representar la
realidad. Se opuso al naturalismo y creía en la
trascendencia del mundo que crea el hombre con ayuda
del genio y del espíritu; creía, que los límites del mundo
material y de la lógica no son barreras infranqueables,
sino apenas fronteras que traspasar. Para él, el poeta
puede proporcionar al hombre medios de perfección, no
mediante un saber mayor, sino mediante el incremento
del poder de asimilación de los elementos eternos de la
creación y el culto a la belleza como elevación del alma.
Enemiga de toda forma de realismo, la creación
poética de George supuso en el desarrollo de la
literatura alemana un paso clave hacia la aprehensión
del precedente individualismo esteticista, esterilizado
bajo una espiral de devaneos sin sentido trascendente.
Espoleado en sus inicios por los ejemplos de Rimbaud,
Verlaine y Mallarmé, y luego por los no menos
deslumbrantes de Rossetti, Swinburne y D'Annunzio,
George se lanzó a una lucha sin cuartel contra el
"espíritu" de provecho y progreso material, intentando
inocular entre las vanguardias de su tiempo un impulso
de belleza y dignidad. Dominado por esa idea, y
consciente de que la función del arte no es expresar lo
obvio, sino invocar lo indefinible, su mano tendió a la
descripción de estados de conciencia, recreando el
mundo exterior a modo de proyección del "yo" creador.

Al adoptar estos presupuestos como guía de su obra,


George se deslizó hacia la consideración del poeta, del
escritor en general, como un vidente, predestinado a
ocupar un lugar central en la cultura. La formulación
poética de esta idea por George remarcó la mágica
fuerza de transformación que contiene la literatura, el
carácter revolucionario y subjetivo que el desarrollo sin
trabas de ésta puede imprimir en una vanguardia. Esta
vieja-nueva premisa, que conlleva la necesidad de una
"aristocracia cultural" para dinamizar el crecimiento
global de un pueblo, se advertirá con ribetes mesiánicos
en casi toda la producción de George.

Decidido a profundizar en ese cauce, George buscó el


arquetipo del hombre por excelencia, encarnación de la
divinidad, punto de referencia último, medida y
equilibrio de su época. El reconocimiento simplista de
esta tendencia provocó en su momento, tras la débâck
del despropósito hitleriano, la condenación de George
ad infinitum por los núcleos social- populistas que han
constreñido el crecimiento del arte europeo a partir de
la última postguerra. Así, George, tachado de
compañero de viaje del III Reich y su pangermanismo,
cayó en un olvido premeditado que le ha hecho estar
ausente durante largas décadas de casi todas las
antologías y manuales al uso en el viejo continente -y,
por supuesto, en el nuevo, por razones más pedestres-.
Sin embargo, sus detractores, tan elitistas como la
corriente que pretenden combatir, obvian a menudo
negativamente el hecho de que las concepciones de
George se enfrentaron siempre a la ridiculez nazi, y que
el poeta, asqueado por el curso de los acontecimientos
alemanes, decidió (él, enamorado confeso e irreductible
de su patria) exiliarse y ser enterrado en Suiza.

Cierto es que el George más genuino proclamaba su


simpatía por una proyección estamental de la sociedad
basada en una combinación del espíritu de caudillaje y
del espíritu de mesnada, pero también es cierto que de
su grupo más íntimo de amigos, el denominado
Georgekreis, surgió Claus Stauffenberg, protagonista
del atentado contra Hitler acaecido el 20 de julio de
1944. Personalmente, a lo largo del -en ocasiones—
tortuoso camino recorrido desde su infancia en la villa
natal y vinatera de Budesheim hasta su muerte cerca de
Locarno, George, estudiante de Filosofía del Arte en
París y Munich, escritor consagrado en Berlín, purista
envejecido y exiliado en tierras helvéticas, nunca dejó de
propugnar la exaltación del humanismo como forma de
pensamiento y norma de actuación. Por ello combatió el
carácter plebeyo y brutal del nazismo, y por ello utilizó
la poesía como simple -y maravilloso- instrumento de
elevación moral. Dejemos, sin embargo, de lado todo
esbozo de clasificación "filosófica" de la obra de George.
Lo importante es su fuerza literaria, su estilo, que
incluso por encima de sus propuestas de marcha hacia
lo heroico y lo mítico, hacia un "Nuevo Imperio", hacia
altas formas de vida, constituye una inigualable
aportación a la cultura universal.

El que con el tiempo logró ser el principal adalid del


remozado simbolismo alemán se marcó desde el
comienzo de su carrera literaria un único y ambicioso
objetivo: dotar de nuevos impulsos a la poética
germánica, liberándola de impurezas e irregularidades
en el fondo y en la forma. En ese combate por la
perfección no estuvo solo; docenas de pensadores y
artistas fueron secundando sus pasos, como sus
discípulos Wolfskehl, Klages y Wolters. Y entre ellos, en
cierta medida y a pesar de las diferencias, uno
especialmente valioso: Hugo Von Hofmannsthal (1874-
1929). Junto a este visionario agridulce, aliento del
mejor barroquismo vienés, George fundó en 1892 la
revista Blätter für die Kunst, soporte esencial de la
vanguardia literaria en lengua alemana hasta 1919.

Enmarcada por un sentido de lo intemporal, la poesía


de George impera sin paliativos sobre su obra en prosa
(Tage und Taten), desgranando un esplendor de
lenguaje y técnica sobre una genial exposición de
sensaciones. La concepción y realización de sus versos,
original y poco comparable, se revela magistral desde la
primera lectura de cada una de sus líneas. Así, privados
de todo impulso no poético gracias a un trabajo
singular, sus poemas muestran a la contemplación del
lector un hermoso breviario de sentimientos depurados.
Demiurgo nato, trasluce los movimientos del espíritu en
símbolos emocionales e intelectuales que incitan a la
renuncia y al sacrificio, al respeto del poder y la armonía
de la Naturaleza, a la revalorización decisiva del pasado.
Entremezclando ideas con emociones, George deserta
en sus versos de la vulgar vida cotidiana, acaricia una
divinidad panteísta, y aboga por un reino solidario,
inevitablemente utópico, creciendo a la vera de esta
alquimia la fuerza individual y la reverencia metafísica
ante el Destino. Y todo ello, sin renunciar nunca a una
intuición central y definitoria de su obra, expresada en
las últimas líneas de su poema "Das Wort": So lernt ich
traurig den Verzicht: Kein Ding sei wo das Wort
gebricht (" Y supe con tristeza de la renuncia: ningún
rumor puede reemplazar a la palabra").
CONTENIDO

Peregrinaciones Visita
De Heliogabalo Dando las gracias al
Himnos amanecer
Oh madre de mi madre El año del alma
El señor de la isla La Lucha
Llamas Los Signos
La alfombra La Estrella de la Alianza
Ellora [Proemio]
La Palabra Con pálido celo buscaba…
Las palabras engañan Primaveras de jardín
Desde el gluten púrpura… El día del aniversario
Cada obra me lleva hacia El libro de los jardines
la muerte colgantes
Recorremos en el rico Maximin
oropel… Mi niño volvió a casa
Vengan al parque… Estaban tan lastimados
Hyperion
ANTOLOGÍA POÉTICA



STEFAN GEORGE
PEREGRINACIONES

Vuestras antiguas imágenes duermen con los muertos.


Me falta el poder de reviviros.
Se me vedaron los verdaderos pastos;
ahora paladeo la suntuosidad plena de corrupción.

Herido por sonidos enervantes


contemplo el valle azul, cubierto de praderas.
Las garzas blancas y de color de rosa huyeron,
al lago cercano que reposa y destella como acero.

Ella avanzó majestuosa, como acompañando a los


sonidos.
Su dedo se sostuvo y tensó
los cordones de seda de sus atavíos salvíficos
que de noche hiló con madejas de hierba.

¡Oh sabio juego, adivinar el través de esta envoltura!


En mis pensamientos seguíamos siendo dos,
antes de que ella, tras bejucos florecidos
se marchara lenta hacia el lago cercano.
DE HELIOGÁBALO

Cuando alrededor de las cobrizas cúpulas de las azoteas


por todas las fachadas sólo el sol palpita
y el frescor alienta aún en cortes de basalto,
entonces las palomas aguardan a su emperador.

Él viste túnica de azul seda,


sembrada de sardónices y zafiros,
guarnecida en su orla de cápsulas de plata,
mas en los brazos no lleva joya alguna.

Sonreía. Sus blancos dedos regalaban


granos de mijo de la dorada artesa,
cuando un lidio impávido surgió de las columnas
y a los pies de su señor humilló la frente.

Las palomas vuelan asustadas hacia el techo.


“Muero conforme, pues que mi rey tembló”.
Ancho puñal ya se hunde en su pecho.
Con verde zaguán juega la roja charca.

El emperador se retiró, con ademán de mofa…


Pero el mismo día ordenó, como recuerdo
que en la copa vespertina de vino
se grabase el nombre del esclavo.
HIMNOS

Al satén azul, en la tienda de acampada


lo cobijan bandadas de áureas luna y estrellas;
Sobre un pedestal se han dispuesto, en el extremo
los vasos de malaquita y alabastro.

Tres cadenas sostienen lámpara de cobre


que de nuestras frentes pálido fulgor vela.
Nos cubren los pliegues de un ancho manto
y ¡que no nos falte un haz de mirtos!

Pronto atendemos, de la bebida, la voz de oráculo


sobre tapices hilados con suave fibra.
El muchacho, atento a cada guiño
se inclina dignamente ante el gospodar…
Entreveo, como en mágica fuente
el tiempo remoto en que aún yo era rey.
OH MADRE DE MI MADRE…

Oh, madre de mi madre, y excelentísima


¡cómo me turba la sucesión de tan severas palabras!
Tu reproche porque mi espíritu no te pertenece,
porque yo, descuidado, sin fruto lo disipé.

¿Recuerdas cuántas lanzas hendieron el aire


cuando yo en el Oriente luché por la corona,
y alabanza y reproche sonó para el temerario
que por entonces no había tomado aún la tierra?

No es debilidad lo que me aparta de vuestro trato;


he comprendido la locura de vuestro proceder.
¡Oh, déjame, ni afamado ni odiado,
libre de vagar por los caminos acotados!

y no busques alejar de mí al hermano


-¿aún en el sueño percibí tu mirada?-,
a quien encadenas ferviente a una absurda tarea,
revistiéndole con tus deseos de ropajes de esclavo.

Mira, soy frágil, como la flor del manzano


y manso como un cordero recental,
aunque yacen hierro, piedra y yesca
peligrosamente en el alma atormentada.
Desciendo por una escalera de mármol;
un cadáver decapitado en medio se agita;
allí rezuma la sangre de mi caro hermano:
yo sólo recojo, quedamente, la cola del manto púrpura.
EL SEÑOR DE LA ISLA

Cuentan los pescadores que en el Sur


sobre una isla espléndida en canela y en aceite,
y piedras preciosas que entre la arena rielan,
existió un pájaro que, posándose en la tierra
con su pico la copa de los altos árboles
podía deshojar, y cuando sus alas,
del color del jugo del caracol de Tiro,
había erguido en pesado y raso vuelo,
una obscura nube semejaba.
Si por el día en el bosque se ocultaba,
al anochecer regresaba a la orilla,
con la brisa fresca de algas y salitre
su dulce voz elevando tanto que los delfines,
amigos del canto, junto a la playa nadaban
en el mar henchido de doradas plumas y áureos destellos.
Así había vivido, desde el primer comienzo
y sólo los náufragos le habían conocido.
Cuando un día las blancas velas
de los hombres, con propicio séquito
a la isla arribaron, la colina ascendió,
contemplando todos los queridos parajes,
extendió sus alas inmensas
y expiró entre gemidos apagados y dolientes.
LLAMAS

¿Qué haces tú que con el más alto estrépito


a nosotros, siempre distantes y extraños, nos apagas de
un soplo?

Cuando apenas disponemos de un momento frente a la


quietud de las llamas
una nueva boca nos empuja a los dientes de fuego.

El incendio ondulante teme a las desnudas barras,


las calientes llamaradas casi se hacen perlas.

Que nuestra fuerza en exuberante vegetación


se derrame sobre el metal y la tierra hacia una rápida
muerte...

"Lo que a menudo y desde muy lejos os ha encontrado


como aliento,
se nutre de los mismos y secretos elementos
que en vosotras arden" —dice el caballero de las
antorchas—
"Y se consume con todas sus luces".
LA ALFOMBRA

Aquí conviven los hombres con los animales,


extraños a la alianza que desborda los límites,
las hoces azules ornan las blancas estrellas
y se dirigen hacia la fría danza.

La desnuda línea avanza asfixiante,


toda ella es confusa e incontrolable,
y nadie adivina el enigma de los cautivos...
Pues cualquier tarde los trabajos cobrarán vida.
La lluvia cae torrencialmente sobre las ramas muertas,
sobre el estrecho espacio de la línea y el círculo
y resbala libre del pincel senil.
El último desenlace le proporciona reflexiones.
Ella no concede nada: no está destinada a la mayoría.
Horas habituales: la promiscuidad no da recompensa.
Negará a la masa la palabra
y solo permitirá lo extraordinario en la imaginación.
ELLORA

Peregrinos que alcanzáis la cumbre.


Con las ruinas de la inútil carga,
arrojáis las flores y las flautas.
¡Ruinas de consoladoras luces!
El tono y el color os matan,
separándoos de la luz y de la voz
en el umbral de Ellora.

Elevados sobre el pedestal a través de las sombras,


cansados de brillar desde el palacio a la sala,
los mudos ojos cual anillos de rubí
se hacen triste ópalo...
Sordas oraciones sobre la lápida
llaman al silencio y a la obscuridad
en las piedras de Ellora.

Separémonos. Alejémonos de buen grado,


que la locura en nosotros encuentre descanso.
Que callen los latidos de nuestro pecho
y se apague el bullir de nuestra fiebre.

Son duros y pétreos los peldaños del Altar,


frías, marfileñas, las columnas
en los templos de Ellora.
LA PALABRA

Un milagro de la lejanía o del sueño


me trajo al abrigo de mi país.

Y esperé hasta que la gris Norna


encontró el nombre en su manantial.

Después la pude asir densa y fuerte,


ahora florece y resplandece hasta la médula...

Antaño, yo emprendía el viaje


con una joya rica y delicada.

La divinidad buscó largo tiempo y me ordenó:


"No duermas aquí sobre terreno profundo".

Mi mano huyó
y mi patria nunca ganó el tesoro...

Y supe con tristeza de la renuncia:


ningún rumor puede reemplazar a la palabra.
LAS PALABRAS ENGAÑAN

Las palabras engañan –huyen


sólo el canto se apodera del alma–
si sin embargo no te pierdo
sé mi falta y mi perdón.
Dejadme como al niño la sabiduría,
como al niño de los pueblos cantarines
de las salas a las que quiero entrar
de los titanes de las pródigas leyendas.
¡Mofaos de mi suave trabajo!
Pero primero debo admitir
que entre sueños te he visto
y desde el alma te llevo.
DESDE EL GLUTEN PÚRPURA HABLÓ LA IRA DEL
CIELO

Desde el gluten púrpura habló la ira del cielo:


mi vista es desviada de este pueblo…
¡Inválido es el espíritu y muerto el obrar!
Sólo hacia el reino sagrado
se huye en un trirreme de oro
Mi arpa suena y en el templo
el sacrificio se efectúa… y el camino aún se busca
calentando al pobre en dilatadas tardes
sólo sus zancadas me siguen con respeto –
y todo lo demás es noche y nada
CADA OBRA ME LLEVA HACIA LA MUERTE

Cada obra me lleva hacia la muerte.


Casi me llamas con estas ideas,
nuevos discursos me enredan
deber y beneficio, otorgado y prohibido,

de todo surge este rojo


y llora, las imágenes que siempre huyen
y en bella lejanía prosperan –
cuando la fría claridad mañana amenace.
RECORREMOS EN EL RICO OROPEL DE LAS
HAYAS

Recorremos en el rico oropel de las hayas


El paseo casi hasta el portal
Y vemos fuera en el campo tras la verja
El almendro en flor una vez más.

Buscamos los bancos libres de la sombra


Donde una voz extraña jamás nos infundió temor
En sueños se cruzan nuestros brazos
Nos deleitamos en el largo y dulce resplandor

Con gratitud sentimos el susurro leve de las gotas


Con que el vestigio de un destello nos cae de las copas
Y oímos y miramos en instantes mudos
Golpear en el suelo los frutos maduros.
VENGAN AL PARQUE…

Vengan al parque los que dicen que ha muerto, y vean


El reflejo trémulo de las risueñas orillas más allá,
Las nubes aceradas con un inesperado color azul
Difunden una luz sobre sendero variopinto y laguna.
El tierno gris, el ardiente amarillo que se aferra
a la corteza de abedul y del boj, árboles maduros.
Cuando las rosas tardías se recogen,
Besándose y escondiéndose y entretejiendo la cadena.
El púrpura que actúa sobre los recodos de enredadera
desenfrenadamente,
Al final de los parterres que no olvidarán,
En donde un resto de vívido verdor aun permanece,
Sobre la visión otoñal que ligeramente se enrosca en la
alegría.
HYPERION

Regreso al hogar: nunca tal inundación de flores


Me había dado la bienvenida.... vibraciones del campo
Y en la arboleda que tenía poderes de sueño.
Vi el río, y quedé cautivado por la corriente,
Y a ti, mis hermanos, herederos solares del futuro:
Sus ojos, cazadores de imágenes, están albergando un
sueño,
Una vez acojas las ideas anhelantes en ti, para modelar la
sangre...
Mi sentida vida - se inclina hacia el sueño,
haciendo la promesa celestial amablemente
El ferviente.... Quién nunca podrá ir de un lado para otro
de la esfera.
Seré tierra, seré la tumba de héroes,
Ese enfoque tribal y sagrado será cumplido.
Con ellos la segunda edad viene, quienes suscitarán
El mundo, ¿otra vez el amor lo suscitará.
Habló el mareo, el círculo ha sido tejido....
Antes de que la oscuridad caiga, será arrebatado
En lo alto y lo sabrán: pasear a través de campos
preciados
Sobre plantas ingrávidas, resplandeciente y legítimo, el
Dios.
VISITA

El sol con su caída suave


señala los bordes del jardín,
Se inclina a través de la casa en setos
Abajo a través de brechas en la pared.
Las aves se mueven sobre la hierba,
Las ramitas de arbustos están oscilando,
Después del escondite de la bruma
Los ánades pasan otra vez.
¡Llenando las líneas el horizonte luego!
Colman la grava y los parterres
Las flores se desarrollar en cierres,
¡Pared - flor y rosa hacen abrazos!
Y cerca de los ladrillos junto al asiento,
¡Estropeen la hiedra demasiado generoso!
Los botones para una alfombra le cautivan!
El aire es fresco y dulce.
DANDO LAS GRACIAS AL AMANECER

El campo veraniego está seco con el malvado fuego,


Y de un rastro de hojarascas de trébol abierto
Vi mi cabeza en el agua espesa del fango
La ira del trueno lejano se fue atenuando en rojo.
Llegan las mañanas tras temerosas y frenéticas noches:
Los jardines preciados giran hacia un sofocante
compartir,
Nieve prematura de la ruina sobre la que los árboles han
mirado,
Y encima de las rosas la alondra hace su llamado sin
esperanza.
Entonces a través de la región, sobre plantas ingrávidas
te apartas,
Y crece brillante con los colores que has ofrecido,
Nos ordenas arrancar las frutas tras el feliz rocío,
Y que derroten las sombras ocultándose en la noche....
No hizo remanso de tu luz tranquila
Esta corona en agradecimiento, que pudieron haberlo
sabido alguna vez
Eso más que el sol engrandece lo que atisba,
Y por las tardes más que cualquier zona estrellada.
EL AÑO DEL ALMA

Vosotros entrasteis en el hogar


En el que todo rescoldo se apagó
Luz había sólo en la tierra
Pálida cadavérica por la luna.

Introdujisteis en las cenizas


Los lívidos dedos
Con inquisitivo palpar buscando –
¡Se hace de nuevo la luz!

Mirad lo que con gesto de consuelo


Os aconseja la luna:
Apartaos del hogar
Se ha hecho tarde.
LA LUCHA

Ebrio de sol y sangre


Abandono precipitado la casa rocosa ·
Acecho en el campo perfumado
En el dios de bellos rizos
El de paso danzarín
El que con boca canora
Me ridiculiza en mi sepultura.

¡Hoy conoce la cólera


que alumbra desde las profundidades!
Mi puño apresante
Ahoga su cuerpo rosáceo.
Mira cómo grita · ¡un niño!
Fuera con la maza – Un golpe
Hunde al odiado hasta el fondo.

¡Cuídate!.. Sufra yo · ¡cómo me alcanza


La luz que sale de su ojo!
Abajo en el combate cavernícola
Oscuro y humeante ardor
Fui yo el vencedor del grupo..
Detenga el cobarde el relámpago ·
¡Muestra con el brazo tu valor!

¡Ay! Ellos luchan con luz.


Agarra él al que cae.
Aprisionado pone el pie
Sobre mi pecho jadeante.
Sonriente canta su canción..
Ebrio de sol y de sangre
Me hundo en la muerte sin gloria.
LOS SIGNOS

Ahora se aproxima tras miles de años


Un único instante libre:
Ya se rompen por fin todas las cadenas
Y de la tierra ampliamente agrietada
Asciende joven y bello un nuevo semidiós

Uno vino procedente del campo hacia la puerta


Púrpura azul se inflamó la montaña ·
Cielo pálido · aire muerto cubría
Las murallas como ante el estruendo de la tierra..
Dentro yacían todos en el más profundo sueño.
Él se estremeció y tiembla todo el cuerpo:
¡Señor! ¿Reconozco correctamente tus signos?
La voz resonó apagándose: está tan lejos.

Tres se hallaban en la sala llenos de miedo


Se colocaron en círculo unidas las manos
Intercambiaron ardorosos la arrebatada mirada:
Tu hora · señor · nos encontró aquí..
Nos eliges para tu mensaje:
Entonces haznos soportable el sobreimpulso
De nuestra fortuna cuando desde la noche del mundo
Con vigor caminando vimos al niño eterno.

Siete oteaban desde la montaña de la tierra..


Las ruinas humeaban, el mildéu golpeaba el campo:
Tu hálito lo enviamos a través del imperio
Tus semillas las colocamos en el suelo
¡Señor! Tú sacudes una vez más nuestro destino.
Mientras tú sigas cubriendo la larga roturación
Aguardaremos como guardianes de tu eminencia
Moriremos gustosos desde que hemos visto tu luz.
LA ESTRELLA DE LA ALIANZA
[PROEMIO]

Tú siempre aún principio para nosotros y fin y medio


Por tu senda en este mundo -Señor del cambio-
Empuja nuestra alabanza hacia tu estrella.
Entonces una vasta oscuridad se cernía sobre la tierra
El templo tembló y la llama del interior
No se elevó más para nosotros aún por otra fiebre
Debilitados que la de los padres: en pos de los serenos
De los fuertes fácilmente alcanzables tronos
Donde la mejor sangre nos absorbió el ansia de lejanía..
Entonces nos saliste al encuentro tú brote de nuestro
propio tronco
Bello como ninguna imagen y palpable como sueño
alguno
Con el esplendor desnudo de un dios:
Entonces rebosó consumación de benditas manos
Entonces se hizo la luz y calló todo anhelar.
Eres tú quien nos liberó del tormento de la dualidad
Nos trajiste la fusión hecha carne
De uno a la vez y del otro · ebriedad y lucidez:
Tú fuiste el devoto de los tronos de las nubes
Quién luchó con el espíritu hasta atraparlo
Y se ofreció como sacrificio en su día..
Y fuiste a la vez el amigo de la ola primaveral
Que se dio esbelto y reluciente a su lisonja
Y fuiste el que duerme dulcemente en los campos
A quien se le posó un celestial.
Te adornamos con palmeras y rosas
Y rendimos tributo a tu doble-belleza
Sin embargo no sabíamos que nos arrodillábamos por el
amor
En el que se llevó a cabo el nacimiento del dios.
CON PÁLIDO CELO BUSCABA YO

Con pálido celo buscaba yo el tesoro


Estrofas plenas de hondísima aflicción
Y el giro de las cosas era incierto y sordo -
Cuando un ángel desnudo atravesó el portón:

Al sentido soterrado traía un don:


De flores la carga más copiosa y no menores
eran sus dedos que de almendro las flores
Y rosas rojas ceñíanle el mentón.

Corona alguna no ostentaba su cabeza


Y casi igual a la mía era su voz:
Me envía a ti una vida de belleza
Como nuncio: al decirlo se sonrió

Y caíansele en tanto lirios y mimosas -


Cuando a alzarlos me inclinara hacia adelante
También ÉL se arrodilló, bañé radiante
Mi rostro todo así en las frescas rosas.
PRIMAVERAS DE JARDÍN

Brillo de áurea hoja lucida


brota de boscosa umbría..
¡Que dé la humilde retama,
del duelo sombra a la calma!

Jardines cerca y aroma de almendros


vi allí ojos plenos de sueño y ardor
del jardín quiero andar aún los senderos
bañar las manos en vello de flor.

¡Plumaje de aves más raras


en gráciles conos matas!
Navegan ebrias falenas
la canción, más fértil suena.

Fuente vertida con ese fulgor


chispas que esparce esbelto surtidor..
¿Me darán lumbre hoy, me darán lumbre?
¿Amaré el sueño de los ojos dulces?
EL DÍA DEL ANIVERSARIO.

¡OH hermana mía!, ven y toma esta ánfora de greda.


Acompáñame porque tú no has olvidado
lo que piadosamente nosotros siempre cultivamos

Siete veranos han pasado desde cuando lo entendimos


entonces conversamos con la misma fuerza del agua
la misma que tiene la fuente al levantarse.

Pero nuestros novios ya han muerto en el mismo día


volvamos entonces a la fuente, donde están los dos
álamos
que con sabor se levantan sobre el pasto
Vamos a buscar el agua en el ánfora de greda, hermana.
EL LIBRO DE LOS JARDINES COLGANTES

1.
Bajo el techo de espesas frondas
donde las estrellas blanquean en pequeños copos,
tiernas voces murmuran sus sufrimientos.
Las oscuras gárgolas de monstruos fantásticos
arrojan chorros de agua en los cuencos de mármol,
de los cuales escurren arroyos lastimeros.
Candelas suben a abrazar a las ramas de los arbustos,
formas blancas que hienden las ondas.

2.
Las frondas en esos paraísos
alternan con las praderas en flor
y los pórticos de pavimento irisado.
Los rostros de delgadas cigüeñas
encrespan estanques iridiscentes de peces.
Vuelos de pájaros de pálido esplendor
trinan sobre las oblicuas vigas del techo
y los juncos murmuran entre ellos.
Pero mi sueño persigue únicamente su meta.

3.
Entré como un novicio en tu recinto.
Mis rasgos no delataban ninguna sorpresa,
ningún deseo había en mí antes de verte.
Bondadosamente acoge la súplica de mis manos juntas;
elígeme, pues soy tu servidor,
y considera con misericordia
a un ser perdido ante una senda nueva.

4.
Sólo ahora, que mis labios inmóviles arden,
veo adónde me condujeron mis pasos,
hacia el espléndido dominio de otros señores.
Sin duda, aún era posible partir,
y, al cruzar a través de las altas rejas,
los ojos por los cuales me prosterné
me interrogaban, llamándome.

5.
Dime sobre qué senderos
deberá pasar ella hoy.
Que en las arcas más ricas
pueda poner yo suaves sedas,
y elija rosas y violetas
para humildemente ponerlas
como alfombras a sus pies.

6.
Para cualquier cosa estoy como muerto.
Quiero con mis sentidos evocar tu presencia,
bordar contigo palabras nuevas,
trabajos, recompensas, gracias y rechazos.
De todas las cosas sólo ese deseo me queda,
y lamentar la fuga incesante
de las imágenes surgidas de la sombra envolvente,
cuando amenaza la mañana clara y fría.

7.
Angustia y esperanza alternadamente me oprimen.
Mis palabras se pierden en suspiros,
una vehemente languidez me atormenta,
no encuentro, ni sueño ni reposo,
y mi lecho está inundado de lágrimas.
Me aparto de toda alegría
y no espero ningún consuelo de amigo.

8.
Si hoy no toco tu cuerpo,
la fibra de mi alma se romperá
como la cuerda demasiado tensa de un arco.
Que los crespones de duelo sean las señales del amor,
porque sufro desde que te pertenezco.
Juzga tú si soy digno de tal tormento.
Que la paz me libere de la fiebre
al esperarla ansioso ante su puerta.

9.
La felicidad es áspera y severa.
¿Quién podrá darme un breve beso?
Un desierto, desolado y ardiente,
que absorbe una gota caída
sin apenas degustarla,
no está tan sediento de llamas nuevas
como yo.

10.
Mientras espero, contemplo un bello parterre
cercado de espinas purpúreas y sombrías.
Cálices brotan de las espuelas moteadas,
los helechos inclinan sus plumas aterciopeladas,
los matorrales, verdes de agua, se redondean vaporosos.
En el centro, dulces campanillas blancas.
Un perfume emana de sus labios húmedos,
suave fruto de celestes campos.

11.
Franqueamos el portal florido
no sintiendo más que nuestra propia respiración.
¿Encontramos las felicidades soñadas?
Recuerdo ese silencio, frágiles cañas.
Habíamos comenzado a temblar
al menor roce de nuestras manos.
Recuerdo que nuestras lágrimas corrían
y tú permanecías largo tiempo a mi lado.
12.
Cuando en lo más profundo del sagrado reposo
se juntan nuestras manos sobre las sienes,
la adoración mitiga el fuego de nuestros miembros
y no pienso más en las sombras monstruosas
que se mueven ondulando sobre la pared,
ni en los escollos que podrían separarnos,
ni que al otro lado de la pared,
la arena blanca se apresta a beber nuestra tibia sangre.

13.
Te apoyas en el tronco de un sauce plateado.
Las puntas rígidas de tu abanico
rodean tu cabeza como relámpagos
y haces girar tus alhajas como jugando.
Estoy en la barca bajo volutas de follaje.
En vano te he invitado a subir...
Veo a los sauces inclinarse cada vez más,
y a las flores, esparcidas, arrastradas por el agua.

14.
Deja de hablar siempre
de las hojas
que el viento arranca,
de los frutos maduros
calcinados por el sol,
de los pasos
que destruyen
al acabar el año.
Del temblor
de las libélulas
en las tempestades.
Y de los fuegos
de las estrellas
errantes.

15.
Habitamos los túneles sombríos,
los templos claros, los senderos, los parterres.
Alegremente ella, sonriendo, mientras yo murmuraba.
Ahora, es cierto, ella partirá para siempre.
Las grandes flores palidecen o se quiebran.
Palidece y se quiebra el espejo de las aguas,
y yo tropiezo en la hierba que se pudre.
Las palmas me lastiman con sus puntas agudas.
Manos invisibles se agitan como ráfagas.
Las hojas marchitas silban girando a mi lado.
Afuera, alrededor de los pálidos muros del Edén,
la noche es sofocante y nublada.
MAXIMIN

Comprende que sus ojos alumbraban con los sueños


distantes,
Como los de quien cuida el feudo sagrado y conocía
En cada espacio la respiración del final de la vida -
Ahora con su cabeza elevada para su júbilo ha venido.
El frío y bosquejado año prologaba su acción,
Una marea vernal de amaneceres que produjeron
maravillas,
Con manos floreciendo, con los trémulos reflejos en su
pelo
Un dios apareció y caminó hasta el interior de su puerta.
Únanse en la alegría, ahora no habrá más oscuridad.
Y se ruboriza por una edad cuyo oro está volando:
La llamada de un dios a quien ha oscurecido,
Un dios que te había besado.
Tampoco pudo elegir un amanecer mas prolongado
Propaga todos los días de evocaciones inútiles....
¡Elogien su ciudad donde un dios ha nacido!
¡Elogien su edad en la cual un dios ha respirado!
MI NIÑO VOLVIÓ A CASA

Mi niño volvió a casa


El viento marino se enreda en su pelo,
Sus andares todavía se mecen
Con los miedos conquistados y los jóvenes deseos en
búsqueda
El salitre salpica
Para broncear y quemar la flor de sus mejillas:
Frutas que maduran rápidamente
En olor salvaje y llama de soles extranjeros.
Sus ojos son graves
Con secretos, que nunca aprenderé,
Y débilmente velados, desde una primavera que entró en
nuestra helada.
Tan amplio el influjo
Que tímidamente me retracté de mi fija mirada ,
Y me abstuve
De labios que habían escogido labios.
Mi brazo retenidos
Uno que indiferente por mí, crece y florece
Para otros mundos
Mi propio mundo y con todo, ¡qué lejos de mí!
ESTAMOS TAN LASTIMADOS

Estamos tan lastimados


que creemos morir
si la calle nos arroja una palabra maligna.
La calle no lo sabe,
pero ella no soporta tal carga;
no está habituada a ver que se descerraje sobre ella
un Vesubio de dolores.
Los recuerdos de tiempos antiquísimos están extirpados
para ella,
desde que la luz se hizo artificial
y los ángeles juegan sólo con pájaros y flores,
o sonríen en el sueño de un niño.

FIN