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PRESENTACION

El secreto mejor guardado,


el crimen más silenciado y uno de los más perversos.
Ya es hora que nos enfrentemos al hecho
Que el abuso sexual de niños y niñas
no es un acto de desviación ocasional,
sino un devastador acto cotidiano y común.

Florence Rush.

En los últimos años los abusos sexuales a niños, niñas y adolescentes están
suscitando un gran interés en nuestra sociedad, en tanto una grave situación de
vulneración de los derechos de protección e integridad física, psíquica y moral de
las víctimas, con graves consecuencias a corto y largo plazo para éstas y para sus
entornos inmediatos1.

Las investigaciones internacionales muestran que en más de un 80% de los casos


los agresores sexuales son conocidos por el niño o la niña, y muchas veces, se trata
de un miembro de la propia familia. Además, los estudios de victimización señalan
que por cada delito sexual que se denuncia, existen alrededor de 7 casos que se
mantienen en silencio2. Actualmente en Chile, esto sería equivalente a un número
aproximado de 30.000 niños/as que han sufrido abusos sexuales y que, en su
mayoría, los han vivido en silencio.

Estadísticas nacionales arrojan que el 97% de las agresiones sexuales son cometidas
por hombres y las víctimas de estos delitos son principalmente niñas (82.9%). Un 95%
los agresores sexuales son conocidos por el niño o la niña. El 37.5% de los agresores
son familiares directos de las niñas y niños (padre, tíos, abuelos, primos). El Servicio
Nacional de Menores, SENAME, en el año 2010, atendió a 58.201 niños/as víctimas
de alguna situación de maltrato, en todos los programas de la red. De esa cifra,
un total de 21.858 niños, niñas y adolescentes son víctimas de abuso sexual, de los
cuales un 74,9 % son mujeres3.

Considerando la relevancia y magnitud que tiene el fenómeno del abuso sexual


infantil, se hace pertinente pensar en estrategias y herramientas que permitan
anticiparse a la ocurrencia de dinámicas abusivas o detenerlas en sus fases
tempranas.

1 Beitchman, Zucker, Hood, Da Costa y Akman, 1991; Beitchman, Zucker, Hood, Da Costa, Akman y
Cassavia, 1992; KendallTackett, Williams y Finkelhor, 1993; Wells, McCann, Adams, Voris y Ensing, 1995;
Del Campo y López, 2006.
2 Asociación Chilena Pro Naciones Unidas, 2006. Santiago.
3 Servicio Nacional de Menores: Estadísticas de Atendidos entre Enero y Diciembre 2010 que registran

Maltrato Infantil. 2011. Santiago.


La Fundación para la Confianza y FUPAC Capacitación han asumido como parte
de su misión la promoción del buen trato, la investigación y la creación de
herramientas concretas para la prevención, capacitación y formación de actores
claves en temas de maltrato y abuso sexual infantil.

En ese contexto, el presente manual busca aportar en:

 Sensibilizar y motivar a los profesionales como garantes y tutores de


resiliencia, comprometiéndolos como agentes de prevención ante
situaciones de riesgo y abuso sexual.
 Brindar elementos que permitan a los profesionales identificar factores de
riesgo y protección en las dinámicas y contextos en que se desenvuelven los
alumnos/as y sus familias.
 Aportar alternativas y pautas de actuación ante situaciones de sospecha o
develación de situaciones de abuso sexual, incluyendo la denuncia y la
protección de las víctimas.

José Andrés Murillo U.


Presidente Fundación para la Confianza.
DECÁLOGO DE LA PREVENCIÓN DEL ABUSO SEXUAL INFANTIL

Fundación para la Confianza – Municipalidad de Peñalolén.

“Yo, como adulto responsable, me comprometo ante mis pares, ante el entorno
de cada barrio, cada comuna, cada ciudad y cada región en el país entero, a
proteger a niñas, niños y jóvenes de abusos sexuales”.

1.- Siempre escucharé y creeré en la palabra de las niñas, niños y jóvenes cuando
expresen su malestar, sufrimiento, o relaten historias difíciles.

2.- Les infundiré confianza a niños, niñas y adolescentes, asegurándoles que haré
todo lo posible para protegerlos, y para impedir que ocurran o se repitan
situaciones de abuso sexual.

3. Si veo o sé de abuso sexual infantil, no tardaré en pedir ayuda y en denunciar los


hechos ante las autoridades, las policías y/o la Justicia. Jamás buscaré excusas
para no actuar o para demorar mi acción.

4. Nunca obligaré a un niño, niña o adolescente a estar a solas con personas sobre
quienes manifieste temor, desagrado o desconfianza, aun cuando estas
sensaciones sean tenues o imprecisas.

5. Pondré máxima atención a signos y alteraciones físicas, emocionales y/o


conductuales de niños y adolescentes, sabiendo que los silencios también hablan.

6. Enseñaré a niños, niñas y adolescentes a cuidar sus límites corporales y


emocionales y a decir que NO ante situaciones incómodas o confusas. Alentaré y
respetaré ese NO, siempre.

7. Hablaré de sexualidad con confianza y usando un lenguaje claro y respetuoso,


que promueva el autocuidado y la salud de niños, niñas y adolescentes. Llamaré
con su respectivo nombre a las partes íntimas del cuerpo, incluyendo manos y
boca.

8. Generaré una red de confianza lúcida con los colegios y otras instituciones para
detectar a tiempo situaciones de abuso sexual o factores de riesgo para su
ocurrencia.

9. Cuidaré a niños, niñas y jóvenes de mi comunidad, como si todos ellos/as fueran


mis propios hijos e hijas. Todos tenemos una responsabilidad que honrar con los más
pequeños o indefensos. Nunca lo olvido.

10. Soy consciente de que podemos contribuir a que niños, niñas y jóvenes vivan
una vida plena y feliz, o bien convertirnos en cómplices del abuso.
ACERCAMIENTO A LA PROBLEMÁTICA DEL ABUSO SEXUAL NFANTIL

Noción de Violencia Sexual

La violencia sexual puede ser comprendida como cualquier acción que lesione o
limite la libertad sexual e integridad de las personas. Es definida por la OMS como
“todo acto sexual o la tentativa de consumar un acto sexual, los comentarios o
insinuaciones sexuales no deseados, o las acciones para comercializar o utilizar de
cualquier modo la sexualidad de una persona mediante coacción por otra
persona, independiente de la relación de ésta con la víctima, incluidos el hogar y
el lugar de trabajo”4.

Constituye siempre una violación de los derechos humanos fundamentales y la


dignidad de los sujetos, sean adultos o menores de edad. La característica de una
relación abusiva es que aquel que ostenta una posición de mayor poder domina
la relación según sus deseos y necesidades, cosificando, utilizando o explotando a
la víctima5. Impone su voluntad, somete a través de la intimidación, transgrede la
autonomía y la libertad del otro, obligándolo a realizar actos que ésta no haría por
su propia voluntad6. En este contexto, la víctima queda sin posibilidad de asignar
significados de violencia a los comportamientos de quien la abusa y pierde su
capacidad de consentir o disentir7.

Los niños/as y adolescentes, en tanto sujetos de derecho, son portadores de


derechos sexuales y reproductivos8. El ejercicio de estos derechos debe ser
entendido en concordancia con el principio del Interés Superior del Niño,
reconocido en la Convención sobre los Derechos del Niño, según la capacidad
evolutiva del niño y las normas culturales. Estos derechos comprenden, entre otros:

 Derecho de las personas para controlar y decidir sobre su propio cuerpo;


 Derecho a vivir una vida libre de violencia sexual: libertad para decidir tener
relaciones sexuales o no, el momento y la pareja.
 Derecho al respeto de su vida privada, pensamientos y sentimientos íntimos
 Derecho a la protección de ataques ilegales a su honra y reputación que
dañen su integridad sexual y reproductiva.
 Derecho a recibir información y/o educación sobre cuestiones de salud
sexual y reproductiva, métodos anticonceptivos y enfermedades de
transmisión sexual, entre ellas el VIH/SIDA.
 Derecho a recibir servicios de salud de calidad donde no exista
discriminación en relación con la edad, sexo, estado civil u otra condición.
 Derecho a ser atendida durante el embarazo y parto9.

4 OMS, 2002. p. 161.


5 Bruna, 2003.
6 Velásquez, 2003.
7 Martínez, 2000.
8 El reconocimiento explícito de los Derechos Sexuales y Reproductivos en las y los adolescentes, se

logró en el Plan de Acción de El Cairo, en 1994.


9 Dador, 2000.
La Indemnidad Sexual

Desde el ámbito jurídico se utiliza el concepto de indemnidad sexual para hacer


referencia a la protección del desarrollo normal de la sexualidad de los menores
de edad quienes todavía no han alcanzado el grado de madurez suficiente para
determinarse sexualmente en forma libre y espontánea.

Esta noción debe entenderse como una manifestación de la dignidad de la


persona humana y el derecho de todo ser humano a un libre desarrollo de su
personalidad sin intervenciones traumáticas en la esfera íntima por parte de
terceros. Alude al “derecho del menor de edad a desarrollar su sexualidad en
forma normal y natural, sin interferencias de hechos que por su naturaleza anormal
pervierten, corrompen o impiden dicho desarrollo10. Parte de la necesidad de
proteger la incapacidad del niño/a para comprender y valorar los actos o
comportamientos sexuales que se practican con él o contra él, la enorme
posibilidad de manipulación, la ausencia de un carácter formado, la indefensión
(total o parcial) a la que están expuestos por su escaso desarrollo corporal y que es
aprovechado por el agresor para cometer el abuso11.

Concepto de Abuso Sexual Infantil

El abuso sexual es un fenómeno relacional que implica la transgresión de los límites


personales, el acercamiento físico con intención sexual de una persona contra otra
sin el consentimiento de ésta última. Supone la existencia de una relación
asimétrica o de dependencia entre dos o más personas, en la cual uno de los
participantes ocuparía un rol activo, ejecutante de la acción abusiva, y el otro una
posición pasiva o receptora de dicha acción, en este caso el niño o niña víctima12.

Una definición relativamente consensuada acerca del abuso sexual, es la que de


la American Academy of Pediatrics (1999), que lo conceptualiza como “involucrar
a un niño en actividades sexuales que éste no puede comprender, para las cuales
no está preparado en su desarrollo y que por lo tanto no puede consentir, y/o
constituyen actos que violan los códigos sociales y legales establecidos en la
sociedad”13.

El abuso sexual es conceptualizado como un proceso que va desde la seducción


a la interacción de contenido sexual y la instalación del secreto, por parte de un
adulto o adolescente, que usa su poder y/o autoridad, y/o abusa de su confianza
para involucrar al niño/a en actividades sexuales14.

En la mayoría de las definiciones de abuso sexual se establecen dos criterios para


hablar de abuso, los cuales interactúan en su génesis, producción y mantención.

10 Muñoz Conde, 1999.


11 San Martín, Barrientos y Gutiérrez, 2004.
12 Bravo, 1994; Navarro, 1998; Quirós, 2006.
13 American Academy of Pediatrics, 1999.
14 Barudy, 1998; Alvarez, 2003.
1. Coerción. El agresor utiliza la situación de poder que tiene para interactuar
sexualmente con el niñoa/a.

2. Asimetría de edad. El agresor es significativamente mayor que la víctima, no


necesariamente mayor de edad. Esta asimetría de edad determina muchas
otras asimetrías: de tipo anatómica, en el desarrollo y especificación del
deseo sexual, en las habilidades sociales, en la experiencia sexual. Por todo
ello, ante una diferencia de edad significativa no se garantiza la verdadera
libertad de decisión. Esta asimetría representa en sí misma una coerción“15.

El abuso sexual siempre implica un uso injusto e inapropiado de la sexualidad., en


la cual la responsabilidad total es del adulto o el sujeto que está en una posición
de mayor poder. El acto abusivo no sólo se reduce al aspecto genital, recoge todo
acto o gesto por el cual un adulto obtiene gratificación sexual, pudiendo incluir:

 Violación: Penetración vaginal, anal o bucal.

 Tocaciones o vejación de carácter sexual. Contacto o manipulación de


cualquier zona erógena del niño/a o forzar que éste practique tocaciones
en los genitales del abusador.

 Abuso sexual sin contacto físico. Incluye la seducción verbal explícita de un


niño, la exposición de los órganos sexuales con el objeto de obtener
gratificación o excitación sexual, la masturbación en presencia del niño, el
voyerismo, exposición a material pornográfico, entre otros.
Tipologías de Abuso Sexual

 Según ámbito de ocurrencia y vínculo con el agresor

a) Abuso sexual intrafamiliar: Abuso en que la figura del agresor es un


integrante de la familia de la víctima. Una distinción dentro de este tipo de
abuso sería aquel tipo incestuoso, que consiste en interacciones sexuales
por parte de la figura parental, ya sea por su condición de padre o madre
biológica o por el papel sustituto que se ha delegado en él o ella16. También
se utiliza esta denominación para hacer referencia a interacciones sexuales
abusivas entre hermanos.

b) Abuso sexual extrafamiliar: Son agresiones cometidas por personas externas


a la familia de la víctima. Se distinguen dentro de éste:

 Abuso por parte de un conocido, en el que existe una relación de


cercanía social y/o familiar. La estrategia privilegiada usada es el
abuso del vínculo de confianza, la persuasión y la manipulación
psicológica.

 Abuso por parte de un desconocido, en que la figura agresora no


tiene ninguna vinculación previa con la víctima. Se caracteriza por

15 Félix López y Amaia del Campo, citado por Save The Children, 2005.
16 Navarro, 1998.
usar como estrategias de victimización, la sorpresa, el terror y la
fuerza.
 Según La Temporalidad de Ocurrencia

El abuso puede estar presente en una o más etapas de su ciclo vital o inclusive en
todas ellas.

 Infancia (0 a 11 años)
 Adolescencia (12 a 17 años)
 Adultez (18 años en adelante)

 Según la Frecuencia

De acuerdo a la periodicidad de ocurrencia de los hechos durante la historia de


una persona, se distinguen:

 Episodio único
 Episodios reiterados
 De carácter crónico
MARCOS COMPRENSIVOS DEL ABUSO SEXUAL INFANTIL

 El Triángulo de la Dinámica Abusiva de Ravazolla

Desde el enfoque sistémico, la situación de victimización que sufre un niño/a es


considerada dentro de un sistema en el cual cada integrante juega un rol que
puede ser relevante en función del resultado de abuso sobre uno de sus
miembros17. Ravazolla (1998) propone un esquema comprensivo del abuso al
interior de la familia, que considera un triángulo compuesto por tres actores: la
víctima, el abusador y un tercero que no abusa, también llamado testigo o
contexto.

Según esta autora, la interacción triádica abusiva es altamente rígida y estable,


pues cada personaje sigue una lógica en el pensar, emocionarse y actuar que, al
articularse en coincidencia con la lógica de los demás, favorece la repetición del
circuito abusivo. El abuso existe y persiste en tanto estos tres actores coinciden en
ideas, acciones y en la forma de participar y avalar las estructuras sociales a las
que pertenecen. En este tipo de organizaciones familiares, las estructuras tienden a
establecer jerarquías rígidas y naturalizadas, que pueden ser consideradas por
sobre las personas18.

El rol del tercero es clave en una situación de abuso, pudiendo esta posición ser
ocupada por la madre u otro familiar, así como también por agentes relevantes o
significativos presentes en el entorno de los niños/as víctimas, como pueden ser los
vecinos, los profesores/as u otros profesionales, los funcionarios policiales o
judiciales, entre otros. Estos terceros tienen una posición de testigo, que le otorga
suficiente cercanía, pero también una mirada externa a la situación, que le
permite tomar postura para evidenciar la crisis, cuestionar la pauta abusiva y
actuar proactivamente en función de la protección y reparación de las víctimas.

 Modelo de las Cuatro Precondiciones de Finkelhor y Krugman

El Modelo de las Cuatro Precondiciones elaborado por Finkelhor y Krugman (1984)


describes cuatro condiciones para que el abuso sexual se produzca:

1) Motivación del agresor para cometer el abuso. Los estudios establecen


distintas categorías de motivaciones en los agresores sexuales, cada uno de
los cuales desarrolla un “modus operandi” diferente:
 Por repetición transgeneracional de experiencias previas de abuso en la
infancia
 Por un componente psicopático de personalidad
 Por trastorno de control de impulsos.

17 Barudy, 1998; Glaser & Frosh, 1993; Ravazzolla, 1997.


18 Ravazolla. 1997.
 Pedófilo exclusivo, por fijación obsesiva con un objeto sexualizado.

2) Superación de inhibidores internos del agresor. Razones individuales de la


desinhibición son el alcohol, la psicosis, la senilidad o el fracaso en la
represión del incesto dentro de la dinámica familiar. Entre los motivos
socioculturales se encuentran la tolerancia social y la debilidad de las
sanciones por el abuso sexual, una ideología defensora de las prerrogativas
patriarcales sobre los hijos, la pornografía infantil y la incapacidad de los
adultos para identificarse con las necesidades de los niños.

3) Superación de los bloqueos o barreras externas o los factores de protección


del niño/a. El más importante de los factores externos es la supervisión y
protección de los adultos, lo que brinda oportunidades al agresor para
acceder y estar a solas con el niño. Contribuye a esta situación la ausencia,
enfermedad o distanciamiento de la madre, las situaciones de violencia
conyugal o el aislamiento social de la familia, entre otros.

4) Superación de la capacidad del niño/a para evitar o resistirse al abuso


sexual. Aumentan la probabilidad de los abusos una relación de confianza
entre el niño y el agresor, la inseguridad emocional del niño, su ignorancia
acerca de la temática del abuso sexual19, su desconocimiento acerca de
sus derechos y el percibirse como objeto y propiedad de los adultos con
quienes se encuentra en una relación de dependencia20.

 El Proceso de los abusos intrafamiliares, según Barudy

Barudy describe el abuso sexual intrafamiliar como un proceso. En el primer


periodo, donde los actos abusivos se mantienen al interior de la intimidad familiar
producto del secreto y de la ley del silencio impuesta por el agresor, se distinguen
tres etapas:

 Fase de Seducción: periodo en que el padre abusador manipula la relación


de dependencia y confianza con su hija/o, estimulándole a participar del
abuso, presentando estos actos como juegos o como comportamientos
normales de la relación padre-hijo/a. El abusador prepara el espacio físico y
temporal para cometer el acto abusivo cuidando de los detalles para no ser
descubierto.

 Fase de interacción sexual abusiva: proceso gradual y progresivo, que


corresponde a la serie de gestos sexuales que se van sucediendo en el
tiempo. Esta fase generalmente comienza con gestos exhibicionistas por
parte del abusador donde exhibe su cuerpo y las zonas genitales a su hija,
luego incorpora gestos voyeuristas solicitando a la hija que muestre sus
genitales u observándole mientras se baña o desviste, aparecen después los
primeros contactos físicos donde el agresor realiza ‘manoseos’ a su víctima y
exige que ésta manosee sus genitales. La violación es la última etapa de
este proceso, ya sea bucal, vaginal o anal.

19 Deza, 2005.
20 Roa, A et al, 1998.
 Fase del Secreto: comienza casi al mismo tiempo que las interacciones
abusivas. El abusador sabe que está transgrediendo la ley y necesita
mantener las acciones abusivas sin ser sorprendido o acusado. Por esto
impone el secreto y la ley del silencio a su víctima, utilizando amenazas,
mentiras, culpabilización, chantaje o manipulación psicológica.
Generalmente, amenaza con la ruptura familiar, el riesgo vital para la
madre y otros/as hermanos/as, el encarcelamiento de él mismo y la presión
desde la dependencia económica.

El segundo período del proceso abusivo está vinculado a la emergencia de la


relación abusiva al espacio público, y a la desestabilización del sistema familiar
producto de la crisis generada por la divulgación; dicho período incluye dos
momentos:

 Fase de la divulgación o develación: se debe distinguir entre la divulgación


accidental, donde los actos abusivos son descubiertos accidentalmente por
un tercero (in situ, por la presencia de alguna enfermedad de transmisión
sexual en la niña/o, o por embarazo) y la divulgación premeditada donde
la víctima es quien voluntariamente devela los hechos abusivos de los que
está siendo víctima, desencadenando la crisis familiar que implica dicha
divulgación.

 Fase de la represión del discurso de la víctima: aquí se incorporan


activamente la familia extensa, y miembros del entorno, incluso
profesionales intervinientes (profesores, médicos, policías, jueces, etc.),
quienes tienden a descalificar el relato, negar o minimizar el abuso y/o
culpabilizar o responsabilizar a la víctima por los hechos. Estas son
estrategias dirigidas a neutralizar los efectos de la develación, de modo de
recuperar el equilibrio familiar previo a la crisis familiar desencadenada por
ésta. Esta presión o amenaza explícita o implícita trae como consecuencia
que muchas víctimas se retracten sobre sus dichos, negando o modificando
su versión de los hechos. La retractación implica serias consecuencias
dolorosas para la víctima. Implica negarse a sí mismas, sacrificarse por un
sistema familiar que le condena e invisibiliza, quedando con una sensación
de traición a sí mismas que sólo es manejable desde la premisa básica de
no ser merecedoras de reconocimiento y validación como personas21.

 Teoría del Hechizo de Perrone y Nannini

Perrone y Nannini (1997), hacen un aporte en la comprensión relacional de la


dinámica del abuso sexual en términos de la relación del agresor y la persona
abusada. Estos autores entienden la relación de abuso sexual como la forma más
extrema de la violencia-castigo. Se ha observado que en relaciones
complementarias rígidas las personas sometidas aceptan los rituales de violencia
impuestos por el agresor, “comportándose como si sus espíritus hubieran sido
colonizados”22.

21 Barudy, 1998.
22 Perrone y Nannini, 1997.
A esta relación psicológica el autor le denomina “Hechizo”, el ejercicio de un
dominio abusivo sobre el otro, en una relación complementaria, desigual,
caracterizada por la influencia unidireccional que ejerce una persona sobre la
otra, sin que ésta sea consciente de ello.

Frecuentemente las víctimas de abusos sexuales refieren un estado de paralización


psicológica que sería ‘preparado’ por el agresor con el fin de lograr tal estado de
vulnerabilidad, que puede ser logrado por el terror, la amenaza o la fuerza, o bien,
puede constituirse como una especie de ceremonia que anuncia el abuso. Un
simple cambio en la mirada, palabras pronunciadas, actitudes que la víctima
conoce y el abusador utiliza cada vez, ritualmente, a modo de prólogo. Con esto,
el poder del abusador se refuerza mientas que la posibilidad de resistencia de la
víctima se debilita, ya que está en un estado de conciencia similar al trance,
entendido como un proceso psíquico que desvanece los límites de la identidad
personal23.

En este tipo de relación de sometimiento extremo, la víctima está imposibilitada de


salir de la situación, el contexto o los medios de que dispone no le permiten
escapar de la relación de dominación. El adulto abusador perturba la jerarquía de
vínculos e induce a errores de apreciación, discriminación y juicio. Se observa una
colonización del espíritu de uno por el otro. Se trata de una suerte de invasión de
territorio, una negación de la existencia, del deseo y de la alteridad de la víctima.
La diferenciación se vuelve incierta, las fronteras interindividuales se esfuman y la
víctima queda en una situación de alienación. La víctima ignora las condiciones
que la llevaron al hechizo, desconoce el sentido de las intenciones y los
comportamientos de la persona dominante, y no puede detectar con nitidez sus
efectos, porque esta última le envía una imagen especular engañosa: “Aunque
digas lo contrario, estoy seguro de que esto te gusta”24.

Dentro del hechizo es posible distinguir tres prácticas relacionales:

 Efracción: Significa penetrar en una propiedad privada por medio de la


fuerza, transgredir la frontera y los límites del territorio. Constituye el inicio
de la posesión de la víctima por el abusador. A través de la efracción, éste
busca intervenir de manera pragmática sobre la identidad de la víctima,
entrando en su mundo simbólico y real, en su espacio (su habitación, su
ropa, su cama…) y en su cuerpo (tocaciones, masturbaciones, y la
penetración propiamente tal).

 Captación: dirigida a apropiarse del otro, del cuerpo del otro, capturar la
confianza de la víctima, atraerla y mantenerla privada de su libertad. El
abusador utiliza tres vías para este cometido: la mirada, el tacto, y la
palabra. La relación se caracteriza por la imprevisibilidad, la imposibilidad
de escapar y la transgresión, confundiendo las fronteras entre la ternura,
el amor, el deseo sexual y el delito.

23 Perrone y Nannini, 1997.


24 Perrone y Nannini, p.124.
 Programación: es este fenómeno el que permite que el hechizo se
mantenga en el tiempo. Desde un enfoque neurobiológico, la
programación radica en incorporar en el cerebro del otro, instrucciones
que buscan inducir comportamientos predefinidos para, en el futuro
activar conductas relativas a una situación o ‘libreto’ predeterminados. Se
presenta un proceso unilateral, desde el exterior del sujeto, sin que este
logre incorporar toda la información, y sin que pueda resistirse a la
demanda de obedecer la orden programada. Las operaciones de
programación son: el despertar sensorial, la erotización, la repetición, la
evocación del anclaje, el secreto, el pacto, la responsabilidad, la
fatalidad y la vergüenza. Estas operaciones tienen como fin condicionar a
la víctima para mantener el dominio sobre ella25.

Síndrome de Acomodación al Abuso Sexual Infantil de Summit

Este síndrome fue descrito por Ronald Summitt en 1983 para explicar las situaciones
traumáticas en torno al abuso sexual infantil. Consta de cinco etapas:

1.- Secreto. Es frecuente que el agresor presione a la victima para que esta
mantenga en secreto el abuso. El secreto es impuesto por la manipulación
emocional, la amenaza, los sentimientos de culpabilidad. El agresor convence a su
víctima que esta tiene poder para destruir a su familia y la responsabilidad de
mantenerla unida. El mantener este secreto impide que la victima construya
vínculos con otros, aislándose y acrecentando los sentimientos de culpa y
vergüenza.

2.- Desprotección o Indefensión. Si un adulto de su confianza somete a un niño/a a


abuso, éste se sentirá traicionado en su confianza y totalmente desprotegido. Esto
provoca en la víctima el desarrollo de sentimientos de impotencia y indefensión
que pueden perdurar a lo largo de toda su vida, y generalizarse al resto de sus
relaciones interpersonales.

3.- Atrapamiento y adaptación. El abuso cometido por personas conocidas para el


niño/a es una experiencia recurrente, que se produce generalmente más de una
vez. Debido a las imposibilidades de la victima de frenar la dinámica, ésta tiende a
adaptarse a la situación abusiva como método de supervivencia. Se encuentra
atrapada por el secreto y la responsabilidad de mantener a su familia protegida
de la desintegración. Invaden a la víctima fuertes sentimientos de atrapamiento y
vivencias de que nunca saldrá del abuso.

4.- Develación tardía. Se produce porque la víctima mantiene el silencio, hasta que
puede comenzar a hablar. Muchas veces cuando lo cuenta se duda de su
veracidad o hay negación por parte de la figura materna u otros miembros
significativos del grupo familiar. Esta reacción hace que se cumpla uno de los
preceptos del ofensor de que no será creída, y el abuso continuará a pesar del
intento de la víctima, a través de su relato, de recibir algún tipo de ayuda.

25 Perrone y Nannini, 1997.


5.- Retractación. Aquellas víctimas que no han recibido apoyo luego de la
develación, ya sea porque no les creyeron o porque sencillamente no se
efectuaron acciones explícitas que anularan los sentimientos de culpa y
vergüenza, es frecuente y habitual que las víctimas se retracten de sus dichos. Ante
la respuesta indiferente; nula o escasa del medio puede afirmar que esta es una
invención; que esto no ha ocurrido; asumiendo un rol de perturbada, perversa y
desequilibrada. La presión ejercida sobre la víctima por la familia, por el abusador y
aún por los profesionales puede abrumar al niño/a abusado y obligarlo a
retractarse. Esto no indica que la víctima mintió acerca del hecho, sino que
generalmente es una consecuencia lógica de la intensa presión ejercida sobre
ella. Así, la retractación les permite volver al seno de la familia y eludir el sistema
legal26.

26 Summit, 1983, citado por Losada, 2008.


CONSECUENCIAS DE LAS EXPERIENCIAS ABUSIVAS

 Abuso como Daño a la Confianza

Finkelhor (1986) describe como uno de los efectos traumatogénicos del abuso la
traición o pérdida de confianza.

Esta pérdida de confianza no se relaciona solamente con la figura agresora, sino


que puede hacerse extensiva al resto de las relaciones familiares, por no haber
logrado librar a la víctima de las experiencias abusivas, o bien al contexto más
amplio de las relaciones interpersonales27.

Miremos en concepto de traición, que viene del latín traditio y es la acción


contraria a la lealtad. Consiste en renegar de un vínculo de amor, amistad hacia
personas o grupos de personas. Quien traiciona vulnera la confianza depositada
en él o ella, pues actúa contrariamente a lo que se esperaba de él o ella en el
contexto de ese vínculo. La lealtad, por el contrario, supone un compromiso de
fidelidad, verdad, respeto o cuidado hacia alguien. La lealtad es una
consecuencia de la confianza.

En una situación de abuso sexual, la traición es aún más significativa cuando


proviene de una figura que se suponía debía cumplir un rol de protección y
cuidado, por ejemplo, el abuso de un niño/a por parte de un adultos significativo a
nivel familiar. También cobra relevancia la traición que significan los abusos
sexuales extrafamiliares por parte de figuras conocidas con un alto nivel de
legitimidad o autoridad, por ejemplo, un sacerdote, una parvularia, un profesor, un
médico.

Ante una experiencia de abuso puede surgir, entonces, una sensación de


desconfianza generalizada, en el ser humano, en el mundo adulto, en los hombres
o en el mundo o la familia como un lugar seguro o predecible.

Esta probablemente sea la secuela más profunda que deje el abuso sexual en los
niños/as ya que representa un fallo en la confianza depositada en personas que
deberían protegerles y velar por ellos/as. Otras manifestaciones psicológicas de la
traición las constituyen la rabia y la modalidad de funcionamiento de las
personalidades límites. Las conductas que ponen en evidencia estos sentimientos
son la evitación de establecer vínculos profundos con otras personas, la
manipulación de los demás, las puestas en acto (reescenificaciones) de los hechos
traumáticos involucrándose en relaciones dañinas y de explotación, y los
comportamientos furiosos e impulsivos28.

 Daño producto del Quiebre de Contexto

27 Sanmartín, 2008; Echeburúa y Guerricaecheverría, 2009.


28 Finkelhor, 1986, citado por Intebi, 2007.
Barudy (1998) describe los efectos del abusos sexuales infantiles intrafamiliares a
través del proceso llamado alienación sacrificial, que es la adaptación de la
niño/a a la situación abusiva, teniendo en cuenta su dependencia del abusador y
el proceso de sumisión y manipulación que éste le impone.

El carácter traumático del abuso sexual se instala porque el actuar del adulto se
sitúa fuera del cuadro habitual del niño. Ello altera la percepción y emociones
respecto a su entorno, crea una distorsión de la imagen que tiene de sí mismo, de
su visión de mundo y de sus capacidades afectivas.

Las manifestaciones que genera la alienación sacrificial son efectos a largo plazo.
Aquí el grado de manipulación afectiva y las prescripciones del abusador hacen
desaparecer la distancia con su víctima, que ya no tiene posibilidad de
reconocerse como tal y cambia la imagen de sí misma, considerándose una
persona "mala” o “sucia” que ha inducido la situación.

Al inicio de la interacción abusiva, el niño/a se enfrenta a un cambio inesperado


en su cuadro de vida habitual y produce un estado de confusión, de pérdida de
puntos de referencia, con la experiencia subjetiva de "un estado de sideración".
Hay una ruptura de contexto. El abuso, con su contenido paradójico, produce el
cambio de un contexto de cuidados o intercambio familiar hacia uno abusivo
sexualizado. Esta situación desencadena estrés, angustia y pérdida de energía
psicológica en el niño/a. El aislamiento y la ausencia de puntos de referencia
refuerzan la angustia y la culpabilidad inducida por el abusador. Así la víctima sólo
tiene a ese adulto como referencia de normalidad y de ley.

Las escenas agresivas son revividas en pesadilla, terrores nocturnos y diurnos,


incluso en ausencia del abusador. Es un proceso recurrente y progresivo, donde el
niño/a vive con el temor de su repetición, ello amplía la angustia y agota las
reacciones defensivas más estructuradas. El agresor es parte de su "cuerpo
familiar", el niño no puede nombrarlo, denunciarlo o poder utilizar palabras para
elaborar el estrés.

Los niños/as de los que se abusa sexualmente presentan una hipersensibilidad


frente a diversos estímulos que les recuerdan los hechos abusivos. Las
reminiscencias de los acontecimientos traumáticos se expresa por medio de
estados disociativos. En un contexto alejado del abusador, ej. escuela; el niño
puede verse invadido por el ambiente abusivo (flashback) y comportarse durante
minutos u horas como si reviviese la agresión. Ello como consecuencia de la
angustia o estrategia para representarse lo acontecido imaginando que se puede
controlar; es el fenómeno de repetición mórbida, donde la víctima, en la fase
intermedia, trata de repetir algunos de esos actos o de desencadenar "afectos"
para controlarlos y superar así la angustia de ser una víctima pasiva.

También la víctima puede presentar un síndrome persistente de hiperactividad e


hipervigilancia, dificultades para conciliar el sueño, terrores nocturnos, dificultades
de concentración y para terminar una tarea, comportamientos agresivos.
Asustada por el fenómeno de revivificación, la víctima trata de evitar
pensamientos y sentimientos asociados a los abusos. Sus mecanismos defensivos
hacen reducir contactos con el mundo exterior, es la anestesia psíquica y
emocional o el estado de evitación e insensibilidad. Los síntomas son: resistencia a
determinado lugar, aislamiento social con tendencia a replegarse y detenciones
bruscas en juegos habituales, pérdida de interés en actividades que eran
atractivas antes del abuso.

Disminuye la capacidad de sentir emociones asociadas a la intimidad, contacto


físico y sexualidad. En edad escolar aparecen trastornos de aprendizaje con caída
brusca del rendimiento, perturbaciones en la concentración y memoria. La no
simbolización en la memoria de la experiencia, crea luego dificultades para
describir con detalle las circunstancias del abuso.

Carrera moral de las Víctimas de Abuso Sexual

La carrera moral es la trayectoria o proceso que vive un niño/a víctima de maltrato


o abuso sexual, incluyendo los mecanismos abusivos, las consecuencias
traumáticas y los mecanismos de adaptación que despliega la víctima para
sobrevivir.

La víctima es objeto de un proceso de resocialización forzada y secundaria bajo la


influencia de su abusador. La víctima se adapta a la intimidad de este proceso
tratando de salvar lo que le es posible salvar. La resocialización impone a la
víctima un rol específico capaz de responder a sus deseos y exigencia del agresor
sexual, y le impone la creencia de ser la responsable de lo que ocurre. Esta
socialización se facilita por la asimetría de derechos y poderes, entre los sexos y
entre adultos y niños, reforzada por el arquetipo cultural de dominación de hombre
sobre mujeres y niños.

No hay niño/a preparado psicológicamente para hacer frente al estímulo sexual. El


niño/a que es víctima de un abuso prolongado, usualmente desarrolla una pérdida
de autoestima, tiene la sensación de que no vale nada y adquiere una
perspectiva anormal de la sexualidad; puede volverse muy retraído, perder la
confianza en todos los adultos y desear hacerse invisible ante el mundo. Es por
esto que en algunos casos, la víctima tiene un funcionamiento bien adaptado a
nivel familiar, escolar; y aparece externamente como un niño normal, sin
problemas, lo que dificulta la credibilidad de su develación29.

Crittenden y DiLalla (1988) proponen la existencia de un patrón de conducta


específico, denominado de conformidad compulsiva, utilizado por algunas
víctimas de malos tratos, abuso sexual y negligencia para acomodarse a su
situación y poder sobrevivir, física y psicológicamente a ésta. Los autores definen
esta estrategia como la presencia de un comportamiento conformista y vigilante
en los niños y niñas víctimas de malos tratos, que reduce el riesgo de
comportamientos hostiles y violentos por parte de sus agresores y aumenta la
probabilidad de interacciones agradables con ellos. Esta estrategia, en los casos
de abuso sexual infantil tiende a generalizarse a otras interacciones interpersonales

29 Barudy, 1998.
que establece al niño/a, lo que lo hace muy vulnerable ante situaciones de
riesgo30.

Consecuencias a Largo Plazo

Algunas de las consecuencias o secuelas a largo plazo observadas en adultos


sobrevivientes de abuso sexual infantil, que no han participado en procesos de
reparación, pueden ser las que se enumeran a continuación:

 Desconexión psico-afectiva o dificultad en el establecimiento de relaciones


de cercanía emocional.
 Visión de mundo amenazante y desconfianza en las relaciones
interpersonales
 Vivencia crónica de desamparo y vulnerabilidad a nivel relacional.
 Sentimientos de no-pertenencia
 Temores excesivos en relación a los hijos, principalmente las hijas, muchas
veces con patrones relacionales marcados por la sobreprotección, lo que
genera dificultades a nivel de la relación materno-filial.
 Repetición de pautas relacionales que facilitan la aparición de abuso sexual
en familia nuclear. Transmisión transgeneracional del abuso.
 Insatisfacción en las relaciones sexuales. Evitar actividad sexual o actividad
sexual compulsiva o promiscua.
 Abuso de substancias tóxicas.
 Desórdenes de la alimentación.
 Dolores crónicos, lesiones o enfermedades.
 Ideas o intentos de suicidio. Auto-mutilaciones.
 Aislamiento social y, a veces, familiar.
En síntesis, la sintomatología presentada por los sobrevivientes adultos de abuso
sexual infantil, se caracterizan por:

 Ansiedad fóbica y pensamientos recurrentes: El miedo perturbador y la


ansiedad constituyen los síntomas más persistentes y problemáticos a los
largo del tiempo. Miedo a estar solo/as, a ir a lugares nuevos, conocer gente
nueva, estar despierto/a por la noche, y acerca de la conducta sexual de
su compañero/a. Presencia a largo plazo, de síntomas de
reexperimentación intrusiva del acontecimiento a través de pensamiento
recurrentes, imágenes retrospectivas (“flashbacks”) y sensaciones o
pesadillas.

 Depresión: La sintomatología depresiva se caracteriza en estas víctimas por


trastornos del sueño y de la alimentación, sentimientos de culpabilidad, baja
autoestima, vergüenza y desprecio, irritabilidad, fatiga e ideación suicida.

 Inadaptación social: La agresión sexual afecta el funcionamiento social de


algunas víctimas, produciendo una desorganización en varios niveles, social,
familiar, laboral, sexual, etc.

30 Crittenden y DiLalla, 1988, citados por Pereda, 2009.


PREVENCIÓN DEL ABUSO SEXUAL INFANTIL

Como obstáculos para prevenir las manifestaciones de abuso sexual es posible


mencionar:

 La percepción de invulnerabilidad ante este hecho, creer que sucederá a


otros, y no a los de mi círculo cercano.

- El silencio de las instituciones, incluyendo las escuelas, y las familias ante el


abuso sexual.

 La ausencia de procesos intencionados, sistemáticos y permanentes de


educación sexual, especialmente en las escuelas, es un hecho que limita el
desarrollo a acciones concretas y efectivas contra el abuso sexual.

 La tendencia a enfocar la prevención hacia intervenciones alarmistas o


atemorizantes. Prevenir el abuso sexual no consiste en crear paranoia social,
generando sentimientos de desconfianza colectiva y generalizada.
Precisamente una de las metas en prevención es enseñar a que los sujetos
discriminen y diferencien cuando están siendo objeto de un abuso sexual o
en riesgo de serlo.

 Enfocar la prevención a simples instrucciones defensivas hacia los niños


(“tienes que cuidarte”, “no te dejes tocar por nadie”), sin el desarrollo y
entrenamiento en habilidades de protección asertiva y la promoción de
ciertos valores de convivencia (confianza, respeto, reciprocidad, etc). Esto
responsabiliza y confunde a los niños/as, quienes no saben finalmente como
hacer efectiva esta autoprotección, sintiéndose excesivamente culpables si
alguien se les aproxima de manera inadecuada.

¿Qué podemos abordar a nivel Preventivo?

 De acuerdo al Modelo de las Cuatro Precondiciones propuesta por Finkelhor


y Krugman, una estrategia de prevención se enfocará a fortalecer aquellas
barreras y bloqueos relacionadas con la víctima y con su entorno inmediato.
El hecho que existan sujetos con motivación o deseo de abusar
sexualmente de niños/as y sus propios inhibidores internos, no son factores
posibles de controlar desde una intervención de este tipo, sino de
programas especializados de tipo terapéutico o de control sociopenal.

 Se buscará entonces identificar, valorar, potenciar y fortalecer los factores


protectores que presenta el niño/a, su familia y entorno inmediato.

 En cuanto a los factores de riesgo, interesa contribuir a su disminución o


moderación de su impacto. Dentro de los factores de riesgo es más factible
incidir sobre aquellos de tipo circunstancial, por sobre los estables.

 Interesa de manera especial el rol y posición desempeñado por los terceros


o testigos del contexto, entendiendo que tienen mayores posibilidades que
la misma víctima de percibir y cuestionar la pauta abusiva y favorecer su
interrupción.

Noción de Prevención

La Prevención implica toda acción que impide la aparición de un problema, en


este caso el abuso sexual infantil, y la disminución de sus consecuencias negativas.
Para una intervención preventiva eficaz es necesario considerar los factores de
riesgo que incrementan la probabilidad de aparición del abuso y los factores de
protección que contribuyen a disminuir o controlar los factores de riesgo. Prevenir
supone reducir los factores de riesgo y aumentar los factores de protección31.

Los objetivos principales de los programas de prevención del abuso, se orientan a


la evitación del abuso y a la detección temprana del abuso (estimulación de la
develación)32.

Niveles de Prevención

 Primaria, destinada a la comunidad escolar en general (profesores, padres y


apoderados, niños y niñas, etc.) que tiene como fin incrementar sus conocimientos
y proporcionarles pautas de relación positivas, basadas en la confianza y la
protección. Se trabaja bajo el supuesto que la situación de abuso sexual aún no ha
ocurrido. Este supuesto es ficticio, ya que sabemos que es muy probable que un
niño/a esté siendo victimizado y que su entorno no tenga conocimiento de ello.

En este nivel se abordan contenidos generales, tales como los derechos del niño, la
educación afectivo-sexual y la promoción del buen trato. Trabajar el enfoque de
buen trato supone el reconocimiento del niño/a como persona con características
y necesidades propias. En este punto, trabajar los derechos de los niños y niñas
para comprender la vulneración que supone un abuso sexual es un referente más
eficaz que comenzar el trabajo abordando directamente el abuso sexual.

Además, se promueven los valores de la ética relacional, como un modo de


relacionarse con los otros basado en el respeto a los derechos humanos. Entre
estos valores destacan:

 Igualdad entre los sexos.


 Reconocimiento de la sexualidad infantil.
 Reconocimiento y fortalecimiento de los vínculos afectivos.
 La sexualidad entendida como encuentro placentero e intercambio de
afecto, no sólo como el acto sexual33.

Por último, cualquier programa de prevención primaria ha de centrarse en la


detección de situaciones de riesgo. Toda persona -niño o adulto- ha de conocer
cuáles son las características y situaciones que pueden conllevar un riesgo de
abuso. Al mismo tiempo, se debe proporcionar información acerca de los recursos

31 Deza, 2005.
32 Lameiras, 2002.
33 Félix López y Amaia del Campo, 1997.
institucionales y sociales para actuar en caso de encontrarse en una situación de
este tipo.

 Secundaria: Focalizada, dirigida a grupos vulnerables o en riesgo. En este nivel


se trabaja con, personas que por sus características o circunstancias están
sujetas a un mayor riesgo de sufrir un abuso sexual. Todo niño o niña está en
riesgo de sufrir abuso sexual, pero en el caso de niños/as pertenecientes a
determinados colectivos aquél aumenta, por ejemplo niños/as
institucionalizados, niños/as con discapacidad física o psíquica, hijos/as de
mujeres adolescentes, niños/as en situación de pobreza, niños/as que viven en
familias desestructuradas y niños/as que viven en familias donde ha habido
experiencias previas de abuso sexual.

También pueden ser beneficiarios de esta estrategia personas que ya hayan


tenido experiencias de victimización o estén siendo victimizadas, como un
modo de prevenir la reiteración de los hechos o aminorar los efectos negativos,
a través de una detección oportuna.

Los programas preventivos tienden a generar efectos a nivel de prevención


secundaria, incrementando la probabilidad que los niños/as que hayan sido o
estén siendo abusados puedan develar estas experiencias, como una
respuesta a estar insertos en un contexto sensible y receptivo a la problemática.
Los niños/as pueden tender a aplicar de manera inmediata las habilidades
aprendidas, comunicando las experiencias abusivas y pidiendo ayuda a las
figuras adultas.

Tipos de Intencionalidades

Una estrategia preventiva combina intencionalidades de tipo proactiva-


prospectiva y reactiva-compensatoria.

La intencionalidad de tipo proactiva o prospectiva, que busca evitar situaciones


futuras de transgresión de derechos (controlar riesgo futuro) toma iniciativa y busca
generar cambio y anticiparse a los problemas. Permite asumir un esquema positivo
centrado en las capacidades y fortalezas de las personas, más que en los
obstáculos, lo que moviliza y genera compromiso. Pone el acento en el futuro más
que en las experiencias negativas del pasado. La acción proactiva busca
potenciar o habilitar a los sujetos para que sean protagonistas y enfrenten su
realidad con sus propias herramientas, facilitando espacios de aprendizaje y
responsabilización.

La intencionalidad reactiva-compensatoria es en respuesta a problemáticas


manifiestas, con el propósito de interrumpir, restituir, reparar o superar daños
causados. Se centra en la situación de abuso sexual, buscando facilitar la
develación, intervenir en la crisis posterior a ella, buscando detener la situación de
vulneración, restituir los derechos y generar condiciones para el proceso de
reparación del daño.
ELABORACION DE UN PLAN DE PREVENCIÓN

Un programa de prevención del Abuso Infantil abarca diversas etapas:

1. Desarrollar una filosofía básica


Partimos de la premisa de que todo niño es importante y valisos y tiene derecho a
protegerse, ser protegido y recibir información para su desarrollo armónico.

2. Reconocer que el abuso sexual es un problema que existe y que puede ser
prevenido A través de los medios de difusión, diarios, radio, televisión, se debe dar
a conocer la mayor cantidad posible de casos de abuso infantil que ocurren
cotidianamente. Nadie está dispuesto a hacer prevención de un problema que no
conoce. Es importante aumentar la conciencia pública del problema informando
qué es el abuso infantil, cómo, dónde y cuándo sucede.

3. Identificar y contactar recursos de la comunidad


Determinar cuáles son las instituciones existentes que están en contacto con casos
de abuso (hospital, policía, centros comunitarios, etc.), y quiénes son los
profesionales o equipos especialistas en el tema. Averiguar cuáles son las leyes
vigentes al respecto. Constatar si hay algún tipo de programa de prevención en los
colegios, clubes, iglesias, o en grupos de padres o de profesionales.

4. Contestar a las preocupaciones comunitarias relativas a los programas


preventivos del abuso infantil
“La información asustará a los niños/as”
“¿Es tan grave el problema o es sólo algo pasajero?”
“Puede provocar falsas denuncias”.
“No queremos educación sexual para los tan pequeños”.
“Al informarles sobre el tema los niños/as pueden perder la inocencia”

5. Establecer cuál es la estrategia adecuada a emplear en cada comunidad para


prevenir el abuso infantil.

Fomentar y/o implementar actividades a nivel comunitario con o sin intervención


gubernamental:

 Creación de centros de información y atención psicológica, social y legal.


 Creación de Centros Especializados de capacitación para docentes y
profesionales que trabajan con niños/as.
 Desarrollo de programas de prevención para ser implementados en jardines
infantiles, enseñanza básica y media.
 Desarrollo de campañas de prevención a través de medios de difusión
masivos (diarios, radio, tv, afiches, redes sociales de internet).
 Desarrollo de Planes Comunitarios de ayuda a la familia, como por ejemplo,
programas o talleres para padres sobre el cuidado y protección de sus hijos.
 Establecer un Programa Local de Prevención en cada comunidad, que
contenga un grupo de apoyo para padres y servicios de atención en crisis.
 Creación de líneas de atención telefónica las 24 hs.
 Talleres de autoprotección para niños/as y adolescentes
FACTORES DE RIESGO Y PROTECCION EN EL
ABUSO SEXUAL INFANTIL

El abuso sexual infantil es un fenómeno multicausado, es decir, es el resultado de la


interacción de diversos factores, tanto de riesgo como protección.

Es importante distinguir para ambas categorías la existencia de factores estables y


los factores situacionales. Aquellos estables son los que están presentes de manera
continua, tales como variables históricas o biográficas (por ejemplo, experiencias
previas de victimización). En cambio, los factores situacionales están circunscritos a
variables contextuales o temporales, que pueden ser precipitantes de situaciones
abusivas o violentas (migraciones, situaciones de crisis familiar u otras).

 Factores de Riesgo o Potenciadores

A nivel individual (niño/a o adolescente)

 Ser mujer
 Introversión, pasividad o sumisión
 Baja autoestima y necesidad de afecto y atención
 Pobres habilidades de comunicación o resolución de problemas
 Tendencia a la sumisión
 Desamparo afectivo
 Discapacidad psíquica o cognitiva
 Historia previa de abuso sexual
 Desconocimiento sobre la sexualidad
 Desconocimiento de sus derechos
 Desconocimiento sobre el abuso sexual y las estrategias usadas por los
agresores
 Falta de habilidades de autoprotección (asertividad, establecimiento de
límites, reconocimiento de situaciones de riesgo, entre otras)34.

A nivel familiar

 Trastornos físicos/ psíquicos (ansiedad y depresión incluidas) de algún


miembro de la familia.
 Historia familiar de abuso sexual, abandono, maltrato o negligencia. Un
factor especialmente relevante es la presencia de abuso sexual infantil en la
biografía de la madre.
 Drogodependencias de algún miembro de la familia.
 Ausencia de una o más figura de cuidado, por trabajo, enfermedad o
muerte.
 Familia monoparental
 Hogares reconstituidos (presencia de padrastro)
 Hogares en donde viven otros varones adultos o adolescentes mayores.
 Relaciones autoritarias y uso de técnicas de disciplina coercitivas por parte
de los padres

34 Fernández, 2004.
 Presencia de violencia conyugal
 Elevado tamaño familiar o proximidad en el nacimiento de los hijos/as.
 Divorcios controvertidos o destructivos.

A nivel social-contextual

 Aislamiento social
 Escasa integración social
 Migración o alta movilidad territorial
 Condiciones habitacionales precarias, hacinamiento.
 Presencia de multiplicidad de problemas psicosociales en el vecindario
 Dificultad en el acceso a recursos económicos, sociales o culturales.
 Respuestas poco eficaces de la institucionalidad y la justicia. Victimización
secundaria.

A nivel cultural

 Valoración del niño/a como propiedad de los padres


 Legitimación de la violencia.
 Actitud peyorativa hacia la infancia, hacia la mujer y la familia.
 Legitimación o minimización de la vulneración de los derechos de la
infancia
 Concepción de la familia como ámbito privado
 Tolerancia a toda forma de maltrato infantil
 Negación de la sexualidad infantil
 Mito de la familia ideal y feliz
 Sexismo o fomento de cualquier tipo de desigualdad o discriminación de
género35.
 Exposición continua a imágenes de contenido sexual (películas o internet).

 Factores Protectores o Compensadores

Los llamados factores de protección son circunstancias familiares o comunitarias


asociadas a la salud y al bienestar de los sujetos y contextos. Son condiciones o
características asociadas a un descenso en la probabilidad de ocurrencia de
consecuencias negativas ante circunstancias desfavorables. Por esto se les llama
también factores compensatorios.

Algunos de los siguientes factores han sido señalados en la literatura como


protectores ante situaciones de abuso sexual:

A nivel individual (niño/a o adolescente)

 Apego materno o paterno


 Inserción y experiencia de logro en el contexto escolar
 Alta autoestima, adecuada autovaloración
 Habilidades de comunicación y resolución de problemas

35 Save The Children, 2005; Deza, 2005.


 Capacidad para disentir, opinar, incidir, decidir, promover cambios en su
entorno.
 Iniciativa y creatividad
 Relaciones positivas con pares
 Educación afectivo-sexual, ligada a intimidad, placer, confianza, cuidado y
descubrimiento progresivo.
 Desarrollo de la conciencia moral
 Conciencia de derechos
 Habilidades de autoprotección.
 Capacidad para discriminar maneras adecuadas e inadecuadas de
relacionarse, corporal y afectivamente, acorde a los diferentes contextos.
 Esperanza y sentido de trascendencia. Sistema de creencias que de sentido
a la vida

A nivel familiar

 Resolución pacífica o colaborativas de conflictos familiares


 Vínculos efectivos sólidos. El cariño y la cercanía a nivel familiar, cohesión y
lazos de confianza y seguridad.
 Aceptación y amor incondicional con- por lo menos- una persona
significativa
 Adecuada supervisión de adultos
 Conocimientos de los padres sobre el cuidado y el desarrollo infantil y
juvenil, estimulando su desarrollo y crecimiento sano y armónico.
 Capacidad para sobreponerse a los problemas. Los padres que se
sobreponen emocionalmente a los problemas demuestran actitudes
positivas, resuelven sus problemas con creatividad, enfrentan los retos de
manera efectiva y tienen menos posibilidades de descargar sus frustraciones
o su ira en los demás, incluidos sus hijos.
 Escasos sucesos vitales estresantes
 Crianza compartida y equitativa entre los padres
 Adultos reconociendo necesidad de ayuda o participando en
intervenciones terapéuticas o psicosociales.

A nivel social-contextual

 Acceso a recursos sociales, económicos o culturales de apoyo y satisfacción


de necesidades del grupo familiar
 Red de apoyo psicosocial amplia y operante. Riqueza de vínculos y
conexiones sociales36.
 Integración en vecindario, grupos u organizaciones sociales.
 Participación en actividades de promoción o prevención
 Ley, institucionalidad y movimientos sociales que protegen los derechos de
la infancia.

36 Child Welfare Information Gateway, 2008.


A nivel cultural

 Afiliación religiosa o espiritual apoyadora


 Sensibilización sobre la temática
 Difusión de los instrumentos internacionales de protección: CIDN.
 Movimientos sociales de promoción, protección y apoyo a las víctimas.
 Abordaje no victimizante de la temática por parte de los medios de
comunicación.

Autoprotección Infantil
La autoprotección es la capacidad que puede ser desarrollada por los niños para
evitar o disminuir situaciones de riesgo emocional, físico o sexual en la infancia,
pasibles de producir un trauma psíquico o perturbaciones psicológicas duraderas.

Son muchos los factores que determinan e intervienen en la capacidad de


autoprotección en el niño/a. Hay un grupo de elementos que están más
visiblemente ligados a la capacidad de autoprotección de los niños, y que
pueden ayudarlos a enfrentar situaciones que afectarían su normal desarrollo
psicológico. Estos elementos son los siguientes:

Amor y Autoestima
La autoestima puede ser definida como “los sentimientos de una persona acerca
de todo lo que ella es”. La Autoestima depende en gran parte de la interrelación
entre la percepción de uno mismo y lo que a uno le gustaría ser o Ideal. Cuando la
autopercepción y este ideal coinciden en muchos aspectos, la autoestima es
positiva. Para que un niño pueda protegerse, primero debe sentirse valioso.

Sentimiento y Expresión
Los sentimientos, que surgen ante situaciones a las que uno debe enfrentarse
continuamente en la vida, resultan útiles para discriminar dichas situaciones; por lo
general, suele aparecer malestar o miedo frente al peligro, bienestar o agrado
frente a la seguridad, y confusión frente a una situación ambivalente. Vergüenza y
tristeza se relacionan más con la autoestima. Cuando los niños son dañados,
emocional, física o sexualmente pueden sentir y expresar: miedo, enojo, tristeza,
vergüenza, confusión, etc. Los niños con baja autoestima pueden tener
dificultades para reconocer y manifestar sus sentimientos.

Regla General y Básica


Decir NO, ante una situación que parece peligrosa, incómoda, confusa, IRSE del
lugar lo antes posible, y CONTARLO a quienes puedan brindar su ayuda, como
familiares, maestros o amigos, es la regla general y básica que debe ser enseñada
a los niños para ayudarlos a protegerse.

Contacto y Caricia
Las caricias consisten en diversas maneras de tocar el cuerpo de una persona. Hay
distintos momentos, lugares y circunstancias en las que un niño/a puede ser
tocado; lo que está bien o mal en el tocar, depende de las diferentes culturas,
edades y gustos personales; el niño/a puede rehusar a ser tocado cuando se
siente incómodo o no lo desea, ya se trate de una caricia, cosquillas o cualquier
otro contacto que los haga sentir mal.
Cuerpo y Parte Íntima
El cuerpo está formado por diferentes partes y todas deben ser cuidadas, también
las partes íntimas o genitales que cumplen una función como el resto del cuerpo.
Una manera simple de explicar a los niños pequeños cuáles son las partes íntimas
es describirlas como aquellas que se cubren con el traje de baño, que solo se
muestran al bañarse o cambiarse la ropa.

Secreto
Uno de los modos de explicarle al niño cuándo un secreto debe contarse es
establecer una diferencia entre buenos y malos secretos; los buenos tendrían más
que ver con cosas lindas y divertidas, (como por ejemplo una sorpresa, un regalo),
mientras que los malos se relacionan a cosas que dan miedo, culpa, tristeza o
confusión (pueden estar encubriendo situaciones de abuso) y son siempre difíciles
de contar. Son precisamente estos últimos los que deberían ser contados, porque
tratar de olvidar el hecho sería más dañino.

Soborno y Engaño
Soborno es aquello que se ofrece a cambio de algo que no se debe hacer y
muchas veces es un engaño. El soborno puede ser algo de índole material, como
un caramelo o un juguete, o inmaterial, como algún tipo de premio o favor. Los
niños deben aprender a no aceptar obsequios o propuestas de desconocidos,
aunque parezcan placenteros; tampoco deben aceptarlo de gente conocida
cuando sientan que algo no está bien o los confunde.

Miedo y Culpa
Si los niños tienen miedo al castigo o se sienten culpables no podrán defenderse o
pedir ayuda. La culpa nunca es de los niños cuando son abusados. Este concepto
juega también un papel importante en la posibilidad de elaborar la situación
traumática, en caso de haber sido agredido; de lo contrario, la agresión puede ser
vivida como un castigo merecido.

Podríamos afirmar que la capacidad de autoprotección y el desarrollo psicológico


se influyen recíprocamente. La familia es el ámbito primario donde esta
capacidad se va constituyendo, pero algunas instituciones, como por ejemplo la
escuela, son un espacio desde donde también se la puede promover37.

37 Diner, 2006.
DETECCION DE SITUACIONES DE ABUSO SEXUAL

La detección del abuso sexual no es tarea sencilla. En ocasiones será a partir de la


observación de los cambios de conducta del niño/as, a través de la identificación
de indicadores o mediante la develación directa de las víctimas.

Algunas premisas:

- La detección y la manifestación de la experiencia del abuso sexual es siempre


preferible a que esta permanezca en secreto, pues suponen mayores posibilidades
de resultados positivos para el niño.

- Al ser en gran medida el tema de los abusos sexuales tabú es difícil que los
niños/as expresen el problema que están padeciendo. Es por ello que los
profesionales que están en contacto con el mundo infantil han de prestar atención
a los indicadores que puedan sugerir la existencia de un posible abuso e intervenir
en la protección de las posibles víctimas, notificando la detección con cuidado y
rigor38.

- Es importante tener en cuenta las consecuencias de una detección incorrecta


de una situación de abuso sexual infantil. Los falsos negativos, es decir, concluir
que no existe abuso sexual cuando efectivamente ha ocurrido, permite que el
abuso continúe, niega a la víctima la protección y agrava su daño39.

Algunas dificultades:

- Los profesionales de los ámbitos de la educación, salud, salud mental, servicios


sociales y justicia, encuentran a menudo en los sujetos con que trabajan –incluidos
otros profesionales- creencias erróneas, las cuales contribuyen a ocultar el
problema y a tranquilizar a quienes no desean afrontarlo. A veces también tienden
a culpabilizar a la víctima al no concederle credibilidad.

- Si bien en la actualidad existe mayor sensibilidad sobre el fenómeno, todavía no


existe suficiente conciencia social sobre su extensión, gravedad y consecuencias.
Se suelen confundir los efectos que ha producido el abuso sexual infantil el niño/a
con las causas reales. Así, si éste miente, roba, se fuga, etc. se tiende a explicar
que la situación de abuso que reporta el niño/a está causado por su manera de
ser, en lugar de pensar que el abuso es el que puede haberlos producido.

- Otras causas por las que no se suelen notificar estas situaciones por trabajadores
sociales, maestros, psicólogos, médicos, etc., son: dificultad de
acercarse a la realidad del niño, ineficacia por sentirse desbordado por el trabajo,
no tener certeza, miedo a represalias, no saber cómo dirigir la ayuda,
desconocimiento de la obligación legal de notificar, escasa confianza en los
profesionales que a partir de entonces también entrarán en el caso40.

38 Alonso, 1995.
39 Guillén,2002.
40 Alonso, 1995.
- También es una dificultad importante el hecho que la mayoría de los servicios y
programas sociales no cuentan con sistemas de registro ni protocolos de
detección y atención de casos de abuso sexual. Esto impide que se unifiquen
criterios y procedimientos, que podrían facilitar y agilizar la toma de decisiones,
evitar cometer errores y disminuir el desgaste de los profesionales41.

¿Cómo se realiza la Detección?

Los profesionales, al observar determinadas señales de que algo le está ocurriendo


al niño, pueden estar reconociendo una posible situación de maltrato.
Ninguna de estas señales demuestra, por sí sola, que el maltrato esté presente en
la vida de un niño, aunque pueden ser un signo de alerta. Debemos considerar la
frecuencia de estas señales, cómo, dónde y con quién se producen.

Si los indicadores percibidos nos ocasionan dudas o sospechas, no debemos


desestimarlos ni quedarnos ante ellos como observadores o jueces, podemos
comentarlos con otro compañero o con un profesional especializado, sin olvidar la
prudencia y confidencialidad necesarias42.

41 Guillén, 2002.
42 Fuertes, 2005.
INDICADORES DE ABUSO SEXUAL

 Indicadores Físicos

Aunque con frecuencia los abusos sexuales no dejan lesiones físicas, es posible
encontrar indicadores tales como:

 Ropa interior rota, manchada o con sangre


 Lesiones, laceraciones, sangramiento o enrojecimiento en la vagina, el pene
o el ano.
 Desgarros recientes de himen
 Dificultad para sentarse o caminar
 Dolor al orinar
 Irritación en la zona vaginal o anal (dolores, magulladuras, picazón,
hinchazón, hemorragias).
 Flujo vaginal o del pene.
 Infecciones genitales o del tracto urinario
 Infecciones en el tracto intestinal
 Enfermedades de transmisión sexual (gonorrea, sífilis, condilomas,
chlamydia, trichomona, herpes tipo 1 y 2, virus del papiloma humano) o VIH.
 Embarazo

 Indicadores Comportamentales

Según Faller (1990), estos indicadores pueden dividirse en indicadores sexuales y no


sexuales.

Indicadores Sexuales

 Conductas sexuales: sobreerotización, masturbación excesiva o compulsiva,


interacción sexual con pares, agresiones sexuales a niños/as pequeños o
vulnerables, comportamientos sexualizados o de seducción manifiesto hacia
adultos, promiscuidad, vivencias de explotación sexual comercial.

 Conocimientos sexuales raros, sofisticados o inusuales para su edad. Por


ejemplo, cuando un niño/a manifiesta conocer situaciones sexuales,
haciendo referencia a sensaciones (sabores, olores).

Indicadores No Sexuales

 Desórdenes funcionales: alteraciones en el sueño (insomnio, pesadillas) o de


la alimentación (obesidad, anorexia, bulimia).

 Problemas emocionales: Depresión, ansiedad, retraimiento, falta de control


emocional y fobias (a personas, lugares), crisis de pánico, sentimientos de
inseguridad, terror (a la presencia de un adulto del sexo masculino) o a otras
situaciones, cambios notorios en la personalidad y falta de confianza.
 Problemas Conductuales: Agresión, ira, hostilidad, fugas del hogar o colegio,
uso de alcohol y drogas, conductas de infracción del ley, conductas de
autoagresión, intentos de suicidio. Conductas compulsivas de lavarse o
ducharse.

 Problemas en el desarrollo: Conductas regresivas (enuresis, encopresis,


chuparse el dedo), retraso en el habla.

 Problemas en el ámbito académico. Problemas de concentración, de


aprendizaje o de rendimiento académico, dificultades en la integración con
pares, ausentismo.

 Aislamiento de pares y familiares.

 Sobreadaptación, pseudomadurez43.

CONFIGURACION DE UNA SOSPECHA DE ASI

Tal como señala Intebi (2007), hacerse cargo de una sospecha de abuso sexual es
una cuestión no sólo complicada, sino también delicada por las implicancias
legales a corto y medio plazo y las emocionales, a largo plazo. Aunque uno de los
indicadores más específicos es el relato que hace la víctima, pocas veces es
tomado en cuenta tanto por las personas que lo escuchan por primera vez como
por los profesionales y/o autoridades que intervienen.

Por lo tanto, es importante que los profesionales puedan reconocer la presencia de


signos y síntomas -físicos y emocionales- que corroboren la sospecha. Es
importante destacar que raramente la confirmación del abuso sexual se basa tan
sólo en el hallazgo de signos físicos específicos o se realiza con la presencia de sólo
uno de los indicadores que describiremos en este apartado. Con frecuencia, es
necesario articular diversas pistas para obtener un panorama lo más cercano
posible a lo que puede estar ocurriendo al niño/a44.

Si existe sospecha de que un niño/a pueda estar siendo abusado es importante


generar un clima de confianza y seguridad, en el cual pueda paulatinamente ir
reconociendo o comunicando sus experiencias de victimización. “Ten confianza
en mí", "Puedes contarme lo que sea", "Quiero escuchar lo que me quieres decir",
"Yo quizás pueda ayudarte”.

43 Gracia Fuster, 2000; Intebi, 2007.


44 Intebi, 2007.
Algunas sugerencias para el diálogo con los niños/as:

SI NO
Demostrar al niño/a el interés por lo que Mostrar indiferencias frente a los
le puede estar pasando: “Te he notado cambios que puede estar mostrando el
un poco triste o callado últimamente”. niño/a.
“Tengo la impresión que algo te pasa, si
quieres puedes contarme”.
Validar su sufrimiento: “Me imagino queMostrarse insensible y asumir una actitud
lo has estado pasando mal”, “Debes exigente: “Te estás portando de forma
estar viviendo momentos difíciles”. muy extraña”, “basta de llantos y caras
largas”.
Reconocer su calidad de víctima: “Sea Culparlo o responsabilizarlo/a: “Algo
lo que sea que te haya pasado, quiero malo habrás hecho para que andes
decirte que tú mereces que te respeten con esa cara”.
y cuiden”.
Respetar su intimidad emocional “Si Interrogatorio para confirmar o
quieres me puedes contar, estaré acá descartar un abuso, presionando para
para ayudarte”. que devele y entregue detalles: “Tienes
que decirme lo que te pasó”.
Respetar su intimidad física Explorarlo/a físicamente buscando
huellas del abuso.
Buscar ayuda, informar a instancias Guardar el secreto, coludirse con la ley
pertinentes “Voy a recurrir a alguien del silencio: “No te preocupes, no le voy
que puede ayudarte”. a contar a nadie”.
DEVELACIÓN DIRECTA DE LAS VÍCTIMAS
Tipos de Develación

 De acuerdo a la Intencionalidad

 Develación Premeditada y espontánea. Es cuando la víctima relata de


manera intencionada la situación abusiva, sin mediar factores
desencadentes.

 Elicitada por eventos precipitantes: La develación ocurre a partir un


evento que la precipita, por ejemplo, el abuso de otro miembro de la
familia, la participación en un taller de prevención, un programa de
televisión sobre la temática.

 Provocada por preguntas de otros: la develación ocurre ante preguntas


de un tercero, debido a cambios conductuales o emocionales
observadas.

 Circunstancial: La develación se produce por el descubrimiento


accidental de indicadores, que verifican la existencia del abuso. Por
ejemplo, evidencias físicas como lesiones, embarazo o enfermedades de
transmisión sexual.

 Según el tiempo transcurrido

 Reactiva: Cuando la víctima revela el hecho inmediatamente o al poco


tiempo de su ocurrencia.

 Tardía: Cuando la develación ocurre meses o años después del inicio de


la dinámica abusiva, habiéndose instalado la ley del silencio.

 De acuerdo a la persona a quien de devela

 Develación directa: La víctima devela a una figura significativa


perteneciente a su familia nuclear, por ejemplo padres o hermanos.

 Develación indirecta: la develación ocurre ante personas externas al


núcleo familiar, como por ejemplo, amigos, jefe, profesor, matrona u otro
profesional.

Es posible que esta figura del profesor, inspector u orientador se constituya en un


recurso de apoyo confiable para el niño/a, pudiendo ser una de las pocas
personas a la cual un niño/a víctima de abuso sexual pudiera recurrir,
especialmente si el abuso es intrafamiliar45. De hecho, es muy frecuente que los
niños/as escojan a estos adultos de sus colegios para develar las situaciones de
abuso que viven.

45 Alonso, Font y Asún, 2000.


Los niños/as y adolescentes revelan los abusos sexuales padecidos de un modon
generalmente complejo y personal. A veces sucede de manera accidental
(comportamientos observados por terceros), otras veces hacen comentarios
deliberados porque desean comentar qué les está sucediendo.

Conviene recordar que:

- Los niños/as, en especial los/as más pequeños/as, no suelen ser quienes


promueven las sospechas o las notificaciones de abusos sexuales. Por lo general,
suele haber otros factores desencadenantes: informes médicos, notificaciones de
terceros, etc.

- Los niños/as y adolescentes no suelen informar todos los detalles de los abusos,
tienden a guardar y/o minimizar la información que aportan. En los casos típicos de
abuso sexual, suele haber ocurrido mucho más que lo que el niño/a o adolescente
describe.

- Los niños/as y adolescentes suelen no informar los abusos padecidos


inmediatamente después de ocurridos: por el contrario, pueden demorarse meses
o, incluso, años en hacerlo

- Un cierto número de niños/as y adolescentes niega los abusos o se retracta


posteriormente, aún cuando existan pruebas de que han ocurrido.

- Los niños/as y adolescentes tienden a prever las consecuencias que tendrá su


develación para ellos/as mismos/as, para sus seres queridos o para el agresor/a.

Los/as investigadores/as del tema coinciden en que es característico de la


develación el hecho de ser un “proceso continuo”, que no se circunscribe a un
episodio aislado46. En este proceso la predisposición y la actitud del niño/a o
adolescente puede variar y mostrarse en ocasiones dispuesto/a a describir lo que
recuerda o, por el contrario, con tendencias a minimizar y negar lo ocurrido.

La decisión de revelar lo sucedido no suele resultar sencilla. Muchos/as niños/as


sólo desean que la situación abusiva se interrumpa, pero no quieren que el
agresor/a sea castigado/a ni que las eventuales amenazas proferidas se
conviertan en realidad. Es probable que estén asustados, confundidos y
avergonzados al dar un relato de abuso sexual, junto con presentar angustia por
las consecuencias de la apertura de este secreto (rechazo, castigo, pena de
cárcel para el agresor, miedo a irse a un internado, miedo a la reacción de la
madre, entre otros)47.

46 Sorensen y Snow, 1991, citados por Intebi, 2007.


47 Diner, 2006.
Acogida de la Develación

Luego de haber revisado en los marcos comprensivos la crisis que significa el


momento de la develación, que tiene lugar la mayoría de las veces después de
largos períodos de silencio y que implica temores, culpa y vergüenza, es
importante adoptar medidas para que el niño/a puede expresar su vivencia, ser
escuchado, acogido en un clima de confianza y seguridad. Ofrecer apoyo a la
víctima con una actitud contenedora y de escucha activa, empatizando con sus
necesidades y emociones en este momento tan estresante.

La especialista estadounidense Kahleen Coulborn Faller (1993) recomienda tomar


ciertos recaudos para evitar que la investigación, la evaluación y la intervención
frente a las sospechas de abusos sexuales infantiles se conviertan en experiencias
iatrogénicas y/o de revictimización. Esta autora señala que el trauma principal que
producen las agresiones sexuales es el de provocar sentimientos de indefensión y
convencer a la víctima que relatar lo sucedido será peor que silenciarlo. Para
muchos niños/as o adolescentes esta creencia suele convertirse en realidad. La
develación trae como consecuencia situaciones en que otras personas toman
decisiones sobre sus vidas.

Por todo esto, destaca Faller, resulta fundamental que el profesional o adulto que
acoge la develación sea cuidadoso y no incremente estos sentimientos de
indefensión, a través de algunas de estos comportamientos y actitudes:

 Mantener la calma y el control de las emociones. No mostrar asombro ni


horror.
 No expresar desaprobación por el supuesto agresor/a ya que puede que
el niño/a o adolescente le quiera y le proteja a pesar de haber sido
victimizado/a.
 Tratar al niño/a y/o adolescente con dignidad y respeto.
 Escucharle con atención sin rellenar los silencios que haga.
 Permitir que sienta y comente cualquier tipo de emoción sin hacer
suposiciones que pueden no ser exactas.
 Evitar usar palabras que puedan alterarlo o ponerlo nervioso/a.
 Contestar las preguntas del niño/a o adolescente con sencillez y con la
mayor sinceridad posible.
 Hacer sólo promesas que pueda cumplir48.

Sugerencias para acoger un relato de develación espontánea de un niño/a49:

SI NO
Acoger de inmediato lo que el niño/a Dilatar la conversación: “Ahora estoy
quiere contar: “Cuéntame no más, te ocupado/a, hablemos en otro
escucho”. momento”.
Transmitirle tranquilidad al niño/a Sobrereaccionar o desesperarse, con lo
mientras habla: “Tranquilo/a, puedes cual se le transmite que cometió un
contarme”. error al contar “¡Cómo es posible!”,

48 Faller,1993.
49 López y Del Campo, 1997. Guillén, 2002. Intebi, 2007.
“¿Qué desgracia más grande!”,
“¿Sabes las consecuencias de lo que
estás diciendo?“

Mostrarle al niño/a que se cree en su Dudar de su relato, tildarlo de


relato: “Te creo, qué difícil debe haber mentiroso/a o fantasioso/a: “¿Estás
sido para ti”. seguro/a?”, “¿No te lo habrás
imaginado?”.
Decirle que no es culpable: “No te Culparlo/a o responsabilizarlo/a “Eso te
preocupes, lo que te pasó no es tu pasa por andar vestida así, eres
culpa”, “no has hecho nada malo”, “tú provocativa”, “¿por qué no lo
no has podido evitarlo”. evitaste?”, “¿Por qué no buscaste
ayuda?”.
Reforzar al niño/a por haber contado, Enojarse o retarlo: “¿Por qué no me
valorar su gesto de confianza: “Fuiste constaste antes?”
muy valiente al contarlo”, “Qué bueno
que me contaras, gracias por confiar en
mí”.
Darle espacios para seguir hablando en Eludir el tema: “Ya pasó, hablemos de
el futuro de lo ocurrido: “Cuando otras cosas”.
quieras podemos volver a hablar de lo
que pasó”, “Voy a estar a acá para
escucharte cuando lo necesites”
Respetar su ritmo: “Tranquilo/a, tómate Presionar a que cuenten detalles: “Dime
tu tiempo”. todo lo que te pasó, habla”.
Hacer preguntas que faciliten la Hacer preguntas cerradas e inductivas.
expresión, sin interrumpir.
Comunicarle al niño/a que se tomarán No involucrarse, guardar el secreto o
medidas para su protección, eludir la responsabilidad: “Yo no quiero
orientando sobre los pasos a seguir y tener problemas con tu familia, así que
acciones futuras, de manera de cuéntale a alguien más cercano”.
generar predictibilidad: “Vamos a
buscar ayuda para que esto no vuelva
a pasar”.

Conviene registrar de manera textual lo relatado o descrito por el niño/a,


espontáneamente, sin solicitar mayores detalles. Es importante averiguar si el
niño/a había develado el abuso a algún adulto a nivel intra o extrafamiliar, antes y
si es así, indagar en las reacciones de los adultos.

Manejo de la Crisis asociada a la Develación

La literatura especializada le asigna el carácter de crisis a la develación del abuso,


la cual genera un trastorno agudo en la homeostasis psicológica en el cual los
mecanismos habituales de manejo fallan50.

En este proceso se deben considerar los siguientes aspectos:

50 Keeble, 1993.
- Garantizar la protección del menor o la menor
- Preservar su intimidad y la de su familia
- Actuar de manera inmediata
- No duplicar intervenciones y evitar dilaciones innecesarias51.

Respecto de la Intervención con las madres, la tendencia de las instituciones es a


verlas como negligentes y culpables. Si ellas perciben esto, en vez de colaborar
con el proceso, van a bloquear las posibilidades de intervención.

Hay que tener en cuenta que las madres sufren un impacto emocional profundo
con el abuso sexual de un hijo/a, por lo cual es importante reconocerlas como
víctimas indirectas y brindarles soporte para que puedan desplegar sus
competencias de contención y protección del niño/a.

Algunos efectos que pueden observarse en las madres son:

1. Sentimientos de culpa por lo ocurrido.


2. Sentimientos de haber sido traicionadas por alguien en quien confiaban.
3. Desconfianza hacia los otros.
4. Sensación de no poder confiar en los propios juicios y percepciones; “Cómo
no me di cuenta”.
5. Daño en la propia imagen de mujer y madre.
6. Ruptura en las esperanzas y sueños puestos en su hijo.
7. Preocupación por los efectos a largo plazo en los niños.
8. Tendencia a negar lo ocurrido.

Por lo tanto, una estrategia para intervenir con las madres en esta fase es, en vez
de señalarla como culpable del abuso, poder considerarla como la persona
responsable del cuidado y protección del niño. En vez de centrarse en su rol como
pieza clave en la generación o mantención de la dinámica abusiva, poder aliarse
con ella como tercero clave para su interrupción52.

51 Fuertes, 2005.
52 Martínez y Sinclair, 2006.
GESTIONES DE PROTECCION Y DENUNCIA

Cualquier profesional que tenga conocimiento o sospecha de una situación de


abuso sexual tiene la obligación de ponerlo en conocimiento del Equipo Directivo
de sus institución.

Además debe comunicar el abuso a la familia de lo ocurrido cuanto antes, para


que busquen la ayuda necesaria y protejan al niño para que el abuso no vuelva a
producirse. Si el abuso es intrafamiliar, se debe informar a un familiar directo
diferente del agresor. En estos casos conviene seguir el caso, llamando a la familia
o concertando entrevistas con ella para comprobar si está intentando resolver el
problema o si se está ocultando o negando, como ocurre muchas veces. Si está
implicado el padre, hay que comunicarlo a los servicios de protección infanto
juvenil para evitar que los miembros de la familia se organicen y silencien el abuso.

Los profesionales que trabajan con la infancia, pueden reconocer con más
facilidad una situación de riesgo o posible desamparo, y tienen, la responsabilidad
y obligación legal de comunicarlo a la autoridad o a sus agentes más próximos.

Delitos e Asuntos de Interés Público

Los abusos sexuales son, de acuerdo a la legislación chilena, un delito y en la


ocurrencia de un delito existe la trasgresión de un bien jurídico en donde se
generan sentimientos de vulnerabilidad, desprotección, quiebres de confianza y
pérdida del sentido de equidad e igualdad, entre otros.

Las situaciones de abuso sexual son delitos y asuntos de interés público. Las
situaciones de maltrato físico y abuso sexual constituyen vulneraciones graves de
los derechos infantiles y como tales afectan a la sociedad en su conjunto, en la
medida que el niño/a no es propiedad de la familia o de sus padres, no se reduce
al ámbito privado, sino que es miembro de un colectivo. Se entienden como
asuntos de interés público aquellos que “engloban en su seno el interés de la
sociedad toda, inciden en la marcha del Estado, afecta intereses o derechos
generales y acarrea consecuencias importantes para la comunidad”53.

En este marco, como interventores externos, es necesario introducir la ley en estas


familias, como modo de establecer un orden que asegure el bienestar del niño/a.
Se requiere de garantías judiciales de índole proteccional o penal, asegurando la
real separación del agresor y la víctima y un acceso real del niño/a y su familia a la
justicia.

53 Lovera. 2001.
Barreras para la denuncia:

Los profesionales son reticentes a denunciar los casos de abuso sexual de los
cuales toman conocimiento, por las siguientes razones:

 Piensan que es una intromisión en la vida privada de los demás.


Porque piensan que no es su responsabilidad hacerlo, que son otros los
funcionarios o adultos encargados de denunciar.
 Por miedo a que la denuncia les genere conflictos con la familia o con el
agresor.
 Porque piensan que para el niño/a es peor verse envuelto en un proceso, ya
que puede ser separado de la familia.
 Por las gestiones y trámites que implica verse envuelto en un proceso
judicial.
 Por desconocimiento de cómo opera el sistema judicial
 Por desconfianza en la justicia. El hecho no podrá ser probado y el agresor
quedará impune.

Importancia de la denuncia

Tal como señala Claramunt (2000), el sistema legal juega un rol importante, en lo
que se refiere a:

 Resarcir el daño: Penalización del perpetrador


 Reducir el sentimiento de culpa: Ubica la responsabilidad total en el ofensor
 Reducir el sentimiento de traición: Visión alternativa de personas que
rechazan la violencia sexual contra niños/as y adolescentes54.

La denuncia permite que la justicia proteja al niño, aislando al agresor y


reduciendo las posibilidades de que el abuso pueda repetirse. El denunciar es un
deber legal, social y moral, que además puede evitar que el agresor abuse de
otros niños/as. Aunque duro y complejo, un proceso judicial puede ayudar al
niño/a a afrontar el abuso si la sentencia culpa al agresor. De este modo, de la
denuncia por parte de los profesionales puede depender en gran medida que la
incidencia del abuso sexual disminuya.

ARTICULACION CON PROGRAMAS Y SERVICIOS ESPECIALIZADOS

¿Qué es la Protección Especializada?

Tal como señala Frühling, las víctimas de graves violaciones a los derechos
humanos tienen derecho a la restitución, que está orientada a “restablecer la
situación existente antes de la violación de derechos humanos”. Además, tienen
derecho a acceder a medidas de reparación del daño y a garantías de no
repetición. Estas últimas aluden al deber del Estado de “adoptar medidas
adecuadas para que las víctimas no puedan volver a ser objeto de violaciones

54 Claramunt, 2000.
que vulneren su dignidad”. Entre ellas figuran la cesación de las violaciones, la
investigación y verificación de los hechos55.

Un niño/a que ha sido víctima de vulneraciones graves a sus derechos, tiene


derecho a contar con servicios y acciones destinadas a la restitución de sus
derechos vulnerados. Estas son las llamadas Políticas de Protección Especial de
Derechos, en las cuales el Estado asume el compromiso de proveer los servicios
necesarios para el restablecimiento de los derechos vulnerados como a la
reparación del daño causado. La Convención Internacional de los Derechos del
Niño consagra en su Artículo Nº 39: “Los Estados Partes adoptarán todas las
medidas apropiadas para promover la recuperación física y psicológica y la
reintegración social de todo niño víctima de cualquier forma de abandono,
explotación o abuso; tortura u otra forma de tratos o penas crueles, inhumanos o
degradantes; o conflictos armados. Esa recuperación y reintegración se llevarán a
cabo en un ambiente que fomente la salud, el respeto de sí mismo y la dignidad
del niño”.

Algunas premisas:

- Parar la dinámica del abuso sexual y prevenir para que no vuelva a ocurrir.
Develar el secreto en las mejores condiciones para el niños/a. Buscar su protección
ante todos los intentos de diferentes miembros de la familia para que se retracte
de la situación de abuso divulgada.

- Todos los miembros de la familia necesitan apoyo y tratamiento. Hijos y padres


necesitan tratamiento, tanto por separado como juntos. Las posibilidades
terapéuticas de una familia abusiva comienzan y deben mantenerse a través del
desarrollo de una situación de crisis que impida a la
familia reestructurarse alrededor de la descalificación de la víctima o la
minimización o negación de los hechos abusivos. A partir de esa situación de
desorden se deben crear las condiciones para un reordenamiento que respete los
derechos de cada uno.

- Cualquier comportamiento inadecuado por parte de los profesionales, ya sea por


un exceso de intervención o por falta de ella, no hace más que potenciar las
fuerzas destructivas y el riesgo de impunidad para los adultos abusadores y
maltratantes56.

55 Frühling, 2004.

56 Alonso, 1995.
ESTRATEGIAS DE INTERVENCION EN ABUSO SEXUAL INFANTIL
¿Qué entendemos por Reparación?

Dentro del proceso de intervención en abuso sexual infantil, la reparación es


entendida como un proceso integral que abarca las dimensiones psicológica, social
y jurídica.

 Dimensión Psicológica

La reparación desde el punto de vista psicológico es un proceso terapéutico que


como tal implica “descubrir verdades y encontrar nuevos significados a los eventos
peculiares de la vida de cada persona”57. Su desafío principal es co-construir una
explicación que dé sentido al sufrimiento y permita centrar las responsabilidades de
manera externa al niño/a, permitiendo la elaboración y resignificación de la
experiencia de vulneración, contribuyendo a la superación o disminución de las
secuelas dejadas por esta. En síntesis, ofrece la posibilidad de:

- Contar con un espacio de contención y elaboración de sentimientos


asociados al abuso.
- Desmitificar el maltrato o abuso y tomar distancia del agresor,
posicionándose como un observador de lo ocurrido, desde una postura
crítica,
- Centrar las responsabilidades en la figura adulta agresora, sin sentirse
culpable de haber facilitado o mantenido la situación.
- Reconocer recursos personales y del contexto que le han permitido
desarrollar estrategias de sobrevivencia y protección.
- Identificar áreas libres de maltrato o abuso, pudiendo incorporar una visión
total de sí mismo.
- Desarrollar de un estilo de vida constructivo, que incluye el establecimiento
de relaciones no abusivas en distintos ámbitos, recuperando las claves de la
confiabilidad en otros, que permita discriminar relaciones abusivas y no
abusivas; conociendo y valorando sus propias necesidades y derechos, y
manejando adecuadamente los límites interpersonales en distintos ámbitos
de relación58.

Según Dolan (1997) hay tres etapas dentro de un proceso reparatorio en maltrato y
abuso sexual:

1) Reconocerse como víctima, lo que supone registrar la situación de


desigualdad jerárquica, dependencia y abuso de poder a la que se estuvo
sometido, como niño/a en relación con el agresor. Esto contribuye a superar
la culpa respecto de la situación vivida y ayuda a legitimar el sufrimiento
vivido.
2) Reconocerse como sobreviviente, que supone identificar los recursos
personales que le han permitido protegerse del abuso y sobreponerse a sus

57 Barudy, 2001.
58 Llanos y Sinclair, 2001.
efectos. Esto ayuda a diferenciar el maltrato o abuso de sus efectos,
pudiendo circunscribir el daño y realzar una imagen de cambio posible.
3) Celebrar la vida, lo que supone recuperar la posibilidad de imaginar un
futuro libre de abuso. Implica recuperar la sensación de control sobre la
propia vida y la posibilidad de desarrollarla de forma constructiva y
satisfactoria. Esto es lo que Jorge Barudy (1999) llama reconocerse como
“viviente”.

 Dimensión Social

Está orientada a potenciar las capacidades de protección de los adultos


responsables del niño/a y de su entorno comunitario o institucional próximo. El
desafío es la (re)construcción y fortalecimiento los vínculos protectores, de modo e
garantizar la detención de la situación de vulneración y hacer posible el un
ejercicio integral de los derechos del niño/a y un desarrollo de las actividades
propias de su etapa de desarrollo, en lo recreativo, educativo, participación y
asociatividad, etc.

Esta dimensión de la reparación apunta a revertir dos situaciones íntimamente


vinculadas a la problemática del maltrato y abuso sexual infantil:

- El aislamiento, existente muchas veces antes de la situación y actuando


como un factor de riesgo, que se acrecienta en los momentos posteriores a
la develación y apertura. Los vínculos de los niños/as y familias con su
entorno muchas veces son pobres y poco satisfactorios, vivenciando
muchos de estos sentimientos de soledad y exclusión. Además, esto genera
un contexto poco favorable para la visibilización de los niños/as y el control
social sobre posibles situaciones de transgresión en su contra.

- La estigmatización, que se actúa como un mecanismo que hace a las


víctimas y a sus familias sentirse “marcados”, “sucios” o “distintos”. Las
personas e instituciones que los rodean favorecen esta situación al
reaccionar frente a la situación de maltrato de manera victimizante,
reforzando los sentimientos de culpa y de vergüenza.

Dentro de la reparación social, un desafío es contribuir a visibilizar las situaciones


de maltrato grave, generando conciencia sobre su existencia e inaceptabilidad,
propiciando un marco favorable para la develación y denuncia de las situaciones
existentes, además de contribuir a evitar o detener oportunamente situaciones de
violencia física, psicológica y sexual hacia los niños/as y adolescentes. Junto con
esto, favorecer la responsabilización de todos los actores en la protección y
reparación a los niños/as, en una perspectiva de complementariedad e
integralidad de la acción.

 Dimensión Jurídica

La tercera dimensión de la reparación, es la jurídica, asumiendo que se trata de


situaciones constitutivas de delito, que deben ser investigadas y sancionadas,
como uno de los elementos que permiten garantizar la no repetición de los
hechos.
Dentro de esto, se deben activar mecanismos legales e institucionales que
permitan reconocer la existencia de la situación de vulneración y legitimar la
condición de víctima del niño/a, adoptar los resguardos necesarios para
interrumpir la situación de vulneración y generar condiciones favorables para la
reparación psicosocial (presencia de un adulto responsable, distancia con la figura
agresora) y evitar la victimización secundaria. Derecho a la representación jurídica
para la defensa de los intereses de la víctima, buscando la sanción del agresor y la
no impunidad.

Intervención en Diferentes Contextos

Los contextos de intervención que se encuentran en un centro especializado son los


siguientes:

 Contexto de Control: La intervención se da en un contexto coactivo, sin una


demanda desde el niño/a o su familia, sino a partir de una orden o petición de
evaluación y/o tratamiento desde instancias judiciales o institucionales.

 Contexto Educativo: El objetivo principal de la intervención es el desarrollo de


capacidades, habilidades y recursos personales, que permitan mejorar el
funcionamiento y desempeño de los sujetos en el ejercicio de sus funciones

 Contexto Terapéutico: Aporta a la generación de cambios en las personas y sus


dinámicas relacionales59. En el caso de los centros especializados, en este
contexto, se aspira a la reparación del daño psicológico, es decir, la superación
de las consecuencias generadas por la situación abusiva y la resignificación de
la experiencia, así como el aumento o mejoramiento de los recursos del mismo
niño/a o adolescente para enfrentar situaciones en su vida. En la familia se
busca profundizar en diferentes grados en la intervención psicoterapéutica,
teniendo como fin último promover el cuestionamiento de las prácticas
abusivas, facilitar nuevas comprensiones, y, por lo tanto, generar cambios en el
patrón de relaciones que ha sustentado la vulneración de los derechos del
niño/a o adolescente60.

Estas intervenciones cumplen las siguientes funciones:

• Función Maternante: Contención, acompañamiento y terapia.

• Función Paternante: Autoridad protectora, control y confrontación.

• Función Fraterna: Colaboración, práctica en redes.

59 Coletti y Linares, 1997.


60 SENAME, 2005.
Estrategia de Generación o Agudización de la Crisis

Esto es lo que Barudy llama el “desencadenamiento y control de la crisis familiar”.


El confrontar y problematizar la situación de abuso o maltrato grave con los adultos
a cargo introduce una perturbación en el equilibrio de la familia, que genera
disponibilidad para recibir ayuda. Esta estrategia involucra un trabajo en red y la
concertación con sistemas judiciales responsables de la protección del niño61.

Tal como señala Álvarez, ante situaciones de abuso sexual infantil -que minan la
seguridad y predictibilidad de los vínculos, a través de la confusión y la transgresión
de límites y leyes morales y sociales –es necesario introducir aspectos normativos
desde afuera hacia dentro. Esto implica ofrecer un piso firme, externo, ordenado y
diferenciado, para restaurar aquello que, temporalmente, falta en el sistema
familiar abusivo, instalando un orden y una autoridad que se diferencie del
abuso62.

Estrategia de Control Social

El control social constituye la primera fase de la intervención en los casos. Su objetivo


es detener la situación de maltrato y proteger a quien está siendo abusado63. La idea
es que este tipo contexto se dé al inicio, pero que después pueda ser superado para
generar otro tipo de cambios. Es posible transitar de un contexto de control a un
contexto educativo o terapéutico, para dar cumplimiento al objetivo de la
reparación del daño y la resignificación de la experiencia.

En el contexto de control social la relación que se establece entre el profesional y la


familia se da en un contexto coactivo, y no de voluntariedad, en que los
involucrados no visualizan una necesidad ni formulan una demanda de ayuda. Una
característica de este tipo de relación es que el profesional debe dar cuenta a
terceros sobre la evolución de la situación-problema, lo que requiere un traspaso de
información sobre la familia. Esto requiere desde el inicio un encuadre claro y
transparente.

El que en este contexto se produzcan los cambios deseados depende de que se


cree un clima de colaboración, para lo cual la familia debe pasar de una actitud de
negación del problema a la aceptación del mismo. Al respecto, Stefano Cirillo ha
desarrollado la idea que el cambio es posible en “contextos no terapéuticos”, que
involucran intervenciones sociales y jurídicas.

El control social permite a los diversos agentes sociales utilizar mecanismos formales
e informales (normas, leyes, creencias o valores) para ejercer presión en pro de
detener las agresiones, proteger a las víctimas y velar porque estas situaciones no
vuelvan a ocurrir. Esta estrategia considera a la comunidad en su conjunto y no
sólo a los especialistas, puesto que la propia comunidad ocupa el espacio donde
emerge el abuso sexual, entonces no sólo la génesis y reproducción de los abusos
se da en el espacio social, sino también la posibilidad de una interacción material

61 Barudy, 1998.
62 Alvarez, 2003.
63 Martínez, 2004.
y simbólica para la construcción de relaciones basadas en el respeto irrestricto a
los derechos de las personas64.

Estrategia de Empoderamiento o Fortalecimiento de Recursos Protectores de las


Figuras Adultas

Esta estrategia apunta hacia una doble meta:

1) Crear, mantener o reforzar las oportunidades y medios socioestructurales


pertinentes y suficientes para el control o cambio de la situación indeseable.
2) Ajustar las percepciones, valoraciones, aspiraciones, expectativas e intenciones
subjetivas en la línea correspondiente.

Esta segunda función requiere, en algunas ocasiones, como punto de partida,


problematizar la visión (construcción social) de una realidad considerada por
quienes la padecen como natural y, por tanto, incuestionable.

Se trata, en definitiva, de operar una reestructuración cognitiva generadora de un


cambio en el control percibido de la situación (del no puedo/ no podemos al
puedo/ podemos; del no depende de mí/nosotros al depende también de
mí/nosotros; del no tiene sentido intentarlo, puesto que no hay nada que hacer, al
vale la pena intentarlo).

La intervención incluye el fortalecimiento de los recursos personales que garantizan


la eficacia y la continuidad del proceso activado. Cambiado el componente
cognitivo-ideológico de la actitud de inhibición y pasividad ante una situación
estresora como la del maltrato recibido, percibida a menudo como fatalmente
incontrolable e inmodificable, se genera la toma de conciencia posibilidad
(expectativa positiva) de controlarla (cambio positivo) y se alimenta finalmente la
voluntad y la decisión de hacerlo en la práctica65.

Una acción a desarrollar es la activación de recursos complementarios o de apoyo


a las figuras adultas. Otro aspecto a trabajar es el apoyo económico para las
figuras adultas, en caso de crisis posterior a la salida del agresor-proveedor del
hogar.

Estrategia de Intervención en Redes

 Práctica de Redes, que se orienta principalmente a facilitar el acceso de la


familia y el niño/a o adolescente a los recursos institucionales, para
responder a las diversas necesidades que presentan. Esto implica, por una
parte, llevar a cabo funciones tradicionales del apoyo social (informes
sociales, evaluación socioeconómica, visitas domiciliarias, etc) y, por otra, la
responsabilidad de mantener información actualizada acerca de la red
inter intrasectorial a la que es posible acceder, asegurarse de que los casos

64 Alvarez, 2003.
65 Cantera, 2002.
reciban respuestas adecuadas en estos servicios y llevar a cabo un registro y
seguimiento de las derivaciones efectuadas por la vía de la coordinación.

 La intervención en Red, que consiste en la intervención con la red familiar y


comunitaria del niño/a o adolescente, con el propósito de desarrollarla
operativamente en función de sus problemas y necesidades sociales, de
reconstruirla o sustituirla en caso de disfuncionamiento y de construirla
cuando no existe, logrando una red que entrega recursos sociales y
materiales a la familia para el cuidado y protección de sus hijos.

 La intervención en Protección, que consiste en la intervención conjunta


entre profesionales a cargo del caso orientada a resguardar
permanentemente los derechos de protección de los niños/as atendidos66.

Estrategia de Grupos de Apoyo o Autoayuda para Sobrevivientes o Víctimas


Indirectas

La perspectiva de autoayuda potencia, redefine y reestructura los procesos de


ayuda y engloba los llamados grupos de autoayuda o grupos de apoyo como una
de sus formas. Son pequeños grupos (6 a 10 personas) formados por personas a las
que afecta un problema común. Pueden considerar o no la “mediación técnica”.

Riessman (1995) sostiene que la autoayuda es un paradigma que ofrece nuevas


perspectivas para responder a un número cada vez mayor de personas que
necesitan algún tipo de apoyo. Este paradigma cambiaría el objeto de
intervención persona en necesidad de ayuda y transformaría éste en persona que
puede ayudar, reconvirtiendo la experiencia personal de sufrimiento o
rehabilitación en un potencial de ayuda para sí misma y para otros.

La mayor aplicación que tiene este enfoque en el área de infancia son los grupos
de apoyo dirigidos a padres, de psicoeducación, de habilidades parentales,
grupos de padres de adolescentes, grupos de madres o padres de niños/as
víctimas de abuso, adultos sobrevivientes de abuso sexual infantil67.

La Colaboración como Estrategia Ecológica

La colaboración es un eje filosófico, un principio, una actitud, un conjunto de


compromisos y un depósito potencial de métodos prácticos. En las situaciones de
protección infantil, siguiendo a Calder (1999), se fomenta, a veces en los servicios y
también en los medios de comunicación, el tipo de profesionales que permanecen
inmóviles, preocupados, infravalorando a los padres y dificultando la cooperación.
De acuerdo con este autor, si los responsables políticos quisieran realmente dar
más importancia a la colaboración, deberían adoptar estrategias ecológicas, que
incluyen todos los niveles que hay que abordar en la práctica profesional, frente al
modelo clínico imperante en los actuales sistemas de protección y reparación.

66 SENAME, 2005.
67 Villalba,
2004.
La idea de colaboración no exime a los equipos de su obligación de evaluar
daños y riesgos en niños y adolescentes incluso cuando las familias están
cooperando. Con este condicionante de control, la colaboración se puede
desarrollar de varias formas dependiendo de las afinidades de los profesionales
como de los modelos teórico-técnicos que asuman los servicios de atención a
infancia y familia.

Las ofertas de formación y especialización académica en este campo son


escasas. Sería muy importante asumir desde las instituciones encargadas de los
servicios y programas dirigidos a niños, adolescentes y familias supervisiones de
equipo y supervisiones de casos, así como la implementación de un modelo de
colaboración más amplio. Estos procesos requieren de un compromiso serio desde
la dirección de los servicios y desde las políticas dirigidas a la infancia y familias.

Los padres pueden hacer una contribución significativa a la protección de sus hijos
si se les ofrece un programa adecuado para trabajar codo con codo con los
profesionales. La colaboración sólo será posible si se tiene en cuenta a todos los
miembros de la familia, se mantiene a los padres e hijos mayores informados,
asesorados y se les explica las obligaciones de los responsables políticos y de los
profesionales. Las estrategias de colaboración más importantes en los procesos de
apoyo a las familias, prevención de internamientos y protección de infancia serían
las reuniones de casos y los acuerdos escritos68.

Evaluación y Seguimiento

En todos los casos de abuso sexual los profesionales deben realizar un seguimiento
periódico de la situación y de las condiciones proteccionales en que se encuentra
el niño/a. De volver a detectarse una situación de riesgo o de abuso deberá volver
a iniciar el proceso, notificando a las autoridades competentes69.

68 Villalba, 2004.
69 Fuertes, 2005.
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