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Tema 13

El Karma:
La ley de causa y efecto,
acción y consecuencia
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Tema nº 13 - El Karma: La ley de causa y efecto, acción y consecuencia

El Karma:
La ley de causa y efecto,
Acción y consecuencia
Introducción

Debemos saber que existe una Gran Ley Universal que nos enseña
que todo lo que hacemos tiene sus consecuencias, buenas o malas, y
que éstas regresan a nosotros inexorablemente. Todas las religiones
del pasado enseñaron esta Gran Ley, y nos mostraron que el camino
del AMOR, es la mejor acción posible.

Cristianismo:
“Por tanto, haced con los demás todo lo que deseáis que hagan ellos con
vosotros.” (Mateo 7:12)

Confucionismo:
“Lo que no deseamos que nos hagan, no hagamos a los demás.”
(Analectas 15:23)

Brahmanismo:
“No hagas a otros lo que te doliera si te lo hiciesen a ti.”
(Mahabharata 5:15)

Budismo:
“No ofendas a los demás como no quieras verte ofendido.”
(Udanavarga 5:18)

Judaísmo:
“Lo que no quieras para ti, no lo quieras para tus hermanos.”
(Talmud Shabbat, 31a).

Islamismo:
“Desea para los demás, lo mismo que deseas para ti.” (Unnat)

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Curso por Correspondencia - I.G.A. Samael y Litelantes

Taoismo:
“Sean como tuyas las ganancias de tu prójimo, como tuyas sus pérdi-
das.” (Tao Te King)

Mayas:
“Tú eres yo, y yo soy tu.” (In lak’ ech a lak’ en).

En todas las religiones y tradiciones espirituales se habla de esta


Gran Ley Universal, que en nuestra época es conocida popularmente
como el “Karma”. El conocimiento de esta Ley está principalmente
generalizado en las religiones orientales, aunque de un modo quizás
más confuso, también puede ser encontrado en los textos sagrados del
cristianismo. En esos textos existen pasajes que aluden a la Ley del
karma:

“Quien a hierro mata, a hierro muere”. Esta frase de Jesús ex-


presa magistralmente el karma en acción... “Con la misma vara que
medís, seréis medidos”. He ahí otra magnífica muestra de esta ley en
palabras de Jesús. Otra formulación es la contenida en la Epístola
de San Pablo a los Gálatas (6:7): “Todo lo que el hombre siembre, lo
cosechará”. También la referencia a esta ley la encontramos en citas
como “no peques más, para que no te suceda algo peor” (Juan, 5:14) o
“no serás liberado, hasta que hayas pagado la última moneda” (Lucas,
12:59)…

En el Hinduismo la idea del karma es una de sus concepciones


fundamentales y omnipresentes. La encontramos en los Vedas, en los
Upanishads y, principalmente, en el Bhagavad Gita. La encontramos
también en los Puranas, específicamente en el Bhagavad Purana.
Un ejemplo: “En la proporción de las acciones justas e injustas en esta
vida, cada uno gozará o sufrirá las correspondientes reacciones de su
karma en la vida siguiente” (6.1.45).

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Tema nº 13 - El Karma: La ley de causa y efecto, acción y consecuencia

¿Qué es exactamente el Karma?


Karma es una palabra sánscrita que significa “acción”, “acto”. Pero
filosóficamente se asocia con el termino sánscrito “karma phala” (phala
es una palabra que significa fruto o fruta); es decir: “El fruto de la ac-
ción”. Esto significa, que según haces, recibes. Karma, por tanto, es una
ley de causa y efecto, de acción y consecuencia. Una ley de compen-
sación y retribución...

En nuestros estudios empleamos la palabra karma para designar


las consecuencias negativas de nuestras acciones (el karma malo), y
Dharma para señalar las consecuencias positivas de nuestros actos (el
karma bueno). Así, cuando las cosas no nos van bien, esto se debe a
nuestro karma. Y cuando las cosas nos son favorables, se bebe a nues-
tro Dharma.

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Enseñanzas del Maestro Samael sobre la Ley del Karma

“Amigos míos, existe una Ley que se llama Karma, no está de


más aseverar que tal palabra significa en sí misma, Ley de Acción y
Consecuencia. Obviamente “no existe causa sin efecto, ni efecto sin
causa”.

“La Ley de la Balanza, la Ley del Karma, gobierna todo lo creado.


Toda causa se convierte en efecto y todo efecto se transforma en
causa.

“Vosotros debéis comprender lo que es la Ley de la Compensación:


Todo lo que se hace hay que pagarlo, pues no existe causa sin efecto,
ni efecto sin causa.

“Se nos ha dado libertad, libre albedrío y podemos hacer lo que

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queramos, pero es claro que tenemos que responder ante Dios por
todos nuestros actos. Cualquier acto de nuestra vida, bueno o malo,
tiene sus consecuencias. La Ley de Acción y Consecuencia gobierna el
curso de nuestras variadas existencias y cada vida es el resultado de
la anterior.

“Comprender íntegramente las bases y “modus operandi” de la Ley


del karma es indispensable para orientar el navío de nuestra vida en
forma positiva y edificante, a través de las diversas escalas de la vida.

“Karma es Ley de Compensación; no es una Ley de Venganza. Hay


quienes confunden esta ley cósmica con el determinismo y aún con el
fatalismo, al creer que todo lo que le ocurre al hombre en la vida está
determinado inexorablemente de antemano. Es verdad que los actos
del hombre los determina la herencia, la educación y el medio en el
cual se desenvuelve. Pero también es verdad que el hombre tiene libre
albedrío y puede modificar sus actos, educar su carácter, formar hábi-
tos superiores, combatir debilidades, fortalecer virtudes, etc.

“El Karma es una medicina que se nos ap lica para nuestro prop io
bien; desgraciadamente las gentes en vez de inclinarse reverentemen-
te ante el Eterno Dios Viviente, protestan, blasfeman, se justifican así
mismos, se disculpan neciamente y se lavan las manos como Pilatos.
Con tales protestas no se modifica el Karma, al contrario, se torna más
duro y severo.

“Cuando uno viene de este mundo trae su propio Destino; unos na-
cen en colchón de plumas y otros en la desgracia. Si en nuestra pasada
existencia matamos, ahora nos matan; si herimos, ahora nos hieren; si
robamos, ahora nos roban, y “con la vara con que a otros medimos,
seremos medidos “.

“Reclamamos fidelidad del cónyuge cuando nosotros mismos he-


mos sido adúlteros en ésta o en vidas precedentes. Pedimos amor
cuando hemos sido despiadados y crueles. Solicitamos comprensión
cuando nunca hemos sabido comprender a nadie; cuando jamás he-
mos aprendido a ver el punto de vista ajeno. Anhelamos dichas in-
mensas cuando hemos sido siempre el origen de muchas desdichas.

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Hubiéramos podido nacer en un hogar muy hermoso y con muchas


comodidades, cuando no supimos en pasadas existencias brindar-
le a nuestros hijos hogar y belleza. Protestamos contra los insulta-
dores cuando siempre hemos insultado a todos los que nos rodean.
Queremos que nuestros hijos nos obedezcan cuando jamás supimos
obedecer a nuestros padres. Nos molesta terriblemente la calumnia
cuando nosotros siempre fuimos calumniadores y llenamos al mundo
de dolor. Nos fastidia la chismografía, no queremos que nadie murmure
de nosotros, sin embargo siempre anduvimos en chismes y murmura-
ciones, hablando mal del prójimo, mortificándole la vida a los demás.
Es decir, siempre reclamamos lo que no hemos dado; en nuestras vidas
anteriores fuimos malvados y merecemos lo peor, pero nosotros supo-
nemos que se nos debe dar lo mejor.

“Afortunadamente la Justicia y la Misericordia son las dos columnas


torales del Templo de la Fraternidad Universal Blanca. La Justicia sin
Misericordia es tiranía; la Misericordia sin justicia es tolerancia o com-
placencia con el delito.

“El Karma es negociable, y esto es algo que puede sorprender mu-


chísimo a los secuaces de diversas escuelas ortodoxas. Ciertamente
algunos pseudo-esoteristas y pseudo-ocultistas se han tornado dema-
siado pesimistas en relación con la Ley de Acción y Consecuencia.
Suponen equivocadamente que ésta se desenvuelve en forma mecáni-
ca, automática y cruel. Los eruditos creen que no es posible alterar tal
Ley; lamentamos muy sinceramente tener que disentir con esa forma
de pensar. Si la Ley de Acción y Consecuencia, si el Némesis de la exis-
tencia no fuera negociable, entonces, ¿dónde quedaría la Misericordia
Divina?

“Francamente no se puede aceptar crueldad en la Divinidad. Lo


Real, aquello que es todo perfección, eso que tiene diversos nombres
como: Tao, Aum, Inri, Alá, Brahama, Dios, o mejor dijéramos Dioses,
etc., en modo alguno podría ser algo sin Misericordia, cruel y tiránico.
Por todo ello repetimos en forma enfática que el Karma es negociable.

“Es posible modificar nuestro propio destino, porque “cuando una


Ley inferior es trascendida por una Ley superior, la Ley superior lava la

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Ley inferior”. Modificando la causa se modifica el efecto. “Al león de la


Ley se le combate con la Balanza”. Si en un platillo de la balanza po-
nemos nuestras buenas obras y en la otra ponemos las malas, ambos
platillos pesaran igual o habrá algún desequilibrio. Si el platillo de las
malas acciones pesa más, debemos poner buenas obras
en el platillo de las buenas acciones con el propósito
de inclinar la balanza a nuestro favor, así cancelamos
Karma.

“Debemos hacer buenas acciones para pagar


nuestras deudas. Recordar que no solamente se paga
con dolor, también se puede pagar haciendo
bien (con Amor). Ahora comprendere-
mos lo maravilloso que es hacer
el bien; no hay duda de que el
recto pensar, el recto sentir
y el recto obrar, son el
mejor de los negocios.

“Nunca debemos
p rotestar contra el
Karma, lo impor tante
e s s a b e r lo n ego c i a r.
D e sgrac i ada m e n te a
la gente lo único que
se les ocurre, en una
gran amargura, es la-
varse las manos como
P i latos, deci r q ue no
han hecho nada malo,
que no son culpables,
que son Almas justas,
etc.

“Se le puede decir


a los que están en la
miseria que revisen su
conducta, que se juz-

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guen a sí mismos, que se sienten aunque sea por un instante en el


“banquillo de los acusados”, que después de un somero análisis de sí
mismos modifiquen su conducta. Si esos que se hallan sin trabajo se
tornasen castos, infinitamente caritativos, apacibles, serviciales en un
ciento por ciento, es obvio que alterarían radicalmente la causa de su
desgracia, modificándose en consecuencia el efecto.

“No es posible alterar un efecto si antes no se ha modificado ra-


dicalmente la causa que la produjo, pues como ya dijimos, no existe
efecto sin causa, ni causa sin efecto.

“Se debe trabajar siempre desinteresadamente con infinito amor


por la humanidad, así alteramos aquellas malas causas que originaron
los malos efectos. No hay duda de que la miseria tiene sus causas en
las borracheras, en la asqueante lujuria, en la violencia, en los adulte-
rios, en el despilfarro y en la avaricia, etc.

“¿Se quiere sanar? Debemos ayudar a sanar a otros. ¿Algunos de


nuestros parientes están en la cárcel? Lo que hay que hacer es trabajar
por la libertad de otros. ¿Se tiene hambre? Necesitamos entonces com-
partir el pan con los que están en peor situación, etc.

“Muchas personas que sufren sólo se acuerdan de sus amarguras,


deseando remediarlas, mas no se acuerdan de los sufrimientos ajenos,
ni remotamente piensan en remediar las necesidades del prójimo. Ese
estado egoísta de existencia no sirve para nada; así lo único que consi-
guen realmente es agravar sus sufrimientos. Si tales personas pensaran
en los demás, en servir a sus semejantes, en dar de comer al hambrien-
to, en dar de beber al sediento, en vestir al desnudo, en enseñar al que
no sabe, etc., es claro que pondrían buenas acciones en el platillo de
la Balanza Cósmica para inclinarla a su favor; así alterarían su destino.
Es decir, quedarían remediadas todas sus necesidades. Mas la gente
es muy egoísta y por eso es que sufren, nadie se acuerda de Dios ni
de sus semejantes, sino cuando están en la desesperación y esto es
algo que todo el mundo ha podido comprobar por sí misma, así es la
humanidad.

“Desgraciadamente ese Ego que cada cual lleva dentro, hace exac-

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tamente lo contrario de lo
que aquí estamos diciendo;
por tal motivo es urgente,
inaplazable, impostergable,
reducir al “mí mismo” a pol-
vareda cósmica. Pensemos
por un momento en las mu-
chedumbres humanoides que
pueblan la faz de la Tierra:
sufren lo indecible víctimas
de sus propios errores; sin el
Ego no tendrían esos errores,
ni tampoco sufrirían las con-
secuencias de los mismos.

“Lo único que se requiere
para tener derecho a la ver-
dadera felicidad es ante todo
no tener Ego. Cier tamente
cuando no existen dentro de
nosotros los agregados psí-
quicos, los elementos inhumanos que nos vuelven tan horribles y mal-
vados, no hay Karma por pagar y el resultado es la Felicidad.

“Es bueno saber también que cuando hemos eliminado radicalmen-


te el Ego, la posibilidad de delinquir queda aniquilada y en consecuen-
cia el Karma de vidas pasadas puede ser perdonado.

“Los múltiples elementos subjetivos que constituyen el Ego tienen
raíces causales. Los Yoes-Causa están vinculados a las leyes de Causa
y Efecto. Obviamente no puede existir causa sin efecto ni efecto sin
causa; esto es incuestionable. Sería inconcebible la eliminación de los
diversos “elementos inhumanos” que en nuestro interior cargamos, si
no elimináramos radicalmente las causas intrínsecas de nuestros defec-
tos psicológicos. Obviamente los Yoes Causas se hallan íntimamente
asociados a determinadas deudas kármicas. Sólo el arrepentimiento
más profundo y los respectivos negocios con los Señores de la Ley,
pueden darnos la dicha de lograr la desintegración de todos esos ele-

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mentos causales que en una u otra forma pueden conducirnos a la


eliminación definitiva de los elementos indeseables.

“Las causas intrínsecas de nuestros errores ciertamente pueden ser


erradicadas de sí mismo gracias a los eficientes trabajos de esa parte
del Ser que es el Cristo Íntimo. Obviamente los “Yoes Causas” suelen
tener complejidades espantosamente difíciles. Por ejemplo: un estu-
diante esoterista podría ser defraudado por su instructor y en conse-
cuencia, tal neófito, se tornaría escéptico. En este caso concreto el Yo
Causa que originara tal error, sólo podría desintegrarse mediante al
supremo arrepentimiento íntimo y con negociaciones esotéricas muy
especiales.

“Este mundo en sí mismo, es el producto de la Ley de Originación.


Este mundo se sostiene con las leyes de causa y efecto, las leyes del
Karma y Dharma.

“Este es un mundo bastante complejo, es


un mundo de asociaciones, combinacio-
nes múltiples, dualismo incesante, lucha
entre opuestos, etc. En estas circuns-
tancias no es posible que exista en
este mundo la felicidad. Cada uno
de nosotros tiene que pagar su
Karma, estamos llenos de deu-
da s . E se Kar ma obv iam ente
nos trae mucho dolor, muchas
amarguras, no somos di-
chosos.

“Necesitamos
liberarnos de la Ley
d e l Ka r m a . L a Ley
del Karma, la Ley de
la Balanza Cósmica no es
una ley ciega; se puede solici-
tar “crédito” a los Maestros del
Karma, y esto es algo que mu-

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chos ignoran. Empero es urgente saber que todo crédito hay que pa-
garlo con buenas obras y si no se paga, entonces la Ley lo cobra con
supremo dolor.

“Necesitamos hacernos conscientes de nuestro propio Karma y eso
sólo es posible mediante el estado de Alerta Novedad. Todo efecto,
todo acontecimiento de la vida tiene su causa en una vida anterior,
pero necesitamos hacernos conscientes de eso. Todo momento de ale-
gría o de dolor, si se desea conocer su causa, debe ser continuado en
la meditación, con mente quieta y en profundo silencio. El resultado
viene a ser la experimentación del mismo suceso en una vida anterior.
Entonces hacemos conciencia de la causa del hecho, ya sea éste agra-
dable o desagradable.

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Los Jueces de la Gran Ley Divina


“Quien despierta Conciencia puede viajar en sus cuerpos internos fuera
del cuerpo físico a plena voluntad consciente, y estudiar en el Templo de
Anubis y sus 42 Jueces su propio Libro del Destino.

“El jefe de los sacerdotes del Tribunal del Karma es el Gran Maestro
Anubis. El Templo de Anubis, el supremo Regente del Karma, se encuen-
tra en el mundo molecular (la quin-
ta dimensión), llamado por mu-
chas gentes “mundo astral”. En ese
Tribunal sólo reina el terror de Amor
y Justicia. En él existe un libro con
su debe y haber para cada hombre,
en el que se anota minuciosamen-
te a diario sus buenas y malas ac-
ciones. Las buenas las representan
raras monedas, que los Maestros
acumulan en beneficio de los hom-
bres y mujeres que las ejecutan. En
ese Tribunal también se encuentran
“abogados defensores”. Pero todo
se paga. Nada se consigue regala-
do. El que tiene buenas obras paga
y sale bien librado de los negocios.
Los créditos solicitados se pagan
con trabajos desinteresados e inspi-
rados en amor hacia los que sufren.

“Los Maestros del Karma son


Jueces de Conciencia que viven en
la quinta dimensión. Tenemos que
hacer constantemente buenas obras
para que tengamos con qué pagar
nuestras deudas de esta vida y de
vidas pasadas. Todos los actos del
hombre están regidos por leyes, su-

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periores unas, inferiores otras. En el AMOR se resumen todas las leyes su-
periores. Un acto de amor anula actos pretéritos inspirados en leyes inferio-
res, por eso, hablando del amor, dice el Maestro Pablo: “El amor es sufrido,
bueno; no envidia, no se ensancha; no injuria, no busca lo suyo; no se irrita,
no se huelga de la injusticia, más se huelga de la verdad; todo lo cree, todo
lo espera, todo lo soporta”.

“Cuando ofician como Jueces, los Maestros del Karma usan la Máscara
Sagrada en forma de cabeza de Chacal o Lobo Emplumado, y con ella se
presentan a los Iniciados en los Mundos Internos. Esa es la crueldad de la
Ley del Amor.

“Negociar con los Señores de la Ley es posible a través de la


Meditación: Orad, Meditad y concentraos en Anubis, el Regente más exal-
tado de la Buena Ley.

“Para el indigno todas las puertas están cerradas menos una: la del
arrepentimiento, pedid y se os dará, golpead y se os abrirá”.

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SÍNTESIS DE LA LEY DEL KARMA:


“1º.- Los Señores del Karma en los Tribunales de la Justicia Objetiva,
juzgan a las Almas por las obras, por los hechos concretos, claros y
definitivos y no por las buenas intenciones. Los resultados son siempre
los que hablan; de nada sirve tener buenas intenciones si los hechos
son desastrosos… “Por sus obras los conoceréis”.

“2º.- No solamente se paga Karma por el mal que se hace, sino por
el bien que se deja de hacer pudiéndose hacer.

“3º.- Cada mala acción es una “letra” que firmamos para pagar en
la vida subsiguiente.

“4º. El karma es negociable: “Cuando una Ley Inferior es trascendida


por una Superior, la Ley Superior lava a la Ley Inferior”.

“Durante los procesos esotéricos Iniciáticos del Fuego, hube de


comprender en forma plena los siguientes postulados:

“Al León de la Ley se combate con la balanza”.


“Quien tiene ‘capital’ con que pagar, paga y sale bien en los nego-
cios”
“Quien no tiene con qué pagar, debe pagar con DOLOR”.
“Haced buenas obras para que pagues tus deudas”.”

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Distintos Tipos de Karma


“Existen muchas clases o tipos de Karma:

“Karma individual: Es el sufrimiento que corresponde a cada uno


de nosotros por nuestros malos hechos personales, realizados en vidas
pasadas; son como “letras bancarias” que deben cancelarse. Estas se
pueden pagar con sacrificio o con dolor. El que sabe negociar sale
bien librado con los Señores de la Ley, el que no, paga con dolor.
Debemos aprender a sacrificarlo todo por nada; hacer el bien es el
mejor negocio para cancelar karma individual. Todo bien a la humani-
dad es un abono en la cuenta.

“Karma familiar: Es cuando al seno de una familia hay personas


que en su conjunto tienen deudas pendientes con la Ley del Karma, de
manera que todos sufren y entre ellos mismos se hacen sufrir; allí la
Justicia actúa para que cancelen sus deudas kármicas.

“Karma colectivo: Es el karma que reúne a grandes grupos o masas


humanas. Ejemplo: es muy común ver barrios muy pobres situados al
borde de los ríos, lomas, etc. De pronto se presentan desbordamientos
de los ríos y desplazamientos, y perecen todos o la mayoría de las
personas. Viven en la miseria. Ciudades que padecen una catástrofe.
Países que sufren guerras. Empresas que quiebran y llevan a la miseria
a muchas personas, etc. Estos sufrimientos de grupos concretos de
personas, suelen ser karmas colectivos.

“Karma mundial: Castigo y dolor a nivel mundial. Las guerras mun-


diales son ejemplo claro de esta clase de Karma; países enteros se ven
afectados por el dolor, la amargura, el hambre y la enfermedad. En
estos tiempos la Balanza de la Justicia está desequilibrada en el planeta
Tierra, y se espera mucho dolor mundial.

“Kamaduro: Es un Karma en acción y nunca se detiene. No todos


los karmas son negociables. Hay situaciones kármicas que no pueden
cancelarse, hay que pasar por ellos siempre con dolor. Es la una forma
de eliminarlos. Cuando Jesucristo dijo: “Todos los pecados pueden ser

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perdonados, menos los pecados cometidos contra el Espíritu Santo”,


se refería a faltas de tipo sexual, que se convierten en karmas innego-
ciables por los que hay que pasar.

“Katancia: Es el Karma superior. Existe el Karma inferior o normal,


que atañe a las multitudes humanas, y está el Karma superior, que ata-
ñe a los Maestros y a todos aquellos que recorren el camino espiritual
y que cometen errores. Es el Karma que llama al orden a los Maestros
y aún a los mismos Señores de la Gran Ley.”

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EXPERIENCIA DIRECTA DEL MAESTRO SAMAEL


SOBRE LA LEY DEL KARMA
Me viene a la memoria en estos instantes, escenas de una pasada
reencarnación mía en la Edad Media. Recuerdo que vivía según las cos-
tumbres de la época; no puedo negar que era miembro de una ilustre
familia de rancia aristocracia. En aquella época mis gentes, mi estirpe,
presumían demasiado con aquello de la sangre azul, los difíciles ascen-
dientes y notables abolengos. Hasta pena da confesarlo, y eso es lo gra-
ve, yo también estaba metido entre esa botella de prejuicios sociales.
¡Cosas de la época!

Un día cualquiera, no importa cual, una hermana mía se enamoró


de un hombre muy pobre y es claro, esto fue el escándalo del siglo; las
damas de la nobleza y sus necios caballeretes, “pisaverdes”, “curruta-
cos”, “lechuguinos” y “gomosos”, desollaron viva a mi hermana, hicieron
escarnio de la infeliz. Decían de ella que había manchado el honor de la
familia, que habría podido casarse mejor, etc.

No tardó en quedar viuda la pobre y como resultado de su amor, es


claro, quedó un niño. ¿Y si hubiera querido regresar al seno de la fami-
lia? Empero esto no era posible, ella conocía demasiado la lengua vipe-
rina de las damas elegantes, sus fastidiosos contrapuntos, sus desaires
y prefirió la vida independiente.

¿Que yo ayudé a la viuda? Sería absurdo negarlo. ¿Que me apiadé de


mi sobrino? Eso fue verdad. Desafortunadamente hay veces que por no
faltar uno a la piedad puede volverse despiadado.

Ese fue mi caso. Compadecido del niño, le interné en un colegio (con


la excusa de que recibiera una robusta, firme y vigorosa educación) sin
importarme un comino los sentimientos de su madre y hasta cometí el
error de prohibir a la sufrida mujer visitar a su hijo; pensaba que así mi
sobrino no recibiría prejuicios de ninguna especie y podría ser alguien
más tarde, llegar a ser un gran señor, etc.

El camino que conduce al abismo está empedrado de buenas inten-


ciones. ¡Cuántas veces queriendo uno hacer el bien, hace el mal! Mis in-

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Curso por Correspondencia - I.G.A. Samael y Litelantes

tenciones eran buenas pero el procedimiento equivocado; sin embargo,


yo creía firmemente que estaba haciendo lo correcto.

Mi hermana sufría demasiado por la ausencia de su hijo, no podía


verle en el colegio, le estaba prohibido. A todas luces resalta que hubo
de mi parte, amor para mi sobrino y crueldad para mi hermana; sin
embargo yo creía que ayudando al hijo, ayudaba también a la madre.

Afortunadamente dentro de cada uno de nosotros, en esas regiones


íntimas donde falta amor, surge como por encanto el “policía del Kar-
ma”, el Kaom Interior. No es posible huir de los agentes del Karma;
dentro de cada uno de nosotros está el policía que inevitablemente nos
conduce ante los tribunales.

Desde aquella época han pasado muchos siglos; todos los persona-
jes de aquel drama envejecimos y morimos. Empero la Ley de Recu-
rrencia es terrible y todo se repite tal y como sucedió agregándole sus
consecuencias. Siglo XX, nos hemos encontrado todos los actores de esa
escena. Todo ha sido repetido en cierta forma pero, es claro, con sus
consecuencias. Esta vez tuve que ser yo el repudiado por la familia, así
es la Ley. Mi hermana se encontró de nuevo con su marido; a mí no me
pesa haberme vuelto a unir con mi esposa sacerdotisa, conocida con el
nombre de Litelantes.

El sobrino aquel tan amado y discutido renació esta vez en cuerpo


femenino; es una niña preciosa por cierto, su rostro parece una noche
deliciosa y en sus ojos resplandecen las estrellas­.

En un tiempo cualquiera, no importa la fecha, vivíamos cerca del


mar; la niña (el antiguo sobrino) no podía jugar, estaba gravemente en-
ferma, tenía una infección intestinal. El caso era muy delicado, varios
niños de su edad murieron en aquella época por la misma causa. ¿Por
qué habría de ser mi hija una excepción? Los numerosos remedios que
se le aplicaron fueron francamente inútiles, en su rostro infantil ya co-
menzaba a dibujarse con horror ese perfil inconfundible de la muerte.

A todas luces resaltaba el fracaso, el caso estaba perdido y no me


quedaba más remedio que visitar al Dragón de la Ley, a ese Genio te-
rrible del Karma cuyo nombre es Anubis. Afortunadamente, ¡Gracias

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a Dios!, Litelantes y yo sabemos viajar consciente y positivamente en


Cuerpo Astral. Así pues, presentarnos juntos en el gran palacio del Gran
Arconte, en el universo paralelo de la quinta dimensión, no era para no-
sotros un problema. Aquel Templo del Karma resulta impresionante,
majestuoso, grandioso.

Allí estaba el Jerarca sentado en su trono, imponente, terriblemente


Divino; cualquiera se espantaría de verle oficiar con esa sagrada más-
cara de chacal, tal como aparece en muchos bajorrelieves del antiguo
Egipto faraónico. Al fin se me dio la oportunidad de hablarle y es claro
que no la dejé pasar tan fácilmente.

-Tú tienes una deuda conmigo -le dije.


-¿Cuál? -me replicó como asombrado.

Entonces, plenamente satisfecho, le presenté a un hombre que en


otro tiempo fue un perverso demonio; me refiero a Astaroth, el gran
duque.

-Este era un hijo perdido para el Padre- continué diciéndole- y sin


embargo, le salvé, le mostré la senda de la luz, le saqué de la Logia
Negra y ahora es discípulo de la Blanca Hermandad: tú no me has
pagado esa deuda.

El caso era que aquella niña debía morir de acuerdo con la Ley y que
su Alma debía penetrar en el vientre de mi hermana, para formarse un
nuevo cuerpo físico. Así lo entendía y por eso es que añadí:

-Pido que vaya Astaroth al vientre de mi hermana, en vez del


Alma de mi hija.

La respuesta solemne del Jerarca fue definitiva:



-Concedido, que vaya Astaroth al vientre de tu hermana y que tu
hija sea sana.

Sobra decir que aquella niña (mi antiguo sobrino) fue sanada mila-
grosamente y mi hermana concibió entonces un hijo varón. Tenía que
pagar esa deuda, mas contaba con Capital Cósmico. La Ley del Karma

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no es una mecánica ciega, como suponen muchos pseudo­-esoteristas


y pseudo-ocultistas.

Como estaban las cosas, resulta evidente y fácil de comprender que


con la muerte posible de mi hija, tendría que sentir el mismo dolor del
desprendimiento, aquella amargura que en épocas antiguas sintió mi
hermana con la pérdida de su hijo. Así, mediante la Gran Ley, quedaría
compensado el daño; se repetirían escenas semejantes, pero esta vez la
víctima sería yo mismo.

Afortunadamente el Karma es negociable, no es esa mecánica ciega
de los astrólogos y quirománticos de feria. Tuve Capital Cósmico y pa-
gué esa vieja deuda; así, gracias a Dios, me fue posible evitar la amargu-
ra que me aguardaba.

La vida es un tablero de ajedrez, en el cual cada acto es una jugada. Si


nuestras jugadas son buenas, inteligentes y oportunas, el resultado será
el éxito, la salud y la longevidad. Si por el contrario, nuestras jugadas
son hechos de mala fe, egoístas e inoportunos, el resultado será fracaso,
en­fermedad y muerte.

“Que nadie se engañe a sí mismo, lo que el hombre sembrare, eso


cosechará y sus obras lo seguirán”.

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Tema nº 13 - El Karma: La ley de causa y efecto, acción y consecuencia

LIBRO RECOMENDADO:

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Curso por Correspondencia - I.G.A. Samael y Litelantes

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