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LA MISERICORDIA DE DIOS, SU BONDAD Y SU TERNURA
FR. GUILLERMO LANCASTER JONES CAMPERO, OFM.

«Dios rico en misericordia» (Ef 2,4) es el que Jesucristo, en su persona, su mensaje y su obra
nos ha revelado como Padre. Cómo no recordar aquel momento en que Felipe dijo a Jesús: «Señor,
muéstranos al Padre y nos basta; Jesús le respondió: hace tanto tiempo que estoy con ustedes ¿y aún
no me conoces? El que me ha visto a mí ha visto al Padre» (Jn 14, 8). Estas palabras fueron pronun-
ciadas en el discurso de despedida, al final de la cena pascual, a la que siguieron aquellos días santos
en que quedaba corroborado el hecho de que «Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor
con que nos amó, y estando nosotros muertos por nuestros delitos, nos dio vida por Cristo» (Ef 2, 4).
En estos tiempos críticos y nada fáciles, es necesario redescubrir ese rostro misericordioso
del Padre y «Dios de todo consuelo» (2Cor 1,3). Esto lo están sugiriendo múltiples experiencias de
la Iglesia y del hombre contemporáneo; lo exigen también las invocaciones de tantos corazones hu-
manos, con sus sufrimientos y esperanzas, sus angustias y expectación.

1. LA REVELACIÓN DE LA MISERICORDIA

1.1 El Antiguo Testamento

Al definir la «misericordia», los libros del Antiguo Testamento usan sobre todo dos expre-
siones, cada una de las cuales tiene un matiz semántico distinto.
El primer término que encontramos es «hesed», que indica una actitud profunda de bondad,
aunque significa también gracia o amor. Cuando en el Antiguo Testamento el vocablo hesed es re-
ferido el Señor, sucede siempre en relación con la Alianza. Sin embargo, puesto que Dios se había
comprometido a respetarla, hesed cobraba, en cierto modo, un contenido legal. Este compromiso
jurídico por parte de Dios dejaba de obligar cuando Israel infringía la alianza y no respetaba sus
condiciones. Pero precisamente entonces hesed, dejando de ser obligación jurídica, descubría su
aspecto más profundo: se manifiesta lo que era al principio, es decir, como amor que se da, más
fuerte que la traición y que el pecado.
El segundo vocablo, que en la terminología del Antiguo Testamento sirve para definir la mi-
sericordia, es «rah mim». Mientras que hesed pone en evidencia la fidelidad a sí mismo y la respon-
sabilidad del propio amor (que son caracteres en cierto modo masculinos), rah min, ya en su raíz,
denota el amor de la madre (rehem = regazo materno). Desde el vínculo más profundo y originario
que liga a la madre con el niño brota un amor particular, totalmente gratuito, porque es una exigen-
cia del corazón. Sobre ese trasfondo, rah mim engendra sentimientos como la bondad y la ternura, la
paciencia y la comprensión.
El salmista canta: «tranquila y en silencio he mantenido a mí alma como un niño en los bra-
zos de su madre. Como un niño en los brazos de su madre, como un niño sostengo mi deseo» (Sal
131,2). Su esperanza en el Señor es tan grande y total que se puede comparar a la serenidad y a la
tranquilidad de un niño en los brazos de su madre.
Para el profeta Isaías, Dios es más indulgente y comprensivo que las mismas madres de la
tierra: «Pero, ¿puede una mujer olvidarse del niño que cría, o dejar de querer al niño de sus entra-
ñas? Pues bien, aunque alguna lo olvidase, ¡yo nunca me olvidaría de ti!» (Is 49, 15). Dios tiene una
delicadeza materna con los propios hijos que están afligidos y los consuela: «Como una madre con-

] Mi cora- zón se conmueve y se remueve en mis entrañas» (Os 11. no habrían condenado a ninguna persona inocente» (Mt 12. En nuestro caso. la misericordia» (Dives in Misericordia 2). En el evangelio de Mateo. Se trata de un drama en dos actos:  El primero habla de la miseria del hombre.1-8). angustiado. nos habló a nosotros por medio de su Hijo» (Hb 1. que es una pági- na memorable de la bondad de Dios. de la autorrealización.. El hijo menor aparece insatisfecho. Dice san Juan Pablo II que «Cristo confiere a toda la tradición veterotestamentaria de la misericordia divina un significado definitivo. ya que éstas expresan mejor la esencia misma de las cosas. Baste recordar la parábola del hijo pródigo (Lc 15. y de Egipto llamé a mi hijo [. se arroja en los «paraísos artificiales» de la diversión ¡y se olvida de su pa- dre! . en estos días que son los últimos.11-32) o la del buen Samaritano (Lc 10. Miseria y misericordia. sino el padre.30-37) y también -como contraste.. Es precisamente esta ternura miseri- cordiosa la que revela toda la profundidad del pecado del hijo. dos veces.8-10).13). así yo los consolaré» (Is 66.13).la parábola del siervo inicuo (Mt 18. respondiendo a los fariseos que criticaban a los discípulos por haber cosechado las espigas en día de sábado: «si ustedes hubieren comprendido qué cosa significa: misericordia quiero y no sacrificio.23-35). El Buen Pastor en busca de la oveja perdida (Lc 15. El hecho extraordinario es que la mise- ricordia de Dios es tan grande que anula el pecado del hombre. Ebrio de aquella libertad que imaginaba. pero ellos no entendieron que era yo quien los cuidaba.1-2).. es la narración de la misericordia divina. 1. quiere cambiar de vida e irse a un «país le- jano». sujetándolo de los brazos. que perdona al primero y compren- de al segundo.2 Jesucristo: plenitud de la misericordia divina El Nuevo Testamento concentra la manifestación de la misericordia de Dios en la persona y en la obra de Jesucristo: «En diversas ocasiones y bajo diferentes formas. No solamente habla de ella y la explica con el uso de semejanzas y de parábolas sino que. del amor.] Yo le enseñé a andar a Efraín. Jesús enseña «en parábolas».  El segundo. de la misericordia gratuita y sin límites de Dios.6):  La primera vez. Yo los trataba con gestos de ternura [. Quizás la que mejor refleje ese amor misericordioso sea la del hijo pródigo. las palabras de Oseas: «Misericor- dia quiero. en cierto sentido. Dios habló a nuestros pa- dres. Él mismo es. dice a los fariseos: «Vayan y aprendan qué significa: misericordia quiero y no sacrificios» (Mt 9. al mismo tiempo que tienen la intención de llevar al auditor a una toma de posición ante la situación que se presenta a través de ella. Él mismo la encarna y la personifica. Jesús les recuerda. por medio de los profetas.3-7) o la mujer que barre la casa buscando la dracma que había perdido (Lc 15. como para subrayar su necesidad de alejarse lo más posible de la casa paterna para hacer la experiencia de la independencia. de la libertad. el publicano. hasta que.. No delito y castigo. Toda su vida. sobre todo. después de haber llamado a Mateo.  La segunda.7). sino delito y misericordia. reflejada en la misericordia y en la ternura de un padre terreno. Son muchas las enseñanzas de Cristo que ponen de manifiesto el amor-misericordia bajo un aspecto siempre nuevo.2 suela a un hijo. yo lo amé. También Oseas asimila el comportamiento de Dios hacia el pueblo con el de un padre afectuoso frente al propio hijito: «Cuando Israel era niño. respon- diendo a las críticas de los fariseos. Al centro de la parábola no está el hijo. de la partida del hijo menor y de la mezquindad del hijo mayor. no sacrificio» (Os 6.

El anuncio de Jesús es una invitación y un éxodo interior. seguro de sí mismo. con la conciencia oprimida por la culpa. Es la historia de dos hermanos pródigos: el primero que huye del Padre. no una condena que haya que pagar. pequé contra el cielo y contra ti! Y no merezco llamarme hijo tuyo. 3 Pero el padre no se olvida de él. ni una alusión a su pasado vergonzoso. Es palpable el contraste entre la alegría llena de emoción del padre y la indignación airada del hijo mayor.  Estando él todavía lejos.  Siempre ha llevado una vida regular. traed el mejor vestido y vestidle. de alegría. Su experiencia es u proceso desconcertante: Parte de casa rico. el hombre queda entre la es- pada y la pared. Al hijo menor se le devuelve su dignidad. desgarrado.  El hijo ni siquiera tiene tiempo para terminar el discurso que había preparado con tanto esmero: «¡Padre. corrió. Pablo escribía a los cristianos de Roma: «no reine.  Se tiene la impresión de que él se había quedado en casa no por virtud o nobleza de carácter. «le vio su padre y. se echó a su cuello y le besó efu- sivamente» (v. sin interés. una Pascua. 2. El mensaje es evidente: podemos malgastar la vida de dos maneras:  Huyendo de Dios. NUESTRA PROPIA PEREGRINACIÓN Una vez que se experimentan la misericordia y el amor divinos. Para él la vida es una gracia que hay que vivir. petulante. humilla- do. conmovido. 18-19. 28). No tiene necesidad de más palabras. matadlo.12). y comamos y cele- bremos una fiesta» (v. el pecado en vuestro cuerpo mortal» (Rom 6. para su padre nunca ha de- jado de ser su hijo y un hijo infinitamente amado. Nuestra reflexión quedaría incompleta si no destacásemos también la actitud del padre con el hijo mayor y la necesidad que también tiene éste de conversión: «él se irritó y no quería entrar» (v. Traed el novillo cebado. ni un sermón. no reconociendo el amor de Dios. pero sin entusiasmo. La parábola nos muestra este itinerario en sus diversas etapas:  La experiencia de vacío:  La experiencia del retorno  La experiencia de la ternura del padre  La experiencia de un nuevo comienzo. No puede seguir igual: o responde al amor o le rechaza.21). 22-23). única- mente la alegría por su regreso: «Daos prisa. sin compartir la felicidad de los otros. eludiendo la responsabilidad de ser hijo. que no acepta la compasión y el perdón del Padre.  Quedándose en casa sin experimentar la más pequeña alegría. 20). sino por falta de fantasía y de coraje. Nuestro Dios es un Dios de bon- dad. viviendo de la carencia revanchista por un cabrito que nunca les han dado. pues. ponedle un anillo en la mano y unas sandalias en los pies. que quiere la felicidad de sus hijos. trátame como a uno de tus Jornaleros» (v. el segundo. La buena nueva consiste en el anuncio de la misericordia. soñador: vuelve a casa cabizbajo. . Y esta es la misericordia del Padre celestial: una ternura capaz de resucitar a los hijos y hacer que sean capaces de ternura los unos con los otros. por una especie de comodidad.  No hay ni una palabra de reproche.

Junto a los muchos pecados que cometemos. Mira que en la culpa nací. pecador me concibió mi madre» (Sal 50). contra ti solo pequé. ya en concreto. en el juicio brillará tu rectitud. tengo pre- sente mi pecado: contra ti. pues el verdadero dolor nace sólo en la pre- sencia del amor: «Me amó y se entregó por mí» (Gal 2. No reine. Se trata de morir al propio yo. cambiar nuestro modo de pensar por el modo de pensar de Dios. Nuestro mundo sufre un adormecimiento de la conciencia que no nos permi- te reconocer a nuestro verdadero enemigo. Al mal hay que llamarlo por su nombre: es el mysterium iniquitatis. con el corazón compungido preguntó: ¿qué hemos de hacer. Pedro repite el mismo discurso ante el sanedrín: «el Dios de nuestros padres resucitó a Jesús. pero tampoco es eso lo que Dios quiere de no- sotros.  Dar la razón a Dios. Un poco más adelante del mismo libro.  Aceptar el juicio de Dios. el misterio sin esperanza alguna de justificación. TERCER PASO: Romper con el pecado San Pablo dice: «Consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús. es pasar del pecado a la vida. hermanos? Pedro les contestó: Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar» (Hch 2. San Agustín nos confiesa su lucha por liberarse del pecado de la sensualidad. Señor!. SEGUNDO PASO: arrepentimiento En Pentecostés Pedro dice: «Vosotros habéis crucificado a Jesús de Nazaret. una pascua que limpia la levadura del pasado para convertirla en masa nueva. cometí la maldad que aborreces. ¿Qué significa arrepentirse?  Volver a pensar (metanoia). pues exasperados con esta acusación decidieron acabar con ellos. . fiel y justo es Él para perdonar los pecados y purificarnos de toda injusticia» (1Jn 1. Dicho así puede parecer poco realista. pues. nadie se convertirá en impecable de un día para otro. Así. Todos podemos decir como el salmista: «Mira que en la culpa nací. el pecado en vuestro cuerpo mortal» (Rom 6. en ocasiones. a quien vosotros asesinasteis colgándolo de un madero». luchamos contra la idea de pecado. diciendo las palabras del Miserere: «Misericordia. Pero esta vez la reacción es diversa. Pero. limpia mi pecado. Es la fase de la decisión. porque es más voluntario. ¿cómo nos ponemos en movimiento? PRIMER PASO: Reconocer nuestro pecado «Si reconocemos nuestros pecados. pecador me concibió mi madre» (Sal 50). porque en realidad no queremos liberarnos de inmediato. en vez de luchar contra el pecado. Pues yo reconozco mi culpa.20). buscamos liberarnos del sentimiento. el pueblo. se trata de ese pecado al que en secreto estamos un poco apegados. Dios mío por tu bondad […] lava del todo mi delito. hubo un mo- mento en que imploraba a Dios con todas sus fuerzas ¡concédeme castidad y continencia. hay uno diferente.36-38). Este paso consiste en decir ¡basta! en considerarnos muertos al pecado. más que liberarnos del pecado. Pasar de los fermentos de maldad a los ácimos de autentici- dad.4 La misericordia divina es entonces como en el éxodo. tenemos una idea del pecado despersonalizada. En la sentencia tendrás razón.9). 11-12). lo confesamos pero no con la vo- luntad de decir ¡basta!.

Cuando decimos ¡basta! el pecado ya no reina en nosotros. Se trata de una decisión que necesita una actuación inmediata. esta recobra todo su poder. lucharás. un acto contrario diciendo: ¡no! De no ser así.no será ya convivencia con el pecado. Si después se presenta el pecado en tu vida -como seguramente sucederá. . sino que vivirás sin aceptarlo. ¡pero todavía no! hasta el día en que se dijo ¿por qué mañana y no hoy? Cuando lo dijo se sintió liberado. ya no serás su cómplice. por el simple motivo de que tú ya no quieres que reine. lo confesarás. Hay que hacer. 5 pero una voz secreta decía. a la pri- mera ocasión.