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EXISTENCIA CORPORAL Y PENSAMIENTO SENSORIAL

El autor nos menciona que en oriente seguían peleándose por que unos creían que el cuerpo era y
debía de ser tomado para el erotismo y que debía de ser estético y los otros que luchaban y decía
que debía de ser por la inteligencia y la capacidad creativa como algo totalmente separado y como
cualidades individuales exclusivas.

En ambos casos, cuerpo y mente se entienden como entidades no relacionadas que no


constituyen una unidad integrada, se le considera al cuerpo como un medio de identidad y
presentación del yo, al tiempo que un atractivo social y sexual.

Menciona que el contacto íntimo con el trabajo, la producción, los materiales, el clima, los
fenómenos siempre cambiantes de naturaleza proporcionaba una base de experiencias más global
para el crecimiento y el aprendizaje al tener contacto con la vida, otorgándonos mucha más
sensibilidad y más oportunidad de ver lo que nos rodea y sentirlo como debe de ser.

Dice que vivimos en nuestros cuerpos como si viviéramos en nuestra casa y que hemos olvidado
que no vivimos en nuestros cuerpos, sino que somos constituciones corporales en nosotros
mismos.

Piensa que en la actualidad nuestros sentidos y nuestros cuerpos son objetos de una manipulación
y una explotación comercial incesante. Se adora la belleza corporal, la fuerza, la juventud y la
virilidad, en las esferas de los valores sociales, de la publicidad y del entretenimiento. En el caso de
que no consigamos tener cualidades físicas ideales, nuestros cuerpos se vuelven contra nosotros
como causas de una profunda desilusión y culpa.

Cada vez con más frecuencia, todos nuestros sentidos se ven explotados por la manipulación
consumista y al mismo tiempo estos mismos sentidos continúan estando infravalorados como
requisitos previos de nuestra condición existencial o como objetivos educados.

Dice que es realmente trágico que en estas generaciones en las cuales tengamos todo al alcance
de nuestras manos, que nos permitan ver una percepción multidimensional del mundo y de
nosotros mismos, debamos devolver nuestras creencias a un mundo euclidiano.

El conocimiento y las habilidades de las sociedades tradicionales residen directamente en los


sentidos y en los músculos, en las manos que conocen, que son inteligentes y que están
directamente alojadas y codificadas en el escenario y en las actuaciones de la vida.

Mientras más avanza la tecnología más nos perdemos de la realidad, mientras más momentos nos
perdemos de experimentar nos quedamos con menos y menos conocimiento de todo lo que nos
rodea, desde el sentir hasta el reconocer las cosas sin tener que verlas.

Yo digo que la parte estética no influye mucho y no importa ya que lo que realmente vale de la
persona es que tenga la capacidad de pensar y de relacionarse con los demás, no si es guapo oh
feo.

Juhani Pallasmaa. (2014). La mano que piensa . Barcelona : Gustavo Gili.


Juhani Pallasmaa. (2014). La mano que piensa . Barcelona : Gustavo Gili.