CAMBIAR

“El problema no estriba en cómo meterse en la cabeza ideas nuevas e innovadoras, sino en cómo sacarse de ella las ideas viejas”. (Dee Hock) El ingrediente principal del cambio es la sinceridad. (Francisco de Sales) Lo que aparenta ser un cambio, se produce cuando uno se convierte, por fin, en lo que realmente es, no cuando uno trata de ser quien no es. (Francisco de Sales) Cuando una persona inicia un proceso de cambio, el que vuelve nunca es el mismo. (Francisco de Sales) “Señor, concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar aquellas que sí puedo, y sabiduría para conocer la diferencia.” (Plegaria de alcohólicos anónimos) “Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas.” (José Luís Borges) “No cambiéis. El deseo de cambiar es enemigo del amor. No os cambiéis a vosotros mismos: amaos a vosotros mismos tal como sois. No hagáis cambiar a los demás: amad a todos tal como son. No intentéis cambiar el mundo: el mundo está en manos de Dios, y Él lo sabe. Y si así lo hacéis… todo cambiará maravillosamente a su tiempo y a su manera. Dejaos llevar por la corriente de la vida… ligeros de equipaje.” (Tony de Mello) “Si aceptáis lo que yo digo, lo hacéis enteramente a vuestro riesgo, porque yo me reservo el derecho de cambiar de opinión sin previo aviso.” (Tony de Mello) El yo que soy hoy es el resultado tanto de lo que he hecho como de lo que no. (Francisco de Sales)

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Antes de cambiar a los demás, tendrás que cambiarte a ti mismo. (Francisco de Sales) No es necesario que cambies el mundo. Cambia tú y verás cómo el mundo es distinto “El deseo de cambiar a otros, tanto como el deseo de cambiarse a sí mismo, viene fundamentalmente de la intolerancia”. (Tony de Mello) En el proceso de modificación tendrás que familiarizarte con palabras como comprensión, intuición, tolerancia, amor, consciencia, paciencia, felicidad, luz, esperanza, fe… (Francisco de Sales) Cuando te empiezas a dar cuenta, te das cuenta de que antes no te dabas cuenta. (Francisco de Sales) Atención a la eterna paradoja: en el proceso de cambiar, sin esfuerzo no podemos hacer nada, y el esfuerzo no hace más que estropearlo todo. (Francisco de Sales) No nos sentimos inclinados a hacer las cosas sin luchar. (Francisco de Sales) “Si podemos solucionar las cosas, solucionarlas. Si no podemos, no juzgarlas, ser sólo espectadores”. (Anónimo) “Las cosas no cambian; cambiamos nosotros.” (Henry David Thoureau) “Todo el mundo piensa en cambiar a la humanidad, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo.” (León Tolstoi) Cambiar significa pasar de un estado no deseado a un estado deseado; obtener algo que no se posee, o dejar de tener algo que se tiene. (Francisco de Sales)

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Cambiar es el resultado de ir deshaciéndose del guión de vida y diseñando un plan de vida. (Francisco de Sales) “Las cosas no cambian; cambiamos nosotros”. (Henry David Thoreau) “Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos”. (Víctor Frank)

Hay muchos motivos que empujan a una persona a querer realizar un cambio. Uno de ellos, es por la imposición de los demás, que nos hacer ver que no les gustamos como somos, y que debiéramos ser como a ellos les gustaría que fuésemos. Otro, es por propia coacción, a la que añadimos una promesa de odio eterno y de castigos varios en caso de incumplimiento. A veces, por un deseo que se produce tras una larga temporada de vida a las órdenes de un yo que no termina de gestionar las cosas como a otro yo le gustaría. Es imprescindible conocer cuál es la razón, o las razones, para iniciarlo, porque si se hace por contentar a los demás, es errónea la motivación del cambio, y saldrá mal. Si el motivo es que uno no se soporta como está siendo, tampoco es una buena estimulación, porque esas imposiciones atacan directamente a un yo que pretende perpetuarse en el cargo, en esa forma de ser que no es satisfactoria pero es la única que conoce.

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CAMBIAR Si la causa que nos impele es la intolerancia, es inadmisible: al resistirnos a un rasgo negativo de nosotros, no hacemos más que agravarlo, como demuestra la psicología. Si la razón es el deseo de reencontrarse con quien uno intuye que es, la voluntad de realizarse, o las ganas de estar en ese estado de aceptación y amor propio, esta base es la adecuada. Una vez descubierto esto, la siguiente cuestión a aclarar es esta: ¿cambiar o modificar? Cambiar es dejar un modelo para coger otro. No es la solución. Conviene tener claro, aunque luego nos vayamos a referir siempre a cambiar, que un cambio, sobre todo si es brusco o muy importante, nos puede dejar descolocados durante un tiempo, o nos puede hacer tambalear las bases de lo que está siendo nuestra vida, y eso siempre moviliza a uno o varios yoes que luchan egoístamente por su miserable supervivencia . Si se inicia un cambio es porque uno no sabe realmente quién es. Si lo supiera no necesitaría cambiar, sino modificar ciertos aspectos o conductas, aunque sean cambios drásticos, porque uno sigue teniendo pilares sobre los que apoyarse y son imprescindibles para nuestra timorata existencia. Cambiar lo asociamos a quitar una cosa para poner otra, mientras que modificar lo entendemos como mantener lo que se tiene pero mejorándolo o haciéndolo a nuestro gusto. En el primer caso, hay una pérdida de algo que

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CAMBIAR consideramos como nosotros, o como nuestro, por otra cosa que aún no sabemos cómo es, y eso preocupa y asusta. En el segundo caso, mantenemos lo conocido, y eso da un respiro, pero como va a ser mejorado, el ánimo y el afán de colaboración es más amplio. Pero quizás no necesitemos cambiar ni modificar, sino ser nosotros mismos, Ser Uno Mismo, que consiste en no añadir una falsa personalidad, ni unas cualidades que son ajenas, ni satisfacer los deseos del ego, sino quitar todo aquello que no somos. El primer paso es reconocerse en el estado actual: ni negar la realidad existente, ni evadir la responsabilidad; ni culpabilizar al destino o las circunstancias, ni enmarcarse en un paisaje tétrico; ni esconder algunas evidencias, incluso frente a la propia honradez, ni colorear lo que está siendo oscuro. El segundo paso, aceptar que esto es lo que hay en este momento. Ni más ni menos. Aunque aceptarlo, por supuesto, no implica tolerarlo, permitirlo, ni conformase. El tercer paso, asumirlo. El asumirlo es descarnado, no lleva florituras ni quitapesares. Esto. No otra cosa. Sin justificaciones ni adjetivos. Es lo que tengo, así estoy siendo, con esto convivo. Eso sí: es perdonable todo lo que haya sucedido hasta ahora y todo lo que nos haya traído hasta aquí. El no habernos dado cuenta, o no haber sabido, nos despenaliza de la responsabilidad, siempre y cuando no hayamos actuado con mala voluntad contra nosotros

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CAMBIAR mismos, lo que nos convertiría, cuanto menos, en cómplices, y entonces sí tendríamos derecho a reprobación. Pero ahora lo sabemos. Ahora no podemos eludirlo alegando desconocimiento. Ahora somos muy responsables de nosotros, y de lo que hagamos o no hagamos por o para nosotros. Conviene saber que a menudo se produce una autoaceptación pasiva y resignada (qué se le va a hacer si soy

así, algo malo habré hecho en otra reencarnación cuando Dios me castiga con esto, ya soy mayor para ponerme a cambiar las cosas, las cosas son como son, el mundo es un valle de lágrimas y aquí se viene a sufrir, etc…) o se
produce una auto-agresiva no aceptación, y uno se culpabiliza, se castiga, pero no hace algo positivo. Estas personas pueden comenzar por una auto-aceptación, que es no tener deseo de ser algo distinto, sino comprender las circunstancias personales que les llevaron a ser como son, que es el primer paso para iniciarse en cualquiera de los caminos que hemos visto.

VISTO DE OTRO MODO “¿Cómo puedo cambiarme a mí mismo? Tú eres tú mismo, por consiguiente tú no puedes cambiarte a ti mismo, de la misma manera que tampoco puedes alejarte de tus pies. ¿No tengo, pues, nada que hacer? Puedes comprenderlo y aceptarlo. Pero, ¿cómo voy a cambiar si me acepto a mí mismo? ¿Y cómo vas a cambiar si no lo haces? Lo que no aceptas no puedes cambiarlo; simplemente te las ingenias para reprimirlo.”
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CAMBIAR Si comprendieras bien lo que acabas de leer, te darías cuenta de que no quieres cambiar. La palabra clave no es cambiar, que se asocia a algo que es desconocido, al miedo, a un asunto costoso en emociones, con sufrimiento... La palabra clave es Descubrir. (ver capítulo de Descubrir). Todas las opiniones de quienes saben de esto dicen que lo que uno ha de hacer es Descubrir al quien es en realidad, y sacarlo a la luz. Con nadie se va a sentir uno mejor que consigo mismo, con el que realmente es. No el personaje, no el que están esperando los demás, no el que se vende por una migaja de atención. El descubrimiento de Uno Mismo conlleva comenzar a comportarse y ser naturalmente, sin máscaras, sin suplantar una personalidad ficticia. Uno ha de ser quien es, y ningún otro. No se puede vivir una vida de fingimientos que gire alrededor de agradar a los demás, y a costa de desatenderse. Hay una cosa que ni siquiera Dios puede hacer: agradar a todo el mundo. Si lo que hago es cambiar sólo por los de fuera, ¿quién me garantiza que así tendré paz?... Yo me seguiré reclamando sinceridad. Si voy a Descubrirme es por mí. Para mí. Esto puede implicar que irá desapareciendo cierta gente de mi círculo amistoso. Bueno… se quedarán los buenos y quien no me acepte es que no merece la pena. Sé muy consciente de esto: los cambios siempre son por falta de aceptación de uno mismo.

ATENCIÓN

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CAMBIAR Cuando no nos sentimos a gusto con algún aspecto de nosotros mismos, decimos, equivocadamente, que queremos cambiar. No es cierto. Cambiar es dejar un modelo para coger otro modelo. En realidad, lo que queremos es Descubrir al que realmente somos y hacerlo realidad, o queremos, en un primer paso, modificarnos: hacernos de otro modo, pero respetando lo que somos. Por eso deberás prestar atención cada vez que leas la palabra cambiar, o alguna de sus derivadas, y pensar en modificar. Modificar (RAE: Dar un nuevo modo de existir a la sustancia material. Se
usa también en sentido moral. Reducir algo a los términos justos, templando el exceso o exorbitancia.)

SOLUCIONES O SUGERENCIAS Posiblemente nunca cambies bastantes aspectos de tu vida simplemente porque no te atreves a preguntar sin miedo, y después no te paras a esperar sin prisa una respuesta. Esto es muy grave. Hay aspectos de tu vida, o la totalidad de ellos, que podrían ser muy distintos si dedicases un poco de tiempo a esto, y esto sí es realmente importante. Ya sé que es difícil, pero verdaderamente merece la pena. ¿Por qué no tienes valor para hacerlas preguntas importantes y paciencia para esperar las respuestas? Un hora, un día, un mes… el tiempo que le dediques… ¿y qué es eso comparado con lo que te aportaría en calidad para el resto de tu vida?

MIS PENSAMIENTOS
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CAMBIAR Me reencuentro conmigo, y desde la aceptación de que esto es lo que hay, y no otra cosa, parto. Recojo al niño herido, hago una primera cura de sus más visibles heridas y enjugo sus lágrimas. Busco a mi parte humana caída, y le hago una promesa firme de atención y cuidado. Que daré por ella la vida, le digo, y prometo no abandonarla, no abandonarme, nunca más. Doy consuelo al alma, y cobijo, y besos. Le pido perdón. Me comprometo, empeñando mi palabra de honor, en dedicarle la atención y el cariño que se merece. Abrazo al corazón. Es un abrazo de corazón a corazón. Desde el corazón de la mente consciente que le reconoce como motor y como guía, al corazón todo amor que me protege y desea lo óptimo para mí. Jamás partiré desde “no me quiero mientras siga siendo de este modo” o “sólo me empezaré a querer cuando llegue a ser de este otro modo”. Nada de odio, de desprecio, de hablar mal del que estoy siendo. Ni una velada o declarada enemistad que invite al yo que intuye va a ser reciclado a rechazar la ayuda y las proposiciones. Que se dé cuenta de que hay buena voluntad para que colabore en la reconciliación y la salvación. No forzar, no imponer: se provoca un rechazo defensivo de un yo que se niega a ser desalojado y no admitirá nada de lo bueno que hagamos por él.

TRABAJA TÚ
¿Y si comenzamos por mirarnos con los ojos de Dios? Desde los ojos de Dios. Dios nos ha hecho así. Supongamos que tiene alguna buena razón para ello. También nos ha dado útiles para darnos cuenta de las cosas, y raciocinio, y energía, y la capacidad de amar, y sentimientos, y
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CAMBIAR emociones, y sensibilidad, y a nosotros mismos… y también nos ha dado la libre voluntad de hacer lo que queramos con nosotros (mortificarnos, despreciarnos, haceros buenas personas…) y con nuestra vida (vivirla, gozarla, sufrirla, malgastarla, perderla…). Saquemos partido a todos estos útiles. Hay que planificar una estrategia. Pensar si comenzar desde la imposición del cambio, que sería una mala idea, o desde el consenso con todos nuestros yoes para conseguir Descubrirnos y acrecentar nuestras posibilidades. Esta es mejor solución. La voluntad de desear lo mejor para uno mismo está implícita en el ser humano, así como el mecanismo de defensa que trata de salvarnos de todos los ataques o supuestos ataques externos, por eso desde que se acuerda modificarse, por mayoría o por unanimidad, se pone en marcha un mecanismo autónomo, que agradece se le preste atención de vez en cuando, por el que el proceso está continuamente activo. No son buenos ni recomendables los cambios bruscos. No se asumen bien. Pero esas modificaciones que van a suceder son el camino tranquilo. Imparable, pero viene por sí mismo. Es una hormiguita en su labor. Para comenzar a cambiar puede ser conveniente buscar dentro de uno mismo la rebeldía o la rabia suficiente que nos empuje inevitablemente al cambio. La aceptación sumisa de lo que estoy siendo aunque no me guste, sólo invita a persistir en esa situación de conformidad resignada e inútil que ni ayuda ni lleva a algo bueno. Mientras vivamos en la resignación nada cambiará. El paso necesario para comenzar un proceso de cambio es aceptar todas las realidades que habitualmente escondemos o negamos. Cambiando la forma de pensar nos parecerá que cambia el mundo. O por lo menos, nuestro mundo.

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CAMBIAR Los cambios estéticos o de ropa, son rápidos e inmediatamente perceptibles; los cambios internos requieren un tiempo de conciliación entre el yo que tiene miedo y se aferra a lo malo conocido, y el que se da cuenta de que el Yo más auténtico desea modificar algo del presente. Todo eso requiere de tiempo para su asentamiento, para que el yo cuestionado baje la guardia y colabore. Hay una cosa que debemos tener clara: el cambio es un asunto nuestro y se ha de realizar en el interior y desde el interior. No nos puede cambiar el profesional, ni un libro, ni una conferencia, ni un gurú charlatán. Ellos nos pueden indicar un camino, abrir la puerta, despertar algo en nosotros, sembrar inquietudes, pero no hay cirujanos espirituales ni expertos en trasplantes de personalidad. A ellos les demandamos una contestación asombrosa, milagrosa, la pastilla curalotodo, o que nos toquen con su varita mágica de la felicidad infinita, por eso cuando recibimos por respuesta que es uno quien debe hacer el proceso, nos sentimos decepcionados y buscamos el milagro en otro sitio. El propósito de cambiar se despierta por diferentes motivos, que van desde la insatisfacción por la vida que está llevando uno, hasta el deseo de imitar a aquellos que parece que sí les va bien; desde un hecho trágico que afecta directamente, hasta el encuentro con la realidad de uno al mirarse en el espejo el día que se cumplen muchos años. Entonces se manifiesta con más intensidad la inquietud latente: se me pasan los años y estoy desperdiciando la vida; ya tengo cuarenta o cincuenta o sesenta y no he cumplido casi ninguno de los pocos sueños que me permití tener; he acumulado algunas riquezas pero no tengo la sensación de vivir; no he conseguido triunfar socialmente y además me siento muy a disgusto conmigo; veo que va en serio esto de hacerse mayor, y me empiezo a convencer de que yo también voy a morir; hace mucho tiempo que he perdido la ilusión, y aquella sonrisa florecida que lucí en otro tiempo no la encuentro por ninguna parte…
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CAMBIAR

TRABAJA TÚ Tómate el tiempo necesario para responder a estas cuestiones y otras similares que tú conoces y te inquietan: LO QUE ME IMPIDE “CAMBIAR” ES… POR MEJORAR ESTARÍA DISPUESTO A… LO QUE ME GUSTARÍA QUE FUERA DISTINTO ES…

POR SI NO LO SABES Los pasos a dar para efectuar un giro hacia el descubrimiento de lo que realmente es uno, son: 1º - RECONOCER: ni negar, ni ocultar, ni anclarse. Reconocer y reconocerse en lo que uno es en la actualidad. No empecemos con mentiras… 2º - ACEPTAR: recoger al niño herido, al humano caído, curar su alma y abrazar su corazón. No se debe partir de la base equivocada de “no me quiero mientras no sea de otro modo” porque entonces no se querrá uno nunca y no se empezará nunca. Ni odio ni desprecio, ni una enemistad que invite al yo herido a rechazar la ayuda del yo que se da cuenta y emprende la reconciliación y la sanación. 3º - ASUMIR: la situación actual. Y partir con lo que hay.

SOLUCIONES O SUGERENCIAS La rosa tiene un don del que tú careces: está perfectamente conforme con lo que es. ¿Y tú?, ¿Estás siempre insatisfecho contigo mismo?, ¿Estás repleto de una violencia y una intolerancia para contigo mismo que aumenta a medida que te esfuerzas en cambiar?, ¿O te contentas, por el contrario, con
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CAMBIAR observar, comprender, y ser consciente de tu situación y tus problemas actuales, sin forzar las cosas que tu ego desea, dejando que la realidad efectúe los cambios de acuerdo con los planes de la naturaleza y no con tus propios planes? Aparentemente, hay dos alternativas ante ese deseo de cambio: la auto-agresiva no aceptación de sí, y la auto-aceptación pasiva y resignada. Yo encuentro otra alternativa: la auto-comprensión. El comprender lo que eres exige una completa libertad respecto de todo deseo de transformarte en algo distinto de lo que eres. Y este es el Ccamino. Los cambios son, siempre, por falta de aceptación de nosotros mismos. Tenemos la crueldad de no admitir en nosotros los “errores” y “defectos” que sí comprendemos en los demás. Entendemos las “debilidades” en los otros y no las queremos en nosotros. Utilizamos amplias miras para aceptar a los demás y el rigor más duro cuando se trata de nosotros mismos. Pensar… ¿Quién se da cuenta de que quiero cambiar? ¿Y quién da la orden? ¿Y si yo cambio seguiré siendo yo? ¿Cómo se instalará lo nuevo en mí? ¿Dónde irá a parar el que soy ahora? Una sugerencia antes de que comiences: evita el “tengo que” o el “debo hacer”, y cámbialos por “quiero hacer”, “decido hacer” o “elijo hacer”. La fuerza motriz de nuestra conducta ha de salir de dentro y no venir de fuera. Y hay alegría y el cumplimiento de la voluntad propia cuando “quiero, decido o elijo”, frente a la imposición, que no será bien venida, de “tengo que” y “debo”.

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CAMBIAR Se requieren un mínimo de tres condiciones: 1 – Conocer lo que se quiere actualizar y tomar conciencia de la situación actual. Para conocer habrá que hacer como los jueces: escuchan a todas las partes antes de emitir un juicio. Las partes que queramos modificar tendrán argumentos suficientes para seguir como hasta ahora, que es un terreno en el que tienen experiencia y no quieren perder el status. Habrá que escuchar con ecuanimidad, sin implicarse en el asunto, siendo sólo juez y no parte, no preocupándose por cuál va a ser el resultado ni tratando de beneficiar a una de las partes. Ya habrá una acusación, el deseo de modificar, y una defensa, la resistencia a morir de todo lo vivo. Nos limitaremos a observar desapasionadamente el diálogo que surja. Deberemos descubrir las mentiras y los argumentos caducos y desechar la palabrería vacua. Es muy conveniente anotar todos las ideas o decisiones que surjan, porque se pueden olvidar más adelante, pero, además, escribirlas es una forma de “cosificarlas” con lo que tendrán más consistencia y durabilidad. De cara a la autoestima también es conveniente hacerlo, porque saldrá reforzada con los descubrimientos que se hagan; “soy más listo de lo que pensaba”, diremos en algún momento. Si el veredicto es seguir adelante con el Descubrimiento, habrá que hacerlo. 2 – Desear esa actualización. Al principio, sólo el deseo tranquilo casi es suficiente. Si ayudamos con buena voluntad y un esfuerzo no agresivo, mejor. Es importante la constancia.

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CAMBIAR Las modificaciones se notarán en la medida que el sentimiento se haga cargo de ellas. Cuando se vuelva a presentar la actitud que queremos modificar se encenderá una señal de alerta que dirá, dulcemente, “te recuerdo que deseas modificar esto y es por tu libre voluntad. Es la oportunidad de seguir como siempre o puede poner en práctica tu deseo de descubrir la realidad y modificarla”. Desear con tristeza, deprime. Desear con fe y optimismo, estimula. Dice la Biblia, Mateo 7,7: “Pedid y se os dará; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá”. 3 – Amor. Nunca dolor. Esto es absolutamente imprescindible. Cualquier cosas que queramos modificar se va a resistir, como mecanismo de autodefensa. Necesitaremos todo nuestro amor para dárselo a la parte a modificar, para que no se sienta mal, porque vamos a abandonarla después de tantos años de compañía. Y va a ser todo mucho más plácido y gratificante si lo hacemos con amor.

REFLEXIONES PETULANTES He estado pensando en que no sé cómo se produjo mi “cambio”. A pesar de que he estado conmigo todos los días y en casi todos los momentos, no he notado uno concreto en que se haya producido. No ha habido una luz en el cielo que lo indicara, no ha habido una convulsión, ni siquiera un crujido estrepitoso, ni una simple aparición. Ha sido todo mucho más sencillo, se ha encargado de ello el tiempo, un poco, y el deseo, en mayor medida.

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CAMBIAR Ahora me parece que ha sido fácil: ni ha habido noches de peleas con los diablos, ni conflictos desgarradores, ni intentos fuertes de abandono; no ha sido insoportable, sino todo lo contrario: ha sido tan sencillo como estar pendiente de lo que la vida dice; tan fácil como no acelerar mucho las cosas y ser consciente de casi todos los momentos. Las lecciones están siempre ahí, los que no estamos somos nosotros. Ha sido tan sencillo y tan complicado como estremecerme con mis emociones más sinceras, sin tratar de traducirlas a palabras, y sentir los sentimientos en lo más profundo del corazón y no en la mente. El error, y ahora es cuando lo veo, es buscarnos donde no estamos. Comprendo que uno que se sienta perdido y ansioso de salir de esa situación, busque desesperadamente. Suponemos que hacerlo de esa forma es más válido, incluso nos enorgullece un poco nuestra actitud de urgencia y empeño, y resulta ser lo contrario. Cualquier cosa que se haga desde el estado de desesperación no coincide con la serenidad que requiere el cambio; lo que se haga a través del filtro de la rabia, del despecho, o del nerviosismo, no irá bañado del amor que necesita cada uno de los actos que llevan al Descubrimiento.

SECCIÓN GRATIS "Si puedes sentir, todos los momentos son divinos, todas las cosas son divinas, todo lo que existe es sagrado. Si no puedes sentir, puedes ir a los templos, a las mezquitas, a las iglesias, pero allí tampoco encontrarás nada,

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CAMBIAR porque no es la situación lo que tiene que cambiar, el que necesita una transformación eres tú. La situación permanece igual: Dios está en todas partes, dentro del templo y fuera de él. Eres tú quien no lo puede ver y por eso vas a otro sitio: vas de tu casa al templo en busca de Dios. Tú necesitas una transformación interna. El cambio en la situación no servirá de nada. Tú necesitas una reorientación psicológica. Necesitas una forma completamente nueva de mirar las cosas; cuando la tengas, de repente todo el mundo se convertirá en un templo, entonces ya no habrá otra cosa".
(Osho, Encuentros con personas notables)

SOLUCIONES O SUGERENCIAS 1) Escribe una lista de todo aquello que consideras que anda mal en tu vida. Piensa en tus vínculos, tu tiempo libre, tu trabajo y/o estudio, tu cuerpo, tus emociones, tu capacidad para pensar, para tomar decisiones, para defender tus deseos y tus derechos, etc. 2) Busca culpables para cada cuestión. 3) En una segunda lista determina, aunque te cueste, tu responsabilidad en cada asunto. Pregúntate: ¿Qué hago, no hago, o hice, para que tal cosa no ande bien? 4) En este cuarto tiempo haz todo lo posible para responder las preguntas anteriores.

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CAMBIAR 5) Y ahora llega el gran momento de la verdad. Fíjate si, realmente, quieres cambiar y cómo crees que puedes hacerlo. 6) Por último, planifica excusas que justifiquen tu no hacer para que todo quede, en tu vida, expresado a través de inmovilizantes quejas. Un ejemplo orientador: Lista 1: autoconciencia Problemas: Discusiones con mi mujer. Descontento en el trabajo. No me alcanza el dinero. Sobrepeso. Fumo mucho. Lista 2: (Para ejercitarse tomaremos el punto 3: “no me alcanza el dinero”) La culpa es de... El gobierno, los ministros de economía, mi mujer que gasta mucho, mis hijos que quieren que les compre todo. Lista 3: autocrítica ¿Qué hago para quedarme sin dinero? ¿Qué hago para que mi mujer gaste tanto? ¿Qué hago para que mis hijos me pidan constantemente? Lista 4: respuestas con compromiso Sigo comprando muchas revistas que no leo; viajo en taxi ida y vuelta sin necesidad; me voy a comer con mis amigos varias noches en el mes; me compro cosas innecesarias que termino no disfrutando. No le propongo a mi mujer planificar nuestros gastos. Doy a mis hijos la idea de que hay dinero; no les pongo límites en la forma adecuada. Lista 5: deseo de cambio y propuestas Sí: quiero cambiar.

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CAMBIAR Voy a comprar solamente la revista que leo; voy a viajar en taxi sólo en caso de necesidad y el resto en autobús o metro; voy a salir a cenar con mis amigos sólo una o dos veces por mes; antes de comprar algo voy a ver si lo necesito o es un capricho de un momento. Le voy a proponer a mi pareja hacer una hoja de los gastos que tenemos. Les voy a explicar a mis hijos nuestro verdadero estado financiero y a ponerles límites adecuados también en sus gastos. Lista 6: autoengaño No creo que me sea fácil. Estoy muy cansado para viajar en colectivo. En los viajes me aburro y una revistita no me viene mal. No tengo tiempo para sentarme con mi mujer para planificar gastos. Me dejé llevar. En realidad no necesitaba ese CD. Por más que lo explique mis hijos no entienden... son jóvenes... lo quieren todo. La culpa la tiene la televisión. Comentario final Si pudo escribir la lista 1, es porque tiene autoconciencia; si escribió la 2, tiene claro a quién echarle la culpa; si se interrogó en la lista 3 y respondió en la 4, es porque tiene autocrítica; si además, desea el cambio y sabe qué hacer para lograrlo, tiene que haber completado la lista 5; y si confeccionó la 6 es porque usted es un especialista en ponerse trampas. Así que ¡Cuidado!
(Del libro ¿Qué estoy haciendo con mi vida?, de Jorge Antognazza)

PREGUNTAS

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CAMBIAR P.- A veces tenemos conductas dañinas para con nosotros mismos, que no son fáciles de quitar porque son parte nuestra desde hace mucho tiempo, ¿Qué se hace en estos casos? R.- Esas conductas no forman parte de nosotros; por naturaleza no tenemos conductas auto-agresivas. Estamos siendo así, no somos así. Lo que se hace es darse cuenta de que son dañinas, y decidir hacer todo lo posible por modificarlas, porque nos afectan de un modo negativo. No hacerlo así se llama masoquismo y es un atentado contra uno mismo.

CUENTECITO “¿Cómo puedo cambiarme a mí mismo?” “Tú eres tú mismo; consiguientemente, tú no puedes cambiarte a ti mismo, de la misma manera que tampoco puedes alejarte de tus pies”. “¿No tengo, pues, nada que hacer?” “Puedes comprenderlo y aceptarlo”. “Pero, ¿cómo voy a cambiar si me acepto a mí mismo?” “¿Y cómo vas a cambiar si no lo haces? Lo que no aceptas no puedes cambiarlo; simplemente, te las ingenias para reprimirlo”.

RESUMIENDO Conviene repetir, llenándolas de amor, estas dos palabras: me acepto. Repítelas sinceramente, hasta que te suenen puras y verdaderas, hasta que te lo creas. Haz un pacto inquebrantable de amor, de aceptación, de comprensión, de paciencia… acepta, acoge y abraza esas partes de ti de las que tanto reniegas. Hazlo de corazón, no caigas en ese modelo pseudo-cristiano de resignarse y conformarse con lo que pase. Y recuerda la eterna paradoja: sin esfuerzo no podemos hacer nada, pero el esfuerzo no hace más que estropearlo todo.

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