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EL DOLOR

“El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional.”


(Buda)

“Hoy dueles, mañana serás sólo un recuerdo.”


(Anónimo)

“No te rías nunca de las lágrimas de un niño.


Todos los dolores son iguales.”
(Charles van Lerberghe)

“Dios ha puesto el placer tan cerca del dolor que


muchas veces se llora de alegría.”
(George Sand)

“El dolor, cuando no se convierte en verdugo, es un gran maestro.”


(Concepción Arenal)

“El arte de la vida es el arte de evitar el dolor.”


(Thomas Jefferson)

“Tu dolor durará sólo hasta que tú te perdones,


perdones a otros, o dejes de hacer daño”
(Enrique Barrios)

¿Dónde duele el dolor?


En el alma.
(Francisco de Sales)

El dolor incomprendido es el más doliente.


(Francisco de Sales)

Hay muchos tipos de dolor y casi todos entran en un


grupo que sería el de los innecesarios.

Francisco de Sales
EL DOLOR

Al margen del dolor físico, innegable, al que no me


referiré más, los demás dolores pueden ser evitados y
son bastante discutibles su utilidad y la necesidad de
sufrirlos y sentirse agredidos por ellos.
En principio, el dolor siempre se produce por no querer
aceptar una realidad que no nos agrada: un cambio
drástico, una separación sentimental, la pérdida de un
ser querido, ver de un modo innegable una realidad que
hemos negado durante mucho tiempo, golpes emocionales
indeseados, que suceda algo que no queríamos que
sucediera…
Sabemos cómo aplacar los dolores físicos, pero no
sabemos cómo aliviar este dolor. Es un dolor mental, pero
puede acabar teniendo una forma física.
El dolor emocional se manifiesta como una pesadez, un
desánimo, un desasosiego, un pesimismo, un velo negro
que nos cubre enteros.
Se impone la necesidad de descubrir claramente la razón
de ese dolor, y de resolver el origen. Enfrentarse a lo
que sea, y razonarlo, sentirlo, comprenderlo… porque
sabemos que tenemos tendencia a somatizar,
(transformar inconscientemente una afección psíquica en
orgánica) y un dolor sin origen físico puede acabar
manifestándose como una enfermedad.

Si fuéramos capaces de admitir que las cosas son como


son y vienen como vienen, y que nosotros no tenemos la
culpa en la mayoría de las ocasiones, y aunque la
tengamos no debemos permitir que nos mortifiquen,
saber esto debería permitirnos un descanso y un
descargo en el dolor.

Francisco de Sales
EL DOLOR

Hay otras cosas de las que nos suceden que se deben a


decisiones que hemos tomado en otro momento de
nuestra vida: a partir de ahora deberíamos tratar de
evitar en lo sucesivo que se repitan; y si, además,
entendemos y aceptamos que cuando las hicimos no había
en ello mala voluntad, sino que fueron un error o se
debieron a nuestra inexperiencia, el dolor se despojaría
inmediatamente de la carga onerosa de sufrimiento que
conlleva.

VISTO DE OTRO MODO


Perdemos a un familiar y aprendemos algo de la vida, pero
el sufrimiento por ello es optativo: implica tomar la decisión
de retener en la mente algo que sucedió, algo que ya es
pasado. El ser humano tiene que ir conociendo todos los
estados, pero no es bueno quedarse con una tristeza que
se nos quede pegada, tanto por las cosas buenas como por
las malas. Lo pasado es pasado, y no vale no querer
reconocerlo y estancarse en ello.

ATENCIÓN
(sobre ideas de Roberto Assigioli)
Si nos sentimos impotentes ante el dolor, nos rebelamos contra él y el
resultado es una exacerbación del dolor, un nuevo dolor que se añade al
primitivo dolor formándose un círculo vicioso que da lugar a errores,
culpas, confusión, desesperación, violencia, etc.
Aceptando inteligentemente el dolor se aprende de sus múltiples
lecciones; se coopera, y ello reconforta y abrevia considerablemente el
sufrimiento. Aprendida la lección, la causa de ese dolor desaparece.

Francisco de Sales
EL DOLOR

Tras la aceptación del dolor sobreviene una maravillosa serenidad, una


gran fuerza moral y una profunda paz.
En ciertos casos se puede llegar a una tan plena comprensión de la
función y del valor del sufrimiento, a una aceptación tan voluntariosa,
que se experimenta una sensación de alegría incluso en medio del
mayor sufrimiento.

DESDE UN PUNTO DE VISTA MÁS ESPIRITUAL


Uno de los obstáculos importantes para conseguir nuestro
desarrollo espiritual es el miedo a sufrir.
Es imprescindible tener esto muy claro antes de empezar, y es
muy importante tener claro que hay que superarlo, porque el
sufrimiento va a aparecer, aunque trataremos de evitarlo.
Tenemos que superar este obstáculo conociendo las razones
equivocadas sobre las que sustentamos este miedo, ya que nos
propondrá en numerosas ocasiones que abandonemos el Ccamino,
y que rompamos el compromiso de Búsqueda y crecimiento.
El sufrimiento no es injusto, ni cruel, ni es un mal siempre.
El sufrimiento del alma es el paso necesario para darnos cuenta de
que queremos liberarla, y el dolor es el estadio que precede a la
liberación: paradójicamente, si no sintiéramos el dolor no
sabríamos que nos produce dolor. Este dolor desarrolla el poder
de resistencia interior que es condición indispensable para el
desarrollo espiritual, y nos obliga a que nos desliguemos del
exterior y nos centremos en la profundización de nosotros
mismos; nos incita a buscar consejo, luz y paz en nuestro interior:
hace que nos revelemos contra nosotros mismos.
Entonces… ¿por qué todo lo que vemos de modo negativo?, ¿por
qué ese dolor nos encrespa, nos llena de rabia y nos empuja a
provocar el mal, a odiar, o a la violencia…?
Porque sólo aceptamos su peor cara. Porque no comprendemos
que por sí no tiene ninguna fuerza: es sólo el cómo lo aceptamos
o rechazamos, y lo que permitimos que haga en nosotros con
nosotros, lo que le da el poder de afectarnos. La misma cosa
puede provocar un nulo sufrimiento o un terremoto trágico
dependiendo de quién, y cómo, lo recibe.

Francisco de Sales
EL DOLOR

La aceptación de la lección que trae el sufrimiento, y del dolor


que provoca, permiten que se diluya, y que después aparezca y se
instale la serenidad, una paz sincera y una agradable sensación de
haber comprendido la enseñanza.

Nuestro sufrimiento nos pone en contacto con el sufrimiento del


prójimo y nos permite comprenderles mejor, para poder acogerles
y ayudarles con mayor empatía

DESDE UN PUNTO DE VISTA MÁS ESPIRITUAL


¿Puede haber un “dolor espiritual”?
Sin duda.
No es un dolor físico, aunque se podría llegar a somatizar, ni se
localiza en un punto concreto del organismo.
Es una sensación que aniquila, una pesadumbre de origen
desconocido, una tristeza inconsolable… es un dolor que está en
el espíritu; es nuestra naturaleza divina que nos avisa de que algo
no va bien, y aunque pretendamos acallarla con regalos o
promesas, con distracciones o negándola, sigue manifestándose
con insistencia, afortunadamente, sin parar hasta que le hagamos
caso.
¿Cómo se elimina este dolor?
Resolviendo la reclamación del alma, que siempre es la misma:
más atención a lo que realmente le preocupa a ella, que es Uno
Mismo y su realización completa como Ser completo; que es el
reconocimiento de la divinidad personal y el reencuentro con la
totalidad cuerpo-alma; que es atender al compromiso que uno se
propone cuando se encarna de no abandonar lo que comúnmente
separamos y llamamos parte espiritual; que es lo que no se
consuela con excusas o con logros materiales. Los “premios” que
nos damos para acallar la reclamación del alma, nos consuelan un
rato, pero no definitivamente. La verdadera paz para nuestra alma
se realiza cuando la reconocemos y le prestamos la atención que
nos requiere y se merece. La satisfacción y la exaltación que
produce la espiritualidad no tienen un sucedáneo para apaciguar el
alma.

Francisco de Sales
EL DOLOR

CUENTECITO
En el funeral de un hombre riquísimo había un individuo
desconocido que se lamentaba y lloraba tanto como los demás.
El sacerdote oficiante se acercó a él y le preguntó: “¿Es usted
pariente del difunto?”
“No”.
“Entonces, ¿por qué llora usted de este modo?”.
“Precisamente por eso”.

Toda aflicción –sea cual sea la ocasión- es por uno mismo.


(Del libro La oración de la rana, de Tony de Mello)

RESUMIENDO
Corres el riesgo de volverte adicto a los dolores
emocionales. Tiene algo de adictivo esa sensación de
sentirse víctima, y, además, te es más fácil seguir en ese
estado apesadumbrado que enfrentarte a la realidad y
comenzar la búsqueda del origen del mal. Eres tú quien
lo va a sufrir innecesariamente, así que tú decides si
plantas cara al problema y te deshaces de él, o si
permites que te amargue la vida y el porvenir. Ya sabes
que este dolor es innecesario, que no te aporta nada
positivo, y que te empuja a una espiral trágica de auto-
destrucción y enemistad contigo. La decisión es sencilla.

Francisco de Sales