PENSAR- EL PENSAMIENTO

El pensamiento quiere saber cosas; el corazón ya las sabe. “La mitad de nuestras equivocaciones nacen de que cuando debemos pensar, sentimos, y cuando debemos sentir, pensamos” (Anónimo) “Pensar es el trabajo más difícil que existe. Quizá sea ésta la razón por la que haya tan pocas personas que lo practiquen.” (Henry Ford)

Uno no puede aprender de la mente, las experiencias o juicios de los demás. El verdadero conocimiento implica pensar, aprehender, comprender… y comprender no es sólo entender, sino incluir en sí mismo. Si vivimos sin pensar, reciclando lo ajeno como si fuera lo único o lo sabio, no llegaremos a ser nosotros mismos, porque lo que uno es, se compone sólo de lo que proviene de uno mismo. Muchas veces, y equivocadamente, llamamos pensar a utilizar las respuestas y reacciones que tenemos programadas para cada ocasión. Pensar es, en realidad, un acto de comparación con la información que tenemos almacenada, y si esa información está equivocada o sin actualizar, pensaremos cosas erróneas, o utilizaremos las mismas respuestas de siempre cuando nosotros ya no somos los mismos de siempre. El pensamiento no es más que una pequeña parte de la inteligencia. Esto quiere decir que hay mucho más detrás del acto casi mecánico de pensar. Que un poco más allá del modo de pensamiento habitual se encuentra la Francisco de Sales

PENSAR- EL PENSAMIENTO inagotable sabiduría. Que conviene aprender a esperar un poco más cuando aparece la primera respuesta a nuestro pensamiento, porque quizás no sea más que el resultado inconsciente programado de acción-reacción. La sinceridad es un elemento primordial en el acto de pensar o de acceder al pensamiento. A veces somos víctimas de una tendencia al auto-engaño, o, por el contrario, nos agredimos hasta con el pensamiento. Conviene ser sinceros y honrados cuando pensamos. Debemos desechar sin miedo las respuestas que son de compromiso o aquellas rimbombantes pero que no encajan. Para ayudarnos, debemos poner a Yo a pensar y a poner orden. Él se dará cuenta de si el pensamiento está actualizado o si utiliza la mismas fórmulas de hace muchos años, con lo cual estaría mirando el presente con los ojos del pasado, o con los condicionamientos y errores del pasado. Debemos quitar de en medio a los yoes inseguros, a los acomplejados, a los inquietantes, los negativistas, los ciegos de mente… y que sea Yo, que es quien mejor preparado está, el que organice el sistema de pensamiento y detecte los intrusos y las trampas. Yo observará al yo pensador y verá los fallos que se hayan de corregir. Se dará cuenta si estamos anclados en un pensamiento o un modo de pensar y no nos permitimos ni actualizaciones, ni generosidad, ni aperturas, ni tampoco recibimos bien a las nuevas ideas. Si siempre repetimos lo mismo, esa es una buena pista para comprobar cómo estamos en ese aspecto: quizás Francisco de Sales

PENSAR- EL PENSAMIENTO necesite una revisión inmediata y trabajar sobre ese aspecto con el fin de reemplazarlo. Podemos utilizar para ello cualquiera de los modos que existen, seleccionando el que mejor vaya con nuestra naturaleza, pero sin descartar el probar a pensar de otro modo distinto; podemos ir directos al asunto, y descartar respuestas hasta llegar a la válida; podemos plantear la cuestión y esperar muy pacientemente que alguna parte del intelecto se digne a contestar, y a alguien quizás este modo le funcionará; podemos pensar por eliminación, a ver si quitando lo que no llegamos a lo

que sí.
Hay un pensamiento compulsivo e involuntario, que no nos pertenece, que se inmiscuye en nuestra cabeza y nos afecta. Consume nuestra atención y parte de nuestra energía y no es más que una distracción de la mente que se aburre. O que no tiene clara nuestra escala de valores y el lugar que ocupa. Por una parte es como una de esas películas que hemos visto en las que las máquinas o los ordenadores se vuelven locos y se rebelan contra el humano y quieren gobernar, porque todos nos hemos sorprendido con un pensamiento y hemos dicho vaya tonterías que se me ocurren. Como si se me hubieran ocurrido a mí, que no es el caso. En cambio, quien sabe que la mente está a su servicio, y que el pensamiento es el instrumento útil para acceder a ella si sabe manejarlo, y que hay que desconectarlo una vez que ha terminado de usarlo, y sabe que la sabiduría Francisco de Sales

PENSAR- EL PENSAMIENTO se manifiesta a veces a través del pensamiento, si los pone a su servicio y les da las órdenes precisas, notará cómo trabajan para uno. ¿Quién no se ha pasado horas pensando acerca de un asunto sin encontrar una respuesta satisfactoria, se ha quedado dormido por agotamiento, y se ha despertado con la solución que el día antes no aparecía? Yo manejo esta cuestión con facilidad. Planteo en mi cabeza el asunto que quiero resolver, me duermo con absoluta placidez, y por la mañana está todo resuelto. ¿Cómo he llegado a conseguir eso? No lo sé. Pero me funciona siempre. Hay más aspectos del pensamiento que conviene ver. Muchas veces nos ponemos a pensar donde debiéramos sentir simplemente. El pensamiento quiere saber cosas, y el corazón ya las sabe. Es mejor no encargar a la mente asuntos del corazón, ya que hablan un idioma diferente e incompatible, y porque no tiene sensibilidad para incluir las emociones entre los elementos que influyen. “El corazón tiene razones que la razón no entiende.” Así es la frase, más o menos. Pero es verdad. El frío analítico del pensamiento quita el elemento emocional de algunos asuntos, y es mejor consejero el corazón que la mente en ciertas ocasiones. ¿Qué pienso acerca de esto? No está bien del todo. ¿Qué siento acerca de esto? Mejor. Mejor sólo en algunos casos, insisto, que uno sabrá cuándo escuchar a uno y a otro, porque sería fatal dejar Francisco de Sales

PENSAR- EL PENSAMIENTO la responsabilidad de las decisiones importantes en manos de lo impulsivo, en lo que está afectado por un corazón rebosante de injusta abnegación e innecesario sacrificio, y sería un error menospreciarse uno o agredirse en aras de cumplir una mal interpretada caridad cristiana. A veces, el mejor favor que podemos hacerle a alguien es no hacerle ningún favor. Pero tampoco se debe utilizar el pensamiento igual cuando se trata de asuntos cuasi-matemáticos o económicos, que cuando están implicadas emociones o personas.

VISTO DE OTRO MODO “¡Piensa... piensa! - le exhorta el profesor al alumno. “Lo que pasa es que tú piensas demasiado” – le dice el esposo a la mujer. “Voy a pensar y luego le contesto” – le responde un posible comprador al vendedor. “Pienso, luego existo” – dijo, en esa frase célebre, el filósofo Descartes. "Pienso, luego no existo" – nos asegura el psicoanalista Jacques Lacan. "Abandonad la mente (el pensar), volved a los sentidos" – nos exhorta Fritz Perls, creador de la terapia Gestalt. El budismo nos habla de un "Vacío fértil" y de "Dejar la mente en blanco (No pienses)". Krishnamurti nos estimula a desacondicionarnos, a observar qué hay en nuestra mente entre un pensamiento y otro. ¿Todos hablan de lo mismo? Nuestra tarea será empezar a tratar un tema fundamental que se puede resumir en estas dos preguntas:
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1) ¿Cuál es la función de la mente que sostiene aquellos mandatos que conforman el Guión de Vida? 2) ¿Cuál es la función de la mente que conoce, reconoce y cuestiona esos mandatos hasta lograr desarticularlos? Respuesta: la función de pensar. Los autores antes mencionados... ¿Se referirán a la misma función de pensar o cada cual habla de una distinta? Para mí, Descartes nos habla del pensamiento como una forma de desarticular los mandatos frenadores: es el pensamiento adulto, racional, evaluativo, discriminatorio. Lacan y Perls se refieren al pensamiento contaminado por discursos ajenos, el "ser pensado por otros" o “pensar lo que otros nos han dicho que tenemos que pensar”. Desde esta perspectiva, aquellas sentencias quedarían así: Descartes: "Pienso de acuerdo con mi propio criterio de las cosas, por lo tanto existo". Lacan: "Pienso de acuerdo con códigos ajenos, por lo tanto no existo". Perls: "Abandonad los conceptos ajenos y volved a vuestros propios sentidos para tener una propia evaluación de la realidad". Parece ser que todos los autores mencionados son coincidentes en considerar que nuestra mente es un conglomerado de ideas ajenas que nos habitan, que nos condicionan, que dirigen nuestras vidas y que nos hacen vivir en función del "Yo debo" en lugar del "Yo quiero". Oculto dentro de esa maraña de discursos ajenos, el individuo se ha perdido a sí mismo. Para encontrarse tendría que alcanzar ese "Vacío fértil", producto de un "desacondicionamiento" que se lograría "retornando al sentir", para conocer por sí mismo la realidad y discriminarla de esa otra realidad sentida y pensada por los otros. ¿Es esto posible de llevar a la práctica? Definitivamente sí, pero no se logra sin trabajo. Sabemos que cada persona se identifica con esos discursos ajenos que la habitan hasta el punto de que, cuestionarlos, es como perder la propia identidad, porque, si pongo en tela de juicio todas esas ideas que me acompañan desde que nací tengo que cambiar mi sistema de creencias con el cual convivo desde hace tanto años. Se me da la vuelta todo. Si mi historia ha sido escrita sobre una plataforma falsa pero que me sostiene su cuestionamiento puede
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causarme una crisis de identidad porque esta identidad ha sido construida con base en las ideas de esos otros que construyeron la plataforma: soy y he sido lo que los otros han querido que sea; soy

la imagen que yo creo que los otros tienen de mi.
Si cuestiono todo eso... ¿Quién soy? Además, “todo eso" conforma un lenguaje interior que ni siquiera sé que poseo, pero que debería empezar a conocer. En la apertura hacia ese lenguaje que "me posee" comenzaría a objetar la enorme cantidad de ideas erróneas que dirigen mi vida y tendría que ir desembarazándome de ellas. ¿Qué quedaría? Nada. Ese "Vacío fértil", esa hoja en blanco en la que podemos empezar a escribir nuestro propio discurso. ¿Quién elige por mí? Un ejemplo. Días pasados un amigo me contó una experiencia que tuvo y a la que no le dio ninguna importancia hasta escucharme en una de mis charlas. Cuando todos los asistentes se fueron, me comentó: El martes pasado fui a una pizzería a eso de las 10 de la noche. ¿Quieres creer que no tenía ganas de comer pizza? Quería un café con leche con tostadas. Cuando vino el mozo le pedí... una porción de mozzarella y una Coca. ¿Sabes qué me pasó? Al escucharte lo recordé muy bien. Oí la voz de mi madre que me decía: "¿Cómo vas a tomar café con leche a las 10 de la noche? Van a pensar que estás loco". Justamente ESE es el discurso del otro. Ese es el prejuicio, la idea errónea de una madre que mi amigo tiene incorporada; es decir, una idea a la que él le pone el cuerpo hasta el punto de pedir algo que nada tiene que ver con su real deseo: tomar un café con leche. Este ejemplo parece tonto por lo simple. Pero no lo es. Ya sea en un tema como qué comer y a qué hora, o dónde me voy a veranear, o qué carrera sigo y con qué mujer u hombre me caso, o tener o no tener hijos, etc., estamos influidos por esos textos ajenos hasta el punto de desaparecer el ¿Y yo qué pienso de todo esto? Este Vértice del Pensar se podría denominar el Vértice de lo Ideatorio, por las ideas que lo habitan. En el diccionario se define IDEA como: "representación de una cosa en la mente; opinión; designio; manía;
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idea fija". La madre de mi amigo le había "designado", según su propia opinión de la vida, que las 10 de la noche son para cenar. Este concepto se mantiene como una "idea fija", inmutable en la mente de Alberto y le impide disfrutar de lo que realmente desea. Por lo tanto Alberto no puede "representarse a sí mismo" tomando café con leche y tostadas a esa hora porque se opone a ese "designio" de la madre. Todo esto habita en el Vértice del pensar. Pero a partir de la charla a la que asistió hay OTRA IDEA en ese Vértice: la suya propia, que se va estructurando a partir de algunos conceptos que di y que le permitieron pensarse a sí mismo desde un lugar diferente. Primero aparece el recuerdo de aquel martes en la pizzería, algo que había olvidado por completo y que, en su momento, pasó inadvertido. Pero no pasó: quedó dentro de él formando encadenamiento con otros hechos similares de renuncia a sí mismo. Se trataba de un saber sobre un aspecto propio y que no sabía que lo sabía. Este es un ejemplo de lo que es vivir ajeno a uno mismo, en función del deseo del otro. Mis palabras abrieron un canal hacia ese saber ignorado, cerrado, y le permitieron a Alberto entrar en contacto con algo que permanecía oculto: el olvido de sí mismo por adherirse a ideas ajenas. Es posible que, en poco tiempo más, mi amigo tome café con leche y tostadas a las 10 de la noche o coma un churrasco con papas fritas a las 8 de la mañana. Cuando lo haga diremos que desafió esa absurda idea y produjo un cambio, una mutación en el Vértice del Pensar. Habrá cambiado una línea de su Guión de Vida para escribir su propio texto. Esto le permitiría reconocer sus propios deseos, planificar acciones para alcanzarlos, disfrutar cuando los logre y algo mucho más importante: vivir en libertad para pensarse, pensar al mundo y actuar en consecuencia. Gente Gente que nos habita en el Vértice del Pensar. A veces nos comportamos como si fuéramos varias personas. Ahora, que estás leyendo y pensando en lo que lees, das la apariencia de todo un adulto reflexivo y razonador. Pero unos minutos antes, tuviste que ser muy firme en ponerle límites a tu hijo. Te fastidiaste notablemente cuando tu madre te llamó y te reclamó que hacía dos días que no sabía nada de ti y al rato estabas dándole masajes a tu esposa porque le dolía el cuello. Cuando te llamaron por teléfono le
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dijiste a tu mujer que dijera que te habías ido, y al rato jugabas y te divertías con tu hijo con los jueguitos electrónicos. Todo esto sucedió en el transcurso de una hora y media. ¿Cuántos personajes has actuado en ese tiempo? un adulto reflexivo, un padre firme, un niño rebelde, un padre protector, un adulto mentiroso, un niño juguetón. Pareciera ser que somos un montón de gente, que en momentos distintos ocupamos lugares diferentes. Pues bien, esos "lugares" tienen nombre y para conocerlos vamos a recurrir a la metáfora Padre-Adulto-Niño que proviene de una Ciencia de la Conducta llamada Análisis Transaccional (AT) cuyo fundador ha sido el psiquiatra canadiense Eric Berne. (Del libro Qué estoy haciendo con mi vida, de Jorge Antognazza)

ATENCIÓN ¿Quién piensa?, ¿Desde qué estado del Yo se piensa? Es evidente que no piensa igual un niño que un adulto, pero, cuando pensamos… ¿pensamos como niños o como adultos? Dicho de otro modo, ¿pensamos desde el estado de Niño o desde el estado de Adulto? El resultado del pensamiento, será absolutamente distinto. Los intereses o motivaciones serán distintos, porque la actitud desde la que se piensa es distinta. Si lo que nos cuestionamos está relacionado con algo lúdico, es evidente que el Niño va a estar más preparado que el Adulto. Si es una decisión que concierne a nuestra economía o futuro, es mejor dejar la tarea al Adulto. Puede suceder que tengan que aportar algo en el mismo asunto, pero hay que tener cuidado de que lo hagan por separado y que uno no interfiera en lo del otro. Por ejemplo, si planificas un viaje conviene dejarle al Niño el apartado diversión y placer, pero que el Adulto vea si económicamente es factible hacerlo y cuándo es el momento adecuado o posible.

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PENSAR- EL PENSAMIENTO Conviene ser muy conscientes del estado desde el que pensamos, de hacerlo desde el adecuado, y cuestionar quién lo ha pensado cuando un pensamiento nos aparece de improviso en la mente.
(Para más información ver el capítulo Los Estados del Yo)

POR SI NO LO SABES La mente, el pensamiento, la capacidad de razonar, son instrumentos a nuestro servicio, como las manos o la vista, y que una vez hemos terminado de usarlos hay que desconectarlos, ya que si no lo hacemos así consumen nuestra energía, y son innecesarios. Casi la totalidad de lo que se piensa se hace sin nuestro consentimiento, es inútil y bastante repetitivo, y a menudo es nocivo. Nos ponemos a pensar creyendo que, como esa capacidad es, según creemos, sólo humana, nos permite estar en una situación por encima de los animales (pero no olvidemos que a los animales les funciona perfectamente la intuición) y suponemos que usando nuestro intelecto, nuestras especulaciones serán certeras. Recobrar los sentidos, esa capacidad innata, nos puede ayudar en muchas ocasiones. Los sentidos y una intuición bien afinada.
(Más información sobre el pensamiento en el capítulo de la mente).

RESUMIENDO Tarea importante e inmediata: aprender el funcionamiento del pensamiento. Evitar lo tiránico que es en muchas ocasiones. Dejarle que divague, a veces, pero revisar a conciencia cualquiera de las cosas que nos plantee tras esas fantasías. Tener muy claro que está a nuestro servicio, y no es al contrario. Tener buena relación, ya que nos aportará muchas cosas buenas a nuestra vida, y nos resulta imprescindible su Francisco de Sales

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