You are on page 1of 6

LA FORMACION DEL JUICIO MORAL SEGÚN L. KOHLBERG Y C.

GILLIGAN

Adela Cortina.

1. LA FORMACION DEL JUICIO MORAL


Las personas no nacen ya con una conciencia moral hecha, sino que va
evolucionando a través de unas etapas de maduración. Esta convicción ha
llevado a algunos autores a diseñar teorías sobre cómo se configura nuestra
conciencia moral, entre los que destaca Lawrence Kohlberg. Kohlberg se
percata de que la conciencia va conformándose a través de un proceso de
aprendizaje en el que desempeñan un papel fundamental los factores
socioculturales, el tipo de educación recibida y la experiencia emocional y, sin
embargo, considera central en la conformación de la conciencia la evolución
que se produce en el aspecto cognitivo, es decir, en el modo de razonar
acerca de las cuestiones morales y de juzgar sobre ellas.
Empleando la técnica de pasar a diversos sujetos dilemas morales con unos
cuestionarios muy precisos, pensados para apreciar el nivel de argumentación
de los sujetos, Kohlberg analiza la estructura de crecimiento moral de la
persona teniendo en cuenta como formula juicios, y muy concretamente los
juicios a los que llamamos “universalizables”, que son, según él, los juicios
sobre lo que es “justo o correcto”; los juicios sobre la justicia de las acciones.
De sus análisis va extrayendo conclusiones como las siguientes:
1) En el terreno de lo moral formulamos juicios y, por tanto, es un tipo de
conocimiento sobre el que se puede argumentar. A esta posición se le
denomina “cognitivismo moral”.
2) Los contenidos de los juicios morales son diferentes en diversas culturas,
pero la estructura del juicio moral es igual a todos los individuos. Lo cual
es buena muestra de universalismo, aunque se trata de un universalismo
estructural.
3) Es posible educar la conciencia moral en las formas más justas de tomar
decisiones, porque las cuestiones de justicia se pueden universalizar. A
esta posición se suele llamar “formalismo”.
4) La estructura universal de los juicios morales se desarrolla a través de unas
etapas, que siguen una secuencia idéntica en personas de las diversas
culturas. La peculiaridad de estas etapas es que son sucesivas, de forma
que nadie puede acceder a las posteriores sin haber pasado por las
anteriores, y que quien accede a una etapa más madura puede entender el
tipo de juicios que hacía en las anteriores y percatarse de que ya le resultan
insuficientes.
2. EL JUICIO SOBRE LO JUSTO.
Desde estos presupuestos, Kohlberg establece una secuencia de 3 niveles y 6
estadios (2 por cada nivel) en la evolución moral de la persona, desde la
infancia hasta la edad adulta.
 Los niveles: Definen las perspectivas de razonamiento que la persona
puede adoptar con relación a las normas morales de la sociedad.
 Los estadios: Expresan los criterios mediante los que la persona emite
su juicio moral, lo cual muestra la evolución seguida dentro de cada
nivel.

I. Nivel preconvencional.
Estadio 1. Orientación a la obediencia y el castigo.
Estadio 2. Orientación egoísta e instrumental.
II. Nivel convencional.
Estadio 3. Orientación de “buen chico (a)”.
Estadio 4. Orientación hacia el mantenimiento del orden social.
III. Nivel postconvencional.
Estadio 5. Orientación legalista (jurídico-contractual).
Estadio 6. Orientación por principios éticos universales.
Los niveles del desarrollo moral, según Kohlberg, serían los siguientes:
a) Nivel preconvencional: El egoísmo como principio de justicia.
Este nivel representa la forma menos madura de razonamiento moral. Una
persona se encuentra en él cuando enjuicia las cuestiones morales desde
la perspectiva de sus propios intereses. En este sentido, la persona tiene
por justo lo que le conviene egoístamente.

En un principio, el niño sigue las normas establecidas por la autoridad


adulta para evitar el castigo. Posteriormente, ve las normas de un modo
“mercantil e individualista”; lo justo es ahora lo que satisface las propias
necesidades e intereses y las de los demás cuando satisfacen las propias.
Las relaciones humanas se entienden de un modo similar a las del
mercado.

Según Kohlberg, este primer nivel caracteriza principalmente el


razonamiento moral de los niños, aunque muchos adolescentes y un buen
número de adultos persisten en él.
b) Nivel convencional: Conformismo con las normas sociales.
Una persona en este nivel enfoca las cuestiones morales de acuerdo con
las normas, expectativas e intereses que convienen al “orden social
establecido”, porque le interesa ante todo ser aceptada por el grupo, y para
ello está dispuesta a acatar sus costumbres.

En este sentido, la persona tiene por justo lo que es conforme a las normas
y usos de su sociedad. Por eso considera que es valioso en sí mismo
desempeñar bien los “roles” o papeles sociales convencionales, es decir,
adaptarse a lo que su sociedad considera bueno.

Al principio lo justo es lo que gusta a los demás, lo que el grupo acepta, que
suele plasmarse en los modelos sociales vigentes y en lo que hace la
mayoría. Posteriormente, el juicio moral se orienta hacia el respeto a la
autoridad establecida, hacia la conformidad con las normas vigentes y la
justificación del orden social “tal cual esta”. Lo justo consiste ahora en que
cada uno cumpla con sus obligaciones sociales. Se adopta así el punto de
vista del colectivo social y se sitúa por encima de los intereses individuales.

Según Kohlberg, este segundo nivel surge normalmente durante la


adolescencia y es dominante en el pensamiento de la mayoría de los
adultos. No superarlo supone plegarse a lo que el grupo desee, lo cual tiene
serios peligros, porque los grupos tienden a general endogamia, prejuicios
frente a los diferentes e intolerancia ante los que no se someten al rebaño,
de forma que pueden acabar ahogando a los individuos. Por eso es preciso
acceder al nivel supremo de madurez; el postconvencional.

c) Nivel postconvencional: La autonomía moral.


En este nivel la persona distingue entre las normas de su sociedad y los
principios morales universales, y enfoca los problemas morales desde
éstos últimos. Esto significa que es capaz de reconocer principios morales
universales en los que debería basarse una sociedad justa y con los que
cualquier persona debería comprometerse para orientar el juicio y la acción.
La medida de lo justo la dan los principios morales universales desde
los cuales puede criticar las normas sociales.

En un principio, lo justo se define en función de los derechos, valores y


contratos legales básicos reconocidos por toda la sociedad, de manera
constitucional y democrática.

La legalidad se apoya, además, en cálculos racionales de utilidad social (“el


mayor bien para el mayor número posible”).
Posteriormente, la persona puede ir mas allá del punto de vista contractual
y utilitario para pensar en la perspectiva de principios éticos de justicia
válidos para toda la humanidad. Se trata de reconocer los derechos
humanos en la igualdad y el respeto por la dignidad personal de todos los
seres humanos. Lo justo se define ahora por la decisión de la conciencia de
acuerdo con tales principios. La conquista de la autonomía es considerada,
así como la meta del desarrollo moral de la persona.

3. ÉTICA DEL CUIDADO.


Carol Gilligan, discípula de Kohlberg, criticó la posición de su maestro, como
también la de otros relevantes psicólogos de la historia (Freud y Piaget), al
percatarse de que en sus investigaciones cuentan solo con varones y no con
mujeres, y además con varones occidentales, nacidos en democracias
liberales. Como un buen número de mujeres no responde a sus
investigaciones como ellos desean para respaldar sus hipótesis, concluyen
estos autores que las mujeres muestran una conducta “desviada”, en vez de
reconocer que es sencillamente diferente.
De ahí que Gilligan se esforzara por realizar también pruebas con mujeres,
presentándoles dilemas morales ante los que debían dar soluciones
argumentadas, y llego a la conclusión de que existen dos lenguajes
diferentes para codificar el mundo moral. Dos lenguajes que no están
subordinados, sino que uno de ellos se ha escuchado más que el otro:
 El lenguaje de la lógica formal de la imparcialidad de la justicia, que
consiste en tomar decisiones poniéndose en el lugar de cualquier otro.
 El lenguaje de la lógica psicológica de las relaciones, que asume la
perspectiva concreta de la situación concreta, y trata de preservar las
relaciones ya creadas.
Entre ambos lenguajes puede establecerse una comparación que nos
permite analizar que valores aprecia de forma preponderante cada uno de
ellos.
Lógica de la justicia Lógica del cuidado
(Separación) (Unión)
Individuación. Trama de relaciones que puede ser
dañada.
Autonomía. Proteger lo vulnerable.
(las relaciones, los débiles).
Ley/Derecho/Justicia. Responsabilidad/Cuidado.
Contrato. Protección/Autosacrificio.
Abstracción. Narración/Contexto.
Universalidad. Particularidad.
Imparcialidad. Parcialidad.
Desde esta perspectiva, los valores apreciados en el “lenguaje masculino” serían
aquellos que van conformando individuos autónomos, capaces de tomar
decisiones acerca de lo justo y lo injusto desde condiciones de imparcialidad. Por
el contrario, los valores preferidos por el “lenguaje femenino” serían aquellos que
protegen las relaciones humanas, se hacen cargo de los débiles, se cuidan de las
personas concretas en los concretos contextos de acción. Podría decirse que este
lenguaje femenino se expresa en aquella célebre información que daba el zorro al
principio de Antaine de Saint-Exupéry; “eres responsable de tu rosa”. Y lo eres -
podríamos proseguir -porque la has domesticado, porque está ya a tu cuidado.
¿Significa esto que los varones han de optar por la autonomía y la justicia, las
mujeres, por el cuidado y la compasión?
En modo alguno. Tales repartos de papeles y valores van siempre en detrimento
de los dos sexos, porque los cuatro ingredientes mencionados (justicia,
autonomía, compasión y responsabilidad) son indispensables para alcanzar la
madurez moral. Por tanto, que predomine uno u otro en una persona es una
cuestión individual, más que una característica del sexo en conjunto. Lo que
ocurre más bien es que hay al menos dos voces morales, en las que han de
expresarse tanto las mujeres como los varones:
 La voz de la justicia, que consiste en juzgar sobre lo bueno y lo malo
situándose en una perspectiva universal, más allá de las convenciones
sociales y el gregarismo grupal. Esta perspectiva recibe el nombre de
“imparcialidad”.
 La voz de la compasión, por los que precisan de ayuda, que son
responsabilidad nuestra, empezando por los más cercanos.
Al fin y al cabo, no hay verdadera justicia sin solidaridad con los débiles, ni
auténtica solidaridad sin una base de justicia. Por eso, la conciencia femenina,
en si evolución, recorre también tres niveles, pero sus contenidos resultan ser
diferentes a los de la voz masculina.
1) El nivel preconvencional es el del egoísmo y la supervivencia.
2) Pero el nivel convencional es bien diferente del varón. Ciertamente, la mujer
quiere ser admitida en su grupo social, pero precisamente esto le exige
renunciar a sí misma y vivir para otros, porque es lo que la sociedad le pide
para considerarla adaptada al grupo. La sociedad no perdona que una
mujer desee ser autónoma y priorice su autonomía frente al cuidado de
aquellos que socialmente le han sido encomendados: hijos, marido, padres
ancianos, parientes con minusvalías. Por eso, si una mujer quiere ser
socialmente aceptada, debe relegar sus proyectos de autonomía y tratar de
cuidarse y responsabilizarse de los suyos, protegiéndoles frente a la
violencia y el daño. La protección de los seres vulnerables que están a su
cargo es entonces una virtud femenina.
3) El nivel postconvencional, sin embargo, es aquél en que la compasión se
modera con la justicia, el cuidado con la autonomía. La mujer toma
conciencia de que también ella tiene derechos que han de ser protegidos y
amplía la responsabilidad a su propia persona. De ahí que la fase de
madurez incluya a la vez responsabilidad y autonomía, compasión y
justicia.

Lo que Gilligan sugiere acerca de la conciencia moral femenina debe valer


también para la voz “masculina”; que la madurez en ambos casos significa
acceder al nivel de la autonomía y la compasión, de la justicia y la
responsabilidad, de la sociedad universal y del cuidado y la preocupación
por el cercano.