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BIBLIOTECA MUNDO HISPANO

DEVOCIONALES

EN QUIETUD

EDITORIAL MUNDO HISPANO


© 2006
EN QUIETUD

DEVOCIONALES DIARIOS
DE MUJERES PARA MUJERES

Eda de von Leers


Sonia de Larrosa
Elba Inostroza
Judith de González
Ana María de Prato
Esther de Fuentes
Joyce de Wyatt
Betty de Missena
Edna de Gutiérez
Elena de García
Elba de Bachor
Josie de Smith

©Copyright 1994, Casa Bautista de Publicaciones. Todos los derechos


reservados. No se podrá reproducir o transmitir todo o parte de este
libro en ninguna forma o medio sin el permiso escrito de los
publicadores, con la excepción de porciones breves en revistas y/o
periódicos.
CASA BAUTISTA DE PUBLICACIONES
Prefacio
Una de las riquezas más grandes del ser humano es la comunión directa con su
Creador. Esos momentos de quietud en que todo nuestro ser se abre para
escuchar la voz de Dios, leer su Palabra, expresarle nuestras luchas, nuestras
alegrías, nuestras incertidumbres, y pedir su guía sabia en las decisiones
grandes y peque as de cada día.
Muchas de las situaciones comunes en la vida de una mujer se ven reflejadas
en las páginas de este libro de meditaciones. El desafío es comenzar a recorrer
un nuevo a o caminando junto a muchas otras mujeres y compartiendo con
ellas el mensaje fresco y pertinente de Dios.
Las meditaciones de cada mes presentan un tema diferente. A medida que
pasan los meses estaremos meditando en el poder tan grande de nuestro Dios,
en cómo llevarnos bien con otras personas, en el papel de las emociones en la
mujer, las caídas en pecado, la autoestima, la vida de victoria.
Cada mes presenta la participación de una autora diferente. Las doce escritoras
son mujeres cristianas, con los pies puestos en la realidad cotidiana, con éxitos
y fracasos, a quienes Dios está usando en diferentes campos de influencia.
Por supuesto, todo comienza yendo a la Palabra y buscando en ella el mensaje
directo y específico del Se or para cada día. Y todo termina con un desafío
nuevo. Cada día presenta la oportunidad de tomar una decisión, de realizar un
cambio, de proponer una nueva meta.
Quiera Dios que en tu momento diario de quietud, este libro te acerque al
Único que es la fuente de todo bien.
Enero — El Poder De Dios En La Vida
Eda Garnier de von Leers
Todo comienza en Dios. El es el punto de partida para este peregrinaje que te
ocupará todo el año. “Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos”
(Hech. 17:28).
¿Qué mejor manera de comenzar este año que entregando a Dios el control de
tu vida? Si hasta ahora has probado, sin lograr lo que buscabas, manejar tu
vida tú y solamente tú, prueba a Dios.
Las meditaciones de este mes te ayudarán a descubrir lo que significa permitir
que Dios obre con poder en tu vida. El tiene promesas preciosas a tu
disposición, esperando que tú las “vivas”. También descubrirás la llave de la
oración para llegar a esa fuente de poder. Verás lo que el Espíritu Santo puede
hacer en tu vida y en la de quienes te rodean si comienzas a dejar que Dios
actúe.
El ejemplo bíblico de Ana te mostrará lo que Dios puede hacer con una mujer
que pide a Dios que satisfaga su vacío más profundo.
La autora de las meditaciones de este mes es la señora Eda Garnier
de von Leers. Ella es una mujer cristiana de Argentina, quien tiene
una capacidad especial para llenar sus escritos de una calidez que
nos hace sentir como si estuviéramos conversando con nuestra mejor
amiga.
Enero 1 — La Carencia De Ana
Y Penina tenía hijos, mas Ana no los tenía, — 1 Sam. 1: 2 b

Sentémonos, amiga, a saborear panecillos crocantes y calentitos para el


desayuno. Están recién hechos y tú puedes percibir su aroma en toda la
habitación. El maná diario es así de fresco, vale para hoy, no viene enlatado y
seguramente desearemos comerlo. Con nosotras hoy está Ana, la madre de
Samuel. ¿Te hablé de ella? ¡Vaya que tiene una historia interesante para
contar! Es una historia fresca, como nuestros panecillos, vigente y actual.
¡Hemos cambiado tan poco las mujeres a través de los años!… los mismos
sueños, las mismas ansiedades, las mismas preguntas y ¿por qué no? las
mismas respuestas. Ana tiene una carencia, ¿Tú no la tienes? A ella le faltan
los hijos y ¡cómo los anhela! Oh ¡si viniera sólo uno para acariciarlo! Pero la
realidad es dura. No los hay. Ana sufre. ¿Qué te falta a ti? ¿Un hijo, un
propósito en la vida, un Salvador para tu alma? Empieza por ponerlo en claro y
tráelo a los pies de Dios. Conscientemente dáselo a él y deja ya de preocuparte.
El obrará en ti a su debido tiempo como lo hizo en Ana.
Ella fue con su demanda al lugar correcto, delante de Jehová. No le importó lo
que la rodeaba: el bullicio de la fiesta en Silo, las molestias del camino, las
interrupciones de los seres queridos. Tenía una carga y quería depositarla en el
mismo corazón de Dios.
Establece tu santuario, aparta tu tiempo, busca el rostro dei Señor y acude a él
con tus demandas; luego espera confiando en que has sido oída porque Dios es
fiel.
Enero 2 — La Humillación De Ana
Y su rival la irritaba, enojándola y entristeciéndola,
porque Jehová no le había concedido tener hijos, — 1 Sam. 1: 6

¡Me parece que adivino lo que estás pensando! Sí, Ana consiguió su
propósito. Sabemos su historia, pero mírame a mí, ¿cómo voy a confiar en
medio de mi necesidad? ¡Yo necesito; nada puede ser más grande que mi
carga, y no sé cómo va a terminar esto!
Querida amiga, permíteme decirte que Ana no sabía el final de su historia, y
estaba sufriendo mucho, porque ella tenía una rival que la humillaba cada día.
La Biblia nos dice que cada día Penina le echaba en cara su carencia, y se
jactaba de ser ella vencedora.
¡Cómo conocemos nosotras esa palabra, RIVAL, en este mundo competitivo
en que nos toca vivir! ¿Tú no los tienes en el trabajo, en el estudio, en las
relaciones? Si es así, conoces la humillación y sabes cómo se sentía Ana. ¿A
dónde acudir? ¿Qué hacer? Su rival la irritaba, enojándola y entristeciéndola.
Su ánimo fluctuaba entre esos dos estados: enojo y tristeza. Estoy segura de
que tú la comprendes.
“Hay tanta injusticia. ¡Y siempre yo soy la perdedora!” Esto es lo que susurra
el yo interior no rendido a Cristo.
Mas a Dios gracias que en él somos más que vencedoras por medio de aquél
que nos amó: Jesús (Rom. 8:37).
De tus fuerzas nada sacarás, sólo fracaso y agobio, pero confía en el Señor en
cada circunstancia y él te dará las peticiones de tu corazón.
Enero 3 — El Consuelo De Ana
Jehová será refugio del pobre, refugio para el tiempo de angustia,
— Sal. 9: 9

Hay tiempos de fracaso y búsqueda donde aun el consuelo más cercano es


impotente. Elcana constituía para Ana ese consuelo, pues la amaba
(1 Sam. 1: 5). Lo mejor, la parte escogida, era para ella y él pensaba que podía
llenar todo el vacío en esa mujer. Ana tenía toda la protección y el apoyo de su
marido, pero no bastaba. Hay tiempos en que buscamos el consuelo en
nuestros más íntimos afectos pero ello no basta. ¡Estamos tan vacías, y tan sin
esperanza! Tú te afanas y yo también por conseguir aquello que deseamos,
pero nada pasa.
Nuestro “Elcana” nos puede preguntar: ¿Por qué lloras? ¿Por qué está triste tu
corazón? ¿Por qué no comes? Puede simpatizar con nuestro dolor, aun sufrir
con nosotras, y sentirse tal vez frustrado por no poder ayudarnos. “¿No te soy
yo mejor que diez hijos?”
La respuesta es “no”, aunque parezca crueldad. “No”, a todo consuelo humano;
quiero aquello que Dios me puede dar.
Y cuando comprendo, esto cesa mi búsqueda y recurro a su infinita provisión.
Hasta entonces no puedo obrar. A partir de ahí me conecto con la fuente de
vida; me hago partícipe del gran proyecto de Dios. Soy usada por él para
comenzar un proceso de integración a su voluntad.
¿Has rebasado el límite de tus flaquezas? ¿No tienes ya tu esperanza puesta en
nada sobre esta tierra? ¡Ánimo. Hay esperanza! Es el tiempo en que Dios
puede comenzar a obrar con poder en tu vida y consolarte. El vive y es
poderoso; pruébalo, llámalo en tu aflicción y sabrás que es bueno Jehová.
Dichoso el hombre que confía en él.
Enero 4 — Las Necesidades De Ana
…vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis,
— Mat. 6: 8

La necesidad es la gran raíz común de la raza humana. ¿Quién puede decir:


“no necesito nada”? La autosuficiencia es la peor enemiga de la fe rendida, que
busca auxilio para su falta de recursos.
Aquí está un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas,
¿qué es esto para tantos? (Juan. 6: 9). Andrés trajo a Jesús una necesidad y la
puso allí con mucho de escepticismo. Hay una multitud hambrienta que espera
y hay un muchacho con una pequeña merienda pero… ¿qué es esto para
tantos?
Nota, amiga, que Andrés presentó al muchacho que tenía los peces y los panes.
Estos eran poco pero eran de alguien, y, por lo visto, era alguien dispuesto a
compartir. Y ahí estuvo el gran agente catalizador. Se produjo el milagro.
La bendición de Dios se derramó, pero no groseramente, sino hermosamente y
en orden a través de un canal.
Piensa, ¿no serás tú un canal para suplir una necesidad hoy? Aflicción,
hambre, amargura, las hay por todos lados como las tenía Ana. Quizá si te
presentas ante el trono de gracia se produzca el milagro y puedas ser usada.
¡Que Dios te bendiga!
Enero 5 — La Entrega De Ana
E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la
aflicción de tu siervo, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu
sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová
todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza, —
1 Sam. 1:11

Es admirable ver lo que puede hacer Dios con aquello que le entregamos. Ana
tenía una súplica, un pedido de su corazón, y Dios se lo concedió
transformando a ese niño en una bendición: un profeta para su pueblo Israel.
La promesa de ella se convirtió en un hecho palpable: un hombre de Dios. El
voto de Jacob en el Génesis fue un voto condicionado. Si Dios me diere… yo
le daré. El de Ana es de total entrega. No quiere al hijo para ella; lo quiere
como un canal hacia Dios. Tú tal vez eres madre. ¿Puedes comprender esto?
¿Te parece fácil tal desprendimiento? ¿De dónde procede esa visión de Ana
con respecto al futuro de su hijo, sino de un corazón sometido a Dios?
Cual es el pensamiento, tal es la visión. La grandeza de los actos de los hijos
de Dios no se mide por sus propios merecimientos o recursos, sino por el grado
de su entrega. Jesús, el prototipo por excelencia, nos marca el camino: “No se
haga mi voluntad sino la tuya.”
Pase lo que pase, yo confío en ti. Tú eres mi única esperanza y sé que no me
defraudarás.
Enero 6 — Las Falsas Apariencias
Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de
su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el
hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero
Jehová mira el corazón, — 1 Sam. 16: 7

Hay tiempo cuando la gente que te rodea juzga, sin tener a mano verdaderos
parámetros. Te pone un rótulo y tal vez te margina, y eso te trae mucho dolor.
Exactamente lo que le pasó a Elí al ver a Ana orando. Miró, se formó una
opinión y juzgó: “¡Está borracha!” Y en consecuencia actuó. “¡Eh! tú, digiere
tu vino.”
Hay un pequeño drama en 1 Samuel; tiene dos actores. Una mujer amargada,
frustrada e indiferente al escenario que la circunda, una mujer que llora
abundantemente, y un hombre sentado en una silla, sin ningún conflicto a la
vista, que junto al pilar del templo de Jehová la observa. El está cómodo y
juzga desapasionadamente. Mira la boca de ella que se mueve sin emitir
palabra; y se forma su opinión. “Está borracha.” Y entonces, sin más, la
increpa: “¿Hasta cuando estarás ebria? Digiere tu vino.”
¡Cuánto habrá sufrido Ana ante este falso juicio! Además de su dolor, es
juzgada incorrectamente. Todo es parte del plan de Dios, aunque ella no lo
comprende todavía. El diamante debe ser pulido para brillar; su fe debe ser
probada, para recibir el premio. Su espíritu debe ser engrandecido para ser
capaz del renunciamiento.
Quizá, como Ana, tú has entrado en la escuela de Dios. Anímate… entonces
hay esperanza.
Enero 7 — La Confesión De Ana
Mi presencia ira contigo y te daré descanso, — Exo. 33:14

Tengo una amiga que está viviendo un milagro en estos días. Ver cómo el
muro de contención de las emociones y sentimientos de su marido se va
rompiendo, y cómo afloran inconteniblemente cosas y pensamientos guardados
celosamente por muchos años. La barrera del pecado y de la oscuridad se
quiebra y el reconocimiento de una situación límite se presenta a los ojos
asombrados de Lidia. Ella intuía todo lo guardado, pero necesitaba ver adentro,
para establecer una comunicación.
Dios ve nuestro interior, sabe de los profundos y altos muros de soledad,
miedo, fracaso y egoísmo, y trabaja por medio de su Espíritu desde adentro.
Sólo él puede hacerlo. Y entonces se comienza a agrietar la pared, y la
confesión brota incontenible, resumida en dos palabras: “soy pecadora”.
Ana respondió a la agresión de Elí con una confesión.
“Estoy necesitada, atribulada de espíritu, y he derramado mi alma
delante de Jehová. No te confundas; no tengas a tu sierva por una mujer
impía, porque la aflicción me ha hecho hablar.”
La confesión es la limpieza del alma, el comienzo de la redención. El paso
previo para ser utilizada.
La necesidad expuesta ante los ojos del Señor trae paz. Así lo comprendió el
sacerdote Elí cuando respondió a la mujer: “Vé en paz, y el Dios de Israel te
otorgue la petición que has hecho.”
Enero 8 — El Cambio De Actitud De Ana
Y se fue la mujer por su camino, y comió, y no estuvo más triste,
— 1 Sam. 1:18 b

Cuando se ofrece a Dios cuanto se posee, ya no cabe la tristeza. Ana, como tú,
o como yo, tenía un camino para recorrer, pero lo estaba haciendo con
aflicción, turbada, sin hallar consuelo ni en su más cercano afecto. ¿Cómo es
posible que luego de su oración en el santuario, la Biblia nos dice que no
estuvo más triste?
Su vida seguía siendo la misma, aún su rival se burlaba de ella y no había señal
visible de que esto fuera a cambiar. Pero ella había depositado en aquel
encuentro algo precioso: su fe. “La certeza de lo que se espera, la convicción
de lo que no se ve.” Y ahora una esperanza alumbraba ese su camino.
Había dado todo; ella misma, y aun el hijo pedido, estaban ofrecidos a Jehová.
A veces queremos retener las bendiciones para nosotros, y estamos tristes.
Como aquel joven rico que habló con Jesús, y se fue triste porque tenía muchas
posesiones. Entonces no pudo cumplir con las demandas del Señor, deshacerse
de lo más amado: sus bienes (Mat. 19:22). ¿Qué posesión tienes tú que te
entristece? Piénsalo, querida amiga, ¿qué es aquello que no quieres ceder? Los
discípulos estaban tristes cuando Jesús les habló de su partida. No querían que
se fuera. Pensaban egoístamente. Sólo cuando por el Espíritu Santo
comprendieron el significado de la muerte del Señor, de su entrega y su plan
perfecto, se sometieron a él y tuvieron gozo (Juan. 16:22).
Cuando te rindas al Señor completamente, le verás de una manera distinta y se
gozará tu corazón. “Vuestra tristeza se convertirá en gozo” (Juan. 16:20).
Enero 9 — La Actuación De Dios En Ana
Y Jehová se acordó de ella, — 1 Sam. 1:19 b

Es maravilloso saber que Dios no está metido en un molde y tampoco desea


que nosotros lo estemos. Lo que ocurre es que, a menos que le hayamos
entregado la vida, nos será muy difícil reconocer sus tiempos. El tiene un taller
donde se gestan sus deseos, y su tiempo no es el nuestro ciertamente.
Lo difícil para nosotras es acomodar nuestro paso al suyo y saber que a veces
Dios nos dice: “Espera, ten paciencia, ahora no.” Entonces debemos quedarnos
quietos porque la orden de marcha no ha sido dada, y es temerario avanzar.
Otras veces, por el contrario, recibiremos el estímulo fresco del Espíritu Santo,
encomendándonos tal o cual misión, cuando Dios dice “¡ahora!” Hay tiempos
de quietud y tiempos de acción. La sabiduría consiste en reconocerlos y
aprovecharlos. Lo demás es indiferencia o puro activismo a los que la voluntad
del Señor no acompaña. Y de veras ¡es tan vacío trabajar fuera de ella!
Ana depositó su pedido a los pies del Señor y creyó en quietud; y entonces
pasó algo maravilloso: Jehová se acordó de ella y comenzó su obra a
escondidas, en lo profundo de su seno materno. Nadie lo vio al principio, pero
Ana supo que ella llevaba en su interior el germen de una promesa cumplida.
Deja que Dios actúe en tu vida sin ponerle limitaciones; sólo así conocerás su
voz guiándote amorosamente a través de tu vida diaria.
“…a sus ovejas llama por su nombre y las saca. Y cuando ha sacado
fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen
porque conocen su voz” (Juan. 10: 3 b y 4).
Enero 10 — El Tiempo De Dios Cumplido
Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su
alumbramiento. Y dio a luz su hijo primogénito, y lo envolvió en
pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en
el mesón, — Luc. 2: 6, 7

La expectativa de ser madre es el más caro anhelo de toda mujer. Desde niñas
nos preparamos inconscientemente para ello. Acunamos las muñecas con
tierna solicitud, y no nos importa si están sucias, torcidas o gastadas;
depositamos en ellas nuestro amor maternal en potencia.
Zuny anhelaba profundamente tener un hijo. Ella y su esposo recorrieron,
como tantas parejas, todos los lugares donde pudieran hallar una esperanza.
Finalmente, un poco agobiados, tomaron a su cuidado un bebé pequeño y
desnutrido, lleno de carencias y problemas. No fue fácil criarlo, pero Zuny lo
aceptó como alguien en quien depositar tanto amor maternal frustrado. Y se
produjo el milagro: el amor así derramado fructificó en ellos y a su debido
tiempo su hogar se llenó con otros niños. Ya tenían una familia.
Ana recibió su niño al cumplirse el tiempo de Dios, y como recordatorio le
puso un nombre: Samuel, “por cuanto”, dijo, “lo pedí a Jehová”.
¿Sabes, querida amiga, que Dios también anda buscando seres sucios por el
pecado y desnutridos de su palabra para incorporarlos a su gran familia? Eso es
lo que hizo conmigo, y creo que también contigo, y ahora espera que nosotras
le pidamos que agregue otros hermanos a la familia, y que cuando él lo mande
salgamos a buscarlos.
Enero 11 — La Fe De Ana
Es pues la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve,
— Heb. 11: 1

Si lees Heb. 11:27 encontrarás una curiosa definición de Dios. El autor lo


llama “el Invisible”; y nos relata que Moisés se sostuvo precisamente como
viendo “al Invisible”.
Algo invisible es una cosa que existe y está, pero no se ve. Por lo menos no lo
vemos con nuestros ojos humanos. La fe es como esos anteojos infrarrojos que
usan los cazadores de noche, para ver los objetos como a pleno día. Los revela
y hace visibles aquellas cosas que están ocultas por la oscuridad más completa.
Me gusta pensar en la fe como la luz de Dios. A veces andamos a tientas,
porque no nos apropiamos de esa cualidad maravillosa. Somos ciegos, y no
logramos salimos de nuestra dimensión material. Miramos el oleaje de la vida
y, como Pedro, nos comenzamos a hundir. Entonces clamamos y, sin verla, nos
asimos de la mano de Dios. Y la mano está realmente ahí, muy cerca de
nosotros. Sólo que sin la fe no la podíamos ver.
La fe es el gran revelador de los misterios de Dios, el apoyo intangible que nos
lleva a su presencia, el ingrediente que hace que él se agrade de nosotros
porque “es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es
galardonador de los que le buscan” (Heb. 11: 6). Ana se acercó a Dios con fe y
obtuvo su premio.
¿No tienes fe? Acércate al gran dador, y no saldrás defraudada. El acercarse es
un acto de voluntad que él tiene en cuenta. Es el primer paso para la posesión
de ese precioso don: el de la fe.
Enero 12 — La Labor De Ana
…nosotros somos colaboradores de Dios, — 1 Cor. 3: 9 a

A¡Pohrecilla!”, solemos decir, “tuvo un bebé, pero nació muerto. Tantas


molestias, tantos dolores y también tantas ilusiones para quedar con los brazos
vacíos”. Nosotras las mujeres comprendemos esto y podemos dolernos por una
situación así.
Ahora tú preguntas, ¿para qué pidió Ana un hijo a Jehová, si no lo iba a
disfrutar, no lo iba a tener consigo, y nunca iba a poder apoyarse en él? Era
casi una molestia inútil, casi un enfermizodeseo de ser madre, quizá porque en
Israel esto era cosa de no poca importancia.
Sin embargo Ana conservó a su niño hasta el tiempo del destete y en esos
preciosos años puso en él la semilla del gran hombre de Dios. Nada la distrajo
de su tarea. Ni siquiera la gran fiesta anual en Silo, momento de encuentros y
regocijos. “Yo no subiré”, dijo a su marido, “hasta que cumpla mi misión”. “Y
se quedó la mujer y crió a su hijo hasta que lo destetó.” Criar un hijo, amiga,
es sembrar la semilla en una tierra fértil y blanda, es un compromiso de honor,
es un privilegio ignorado, olvidado y tenido en menos. ¡Son tan breves los
años donde se inculcan los principios y los buenos hábitos! Ana lo comprendió
y se aplicó a la tarea. Nada la distrajo de su ocupación primordial hasta que
llegó el día de cumplir su promesa. La Biblia utiliza una frase corta: “Y el niño
era pequeño.” Me parece que te veo casi sin respirar. ¡Qué momento! El
sagrado momento de la dedicación y de la entrega completa y absoluta, sin
condiciones. “Yo lo dedico también a Jehová, todos los días que viva, será de
Jehová. Y adoró allí a Jehová.”
Amiga, la renuncia llegó a ser adoración. ¿Has pasado tú por la experiencia de
renunciar a algo muy querido para disfrutar de algo superior?
Enero 13 — La Obediencia De Ana
Y entiendan que esta es tu mano; Que tú, Jehová, has hecho esto,
— Sal. 109:27

La rendición total de Ana a la voluntad del Señor, manifestada a través de su


voto y su promesa, tiene mucho de milagro. No es fácil ubicarnos bajo el
señorío de Dios y dejar de obrar. Somos por naturaleza impacientes y
queremos respuestas.
Seguramente las dos palabras más escuchadas por el Señor en el área de
oración son: Dame y quítame.
Dame salud, dinero, oportunidades, poder, influencia, buenos amigos, etc.
Quítame este dolor que me tortura, esta situación terminal, esta persona que
me molesta, este compromiso enojoso. ¿Cuántas veces has ido al trono con un
reclamo así? Lo difícil es llevar la oración y dejarla en el santuario. Nuestra
naturaleza carnal quiere obrar, quiere ayudar a Dios. “¡Yo puedo!”, es el
clamor del hombre autosuficiente.
Es lícito acudir en busca de respuesta a nuestras necesidades. Es normal y
oportuno. ¿A dónde ir sino a la presencia de Dios? Pero lo difícil es dejar la
carga, a pesar de la angustia de llevarla.
Jesús lo entendió así. El no quería morir. A pesar de la grandeza del plan
divino, su humanidad se rebelaba. “Padre, si quieres pasa de mí esta copa,
quítame este sufrimiento, no permitas este martirio.” Pero el obediente hijo de
Dios agrega:
“Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya.”
Jesús, por lo que padeció, aprendió la obediencia. Esta debe ser tu meta, tu
ejercicio cotidiano, en medio de un mundo regido por el príncipe de la
desobediencia. Tu deber de hija es el mismo de Jesús: obedecer al Padre en
contravención total al sistema del mundo.
Enero 14 — La Respuesta A La Oración
Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí,
— 1 Sam. 1:27

Has Pensado que Ana alguna vez fue adolescente? Quizá como tú, que estás
leyendo esta página, eres ahora. O como lo fuiste alguna vez. Todas las
adolescentes tienen sueños, ilusiones y deseos y todas ellas están formando un
carácter definitivo.
Saquémonos, entonces, por un momento la imagen de esa mujer llorosa en el
santuario, y pensemos en la niña que fue enseñada estrictamente en el temor de
Jehová, en la joven que fue prometida a un hombre y soñó con el hogar ideal.
Me parece verla agitar su larga cabellera y decir con convicción: “Cuando me
case tendré muchos hijos y seré feliz. Seré una madre en Israel.”
La realidad se presentó distinta y Ana tuvo que clamar a Dios en su impotencia
humana de dar a luz; pero sus convicciones estaban intactas. Su fe crecida y
madura había fructificado antes que su cuerpo físico, y por ello su clamor llegó
al trono de Dios y él le contestó.
Es en el comienzo de la vida cuando se instalan los principios básicos de la fe.
Por eso te digo, joven amiga: Encomienda a Jehová tu camino y espera en él y
él hará (Sal. 37: 5). No importa cuánto de áspero tenga el camino, la sabiduría
está en esperar en el Señor.
Enero 15 — La Recompensa De Ana
La mujer… después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la
angustia por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo, —
Juan. 16:21
La vida en Cristo es semejante al tiempo que medió entre la oración de fe y el
resultado palpable en el pequeño Samuel. Ana emprendió el camino segura de
su triunfo final y no claudicó ante las dificultades. Si tú eres madre, sabes de
las innumerables molestias y expectativas de la “dulce espera”. Algunas la
afrontan con despreocupación, otras con temores y ansiedades, otras con
sacrificio y dolor. Nada detuvo a esta mujer, como nada ha detenido a miles
que han peregrinado buscando en la ciencia el milagro de una vida.
Vivimos en una era insólita donde se pueden obtener bebés de probeta o por
fecundación en el vientre de la madre. Oímos historias de mujeres que se han
alquilado para dar hijos a otras. El orden natural está alterado. Y la ciencia ha
alcanzado niveles insospechados. Eso ha traído conflictos existenciales a
muchos.
Ana se embarcó en su empresa con la seguridad de que su socio era Dios. El
tenía los recursos. Ella ponía su persona y su voluntad. Por eso te dije al
principio que la vida en Cristo es semejante a la espera del hijo. Transítala con
fe, tomada de la mano de Jesús. Cuando lo veas se gozará tu corazón y nadie te
quitará tu gozo. Cuando lo veas con los ojos de la fe, lo conocerás y no tendrás
que preguntarle nada.
Eso es lo importante: no conocer acerca de, sino conocer al Señor. Como Ana,
tendrás tu recompensa en su compañía y en ser una colaboradora de él en su
gran plan de redención.
Enero 16 — El Regocijo De Ana
Regocijaos en el Señor siempre, — Fil. 4: 4 a

Cuando todas pensábamos que Ana iba a prorrumpir en sollozos ante la


renuncia de su hijo, estalla de golpe ante nosotras su cántico triunfal.
“¡Mi corazón se regocija en Jehová!” Regocijo es júbilo, es un acto con que se
manifiesta alegría.
El siempre del apóstol Pablo, era una realidad vital para la mujer. Siempre era
el tiempo de ganancia y también el de pérdida, el tiempo de tener fe y el de ver
el fruto de su deseo, el tiempo de llorar y el de reír. Siempre es una palabra
absoluta y total. Abarca todo. ¡Ah! pero a veces, no siempre, yo me desanimo,
me siento derrotada y creo que todos se han olvidado de mí. ¿No te pasa a
menudo? Y el regocijo de siempre, se llena de sombras y de grandes paréntesis
de oscuridad. Yo busco a Dios, pero no lo encuentro, estoy en crisis y no
puedo estar feliz, y ese siempre glorioso se torna vago y estéril.
Fíjate en el “Mi corazón se regocija en Jehová” de Ana y en el “Regocijaos en
el Señor siempre”. Ahí está el secreto. El regocijo no nos pertenece, está en
Dios, en Jesús. Si lo tienes a él, podrás tener su gozo a pesar de todas las
carencias. No hay otra fuente, no la busques. El mundo se afana en
reproducirlo pero no puede darnos más que un pobre remedo que se esfuma
ante el primer dolor.
¿Quieres vivir en eterno regocijo? Es muy sencillo: déjate llenar por el Señor.
Enero 17 — Visión De La Grandeza De Dios
Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se
fortaleció su fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era
también poderoso para hacer todo lo que había prometido,
— Rom. 4:20, 21

Creo que si el apóstol Pablo se paseara hoy por las calles de nuestros pueblos
y ciudades, se sentiría muy cómodo y el entorno le resultaría familiar.
Como allá en Atenas, encontraría enseguida los numerosos dioses modernos a
los cuales nuestros contemporáneos rinden culto. Riqueza, sexo, fama,
corrupción, imágenes de todas clases, sectas paganas y cuanto nos rodea no
producirían mucho estupor en él. Quizá, ¡oh sí! sin duda, también encontraría
el altar “al dios no conocido” erigido en muchos corazones. Y esto es natural,
pues él mismo nos dijo en 2 Cor. 4: 4 que
“el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que
no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es
la imagen de Dios”.
La promesa más grande de Dios, su hijo Jesucristo, ya cumplida en la persona
del Mesías, no puede ser vista por ojos incrédulos. Sólo cuando la fe descorre
la cortina, el hombre puede distinguir la grandeza del Dios que promete. Es por
eso que tenemos la misión ineludible de llevar el evangelio a toda criatura.
Nadie puede estar conforme con los pequeños y sórdidos dioses de fabricación
humana. Por eso, todos deben ser llevados al conocimiento de Jesús. Ana
comprendió esto y lo imprimió en su canto triunfal de fe. “No hay santo como
Jehová, porque no hay ninguno fuera de ti y no hay refugio como el Dios
nuestro.” Tal grandeza excluye todo intento de emulación.
El ojo alumbrado por el conocimiento de Dios ve su grandeza y se toma de sus
promesas, porque son la verdad.
Enero 18 — La Fortaleza De La Debilidad
Todo lo puedo en Cristo que me fortalece, — Fil. 4:13
Los arcos de los fuertes fueron quebrados, y los débiles se ciñeron de poder,
— 1 Sam. 2: 4

Conozco a Gueli desde hace mucho tiempo. Tiene la sonrisa fácil y la


carcajada a flor de labios. Es toda actividad, y contagia alegría de vivir; pero
no te equivoques, su vida no es un lecho de rosas.
El esposo de Gueli está inválido desde hace casi diez años. Cuando florecía la
vida, los proyectos, la crianza de los hijos, de pronto, todo se derrumbó y ella
se quedó con su esposo enfermo enfrentando la vida. Entonces vino la
debilidad. ¿De dónde podría sacar fuerzas para esa tarea de gigantes? ¿Cómo
llevar adelante un hogar traumatizado por tan aguda crisis? Ese y muchos
interrogantes golpearon a mi amiga con mucha fuerza, hasta casi derrumbarla,
pero ella se tomó de la mano de Dios y comenzó a caminar. ¿Viste cómo
camina un niño que da sus primeros pasos? Su fuerza no está en él sino en
quien lo sostiene. Parece que va solo, pero se apoya en la mano amiga, y la
debilidad se hace fuerza porque el que sostiene es firme.
Mi amiga, porque es débil, me ayudó en un tiempo de crisis, me consoló y
apoyó y se brindó toda ella, para animarme. Me enseñó una lección práctica de
confianza y fe, y sospecho que su texto favorito será el que leíste al principio
de esta meditación: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”
Aprende, entonces, a usar tu debilidad de cada día en la gran paradoja que
también conoció el apóstol Pablo:
“Por amor a Cristo me gozo en las debilidades… porque cuando soy
débil entonces soy fuerte” —(2 Cor. 12:10).
Enero 19 — La Plenitud De Ser Madre
Hasta la estéril ha dado a luz siete, Y la que tenía muchos hijos languidece,
— 1 Sam. 2: 5

Mirando desde el punto de vista humano, la situación de Ana al entregar a su


hijo Samuel en el santuario, era exactamente como al principio. Lo mejor de
ella, su esperanza, su consuelo, quedaba allí en ese pedacito de su ser que
dejaba.
¿Alguna vez te has separado de un hijo pequeño? ¿Tal vez por poco tiempo?
¿Recuerdas cómo duele? ¿Cómo piensas en él a toda hora y no disfrutas
íntegramente de lo que haces? Ana volvió a su casa con las manos vacías, pero
su corazón estaba colmado de bendición y expectativa. Había sido la gran
colaboradora de Dios al gestar a ese pequeño apartado para el santuario, y
ahora resonaba en sus oídos la bendición sacerdotal de Elí hacia su marido
Elcana al despedirlos: “Jehová te dé hijos de esta mujer en lugar del que pidió
a Jehová.” EN LUGAR DE. El vacío iba a ser llenado, había esperanza y Ana,
conocedora de Dios, confió.
A su tiempo su pérdida se convirtió en plenitud y Ana se encontró madre de
tres hijos y dos hijas, pero su familia incluía también al hijo ausente, aquel que
crecía delante de Jehová (1 Sam. 2:21).
¿Has pensado que lo mejor de tu existencia, la primicia de tu ser, debe ser
entregada al Señor para que luego fructifique tu vida en bendiciones? El hogar
de Ana nunca más estuvo vacío, porque a partir de la entrega voluntaria y total
de su hijo, Ana llegó a ser una madre completa. Y nunca más fue
menospreciada por estéril.
¡Oh, que puedas comprender ese principio de Dios y puedas brindarte sin
retaceos para cumplir el propósito de él contigo!
“Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando
darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís,
os volverán a medir” (Luc. 6:38).
Enero 20 — La Omnipotencia De Dios
Jehová mata, y él da vida; El hace descender al Seol, y hace subir.
Jehová empobrece, y él enriquece; Abate, y enaltece, —1 Sam. 2: 6, 7

Las dos situaciones límites de nuestra vida están en las manos de Dios: la vida
y la muerte. Y entre ellas, toda la gama de vivencias que se nos pueda ocurrir.
Me gusta pensar que un Dios así de todopoderoso es mi padre, mi papá, mi
amoroso papá al que puedo ir con cualquier pedido en cualquier momento y
circunstancia.
Toda la gente recurre a algo o alguien en busca de ayuda y es por eso que toda
suerte de poderes están en juego. Magia, hechicerías, curanderismo proliferan
por todas partes, a veces disfrazados de respetabilidad y hasta de
profesionalismo. Y esto no es extraño porque hay quien se disfraza de ángel de
luz: el príncipe de las tinieblas. Este tiene mucho poder y muchos incautos
caen en sus garras, pues aparentemente obtienen mejoría o soluciones sin
advertir que son atrapados en las redes del mal. Hay una verdad absoluta: el
que no es hijo de Dios, por pertenecer a su familia gracias a su confesión de fe
en Cristo, es hijo del diablo. Jesús lo dijo claramente: “Vosotros sois de
vuestro padre el diablo y los deseos de vuestro padre queréis hacer”
(Juan. 8:44).
¿Comprendes ahora el alcance de la guerra espiritual, la lucha de poderes entre
el usurpador y el Dios todopoderoso? El diablo apela a todas las seducciones
para rendir a los incautos, y a veces tenemos que admitir que hace tropezar a
los propios creyentes. Nuestra naturaleza es débil; por eso debemos acudir a la
Roca de refugio, cubrirnos con las alas del Señor y ponernos la armadura de
Dios.
Aceptemos los recursos de nuestro Padre el omnipotente, pongámoslos en
acción, apropiémonos de ellos por la fe. En Cristo somos más que vencedores.
Enero 21 — La Oración Angustiada
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan
lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor?
Dios mío, clamo de día, y no respondes; y de noche, y no hay para mí
reposo, — Sal. 22: 1 y 2

Hubo una jovencita que tuvo una experiencia traumática en plena


adolescencia: la muerte de su padre. Hasta entonces, se había sentido feliz y
despreocupada, protegida y segura. Pero de un día al otro esto cambió y el
sentimiento de desamparo más profundo cayó sobre ella llevándola al borde
del colapso. Esa niña era yo, y quiero compartir contigo mi oración angustiada
de aquel entonces que me llevó a establecer una relación real y verdadera con
el Padre celestial:
Como al árbol que azota con violencia
ciego y confuso oscuro vendaval
así me redujiste a la impotencia,
para enseñarme a orar.
Era planta lozana y orgullosa,
pero débil arena era mi pan.
No buscaba tu tierra generosa,
para en ella raíces afirmar.
Pero tú permitiste que azotara,
reciamente furiosa tempestad,
y la copa soberbia, verde, altiva;
inclinaste las ramas al quebrar.
Y en el suelo cual árbol derruido
me viste vacilar
mas, como bondadoso jardinero,
cuidaste que volviera a retoñar.
Y junto al manantial de tu ternura
volví yo a enraizar.
Dame, Señor, que no fronda vacía
sino sombra bendita vuelva a dar.
¿Estás angustiada amiga? Ora y recibirás respuesta.
Enero 22 — La Oración Rendida
Y decía: Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí
esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú, — Mar. 14:36

No es casualidad que la guía de oración rendida a la voluntad del Padre


provenga de Jesús, nuestro modelo por excelencia. Todo el proceso de su
angustia al verse desamparado ante tamaña empresa, la de la cruz, y su entrega
total, fue realizado delante de la presencia del Padre celestial, en un nivel
superior: el nivel de la oración.
“Bueno”, tú dices, “Jesús era Dios. El podía dirigirse al Padre con
familiaridad. Abba, Padre. Conocía su omnipotencia, todas las cosas
son posibles para él. Y hacía su pedido: ‘Aparta de mí esta copa.’ Pero
observa después del punto y coma: ‘mas no lo que yo quiero, sino lo
que tú.’ ¡He aquí una pequeña frase difícil de decir!”
Es fácil venir al Padre. Somos sus hijos y podemos hacerlo, es fácil hacer
nuestras peticiones con fe, sabiendo que es Todopoderoso.
Es fácil y precioso recostarse en su pecho y con ese derecho adquirido por
adopción murmurar Abba, Padre. Pero no es fácil hacer entrega de nuestra
voluntad, terca, rebelde, testaruda, inclinada al mal y decirle a Dios de
corazón: “Obra en mí, haz tu voluntad, que a pesar de todas las apariencias es
perfecta.” No es fácil y tú y yo lo sabemos. Sólo cuando el Espíritu Santo de
Dios nos llena y nos ayuda en nuestra debilidad podemos hacerlo, sabiendo
que ese es ciertamente el único camino que agrada al Padre. El de la
obediencia.
Dame Señor, en este día, que pueda rendir mi voluntad a la tuya y soltar
aquello que aferro desesperadamente y que es un impedimento para que tu plan
perfecto se realice en mí.
Enero 23 — La Oración Confiada
Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en
Dios; y cualquiera cosa que pidiéramos la recibiremos de él, porque
guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables
delante de él, — 1 Jn. 3:21, 22

Ya no se puede confiar en nadie. Lo oímos a diario, lo dicen los periódicos, la


televisión, la radio y la gente que nos rodea. No hay justicia, no hay
parámetros por los cuales guiarse, hay solamente corrupción y también hay
mucho temor. ¿Qué va a pasar? No lo sé, pero si sé que tengo un refugio, y
este es el Señor. Así de simple y así de eficaz.
Amiga, ¿tienes tu confianza en el Señor? Examina tu corazón en esta hora de
quietud. ¿Confías en él pase lo que pase, o estás sin asidero como en medio de
un terremoto? Si es así preocúpate seriamente de reveer tu relación con Jesús.
Sácalo en claro. ¿Qué es él para ti? ¿El Señor? ¿El Salvador? Puesto esto en
claro ponte a pensar: ¿Puedo confiar en él, en sus promesas eternas, en su
Palabra fiel? Y si puedes, ¡Gloria a Dios! Eres su hija.
Ahora piensa en los demás. ¿Qué de los que no conocen a Cristo?, ¿puedes ver
su angustia, su inseguridad? Ocúpate de raspar la corteza de autosuficiencia
que hay en tus amigos, tus vecinos, tus familiares. Entonces verás aparecer las
señales de la desconfianza y el temor. ¿No te das cuenta de que esa es
precisamente la demanda del Maestro? “Id por todo el mundo, encontrando
gente enferma y sin confianza, y llevad mis buenas nuevas de seguridad y paz.
Nada más. Así de simple con el poder del Espíritu Santo que vive en ti.”
Señor, confío en tu poder absoluto; me lanzo en tus brazos como el niño en los
de su padre. Úsame para acercar a otras personas al único confiable en este
tiempo de crisis: Jesús, el Señor.
Enero 24 — La Oración De Acción De Gracias
Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad
en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así
como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias,
— Col. 2: 6, 7

La acción de gracias no se habla, se siente. Es como un chorro de vida que


circula por nuestras venas — es como conectarse a la fuente de energía
perfecta — es la más vital de las oraciones. Restaura física y espiritualmente a
la persona. Sana, libera, canta y es tan maravillosa que me asombra al ver
creyentes que anden caminando por ahí como focos de luz apagados cuando
tienen a su disposición tamaña usina.
Si es acción de gracias no es algo pasivo, se ejecuta, brota del yo interior
alimentado por el gran dador, el Espíritu Santo, y va hacia Dios en un círculo
perfecto de dar y recibir.
Diez hombres leprosos salieron al encuentro de Jesús en una aldea entre
Samaria y Galilea. Se pararon lejos y gritaron: “¡Jesús, Maestro, ten
misericordia de nosotros!” Jesús les contestó: “Id, mostraos a los sacerdotes” y
ellos obedecieron. La Biblia nos relata:
“Y aconteció que mientras iban fueron limpiados. Entonces uno de ellos,
viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se
postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y este era samaritano.”
Todo en contra; un extranjero solo volvió a Jesús para darle gracias y
glorificarlo. Este hombre vio que había sido sanado; los otros nueve no
sabemos. Sus ojos espirituales fueron abiertos y conoció a quien era el poder y
la virtud de su sanidad y allí brotó la adoración acompañada de acción de
gracias.
¡Quizá nos falta ver al Señor en su real dimensión; saber que está aquí y ahora
extendiendo sus manos de amor hacia nosotros!
Enero 25 — La Oración Victoriosa
Dios es el que me ciñe de poder, y quien hace perfecto mi camino;
quien hace mis pies como de ciervas, y me hace estar firme sobre mis
alturas, — Sal. 18:32, 33

Los versículos para nuestra meditación de hoy forman parte de un cántico de


liberación del rey David, el día que Jehová lo libró de todos sus enemigos y de
la mano de Saúl (2 Sam. 22: 1 b).
La guerra había sido dura y las batallas contra gigantes tremendas, pero David
podía exclamar: “Porque yo he guardado los caminos de Jehová y no me aparté
impíamente de mi Dios. Pues todos sus decretos estuvieron delante de mí y no
me he apartado de sus estatutos” (2 Sam. 22:22, 23). David había descubierto
la fuerza y el poder de Dios y a él recurría continuamente, en medio de su
fragilidad humana. Sabía que el único recurso seguro era guardar los caminos
de Dios, serle fiel y recibir el poder para vencer al gigantesco enemigo.
Nosotros también tenemos gigantes en nuestras vidas que se levantan en
nuestro camino adoptando las más diversas formas, como aquellas figuras
fantasmagóricas que nos llenaban de espanto siendo niños en los trenes de los
parques de diversiones. Lucha con ellas en oración echando mano del poder de
Dios.
La oración victoriosa es la que toma autoridad sobre lo que no se ve, confiando
desde el principio, antes de ver resultados. Dice Frank Boreham:
“Cada gigante que vea en el camino y me haga sentir como una
langosta, es tan solamente un espantapájaros que me está señalando las
más ricas bendiciones de Dios. La FE es un pájaro el cual gusta posarse
sobre los espantapájaros. Sabe que siempre hay espantapájaros donde
están sembradas las frutillas. Todos nuestros temores no tienen ningún
fundamento.” (Tomado del libro “El corazón Apercibido” de Hannah
Hurnard.)
Querida amiga, prueba tornar tus temores en fe, y comienza a hacerlo en el
secreto de tu comunión personal con el Señor. Derrotarás a tus enemigos,
cualquiera sean sus nombres y conocerás el secreto de la oración victoriosa.
Enero 26 — La Lección De Ana
Por tanto no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad
del Señor. No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes
bien sed llenos del Espíritu, — Ef. 5:17, 18

Notaste cómo este pasaje se semeja curiosamente a aquel que vimos al


comienzo, cuando conocimos a Ana? ¿Qué le pasó al sacerdote Elí cuando la
confundió con una borracha, estando ella derramando su espíritu ante Dios?
El vino se posesiona del espíritu del hombre y este ya no es más dueño de sus
actos. Caen sus inhibiciones y es capaz de realizar acciones de las cuales luego
se avergüenza profundamente al recobrar su compostura. Esto, en el nivel
descendente del ser humano, aquel que lo lleva a la ruina y a la
autodestrucción. ¡Cuántas veces decimos: “Es muy bueno, pero cuando toma,
parece otro”! Se torna violento y ridículo y destroza lo que más ama. El vino
es un vehículo utilizado por Satanás para destruir vidas. Pero hay esperanza;
Jesús dijo: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”
(Juan. 10:10 b). Sólo falta algo de nuestra parte: apropiarnos por fe de esa vida
abundante y ser llenos del Espíritu Santo. Entonces él nos llevará a un nivel
ascendente y cumpliremos la voluntad de Dios cada día. Para eso debemos
anhelarlo y pedirlo. Y luego con la vida de Cristo en nosotros caminar por fe
haciendo su voluntad aun en las cosas más pequeñas.
¿Seremos obedientes como Ana y nos dejaremos usar por el Señor? Ella pudo
decir al final de su cántico triunfal, con una visión profética que sólo el
Espíritu Santo pudo dar a una sencilla mujer hebrea: “Jehová juzgará los
confines de la tierra. Dará poder a su Rey, y exaltará el poderío de su Ungido”
(1 Sam. 2:10 b). Tú también puedes ensanchar tu visión y saber que tu Señor
es Rey de reyes y Señor de señores. ¡Sírvelo!
Enero 27 — El Sello Del Espíritu Santo
… habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la
promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la
posesión adquirida, para alabanza de su gloria, — Ef. 1:13 b y l4 ,
con el cual fuisteis sellados para el día de la redención, — Ef. 4:30

Tener el sello del Espíritu Santo en nosotros es un honor indescriptible y una


responsabilidad tremenda. El sello, que no es otra cosa que una marca de
propiedad, nos asegura que pertenecemos al Señor. Ahora bien, ¿dónde crees
tú que tienes el sello que garantiza que eres hija de Dios? O dicho de otra
manera ¿piensas que es algo visible o invisible?
En Deut. 15:17 se nos cuenta que cuando un esclavo en Israel resolvía
quedarse de por vida y voluntariamente con su hermano de sangre para
servirle, este tomaba una lesna y horadaba su oreja como señal de pertenencia.
El sello del Espíritu Santo en nuestra vida apunta hacia nuestra redención. Ese
día precioso hará visible a todos los ojos nuestra condición de hijos de Dios, no
de esclavos. Ese día ciertamente Jesús proclamará: “Estos son míos,
comprados por mi sangre que derramé en la cruz” y, así como dice 1 Ped. 4:13,
“en la revelación de su gloria nos gozaremos con gran alegría”.
Sin embargo, un sello es algo que marca desde que se coloca y para siempre.
Por eso debe verse, aun ahora, en el tiempo de nuestro pasar por la vida.
Querida amiga: te hago una pregunta solemne. ¿Se ve el sello del Espíritu
Santo en tu vida? Los que te rodean, ¿pueden ver en ti alguien apartado por el
Señor para cumplir una tarea, alguien que vive diferente y es diferente al
mundo que la rodea?
Mi oración es que puedas contestar afirmativamente.
Enero 28 — El Señorío De Cristo
Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre
que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda
rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra y debajo de la tierra;
y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios
Padre, — Fil. 2: 9-11

Te invito a cantar conmigo este pasaje. Es una melodía irresistible que crece y
crece hasta llegar al máximo del poder y la gloria del Señor. Es la coronación
del Rey, el premio merecido a su sacrificio, la glorificación del mismo Dios en
el cielo. ¡El nombre de Jesús, sobre todo nombre! No hay otro superior. El
nombre es algo que nos identifica, por el cual somos llamados.
El nombre de Jesús es poderoso, y hace doblar toda rodilla en señal de respeto
y reverencia. El hombre doblado sobre sus rodillas reconoce a su Señor,
admite su señorío; pero eso no basta, es necesario que otro miembro del cuerpo
se ponga en movimiento y en este caso es la lengua. Toda lengua debe
confesar que Jesucristo es el Señor, para que Dios sea glorificado. La lengua,
ese pequeño miembro tan difícil de dominar, que está puesto en medio de
nuestro cuerpo físico. ¿Por qué el señorío de Cristo requiere que accionen los
dos miembros más difíciles de quebrar? El orgullo impide que doblemos las
rodillas y la lengua no rendida es capaz de encender gran fuego. Dios es sabio,
toca nuestros puntos débiles, y si éstos se rinden todo lo demás puede cantar
“¡Alabado seas, Señor!”
El gran apóstol Pablo pudo decir:
“Vivo no ya yo, sino que Cristo vive en mí y lo que ahora vivo en la
carne lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí
mismo por mí” —(Gál. 2:20).
Jesús nos amó, y se entregó por nosotros. ¿Podremos nosotros hacer lo mismo,
corresponder a su amor y luego rendirnos a su señorío, dejándole vivir a través
de nuestra vida toda? Que así sea. Busca el Señor, adórale en espíritu y en
verdad.
Enero 29 — La Obra Del Espíritu Santo En Mi
Respondiendo el ángel le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el
poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el
Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios, — Luc. 1:35

Te invito a que pienses en la Navidad. “¿Pero cómo?”, me dices. “Si acaba de


pasar, y para la próxima falta mucho.” No importa; todo tiempo es bueno para
pensar en el milagro de la encarnación. Jesús, hijo de Dios hecho hombre a
través de un vehículo humano. La virgen María, una doncella de Nazaret.
Obediente y dócil al plan de Dios. María no opuso reparos pese a los
inconvenientes que le traería su estado y que ella ciertamente no ignoraba.
Hay muchas madres solteras en los días en que vivimos, y también madres
abandonadas, tristes y frustradas. ¡Cuántas esperanzas truncas! ¡Cuántas
amarguras! No fue este el caso de María. Dios mismo preparó a José y le dio
un espíritu comprensivo y abierto para recibir como esposa a la que era su
prometida. ¡Qué corazón el de José y qué sometimiento el de María ante este
misterio sin igual; la sombra del poder de Dios cubriéndola y gestando un ser
en sus entrañas! ¿No te recuerda a Ana? ¡Tan diferente!, una pidiendo un hijo
anhelado, otra siendo avisada de un nacimiento milagroso, y ambas estallando
en una oración de acción de gracias ante la actuación del Espíritu Santo en
cada una de ellas. Nota en el cántico de Ana y en el de María la frase “Mi
corazón se regocija en Dios”, y María agrega, en su humanidad, “mi
Salvador”. Ellas comprenden y se prestan al plan maestro de Dios: una
engendrará a un sacerdote-profeta y otra al hijo de Dios, el Salvador.
Tú y yo, mujeres, podemos también ser usadas por el Espíritu Santo si de veras
se lo permitimos. Después de todo él no tiene otras manos y otros pies u otras
bocas que las nuestras para anunciar su mensaje de redención. Testifiquemos a
los que nos rodean. “Me ha hecho grandes cosas el poderoso.”
Enero 30 — Victoria En Cristo
Atravesando el valle de lágrimas lo cambian en fuente, Cuando la
lluvia llena los estanques. Irán de poder en poder; Verán a Dios en
Sion, — Sal. 84: 6 y 7

Una amiga mía, que no hace mucho conoce al Señor, me pidió que escribiera
sobre la diferencia que existe entre el dolor o la pena del que no cree en Dios y
la del que confía en él. Te lo cuento porque yo vi que ella captaba ahora la
diferencia, y tú también la conoces ¿no es cierto, querida amiga?
Si conoces a Jesús como Salvador y Señor tienes un antes y un ahora. El antes
es sombrío, es como el valle de lágrimas del que habla el salmista. Pero el
ahora… tienes en el ahora también circunstancias dolorosas, momentos
difíciles, apremiantes a veces. Pero tu estanque está lleno de lluvia de
bendición y eso hace la diferencia. Jesús vive, es real, está a la diestra de Dios,
intercede por ti y te ama. ¿Lo oyes? Te ama completa y absolutamente porque
él mismo es amor, y entonces lo que era antes desesperanza y angustia se torna
en un ejercicio del espíritu. ¡Hay que vencer esa dificultad!
Yo no puedo, Cristo sí. Y entonces viene el poder y la victoria que no es mía,
sino de mi Señor viviendo en mí. El ahora, radiante, el sentimiento de
compañía, la esperanza segura de ver a Dios. El ver en toda circunstancia la
mano de Dios moviéndose y saber que “a los que aman a Dios, todas las cosas
les ayudan a bien” (Rom. 8:28).
¡Anímate, entonces! Cualquiera sea tu situación, si tus ojos se abren verás
ejércitos celestiales moviéndose a tu favor. Verás en cada prueba una victoria,
irás de poder en poder y sentirás que tú, una mujer como todas, tienes el
secreto de la vida porque en tu corazón habita Cristo por la fe y él mismo
ahuyentará todas tus sombras.
Enero 31 — Aprobado En Cristo
Saludad a Apeles, aprobado en Cristo, — Rom. 16:10 a

Hace pocos días asistí a un Acto de Colación de Grados en un colegio


secundario. ¡Qué entusiasmo reinaba allí y qué alegría se leía en los ojos de los
jóvenes que habían aprobado sus exámenes finales! Y yo me pregunté: “¿qué
es estar aprobado?” Fui al diccionario, que todo lo sabe, y leí: “Calificación
mínima de aptitud o idoneidad”, y te aseguro que me sorprendí.
Aprobado es lo mínimo que se requiere para la capacitación. Hay mucho más,
se puede ser un aprobado sobresaliente, ¡qué maravilla! Hay grados de
aprobación desde lo justo hasta lo máximo partiendo de una calificación
mínima de idoneidad. Me acordé, no sé por qué, de Apeles, ese hermano
nuestro que figura al final de la epístola a los Romanos y del que sólo se dice
“aprobado en Cristo” y me pregunté, “¿puedo poner mi nombre y decir
aprobado en Cristo?” ¿Puedes tú poner el tuyo? Hazlo, y el Espíritu Santo te
guíe a reconocer tu verdadero estado ante él.
¿Estás aprobado? ¿con qué calificaciones? ¿mediocres? ¿sobresalientes? Si
eres hijo de Dios ciertamente ya tienes la salvación, pero ¿qué de las
recompensas prometidas? Sólo los mejores alumnos se llevaron los premios en
el Acto de Colación, las distinciones y las honras. Atrévete a aspirar a ser un
aprobado con calificación sobresaliente. Sigue el consejo de 2 Tim. 2:15 y
“procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene
de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad”.
Enero se va, y con él nos despedimos de Ana, aprobada en Dios. Ojalá que tú
también puedas oír la voz de tu Señor llamándote a través de su Espíritu para
tal o cual tarea, y que al cumplirla sepas que él te dice: “Bien buen siervo y
fiel: Sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu
Señor.” Amén.
Febrero — Las Relaciones Interpersonales
Sonia Kovalchuk de Larrosa
Durante el mes de febrero vamos a trabajar juntas sobre nuestras relaciones
interpersonales. Consideraremos cómo comportarnos con las personas que nos
rodean, dentro y fuera de la iglesia. Veremos qué actitudes debemos tener con
esposo, hijos, compañeros de trabajo, vecinos, hermanos etc. Iremos
descubriendo qué cosas cultivar entre nosotros y qué desarraigar. Veremos
cuáles son los elementos necesarios, según la Biblia, para llevarnos bien unos
con otros.
La vida de Lidia, la vendedora de púrpura, nos servirá como inspiración para
descubrir lo que se puede lograr y dar cuando Dios entra a reinar en la mente y
el corazón de las personas.
El desafío será leer y guardar en tu mente lo que los cristianos llamamos “La
regla de oro”: “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con
vosotros, así también, haced vosotros con ellos” (Mat. 7:12).
La autora de las meditaciones de este mes es la señora Sonia K. de
Larrosa. Ella es una mujer cristiana del Uruguay, quien desarrolla
un amplio ministerio como esposa de pastor, líder en el trabajo
femenil, madre de familia y activa en todo lugar en donde vea que
Dios le puede utilizar.
Febrero 1 — Estar Unidas En Oración
Y un día de reposo salimos fuera de la puerta, junto al río, donde solía
hacerse la oración; y sentándonos hablamos a las mujeres que se habían
reunido, — Hech. 16:13

Pocos días antes de los sucesos de este pasaje, estando en la ciudad de Troas,
el apóstol Pablo tuvo una visión de alguien que pedía socorro: “Pasa a
Macedonia y ayúdanos.” Era la respuesta a la oración de estas mujeres que
acostumbraban reunirse junto al río.
No había templo ni sinagogas en aquella colonia, pero el deseo de buscar a
Dios las hizo reunirse. No pudieron encontrar otro lugar mejor; “fuera de la
puerta”, lejos de los ruidos de la ciudad, de la gente, de sus negocios, de todo
lo que estorbara una búsqueda espiritual. “Junto al río”, la creación de Dios,
agua, plantas, aves, es decir un ambiente propicio para escapar de lo mundanal,
y elevar los pensamientos hacia el Creador.
¡Qué experiencia para el misionero Pablo haber encontrado a este grupo de
mujeres orando! De hecho, no tuvo que ir a golpear puerta por puerta, ni
convencer a desconocidos de su necesidad espiritual. Todo estaba preparado
como la buena tierra para la siembra.
¡Qué sorpresa para este grupo de damas, que alguien llegara hasta allí y les
hablara de lo que justamente ellas estaban buscando!
Jesús dijo a sus discípulos: “si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la
tierra acerca de cualquier cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que
está en los cielos”. ¿Sabes?, la oración une a las personas entre sí y las acerca a
Dios. El se complace en bendecir la vida de los que oran. Orar junto a otros
que creen como nosotros, trae fuerza y aliento a nuestra vida.
¿Asistes tú a algún grupo de oración? Quizá en tu casa podría haber uno, como
el de estas mujeres junto al río. Estoy segura de que el Señor enriquecerá tu
vida si hoy mismo te pones de acuerdo con alguien para orar. No olvides su
promesa: si dos se ponen de acuerdo en la tierra, él oye desde el cielo y
responde.
Febrero 2 — Saber Escuchar
Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad
de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo, — Hech. 16:14 a

Lidia era una mujer comerciante, vendedora de telas finas. Para colocar la
mercadería debía andar mucho, y tratar a diario con muchas personas. Su
trabajo hacía que Lidia estuviera hablando continuamente. No cabe duda que
sabría hacerlo muy bien ya que vivía con el producto de sus ventas. Además
era una mujer sociable, acostumbrada a reunirse con otros. Pero cuando llegó
Pablo a donde estaban reunidas varias mujeres, Lidia escuchó, y con mucha
atención. Sus oídos realmente estaban preparados para oír ya que ellas habían
estado orando y meditando. Ese día pudo conocer a fondo la maravillosa
historia de Jesucristo y descubrir el plan de Dios para su vida.
A Lidia le gustaba hablar y necesitaba hacerlo, pero fue sabia en cerrar su boca
en el momento adecuado para dar oportunidad a que hablara alguien que podía
transmitirle un gran mensaje y que cambiaría el rumbo de su vida.
Oír a otros requiere disciplina y esfuerzo de nuestra parte, interés en quien
habla y en lo que dice. Cuando hablamos, decimos las cosas que ya sabemos,
pero al escuchar tenemos la oportunidad de aprender cosas nuevas.
Una de las maneras de aprender es leer y meditar la Palabra de Dios para
conocer su voluntad para nuestra vida. También aprendemos cuando
escuchamos a los demás y conocemos de sus luchas y alegrías. Lidia conoció
del amor de Dios al escuchar a Pablo. Saber oír es un arte que provee los
conocimientos necesarios para tener una buena comunicación con los que nos
rodean . Hay muchas personas que viven situaciones difíciles, abrumadoras. Se
necesitan consejeros llenos del Espíritu Santo que estén dispuestos a
escucharles.
¿Quisieras abrir tus oídos y tu corazón como lo hizo Lidia, para escuchar y
consolar? El Señor te ayudará a hacerlo.
Febrero 3 — Tener Un Corazón Abierto
Entonces una mujer llamada Lidia, …que adoraba a Dios, estaba
oyendo, y el Señor abrió el corazón de ella, — Hech. 16:14
He aquí yo estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y abre la
puerta entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo, — Apoc. 3:20

En mi niñez, día a día observaba una lámina en la pared de mi casa. Se trataba


de la figura de Jesús llamando a una puerta. Cada día al levantarme veía que
allí estaba Jesús, golpeando suavemente y esperando. En mi fantasía me decía
a mí misma, “¡Cuánta paciencia, aún está allí. Aún no le han abierto!” Como
vivíamos en el campo, mis padres realizaban reuniones caseras y nuestra tarea
era ir por los campos vecinos y recordarles la hora de la reunión. Como mis
padres eran muy buenos, las personas venían, les gustaba escuchar, cantaban
los himnos, pero recuerdo que no era nada fácil hacerles entender eso de
abrirle el corazón a Cristo, y dejarle entrar.
El versículo de hoy nos dice que Lidia adoraba a Dios. Sin embargo, cuando el
apóstol Pablo comenzó a predicar, algo diferente se produjo en su mente y
corazón. Ella fue accesible a la voz de Dios, y el Señor obró para que la puerta
de su corazón se abriera, y una nueva dimensión del concepto de Dios llegara a
su mente. Ella descubrió lo que era tener al Señor en su propia vida, de una
manera muy real y personal. Jesús entró a vivir con ella para compartir todos
sus momentos. Todo cambió de pronto; ahora no iba al río a buscar a Dios,
estaba en ella y en su casa. A partir de allí, la gente vendría a buscar a Dios a
través de la vida de Lidia. Toda su familia se convirtió, lo que ayudó a que en
ese lugar se comenzara la iglesia de Filipos. Alabado sea el Señor por los
cambios que él produce en aquellos que abren su corazón a la obra del Espíritu
Santo.
¿Cuál es el concepto que tienes tú de Dios? ¿Le adoras a lo lejos, o le has
abierto tu corazón como Lidia? ¿Tu familia se da cuenta de que Dios vive en
ti? No te cierres a la obra del Espíritu de Dios; él quiere hacer grandes cosas
con tu vida. Conságrate a él completamente.
Febrero 4 — Poner Verdadero Interés
…y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que
Pablo decía, — Hech. 16:14 b
Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer
por su buena voluntad, — Fil. 2:13

Se nota por el relato que Lidia era una mujer de carácter firme y decidido.
Puso toda su atención en lo que Pablo decía, porque verdaderamente ella
quería saber y estar bien informada. Era una mujer muy ocupada, trabajaba
mucho y no tenía tiempo para perder. Si en realidad esto era para ella,
necesitaba comprenderlo en ese momento que se le presentaba.
Cualquier estudiante sabe que para comprender una materia necesita poner
atención a cada frase de su profesor.
En nuestras congregaciones generalmente hay algunas personas que siempre
están aprendiendo y nunca saben nada. Cuando hay que actuar no están
preparadas. Se debe a que están distraídas en otras cosas porque no han
gustado de corazón las verdades del Señor.
Lidia estuvo tan atenta, tan interesada en la enseñanza de Pablo, que
inmediatamente llevó a la práctica lo que aprendió. Obedeció al Señor en el
bautismo, ella y toda su familia. Practicó el amor fraternal, hospedando a Pablo
y sus compañeros. Evangelizó abriendo su casa para hacer reuniones. Ofrendó
de su dinero junto a los otros creyentes para la obra misionera, apoyando a
Pablo por los lugares donde él iba. Comenzó a producir con su vida al ciento
por ciento.
Es cierto que el Señor abrió su corazón para que entendiera cada enseñanza,
pero ella denotó verdadero interés de su parte y se dispuso delante de Dios.
Dios está pronto para producir en nosotros así el querer como el hacer; pero él
no obliga, nos da libertad para decidir.
No seas una cristiana que te distraes con cosas superfluas de este mundo. Está
atenta a las demandas de Cristo; comprométete con todo a su causa. Ora
pidiéndole al Señor que él abra tu corazón, y produzca en ti así el querer como
el hacer, porque estás dispuesta a servirle.
Febrero 5 — Servir A Los Demás
Y cuando fue bautizada, y su familia, nos rogó diciendo: si habéis
juzgado que yo sea fiel al Señor entrad en mi casa y posad. Y nos
obligó a quedarnos, — Hech. 16:15

Podemos ver a Lidia muy deseosa en querer hacer algo para demostrar su fe
en el Señor. Ella quería crecer, seguir más adelante aún de lo que había vivido.
Su primera demostración como cristiana fue compartir su fe con su familia y
ganarles para Cristo. Por naturaleza, ella no sabía estar sentada; tenía que hacer
algo. Su corazón rebosaba gratitud. Inmediatamente captó las oportunidades de
servicio.
Ofreció su casa a Pablo, Silas y Timoteo. Seguramente ellos habrán pensado en
la molestia que le causarían comiendo, durmiendo y bañándose allí. Pero Lidia
insistió y les obligó a quedarse, al fin y al cabo ellos necesitaban un lugar para
alojarse mientras evangelizaban en la ciudad. Fue una gran solución para Pablo
y sus amigos ya que ellos eran extraños en esa ciudad.
Recuerdo un pequeño incidente que tuve en cierta ocasión viajando rumbo a
Toronto para las reuniones de la Alianza Bautista Mundial. Al llegar al
aeropuerto en Miami, lo vi tan grande que me sentí perdida. Tenía que llamar
por teléfono a unos amigos para que me recogieran, pero no tenía las
moneditas para llamar. Parada como una tonta al lado del teléfono pensaba en
qué haría. De pronto un señor con un niño se me aproximó, me habló en inglés,
puso en mi mano dos moneditas, me señaló el aparato y siguió su camino.
Logré comunicarme con mis amigos y suspiré aliviada. No olvidaré jamás ese
gesto de bondad. Lidia no se habrá imaginado cuánta ayuda le significó a
Pablo ese plato de comida y la cama para descansar. De mucho más valor para
él fue conocer a la familia y encontrar el apoyo de ellos para su trabajo
misionero.
No dejes pasar el día de hoy sin mostrar tu fe en Dios. Realiza alguna acción
en nombre de Cristo. Pídele al Señor que te presente la oportunidad de poder
hacerlo. Para ti puede que sea algo insignificante como dar un pedazo de pan o
un vaso de leche, pero para el que lo recibe resultará de bendición, y la
solución a su problema.
Febrero 6 — Dispuestos A Colaborar
Entonces, saliendo de la cárcel, entraron en casa de Lidia, y habiendo
visto a los hermanos, los consolaron y se fueron, — Hech. 16:40

La casa de Lidia se transformó en un centro de reunión. Varios se habían


convertido y necesitaban un lugar para orar, leer la Palabra y estar juntos.
Tener esta casa para las reuniones no fue difícil ya que Lidia y toda su familia
tenían un mismo sentir en la búsqueda de Dios.
Sin embargo, nunca faltan problemas cuando alguien se propone servir al
Señor. Seguramente Satanás no estaba nada conforme con que se predicara el
evangelio en esa ciudad, y los misioneros fueron a dar a la cárcel. Pero el
Señor tornó esta desgracia en bendición para que otros más llegaran a
conocerle. Allí mismo en la cárcel Pablo y Silas aprovecharon esta ocasión
para dar testimonio de su fe en Dios.
Una vez libres, fueron a donde sabían que les iban a estar esperando. Al abrir
su hogar, Lidia no tendría problemas con su familia, pero sí con sus vecinos
paganos, Ella se exponía a la crítica y desprecio y ponía en peligro su trabajo,
del cual dependía su seguridad económica. Todo esto sirvió para confirmar su
fe y demostrar que nada ni nadie podría separarla del amor de Dios. Ella es un
magnífico ejemplo de hospitalidad cristiana. Gracias a la vida de esta mujer, el
apóstol Pablo pudo cumplir con la misión de establecer un lugar para predicar
el evangelio. Allí nació la iglesia; de Filipos a la cual Pablo más tarde dirige su
carta de agradecimiento. Miles de hogares como el de Lidia se han abierto en
Corea en los últimos años, lo que dio como resultado la iglesia cristiana más
grande del mundo.
¿Eres tú cristiana? ¿Has ganado a tu familia para Cristo? Inténtalo. Tu casa
puede llegar a ser como la de Lidia, donde algunos conozcan el amor de Dios y
sean consolados. Dios te dará la oportunidad para testificar de él.
Febrero 7 — Gratos Recuerdos
Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros,
— Fil. 1: 3

Cuando leemos la carta de Pablo a los Filipenses, notamos que está llena de
expresiones amorosas de parte del Apóstol, por los recuerdos que guarda de
esa iglesia.
La miembro fundadora de la iglesia en Filipos fue Lidia. Después de que Pablo
y sus colaboradores salieron para otro lugar, ella habrá sido una de las líderes
que llevaron adelante el trabajo allí. La iglesia de Filipos llegó a ser una de las
más florecientes de Macedonia. Fue levantada por Pablo con sufrimiento y
dolor; le costó días de cárcel y azotes, pero esto no resultó en vano. Los
cristianos allí llegaron a ser fieles al Señor, generosos y amorosos.
Cuando leemos la carta de Pablo a los Filipenses, notamos el amor que les
tenía y con cuánto gozo les recordaba delante del Señor en sus oraciones.
El trae a la memoria el cariño que ellos le demostraron, y expone vivamente su
reconocimiento por la generosidad de ellos, ya que en varias ocasiones le
habían ayudado con sus ofrendas, y le habían auxiliado en su tribulación.
Gracias a Dios por cristianos como los Filipenses, que apoyaron a Pablo en su
trabajo misionero con sus oraciones y con sus ofrendas. Ellos valoraban lo que
Pablo hizo por ellos al anunciarles el evangelio y ahora querían que otros
tuvieran esta misma oportunidad.
Yo también quiero dar gracias a Dios por personas así como los de Filipos, que
pensaron en mi país, en mi ciudad, en mi familia y dieron de sus fuerzas, de su
dinero y de su tiempo para que yo conociera a mi Señor.
Si tú y yo hacemos lo mismo hoy, habrá personas en el futuro que podrán darle
gracias a Dios por una salvación tan grande.
Ora y ofrenda para que esto sea posible. Ofrécete para visitar hospitales,
cárceles, hogares de niños o ancianos. Pídele al Señor que te muestre dónde él
quiere que tú vayas.
Febrero 8 — Andar En Amor
Sed pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor,
como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros…,
— Ef. 5: 1, 2

El Señor nos propone el modelo de amor más sublime que jamás haya
existido. Nos dice que tenemos que amar como Cristo lo hizo. Se entregó por
nosotros sin que lo mereciéramos y sin tener por qué hacerlo. Este acto resultó
en un ejemplo perfecto para estimular y ayudar a los cristianos a vivir en amor
hacia Dios y hacia sus semejantes.
Con un ejemplo semejante, ¿qué argumento esgrimiremos nosotros para decir
que es posible amar a unos y a otros no? No busquemos ninguno, porque
ninguno servirá como excusa delante de Dios.
Por cierto que no es tarea fácil; él nos pide: “andad en amor”, es decir, cada
momento, todos los días, con todas las personas. No se trata ya de esperar
ocasiones especiales, o de tener las ganas de hacerlo. Tampoco se necesita
mucho dinero o tiempo. ¿Cómo lo hizo Jesús? En cada momento de su trajinar
diario, con una mirada tierna, una palabra de ánimo, un pedazo de pan, etc.
Claro que, como humanos que somos, nuestra tendencia es demostrar amor a
los que nos aman, a los que nos caen bien o a los que nos hacen favores. Pero
Jesús vino al mundo para enseñarnos otra dimensión del amor. Un amor
sacrificial, un amor de renuncia al ego, una clase de amor que no la entiende
aquel que no conoce al Señor. Esta dimensión del amor sólo se logra en el
poder del Espíritu Santo de Dios obrando a través de nuestra vida. Por eso si tú
o yo andamos mal en nuestra relación con Dios comenzamos a quejarnos
contra nuestros hermanos, y les vemos todos los defectos. “Más Dios muestra
su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por
nosotros.”
Haz tú lo mismo. Si alguien peca contra ti, demuéstrale tu amor con la
fortaleza del Espíritu Santo, y esta actitud de tu parte será como una ofrenda de
olor fragante a Dios.
Febrero 9 — La Señal Del Cristiano
En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los
unos con los otros, — Juan. 13:35

La misión del pueblo judío era enseñar al mundo pagano la existencia del
único y verdadero Dios. Cuando ellos se constituyeron en nación, poseían en
cuanto a estructura y leyes todo lo necesario para vivir ordenadamente entre
ellos en su vida interna, y en su relación con pueblos vecinos. Dios les entregó
con mucho celo los Diez Mandamientos y todo lo que necesitaban saber para
desarrollar su vida religiosa y espiritual.
Cuando Jesús comenzó su ministerio sobre la tierra, notó que la religión que
vivían los judíos, es decir, la que enseñaban los sacerdotes, no era otra cosa
que un montón de exigencias frías y pesadas para cumplir. Eran hombres
hipócritas, que exigían y agobiaban al pueblo con lo que ellos mismos no eran
capaces de cumplir. La gente les conocía por sus ropas y por el porte de
importantes que se daban, mientras andaban por las calles de Jerusalén. Jesús
los enfrentó con dureza porque ellos habían conducido al pueblo a vivir una
experiencia religiosa fría y sin sentido práctico. Jesús dijo: “Un mandamiento
nuevo os doy, que os améis unos a otros como yo os he amado.” ¿Para qué?
para que todos supieran que ellos eran discípulos de él, para que fuera una
manera bien real de testificar al mundo de la existencia de un Dios de amor.
Cuando en una iglesia hay abundante amor, la gente comienza a llegar allí y a
quedarse. Es que el amor produce una sensación de bienestar que cuesta
abandonar. En el primer siglo, todos los que habían creído estaban juntos y
tenían todo en común; aun comían juntos y sentían alegría en su corazón. Por
este ambiente tan lindo nos dice el libro de Hechos que cada día se añadía
gente nueva, y la iglesia creció.
¿Cómo es la iglesia a la cual tú asistes? ¿Hay amor? ¿Se nota? ¿Qué haces tú
para que los demás se sientan amados? Dios pide que el amor por tus hermanos
sea la señal que te caracterice como cristiana. Que así sea.
Febrero 10 — Tolerarnos Unos A Otros
Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno
tuviere queja contra otro, — Col. 3:13

La vida del cristiano es una constante lucha con el viejo hombre, que quiere
resurgir. Actuamos muchas veces en la carne y hacemos cosas que exasperan a
los que nos rodean. Por eso surgen las quejas hacia nuestra persona. Del
mismo modo, hay veces que nos quejamos de los demás por cosas que nos han
dicho o hecho. El Señor sabe cuan humanos e imperfectos somos, sabe que
somos vulnerables, por eso nos pide que nos soportemos y que nos
perdonemos.
Puede ser que tratemos con personas que recién se iniciaron en la vida cristiana
y aún son inmaduras. Si les tratamos con paciencia y amor les damos la
oportunidad y el ejemplo para madurar y corregir sus actitudes negativas.
Puede ser que algunos provengan de ambientes adversos y reaccionen
conforme a la costumbre de lo que su ambiente les ofrece a diario. Debemos
mirar mucho más allá de lo que hacen o dicen, con la esperanza en Dios de lo
que pueden llegar a ser con nuestra buena influencia.
Si hay quien es insoportable, y no vemos que mejore como nosotros
quisiéramos, si nos irrita o nos afecta demasiado, reguémosle a Dios que lo
transforme a él y a nosotros que nos cubra de paciencia.
Por último, quizá los insoportables somos nosotros mismos, con nuestro
carácter muy quisquilloso.
Reguémosle a Dios que pula nuestras asperezas, que amanse nuestro genio,
que nos capacite para soportar con amor de la manera que el Señor soporta
nuestras impertinencias y nos perdona. Siempre agradezco al Señor en mis
oraciones que él me permitió y me dio el privilegio de ser su sierva a pesar de
mis defectos.
Si nos soportamos unos a otros y nos perdonamos, ayudamos a edificar el
cuerpo de Cristo en la tierra.
Febrero 11 — Decir La Verdad
Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su
prójimo, porque somos miembros los unos de los otros, — Ef. 4:25

Parece mentira, pero es verdad que algunos que se dicen cristianos hablan
mentiras. Jesús dijo que el diablo es mentiroso y padre de la mentira. Cada vez
que mentimos estamos dando lugar al diablo en nuestra vida. Cuando uno no
es cristiano es normal salir de apuros con una mentira, porque es lo propio del
reino de las tinieblas. Pero cuando recibimos a Cristo como Salvador, hemos
salido de las tinieblas a la luz; hemos pasado de muerte a vida.
La mentira es contraria a la verdad que proviene de Dios, y de ningún modo
podrían vivir juntas. La mentira produce desconfianza y sospecha. Además,
una mentira trae tras sí otra y produce confusión y desasosiego. En la vida
cristiana, cuando una persona miente, en primer lugar peca contra Dios que es
Santo, segundo se contradice a sí mismo, y tercero perjudica la salud del
cuerpo de Cristo: la iglesia. Estropea la unidad de la iglesia de Cristo trayendo
dudas sobre hechos o personas, ya que somos miembros los unos de los otros y
nos debemos lealtad. Si queremos pertenecer a una iglesia que avanza,
hablemos verdad entre nosotros para no romper la unidad y la fuerza de la
congregación. Si no estamos seguros de algo, más vale callar a tiempo.
Recordemos el vívido ejemplo de Ananías y Sáfira, cómo el Espíritu Santo les
castigó por su pecado. Si nuestra vida espiritual deja mucho que desear
examinémonos a la luz del Espíritu; no vivamos engañándonos a nosotros
mismos.
Te invito a reflexionar en las palabras de Prov. 6:16-19:
“Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina su alma: Los ojos
altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadoras de sangre
inocente, el corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies
presurosos para correr al mal, el testigo falso que habla mentiras, y el
que siembra discordia entre hermanos.”
Febrero 12 — Hagamos El Bien
Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para
edificación, — Rom. 15: 2
Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos y
mayormente a los de la familia de la fe, — Gál. 6:10

Hacer el bien es una cualidad que se adquiere por obra del Espíritu Santo en
el creyente. Una persona espiritual está atenta y dispuesta para agradar a su
prójimo haciendo el bien, porque desea lo mejor para él.
El Espíritu Santo produce en el cristiano las virtudes de la benignidad y de la
bondad, que mueven a compasión al hijo de Dios hacia los que le rodean.
Debido a nuestras muchas ocupaciones y problemas personales dejamos de ver
cantidad de situaciones en las cuales hubiéramos podido hacer el bien y
agradar a nuestro prójimo, como lo pide el Señor. A veces estamos atrapados
con la mala costumbre de que todos en la iglesia o en la familia nos tienen que
servir, saludar, consolar, cuando podría ser de otro modo. Jesucristo dijo que
“más bienaventurada cosa es dar que recibir”. Si comenzamos a hacerlo, esto
se puede transformar en una experiencia maravillosa y reconfortante que traiga
un cambio total a nuestra vida cristiana. Por ejemplo, dar una palabra de
agradecimiento, o una de aliento, cuidar de un enfermo en el hospital, limpiar
un piso, lavar una ropa, hablar de Cristo a otro, entregar un folleto con un
mensaje, etc.
Debemos empezar a hacer el bien en nuestra casa, con nuestra familia y luego
abrirnos hacia los demás. Primero con el cónyuge si lo tenemos. Darle el
cariño y las atenciones que se merece, para que no salga a buscarlos en otros.
En la iglesia a la cual tú vas, seguramente hay personas a las cuales debas
agradar para que sus vidas sean edificadas y lleguen a ser cristianos
comprometidos como tú, siempre dispuestos a buscar las oportunidades de
servicio.
“No te niegues a hacer el bien a quien es debido” —(Prov. 3:27).
Febrero 13 — Seamos Amables Y Corteses
Que a nadie difamen, que no sean pendencieros, sino amables,
mostrando toda mansedumbre para con todos los hombres, — Tito. 3: 2

Uno de los problemas más comunes entre nosotros es la falta de dominio


sobre nuestra lengua. Pero el Señor nos pide que a nadie difamemos; para ello
debemos arrancar el veneno de nuestra lengua, y echarlo lejos de nosotros.
La lengua que habla mal es inflamada por el infierno: el mismo Satanás nos
incita a hacerlo. Las calumnias rompen la unidad en la iglesia, en la familia y
entre nuestras amistades.
Dos cualidades muy nobles y hermosas que nos pide el Señor que cultivemos
son la amabilidad y la mansedumbre. Nada más lindo que ser tratado
amablemente por otro; y estoy segura de que a todos nos gusta mucho. No sólo
nos gusta, sino que nos hace bien, nos hace olvidar las penas. Jesús dijo:
“Venid a mí los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré
descansar… porque soy manso y humilde de corazón; y hallaréis
descanso para vuestras almas.”
Cuando una persona llega a Jesús, cansada y agobiada por diferentes
circunstancias difíciles de la vida, encuentra amor, ternura y comprensión en
él, lo cual permite que sus fuerzas se renueven y nazca en el corazón herido
una nueva esperanza. Al hablar de mansedumbre, la Palabra del Señor se
refiere a aquellos que son suaves y corteses en el trato con los demás; que
respetan y consideran su persona. Son aquellos que no buscan imponer sus
ideas y conceptos a la fuerza, ni se exasperan con los que se oponen a las
suyas.
Un cristiano manso puede hacer un aporte valiosísimo en la iglesia,
especialmente cuando se trata de reuniones de negocios o temas escabrosos,
donde los ánimos de algunos se remontan fácilmente y pierden el control,
diciendo las cosas de manera hiriente. Es el momento en que el manso y
humilde abre su boca para decir la palabra justa y necesaria para suavizar los
ánimos de todos.
Quiera Dios que tú seas uno de ellos.
Febrero 14 — Procurar La Paz
Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los
hombres, — Rom. 12:18

La paz es lo contrario a la guerra. Cuando hablamos de paz nos referimos al


reposo, la tranquilidad, la unidad y la seguridad que uno siente en su vida.
Luchamos por la paz en el mundo, y gastamos mucho dinero y tiempo en
reuniones diplomáticas, buscando lograr la paz. Sin embargo, la Palabra de
Dios nos habla más que nada de la paz entre cada uno de nosotros y con
nosotros mismos.
El punto de partida para comenzar a vivir en paz está en nosotros mismos.
Debemos poner bajo la autoridad de Cristo todas nuestras pasiones que
combaten contra nosotros mismos. Es decir celos, envidias, codicias, egoísmos
que perturban la mente y traen desórdenes emocionales y espirituales. Esto, mi
querida amiga, se logra de una sola manera, viviendo lo que dice Gál. 2:20:
“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en
mí…”
Trabajo todos los días en una oficina de consejería. Tengo la oportunidad de
hablar con muchas personas que tienen conflictos. Tienen problemas
generalmente con alguien en la familia, pero la mayoría de las veces se debe a
situaciones íntimas y personales, aunque generalmente dicen que la culpa la
tiene el otro.
Debido a que vivimos en un mundo perdido, sin Dios, hay mucha gente en
conflictos, y esto crea un ambiente difícil para vivir en completa paz. A veces
se torna sumamente difícil convivir con ciertas personas, por ejemplo un
esposo alcohólico, una mujer rencillosa, etc., por eso el versículo de hoy nos
dice “si es posible”, y que no seamos nosotros el motivo del inicio de la guerra.
Que nadie nos señale con el dedo, diciendo que fuimos los culpables de tal o
cual problema. La paz de Dios es un fruto del Espíritu Santo, tenemos que
cultivarlo en nuestra vida y compartirlo con los que nos rodean.
Quiera Dios que al final de nuestra vida el Señor nos corone con “el Premio
Nobel de la Paz”. Que así sea contigo.
Febrero 15 — Debemos Perdonar
Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a
nuestros deudores, — Mat. 6:12
Perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros
en Cristo, — Ef. 4:32

Has tenido que pedir perdón alguna vez? Yo lo he tenido que hacer muchas
veces. Pedro preguntó un día a Jesús: “¿Cuántas veces perdonaré a mi hermano
que peque contra mí?, ¿Hasta siete?” Jesús le dijo: “No te digo hasta siete, sino
aún hasta setenta veces siete.”
Humanamente es difícil, porque nos cansamos y perdemos la paciencia o nos
acostumbramos a ofender y dejar pasar las cosas. El Señor Jesucristo puede
ayudarnos a hacerlo. Estando en la cruz, muriendo injustamente por tí y por mí
él oró así: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen.”
Por eso es muy adecuado el refrán que dice: “Errar es humano, perdonar es
divino”. Necesitamos que Dios nos capacite con su Espíritu perdonador; que él
nos ayude a pedir perdón y a perdonar. Cuando oramos el Padrenuestro, le
estamos pidiendo que él haga con nosotros como nosotros hacemos con
nuestros deudores. O sea que Dios nos va a perdonar en la medida que
nosotros perdonamos. A veces preguntamos por qué Dios no nos contesta, y no
tomamos en cuenta resentimientos y actitudes negativas con los hermanos que
se están interponiendo como un muro entre nosotros y Dios.
Jesús nos perdona porque nos ama mucho; él comprende nuestras debilidades
y torpezas y nos tiene paciencia. Nos pide que así seamos con nuestros
hermanos; compasivos y misericordiosos. Tenemos que comprender a los
demás. Algunos vienen de ambientes malos; no han tenido una formación
adecuada o tienen una personalidad muy impulsiva, y reaccionan de maneras
ofensivas. Cuando se torna muy difícil perdonar a alguien, debemos orar para
que el Señor nos capacite para poder hacerlo.
Perdonemos y ayudemos a los demás para que ellos también lo hagan.
Febrero 16 — Sentir Lo Que Otros Sienten
Gózaos con los que se gozan; llorad con los que lloran, — Rom. 12:15
De modo que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con
él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan,
— 1 Cor. 12:26

El gozo y el llanto son dos sentimientos que se entremezclan continuamente


en la vida del ser humano. Mientras estemos sobre la tierra tendremos tiempo
para reír, y tiempo para llorar. El mismo Jesús tuvo esta experiencia en su
trajinar por el mundo. Al igual que Jesús cuando fue a las bodas en Caná de
Galilea, así nosotros nos gozamos con los que se casan en el Señor, y
compartimos esa alegría que produce el amor entre dos personas que se unen.
Pero Jesús también se acercó un día hasta la tumba de un amigo querido y lloró
junto a sus familiares, demostrando cuánto le amaba.
Más que el reírse o llorar por un tiempo, Jesús quiso enseñarnos algo mucho
más profundo. Debemos saber que nos necesitamos unos a otros. Que no
podemos vivir aislados. Por eso debemos simpatizar con los otros según el
momento que están pasando. Para que esto se logre, debemos cultivar la
unidad entre nosotros, no teniendo celos o envidias por los que progresan o
reciben una alegría. Una palabra de ánimo, un apretón de manos o un abrazo
pueden ser la demostración de que nos gozamos con el que se goza.
Cuando un hermano ha tenido un percance y la desgracia le alcanzó, su estado
de ánimo y toda su vida están quebrantados. Todos los demás miembros
debemos cubrirle con mucho amor para ayudarle a sanar sus heridas y
angustias, y levantarle de donde esté caído. Una de las maneras es orar por él
todos los días para que el Señor le sane. También podemos estar a su lado,
animarle y ayudarle a levantarse de su situación.
No debemos olvidar que nosotros somos tan humanos como él, y quizás algún
día estemos en esa situación.
Febrero 17 — Someternos Unos A Otros
Someteos unos a otros en el temor de Dios, — Ef. 5:21

Hablar de sometimiento, fuera del contexto cristiano, es un asunto muy difícil


de aceptar. Cuando pronunciamos esta palabra nuestra mente se transporta a
países donde no hay libertad política y social, o pensamos en hogares en donde
el esposo es muy duro con su esposa. ¡Cuántas veces hemos visto en los
noticieros, grupos de damas desfilando por las calles con pancartas reclamando
la liberación de la mujer!
Por cierto que no nos gusta estar sometidos a alguien que haga con nuestra
persona lo que quiera.
La Biblia nos habla claramente que debemos someternos unos a otros. Cuando
la Palabra del Señor habla de sumisión se refiere a humildad, respeto y una
actitud para ser enseñado y ser receptivo.
Cuando un cristiano se da cuenta de lo que esto significa y lo acepta para su
vida, ha dado un paso muy importante para lograr una obediencia total a
Cristo. El tema de la sujeción en el Nuevo Testamento es muy amplio y abarca
todas las áreas de la vida del cristiano, como cónyuge, como hijo, como siervo,
como ciudadano, como miembro de la iglesia, etc.
Cuando Jesús nació en este mundo, hizo una demostración gráfica de lo que
esto significa. El, siendo el mismo Dios, descendió y se hizo siervo.
“Siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a
que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de
siervo, hecho semejante a los hombres” — (Fil. 2: 6. 7).
Y nos desafía a nosotros:
“Haya pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús”
— (Fil. 2: 5).
El Señor quiere preservar la unidad de la iglesia, porque en la unidad está la
fuerza, por eso debemos tener este mismo sentir de Cristo. No debemos
someter a nadie como lo enseña la experiencia del mundo, sino debemos seguir
el ejemplo de Cristo: en amor, entrega y servicio del uno para el otro.
Comencemos ya haciendo algo de nuestra parte para demostrar que
consideramos a los otros como superiores a nosotros mismos, como Jesucristo
lo hizo con nosotros.
Febrero 18 — Amonestarnos Unos A Otros
Pero estoy seguro de vosotros, hermanos míos, de que vosotros mismos
estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que
podéis amonestaros los unos a los otros, — Rom. 15:14

Cuando formamos parte de un grupo donde nos conocemos y trabajamos


juntos, nunca falta que surja una crítica. Por más empeño que hayamos puesto
en hacer las cosas, siempre hay algún detalle que fastidie a alguno del grupo y
le haga hablar mal.
El Señor nos da permiso de amonestarnos, pero no de criticarnos. Cuando
criticamos, generalmente lo hacemos a espaldas de la persona involucrada, y
con rencor o fastidio. El Señor, a través del Apóstol, nos propone algo digno y
edificante, para cuando algo nos parece que anda mal con algún miembro.
Amonestar es hacer notar a alguien su conducta errada.
Pablo nos dice que el que desea amonestar a otro debe estar lleno de bondad.
Es decir, se refiere a alguien que es bueno, que es espiritual, que ha tenido
cuidado de examinarse primeramente a sí mismo por ver si está libre de
pecado. Se refiere a que el que exhorta lo va a hacer porque ama al hermano y
desea de corazón verlo libre de eso que lo está perjudicando a él y al cuerpo de
Cristo. El que amonesta debe tener todo conocimiento; es decir, debe saber
muy bien qué dice la Biblia sobre tal o cual asunto, y no llegar al hermano con
sabiduría humana.
Nuestras congregaciones necesitan hermanos maduros, espirituales, que estén
dispuestos a amonestar a los débiles y carnales que aún no han tenido
crecimiento en Cristo. Se necesita de hermanos y hermanas llenos de amor,
delicadeza y tacto para ayudar en el crecimiento de aquellos que por diferentes
razones no lo tienen.
Y debemos cultivar la amistad con esas personas que nos parece que necesitan
ayuda. Cuando una persona nos aprecia va a escuchar nuestros consejos con
solicitud, y de seguro que no le caerá mal que le hablemos con un corazón
amante. De esta manera podremos ayudarle a madurar en Cristo.
Febrero 19 — No Deis Lugar Al Diablo
Airaos pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis
lugar al diablo, — Ef. 4:26, 27

La ira es una pasión del alma que mueve a indignación y enojo. Es una
irritación grande que produce el deseo de venganza. A veces la ira puede ser
justa; otras no. Cuando el enojo y la irritabilidad proceden de un temperamento
malo están fuera de lugar y producen mucho daño. Recordemos alguna vez que
estuvimos en esta situación, del sufrimiento y dolor que nos ha traído.
Cuando nos airamos injustamente nuestra relación con Dios se corta y nuestra
actitud hacia la persona es negativa. Todo esto produce una situación muy
irritante y difícil de llevar. Es el momento que el diablo aprovecha para ganar
terreno sobre nuestra vida y la de la otra persona. Mientras el enojo persiste, él
nos hace ver y pensar cosas de la otra persona que antes nunca se nos hubieran
ocurrido, y ensuciamos el concepto del otro.
Nuestra vida espiritual languidece, como lo expresa el Sal. 32: 4 b: “Se volvió
mi verdor en sequedades de verano.” Dejamos de orar, de leer la Biblia y aun
de congregarnos. Toda nuestra atención está puesta en esa situación vivida.
Si en ese momento, en vez de mirarnos a nosotros, miramos a Jesús muriendo
en la cruz, obtendremos el poder y la inspiración para reaccionar y cambiar de
actitud. El Señor es fiel e inmediatamente comenzará a trabajar en nuestra
vida.
Si realmente queremos ser sanados en nuestro espíritu, Dios nos ayudará.
Quizás necesitemos pedir que algún hermano espiritual nos ayude a orar hasta
restablecer las relaciones rotas. Antes que se ponga el sol, lo más pronto
posible de nuestra parte, busquemos solucionar esta rotura; no demos lugar al
diablo para que produzca más estragos entre nosotros.
Febrero 20 — Bendecid Y No Maldigáis
No devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el
contrario bendiciendo, — 1 Ped. 3: 9
Bendecid a los que os persiguen, bendecid, y no maldigáis, —
Rom. 12:14

El príncipe de este mundo es Satanás; él dirige el imperio de la maldad. Está


muy preocupado en que la maldad se multiplique; por eso él estimula a la
gente a que se pague mal por mal, y maldición por maldición. De hecho,
cuando miramos los noticieros y oímos de personas que se agreden, se matan,
se violan, podemos saber que el enemigo no duerme, está muy activo.
Es más lamentable cuando nosotros los cristianos caemos en ese juego tan
sucio, contribuyendo, con nuestras actitudes negativas, a que el imperio de la
maldad crezca en poder y dominio. Debemos estar advertidos de que el
enemigo de nuestras almas va a provocarnos a través de personas o
circunstancias. El Señor nos llamó para que seamos bendición, para levantar al
caído, para sanar al enfermo; es decir, justamente todo lo opuesto de lo que nos
propone el diablo y sus demonios.
Cuando el cristiano es herido, insultado o maltratado, tiene la oportunidad de
manifestar al mundo, como lo hizo el mártir Esteban, el amor y el perdón de
Dios. La actitud de Esteban, que murió apedreado, produjo un milagro de
transformación en la vida del joven Saulo, seguramente al observar el rostro y
oír las palabras de Esteban: “Señor, no les tomes en cuenta su pecado.”
La Palabra de Dios nos enseña que es mejor que padezcamos haciendo el bien,
si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal. Vivimos en un
mundo egoísta y materialista, el ser humano piensa en sí mismo y en satisfacer
sus deseos carnales. Esto le lleva muchas veces a pisotear los derechos de los
demás. El Señor nos anima a hacer todo lo opuesto: frente al mal, hacer el
bien; cuando nos maldicen, bendecir. De seguro, como en el caso de Esteban y
Saulo, alguien va a cambiar de actitud por ver la nuestra.
Si así sucede, habremos ganado un alma para Cristo.
Febrero 21 — No Contaminar El Ambiente Con Amargura
Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios, que
brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean
contaminados, — Heb. 12:15

Al mudarnos con mi familia a la nueva casa pastoral que adquirió la iglesia,


encontramos en el pequeño jardín del fondo un arbusto con sus gajos muy
extendidos. Mirando atentamente, pudimos ver que debajo había varias plantas
más pequeñas apretadas por las ramas del arbusto y muy pálidas por la falta de
la luz del sol. Con mi esposo, un día decidimos arrancar el arbusto, pues
queríamos ver crecer a las otras plantas que son bonitas. Pasaron los meses de
otoño e invierno, y al llegar casi el fin de la primavera, cuál no fue nuestra
sorpresa al notar los brotes del arbusto del año anterior subiendo con firmeza.
Salimos un mes de licencia, y al regresar, en nuestro pequeño jardín lo único
que se veía era este arbusto muy grande y extendido. Las otras plantas estaban,
pero no se veían. Cuando llega el frío, la planta grande se seca y no aparece
hasta el próximo año, mientras que las pequeñas sufren por el frío que las
encuentra débiles. Nosotros arrancamos la planta de raíz, pero se nota que
alguna pequeña raicilla había quedado, y levantó fuerzas cuando se dieron las
condiciones.
Queremos subrayar lo que dice el texto acerca de “una raíz de amargura”.
Nunca faltan en una iglesia o grupo aquellos que se molestan por algo, que
vienen arrastrando de tiempo situaciones negativas que no han podido
desarraigar de muy adentro en sus vidas. Cuando en alguna congregación hay
personas así, provocan un clima desagradable; de desconfianza y frialdad.
Cuida que no seas tú motivo de estorbo para que otros conozcan a Cristo como
su Salvador y Señor. Si tienes amarguras, pídele a Dios que te libre de ellas.
Que tu vida sea como una ofrenda de olor grato a Dios cuyo perfume atraiga a
muchos a la iglesia y al Señor.
Febrero 22 — Estar Juntos Y En Armonía
No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre,
— Heb. 10:25

Los cristianos nos debemos unos a otros; no podemos vivir como Robinson
Crusoe, solos en este mundo. Muchas veces, hablando con personas, me han
dicho: “Para creer en Dios no se precisa ir a la iglesia.” Y es cierto, porque
Dios va con nosotros a todas partes, si creemos en él. Pero Dios quiere que
seamos un pueblo escogido y especial, un pueblo santo. Para eso, nos da
ciertas directrices.
Primero que nada, nos pide que estemos juntos; por eso debe existir la iglesia
local, la de nuestro barrio o ciudad, para congregarnos. Si tú crees en Dios y
quieres vivir conforme a su voluntad, debes encontrar un lugar donde se
enseñe su Palabra, y reunirte regularmente con las otras personas.
Una vez que encuentres la iglesia donde congregarte, hay varias cosas que
puedes y debes hacer. Adorar al Señor de corazón, porque Dios está donde se
congregan en su nombre. Sé consciente de la presencia de Dios en ese lugar y
búscale con reverencia. En Heb. 10:24 se nos dice que nos consideremos unos
a otros. Esto podemos lograrlo saludándonos y preguntándonos cómo estamos,
haciendo amistad con alguno en cada reunión. Hay mucha gente sola que
precisa que alguien se le acerque. Además el versículo de Hebreos nos dice
que nos estimulemos al amor. Dios es amor, y él quiere ver que sus hijos se
amen también.
Hay mucha gente que vive sola y triste porque no tiene quien le quiera, pero
generalmente se debe a que la persona tampoco sabe amar. Dios nos pide que
enseñemos a la gente a amar a los demás. Y luego nos pide que nos
estimulemos a las buenas obras, porque el verdadero amor lleva a la acción.
Cuando amamos de verdad, queremos ver felices a los que nos rodean;
queremos hacer algo por ellos.
Tu presencia en la iglesia es muy importante, Dios te necesita y los hermanos
te necesitan. Por otro lado, tú necesitas buscar a Dios, y necesitas del amor y el
compañerismo de los demás. No dejes de reunirte, como algunos tienen por
costumbre.
Febrero 23 — Somos Miembros Los Unos De Los Otros
Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero
no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo
muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los
otros, — Rom. 12: 4, 5

Cuando miro los programas de las olimpiadas, me quedo maravillada de ver


todo lo que se puede lograr con el cuerpo humano, cuando trabaja en perfecta
armonía de movimientos. Nos dice la Biblia que nosotros los cristianos somos
un cuerpo con muchos miembros y, como en la vida de los atletas, si nos
proponemos y colaboramos unos con otros, podemos lograr cosas
maravillosas. Para eso, primero que nada debemos conocernos.
Para un conocimiento personal lo mejor que podemos hacer es orar mucho a
Dios y estudiar su Palabra en cuanto a lo que dice de nosotras, y luego
examinarnos a la luz de lo aprendido. Para conocer a los demás debemos ser
amistosos, abiertos, saber escuchar y dar tiempo a ellos.
También debemos aprender a aceptar a los demás y aceptarnos a nosotros
mismos, según Dios nos haya capacitado a cada uno. No sentirnos
superiores… tampoco inferiores. Debemos saber que todos nos necesitamos
para una felicidad completa. Recuerdo el tiempo en que mi madre estaba muy
enferma en cama. Los médicos decían que tenía un corazón fuerte, pero ella
estaba pasando tiempos muy penosos; sus manos arrolladas no le permitían
tomar una cuchara, o rascarse, por lo cual se ponía muy ansiosa. A veces
pensamos que un miembro es más importante que otro, y hacemos diferencias;
pero cuando lo perdemos por alguna razón vemos que nadie puede ocupar su
lugar.
Debemos ser concientes que todos los dones provienen de Dios. Que son un
regalo para nuestras vidas y que se los debemos a él. Si reconocemos a Dios
como nuestro hacedor y nuestro Señor, ya no seremos dueños de vivir a
nuestro antojo, sino al servicio de nuestros hermanos. Luchemos por la unidad
del cuerpo de Cristo.
Febrero 24 — Reconocer A Los Que Presiden En El Señor
Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre
vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis
en mucha estima y amor por causa de su obra, — 1 Tes. 5:12

Como un bálsamo refrescante es la palabra de gratitud que expresa una


persona hacia otra. El Señor nos enseña que debemos ser agradecidos y
respetuosos. Dando las gracias demostramos que estimamos a alguien y lo que
ha hecho.
Trabajar en la obra del Señor es hermoso. Es lo más hermoso que cualquier ser
humano puede realizar; porque trabajar en la obra del Señor es trabajar con
vidas, con personas.
Los hermanos de las iglesias muchas veces desconocen lo que en realidad
significa presidir una congregación, una clase o un grupo en una misión.
Primero que nada el que preside es responsable delante de Dios por lo que
hace. En Heb. 13:17 leemos “porque ellos velan por vuestras almas, como
quienes han de dar cuentas.” Con la responsabilidad de velar por las almas de
la gente, deben preocuparse de cómo guiarles y qué enseñarles. Todo esto
requiere del obrero del Señor, tiempo, esfuerzo, interés, negación de sus
gustos, etc.
Si bien el Señor le ha llamado para esta tarea, no debemos olvidar que es un
ser humano como todos, con sus alegrías y tristezas, con necesidades. Todo lo
que tú crees que necesitas como persona, debes saber que él también lo
necesita. El Apóstol nos sugiere que le tengamos en mucha estima y amor.
¿Cómo llevar esto a la práctica? Lo más importante: orar por él para que Dios
le dé gracia para hacer bien la tarea. Darle tu amistad y conocer de sus alegrías
y tristezas. Obsequiarle algo el día de su cumpleaños. Tener una fiesta en su
honor, o invitarle a comer con su familia, si la tiene.
Te invito ahora a orar dando gracias a Dios por tu pastor, por tu maestro de
escuela bíblica, por los diáconos y algún otro hermano o hermana que trabajan
en forma especial donde tú te congregas.
Febrero 25 — Ayudar A Llevar Las Cargas De Los Otros
Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de
Cristo, — Gál. 6: 2

El apóstol Pablo se refiere aquí a ayudar a aquellos que están viviendo un


momento muy especial en su vida. A cualquiera de nosotros nos puede pasar el
llegar a enfrentar alguna crisis, una situación de emergencia o una tristeza
agobiante por situaciones externas que no esperábamos.
En momentos así, cuando la carga de alguno se torna insoportable, la Palabra
de Dios nos pide, no que le llevemos la carga, sino más bien que le demos una
mano para ayudarle a salir adelante. Una característica de la comunidad
cristiana debe ser esa: estar siempre alertas a lo que pueda estar pasando en la
vida de alguno que ha quedado por allí atrás. Volver nuestros ojos y ver si no
está necesitando una mano para poder seguir. Nunca deberíamos dejar caído a
nadie en el camino; si nos inclinamos a él y le ayudamos a levantarse, quizá
luego llegue aún más lejos que nosotros mismos. Y quién dice que en alguna
circunstancia no nos devuelva, aun con sus dos manos, el socorro que
necesitamos. Cuántos hay en nuestras iglesias que por alguna razón están
heridos, esperando que algún “buen samaritano” les ayude a levantarse. Hay
personas que perdieron su trabajo, algunas no tienen un techo, o han tenido un
accidente que los incapacita para trabajar, etc.; es el momento de pensar cómo
aliviar sus cargas. No dejemos que el sufrimiento les lleve a perder la fe.
Cuántas veces tú y yo habremos estado en los brazos de nuestro Buen Pastor,
llorando nuestras penas, y con cuánto amor y paciencia nos ha socorrido. El
nos pide que hagamos lo mismo entre nosotros.
Que tú puedas dar el ejemplo e inspirar a otros a que también lo hagan. Ora al
Señor para que te muestre cómo hacerlo con cada uno, y comienza a actuar.
Febrero 26 — Somos Luz Y Sal
Vosotros sois la sal de ¡a fierra… vosotros sois la luz del mundo,
— Mat. 5:13, 14

Todos nosotros sabemos de la utilidad que tienen estos dos elementos para la
vida del ser humano. Los dos cumplen una tarea muy necesaria; la sal penetra
en los alimentos, los preserva y les da sabor; la luz penetra en la obscuridad y
disipa las tinieblas. El Señor mismo nos pide que seamos sal y luz.
Al hablar con las personas, escuchamos expresiones tales como “el mundo está
echado a perder, ya no da para más”. Cuando una cosa está podrida, no hay
vuelta que darle, lo único que se puede hacer es arrojarla a la basura. Así pasa
con las personas, algunas han llegado a tal grado de perdición que echan a
perder todo lo que les rodea.
Los cristianos no somos del mundo pero vivimos en medio del mundo, y allí
donde estamos debemos ejercer nuestra influencia santa para preservar en lo
posible de la corrupción. No es nada fácil, pero tampoco imposible. En
2 Cor. 2:14 leemos que Dios nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por
medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento.
Cerca de donde vivimos hay un arroyo importante que cruza la ciudad. Varias
fábricas están funcionando a sus orillas y muchos desechos de estas fábricas
van a las aguas del arroyo. A esta altura es mucha la corrupción que se ha
ocasionado, y el olor es insoportable. Cuando pasamos por allí nuestros hijos
se tapan las narices y hacen gestos de desagrado. El olor es tan penetrante que
realmente molesta.
Dios nos pide que los cristianos hagamos las veces de sal y luz, penetrando en
la sociedad donde vivimos para preservar y para iluminar. Cada día, a través de
la oración y la lectura de la Biblia, debemos limpiarnos para ser como vidrios
transparentes a través del cual verán a Jesucristo en nosotros. Lo que hacemos
cada día tiene estrecha relación con lo que creemos.
Febrero 27 — Debemos Reconciliar A La Gente Con Dios
Dios… nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que,
somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por
medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con
Dios, — 2 Cor. 5:19, 20

Reconciliar, esta es la verdadera tarea de cada cristiano. Antes de partir, Jesús


nos dejó el mandato: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda
criatura.” Es ardua la tarea, pero maravillosa e inigualable. ¿Cómo podemos
hacerla, cuando nuestras horas del día están tan ocupadas?
Quiero compartirles el testimonio de un matrimonio con cinco hijos. La
principal habilidad de la esposa es el tenis. Ella y tres de sus amigas oran por
otras mujeres y planean competencias deportivas para presentarles el evangelio
en algún momento. Por otro lado, los miércoles a la mañana el esposo reúne en
su oficina de trabajo a un pequeño grupo de estudio bíblico, compuesto en
especial por hombres de negocios como él. Dice: “Siento un gran regocijo al
ver el milagro de un cambio de 180 grados que Cristo efectúa en la vida de una
persona.” Un hombre para quien trabajé en Nicaragua, cuando lo conocí,
cargaba siempre una pistola: ahora lleva una Biblia. Otro testimonio
conmovedor es el de la familia Saint. Se trata de la viuda del misionero que
murió en el Amazonas, junto con otros cinco misioneros jóvenes. Pasando los
años, el hijo del misionero muerto fue bautizado por el indio que mató a su
padre. ¿No es maravilloso saber que un asesino es transformado totalmente al
ser reconciliado con Dios?
De esta manera mediante el contacto con la gente, a través de la amistad y
durante las horas de trabajo, podemos de una u otra forma estar dando
testimonio de quién es Jesús y de lo que puede hacer en la vida de las personas.
Oremos fervientemente por los perdidos, y vivamos una vida cristiana digna
del nombre de Cristo.
Febrero 28 — No Ser Piedras De Tropiezo
Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen
en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino
de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar, — Mat. 18: 6

La clave de este versículo es el terrible peso de la responsabilidad que impone


sobre cada uno de nosotros. Aquí se puede estar refiriendo al niño que es tierno
y cree en Jesús, o también se puede referir a aquellos que se inician en la vida
cristiana. Un nuevo cristiano es como un niño, y necesita casi siempre de un
hermano mayor para que lo guíe en los primeros pasos.
Peor que pecar, decían los judíos, es enseñar a pecar, porque a su vez este otro
enseñará a otros, y así seguirá la cadena del mal.
Puedo ver desde la ventana de mi oficina, que da sobre una plaza, a grupos de
jovencitas acompañadas de alguna mujer mayor, comenzando a ejercer la
prostitución. Ella las anima, las acompaña en sus primeros pasos, las inicia en
este trabajo. Realmente me duele en el corazón ver cómo caen en un lazo del
que seguramente no se desligarán por años. No hay nada más terrible que
destrozar la inocencia de alguien.
Jesús es muy drástico, y habla de un castigo tremendo. Al que hace tropezar a
otro, mejor es que se le hunda en el fondo del mar.
Jesús no sólo advierte de ser piedra de tropiezo sino que, más aún, él pide que
seamos responsables de sacar los obstáculos del camino para que otros no
caigan. Hay cosas que hablamos o hacemos delante de personas, que pueden
resultarles de obstáculo para avanzar en el camino del Señor.
Por ejemplo: los chismes, los celos, envidias, hablar mal del pastor o del
maestro, etc. Esto no sólo nos hace mal a nosotros, sino que también estropea
la inocencia del que se inicia en la fe.
En nuestras relaciones con los demás, pidamos sabiduría a Dios para que
seamos un aporte positivo en el crecimiento y edificación de sus vidas.
Febrero 29 — Dios Y Sus Maravillas
Estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien, — Sal. 139:14 b

Estoy maravillada y te alabo. Este ir y venir de la adoración. Esta maravilla


que me conmueve hasta la exaltación y la adoración a ti que produce en mí
efectos maravillosos.
Siento, como el salmista, que Dios está fuera de mí, más allá de mí, y está en
mí. Siento su mano sobre mi cabeza. Tan cerca y concreto es para mí. Esta
unión de tierra y cielo, de lo celestial con lo terrenal, de lo trascendente y de lo
inmanente, de lo divino y de lo humano, produce la entrega de mí, hacia su ser.
“Señor,
vos conocés cada parte de mí.
Vos sabés de mis actos,
y de mi pensamiento…
Vos sabés también aquello que callo,
lo que digo y quiero decir,
lo que hago y quisiera hacer…
Nada te es oculto.
Tu presencia me abarca,
Tu ser sobrepasa mi conocimiento,
Vos te fijaste en mí…
Me hiciste tu hijo…
¿Dónde escaparé de ti?
Por más que quisiera, no puedo.
Si adoptare actitudes evasivas…
Vos estarías presente.
Y aun cuando fingiera no conocerte…
Vos me recordarías que vivís en mí.
Ni el poder que me da un título,
Ni la seguridad que me da el dinero,
Ni mi propio ego
Puede compararse contigo,
con el poder, la seguridad,
la paz de tu Espíritu.
Vos me creaste, aquí estoy…”
(Paráfrasis del salmo por G. Guevara.)
Marzo — Las Emociones En La Mujer
Elba Inostroza - Josie de Smith
Llanto, rabia, frustración, sentido de soledad y abandono. Alegría exhuberante,
lágrimas de orgullo, sentido de poder. Estas y muchas otras emociones afloran
fácilmente en la situación cotidiana de una mujer.
¿Qué papel juegan las emociones? ¿Son buenas? ¿Tengo que reprimirlas?
Si me muestro muy emotiva, los demás pensarán que soy débil. Si no expreso
mis emociones, dirán que no tengo corazón.
Las páginas de este mes te llevarán a pensar en el papel que juegan las
emociones en la vida, en cómo afectan los sentimientos. Aprenderás que hay
una terapia en la risa, como también en el llanto.
El ejemplo bíblico de María, la madre de Jesús, te mostrará a una mujer llena
de emociones encontradas. La manera en que ella las manejaba te ayudará a
ver cómo hacerlo positivamente.
Las meditaciones de este mes fueron escritas por dos autoras: Elba
Inostroza, de Chile, y Josie de Smith, quien reside actualmente en los
Estados Unidos de Norteamérica.
Marzo 1 — La Opinión Mas Importante
Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia
delante de Dios, — Luc. 1:30

¿Tenía María una “gracia” o “virtud sobrenatural” que atrajese el favor de


Dios? ¿Era María un ser divino lleno de gracia, único entre las mujeres del
mundo para intervenir como madre de Jesús? En ninguna parte las Escrituras
afirman verdad alguna al respecto. María, con sus reacciones en el momento de
la anunciación, con su retrato familiar, con sus intervenciones en el ministerio
de Jesús, con su actitud doliente durante la crucifixión y su participación en la
resurrección, se manifiesta como una creyente más.
Al ser elegida, su turbación era evidente: era demasiado maravilloso para ser
cierto; ella no lo merecía. Dios tuvo complacencia en la fe de su corazón y la
escogió como instrumento en la historia de la redención de la humanidad. A
Dios se le puede agradar sólo por la fe, y le podemos conocer sólo por la fe.
Así, pues, María no atrajo a Dios para determinar que intervendría en la
salvación del mundo. Pero Dios sabía que María aceptaría esa misión con fe y
se consagraría para que todo se cumpliese como él mandaba que fuese.
Numerosos hombres y mujeres hallaron gracia delante de Dios, contaron con
su favor y experimentaron su presencia y poder en las tareas que
emprendieron. Hallar gracia significa que Dios se ha detenido de un modo
especial, con un propósito particular y que establece una relación con nosotros,
todo porque conoce nuestro corazón y sabe que le amamos y creemos en él;
por tanto somos instrumentos aptos para su plan.
La primera opinión, la primera sanción, el primer galardón, el más importante
consejo, el más preciado deber y la más anhelada respuesta debes buscarla en
el Señor de tu vida. Agradarle a él es todo cuanto debes aspirar, lo demás será
fruto de su santo amor, y siempre será bueno para ti.
Marzo 2 — La Respuesta Que Dios Espera
He aquí la sierva del Señor, hágase conmigo conforme a tu palabra,
— Luc. 1:38

Cuando María recibe el anuncio del ángel se apresura y pregunta la fórmula


que Dios va a utilizar: “¿Cómo será esto?” Su pregunta no es mera curiosidad
femenina; ella entendía la forma natural de concebir. Mas se trata ahora del
Hijo de Dios, el Salvador del mundo. Se revela entonces a María la
maravillosa actividad creadora del Espíritu Santo. Tan profundo misterio es
presentado como algo absolutamente posible, y al mismo tiempo único en la
historia de la humanidad.
María recibió la declaración de la voluntad de Dios y la explicación de cómo
iba a ser concebido ese niño y se regocijó, sometiéndose amorosamente en un
acto de sublime adoración: “hágase conmigo conforme a tu palabra”.
Esta experiencia afectó directamente sus relaciones interpersonales; José pensó
en dejarla cuando ignoraba el misterio divino. Pronto, ambos caminaron de la
mano aguardando el glorioso nacimiento del Unigénito Hijo de Dios.
La experiencia de María es realmente una aventura de fe y obediencia. Ella
necesitaba creer que todo era posible para Dios y que la obediencia de ella era
importante para la bendición de todo el mundo. Su mente y su corazón se
arrodillaron ante la soberana voluntad del Creador; María había encontrado la
voluntad de Dios para su vida, y se consagró a vivirla. Tal vez hubo
incredulidad entre las personas que la conocían, pero nada podía ser más
importante que su compromiso personal con su Padre celestial quien se le
había revelado, el mismo Dios de las Escrituras que ella siempre creyó.
Tú anhelas conocer la voluntad de Dios para tu vida pero, ¿estás lista
para aceptarla sea cual fuere, en el tiempo y el modo que él lo
determine? A veces esa voluntad puede escandalizar y contradecir los
valores de este mundo, sin embargo sólo Dios tiene poder para
conducir tu vida hacia lo perfecto y lo bueno.
Marzo 3 — Dichosa La Sierva A Quien Dios Elige
El Señor es contigo; Bendita tú entre las mujeres,
— Luc. 1:28

El sueño de todas las muchachas vírgenes de Israel era ser elegida por Jehová
para acunar en su vientre al Mesías prometido. Tal aspiración representaba la
fe y la esperanza de ese pueblo elegido, cuya historia llena de prodigios y
maravillas, también había experimentado el amargo fracaso del liderazgo
humano. En el perfecto plan de Dios, el nacimiento del Mesías significaba la
oportunidad universal de salvación: todo ser humano podría reconciliarse con
el Creador a través del Ungido, quien nacería de la tribu de David.
María, que estaba desposada con José el carpintero, habitaba en Nazaret.
Instruida en la fe de Israel, también aguardaba la venida de ese Mesías,
atesorando las Escrituras y observando los ejercicios espirituales que eran la
más preciada herencia de todo israelita. Debe de haber sido una piadosa
jovencita que encontró regocijo en la contemplación y la adoración del Santo
Dios de su pueblo.
La visita del mensajero celestial y el saludo con que éste la honró causaron
perturbación a la joven. Hay realidades que por lo maravillosas y
extraordinarias que son conmocionan nuestro ser y suelen aturdir nuestros
sentidos. María fue animada por el ángel y la reconfortante afirmación: “el
Señor es contigo”. ¡Qué dicha más inmensa inundó su temeroso corazón! La
presencia del Señor es vida, poder, paz, esperanza y gozo para los que esperan
en él. Cuanto mayor es el desafío que enfrentamos en su voluntad, más grande
es la bendición de su presencia. Comprender esto puede ser muy útil para ti en
el plano de las decisiones: tu punto de referencia no es quién eres tú, sino
quién es Dios a quien adoras y sirves.
Ser elegida es un privilegio que debes aceptar y valorar. La felicidad basada en
el amor de Dios no es una utopía: tú eres bendita, bienaventurada, y el Señor
ha comenzado en ti una obra perfecta y bella. Sólo cree y sigue su Palabra. El
está contigo.
Marzo 4 — Una Obra Completa
Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura:
Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis, — Stg. 2: 8 a

Los diarios, la televisión y la vida diaria nos dan motivos de preocupación y


dolor. La pobreza y la miseria moral que se agita en nuestra América morena,
así como la tenebrosa amenaza bélica de las grandes potencias, configuran un
horizonte deprimente.
La madre soltera, la viuda, la huérfana, la divorciada, la mujer que cumple
condena en la cárcel, la enferma, la maltratada por un marido alcohólico,
cualquiera de éstas necesita encontrar una amiga como tú. Alguien que pueda
aceptarla, prestarle atención y que llegue a identificarse con ella, para hablarle
luego de un camino verdadero y bueno donde Dios es el Padre y guía. Nuestra
compasión a larga distancia tiene sólo el valor de una emoción superficial; una
mujer que sufre cerca de nosotras es un ministerio que Dios nos entrega hoy.
Mucho se ha escrito y se ha discutido sobre la obra social de la iglesia. La
verdad es que el evangelio no está completo si no aplicamos nuestra fe en el
ejercicio de buenas obras.
Lo que debemos recordar siempre es que Jesús vino a resolver el dilema más
grande y trágico del hombre: su condenación por causa del pecado. Luego,
Dios obra de tal manera que la vida entera del hombre empieza a ser restaurada
con los valores que emanan de su amor y su justicia, y todos somos muy
importantes en esa reconstrucción.
Observa a tu alrededor: ¿Hay alguien que sufre? ¿Tendrá Dios para esa
persona algo especial y definitivamente bueno que pueda esperanzarle? Tú
sabes que sí; entonces ora, y acércate cuando tu amor sea franco y urgente.
Escúchale y luego háblale de Jesús. Observa de qué tiene necesidad y decide
cuál será tu buena obra.
Marzo 5 — Virtuosa Y… ¿Cansada?
Mi presencia irá contigo, y te daré descanso, — Exo. 33:14

La mujer virtuosa descrita en Proverbios 31 es laboriosa, diligente y


multifacética. En ese poético retrato se expone positivamente la difícil y
grandiosa tarea de ser esposa y madre; cada rasgo de ella se ha concretado en
obra de amor oportuna y suficiente. Todos hallan deleite en su presencia y
actividad. Es un homenaje para ti, acéptalo. Nunca fuiste a la universidad para
ejercer el más noble y durable oficio, tampoco puedes esperar un sueldo que
utilices exclusivamente en tus necesidades y gustos personales, pero nadie
como tú puede sentir el más completo gozo de participar de la vida y el
crecimiento de los seres humanos.
El Señor conoce el valor de tu obra, tu empeño en hacerlo todo bien, y tu
cansancio. El participa de tu despertar ansioso y tu cansado anochecer. Sin
embargo, es bueno recordar hoy que para Dios tu presencia en el hogar es
única y especial, no por lo que haces sino por quién eres. El ha confiado en ti
la responsabilidad de ser madre y esposa y conoce bien el límite de tus fuerzas.
Necesitas, pues, buscar en Cristo, el secreto refugio para tu renovación
espiritual, mental y física. Al mismo tiempo, tu cuerpo necesita una especial
atención, y sería bueno evitarle excesos o carencias que lo enfermen.
Tu hogar será construido por tu mano y tu piadoso corazón; puedes hacer de él
un nido cálido, hospitalario, próspero y generoso en todo tiempo. La belleza de
tu espíritu y tu mayordomía fiel serán una herencia imperecedera para toda tu
familia.
Confíale hoy al Señor tu cansancio y fastidio. Cuéntale tus ansiedades. Pídele
fortaleza para emprender el día con energía y ánimo. Recuerda que él está
contigo siempre, y que su presencia alivia todo quebranto.
Marzo 6 — Cada Día, Un Milagro
Bendice alma mía a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios,
— Sal. 103: 2

Cada domingo el pastor ofrecía la oportunidad para testimonios, y era


hermoso compartir nuestras experiencias de fe. Pronto observé que una
hermana adulta siempre daba el mismo testimonio: “Yo alabo a mi Señor
porque me da la vida y porque me cuida. Le doy gracias por el agua y el pan de
cada día.” Invariablemente ese era su testimonio, pero siempre causaba una
emoción sobrecogedora en la iglesia. Un día la visité y comprendí sus
palabras: realmente era la persona más pobre del barrio, vivía en una pieza
pequeña con su esposo y dos hijos jóvenes y alcohólicos. Esa sencilla mujer,
sin contradicciones ni resentimientos, transmitía vida interior, riqueza
espiritual, y me enseñó a percibir en las cosas pequeñas o rutinarias un valor
especial: la fiel provisión de Dios.
La rutina nos expone al peligro de olvidar cuánto hace Dios por nosotros y
cuánta gratitud le debemos. Todo parece producirse por acción automática.
Pero no es así; cada nueva mañana y cada anochecer, cada trozo de alimento y
cada sorbo de líquido, así como cada espacio que habitamos en este mundo son
expresiones de la providencia de Dios. Particularmente, conoce nuestras
necesidades y también aquello que no necesitamos.
Una mujer rica es aquella que ha descubierto el secreto de la vida eterna y ha
hecho suyas todas las promesas de su Padre. Así, cada día siente gratitud al
percibir la presencia de Dios con ella y reconocer que vivir es un milagro que
su Padre le concede.
La rutina y el consumismo influyen y es posible que a momentos lo material
parezca esencial para ser feliz. Hay bienes que no compras y puedes disfrutar:
tu cuerpo, tu mente, el amor, la naturaleza, etc. Siempre hay mucho por qué
agradecer cuando amamos al Dios de la vida.
Marzo 7 — ¡Atrévete Ahora!
¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que vea molestia?
Destrucción y violencia están delante de mí, y pleito y contienda se
levantan, — Hab. 1: 3

Era un amargo desafío proclamar la voluntad de Dios a un pueblo que se


debatía en la miseria económica, la corrupción moral y la falsa espiritualidad
de los líderes religiosos. El clamor de Habacuc es una queja y, a la vez, una
escondida afirmación de la soberanía de Dios en la historia: los pueblos
pueden ser gobernados por hombres impíos, pero éstos poseen un poder
limitado y siempre estarán sujetos al juicio supremo de Dios.
Habacuc parece acusar una aparente pasividad de Dios; él sabía que Dios
podía impedir el mal, al mismo tiempo que reconocía que todo sucedía por
causa del pecado de los hombres. Muchos hermanos de nuestro continente han
sufrido la impiedad de la fuerza, la opresión, la tortura y la marginalidad
social.
Tú puedes contribuir como pacificadora, como mano de piedad, ojo de justicia
y voz de atalaya. Hacer bien al prójimo es tarea de todos los tiempos y deber
para con todos los hombres. Puedes aportar con oración, pero tu compasión
activa dará fuerza a tu súplica.
Aunque el rol de la mujer aún sea limitado en varios países de nuestro
continente, tú tienes pequeñas áreas de influencia directa: el centro de padres
en la escuela, la junta o comité de vecinos, algún centro de obras femeninas,
donde tú participas y puedes ser identificada. Allí te ha puesto Dios para que
seas faro de luz y manantial de bien.
Tu oración por los gobernantes es de mucho valor. Tu misericordia por los que
sufren testifica del amor de Dios. Tu generosidad con el desposeído es una
hermosa predicación. Dios quiere actuar a través de tu vida para la bendición
de los pueblos.
Marzo 8 — ¡Señor, Ya No Puedo Mas!
El ánimo del hombre soportará su enfermedad; Mas ¿quién soportará al
ánimo angustiado?, — Prov. 18:14

¿Alguna vez te has sentido enferma sin poder definir cuál es la zona afectada
de tu cuerpo? Los síntomas son confusos, aparecen y se van, pero el
decaimiento y la ansiedad siguen ahí. Para el médico también el diagnóstico
suele ser un enigma. No quisieras quejarte pero te sientes realmente mal, tu
cuerpo ha perdido movimiento y velocidad, en tanto que tu mente rechaza la
creatividad y el esfuerzo más leve.
Leslie Weatherhead, en su libro “Antídoto contra la Ansiedad”, señala:
“Tus emociones pueden enfermarse tanto como el cuerpo y pueden
causar un estado de enfermedad tanto en el cuerpo como en la mente.”
Una depresión es como un derrumbe psíquico y físico. Puede ser que la
provoque una situación del presente, o sea generada por sentimientos y
experiencias no superadas durante nuestra infancia. No te culpes si sientes el
derrumbe. Tal vez este es el tiempo para que el Espíritu Santo opere una
completa sanidad en tu vida. Conscientemente tú puedes aportar poniendo en
orden tu historia y enfocar tu vida pasada con la visión de Cristo: no puedes
remediar el pasado, pero eres responsable de construir bajo la dirección del
Señor el presente y el futuro.
Jesús nos hace comprender que hay razones suficientes para amarnos y amar la
vida en él. Sólo el Señor nos puede colocar en el ángulo exacto para tener la
mejor visión. Eso incluye la opinión que tenemos de nosotros mismos. A
mayor egoísmo, más profunda es la depresión, porque alimentamos la
autocompasión.
Dios te ha hecho enteramente capaz de vivir en plenitud según su propósito.
Adelante, no permitas que la autocompasión debilite tu cuerpo y tu mente.
Levántate, tú tienes virtudes y capacidades maravillosas que el Espíritu Santo
quiere bendecir aún más.
Marzo 9 — Ver Morir A Quien Nos Vio Nacer
Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que
duermen, para que no os entristezcáis como los que no tienen
esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también
traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él, — 1 Tes. 4:13, 14

Pareciera que nunca estamos enteramente preparados para aceptar la muerte


de nuestro padre o nuestra madre. Nos aferramos a la idea de mantener
infinitamente ese lazo que nos une desde antes de nacer. Pero hay un momento
en que su cansancio, su dolor físico y el quebranto de su espíritu, parecen
suplicarnos que les dejemos ir, que ha llegado el instante del desprendimiento
natural, que ya se ha cumplido el ciclo y es preciso ser transportado en el viaje
de la esperanza eterna.
Quienes somos hijos de Dios tenemos no sólo una nueva definición de la
muerte, sino una nueva condición para enfrentarla y superarla. La muerte es
dulce viaje de esperanza para los que han creído y confesado a Jesús como
Salvador. Si nuestros seres queridos dejan este mundo aferrados a la fe en él,
entonces hay una reunión futura y eternal. Mas, si no es así, nuestro dolor ha
de ser infinito.
Enfrenta hoy la posibilidad de que la partida de tus progenitores esté muy
cercana; tiene que suceder. Tal vez tiemblas de sólo pensarlo. Puedes
anticiparte a ese día y asegurarte que ellos tengan comunión con Cristo; eso te
dará paz. Y, en cuanto te sea posible, expresa ahora, en el presente, todo tu
amor con palabras y obras que puedan hacer estos años una bendita cosecha de
amor y generosidad. Así, tú no tendrás que llorar de remordimiento y
compasión.
Hoy es el tiempo para cultivar la paz frente al dolor de mañana. Puedes
confesar a Dios tus temores y angustias, y también pedir que el Espíritu Santo
obre en el corazón de tus familiares y sean salvos. Desde temprano celebra con
ellos la vida, y alaba al Señor por tu familia.
Marzo 10 — Hazme Fuerte Para Vencer
Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya
resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a
los que le aman, — Stg. 1:12

¿Cuándo fue la última vez que te enfrentaste a una tentación? ¿Te sientes
lista para el próximo ataque? La dramática experiencia de Jesús al principio de
su ministerio, cuando fue tentado por Satanás, es sin duda la clase magistral
sobre cómo vencer la tentación.
Toda tentación posee un atractivo oportuno para nosotros. Satanás coloca en su
vitrina mortal todos aquellos elementos que pudiesen apelar a nuestros
intereses, escondidos deseos o gustos predilectos. Los acerca y despierta la
codicia para que nos detengamos a contemplar, mientras nos bombardea con
mensajes engañosos que parecen razonables.
La vida de Jesús nos demuestra que hay un principio soberano que todo
cristiano ha de adoptar para sí: amar a Dios sobre todo y consagrarse a él con
todo el ser. Y esa fue precisamente la razón por la que Jesús salió victorioso,
porque a su conocimiento de las Escrituras se sumaba lo más importante: su
amorosa sujeción al Dios de las Escrituras.
El maligno conoce tus áreas frágiles de hoy. Pero Dios tiene poder para hacerte
fuerte en todo, y él está sobre toda criatura, incluyendo a Satanás. Amar al
Señor nos conduce a aborrecer todo pecado y a respetarnos como hijos suyos,
redimidos con precio de sangre. Escudriñar las Escrituras no sólo permite
afirmar en la memoria palabras y conceptos, sino conocer la forma exacta de
proceder en diferentes situaciones de provocación satánica.
Ser frágil no es una virtud en términos espirituales; la perfección en Cristo
demanda esfuerzo, voluntad y disciplina. Antes de renunciar a un pecado hay
que reconocerlo como tal. No importa que otros practiquen aquello, un
creyente tiene principios absolutos bajo las cuales regular sus hábitos y
relaciones. Vencer la tentación es crecimiento espiritual.
Marzo 11 — La Bendición De La Amistad
… el alma de Jonatán quedó ligada con la de David…,
— 1 Sam. 18: 1

La Biblia contiene muchas historias de amor y es en sí misma la historia del


más excelente amor, el de Dios Salvador. La historia entretejida por David y
Jonatán registra valores y actitudes altamente enriquecedoras. En primer lugar
se nos relata que esa relación nació de la atracción espiritual que se produjo
entre ambos; “ligados del alma”. Permanecieron sensibles al vínculo que Dios
produjo entre ellos. El más noble por ascendencia se desprendió de su ropaje y
sus armas, mostrando así algunos signos de un amor incondicional: la igualdad
y la generosidad. David, en tanto, responde con absoluta lealtad y entrañable
afecto.
Llegó la adversidad por el celo violento de Saúl, pero los amigos se refugiaron
mutuamente. Se conocían y no permitieron que una tercera persona destruyera
su amistad; el temor a Dios conservó la pureza y la fuerza de ese lazo fraternal.
¡Cuánto necesitamos todos contar con verdaderos amigos en tiempos de crisis!
Hay alguien que a lo mejor te espera para llorar contigo. Tú estarás allí cuando
otros se van, oirás cuando todos reprochen, y abrazarás cuando todos repudien.
Es una honra ser considerada una amiga y es una bendición compartir el
secreto de un llanto o un silencio de profundo dolor.
En todos los tiempos la amistad ha sido un tesoro muy valioso. La amistad
significa compañía en el placer, consuelo en el dolor, apoyo en el quebranto,
silencio en la angustia confesada, y tantas otras emociones. También es
influencia mutua de valores y actitudes que dejan huella en el carácter.
El Señor sostiene, enriquece e ilumina nuestras relaciones de amistad, cuando
las sujetamos a él. Tu presencia tiene una enorme importancia en la vida de tus
amigos. Dios actuará favorablemente cuando más lo necesiten, porque tú irás a
compartir tu fe y tu amor en el Dios que hace maravillas.
Marzo 12 — Los Pequeños Mensajes Del Amor
Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros,
— 1 Tes. 3:12

Era mi cumpleaños y había recibido muchas expresiones de afecto de


alumnos y profesores del seminario. Cuando terminaba de trabajar, alguien
golpeó tímidamente la puerta. Era un joven de mirada triste, quien tenía
grandes conflictos de convivencia y con el cual yo había sostenido un áspero
diálogo unos días antes. Después de entregarme un regalo, nos abrazamos
emocionados: todo estaba dicho. Su obsequio cobró un valor especial entre mis
recuerdos. Cuando se marchó, abracé el perrito de peluche y alabé a Dios por
el don del amor.
El acto de recibir no puede ser superficial. Se trata de la oportunidad de
descubrir un poco más del otro, de adentrarnos en sus emociones positivas y
cultivar la comunión a partir de los detalles invisibles. El valor no está en la
cantidad ni el precio monetario del obsequio; toda la riqueza que debemos
buscar está depositada en el corazón de aquel que nos visita. Nada resulta más
bello que mostrarse agradecida y alegre por la generosidad de una persona;
también ella será enriquecida por el gozo de la aceptación.
Hay detalles en la convivencia que son muy importantes para cultivar el amor
y la alegría. Los demás necesitan saber con más frecuencia cuánto amamos,
por qué agradecemos y qué creemos. Ese simple intercambio de razones tiene
un poder especial para enraizar el afecto y hacernos mutuamente necesarios en
toda circunstancia de la vida.
Cuando pienses que has dado mucho y no te agradecen, examina si realmente
has aprendido a recibir. Cuando vives en acción de gracias y haces todo en el
nombre del Señor, es inagotable el deseo de dar y un hermoso hábito el recibir
con sencillez de corazón.
Marzo 13 — Un Juicio Absurdo
¿Me condenarás a mí, para justificarte tú?, — Job. 40: 8

“No me hables de Dios, ni de la Biblia. Creí, y hoy me siento defraudada. Si


Dios quiere salvarme yo no haré nada.” Me parecía imposible que esas
palabras fueran pronunciadas por quien había sido mi mejor amiga y
aventajada estudiante de la Biblia. Su tono era firme, pero su rostro más bien
se asemejaba al de un niño aterrorizado al borde de un precipicio. Hubiera
querido hablarle tanto y hojear juntas la Biblia para encontrar el argumento de
Dios, pero ella no estaba dispuesta a escuchar. La abracé e invoqué
secretamente al Señor pidiendo sabiduría. El reproche habría sido inoportuno;
el dolor tenía raíces en hechos reales, sólo que mi amiga había llegado a una
absurda y triste conclusión: que Dios era el culpable.
Satanás es real. Jesús pudo experimentar sus provocaciones en diversas áreas
de su vida personal. Este enemigo de Dios es también nuestro enemigo, quien
con gran astucia nos envuelve en sentimientos de autocompasión y nos
conduce hacia un destructivo aislamiento.
Ningún consejo parece suficiente y positivo cuando la rebeldía se agita en el
corazón de un hijo alejado. Pero, con toda seguridad, hay una dosis de
medicina espiritual que siendo amarga es definitivamente eficaz: la oración de
confesión. Una vez y mil veces hasta que empiecen a brotar palabras sinceras y
razones verdaderas, hasta que el Espíritu Santo permita que nos veamos tal
como somos, y vayamos descubriendo nuestra culpa. Aceptemos que el
sufrimiento es una parte de la vida, y que en todo Dios es soberano, por tanto
nunca podemos tomarnos el derecho de juzgarlo ni ponerle condiciones antes
de obedecerle.
Dios exige que tu devoción a él sea inviolable; es único y no comparte
su trono con nada. Medir su amor y su justicia a partir de las obras de
los hombres es impropio. Dios te ama y ahora mismo está obrando en
tu favor al prolongar tus días para que alcances misericordia.
Marzo 14 — Hola, ¡Que Alegría Verte Sonreír!
Todos los días del afligido son difíciles; Mas el de corazón contento
tiene un banquete continuo, — Prov. 15:15

Hay una expresión universal que ilumina, contagia, anima y produce por
instantes una evasión del enorme dolor que abraza a este mundo en caos: la
risa. Puede disipar una tormenta, acabar una discusión o sellar el feliz
encuentro de los amigos. Con ella todo nuestro ser se sintoniza positivamente
proyectando placer por la vida.
Hace años estuve hospitalizada por una fiebre altamente contagiosa; me debía
conformar con ver a mis visitas a través de una ventana. Los hospitales no son
entretenidos y en mi “aislamiento” todo era más triste.
Una tarde, un enfermero me entregó una hoja de cuaderno muy doblada. La leí
y mi risa sorprendió a las demás pacientes: Max, un niño de 8 años que asistía
a la iglesia, me envió un chiste para animarme. Todas lo fueron leyendo y por
unos segundos olvidamos nuestras incomodidades. Es la visita más original
que he recibido.
La risa es un signo vital del espíritu; con ella damos señales de vida interior e
iluminamos a otras vidas que parecen apagarse por el desconsuelo y el miedo.
Es más grato sentarse junto a alguien que en silencio sonríe, que junto a quien
habla sólo para quejarse.
Es verdad que hay días críticos en el ánimo de las mujeres, sin embargo, una
hija de Dios debería evitar que su mal humor se convierta en el aerosol
ambiental que mata cualquier palabra alegre o sonrisa que le sale al encuentro.
Un rostro malhumorado es un letrero que dice: “NO QUIERO REÍR Y NADIE SE
REIRÁ EN MI PRESENCIA. EL QUE ESTE CONTENTO DEBERÁ ALEJARSE DE
AQUÍ.”
La risa que emerge de un corazón amoroso, lleno de fe y esperanza es como un
escudo frente a provocaciones de dolor o ira. Hay un slogan muy conocido que
dice: “Sonríe, Dios te Ama”.
Sí, tu rostro puede hablar de Dios con dulzura y jovialidad, desvaneciendo la
desconfianza y animando a las personas que necesitan una brisa de sana
alegría.
Marzo 15 — Una Soledad Diferente
Me mostrarás la senda de la inda; En tu presencia hay plenitud de gozo,
— Sal. 16:11 a

A menudo la soledad es enfocada como un aislamiento negativo o una


carencia de relaciones significativas que contrae y reprime, sumergiendo a la
persona en un amargo desconsuelo y una vida improductiva. La historia, sin
embargo, nos muestra que muchos de los hombres que hicieron grandes
aportes en las artes y las ciencias fueron personas que vivieron más bien
retiradas de la rutina mundanal y que necesitaban mayor espacio individual
para su creatividad y mística personal.
Jesús no fue un solitario ni un individualista. Sí, un hombre de permanente
adoración, reflexivo y cuya dinámica era singular pues dependía de su
comunión con el Padre. Para Cristo, la soledad representaba la oportunidad de
refugio y liberación personal. La vida espiritual es primero secreta, con la
puerta cerrada o allá en el monte, luego es colectiva.
Así, podemos asumir nuestra soledad como la oportunidad de vivir más
libremente el compromiso de nuestra fe en Cristo; para gozar sin mayores
ataduras la ocasión del servicio en el mundo y en la iglesia, hasta que él lo
determine. La soledad no puede ser una tragedia para una mujer cristiana
realmente fiel a Dios. Como creyente, ella mantiene vínculos de afecto
verdaderos y eternos, y las virtudes de Aquel que la ha llamado perfeccionarán
su carácter para enfrentar la vida en tales circunstancias. Aunque no resulta
fácil todo el tiempo, tienes la responsabilidad de vivir cada día procurando
embellecer tu mundo personal, descubrir motivaciones y extender tu luz hacia
otras vidas con quienes puedes compartir.
Tú eres una mujer muy especial en el mundo. Cristo ha penetrado ya tu
soledad y no la dejará a oscuras, sino que irradiará en ti de su visión y divina
fuerza para que tengas gozo por vivir y fe para triunfar. Ora en tu monte y
agradece su presencia que todo lo llena.
Marzo 16 — Un León Escapa
El necio da rienda suelta a toda su ira, mas el sabio al fin la sosiega,
— Prov. 29:11

Séneca escribió:
“Las demás pasiones, sin duda, tienen en sí mismas algo de quietud y
palidez, ésta (la ira), por el contrario, es todo agitación, y su
impetuosidad produce dolor; enloquece la razón en su deseo
infrahumano de guerras, sangre y suplicios…”
¡Cuántas cosas hemos dicho o hecho de las cuales aún hoy nos arrepentimos, y
que fueron expresadas en un momento de ira! Porque hay un enojo más intenso
y destructivo que fruncir el ceño o levantar la voz. Es cuando nos invade un
calor violento y se agolpan las palabras, apoderándose de nosotros un instinto
homicida frente a nuestro adversario. La ira puede darse en una discusión, una
lucha corporal o hasta en una carta, donde podamos vaciar toda la violencia
que nos enceguece. La Biblia la señala como una necedad, una obra de la
carne, un pecado que nos aparta de la comunión con el Señor y deteriora
nuestras relaciones personales.
Perder el control es un serio riesgo para nuestro testimonio; pero aún es peor el
efecto que causa en los seres que amamos. La ira revela un corazón en
conflicto; denota ausencia de control, que no estamos dejando espacio ni
tiempo al Espíritu Santo para reaccionar en nosotros. Es preciso comenzar a
orar para que renueve nuestra mente y oriente nuestras emociones hacia el
amor perfecto.
La ira es como un león encerrado en una jaula de cartón; es imposible
controlar su fuerza destructora. Sólo nos resta matarlo porque no podemos
vivir huyendo todo el tiempo.
La ira es un pecado, no la herencia inevitable de tus padres. Si confiesas,
avanzas, pero debes buscar con urgencia la receta bíblica para atacarla.
Cuando sientas que te invade un fuerte enojo, deja de hablar y silenciosamente
clama al Espíritu Santo que te controle… y espera; espera y calla.
Marzo 17 — Formula Divina Del Éxito
…y le dijo: Todo esto te daré si postrado me adorares. Entonces Jesús
le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y
a él solo servirás, — Mat. 4: 9, 10

Cuando el Señor Jesucristo se había recogido en la soledad del desierto, luego


de su bautismo y la maravillosa confirmación de su identidad como Hijo de
Dios, en plena búsqueda espiritual, se vio amenazado por el ataque de Satanás.
En ayunas, con una sed profunda de comunión con su Padre, lleno del Espíritu
Santo y conmovido dolorosamente por la condición de la humanidad, Jesús se
disponía con urgencia a proclamar el evangelio del reino y acercarse al día de
su ofrenda salvadora. Era el momento más determinante para el plan de Dios.
Entonces, Satanás se acerca para desviar la visión y transtornar los valores del
Señor: primero, le hizo mirarse a sí mismo y quiso afanarlo por sus apetitos
naturales y buscar la satisfacción material de ellos. Luego, le incitó a probar la
fidelidad de Dios, con insolencia y frivolidad. Como Jesús permaneció firme
en su propósito de agradar a Dios, Satanás se jugó la última carta: propuso a
Jesús un camino rápido para el éxito, el poder y la gloria personal.
Qué importante es comprender la experiencia de Jesús y distinguir en la vida
los caminos del éxito rápido que muchas veces son vía de perdición. El poder y
la fama son apetecibles para un mundo ambicioso y carnal; pero son
despreciables para el hijo de Dios cuya existencia tiene una dirección espiritual
y eterna.
Dios exalta a los humildes y te invita a cultivar una vida solidaria, pacífica y
desinteresada. Tu mayor victoria es la salvación en Cristo y el haber sido
liberada de la esclavitud del pecado. Pide al Señor que te ilumine en la
búsqueda de realización personal, para que transites por el camino que él eligió
para ti.
Marzo 18 — Una Sombra Hostil En Casa
Porque ni aun sus hermanos creían en él, — Juan. 7: 5

La vida y la actividad de Jesús a menudo fueron tristemente opacadas por la


incomprensión, proveniente tanto de su pueblo como de sus propios parientes.
Que los judíos lo rechazaran por su franco mensaje y su autoproclamación
mesiánica resulta casi comprensible. Pero debe haber sido una experiencia
muy amarga enfrentar la duda de quienes crecieron junto con él, compartiendo
el mismo hogar.
La incomprensión familiar debe haber sido doblemente triste para el Maestro.
Por un lado, Jesús hombre precisaba la presencia afectiva de los suyos; él los
amaba. Al mismo tiempo, su compasión y su obra salvífica se extendía a ellos;
la condenación por causa del pecado incluye a todos y él vino al mundo para
salvar a todo aquel que creyere en su nombre. Por tal razón afirma con energía:
“Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, éste es mi hermano, y mi
hermana, y mi madre.” Tal declaración define la relación perfecta y eterna que
se establece en la familia de Dios.
La vida cristiana demanda relaciones pacíficas, pero ello no significa renunciar
a las prioridades espirituales de nuestra vida. La conducta de Jesús nos muestra
que hay un camino absolutamente personal que recorrer y cuya dirección es
trazada por nuestra obediencia a Dios; asimismo, nos enseña una actitud
compasiva y firme frente a quienes no logran entender aquello.
La incomprensión familiar frente a tu fe es una cruz compartida por nuestro
Salvador. Los no creyentes no pueden percibir lo espiritual que hay en ti. Sólo
un encuentro con el Señor puede cambiar sus corazones. Tu oración y
testimonio serán la mejor respuesta; sin embargo, ellos necesitan que los ames
aunque no compartan tu fe.
Marzo 19 — De Pronto ¡Sola!
Bendice, alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios.
Él es quien… rescata del hoyo tu vida. El que te corona de favores y
misericordias, — Sal. 103: 2, 4

Eras una de dos, la mitad de una entidad llamada “matrimonio”. Pero perdiste
a tu esposo y ahora estás ¡sola! Vas por la calle, o al templo, o a cualquier
lado, y ves a otras mujeres con sus esposos. Te duele y las resientes.
Los matrimonios que eran amigos de ustedes ya no te tienen en cuenta cuando
organizan sus actividades. Te duele y te sientes marginada.
Nunca se te había cruzado por la mente cómo sería la vida sin él. Te has visto
obligada a hacerte cargo de las cosas que él hacía. Te duele y te sientes
insegura y traicionada.
Cuando hablas con Dios en oración, te cuesta contarle estos sentimientos que
tan extraños te resultan y todavía no has solucionado. Pero, a pesar de todo y
poco a poco, tomada de la mano de Dios, vas retomando tu camino. Vas
descubriendo que, después de todo, sí puedes hacerle frente a la vida y salir
adelante.
Estás sola pero entera, sola pero firme, sola pero sabiendo quién eres, a dónde
vas y por qué vives.
¿Sola? ¡No tan sola, porque Dios no te ha soltado de su mano! Todavía tiene
grandes riquezas para ti.
Cuando combatida por la adversidad
Creas ya perdida tu felicidad,
Mira lo que el cielo para ti guardó,
Cuenta las riquezas que el Señor te dio.
Bendiciones, ¡cuántas tienes ya!
Bendiciones, te sorprenderás
Cuando veas lo que Dios por ti hará.
Lee el Salmo 103 en voz alta y regocíjate en tu Señor. Si piensas que este
devocional no se aplica a ti, mira a tu alrededor. Verás una mujer sola.
Acércate a ella. Sé hoy su amiga.
Marzo 20 — ¿Por Que?
Pero tomó el rey a dos hijos de Rizpa. ..y a cinco hijos de Mica!,… y
los entregó en manos de los gabaonitas, y ellos los ahorcaron…
Entonces Rizpa… tomó una tela de cilicio y la tendió para sí sobre el
peñasco, desde el principio de la siega hasta que llovió sobre ellos agua
del cielo; y no dejó que ninguna ave del cielo se posase sobre ellos de
día, ni fieras del campo de noche, — 2 Sam. 21: 8-10

Rizpa, esposa de Saúl, había perdido a dos hijos y cinco nietos. Sus cuerpos
habían quedado allí, colgados de la horca sin que nadie se ocupara de darles
sepultura.
Sólo Rizpa, madre y abuela, tuvo por ellos un cariño tal que acampó junto a
sus cuerpos y los cuidó durante cinco meses. De día espantaba las aves de
rapiña. La imaginamos con un manto o quizá una vara, marchando alrededor
de aquellos cuerpos ahuyentando a los feos pájaros que los acechaban.
De noche, la imaginamos durmiendo “con el oído despierto” como aprende a
hacerlo toda madre, haciendo arder una fogata que mantenía a distancia a los
animales salvajes. Hasta que, al fin, su constancia fue notada por David el rey
y sus muertos queridos fueron sepultados.
¿Por qué, Rizpa? ¿Por qué te quedaste allí? ¿Por qué no seguiste tu camino?
¿Acaso podías devolverles la vida?
Lo hiciste, Rizpa, porque sentías que tenías que hacer todo lo que podías por
los tuyos. Sí, habían muerto y… no, no podías devolverles la vida. Ni siquiera
te alcanzaban las fuerzas para enterrarlos. Pero mitigaste tu dolor con tu acción
llena de amor que encontró la manera de expresarse: te diste a ti misma para
hacer todo lo que podías.
Rizpa hizo lo que tenía que hacer. Se dio. Todo lo que sabía y podía dar, lo
dio.
Darnos a nosotras mismas sensibiliza nuestra alma para recibir el consuelo de
Dios. Con su consuelo podemos retomar nuestro camino después de que la
tragedia revoluciona totalmente nuestro mundo.
Marzo 21 — ¡Es Una Vergüenza!
Ruego a Evodia y a Síntique, que sean de un mismo sentir en el Señor.
Asimismo te ruego también a ti, compañero fiel, que ayudes a éstas que
combatieron juntamente conmigo en el evangelio, — Fil. 4: 2, 3

Es una vergüenza que tanto afectaba a la iglesia el malestar entre Evodia y


Síntique, que Pablo tuvo que distraerse de su ministerio para lidiar con el
asunto. Es una vergüenza que todos los que han leído la epístola a los
Filipenses a través de casi 2000 años, se han tenido que enterar de su rencilla.
Notemos que no siempre había existido el problema entre ellas. Pablo las
reconoce por como ambas han trabajado con él y el resto de la iglesia en pro de
la extensión del evangelio. Pero algo sucedió que las separó. ¿Habrá sido la
envidia de una porque a la otra le daban tareas que eran de más privilegio? ¿O
porque alguien interpretó mal lo que una dijo de la otra y lo contó, empezando
una rueda de maledicencia imposible de detener?
Sea como fuera, la realidad es que se dejaron dominar por sentimientos
destructores. Sí, fueron destructores porque destruyeron la buena relación entre
ellas. Destruyeron su eficacia como colaboradoras en la iglesia. Fueron
destructores porque distrajeron la atención de los siervos de la iglesia de sus
tareas de mayor prioridad quienes, antes de poder seguir adelante, tenían que
resolver el problema que existía entre las dos mujeres.
Si reconoces en ti un sentimiento destructor hacia tu hermana en la iglesia,
pide perdón al Señor y cambia tu actitud. Domina tus sentimientos. Realiza
una acción cariñosa por ella. No sean tus emociones motivo para distraer a
otros del ministerio que el Señor les ha asignado. Que nadie pueda decir de tus
sentimientos: “¡Es una vergüenza!”
Marzo 22 — Lo Sientes Lejos, Pero Esta Cerca
El Dios eterno… No desfallece, ni se fatiga con cansancio,… El da
esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas,
— Isa. 40:28, 29

Me volvió el ánimo al cuerpo” comentas cuando te sientes, al fin, aliviada de


una larga y dolorosa enfermedad.
La enfermedad no sólo nos quita la salud, sino que muchas veces nos quita el
ánimo, especialmente si va acompañada de un intenso dolor físico. El alivio
tarda, y tarda la respuesta a tu oración de ver recobrada tu salud. Tus
sentimientos vagan lejos del Señor y te resulta casi imposible mostrar tu fe y
firmeza de siempre. Es entonces que te preguntas cómo el Señor permitió que
te sucediera esto. Dios parece estar muy lejos… demasiado lejos. No tienes
ánimo para leer la Biblia y poco ánimo para orar.
En esas circunstancias necesitas apuntalarte con una maravillosa realidad: Que
aunque tú no lo sientas, aunque hayas perdido el ánimo, aunque el dolor te deja
exhausta, él sigue siendo quien es, sigue estando a tu lado, sigue queriéndote.
¿Te domina un dolor, sea por enfermedad u otro sufrimiento que te absorbe
todas las energías? ¿Te cuesta cultivar la presencia del Señor? Quédate en paz
pensando una sola cosa: Dios está conmigo. Dios no me ha abandonado. Dios
permanecerá a mi lado hasta que pueda decir: “Me volvió el ánimo al
cuerpo”.
Aunque no te sientas fuerte espiritualmente, aférrate a él. Dios tendrá
misericordia de ti.
Marzo 23 — Tiempo De Llorar
Por la noche durará el lloro, Y a la mañana vendrá la alegría,
— Sal. 30: 5

Sufres un gran dolor. Y lo único que quieres hacer es llorar, llorar y llorar.
Pero unos te dicen: “No llores. El tiempo cura todas las heridas.” Y tú piensas:
“Sí, tienen razón. Pero por ahora, lo único que quiero hacer es llorar.”
Otros, también bien intencionados, tratan de animarte con un: “Eres cristiana.
Tienes que dar testimonio y ser valiente.” Y tú piensas: “Sí, tienen razón. Pero
por ahora, lo único que quiero hacer es llorar.”
Y están aquellos que te citan la Biblia: “Recuerda que todas las cosas ayudan a
bien… El Señor no nos manda más de lo que podemos aguantar… Es una
prueba del Señor; si él nos ama nos disciplina…”. Y tú piensas: “Sí, tienen
razón. Pero por ahora, lo único que quiero hacer es llorar.”
¿Los que te rodean te hacen sentir culpable por sentirte tan triste? ¿Te crees
mala cristiana porque das rienda suelta a tu sufrimiento?
¡No lo estés!
Si es tu tiempo de llorar, llora.
Dios te dio el llanto para lavar tus heridas en tu momento de angustia. Tus
lágrimas son en este momento tu consuelo.
A su tiempo, sin que te afanes, la risa vendrá. Está más cerca de lo que puedes
creer ahora. Aunque en este momento no te parezca posible, puedes contar con
la promesa de que a la mañana vendrá la alegría.
Marzo 24 — No Temas
Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras;
porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado, — Mat. 28: 5

¡Qué mensaje maravilloso! La expresión griega de la que obtenemos este “no


temáis” es literalmente “déjate de tener miedo”. Las mujeres que recibieron
esta exhortación del Señor, hasta ese momento habían tenido motivo para
sentir miedo. ¿Te imaginas su temor durante el juicio a Jesús? ¿Durante todo el
proceso de su crucifixión? ¿Y el momento de su muerte cuando aun el cielo se
enlutó?
Después de las largas y negras horas de angustia y terror, necesitaban escuchar
la voz apacible y tranquilizadora que les decía: “No temáis.”
Tal es el primer mensaje de Dios a todos los que él envía a proclamar el triunfo
de la resurrección de Jesucristo. Ya podemos dejar de tenerle miedo a la
muerte. Ya podemos dejar de tenerle miedo al futuro.
“No está aquí”. Las mujeres sabían que estaban ante la tumba de Jesús. Era
lógico que lo buscaran allí. Lo lógico era que estuviera allí. Pero la lógica
divina es muy distinta a la humana y ¡cuántas veces nos toma de sorpresa!
Cuánta esperanza hallamos en estas palabras al encontrarnos ante la fría tumba
de un ser querido. Sabemos que los que creyeron en Cristo, por el poder de su
resurrección no están allí. “No está aquí” es la primera afirmación del mensaje
cristiano que predicamos. Donde Cristo está, están todos los que durmieron en
el Señor.
Todos tus temores pueden pasar a un plano secundario y desaparecer si
consideras y pones en primer plano la realidad del poder divino manifestado en
la resurrección de Cristo, primicia de tu propia resurrección. ¡Deja de tener
miedo!
Marzo 25 — Un Corazón Lleno De Alegría
Salid, oh doncellas de Sion, y ved al rey Salomón con la corona con
que le coronó su madre en el día de su desposorio, y el día del gozo de
su corazón, — Cant. 3:11

Salomón, el joven y apuesto rey regresaba a su casa en una ocasión muy


especial. Su corazón desbordaba de alegría. Era un espectáculo digno de
admirar. Por eso, llaman a las jóvenes de Israel para que salgan a la calle y lo
vean pasar.
La alegría es linda de ver. Nos hace bien. Si estamos aburridas, caídas y
cansadas, la presencia de una persona alegre nos cambia. De pronto nos
sentimos nosotras alegres también, menos cansadas y nada aburridas.
Nosotras podemos ser el “rey Salomón” de nuestros días. Ya tenemos esa
corona que es la seguridad de nuestra salvación, motivo más que suficiente
para que sea éste un día de alegría. En nosotras está el poder hacer que las
personas con quienes nos encontramos hoy se sientan también alegres.
Cada día al levantarnos tenemos dos alternativas: sentirnos alegres o andar con
la cara larga. No depende de lo que nos pase porque a todas nos pasan cosas
buenas y cosas malas. El quid de la cuestión es cómo reaccionamos ante cada
una.
Si optamos por la cara larga, podemos estar seguras de que por lo menos a una
persona alegraremos: Satanás se alegrará porque le estamos ayudando a que
nuestro ambiente sea de derrota.
Si optamos por reaccionar con alegría corremos y espantamos a Satanás
porque nuestro Dios es Rey de la victoria.
Pídele a Dios que te llene de alegría, que te dé nuevos bríos y que ponga un
canto en tu corazón. Por favor no andes hoy con la cara larga. Decídete ser
alegre y luego observa como tú misma te encontrarás rodeada de alegría.
Marzo 26 — Tus Sentimientos Y La Palabra De Dios
El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende,
— Sal. 34: 7

No hay factor que pueda tener una influencia más sana y positiva sobre
nuestros sentimientos que moldearnos con la fuerza que da la Palabra de Dios.
¡Qué gran cosa es que cerca de nosotras está la palabra, en nuestra boca y en
nuestro corazón!
Cuando necesitamos un bálsamo para nuestro espíritu abrimos sus páginas en
el libro de los Salmos. ¡Jamás nos defrauda!
Cuando luchamos con una decisión que debemos tomar y pedimos a Dios que
nos guíe ¡cuántas veces nos contesta con un versículo bíblico que quizá
memorizamos años atrás sin volver a pensar en él!
Cuando comenzamos a flaquear en nuestra fe, nos aguijonea con su “Sé fiel
hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida”.
Cuando la inquietud nos intranquiliza, nos recuerda que hemos de estar
quietas, y que en la quietud está nuestra fortaleza.
Cuando nos sentimos tentadas a creer que “algo nos falta”, nos desafía con su
“bástate mi gracia”.
Cuando el gozo inunda nuestro ser nos confirma el origen de ésta, su gracia. Y
se gozará nuestro corazón, y nadie nos quitará nuestro gozo.
No existe sentimiento que brote en nuestro ser para el cual no encontremos eco
en las páginas de la Biblia. En ella hallamos toda la gama de emociones con
que Dios nos dotó como seres humanos y, para cada una, él tiene un mensaje,
una confirmación, una palabra de aliento o una exhortación.
Venga lo que venga, pase lo que pase, te sientas como te sientas, en las páginas
de tu Biblia encontrarás exactamente lo que tu corazón necesita.
Marzo 27 — El Deseo De Tu Corazón
Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón,
— Sal. 37: 4

Una hija tuvo después de diez años de casada. Y su mayor deseo era tener una
familia grande. ¡Cuánto le había costado esta primera hija! Pero, si pudo tener
una… ¿por qué no más? Orando estaba un día cuando el Señor le dio su
promesa por medio de las palabras del Sal. 37: 4. “Te concederé la petición de
tu corazón.”
Uno, dos, tres años pasaron. Y los hijos no venían. Pero siguió confiando. Más
tarde aparecieron problemas orgánicos y su ginecóloga arrasó con su
esperanza. Debía someterse a una operación y no, ¡nunca podría tener más
hijos! Pasó por su operación y se hizo a la idea de su esterilidad.
Pero la promesa no la dejaba: “Te concederé la petición de tu corazón.” Ella la
acallaba. No la entendía. ¡Cuántas veces se preguntaba por qué el Señor la
martirizaba!
Su hija se hizo grande y contrajo matrimonio con un joven a quien ella
inmediatamente amó. “En él tengo a un hijo”, pensó sin relacionar realmente
con la promesa del Señor.
Llegaron los nietos. A cada uno amó y por cada uno oró, sabiendo que cada
uno era un precioso regalo del Señor.
Después de los nietos empezaron a llegar los bisnietos. Cada uno era motivo
de felicidad. Y así como a los nietos, a cada bisnieto amó y por cada uno oró.
Y en una Navidad, sentada a la cabecera de la mesa, en medio de la algarabía
de grandes y chicos, recorrió con su mirada a ese comedor lleno de su
descendencia. Habían pasado ya muchos años desde haber recibido la promesa
del Señor. De pronto, muy quedo, dentro de ella, una voz le dijo: “¿Ves? Te
concedí la petición de tu corazón.” La promesa se había cumplido, no como
ella la esperara durante años, pero como el Señor sabe cumplirlas: en una
forma más maravillosa de lo que ella hubiera podido imaginar.
No te afanes. No te apures. Deléitate en tu Señor. A su tiempo te dará las
peticiones de tu corazón.
Marzo 28 — Tu Cabeza En Otra Cosa
Alma mía, en Dios solamente reposa, Porque de él es mi esperanza. El
solamente es mi roca y mi salvación. Es mi refugio, no resbalaré. En
Dios está mi salvación y mi gloria; En Dios está mi roca fuerte, y mi
refugio, — Sal. 62: 5-7

Lavas los platos, limpias la casa, planchas la ropa, vas al mercado. Son tus
quehaceres diarios, la rutina que puedes hacer con los ojos cerrados porque ya
la haces mecánicamente, sin tener que pensar en cada movimiento y cada
detalle.
¿No es cierto que en esas circunstancias tu cabeza está en otra cosa? Por eso,
pueden ser ocasiones peligrosas o momentos de bendición.
Trabajar con la cabeza en otra cosa es peligroso si llenas la vaciedad con
sentimientos negativos. Recuerdas con resentimiento el mal que alguien te
hizo, maquinando cómo vengarte. O dejas que una insignificancia que te
dijeron te domine y te haga sentir ofendida o despreciada, convenciéndote que
nadie te quiere. O recuerdas tus defectos, complejos y temores, deprimiéndote.
Trabajar con la cabeza en otra cosa es bendición si llenas la vaciedad con
sentimientos positivos. Recuerdas, con alegría, que dentro de tí y junto a ti
tienes a tu Señor. Dejas aflorar en tu conciencia todos los beneficios con que te
ha colmado en el pasado, su mano fuerte que te sostiene en este día y sus
maravillosas promesas para el futuro. Le alabas porque es la razón de tu
esperanza: tu salvación, tu roca fuerte y tu refugio.
Memoriza el Sal. 62: 5-8 y, con esa alabanza en tu mente, echa a andar tus
pensamientos. En tu ir y venir de este día, cuando haces esas tareas que
permiten que “tu cabeza esté en otra cosa”, concéntrate en todo lo que para ti
es tu Señor.
Marzo 29 — ¿POSTERGADA?
¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, y
según el tiempo de la vida, Sara tendrá un hijo, — Gén. 18:14

“Postergado hasta nuevo aviso” leyó Mónica al pasar frente a un flamante


edificio público que anunciaba la fecha de su inauguración.
“Postergado hasta nuevo aviso” volvió a pensar, sonriendo levemente con un
dejo de tristeza. “Así me siento hoy: postergada hasta nuevo aviso.”
¿Te sientes así a veces? ¡Cuántos sueños acariciaste de joven! Pero ahora, tu
vida es tan distinta de lo que habías soñado. Quizá te ilusionaste con casarte,
formar tu hogar y tener hijos. Pero tu “príncipe azul” hasta ahora no llegó.
O quizá soñaste con hacer muchas cosas, realizar mucho para la sociedad
porque te sabes inteligente, talentosa y capaz. Pero hoy tus días parecen
esfumarse en la insignificancia. Atiendes a tu esposo, a tus hijos, a tu casa. Y
de allí no sales.
Todo lo que haces está muy bien. Pero… ¿qué de ti? ¿de tus aspiraciones? ¿de
tus capacidades sin realizar? ¡Quedaron postergadas! Y cada día parecen más
lejanas, más imposibles.
Lo mismo creía Sara cuando, ya anciana, Dios mandó sus mensajeros que
declararon a su esposo: “Sara tu mujer tendrá un hijo.” Hacía mucho que Sara
creía que la razón de su existencia, ser madre de una nación grande que sería
de bendición a toda la humanidad, había quedado postergada para siempre. Ya
era imposible que el cometido de su vida se hiciera realidad. Era demasiado
tarde. Pero Sara estaba equivocada porque, “en el tiempo que Dios le había
dicho”, tuvo un hijo (Gén. 21: 2).
Dios no te hizo para que quedaras “postergada hasta nuevo aviso”. Si lo crees,
hoy puedes dar el primer paso para lograr lo que soñaste y que, entre una cosa
y otra, quedó descartado a un lado del camino de tu vida.
¿Ya dejaste de creer que puedes? Sara también había dejado de creer y mira lo
que le pasó.
Marzo 30 — Tu Temor
En el día que temo, yo en ti confío, — Sal. 56: 3

Cuando tomaste por primera vez en tus brazos a tu recién nacido, en medio de
tu emoción de sentirte madre ¡qué miedo te dio! Era una cosita tan pequeñita
que parecía demasiado frágil para ti.
¿Y te acuerdas de la primera vez que tuviste que darle un baño? ¡Qué susto!
¿Podrías hacerlo? ¿No se te resbalaría de entre las manos? ¿Se pescaría un
resfrío? ¿Lloraría mucho?
Y unos añitos más tarde, lo llevaste de la mano todo limpito y peinadito su
primer día de clase en la escuela. Tu corazón se inquietó. ¿Cómo le iría con la
maestra? ¿Y con los otros niños? ¿Dejaría de llorar, como todos te decían, en
cuanto lo soltaras de la mano y lo dejaras en el aula?
En cada paso de la vida de tus hijos sentiste algún temor. En algunos casos
menos y en otros, más. ¡Pero no te acobardaste!
Te dio temor tomar en tus brazos a tu recién nacido… ¡pero lo hiciste!
Te dio temor tener que bañarlo siendo tan pequeñito… ¡pero lo hiciste!
Te dio temor dejarlo sólito en la escuela su primer día de clase… ¡pero lo
hiciste!
Cada vez que te ataca un temor, puedes reaccionar en una de dos maneras.
Puedes acobardarte y quedar paralizada e inútil. O puedes hacerle frente y
seguir adelante con lo que sabes que tienes que hacer. En eso consiste la
valentía y porque tantas veces has demostrado ser valiente, eres capaz de serlo
en todas las circunstancias.
En el día que temes, confía en Dios. Recuerda que él no te da espíritu de
cobardía, sino de valentía, de amor y de dominio propio.
Marzo 31 — Felicidad Y Perfección Que Desaparecen
En mi prosperidad dije yo: No seré jamás conmovido, Porque tú,
Jehová, con tu favor me afirmaste como monte fuerte. Escondiste tu
rostro, fui turbado, — Sal. 30: 6, 7

El salmista expresa un sentimiento muy peligroso que una u otra vez


experimentamos la mayoría. David podía tener muchas razones para sentirse
feliz y complacido porque todas las cosas le iban bien. Era victorioso en todo
lo que emprendía. Tenía todo lo que podía ambicionar. Este sentimiento de
felicidad y complacencia bien pudo ser su motivo al escribir este salmo.
Pero luego algo pasó y su júbilo se esfumó. Su sentimiento había sido
rechazado por su Dios y ahora se sentía turbado, inseguro, temeroso.
Muchos son los casos que conocemos de personas que cifran su felicidad en el
bienestar que les rodea, para después encontrarse con que, de un día para otro,
todo se desvanece.
¡Qué peligroso es estar demasiado seguras de la felicidad que sentimos porque
todo nos va bien! Es entonces cuando tenemos mayor necesidad de acercarnos
con temor y temblor al Señor pidendo su protección y diciéndole que sabemos
que nuestro destino está en sus manos.
Recuerda hoy y siempre que él es el dueño de tu presente y de tu futuro.
Encuentra en Dios tu felicidad y tu perfección.
Abril — La Verdadera Felicidad
Judith de González
Hay mujeres que llegan al los últimos años de su vida con muy pocos
momentos felices para recordar.
¿En qué consiste la verdadera felicidad? ¿Dónde se la encuentra?
Este mes te presenta un recorrido por las páginas de la Biblia que encierran
verdades poderosas en cuanto a la felicidad. Te encontrarás con las enseñanzas
de Jesús y con las promesas de Dios para una vida feliz.
Compartirás con Rut, una mujer que lo perdió todo. Todo menos su obediencia
y fidelidad a Dios. Y ese Dios a quien ella conoció en medio de su dolor, la
premió con muchos días de felicidad.
La autora de las meditaciones de este mes es la señora Judith de
Gonzáles, de México, a quien Dios ha usado mucho como líder de
niños, jóvenes y mujeres en su país, así como en la enseñanza en el
Seminario Bautista de México.
Abril 1 — Bendición De Lo Alto
Bendita seas tú…, — Rut. 3:10 a

Rut es, sin duda, uno de los personajes más interesantes de la Biblia. La
encontramos enmarcada en una triste historia de separación familiar y en una
tierna historia de amor. Es Rut, la moabita, una mujer extranjera que llega para
ser bendición a una familia y a un pueblo.
No eran tiempos fáciles. El hambre se había propagado por toda la región. Una
familia israelita decide ir a buscar mejores oportunidades a una tierra lejana. Se
alejaban de la tierra que Dios les había provisto y se adentraban a una tierra
desconocida y por demás ajena a los caminos de Dios. En medio de este
cuadro surge la figura de una mujer que recibió bendición de lo alto y llevó
bendición para otros.
No sabemos mucho de Rut antes de que se inicie esta historia, pero podemos
encontrarla como una nuera abnegada y amorosa. Una gran amiga que no
quiso separarse de aquella mujer del pueblo de Dios, Noemí, porque sabía que
allí había bendición. Dios mismo la bendice y la lleva a ser parte de su pueblo.
Esta es sin duda la más grande bendición que mujer alguna pueda recibir:
llegar a ser parte del pueblo de Dios. Es Dios mismo quien nos escoge y nos
toma de en medio de cualquier circunstancia o situación para recibir su
bendición.
¿Has recibido la más grande bendición que toda mujer puede recibir: ser
alcanzada por el amor de Dios a través de su Hijo Jesucristo? ¿Eres parte del
pueblo de Dios? Nuestros tiempos son tiempos de decisión. Si en ti hay
tiempos de hambre espiritual, es el tiempo de clamar a Dios diciéndole:
“Señor, permíteme ser bendecida por ti y poder llevar bendición a mi familia y
a mi pueblo.”
Abril 2 — Oídos Prontos Para Oír
…oyó… que Jehová había visitado a su pueblo…, — Rut. 1: 6

La percepción del sonido a través del oído humano, es una de las obras
maravillosas de Dios en nuestro cuerpo. Oír es más que recibir el sonido. Es un
proceso que entra y mueve cientos de miles de pequeñas fibrillas llegando al
cerebro y procesando la información recibida, dándole un significado. Esto es
tan automático y rápido que todo nuestro cuerpo reacciona casi al mismo
instante. El proceso es el mismo, ya se trate de un trueno que nos sobresalta o
el suave aletear de un pájaro.
Muchas son las bendiciones que Dios pone cada día a nuestro alcance: la
compañía de un ser querido, el aire suave y cálido que toca nuestra cara, las
lágrimas que corren por nuestras mejillas, la sonrisa de un niño o el canto
suave de un jilguero al despuntar el alba. La vida nos llega a absorber tanto en
el bullicio y la rapidez del diario vivir, que nos olvidamos de escuchar con
atención las bendiciones de Dios para nuestra vida. Dios nos ha creado con la
capacidad de percibir su acción a nuestro derredor. Seamos sensibles a su
acción en nuestro derredor, a los pequeños detalles que son las grandes fuentes
de alegría y tristeza en nuestra vida, pero que nos hablan de un Dios que nos
visita constantemente. Caminemos diariamente buscando a nuestro derredor lo
que Dios ya dispuso para nosotras y estemos dispuestas a disfrutar del aroma
de una flor y del movimiento de una nube en el cielo azul. Agudicemos nuestra
percepción, alcemos los ojos y descubramos, en este día, que Dios nos ha
visitado.
Ayúdame Señor, para que en este día pueda agudizar mis sentidos para ver
todo lo que me rodea y percibir en ello tu presencia bendita.
Abril 3 — Descanso
…os conceda Jehová que halléis descanso, — Rut. 1: 9 a

Cuando leemos la historia de Rut la moabita, podemos encontrar sin duda,


que el deseo de su suegra Noemí: “os conceda Jehová que halléis descanso”,
tuvo lugar a tiempo. Encontró descanso en otro pueblo que no era el suyo, con
gente a la cual no conocía y en una tierra que le era por demás desconocida.
Pero, ¿qué es lo que trajo a la vida de Rut el descanso? y ¿qué debemos hacer,
para que el descanso sea una de nuestras características espirituales?
Moisés tenía sobre sus hombros una gran tarea que no le permitía descansar.
Una y otra vez quiso dejar sus responsabilidades y volver al desierto para
continuar pastoreando su rebaño. Fue en busca del descanso y Dios le dio la
respuesta “mi presencia irá contigo, y te daré descanso” (Exo. 33:14). Años
más tarde, Jesús de Nazaret levantó su voz diciendo: “Venid a mí todos los que
estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mat. 11:28).
La presencia de Dios en la vida de Rut fue lo que trajo el verdadero descanso.
Descansar no consiste en dejar de hacer los trabajos y no tener problemas, sino
en dejar que sea Jesucristo mismo viviendo en nosotros quien lleve nuestras
cargas.
Hay muchas cosas que nos producen cansancio: el egocentrismo, el hastío, las
preocupaciones, el temor, los sentimientos de inferioridad, los resentimientos,
la indecisión, la culpa, y mucho más. Dios nos promete descanso con su sola
presencia. No necesitamos más, sino ir a él y depositar todo aquello que no nos
permite descansar.
Señor, en medio de las luchas y cargas de mi vida, te invito para que tu
presencia bendita me dé el descanso que tanto anhelo.
Abril 4 — Una Triste Separación
Y ellas alzaron otra vez su voz y lloraron, — Rut. 1:14

La tristeza es uno de los sentimientos que el ser humano experimenta


constantemente. Nos causa tristeza la muerte de un ser querido, la pérdida de
algún objeto material que tiene un gran valor para nosotros, la pérdida del
trabajo o la amistad de aquella amiga a la que siempre hemos tenido muy
cerca.
Rut decidió ir con Noemí, dejando su familia y sus amistades. Sin duda que
había tristeza en su corazón; sabía lo que implicaba alejarse de esos lugares
conocidos para ir a vivir a una tierra que no era la suya. Había más de un
motivo para levantar su voz y llorar.
El amor que Dios ha puesto en nuestros corazones es el que nos lleva a
experimentar tristeza cuando perdemos lo que amamos. El que ama mucho,
también ha de sufrir mucho cuando la separación venga. No debemos
avergonzarnos de expresar nuestra tristeza y dolor por lo que hemos perdido.
Seguramente que en tu vida ha habido muchas separaciones o pérdidas que te
han llenado de tristeza. La tristeza es, si bien un gran dolor, también una gran
bendición, porque nos ayuda a valorar todo aquello que nos rodea y amamos.
Expresar nuestra tristeza nos lleva a hablar de amor, y el amor es uno de los
más altos dones de Dios. Entonces nuestra tristeza se transforma en gozo,
porque el amor ha sido manifestado (Juan. 16:20).
Gracias, oh Dios, por el amor que pusiste en mí. Enséñame cada día a
transformar mi tristeza en gozo.
Abril 5 — Una Decisión Sabia
Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios, — Rut. 1:16 b

Estábamos a la mitad de nuestra reunión semanal de oración. En esa tarde


lluviosa, muchos hombres y mujeres habían viajado varios kilómetros para
llegar y compartir juntos la bendición de la oración y la comunión con el
pueblo de Dios. Yo me encontraba a la entrada del templo tratando de ayudar a
aquellos que habían llegado tarde por las inclemencias del tiempo y
animándoles a integrarse al grupo. De pronto, volví mi cara hacia un hombre
que entró apresuradamente, sacudiendo su cabello mojado y tratando de
limpiar sus zapatos para no mojar el piso. Extendí mi mano para saludarle y él
respondió a mi saludo diciendo:
“¡Cómo me apena haber llegado tarde!, pero… no podía faltar. Dios
bendice a su pueblo cuando se reúne y quizá la bendición de este día
sea tan maravillosa, que yo lamentaría haberla perdido.”
Dios nos ha llamado a formar parte de un pueblo y no a vivir aislados de los
demás. Las bendiciones que él nos da al estar reunidos, gozándonos y
creciendo en unidad, no las podemos comparar con nada.
Rut tomó una decisión sabia. Ella no desconocía los valores, metas y
propósitos, sueños y aspiraciones del pueblo de Noemí. Seguramente Noemí
una y otra vez le había hablado de ellos y había vivido conforme a ellos. Rut
no quería perder ni una sola de las bendiciones de pertenecer al pueblo de
Dios.
¿En alguna ocasión te has lamentado por no haber compartido con el pueblo de
Dios, cuando Dios se manifestó grandemente? ¿Te das cuenta del privilegio de
saber que has sido llamada a formar parte de! pueblo de Dios?
Abril 6 — Siempre Detrás
Jehová recompense tu obra,…bajo cuyas alas has venido a refugiarte,
— Rut. 2:12

El sol candente se reflejaba en las doradas espigas. El tiempo de la siega había


llegado. Cortar las espigas, acomodarlas en grandes manojos y llevarlos al
granero para desgranarlos, era la dura tarea del segador. Y allí, en medio del
campo, una joven inició una tarea pesada y humilde: recoger las espigas que
quedaban tiradas en medio del campo. Siempre detrás de los segadores. De
tierras lejanas había venido y tenía que depender de la benevolencia de
aquellos hombres para subsistir.
La vida de Rut fue grandemente enriquecida al realizar este trabajo tan
humilde. Ella nunca pudo ni siquiera imaginar que ese sería el lugar en donde
entraría en contacto con el hombre que llegaría a ser su marido y del cual ella
tendría un hijo.
¿Te has puesto a pensar alguna vez en lo difícil que es realizar los trabajos más
humildes? Pensamos que la felicidad se encuentra en realizar aquello que
parece de más valor a nuestros ojos y los de quienes nos rodean. Sin embargo,
para Dios, el trabajo humilde es una oportunidad de ser enriquecidas en nuestra
vida.
Dios recompensa nuestro trabajo cuando lo hacemos bajo su protección. El
tiene un especial cuidado de nosotras, de tal manera que, por muy
insignificante que parezca a nuestros ojos o los de quienes nos rodean, él lo
engrandece y recompensa nuestra obra.
¿Tienes luchas para aceptar el trabajo que te toca realizar cada día? ¿Realizas
tus responsabilidades con gozo y alegría pidiendo a Dios que él bendiga tu
obra?
Gracias, Señor, porque tú has de recompensar el trabajo que hago, por humilde
que sea, porque yo soy importante para ti.
Abril 7 — Precisión Al Agradecer
…porque me has consolado, y porque has hablado al corazón…,
—Rut. 2:13

¡Cómo recuerdo aquella tarde! Era una fecha especial, juntos daríamos
gracias a Dios por las bendiciones recibidas durante un año de trabajo.
Mientras me preparaba para asistir a este culto tan preciado y esperado,
empecé a hacer una lista mental de las bendiciones que Dios había derramado
en mi vida durante el año que ya casi iba a concluir.
Todo en el templo invitaba a la adoración. Llegó el tiempo de expresar los
motivos de gratitud a Dios. Varias personas lo hicieron diciendo: “Doy gracias
a Dios por la vida y todo lo que él me ha dado en este año.” Una anciana dijo:
“Yo quiero dar gracias a Dios por mi familia y por todo lo que él nos dio.”
Después de varios de estos testimonios, el pastor dijo:
“Todos los que han participado hasta el momento han dado gracias a
Dios por la vida, su trabajo, su familia, el alimento y mucho más.
¿Quisiera alguno de ustedes enumerar tres motivos de gratitud, de esa
lista que incluyen en el mucho más o en el todo lo que Dios les dio?”
Hubo un momento de silencio. Allí en mi lugar, traté de elaborar mi lista de
motivos de agradecimiento. Esa lista de lo mucho más que Dios me había
dado. Sin embargo, en ese momento no venía a mi mente ni un solo motivo
concreto. Pasó un tiempo y al fin el pastor dijo:
“Hay que tener mucho cuidado en recordar las bendiciones de Dios.
Dios nos bendice de manera muy precisa y nosotros también debemos
tener precisión al agradecer sus bendiciones.”
Señor, permite que no olvide ninguno de tus beneficios.
Abril 8 — ¡El Que No Oye Consejos…!
Haré todo lo que me dices, — Rut. 3: 5 (RVA)

El que no oye consejos, no llega a viejo”, dice un refrán muy popular. Y al


fin, la sabiduría del pueblo expresada a través de estos refranes tiene mucho
que enseñarnos a nosotras. En el libro de Proverbios, que es una compilación
de refranes, una y otra vez el proverbista enfatiza la importancia de escuchar el
consejo de aquellos que nos rodean.
Rut escuchó el consejo de su suegra y amiga Noemí. Reconocía en Noemí una
guía espiritual. Seguramente que Noemí reunía ciertas características que la
hacían apta para dar un consejo y Rut necesitaba ese consejo sabio y prudente.
Dios nos habla a través de las personas que nos rodean. Desde la antigüedad y
hasta nuestros días, éste sigue siendo uno de los caminos usados por Dios para
guiarnos en nuestra vida. Cuando nos sentimos solas o afligidas por algún
problema o situación que nos amenaza, debemos buscar el consejo sabio y
oportuno de una amiga o amigo. En muchas ocasiones, aquella persona que
nos guió a los pies de Cristo puede ser la persona indicada; el pastor de nuestra
iglesia o su esposa pueden ser usados grandemente por Dios para llevar a
nuestras vidas bendición.
El salmista expresa que es feliz aquel que no anda en consejo de malos
(Sal. 1: 1). Pero es exaltado el consejo que viene de parte de Dios (Sal. 73:24),
y aquel que guarda el consejo es considerado como sabio (Prov. 1: 5; 8:33).
Señor, abre mis oídos, para que pueda escuchar el consejo sabio de un amigo o
amiga y desechar el consejo de los malos.
Abril 9 — ¿Que Sabe La Gente De Ti?
…pues toda la gente de mi pueblo sabe que eres mujer virtuosa,
— Rut. 3:11

Todo había sido planeado con mucho cuidado y entusiasmo. Estábamos listos
para realizar nuestros trabajos en aquella zona marginada de nuestro país, que
requería asistencia social.
Después de haber viajado por más de ocho horas, llegamos a San Miguel. Las
campanas de la iglesia tocaban en un suave repicar y los niños y niñas jugaban
en el jardín central.
No traíamos una dirección exacta, ya que nos habían dicho:
“Cuando lleguen a San Miguel, pregunten por la casa de la familia Aguilar;
ellos son muy conocidos.” Después de preguntar a dos personas que
aparentemente no sabían dónde vivía la familia Aguilar, pensamos, ¿por qué
será conocida la familia que estamos buscando? Uno de los participantes en la
caravana nos dijo: “La hermana Aguilar ha enseñado a la gente a leer y
escribir.” Otro más nos aseguró: “Ella ayuda como voluntaria en la Cruz
Roja.” Con esta información nos acercamos a las personas a quienes ya
habíamos preguntado y pedimos informes de dónde vivía una señora que
enseñaba a leer y escribir y ayudaba como voluntaria en la Cruz Roja.
Inmediatamente, una de las personas nos dijo: “Me hubieran dicho eso antes;
ustedes están buscando a la maestra Carmen. Ella vive en aquella casa .”
Si alguien llegara preguntado por ti este día, ¿cuáles serían las características
por las que la gente te conoce? Crecer en la gracia para con Dios y con los que
nos rodean es una de nuestras tareas.
Señor, enséñame a crecer en gracia para con aquellas personas que me rodean.
Abril 10 — Derrota Y Cuidado
…porque él tiene cuidado de vosotros, — 1 Ped. 5: 7

La historia de Rut la moabita envuelve muchos sentimientos. La compasión


de Booz (Rut. 2: 9), la sorpresa y humildad de Rut (Rut. 2:10), el gozo y la
gratitud (Rut. 2:13), la bendición de Rut (Rut. 2:19). Rut encierra la historia de
cómo Dios cuida a sus santos a través de las aparentes derrotas hasta llevarles
a la victoria y el triunfo. Quedó viuda muy joven, no le quedó el apoyo de
algún hijo o hija. Decidió dejar su tierra y su parentela, para ir a morar a otra
tierra. Sin embargo, Dios le guió a través de sus derrotas para llevarle a la
victoria gloriosa.
Esta es la verdadera historia de cada creyente en Jesucristo. Las luchas de este
mundo no pueden quedar de lado. Cada día nos enfrentamos a la realidad de
una serie de problemas que nos rodean, pero también nos enfrentamos a la
verdad del cuidado de Dios y protección a través de todas nuestras luchas. Esta
es la confianza que tenemos y la seguridad de la paz que solamente Dios nos
puede dar. No es porque nosotros no tengamos derrotas, pero cada una de ellas
solamente nos acerca más al verdadero triunfo.
El himnólogo lo expresó diciendo:
Cuando vienen nieblas y oscuridad
Y no siento el divino amor,
Viene al corazón gran consolación
De la mano del Salvador.
Cuando confundida no puedo ver
El designio de mi Señor,
Adelante voy, siempre guiada soy
Por la mano del Salvador.
(Himno # 372 HB)
Abril 11 — ¡Atrévete A Subir!
Viendo la multitud, subió al monte…. — Mat. 5: 1

La montaña es conocida en el Antiguo Testamento como el lugar en donde la


presencia de Dios se resalta. Al Dios de Israel se le conoce como el Dios de la
montaña. Dios habita en lo alto, y todo camino que conduce a él es ascendente.
En este cuadro encontramos los principios fundamentales sobre el estilo de
vida que trae la felicidad al ser humano. Tenemos que ser personas felices,
invitadas a descubrir, en cada situación favorable o aparentemente no
favorable, una plenitud nueva: la que vive Jesús y comparte con nosotros.
El ser humano es llamado a caminar por el camino feliz. Cuando Jesús nos
llama a ser pobres, misericordiosos, reconciliadores, pacificadores y a amar a
nuestros enemigos, parece más que imposible. Sin embargo, sigue siendo un
llamado a una continua superación, donde se manifiesta, no el anhelo de
comportarnos bien porque podemos, sino el impulso del amor divino que nos
ha regenerado en Cristo Jesús. Es una felicidad y un gozo que no depende de
las circunstancias cambiantes. Solamente se alcanza por la presencia bendita
de Jesús mismo en nuestra vida.
Este es el camino del cristiano, ascendente. Día con día caminamos hacia “la
montaña”, donde la presencia de Dios lo llena todo y donde la felicidad se
experimenta a pesar de todo. Es un camino que requiere esfuerzo y acción pero
en Cristo Jesús, y por su amor, vamos adelante. ¿Te atreverás a subir?
El camino es difícil pero gracias, Señor, porque tú conmigo vas. Impúlsame a
subir cuando ánimo tengo, y cárgame, si es preciso, cuando débil estoy.
Abril 12 — ¡Alto! ¿Has Perdido La Fe?
¿No hará mucho más a vosotros…?, — Mat. 6:30

Una niña regresaba del templo, donde había estudiado la Biblia, juntamente
con otros niños. Sentada cómodamente en un asiento del autobús que la
llevaría de regreso a su casa, acariciaba un dibujo que, seguramente, ella había
realizado en el templo y debajo del cual se leía la inscripción “Tened fe en
Dios”. En un momento en que el autobús paró para que bajaran algunos
pasajeros, un fuerte viento arrancó de las manos de la pequeña aquel cuadro
que ella había elaborado con tanto esmero. “¡Pare, señor! ¡espéreme por
favor!” gritaba la pequeña, dirigiéndose al conductor. “¡Pare por favor, que he
perdido mi fe!”
En medio del tumulto, del correr, de las preocupaciones diarias, debemos hacer
una pausa para revisar cómo está nuestra fe. Alguien ha dicho que el 30% de
nuestras preocupaciones pertenecen al pasado, el 60% al futuro y el 10% al
presente. La fe es un camino en el que hay que avanzar todos los días. En ese
camino nos vamos ejercitando, y el ejercicio es obediencia y dependencia de
nuestro Dios. Al obedecer a nuestro Dios estamos ejercitando la fe y ésta se
fortalecerá cada día más, en cuanto más le obedezcamos.
Quizá no has tenido mucho tiempo para reflexionar sobre tu fe, pero, ¿no crees
que bien vale la pena marcar un alto y revisar cómo va el ejercicio de tu fe?
Señor, ayúdame este día a ejercitar mi fe en tu.
Abril 13 — ¡Pobre Rico!
¡Ay de vosotros, ricos! porque ya tenéis vuestro consuelo, — Luc. 6:24

El ser humano gusta de complicaciones y preocupaciones con las cosas


materiales. Ya no solamente se ocupa de la comida y del vestido, sino de
mucho más. Queriendo escapar de esas preocupaciones recurre a distintos
caminos: realiza un trabajo más intenso para buscar ingresos extras, o cae en
actividades que le permitan aturdirse y no pensar más en ese anhelo que tiene
de tener más de lo necesario.
Jesús descubrió a los ojos de sus discípulos los falsos criterios mundanos sobre
la felicidad. Proclamó felices a los pobres quienes, según el mundo, son los
infelices. Cambió la escala de valores.
El avaro hace del dinero el valor supremo y absoluto de su vida. Pero ese lugar
pertenece a Dios. Hoy en día el peligro común no es dejar de creer en el Dios
de la Biblia y adorar otra divinidad, pero sí existe el peligro de que las cosas
materiales ocupen ese lugar que Dios ocupa en nuestras vidas. La riqueza
puede endurecer a los hombres y los insensibiliza a las necesidades de los
demás. La riqueza va abriendo distancias, crea ruptura, origina clases, levanta
barreras. Debemos tener en claro que la riqueza no es mala en sí misma si le
damos el lugar que le corresponde. Si mantenemos un corazón generoso y ello
activa la bienaventuranza de dar.
Agur veía que había que tener cuidado de no caer en los extremos y por ello su
oración a Dios la expresa diciendo:
“…no me hagas rico ni pobre; dame sólo el pan necesario, porque si me
sobra, podría renegar de ti y decir que no te conozco; y si me falta,
podría robar y ofender así tu divino nombre.” — Prov. 30: 8 b-9
(D.H.H.)
Señor, que el valor supremo de mi vida seas solamente tú.
Abril 14 — Transparentes Ante Los Ojos De Todos
Bienaventurados los de limpio corazón… — Mat. 5: 8

La limpieza de corazón es la condición para poder acercarse a Dios. Esa


limpieza es una actitud interior que nos permite obrar con transparencia, con
lealtad, sin dobles intenciones, sin mentira, sin trampas. La limpieza de
corazón nos obliga a ser sinceras.
La sinceridad es una característica que debe llenar nuestra vida diaria en tres
dimensiones: Sinceras con nosotras mismas, sinceras con los demás y sinceras
para con Dios.
Sinceras para con nosotras mismas. Vernos a la luz de la Palabra de Dios nos
ayudará a vernos tal y como somos. La Escritura es el espejo que necesitamos
para reflejarnos en él. La lectura de ella, entonces, debe ser nuestro pan diario
y nuestro ejercicio sistemático.
Sinceras para con los demás. Debemos ser nosotras mismas en nuestras
relaciones con los demás. Ser como uno es, ante los ojos de los demás, trae
valor y permite abrir la comunicación. La comunicación puede bloquearse
cuando la gente percibe en nosotras una figura que realmente no somos.
Sinceras para con Dios. Es una gran verdad que Dios nos conoce hasta lo más
profundo de nuestro ser. No es que estemos ayudándole a él a conocernos
mejor; él ya sabe cómo somos en toda la expresión y profundidad del
conocimiento. El ser sinceras con Dios nos ayuda a vivir en la dimensión de
relación, donde nosotras podemos acercarnos seguras de que él nos ama tal
como somos.
Señor, limpia mi corazón para que pueda vivir en las tres dimensiones de la
sinceridad: conmigo misma, con mis prójimos y contigo.
Abril 15 — ¿Miedo? ¿Temor? O, ¿Acaso Valor?
El sabio teme y se aparta…, — Prov. 14:16 a

Soy valiente!,” gritó la joven que caminaba en lo alto de un gran edificio.


“¡Mírenme, no tengo miedo!”, decía mientras se movía por una barandilla del
décimo piso. Abajo, muchas personas se acercaban para ver aquel espectáculo
improvisado. La policía llegó prontamente y también los bomberos. Una y otra
vez se escuchaba el “grito de triunfo” de aquella joven, que según ella decía,
no tenía temor. Pero, la ausencia del temor o miedo, ¿son características del
valor?
La confusión de lo que es ser valiente para enfrentar las distintas situaciones de
la vida, hoy en día es una realidad. Hay quienes piensan que tienen valor
porque arriesgan la vida en un juego peligroso, porque son capaces de lanzarse
al paso de un tren, o porque no temen ser reprendidos por una conducta
equivocada. ¡Qué triste confusión!
Tener valor para enfrentar la vida es ser prudente, actuando con precaución,
desechando el temor a aceptar lo que es verdad. Tener valor es situarse a la
altura de la razón, dependiendo de Dios. Es ver el problema de cerca, sin hacer
más grande el peligro o la dificultad. El verdadero valor se manifiesta en la
misma presencia del miedo, resistiendo y llegando hasta el fin por fuerte que
sea la tentación de abandonar la lucha.
Este es el tipo de valor que nosotras requerimos para enfrentarnos con las
tensiones diarias. Ser valiente significa tener un alma y un corazón decididos
para enfrentar las tensiones de la vida diaria en lugar de huir de ellas.
Señor, dame valor para enfrentar cada una de las tensiones de mi vida diaria.
Abril 16 — Buenas Nuevas De Paz
…anunciando el evangelio de la paz por medio de Jesucristo, — Hech. 10:36

Sin duda que uno de los temas más abordados en las últimas décadas es el de
la paz mundial. Decenas de convenios han salido, con el único objetivo de
lograrla. De hecho, el máximo organismo mundial que se haya creado, Las
Naciones Unidas, involucrando a casi la totalidad de los países del mundo,
tiene como propósito promover y alcanzar la paz mundial.
Pero, si bien no menospreciamos los intentos de paz que pueda el hombre
hacer, Dios nos manifiesta que la verdadera paz solamente la poseen aquellos
que reciben el mensaje de paz.
Jesús es anunciado en el marco de la paz (Luc. 2:14). Jesús da la paz a los
suyos, no como el mundo la da. Son sus mismas palabras las que producen paz
en el oyente (Juan. 14:27, 16:33). “Paz a vosotros”, es el saludo del Cristo
resucitado para la comunidad de creyentes. Los misioneros saludan con la paz
y llevan la paz (Mat. 10:12, 13). La paz es el mismo evangelio:
“Dios envió mensaje a los hijos de Israel, anunciando el evangelio de la
paz por medio de Jesucristo…” (Hech. 10:36).
La verdadera paz llega a nuestra vidas cuando somos reconciliados con Dios a
través del sacrificio de su Hijo Jesucristo. Podrá haber muchos problemas en la
vida y situaciones donde el mundo proclame paz, pero la paz verdadera que
todo ser humano necesita, es la paz que solamente Cristo puede dar.
¿Vives en paz? ¿Gozas de la verdadera y duradera paz, habiendo sido
reconciliada con Dios? ¿Compartes con otros pensamientos de paz, que son
también pensamientos y palabras de reconciliación con Dios?
Dios, gracias por las buenas nuevas de paz.
Abril 17 — ¿Quieres? … Es Un Buen Principio
…para vivir el resto de su vida conforme a la voluntad
de Dios…, — 1 Ped. 4: 2 (D.H.H.)

Mi hija se acercó una tarde y me preguntó: “Mamá, ¿cómo puedo yo saber lo


que es la voluntad de Dios para mi vida?” La miré y entonces pensé: “¡Cómo
has crecido, hija mía!” Sin duda que una de las preguntas que toda persona
enfrenta en su vida es cómo reconocer la voluntad de Dios.
Si esta pregunta ha estado en tu mente una y otra vez al enfrentarte a la toma
de decisiones, es porque Dios está obrando justamente en ti.
El primer paso para conocer la voluntad de Dios es, sin duda alguna, quererla
conocer. Querer conocer la voluntad de Dios no es un conocimiento
intelectual, sino un conocimiento que se transforma en acción. Querer conocer
la voluntad de Dios para nuestras vidas es querer hacer su voluntad en nuestras
vidas.
El segundo paso es aprender a escuchar la voz de Dios, que nos da a conocer
su voluntad. Dios nos habla en su Palabra y en ella nos ha dejado principios
que rigen lo que él quiere para nosotros. Algunos de los principios de su
voluntad son: que todo ser humano sea salvo y llegue al conocimiento de la
verdad (1 Tim. 2: 3, 4); que el Espíritu Santo llene nuestras vidas (Ef. 5:18);
que el amor hacia nosotras mismas y nuestros prójimos sea lo que muestre al
mundo que hacemos su voluntad (Juan. 13:34-35).
El tercer paso es ejercitarnos cada día en la práctica de los principios que nos
muestran la voluntad de Dios, pidiendo visión y fuerzas para ir siempre
adelante, a través de un tiempo de oración.
Señor, produce en mí el deseo de hacer tu voluntad siempre.
Abril 18 — Gozo Al Hacer Su Voluntad
El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, — Sal. 40: 8

Una señora que asistía por primera vez a nuestra reunión de oración preguntó:
“¿Cómo puedo yo conocer la voluntad de Dios para mi vida?” Luego continuó
diciendo: “Tengo diez años de estar casada, y desde que era novia de mi
esposo, mi suegra siempre me veía mal. Han pasado los años y cada día es
peor. En algunas ocasiones he escuchado a mi suegra decirle a mi esposo que
me deje, que mejor se divorcie de mí. Realmente la odio. Desde el día de mi
boda ella ha mostrado antipatía por mí; yo tampoco la quiero, ni quiero tener
nada que ver con ella.
Habíamos estado estudiando juntas algunos principios básicos que nos
ayudaran a entender la voluntad de Dios para nuestras vidas. Animé a las
asistentes para que juntas pudiéramos hablar sobre el asunto. He aquí lo que
surgió del grupo:
1. La voluntad de Dios es perdón. La bendición más grande que el ser humano
puede recibir es la de aprender a perdonar a aquellos que de alguna manera le
hacen daño.
2. La voluntad de Dios es amor. La voluntad de Dios es que el amor sea la
marca distintiva de los que quieren hacer su voluntad.
3. La voluntad de Dios es que oremos por los que nos hacen daño. Solamente
cuando perdonamos y amamos podemos orar por los que nos hacen daño.
El gozo de estar en la voluntad de Dios, haciendo lo que él quiere, no depende
entonces de otras personas, sino de nosotras mismas ante Dios.
Señor, anímame a gozar cada día al hacer tu voluntad.
Abril 19 — ¡Pasiva…Activa!
Si alguien está dispuesto a hacer la voluntad de Dios, podrá reconocer
si mi enseñanza viene de Dios…, — Juan. 7:17 (D.H.H.)

La madre de Manuela murió cuando ella apenas había cumplido ocho años.
Desde entonces ella fue a vivir con su padre y sus abuelos a otro poblado
cercano. Cuando Manuela cumplió quince años, su padre le dijo:
“Manuela, tu madre te dejó un testamento y es necesario que vayamos
a la casa donde vivíamos para que puedas tomar posesión de él.”
El polvo había cubierto los muebles que habían sido protegidos con grandes
sábanas. Varias cajas se encontraban apiladas en un lado de una de las
recámaras. ¡Esa casa estaba llena de recuerdos, sueños, lágrimas y
aspiraciones! El padre de Manuela se dirigió a un gran baúl que se encontraba
al lado de la cama. Entregándole a Manuela una llave, le dijo: “Aquí está la
voluntad de tu madre para ti, hija mía; es tu madre misma quien te habla.” Una
carta se encontraba depositada en el fondo del baúl. Manuela pasó sus ojos
sobre aquella letra ya un tanto desgastada por el tiempo. Una y otra vez leía
con entusiasmo aquellas palabras que expresaban la voluntad de su madre para
su vida.
Yo conocí a Manuela varios años después. Cierta tarde la visité en su casa y la
encontré sentada en el balcón, leyendo. Había una carta entre sus manos. Era la
carta que le escribiera su madre. Cuando ella levantó sus ojos para mirarme me
dijo:
“La leo casi todos los días, porque ella me recuerda lo que mi madre
esperaba de mí.”
La Biblia es el Testamento de Dios para nosotras. Es la Palabra escrita que nos
dejó para que podamos conocer su voluntad.
Oh Dios, gracias por la Biblia, donde puedo encontrar tu voluntad escrita para
mi vida.
Abril 20 — Por Los Caminos
…claramente dan a entender que buscan una patria…
— Heb. 11:14

Cerca de mi casa se encuentra un gran terreno donde los chicos y chicas se


reúnen todas las tardes para jugar. Una mañana escuché algunos ruidos.
Parecían automóviles que se estacionaban una y otra vez; después oí fierros
que caían, voces, y pronto el sonido acompasado del martillo y de la sierra que
indicaban que estaban construyendo.
Al salir de casa para ir a mi trabajo observé que varias familias habían llegado
y estaban improvisando casas con materiales que se veían portátiles y fáciles
de armar y desarmar. Esa tarde, al regresar, observé que las “casas” estaban ya
terminadas y la gente se encontraba viviendo en ellas. A un lado, los chicos y
chicas observaban con curiosidad, con desánimo y algunos hasta con queja,
porque aquellos “extraños” habían invadido sus terrenos.
Me acerqué al grupo, tratando de ayudarles y de animarles a buscar otro lugar
cercano donde pudieran continuar jugando. Escuché sus comentarios: “era el
lugar ideal”, “no era justo que fuera invadido por aquellas personas”, “debieran
echarlos fuera”, etc. Una de las chicas dijo de pronto: “Creo que no debemos
preocuparnos. Se ve que son peregrinos; pronto levantarán todo y se irán a otro
lugar.”
Los cristianos somos peregrinos. Seguimos las huellas del Salvador y Maestro
Jesús, buscando siempre hacer su voluntad. Por lo tanto, nuestro andar diario,
nuestro estilo de vida, debe claramente dar a entender que vamos en busca de
la Patria Celestial. ¿Cómo te miran aquellos que te rodean? ¿Cuáles son las
actitudes y pensamientos que debes cambiar respecto a tu paso por esta tierra?
Señor, que mi estilo de vida sea siempre el de una peregrina que va en busca
de la patria que tú me tienes preparada.
Abril 21 — ¡Regalo Precioso!
Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu…, — Eze. 36:27

El grupo de estudio bíblico de damas de mi vecindario se reunía todos los


martes por la mañana. En una de estas reuniones, Kiu Min decidió entregar su
vida a Jesús y seguirle como su Señor y Salvador. Eran muchas las preguntas
que su corazón sencillo tenía. Había llegado de la China apenas unos meses
atrás, donde había vivido alejada de todo contacto religioso. Su cara se llenó de
una alegría muy singular cuando entendió que Dios le daba el máximo regalo
al que podía aspirar, y que era completamente gratuito: tener el gozo y la
bendición de recibir a Cristo Jesús como su Salvador personal.
Cuando el estudio bíblico hubo terminado, personalmente acompañé a Kiu
Min a su casa. En el trayecto, notaba que había una inquietud en la mente de
Kiu Min.
— ¿Te gustaría que orásemos por alguna inquietud que tengas en tu corazón?
— pregunté. Con palabras entrecortadas me dijo:
— Y ahora, ¿cómo voy a saber cuándo me porto bien? ¿Cómo le gustaría a
Jesús que yo me portara?
Dios, en su infinita misericordia nos ha regalado a su Hijo Jesucristo. En el
momento en que decidimos recibir a Jesucristo como nuestro Salvador, Dios
nos regala también la presencia del Espíritu Santo. El es quien nos guía a toda
verdad y nos muestra el camino de la voluntad de Dios. Tenemos un nuevo
estilo de vida. Nuestra vida tiene un nuevo fruto que dar: el fruto del mismo
Espíritu de Dios.
¿Es tu vida actual distinta a la vida que tenías antes de tener en ti misma la
presencia del Espíritu Santo? ¿Es el fruto de tu vida, fruto del Espíritu de
Dios?
Señor, gracias por la presencia bendita de tu Espíritu Santo en mi vida.
Abril 22 — ¿Cultivo?… Fruto En Su Tiempo
Que da su fruto en su tiempo…, Sal. 1: 3 b

Un año, mi padre sembró maíz, frijol y calabaza, entre otras plantas. Todas las
mañanas, muy temprano, mi padre salía y realizaba algunas labores agrícolas
necesarias para que las plantas dieran el fruto esperado. Había llegado el día
preciso, el día de la cosecha. Estábamos emocionados. Ese día trabajamos
recogiendo el fruto: el maíz, el frijol y la calabaza.
Esa noche le acompañé a un estudio bíblico, y le escuché decir:
“Cuando plantamos una semilla, sabemos que primeramente nacerá una
diminuta planta, después irá creciendo y fortaleciéndose. Debemos
regarla y quitarle las hojas secas que estorban su buen desarrollo.
Necesitamos quitar aquellas plantas que nacen junto a ella y que
pueden quitarle la fuerza. Un buen insecticida la librará de las plagas.
El fertilizante le ayudará a crecer rápidamente y el fruto será más
grande y delicioso. Así es nuestra vida cristiana, somos llamados a
llevar fruto a su tiempo.”
Cuando recibimos a Jesucristo, debemos dejar que el Espíritu Santo trabaje en
nosotros para producir buen fruto. Debemos alejar de nosotros aquello que
pueda quitarnos fuerza en nuestra vida espiritual. Usemos el estudio de la
Biblia como el insecticida que nos librará de las plagas de pecado, y la oración
como el fertilizante que nos ayudará a crecer rápidamente y permitirá que el
fruto del Espíritu en nosotros sea más delicioso. Cuando una planta no produce
el fruto esperado, sabemos que es anormal; de la misma manera, si nuestra
vida no está produciendo el fruto espiritual esperado, cultivémosla.
Señor, dame el valor y entrega necesarios para cultivar mi vida espiritual.
Abril 23 — Cuadro De Libertad
…donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad,
— 2 Cor. 3:17

La niña estaba dedicada a su tarea de pintar sobre el papel que había sido
puesto sobre la mesa. Los pinceles, las pinturas de agua, algunos moldes, sus
manos y cara manchados por la pintura, ¡pero feliz! ¡Estaba haciendo una obra
de arte! La maestra se acercó para verle trabajar y le dijo:
— ¡Qué hermosa pintura! ¿Quieres decirme qué es lo que estás pintando? La
sonrisa infantil de pronto cambió, adquiriendo un matiz pensativo, quizá
preocupado. Tras un momento, resueltamente la niña dejó de lado la
meditación y con una cara sonriente y ya despreocupada respondió:
— Yo no quiero pintar nada. No tiene que ser nada. Cuando termine, tú le
puedes escribir un nombre a lo que dibuje.
Es curioso reconocer la libertad que la niña podía sentir para pintar lo que ella
quisiera. Al alejarme de ese lugar pensé en la libertad que Dios nos ha dado en
Cristo Jesús. Una libertad que no tiene pintado nada, que simplemente es
libertad. Es precisamente en el cuadro de la libertad que el apóstol Pablo
presenta el fruto del Espíritu Santo: el amor, el gozo, la paz, la paciencia, la
benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre y la templanza sólo pueden darse
en el marco de la libertad que Dios nos ha dado en Cristo Jesús. Cuando no
andamos en la libertad que Cristo nos ha dado, el fruto es distinto: adulterio,
fornicación, inmundicia, disolución, idolatría, hechicerías, enemistades,
pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios,
borracheras, glotonerías y cosas semejantes (Gál. 5:16-22).
Gracias Señor, por la libertad que tú me has dado como cuadro para el fruto de
tu Espíritu en mí.
Abril 24 — Esclavos Libres
Porque vosotros,…a libertad fuisteis llamados…,
— Gál. 5:13

Muchas veces hemos escuchado a personas que proclaman la libertad.


Libertad para los negros, libertad para los esclavos, libertad de derechos,
libertad de opinión, libertad de la mujer, etc.
Libertad es un anhelo del ser humano, y la vida de muchos ha sido ofrecida
para que otros tengan libertad. Simón Bolívar proclamó libertad en
Sudamérica, Miguel Hidalgo en México. Gabriela Mistral compuso bellas
rimas a la libertad, y hay quien cante impulsando el espíritu liberador de
nuestros pueblos.
Este no es un tema nuevo. El apóstol Pablo proclamó libertad hace casi 2,000
años. Sin embargo, para Pablo la libertad también lleva un grito de esclavitud.
En Gálatas 5 y 6, Pablo nos exhorta a la libertad práctica, una libertad que opta
por amar y entregarse a los demás en servicio. Dice: “Servíos por amor los
unos a los otros” (Gál. 5:13); “No os consumáis…” (Gál. 5:15); “No nos
hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a
otros…” (Gál. 5:26); “Restauradle…” (Gál. 6: 1); “Sobrellevad los unos las
cargas de los otros…” (Gál. 6: 2).
La libertad se tiene gracias al Espíritu que nos une con Cristo. Pero a su vez, el
Espíritu mismo produce en nosotros la conducta práctica del cristiano, que es
fruto del mismo Espíritu que mora en nosotros. Si vivimos en el Espíritu
somos libres, y estamos capacitados para poner en práctica la libertad con una
vida llena de su fruto (Gál. 5:22, 23).
Señor, enséñame a ejercer cada día la libertad a la que me has llamado,
sirviendo a mis prójimos.
Abril 25 — Demos Buen Fruto
…todo buen árbol da buenos frutos…,
— Mat. 7:17

En el patio de nuestro templo hay dos grandes árboles. Cuando llega el otoño
las hojas empiezan a caer, y al venir el invierno han quedado solamente las
ramas que las sostenían. Pareciera que no hay más vida en ellos, sin embargo,
cuando el frío se retira y la primavera se perfila, nuevos brotes salen de
aquellas ramas, aparentemente sin vida, y pronto se cubren de nuevas hojas y
más tarde de hermosas flores que son la esperanza del fruto.
Desconocedora de la horticultura, pregunté a la hermana encargada de cuidar y
guardar el edificio qué árboles eran esos dos que se levantaban majestuosos en
el patio. Ella me contestó:
— Uno es árbol de durazno y el otro de chabacano, pero no sé si debo
llamarlos así.
Su respuesta me sorprendió, y pregunté:
— ¿Por qué duda en llamarlos así?
— Bueno — dijo — verá usted: estos dos árboles deberían dar ese tipo de
fruto, pero la verdad es que cuando la fruta empieza a madurar, no es buena:
está llena de gusanos. En los cinco años que llevo sirviendo aquí nunca he
visto un solo fruto bueno. Por eso pedí a la comisión de mantenimiento que
tome una decisión en cuanto a dejar esos árboles o quitarlos, ya que realmente
no sirven.
Cuando me alejé del lugar pensé: “esto mismo sucede con algunos cristianos”.
Hemos sido alcanzados por Cristo y dotados de la presencia del Espíritu de
Dios para llevar buen fruto, pero muchas veces solamente estamos ocupando
un lugar en el templo de nuestra iglesia y no producimos el fruto que debemos
producir.
Señor, ven a mi vida y produce en mí fruto que te glorifique.
Abril 26 — Sirve O No Le Sirve
…discerniréis la diferencia entre…el que sirve a Dios y el que no le sirve,
— Mal. 3:18

Visitábamos el Museo de Tecnología de la ciudad. Allí encontramos una


sección especial en donde se podía observar el desarrollo del transporte,
empezando con el descubrimiento de la rueda hasta llegar a los supersónicos
más modernos.
Al entrar a la sala, observé que un grupo de niños se reunía alrededor de un
automóvil deportivo de los más lujosos. El guía comenzó a explicarles:
— Este es uno de los automóviles más modernos, corre a una velocidad de
200 kilómetros por hora, las llantas tienen un agarre especial para que en las
curvas muy pronunciadas no suceda ningún accidente.
Todos los pequeños observaban con curiosidad el “flamante modelo”, algunos
de ellos ni siquiera se atrevían a posar su mano sobre él. Les había causado una
gran impresión. Uno de los pequeños que había estado muy atento a las
explicaciones del guía, dijo a éste:
— ¿Podría pasearme en él?
El guía le miró sorprendido y respondió:
— No, este automóvil solamente está de muestra; no puede ser usado por
nadie.
Aquel niño que había estado muy atento y concentrado en todas las
explicaciones que se daban sobre el automóvil, respondió con un tono de
indiferencia:
— ¡Ah! Entonces no sirve.
Así es la vida de muchos llamados cristianos. Solamente estamos de muestra,
pero cuando Dios desea usarnos sirviendo a los que nos rodean, entonces no
servimos. ¿Cómo es tu vida? ¿Sirves a Dios? ¿Puedes distinguir la diferencia
entre servir y no servir a Dios con tu vida?
Señor, en medio de esta vida tan agitada por las muchas actividades, usa mi
vida para tu servicio.
Abril 27 — La Verdadera Felicidad
Por cuanto no serviste a Jehová tu Dios con alegría y con gozo de corazón…,
— Deut. 28:47

El servicio a Dios es uno de los principios y bases de la fe cristiana,


expresado a través del servicio al prójimo. Contrario a los ideales que el
mundo nos presenta de riqueza, fama y poder, la Biblia nos presenta la
verdadera felicidad fundamentada en un principio superior: el servicio. Jesús lo
explicó claramente a sus discípulos cuando les dijo:
“Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y
los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no
será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será
vuestro servidor” (Mat. 20:25, 26).
Hay quienes buscan la felicidad al dominar a otros, quienes buscan dinero
como base de su felicidad, quienes se lanzan a alcanzar fama y fortuna, pero la
triste realidad es que esto no les dará la verdadera felicidad.
El ser humano ha sido creado para servir, y es allí donde radica su verdadera
felicidad. La verdadera felicidad no está en ordenar que otros hagan cosas por
nosotros, sino en hacer cosas por los demás, y cuanto mayor sea el servicio,
mayor será la felicidad.
Clamé a Dios pidiendo gozo,
paz, amor y alegría….
“Vé por el mundo hija mía,
levanta tus ojos y mira hacia al Calvario,
solamente el amor y la entrega a otros
pueden hacer en ti un gran cambio.”
Oh Dios, enséñame a servir a mis prójimos, sin quejas ni reproches, con gozo y
amor.
Abril 28 — Levanta La Voz
Levanta la voz por los que no tienen voz; ¡defiende a los indefensos!
Levanta la voz, y hazles justicia…, — Prov. 31: 8-9 (D.H.H.)

Tuve que salir de compras. Caminaba rápidamente por un gran centro


comercial, y me acerqué a las escaleras que funcionaban eléctricamente para
subir al siguiente piso. Observé que junto a las escaleras estaba una madre con
su hijo de unos 11 años de edad. No hubiera tenido nada de particular este
incidente, si no hubiera sido que el chico se encontraba en silla de ruedas.
Me acerqué y le pregunté:
— Señora, ¿ustedes quieren subir?
La joven madre me miró tristemente y me contestó:
— Sí, pero ya buscamos en todo el centro comercial una rampa o quizá un
elevador, y no nos ha sido posible encontrar la manera de subir.
Un joven que pasaba en ese momento por el lugar y que había observado la
escena, se acercó y muy amablemente dijo:
— Puedo ayudarles a subir.
Se acercó, tomó al chico en brazos y empezó a subir la escalera. La madre,
doblando la silla, les siguió.
Me alejé con tristeza del lugar. En ese momento comprendí que nos hemos
olvidado de los que tienen algún impedimento. Esa noche, al tener mi
devocional, leí este bello mensaje que me habló directamente: “Levanta la voz
por los que no tienen voz; ¡defiende a los indefensos! Levanta la voz, y hazles
justicia;…” Era Dios quien me hablaba. Al día siguiente fui a hablar con el
administrador general del centro comercial. Le expliqué cómo Dios me había
hablado y le presenté la necesidad de construir rampas o elevadores para
solucionar este tipo de problemas. Dios obró en el corazón de ese hombre.
Pocos meses después, con gran alegría, veía que iniciaban la construcción de
una rampa.
Oh, Señor, ayúdame para que cada día levante mi voz por los indefensos,
pidiendo justicia.
Abril 29 — Mas Allá De La Muerte
…estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre…,
— 1 Cor. 15:58

En cierta ocasión escuché esta alegoría: Este era un bebé que se sentía muy
feliz. Allí estaba acurrucadito, tibiecito y recibiendo el alimento necesario a
través del cordón umbilical. No tenía necesidad de nada, puesto que su madre
le proveía todo.
Todo estaba muy bien. Sin embargo, un día le dijeron: “Cuando cumplas nueve
meses vas a salir de este lugar y vas a nacer.” “¿Qué es nacer? ¿Cómo será el
lugar a donde voy a ir? ¿Qué sucederá allá?” La preocupación le quitó su
bienestar. Ahora ya no se sentía feliz del todo. Cuando se cumplieron los
nueve meses aquel bebé nació, y su sorpresa fue muy grande cuando
experimentó el calor de unas manos amorosas que le mecían, una voz suave
que le hablaba, una canción de cuna que le arrullaba y entonces pensó: “¡Qué
feliz soy!”
Para el cristiano, la muerte no es el fin de la vida, sino el principio de la
verdadera vida. No son tinieblas, sino un paso glorioso a la verdadera luz. Pero
pareciera que nos aferramos a esta vida, y tememos a lo desconocido. Sin
embargo, nuestra esperanza está puesta en aquel que nos da la victoria por
medio de nuestro Señor Jesucristo.
Yo sé que un día el río cruzaré; con el dolor batallaré.
Y al ver la vida triunfando invicta, veré gloriosas luces y veré al Rey.
Porque él vive triunfaré mañana, porque él vive ya no hay temor;
Porque yo sé que el futuro es suyo, La vida vale más y más sólo por él.
(# 460 Himnario Bautista)
Sé que un día cruzaré el río de la muerte. Señor, enséñame a confiar más en ti.
Abril 30 — No Parar Hasta Llegar
…siguieron su camino hasta que llegaron…, — Rut. 1:19 (D.H.H.)

Caminábamos en una bella colina. Raquel había dejado el camino e iba


avanzando a la par que el grupo, pero entre maleza y hierbas que rodeaban la
vereda que nos conducía de regreso. De pronto se sentó en una gran roca al
lado del camino, y dijo: “Ya no puedo caminar; mis zapatos se han llenado de
lodo y piedras, y siento una gran molestia al dar el paso. Necesito limpiar mis
zapatos.” Estuvo por varios minutos luchando por limpiar sus zapatos, hasta
que finalmente se dio cuenta de que no iban a quedar muy bien. Pero debía
continuar adelante a pesar de las molestias.
Conocemos cuál es el camino para vivir en la verdadera felicidad. Pero en
muchas ocasiones preferimos andar solamente rodeándolo, sin decidirnos a ser
firmes y constantes en nuestro paso. Todo aquello que encontramos en nuestro
rodeo dejará en nosotros profunda huella y molestia. Esto hará que nuestra
felicidad se vea opacada. Es cierto que la verdadera felicidad se encuentra en
Cristo, pero esta felicidad se da al andar en el camino de la obediencia a él.
Noemí y Rut la moabita habían fijado en su mente un propósito: llegar hasta
Belén (Rut 1:19), y allí estaban caminando sin parar hasta llegar. Ser seguidora
de Cristo es empezar a andar en el camino de la obediencia. Es no salir de él ni
a diestra ni a siniestra, sino fijar nuestros ojos en la meta propuesta… y no
parar hasta llegar. Esa es la verdadera felicidad.
Señor, dame ánimo para siempre andar en el camino de obediencia,
conociendo la verdadera felicidad al seguirte.
Mayo — Hogar Y Familia
Ana María de Prato
Es indudable que el hogar ocupa un lugar central en el corazón de la mujer. El
núcleo familiar, sea grande o pequeño es fuente de las satisfacciones más
grandes, así como de los más profundos dolores.
Durante este mes tu mente se centrará en las relaciones con el esposo, el
nacimiento de los hijos, las funciones de nuera y de suegra. Verás el papel de
liderazgo de la mujer en el hogar y la importancia de tener a Cristo como el
miembro central de la familia.
Por otro lado, considerarás sugerencias para poner en acción el amor que se
necesita para hacer que tu familia sea una luz que muestre a otros el plan de
Dios para el hogar.
Desde las páginas de la Biblia, Noemí comparte la experiencia dolorosa de
tener que abandonar su “terruño” para después experimentar la pérdida de su
esposo y sus dos hijos en un país extraño. A través de estas vivencias, esta
sufrida mujer muestra cuáles son las bases correctas para edificar un buen
hogar y una familia bendecida.
La autora de las meditaciones para este mes es la señora Ana María
de Prato, de Venezuela, quien es una reconocida líder en varios y
diferentes campos en los que Dios ha usado sus amplias capacidades.
Mayo 1 — Sin Mirar Atrás
Yo mismo no pretendo haberlo alcanzado, — Fil. 3:13

Cuando nos detenemos a mirar las estatuillas de porcelana de Capo di Monti,


nos maravillamos al observar el acabado de cada una de ellas; sus deditos, sus
narices, sus manos, cualquier detalle resulta ser minucioso y perfecto. La
preocupación del artista ha sido presentarnos exteriormente una cosa bien
hecha. Dios, el artista y escultor perfecto, no sólo se preocupó del aspecto
exterior sino que puso mucho cuidado en los detalles interiores. ¿Quieres
comprobarlo? Observa una lámina del cuerpo humano, cuántos órganos,
cuántos detalles. ¡Sorprendente! Así es el cuerpo humano: Pestañas para
detener al sudor, pelos en la nariz y en los oídos para evitar que el polvo y los
insectos penetren, y tantos otros detalles más grandes o más pequeños que
testimonian de la preocupación del Hacedor. Y esto sólo en lo físico; pero
también se esmeró en lo espiritual al colocar en esa su obra, la mujer virtuosa,
una serie de características: bondadosa, trabajadora, hacendosa, diligente,
preocupada, atenta, esforzada, caritativa, oportuna, fuerte, honorable, sabia,
clemente, servicial. Prov. 31:10-31.
Nuestro empeño no debe estar puesto en poseer todas estas cualidades
mencionadas anteriormente, pues el otorgarlas es privilegio de Dios y lo hace
según su voluntad, pero cada una de nosotras tenemos una o más de ellas.
Nuestra meta estará en descubrir y perfeccionar nuestras cualidades. Para
lograrlo tenemos que reconocer y decir como el apóstol Pablo: “…yo mismo
no pretendo haberlo alcanzado”, por eso, marcho adelante en el
descubrimiento y la ejercitación constante de las cualidades que tengo y que
me son conocidas y de las que puedo tener, pero que no las he descubierto.
Mayo 2 — ¡Dios Lo Puede Hacer!
Porque nada hay imposible para Dios, — Luc. 1:37

Para Dios no hay imposibles. Siendo el Creador, hizo y conoce todo lo que
existe. Conoce al hombre hasta lo más profundo de su ser, de aquí que el
hombre exclamase: “Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el
vientre de mi madre… No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto
fui formado.” El reconoce asimismo que Dios conoce todos sus pensamientos
y sus caminos y que nada, absolutamente nada de lo que él es, escapa de la
sabiduría divina.
Ana tenía fe y confianza en el conocimiento y en el poder de Dios; y en medio
de abundantes lágrimas oró a Dios fervientemente y le expuso sus congojas y
aflicciones; quería darle un hijo a su esposo Elcana, pero era estéril.
Dios le escuchó y le respondió, dándole el hijo que tanto deseaba y que hizo
que su tristeza se transformase en alegría y su llanto en gozo.
Dios hizo el milagro en la vida de Ana “porque para él no hay nada
imposible”, y porque, cuando rogamos a él y ponemos en sus manos nuestros
problemas y sufrimientos confiando en que su decisión será lo mejor para
nuestras vidas, él responde de acuerdo con su voluntad y nos concede lo mejor
para nosotros.
¿Has puesto tu “imposible” delante de Dios hoy?
Mayo 3 — El Amor Destruye Las Barreras
Porque fuerte es como la muerte el amor, — Cant. 8: 6

Un vecino, entrando en la morada de otro, lo halló ante la ventana quitando


con un cuchillo el hielo del cristal en aquella mañana de invierno.
— Hombre — le dijo — , ¿no saldrás ganando si enciendes la leña del hogar?
El otro quedó pensativo, se golpeó la frente, y luego aceptó el consejo. Un
momento después el hielo empezaba a deshacerse solo.
Muchas veces la pareja olvida que el matrimonio funciona armónicamente
cuando éste ha sido constituido teniendo como base el amor, pues es el amor el
productor de calor en medio de esa unión.
En Cantares, el sabio Salomón dice: “Porque fuerte es como la muerte el amor;
duros como el sepulcro los celos; sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama. Las
muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos.”
Salomón creía en el amor firme, fuerte, bien cimentado, al que nada ni nadie
podría destruir. Un amor que podría soportar las pruebas a que fuese sometido.
Ese amor que podrá, con su calor, derretir el hielo que las pruebas pudieran ir
acumulando en los corazones y que enturbia las relaciones de la pareja.
¿Por qué entonces tardar tanto en quitar el hielo de la ventana de tu amor con
un cuchillo? ¿Por qué no hacerlo con el calor de tu amor? ¿No saldrás ganando
si enciendes la leña del amor de tu hogar?
Mayo 4 — Se A Quien Acudiré
El da esfuerzo al cansado…, — Isa. 40:29

Elimelec y Noemí estuvieron considerando abandonar su tierra, porque el


hambre en Belén continuaba, y tendrían que emigrar a otros lugares.
Tomando a sus dos hijitos, Mahlón y Quelión, se marcharon a los campos de
Moab.
Un día el dolor enlutó el hogar: Elimelec murió. Perseguida por la soledad y la
tristeza, pero no desamparada; derribada por el pesar pero no destruida, esta
madre siguió adelante. Tiempo después sus hijos la hicieron suegra, al unirse
en matrimonio con Orfa y Rut.
Transcurrido un tiempo la muerte les visitó de nuevo, llevándose a sus dos
hijos. La amargura y la angustia invadieron su corazón.
Las fuerzas de Noemí disminuían, abatida por la pérdida de sus seres queridos.
Viviendo momentos difíciles en lo económico decidió regresar a Judá para
recibir pan… del concedido por Jehová. En el regreso a su tierra sus nueras
decidieron acompañarla. Durante la travesía Noemí aconseja a sus nueras que
regresen a sus hogares. Orfa decide hacerlo, y en medio de lágrimas, abrazos y
besos obedece y vuelve a su hogar. Sin embargo, Rut acompaña a Noemí a
Belén.
Siempre la soledad acompañaba a Noemí y la amargura la embargaba. Noemí,
afligida en gran manera, pidió que la llamaran Mara, porque su amargura era
mucha.
A veces sentimos que nuestras fuerzas desfallecen a consecuencia de las
pruebas. Es este el momento para recordar, como lo hizo Noemí, que “él da
esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas”. Y como
esta esposa, madre, suegra y abuela, podremos sonreír confiadas.
Mayo 5 — Un Refugio Seguro
Dios es nuestro amparo y fortaleza, — Sal. 46: 1

¿Quién fue Noemí? una mujer valiente que, digna y abnegadamente, se


desenvolvió dentro de su familia como esposa, madre, suegra y abuela.
Como esposa, estuvo siempre al lado de su marido, acompañándolo y
ayudándolo en los momentos de decisiones y también en los de acciones.
Como madre, permaneció cerca de sus hijos, desde que nacieron hasta que
murieron.
Como suegra, supo ubicarse dentro de un marco de amor, comprensión y
compañerismo que le permitió ganar la simpatía, la admiración y el respeto de
sus nueras.
Como abuela, amó y cuidó a su nieto con todas sus fuerzas y todo su corazón.
En cada una de estas etapas en su vida familiar afrontó momentos muy
difíciles: en lo sentimental, cuando la muerte le arrebató a sus seres queridos, y
en lo físico, cuando en varias oportunidades se vio precisada a emprender un
peregrinaje por carecer de alimentos.
En estas pruebas, como todo ser humano, sintió que desfallecía a causa del
cansancio y de las penas. Llegó a sentirse perseguida por la soledad y la
tristeza, pero no desamparada; derrumbada por el pesar y el hambre, pero no
destruida (2 Cor. 4: 8).
Cuando las penas y los sufrimientos te atacan, recuerda siempre, como lo
recordó Noemí, que no estás sola ni desprovista de recursos, pues “Dios es
nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones”.
Mayo 6 — Obedeciendo A Mi Dios
Le da bien y no mal, — Prov. 31:12

Cuando nuestras acciones son tan fuertes, tan seguras, tan consistentes, que
no dejan escuchar nuestras palabras y se expresan en buenas obras, estaremos
ante el testimonio más maravilloso de un ministerio de amor y concordia.
Rut lo vivió. Sus acciones, al acompañar a Noemí en su viaje de regreso a la
patria, al atenderla, al proporcionarle alimentos, al escuchar y obedecer sus
consejos, al permitirle disfrutar con gozo el privilegio de ser abuela, eran tan
seguras y sentidas que silenciaban sus palabras (Rut. 1:17, 18). Por esto, sus
obras, obras buenas, fueron tan o más fuertes que las palabras que había dicho
a su suegra en los momentos cruciales de su vida, cuando le fue necesario
tomar decisiones trascendentales.
Booz pudo observar la maravillosa conducta de Rut, y por este motivo no
vaciló en decirle: “He sabido todo lo que has hecho por tu suegra después de la
muerte de tu marido, y que dejando a tu padre y a tu madre y a la tierra donde
naciste, has venido a un pueblo que no conociste antes.” El reconoció que Rut
en todo momento le dio “bien y no mal” a su suegra, pues había sido
comprensiva, sincera y afectuosa con Noemí, y estas prácticas le permitieron
vivir armoniosamente con ella.
Dentro de los planes de Dios figura el que existan las suegras. Alguien,
tomando muy en cuenta esto, dijo: “Respeta a la familia de tu marido y sobre
todo honra a su madre; él la quiere desde mucho antes que a ti.”
Mayo 7 — Ocupo Mi Lugar
Maestras del bien, — Tito. 2: 3 b

Noemí, esa mujer que al convivir con sus nueras fue dejando surcos
señaladores de sus pisadas, es digna de ser imitada. Sus hechos fueron
preparando, a lo largo de una vida matrimonial, a dos mujeres jóvenes: Orfa y
Rut. Sus hechos hicieron impacto en esas vidas, las de sus nueras, y las
llevaron hacia la admiración, el respeto y el amor por Noemí.
Noemí supo sembrar y cultivar la flor más hermosa y preciada en el jardín
hogareño: el amor. Fue una “maestra del bien” quien, con su ejemplo, llegó a
los corazones de las jóvenes quienes vieron en ella la amiga y consejera sabia
que les señalaba el camino a seguir sin presiones, ni egoísmo. La madre que
con afecto las recibió en sus brazos en los momentos difíciles, cuando la
viudez vino a enlutar el hogar y los corazones de sus hijas.
Lágrimas y dolor, pesar y soledad fueron compartidos. Y cuando el bálsamo
aliviante mitigó su dolor, las orientó a seguir el camino que las llevaría a la
felicidad.
En los tiempos de convivencia con sus nueras, Noemí supo hacer el bien,
siempre que tuvo la oportunidad para hacerlo, y esto le permitió ser recordada
como una mujer que se mantuvo dentro del marco de una buena suegra.
Las exigencias que se les señalan a las suegras actuales son las mismas que
había en la época de Noemí: que sean maestras, que enseñen a las mujeres
jóvenes a comportarse dignamente dentro de sus hogares.
Mayo 8 — El Nos Señalará El Rumbo
Encomienda a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados,
— Prov. 16: 3

Se dice de la paloma mensajera que, cuando la sueltan para que lleve un


mensaje, emprende el vuelo y se remonta muy alto; allí comienza a volar en
círculos hasta que logra fijar su rumbo. Luego desciende con precisión a su
destino.
¡Qué maravilloso sería si nosotras, mujeres líderes en nuestros hogares,
hiciéramos como estos animalitos! Antes de emprender nuestras actividades en
el hogar remontémonos muy alto, al Padre celestial, buscando el rumbo,
exponiéndole nuestros planes, para que él intervenga y corrija las fallas
existentes y ponga firmeza en nuestros pensamientos.
Es muy beneficioso e interesante tener un tiempo para dialogar con diferentes
personas, con el propósito de intercambiar opiniones y experiencias que nos
ayudarán a mejorar o afirmar nuestro criterio de las cosas y de las personas. Si
comenzamos esta práctica muy temprano, teniendo a Dios como nuestro
interlocutor, estaremos sabiamente orientadas, pues, ¿podríamos nosotras
asegurar que siempre nuestros planes y pensamientos están enmarcados dentro
de la voluntad de Dios, que nuestras actividades hogareñas no necesitan de
enmiendas ni correcciones?
Aprovecha sabiamente el tiempo asignado para conversar con Dios,
entregándole tus obras para su revisión y control, y él orientará y afirmará tus
pensamientos, dándote la seguridad necesaria para actuar sabiamente en tu
familia.
Mayo 9 — Amor Reciproco
Que os améis unos a otros, — Juan. 13:34

Alguien dijo: “Solamente se sabe qué es la felicidad cuando se pierde.” La


felicidad es un fruto, y como tal es necesario cultivarlo y cosecharlo, y esa
felicidad engendrará más felicidad. La felicidad no es un momento, como
algunos piensan. La felicidad es la meta de nuestras vidas.
Solamente los que aman pueden ser felices, ya que el amor es el soporte de la
felicidad. Dios nos ordenó: “Que os améis unos a otros.”
Siempre debemos aspirar a ser felices, pues resignarse a no serlo es
condenarse. Es como llevar sobre nuestros hombros una carga demasiado
pesada. No podemos conformarnos, pues el conformarse no es signo de
felicidad.
El mandato de amarnos unos a los otros es para todos. El amor sin ser
correspondido no resulta beneficioso para nadie. La orden de Dios es que
practiquemos recíprocamente el amor.
Cuando el amor se anida en los corazones de los miembros de la familia, el
hogar se siente como la bella y confortable jaula desde donde el ruiseñor lanza
sus agradables trinos al espacio. Cada integrante de la familia estará dispuesto
siempre a dar y no tan sólo a pedir, a luchar y no tan sólo a esperar, porque
Dios habrá hecho la obra en cada uno.
Mayo 10 — Dios Nos Señala El Limite
Airaos, pero no pequéis, — Ef. 4:26

¿Has pensado cómo sería el mundo si todas las plantas, todos los animales y
hasta todas las personas fueran iguales? ¡Uf! ¡Monotonísimo!
Dios también pensó así y por este motivo hizo cada cosa y a cada persona, con
ciertos rasgos o características parecidas, pero que no pasan de ser “detalles”, y
no copia fiel uno de otro. Por esta razón podemos decir, que cada una de
nosotras somos “únicas”. No somos robots programados. Podemos pensar y
decidir, y por este motivo nuestras decisiones son diferentes a las de otras
personas. En algunas ocasiones, por no pensar y actuar como otros, surgen
problemas y hasta conflictos.
En la vida de pareja se presentan desaveniencias o desacuerdos, también fallas
y errores de uno y otro lado que originan disgustos o molestias. El Señor Jesús
también se enojó en gran manera, cuando usaron su casa como mercado, y
protestó violentamente. Actuó para solucionar este problema, y todo volvió a
la normalidad. De allí vemos que el enfadarnos o enojarnos no es lo malo, pero
el sobrepasarse de los límites hasta desear el mal de otros es pecado, y hasta
allí no se debe llegar. Debemos recordar siempre el consejo divino: “Airaos,
pero no pequéis.”
Nuestro Dios en su gran amor, cuando organizó su creación, puso después de
la tormenta la calma: ese tiempo necesario de sosiego cuando con tranquilidad
y mucha reflexión podemos volver a andar por los caminos de paz.
Tómate de la mano de tu pareja, e irás venciendo los obstáculos que se te irán
presentando.
Mayo 11 — Ella Se Lo Merece
Delante de las canas te levantarás y honrarás el rostro del anciano,
— Lev. 19:32

Mi madre anciana, viuda, de 72 años, vivía en nuestro hogar. Un día cuando


yo regresaba a casa, salió muy feliz a recibirme mostrándome lo que había
hecho durante mi ausencia: había plantado un rosal en una maceta colgante. Al
ver ésto me molesté y le dije:
“Mamá, ¿no sabes que el rosal es una planta demasiado grande para
que la puedas plantar en ese tipo de macetero? Plántala en el suelo.”
Mi madre no se molestó. Únicamente me miró y sonrió. Yo me sentí muy mal.
Por supuesto, el rosal fue plantado en el suelo. Parecía que allí había acabado
todo. Poco tiempo después, mi madre enfermó y murió. Fue en estos días
cuando yo comencé a ver claramente mi descuido para con ella.
Esto no fue lo más triste para mí. Lo fue la revelación del mensaje que ella
quería transmitirme en aquellos momentos:
“Hija, me siento sola, necesito afecto, tómame en cuenta.” Y lo logró, aunque
un poco tarde.
Pensando en su actuación, yo sentí que ella se había comportado como el niño
que se siente desatendido y comienza a molestar para que lo tomen en cuenta.
Fue en este instante cuando comprendí que el compromiso de una hija para con
su madre está más allá de cubrir sus necesidades materiales: alojamiento,
alimento, vestido; que debía incluir una buena dosis de atención y afecto.
Nuestras madres han tenido que soportarnos, cuidarnos, alimentarnos,
educarnos, amarnos, consolarnos… y lo siguen haciendo con y por nuestros
hijos. ¿Qué haremos nosotras para compensar tantos desvelos? No digo pagar,
pues sería imposible. Digo expresar nuestro amor por medio de acciones que
las hagan felices.
Mayo 12 — Creciendo Siempre
Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba
como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño,
— 1 Cor. 13:11

En la vida de todos nosotros hay una palabra que tenemos muy presente desde
que nacemos hasta que morimos: “crecimiento”. Este afecta los aspectos físico,
mental y espiritual.
Luc. 2:52 dice: “Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con
Dios y los hombres.” En Jesús se cumplió este triple crecimiento. Este
crecimiento que tenemos también nosotros y que nos irá paseando por
diferentes etapas de la vida, y en la cual iremos dejando la estela señaladora de
nuestro progreso.
Iremos siendo llevados desde esa bella edad de nuestra niñez, con sus juegos,
sus pensamientos y juicios muy sencillos, hasta lograr la madurez, con
estabilidad, criterio y buen juicio.
Es la estatura, la mente y el espíritu los que van desarrollándose en la mujer, y
cuando crece, en la firmeza de sus convicciones y la seguridad de sus
pensamientos, se hacen visibles aspectos de su madurez mental y espiritual.
Tu fidelidad es el indicador de que has alcanzado la madurez, de que has
crecido y puedes enfrentarte a las actividades del hogar con sensatez y buen
juicio.
Mayo 13 — ¡Siempre Juntos!
No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo
consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a
juntaros en uno, — 1 Cor. 7: 5

Dios sintió que la familia podía vivir momentos de angustia, momentos de


crisis, si él no estaba ayudando en la constitución de la sociedad matrimonial;
por esto, él diseñó y estableció el matrimonio como una manera de protegerla
de situaciones conflictivas como el adulterio.
Los integrantes de esta sociedad deben escuchar las exhortaciones de Dios a
través del apóstol Pablo. El deja claramente asentado que es una obligación,
tanto de la mujer como del hombre, cumplir con el deber conyugal, que
ninguno de los integrantes de la pareja puede decir que tiene potestad sobre su
cuerpo, pues ha sido un convenio de entrega recíproca. Sin embargo, hay
excepciones, y estas siempre van orientadas a buscar la sabia dirección, el
compañerismo y la comunicación con Dios.
Si ambos cónyuges procuran agradar a Dios se agradarán el uno al otro. ¿Por
qué buscarse problemas? ¿Por qué la separación de tu amado? ¿No sabéis que
vuestro enemigo, el diablo, aprovechará ese tiempo para entrar, y con sus
tentaciones perturbar vuestras vidas?
Mantén siempre una comunicación muy sincera y constante con tu pareja a
través del diálogo. Permitan que el amor sea el vínculo que una la vida íntima.
Pero no olviden ni descuiden la comunicación con Dios, pues él siempre está
dispuesto a oír a los que le buscan.
Mayo 14 — Dios Esta A Mi Lado
No te desampararé, ni te dejaré, — Heb. 13: 5

En mis primeros días de convertida al Señor siempre miraba un cuadro que


permanecía colgado de una de las paredes de la casa donde funcionaba la
iglesia a la cual asistía. El cuadro representaba un mar embravecido en el cual
se encontraba un hombre, solo, angustiado. En la parte superior del cuadro
había un salvavidas que estaba descendiendo, pues alguien lo había lanzado.
Cada vez que posaba mi vista sobre el cuadro sentía que mi interrogante: ¿De
dónde vendrá mi socorro?, era despejada. Percibía muy claramente el mensaje
de ese Ser fuerte y poderoso que me amaba y sembraba en mi corazón el
sosiego y la calma, al escuchar cuando muy quedo y dulcemente me decía: No
temas, no te dejaré sola, siempre tendrás mi compañía y protección. Cesaban
mis angustias y ya no me sentía desamparada y sola como el náufrago.
Ahora sentía su compañía y su protección y podía ver descender, en los
momentos difíciles de mi vida familiar, el salvavidas que, desde lo alto, me
lanzaba amorosamente mi Padre.
La mujer que se ocupa de su familia siente, a veces, temores y angustias, en
medio de ese mar embravecido que es su hogar. Pero tendrá la seguridad de
que su socorro vendrá de Jehová, y que cuando ella levante su mirada y su
corazón al Padre celestial, y recuerde su promesa: “No te dejaré ni te
desampararé”, él acudirá a ella brindándole el socorro oportuno.
¡No temas!, vendrá la calma a tu vida
Mayo 15 — Hacedlo Para Dios
Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón,
como para el Señor y no para los hombres, — Col. 3:23

María, una joven casada y con una bella familia, atiende a todas las
actividades de su hogar, y además dedica un día a la semana para ayudar a su
suegra en la limpieza de su casa. Se esmera en cada detalle.
Como toda cristiana, ella sabe que Dios nos coloca en situaciones donde
muchas veces no comprendemos por qué nos encontramos allí, ni por qué
estamos realizando determinadas tareas.
“Y todo lo que hagáis”, implica que, por insignificante que parezca, debe
realizarse de corazón, con gozo y no con infelicidad, pues así agrada a Dios.
Esta era la convicción que había en la vida de María cuando trabajaba en la
limpieza de la casa de su suegra. No había pretensión de obtener dinero, ni
ambición, ni preocupación por agradar a su suegra y a su marido, sino el deseo
de servir a Dios, no importándole lo fuerte que fuese el trabajo, sino la calidad
de su acabado.
El cristiano verdadero debe comprender y aceptar que en cada una de sus
actividades, por insignificantes que le parezcan, debe esforzarse y demostrar
que es diferente a los demás al cumplir con el trabajo, pues por medio de su
servicio estará proclamando su dependencia y fidelidad a su Dios.
¿Lo estás haciendo así?
Mayo 16 — Agradando A Dios
Al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado,
— Stg. 4:17

Han sido tantos los años que la madre ha tenido que cuidar, proteger y dirigir
a su hijo, que cuando éste crece y se casa ella mantiene su hábito de ocuparse
de su vida. Piensa que debe seguir “ejerciendo su deber”. Es frecuente que esto
ocasione roces con su nuera.
Las cosas ya han cambiado; su hijo está casado y mamá debe dejarlo actuar.
Las decisiones y control del nuevo hogar deben ser responsabilidad de la
nueva pareja.
Ha llegado el momento, para la madre, de ver si la planta que cultivó durante
mucho tiempo dará buenos frutos, y ahora se retira del mando con sabiduría y
prudencia, consciente de que Dios demanda esto de ella.
Ahora será su testimonio, traducido en forma de vida, mostrándose como
ejemplo viviente de amor hacia su esposo y sus hijos, de su prudencia y
santidad, de su cuidado y preocupación por su casa, de la sujeción a su marido,
lo que impactará a su nuera, enseñándola, en vez de ordenándole.
La simpatía, la buena disposición, el compañerismo, la comprensión y el afecto
unirán a estas dos mujeres en la formación de la base de la sociedad humana:
la familia.
La suegra cristiana conoce la forma correcta como debe actuar. Los ojos de
Dios están puestos en ella. Si no lo hace así estará pecando.
¿Harás lo que agrada a Dios en tu participación en el hogar de tu hijo?
Recuerda que a quien sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado. ¿Pecarás
contra Dios y contra tu hijo?
Mayo 17 — Colocare Los Rieles
Criadlos en disciplina y amonestación del Señor, — Ef. 6: 4

Un viajero en Alemania vio una cosa singular en una posada donde se


hospedó. Después de la comida, el dueño colocó en el suelo un tazón grande de
caldo y silbó de una manera especial. Vinieron al cuarto un perro y una rata
grande, un gato y un cuervo. Todos estos animales se acercaron al tazón y, sin
molestarse unos a otros, pacíficamente comieron juntos. Después el perro, la
rata y el gato se acostaron cerca de la lumbre, mientras el cuervo brincaba por
todas partes. El dueño de la casa había disciplinado a estos animales de tal
manera que ninguno hacía daño al otro.
He aquí algo que todo líder debe siempre recordar cuando tiene la
responsabilidad de conducir a un grupo de personas: la disciplina y la
amonestación. Cuando estos elementos faltan, desaparece la armonía y reina el
caos.
La mujer que está al frente de ese ejército llamado familia debe tener muy en
cuenta el vivir y sembrar en los demás los principios disciplinarios básicos
para una buena convivencia dentro del hogar. Esto llevará a la familia a ser una
familia feliz.
Si el hombre de la ilustración pudo disciplinar a un perro, un gato, una rata, y
un cuervo, animales tan diferentes uno del otro, hasta lograr que todos
actuasen amistosamente y se sintiesen bien en la casa, ¿no podrías tú lograrlo
con los integrantes de tu familia? Dios ha puesto en tus manos esta obligación
para con tu familia y espera que la cumplas.
Recuerda que:
“…ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de
tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han
sido ejercitados” (Heb. 12:11).
Mayo 18 — El Es Todo Para Mi
Pero yo y mi casa serviremos a Jehová, — Jos. 24:15

No importa cuántos años se hayan vivido, sino cómo se han vivido. Esto fue
lo que transmitió Josué al pueblo de Israel al recordarles cómo Dios les había
bendecido durante muchos años siendo su protector, su sustentador, su guía, su
benefactor.
Finalmente Josué les desafió a tomar una decisión respecto a servir a Jehová, o
servir a los otros dioses (los de sus padres). Pero él, categóricamente les dice:
no me importa lo que ustedes decidan, pues mi decisión ya está tomada: “yo y
mi casa serviremos a Jehová”.
Había puesto todo lo que era y lo que tenía en las manos de Jehová, para que él
lo usase como bien le pareciese, teniendo la seguridad de que sería lo mejor
para su vida y su servicio.
Esa misma convicción puede regir nuestras vidas, y ella nos guiará a proclamar
la supremacía de Dios. Al reconocerlo como nuestro Salvador, Rey y Señor
nuestro testimonio será tan fuerte y poderoso que leudará la masa humana que
integra nuestros hogares, de tal manera que todas y cada una de las personas
que lo componen pueda proclamar, a una voz, que ellos y sus casas servirán
únicamente a Dios.
Josué hizo un reconocimiento y una entrega total de su vida y sus bienes en
manos de Aquel a quien él aceptaba y reconocía como su único Jefe Supremo.
Así también nosotras debemos hacer nuestra la afirmación: “El es todo para
mí.”
Mayo 19 — Amor Vs. Servicio
Servios por amor los unos a los otros, — Gál. 5:13

Cierta señora, yendo de paseo, se encontró de pronto con una niñita que
llevaba en sus brazos a un pequeñuelo, tan gordito, que la señora pensó: “Debe
pesar más que ella.” Se acercó amablemente, y le dijo:
— Hija mía, ¿no te parece que este niño es demasiado pesado para ti?
La pequeña, sonriendo feliz, le contestó:
— ¡Oh no, señora! ¿No ve usted que es mi hermanito? La niña, con su sonrisa
feliz y sus pocas palabras, demostró que el peso de su hermanito gordo no
constituía un problema para ella, porque lo amaba. Sí, cuando se sirve por
amor no se toma en cuenta la carga, ni el esfuerzo, ni el precio, pues el amor
hace más liviano el peso, menor el esfuerzo y más barato el precio.
En el hogar la palabra servir encaja perfectamente. Gál. 5:13 nos exhorta a
“servirnos los unos a los otros”. Es un servicio donde todos deben participar.
Cuando la ternura emanada de Dios llega a inundar nuestros corazones hasta
desbordarse, hay un reverdecer de entusiasmo y movimiento bien sincronizado
en nuestros hogares. Los rostros felices pregonan elocuentemente la grandeza
del amor. Ha llegado el momento de decir: ¡Ha acabado la tristeza! ¡Todo es
felicidad!
Cuando todos colaboramos por amor, el hogar se fortalece en compañerismo y
paz, pues todos, gozosos y felices, podrán expresar su amor a cada miembro de
la familia, a través de las acciones que realizan.
Mayo 20 — ¿Existirá?
Mujer virtuosa, ¿quién la hallará?, — Prov. 31:10

Sé que si inspiro confianza mi familia vendrá a mí y eso nos unirá. Si soy


bondadosa sabrán que no les daré la espalda. Si trabajadora, no seré nunca
una carga para nadie. Si hacendosa, estaré siempre como la hormiga buscando
dónde puedo colaborar.
Si soy diligente, estaré puesta en el momento y el sitio oportuno para
extenderles mi mano. Si preocupada, seré sensible a los problemas de las
personas y acudirán a mí en busca de ayuda. Si soy atenta, sin ser imprudente,
estaré lista en todo momento para actuar. Si esforzada, todo lo que haga lo
haré como para el Señor y no para los hombres, llevando mi labor un poquito
más allá. Si soy caritativa, les brindaré socorro a los necesitados, ¡…y hay
tantos dentro del hogar!
Si soy oportuna, estaré lista en el momento requerido para participar, ni antes
ni después, justo a tiempo. Debo ser fuerte, en lo físico y lo mental hasta donde
puedo llegar y ayudar. Si soy honorable, por mi comportamiento los demás
reconocerán que puedo ser honrada. Si sabia, atenderé cada detalle dentro del
hogar, de forma que lo iré edificando. Si soy clemente, ayudaré con dulzura. Si
servicial, en todo lugar donde mi presencia y mi servicio sean necesarios, allí
estaré.
¿Me alcanzará el tiempo? ¿Me bastarán mis fuerzas? ¿Me puliré tanto?
¿Acumularé tantas virtudes?
Sé que no poseo este cúmulo de virtudes que me graduarían “suma cum laude”
como la “mujer virtuosa”. Me conformaré con pulir, por medio de la práctica,
las que poseo, para beneficio de mi familia y honra de mi Dios.
Y tú, ¿qué harás con las virtudes que Dios te ha dado?
Mayo 21 — Una Gran Bendición
Gócese la que te dio a luz, — Prov. 23:25

¿A qué edad se debe empezar la educación moral de los hijos?, preguntaron a


un sabio. “Por lo menos veinte años antes de nacer, con la educación de sus
madres”, fue la respuesta.
Sí, la educación de los hijos es un largo camino a recorrer. Se comienza antes
de su nacimiento, preparando a las madres, y se continúa hasta su muerte.
Esa educación basada en la enseñanza de los principios morales transmitidos a
los hijos, los cuales serán a lo largo de sus vidas guías firmes y fuertes que los
conducirán por caminos de rectitud, será el soporte donde podrán descansar
tranquilos y felices sus progenitores.
Dejar de hacerlo es negarle a los hijos la oportunidad de corregirse. Dios ha
puesto en la madre la responsabilidad y el privilegio de impartir a sus hijos esa
educación. Cuando ella busca la dirección divina para llevar adelante esta
tarea, y encuentra y aplica la mejor manera de educarlos, estará
demostrándoles su amor.
La seguridad en la misión cumplida trae paz, y paz es sinónimo de confianza,
de tranquilidad, de calma, de alegría. Por esta razón, cuando las madres
cumplen con la sagrada misión de educar a sus hijos, son madres felices y
alegres que se gozan con la bendición que les ha concedido Dios: sus hijos.
Mayo 22 — Buscar Lo Mejor
Reconcilíese con su marido, — 1 Cor. 7:11

En la unión está la fuerza”, o “reino dividido es reino muerto”. Ambos dichos


expresan la necesidad de la unión. Cuando los asimilamos y aplicamos
teniendo en cuenta este detalle, con toda seguridad lograremos triunfar. De
aquí que la unión sea tan importante en la vida en pareja, pues en el diario
convivir surgen situaciones que generan problemas que pueden conducir a la
desarmonía y a la separación.
En estas circunstancias es cuando se necesita estar alerta para actuar en
procura de una reconciliación. Esto no quiere decir que siempre se debe ceder,
pues esto sería esconder el problema y acumular todo aquello que origina el
malestar.
Reconciliarse es respetarse siempre, volver al amor perdido, buscarse de
nuevo. Al “volver al amor perdido” debemos recordar que el pedir perdón es
un signo de ese amor, y que ninguna ofensa es tan grande que no la cure la
reconciliación.
He aquí dos maravillosos y sabios consejos: “la blanda respuesta quita la ira” y
“el amor cubrirá todas las faltas”.
La pareja en conflicto que desea arreglar su situación debe estar muy clara en
lo que quiere. El “reconciliarte con tu marido” debe ser escuchado y
respondido de corazón, para que queden atrás los sufrimientos y comience la
pareja a disfrutar de un hermoso y nuevo amanecer en su relación; de no ser así
lo seguro será el fracaso.
Felipe Henry escribió en su diario:
“A 26 de abril de 1608. En este día se cumplen veinte años que recibí
del Señor la más grande de sus misericordias, a él sea la gloria: una
esposa con la que jamás he tenido que reconciliarme, porque nunca
hemos tenido una guerra.”
Mayo 23 — Honro A Mis Padres
Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con
promesa, para que te vaya bien y seas de larga vida sobre la tierra,
— Ef. 6: 2

Una mujer muy pobre logró enviar a su hija a la universidad. Cuando estaba
por graduarse, la muchacha le escribió una carta a la madre pidiéndole que
asistiera a la ceremonia. La señora hizo el viaje. El día de la entrega de
diplomas la joven entró en el salón de actos con su madre y le buscó uno de los
mejores asientos.
Cuando la muchacha recibió el premio como la mejor alumna de su clase,
descendió del escenario y delante de todo el público reunido besó a su madre y
le dijo: “Toma, mamá; este premio es tuyo. Si no hubiera sido por ti, jamás lo
hubiese obtenido.”
Algunos hijos piensan que los sacrificios, los desvelos, las luchas que los
padres realizan para cuidarlos y educarlos son parte de los privilegios
adquiridos por ser hijos. Es realmente maravilloso cuando un hijo reconoce lo
mucho que sus padres han hecho por él, pues muestra a través de sus acciones
que valora esos esfuerzos y sacrificios, y es entonces cuando comienza a
honrarlos.
El honrar a los padres es un privilegio y una obligación, e implica respetarlos,
cuidarlos, darles afecto, sostenerlos, valorarlos. La obediencia a este mandato
no pasa inadvertida por Dios, quien ofrece y otorga bendiciones “…para que te
vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra”.
Mayo 24 — Dar Amor
Pero el amor cubrirá todas las faltas, — Prov. 10:12 b

Se cuenta de una niñita que tenía un perrito muy viejo, sucio, y enfermo. Todo
un problema. La madre quería deshacerse de él y dijo a su hijita:
— Hija mía, ya no deberíamos tener más a ese perro. La niña, muy afligida,
respondió:
— Mamita, ¿por qué no debemos tenerlo? Yo lo veo tan hermoso. ¡Es el
mejor perro del mundo!
Alguna vez en nuestra vida nos encontramos con personas así. Tienen tantas
fallas que originan gran cantidad de problemas, y estamos listas para presentar
la gran solución: desprendernos de ellas, y asunto concluido.
Qué diferente resultaría si dejáramos de preocuparnos tanto por nosotras
mismas y colocásemos nuestro amor en las personas más desposeídas. Si las
amásemos de corazón y en verdad y no tan solo de palabras. Seguramente que
esas manchas que afean sus vidas y que nos preocupan tanto serían menos
notorias, más pasajeras, pues estarían cubiertas bajo el manto de nuestro amor
o atendidas por nuestro servicio. Quizá podrían desaparecer si seguimos
trabajando arduamente en la restauración del caído. Bien puede ser un joven
con problemas de drogas, o una joven con amores o amistades no
recomendables, o un marido que ingiere mucho alcohol.
Esas personas son nuestras familias y debemos luchar por salvarlas. El paso
más firme que podemos dar es: otorgarles nuestro amor en cada una de
nuestras acciones.
Mayo 25 — Asi Haced Con Ellos
Y como queréis que hagan los hombres con vosotros,
así también haced vosotros con ellos, — Luc. 6:31

En cierto lugar se encontraba un anciano viudo y solo. Su hijo Daniel, ya


graduado de médico, decidió llevar a su padre a vivir con él.
El anciano no veía bien y le costaba coordinar los movimientos. Cuando comía
se le caían los alimentos y ensuciaba la mesa.
Para evitar el problema, la esposa de Daniel le acomodó una bateíta en la
cocina y lo puso a comer allí. Pasado algún tiempo ella se sorprendió al ver a
su pequeño hijo tallando una madera. Ante su pregunta éste le contestó: “Te
estás poniendo vieja y estoy haciéndote la bateíta para que comas y no
ensucies la mesa.”
Si esta nuera hubiese aplicado la “Regla de Oro”, posiblemente no habría
mandado a su suegro a comer en la cocina en una batea. Dios espera que no
hagamos con otros las cosas que no nos gustaría que hiciesen con nosotros. El
espera que actuemos diligentemente y con buen espíritu resolviendo la
situación. Dios espera de sus hijos no sólo que no hagan lo malo, sino que
hagan lo bueno. Haciéndolo así nos pareceremos a él en nuestra actuación.
Debemos copiar el amor de Dios, quien no hace acepción de personas, sino
que siempre nos bendice proporcionándonos el bien.
El entendimiento y la aplicación de la Regla de Oro deben ser positivos. No
debe ser: “No hagas a otros lo que no te gusta a ti”, sino: “Haz lo que te
gustaría que hicieran contigo”.
Puedes comenzar a practicarlo con tus suegros.
Mayo 26 — Seguir La Senda Correcta
El atleta… es coronado si… lucha legítimamente,
— 2 Tim. 2: 5

No es fácil llevar adelante una familia. Nunca lo fue, y este tiempo no es la


excepción. Como mujeres sentimos el gozo tremendo de pertenecer a una
familia y, a la vez, una gran carga de responsabilidad.
En la Biblia encontramos señales puestas por Dios mismo para ayudarnos a
llegar a la meta. He aquí el primer aviso: controla tu lengua. Esa parte de tu
cuerpo de la que Santiago dice que siendo un miembro pequeño se jacta de
grandes cosas, que es un fuego grande, que puede contaminar todo el cuerpo,
que inflama y puede ser inflamada ella misma, que ningún hombre puede
domarla. Recuerda que: “Sin leña se apaga el fuego y donde no hay chismoso,
cesa la contienda”, por lo que debes tomar en cuenta esta señal: “Cuida tus
labios para que no hablen con engaño.”
¡Mira, hay otra señal!: apártate del mal, no busques enfrentamientos. Pero
puedes tomar la que sigue: haz el bien. Tu intervención y participación deben
ser de ayuda y colaboración, no de imposición.
Finalmente, busca la paz. Donde hay paz hay concordia y donde hay concordia
hay felicidad, porque allí estarán presentes el amor y el entendimiento.
Recuerda: el atleta es coronado si lucha legítimamente. Si quieres ser
merecedora del honor que se concede al atleta, debes tomar las armas del
amor, y emprender tu labor de madre educadora, permitiendo que la sabiduría
divina te asesore y guíe tus pasos.
Mayo 27 — ¡Se Valiente!
No temas ni desmayes, — Jos. 1: 9

En la vida familiar hay dos grandes enemigos que hacen su aparición


sorpresivamente y acaban con la tranquilidad y la felicidad de los integrantes
de la familia. Ellos son: el miedo y el cansancio.
El miedo nos hace ver fantasmas en todas direcciones y nos causa desasosiego
y angustia.
El cansancio nos proporciona fatiga, decaimiento y nos impide reaccionar ante
las emergencias. Por estos motivos debemos escuchar la voz de Dios cuando
nos amonesta, alentándonos a luchar contra ellos. El nos impulsa a
enfrentarlos, esforzándonos, haciendo lo posible para seguir adelante y ser
valientes en esta lucha. El esforzarnos y ser valientes son las armas para ir a la
batalla y vencer.
En medio del fragor de la batalla, las mujeres que llevamos la responsabilidad
de las actividades dentro del hogar debemos recordar siempre que el miedo y
el cansancio, en cualquier momento pueden hacernos sus presas. Esto es si
estamos continuamente mirando las olas que están a nuestro derredor; pero si
conservamos nuestra vista mirando hacia arriba, hacia el Padre celestial,
confiando en sus promesas, podemos sentirnos tranquilas. En los momentos
difíciles Jehová el poderoso, el fuerte en la batalla, siempre nos acompaña y
nos ayuda. El lo ha prometido.
“Yo estaré contigo”, han sido sus palabras, y él siempre cumple.
Mayo 28 — Adiós Penas Y Ansiedades
Echando toda vuestra ansiedad sobre él, — 1 Ped. 5: 7

Se cuenta de un campesino que después de haber recogido su cosecha hizo


con sus productos un gran bulto que colocó en sus espaldas y emprendió
camino a la ciudad para venderlos. Caminó durante mucho tiempo, hasta que
se le acercó un carro y el conductor le ofreció llevarlo. El campesino aceptó y
se subió en la parte trasera. El chofer puso en marcha el vehículo. Cuando
habían recorrido un buen trecho, el chofer miró hacia atrás y vio que el
campesino, en todo el trayecto, había llevado el peso de su carga sobre sus
espaldas.
Muchas de nosotras, mujeres responsables de la atención de nuestros maridos
y de nuestros hijos en el hogar, vamos acumulando angustias, sufrimientos,
envidias, celos y muchas otras cosas que nos cansan poderosamente. En esos
momentos sentimos detenerse, muy cerca de nosotras, el “carro de Dios”.
Escuchamos su voz invitándonos a subir y a “echar toda nuestra ansiedad
sobre él”, y hacemos como el campesino: subimos pero no nos desprendemos
de nuestras cargas, echando así por tierra el propósito de Dios de ayudarnos.
¿Por qué no despojarnos de ese peso, y permitir que sea más grato y ligero el
camino que recorremos diariamente? ¿Por qué no subir al carro de Dios y
colocar nuestra carga sobre él? ¿Por qué no permitir que él nos ayude?
Mayo 29 — Ya Todo Paso
No se ponga el sol sobre vuestro enojo, — Ef. 4:26 b

Muchas personas, cuando se enojan con alguien, tienen como práctica no


dirigirle más la palabra, no intercambiar ningún pensamiento. Pasan días,
meses y hasta años, y las cosas siguen iguales o peores. El motivo: el veneno
del resentimiento queda estancado cada día más adentro y, como las aguas
podridas por estar estancadas, va contaminando más y más la mente,
agravando el mal.
Es muy saludable arreglar esta situación lo más pronto posible, “antes que se
ponga el sol”. El tiempo es factor importante en esta decisión, pues al
continuar con esta situación estamos dándole lugar al diablo, y estaremos
envenenando nuestra mente y corazón con el odio y el rencor.
Otra muy buena razón para solucionar este problema lo más rápidamente
posible, es que daña nuestra salud. La ira paraliza la secreción gástrica y
produce úlcera estomacal.
Stanley Jones escribe: “El enojo y el disgusto pueden producir úlceras
estomacales… las úlceras se agravan con los disgustos y las aversiones.”
¿Quieres mirar a tu pareja como tu enemigo, como el causante de tus males?
¿No has hecho una práctica continua, en tu vida en pareja, estos silencios hasta
hacerlos hábitos que producen en ti raíces de amargura y destrozos físicos?
Es tiempo de reaccionar. Dios es el dador de las fuerzas y él está dispuesto a
ayudarte.
Mayo 30 — Ha Negado La Fe
Ha negado la fe, — 1 Tim. 5: 8

Un caballero visitó una joyería, propiedad de un amigo suyo. Este le mostró


una gran variedad de prendas y piedras preciosas. Entre las colecciones de
piedras observó una de éstas que apenas si tenía brillo, parecía estar sucia, no
llamaba la atención. No revelaba su belleza como las demás.
— ¿A qué se debe la diferencia? — preguntó. El joyero, tomando aquella
piedra en la mano, la frotó y al contacto de sus manos brilló con todo
esplendor.
— ¿Cómo es eso? — preguntó el caballero.
— Esta piedra es un ópalo a la que llamamos una piedra simpática. Su
escondido esplendor brota tan pronto como uno la frota entre las manos.
En nuestro medio familiar muy a menudo acontece lo mismo con los miembros
de nuestra familia. Sus diferencias personales, obra del Creador, nos los
presentan diferentes y nos sorprendemos de su desigualdad. Queremos que
todos se comporten de acuerdo con un patrón único por el hecho de ser
miembros de la misma familia. No percibimos el brillo interno, porque no
hemos tenido suficiente amor como para estimular sus reacciones. Nos
olvidamos de que no basta decirle a un familiar que lo amamos; debemos saber
demostrárselo en cada una de nuestras acciones.
¿Estamos, como el joyero, frotando con afecto esas piedras preciosas, que son
nuestros hijos, hermanos, esposos, suegros? ¿Hacemos lo posible para que los
ópalos que requieren de una atención diferente, al contacto del amor puedan
dejar relucir el brillo que en ellos está oculto? Si descuidamos estos detalles no
estaremos dando un tratamiento adecuado a cada integrante de nuestra familia,
y por ende estaremos negando nuestra fe.
Mayo 31 — Estoy Contigo
No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal,
— Juan. 17:15

Se abrió un concurso sobre el tema pictórico “La Paz” y fueron presentados


diversos cuadros. Uno representaba una mañana apacible, otro, una silenciosa
puesta del sol, y otros, temas similares. Sin embargo, el premio fue otorgado a
un cuadro que representaba una furiosa catarata que precipitándose en un
acantilado de roca levantaba densas nubes de espuma y vapor. Pero en la rama
de un árbol que se extendía por encima de la hirviente catarata, un petirrojo
había construido su nido y gorjeaba alegremente.
Alguien dijo: “Cada hogar es un mundo”. En el cuadro de tu pequeño mundo,
con su catarata familiar chocando contra las rocas de la incomprensión y los
malos entendidos, tú puedes ser ese pequeño petirrojo, siendo el toque de paz
en medio de la confusión y la discordia. Tu presencia es necesaria para ser
instrumento de serenidad y calma en medio del estruendo.
Al permanecer al frente de la familia tendrás la seguridad de que es de
incalculable valor tu presencia en medio de los tuyos, y que el ruido, las nubes
y los vapores que se produzcan en tu hogar no deben amedrentarte, pues el
Hijo, cuando rogó a su Padre que no te moviese de allí, pidió asimismo que te
guardase del mal, pues él sabía que habría dificultades y que necesitarías su
protección.
Estás en medio de tu hogar, pero él está contigo, cuidándote y protegiéndote y
permitiéndote triunfar si confías en él.
Junio — Las Caídas En Pecado
Esther Navarro de Fuentes
Pecado. Palabra que no quisiéramos conocer. Menos aún dedicar un mes
pensando en él.
Sin embargo, el pecado es una realidad con la que debemos enfrentarnos
continuamente. Y de la manera como lo enfrentamos dependerá en gran parte
nuestro bienestar.
El pecado es una potencia destructora cuyos efectos van mucho más allá de la
vida de una persona. En las páginas de este mes lo verás en toda su crudeza y
realidad. Verás qué sucede con la mentira, la crítica, el orgullo, el chisme, la
calumnia, los vicios, …y la lista sería interminable.
El objetivo de estas meditaciones no es hundirte en la desesperación ni agregar
más peso a la carga de tu situación particular. El propósito es mostrarte que
Dios tiene todo el poder que necesitas para salir de esa situación que te ahoga.
Que hay esperanza. Que tú tienes recursos para salir victoriosa. Que puedes
aprender a perdonar.
El ejemplo bíblico de Eva te mostrará cómo esta mujer cayó en el pecado y las
consecuencias de su decisión equivocada.
La autora de las meditaciones de este mes es la señora Esther
Navarro de Fuentes, de México, quien tiene una importante
trayectoria como escritora, líder en la obra femenil, esposa de pastor,
experta en finanzas y en muchos otros campos en los que desarrolla
sus actividades.
Junio 1 — La Desobediencia
Y rió la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a
los ojos, y árbol codiciable para alcanzar sabiduría; y tomó de su fruto,
y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella, —
Gén. 3: 6

A través de este versículo encontramos el momento importante en la vida de


la primera mujer, cuando estuvo frente al tentador y cayó desobedeciendo el
mandato de Dios: “Pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo
Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis.” No sólo pecó ella,
sino que también hizo pecar a su marido.
El precio del primer pecado sigue siendo una realidad hasta los días presentes:
“Con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se
enseñoreará de ti”, — Gén. 3:16.
Pero con el pecado vino también una hermosa promesa de salvación para toda
la humanidad: Un Salvador, nacido en Belén de Judea a una virgen escogida
por Dios, María.
Señor, ¿cómo es que yo he desobedecido tu voz? ¿Cuántas veces me has
llamado por mi nombre y yo no he querido escucharte? ¿Cuántas
oportunidades me has dado de hablarles a otros de tu amor y he permanecido
callada? ¿Cuántas otras me has pedido que vaya y me he quedado haciendo
otras cosas?.
Insistentemente me dices: “Dame, hija mía, tu corazón y miren tus ojos por
mis caminos” (Prov. 23:26), y yo sigo agobiada en el trabajo de la casa, los
hijos, el esposo y todas las demás excusas que tú ya conoces.
Señor, hoy es el día. Quiero entregarme a ti, obedecerte en todo, haz que sea
una realidad en mi vida y en las vidas de todas las personas que me rodean.
Quiero servirte con gozo, amarte como tú me has amado y que todo lo que yo
haga honre y glorifique tu nombre.
Junio 2 — El Engaño
Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo
la mujer: La serpiente me engañó, y comí, — Gén. 3:13

¡Qué fácil culpar a otros para tratar de ocultar nuestras culpas! Cuando Dios le
preguntó a la mujer qué había hecho, ella inmediatamente culpó a la serpiente.
Luego llamó Dios al hombre y éste, temeroso, se escondió. ¡Qué triste
situación la de la primera pareja! El hombre le dijo a Dios: “La mujer que me
diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.” Los dos eludieron la
responsabilidad para aceptar que habían fallado. Dios no puede ser burlado.
La Palabra del Señor está llena de hombres y mujeres que engañaron y pagaron
el precio de su pecado. Jacob engañó a Isaac, su padre, y tomó la bendición
que le pertenecía a su hermano Esaú. Más tarde sus hijos también lo engañaron
a él cuando le mintieron que su hijo José había sido devorado por las fieras.
¡Cuánto sufrió Jacob a causa de lo que él había hecho! Vivió huyendo por
mucho tiempo de Esaú, su hermano, luego de Labán, su suegro.
El apóstol Pablo nos invita a pensar y meditar profundamente para que no
seamos sorprendidas como la serpiente lo hizo con Eva, de tal manera que no
seamos complacientes al tentador, sino firmes y leales a Cristo.
A solas contigo, Señor, quiero pedirte perdón por todas las veces que he cedido
al engaño. Sólo tú puedes limpiar con tu preciosa sangre esta mancha que
deshonra tu nombre.
Junio 3 — La Critica
…¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?
Entonces ¡a serpiente dijo a la mujer: No moriréis…, — Gén. 3: 1, 4

La crítica es una de las armas más poderosas que utiliza Satanás para destruir
la obra de Dios. En nuestras iglesias ya se ve como una actitud normal criticar
al pastor y su familia, ya sea si son activos en la iglesia o porque no van, llegan
tarde, son desatentos, no visten bien, etc.
También criticamos al pastor por el mensaje. Si algo no nos gusta, o nos toca
demasiado cerca, decimos que usa el pulpito para regañarnos.
Satanás sigue siendo tan astuto como la primera vez que engañó a Eva. Y
nosotras somos tan inocentes e insensatas que nos dejamos engañar fácilmente.
Pensamos que lo que nosotras hacemos siempre esta bien hecho, lo que hacen
los demás siempre está mal hecho.
La autocrítica es un buena medida para contrarrestar la crítica; primero y
siempre me critico a mí misma, así no quedará tiempo para criticar a los
demás.
El Señor usa a sus siervos para enseñarnos, redargüimos, corregirnos e
instruirnos en justicia. Escuchemos la voz de Dios, a través de sus siervos,
recordando que cuando criticamos un mensaje, estamos criticando al mismo
Dios que nos ha amado y se ha entregado a sí mismo para que tengamos vida
eterna.
Junio 4 — Efectos Del Primer Pecado
Y pondré enemistad entre tí y la mujer, y entre tu simiente y la simiente
suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar. A la
mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces;
con dolor darás a luz los hijos, — Gén. 3:15 y 16

No pasó mucho tiempo para que las consecuencias del pecado de la


desobediencia se hicieran presentes, tanto en la primera pareja como en el
entorno de la misma.
La serpiente, astuta más que todos los animales del campo, recibió muy pronto
las consecuencias del pecado de desobediencia; porque Dios no solamente
disciplina al que comete el pecado; también somete al que provoca el pecado.
La serpiente recibió su castigo. El versículo de Gén. 3:14 nos relata:
“Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre
todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás
todos los días de tu vida.”
La mujer recibió su castigo. Los dolores durante el parto en la mujer próxima a
dar a luz fueron multiplicados a raíz de su participación en el engaño de la
serpiente. Así también su voluntad estaría sujeta a la de su marido.
Y para el esposo (Adán), que obedeció a la voz de su mujer antes que al
precepto divino, “… maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de
ella todos los días de tu vida…” (Gén. 3:17).
Señor y Dios, concédeme que hoy y todos los días pueda yo estar
completamente unida a tu mano protectora y misericordiosa, de tal manera que
no sea ocasión de caer en tentación y haga caer a mis amados, sean esposo,
hijos, padres o hermanos.
Junio 5 — Triste Y Preocupada Por Los Hijos
Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y
dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido varón. Después dio a luz a su
hermano Abel, — Gén. 4: 1, 2

El propósito de Dios para la primera mujer se cumplió con Eva.


“Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré
ayuda idónea para él”, — Gén. 2:18.
“Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y
la trajo al hombre… Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su
madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”, — Gén. 2:22, 24.
Consumando así el primer matrimonio, uno de los objetivos de Dios para la
primera pareja fue instaurar la familia. Es así que Eva da a luz un varón, su
primogénito: Caín. Luego llegaron otros hijos a ese primer hogar.
Y es en esta incipiente familia donde ocurre la tragedia entre los hijos de Adán
y Eva. Caín invitó a su hermano Abel a salir, y cuando estuvieron en el campo
se levantó contra él asesinándole.
¡Cuan triste debe haberse sentido aquella madre! Primero vino la expulsión,
junto con su esposo, del huerto del Edén por la desobediencia, posteriormente
la enemistad con la serpiente y su descendencia, y ahora su hijo mayor asesina
al hijo menor. Pero no termina allí la tragedia y el desconsuelo de Eva. A pesar
de haber dispuesto de la vida de Abel, su hermano Caín sigue insolente,
soberbio e irrespetuoso: “¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?”, Gén. 4: 9 b.
Y todavía había más para aquella triste madre, pues su preocupación aumenta
al conocer el castigo divino a su hijo mayor: “Errante y extranjero serás en la
tierra”, Gén. 4:12.
Padre, ahora que me has concedido la maternidad de mis hijos, concédeme el
valor, la sabiduría y la humildad para guiarlos en tus caminos, como Loida y
Eunice guiaron a Timoteo.
Junio 6 — Una Promesa Para Eva
Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente
suya; ésta te herirá en la cabeza, y tu le herirás en el calcañar. —
Gén. 3:15

Inmediatamente después de la caída de la primera pareja, viene la profecía, y


la afirmación divina de que la creación del hombre y la mujer (Adán y Eva)
aún había de ser un éxito por medio de la simiente de la mujer. A través de la
descendencia de Eva, la humanidad tendría el vislumbre de un Redentor que
habría de venir para herir en la cabeza a Satanás (el Tentador).
Así que aquí, al comienzo mismo de la historia bíblica, tenemos la sugerencia
de Cristo. El pecado de un solo hombre trajo la muerte, tal como lo
encontramos expresado en Rom. 5:12 y 3:23. De la misma manera, la muerte
de un solo hombre trajo salvación a toda la humanidad.
Dios del cielo y de la tierra, gracias por Cristo Jesús, tu Hijo amado, a quien en
tu misericordia y amor por nosotros los pecadores permitiste que viniera al
mundo para darnos salvación y vida eterna.
Junio 7 — Conociendo La Senda, Erramos El Camino
Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto
podemos comer; pero del fruto que está en medio del huerto dijo Dios:
No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. — Gén. 3: 2, 3

Eva conocía muy bien lo que debía hacer y las consecuencias que ocasionaría
el desobedecer el mandato divino. Sin embargo, no resistió la tentación de ser
como Dios y le hizo caso a la serpiente. ¡Cuántas veces conocemos lo que
debemos hacer y no lo hacemos!
Jesús dijo que el camino espacioso lleva a la perdición. También sabemos que
el camino de Jehová es fortaleza al perfecto.
Nuestra negligencia nos impide andar en el camino de Dios y guardar sus
mandamientos.
En cada promesa de Dios hay una condición que cumplir: para adquirir buen
juicio hay que atender los consejos de los padres; para tener buena instrucción
no debemos descuidar la enseñanza. Cuidar la mente es, más que nada, cuidar
la fuente de vida.
Si conocemos las ordenanzas y las leyes de Dios, conocemos el camino. Jesús
es el camino, la verdad y la vida. ¿Por qué no caminar con él?
Señor, ayúdame a reconocer que tú me das el poder para no flaquear; que
contigo a mi lado todo es más fácil; que sólo tú haces perfecto mi camino día
tras día. No permitas que me aleje de tu camino.
Junio 8 — La Mujer Y La Tentación
Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios
que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como
Dios, sabiendo el bien y el mal, — Gén. 3: 4, 5

La obra perversa de Satanás, el tentador, fue devastadora. Arruinó la vida del


hombre con sus promesas falsas. Eva creyó más a Satanás que a su mismo
Creador.
Con dolor y lágrimas en sus ojos cierta hermana confesaba haber creído en las
promesas de su novio y haberse unido en matrimonio con un infiel. La historia
es semejante a la de muchas señoritas que se dejaron engañar por Satanás y
cedieron a la tentación haciendo algo en contra de la voluntad de Dios. Ellas
pensaban que eran diferentes a las demás y no les iba a pasar lo que les había
sucedido a otras. El precio de la desobediencia a los mandatos del Señor es
estar fuera de su comunión, así como Dios echó a la primer pareja fuera del
huerto del Edén.
Ayúdame Señor, a llevar la carga de mi debilidad pasada, cuando confié en
promesas falsas. Enséñame a aprender de mis errores pasados. Que pueda
contar mis días de manera tal que traiga al corazón sabiduría. Que en medio de
las pruebas y dificultades pueda servirte con alegría para que los que me
rodean también lo hagan.
Junio 9 — La Envidia
Viendo Raquel que no daba hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana,
y decía a Jacob: Dame hijos, o si no, me muero, Gén. 30: 1
…mas la envidia es carcoma de los huesos, — Prov. 14:30.

¡Cuántas historias encontramos en la Biblia de hombres y mujeres que fueron


objeto de la envidia, desencadenando grandes males aun hasta llegar a la
muerte! Movidos por la envidia, los hermanos de José lo vendieron a los
ismaelitas.
Por envidia, los príncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo
entregaron a Jesús a la muerte.
El Predicador escribió:
“He visto asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras
despierta la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es
vanidad y aflicción de espíritu”, — Ecl. 4: 4.
Cuando la envidia llega a los miembros de las iglesias la vida espiritual decae,
comienzan las contiendas; unos se apartan, otros dejan de asistir y, en algunas
ocasiones, hasta se producen divisiones.
El apóstol Pablo, cuando escribió a los gálatas, les decía:
“envidias, homicidios, borracheras, banqueteos y cosas semejantes a
estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes,
que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”, —
Gál. 5:21.
Leemos en la Biblia que “el amor no tiene envidia”. Pide al Señor que te ayude
a ser feliz con lo que él te da y evita que la tentación de envidiar los vestidos,
coches, casas, viajes, profesiones, diversiones, riquezas, salud, esposo, hijos y
cuantas otras cosas más que otros tienen, te quite el gozo de vivir una vida
plena en Cristo Jesús, dando gracias a Dios en todo y por todo.
Junio 10 — La Mentira
Los labios mentirosos son abominación a Jehová, — Prov. 12:22

¡Qué fácil es mentir! Las mentiras se fabrican tan rápido que, una vez que se
ha comenzado, se continúan una tras otra hasta que la cadena se hace
interminable.
Los hermanos de José mintieron a su padre cuando le llevaron la ropa de
colores manchada de sangre para hacerle creer que su hijo había sido devorado
por las fieras.
Raquel mintió para quedarse con los ídolos de su padre (Génesis 31). El criado
del profeta Eliseo, Giezi, mintió al general Naamán, pidiéndole a nombre de su
señor talentos de plata y mudas de ropa. Luego mintió a Eliseo, diciéndole que
no había ido a ninguna parte. El resultado de todo esto no fue bueno para Giezi
y su simiente, pues fueron atacados por la lepra (2 Reyes 5).
La samaritana le dijo a Jesús: “No tengo marido”, a lo que el Maestro de
Galilea con suma ternura contestó: “Bien has dicho…cinco maridos has tenido,
y el que ahora tienes no es tu marido” (Juan 4). La mujer no pudo mentir al
Mesías y, reconociéndolo, corrió a dar las buenas noticias: había encontrado al
Salvador.
La mentira dura mientras llega la verdad, dice un conocido dicho. Te invito a
que hagamos juntas una autoevaluación de nuestras actitudes en este momento.
¿Cuántas veces he mentido? ¿Cuántas veces he estado avalando en silencio el
que otros lo hagan? ¿Corrijo a los que lo hacen? ¿Me es indiferente?
¿Cuántas veces he mentido “engañándome a mí misma”, diciendo, por
ejemplo: “No voy a la escuela dominical porque ya me sé todas esas
lecciones”, o “no voy a los cultos de la iglesia porque los hacen muy largos y
tediosos”, o “no voy a la Unión Femenil Misionera porque tengo que hacer
otras cosas”?
Señor, perdóname y ayúdame a terminar y erradicar esto que hace que mi vida
no tenga un crecimiento espiritual más fructífero.
Junio 11 — La Codicia
No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu
prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna
de tu prójimo, — Exo. 20:17

La codicia es una ambición desordenada de riquezas. Nada es capaz de saciar


la codicia. La codicia de Acán puso al pueblo de Israel en serios problemas.
“Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi pacto que yo les mandé; y
también han tomado del anatema, y hasta han hurtado, han mentido, y
aun lo han guardado entre sus enseres” (Jos. 7:11).
Acán había visto entre los despojos un manto babilónico muy bueno,
doscientos siclos de plata y un lingote de oro que pesaba 50 siclos. Los
codició, los tomó y los escondió bajo tierra en el medio de su tienda. Josué y
todo el pueblo tomaron a Acán, el dinero, el manto, el lingote de oro, sus hijos,
hijas, todo cuanto tenía, y los llevaron al valle de Acor para apedrearlos y
quemarlos (Josué 7).
David codició a la mujer de Urías heteo y la tomó. Luego mandó matar a
Urías. Jehová, a través del profeta, hizo saber a David que el niño que nacería
de esa unión iba a morir por causa del pecado de sus padres. ¿Por qué siempre
tenemos que escondernos para “disfrutar” la mentira, la codicia, el hurto, el
adulterio, la fornicación, etc.?
El apóstol Pablo escribió que
“raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando
algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos
dolores” (1 Tim. 6:10).
Si he sido presa fácil de la codicia y he pecado, Señor, perdóname. No
permitas que lo siga haciendo y que la codicia haga estragos en mi vida. Si
nunca lo he sido, líbrame de la tentación.
Junio 12 — La Hechicería
Y el hombre o la mujer que evocare espíritus de muertos o se entregare
a la adivinación, ha de morir; serán apedreados; su sangre será sobre
ellos, — Lev. 20:27

¡Con cuánta frecuencia escuchamos acerca de los aparecidos, de la buena


suerte, la lectura de las cartas, los horóscopos, las loterías, etc.!
Es inaudito, pero todavía encontramos en nuestras iglesias quienes creen en
todas estas cosas vanas que Dios aborrece.
No reparamos en gastar comprando revistas o periódicos para leer los
horóscopos. Invertimos parte del tiempo de un día para ver qué pasará ese día.
Compramos dijes con el símbolo del zodíaco, de acuerdo con el mes de nuestro
nacimiento, y lo colgamos al cuello.
¡Cuántas cosas hacemos sin pensar, sin meditar seriamente que estamos dando
el lugar que le pertenece a Dios a dioses falsos!
¿Y qué de las personas que practican la hechicería y la adivinación? Ya no nos
sorprende que en nuestras iglesias se encuentren personas que dicen leer las
manos o las cartas. Hay personas que piensan que, porque guardan el billete de
lotería en su Biblia, Dios les va a ayudar para que se la ganen.
Todo esto es abominación a nuestro Dios; no es posible que un cristiano
participe de estas cosas.
¿Cuál ha sido tu participación en torno a la hechicería o la adivinación? ¿Estás
preparada para luchar contra las fuerzas de Satanás? Pídele a Dios que te dé la
victoria sobre esto.
Junio 13 — El Adulterio
Así que, si en vida del marido se uniere a otro varón, será llamada
adúltera; pero si su marido muriere, es libre de esa ley, de tal manera
que si se uniere a otro marido, no será adúltera, — Rom. 7: 3

Las iglesias de hoy en día no están exentas de tener que afrontar situaciones
de esta naturaleza. Personas que habiendo nacido en hogares cristianos,
habiendo crecido en los caminos del Señor, quisieron ignorar las leyes divinas
y la señorita se unió al hombre casado, el joven se unió a la esposa de otro
joven, o la pareja no se entendió y se divorció y ambos se casaron nuevamente.
¿Cómo es posible que cometamos tantas faltas? ¿Será que, a veces, nos
creemos tan tremendamente sabias que no necesitamos del consejo de Dios?
¿O que creemos que ese consejo divino no es para nosotras?
El Señor dice que el matrimonio es honroso para todos y que Dios juzgará a
los fornicarios y a los adúlteros. Es muy incómodo estar en esta situación. Pero
aun así, sabemos que Dios nos ama y está dispuesto a perdonarnos. Dios
aborrece el pecado, no al pecador.
Estamos a tiempo para recapacitar acerca de nuestros pecados, cualesquiera
que éstos fueran, y dejar nuestros caminos de maldad. Sabemos que si
acudimos arrepentidas a Dios, él está con su brazo extendido para perdonarnos.
Sólo así podremos vivir una vida plena en Cristo Jesús.
Si este no es tu caso, seguramente habrá una persona por la cual debes orar
para que el Señor la libre de esta situación. Hazlo ahora mismo.
Junio 14 — La Fornicación
Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa,
está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca,
— 1 Cor. 6:18

Con mucho dolor debemos reconocer que cada vez es más frecuente que
nuestras parejas en las iglesias lleguen al matrimonio teniendo que casarse para
reparar la consecuencia de su pecado. Aquel ímpetu, vigor, fuerza y hermosura
vivos de la juventud, de repente se ven transformados en amargura y soledad y
el sentido de culpabilidad les acecha a cada momento.
Son muchas las parejas que se han casado para convertirse en padres de familia
a los tres o seis meses. Con el transcurso del tiempo se dan cuenta de que
siempre hay “algo” que les impide ser felices. Muchos de ellos descubren muy
tarde que no están preparados para enfrentarse a los problemas de la vida diaria
(trabajo, disciplina, orden) y las responsabilidades de la familia.
La joven hermosa, llena de vida e ilusiones que se deja llevar por las palabras
dulces y halagadoras, las rosas y las promesas de amor eterno, cuando
descubre que al que le ha entregado su amor es casado y tiene familia, no es
capaz de afrontar la situación y dar marcha atrás a esa relación. Prefiere no
escuchar la voz de Dios. Sigue adelante en esa relación, y no se dejan esperar
la infidelidad y la desdicha.
No importa cuánto hayamos ofendido a nuestro Dios y a nuestros amados. El
Señor es fiel y justo, misericordioso y clemente, lento para la ira, su enojo no
dura para siempre. Así que decidámonos a arreglar las cuentas con él.
¿Tienes alguna amiga o conocida por la cual orar para que el Señor le alcance
con su misericordia?
Junio 15 — La Incredulidad
Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. El padre
del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad, — Mar. 9:23,
24

Escuché a una señora decir:


“Es muy difícil dejar la iglesia de mi infancia, las doctrinas aprendidas
y las prácticas devocionales diarias. ¡No puedo creer! Yo no puedo
creer y dejar atrás todo. No puedo, no debo, ¡no quiero creer!”
Los años seguían pasando, su esposo creyente y sus hijitos iban los domingos
al templo. Los niños se convirtieron en jóvenes y aceptaron a Jesús como su
Señor y Salvador. Unidos a su padre oraban por la salvación de su madre. El
pastor de la iglesia los visitaba y aprovechaba cada oportunidad para decir a
esa señora: “Usted crea en Cristo Jesús…lo demás déjeselo al Señor.”
Un buen día esa señora comenzó a leer el libro de los Hechos. Ahora, con
lágrimas en sus ojos, relata cómo lloró cuando leyó:
“¿Por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón”
(Hech. 26:14). De su corazón salió una oración para pedir perdón y aceptar a
Jesucristo como Señor y Salvador. Pronto le obedeció en el bautismo y ahora
le sirve en la iglesia, en su hogar y en el barrio donde vive.
Sus hijos están casados, todos sirviendo al Señor. Su esposo es diácono de la
iglesia, ella es una mujer de oración y de testimonio a sus familiares no
creyentes. Esta señora es un ejemplo viviente de cómo el Señor ayudó y
perdonó su incredulidad.
Gracias, Señor, porque nos tienes paciencia. Perdónanos por no querer creer,
aun cuando cada día nos muestras tu amor y tu cuidado.
Junio 16 — La Vanidad
¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo?
El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a
cosas vanas…, — Sal. 24: 3, 4

El orgullo o amor propio es algo vacío o estéril, tan frágil que pronto se
desvanece. La vanidad es una forma inferior del orgullo, un deseo de ostentar,
de lucir. El cristiano no debe dar lugar a la vanidad.
Para el pueblo de Dios en la antigüedad, ir en pos de vanidades era su mayor
debilidad. Los mandamientos eran quebrantados con suma facilidad. Parecían
estar prontos para ir en pos de los dioses falsos, las mujeres paganas, para
tomar el nombre de Dios en vano, no guardar el día de reposo, robar,
calumniar y cuántas otras cosas más.
A nosotras las mujeres nos gusta ir en pos de los zapatos, los vestidos
hermosos, las joyas, los viajes, las diversiones, etc. Nos afanamos y
esforzamos por tenerlos; llegamos hasta enojarnos cuando no podemos obtener
aquello que tanto hemos deseado. ¡Cuántas cosas vanas y superfluas! Pero nos
gustan. A veces se requieren dos y tres trabajos para lograr lo que algunas
quieren. El esposo trabaja y ella también. La familia se las arregla sola. No hay
tiempo para disfrutar la compañía de todos. Ni pensar en meditar en la Palabra
y orar juntos. Hay que pagar la casa, el coche, la televisión, etc.
Si tan solo aceptáramos lo que el Señor en su infinita misericordia nos da,
seríamos muy felices, pues todo es de él, y a él nos debemos.
En la intimidad contigo, Señor, enséñame a ser agradecida por lo que me das, y
ayúdame a enseñar a otros a aceptar con gozo tus bendiciones. Ayúdame a
buscar tu rostro hoy y siempre y a permanecer en tus caminos reales y
verdaderos.
Junio 17 — La Soberbia
Jehová asolará la casa de los soberbios…, — Prov. 15:25

La soberbia es orgullo desmedido. Cuando el corazón del rey Nabucodonosor


se ensoberbeció, y su espíritu se endureció en altivez, fue depuesto del trono de
su reino y traspasaron de él la gloria. Su morada fue el campo entre las bestias
y los asnos monteses, y su comida la hierba. Su hijo, Belsasar, también se
ensoberbeció contra el Señor del cielo, trayendo los vasos de oro y plata del
templo de Dios que estaba en Jerusalén y bebiendo en ellos. El resultado fue su
muerte. Además, su reino fue roto y dado a medos y persas.
El profeta Malaquías escribió:
“He aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y
todos los que hacen maldad serán estopa” —(Mal. 4: 1).
La altivez, la arrogancia, la soberbia, no deben ser parte de la vida de un
cristiano.
Quizá en alguna etapa de nuestra vida nos hemos sentido más que otros, o
hemos pensado que somos superiores. A veces un éxito en nuestra vida hace
que nos veamos mejores que otros. Es muy fácil alimentar este tipo de
sentimiento. Y, una vez dentro de nosotros, es muy difícil erradicarlo.
Recordemos que Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.
Junio 18 — El Chisme
El hombre perverso levanta contienda,
y el chismoso aparta a los mejores amigos,
— Prov. 16:28

El chisme es una murmuración que sirve para desacreditar. El rey Salomón


escribió:
“Las palabras del chismoso son como bocados suaves, y penetran hasta
las entrañas” — (Prov. 18: 8).
Las murmuraciones en la iglesia del Señor causan contiendas y divisiones, y
contristan al Espíritu Santo. Son el resultado de la envidia, “porque algunos
tienen cargos y siempre son las mismas personas”, decimos. No queremos
someternos al señorío de Cristo. Permitimos que Satanás dirija nuestras
acciones a su antojo usando la envidia, la vanidad, el chisme y la vanagloria
para dividir los pensamientos y para que haya grupos en la iglesia del Señor.
Yo siento pena de que en muchas ocasiones somos las mujeres las que
tomamos parte comenzando y divulgando las “murmuraciones”. En muchos
casos no pensamos ni medimos las consecuencias. Luego nos arrepentimos,
pero el mal causado ya se ha consumado haciendo estragos insospechados.
Hay personas que se encuentran despedidas de los trabajos, de las iglesias, de
los hogares, etc., por aquello que decimos ser “sólo una pequeña
murmuración”.
Me gusta pensar que yo que escribo y tú que lees podemos velar y orar para
que nuestra mente y boca no sean dominadas por Satanás, siendo partícipes de
las murmuraciones y los chismes. Esto nos acecha diariamente en el trato con
nuestros semejantes. Podemos participar del chisme directa o indirectamente.
Podemos ser quienes lo decimos o podemos escuchar lo que otros
“murmuran”.
Señor, ten piedad de mí y líbrame de caer en esta falta que causa tanto mal.
Junio 19 — La Rebeldía
Tu maldad te castigará, y tus rebeldías te condenarán; sabe, pues, y ve
cuan malo y amargo es el haber dejado tú a Jehová tu Dios, y faltar mi
temor en ti, dice el Señor, Jehová de los ejércitos, — Jer. 2:19

Rebeldía es negarse a obedecer a la autoridad legítima. El profeta Jeremías


habló al pueblo de Israel duramente, pues una vez más la desobediencia a los
mandatos de Dios los tenía en graves problemas.
Conocemos el camino y sabemos los mandamientos de Dios. Pero a nosotros,
igual que al pueblo de Israel, nos gusta ir en pos de las vanidades del mundo.
Aquella madre luchaba denodadamente contra la rebeldía de su hija cuando
ésta quería unirse en matrimonio con una persona que no amaba a Dios. Su
amor de madre cristiana, consciente de su responsabilidad por sus hijos ante
Dios, la llevaba a mostrarse en forma enérgica ante una situación tan
importante como la del matrimonio. “Es mejor que llore ahora y no toda una
vida”, decía. ¡Cuánta falta hace que oremos por los hijos rebeldes que no
obedecen los mandatos de Dios!
Pero a veces, nosotras que somos hijas de Dios, también tomamos una actitud
rebelde. Queremos hacer lo que a nosotros nos parece que debe hacerse. No
queremos dejarle actuar.
Señor, perdona a esta tu hija cuando ella quiere seguir su propio camino,
pensando que es el mejor. Ayúdame a ser dócil a tu voz. Que pueda decir cada
día: “He aquí tu sierva. Hágase conmigo conforme a tu voluntad.”
Junio 20 — Las Diversiones
Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora,
— Ecl. 3: 1

Hay diversiones buenas y malas. La buena lectura, las buenas películas, la


buena música, la sana conversación, los juegos de mesa (ping-pong, damas
chinas, el ajedrez, etc.). Lo importante de las diversiones es saber cuáles
edifican y cuáles no. Algunas hasta perjudican la salud. Actualmente los niños
pasan más tiempo frente a un aparato de televisión o video que ocupados en
leer un buen libro. Pero nosotras también debemos cuidarnos. ¿Qué decir de
aquellas que pasan las horas viendo los teleteatros? ¿O participando de
“compromisos sociales” que para nada aprovechan?
Una de nuestras hermanas invitó a su vecina a una reunión del círculo de la
Unión Femenil que tiene los martes por la tarde en su casa. La amiga le
contestó: “Ese es el día en que juego a las cartas; si encuentro quién me
sustituya, voy”. Pasó el tiempo y un buen día la vecina llamó por teléfono a su
amiga y le dijo: “Esta tarde voy a ir a la reunión. Creo que es más importante
aprender acerca de las cosas de Dios que la jugada.” De ahí en adelante no
faltó a las reuniones cada primer martes del mes.
Cuando la iglesia se preparaba para un esfuerzo especial de evangelismo, la
Unión Femenil y la iglesia estuvieron orando por esta señora. Una de las
noches ella aceptó al Señor Jesús como su Señor y Salvador. Ese mismo año
ella obedeció al Señor en el bautismo. El tiempo que usaba en diversiones
ahora lo usa para servir al Señor.
Pide al Señor que te ayude a disfrutar de momentos de esparcimiento mediante
cosas que sean provechosas para ti y los tuyos.
Junio 21 — Guardar Sus Mandamientos
Amarás al Señor tu Dios con todo fu corazón, y con toda tu alma, y con
toda tu mente. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a
ti mismo, — Mat. 22:37, 39

El Señor Jesús conocía los corazones de la gente y sabía que nos gusta amar a
los que nos aman. Aceptamos a los que nos aceptan, pero… “amar a nuestros
enemigos, bendecir a los que nos maldicen, hacer el bien a los que nos
aborrecen y orar por los que nos persiguen y ultrajan”… ¡jamás!
Es muy cómodo y hasta, en cierta manera, fácil amar a los que nos aman y
saludar a los que nos saludan en la iglesia, el trabajo, la comunidad donde
vivimos; pero hacerlo con los que no “nos caen bien”, hablan mal de nosotros,
nos voltean la cara, etc., es todo un reto. Pero el Señor nos manda que amemos
a nuestros enemigos.
Jesús le dijo a Pedro que perdonara hasta setenta veces siete. Creo que cuando
no podemos amar a alguien es porque hay algún resentimiento en nuestro ser
con respecto de esa persona. Tenemos que aprender a perdonar para poder
amar sin recelo. Si amamos al Señor con todo nuestro corazón, podemos amar
a todos sin reservas. No se nos pide que seamos hipócritas, sino que de veras
amemos de corazón. No podemos amar si el amor del Señor no está en
nosotros.
La Biblia dice que “nosotros le amamos al él, porque él nos amó primero”, y
que no podemos decir que amamos a Dios si aborrecemos a nuestro prójimo,
porque seríamos mentirosos. Si amamos a Dios, amamos también a nuestro
prójimo. El Señor conoce nuestros corazones y pensamientos.
¿Hay alguna persona a la que te cuesta amar? ¿Por qué no decides que hoy sea
el día del “gran cambio”? El Señor te dará la victoria.
Junio 22 — La Calumnia
…Y el que propaga calumnia es necio, — Prov. 10:18b

La calumnia es una acusación falsa contra la reputación de alguna persona. Es


el arma de los cobardes. Uno de los diez mandamientos de la ley dada a
Moisés, dice: “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio” (Exo. 20:16).
La muchedumbre llevó a Jesús ante Pilato y le acusaron de pervertir a la
nación, prohibir dar tributo a César y autoproclamarse rey. El no abrió su boca.
Los testigos falsos dijeron que Esteban no cesaba de hablar palabras blasfemas
contra Moisés y contra Dios. El rey Salomón escribió: “El que habla verdad
declara justicia; mas el testigo mentiroso, engaño” (Prov. 12:17), y “El testigo
falso no quedará sin castigo, y el que habla mentiras perecerá” (Prov. 19: 9).
Cuando el Señor resucitó, los ancianos dieron mucho dinero a los soldados
para que estos dijeran que los discípulos de Jesús habían hurtado el cuerpo
mientras ellos dormían.
Vivimos en un mundo de perversidad y el diablo acecha a cada instante. No
permitamos que nos use para calumniar o use a nuestros amados.
No demos cabida a falsas acusaciones. Tampoco concertemos con los impíos
para ser testigos falsos. Recordemos la amonestación bíblica:
“Martillo y cuchillo y saeta aguda es el hombre que habla contra su
prójimo falso testimonio” (Prov. 25:18).
Redoblemos nuestros esfuerzos en oración continua para que el Señor nos libre
y proteja de hablar mal de otros sin razón.
Junio 23 — La Garra Del Vicio
Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en
vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios,
— 1 Cor. 6:20

El vicio es definido como una imperfección que hace a una persona o cosa
impropia para el fin a que se destina. Es una disposición o tendencia hacia lo
malo.
El vicio domina a la persona que fuma, bebe, que es adicta a las drogas o
inhala estupefacientes, la que juega a la lotería, a las cartas, o apuesta pequeñas
o grandes cantidades de dinero en las carreras de caballos, etc. Podríamos
llenar páginas enteras de toda clase de vicios y perdición en los que se ve
envuelto el hombre carnal.
Dice un anuncio publicitario que, con medida, todo es bueno. Nos damos
cuenta de que esta frase encierra una gran mentira. Hay cosas que, aunque se
usen en pequeñas cantidades, siempre serán malas.
El hombre ha llegado a elaborar leyes para prohibir la venta de bebidas
embriagantes, prohibir que se fume en ciertas áreas, o prohibir el uso de las
drogas; y hace esfuerzos por contrarrestar el abuso de todas estas cosas que
perjudican la salud del hombre.
Si tan sólo escucháramos y obedeciéramos la voz del Señor, no tendríamos
necesidad de prohibiciones.
No importa hasta dónde haya caído el hombre en el abuso del tabaco, alcohol,
drogas, estupefacientes, juegos, ruletas, loterías, etc. La buena noticia es que el
Señor tiene poder para sacarlo de las garras del vicio en que se ha hundido.
No hay ser humano que pueda resolver todos los problemas de la humanidad.
Sólo el poder de Dios puede cambiar la vida de quien le busca arrepentido.
Gracias, Señor, porque no hay vicio que tú no puedas destruir. Ayúdame a
compartir esta buena noticia con quienes la necesitan.
Junio 24 — La Concupiscencia En El Sexo
Sí alguno se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieron,
— Lev. 20:13

Nos duele cuando escuchamos de algún caso de homosexualidad entre


nuestros conocidos. Un joven, con aplomo y determinación confesó a su novia
que había tenido relaciones sexuales con otro varón.
Estaban a punto de casarse, él y ella eran creyentes y buscaban la voluntad de
Dios para sus vidas y la formación de su hogar. Esta situación los llevó a una
resolución de constante oración para pedir el perdón de su falta. Sinceramente
acudieron al Señor buscando su voluntad para sus vidas.
Hubo otra señorita que tuvo que admitir que algo andaba mal, pues ella sentía
una afinidad especial e inclinación por las personas de su mismo sexo. La
oración ferviente y constante, y el inmenso deseo de que Dios le ayudara a
salir adelante en este problema, solucionaron esa situación.
La concupiscencia (un deseo insano por alguna cosa) dentro de la sexualidad
existe desde los tiempos de Abraham y Lot. De acuerdo con la enseñanza
bíblica, cualquiera sea la causa de la homosexualidad, ésta es pecado, y el
pecado es abominación a Jehová. Las excusas que se quieran esgrimir para
tratar de justificar las prácticas homosexuales nunca serán suficientes para
dejar de lado el mandato bíblico.
¿Qué hacer? Siempre hay una esperanza para el pecador. El arrepentimiento es
el primer paso. Luego viene la confesión a Dios de tu pecado y la súplica de
perdón. El pondrá los recursos para que no vuelvas a caer. ¿Quieres probar?
Hoy es el día de salvación.
Señor, si en mi familia o en mi iglesia hay este problema, dame madurez para
entenderlo, sabiduría para tratarlo e inteligencia para, con tu ayuda, corregirlo.
Junio 25 — El Día Del Señor
Acuérdate del día de reposo para santificarlo, — Exo. 20: 8

Dios utilizó seis días para toda la obra que hizo y reposó el día séptimo.
Hemos de trabajar seis días, pero debemos guardar el día del Señor, para
honrar y glorificar su nombre.
Que no nos pase lo que a la hermana María. Siempre tenía que lavar, o
planchar, o tenía que ir al mercado por los víveres en domingo. O estaba muy
cansada y no podía ir al templo el día del Señor.
¡Qué importante es que acudamos al templo el día del Señor con toda nuestra
familia! A veces no reconocemos el privilegio de estudiar la Palabra en la
escuela bíblica dominical, y de adorarle a través de nuestros cantos, lectura de
su Palabra y nuestras ofrendas en el culto de adoración. ¡Qué no darían las
personas impedidas por poder disfrutar de ese privilegio!
La participación de la mujer en la observancia del día del Señor es decisiva. Si
nosotras lo guardamos y santificamos, los que nos rodean también lo harán.
Que sean una realidad las palabras del salmista:
“Yo me alegré con los que me decían: a la casa de Jehová iremos”
(Sal. 122: 1).
“Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Escogería
antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas
de maldad” (Sal. 84:10).
Pide al Señor que trabaje en el campo de tus actitudes y verás cómo cambia la
dimensión del día del Señor. El puede ayudarte a redescubrir la alegría de ir a
la casa de Dios, de alabarle junto a su pueblo y de recibir el mensaje que tiene
preparado especialmente para ti.
Junio 26 — La Avaricia
Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del
hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee, —
Luc. 12:15

La avaricia es el apego desordenado a las riquezas. El joven que buscó a Jesús


para preguntarle cómo podía heredar el reino de los cielos, cuando escuchó al
Señor Jesús decirle: “Vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás
tesoro en el cielo; y ven, sígueme”, se entristeció sobremanera. Era muy rico y
le era difícil deshacerse de “sus” bienes materiales.
En contraste con el joven rico, aquel hombre bajito de estatura que subió al
árbol para ver a Jesús estuvo dispuesto a abandonar sus posesiones ilícitas
luego de su encuentro con el Maestro. La salvación había llegado a la vida de
Zaqueo.
Hoy en día vivimos afanados por tener más y más. Hay personas que trabajan
por la mañana y por la tarde, y por las noches dan clases o toman clases. Nunca
estamos contentos con lo que el Señor nos da; siempre queremos más. Con
justa razón cunde tanto el famoso estrés. No dormimos lo suficiente, no
comemos a las horas señaladas, trabajamos nuestro cuerpo más de lo debido.
No hay paz ni tranquilidad. Se nos va el sueño pensando en los negocios del
trabajo o de la escuela. Todo el día corremos y decimos: “Señor, no me alcanza
el tiempo, ¡cómo quisiera que el día tuviera más de 24 horas!”
¿Qué provecho tiene el que trabaja, en aquello en que se afana? Es don de Dios
que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor.
Ayúdame, Señor, a aceptar y disfrutar con gozo lo que, en tu infinita
misericordia, nos das. Hazme una sabia administradora del tiempo. Que
busque las cosas de arriba y te sirva en todo tiempo. Y, sobre todo, no permitas
que me olvide de los que tienen menos que yo. Gracias por compartir tu Hijo
con todos nosotros.
Junio 27 — La Infidelidad
No reparéis en que soy morena, porque el sol me miró. Los hijos de mí
madre se airaron contra mí; me pusieron a guardar las viñas; y mi viña,
que era mía, no guardé, — Cant. 1: 6

Aquel siervo, lleno de miedo, fue y enterró el talento que su Señor le había
dado para que lo cuidara. Cuando regresó el amo, fue, lo desenterró, y se lo dio
a su amo diciendo: “Aquí tienes lo que es tuyo.” El señor le dijo: “Cuando
menos lo hubieras dado a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que
es mío con los intereses.” Como consecuencia, el talento le fue quitado y
entregado al que tenía más, y el siervo infiel fue arrojado a las tinieblas. ¡De
qué manera tan sencilla el Señor Jesús nos explicó acerca del reino de los
cielos! Siervos fieles y siervos infieles; cada uno tendrá su recompensa.
Nosotras tenemos una viña que cuidar y vamos a dar cuenta a Dios de ella.
Nuestra “viña” la componen el hogar, los padres, abuelos, hermanos, esposo,
hijos, etc.
Mientras el hombre carnal lucha contra la infidelidad en todos los aspectos de
la vida, Dios es fiel. Sus promesas no dejan de ser. Hay un dicho que dice: “A
las palabras se las lleva el viento.” No es así con las palabras de nuestro Dios.
El no se olvida de hacer salir el sol todos los días. El no se olvida de mi
nombre. El es fiel.
¿Soy yo fiel en guardar la “viña” que el Señor me encargó? ¿Soy yo fiel en
cumplir la tarea que él me encomendó en mi casa, en mi trabajo, con mis
familiares inconversos, con mis amistades?
Junio 28 — ¿Que Hago Con Mis Pecados?
Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por
su camino; mas Jehová cargó en él, el pecado de todos nosotros, —
Isa. 53: 6.

Estamos conscientes de que el pecado es pecado. Punto. No hay tamaño que


lo distinga, peso o medida. Es igual la “mentirita piadosa” que quitarle la vida
al prójimo. El mentir, como el matar, es pecar delante de nuestro Dios. Esta no
es la regla que usa el mundo para medir sus acciones. Pero es la regla de Dios.
Y si nos medimos con esta regla, todos resultamos culpables.
La buena noticia es que el Señor tiene compasión del pecador. Lo ama a pesar
de todo, y desea rescatarlo de la condenación eterna.
Hay dos cosas que podemos hacer con nuestros pecados. Podemos seguir
cargando con ellos, llevando una vida agobiada, de zozobra, amarga e infeliz.
O bien, podemos confesar nuestros pecados a Dios, pedirle perdón por ellos,
entregarle el timón de nuestra vida a él y confiar en que él tendrá misericordia
y hará que nuestra vida lleve muchos frutos para su honra y gloria. ¿Has
dejado la carga de tu pecado a los pies de Cristo? ¿O piensas continuar
arrastrándola sola por el resto de tus días?
Si ya lo has hecho, este es el momento de dar gracias a Dios por haber provisto
un plan para que tus culpas y las mías se alejen de nosotros.
Junio 29 — Las Consecuencias Del Pecado
La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en
Cristo Jesús Señor nuestro, — Rom. 6:23

Todos hemos pecado y, como resultado, hemos sido separados de la gloria de


Dios. El pecado de Caín al haber matado a su hermano Abel, le trajo como
consecuencia andar errante y ser extranjero en la tierra. La mujer de Lot no
pudo resistir la tentación de mirar atrás y se volvió estatua de sal. En los
tiempos de Abraham y Lot, la maldad de los hombres trajo la destrucción de
varias ciudades, con azufre y fuego. En tiempos de Noé, Dios destruyó a los
hombres con el diluvio.
El pecado nos ocasiona la muerte física y espiritual. Nos separa de Dios. Sus
consecuencias se extienden por muchas generaciones. No podemos
escondernos, ni ignorar nuestros pecados; Dios conoce nuestra condición, no
lo podemos engañar. Así que no podemos escapar de la muerte y condenación
eternas.
Sin embargo, Dios promete vida eterna a través de su Hijo Jesucristo. Su
muerte en la cruz del Calvario y su sangre preciosa nos limpian de todo
pecado.
Los creyentes ya redimidos no estamos exentos de caer en pecado. A diario
nos acechan las tentaciones que nos tiende el diablo. Hay creyentes que
afirman que en el día de hoy no se puede vivir sin “ceder” ante algunas cosas.
Esto no es lo que nos dice el Dios de la Biblia. Ese no fue el ejemplo de Jesús.
Señor, ayúdame a reconocer la seriedad y el poder del tentador. Quiero
afirmarme cada vez más en ti para poder resistirle. Dame fuerza para salir
victoriosa en el día de hoy.
Junio 30 — Mujeres
Y ella se levantó, y les servía, — Mat. 8:15

Mujeres de la Biblia.
Ana clamó con toda su alma y Dios le concedió su petición.
La samaritana encontró el perdón de sus pecados y fue a la ciudad a pregonar
las buenas nuevas. Muchos creyeron a su anuncio.
La viuda muy pobre, de su pobreza dio todo el sustento que tenía.
Jesús mostró su poder en la suegra de Pedro, y ella se levantó y sirvió.
Las mujeres de la Biblia nos enseñan el camino que debemos seguir. Mujer,
levántate. Basta de estar esperando que otros hagan lo que tú tienes que hacer.
Dios perdonó tu pecado. Te ha hecho nueva. Eres una hija del Rey. Ocupa tu
lugar. Ese lugar que Dios planeó especialmente para ti. Reconoce tu valor
delante de él. Levántate y sírvele.
Si abres tus ojos verás muchas mujeres a tu alrededor que continúan
arrastrando la carga de su pecado. Mujeres con vidas vacías y sin sentido.
Si tú ya has sido salva por la sangre de Cristo Jesús, levántate y transmite este
mensaje de salvación a otras.
Las mujeres del primer siglo corrieron a dar las buenas nuevas. Ellas sirvieron
al Señor con sus bienes. Ellas cambiaron. Ellas se levantaron y sirvieron.
Nosotras, las mujeres de este siglo, también correremos a dar las buenas
nuevas de salvación a quienes aún no le conocen.
Nosotras, las mujeres de este siglo, compartiremos nuestros bienes para ayudar
a la humanidad.
Nosotras, las mujeres de este siglo, seremos mensajes vivientes del cambio que
sólo Jesucristo puede hacer.
Mujer cristiana: levántate.
Julio — La Autoestima
Joyce Cope de Wyatt
¿Qué ves cuando te miras en el espejo?
¿Cuál es tu primera reacción cuando ves tu nombre escrito?
¿Estás contenta contigo misma?
Tus respuestas a estas preguntas te ayudarán a descubrir el concepto que tienes
de ti misma. La experiencia muestra que no son muchas las mujeres que
dedican el tiempo necesario a estudiarse, a considerar su valor personal ante sí
mismas, ante la sociedad y ante Dios.
Muchas mujeres basan su valor propio en otras personas, llámense esposo,
hijos, padres, etc. Durante este mes estarás considerando las implicancias
profundas de ser alguien, de tu valor como persona, de la necesidad de darte tu
lugar en las diferentes relaciones de tu vida.
El caso bíblico de la mujer samaritana te mostrará cómo una mujer que tenía
razones para considerarse despreciable vio su vida transformada por su
encuentro personal con Jesucristo.
La autora de las meditaciones de este mes es la señora Joyce Cope de
Wyatt. Ella es una escritora prolífica, experta en educación y en
temas relacionados con la mujer. Con su esposo, han sido misioneros
en Colombia por muchos años, enseñando ambos en el Seminario en
Cali y sirviendo en varias iglesias.
Julio 1 — Sorprendida En Medio De La Vida
Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo…Vino una mujer
de Samaria a sacar agua, y Jesús le dijo: Dame de beber…La mujer
samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que
soy mujer samaritana? — Juan. 4: 6-9

Los samaritanos y los judíos eran rivales obstinados. Aunque era una parte del
territorio de Judea, Samaria era considerada por los judíos como un sitio
odiado. Aun evitaban pasar por allí, porque no tenían relaciones con los
samaritanos. Cuánto más significante entonces es que Jesús “necesitaba pasar
por allí” en lugar de tomar el camino acostumbrado, por el otro lado del
Jordán.
Jesús estaba cansado. Hacía calor y tenían hambre; así sus discípulos le dejan
sentado junto al pozo mientras van a comprar comida. De repente viene una
mujer a sacar agua, muy raro a medio día, porque la costumbre era que las
mujeres se reunieran junto al pozo en las horas de la tarde para evitar las horas
de extremo calor.
La mujer empieza a sacar agua del profundo pozo cuando es sorprendida por
las palabras de Jesús: “Dame de beber.” Ella no esperaba que este hombre le
hablara. Los discípulos de Jesús se sorprendieron cuando regresaron y vieron
que “hablaba con una mujer”. La mujer expresó su sorpresa enfatizando la
polarización entre los dos, “tú, judío, yo, samaritana”, porque no había trato
entre ellos.
Jesús siempre nos sorprende con su acercamiento a nosotros. Puede ser en el
toque de la mano de un ser querido, en la voz de consuelo en momentos de
angustia o frustración, en una puesta del sol, en un mensaje nuevo de su
Palabra, en un momento de oración, en el desafío y la realización de una tarea.
En el momento inesperado él rompe la cáscara de nuestro mundo corriente, nos
sorprende con su presencia y gracia, y nos confirma que ante sus ojos somos
personas de valor.
Julio 2 — “Si Conocieras El Don De Dios”
Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber;
tú le pedirías y él te daría agua viva, — Juan. 4:10
¡Gracias a Dios por su don inefable!, 2 Cor. 9:15

Jesús no espera que conozcamos la mente de Dios… nos lleva a recibir el don
de Dios. El no rechaza nuestra falta de comprensión… quiere aclarar nuestra
visión. Se nos acerca diciendo: “Si conocieras…” ¡Qué palabras tan
bondadosas de nuestro Salvador!
La mujer samaritana había gastado su vida en busca de soluciones para su
situación personal. ¡Cinco maridos! ¡Buscar agua en el calor más agobiante del
día! Esta mujer tenía necesidades abrumadoras. Sin duda esta era la primera
vez que había encontrado a alguien que la miraba y le hablaba con bondad y
compasión.
El don de Dios es “inefable” nos dice Pablo. La mujer samaritana experimentó
este don inexplicable porque Cristo rompió una serie de barreras limitantes que
ella tenía: habló con ella (cosa que un Rabí jamás hacía); se relacionó con una
samaritana (cosa evitada por todo “buen judío”); se mostró dispuesto a beber
agua del recipiente de ella (una prohibición a los judíos). Verdaderamente era
el don inefable de Dios que se ofrecía en este encuentro, algo totalmente
inesperado. La mujer samaritana tenía sed de algo mejor; su vida quebrantada
necesitaba la hidratación constante de este don de Dios, y el agua viva ofrecida
por Cristo era una fuente de agua de vida eterna.
Sin duda en el transcurso de este encuentro ella dejó de ser una persona
estancada y altamente necesitada para ser una persona transformada, con la
habilidad de testificar a otros de esta fuente de agua viva que acababa de brotar
en ella.
Es así como Cristo nos cambia, transformando nuestras vidas, ofreciéndonos la
salvación, su propia presencia que es el agua de vida eterna.
Julio 3 — ¿Agua Del Pozo O Del Manantial Interior?
Señor… ¿de dónde, pues, tienes el agua viva?…Respondió Jesús…
mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino
que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte par a
vida eterna, — Juan. 4:11-14

El agua siempre ha sido un signo de vida. En la Biblia se habla de los ríos, de


los pozos cavados en medio de la aridez del desierto, de las lluvias tempranas y
tardías. En cada caso significa vida para la persona o para el pueblo. ¡Sin agua,
no hay vida!
Es significativo que Jesús haya encontrado a la mujer samaritana en el
momento más caluroso del día. Seguramente los rayos del sol habían fatigado
tanto a Jesús como a ella. Así hablar de agua era lo que más les interesaba,
pero la mujer no tenía la menor idea que en este encuentro ella podría lograr
tener el agua viva, “una fuente de agua que salte para vida eterna”.
Una vez estuve viajando en un desierto por varias horas. El calor era
agobiante. Era mi primera experiencia en un lugar así. El mismo entorno, el
lugar tan seco, tan vasto, el calor…todo producía una sed penetrante.
Solamente podía pensar en el calor, y en la necesidad de tener a mi alcance el
agua, no otro líquido; agua, el líquido sin igual. ¡Qué alegría llegar por fin a un
sitio donde podía aliviar la sed! Tomé y me deleité en el líquido más precioso,
el agua fresca. ¿No es esto lo que el Señor quiere enseñarnos del agua que él
nos ofrece?
Hay solamente una fuente que da agua pura, agua cristalina, agua que salta,
agua que sacia, agua que será “una fuente de agua que salte para vida eterna”.
Digamos junto con la mujer al lado del pozo: “Señor, dame esta agua, para que
no tenga yo sed.”
Julio 4 — La Salvación Un Cambio De Prioridades
Entonces la mujer dejó su cántaro y fue a la ciudad, y dijo a los
hombres: Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he
hecho. ¿No será éste el Cristo?, — Juan. 4:28, 29

La mujer samaritana llegó al pozo para sacar agua con un utensilio esencial,
su cántaro. Aunque era una tarea esencial para la vida, seguramente era una
que ella no hacía de muy buena gana, especialmente a esa hora tan calurosa.
Así es la experiencia de la salvación: muchas personas andan en el quehacer
abrumador de la vida, una vida llena de responsabilidades, cargas,
frustraciones, desengaños, tristezas, a veces llegando solamente a hacer lo
esencial para sobrevivir. Seguramente que esta mujer cumplía con las tareas
esenciales, no más. Venía a buscar agua. El agua era esencial para el hombre
con quien vivía, y para sí misma. ¡Qué vida más aburrida y triste! Tenía una
trayectoria larga pero sin satisfacción; podía conseguir agua, pero solamente
podía llenar su cántaro, no su vida.
¡Qué cambio después del encuentro con Jesús! Al conversar con él se dio
cuenta de que no era un hombre común y corriente, y por fin reconoció que
Jesús era el Mesías, el Ungido de Dios. ¡Qué gozo! Se olvidó del motivo por el
que había venido al pozo; se olvidó de su cántaro, y corrió al pueblo a decir a
la gente: “Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho”. Al
conocer a Jesús su prioridad cambió, de llenar un cántaro con agua y traerlo a
la casa, a compartir las buenas nuevas con la gente de su pueblo.
¿Cambiaron tus prioridades cuando conociste a Jesús? Reflexiona sobre tu
vida, y pide a Jesús que te ayude a dar un orden correcto a tus prioridades, de
manera que le glorifiques.
Julio 5 — Un Testimonio Creíble: Venid, Ved A Un Hombre
Venid, ved a un hombre…¿No será éste el Cristo?….Y muchos de los
samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer,
que daba testimonio…, — Juan. 4:29, 39

Cuántas personas quieren compartir el mensaje de salvación con otros; sin


embargo, tratando de imitar la forma en que otros lo hacen, su testimonio no
parece auténtico. No fue este el caso de la mujer samaritana. Después de tener
la tremenda experiencia de conocer a Jesús el Mesías, busca a los de su propio
pueblo y les dice lo que le ha pasado.
Es interesante que ella salió, según relata el Evangelio, cuando llegaron los
discípulos con la comida. Juan nos cuenta que se sorprendieron al ver a Jesús
hablando con la mujer, pero no se atrevieron a preguntarle por qué lo hacía, ni
de qué hablaban.
La mujer sale corriendo al pueblo, y sin esperar más dice: “Venid, ved a un
hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo?” Juan
aclara que “muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la
palabra de la mujer, que daba testimonio…”, un testimonio verídico, auténtico,
fresco, asombroso, un testimonio que fue escuchado y aceptado. Ellos ruegan a
Cristo que se quede y más tarde afirman la labor evangelística de la mujer:
“Ya no solamente creemos por tu dicho, porque nosotros mismos
hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del
mundo, el Cristo.”
…Y todo empezó con el testimonio auténtico de la mujer recién convertida.
No hay testimonio del evangelio más creíble que el de la persona que lo ha
experimentado. Por eso, tú evita dar testimonios de segunda o tercera mano.
No tengas miedo; sal a decir con toda seguridad, como la mujer samaritana:
“Venid, ved a un hombre que ha cambiado mi vida. Conoce a mi Salvador,
Jesucristo.”
Julio 6 — El Proceso De Una Relación
Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy…Ya
no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor;
pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre,
os ¡as he dado a conocer, — Juan. 13:13; 15:15

Conocer a Jesús es un proceso. Uno no puede conocerle en verdad sin


continuar en su presencia y encontrar nuevo significado en esta relación.
Miremos este proceso en la mujer samaritana. Cuando Jesús la sorprende
pidiéndole agua, le llama “un judío”; con estas palabras polariza la relación
“porque los judíos y samaritanos no se tratan entre sí”. Así hubiera podido
terminar esta relación; pero Jesús, quien había tomado la iniciativa, sigue
hablando con ella, guiándola a una búsqueda del agua viva.
El segundo nivel de esta relación se da cuando Jesús le comenta sobre su
situación presente y pasada tan desviada y triste. En lugar de negarlo, esta
mujer, que ya tiene un deseo de conocer y tener esta agua viva, dice una
verdad profunda: “Señor, me parece que tú eres profeta.” La conversación
progresa hasta llegar a la maravillosa declaración de Jesús que le revela que él
es el Mesías.
¿Qué siente la mujer? Su reacción nos habla de su gozo y de la urgencia de
compartirlo con otros: sale corriendo a su pueblo para testificar a la gente.
Había progresado en su relación con él; ya no era solamente un judío, un
profeta; verdaderamente era para ella el Mesías, el Salvador del mundo.
¿Cómo ha sido el proceso de tu relación con Cristo? ¿Se ha profundizado, o se
ha estancado? ¿Le conoces mejor y con más profundidad y amplitud que
cuando primeramente le conociste? ¿Quién es Jesucristo para ti hoy?
Julio 7 — La Mujer Samaritana Una Persona De Valor
Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber;
tú le pedirías, y él te daría agua viva….Y muchos de los samaritanos…
creyeron en él por la palabra de la mujer…, — Juan. 4:10, 39

Jesús siempre afirma el valor de las personas con las cuales entra en relación.
La conversación entre esta mujer y Jesús demuestra que él veía en ella un ser
hecho a la imagen de Dios, una persona con gran promesa. Había que
proseguir en el trato con ella quitando capa tras capa de su resistencia, de su
pecado, de su necesidad.
Al sentir esta afirmación de parte de Jesús, ella fue adquiriendo otro concepto
de sí misma. Ya no era la mujer de vida fácil, la mujer de la calle, la mujer
burlada por unos y marginada por otros; era una mujer cambiada, ya podría ir a
la gente y decir con claridad lo que le había pasado allí al lado del pozo de
Jacob. La autoestima que Cristo le había infundido le daba nueva confianza,
con un resultado maravilloso: “muchos de los samaritanos de aquella ciudad
creyeron en él por la palabra de la mujer”.
Hay quienes piensan que la gente estaba demostrando desprecio por ella al
decirle, después de los dos días de presencia de Jesús en su pueblo: “Ya no
creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y
sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.” ¿No
sería más bien que estaba siendo reconocida como colaboradora de Cristo, una
que compartía su testimonio tan efectivamente que muchos habían creído?
Al tener un encuentro con él como nuestro Salvador, somos afirmadas como
personas nuevas, personas de valor. Actuemos, entonces, de forma que atraiga
a la gente y que dé credibilidad a nuestro testimonio.
Julio 8 — Nueva Visión De Sí Misma: De Valor
¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?…
¿No valéis vosotros mucho más que ellas?, — Mat. 6:25, 26

¿Cuánto vales? En verdad el valor de una persona es inestimable; no se lo


puede calcular.
Hace años vi una lista de los componentes químicos del cuerpo humano con un
aproximado valor de estos elementos, y la suma total era asombrosamente
pequeña. Pero el ser humano es mucho más que una suma de componentes
químicos; es un ser hecho a la imagen y semejanza de Dios, con todas las
posibilidades que esto le ofrece. Puede pensar, puede adorar, puede tomar
decisiones, puede ayudar a otros, puede crecer en su relación con su Hacedor.
Pero tu valor como creyente es aun más grande porque, además de ser una
persona hecha a la imagen y semejanza de Dios, eres una persona por la cual
Jesús dio su vida. ¡Cuánto vales!
Cuando Cristo afirma el valor de sus seguidores en este pasaje, está
procurando ayudarles a eliminar su ansiedad. “¿No es la vida más que el
alimento, y el cuerpo más que el vestido?” Muchas de estas son cosas
necesarias para la vida; Cristo afirma que “vuestro Padre celestial sabe que
tenéis necesidad de todas estas cosas”, pero a la vez nos asegura que nuestro
valor es mucho más que ellas. Al reconocerlo, podemos llegar a estimarnos,
gozarnos de nuestro valor como personas y vivir positivamente como
miembros de su reino.
¿Has considerado tu propio valor ante Cristo? ¿Has pensado lo que vales para
su iglesia? ¿Para su obra aquí en la tierra? ¿Para tu familia? ¿Para ti misma?
Afirma tu valor en cada caso. Sé honesta y realista, y entonces decide cómo
puedes vivir en forma más congruente con el verdadero valor que tienes como
hija de Dios.
Julio 9 — Nueva Visión De Sí Misma: Nuevas Posibilidades
Os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición;
escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; amando a
Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él…,
— Deut. 30:19, 20

Ser una persona nueva en Cristo es tener una nueva visión de las posibilidades
que se le presentan. Cuántas veces se puede pensar que todas las posibilidades
están cerrándose, que no hay esperanza; pero esto no es la verdad para la
persona que es poseedora de la esperanza que Dios ha puesto en ella.
El pueblo de Israel se encuentra frente a la tierra prometida, y Moisés hace un
resumen de su peregrinación en el desierto, desde su salida de Egipto. Finaliza
su discurso presentando al pueblo las dos posibilidades tan opuestas que podría
escoger al entrar en esta largamente anhelada tierra: vida o muerte, obediencia
o desobediencia. El les implora que escojan la vida, el camino con Dios.
¿Cuáles serían las consecuencias para el pueblo si escogía la vida, la
obediencia? Moisés les dice: “a fin de que habites sobre la tierra que juró
Jehová a tus padres…que les había de dar”. Pero hay ciertas características
básicas de esta vida: amar a Jehová, obedecerle, y seguirle a él. Cumplir con
esto asegura estas bendiciones.
La actitud de la persona frente a una decisión influye mucho en cuanto al
camino que va a tomar. Una de las ayudas más efectivas es la habilidad de
buscar la orientación de Dios. El quiere orientarnos; lo promete:
“Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti
fijaré mis ojos” (Sal. 32: 8).
Al buscar la orientación de Dios, tú tienes esa capacidad de ver las
posibilidades que hay frente a ti. Ejerce esa capacidad hoy; realza la nueva
visión que tienes de ti misma.
Julio 10 — Nueva Visión De Sí Misma: Mis Relaciones
Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os
he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos
que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros,
— Juan. 13:34, 35

Cuando una persona tiene una nueva visión y una autoestima sana, entonces
está lista para crear nuevas relaciones con otras personas. Jesús daba mucha
importancia a las relaciones interpersonales. Le vemos continuamente en
situaciones en las cuales demostraba su amor y aceptación para los demás; les
atendía, les ayudaba, les guiaba a relacionarse entre sí.
Jesús dijo a sus discípulos: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis
unos a otros; como yo os he amado…”, y agrega: “En esto conocerán todos
que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.” Ser seguidor
de Cristo demanda una relación de aceptación y amor a los demás.
¿Cómo podemos, entonces, demostrar este amor, para así también demostrar
que somos sus seguidores? Para amar a los demás hay que estar dispuestos a
darse el uno al otro, sin reservas; amando como Cristo amó. Tener una nueva
visión de sí misma le permite a la persona ser abierta y honesta con los demás.
Su amor debe ser tolerante y perdonador como el amor de Jesús. Este amor,
como dice Pablo “no busca lo suyo”. Es, además, incondicional.
Cuanto más firme y sana es la autoestima de una persona, más real es su andar
con Cristo como su discípulo y más se asemejará a él en su relación con los
demás.
Esta clase de relación se crea, se construye; es labor que requiere tiempo,
esfuerzo y compromiso. La presencia y poder de Cristo, el seguir su ejemplo y
sus enseñanzas y una autoestima sana, son esenciales para lograrlo.
Julio 11 — Nueva Visión De Si Misma: Una Observadora Cuidadosa
Y se manifestará la gloría de Jehová, y toda carne juntamente la verá,
porque la boca de Jehová ha hablado, — Isa. 40: 5

¿Cómo aprendes tú? ¿Leyendo? ¿Estudiando? ¿Repitiendo? ¿Actuando?


Seguramente en estas y en muchas otras formas. Una de las más importantes es
la observación, especialmente cuando se hace cuidadosamente.
El pueblo hebreo aprendía en estas formas también. Esta era una de las
fortalezas del pueblo hebreo, reconocer la forma en que Dios actuaba en la
creación, en los grandes actos de salvación y provisión, y en su provisión y
guía personal.
No solamente debemos observar la creación; debemos también observarnos a
nosotras mismas como personas. Con el salmista debemos maravillarnos de
nuestro cuerpo, de nuestra mente, de nuestras capacidades (Sal. 8: 5). Muchas
personas tienen una autoestima negativa, y esta influye en cada faceta de su
vida. No observan cómo han sido creadas a la imagen y semejanza de Dios,
capacitadas para servirle a él y cumplir su voluntad.
Por otra parte, debemos observar cuidadosamente dónde está actuando Dios.
Muchas veces perdemos la oportunidad de colaborar con él porque no estamos
atentas a sus actos.
¿Quieres llegar a ser una observadora cuidadosa? Pruébalo… y verás cómo
cambia tu vida. Empieza hoy observando cuidadosamente algo en la creación,
algo en tu propia vida y actuación, algo en la actuación específica y especial de
Dios. ¡Y luego, da gracias a Dios por este nuevo aprendizaje!
Julio 12 — Nueva Visión De Sí Misma: Prioridades En Orden
Pero Jesús les dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie
el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado,
— Luc. 4:43 (lea Luc. 4:38-44)

¡Cuán difícil es manejar el tiempo! Las horas del día se llenan antes de
darnos cuenta y todavía quedan muchas cosas que hacer. Es muy interesante
ver cómo Jesús lo hacía. Cuando consideramos las demandas hechas a su
tiempo, su poder, su atención personal, nos damos cuenta de que él comprende
nuestro dilema, y nos da un ejemplo factible para nuestra situación actual.
Jesús sabía poner en orden prioritario los distintos elementos de su vida diaria
para cumplir en la mejor forma su misión. En este pasaje trabajaba aún de
noche, pero cuando era de día salió a un lugar desierto, seguramente para orar
y descansar. Pero la gente le buscaba y quería detenerle para que se quedara
con ellos. Cristo sabía, sin embargo, que esto no era lo que debía hacer, porque
tenía que llevar su mensaje a otras aldeas. Su prioridad era ampliar su
ministerio. El estaba muy consciente de su misión, y a la vez de sus temporales
limitaciones físicas y emocionales.
Uno de los problemas endémicos de las mujeres son las grandes demandas de
su atención, su tiempo, el manejo de su tiempo. Como Cristo y todas las demás
personas, tenemos sólo 24 horas al día. Pero hay que recordar que somos
mujeres cambiadas, mujeres con una autoestima sana que nos ayuda a tomar
decisiones difíciles.
Aprendamos de Cristo, de su forma de mirar su mundo con ojos de compasión,
pero de no entregarse solamente a las demandas del momento.
Decide tres prioridades para hoy, y cómo ajustarlas en tu horario. Al terminar
el día da gracias a Dios por la fortaleza que te ha dado para establecer bien tus
prioridades.
Julio 13 — Nueva Visión De Sí Misma: Un Compromiso Nuevo
Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído…Y todos
los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar
a Jesucristo, — Hech. 4:20; 5:42

Jesús habla repetidamente en los Evangelios de que él es el enviado de Dios,


y que tiene que cumplir su cometido. Le vemos con singular entrega a su
misión. Consciente de lo que significaba para él ser leal a ésta, todavía “afirmó
su rostro para ir a Jerusalén” (Luc. 9:51 b) sabiendo que allí iban a matarle.
Jesús no solamente era conocedor de su misión, también se comprometió por
completo a hacer la voluntad de su Padre que le había enviado. Después de su
resurrección aparece a sus discípulos y les dice: “Como me envió el Padre, así
también yo os envío” (Juan. 20:21 b) y más tarde agrega: “…reciberéis poder,
y me seréis testigos” (Hech. 1: 8). A ellos también les dio un cometido.
¿Cuál era entonces su misión? ¿Cuál es la nuestra? Tanto como el de aquellos,
nuestro compromiso es ser testigos de su amor, testigos de su salvación,
cumpliendo el cometido que nos ha dado, siendo enviados como él fue
enviado.
Al ser una persona que tiene una nueva visión de sí misma y una autoestima
más sana, ya estás lista para hacer un compromiso serio. Pide a Dios que te
indique claramente cuál va a ser su cometido; al saberlo, manténte abierta a su
dirección y a las posibilidades diarias para realizarlo.
Pedro y Juan, dos hombres tremendamente cambiados por el poder del
evangelio, al ser amenazados por los sumos sacerdotes, contestaron
firmemente de la imposibilidad de negar su compromiso. Habían sido enviados
por su Maestro; no podrían hacer otra cosa.
Y ¿qué de ti, mujer cambiada por Jesús y su poder? ¿Cuál es tu compromiso?
Julio 14 — Nueva Visión De Sí Misma: Mi Carácter Cambiado
Os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis
llamados, — Ef. 4: 1, (lea Ef. 4: 1-3)

La mujer que en verdad tiene a Cristo como su Señor es una mujer cambiada
íntegramente. Esta relación orienta toda su vida. Su carácter, su personalidad,
su forma de ser.
Pablo, escribiendo a los efesios, y a nosotras, nos llama a vivir como es digno
de nuestro llamado, el llamado a ser creyente, seguidor, discípulo de Cristo.
No hay un llamamiento más comprometedor que éste. Pablo indica que esta
manera de andar debe ser orientada por humildad, mansedumbre, paciencia y
solicitud para guardar la unidad y la paz. Nótese que cada una es una
característica que solamente tiene sentido en relación con otras personas.
¿Se puede cambiar el carácter en un acto, en una toma de decisión nueva? Sin
duda alguna el hecho de aceptar a Cristo como nuestro Salvador y Señor es la
base indispensable de este cambio tan esencial. Es sobre esta base que uno va
construyendo su carácter cristiano.
¿Cómo puedes incorporar en tu vida las características de la vida de Cristo?
Hay dos pasos esenciales:
1. Conocer más y más a Jesús, sus enseñanzas y la manera en que vivía,
la manera en que él se relacionaba con su Padre y con la gente.
2. Incorporar estas enseñanzas y el ejemplo de Cristo en la vida diaria.
Para hacer esto hay que leer los Evangelios vez tras vez, estudiarlos,
reflexionar sobre su mensaje, y entonces frente a él, en oración, tomar
una decisión seria de cómo puedes incorporar estas cualidades en tu
vida.
No se puede cambiar el carácter de la noche a la mañana, pero sí se puede
cambiar. Aun el viaje más largo empieza con el primer paso.
La vida cristiana es como un viaje, pero es un viaje compartido con Cristo,
orientado por sus enseñanzas. Empiézalo hoy, con él como tu co-peregrino, tu
ejemplo y tu Señor.
Julio 15 — El Diseño De Cristo: Una Persona En Proceso
Vienen a Jesús, y ven al que había sido atormentado… sentado, vestido
y en su juicio cabal…Y se fue, y comenzó a publicar en Decápolis cuán
grandes cosas había hecho Jesús con él; y todos se maravillaban, —
Mar. 5:15, 20

Te acuerdas de cuando eras niña y soñabas: “Cuando sea grande, yo seré…yo


haré…”? Ahora que lo somos, nos damos cuenta de que no hemos logrado
todos estos sueños; que todavía estamos en proceso. Gracias a Dios por esto;
todavía podemos mejorar, todavía podemos ser transformadas por el poder y la
gracia de Jesús.
El gadareno era una persona aislada, atormentada, temida por su pueblo. Sin
embargo, con el trato de Cristo vemos una transformación más allá de lo que
se podría esperar: “sentado, vestido y en su juicio cabal”. Este hombre que
antes gritaba, tiraba piedras, se hería, ahora habla con Cristo, quiere aprender
de él, quiere acompañarle y participar en su misión. Es interesante que Cristo
le envía a su propio pueblo para “contar cuán grandes cosas Dios ha hecho
contigo”.
Muchos creen que en Decápolis se formaron grupos de creyentes como
resultado del testimonio de este hombre. Un hombre que no podría dejar de
decir cuán grandes cosas había hecho en su vida.
Conocí a un hombre en España que era fiel seguidor del Señor, a quien, con
burla, le preguntaban: “¿Crees tú en el Jesús que cambió el agua en vino?” Su
respuesta era: “Yo no sé si cambió agua en vino, pero sé que en mi caso Jesús
ha cambiado vino en zapatos para mis hijos, y en comida para mi familia.”
Al observar tu vida, ¿se maravilla la gente del cambio que el Señor ha
producido en ella?
Julio 16 — Transformando Su Autoimagen
Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un
espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en
la misma imagen, como por el Espíritu del Señor, — 2 Cor. 3:18

Según el psicólogo Cari Rogers, la persona está en el proceso de proteger,


mantener, y realzar su autoimagen durante toda su vida. La autoimagen refleja
cómo nos vemos, cómo nos comprendemos como personas. Sin embargo, a
veces esta autoimagen no concuerda con los datos reales. Podemos tener una
autoimagen demasiado baja, o demasiada alta; los dos son conceptos malsanos
que necesitan ser cambiados.
Al ser llamado por Dios, Moisés, tal vez motivado por el miedo, demuestra un
autoconcepto bajo. “¿Quién soy yo para hacer esto?”, protesta, y da toda una
serie de excusas. Sin embargo, Dios continúa hablándole y asegurándole de su
presencia y ayuda. Más tarde vemos a un Moisés con una nueva autoimagen
positiva.
Cada creyente debe tener una autoimagen sana. ¿Cómo puede lograrlo? Como
Moisés experimentó el estímulo de Dios en un momento cuando se sentía tan
limitado, tan imposibilitado, también nosotros podemos recibir este estímulo y
refuerzo para proteger, mantener, y realzar nuestro autoconcepto. Pablo
escribe:
“…somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen (del
Señor), como por el Espíritu del Señor” (2 Cor. 3:18).
Tener una autoimagen transformada es tener una autoimagen controlada por su
Espíritu; es ser otra persona. Solamente logramos esto por la gracia de Dios y
nuestra vida de obediencia y entrega a él.
Dios quiere fortalecernos, quiere ayudarnos a transformar nuestra autoimagen.
Escuchemos hoy su voz que nos dice: “Eres mi hija, te amo, y te ayudaré; anda
conmigo en obediencia, en servicio y amor.”
Julio 17 — Si Alguno Tiene Falta De Sabiduría
Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual
da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada, — Stg. 1: 5
(leer también Stg. 3:13-18)

Vivimos en tiempos de la explosión del conocimiento; jamás se ha acumulado


y producido tanto conocimiento. Muchas personas se confunden en cuanto a la
diferencia entre el conocimiento y la sabiduría.
La sabiduría difiere fundamentalmente de lo que es el conocimiento, esta
adquisición de información y la forma de utilizarla en el desarrollo de nuestras
vidas en la sociedad. La Biblia da enseñanzas muy precisas y acertadas en
cuanto a la sabiduría. Dios es su fuente, y la verdadera sabiduría capacita a sus
seguidores para tomar decisiones acertadas frente a dilemas o situaciones de la
vida diaria, y de interpretar estas a la luz de los valores de Dios y sus
enseñanzas.
En interesante ver la perspectiva de dos de los escritores del Nuevo
Testamento en cuanto a la sabiduría. Pablo, escribiendo a los efesios, ora para
que Dios les dé sabiduría (Ef. 1:17, 18). A la vez Santiago enfatiza que uno
muestra la sabiduría por medio de su buena conducta, por sus obras sabias
orientadas, por su relación con Dios como su Maestro y Señor (Stg. 3:13), y
sigue con una lista de cualidades que ayudan a formar y mantener buenas
relaciones con los demás (Stg. 3:17). Estas dos dimensiones nos dan la
orientación correcta: la verdadera sabiduría viene de Dios. La sabiduría se
manifiesta en relaciones y acciones controladas por él y a favor de la paz.
¿Te falta sabiduría, la sabiduría que viene de Dios? Pídela a él, que da
abundantemente. Pídesela a él ahora, tomando la determinación de mostrarte
sabia en tus relaciones y acciones.
Julio 18 — Avanzando Hacia La Madurez
Para que ya no seamos niños fluctúan fes…sino que siguiendo la
verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es,
Cristo…, — Ef. 4:14, 15

Cuántas veces se equipara a la madurez con la edad; sin embargo, la madurez


es muchísimo más que la edad cronológica. La madurez se ve en la vida diaria
de personas de cualquiera edad. Son personas que demuestran responsabilidad,
independencia, generosidad, integridad, adaptabilidad, cooperación con otros.
La persona madura demuestra destreza para manejar los eventos de su vida,
sean positivos o negativos. Procura desarrollar el gozo y contentamiento para
sí misma y los demás. Quiere compartir su vida con otros, para que también
ellos desarrollen su madurez.
Un signo de la madurez es la habilidad de ser benignos y comprensivos frente
al error, tanto de uno como de los demás. La madurez se ve en la capacidad de
enfrentar las adversidades. Nos ayuda a aceptarnos y aceptar a los demás, a
mantener el equilibrio frente al éxito o el fracaso; nos capacita para empezar de
nuevo.
Bernabé, el hijo de consolación es un excelente ejemplo bíblico de una persona
madura, que daba a otros la oportunidad de llegar a ser personas maduras
también. Ayuda a Saulo de Tarso, dándole la oportunidad de ser escuchado por
los líderes de la iglesia en Jerusalén, y más tarde es su colaborador en sus
actividades evangelísticas y misioneras. Vemos esta misma característica
cuando toma a Juan Marcos, un joven rechazado por Pablo a causa de su
inmadurez, y sale con él al campo misionero, ayudándole en su desarrollo
hacia la madurez. La efectividad de la madurez de Bernabé se ve en estas dos
vidas cambiadas por el trato sabio y compasivo de este buen hombre.
Como creyentes tenemos el desafío de vivir y actuar como personas maduras.
Tomemos el ejemplo de Bernabé; avancemos hacia la madurez y a las acciones
que la comprueben.
Julio 19 — Haya Pues En Vosotros… Humildad
Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y
humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas,
— Mat. 11:29 (leer también Fil. 2: 3-11)

Con frecuencia nos referimos a los pobres como humildes; sin embargo, esta
es una definición incorrecta. La humildad es más que la condición económica,
es una actitud hacia Dios, hacia sí misma, y hacia los demás.
La Biblia enseña claramente que la humildad es una de las características
básicas para el creyente. Sin embargo, probablemente a ninguna de nosotras
nos gusta la idea de ser llamadas humildes, pero escuchemos la voz de Cristo
en cuanto a esto.
¿Cómo podemos aprender de él a ser humildes? Veamos cómo Jesús se
identificaba con las personas pobres y necesitadas, trabajababa como
carpintero, andaba a lo largo del país con sus discípulos para servir a los
necesitados, sentía compasión por las personas que venían en búsqueda de su
ayuda, tomaba tiempo para los niños a pesar de las presiones de sus discípulos,
se mostraba comprensivo e interesado en la gente, cualesquiera que fuera su
condición.
Pablo llama a los seguidores de Cristo a la humildad, a estimar a los demás
como superiores a sí mismos, no insistiendo en sus derechos sino en los de los
demás. Llama a tomar el ejemplo de Cristo y a tener “este sentir que hubo en
Cristo Jesús” (Fil. 2: 3-7). La humildad es una actitud que tiene que ser
aprendida de Cristo.
La humildad no es fácil. Solamente es posible cuando tenemos una relación
correcta con Jesucristo. Sin esta relación somos expuestos a la competencia y
ambición a veces inhumana en nuestras familias, nuestro trabajo y la sociedad
en general.
¿Cuál será tu respuesta frente al llamado de Jesús de aprender de él a ser
manso y humilde?
Julio 20 — Fingiendo Humildad
No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad,
— 3 Jn. 1: 4 (leer también 1 Jn. 3:18, 19)

Hemos visto que la humildad es una característica que todo creyente debe
tener, pero en ocasiones se ve una falsa humildad que es muy maligna para la
persona y para todos los demás a los cuales toca.
Una de las experiencias tristes de la iglesia primitiva era la de Ananías y
Safira, un matrimonio que quería fingir lo que no era, seguramente para recibir
elogios del grupo. Querían ser aplaudidos por su generosidad, una generosidad
fingida, mentirosa. El fin de este matrimonio demuestra en forma muy
impactante el sentido de culpabilidad que tenían al ser confrontados con el
significado de su acto. (Véase Hech. 5: 1-11.)
En los tiempos de Isaías, Dios acusó al pueblo que practicaba la religión según
la ley, con holocaustos, con oración, con fiestas y sacrificios, pero su corazón
estaba lejos de estas experiencias. Eran mentirosos, insinceros, y Dios les
enfatizó que esto era iniquidad.
Todavía hay quienes fingen ser una cosa que no son; fingen la humildad para
salir con provecho propio, pero sus actitudes están muy lejos de la verdadera
humildad. La verdadera humildad que produce relaciones sanas sale de un
corazón abierto y sincero. Es característica de la mujer con autoestima.
La humildad y la integridad son cualidades apreciadas y aprobadas por Dios,
pero no son impuestas por él. Cada persona tiene que decidir cómo va a ser,
pero Dios nos llama a ser humildes, sinceros, sin fingimiento. Todavía dice:
“Venid…y estemos a cuenta; si vuestros pecados fueren como la grana,
…serán emblanquecidos” (Isa. 1:18).
Responde hoy a su invitación.
Julio 21 — Dominio Propio
Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea de
su espíritu, que el que toma una ciudad, — Prov. 16:32

Una de las señales de una persona cambiada por Cristo es su autocontrol. La


persona que va creciendo en su relación con él va a abandonar actitudes y
acciones que son básicamente inmaduras: el enojo, el odio, la violencia, pero
también la envidia, los celos, la mentira, entre otros.
El autocontrol es una habilidad que se deriva del autoconcepto o la autoestima,
y demuestra la importancia de esta actitud básica del valor personal. Esto es
muy diferente al egoísmo. No se trata de una persona arrogantemente segura
de sí misma y de sus propias fuerzas y habilidades. El autocontrol demanda
seguridad, pero templada con humildad.
¿Cómo se desarrolla esta clase de autocontrol? Para el creyente, la clave es
procurar seguir las enseñanzas de Cristo cada día. Al hacerle su Señor y
Maestro, entregarle toda su personalidad bajo su enseñanza y formación. Su
palabra orienta en los diferentes aspectos de la vida que necesitan ser
dominados, pulidos, controlados. El autocontrol es un aprendizaje eficaz, un
poner en acción las enseñanzas del Maestro.
Pablo describe y amplía esta vida cambiada por Cristo con verbos de acción y
de control: despojarse, renovarse, vestirse, desechar, quitar, ser. (Véase
Ef. 4:22-32.) El autocontrol depende de una acción firme de la persona, una
acción orientada por el señorío de Cristo.
Tú sabes cuáles son las áreas débiles en tu autocontrol. Busca la orientación en
la Biblia para estas áreas y pide a Dios que te ayude a seguirla. Empieza a
ejercer el control, utilizando la enseñanza y el poder de Cristo. El quiere
ayudarte.
Julio 22 — A Mi Me Parece
Caleb dijo: Subamos luego…porque más podremos nosotros que ellos.
Mas los varones que subieron con él, dijeron: …éramos nosotros, a
nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos, —
Núm. 13:30-33

¿Has notado cómo dos personas que ven un mismo evento lo perciben de
formas totalmente distintas? La percepción es un proceso muy particular e
influye no solamente en cómo vemos las cosas, sino en cómo respondemos a
ellas.
El pueblo de Israel estaba frente a la Tierra Prometida; tenía que reconocerla
para poder hacer su estrategia para la conquista. Doce príncipes de las tribus
eran escogidos para esta labor. Al regresar, todos estaban de acuerdo en que
era una tierra maravillosa, con abundancia de productos naturales, pero diez
volvieron con una percepción de su incapacidad frente a un pueblo tan fuerte.
La percepción que tenemos de nosotros mismos influye en la manera como
otros nos perciben. Los diez espías estaban convencidos de esto. Su miedo les
imposibilitaba para cumplir el plan de Dios para su pueblo. Al contrario, Caleb
percibió la situación en forma distinta: “Subamos luego, y tomemos posesión
de ella; porque más podremos nosotros que ellos” (Núm. 13:31).
¿Cual era la diferencia entre Caleb y Josué y los demás príncipes/espías? Los
primeros creyeron a Dios y sus promesas. Su fe en la promesa de Dios les
permitió decir: “más podremos que ellos”. Si queremos servir a Dios hace falta
que percibamos correctamente.
Nos hace falta un nuevo punto de partida para interpretar nuestro mundo y las
situaciones que se nos presentan. Para ello hay que conocer la Palabra de Dios
y pedir su dirección para nuestra percepción. Entonces en lugar de
subestimarnos podremos decir confiadamente como Caleb: “más podremos
que ellos”.
Julio 23 — De La Dependencia A La Interdependencia
Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed…
maduros en el modo de pensar, — 1 Cor. 14:20

Una forma de describir el proceso de la vida hacia la madurez es por medio de


las relaciones de dependencia. El niño es totalmente dependiente de sus padres.
El adolescente busca su independencia de los padres como signo de su
desarrollo alcanzado; pero el adulto que ha logrado la madurez sabe que, para
una vida feliz, hay que ser interdependientes el uno del otro. No hay otro
camino a una vida madura, equilibrada y sana.
Pablo hace referencia en varias de sus cartas a este proceso de maduración y
sus manifestaciones en la vida del creyente. La dependencia del creyente tiene
que ser en primer lugar de Cristo mismo y su poder que obra en nosotros.
Entonces hay que desarrollar hacia los demás actitudes sanas de relación, de
interdependencia.
La figura del cuerpo de Cristo enfatiza este concepto, y Pablo afirma estas
relaciones de interdependencia en su carta a los Efesios. (Lea Ef. 4:11-16.)
Esta relación de interdependencia hace posible un crecimiento “para ir
edificándose en amor”.
Este concepto tiene una aplicación muy estrecha para la vida familiar. A
menudo se ve a mujeres que son totalmente dependientes de sus maridos.
Dependen de ellos para su sostén, para la iniciativa en cualquiera actividad,
para hacer planes para el futuro. No hay una interdependencia del uno al otro,
sino una sobredependencia del hombre que es malsana para los dos, y para
toda la familia. Son mujeres que son incapaces de enfrentar los problemas de la
vida porque no han crecido debidamente. La vida adulta demanda mujeres con
madurez de pensamiento y de acción.
Empieza hoy a desarrollar la interdependencia con tu familia. Verás los
resultados positivos en el aumento de tu autoestima, del amor mutuo, y de la
capacidad de gozar de tu vida.
Julio 24 — “Mucho Más Abundantemente…”
Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más
abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que
actúa en nosotros…, — Ef. 3:20

La Biblia habla de la vida cristiana usando frases llenas de superlativos:


somos “más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Rom. 8:37); “y
poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de
que…abundéis para toda buena obra” (2 Cor. 9: 8). Jesús ya había dicho que él
había venido para que sus seguidores tuvieran vida, “y para que la tengan en
abundancia” (Juan. 10:10).
¿Cómo es este poder que obra en forma mucho más abundante en nosotros?
Pablo en esta carta a los efesios ora por ellos para que “sepáis cuál es la
esperanza a que él os ha llamado…y cuál la supereminente grandeza de su
poder para con nosotros los que creemos” (Ef. 1:18, 19), y sigue afirmando que
este es el mismo poder que operó en Cristo Jesús, resucitándole de los muertos.
¡Este mismo poder es el poder que obra hoy en nosotros; pero cuán escasos
somos de este poder y de fe!
¿Hay una posibilidad de cambiar esta situación? Cristo mismo nos da una
clave: hay que negarse, tomar su cruz cada día, y seguirle a él (Luc. 9:23).
Pero, ¿es posible tener una autoestima sana y a la vez negarse a sí misma?
Pablo dice que sí:
“Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades,
para que repose sobre mí el poder de Cristo…porque cuando soy débil,
entonces soy fuerte” (2 Cor. 12: 9, 10).
Así cuando miramos esta hermosa doxología de Pablo, podemos entender
mejor el poder que actúa en nosotros. Con ese poder la vida es mucho más
abundante de lo que pedimos o entendemos.
Julio 25 — La Verdadera Belleza
Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que tema a Jehová,
ésa será alabada, — Prov. 31:30

En nuestros tiempos, como en los de antaño, se pone gran énfasis en la


hermosura física. Estamos rodeados por toda clase de negocios para producir
“milagros”: maquillaje, vestidos, joyas, regímenes para perder o ganar peso,
ejercicios, cirugía plástica, entre otros. Pero muchas mujeres jamás se sienten
hermosas a pesar de sus grandes esfuerzos, y hasta sacrificios, para lograr la
belleza.
Un cirujano plástico dice que muchas personas, después de corregir algún
aspecto feo de su cara o de su cuerpo que les había producido un autoconcepto
negativo, siguen con su mismo concepto a pesar del cambio físico que han
logrado.
La Biblia habla de la hermosura de las mujeres como un valor apreciado, pero
reconoce a la vez que la hermosura es engañosa y vana en muchos casos. La
hermosura o la búsqueda de ella puede guiar a la persona a consecuencias
funestas: celos, disgustos, desesperación, rivalidades, hipocresía.
Para la Biblia la clave para entender la verdadera belleza es la relación que uno
tiene con Dios. Pedro enfatiza que los adornos y arreglos externos no son la
verdadera base de la hermosura, sino lo interno que demuestra “un espíritu
afable y apacible” (1 Ped. 3: 3, 4).
¿Te crees fea? Tal vez es porque tienes una autoestima malsana, que no ha
permitido obrar a la presencia transformadora de Cristo. El quiere afirmar su
amor y su aceptación en tu vida; quiere ayudarte a reflejar en tu rostro y tus
acciones la verdadera hermosura. Déjale obrar; verás el cambio. ¡Te verás
hermosa!
Julio 26 — El Tesoro Escondido
A fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo, en quien
están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento,
— Col. 2: 2, 3 (leer también 1-7)

El tesoro escondido siempre ha tenido un atractivo especial, desde el tiempo


de los aventureros piratas hasta nuestros días, cuando con técnicas muy
sofisticadas se recuperan el oro y las joyas de barcos que se habían hundido
hace años. Leemos con sumo interés de la persona que compra un cuadro y
más tarde se da cuenta de que es un “tesoro”, porque es una pintura auténtica
de un maestro. Tesoro, ¡qué palabra más llamativa!
Cristo compara el reino de Dios con un tesoro de gran valor encontrado por
una persona. Hay alegría, satisfacción, y una determinación de obtenerlo, aun a
un costo “de todo lo que tenía” (Mat. 13:44-46, 51-52).
Pablo capta la idea básica de lo que es este tesoro. ¡El tesoro es Cristo, el
“misterio” de Dios, el misterio compartido con nosotros para nuestra
salvación! Pablo ora por todas las personas para que puedan alcanzar el pleno
entendimiento de Cristo, “en quien están escondidos todos los tesoros de
sabiduría y del conocimiento”.
¿Cómo se comporta la persona que tiene un tesoro? ¡Su vida entera cambia!
De igual manera, la persona que encuentra el tesoro de Dios en Cristo, tiene
que usarlo como base de su conducta. Tiene que andar, vivir, de tal forma que
muestra lo que tiene, no para gloria suya, sino porque es el objeto por el cual
se ha “vendido todo lo que tenía”. Ha cambiado el centro, el propósito de su
vida.
¿Cómo ha cambiado tu vida ahora que posees el tesoro de Dios? ¿Concuerda
tu vida con las enseñanzas de tu Señor? Toma la decisión ahora de amar y
apreciar intensamente este tesoro y de vivir tu vida en formas que demuestran
que lo posees.
Julio 27 — Eramos En Otro Tiempo… Pero Ahora…
Eramos en otro tiempo…pero cuando se manifestó la bondad de Dios
nuestro Salvador…, nos salvó, no por obras dejusticia que nosotros
hubiéramos hecho, sino por su misericordia, — Tito. 3: 3-5

Como mujeres cambiadas por Cristo tenemos un pasado, un presente, y un


futuro. Pablo menciona cualidades de su pasado que quizá podrían aplicarse al
nuestro. Eramos “aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros”. ¡Qué
existencia! Cuando la persona es esclava del pecado sus acciones son
aborrecibles y necesita un cambio radical. Es claro que este cambio no puede
ser por obras, por buenas y justas que estas sean, sino por la misericordia de
Dios.
Es humano querer “comprar” la salvación con “ser buenos”, con dar dádivas a
los necesitados, con fingir actitudes piadosas, entre muchas otras acciones. Es
lógico procurar aplicar estas experiencias a nuestra relación con Dios. Pero, no
es así. La salvación es por la misericordia de Dios que obra en nuestras vidas.
¿Qué es la misericordia? Es el amor abundante y siempre eterno de Dios.
Antes de entrar en la tierra prometida Moisés anima al pueblo haciéndoles
recordar que, “Dios misericordioso es Jehová tu Dios; no te dejará, ni te
destruirá, ni se olvidará del pacto que les juró a tus padres” (Deut. 4:31). Más
tarde Isaías dice: “De las misericordias de Jehová haré memoria”, y relata las
muchas manifestaciones de su amor y cuidado para su pueblo (Isa. 63: 7-9).
Pablo afirma que “Dios, que es rico en misericordia…nos dio vida juntamente
con Cristo” (Ef. 2: 4, 5). La misericordia de Dios es un gran don que él da
gratuitamente, porque nos ama.
¿Cuál es la respuesta a un regalo tan grande? Cristo, después de hablar del
amor que debe ser señal de la vida del creyente, nos insta: “Sed, pues,
misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso” (Luc. 6:36).
Acéptalo como un reto para tu estilo de vida.
¡Sé misericordiosa!
Julio 28 — Me Ha Parecido Bien Escribírtelas Por Orden
Me ha parecido también a mí, después de haber investigado con
diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden…para
que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido
instruido, — Luc. 1: 3, 4

Lucas usaba la investigación para escribir “en orden la historia de las cosas
que entre nosotros han sido ciertísimas”, de la vida de Jesucristo y su misión.
Como resultado tenemos su maravilloso Evangelio juntamente con el libro de
los Hechos.
Lo más importante para compartir el mensaje del evangelio es sentirse en
verdad enviada por Cristo a hacerlo. ¿Cómo puedes empezar entonces?
Empieza con tu propia experiencia. Cuenta cómo eras antes de aceptar a
Cristo, tus actitudes, tu estilo de vida, cómo le aceptaste y la diferencia entre tu
vida anterior y tu nueva vida con Cristo. Este testimonio es tuyo, es real, pero
no olvides que debes hablar no solamente de tu nuevo nacimiento, sino
también de cómo has crecido en esta nueva vida. Acuérdate de que tu
propósito es que conozcan la verdad, y acepten a Jesucristo como Salvador.
Otra manera de compartir el evangelio es por medio de tus cartas u otras
formas escritas. Lucas da el ejemplo; hay que organizar los pensamientos, hay
que contar lo más esencial, hay que ser diligentes para hacerlo en la mejor
manera, y hay que escribir en una forma que interese al lector. ¿Tienes amigos
o familiares que no son creyentes? Puedes escribirles una carta en la que
compartas tu testimonio. ¿Sabes escribir poesías, o artículos, o historias?
Todas éstas también ofrecen una oportunidad para presentar el mensaje de
Dios.
¿Te parece bien ser una mujer que comparte el amor de Dios con otras que no
lo conocen? Toma el ejemplo de Lucas, comparte lo que es ciertísimo de tu fe.
Tal vez no lo has hecho nunca y por esto tienes miedo. Ten confianza en Jesús
y su promesa “he aquí yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del
mundo”.
Julio 29 — ¿Es Posible La Paciencia?
Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los
ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, — Heb. 12: 1, 2 (leer
también 1-3)

El Nuevo Testamento da mucho valor a la paciencia. La vida del creyente


tiene que ser una que demuestra la paciencia en sus relaciones y acciones.
El autor de los Hebreos, hablando del desarrollo de la vida, usa la figura de una
carrera, tal vez un maratón de toda la vida. Los espectadores a este maratón
son los grandes héroes de la fe y las multitudes de otras personas de todos los
siglos. Seguramente esta “tan grande nube de testigos” nos está animando,
anhelando que podamos correr con paciencia hacia la meta que es nuestro
Señor, el autor y el consumador de la fe.
Al pensar en la paciencia el ejemplo más sublime es el de Cristo, quién sufrió
aun la cruz y el oprobio por nosotros. Nótense las distintas figuras que usa de
Cristo: es autor de la fe, el que la consuma, el que la perfecciona, dando a
nuestra vida proposito. A estas figuras me gusta agregar que él es nuestro
compañero de viaje, el que corre a lado de nosotros, Emanuel, Dios con
nosotros.
Dios espera que seamos pacientes unos con otros (1 Tes. 5:14). Hay que
reconocer que esto no es fácil. Hay tantas demandas de nuestras familias, de
nuestro trabajo, de las condiciones sociales. Demanda una entrega a este ideal
enseñado y ejemplificado por Cristo; demanda un esfuerzo continuo para no
desanimarse. Pero también hay que ser pacientes con nosotras mismas
(2 Ped. 3: 9), tarea más difícil para algunas.
Las dos son parte esencial de tu maratón. Pero no lo corras sola, fracasarás.
Corre con Jesús, el autor y consumador de la fe. Aprenderás a “vivir” la
paciencia.
Julio 30 — Compromiso De Por Vida
Somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los
otros…Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a
honra, prefiriéndoos los unos a los otros, — Rom. 12: 5, 10
Aunque la Biblia no usa la palabra “comunidad”, el concepto es uno de los
más prevalentes que se encuentra en ella. La familia, el pueblo escogido, el
pueblo de Dios, son términos usados en el Antiguo Testamento, y la formación
de los doce, y más tarde el cuerpo de Cristo en el Nuevo Testamento. Cristo
enseñó que el signo mayor de este sentido de comunidad es el “amor los unos
con los otros”.
Este sentido de comunidad y de pertenencia lleva a sus miembros a nuevas
relaciones y responsabilidades interpersonales: hay que “preferirse” los unos a
los otros (Rom. 12:10), hay que “recibirse” unos a otros (Rom. 15: 7),
“servirse” unos a otros (Gál. 5:13), “someterse” unos a otros (Ef. 5:21),
“soportarse” los unos a los otros (Ef. 4: 2), y “sobrellevad” los unos las cargas
de los otros (Gál. 6: 2).
Comprometerse como cristiano requiere el compromiso con Cristo como tu
Salvador, el compromiso con su cuerpo, la iglesia a la cual perteneces, y el
compromiso con la misión de Cristo, tu Señor. No es un compromiso temporal;
es un compromiso estructural, de todos los aspectos de la vida. Puede ser que
en tu comunidad las personas van cada una por su lado, necesitadas, aisladas.
Pero puede haber un cambio, y este cambio puede empezar contigo misma,
porque cada persona es un agente de la acción de Dios.
¿Quieres comprometerte así? Tomando las citas mencionadas como un punto
de partida, trabaja a diario para ejemplificar cada uno de estos aspectos, hasta
que lleguen a ser una parte vital de tu compromiso por el resto de tu vida.
Julio 31 — Dios Cumplirá Su Proposito En Mi
Jehová cumplirá su propósito en mí; tu misericordia, oh Jehová, es para
siempre; no desampares la obra de tus manos, — Sal. 138: 8

La Biblia nos da ejemplos de personas cuyas vidas demuestran cómo Dios ha


obrado en ellas. Jeremías, en su llamamiento, tenía la afirmación que aún antes
de su formación en el vientre de su madre, Dios ya tenía un plan, un propósito
para su vida (Jer. 1: 5). No solamente tenía un plan específicio, sino que lo
cumplió.
¿Cómo podemos conocer el propósito de Dios para nuestra vida? Por medio de
estar atentas a su voz, por medio de pedirle que nos lo revele. Dios no quiere
que andemos sin guía, sin orientación. Al contrario, él quiere cumplir su
propósito en nosotras. Esto es otro aporte para nuestra autoestima: Dios nos
toma en consideración, quiere hacernos sus colaboradoras, quiere
encomendarnos una tarea.
Luego, se manifiesta en nosotras cumpliendo su propósito para nuestras vidas.
Pablo, en 2 Tes. 1:11, 12, enfatiza que tenemos la responsabilidad de honrar el
llamamiento que nos ha hecho, y mostrar por nuestras obras de fe nuestra
constancia. El salmista reconoció que es por medio de su misericordia que
Dios cumple su propósito y su voluntad en la vida de las personas.
¿Sabes cuál es el propósito de Dios para tu vida? Si no, pídele que te lo revele,
y síguelo con entrega. Recibe con gratitud su misericordia obrando en tu vida.
Ten fe en la designación de su propósito especial para ti y mantenlo como una
brújula que te dará dirección.
Agosto — El Servicio Cristiano
Betty de Missena
Servir. Esta palabra no nos gusta mucho. Desde pequeños, casi por instinto,
preferimos que nos sirvan antes que servir.
Sin embargo, la enseñanza bíblica, ejemplificada magistralmente en la vida de
Jesús, nos manda a servir.
Hay diferentes clases de servicio. Quizás la característica principal del servicio
cristiano es que está lleno de gozo. A veces cuesta creer que servir pueda ir
acompañado de gozo. Sin embargo es así. El secreto está en que el servicio
cristiano se hace por amor.
La mujer posee una sensibilidad especial para advertir la necesidad ajena.
Durante este mes verás cómo puedes usar esa capacidad recibida de Dios, en
beneficio de muchos. Y lo mejor de todo es que tú serás la más beneficiada.
El personaje bíblico de Dorcas te abrirá los ojos y el corazón al privilegio de
servir. Su vida dedicada a ayudar a los demás fue el marco de referencia para
una obra portentosa de Dios.
La autora de las meditaciones de este mes es la señora Betty de
Missena, uruguaya de nacionalidad, residiendo en el Paraguay.
Actualmente su campo de servicio se reparte entre el Centro Médico
Bautista y su función como orientadora de adolescentes en un
colegio cristiano. A través de su ministerio como consejera,
educadora, escritora, líder, esposa y madre, ella puede transmitir el
gozo que significa servir en el nombre de Cristo.
Agosto 1 — Alarga Tu Mano
Alarga su mano al pobre, y extiende sus manos al menesteroso.
— Prov. 31:20

En todo este pasaje se destaca la laboriosidad y el sentido de administración


del hogar en la mujer modelo. Además de todo el trabajo de la casa, de sus
sirvientes, de labores, de compra o venta de terrenos, ella tiene tiempo para el
necesitado. ¿Cómo puede hacer tanto?, y parece que todo lo hace con alegría y
hasta habla con sabiduría.
En la actualidad muchas mujeres tenemos que trabajar dentro de la casa y fuera
también. Además trabajamos en la iglesia y a veces en alguna otra actividad
vecinal. Dicho así, ¿dónde queda el tiempo para pensar en el pobre? Sucede
que en cada uno de nuestros trabajos está presente el niño, el joven o el adulto
necesitado y no podemos dejar de verlo, y no podemos ser insensibles al
sufrimiento ajeno.
Por el otro lado está “ese amor” a las cosas materiales que puede crecer tanto
que tape a las personas. Ese vestido tan lindo que ya no uso desde hace cinco
años todavía no lo regalo. Esos zapatos que están bien pero que no uso porque
no tengo cartera que me haga juego tampoco los doy. Esos guantes de lana y la
bufanda ya no los uso porque tengo otros mejores, pero no los regalo porque
son un recuerdo. Esos platos y cubiertos que reemplacé, los encajoné ya hace
como 8 años y no los doy porque me recuerdan el sacrificio con que los
compré. Y así siguen las razones de amor a las cosas que no nos sirven, pero
que sabiendo que serían de gran ayuda a otros, aún no las damos. Una señora
me mostró cómo la polilla le había comido dos tapados y un sacón de piel,
tenían alrededor de 20 años de estar guardados y solo habían sido útiles a las
polillas.
Hoy mismo revisa tu guardaropa, ve al lugar donde depositas lo que no usas y
ora delante de tus “cosas amadas” para que Dios te libere de ellas y puedas ser
bendición a otros que las necesitan.
¡Que en esto también tú sobrepases a todas!
Agosto 2 — Comprometida Con Mi Comunidad
Había entonces en Jope una discípulo llamada Tabita, que traducido
quiere decir, Dorcas. Esta abundaba en buenas obras y en limosnas que
hacía, — Hech. 9:36

Cuando murió Tabita, los creyentes enviaron a dos hombres a Lida para
notificar a Pedro de lo acontecido y para pedirle ayuda. Este hecho nos da a
entender que la relación de ellos con Pedro era por medio de una congregación
que se reunía en Jope. Es evidente que Tabita era una líder y que ella había
mostrado en su vida un verdadero compromiso con los necesitados de su
congregación, y probablemente con otros.
En el pasado como en el presente encontramos personas que son tan líderes,
tan capaces de servir que, con o sin nombramiento, están listas para servir y
hacer conocer el evangelio en esa dimensión. Ellas hacen conocer el
testimonio de la iglesia; son las que llegan a los hogares y son aceptadas y
queridas, porque muestran amor al prójimo y comprensión de la necesidad.
Las Escrituras no nos dicen que Tabita tenía estudios superiores ni que hubiera
sido profetisa, ni diaconisa; sólo sabemos que sabía coser y que daba limosnas.
El evangelio fue proclamado en su vida, en su muerte y en su resurrección. No
oímos que haya tenido cargos importantes, pero leemos que su muerte impactó
a la comunidad.
Hay un compromiso personal con Dios y otro con el medio en que vivimos.
Cuando ambos compromisos andan bien, el resultado es igual al del testimonio
de Tabita. “¿Soy yo guarda de mi hermano?”, dijo Caín cuando Dios le
preguntó por Abel. La respuesta es: ¡Sí! tú y yo y cada cristiano es guarda, es
responsable del bienestar de su hermano. ¿Lo estás sintiendo así?
¿Cómo te ve tu comunidad? ¿Ves tú a tu comunidad como hermanos de
quienes debes cuidar?
Agosto 3 — Dorcas …Abundaba En Buenas Obras
Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a
fin de que… abundéis para toda buena obra, — 2 Cor. 9: 8
La hermana Dorcas sobresalió por las buenas obras; todas las mujeres que
lloraban o lamentaban su muerte lo mencionaban. Es evidente que sus obras la
seguían aún después de muerta, como lo dice Apo. 14:13.
Las buenas obras no sólo sacian una necesidad, sino que inspiran a quienes son
beneficiados y a quienes ven las obras.
Cuando mamá murió, allí en el velatorio conocí a varias personas que se
acercaron para contarme lo que mamá les había hecho. Yo no lo sabía; allí me
enteré de que ella había pagado los estudios de la hija de una amiga, que le
había dado dinero a un siervo de Dios para una seria cirugía; una señora me
contó que ella les había llevado comida por una semana a ella y a su hijita
porque estaba enferma. Sus obras las siguieron después de muerta. Sus hijos
supimos mucho más y hasta nos hizo compartir su tarea de hacer el bien. Ella
amaba al Señor y quería agradarle en todo. Amaba al Dios verdadero y
proyectaba ese amor al prójimo. Es que no se puede separar el amor a Dios del
amor al prójimo.
No es que nos mueva una promesa, un premio para hacer el bien. Nos mueve el
mismo Espíritu y fluye de nuestro corazón y de todo nuestro ser el hacer el
bien. Sólo cuando es Dios y su Espíritu el que mueve la acción, entonces
nuestros ojos se abren y vemos las necesidades con claridad, y nuestra mente
se ilumina con planes y proyectos de ayuda… hasta nuestras manos se
disponen a trabajar. Todo nuestro ser se da en una acción de servicio.
¿Es así en tu vida? ¿Quienes te rodean pueden ver al Señor en tus obras?
Agosto 4 — Dorcas Abundaba En… Limosnas
Dorcas… abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía, — Hech. 9:36

Dorcas, además de hacer el bien a la gente, también daba limosnas. Algunos


comentaristas piensan que Dorcas era una mujer rica e influyente; entonces
parece que se desvanece el mensaje porque en nuestras mentes aparecen ideas
tales como: “¿Qué le costaba dar si era rica? ¿Dónde está el sacrificio? ¡Es
fácil dar de lo que sobra…!”
Cuando Jesús habló al joven rico y le preguntó si cumplía con los
mandamientos, él reconoció que cumplía todos desde su juventud. Entonces
Jesús le dice: “una sola cosa te falta, ve vende todo lo que tienes y dalo a los
pobres”. La Escritura nos dice que el joven se fue muy triste porque era muy
rico. Llama la atención que Jesús preguntara por los mandamientos
relacionados con el hombre y no por los relacionados con Dios mismo. ¿Sería
que Jesús daba por sentado que el joven cumplía con eso de amar a Dios, de no
sustituirlo por nada ni nadie, ni adorar a ese sustituto, no tomar su nombre en
vano y dedicarle un día para santificarlo? ¿O sería que Jesús sabía que allí
estaba la falla, y que su amor al dinero había quitado del corazón del joven el
verdadero amor a Dios?
Ante el dar de otros no debe haber críticas, Dios es el juez; sólo él sabe cuándo
lo hacemos para hacernos notar por la gente, o cuándo lo hacemos por
compasión humana, o cuándo realmente damos por amor a Dios y a su
creación.
¿Puedo justificar el no dar por causa de mi pobreza? ¿Puedo dar de corazón sin
amor? Sin duda que hay respuestas que nos ayudarán a enderezar nuestros
pasos.
Agosto 5 — La Muerte Y La Vida De Una Sierva De Dios
Y aconteció que en aquellos días enfermó y murió, — Hech. 9:37

En Jope vivió Tabita (Dorcas) y un día cayó enferma y murió. Se hicieron


todos los preparativos para el velatorio y el entierro. La noticia corrió porque
era una mujer destacada en la congregación. Los hombres solicitaron a Pedro,
que estaba en una ciudad cercana, que fuera a estar con ellos. El impacto de la
muerte de esta mujer había dejado un campo abierto al trabajo pastoral de
consuelo y confortación. Pedro lo sintió así y apenas llegó a la casa fue
rodeado por viudas que lamentaban llorando la muerte de Tabita.
Algo notable sucedió en la visita de Pedro. El no hizo un espectáculo con su
don de sanidad, simplemente sacó a todos de la sala, se arrodilló y oró a Dios.
Luego con el poder de Dios ordenó a Tabita que se levantara. Después hizo
que todos vieran a Tabita viva. Ese poder de Dios fue notorio en toda la ciudad
y dice la Escritura que muchos creyeron en el Señor Jesús.
Muchas veces nos quedamos con el relato de Tabita, la buena mujer que hizo
túnicas a las viudas y dio limosnas, pero el mensaje va más allá de una buena
vida: va a la manifestación de Dios que con su poder impacta al pecador y hace
que caigan todas las defensas humanas, y el incrédulo se convierta en un
hombre nuevo.
Las Escrituras no nos cuentan cuánto tiempo más vivió o cuándo volvió a
morir. Es probable que haya vivido un poco más para glorificar al Señor, y
agradecerle por darle más vida para ser útil, pero la respuesta a ese amor y a
esa gratitud sin duda la habrá seguido expresando en el prójimo. ¿Sólo quiero
vivir por vivir o quiero vivir para servir?
Señor, ayuda a que mis obras glorifiquen tu nombre.
Agosto 6 — ¿Por Donde Empezaremos?
Hagamos bien a todos, mayormente a los de la familia de la fe,
— Gál. 6:10

Aveces queremos hacer cosas sensacionales y pensamos o escribimos grandes


proyectos para hacer el bien o para cumplir como iglesia con el ministerio de
servicio. Queremos que todos colaboren, hacemos mucho ruido, usamos todas
las técnicas para llamar la atención y despertar el interés de los hermanos, y
pretendemos hacer cosas grandes para ayudar a los de afuera.
Hay una gran verdad, que alguien podría llamar el toque psicológico: empezar
por los de la familia de la fe, por los hermanos de la iglesia. Primero
comencemos por casa, y de esta manera haremos que todos glorifiquen a Dios.
Pero antes, es necesario conocer las necesidades de los de la familia de la fe, es
necesario ser amigos, escuchar sus problemas, visitarles. Empezar por casa es
lo más sabio. ¡Manos a la obra!
Hagamos bien a todos. Ahora vamos más allá de los de la familia de la fe, nos
vamos a nuestros vecinos, a los vecinos del templo, nos vamos a los familiares
de nuestros hermanos en la fe y así nos vamos proyectando en forma constante.
Un niño en la escuela dominical le contó a su maestra que el sábado no pudo
salir porque tuvo que hacer el bien a su hermanita. La “hermanita” era una
jovencita que se había disgustado con su novio y que estaba muy triste. Su
hermano decidió no salir con sus amigos para jugar dominó con ella para
distraerla; luego salieron a comer pizza. Ella se sintió mejor. Este es el tipo de
ayuda que podemos dar a los hermanos.
Podríamos enumerar una larga lista, pero eso lo dejo para ti, que conoces a tus
hermanos.
¡Anímate, comienza ya!
Agosto 7 — A Propios Y Extraños
Andad sabiamente para con los de afuera… Sea vuestra palabra
siempre con gracia, sazonada con sal, — Col. 4: 5, 6

Cuando Lucas nos dice que Jesús crecía en gracia para con los hombres, es
probable que eso indicara que era respetuoso, amable, servicial y todo aquello
que adorna la vida de alguien que cae en gracia.
Esta es una linda manera de servir al prójimo: hacerlo sentirse bien. Para ello
hay que escuchar con interés, aconsejar a veces y callar otras veces, mostrarse
amigo y sincero, animar o desanimar, en fin una serie de actividades de
relación que cada circunstancia exija. En mi iglesia hay un jovencito que me
hace sentirme muy bien; siempre tiene la palabra justa, la sonrisa o el apretón
de mano oportuno. Lo mejor de él es que su comportamiento no se limita a los
extraños, como yo en este caso, sino que también sus familiares tienen la
bendición de compartir su afabilidad. ¡Esto es lo que yo diría que es servir de
la misma manera a propios y extraños!
Suele ocurrir que hay personas amables con los extraños, pero a los de la casa
no les dan ni un vaso de agua. ¿Por qué la diferencia? ¿Qué esperan del
extraño? Creo que el problema radica en la falta de visión de la realidad de
“los de la casa” ¡También ellos nos necesitan! Tenemos que tener en cuenta
que somos importantes para ellos; nuestras palabras, nuestras actitudes y
nuestras acciones son tenidas en cuenta y sirven de bendición o de maldición.
Un día, después de una larga jornada de trabajo, volví a casa cansada; no pensé
en lo que dije, ni en lo que hice al llegar. Sentados ya a la mesa mi esposo me
dijo: “¡Cómo me gustaría poder pagar para ser tan bien tratado como tus
alumnos!” Demás está decir que me sentí muy avergonzada porque “servir
primero a los de casa” es mi deber como esposa, como madre y como cristiana.
No es fácil, pero es mi deber. Me alegra haber tenido muchas otras
oportunidades para servir con gozo… aun con cansancio.
Agosto 8 — Nacida Para Servir
…el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor,
— Mat. 20:26

Para hacer pensar en lo que uno desearía ser en la vida y cómo le gustaría ser
recordado después de muerto, suelo pedir a los jovencitos con quienes trabajo
que imaginen un obituario escrito por uno de sus biznietos recordándole por
sus buenas obras. Cuando explico la tarea, no les gusta, protestan, no quieren
pensar que un día van a ser recordados, y me dicen que la tarea es macabra.
Entonces yo les leo mi propio obituario y en él destaco que pasé por este
mundo haciendo el bien. Después ellos se animan y escriben preciosos sueños
de lo que desearían dejar como recuerdo, cosas tales como: fue una madre
ejemplar, crió a sus hijos en el camino de la verdad y la justicia, luchó por la
independencia de su país, fue un físico nuclear sobresaliente, descubrió la cura
del SIDA, y muchos otros lindos sueños.
No puedo olvidar a una jovencita como de 15 años que no llamó la atención
por su grandeza, sino por su pequeñez. El título de su obituario es: “Nacida
para Servir”. Y dice: “En el día de ayer los parientes de Elena Elisa Franco
recordaron el centenario de la partida a la eternidad de la mujer que dio sentido
a nuestro pueblo. Nuestra comuna la distinguió en vida dándole la llave
simbólica del pueblo. La Biblioteca Central lleva su nombre y sus parientes
nos sentimos orgullosos por su espíritu altruista. Siendo huérfana trabajó y crió
a sus cinco hermanitos, dándoles esmerada educación hasta que fueron
destacados ciudadanos y profesionales distinguidos. Ella no tuvo tiempo para
estudiar. Acompañó a cada hermano y hermana en la formación de sus propios
hogares, pero ella quedó sola. Luchó por el bienestar del pueblo creando Juntas
Vecinales, animando así a los vecinos a vivir mejor. Fue voluntaria en tiempo
de guerra. Murió en servicio a la patria. Todos los que la conocieron la
amaron. Ella era una cristiana de verdad…” ¡Estos fueron los sueños de una
jovencita!
¿Te animarías a soñar? ¡Vamos a empezar a hacer el bien con el más cercano,
y practicarlo hasta que el Señor nos llame!
Agosto 9 — Hacer El Bien Es Buscar El Bienestar Del Otro
Ninguno busque su propio bien, sino el del otro, — 1 Cor. 10:24

Todo me es lícito, pero no todo me conviene y no todo me edifica. Esta


declaración nos crea un conflicto entre el gusto o placer de hacer ciertas cosas
“buenas” y “el qué dirán”. Como buena rebelde podría decir: “¡Qué me
importa lo que digan si yo sé que no hice nada mal!”, y esto es lo que dicen
muchos, pero aquí es donde surge el conflicto — tengo que agradar, no tengo
que escandalizar ni ofender con mis “buenos” gustos o acciones.
El pasaje continúa mencionando varias veces “por motivos de conciencia” y
esta es la expresión clave que limita lo que podamos hacer. Ahora el no hacer
es mejor que el hacer porque debemos pensar en el otro, y por amor
abstenernos de tal comida, o de tal juego, o de tal ropa, o de tal lectura, o
cualquier cosa que no edifique. Uno debe glorificar a Dios en todo lo que hace.
¿Cómo podríamos glorificarlo escandalizando a quienes nos ven? No seamos
piedra de tropiezo, no hagamos sólo lo que nos gusta o nos conviene, sino lo
que es mejor para los demás.
Cuando tenía 19 años no pude cortarme el cabello porque asistía a una
congregación que veía muy mal el hacerlo. Yo sabía que no era malo y, más
aún, deseaba hacerlo… pero tuve que abstenerme porque no ayudaría. Cuando
recuerdo ese tiempo, recuerdo “mi buena obra”, aunque nadie supo que yo lo
consideraba un sacrificio a causa del amor que les tenía. Hoy, cuando oigo
noticias de aquella pequeña congregación que es una gran iglesia, pienso que
todos los jóvenes de aquel tiempo tuvimos que sacrificar cosas para que hoy la
iglesia sea tan fuerte como es.
Siento que la bendición es doble, la recibe la otra persona y nos fortalece en
amor y obediencia. ¡Bendito sea el Señor que nos da estas pruebas!
Agosto 10 — Bien Preparadas Para Servir
Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para
provecho… repartiendo a cada uno en particular como él quiere, —
1 Cor. 12: 7, 11

Dios en su sabiduría nos dio a cada uno de sus hijos dones. Unos más, otros
menos, pero todos tenemos por lo menos uno.
¿Te preguntaste alguna vez cuál o cuáles son tus dones? ¿Qué le dirías al
Señor Jesús si ahora te preguntara qué hiciste con los dones que te dio? Según
el comportamiento de la gente creo que habría varias respuestas, tales como:
“Lo escondí porque soy tímida.”
“A veces lo usé, pero me exigía sacrificio de mi tiempo y lo abandoné.”
“Lo ignoré porque no me gustaba, no me daba clase.”
“Cuando los descubrí los desarrollé hasta el final.”
“Me pasé buscándolos, pero no los encontré… soy muy torpe.”
Y así se sucederían más respuestas. Yo no se cuál es la tuya, pero sé que un día
delante de Dios tú y yo tendremos que rendir cuenta de los dones que
recibimos para servicio.
Es maravilloso que Dios nos manda a trabajar, pero antes nos da las
herramientas para realizar mejor la tarea.
Uno de nuestros problemas sociales es la oportunidad de estudiar y
capacitarnos, y otro es la oportunidad de competir en igualdad de condiciones
para lo que estemos capacitados, para conseguir un buen trabajo. Se culpa a la
pobreza, a la carencia de educación, en fin, se encuentran muchas razones
limitantes de oportunidades. Sin embargo, cuando Dios nos da los dones, no
nos limita las oportunidades de servir a nuestro prójimo, no lo restringe a la
iglesia, nos manda a testificar con esos dones para su gloria en la familia, en el
vecindario, en la comunidad y en cualquier lugar.
La clave entonces es ver cuál es la necesidad y contestar sabiamente: qué
hacer, cómo lo puedo hacer y cuándo es el momento más oportuno para
hacerlo. ¡Manos a la obra!
Agosto 11 — El Anti Evangelio
El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo,
— 1 Jn. 2: 6

Se habla de valores y de antivalores dominando la sociedad; también se puede


hablar de evangelio y antievangelio. Dice César Abreu Volmar:
“Cerré mis manos y no di.
Cerré mi boca y no hablé de Ti.
Cerré mi corazón y no amé.
Me cerré y no me consumí en tu altar.
No me ofrecí como fragancia suave a otros.”
Cuando leí por primera vez este poema pensé: “¡Qué triste estaría el autor para
verter tanto negativo!”
Estuvo a nuestro alcance para hacerlo… pero no lo hicimos, supimos qué
debíamos decir… pero no lo dijimos, era el momento de escuchar… pero no
tuvimos tiempo, era el momento de sentir con el otro… pero permanecimos
indiferentes; no lloramos, ni reímos y ni siquiera vimos porque el egoísmo
llenó nuestra vida y no reinaba el amor.
La Biblia nos recuerda que Dios es fiel y justo para perdonar nuestros pecados.
No pensemos que el perdón sólo es para los incrédulos que han tenido una
mala vida, y arrepintiéndose aceptan el amor de Dios en Cristo. El perdón es
también para cuando el creyente carnal reconoce sus faltas y se arrepiente.
Sería bueno poder terminar el poema de esta manera:
Mis manos abrí, y cuanto tuve di.
Abrí también mi boca para hablar de ti.
Y mi corazón se abrió para amar;
Porque a ti mi vida le entregué en el altar.
y ya sólo vivo para suave fragancia dar.
No sé cuanto antievangelio hay en tu vida, pero si sé que hoy es el día para
arrepentirte y retomar el camino de servicio al que has sido llamada.
Agosto 12 — Desinteresado E Imparcial
Elíseo volvió a Gilgal cuando había una grande hambre en la tierra,
….por lo que dijo a su criado: Pon una olla grande, y haz potaje para
los hijos de los profetas, — 2 Rey. 4:38

El profeta Eliseo fue un hombre comprometido con Dios para dar bienestar al
pueblo que servía. Aunque se esperaba que el profeta hiciera sólo obra
espiritual, Eliseo se interesó y sirvió a pobres y a ricos sin interés personal. En
2 Rey. 2:19-22 vemos cómo solucionó el problema del agua insalubre, en
2 Rey. 4: 1-7 cómo ayudó a pobres, en 2 Rey. 4: 8-27 cómo ayudó a una mujer
rica. También se ocupó de la educación de jóvenes profetas (2 Rey. 4:38- 41),
dio de comer a quienes tenían hambre (2 Rey. 4:42-44) y sirvió con amor y
desinterés a un militar extranjero (2 Rey. 5: 1-27).
Hay pensadores cristianos que desechan las obras como importantes o
primordiales porque dan a la proclamación o predicación del evangelio el
primer lugar. Santiago nos hace reflexionar sobre esto y nos dice que
imaginemos a un hermano o hermana con necesidad de alimentos y ropas, y
que nos imaginemos a nosotros mismos diciéndole al necesitado: “Bueno, que
te vaya bien; que comas mucho y no pases frío”, pero no le damos ropa ni
comida. ¿De qué le sirven nuestras palabras? ¿De qué sirve nuestra fe? Aquí
sólo cabe hacer el bien para demostrar nuestra fe. Esta es la mejor manera de
proclamar el amor de Dios. Toda acción social de un cristiano es un mensaje
directo al corazón y abre la oportunidad de hablar de Cristo.
Eliseo fue imparcial y desinteresado al ayudar a su pueblo; su vida y obras nos
inspiran a superar nuestra indiferencia ante los males sociales.
¿Te animarías a trabajar en un plan comunitario? ¿Estarías dispuesta a
testificar de tu fe en manera práctica? ¿Cómo podrán ver a Cristo en tu vida?
¡Sé práctica! Eso es lo que Dios quiere de nuestra vida.
Agosto 13 — La Verdadera Religión
La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a
los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin
mancha del mundo, — Stg. 1:27

Así resume Santiago la religión. Si leyéramos Deuteronomio encontraríamos


tantas leyes que guardar para tener una religión aceptable, que nos parecería
más fácil aceptar la idea de Santiago. Sin embargo, esta aparentemente simple
idea está llena de poder porque, ¿cómo puedo guardarme sin mancha del
mundo si no me amo a mí misma y si no tengo el poder del amor de Dios en
mí? ¿Cómo puedo visitar o dar mi tiempo a gente necesitada de afecto, si no
amo a mi prójimo? Si seguimos desmenuzando la idea terminamos en que hay
una fuente de poder que debe estar conectada a mi vida para que lo que yo
haga tenga sentido.
¿Alguna vez visitaste a alguien y no supiste de qué hablar? A mí me pasó y te
aseguro que no fue agradable el estar intentando una tras otra conversación sin
éxito. Así aprendí a visitar con el Señor a mi lado, entonces es él quien inspira
y dirige todo encuentro. Creo que es un don saber escuchar y también saber
interrumpir para insertar la Palabra de Dios en el corazón del que tiene hambre
de la verdad.
¿Estás de acuerdo con Santiago en su definición de religión? ¿Estás dispuesta a
guardarte sin mancha del mundo y dedicarte a la visitación? ¿Tienes la
paciencia necesaria para escuchar los problemas ajenos? ¿Estás dispuesta a
tomar una mano, dar un beso, compartir tu tiempo, alegría y talentos?
No dejes pasar esta semana sin visitar a alguien que te necesite. Muchas veces
no es la necesidad material la que domina una vida, es la necesidad de alguien
que escuche, alguien que dé su tiempo, alguien que ame. Haz la prueba y verás
que la más bendecida serás tú.
Agosto 14 — Cosa De Elegidos
Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras,
las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas,
— Ef. 2:10

Esta declaración del apóstol Pablo nos confirma que las buenas obras están en
el plan de Dios para nuestra vida, y también nos convence de que sólo estamos
hechos para realizar buenas obras. ¡Esto es maravilloso! Lo siento como el
sello que garantiza que soy de primera clase, que soy especial, que todo lo que
de mí salga tiene que ser de calidad. ¡Es una sensación especial sentirse así de
importante!
Hace unos días una prima le regaló un saco de piel a mi hija; ella se lo puso, se
miró al espejo y poco a poco fue cambiando su andar. Caminaba más derecha y
sus pasos eran más elegantes, yo se lo dije, y ella repuso: “¿Cómo voy a
caminar sin estilo con algo tan lindo?” Creo que esto nos sirve de ilustración
para pensar que cuando somos conscientes de que tenemos algo especialmente
distinguido, nuestro comportamiento cambia. El primer paso para un servicio
efectivo al prójimo es saber quiénes somos nosotras mismas. ¿Puedes decir que
eres hija de Dios por creación y por salvación? ¿Puedes decir que
verdaderamente crees que Dios te llamó para realizar buenas obras? Si tu
respuesta es un “sí” rotundo, entonces ya sabes que eres especial, que sólo
puedes portarte como tu rango de especial lo permite, es decir, que sólo puedes
hacer buenas obras.
Ahora frente a esta seguridad sólo cabe la acción, el andar con firmeza, y todo
aquello que hace que una mujer se distinga. Se trata de una mujer que camina
firme por la seguridad de su fe en Cristo, que sus adornos son discretos pero
preciosos: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad fe, mansedumbre,
dominio propio; y sus manos están adornadas de obras, de buenas obras que
brillan como diamantes y muestran su realeza. Sí, su realeza porque provienen
del Rey y deja que su creación las luzca.
¡Manos a la obra! ¡Somos la gente elegida para el bien!
Agosto 15 — ¡Rompamos La Piñata!
Hay quien todo el día codicia; pero el justo da, y no detiene su mano,
— Prov. 21:26

La piñata es un elemento interesante en muchos de los pueblos


latinoamericanos. Es un recipiente decorativo, muy llamativo, que se hace con
mucha habilidad y colores. Se cuelga en algún lugar importante de la casa o el
patio. Cuando hay una piñata en la casa es indicio de que hay alegría,
celebración y esperanza de recibir algo de ella. Quien prepara la piñata la llena
de golosinas, y algunas otras cositas para despertar el buen humor de la gente
en la fiesta. Cuando llega el momento de romper la piñata, la algarabía es total.
Una persona con los ojos vendados y un palo en la mano trata de romper la
piñata, y cuando lo logra, todos los presentes recogen con prontitud lo que cae
de ella.
Muchas veces vi hermosas piñatas, y al ver cómo las rompían me daba mucha
pena porque las consideraba como obras de arte. Hoy encontré un nuevo
significado y ahora creo que las piñatas son más lindas cuando se rompen
porque se dan, porque alegran, porque embellecen la fiesta.
Nuestra vida es como una piñata llena de bendiciones, de lo que la gente
necesita. Pero nuestro egoísmo la endurece y aunque tenga buena apariencia
no es útil si no se rompe, si no se da. Como cristiana puedo asistir
regularmente a los estudios bíblicos, dar el diezmo, ser miembro de muchas
organizaciones, pero si no estoy dispuesta a darme, de nada me sirve toda la
apariencia que tenga. Por eso hoy, al encontrarle un nuevo significado a la
piñata y un nuevo significado a mi vida, pido al Señor que renueve mi amor
hacia él y pueda derretir la dura capa de mi egoísmo y vuelva a ser bendición,
porque para eso él me salvó.
Muchos regalos ponemos en la piñata que romperemos para otros: amor,
palabras tiernas, oídos prestos a escuchar, pies listos a ir a donde sea necesario,
manos rápidas para trabajar, mente alerta para pensar con sabiduría, corazón
dispuesto y poder de Dios. ¿Estás preparando tu piñata? ¿Ya estás lista para
romperla? Dios te bendiga al hacerlo.
Agosto 16 — Una Mujer Que Deja Huellas
Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa
largamente a la de las piedras preciosas, — Prov. 31:10

“Virtud” y “estima” se entrelazan en este tan conocido pasaje de las


Escrituras. El rey Lemuel recibió de su madre sabios consejos. No hallamos
mucha explicación de quién se trataba, pero esta mujer anhelaba sin duda que
el futuro de su hijo fuera bendecido con un hogar donde la esposa fuera un
dechado de virtudes. ¿En qué se destaca una mujer según este sabio pasaje? Da
bien y no mal todos los días de su vida (v, 12). No censura, no es mezquina, no
tiene egoísmos. Da, entrega; otorga lo mejor… el amor que Dios ha puesto en
su corazón se convierte en actos que se derraman ante su esposo. Cuidado en
su vestimenta, apoyo en su trabajo, tiempo necesario para el diálogo.
Por otro lado, trabaja con sus manos, colabora en el mantenimiento del hogar
cuando es necesario.
Es generosa con todos los que la rodean; su servidumbre en la casa tiene de
ella el mismo afecto que le da a su familia. Del mismo modo el menesteroso y
el pobre (v. 20).
Es una mujer gozosa porque dando siempre, siempre recibe más; es una mujer
feliz porque su alegría viene de su Señor y no de las inestables circunstancias
de la vida diaria.
Cuántas de nosotras no logramos la excelencia en nuestra vida cristiana y
familiar simplemente porque no creemos en el poder de aquel a quien
llamamos Señor. Cuántas de nosotras estamos esperando que Dios haga
“milagros” en nuestra vida, sin darnos cuenta de que sólo nos falta creerle a
Dios todo lo que nos ha prometido desde siempre.
El quiere obrar; si lo creemos sinceramente y actuamos confiadas de su
palabra, “él hará”.
Agosto 17 — Aquí Y Ahora
Pero un samaritano, que iba de camino,…
viéndole, fue movido a misericordia, — Luc. 10:33

El dónde y cuándo de nuestra acción social hablan del sentido de urgencia o


demora de la necesidad. Conocí a un jovencito con grandes sueños
filantrópicos que estaba muy conmovido por las necesidades de los niños de
oriente. Había organizado grupos de ayuda y todo el tiempo estaba motivando
a quienes lo escuchábamos a dar ropas, alimentos, medicina o dinero para
dichos niños. Después de un duro día de trabajo social regresaba a su mansión
insultando a los sirvientes porque no le habían abierto de inmediato el portón,
o porque la comida no le gustaba, o por cualquier causa. La servidumbre de esa
casa no creía, en absoluto, que ese joven fuera capaz de amar al prójimo,
porque no lo expresaba a los de la casa.
Creo que podemos y deberíamos unirnos a los grandes proyectos a nivel
mundial, pero la caridad comienza en casa; el verdadero servidor no espera
cosas espectaculares, las hace en el momento y en el lugar donde y cuando
aparece la necesidad. Aquí, en casa, en mi vecindario, en mi iglesia, en el
trabajo y en ese lugar donde estoy, es el primer lugar de acción social. Ahora,
en este día, en este instante, sin esperar, es el momento de hacerlo.
¿Qué hubiera pasado con aquel pobre hombre golpeado y robado que yacía en
el camino si no hubiera habido un buen samaritano? Este samaritano también
tenía sus propios asuntos que tratar, tanto es así que ni pudo quedarse a esperar
la recuperación del hombre herido. Pero la prioridad fue ayudar en ese
momento y en ese lugar con los recursos a su alcance.
Tengamos los ojos y los oídos alertas a las necesidades de aquí y ahora, porque
eso es lo que tenemos que hacer.
Agosto 18 — Grandes Excusas
Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo,
— Luc. 10:31

Siguiendo con el relato del buen samaritano vamos ahora a pensar en la


oportunidad para ayudar que perdió el sacerdote. Al leer que se trataba de un
sacerdote nos sorprendemos porque siempre esperamos que un religioso sea
sensible al dolor ajeno y esté dispuesto a ayudar, ¿verdad?
Desde niña oí cómo acusaban al sacerdote por no ayudar, pero una vez escuché
una defensa muy interesante; permíteme compartirla. Imaginemos que este
religioso celoso de su oficio había ido a Jerusalén para purificarse en el
templo. Según la ley no podía tocar nada inmundo para no contaminarse. Iba a
ministrar a su gente en otra región, razón por la cual tuvo que recorrer esos
caminos. Si esta hubiera sido la razón del sacerdote, ¿no serías menos dura en
juzgarlo? Poniendo este relato en nuestros días y en nuestra situación, es
probable que tengamos otro tipo de excusas, otras buenas excusas para no
ayudar a nuestro prójimo.
Una dama recién convertida al evangelio fue a una reunión y en la puerta del
templo encontró a un hombre tirado en la vereda. Parecía desmayado, así que
la dama, para no molestar a todos los que estaban en la reunión y con ayuda de
otra señora, llevaron al supuesto enfermo a la casa pastoral al lado del templo.
La esposa del pastor llamó al Servicio de Emergencia Pública. Pocos minutos
después llegaron los paramédicos y se llevaron al hombre. Su enfermedad era
que estaba alcoholizado. Todos se burlaron de la dama y de la otra señora que
ayudó por “la desinteligente ayuda”, y finalmente les llamaron la atención por
poner en peligro la casa del pastor y su familia. ¡Estas son las cosas que
desaniman, creer que hacemos lo correcto cuando otros no lo creen, o no sentir
el apoyo para hacer el bien!
Señor, ayúdame a ser sensible a la necesidad del otro y dame tu fuerza y
cuidado para hacer el bien.
Agosto 19 — Imitación Vs. Autenticidad
Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo,
— Luc. 10:32

Piensa en esa persona que no es lo que dice ser, que sólo está imitando el
comportamiento de otro u otros. A veces no elige un buen modelo, pero cree
que lo que eligió es lo mejor, y como no tiene firmeza propia ni principios,
entonces vive imitando otra vida con sus aciertos y sus equivocaciones. Una
persona así no es responsable, no sabe qué hacer ni quién lo motiva a hacerlo;
por eso siempre está echando las culpas a otros o justificando sus actos. Es
capaz de decir: “Yo no fumo o yo no bailo o yo no me drogo porque mi iglesia
no me lo permite”. Ese tipo de conducta no tiene base en convicciones propias.
Siguiendo con el buen samaritano encontramos el caso del levita que pasó por
allí cerca y, viendo al hombre caído, herido y maltratado, decidió continuar su
camino. Es probable que el levita se hubiera dicho a sí mismo: “Si el sacerdote
que camina delante de mí no lo ayudó, ¿por qué tengo yo que ayudarlo? El
sacerdote habrá tenido buenas razones para no ayudarlo; él sabe más, así que
me uno a su decisión.” El es el líder, es el jefe, es el maestro, es mi pastor, es
quien tiene autoridad; si él no lo hace o no lo hizo tendrá buenas razones que
no necesito entender. Esta también puede ser la respuesta de hoy a lo que está
a nuestras manos para hacer y no lo hacemos.
Si Cristo vive en mí, si él está en el trono de mi vida, es Cristo quien me
fortalece para hacer lo correcto, lo bueno, y él mismo es quien me motiva, me
inspira y me anima a hacer el bien. Entonces no tengo por qué mirar la obra de
los demás, ni intentar imitar su hacer o no hacer, pues estoy llamada a vivir
abundantemente y de manera auténtica.
¿Por qué no pruebas hacer el bien sin imitar a otra persona? Simplemente, al
ver la necesidad obedece al llamado de Dios en ayudar.
Agosto 20 — Obras De Bien En Las Misiones
De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis
hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis, — Mat. 25:40

Conozco a Rosa, cristiana consagrada, que sintió desde joven que Dios la
llamaba a hacer la obra misionera. Por varias razones no terminó sus estudios
secundarios, ni fue a un seminario para prepararse, ni siquiera salió de su
iglesia local; pero ella fue misionera. Ella ganó muchas almas a través de una
obra social que abrió en aquella iglesia. Rosa sabía tejer, coser y bordar, eso
era todo lo que podía hacer. Un día sintió que podía enseñar tejido a algunas
señoras del barrio y las llevó a un salón del templo tres veces por semana y allí
les enseñó. Mientras tejían ella les contaba historias bíblicas y les presentaba el
plan de salvación. Su constancia, su paciencia y, sobre todo su amor a la tarea
que realizaba, hicieron de Rosa una misionera que usaba las herramientas que
tenía: aguja, hilo, dedal, lana y llamamiento.
Servir con las habilidades manuales o intelectuales es otra forma de hacer obra
misionera. En todo esto se ve una cadena inspiradora de servicio de personas
que sólo usan lo que saben hacer, y sienten que su servicio es útil para el
Reino.
Hay muchos casos de estos comienzos misioneros. Otro es el de Blanca; ella
no tiene ni educación primaria, pero sintió con su familia que Dios la llamaba a
testificar en el campo. Allí está enseñando a las campesinas a alimentar mejor
a sus hijos, a sembrar, a utilizar soja en la alimentación, a higienizar sus casas,
y mucho más entre mensaje y mensaje. Varias vecinas ya aceptaron a Cristo
como Salvador, y sus hijos también están siendo enseñados en su camino.
¿Habrá algo que tú y tus amigas de la iglesia pudieran hacer para comenzar un
punto misionero?
Agosto 21 — Estimulémonos A Las Buenas Obras
Considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras,
— Heb. 10:24

Este pasaje encierra una serie de mensajes. El primer mensaje es la


consideración que debemos tenernos los hermanos en la fe. No siempre es fácil
tener en consideración al hermano que no piensa como yo o que simplemente
“no me cae bien”. Consideremos a todos nuestros hermanos para ayudarles a
que también ellos ayuden a los que los rodean.
En la televisión de mi país hay un breve programa titulado “Ayúdenos a
ayudar”, y se trata de personas que necesitan algo como sangre para
transfusiones o medicamentos para su salud, o que fueron encontradas en la vía
pública y no saben regresar a sus hogares. Creo que ese “ayúdenos a ayudar”
sería el ruego del creyente que no sabe qué hacer, que necesita ser
simplemente estimulado para arrancar y ponerse en marcha.
El segundo mensaje es una parte de la razón de considerar al hermano:
estimularlo a que ame. ¿Cómo podemos hacer tal cosa? ¿Cómo se enseña a
amar? Realmente no somos nosotros quienes vamos a poner amor en su
corazón, pues Dios ya se lo puso, pues hizo de él un “hombre nuevo” por
Cristo Jesús.
Nuestra tarea es la de preparar el camino para el amor, es empujar al amar a
quien está comenzando a vivir la verdadera vida cristiana.
Y finalmente, el tercer mensaje va muy unido con el segundo pues se estimula
a las buenas obras en manera efectiva cuando hay amor por las personas a
quienes se sirve.
Reflexiona hoy en cómo estás considerando a tus hermanos y en cómo los
animas al amor y a las buenas obras.
Agosto 22 — Dos Remos De Una Misma Barca
Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin
obras está muerta, — Stg. 2:26

Si alguna vez subiste a un bote de remos, además de sentir temor de caerte al


agua habrás observado la importancia de cada remo, y el ritmo de uso de uno y
otro al avanzar. Pues bien, si deseamos regresar basta con usar sólo un remo y
el bote dará vuelta, y si insistimos en usar el mismo remo terminaremos dando
vueltas y vueltas sin ir a ninguna parte. Lo mismo sucedería si sólo usáramos
el otro remo. Todo esto vino a mi mente al leer la carta a Santiago (Stg. 2:14-
26) donde destaca que la fe sin obras es muerta: no va a ningún lado.
Si la vida cristiana sólo fuera fe, seríamos cristianos contemplativos, con poder
pero sin práctica; y si la vida fuera sólo obras, ellas serían débiles, sin poder
espiritual, sin la motivación correcta. Una fe efectiva produce obras efectivas.
Las obras como producto de la fe glorifican a Dios.
En estos días uno de los altos líderes de mi país, al tomar posesión de su cargo
juró hacer una buena gestión: “buenas obras” por la patria, pero no por Dios,
porque no cree en el poder de Dios. Todos sabemos que este hombre está
tratando de hacer méritos para conseguir un cargo más representativo. ¿A
quién está glorificando con sus buenas obras? Sin duda a él mismo.
Los religiosos no piadosos, las obras sin fe, los predicadores que no practican
lo que predican, son desperdicio, son inútiles, son un insulto a su religión, fe, o
predicación. Es imposible para un cristiano auténtico y sincero hacer el bien
sin poner su corazón y hasta su vida misma en ese bien.
¿Cuál remo estás moviendo más? ¿Están coordinados tus remos para hacerte
avanzar en tu vida cristiana?
Agosto 23 — Seamos Prácticos — Tengamos Un Nuevo Hijo
Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mi me recibe,
— Mat. 18: 5

Una noche, después de una reunión estuve esperando el transporte público en


una esquina solitaria. De repente oí un ruido entre unos matorrales allí cerca;
demás está decir el susto que me llevé. Muy lentamente giré la cabeza y lo que
vi me llenó de dolor. Allí estaba un muchachito como de 10 años tratando de
encontrar un lugar donde dormir; allí pasaría la noche y vagaría de día. Ese
hecho me hizo pensar mucho y allí estaba yo en esa esquina pensando: “¿Lo
llevo a casa? …pero, ¿dónde lo pongo? …¿no será un ladronzuelo? …¿qué
hago? …pobrecito, hace frío ¿habrá cenado?…”. Y así pensaba hasta que llegó
mi transporte y me fui a mi casa. “¡Esto es ser cristiana!”, me dije una y mil
veces y encontré mil excusas para justificar mi proceder. Después de mi enojo
contra mí misma, me tranquilicé y le pedí a Dios que me diera una manera de
servirle como persona y como parte de la iglesia.
Una noche llegó una señora con un niño de nueve años al templo y me lo
entregó delante de todos los hermanos para que lo criara y lo guiara por el
camino del Señor. Esa noche el niño y yo regresamos de la mano a casa, yo
lloraba en silencio y él miraba absorto todo lo que le rodeaba. El no hablaba
español y yo no hablaba portugués, pero nos entendimos, lo amé, mi familia lo
amó, la iglesia lo amó y fue un nuevo día para él y una nueva oportunidad para
todos nosotros. Hoy es un jovencito que ama al Señor y le sirve. Y lo mejor de
todo es que también se proyecta en buenas obras a quienes son como él fue.
En nuestra cultura están los “criaditos”, pero esa no es la idea; no es sólo
traerlos para que ayuden con las tareas del hogar, o para que nos acompañen
cuando seamos ancianos, o para cualquier otro beneficio personal. Los hemos
de traer al hogar como a un hijo para amarlos y para enseñarles el camino, la
verdad y la vida.
¿Estás lista para este desafío?
Agosto 24 — Mejor Es Dar Que Recibir
En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los
necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús que dijo: Más
bienaventurado es dar que recibir, — Hech. 20:35

Leyendo un periódico estudiantil encontré una parodia de este texto bíblico.


Un boxeador decía “mejor es dar que recibir”, a lo que un mendigo refutaba
“mejor es recibir que dar”. Pues sí, esta es también nuestra situación en la vida
cristiana. ¿De qué lado estamos? ¿En el de dar o en el de recibir? Al fin y al
cabo, ambas son satisfactorias. En la ocasión en que el apóstol Pablo aconseja
a los hermanos está a la vez despidiéndose de ellos y les deja lo mejor de sus
consejos. Entre sus últimas recomendaciones está esa de ayudar a los
necesitados, de expresar caridad, de vivir el evangelio práctico, ese de todos
los días, ese que se agranda con nuestro servicio al prójimo.
Hay maneras muy grandes de dar (o de sacar dinero de otros) para obras de
beneficencia, y con buenos resultados económicos, pero sin sacrificio, sin
amor, sin contacto con la necesidad, sin contacto con el necesitado, sin darse
por completo en una acción con seguimiento. Es pensar: hoy doy y no me
importa el mañana porque ya di, ya cumplí con la sociedad, ahora a otro le toca
seguir.
Para que el dar sea mejor que el recibir tiene que haber tal satisfacción, tal
entrega que uno pueda gozar plenamente la alegría del otro al recibir. El que da
es porque tiene y ese siente la grandeza de dar.
Una persona egoísta no puede gozarse en dar, porque el dar no es parte de su
ego. Esa persona se gozará más en recibir que en compartir lo que recibe,
porque su corazón tiene limitantes, inseguridades y obstáculos para dar.
¿De qué lado estás? Aunque te dé gusto recibir, ¿sientes placer y alegría al
dar? Haciendo un inventario, ¿cuándo fue la última vez que diste y qué será lo
próximo que des con gozo?
Agosto 25 — Ricos Para Disfrutar Y Para Buenas Obras
A los ricos de este siglo manda que… hagan bien, que sean ricos en buenas obras,
— 1 Tim. 6:17, 18

El apóstol Pablo en 1Ti. 6:17-19 dice verdades desafiantes a los ricos:


1) no sean altivos,
2) no pongan la esperanza en las riquezas,
3) disfruten de lo que Dios les da,
4) sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos, y
5) atesoren buen fundamento para el futuro.
Creo que este mensaje no es sólo para los que están desbordados de dinero y
posesiones materiales, sino también para aquellos que tienen algo más de lo
básico para vivir con decoro. El tener un buen trabajo, el ganar más que otros,
el tener más oportunidades que otros no es para ser altivos, porque el dinero
que se tiene hoy puede perderse en un abrir y cerrar de ojos.
El avaro tiene posesiones pero no las disfruta. Conozco a un hombre que es el
más rico de su pueblo. Sin embargo, vive en tal miseria que avergüenza a sus
hijos, quienes tuvieron que regalarle a su madre una cocina moderna para que
no cocinara tan precariamente, o sillas nuevas para que se sentara con
seguridad.
Recuerdo a mi padre diciéndole a mi madre: — Mary, no escondas la vajilla
nueva; yo trabajo y quiero disfrutar de mi trabajo comiendo en plato sano.
Ella decía — Pero es que sólo la guardo para las visitas.
A lo que papá contestaba: — Las visitas y nosotros podemos disfrutar de
nuestra prosperidad.
Allí se terminaba la discusión y todos gozábamos de cosas lindas. Disfrutemos,
pues, de lo que Dios nos da.
Aquí aparece el otro lado de la moneda del verdadero rico:
Sean ricos, pero también sean ricos en buenas obras. Yo diría que es un
imperativo para aquellos que tienen más, pero es una exigencia de Dios para
ellos, no de nosotros para ellos. Eso de dar es algo entre ellos y Dios, es un
compromiso personal.
¿Cómo anda la distribución de tus posesiones? ¿Qué lugar tiene el hacer el
bien en tu plan mensual?
Agosto 26 — ¿Servicial O Servil?
El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir,
— Mat. 20:28

En cierta ocasión un profesor le dijo a una alumna: “Me molesta lo servil que
eres.” La jovencita se sintió muy ofendida y llorando me contó cuán herida
estaba por lo sucedido. En el proceso de entender la situación y ayudar a
superar el sentimiento del momento, buscamos el significado de la palabra
servil y supimos que se refiere a sirvientes-esclavos, a personas sin capacidad
de pensar y decidir, a personas que se humillan ante el despotismo.
Después pasamos a considerar la situación que movió al profesor a decir lo que
dijo, y así me enteré de que esta jovencita simplemente había recogido varias
veces los trozos de tiza que el profesor arrojaba o dejaba caer. Ella me dijo:
“Sólo lo hice para ayudar; nadie me dijo que lo hiciera, pero me sentí servicial
al hacerlo.” Llegamos a la conclusión de que servicial, en el concepto del
profesor, era servil; era ser “sirviente” en el sentido incorrecto de la palabra.
Este problema semántico se arregló con la Biblia, cuando leímos que Jesús
vino para servir y no para ser servido. La gente no lo entendió, ni aún hoy la
gente entiende a Jesús ni su obra; pero eso no detuvo ni detiene al Señor para
servir.
Cuando te sientas incómoda ante personas que se creen superiores como aquel
profesor, recuerda a Jesús que, siendo más grande que cualquier ser humano,
se humilló; no fue comprendido, pero sirvió.
Servir es nuestro placer; no debe importarnos la crítica, ni preocuparnos lo que
nos digan. Una burla muy común en mi país es decir en el idioma nativo
“manos sucias”, que significa la persona que se ensucia para servir.
¿Estás dispuesta a servir al Señor en tu prójimo? ¿Estás lista a no ser
comprendida, a ser humillada, a ensuciar tus manos?
Agosto 27 — ¿Que Beneficio Saco?
…para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre
que está en los cielos, — Mat. 5:16

Es interesante notar cómo se comporta el mundo cuando da algo o hace una


buena obra. Recuerdo la suspensión de una reunión de reparto de ropas usadas
que cierta entidad había organizado, porque el fotógrafo no estuvo presente.
¿No es insólito? ¡Es increíble! Pero ese hecho puso en evidencia cuál era el
verdadero objetivo del reparto de ropas. Aquí en este punto es donde la
sensibilidad cristiana tiene que reaccionar y preguntarse: ¿Para qué hago el
bien? Mat. 5:16 nos contesta diciéndonos: “Así alumbre vuestra luz delante de
los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro
Padre que está en los cielos.”
Me trajeron a casa a un niño abandonado mientras se encontraba un hogar
cristiano que lo recibiera como hijo. Un día una hermana pasó por casa y lo
vio. Después de hacerme algunas preguntas y suponer cosas, me dijo: “¡Qué
bien! ¡Qué buena idea! Yo también me voy a conseguir un criadito para que
me ayude.” Ella no pensó cuánto le daría a un niño, ni cuánto amor necesitaría
para tenerlo; sólo pensó en el beneficio que le reportaría conseguir un
“criadito”.
El objetivo en hacer el bien es cuánto necesita el otro, cuánto puedo darle, y no
cuánto puedo sacar de ventaja. Dar es desprenderse de algo y hay satisfacción
en hacerlo. La satisfacción mayor es el glorificar a Dios con nuestros hechos y
con la reacción que produce en los que ven las obras.
¿Estás permitiendo que quienes te rodean glorifiquen a Dios al ver las obras de
bien que realizas?
Agosto 28 — Servid Al Prójimo Como Al Señor
…sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres,
— Ef. 6: 5-9.

¡Qué penoso ha de ser tener que obedecer y servir a alguien que no es hijo de
Dios, alguien que no nos valore y que nos trate injustamente!
Creo que no es necesario usar tanta imaginación; sólo basta con vernos a
nosotros mismos trabajando con jefes incrédulos, con patrones injustos, con
patronas abusivas y muchas veces despiadadas, que no nos pagan lo que
merecemos, que ponen más carga de la que podemos aguantar, que nos tratan
irrespetuosamente, que nos hacen trabajar más horas de las acordadas, y todo
eso otro que sabemos por experiencia. Entonces, ¿cómo debo portarme frente a
todo esto? Trabaja como si lo hicieras para Jesús, no pienses que es para los
hombres, pon tus ojos en Dios y haz lo que tienes que hacer con gozo.
Muchos patrones de corazón duro fueron ganados por las buenas obras de sus
sirvientes. Decía una señora: “Tengo una cocinera que contagia con la alegría
que tiene; ella siempre está de buen humor y todos la quieren.” Yo conozco a
esa cocinera y sé que cada día lee su Biblia y cada mañana ora pidiendo
fuerzas para trabajar con buen testimonio. Ella ya ha ganado a dos personas de
esa casa y estoy segura de que ganará a todos porque no cesa de orar y servir a
su prójimo como al Señor. El pasaje que leímos en Efesios es su pasaje
favorito, lo sabe de memoria, y cuando está en tentación de no servir
correctamente lo repite y lo repite como una oración.
¿No crees que es tiempo de cambiar ese “no quiero ir”, o “siempre me lo piden
a mí”, o “hace frío, que vaya otro”, o cualquier otra excusa para no servir con
alegría?
Agosto 29 — Se Ve La Diferencia
Y discerniréis la diferencia entre…el que sirve a Dios y el que no le sirve,
— Mal. 3:18

Seguramente tú más de una vez trataste de ser diferente. El cambio puede


haber ocurrido en la apariencia externa. Un corte de pelo o un color diferente,
un tratamiento para adelgazar o un estilo de ropa diferente. Quizás el cambio
se refirió a actitudes, carácter o manera de ser. Todas queremos mejorar,
permitir que el Señor pula nuestras imperfecciones para acercarnos al modelo
que él tiene para nosotras.
Hay una forma de mejorar y ser diferentes que pocas veces tenemos en cuenta.
La Biblia dice que la gente ve la diferencia entre el que sirve a Dios y el que
no le sirve. ¿Cómo es esto?
Cuando servimos a Dios de corazón hay gozo. Y una persona llena de gozo lo
muestra en su cara. ¿No has visto un brillo especial en las personas felices?
Uno de los cuadros más tristes es ver a una persona infeliz. Esa persona se
vuelve amargada, malhumorada, negativa, y poco a poco sus amistades se
alejarán de ella y la dejarán sola. Después de todo, ¿quién quiere estar junto a
una persona así?
Además, la diferencia que se logra mediante el servicio tiene repercusiones en
otras personas. Puede ser que otros se “contagien” al ver el cambio en ti y
quieran seguir tu ejemplo. Y, por supuesto, está el beneficio que reciben las
personas a las que sirves en el nombre de Cristo.
La próxima vez que te encuentres frente a una oportunidad de servir, mírala
con ojos diferentes. No la consideres una carga o una tarea molesta.
Considérala como parte de un “tratamiento de belleza” especial de Dios.
Pronto podrás comprobar que realmente se ve la diferencia.
Agosto 30 — El Conoce
Yo conozco tus obras, y amor, y fe, y servicio…
— Apoc. 2:19

¡Qué afirmación más profunda! Especialmente al considerar que sale de la


boca de Dios. Ninguno mejor que él para conocernos como realmente somos y
conocer la realidad de nuestras actitudes e intenciones en lo que hacemos.
Yo conozco…tu servicio. ¿Cuál es tu reacción al leer esta frase?
Probablemente, si la consideras con seriedad, experimentes dos sentimientos
encontrados. Por un lado, la satisfacción de saber que Dios sabe de todo lo que
haces para él, aun de los actos más insignificantes. No hay nada que escape a
su conocimiento. Puede ser que otras personas no vean o no tomen en cuenta
tu servicio al Señor, pero Dios sí.
Pero también está el otro lado de la moneda. El sabe realmente cómo le sirves.
El sabe de tus verdaderas actitudes e intenciones. Podemos engañar a otras
personas en cuanto a nuestro servicio a Dios. Podemos aparecer como siervos
dedicados cuyo único objetivo es trabajar para el Señor. El conoce. El sabe
que, a veces, servimos para obtener alabanza de otros. El sabe que, a veces,
servimos para escalar y lograr poder y superación personal.
¡Qué bueno es servir a un Dios que te conoce! ¿Sabes que hay empresas en las
que los directores no conocen a sus empleados? Nuestro “jefe” no es así. El te
conoce. El sabe que, a veces, te sientes desalentada porque te esforzaste y las
cosas no resultaron como esperabas. El sabe de las veces cuando otras
personas no comprendieron o no interpretaron correctamente tu ministerio.
Da gracias a Dios por el privilegio de servirle. Dale gracias porque, a pesar de
tus limitaciones e imperfecciones, te eligió y te concedió un lugar importante
en la empresa de hacer llegar su mensaje “hasta lo último de la tierra”.
Agosto 31 — Mi Servicio: Una Ofrenda A Dios
…que la ofrenda de mi servicio a los santos de Jerusalén sea acepta,
— Rom. 15:31

El apóstol Pablo estaba haciendo un pedido muy especial a los creyentes en


Roma. Les estaba pidiendo que le ayudaran a orar para que Dios aceptara el
ministerio que estaba realizando como una ofrenda que agradara a Dios.
Te invito a que leas en 2 Cor. 11:23-28 la lista de los sufrimientos ocasionados
por servir a Dios que menciona Pablo. Sin embargo, él pide que le ayuden a
orar para que Dios acepte este servicio. Evidentemente, el Apóstol tenía una
percepción de la vida cristiana mucho más profunda de lo que estamos
acostumbrados a ver.
A veces creemos que Dios está obligado a tenernos en alta estima. Al fin y al
cabo, estamos haciendo mucho para él. Pero esta petición de Pablo va en la
misma línea de la amonestación del Señor Jesús al decir que, al finalizar
nuestra tarea no nos queda más que decir: “Siervos inútiles somos.”
Lo que hacemos para el Señor lo hacemos por amor a él. Nuestra vida de
servicio es nuestra ofrenda “agradable” a Dios. Nunca podremos hacer lo
suficiente para agradecer lo que él hizo por nosotros.
Gracias, Señor, por el privilegio de servirte. Acepta mis pequeños actos como
la ofrenda sincera de una vida alcanzada por tu inmenso amor.
Septiembre —
Victoria Frente A Situaciones Especificas
Edna Lee de Gutiérrez
No estás “vacunada” contra esto. Es parte de la vida. En algún momento la
crisis llega a tu vida. Viene sin anunciarse, y sin que la inviten. Pero llega.
Muchas son las formas de la crisis. Puede ser que, de repente, te encuentres
con que te has quedado sin trabajo. O una amiga en quien confiabas ha
traicionado tu amistad. O llega la enfermedad a tu hogar; o la muerte.
Estas y muchas otras situaciones hacen tambalear tu seguridad. Y entonces
comienzan las preguntas: ¿Por qué a mí? ¿Y ahora qué hago?
En el relato bíblico, la reina Ester vivió muchas situaciones peligrosas. Ella
debió tomar decisiones que le podían costar todo lo que era y tenía. Su ejemplo
te ayudará a buscar el camino correcto cuando te encuentres en alguna
situación semejante.
La autora de las meditaciones de este mes es la señora Edna Lee de
Gutiérrez, de México. Su trayectoria es muy conocida en su país y en
muchos otros que han recibido su influencia. Escritora,
conferencista, líder en el trabajo femenil a nivel nacional y mundial,
compañera de su esposo en el ministerio. ella vuelca mucho de su
experiencia en las páginas que siguen.
Septiembre 1 — Desarraigo
…un varón judío cuyo nombre era Mardoqueo … había sido
transportado de Jerusalén con los cautivos…, — Est. 2: 5, 6

Mi padre llegó de China a México cuando era un jovencito de dieciséis años.


Vivió cincuenta y siete años en México. Aprendió el idioma y la cultura de una
manera admirable. Algunos amigos decían que era “más mexicano que chino”.
Recuerdo, no obstante, que en sus últimos días de enfermedad, cuando
dormitaba, le escuchábamos hablar en voz muy suave ¡en chino! México fue
su segunda patria. Vivió feliz lejos de su tierra natal porque conoció
personalmente a Dios en Cristo y nunca olvidó sus raíces.
¿Has tenido alguna vez la experiencia de ser desarraigada? ¿Cómo te has
sentido en un país extraño? ¿Has logrado ajustarte a una nueva cultura?
Ester era una joven del linaje de Benjamín, cuyo nombre judío era Hadasa.
Cuando quedó huérfana, su primo Mardoqueo la crió como si hubiese sido su
propia hija. Ester aprendió la fe y la cultura judías de Mardoqueo. Fue
trasplantada de su cultura judía a la cultura persa. Vivió en Susa no por
elección propia, sino porque sus ancestros habían sido llevados cautivos de
Jerusalén durante el reinado de Nabucodonosor, rey de Babilonia.
Este tipo de desarraigo es difícil, doloroso. Nos sentimos conmovidos cuando
vemos en la televisión o a través de los periódicos, tanta gente que sale
huyendo de sus países por causa de la guerra o por guerrillas internas. Salen
sin documentos, sin ropa, sin los medios necesarios para subsistir; a veces con
la esperanza de llegar a algún país determinado; otras, sin rumbo fijo. Ester
tuvo la experiencia del desarraigo. Pero su fe estaba puesta en el único y
verdadero Dios, el Dios que “guarda a los extranjeros” (Sal. 146: 9 a).
Quienes tenemos nuestra fe puesta en Cristo, “sabemos que a los que aman a
Dios, todas las cosas les ayudan a bien”.
Septiembre 2 — Orfandad
Y había criado a Hadasa, es decir, Ester, hija de su tío, porque era huérfana…
— (Est. 2: 7 a)

Ester vivió situaciones específicas difíciles. Extranjera, en una cultura distinta


a la suya. Además, huérfana. La palabra orfandad es palabra triste. Es sinónima
de abandono, desamparo, desabrigo. Si la palabra es triste, la experiencia es
dolorosa.
Durante mi niñez recuerdo que había un juego muy popular entre las niñas. Se
formaba un círculo y en el centro se colocaba una niña. Las que formaban el
círculo daban vueltas, tomadas de la mano, y cantaban: “Pobrecita huerfanita,
sin su padre, sin su madre. La echaremos a la calle, a sufrir su desventura.” Se
hacía salir a la niña que estaba en el centro y luego tocaba el turno a otra.
A mí no me gustaba el juego y no participaba en él. Recuerdo que lloraba
cuando sacaban a la niña que estaba en el centro. Ahora ya he experimentado
la orfandad. Mi padre y mi madre están con el Señor. Ya no soy una niña sino
una mujer madura. No obstante, hay momentos en que siento nostalgia por mis
padres y pienso cuánto me ayudaría y me haría feliz poder compartir con ellos
los momentos difíciles o los de gozo. Dios llevó a Ester de una experiencia a
otra, para irla preparando para la misión delicada que le tocaría desempeñar.
Desarraigada de su patria y de su pueblo, tuvo la orientación de Mardoqueo.
Pero, sobre todo, como buena judía Ester sabía que Dios no es únicamente el
amparo (Sal. 10:14) sino el Padre de huérfanos, quien en su misericordia “hace
habitar en familia a los desamparados” (Sal. 68: 5, 6).
Los discípulos de Jesús tuvieron un fuerte sentimiento de orfandad cuando el
Maestro, cerca de la hora de consumación de su sacrificio, les hacía las últimas
recomendaciones. Pero su promesa, que es promesa para todos los que
confiamos en él, fue bálsamo de consuelo y fortaleza: “No os dejaré huérfanos;
vendré a vosotros” (Juan. 14:18).
Septiembre 3 — Victoria Sobre El Éxito
Y el rey amó u Ester mas que a todas las otras mujeres, y halló ella
gracia y benevolencia delante de él más que todas las demás vírgenes;
y puso la corona real en su cabeza, y la hizo reina en lugar de Vasti,
— Est. 2:17

Ester era joven hermosa y fue escogida junto con otras vírgenes de todas las
provincias del reino de Asuero, para ser llevada al palacio real. De entre todas
las doncellas, quien agradara a los ojos del rey, ocuparía el lugar de la reina
Vasti.
Ester encontró favor a los ojos de Hegai, guarda de las mujeres. Le dio el
mejor lugar en la casa de las mujeres y siete doncellas especiales que le
ayudaran. Mardoqueo aconsejó a Ester que no declarara su identidad como
judía, y ella así lo hizo.
Cuando fue llevada a la presencia del rey Asuero, el rey la amó más que a
todas las otras vírgenes. Puso la corona real en su cabeza y la hizo reina en
lugar de Vasti. Luego, dio un gran banquete en honor de Ester.
Parecía que Ester tenía todo lo que una mujer puede soñar: admirada por su
belleza, segura en el palacio, amada por el rey y ciñendo una corona real sobre
su cabeza.
Las situaciones difíciles que había vivido de desarraigo y orfandad, parecían
quedar atrás. Ahora tenía que enfrentar una situación más difícil: no dejarse
deslumhrar por el triunfo que había logrado y mantenerse humilde, en
obediencia a los planes de Dios para su vida.
Ester obtuvo la victoria de su carácter y temor de Dios, por encima del triunfo
de su belleza.
Dichosa la mujer cuya hermosura, más que exterior, es interna, del corazón.
Como aconseja Pedro:
“Vuestro atavío no sea el externo … sino el interno, el del corazón, en
el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de
grande estima delante de Dios” (1 Ped. 3: 3, 4).
Septiembre 4 — Decisión
…y entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si
perezco, que perezca, — Est. 4:16 b

Aunque Ester parecía tener todo lo que una mujer puede soñar, llegó el día en
que tuvo que examinar su posición, tomando una decisión crucial para vida o
para muerte.
El rey Asuero había engrandecido a uno de sus príncipes, Aman, poniéndolo
sobre todos los demás. Por orden del rey, sus siervos se arrodillaban ante
Amán. Pero Mardoqueo no se humillaba.
Esto llenó de ira a Amán a quien, en su soberbia, le pareció poco poner mano
en Mardoqueo solamente y, sabiendo que era judío, procuró destruirlos a
todos.
Amán persuadió de esto al rey, y Asuero así selló el decreto de la destrucción
de los judíos.
Mardoqueo encargó a Ester que fuera ante el rey para interceder por su pueblo.
Para hacerlo, Ester tenía que revelar su identidad. Aún más, aceptar el riesgo
de entrar al patio interior para ver al rey, sin haber sido llamada. Quedaba
desprotegida.
El mensaje de Mardoqueo para Ester fue poderosa declaración de fe y reto
tremendo:
“No pienses que escaparás en la casa del rey más que cualquier otro
judío. Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y
liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú y la casa
de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al
reino?”
Es entonces que Ester se enfrenta a una decisión vital: ¿En quién tenía su fe y
su confianza? Acepta el reto y con firmeza responde: “Entraré a ver al rey. Y si
perezco, ¡que perezca!”
Las decisiones en la vida se toman en la voluntad de Dios. Cueste lo que
cueste. ¿Qué decisión difícil te está pidiendo el Señor hoy?
Septiembre 5 — La Jornada De Fe
Aconteció que al tercer día se vistió Ester su vestido real, y entró en el
patio interior de la casa del rey … Ella obtuvo gracia ante sus ojos, —
Est. 5: 1, 2

Ester y sus doncellas ayunaron durante tres días. Ester le pidió a Mardoqueo
que todos los judíos en Susa hicieran lo mismo. Luego de tres días de ayuno se
vistió su vestido real y entró al patio interior de la casa.
Ester tuvo que caminar su jornada de fe. El valor y la fuerza para cumplir
nuestro deber provienen de nuestros recursos espirituales internos.
Frente a la presencia de Dios somos conscientes de nuestras debilidades. Ester
sabía que podía morir, pero confió en que formaba parte de un plan y un
propósito de Dios para ella y para su pueblo.
Finalmente, pudo romper la barrera del temor. ¡Qué paradoja que haya
experimentado la plenitud de la vida, cuando en fe decidió enfrentar la muerte!
Tuvo la libertad de tomar su propia decisión y, con valor, se decidió por Dios.
Permitió que su intervención milagrosa le ayudara en la situación de peligro en
que se encontraba. Así, cuando el rey vio a Ester en el patio, “ella obtuvo
gracia ante sus ojos”, y le extendió el cetro de oro que tenía en su mano.
De una u otra forma todas enfrentamos en la vida situaciones difíciles y
peligrosas. ¿Cómo hemos actuado?
¿Cuáles han sido las barreras que tienes que vencer? ¿Cuentas con los recursos
espirituales necesarios?
Ester se preparó en oración y ayuno. ¿Estás dispuesta a hacer tu parte para
lograr la victoria que estás demandando de Dios?
Septiembre 6 — Frente Al Peligro
Porque ¿cómo podré yo ver el mal que alcanzará a mi pueblo? ¿Cómo
podré yo ver la destrucción de mi nación?, — Est. 8: 6

Ester tenía fuerzas renovadas. Había emprendido una heroica jornada de fe y


confianza en Dios. Con cautela, pero sin titubear, se decidió a actuar en el
tiempo oportuno.
Reunió a los dos hombres poderosos del reino, el rey y Amn, ofreciéndoles un
banquete. Ester había conquistado el corazón del rey. Poco después el rey se
dio cuenta de que Mardoqueo había denunciado el complot de dos de sus
eunucos que intentaban matarlo. Asuero decidió honrar a Mardoqueo por este
acto.
El rey le preguntó a Amán qué debía hacerse a la persona a quien quería honrar
y, pensando que se trataba de él, Amán se apresura a responder. Grande fue su
desilusión cuando se dio cuenta de que el rey quería honrar a Mardoqueo.
Aman regresó a su casa furioso. Le llega entonces la invitación para el
segundo banquete que Ester había preparado. En este ella decide revelar al rey
su identidad y la crueldad del plan de Amán.
El rey se llenó de ira y Amán terminó colgado en la horca que había preparado
para Mardoqueo.
Ester rogó al rey por su pueblo. En su petición al rey, Ester mostró la firmeza
de su fe en Dios y obtuvo la victoria.
¿Sientes que necesitas un Abogado especial? Recurre al Señor y aférrate a su
brazo fuerte frente al peligro, la visión puesta en Dios revela:”… Dios es
nuestra defensa”.
Septiembre 7 — Sin Trabajo
Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en
gloria en Cristo Jesús, — Fil. 4:19.

Vivir en una ciudad cosmopolita y no tener trabajo para ganar el pan de cada
día, experimentar que una puerta tras otra se va cerrando a nuestro paso,
porque: “Lo sentimos mucho, el trabajo se le ha dado a una persona
recomendada”, o “Usted califica para una posición ejecutiva que no podemos
ofrecerle” … es una prueba donde la fe en Dios pasa por crisol de angustia y
sufrimiento.
Compartimos un fragmento de una carta bella, tierna, con el consentimiento de
quien la escribió.
“¡Cómo recuerdo sus palabras: ‘El Señor te está cerrando muchas
puertas, pero te va a abrir una muy grande’! ¿No es un milagro el haber
conseguido un trabajo en un país extraño, donde hay tantas limitantes
para los extranjeros y que, además, ha tenido recesión económica? Y,
sobre todo, ¿que me ocurra a mí, que vine exprofeso buscando esta
oportunidad que no se me dio en México en casi dieciocho meses de
estarla buscando? Y lo mejor: ¡aprender a depender de Dios en todo
momento!
“Esta bendición no está basada en bienes materiales sino en la fortaleza
espiritual que nos dejan las pruebas. El Señor debe amarme mucho:
tanto, que es incomprensible su amor en la condición de pecado de mi
vida. Decir que le doy gracias a Dios, es decir bien poco. Decir que le
amo con todo mi corazón, es decir algo. Se que el Señor me va a sacar
triunfadora. Pero el triunfo no es tan importante, como el hecho de que
soy hija de Dios.”
¿Te está probando Dios? Prepárate para la bendición.
Septiembre 8 — Superar El Dolor
Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones…,
— Rom. 5: 3 a

Una misionera estaba convencida de que sola no podría vivir en el campo


misionero. Así lo expresó en conversación a otra compañera. Un mes más
tarde, su esposo fue asesinado. Habían trabajado en el campo misionero
durante dieciocho años y ella no comprendía cómo estas cosas pueden
acontecer a los misioneros actualmente.
Empezó a investigar las opciones que se le presentaban para continuar en el
campo misionero. En esta búsqueda, sintió una profunda afirmación espiritual
de que volvería al campo.
“El nombre de mi esposo todavía aparecía en los calendarios de oración
y muchas personas que se dieron cuenta de lo que había pasado estaban
orando por mí. El Señor me dio un llamamiento muy, muy claro, para
volver al campo misionero.”
Poco más de un año después, se encontraba asumiendo su nuevo trabajo como
promotora de crecimiento de iglesias y de evangelismo, haciendo frente a la
vida en el campo misionero, sin su esposo.
A través del período de dolor, recibió el apoyo de muchos hermanos
colaboradores. Pero como ella misma lo expresa, su fuente principal de
fortaleza fue la oración:
“Pasaba cerca de dos horas continuas al día con mi Señor,
especialmente al principio, para saber con certeza hacia dónde me
dirigía y lo que debía hacer, y luego para tener la fuerza para ir a
hacerlo.”
Piensa en tu tribulación como la puerta que el Señor quiere usar para enseñarte
las “cosas grandes y ocultas que tú no conoces” (Jer. 33: 3).
Septiembre 9 — La Corona De Honra
Corona de honra es la vejez que se halla en el camino de justicia,
— Prov. 16:31

Es innegable que las personas que superan los sesenta años de edad van en
aumento en todo el mundo. Pero hay un fenómeno que emerge: las “nuevas
generaciones de ancianos”. No hace mucho tiempo, los ancianos sabios y
experimentados valían lo que una enciclopedia. El anciano de hoy ya no
desempeña el mismo papel. Vivimos en un mundo que parece ser exclusivo de
los jóvenes. La sociedad actual atribuye equivocadamente el éxito y la salud
como resultantes de la juventud; y lo más triste es que los mayores lo están
aceptando. No obstante, la experiencia, la serenidad, la sabiduría, no se
aprenden en los libros de texto. Hace falta mucho tiempo. Porque la vejez no
llega de repente: se alcanza día a día.
Entre los judíos, el anciano era considerado de gran estima y respeto:
“Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano …”
(Lev. 19:32).
Y en los planes de Dios hay lugar y oportunidades para los ancianos.
“Oye a tu padre, a aquel que te engendró; y cuando tu madre
envejeciere, no la menospecies” (Prov. 23:22).
Piensa en algún anciano cercano a tu corazón. Alguien de tu familia, o de tu
iglesia, o de tu vecindad. ¿Por qué no te propones honrarlo en este día
haciendo algo especial para él?
Septiembre 10 — La Vida Familiar Cotidiana
La mujer sabia edifica su casa; mas la necia con sus manos la derriba,
— Prov. 14: 1

En la tradición y la cultura de nuestros pueblos, en términos generales, es la


mujer la que vive el peso de la atención de un hogar, sea que dedique su
tiempo exclusivamente a él o que lo comparta en el ejercicio de una profesión
o un trabajo fuera de casa.
La responsabilidad que siente por cumplir adecuadamente con todos sus
trabajos le causa ansiedad, cansancio y, como consecuencia, irritabilidad.
La esposa refunfuñona, la madre con “neurosis doméstica”, tiene sus motivos
para serlo. Pero, cualquiera que éstos sean, la Biblia señala que: “Mejor es
morar en tierra desierta que con la mujer rencillosa e iracunda” (Prov. 21:19).
¡Qué afirmación tan terrible!
La actitud y disposición de la esposa y madre frente a los quehaceres
hogareños, son factores importantes en la convivencia y unión de la familia. Si
los quehaceres que desempeña en la casa son, para ella, el sentido de
estabilidad y seguridad que da a su hogar, el trabajo será menos pesado y
sacará fuerzas de flaqueza cuando el cansancio la agobie.
Dentro del marco natural de una familia, el espacio interno de la casa y el
hogar juegan un papel muy importante en el campo de la responsabilidad de la
madre y esposa. Es ella quien hace grata la estadía de la familia en la casa; ella
hace confortable su ambiente, aunque se viva en una casa modesta y con pocos
recursos.
No hay mujer exenta de la tentación y el peligro de convertirse en refunfuñona.
Pide hoy a Dios que te ayude a mostrar una sonrisa dulce y una actitud positiva
hacia los tuyos. ¡Edifiquemos nuestra casa bajo la dirección de Dios!
Septiembre 11 — La Administración De La Casa
Considera la heredad…, — Prov. 31:16 a

La administración del dinero es causa de muchas dificultades en los


matrimonios. Lo sabio es que en el hogar maneje el dinero quien tiene mayor
habilidad para hacerlo, pero son pocas las parejas que se ponen de acuerdo
sobre este punto antes de casarse.
Algunas jóvenes llegan al matrimonio sin haber aprendido a manejar finanzas.
Son hijas de casa en donde se les proporcionaba todo lo necesario, y en
algunos casos hasta lo innecesario. Posiblemente tenían un trabajo, pero el
dinero que ganaban lo empleaban en ellas mismas porque no tenían
responsabilidad de contribuir para los gastos del hogar.
Ahora se dan cuenta de que administrar el dinero es asunto delicado y que en
una casa hay muchos gastos que cubrir.
El versículo de hoy es una afirmación pequeña, sólo tres palabras, que apunta
una cualidad de la buena administradora: “Considera la heredad.” Es decir,
considera lo que tienes, con lo que cuentas y de acuerdo con eso, distribuye y
emplea el dinero.
Hay esposas muy demandantes con el esposo respecto al dinero. A veces este
trabaja horas extras para incrementar el ingreso familiar, pero la esposa no está
satisfecha. Algunas parejas terminan separándose por esta causa.
El otro lado de la moneda es el de los maridos que quieren controlar el dinero
y la esposa tiene que pedirles para cada gasto normal de la casa. Conocí a un
respetable señor a quien su esposa tenía que pedirle hasta para comprar ¡cien
gramos de sal!
Una mujer sabia se pone de acuerdo con su esposo sobre la forma en que van a
administrar su hogar: consideran lo que tienen; ponen en primer lugar a Dios
para que el dinero rinda; hacen presupuesto y llevan cuenta de los gastos en
una agenda o cuaderno.
¡Dios demanda que seamos buenos mayordomos!
Septiembre 12 — El Pan De Cada Día
Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su
descendencia que mendigue pan, — Sal. 37:25

Normalmente, una pareja que inicia su vida matrimonial pasa algunos apuros
económicos. En una casa nueva todo hace falta. La mía no fue excepción.
Un domingo, cuando mi esposo y yo regresamos del templo, no teníamos nada
que comer. Así que dispusimos en la mesa dos grandes vasos con agua, nos
tomamos de la mano y oramos. Al concluir nuestra oración escuchamos un
toque suave en nuestra puerta. Mi esposo salió a abrir y encontró a un niño,
hijo de una hermana de la iglesia, chorreando sudor por la frente y llevando en
su mano una pequeña olla que entregó a mi esposo diciendo: “Mi mamá sabe
que a su esposa le gusta mucho la sopa y aquí le manda para su almuerzo.”
¡Fue la sopa más deliciosa que hemos tomado en nuestra vida! Hace unos años,
un hermano pastor de China me dijo de una manera sencilla:
“Ustedes en el occidente muchas veces no saben lo que es orar y
depender de Dios. Por ejemplo, cuando oran: ‘Danos hoy nuestro pan
cotidiano’, realmente no están dependiendo de la provisión de Dios
porque tienen en su refrigerador y en su alacena comida suficiente no
sólo para un día, sino para muchos. Nosotros dependemos de Dios para
nuestro pan de cada día.”
Creer la afirmación de la Escritura que “no he visto justo desamparado, ni su
descendencia que mendigue pan”, implica estimar en todo su valor la
bendición del pan de cada día, cuando lo tenemos sin mayor preocupación;
pero también esperar en fe que Dios lo proveerá en nuestra mesa, cuando las
circunstancias son difíciles.
Septiembre 13 — Preparemos A Los Hijos Para El Amor
He aquí, herencia de Jehová son los hijos …, — Sal. 127: 3 a

La responsabilidad de los padres hacia los hijos se basa en el principio bíblico


que son “herencia de Dios”. Los hijos no nos pertenecen: son del Señor. La
gran responsabilidad que tenemos delante de Dios como padres al reconocer
que los hijos son herencia suya, es el cultivo de nuestro amor conyugal,
sabiendo que es influjo formador en la vida de nuestros hijos.
El niño y el joven reciben de los padres las primeras impresiones de la vida
conyugal y de lo que es un matrimonio. El niño, y más intensamente el joven,
observan con el corazón y con los sentidos bien despiertos cómo se aman el
padre y la madre, cómo se comportan el uno con el otro, cómo se obstaculizan,
cómo se soportan o se agreden…
Los padres cometemos el error, difícil de superar, de creer que “los niños no se
dan cuenta”, o que “los jóvenes aún no entienden lo que es la vida”.
Educar es responsabilidad de los padres. Y educar implica, en gran manera,
preparar a los hijos para el amor.
En esta área de la educación, la palabra es inútil y a veces hasta perjudicial
cuando no se apoya en la vida de los padres que la pronuncian. Cuando el
hogar es puerto seguro o remanso de paz; cuando los hijos contemplan el amor
que triunfa en sus padres como una realidad cotidiana… sienten en lo secreto
de su corazón la seguridad de ser hijos del amor. Es en el amor de los padres
que los hijos aprenden que el amor es posible, duradero, total, humilde,
generoso, tierno, perdonador, restaurador. En el amor de los padres los hijos
vislumbran el significado del amor de Dios.
Preparemos a nuestros hijos para el amor, a través del cultivo de nuestro amor
conyugal, con la conciencia de que son herencia de Dios para nuestra vida.
Septiembre 14 — Independencia Y Madurez
Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su
mujer, y serán una sola carne, — Gén. 2:24

La relación originariamente más estrecha y fuerte en este mundo, es la de


madre-hijo: porque el hijo se forma y se desarrolla en el seno de la madre; y es
una relación emotiva que se mantiene vigente a lo largo de toda la vida. La
madre debe educar al hijo para independencia y madurez. Hay el peligro de
que termine por dedicarse más al hijo que a su esposo. Si no se cuida el amor
conyugal, se favorece el carácter “acaparador” del amor materno, que tiene
efectos negativos tanto en el hijo como en el matrimonio.
El hecho que el niño necesite cuidado y ayuda le brinda a la madre pretexto,
aparentemente válido, para ejercer este carácter acaparador. Es el amor
matrimonial, el cariño de su esposo, el que le ayuda a guardar mesura y
equilibrio en la relación con sus hijos.
En los matrimonios en que la esposa se va retirando casi inconscientemente del
marido para volcarse en los hijos, la pareja se separa gradualmente; y los hijos
de este tipo de matrimonio tienen serias dificultades para liberarse de la madre.
Una pareja joven tenía problemas matrimoniales. Conversando con el esposo,
me dijo de una manera enfática:
— Para mí, primero es mi madre. Mi respuesta fue sencilla:
— Entonces, ¿por qué se casó?
La educación supone armonía de fuerzas entre autoridad y libertad: ni
autoritarias, ni sobreprotectoras. Eduquemos a nuestros hijos para ser
responsables, no eternos adolescentes. En los planes de Dios, los hijos van a
dejarnos para unirse a su pareja. Recordemos que nosotras hicimos lo mismo.
Considera seriamente que tu papel en la educación de los hijos es,
precisamente, ayudarlos y guiarlos en su independencia y conquista de la
madurez.
Septiembre 15 — Los Hijos Adolescentes (la. Parte)
…no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten,
— Col. 3:21

América Latina es un continente joven. En México, por ejemplo, más de un


60% de la población total se encuentra en edades menores a los 27 años, lo que
traduce que hay una generación entre los 12 y 17 años: adolescentes que están
pasando por una etapa llena de trastornos físicos, emocionales y sociales.
Este marco de referencia permite abordar una situación más concreta de crisis
en la que se requiere salir victorioso.
Hay familias con patrones de conducta muy rígidos que, ante cualquier
cambio, se ven envueltas en una crisis. La rigidez entendida no como un
ataque a la disciplina y a principios de orden, sino a la falta absoluta de
flexibilidad dentro de un marco de superación continua en el camino del bien,
no es un buen campo para favorecer el desarrollo del individuo; y en el
adolescente se agrava por coincidir con la necesidad de abandonar una
estructura biológica infantil y el comportamiento inherente de esa etapa.
Generalmente, el adolescente se ve obligado a seleccionar entre dos caminos:
adaptarse por medio de la sumisión; o rebelarse en lucha interna encubierta en
autodestrucción (alcoholismo, drogas, gula, dolores de cabeza, lesiones
ulcerosas, etc.), con matices que pueden llegar a intentos de suicidio o lucha
abierta en la que logran cambios, no sin experimentar dolor para las partes
afectadas.
Yo no quiero esto para mis hijos, y estoy segura de que tú tampoco. ¿Qué
hacer, entonces? Sé franca con ellos al reconocer que a veces sientes
incertidumbre e indecisión en cuanto a la rigidez de la disciplina. Sé honesta
contigo misma al estudiar tus motivaciones en cuanto a la disciplina de tus
hijos.
Por sobre todo, antes de actuar pide sabiduría al Señor.
Septiembre 16 — Los Hijos Adolescentes (2a. Parte)
…criadlos en disciplina y amonestación del Señor, — Ef. 6: 4

La familia debe superar la crisis que produce el actuar de un adolescente. Los


padres deben ubicarse, explicándose los cambios del adolescente y ofreciendo
una oportunidad de regulación lógica e inteligente, en vez de propiciar el
rompimiento.
Conversar con los adolescentes a niveles de prevención, tiene valor, si es en
términos cotidianos. No se trata de una intervención extraordinaria sino de
continuidad. Se trata de prevención y no de simple información. Se trata de
conducir al adolescente a interrogarse sobre los “porqués”, a tratar de
encontrar la manera de redefínir su conducta con la mente de un adulto.
¿Qué hacer con los hijos adolescentes? Escucharlos. Ejercitarnos en el elogio
para estimular sus aspectos positivos. Si nos examinamos sinceramente
veremos que somos más rápidas en destacar defectos que en reconocer
aspectos positivos. ¡Y se trata de las personas a quienes más queremos!
No exasperarlos para que no se desalienten. Indudablemente es muy difícil;
pero no olvidemos que “si alguno tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual
da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada”.
¿En qué aspecto especial de tu relación con tu hijo adolescente necesitas
reclamar la sabiduría de Dios? Hazlo ahora mismo.
Septiembre 17 — Arrepentimiento Y Conversión
…que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas
de arrepentimiento, — Hech. 26:20 b

En una reunión femenil en Indonesia, una hermana compartió el testimonio de


la vida de su madre:
“Como muchos asiáticos, mi madre confiaba en fetiches y amuletos
para su paz y protección. Cuando yo era pequeña, un misionero chino
llegó a nuestro pueblo y predicó el evangelio. La palabra de Dios
redargüyó a mi mamá de su pecado.
“Se convirtió a Dios y lo primero que hizo fue reunir todos sus
amuletos. Le pidió al pastor que llegara a la casa a orar y luego los
quemó en el nombre de Jesús.
“Después, escribió cartas a las personas a quienes había ofendido,
pidiéndoles perdón. Luego pagó sus deudas a quienes debía dinero.
Unos meses antes, mamá había llevado con un doctor a mi hermana que
estaba enferma. No había podido pagarle. Le prometió hacerlo en
cuanto pudiera. Pero mamá había descuidado su promesa. Ahora,
convicta de pecado, fue a casa del médico a pagarle; pero él se había
cambiado y nadie le pudo decir su nuevo domicilio.
“Mamá escribió una carta; puso el dinero que debía al doctor dentro de
la carta en un sobre; luego fue al templo y depositó el sobre en el
canasto de la ofrenda. Cuando abrieron el sobre, se dieron cuenta de
que la carta era para Dios: ‘Amado Señor, por favor dale este dinero al
doctor. Se lo debo.’
“Un mes antes de ser llamada por Dios a su hogar celestial, a los
ochenta años de edad, todavía estaba escribiendo lecciones de la
escuela dominical para los maestros en cinco misiones que ella había
comenzado. En ese tiempo, ya estaba enferma de cáncer.”
Que tus obras de hoy muestren que eres una hija del Rey.
Septiembre 18 — Cumplir La Regla De Oro
Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con
vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y
los profetas, — Mat. 7:12

Jesús resume en un principio general la enseñanza que hasta ese momento


había expuesto. Este principio es el amor al prójimo como a uno mismo. El
amor, que se manifiesta en las obras y tiene su raíz en el amor de Dios, es el
primero y supremo mandamiento.
La crisis que vive el mundo ha dirigido el amor a las cosas, más que a las
personas. ¿Cómo podemos explicarnos la frialdad con que irresponsablemente
se destruye un hogar, se señala a una persona, se le priva de su libertad, se le
desmorona económicamente, se le ridiculiza por el simple hecho de no
parecerse a nuestros patrones de conducta?
Que el amor es indispensable para nuestro desarrollo, no hay duda. La crisis
está en que lo reconocemos, pero actuamos contradictoriamente.
Quien ama, es incapaz de destruir, de utilizar a los demás en su beneficio, de
ser indiferente al dolor ajeno … ¡mucho menos causarlo!
Cuántas veces nos justificamos afirmando que “hacemos a otros lo que
queremos para nosotros mismos”; pero, ¡cuán difícilmente lo logramos cuando
“los otros” nos han causado mal! Es entonces cuando no podemos cumplir la
regla de oro, ni vencer con el bien el mal.
Solamente Dios, que encamina a bien el mal que otros nos causan, nos capacita
para cumplir la regla de oro. ¡Propónte vivirla hoy!
Septiembre 18 — La Escuela De La Oración
Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra,
— Mat. 6:10

He vivido la experiencia de aceptar la voluntad de Dios, como una de las más


difíciles y duras de mi vida. El Señor nos educó en la escuela de la oración y la
confianza en su misericordia.
Una noche, mi esposo y seis personas más naufragaron en un lago. Tuvieron
que luchar con corrientes contrarias, bajo una terrible tormenta, durante trece
horas y media. Mi esposo tenia que predicar aquella noche en una reunión de
jóvenes y no pudo presentarse. Tuve que tomar su lugar y sólo la fuerza del
Señor me sostuvo para compartir su Palabra en medio de mi angustia. Aquella
noche mientras esperaba sin saber lo que había pasado, pero sintiendo que mi
esposo estaba en un gran peligro, quise orar al Señor diciendo: “Sea hecha tu
voluntad.” ¡Pero no pude! Durante varias horas mi oración fue: “Señor,
¡sálvalo!”
Finalmente mi Dios en su misericordia me dio la fuerza para pedirle perdón y
rogarle que si quería llevarse a mi esposo, me concediera la fuerza para aceptar
su voluntad … En ese momento mi esposo pudo cruzar las corrientes
contrarias y llegar a la playa de una pequeña isla en medio del lago.
Orar el Padre Nuestro con conciencia conlleva la tremenda responsabilidad de
aceptar la disciplina que esta oración de Jesús nos impone. Orar que se haga la
voluntad de Dios significa, en ocasiones, vivir la agonía de Jesús en
Getsemaní: “Si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad,
sino la tuya.”
El evangelista Lucas nos dice que “se le apareció un ángel del cielo para
fortalecerle” (Luc. 22:43).
En nuestras luchas por cumplir y aceptar la voluntad de Dios en nuestra vida,
podemos estar confiados en la fortaleza de su Espíritu.
Septiembre 19 — Hay Que Conservar La Visión Clara
¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas
de ver la viga que está en tu propio ojo?, — Mat. 7: 3

Algunas mujeres tenemos la tendencia a descubrir con mucha facilidad los


más pequeños defectos en otras personas y no reconocer defectos en nosotras
mismas. Tristemente, esta tendencia es común aun entre cristianos.
Una hermana anciana, dirigiendo un estudio bíblico a un grupo de damas, nos
presentó una cartulina blanca, grande, con un pequeñísimo punto negro en el
centro. Al preguntarnos qué veíamos, todas respondimos a coro: “¡Un punto
negro!” La hermana nos hizo reflexionar en cómo es la naturaleza humana, que
ve defectos: puntitos negros, y no virtudes: la cartulina blanca.
Hay un relato de León Tolstoy, “El perro muerto”, en el cual se narra una
visita de Jesús a una ciudad. Se da cuenta de que en un rincón de la plaza del
mercado hay algunas personas agrupadas, contemplando algo, y se acerca para
ver qué estaba llamando su atención. Era un perro muerto, con una cuerda
atada al cuello. En las palabras de Tolstoy, “jamás cosa más vil, más
repugnante, más impura, se había ofrecido a los ojos de los hombres”.
Los que estaban en el grupo miraban hacia el suelo con desagrado y hacían
comentarios duros y crueles sobre el animal. Jesús los escucha. Con una
mirada de tierna compasión para el perro muerto, dijo: “¡Sus dientes son más
blancos y hermosos que las perlas!”
El comentario final de Tolstoy es que sólo Jesús de Nazaret podía encontrar
algo que alabar en un perro muerto.
En un hogar cristiano se tenía la siguiente consigna: “Aquí no se habla mal de
nadie.” Era una forma de cumplir con la advertencia de Jesús sobre aquellos
que miran la paja en el ojo del hermano y no echan de ver la viga en el propio
ojo.
Piensa en algo lindo que puedas expresar de tu hermano, y compártelo con otra
persona.
Septiembre 20 — Dar Gracias En Todo
Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios,
— Sal. 103: 2

Hay quienes se vuelven “desmemoriados” porque no quieren sentirse


deudores de gratitud a nadie … ¡ni siquiera a Dios! El Evangelio de Lucas
(Luc. 17:11-19) relata que, pasando entre Samaría y Galilea, Jesús entra en una
aldea y le salen al encuentro diez leprosos. Tenían que vivir alejados de la
gente. Hasta ellos había llegado la fama de Jesús. “De lejos”, porque así lo
ordenaba la ley, alzan su voz pidiéndole que tuviera misericordia de ellos.
Jesús les manda ir a “mostrarse a los sacerdotes”, encargados de certificar
oficialmente que un leproso había sido sanado. Al dirigirse a Jerusalén, “¡en el
camino quedaron limpios!”
Era natural que al sentirse libres de su mal se apresuraran a presentarse ante los
sacerdotes. En medio de la euforia de quien se siente libre de un azote, uno de
los diez leprosos, samaritano, volvió para dar gracias a Jesús por su curación.
Es entonces que Jesús pregunta con tristeza: “¿No son diez los que fueron
limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria
a Dios sino este extranjero?”
Lucas enfoca más la maravilla de la gratitud del samaritano por el beneficio
recibido de Dios, que el milagro mismo de la sanidad de los diez leprosos.
El amor y la misericordia de Dios son para todos. Somos beneficiarios de sus
bendiciones. Pero Dios se goza con los corazones agradecidos, que “no olvidan
ninguno de sus beneficios”.
Cultivemos la memoria contando cada beneficio que recibimos de su mano,
para no olvidar ninguno.
Septiembre 22 — La Viudez
…mas ésta, de su pobreza echó todo el sustento que tenía,
— Luc. 21: 4 b

Los vínculos fuertes y profundos no sólo son los de sangre o de raza sino los
de amor y compromiso, como se dan en un matrimonio. ¿Cómo superar, luego
de la prosperidad vital de un matrimonio, la experiencia de la viudez, donde la
carencia asoma con sabor de abandono total?
La palabra de Dios consuela cuando asegura que él se ocupa singularmente de
las viudas. Hay dos cosas que se destacan en la viudez cristiana: la dignidad y
la esperanza.
La dignidad de aceptar la vida, si se tiene salud o alegría, paz y prosperidad,
con la misma actitud de gratitud a Dios en la hora de la enfermedad, la tristeza,
o el desasosiego más profundo. Porque la dignidad no está en el entorno de
abundancia de bienes que se poseen sino en el estado de ánimo sostenido por
un recuerdo feliz y fe profunda.
También se da la esperanza, donde la vida se asume con actitud de confianza,
sabiendo que él suplirá todo lo que falta conforme a sus riquezas en gloria. No
es nada fácil, pero se da. La viudez es el contraste donde, de la carencia se da
la abundancia; de voz solitaria se eleva una oración, como quien lo espera todo
del Señor; donde en carne propia se vive la certeza en él como vivencia
indestructible.
Así se entiende el buen nombre de la viuda que dio todo lo que tenía y es
alabada por Jesús en el evangelio. El alabó la actitud y acto conjugados de la fe
genuina de quien sabe vivir pendiente del favor del Padre.
¿Puedes decir tú hoy que vives con esa misma actitud?
Septiembre 23 — En El Desierto, Una Fuente De Vida
He aquí la hora viene, y ha venido ya, en que seréis esparcidos cada
uno por su lado, y me dejaréis solo; mas no estoy solo, porque el Padre
está conmigo, — Juan. 16:32

Cuando nos percatamos cuánta gente a nuestro alrededor vive en soledad,


puede sorprendernos. Lamentablemente, los estilos de vida cada vez más
atomizados de las familias, ya sea por razones de trabajo, migraciones,
conflictos emocionales o conyugales, ahogan la oportunidad de que cada
miembro pueda ofrecerse cariño, apoyo. Mucho menos pueden enriquecerse
mutuamente al compartir experiencias, dudas, inquietudes, proyectos,
ilusiones.
En medio de una carestía de conversaciones nutritivas, solidez afectiva,
aceptación comprensiva y una escucha sensible y comprometida, la vida puede
tornarse tan árida y desolada como un desierto. El Antiguo Testamento hace
alusión a que “… santas ciudades están desiertas, Sion es un desierto,
Jerusalén una soledad” (Isa. 64:10).
Y en un desierto, como en la soledad, una se siente perdida sin saber qué
camino tomar, llegando a la desesperación (Sal. 107: 4). Sin embargo, aun en
esta situación el Señor Jesús mostró vida, cuando el Espíritu Santo le llevó al
desierto por cuarenta días. Allí, ante la tentación, expresó su fe y confianza en
las promesas de la Palabra de Dios. Obedeció y vivió en el poder del Espíritu.
La invitación es abierta: confiar en Dios, ser constantes en la oración. Saber
que nada ni nadie nos puede arrebatar la vida que nos da su amor: “ni
tribulación, ni angustia, ni desnudez, ni hambre, ni peligro, ni espada”… ni
soledad.
Septiembre 24 — Un Corazón Apacible
El corazón apacible es vida de la carne; mas la envidia es carcoma de los huesos,
— Prov. 14:30

Quienes aborrecen en forma permanente la prosperidad, bondad y “todo


trabajo y toda excelencia de obra” del prójimo, esclavizan su vida al minar sus
pensamientos, emociones y voluntad con odio, amargura y malos deseos
(Ecl. 4: 4). La envidia consume su tiempo, energía, bienestar, salud y libertad.
La envidia es un sentimiento autodestructivo y agresivo, que puede estar
presente en cualquier vínculo: ya sea fraternal, conyugal, familiar o laboral.
La envidia es un sentimiento ciego que sólo le interesa su propio provecho. Se
expresa con rebeldía e injusticia. Por ello, en forma indistinta puede codiciar la
prosperidad de los malos (Prov. 24: 1), o la bondad que se ejerce y comparte
con misericordia (Mat. 20: 1-15).
El más claro ejemplo lo vemos en la traición y complot para arrestar y
condenar a muerte a Jesús. Fue la envidia lo que movió a los sacerdotes y
ancianos a persuadir a la multitud para que pidiera a Pilato que Barrabás fuese
liberado ese día (Mat. 27:15-23).
Detrás de la codicia desaforada de falsos asideros, reconocimiento, poder,
exclusividad, competencia o arrogancia, la envidia habla de un terrible vacío
de la presencia de Dios en amor, bondad, integridad y santidad.
Evaluemos nuestra vida. ¿En qué la invertimos? ¿De qué está llena? ¿De
envidia, en donde condenamos en nosotros mismos la bondad de Jesús? ¿O de
libertad, salud, paz. amor y santidad? No tengamos envidia de los que hacen
iniquidad. Confiemos en Dios y hagamos el bien … (Sal. 37: 1-3)
Septiembre 25 — Identidad
Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un
espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en
la misma imagen, como por el Espíritu del Señor, — 2 Cor. 3:18

El pecado socava lo más precioso y vital en el hogar. De esta manera, es


difícil que se desarrolle una relación transparente y edificante que ofrezca a los
hijos un intercambio de sentimientos; una asunción de funciones oportunas e
idóneas, sin identidades confusas u ocultas, con capacidad sana para resolver
conflictos sin culpabilidades o chantaje, y con autoridad compartida y
responsable.
Cada uno de estos aspectos, entre otros, constituyen las posibilidades y
herramientas que un individuo necesita para estructurarse, definir sus valores,
carácter, y en sí, su identidad. Con cuánta frecuencia jóvenes y adultos
encaminan esa búsqueda de identidad en el alcohol y las drogas; en donde
además de errar en su elección, se restan posibilidades de vida y no encuentran
lo que tanto ansían, a veces sin saber qué es lo que necesitan.
Dios se nos presenta como nuestro Padre amante y perfecto. Su voz nos llama
constantemente para transformarnos, crecer e identificarnos como hijos suyos.
Podemos hablarle sin temor, seguros y confiados. Confesarle pesares y dudas.
El responde.
Septiembre 26 — El Vinculo De La Paz
Con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los
unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en
el vínculo de la paz, — Ef. 4: 2, 3

La presencia de violencia, física o simbólica, en cualquier relación, pone en


riesgo la existencia de ésta, así como la integridad emocional, moral, espiritual
o física de las partes implicadas. Y cuando el escenario es el seno mismo de la
familia, resulta angustiante, doloroso y difícil de solventar.
Si se considera a la familia como un sistema, cada elemento que lo compone
guarda una relación y proporción con respecto al resto de los elementos.
Cuando hay una disputa conyugal por incomprensión, diferencia de opiniones
o infidelidad; un resentimiento entre padres e hijos, o una rivalidad entre
hermanos, si en la confrontación no se logra esclarecer y comunicar los
sentimientos, se puede llegar al punto de recurrir a cualquier forma de
violencia. Lo que no se pudo expresar, se manifiesta con indiferencia, agresión
o enojo.
En la Palabra de Dios se nos aconseja abstenernos de los deseos carnales que
batallan contra el alma (1 Ped. 2: 1). Producen conflictos y violencia. “Y
manifiestas son las obras de la carne…”(Gál. 5:19-21).
Darse cuenta de las causas de los conflictos y poder expresarlos, no basta. Es
necesario renunciar a vivir según la carne y ubicarse en la dimensión eterna del
amor de Dios, en donde el fruto de su Espíritu es “amor, gozo, paz, paciencia,
benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza …” (Gál. 5:22, 23).
Llevemos ante la presencia de Dios cada relación y conflicto. En él todas las
cosas son reconciliadas. Su llamamiento es a guardar la unidad del Espíritu en
el vínculo de la paz.
Septiembre 27 — Confianza
Mas el que me oyere, habitara confiadamente y vivirá tranquilo, sin temor del mal,
— Prov. 1:33

Conocer quién es nuestro enemigo nos permite determinar con qué armas
vamos a librar la batalla. En la Biblia se nos advierte que “no tenemos lucha
contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades …”
(Ef. 6:12). El enemigo es sutil y en ocasiones nos hace dudar y desviar la
mirada de nuestra fe. Indefensas, nos involucramos en el afán de este mundo.
Empezamos a sentirnos agobiadas por cansancio, lastimadas por odio y
hostilidad. Aunque podamos contar con algún éxito, ya sea en el trabajo o con
la familia, nos sentimos tristes e insatisfechas.
El problema se agrava porque es en nuestro propio corazón donde se ubica la
desesperanza, el enojo, el dolor o frustración. Así se pierde la ilusión por la
vida. Se cae en un estado de parálisis, de inactividad. Se dificulta la capacidad
de reflexión; inundándonos de temor y desconfianza.
Una familia cristiana experimentó la tragedia de una hija que se quitó la vida.
Una hermana que vivía en el extranjero, cuando llegó para el funeral, en medio
de su dolor y abatimiento, preguntaba: “¿Dónde estaba Dios para que esto
pasara? ¿Dónde estaba Dios?” Su expresión era de reclamo a su familia, como
si dijera: “Si somos cristianos, ¿por qué ninguno pudo ayudarla?”
En nuestra lucha contamos con la dirección de Dios, capitán todopoderoso.
Suficiente para vencer el mal, fiel para escucharnos, y misericordioso para
hablar y sanar nuestras almas.
Acerquémonos a él, confesando en oración la angustia que nos asedia. En él
podemos confiar, porque fieles son sus promesas.
“Este pobre clamó, y le oyó Jehová, y lo libró de todas sus angustias”
(Sal. 34: 6).
Septiembre 28 — El Supremo Llamamiento
…rosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús,
— Fil. 3:14

El sentido de la vocación es, quizá, el sentido superior del hombre. Quienes lo


poseen; quienes son conscientes de que su vida tiene un llamamiento, una
finalidad, un reto, pueden considerarse hombres y mujeres en toda la extensión
de la palabra.
Miguel de Unamuno decía que “el gran problema no está en el reparto o
distribución de las riquezas, sino en la crisis de vocaciones”.
En el sentido más estricto de la palabra, vocación vale por llamamiento de
Dios a un servicio, a una misión. El mundo necesita mujeres cristianas
honestas, emprendedoras, capaces de poner en crisis los valores del mundo
actual con espíritu de discernimiento divino.
Don Francisco Estrello decía que la suprema vocación del hombre y la mujer
es ser íntegros. Las mujeres cristianas estamos llamadas a ser íntegras en el
hogar, en las relaciones personales, en el trabajo, en el ejercicio de la
profesión.
Las mujeres cristianas tenemos una misión que cumplir. Nuestra misión es la
tarea que Dios nos ha confiado. Nuestro campo de servicio es el lugar, el
tiempo, las circunstancias en que Dios nos ha colocado para ser testigos de su
amor y gracia redentores.
Débora, Ester, la samaritana, Dorcas y muchas mujeres de la Biblia fueron
llamadas por Dios y cumplieron su misión con fidelidad.
Hoy nos sigue llamando a cumplir una misión, conociendo nuestra fidelidad
irreductible al ser las últimas en abandonar la cruz y las primeras en llegar a la
tumba vacía.
Que Dios renueve nuestro vigor y nos impulse a cumplir nuestra vocación:
¡llevar al mundo el mensaje de la resurrección!
Septiembre 29 — La Meta Del Nuevo Mandamiento
Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os
he amado, que también os améis unos a otros”, — Juan. 13:34

¿Cuál es la meta de nuestra vida? Se requiere tener esta precisión para


evaluar si somos congruentes entre lo que decimos y lo que realizamos.
Sin temor a equivocarnos, una respuesta universal sería: ser felices, ser libres,
tener resueltas las necesidades básicas de la subsistencia.
“Que os améis unos a otros como yo os he amado”, es enseñanza de Jesús.
Enseñanza que es de vivencia. No traduce imposición, sujeción, comprensión,
interés, temor, exhibición de autoridad, despertar de sentimientos de culpa,
demostración de carencias, condiciones de éxito … nada de eso. Traduce con
sencillez, sin mayor complejidad: “Como yo os he amado.” Esta es una
responsabilidad que debe estremecernos. No queremos ser piedras de tropiezo.
Que en nuestro círculo familiar, social, laboral, nuestro actuar cotidiano refleje
que amamos como Jesucristo nos ha amado.
¿Por qué no convencemos? ¿Por qué no somos escuchados y, por el contrario,
rehuyen nuestra conversación o sufren nuestra presencia? La sabiduría del
dicho popular calza como anillo al dedo: “Tus hechos hablan tan alto, que no
me dejan oír tus palabras.”
No es fácil enfrentar la verdad y asimilar el costo de reconocer errores,
enmendar caminos, despojarnos de autoritarismos sin perder fortaleza. Implica
recorrer el camino reflejando con nuestro diario vivir actitudes sinceras,
inspiradoras, capaces de estimar el sacrificio redentor de nuestro Señor.
Seamos congruentes. Actuemos acordes con la voluntad divina: como él nos ha
amado, ámemenos unos a otros.
Septiembre 30 — La Victoria Que Vence Al Mundo
Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la
victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe, — 1 Jn. 5: 4
Creer que Jesús es el Hijo de Dios, es creer en la encarnación: Dios en Jesús
asumió nuestra humanidad en un acto de amor. El apóstol Juan define la fe
victoriosa como la fe en Jesús como el Hijo de Dios.
Tres veces repite la expresión: “Vencer al mundo” (1 Jn. 5: 4, 5). Primero dice:
“Todo lo que es nacido de Dios vence al mundo.” Luego: “Y esta es la victoria
que ha vencido al mundo, nuestra fe.” Después pregunta: “¿Quién es el que
vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?”
Una vez usa el verbo “vencer” en participio y dos en presente. Es decir, es una
victoria ya conquistada pero a la vez continua, permanente, que el cristiano
disfruta.
Cualquier forma que tome el ataque del mundo contra el cristiano, la victoria
es nuestra. La confianza en la deidad de Jesús es el arma contra la que ni el
error, ni el mal, ni la fuerza del mundo, pueden prevalecer.
¡Afirmación valiente la del apóstol Juan: decir en el siglo I que la victoria no
era de Roma sino de Jesús y sus humildes seguidores!
En nuestro mundo contemporáneo, hay diferentes “Romas” que pretenden
tener la victoria. Nuestra seguridad, nuestra confianza, es que la victoria nos
pertenece por la fe en el Hijo de Dios que nos amó y se entregó a sí mismo por
nosotros.
Muchas, diversas son las luchas en que nos vemos envueltas día a día en
nuestro peregrinar. Demos gracias a Dios porque en todas “somos más que
vencedoras por medio de aquel que nos amó”.
Octubre — La Mujer Y Su Influencia
Elena Corrales de García
Muchos poemas hacen referencia a la influencia de la mujer. Los enamorados
cantan acerca de esto. En el “Día de la Madre” hijos y esposos exaltan esta
influencia.
Sin embargo, dejando de lado el “romanticismo”, se hace necesaria una
consideración seria de los diferentes radios donde la mujer ejerce su influencia
de manera especial. Y, al estudiar un poco el tema, se advierte que esta
influencia no es siempre positiva ni todo lo buena que debiera ser.
Quieras o no, tú eres una influencia sobre quienes te rodean. Tú dejas un
“aroma” en el ambiente de tu trabajo, tu hogar, tu iglesia, las instituciones de
las que formas parte, tu barrio.
Débora fue una valerosa mujer de la Biblia, cuya posición era poco común en
las mujeres de su época. Probablemente no se sintiera muy cómoda en las
funciones que le tocó desempeñar. Sin embargo, supo ocupar su lugar y ejercer
una buena influencia mediante su vida, sus palabras y sus acciones.
La autora de las meditaciones de este mes es la señora Elena
Corrales de García. Ella es originaría de Argentina y radica
actualmente en el Perú. El radio de su influencia incluye la página
impresa, el ministerio en la iglesia y la comunidad, otras instituciones
cristianas, y la familia.
Octubre 1 — La Mujer Ejerce Influencia
Gobernaba en aquel tiempo a Israel una mujer,
Débora, profetisa, mujer de Lapidot,
— Jue. 4: 4

Para ejercer influencia debo estar firme en mis convicciones. Débora, mujer
valiente y decidida, teniendo que gobernar a un pueblo rebelde, desobediente a
Dios (Jue. 4: 1-3), mostró sus firmes convicciones de fe en Jehová.
Una vez más Israel sufría el dominio de sus enemigos.
¿Sería posible que el amado pueblo de Israel dudara del poder de Dios para
salvarle? Por lo menos uno de sus líderes demostró este temor. Barac no
obedeció la orden divina. Débora, la líder tiene que llamarle. Dios prometió
entregar en manos del ejército israelita a Sisara, su enemigo.
¿Cómo dudar entonces? ¿Había fallado alguna vez Dios a sus promesas?
Débora sabía que Dios iba a cumplir. Su seguridad mostrada con energía a
Barac logró que éste decidiera salir a la lucha, pero con el apoyo de ella.
La sola presencia de una mujer firme y decidida puede lograr mucho.
¿Cómo son tus convicciones?
Se presentan ante nosotros, día tras día, situaciones que demandan firmeza. En
el trabajo podemos animar a otros a ser honrados, decididos, veraces, si
mostramos esta conducta cristiana con firmeza.
¿Sólo convicción? No, tenemos que ir muchas veces más allá. Acompañar en
el transitar dubitativo y claudicante al que no está firme, llevar de la mano a la
hermana que flaquea, hasta que ella también se afirme y fortalezca en su vida
cristiana.
Que el día de hoy nuestras convicciones firmes de confianza y esperanza en el
Señor sean una influencia provechosa donde nos encontremos, (Isa. 25: 1).
Octubre 2 — El Gozo De Una Mujer Valiente
Ella dijo: Iré contigo; mas no será tuya la gloria…, porque en mano de
mujer venderá Jehová a Sisara. Y levantándose Débora, fue con Barac
a Cedes, — Jue. 4: 9

Débora fue con Barac al campo de batalla. ¿Cuántas veces habrá mirado
Barac hacia donde estaba Débora, para recobrar fuerzas y confianza?
¡Cómo usó Dios a esta mujer para salvar a su pueblo! Dio ánimo a todo un
ejército. “Levántate porque este es el día en que Jehová ha entregado a Sísara
en tus manos” (v. 14).
Una orden que llega de parte de una mujer fuerte, que no se acobarda ante el
enemigo, no podría ser desobedecida por el jefe del ejército. ¡Qué paradójico
es esto! Un hombre líder tiene que ser animado ante sus soldados por una
mujer.
La influencia de esta mujer israelita nos enseña mucho.
Nos enseña a poner toda nuestra confianza en el Señor.
Nos anima a depender de él, no de ejércitos ni armamentos; no de cosas
materiales o posiciones.
Ella nos enseña, además, a ser humildes. No atribuyó la victoria a su compañía
ni a sus órdenes. Era su Señor quien ordenó y estuvo allí.
Nos enseña a darnos, a ser útiles (5:9). El ejemplo, el poner pies y manos en
nuestras convicciones logrará que nuestra influencia sea positiva. Si
marchamos, otros saldrán a marchar con nosotros. El líder guía, es modelo; el
líder se da por completo. Así lo hizo Débora.
Y luego, se gozó. ¿Se regocijó por su victoria? No, se alegró por el triunfo
recibido de Dios.
¡Qué dulce alabanza de gratitud! La voz de una mujer valiente se alzó para dar
gracias a su Dios.
¿Quieres cantar al Señor en gratitud? El pone palabras en tus labios para
animar al desamparado. El, y sólo él, permite que seas de bendición. ¡Cántale
en gratitud y reconocimiento! “Los que te aman sean como el sol en su fuerza”
(Jue. 5:31).
Octubre 3 — Agentes De Cambio, Un Imperativo Constante
Y cuando Jehová les levantaba jueces, Jehová estaba con el juez, y los
libraba de manos de los enemigos todo el tiempo de aquel juez, —
Jue. 2:18

Dios estableció jueces como Débora en Israel, para ser agentes de cambio
haciendo volver al pueblo a Dios. El libro de Jueces nos muestra las
características de estos agentes:
1. Compromiso con Dios (Jue. 2:16). Iban a librarles de quienes les
despojaban, en obediencia a la voluntad de Dios.
2. Dependencia de Dios (Jue. 2:18; 3:10). Los jueces sabían que Jehová
era con ellos. Hubo una estrecha dependencia para cumplir así la labor
encomendada.
3. Compromiso con la gente (Jue. 4: 5). Débora atendía las necesidades
de su pueblo. Deseaba lo mejor para su rebelde nación.
4. Capacitación específica (Jue. 4: 4-10). La profetisa estaba preparada
para salir al encuentro de las situaciones más difíciles.
5. Humildad en el servicio (Jue. 4:14). Débora sabía que quien tenía
que salir al frente era Barac, quedando ella detrás, sólo como un apoyo.
¡Y se produjo el cambio! Llegó la victoria al pueblo oprimido.
¿Qué nos dice esta experiencia a nosotras? ¿Podemos ser agentes de cambio?
¿Será de bendición nuestro testimonio?
Nuestro hogar, nuestro centro de trabajo, nuestra comunidad requieren de un
firme testimonio cristiano para tener un cambio. Si se transforma el corazón de
una persona por la luz del evangelio, ésta será el fermento para más vidas
transformadas.
¿Quiénes serán los canales de bendición sino nosotras, llamadas por el Señor a
un ministerio de reconciliación, de servicio, de entrega total?
Que en este día reconozcamos el propósito de la salvación del Señor: Ser
testigos, ser agentes de cambio. Esto no es una opción, es un imperativo del
Señor.
Octubre 4 — Entrega En El Servicio
Marcha, oh alma mía, con poder, — Jue. 5:21 b

En el canto de Débora y Barac puede vislumbrarse el estado anímico que


reinaba en el pueblo hebreo. El alejamiento de Dios trajo temblor de tierra
(Jue. 5: 5). Los caminos quedaron abandonados, yendo las gentes por sendas
erradas (Jue. 5: 6). Las aldeas abandonadas (Jue. 5: 7). La guerra les asechaba
a causa de su idolatría (Jue. 5: 8). Una verdadera catástrofe nacional.
Sin espíritu de orgullo Débora manifiesta haber sido el instrumento de Dios
para restaurarles de tan caótica situación.
Jue. 5: 7 b expresa: “Hasta que yo, Débora, me levanté, me levanté como
madre de Israel.” Y muchos la siguieron (Jue. 5:15).
La Biblia nos muestra una mujer que se da sin retaceos. Se entrega para servir
a su Dios aún a riesgo de su vida. Ella tuvo el poder de Dios para marchar.
Veamos rápidamente lo que sucede a nuestro alrededor: Hay desolación y
pobreza en las ciudades. Poblados enteros están abatidos, abandonados, como
resultado de la violencia y la injusticia. Busquemos la raíz de la idolatría, la
miseria, la opresión y sólo hallaremos una respuesta: PECADO, ALEJAMIENTO
DE DIOS.
¿Estamos listas para ser “Deberás del siglo XX” levantándonos como
pregoneras de un mensaje de salvación? ¿No creemos que el mismo poder que
movió al servicio pleno a la juez de Israel vendrá a nosotros hoy?
No nos desanimemos por lo cruel y difícil que se presentan las cosas de este
mundo, de nuestra sociedad. Pensemos más bien que es el tiempo en que
debemos actuar.
¡Levántate y marcha con poder!
Octubre 5 — Sentada Para Escuchar
Y acostumbraba sentarse bajo la palmera de Débora,… y los hijos de
Israel subían a ella a juicio, — Jue. 4: 5

¡No me interrumpas, estoy ocupada! Resulta familiar esta respuesta. Las


muchas tareas y responsabilidades podían haber abrumado a la juez de Israel.
Había muchos problemas que resolver, infinidad de órdenes que hacer cumplir;
sin embargo, Débora tenía por costumbre sentarse y escuchar a quienes
llegaban a ella con sus peticiones, quejas o problemas.
Su oficina estaba situada bajo la sombra de una palmera, “la palmera de
Débora”. Sin tapices, sin alfombras, sin aire acondicionado… pero abierta a
todos aquellos que tuvieran necesidad de consejo.
Es bueno sentarse para escuchar. ¡Cuánto podemos dar, si deteniendo nuestra
rutina damos un tiempo a otros escuchándolos!
¿Que no tienes oportunidades? Las hay a cada paso: cuando el niño de una
vecina está enfermo, al abrir las puertas de nuestro hogar y atender a un
hermano o familiar en conflicto; mientras compartes el refrigerio con una
compañera de trabajo; con la madre de una amiguita de tu hija, quien sufre por
falta de trabajo, y también sentada en la peluquería mientras esperas un
momento…
¿Recordamos la última vez que nos sentamos sin apuros junto a la cama o a la
mesa de trabajo de nuestros hijos?
Es muy corto el tiempo en el que nos sentamos junto a nuestros familiares a
escuchar sus inquietudes y anhelos, sus victorias y derrotas. Muchas veces no
sabemos cuán grande bendición tenemos esperando durante mucho tiempo
frente a nosotras, en nuestro hijo, hermano o esposo.
Cuando estés afanosa, recuerda a Débora: ella también lo estuvo, y mucho más
aún que tú; todo un pueblo dependía de su dirección. Pero en medio de su
trajín se sentaba a escuchar. Toma la costumbre de sentarte a escuchar, Dios te
dará más de lo que crees y esperas.
Octubre 6 — El Imperativo De Dios: Ve
Y ella… le dijo: ¿No te ha mandado Jehová Dios de Israel, diciendo: Vé…?,
— Jue. 4: 6

En estas tres últimas meditaciones sobre la influencia de Débora, te invito a


que consideremos juntas algunos verbos que implican órdenes y obediencia.
Estos verbos tienen mucho que decirnos a ti y a mí.
Hoy consideraremos el primero de ellos:
Vé. El indeciso Barac recibió esta orden de parte de Dios. Tenía que marchar.
El imperativo no podía desobedecerse, aunque hubiera temor o dudas.
“Vé a mis hermanos” (Juan. 20:17), ordenó el Señor a María, junto al sepulcro.
¡Y cuántos se regocijaron con la noticia que ella llevó!
“Vé, y haz tú lo mismo” (Luc. 10:37), fue lo que indicó al intérprete de la ley.
Y miles de personas tienen hoy lo necesario, por los buenos samaritanos
anónimos que van ayudando desinteresadamente por este mundo.
Dios dice “vé” a sus hijas también. No permanezcamos estáticas, sino
marchemos para conquistar, con la ayuda de Dios, victorias gloriosas.
Como para Barac, como para María, como para el intérprete de la ley, Dios
tiene un “vé” para ti hoy.
¿A dónde? Pregúntaselo a él; pídele que te lo muestre.
¿Cuándo? ¡Ahora mismo!, “entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando
nadie puede trabajar” Juan. 9: 4.
Octubre 7 — El Imperativo De Dios: Levántate
Entonces Débora dijo a Barac: Levántate, porque éste es el día en que
Jehová ha entregado a Sísara en tus manos, — Jue. 4:14

Levántate. Hay momentos y circunstancias en que la necesidad nos empuja a


levantarnos. El levantarse indica acción, disposición, resolución.
Débora fue una mujer resuelta. Esto debe ser característica de toda mujer
creyente.
La duda, la vacilación, retrasa el crecimiento espiritual individual y
colectivamente.
¡Cuántas cosas positivas se pueden alcanzar si somos decididas!
Dios te dice: “Hija, levántate; hay muchas tareas por realizar, y yo prometo
estar contigo.” La guerra es contra tentaciones de Satanás, que nos presenta
comodidades, placeres atrayentes, entretenimientos que postergan su obra.
Si no nos levantamos y obramos con fe y determinación seremos derrotadas (lo
está siendo desde ya quien no actúa) y nuestra vida espiritual se disolverá en la
mediocridad, en la frialdad. Nuestra derrota se extenderá sin duda cuando por
nuestra renuencia los placeres del mundo capturen a nuestros hijos y todo el
hogar se desintegre espiritualmente.
“¿Levantarme de dónde?”, dices.
De tu apatía. De ver las cosas que no están bien y dejarlas pasar sin abrir la
boca. De pensar que otros van a ocuparse de eso.
De tu “mañanismo”. De postergar para más adelante la toma de decisiones o el
hacer algo importante.
De tu vida cómoda. De estar tan ocupada por tu bienestar y el de los tuyos, que
no levantas los ojos para mirar a tu vecino que sufre.
¡Hay mucha tierra por conquistar en el nombre del Señor! ¡Levántate! No estás
sola.
Octubre 8 — El Imperativo De Dios: Habla
Vosotros los que cabalgáis en asnas blancas, los que presidís enjuicio, y
vosotros los que viajáis, hablad, — Jue. 5:10

Hablad. Débora incita a los testigos de la victoria: “Hablen”. El sufrimiento


había pasado. Los opresores fueron vencidos. Hablad de las maravillas que
Dios ha hecho.
¿Cómo quedar callada cuando hay un mensaje de victoria que proclamar? Sólo
calla la creyente que no está segura de la verdad; callar es símbolo de no estar
viviendo lo proclamado. Pero Dios promete y hace posible la victoria si nos
aferramos a él. Luego los triunfos espirituales que logramos en nuestra vida de
comunión con Cristo deben ser compartidos. Por la gracia de Dios eres salva, y
tienes la guía y el poder del Espíritu Santo. Alrededor muchos se preguntan
qué tienen ciertas mujeres que nos animan. Entonces debemos hablar del
Señor, de aquel que transformó nuestras vidas.
Habla en todo tiempo, testifica en cada oportunidad que se presente.
¡Ah! Débora fue una líder que dio ánimo, llevó adelante a su pueblo
instándoles a que ellos también hablaran de su Dios poderoso.
Habla del mensaje de salvación, de tu vida con Cristo. El Señor bendecirá tu
vida en la medida que la dediques a él en obediencia.
¿A quién hablarás hoy? Piensa cuál amiga o vecina te necesita hoy.
Habla primero con tu Señor para que él te dirija en tu propósito. Y luego vé y
habla.
Hoy puede ser uno de los días más dichosos de tu vida.
Octubre 9 — Influencia Pacificadora
Yo soy de las pacíficas y fieles de Israel, — 2Sa. 20:19

El hogar de Rafael y Sara fue un ejemplo de lo que se cosecha al unirse en


yugo desigual. Él, temperamental, violento, sin temor de Dios. Su carácter
creaba más de un problema en la vecindad. Sara, la esposa, se conducía con
dulzura y, amando a sus amigos y vecinos, hacía que se aplacaran las
dificultades y hubiera paz.
A veces conocemos matrimonios que se complementan el uno al otro de tal
manera que su influencia sobre los demás es asombrosa. Muy diferente al caso
de Rafael y Sara es el de otro matrimonio que conozco. El esposo es
conversador y afable, consejero; la esposa es hospedadora, servicial, activa en
el hogar. Aquellos que son huéspedes en hogares así se sienten más que
satisfechos pues allí se comprenden las penas y las alegrías, se disfruta del
calor hogareño y de la mesa compartida.
¿Te encuentras en situaciones en donde el desatino y la insensatez hacen que
riñas, rencores y amarguras sean el pan de cada día? ¿La dureza del carácter de
tu esposo o de algún pariente te empuja a tomar una postura definida, a mediar
para resanar heridas?
En esos difíciles momentos, pide al Señor sabiduría para dar alternativas
pacificadoras que otorguen un carácter conciliador a tu hogar. Influye para que
en lugar de conflicto triunfe el Espíritu de paz de tu Señor.
En esos difíciles momentos eres tú la responsable, la sal y la luz en el mundo.
Dios promete estar contigo; actúa confiando en su poder, verás maravillas y
recibirás la bendición de Dios. Recuerda a aquel que dijo: “Bienaventurados
los pacificadores porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mat. 5: 9).
Octubre 10 — Labios Prudentes: Joya Preciosa
Hay oro y multitud de piedras preciosas;
mas los labios prudentes son joya preciosa, — Prov. 20:15

La prudencia en la vida de la mujer la hace digna de admiración. ¿Será así


porque muchas veces se destacan la imprudencia y el apresuramiento antes que
el cuidadoso comportamiento?
El proverbista expresa: “con sabiduría se edificará la casa y con prudencia se
afirmará” (Prov. 24: 3).
Abigail presintió la amenaza de destrucción que vendría por causa del mal
carácter de su esposo Nabal. El bien que habían realizado los hombres de
David fue respondido con mal (1 Sam. 25:14-16). Había llegado el momento
de obrar con prudencia.
La influencia positiva de Abigail se debió en gran medida a su cuidadosa
estrategia, pensada con calma y prudencia.
En primer lugar alegró el estómago de gente hambrienta (1 Sam. 25:18).
Contentando el estómago se alegraría el espíritu. Una vez que tomó provisión
de alimentos se humilló.
Prudentemente se inclinó, se echó a sus pies solicitando ser escuchada. Esa
actitud no disminuyó el impacto que su presencia produjo en David.
A veces en nuestro barrio surgen problemas con los niños o los adolescentes,
nuestros hijos o los hijos de nuestros vecinos. Muchas veces al oír las quejas
salimos presurosas y, tratando de arreglar pronto la situación, opinamos,
decidimos y discutimos, creando un conflicto mayor.
Recuerda que “herencia de Jehová es la mujer prudente” (Prov. 19:24).
Dios quiere que seas como Abigail, siguiendo su ejemplo de cautela y
prudencia. Todo tiene un sentido, el de hacer que muchas mujeres sigan el
camino de Dios. Somos de influencia no sólo en nuestro vecindario sino
también en la congregación y en nuestro propio hogar.
Que tus labios prudentes sean una joya muy preciosa que irradie belleza en ti y
en los que te rodean.
Octubre 11 — Una Muda Influencia
Acordaos de la mujer de Lot, — Luc. 17:32

Somos peregrinas en este mundo; lo que podemos hacer hoy no lo podremos


realizar mañana, cada día de nuestra vida es único, las circunstancias pasan, las
oportunidades varían a cada instante y cada una de ellas es única e
intransferible.
San Francisco de Asís lo expresó claramente al afirmar: “pasaré por este
mundo una sola vez”.
Así como vivimos una sola vez, sólo una vez podemos dejar nuestra influencia.
Y siempre dejamos algo de nosotros, positivo o negativo.
El Señor Jesús invitó a la gente a recordar la actitud de la mujer de Lot.
Procuró ella salvar su vida pero la perdió. Intentó huir del mal, mas su
recuerdo la arrastró a él. No fue de ayuda a su familia; no guió, sino que se
quedó atrás.
Su corazón estuvo en los placeres del mundo. Tuvo una posición envidiable.
Lot fue un hombre rico. Ahora quedaron atrás las joyas, las amistades, los
festines. La mujer de Lot tuvo cuidado del brillo del mundo; lo amó más que a
su Señor.
Jesús recordó, después de 2000 años, a esta mujer. No por algo bueno que
hizo, sino porque ella tuvo su corazón ocupado en todo lo que el mundo le
ofrecía.
¿Cómo será la influencia que dejamos? No pensemos que quienes nos rodean
no perciben dónde está nuestro interés; es imposible ocultar lo que se ama.
Por otro lado, ¿somos sinceras al expresar lo que sentimos, sin ocultamientos
hipócritas? Si descubrimos que estamos amando algo del mundo es necesario
que lo confiemos a nuestros hermanos más cercanos.
Dios requiere siervas que no miren hacia atrás, que tengan su mirada fija en él;
pues sólo así es posible que otros tomen de nosotras lo bueno.
Octubre 12 — Buscar Lo Mejor
Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos,
postrándose ante él y pidiéndole algo, — Mat. 20:20

Las madres cristianas pueden comprender el espíritu con que Salomé expresó
su deseo ante el Maestro. Hay una notable diferencia con las madres que sólo
anhelan hacer de sus hijos profesionales o empresarios, hábiles para enfrentar
las exigencias de la vida.
Diana, una fiel creyente, tuvo una experiencia trascendental: su visión fue ver
a su hijo mayor triunfando en el camino de las ciencias. Los afanes y ahorros
se destinaron siempre para el brillante alumno, quien obtuvo las mejores
calificaciones durante sus estudios primarios y secundarios.
La mayor satisfacción, sin duda, era notar que su hijo seguía en los caminos
del Señor. Ya en la universidad, Diana escuchó un día de labios de su hijo la
convicción de que Dios le llamaba para el ministerio. Y allí fue donde esta
madre no pudo comprender qué era lo mejor para su hijo. No hubo en su
corazón, aún como creyente, el gozo de entregar al Señor la vida y los talentos
del joven. Tuvieron que pasar muchos años, estando ya él en el ministerio,
para que esta madre reconociera que servir al Señor era la tarea y el privilegio
supremo de su querido hijo.
Salomé, la madre de Jacobo y Juan, fue una fiel creyente: estuvo presente en el
momento de la crucifixión, junto a otras mujeres (Mar. 15:40); después fue
hasta la tumba de su maestro (Mar. 16: 1). Salomé había estado muy cerca al
Señor mientras él predicaba el evangelio del Reino. Ella no pidió algo para sí
misma; quería que sus hijos estuvieran cerca de Jesús en el cielo. De esta
manera se manifestó su devoción y fe en el Señor, aun cuando no entendía lo
que tal pedido significaba. Pese a todo, Salomé influyó en la vida de sus hijos
y ellos permanecieron cerca del Señor.
Querida hermana, sé fiel en este sagrado deber de criar a tus hijos en el temor
de Dios, para que cuando sean jóvenes escojan seguir a Cristo.
Octubre 13 — Desde La Niñez
…desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras,
— 2 Tim. 3:15

En este día meditemos sobre la importancia que tiene el enseñar la Palabra a


nuestros niños.
Ricardo fue criado en un hogar donde día a día la Palabra era abierta para sacar
de ella la enseñanza apropiada a las circunstancias que vivían. Su fiel madre lo
guió a él y a sus hermanos en el temor de Dios. Ricardo persistió, ya lejos de
su hogar, en lo que había aprendido.
Vivió cosechando aquello que su madre se había encargado de sembrar. Se
fortalecía en las promesas de Dios viviendo su propia espiritualidad, pues su
profesión de piloto ponía continuamente su vida en riesgo.
Una espesa neblina impidió una mañana la visibilidad en las afueras de la
ciudad de Lima. Ricardo murió aquel día pilotando su helicóptero. Días más
tarde, entre las pertenencias que chamuscadas por el fuego pudieron recoger,
encontraron su Biblia, aquel precioso libro que aprendió a amar en la niñez.
Esa madre supo guiar a su hijo a los pies de Dios desde la niñez, y pudo estar
en paz por toda su vida.
¿Cuándo comenzar? Desde el nacimiento, el niño respira el calor del Espíritu
en el hogar. El amor, el respeto, la adoración, el servicio mutuo practicados día
a día, son actitudes que el pequeño va comprendiendo.
Junto con las enseñanzas de las Escrituras ha de ir la persistencia. En este
tiempo cuando las horas se atropellan y todo es urgente, cuando vivimos
esclavas del reloj, presionadas con horarios de trabajo y estudio, ¡qué difícil es
persistir!
Enseñar, aprender, persistir en lo aprendido, sólo se logra con la continuidad
perseverante.
Oro puro es el tiempo invertido en enseñar la Palabra en el hogar. Que tus
hijos recuerden, ya a lo lejos, la escuela bíblica de su niñez, en su propio
hogar, junto a sus padres.
Octubre 14 — Recibir Para Dar
…y una mujer llamada Marta le recibió en su casa, — Luc. 10:38

Marta le recibió en su casa. El hogar de Betania fue un refugio para el Señor;


lugar de solaz, de descanso físico. Un lugar al que acudiera en muchísimas
oportunidades, algunas de las cuales son narradas en los evangelios.
Al hogar de Betania llegó Jesús para descansar de su peregrinaje; llegó
también para dar su mensaje a los moradores del mismo; consoló y obró
milagros en ese querido hogar.
El recibimiento del Señor en su hogar por parte de Marta fue la base de todo lo
que sucedió después. Betania nos ha sido conocido por este hogar. Marta tuvo
sus faltas, pero, aun así, la virtud de saber dirigir su casa fue notable. El
bienestar de los huéspedes era evidente. Ella fue solícita a las necesidades del
Señor y le sirvió lo mejor que pudo.
Marta tuvo su hogar abierto al Señor. La sola presencia del Salvador y Maestro
iluminó la vida de sus moradores y la de sus vecinos. ¡Qué huésped bendito se
hospedó allí!
¿A quiénes abrimos nuestros hogares hoy? El privilegio de servir, hospedando
en nuestros hogares, tiene una doble bendición: la de dar posada y compartir; y
la de recibir la influencia del visitante. El Señor se fue a preparar morada para
nosotros, por eso es necesario que nosotros mientras tanto demos, del mismo
modo y guiados por su amor, posada a quienes necesiten. En caso contrario
seríamos semejantes a aquel deudor malo de la parábola, que recibiendo un
perdón inmenso no perdonó lo poco que se le debía.
Permitamos en primer lugar que el Señor esté en nuestros hogares, no
transitoriamente, sino día tras día con nosotros. De esta manera, al peregrino
que acogemos, al amigo viajero, les haremos partícipe de la felicidad que
significa vivir con Cristo en la familia.
Octubre 15 — Una Fe Transmitida
Una mujer, de las mujeres de los hijos de los profetas, clamó a Elíseo,
— 2 Rey. 4: 1

La historia de la viuda que clamara a Eliseo en su angustia es un ejemplo


claro de dependencia de Dios. No conocemos su nombre; sólo dice la Escritura
que su difunto esposo era hijo de profeta y “temeroso de Jehová”. El ejemplo
del jefe de la familia perduraba en su hogar y en su corazón. Aquella familia
pasaba por una fuerte crisis, pero lo que había aprendido de su esposo afloró en
tales circunstancias. A ello se aferró, y buscó el consejo del profeta Elíseo.
Poco o nada tenía en su casa aquella mujer; sin embargo lo que tuvo lo puso a
disposición del profeta. Lo que esta viuda quería retener valía todo su esfuerzo:
no quería perder a sus hijos a causa de las deudas que tenía. La viuda sigue el
consejo del profeta, reúne vasijas y derrama en ellas del poquísimo aceite que
le quedaba. Y del mismo modo ella y sus hijos fueron testigos del milagro;
vieron cómo, una a una, se llenaban. Se vendió el aceite y pagaron las deudas.
De este modo fue recompensada la fe de la viuda.
Mucho podemos aprender de esta mujer. Faltó algo en el hogar y Dios lo
proveyó a través de la fe de la madre. ¡Cuántas veces es nuestra propia
incredulidad la que impide que Dios bendiga a nuestro hogar! A veces nos
creemos tan pobres y débiles que dudamos del poder de Dios para hacer
evidente su presencia, y sin darnos cuenta alejamos la influencia de su mano
en nuestra casa.
La lección de fe es indispensable en dos sentidos: para nosotras en nuestra
relación con Dios, y en el ejemplo para nuestros hijos quienes desde ya
imitarán y vivirán sus propias pruebas del mismo modo.
Octubre 16 — Influencia Sobre Un Rey
Cuando Josías comenzó a reinar era de ocho años,…
El nombre de su madre fue Jedida, — 2 Rey. 22: 1

El libro de Reyes relata la trayectoria de los gobernantes del pueblo de Israel


durante la época en la que la influencia pecaminosa de naciones vecinas
gravitaba de manera concreta.
Tanto en la mención de hechos buenos como malos, el escritor tiene cuidado
en recordar quiénes fueron las madres de estos reyes. Si bien se trata de
relacionar los parentescos reales, nos invita a pensar en el papel que estas
madres desempeñaron en la carrera política de sus hijos. ¿Qué grado de
responsabilidad hubo, cuando por asumir el trono tempranamente, era la madre
la que reinaba detrás de su hijo?
“Cuando Josías comenzó a reinar era de ocho años…” Un niño que en nuestra
época jugaría con autitos y soldados en miniatura. Pero así fue. Muy joven
aún, su padre fue asesinado por sus siervos. La responsabilidad de Jedida para
aconsejar y guiar a Josías fue tremenda, y, por lo que leemos, positiva. “Josías
hizo lo recto ante los ojos de Jehová, según David su padre.”
Con el transcurso del tiempo, el joven rey recibió otra influencia que le animó
a una vida de fidelidad a Dios. Expresa el v. 14 de cap. 22 que para orientar al
rey en cuanto a la Escritura que habían hallado, el sacerdote Hilcías y otros
visitaron a una profetisa Hulda. Ella no ocultó al rey toda la verdad que el libro
contenía: Dios iba a castigar a su pueblo por causa de su desobediencia y
alejamiento de él.
Entonces Josías, con sólo sus dieciocho años, condujo al pueblo en el camino
del retorno a su verdadero Rey. Y como culminación de este arrepentimiento,
restauraron el templo, derribaron altares paganos y celebraron la Pascua.
No podemos descartar que nuestros hijos puedan ocupar lugares de influencia
en la comunidad. Inculquemos en ellos el temor a Jehová y el amor y respeto al
prójimo.
¡Qué gozo significará ser mencionadas como madres de quienes “hacen lo
recto ante los ojos de Dios!”
Octubre 17 — Influencia En La Iglesia
Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino
que engaña su corazón, la religión del tal es vana, — Stg. 1:26

No cabe duda que lo que hacemos y/o decimos en la congregación influye


profundamente.
El apóstol Santiago indica en este sentido que quien no refrena la lengua
“engaña su corazón”. Analicemos el resultado que tal actitud produjo en una
mujer del pueblo hebreo: María, de Egipto. Era una niña cuando, fiel y
hábilmente, cuidó de su hermanito Moisés.
Más tarde se convierte en líder dirigiendo a todas las mujeres de Israel en
alabanzas a Dios por haber llevado a su pueblo a salvo a través del Mar Rojo.
María influía mucho en el pueblo como hermana de Moisés. ¡Qué tristeza ha
de haber experimentado el guía del pueblo hebreo cuando su propia hermana
junto a su hermano Aarón, influyendo ante todos, hablaron contra él! Todo lo
bueno que pudieran haber realizado se vino abajo. Duro fue el castigo al que la
sometió Dios.
Dios conoce lo que hay en el corazón. Moisés, hombre manso, ni sospechó
aquello que María y Aarón estaban murmurando. ¡Qué triste experiencia para
María!
Satanás aprovecha toda oportunidad para tentarnos a pecar con la lengua.
¿Podemos dominarla? Es pequeña y necesaria, pero indomable; sólo con la
ayuda de Dios podemos sujetarla completamente. Hay dos modos de influir
aquí: para alabanza al Señor, o para maldición.
¿Qué influencia somos en la congregación? Si en muchas oportunidades hemos
caído en este pecado, seamos plenamente conscientes de que el campo de
batalla espiritual está en nuestra mente y en nuestros labios; arrepintámonos
ante nuestro Señor y entreguémosle el dominio de nuestra voz.
Octubre 18 — Hablar Para Testimonio
Estaba también allí Ana, profetisa, …y no se apartaba del templo,
sirviendo de noche y de día… Y hablaba del niño a todos los que
esperaban la redención en Jerusalén, — Luc. 2:36-38

Hubo otra mujer, una anciana piadosa que no se apartaba del templo. Allí
ministraba sus profecías, ayunaba y oraba continuamente. Un día vio al niño
Jesús y en adelante se dedicó a hablar de esa visión maravillosa.
Ana era su nombre. Su corazón ardía de gozo, y los que la veían percibían que
dentro de ella existía algo diferente en todo sentido. Ana transmitía con sus
palabras, su mirada y su vida entera la gloria de las buenas nuevas; se podía
ver en ella la evidencia de la llegada del Salvador. Ella inició un anuncio que
llegó luego a otros, a muchísimos otros quienes experimentaron lo que ella.
¿Te has preguntado seriamente por qué tu corazón no lleva siempre la misma
vivencia del mensaje? ¿No será quizá que estás menospreciando la riqueza que
significa la presencia de Jesús en ti? Hay muchísimo que contar, nuestro
corazón lo sabe bien. ¿Qué nos detiene por momentos? ¿No será que hemos
acostumbrado nuestra lengua a otros fines? ¿Que las actividades de aquí abajo
pueden haber ido atando nuestra voz a intrascendentes discursos?
Que el Señor que nos habla a cada instante nos perdone por haber callado en
tantos momentos. Que nos perdone las veces en que, cansadas de hablar
mucho, hemos sentido el peso de no haber dicho nada. Que nos perdone por
haber pronunciado tantas palabras donde él no ha podido meterse. Y que
nosotras ahora mismo le digamos a él que en adelante sea él quien nos dicte
cada frase. El mundo necesita mujeres como Ana.
Y Dios quiere que esas mujeres seamos nosotras, sus hijas.
Octubre 19 — Ejemplo En El Servicio
Os recomiendo además nuestra hermana Febe. …porque ella ha
ayudado a muchos, y a mí mismo, — Rom. 16: 1, 2

En las epístolas del apóstol Pablo se encuentra repetidas veces la palabra


“ayudador”, o sinónimos de la misma. Ejemplo de esto es Febe, a quien el
Apóstol menciona en este pasaje.
Servir de ayudadora en la obra de Dios es tarea verdaderamente hermosa. Febe
era diaconisa de la iglesia que estaba en Cencrea. Ministraba a sus hermanas
en la fe. Su ministerio fue valioso a muchos y también al Apóstol. Por la
recomendación de Pablo, notamos que Febe gozaba de toda su confianza. Su
influencia merecía el apoyo de sus hermanos; de allí la solicitud del Apóstol:
“Que la recibáis en el Señor… y la ayudéis en cualquier cosa…” Sin duda
Febe fue de bendición en todos los lugares a donde fue.
Esto nos enseña algo muy importante: la sierva de Dios que viva
continuamente en esa actitud, será bien recibida, pues el lugar que un servidor
busca no es el sitio cómodo, donde todo esté preparado, sino el ambiente
necesitado. La sierva gana enormemente en cada acción que, mirando hacia
Dios, realiza en silencio entre los otros. Por experiencia sabemos que tales
mujeres son escasas, como escasas también son las mujeres ricas
espiritualmente. Muchas objeciones puede encontrar nuestra mente para limitar
nuestro servicio, pero el espíritu de Dios es quien habla con elocuencia, quien
nos manda a servir en todo tiempo.
Dice la Escritura que Dios preparó de antemano camino de buenas obras para
que anduviésemos en ellas, y así es, querida hermana; tales buenas obras no
son sino bendiciones escondidas y preparadas de antemano para nosotras. De ti
depende tenerlas o no.
Octubre 20 — Una Casa De Oración
Y…llegó a casa de María la madre de Juan…
donde muchos estaban reunidos orando, — Hech. 12:12

El apóstol Pedro fue liberado milagrosamente de la cárcel, y de manos de


Herodes quien buscaba matarle. Al encontrarse fuera de la cárcel se dirigió a
un hogar que tenía una característica especial: era un lugar de oración.
María de Jerusalén, hermana de Bernabé, abrió su casa para realizar allí cultos
de oración. Juan Marcos, el hijo de María recibió la bendición de tener esta
casa de oración en su propio hogar. ¿Qué mejor influencia para el joven
seguidor de Cristo, el autor del evangelio?
El pasaje menciona a otra mujer, Rode, quien estaba participando del culto
familiar. Estuvo atenta a todo lo que ocurría a su alrededor y “salió a escuchar”
al llamado de Pedro a la puerta. Fue tal su gozo que esto no le permitió
reaccionar coherentemente. Corrió a dar la noticia dejando al Apóstol fuera.
¡Qué privilegio tuvo Rode! Ser mensajera de una grata noticia que conmocionó
a quienes se encontraban orando. Y ella dio la noticia asegurando que era
verdad lo sucedido.
Una dueña de casa y una muchacha, ambas participando en una misma labor.
Ocupadas sin duda en los quehaceres de la casa, mas hallando el tiempo
adecuado para reunirse con los hermanos a orar.
Ellos necesitaban orar. Los creyentes, y más aún los apóstoles, eran
perseguidos. No había libertad para proclamar el evangelio; ello podía
significar la cárcel o incluso la muerte.
En nuestros días la bendición que signifique abrir nuestro hogar para orar con
los hermanos no sería distinta en gozo y regocijo espiritual. Es así como quiere
nuestro Señor transformar el mundo, y son hogares como el de María de
Jerusalén, los que son usados para este fin. Seamos parte de esta obra.
Octubre 21 — Resultados De Una Transformación
Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, — Juan. 4:28

Uno de los relatos más elocuentes del ministerio del Señor Jesús es el de su
encuentro con la mujer de Samaria. Esta mujer pecadora no sólo vivía lejos de
Dios sino también lejos de la gente. Pero entonces el encuentro con el Señor
Jesús provocó en ella un impacto trascendental:
$ Se sintió respetada (el Señor le habló con dulzura y sin reproches).
$ Reconoció su situación moral y espiritual.
$ Lo que Jesús le dijo no pudo guardarlo sólo para ella; era demasiado
importante y valioso.
La mujer samaritana se sintió transformada por las palabras del Maestro.
Corrió, dejando su cántaro junto a su vida pasada, y dio la noticia a los de su
ciudad. Desde ese momento varió notablemente el concepto que tenían de ella.
¡Cuántas de nosotras hemos dejado nuestras culpas a los pies del Maestro, así
como esta samaritana su cántaro, pero hemos vuelto a los nuestros en silencio,
como si nada hubiese pasado! Todas las cristianas hemos tenido una cita con el
mismo Maestro en aquel pozo de Jacob, pero no todas parecen entender la
importancia de aquella agua viva ni salen corriendo hacia los otros. Debemos
saber que el Reino de Dios se extiende por mujeres como la samaritana y que
no hay corazón más solitario y triste que aquel que, conociendo el Agua de
Vida, no la comparte con los sedientos.
Deja los cántaros que te impiden correr hacia otros a los pies del Maestro y vé,
corre; cuanto más rápido llegues a ellos, tu corazón se llenará de más gozo y tu
hogar de bendición.
Octubre 22 — Influencia Mientras Marchamos
E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, —
Mat. 28: 7

Juana escuchó que una de las señoritas de la iglesia se encontraba en una


difícil situación familiar. Ya en su casa, el Espíritu Santo le seguía recordando
el problema de aquella señorita; se sintió angustiada. Quiso salir en su
búsqueda, pero no lo hizo. Podía llamarle por teléfono, pero se contuvo. Dos
días más tarde, la madre de esta muchacha acudió desesperada a la iglesia en
búsqueda de la hija que había abandonado el hogar. Juana sintió en ese
momento un mudo dolor en su corazón. Supo que podía haber ayudado, pero
había endurecido su corazón.
En el evangelio encontramos a María Magdalena y a la otra María saliendo
camino al sepulcro. Allá les esperaba una sorpresa. Un ángel del Señor,
sentado sobre la piedra removida, les preguntaba por qué buscaban entre los
muertos al que vive, y las enviaba a contarlo a los discípulos. ¿Dudaron acaso
estas mujeres? ¿Reflexionaron mucho tiempo sobre lo que se les decía?
¿Callaron acaso por no entender lo que ocurría? Temor y gozo fue lo que
sintieron, y, llenas de ello, corrieron a dar la noticia. ¿Qué hubiera sucedido si
no hubieran proclamado aquella noticia?
Los discípulos estaban encerrados, llenos de temor, y ya pensaban volver a sus
actividades. Las noticias devolvieron la esperanza y la fe. Las noticias llegaron
en el momento justo porque aquellas mujeres hicieron lo que se les ordenó.
La vida del cristiano es una lucha constante entre la obediencia y la dureza del
corazón. El Espíritu Santo es quien nos fortalece cuando luchamos contra la
dureza de nuestro corazón, y son las batallas ganadas las que marcan nuestro
real crecimiento y la bendición de quienes nos rodean: nuestra familia en
primer lugar, nuestros hermanos en Cristo y todos aquellos con los que nos
relacionamos.
En este día, el ángel del Señor que acampa alrededor de su pueblo nos dice
nuevamente: “No temas, vé, da las buenas nuevas a tus hermanos.” No
perdamos la bendición de socorrer a alguien que necesite de la luz que Cristo
nos dio.
Octubre 23 — Ayuda Idónea
Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda
idónea para él, — Gén. 2:18

Este fue el profundo deseo de Dios. El hombre estaba rodeado de belleza:


toda la naturaleza era una alabanza al Creador. El podía oír el trino de los
pájaros y el balido de las ovejas. Por las noches las luciérnagas y el canto del
grillo le daban alegría. Todo era hermoso y bueno… pero, ¿quién podía
escuchar su voz y contestarle en su propio lenguaje? Entonces Dios completó
la dicha del hombre: le dio a su compañera, la ayuda idónea, capaz de amarle,
de apoyarle en las tareas recomendadas por Dios.
Ayuda nos da la idea de apoyo, consuelo, servicio. La esposa tiene día a día la
oportunidad de cumplir con su misión.
“Idónea” significa que tiene suficiencia o aptitud para una cosa. Y la mujer,
conforme a la voluntad de Dios, fue y es suficiente y adecuada para su
compañero.
La vida diaria, con sus afanes, sinsabores y peligros presiona de tal modo el
espíritu, que se hace indispensable la compañía de un ser idóneo, capaz de
influir de tal modo que suavice lo hostil cotidiano. Cuando tu esposo regresa a
casa, cansado y tal vez desalentado, ¿logras ser ayuda idónea en ese instante?
Y cuando tiene el corazón oprimido por problemas sin solución u obligaciones
incumplidas, ¡qué alivio experimenta si puede desahogarse ante la persona
ideal recibiendo simpatía y consuelo!
Muchas veces nosotras no estamos en condiciones de ofrecer ayuda. Hay
momentos en los que nuestros propios problemas necesitan de él, y es entonces
cuando Dios nos asiste. Cuántas veces debemos postergar un tanto lo nuestro
para escuchar primero a nuestro esposo. Y cuántas veces él, sin habérnoslo
dicho, habrá postergado su necesidad al vernos necesitadas.
La esposa cristiana es especial, porque sabe que ser ayuda idónea es un deber y
un privilegio dado por Dios, y que es sólo con él con quien se logra ese
“imposible” objetivo.
Octubre 24 — Serle Agradables
Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables,
— 2 Cor. 5: 9

Agradar al Señor en todo; ese era el deseo del apóstol Pablo. También él
expresó:
“De ninguna cosa hago caso, ni estimo mi vida preciosa para mí
mismo: solamente que acabe mi carrera con gozo…” (Hech. 20:24).
¿Por qué estas expresiones? Porque eso es lo primero de todo, y de ningún
modo debemos olvidarlo. En el pueblo hebreo la mujer era la encargada de
recordarle al esposo los deberes religiosos que tenían que mantenerse en el
hogar. Del mismo modo la mujer jugó un papel importante en el ministerio del
Señor Jesús y en la iglesia de los primeros años. Vemos a las mujeres de
aquellos días proveyendo a las necesidades (Luc. 8:13), ungiendo el cuerpo del
Maestro y hospedando a los hermanos (Hech. 16:14, 15). Ninguna otra debe
ser la meta final de nuestra vida.
¡Cuántas veces hemos escuchado y repetido esto! Pero es necesario repasarlo
una vez más, porque los errores, las ofensas, el orgullo y todo tipo de maldad
se originan al perder este sentido prioritario en nuestra vida. Todo en la vida
tiene su justo lugar cuando ponemos este principio soberano como fundamento
de nuestras acciones. Y sólo se cumple el requerimiento del Señor de “ser
todos de un mismo sentir” cuando los miembros del cuerpo comparten este
principio. Afán de figuración, orgullo, falsa modestia etc., todo queda atrás
cuando este principio, vivido a cabalidad por aquellas primeras cristianas, se
vive a conciencia.
Los resultados se ven desde el primer día y la alegría que rodea nuestro
corazón, que es imposible ocultar, no se hace esperar.
Ecudriña el camino de tus motivaciones, y si debes pedir perdón hazlo ahora
mismo.
Octubre 25 — Intimidad Con El Señor
Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar
misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro, — Heb. 4:16

El mundo está lleno de gente cansada de llevar una máscara. Conocemos la


máscara de la realización personal detrás de la cual muchas veces se oculta una
profunda inseguridad; la máscara de la comodidad material, detrás de la cual se
esconde muchas veces una terrible insatisfacción. Lamentablemente muchos
cristianos también tienen una máscara cubriéndoles la realidad, la máscara de
la paz interior. Sí, la vida espiritual es, en algunos casos, algo puramente
decorativo, algo sintético y falso. Cuántas veces en nuestras iglesias hacemos
de la madurez espiritual un elemento más de nuestro atuendo, de la imagen que
debemos llevar de modo “presentable” ante los demás.
Las horas de anónima oración, las pruebas que afrontes en la soledad de tu
corazón y que con el poder de Cristo logres superar, las luchas en las que el
Espíritu Santo venza a tu natural orgullo y autosuficiencia, serán el motor que
impulse tu vida e influencia. Mientras no exista esta lucha íntima, esta
constante dependencia de Dios, todo lo demás estará de sobra; los consejos
serán palabras repetidas sin poder, las conversaciones que podrían ser
manantiales de bendición y verdad serán débiles decorados. ¡Cuántas veces
nos ha pasado esto o nos sigue pasando…!
Si lo que mostramos a los demás no refleja lo que en realidad somos por
dentro, entonces es que tenemos una máscara puesta, una máscara que nos
fatigará más pronto de lo que creemos. Seamos plenamente honestas con Dios,
con nosotras mismas, con nuestros familiares y con nuestros hermanos en la fe;
quitémonos las máscaras que podamos tener, y reguemos a nuestro buen Dios
nos permita vivir cada día momentos de intimidad con él.
Entonces tu rostro, como el de Moisés, iluminará a los demás y reflejará su
presencia en ti.
Octubre 26 — El Consejo De Una Mujer Anónima
El ungüento y el perfume alegran el corazón, y el cordial consejo del
amigo, al hombre, — Prov. 27: 9

Cuando se recuerda el papel que desempeñó la mujer en el pueblo de Dios,


nos sorprende hallar a muchas de ellas que fueron consejeras.
Cuando Joab, comandante en jefe del ejército de David, quiso reconciliar a
David con su hijo Absalón, buscó a una mujer sabia de Tecoa para que lo
ayudara. Esta mujer fingió ser una viuda que tenía dos hijos. Dijo que en un
ataque de ira uno de ellos había matado al otro, y ahora el resto de la familia
quería matar al asesino. David oyó el relato de ella y dictaminó que ella tenía
razón al querer perdonar a su segundo hijo. Entonces la mujer le indicó al rey
que él no estaba practicando lo que decía ser correcto, puesto que no había
perdonado a Absalón un crimen similar.
David comprendió que estaba equivocado, y permitió que Absalón regresara a
Jerusalén.
Otra mujer aconsejó con sabiduría a Joab para que evitara destruir su ciudad,
logrando su objetivo (2 Sam. 20:13-22). Ella misma se denominó como
pacificadora y fiel (v. 19)
¿Tenemos oportunidades de influir en otros con nuestros consejos? ¿Haremos
oír nuestra voz desde el muro, desde el lugar en el que el Señor nos ha puesto?
Hermanas, no busquemos que nuestros nombres sean conocidos; no esperemos
que nos mencionen como heroínas; trabajemos en forma serena y discreta, con
la sabiduría que viene de lo alto, aconsejando y callando en el momento
oportuno. No escapemos a la responsabilidad de defender al débil y al
oprimido. ¡De cuánto bien puede ser nuestra palabra si es oportuna y
correctamente intencionada!
Pide al Señor que te dé hoy la oportunidad de dar un consejo sabio.
Octubre 27 — Firmeza En El Deber
Pero las parteras temieron a Dios, y no hicieron como les mandó el rey
de Egipto, sino que preservaron la vida a los niños, — Exo. 1:17

La astucia del rey de Egipto no pudo ganar al temor de Dios y al valor que las
parteras Sifra y Fúa tuvieron.
En tiempos antiguos el deber de una partera consistía en cortar el cordón
umbilical, bañar al bebé, frotarlo con sal, envolverlo en pañales, y luego
presentarlo al padre. La habilidad y dedicación de estas mujeres hacían que su
profesión fuera muy honrosa. Sifra y Fúa de seguro atendieron a muchas
mujeres hebreas durante la esclavitud de Egipto. Siendo ellas egipcias
desafiaron a su rey con una excusa muy real: las mujeres egipcias eran muy
fuertes y robustas; casi no necesitaban la ayuda de las parteras. Hubo, sin
embargo, una razón más importante que ésta: “Las parteras temieron a Dios”
(v. 17). ¿Qué aprendemos del relato bíblico?
Que se deja una ejemplar influencia cuando se teme a Dios y cuando este
temor es la base sobre la que se sopesan otros mandatos. Si una autoridad, un
líder, un familiar o cualquiera que pueda influir sobre nosotras presiona
queriendo encaminarnos hacia algo que contradice a Dios, el Señor
todopoderoso estará de nuestro lado para mostrarnos qué hacer.
Por otro lado, los resultados se verán para testimonio de su gloria y poder (vv.
20b y 21).
No debemos permitir que el enemigo ponga dudas respecto a nuestras
responsabilidades. En nuestras tareas recordemos que si cumplimos conforme
a lo que el Espíritu Santo nos indique, otras personas nos imitarán y se gozarán
al recibir también la bendición que Dios les dará al seguir el buen ejemplo.
Recuerda a Sifra y Fúa. Sé firme en tu temor a Dios, y otros serán bendecidos
por tu influencia.
Octubre 28 — Infundir Temor No Es Del Señor
Y cuando lo oyeron todos nuestros enemigos, temieron… y se sintieron
humillados, y conocieron que por nuestro Dios había sido hecha esta
obra, — Neh. 6:16

El ser humano teme desde el momento en que ve dificultades. El niño se


asusta si su madre no llega a tiempo a recogerlo a la escuela. El hombre teme
al tener incierta la estabilidad de su empleo.
El Señor dice en su palabra: “No temas” (Luc. 8:50; 12:4; 12:32; Hech. 18: 9).
Recordemos con cuánto ánimo y confianza se dedicó Nehemías a reconstruir el
muro de la ciudad. El confió en Dios, buscó su dirección, animó a la gente y se
trabajó hasta terminar la obra.
No faltaron quienes se burlaron de su trabajo e incluso le amenazaron; eran
hombres importantes políticamente, pero no amedrentaron a Nehemías.
Entre las personas que intentaban atemorizar a Nehemías se encontró una
mujer, Noadías, profetisa. Ella no amaba al Dios de los judíos, sino que
profetizaba a favor del rey Ciro.
¿El resultado? El temor recayó sobre Noadías; los otros profetas y los pueblos
enemigos “se sintieron humillados, conocieron que por Dios había sido hecha
la obra”.
No es del Señor el oponerse a quienes hacen lo bueno; no se recogen buenos
resultados cuando se mortifica a las personas si éstas se encuentran ante
grandes problemas y retos a alcanzar.
¿Cómo ayudas a tus hijos cuando tienen que decidir algo que se presenta difícil
y complicado, su profesión por ejemplo? ¿Tu consejo los alienta a marchar sin
miedo? ¿Qué respondes a la amiga o a la hermana que viene enferma y
dudando que Dios la puede sanar? No ocurra que nuestra desconfianza sea
para nuestros seres queridos lo que pudieron ser las palabras de aquella
profetisa para Nehemías. Al dar valor te sentirás fuerte, al animar a otras
sentirás la presencia del Señor.
Octubre 29 — La Mujer Y El Ejercicio Del Poder
La mujer sabia edifica su casa; mas la necia con sus manos la derriba,
— Prov. 14: 1

¿Te has detenido a pensar en el poder que tienes en tus manos como mujer?
Todo ser humano gusta del poder, independiente de ser hombre o mujer. El
poder es tan fascinante que desde niños buscamos mandar a otros y usamos
muchos métodos para ello, desde el llanto hasta el imperativo más radical.
No es malo desear el poder. El problema es qué hacemos con él. Votamos por
políticos que prometen defendernos y mejorar el país, pero cuando asumen el
poder, aun cuando sean honestos, son bloqueados en sus sabias intenciones, o
se dejan llevar por juegos de poder, pagan favores sin importarles conceptos
éticos, morales, ni el interés de su pueblo.
Un serio problema es que la disputa del poder sucede desde los más simples
funcionarios hasta el director general.
Las familias no están libres de esto: maridos y esposas compiten por el poder.
En Prov. 14: 1 el autor bíblico atribuye a la mujer un poder irrefutable: ella
edifica o derrumba su casa. Edificar es un proceso que lleva tiempo e incluye
una acción sobre otra; el derrumbar, sin embargo, es algo rápido. Es mucho
más fácil destruir que construir.
Dios confía en nosotras, y por hacerlo así, coloca en nuestras manos la
capacidad de influir que, de acuerdo con nuestra libertad personal, podemos
utilizar para bien o para mal. Una casa y una iglesia son ambientes que
manifiestan el trabajo de las mujeres; observar detalles, sentir las necesidades
de hermanas, son capacidades que se destacan en la mujer.
Usa hoy tu poder para edificar. En tu propia vida, en la de tu familia y en tu
iglesia.
Octubre 30 — Lo Que No Es Para Bien
Enséñame buen sentido y sabiduría, — Sal. 119:66

Ayer consideramos cómo en nuestra vida tenemos poder para hacer lo bueno
y lo malo. Vimos la influencia que ello produce.
Las Escrituras hacen referencia a muchas actitudes que, puestas por obra por la
mujer, nunca resultan para bien.
La esposa que se descarría, Núm. 5:12, que es infiel, trae a su hogar graves
consecuencias. La creyente es puerta espiritual en su hogar, sea esposa, madre
o hija; bendición o tropiezo se hacen presentes por la actitud de su corazón en
el lugar en donde vive.
La mujer aduladora, Prov. 2:16, aquella que usa las artimañas del lenguaje
para sacar provecho propio y cree que los otros no notan su falsedad.
Insensatez, ignorancia. Prov. 9:13. Si la Palabra de Dios lo menciona, es
porque este mal es tan antiguo como el mundo. Eva fue insensata, sabiendo
qué era lo correcto erró el camino. La ignorancia arrastra también a infinidad
de mujeres.
La mujer peleadora, Prov. 19:13 b. ¿Te ha molestado alguna vez el continuo
goteo de la lluvia, pasando por una gotera en el techo? No deja descansar,
golpea y golpea una y otra vez… Esta es la comparación que hace el
proverbista. No hay tranquilidad junto a una mujer peleadora. ¡Qué fácil es
caer en esta tentación del enemigo! Si no cuidamos celosamente nuestra
actitud sumisa ante Dios y ante los demás, muy pronto seremos atrapadas por
este sentimiento de contienda y rivalidad.
Para no caer en estos fáciles pero terribles errores, sólo nos queda orar como el
salmista: “Enséñame (Señor) buen sentido y sabiduría… enséñame tus
estatutos” (Sal. 119:66, 68).
Octubre 31 — Sabias Para El Bien
…quiero que seáis sabios para el bien, e ingenuos para el mal,
— Rom. 16:19

La inteligencia que Dios nos ha dado sólo cumple su propósito si está


encaminada a la meta que él nos proponga. Las astucias, los ardides, las
trampas, son acciones inteligentes, pero son manifestaciones del pecado que
mora en el corazón de los hombres.
Dios nos ha dado una mente maravillosa, pero así como tenemos un cuerpo del
que disponemos según nuestra voluntad, tenemos también una mente que
responderá siempre a los deseos de nuestro corazón.
Un corazón que ha endiosado su yo y que ha convertido su beneficio en el
centro de su vida, pondrá sus pensamientos al servicio de ese fin. Mas un
corazón que ha puesto al Señor como eje tendrá una mente obediente a éste,
honesta y cuidadosa de sus pensamientos. Una mente ordenada y equilibrada
puede ser producto de muchos factores: disciplina, buena educación, etc. Pero
una mente sabia en el sentido bíblico sólo es posible si se ha rendido
plenamente a la verdad que es Cristo.
Cuántas veces dejamos “volar” nuestros pensamientos por caminos
equivocados; cuántas veces somos tendenciosas o nos torturamos pensando
siempre en la peor posibilidad.
¿Cuánto tiempo pasas frente al televisor dejándote (quizá no de modo
consciente) influir por los valores y criterios terrenales? Nuestra mente sólo
tendrá lo que permitamos que entre en ella.
Dios quiere hacer de ti una mujer sabia y ordenada en tus pensamientos; pero
debes dejar que sea él quien guíe tu mente. Si te abandonas a los pensamientos
apesadumbrados o negativos que quizá tu carácter te imprime, y no permites
que su verdad y aliento los lleve hacia sus pensamientos, no podrás ver esa
renovación de tu mente. Todo lo que Dios quiere para tu vida te lo extiende ya,
debes sólo extender tu brazo de fe y obtenerlo.
De ti depende, recuérdalo, tu crecimiento y la posibilidad de ser de gran
influencia para todos aquellos que conoces y amas.
Noviembre —
Profundización De La Vida Espiritual
Elba Machinandiarena de Bachor

Las tareas de cada día. El trajín. Las preocupaciones. ¿Cuándo queda lugar
para lo que realmente es importante? ¿Para lo que va más allá de la rutina
diaria?
Una de las características de nuestro tiempo es la “chatura”. Otra es el
conformismo. Se hace lo menos posible, con el menor esfuerzo posible. Se
busca la salida fácil. Hasta en la vida cristiana se advierte esta dolencia. Es
hora de profundizar. De acudir a la fuente de la vida plena y gozar del agua
fresca a borbotones.
Los pensamientos de este mes te guiarán a considerar tu comunión con Dios, el
arte de escuchar la voz de Dios, el desafío de aprender a Cristo, la importancia
de los momentos de quietud.
¡Cuán similar a nuestro caso es el ejemplo bíblico de las hermanas Marta y
María! Ellas muestran magistralmente esa lucha constante entre lo bueno y lo
mejor.
La autora de las meditaciones de este mes es la señora Elba M. de
Bachor, de Argentina. Dios la ha dotado con el don de transmitir
ideas con frescura, y profundidad. Ella utiliza este don en sus
predicaciones y sus escritos. Fiel siervo en la iglesia, la obra femenil,
su familia, las páginas que siguen son pinceladas de una vida que
busca profundizar constantemente su comunión con la fuente de toda
buena dádiva.
Noviembre 1 — La Intimidad De Un Hogar (la. parte)
Marta le recibió en su casa, — Luc. 10:38 b

Este es un precioso hogar de Betania. El evangelista Juan nos dice que Jesús
amaba a los integrantes de ese hogar. Y ahora está de paso a Jerusalén y entra.
Sus moradores le reciben, le sirven, hacen vívido ese amor que tienen para con
él.
Marta quiere servir. Para ella servir a Jesús es sinónimo de hacer. Y lo
primero que hace es comida (pienso yo). Sus manos y su cabeza, toda ella, está
ocupada en la no tan fácil tarea de preparar su casa y servir una mesa. Está
atenta a todos los pequeños detalles, ninguno escapa de su atención. Pone
manos a la obra y hace. Y se afana. Y se cansa. Se fastidia. Se impacienta. Y
pretende que otros hagan lo que ella eligió hacer. Hay urgencias que cubrir y
quiere que María la ayude.
María quiere escuchar. María también recibe a Jesús. Pero ella es una persona
calma, paciente, razonadora. Tal vez comparó y pesó circunstancias. Entonces
eligió. Esta es una de las pocas y preciosas oportunidades en que Jesús está en
su casa. Decide estar quieta y escuchar las enseñanzas de Jesús.
Jesús da el veredicto. No rechaza el servicio de Marta, pero le parece excesivo.
Y el exceso la turba y le quita la oportunidad de lo mejor. María eligió con
sabiduría, eligió lo importante.
Y yo me hago estas preguntas: ¿A qué le estoy dando prioridad? ¿Está lo
urgente antes que lo importante? ¿He puesto el compromiso antes que la
oportunidad?
Para pensar:
“Es un largo aprendizaje de abandono el que hemos de hacer para
cambiar, a cada momento de nuestra vida, nuestra impotencia humana
por la Omnipotencia Divina. Al final de esta renuncia florecen,
infaliblemente, la paz y el éxito de Dios.” M. Quoist
Noviembre 2 — La Intimidad De Un Hogar (2a. parte)
Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor entrad en mi casa y posad.
Venid y quedaos en mi casa (Biblia de Jerusalén), — Hech. 16:15

Estas son las palabras de Lidia de Tiatira, pero es la misma actitud de Marta:
“Pasen, entren a mi casa.” El hecho de entrar y permanecer, entrar y
hospedarse, es comenzar a caminar en la intimidad del hogar. Y es allí, en la
intimidad, donde afloran en toda su magnitud las características de nuestros
caracteres: dinámicos o calmos, optimistas o pesimistas, impulsivos o
reflexivos, tristes o alegres.
Y es dentro de casa y en el andar de cada día, donde tomamos decisiones que
no son correctas, pero queremos involucrar al otro en nuestra propia decisión,
porque siempre creemos que es la mejor, y siempre, como decía Sarmiento,
“traemos nuestro puño lleno de verdades”.
Eso exactamente hizo Marta; tomó decisiones por ella misma, pero quiso llevar
a María a su activismo, y puso a Jesús por juez.
Es allí entonces, en la intimidad del hogar, donde nosotras tenemos que tratar
de conocernos y cuestionarnos a nosotras mismas, nuestras reacciones,
nuestras actitudes, nuestros juicios y aun nuestras decisiones.
También nosotras, como Marta, hemos invitado a Jesús a estar en casa y
hemos descubierto que él es el gran experto en reparaciones. Pongamos
nuestro carácter bajo su control. El habrá de reparar allí, justamente allí, donde
está la falla. A Marta no le dijo que su trabajo estaba mal. Sólo le mostró que
era excesivo, que el exceso la turbaba y, por todo eso, estaba dejando de lado
lo verdaderamente importante: escuchar atentamente sus palabras.
Para meditar:
“El hombre no puede por sus propios medios permanecer en pie: su
cuerpo es harto pesado, su sensibilidad demasiado osada. Necesita una
Fuerza que lo atraiga desde la altura, le sostenga y le transfigure desde
adentro.” M. Quoist
Noviembre 3 — El Gran Descuido
Marta, Marta… te preocupas demasiado por estas cosas,
— Luc. 10:41 (La Biblia al Día)

Nosotras, como Marta, caemos en ese gran descuido: dejarnos arrastrar por
nuestras preocupaciones, al punto tal que nos perturban, y arrastramos a
nuestra familia también en ese clima de agitación.
Es lícito y genuino preocuparnos por nuestro comer y vestir, que, en América
Latina, ya es decir bastante. Es genuino preocuparnos por el cuidado de la
salud. Es lícito preocuparnos por el crecimiento físico, intelectual y espiritual
de nuestras familias. Es lógico que nos ataquen los temores de la inestabilidad
e incertidumbre de nuestro futuro. Pero cuando esta preocupación desborda los
límites naturales y sale de cauce, como un río caudaloso, cuando nuestro
cuidado y preocupación, lícitos, se convierten en un afán perturbador por
conseguir logros o cosas, es ahí donde Dios prende luz roja y nos dice:
“¡Cuidado!, tu preocupación te está turbando. Esto no es digno de tanta
preocupación!”
Entonces nos preguntamos: ¿Es tan fácil no preocuparse demasiado? ¿Qué
hago?
Hay dos o tres cosas que pueden ayudarte en ese punto. En el pasado, cuando
alguna ruta de nuestro país era atravesada por el ferrocarril y no había barreras,
se ponían al lado del camino y en ambas manos carteles que decían: ¡PARE!
¡MIRE! ¡ESCUCHE! ¡CUIDADO CON LOS TRENES! ¡Y esto quiero resaltar!
PARA. Frena tu marcha, acelerada por miedos, inseguridades, etc., e
identifícalos.
MIRA. Hacia atrás. Todo el camino recorrido con el Señor. ¿De dónde
te sacó? ¿Cuándo te fue infiel?
MIRA. Hacia arriba, de donde vendrá nuestro socorro. Nuestro socorro
viene de Jehová que hizo los cielos y la tierra.
MIRA. Hacia adelante. El prometió estar con nosotros todos los días
hasta el fin.
ESCUCHA. Su palabra dice: “nuestra vida está escondida con Cristo
en Dios”. ¿Necesitamos más seguridad que esa?
Noviembre 4 — Un Ruego Infructuoso
Señor ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile,
pues, que me ayude, — Luc. 10:40 b (Biblia de Jerusalén)

Apenas nos detenemos un momento para analizar este ruego, y nos damos
cuenta de que está viciado de nulidad. Si nos hacemos dos preguntas,
rápidamente lo descubriremos. ¿Quién es el personaje central en este ruego?
¿Cuál es el mensaje?
Surgen inevitablemente estas respuestas:
1) El centro de la oración está ocupado por Marta. Tres veces se refiere
a ella misma cuando dice, “mi hermana… me deja… que me…”
2) El mensaje está cargado de censura. Primero interroga, como si
quisiera hacer reflexionar al Señor Jesús; luego ordena. Sí, parece
terrible pero es así. Pretende que ordene a María que la ayude.
Y esto surge porque hemos puesto distancia entre nosotros y la oración. Hemos
puesto ese ruego como se pone un enfermo en la mesa de cirugía y se lo
interviene. El análisis está exento de toda emoción. Es frío. Pero a su vez me
pregunto: ¿Si pusiéramos de la misma manera nuestras oraciones sobre esa
mesa de cirugía, el resultado no sería el mismo? ¿No caeríamos en el mismo
error? Mi respuesta es: sí.
Ahora, no podemos pasar por alto o ignorar que estamos inmersos en una
determinada realidad. Para Marta, su realidad, era la preocupación de tener
todo listo. Su apuro, su cansancio, su afán, desembocan en ese ruego. Se siente
sola, incomprendida y se inquieta porque María no ve su apuro y no se decide
a ayudarla; entonces ordena. Le indica a Dios cuál es la mejor manera de
ayudarla.
¡Pobre Marta! ¡Pobre de mí! Ese también es mi error. Siempre sé la manera y
los medios por los cuales Dios puede venir en mi ayuda. Infructuoso esfuerzo,
vano pedido.
“No puede haber una genuina oración sin un autoexamen. Y el
autoexamen es difícil, penoso y, sobre todo, vergonzoso y humillante.”
William Barclay (Oraciones para el Hombre Común).
Noviembre 5 — Lo Correcto
Marta, Marta, le respondió el Señor, te preocupas demasiado por estas
cosas. Solamente existe una cosa digna de preocupación, y María la ha
descubierto. No seré yo el que se la quite, — Luc. 10:41, 42 (La Biblia
al Día)

Marta, según hemos visto ayer, cree que Jesús puede ayudarla. Pero entiende
que hay una sola manera de hacerlo: que venga María a darle una mano.
En el relato del evangelio de Juan, cuando Lázaro, el hermano de Marta muere,
se nos dice que ella cree que si Jesús hubiese estado allí, su hermano no
hubiera muerto; cree que Jesús puede resucitarlo, pero… “hiede ya”. Marta es
una persona acostumbrada a tener todas las cosas bajo control, bajo su control.
Y cuando esto no sucede, se desubica, pierde referencia.
1 La ayuda de Jesús. Ante esa desubicación de Marta, Jesús va en su ayuda.
No es exactamente lo que ella esperaba, pero indudablemente, Jesús le enseña
dos o tres cosas importantes:
a) Recibe su súplica. Está equivocada, ahogada por todos sus afanes,
pero Jesús la recibe con gran benevolencia. Su respuesta es de amor y
comprensión. Es como si dijera: “¡Ay, Marta, qué equivocada estás!
Pero no importa, vamos a empezar por el principio.”
b) La vuelve a ubicar. Le enseña algo muy importante para su vida; su
preocupación no es lo más importante. Para ella el marco de su
realidad tiñó todas sus expectativas, lo importante era que todo
estuviera listo. Pero eso era lo urgente. Y como nos pasa a cada una de
nosotras, lo urgente desplaza a lo importante.
c) Le enseña además que ella no era el centro; se ubicó en el centro
cuando creyó que su trabajo era lo más importante. Creyó saber lo que
más le convenía y por ende le dio órdenes a Jesús.
2 Marta descubre que lo verdaderamente imperante es Jesús. Cristo le dice
que María lo descubrió. Y no va a ser él el que se lo quite ahora, ni el tiempo,
ni la muerte se lo podrán arrebatar.
“La oración no consiste en que usted trate de mover a Dios. La oración,
entre otras cosas, significa ser atrapado en las orientaciones y
actividades de Dios.” — John White
Noviembre 6 — Reacciones Frente A La Muerte
Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.. ..¿No te he dicho que si crees,
verás la gloria de Dios?, — Juan. 11:23, 40

La muerte de cualquier ser humano nos trae, inevitablemente, el pensamiento


de nuestra propia muerte. La muerte sacude los cimientos de nuestra
existencia. Y el primer sentimiento que nos envuelve es el miedo. El miedo
nos paraliza. Y las reacciones son tan diversas, como diversos son los seres
humanos que pasan por ese trance.
En el hogar de Betania, habiendo pasado por la realidad de la muerte de
Lázaro, cada una de sus hermanas reacciona de manera distinta. A las dos el
dolor las sacudió fuerte.
El Señor Jesús está llegando a la aldea. Marta, con su temperamento dinámico,
sale al encuentro del amigo. María queda en casa. Una reacciona con hacer
algo, la otra con permanecer recogida en su dolor. Tienen muchos amigos,
todos les acompañan, a todos les une el mismo propósito, consolarlas.
Pero llega el Amigo, que también fue conmovido por el dolor. Hay una
reacción que se evidencia en el encuentro con ambas hermanas; es la
incertidumbre “si hubieses estado aquí…” Ese condicional lo demuestra, si…
tal vez la realidad hubiera sido otra.
Jesús también reacciona frente a la muerte, reacciona “como quien tiene
autoridad”. Frente a la incertidumbre opone su seguridad, “su hermano
resucitará”. Y se declara Señor de la vida. Se declara poderoso y con autoridad
frente a la muerte (v. 25)
¿Crees esto? Esta fue la pregunta hecha a Marta, después de sus declaraciones.
Esta pregunta golpea nuestra realidad. Y ponemos en un lado de la balanza
nuestros miedos y en el otro nuestra declaración, “creo”. …Y comienza a
alumbrarnos la gloria de Dios.
Para pensar: “Sólo el obediente cree y sólo el creyente es obediente.”
Noviembre 7 —
Tres Impactos Abren La Puerta A La Evangelización
Por esto creyeron en Jesús muchos de los judíos que habían ido a
acompañar a María, — Juan. 11:45 (D.H.H.)

Con cuánta sencillez se nos habla aquí de la evangelización. Qué riqueza


encierra la actuación de Jesús. Y surge, en forma inmediata, una conclusión y
una aplicación para nuestra vida: la evangelización no se resuelve por la
aplicación de todos los métodos conocidos. La evangelización es un estilo de
vida.
Es la presencia de Jesús lo que hace que, esto tan cotidiano e irreversible, sirva
para que muchos de los que habían ido para acompañarles, creyeran. En el
título se mencionan tres impactos: el primer impacto es la solicitud de Jesús.
Una vez que sabe de la muerte de Lázaro, y cuando el tiempo es propicio, les
dice a sus discípulos, “vamos allá”. Ellos no están de acuerdo y argumentan
¿cómo vamos a volver al lugar donde nos han apedreado? El les da a entender
su propósito: va a despertar a Lázaro. Esto nos da la idea de solicitud, de
deseos de ir. Aun cuando hay un peligro cierto, aun cuando se tenga que alejar
luego, él va, con toda decisión y solicitud.
El segundo impacto es el amor. El encuentro con sus hermanas, con los amigos
que las acompañaban. Y la realidad hizo que Jesús se conmoviera… se
estremeciera. Y llora Jesús la muerte de Lázaro. Esto es tan espontáneo y
conmovedor que todos se sienten sacudidos. “Mirad cómo le amaba” testifican.
El tercer impacto es el poder. Algunos esperaban el milagro antes; pero
cuando se produjo, muchos creyeron. El poder de Jesús obrando convierte el
corazón de los hombres.
Aplicación. Jesús no hizo nada fuera de lo que era su rutina. Era solícito y
cuidadoso, amaba a todos y cada uno, y su poder se manifestaba en medio de
ellos. Y muchos se convertían. No aplicaba un método determinado, era su
estilo de vida.
Noviembre 8 — Tomad Balsamo Para Su Dolor
¿No hay bálsamo en Galaad? ¿No hay allí médico? ¿Por qué, pues, no
hubo medicina para la hija de mi pueblo?, — Jer. 8:22

En la radio vocifera un “rockero” y dice:


“El tiempo se acaba, el siglo se va
frenética avanza la era nuclear
El grito de un hombre se pierde entre mil
y nacen los hombres del año dos mil.
Y ¿dónde está el bien? ¿Debajo de quién?
¿Adonde hay un ejemplo que nos sirva de ley?
“Esta es la gente del futuro, y este presente tan, tan duro.
Es el material con que edificarán un mañana total.
Tenemos que hacernos un mundo mejor
porque éste está enfermo, y nosotros no.
Y ¿dónde estás vos? y ¿dónde estoy yo?
Subidos a la música del Rock and Roll.”
Este es el diagnóstico de un joven para “su mundo”. Está teñido de cinismo, de
tristeza, de soledad. Tiene una solución: su música. Y esta es la realidad.
Tenemos que saber, entender, analizar, que el “mundo”, sus instituciones, las
ideologías, están lejos de Dios, están alienados de él.
Frente a este panorama podemos repetir con el poeta: “Tu siglo se muere de un
mal imprevisto, tu siglo está loco Señor Jesucristo.”
Pero el Señor tiene respuesta inmediata para nuestro análisis y nuestra
conclusión. Son las palabras del texto base. ¿No hay bálsamo, no hay médico?
¿Por qué no se cura? ¿No está plantada una cruz en el medio de la historia? El
bálsamo, la medicina, está en nuestras manos.
No nos es lícito seguir escuchando al mundo desgarrado de dolor, gritando en
su desvarío, y nosotros no entregarnos, ni entregarlo.
Noviembre 9 — Entrega
Y dejando luego sus redes, le siguieron, — Mar. 1:18

Dijiste sí a la entrega y ahora te encuentras en pleno avance. Avanzar es dejar


atrás el punto de partida. Es dejar atrás preparativos, preámbulos, cálculos,
costos, y salir; emprender el camino, realizar la tarea. Avanzar es marcar el
blanco y dirigirse a él.
El avance no puede depender de nuestro estado de ánimo, ni de gustos, ni de
sensibilidades.
No depende de las disposiciones de cada momento, o ante cada situación.
Tampoco depende de condiciones excepcionales. No sueñes con la fantasía de
lo “perfecto” o de la “situación ideal” para el avance.
No se puede dejar de reconocer que a poco de andar se comienzan a vislumbrar
obstáculos en el avance. Son los escollos que nuestros pies deben sortear. Tal
vez el más grande sea el desaliento. Comienza por paralizarte, por hacer la
marcha lenta y gravosa. El esfuerzo es grande, la colaboración poca, y los
resultados escasos.
Y aquí comienza la cuesta. Nuestros pies resbalan, no se afirman, la carga es
grande, nos pesan los planes; la soledad se acentúa.
Y paramos para tomar aliento; y en la pausa reflexiva recordamos las palabras
de M. Quoist: “el desaliento es siempre un indicio de una excesiva confianza
en nosotros mismos, y escasa confianza en Dios”.
Y aquí hallamos la roca firme, la saliente donde afirmar nuestro pie.
Y al llegar a un claro del camino, mirando atrás, vemos el avance.
Noviembre 10 — Lo Cotidiano
…a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos,
— Hech. 10:41 b

Comer y beber son dos hechos constantes de la cotidianidad. Son prosaicos,


comunes a todos. No es fácil asociarlos con lo espiritual. Pedro lo hace de la
manera más natural.
Parece decir: nosotros los que compartimos hasta lo más elemental con el
Señor Jesús, fue a nosotros, precisamente, que nos mandó a proclamar las
buenas noticias.
Ellos, en este encuentro diario e íntimo con el Señor resucitado, alcanzaron a
ver y aceptar el propósito de Dios para sus vidas.
Lo cotidiano, lo rutinario, lo común, no tiene por qué estar disociado con lo
espiritual. Y aunque aceptamos esta verdad, sigue resultándonos difícil.
Nos parece que nuestra mesa no es el lugar propicio para nuestro Señor. No
tenemos presente que nuestra comida y bebida pertenecen al cuidado
minucioso y constante de nuestro Dios.
Debemos volver una y otra vez, sobre estos interrogantes y valorizar el tiempo
de nuestra comida.
Debemos tomar estos hechos “pequeños y comunes” y compartirlos con
nuestro Señor.
Cuan importante es que el Señor se siente a nuestra mesa, comparta nuestro
pan y nuestro alimento. Será el tiempo de estar nosotros juntos, satisfaciendo
nuestra necesidad y él presidiendo la mesa.
Fue justamente cuando partía el pan con Cleofas y los discípulos de Emaús,
sentados a la mesa, cuando ellos percibieron, descubrieron que era Cristo
resucitado.
Sólo él puede hacer altares de los lugares comunes. Sólo él puede santificar lo
cotidiano. Y allí en los altares y en los lugares santificados, revelarnos su
propósito para nuestras vidas.
Noviembre 11 — El Buen Encuentro
…dame, te ruego, el tener hoy buen encuentro, — Gén. 24:12

Esta oración del siervo de Abraham, ante la responsabilidad de buscar la


esposa para Isaac, nos da la idea de alguien que termina de hacer los arreglos
necesarios para entrar al punto neurálgico de los acontecimientos, con calma y
seguridad.
Ya está todo listo para el viaje. Tiene las instrucciones de su señor, preparados
los animales y los regalos escogidos, y se pone en marcha. Ahora está frente al
momento crucial y decisivo, y unas pocas palabras le bastan. El tiene la
certeza y el reconocimiento de la presencia de Dios con él.
Es la oración de alguien que siempre ora. Que no necesita de ningún ritual para
tener la seguridad de que Dios está allí, porque tampoco él se ha ido de su
presencia.
Tal vez esta sea la idea del Apóstol cuando dice: “orad sin cesar”. Tener
conciencia que estamos en permanente presencia de Dios, si nosotros le
buscamos.
No se trata de prender y apagar, enchufar o desenchufar, procurando entrar en
sintonía; se trata de estar constantemente conectados. Prescindiendo de los
rituales, pero recogidos en el santuario de nuestro corazón. Cuidando del abuso
de las palabras, pero dándole a las palabras su valor más profundo.
Se trata de hijos buscando a su Padre en espíritu y en verdad. Otra seguridad
tiene este siervo de Abraham: que el Señor Jehová está atento a todo lo que
ocurre y pronto a intervenir.
Parece que él tiene necesidad de decirle que hasta allí llegó su tarea humana; el
resto que aún queda por hacer, lo más difícil, lo deja en sus manos.
De los buenos encuentros dependen las buenas relaciones. De las buenas
relaciones con Dios y los hombres, se nutre y enriquece nuestra vida.
Noviembre 12 — Hoy Es…
Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora,
— Ecl. 3: 1
TIEMPO DE NACER a nuevas realidades.
TIEMPO DE MORIR a viejas estructuras, alejadas del ideal de Dios.
TIEMPO DE PLANTAR nueva simiente, nueva criatura.
TIEMPO DE ARRANCAR lo superfluo, lo pasajero, lo que no trasciende.
TIEMPO DE MATAR nuestros egoísmos.
TIEMPO DE CURAR cuanta herida es producida por la ignorancia.
TIEMPO DE DESTRUIR los dioses falsos.
TIEMPO DE EDIFICAR para la eternidad.
TIEMPO DE LLORAR por tanto error cometido.
TIEMPO DE REÍR por todo lo que Dios nos da.
TIEMPO DE ESPARCIR PIEDRAS para hacer fácil el camino.
TIEMPO DE JUNTAR PIEDRAS para que no tropiecen.
TIEMPO DE ABRAZAR
TIEMPO DE CALLAR
TIEMPO DE AMAR
TIEMPO DE PAZ
Noviembre 13 — Mas De Lo Que Se Espera
…que vuestro amor abunde, aun más y más,
— Fil. 1: 9

El Señor Jesucristo, en el Sermón del monte dice que si amamos a los que nos
aman, si saludamos a los que nos saludan, estamos en el mismo nivel que los
publicanos y los gentiles.
O sea de aquellos que, por lo general, estaban fuera del Reino.
Y hace una pregunta incisiva: ¿Qué hacéis de más? E inmediatamente nos
pone como ejemplo al Padre “que es perfecto”.
La demanda, que está encerrada en este párrafo, es seria y tiene connotaciones
profundas.
Es tan seria, que la pide en oración al Padre. Se nos está exigiendo ese “más”
que Jesucristo ve ausente en sus seguidores.
Pablo pide que haya más amor que el que ahora hay. De pronto parece algo
fuera de lugar, porque se lo está pidiendo a los filipenses, a quienes él mismo
les reconoce que siempre han abundado en amor, y en acciones generadas por
el amor, hacia él.
El amor, el amor de la Biblia, no es ciego, ni torpe, ni ignorante. Muy por el
contrario es un amor que nos lleva a conocer y vivir por principios y saber
cómo aplicarlos. Esta es la idea del amor que abunda en ciencia y en todo
conocimiento.
Un amor que abunda, es un amor que siempre da más de lo que se espera.
Siempre está más allá del patrón.
Esta demanda levanta en nosotros aspiraciones, necesidades, deseos, y
acudimos como Pablo a la oración para que el Espíritu Santo nos provea más
amor.
Noviembre 14 — Cavando Hondo
Escudriñad las escrituras, — Juan. 5:39

Para el trabajo de “escudriñar”, examinar, inquirir, averiguar cuidadosamente


una cosa, se necesitan elementos específicos. Y los primeros elementos
concretos los aporta Rudyard Kipling en esta estrofa:
Yo guardo seis sirvientes honestos.
Ellos me enseñaron todo lo que sé.
Sus nombres son, qué y porqué,
y cuándo, y cómo, y dónde, y quién.
Necesitamos además, tiempo, silencio, humildad, disposición al cambio.
También necesitamos una mente, ¡imprescindible! Una mente sin preconceptos
frente al pasaje leído. Muchas veces se tiene la convicción de que ya la
interpretación y la aplicación de algún pasaje está sabida. No hay más espacio
para el aprendizaje. ¡Tremendo error!
Llegamos a las Escrituras con nuestras barreras cerradas, tenemos prejuicios,
preconceptos. Creemos que estar frente a ellas supone siempre un tiempo
místico, devocional, donde todas nuestras emociones entrarán en juego y se
producirá un milagro. Nuestra mente, nuestro intelecto, quedará de lado. Y
esto sólo es verdad en parte.
El milagro habrá de producirse, pero tal vez no en la forma que esperas. Tal
vez no desciendan ángeles del cielo para confortarte. Pero te encontrarás frente
a desafíos que apelan a la forma profunda de ser. Te encontrarás frente a frente
con la Verdad, y con alguna verdad, que todavía no incorporaste. ¿Qué harás
con ella?
Aceptarla, incorporarla, es el desafío. El Espíritu Santo está allí presente, para
guiarte en ese laberinto. Y es el mismo Espíritu Santo que te revelará y
aplicará esa verdad a tu vida, y comenzará el camino del cambio.
El cambio es un milagro.
Un milagro del Espíritu Santo.
Noviembre 15 — Marca El Camino
Establécete señales, ponte mojones altos, nota atentamente la calzada,
— Jer. 31: 21 a

Todo Israel está al borde del cautiverio. Ya los príncipes y sacerdotes y


personas importantes han sido deportados. Falta un remanente.
Ellos saben de sus desobediencias, de la dureza de sus corazones.
Ellos saben que se han alejado de Dios, buscando paz en la boca de los falsos
profetas. Ellos buscan sobrevivir, fuera de la vida. Quieren calmar su sed en
pozos vacíos.
Están en crisis, pero Dios les ha revelado su voluntad.
Dios les da instrucciones. Antes de partir en cautiverio deben extremar
esfuerzos para dejar bien marcado el camino para el regreso. Hay que poner
señales y bien alto los mojones para no extraviarse en la ruta.
Dios les da seguridades. En primer lugar, la seguridad de su amor. Les dice:
“con amor eterno te he amado, por tanto, te soporté con misericordia”. Les
enseña que tienen la seguridad de su protección, porque se revela a ellos como
Padre, que guía, que alimenta, que consuela, que satisface con abundancia el
alma de su pueblo.
Dios les da la seguridad de que este tiempo de crisis no es en vano, porque él
tiene planes para ellos.
Les da la seguridad de que él siempre está.
Dios les da esperanza. “Esperanza hay para tu porvenir”, les dice, porque
tendrá cuidado de ellos para edificar y plantar.
Tú y yo estamos de viaje hacia la Patria Celestial
¿Has obedecido las instrucciones?
¿Tienes seguridad en el camino?
¿Tienes esperanzas?
Noviembre 16 — Cuidar Mi Planta
Te planté de vid escogida, simiente verdadera toda ella; ¿cómo, pues, te
me has vuelto sarmiento de vid extraña? — Jer. 2:21

El trabajo. Fue el trabajo del artesano, lento, detallista, amoroso, que no deja
nada librado al azar. El arte del artesano que se recrea en su creación.
Esta fue la tarea del señor de la viña; escoger la cepa selecta y seleccionada,
“simiente verdadera”.
El resultado, por lógica, sería el mejor fruto. Pero en el tiempo y la distancia
esto no se produjo. Por el contrario, el trabajador artesano, cuando vino a
comprobar el resultado se preguntó con asombro: “¿Cómo te me has vuelto
sarmiento de vid extraña? ¿Cómo te has mudado? ¿Cómo puede ocurrir esto,
cómo pudo ser?”
Cuánto esfuerzo, cuánta espera, cuánta paciencia; qué escaso resultado. Este es
el planteo del profeta. Este es el cuestionamiento del Señor.
Este es el mensaje para nosotros hoy: Esta mujer que soy hoy, ¿está
desvirtuando la que puede llegar a ser en Cristo?
Este proceso de bajo rendimiento y calidad comienza muy atrás. Lo dice el
mismo profeta en el v. 20: desde hace mucho se desligaron, rompieron sus
ataduras, “desafiantes no quisieron obedecerme”.
No hay grandes pecados que confesar, pero hay pequeñas apetencias, vientos
de intolerancia, de enojos; ocultas y disimuladas larvas de envidia, que
degeneran la cepa escogida.
A esto debemos prestar especial atención y confesarlo y apartarnos. Y
encaminarnos hacia el proyecto que Dios tiene para mi propia vida.
“Así que cuidado cómo viven ustedes. Sean sabios, no ignorantes;
aprovechen bien el tiempo, porque los días son malos.
No hagan nada a la ligera, sino traten de entender y poner en práctica la
voluntad de Dios.” Ef. 5:16, 17 (La Biblia al Día)
Noviembre 17 — Revelación En El Peregrinaje
Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras,
— Luc. 24:45

No siempre el camino es llano y agradable. En cualquier recodo se puede


desembocar en un cono de sombra. Esto pasa con los discípulos en el camino a
Emaús; han entrado en la parte obscura y sinuosa del peregrinaje.
Lo temporal les ha obscurecido su visión espiritual. Habían creído en el Rey de
Israel, en su libertador; pero ahora estaba muerto y no ven más allá.
Sus esperanzas quedaron sepultadas en la cruz. Los sacerdotes y los
gobernantes habían podido más, “y lo entregaron a sentencia de muerte”.
Hablan en pasado: “nosotros esperábamos”. No alcanzan a ver. Recuerdan
haber oído de algunas mujeres y otros discípulos que él vive. Pero la
conclusión es tajante y funesta “pero a él no le vieron”.
Jesús los encamina hacia el amanecer: otra vez hacia la luz. Sólo su presencia
y su explicación les saca del ocaso, de las sombras.
Su visión estaba fuera de foco, se quedaron en la muerte, La muerte del Rey, la
muerte de sus esperanzas, el fin de su misión, les había llenado de tristeza.
Pero la revelación de Jesucristo hace arder sus corazones. Y salieron otra vez
al camino, para llegar a Jerusalén, al reencuentro con sus hermanos de
peregrinaje, con sus esperanzas, con su misión.
Salieron al camino para llegar hasta Betania y allí adorar al Señor que fue
alzado arriba.
Salieron otra vez al camino, para volver a Jerusalén con gran gozo porque
dejaron atrás el cono de sombra.
Habían visto al Resucitado y lo esperaban otra vez.
Noviembre 18 — ¿Todo O Nada?
Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas, — Rom. 11:36
Quiero de Dios la protección, el amparo.
Quiero de Dios la mano suave y la caricia pronta.
Quiero de Dios el dulce milagro en prodigiosa vertiente.
Quiero de Dios respuesta positiva, ahora.
Quiero de Dios fuerza suficiente para ser vencedora.
Quiero de Dios bálsamo tibio, para mi herida abierta.
Quiero de Dios muro de contención, en la embestida diaria.
Quiero de Dios la suave complacencia, para mi humana deficiencia.
No me gustan respuestas dilatadas.
No me gusta sufrir en el servicio.
No me gusta la derrota en el frente de lucha.
No me gusta lo áspero, ni la estrechez del camino.
No me gustan las limitaciones a que me somete el prójimo.
No me gusta el destiempo de los tiempos.
No me gusta posponer mi causa.
No me gusta exponerme frente al otro.
No me gusta la rigidez de una disciplina.
No me gusta someterme.
Y perpleja frente a mi inventario oigo siempre la voz que me dice:
“si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si
muere lleva mucho fruto.” Juan. 12:24.
Y otra vez:
“Vivan entonces, con el sentido correspondiente de responsabilidad; no
como hombres que no conocen el significado de la vida, sino como
aquellos que sí lo conocen.” Ef. 5:15. (Versión Inglesa de Philips.)
“No somos tan independientes para vivir como queremos.” Rom. 14: 7
(La Biblia al Día).
Entonces le digo al Señor: “quiero la vida del nuevo nacimiento, y no el calor
complaciente del vientre”.
Noviembre 19 — El Encuentro
Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros,
— Jer. 29:11

El día todavía está en blanco. En el papel, (la agenda) están impresos los
horarios, los planes, las actividades para el día que nace; y en la mente cada
detalle por cumplir. Eso ha sido una tarea personal. Pero una pregunta flota
rápido a la superficie. ¿Serán todos estos planes los planes del Señor?
Y comienza la lucha, grande o pequeña, insistente, tenaz.
Cada una conoce sus planes, conoce sus necesidades, sus esperanzas, sus
aspiraciones, lo que le gusta. Y esto surge con fuerza y limita. Limita, sobre
todo, los planes del Señor para cada una de sus hijas.
Es el encuentro de dos grandes corrientes: la voluntad personal y la voluntad
de Dios. Y ese encuentro produce choques, remolinos, aguas turbulentas. Y
somos arrastradas en esto, tal vez por un trecho que puede ser largo o corto;
depende del grado y la capacidad que se tenga para obedecer.
Se comienza entonces a transitar un camino en el cual no se encuentra nada
significativo, como no sea lo que Dios ha hecho por nosotras. Es el camino del
reconocimiento mutuo. Es el descubrir la propia dimensión frente a la
dimensión del otro. Es decir con el salmista: “no hay para mí bien, fuera de ti”.
Es la afirmación de alguien que conoce perfectamente al otro. Que lo conoce
en forma profunda y personal, y por conocerle así se apoya con todas sus
fuerzas en el otro.
Y sabe que sólo así su vida encontrará propósito, porque comienza a ser
atrapado en el propósito de Dios.
Y se entrega sin reservas. Y pone a disposición de él su agenda, sus planes, sus
actividades, su día en blanco… y espera.
Oración:
“Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y
me venciste” (Jer. 20: 7).
Noviembre 20 — La Muerte, Mis Muertes
Sí, Señor; yo he creído, — Juan. 11:27 a

Pienso en la muerte y mis muertes. Ambas me atañen, ambas son parte de mi


realidad, pero tienen que ver con distintos tiempos. La muerte está allí al final
del recorrido; las muertes están aquí, al doblar de alguna esquina.
Ambas están en mí, conviven, me limitan, me abren la oportunidad a nuevas
realidades.
En estos momentos me preocupan más mis pequeñas muertes que mi muerte,
porque son parte de mi realidad cotidiana. Golpean a mi puerta diariamente.
¿Qué son para mí mis pequeñas muertes? Son aquellas circunstancias adversas
que me azotan, me doblegan, ponen mi cabeza entre mis manos, mi rodilla en
tierra. En resumen, son mis vergüenzas o las ajenas, mis grandes yerros, los
grandes desencuentros, mi obstinado ser yo. Desde esas muertes clamo:
“Sí, señor, yo he creído… yo creo.” Y hasta esos corredores, profundos y
sombríos, llega el sonido suave y apacible de la voz de Dios, que indica
nuevos rumbos: “El que cree en mí, aunque muera como los demás, recobrará
la vida.”
Y comienzan las pequeñas resurrecciones diarias. Ese recobrar la vida, que es
reubicarme cada día en el camino, que es vivir con calidad de vida.
Esas resurrecciones me permiten vislumbrar desde lejos “la gloria de Dios”.
Noviembre 21 — La Muerte
¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?, — 1 Cor. 15:55
Pienso en mi muerte, y algunos fantasmas del miedo me rodean: el miedo al
dolor, a que el pasaje entre la vida y la muerte sea largo y doloroso. Pero estoy
tratando esto con el Señor y pidiendo ayuda para elaborarlo y abandonarlo en
sus manos.
Quisiera irme con total mansedumbre, sin exaltaciones. Quisiera irme
(tomando la idea del poeta) con la suavidad del que se acomoda en su silla, se
arropa en su frazada y se dispone a dormir.
Quisiera irme con el total abandono del que se esforzó y luchó por cumplir su
propósito, e imperfectamente lo alcanzó.
Quisiera irme con la plenitud de aquel que amó mucho y fue amado.
Quisiera irme con la certeza del que dejó buen ejemplo.
Quisiera irme de la manera que lo describió el poeta cuando dijo:
Señor, he comprendido: tocó el dolor mi puerta
Diciéndome en voz baja que mi hora ha llegado:
Ya está limpia la casa y mi cuenta cubierta
Ahí queda la llave sobre el umbral gastado.
Laurent Atthalin
Noviembre 22 — En Silencio
Debes pensar constantemente en estos mandamientos que te doy en este día,
— Deut. 6: 6 (La Biblia al Día)

Aquí estoy frente a mi Biblia. Está sobre mi mano derecha. Pero he puesto
sobre mi mano izquierda mi agenda. Ambas están frente a mí.
Una me habla de apuros y urgencias. La otra de cosas vitales. No siempre la
agenda y la Biblia se llevan de acuerdo. Leer la Biblia significa ir al encuentro
de la verdad.
Pero la agenda me marca el tiempo, un tiempo apurado, inexorable, y por lo
general, poco tiempo.
Y no siempre mis reacciones son las correctas frente a la Palabra.
Me gana el apuro de la agenda y, sin pensar demasiado, decido leer un salmo,
con el cual calmaré mi conciencia y cumpliré con lo que me enseñaron.
¡Qué mala decisión que se convierte en hábito a poco de andar! Yo le llamo a
eso patinar sobre las Escrituras. Voy y vengo a gran velocidad. Me interesa tal
vez más la cantidad de lectura que pueda acumular, que la calidad que produce
frutos.
También digo con frecuencia que para obtener resultado de las Escrituras hay
que darles tiempo y esfuerzo. Hay que cavar y cavar hondo, hasta llegar “al
petróleo”. Allí está la riqueza. Poder extraer todo el mensaje, enseñanza,
advertencia y amonestación que tiene para mí.
Y para eso se necesita tiempo, “un tiempo no apurado”. Un tiempo de calma y
de quietud, de prioridades, de cuestionamiento propio. Un tiempo reflexivo.
Un tiempo recogido y solemne, porque voy al encuentro de la Verdad.
Ir al encuentro de la verdad es encontrar libertad. Libertad de mis pequeñas,
pero no menos duras, prisiones: de mi agenda, de mi tiempo y de mis malas
decisiones.
“Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las
Escrituras.” Luc. 24:45.
Noviembre 23 — Vamos A Celebrar Fiesta
Deja ir a mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto, — Exo. 5: 1 b

¡Fiesta!
Se repliega la palabra en los surcos del cerebro.
Toma por asalto el corazón, y estalla.
Remolinos de azules y rosas. Vendaval de grises y sepias.
Corrientes concéntricas de alegrías y tristezas.
Intimidades apenas balbuceadas.
Cuerdas de amor que atrapan y amarran.
Bálsamo de ternuras, palabras amasadas con paz y perdón.
Temores de quebrar la intangible unidad.
Viejos cantos con nuevas dimensiones.
Páginas nuevas, con historias ya escritas.
Cansados horizontes con nuevas perspectivas.
Provisión de vida en calidad suprema.
Muertes cotidianas resueltas en resurrecciones diarias.
Ánimo de fiesta en pobres realidades.
Dimensiones ignoradas en vidas ordinarias.
¡Venid, celebremos fiesta!
Dios está en medio nuestro,
Y en él vivimos y nos movemos y somos.
Noviembre 24 — Canto En El Peregrinaje
En realidad el Todopoderoso me ha hecho grandes cosas, —
Luc. 1:49 (La Biblia al Día)

El pereginaje, este andar nuestro sobre este mundo, produce grandes


cuestionamientos del ser. Por nuestra condición inherente de seres humanos,
por ser criaturas, ser dependientes, ser finitos.
Rubén Darío, en su poema “Lo fatal” describe estos cuestionamientos, esta
angustia existencial, de manera maestra cuando dice:
“No hay dolor más grande que el dolor de estar vivo ni mayor
pesadumbre que la vida consciente”
En otra estrofa dice:
“Ser y no saber nada y ser sin rumbo cierto y el espanto seguro de estar
mañana muerto”
Y termina con este pensamiento:
“Y la carne que tienta con sus frescos racimos y la tumba que aguarda
con sus fúnebres ramos y no saber adonde vamos, ni de dónde
venimos”
Angustias, miedos, no saber, inseguridades del rumbo, ignorar los por qué y
los para qué. ¿Cómo vivo yo el peregrinaje? El título lo dice: con un cántico.
Es el cántico, como el de María, de aquel que descubre que su vida tiene
rumbo y sentido, dirección y propósito.
Tiene a Dios en su principio, cumple con los planes de Dios en su vida, Dios lo
espera en el final.
Es el cántico de aquel que vislumbra la dimensión de Dios y su propia
dimensión; como la cantó María.
Es el cántico de aquel que, como María, experimenta que Dios lo mira y pone
en sus manos una misión, dignificando su condición de criatura.
Es el cántico de aquel que puede decir con asombroy fervor: “Engrandece mi
alma al Señor; y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.”
Noviembre 25 — El Bien Supremo
No hay para mí bien fuera de ti, — Sal. 16: 1

El salmista comienza el versículo dos con una declaración de fe: “Tú eres mi
Señor.” ¿Este es el fin del camino recorrido, o el comienzo por recorrer? No lo
dice el salmista; pero agrega luego: “No hay para mí bien fuera de ti.”
Llegar a decir esto significa haber transitado un proceso de reconocimiento
mutuo entre el Señor y su siervo. Es la afirmación de alguien que conoce
perfectamente al otro, porque ha vivido diversas situaciones con él; situaciones
de riesgo, situaciones de afrentas, de vergüenza, de dolor, situaciones límites; y
ha salido adelante.
De manera tal que no valora nada como bueno, sino lo entrega sin reservas a su
Señor. Siente por su Señor un fervor especial que convierte en acto de
adoración. Lo pone siempre delante de él; recuerda que es su premio, su
comida, su gozo mayor. Llega a la conclusión de que la herencia que le ha
tocado es hermosa, tan hermosa, que es la fuente de inspiración permanente
para todo su cantar. Podríamos graficar esta experiencia con la de un eximio
pianista que conoce y siente su música, vibra con ella, se deja llevar por su
inspiración, y el resultado es un concierto maravilloso.
O por el contrario, podríamos hablar de otro pianista que ha llegado a ser un
estudiante crónico, frío y rutinario, que no pasa de tocar invariablemente “Para
Elisa” desde hace años, a desgano y por inercia.
De cualquiera de estas formas podemos vivir nuestra adoración por Cristo,
nuestro Señor.
El salmista experimentó la primera. ¿Cuál es tu experiencia?
Señor, quiero buscarte y conocerte; llegar a reconocerte como mi Señor en
todas las áreas de mi vida para adorarte y valorarte como el único bien
deseable para mí.
Noviembre 26 — Ubicarme
…a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos,
— Fil. 1: 1

Nos llama la atención la manera en que Pablo se dirige a los destinatarios de


esta carta, como de muchas otras. Les escribe a todos; los llama santos, luego
agrega: en Cristo, para después ubicarlos en Filipos.
Cuando el Apóstol dice a todos, sin lugar a dudas, y por referencia posterior,
les recuerda a uno por uno. Recuerda a Lidia, a Evodia y Síntique, al carcelero,
a la muchacha con espíritu de adivinación, incluyendo a sus obispos y
diáconos.
Y esto no es sólo una fórmula de introducción. Es un sentimiento profundo de
unión.
Les llama santos, y cuando dice santos no piensa en aquellos que han
alcanzado la perfección o la impecabilidad; tampoco en cualquiera. Evita
extremos y se ubica en la posición correcta. Santo es aquél que ha sido
convocado, llamado por el Señor, rescatado de su “vana manera de vivir” y
puesto aparte, consagrado para…
Y sigue: estos santos están en Cristo. En unión con él, han recibido vida de él,
cuando estaban muertos. Tienen vida sobrenatural, tienen vida de Dios, tienen
calidad de vida.
Tienen, además, un lugar geográfico, una ubicación histórica, están en Filipos,
al comienzo de la era cristiana.
¿Qué es lo que resalta aquí? El orden en que Pablo los menciona: antes que en
Filipos están en Cristo.
Qué importante, qué aleccionador, qué útil de remarcar. En Cristo antes que…
Yo estoy en Cristo, antes que en mi casa, mi familia, mi pueblo, mi país,
latinoamérica etc., etc.
Debo permitir que este principio rija, forje y condicione mi vida.
Noviembre 27 — Este Sentir
Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús,
— Fil. 2: 5

Este sentir… Este sentir… Este sentir…, quisiera repetirlo en forma constante
para que se grabe a fuego, sobre mi mente y mi corazón.
Este sentir, y no otro sentir. Sentir del que se despoja, del que se humilla, del
que es obediente, del que se entrega a muerte, y muerte de vergüenza.
Pablo enseña a los filipenses que este sentir es factor de unidad entre ellos y en
ellos.
Entre ellos, porque será ese sentir, el cordón que los amarre unos a otros dentro
del Cuerpo de Cristo.
En ellos, porque los une y los identifica en Cristo.
En este esquema de pensamiento también está presente la muerte.
Cristo nos da vida a través de su muerte.
Jesús con frecuencia señaló la necesidad de pensar en nuestras muertes, para
producir frutos.
Dijo de sí mismo que si no caía en tierra y moría el grano, quedaba solo.
¿Dónde, entonces, está la muerte en mi esquema de vida? Nuestro corazón está
atado a nuestro tesoro. Y si nuestro tesoro está limitado sólo y exclusivamente
a la tierra, el corte de amarras será una tarea ardua.
Pero la exhortación apunta a esto específicamente: a imitar a Cristo muriendo a
lo terrenal, para alcanzar la plenitud espiritual.
Lo cristiano depende de lo extraordinario.
Es el amor de Cristo que marcha obediente y paciente hacia
la cruz. Lo peculiar del cristiano es la cruz.
Dietrich Bonhoeffer.
Noviembre 28 — En La Escuela De Cristo
Y Jesús teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó,
— Mar. 1:41 a

Aquí se relata el encuentro de Jesús con un marginado. Los tres verbos de este
párrafo llaman la atención: tiene, extiende y toca. En primer lugar dice:
“teniendo misericordia”, habiéndose compadecido. La misericordia es el paso
que sigue al amor, es el amor caminando hacia el necesitado, es el amor en
acción.
Jesús lo ve arrodillado delante de él, solo, arriesgándose, humillado; y es
movido a misericordia.
La consecuencia lógica es extender su mano. Se acerca, busca el encuentro, le
toca.
Esta acción está prohibida por la ley. El leproso era una persona inmunda;
nadie podía estar en su compañía.
Pero Jesús, en su gran misericordia, le busca, le toca, le sana y acarrea con las
consecuencias previstas: se tiene que apartar, no entrar a la ciudad, quedarse
afuera.
Este es el gran desafío para el día de hoy. Esta es la escuela de Cristo. ¿Cuál es
la actitud generalizada hacia los marginados (drogadictos, sidosos, etc., etc.) de
hoy?
¿Cuál es mi actitud? ¿Estoy dispuesta a extender mi mano, acercarme a ellos,
para luego quedar afuera de la ciudad?
Quiero hacer referencia aquí a una charla sostenida por una señorita con los
diáconos de una iglesia, sobre los beneficios o no, que podía tener el contacto
entre los jóvenes de ese lugar y un grupo de adictos tratando de rehabilitarse.
En el diálogo, uno de esos diáconos mencionó que de la vida de Jesús se
desprendía una actitud abierta hacia todo tipo de gente en cualquier
circunstancia. A lo que otro replicó: “Pero Jesús era Jesús”, con el silencio
posterior del resto.
Si Jesús no es el modelo de vida a seguir por la iglesia (o por mí) porque está
muy alto, o porque es muy pobre lo que nosotros estamos dispuestos a dar,
venimos a ser metal que resuena, címbalo que retiñe.
Noviembre 29 — Gracias, Porque Fue A Mi
Y que conforme a tu fidelidad me afligiste, — Sal. 119:75

¿Por qué? ¿Por qué ahora? ¿Por qué a mí? Se agolpan las preguntas, se
sobredimensionan los hechos, se pierde estabilidad, la constante es el
aturdimiento.
A nuestra puerta ha golpeado el dolor, la prueba.
No tenemos respuestas, las palabras de los hombres no calan hondo, se olvidan
rápido.
Estamos solas y desoladas. Esta es la primera reacción, luego viene la
reflexión.
Hoy encontré unos apuntes míos de 1989. Allí anoté lo que Dios me enseñó en
medio de la prueba.
Primero entendí que en medio de la prueba estaba contenida por la fidelidad
de Dios: la aflicción no sobrepasaría los límites de su fidelidad. La prueba no
quebraría mi capacidad de soportar.
No siempre vemos esto. Muy a menudo no nos damos cuenta de que estamos
rodeados por su fidelidad. Es tan constante, estamos tan abrigados por ella, que
en los tiempos de aturdimiento se nos hace imperceptible.
Después supe, a través de su Palabra, que mi prueba, mi aflicción, tenía
propósito, un propósito muy concreto: crecer.
Y esa fue la realidad. En esos momentos oscuros, de desorientación, de
aturdimiento, es cuando más dependemos de nuestro Dios. Porque no vemos,
no entendemos, no percibimos con claridad. Entonces nos aferramos a él, nos
sostenemos en sus promesas, anclamos en su palabra, y con sumisión nos
dejamos guiar.
También supe que ese crecer significa crecer en santidad, eso también nos
enseña el escritor de Hebreos (Heb. 12:10).
La aflicción, la prueba, la disciplina, nos hacen capaces de participar de su
santidad.
Noviembre 30 — Una Pequeña Historia De Amor
Entra luego (en tu casa) y cierra la puerta tras de ti y tras de tus hijos,
— 2 Rey. 4: 4 a (La Biblia de Jerusalén)

El relato de 2 Rey. 4: 1-7 es una pequeña historia de amor, de


responsabilidad, de confianza, y abandono absoluto en las manos de Dios.
Es la historia de una madre que ve que por una deuda se le va la vida de sus
hijos.
El planteo es sencillo: es viuda y está al borde de sus fuerzas, sin recursos, en
una situación angustiante.
Por ley, al no poder pagar a su acreedor, sus hijos tenían que ir a trabajar como
esclavos.
Es una situación de crisis real. Y en esta situación va al lugar correcto a
buscar ayuda correcta.
Elíseo le plantea un desafío, le indica una metodología que no responde mucho
a la lógica. Pero ella no se detiene en eso; cree, y porque cree, obedece.
Una vez que junta todas las vasijas posibles, cierra la puerta de su casa tras
ella, y tras de sus hijos.
Y es allí en el círculo íntimo, sólo ella y sus hijos, donde espera y vive el
milagro de Dios para su vida.
¡Cuánto tenemos que aprender nosotras de esta anónima heroína de la fe!
Pensemos en la realidad de nuestras crisis. Su exacta dimensión. No debemos
caer en los riesgos de minimizar o sobredimensionarlas; ambos extremos nos
pueden llevar a resultados funestos.
Busquemos luego la ayuda correcta en el lugar correcto.
Las crisis, cuando son reales, siempre posibilitan la apertura a los canales de la
fe.
Y el gran desafío es: cierra la puerta de tu casa tras de ti y de tus hijos, y vive
allí el milagro constante de Dios en tu vida. Vive con tu esposo e hijos la
presencia milagrosa de Dios, en tu casa, preservando y defendiendo tu vida y,
aun más, tu calidad de vida.
Diciembre — La Superación
Josie de Smith
“Yo soy así; qué le voy a hacer.” Pocas frases han dañado tantas vidas como
ésta.
La vida se parece a un automóvil ascendiendo una pendiente. Si no va hacia
adelante, va hacia atrás. Es muy difícil quedarse estático. O progresamos o
regresamos.
Probablemente la nuestra sea una de las épocas que más oportunidades de
progreso ofrece a la mujer. Salvo escasas excepciones, no se puede culpar a
nadie más que a una misma por no progresar.
Las páginas siguientes te llevarán a considerar las características del carácter
maduro, y algunas sugerencias para superar el negativismo y la tendencia a
culpar a otros por tus falencias.
En la Biblia se encuentra un ejemplo claro de una mujer que pudo superarse,
en la persona de María Magdalena. Si ella pudo, tú también puedes.
La autora de las meditaciones de este mes es la señora Josie de
Smith. Ella es una escritora prolífica de libros y otros materiales para
niños y también para mujeres. Su actuación como líder en su iglesia,
en organizaciones de mujeres y en su núcleo familiar la presentan
como un modelo viviente de una mujer superada por la gracia de
Dios.
Diciembre 1 — La Transformación De María Magdalena
…Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el
evangelio del reino de Dios, y los doce con él, y algunas mujeres que
habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que
se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios…, —
Luc. 8: 1, 2

Poco nos cuenta el Nuevo Testamento de María Magdalena. Pero nos dice lo
suficiente como para saber que había sido una mujer con un gran problema.
Siete demonios tenía que la dominaban. ¿Cómo habrá sido eso? ¿Habrá gritado
e insultado? ¿Habrá hecho daño a otros? ¿Habrá odiado? ¿Habrá estado
siempre deprimida?
No lo sabemos. Pero sí sabemos que necesitaba librarse de los demonios que la
dominaban. Necesitaba un cambio total y absoluto.
Un día, un encuentro produjo la transformación que necesitaba. Fue su
encuentro con Jesús. Los demonios desaparecieron para siempre por el toque
misericordioso y sobrenatural de Jesucristo.
Quizá como María Magdalena era aquella mujer que cuenta que en el pasado
la dominaba el alcohol. En él ahogaba su conciencia y su infelicidad. Sus
“demonios” eran que nunca había sentido el amor de una madre y que un
vecino abusaba sexualmente de ella sin que a nadie le importara. Pero un día
su vida cambió total y absolutamente. Dios posó sobre ella sus ojos y se
produjo el toque misericordioso y sobrenatural de Jesucristo. De pronto, sintió
lo que nunca había sentido: una alegría que le brotaba de muy adentro porque
se sabía amada por el Señor. Desde ese día fue otra persona. Había sido
transformada.
El primer paso a la superación es el toque misericordioso, permanente e
incondicional de Jesucristo que transforma tu vida. Por él puedes superar todo.
Puedes dar el primer paso en un nuevo andar. Sí, puedes, como pudo María
Magdalena.
Diciembre 2 — La Mejor Decisión
María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete
demonios, Juana, mujer de Chuza, intendente de Herodes, y Susana, y
otras muchas… le servían de sus bienes, — Luc. 8: 2 b, 3

El milagro de la liberación fue el primer paso en la nueva vida de María


Magdalena. ¡Ahora sí podía disfrutar su vida! Y por estos versículos de
Lucas 8 sabemos que tenía medios con que disfrutarla. Gozaba de una buena
posición social y económica y podemos imaginarnos sus tentaciones.
¿Se habrá sentido tentada a empezar a construir su vida alrededor de su
posición para sentirse que ahora era “alguien”? ¿O habrá sido su tentación la
de dedicarse a administrar sus bienes con el fin de tener más? ¿O habrá sido la
de optar por una vida tranquila y sin problemas procurando su propia
comodidad, quedándose en Magdala donde todo le era conocido y le ofrecía un
futuro sin sorpresas?
Sea cual fuera su tentación, la pudo superar eligiendo el mejor bien de servir a
Jesús. Ser “alguien” para ella significaba, no una buena posición social, sino
ser seguidora de Jesús. Ser buena administradora de sus bienes no significaba
manejarlos para su propio beneficio sino ponerlos a disposición de su Maestro.
Ser su discípula significó dejar su vida tranquila y sin sorpresas y su propia
comodidad. El camino elegido, el de la superación, era el de tomar su cruz
cada día y seguir a Jesús, sirviéndole.
¿Necesitas superarte para seguir y servir mejor a Jesús? ¿Cuál es tu tentación?
¿Confiar en tu posición que te hace sentir que eres “alguien”? ¿Manejar los
bienes que tienes para tu propio beneficio? ¿Huir de cualquier desafío que
amenaza tu vida sin sorpresas, tranquila, en la que te sientes muy cómoda?
Decídete hoy y elige, como María Magdalena, el camino de la cruz y del
servicio. ¡Ese es el camino de la superación!
Diciembre 3 — María Magdalena Al Frente
También había algunas mujeres mirando de lejos, entre las cuales
estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo el menor y de
José, y Salomé, — Mar. 15:40

Cuando los Evangelios nombran a las mujeres entre las que se encontraba
María Magdalena, mencionan el nombre de ella en primer lugar entre las que
fielmente servían al Señor. Esto indicaría que se siguió desarrollando junto al
Maestro, hasta convertirse en la líder del grupo femenino.
A una señora que hacía años que trabajaba en una fábrica le ofrecieron el
puesto de supervisora. Espantada, se negó a aceptarlo. ¿Por qué? “Es
demasiado difícil hacerse responsable del trabajo de otra gente. Prefiero seguir
donde estoy.” Y citaba aquel dicho: “Mejor mal conocido, que bien por
conocer.”
Pero su negativa tenía como fondo una sola razón que podía haber expresado
en estas cinco palabras: NO QUIERO TENER RESPONSABILIDADES.
“No, no quiero ser maestra”, decía enfáticamente otra mujer cuando la
invitaron a hacerse cargo de una clase de escuela dominical. ¿Sus razones?
Según ella eran varias: “Estoy muy bien en la clase donde me encuentro; me
gusta mucho la hermana X que enseña la clase.” “Hay que dedicarle mucho
tiempo a la tarea de maestra y yo estoy muy ocupada en casa.” “Hay otras
personas más capacitadas que yo para hacerlo.”
Todas sus excusas tenían como fondo una sola razón que hubiera podido
expresar en estas cinco palabras: NO QUIERO TENER RESPONSABILIDADES.
Dios te hizo con capacidades que sólo puedes desarrollar si te arriesgas a
asumir nuevas responsabilidades y a enfrentar nuevos desafíos. El Señor es
quien te da oportunidades de alcanzar nuevos logros. ¿Cómo respondes tú?
Diciembre 4 — De Mal En Peor
Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba,
se inclinó para mirar dentro del sepulcro; y vio a dos ángeles…. Y le
dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi
Señor, y no sé dónde le han puesto, — Juan. 20:11-13

Angustiada y desesperada. Sin salida. El final. Veía únicamente ese momento,


lo horrible, lo malo y lo trágico. Los sucesos se habían desencadenado
vertiginosamente y todavía era imposible creer que lo sucedido fuera verdad.
Como una autómata, María Magdalena llega a la tumba de su amado Maestro y
la encuentra ¡vacía!
No es suficiente que lo hayan condenado, escupido, golpeado y matado
clavándolo en una cruz. Ahora ¡han robado su cuerpo! Ni el consuelo de
atender su cuerpo puede tener. Un desastre fue seguido por otro, y otro, y otro,
hasta agobiarla totalmente. Quería al menos servirle en su muerte, pero ¡ni eso
puede hacer!
A veces la vida parece apilarnos una desgracia encima de otra, una amargura
sin pausa, y sentimos que el dolor que nos sobrecoge nunca nos dejará. Y
lloramos. A veces sin lágrimas, pero nuestro corazón llora sin consuelo.
“Mujer, ¿por qué lloras?”, fue la pregunta de los ángeles a María Magdalena.
Es como decirle: “Un momento, no llores tanto. Esto no es el final. Esto no es
todo.”
Amiga, ¿por qué lloras? El sufrimiento que ahora sientes no es el final. No es
todo. Mírate al espejo; regálate una sonrisa y asegúrate a ti misma: “Esto no es
el final. Esto no es todo. Mañana será mejor.” Empieza a superar tu dolor.
Diciembre 5 — Mira Sin Ver
(María Magdalena) se volvió, y vio a Jesús que estaba allí; mas no
sabía que era Jesús. Jesús le dijo:… ¿A quién buscas? Ella, pensando
que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde
lo has puesto, — Juan. 20:14, 15

María Magdalena miraba sin ver. Su mente ya lo había decidido: alguien se


había llevado el cuerpo de su Maestro. Pero lo que ella cree con tanta
seguridad no es así. No es verdad. La realidad es totalmente distinta a lo que
piensa.
María Magdalena cree que Jesucristo está muerto. La realidad es que está vivo.
María Magdalena cree que alguien se ha robado el cuerpo de Cristo. La
realidad es que nadie se lo ha robado.
María Magdalena cree que nunca volverá a ver a su Señor. La realidad es que
ya lo está viendo.
Hay quienes dicen que cada uno crea su propia realidad y vive en ella. Y que
es válida, cierta y verdadera. Pero ¡cuan errados están! La “realidad” de María
Magdalena se basaba en premisas falsas, entonces su realidad no era la
auténtica realidad.
Si nos sumimos en una realidad que nosotras mismas creamos, si basamos lo
que somos en falsas deducciones, si nos aferramos a nuestros códigos como si
fueran la suma de toda la existencia, somos como María Magdalena: miramos
sin ver.
Supera tu ceguera; no sigas mirando sin ver. Tómate de la realidad que es
Cristo, el Cristo viviente que te quiere levantar de donde estás, y te dice: “y
conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”.
Diciembre 6 — El Gran Descubrimiento
Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo:
¡Raboni! (que quiere decir, Maestro),
— Juan. 20:16

Se hace la luz. El Maestro no hizo más que pronunciar su nombre; “¡María!”


No necesita otra cosa. Una sola palabra en labios de su cariñoso Salvador basta
para hacerla reaccionar.
Y en ese instante toda la realidad de María Magdalena cambia, de la tristeza a
la alegría, de la desesperación a la esperanza. Sus lágrimas se convierten en
risa, su oscuridad en luz, y su sufrimiento en felicidad.
María Magdalena había creído que todo había terminado, pero ¿ves, amiga,
que no fue así? Hizo el gran descubrimiento de que Jesucristo había resucitado
de los muertos. ¡Vivía!
Nunca como en el siglo veinte han sucedido tantos descubrimientos que han
influenciado la actividad humana en todas sus esferas: la lamparilla eléctrica,
el teléfono, radio, televisión, satélites que transmiten la voz y las imágenes de
modo que se oyen y ven casi instantáneamente en todas partes del mundo, la
fuerza atómica, los admirables poderes de la electrónica. ¡Y tantos más!
Sí, son descubrimientos fascinantes, excitantes y maravillosos.
Pero ninguno, por más sorprendente que sea, es tan fascinante, excitante y
maravilloso como el descubrimiento de María Magdalena junto al sepulcro de
Jesús aquella mañana. ¡El Señor ha resucitado! No sólo cambió la realidad de
ella sino de la humanidad toda desde entonces hasta ahora y por toda la
eternidad.
¿Ya descubriste al Señor, tu Salvador viviente? No estés tan cegada por tu
“realidad” que no puedas ver la gran realidad que significa la resurrección de
Jesucristo para tu vida y destino eterno.
Diciembre 7 — Comparte Tu Alegría
Jesús le dijo:…vé a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre… Fue
entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que
había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas,
— Juan. 20:17,18

¡Con cuánta emoción habrá corrido María Magdalena en obediencia al


pedido del Cristo resucitado: “Vé a mis hermanos, y diles”!
Desbordando de alegría llega adonde están los discípulos, todavía tristes y
llorando. Aún no saben la buena noticia. Ella, llena de felicidad, les cuenta
todo. Cree que ya no estarán tristes. Ya no llorarán. Todo ha cambiado y un
nuevo futuro les espera.
Ellos escuchan a María Magdalena. La dejan hablar sin interrumpir. Pero
cuando termina, los imaginamos mirándose unos a otros como diciendo:
“Pobre María, el golpe de la muerte de Jesús la hace desvariar. Lo que nos
cuenta es increíble, ¡imposible de creer!” En conclusión, no le creen.
¿Y ella? ¿Cómo se habrá sentido cuando le rechazan la maravillosa noticia?
Sin embargo, el que no le creyeran no cambiaba la verdad. Ella había hecho lo
que le mandara Jesús. No puede obligarlos a creer. Sólo puede contarles lo que
vio, vivió y comprobó.
Cuántas veces contamos a otros las buenas nuevas y la milagrosa obra del
Señor en nuestra vida y vemos cómo nuestra ilusión se estrella ante su
incredulidad. ¿Cómo reaccionamos en esa disyuntiva? ¿Pensamos “Yo ya no
voy a decir más nada a nadie”?
Supera tu irritación, tu desengaño y tu herida ante el rechazo. Piensa que lo
único que te toca hacer es seguir cumpliendo el mandato del Maestro de ir y
dar las nuevas. Es todo lo que te pide. No más.
Diciembre 8 — Superación
Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; Y sobre todas tus posesiones
adquiere inteligencia…. Y diríjanse tus párpados hacia lo que tienes
delante…. No te desvíes a la derecha ni a la izquierda, — Prov. 4: 7,
25, 27

Superación. Es la palabra clave de las meditaciones de este mes. Llena de


ricas connotaciones, te sacude para que hoy aspires a ser mejor que ayer, y
mañana mejor que hoy. Desear la superación es una cosa. Lograrla es otra.
Requiere visión. Es verte, no como eres ahora, sino como puedes llegar a ser.
Es considerar, no lo que ya has logrado, sino lo que tienes capacidad de lograr.
Y, sabiéndolo, ponerte una meta.
Requiere constancia. Es descubrir lo que tienes que hacer para llegar a donde
te propusiste.
Requiere vencer. El camino a la superación no es el camino fácil. Superarte es
encontrar la manera de vencer los obstáculos.
Maribel era una hermosa joven, buena esposa y madre cariñosa. La gente la
buscaba para contarle sus problemas y recibir su consejo. Pero esto la
inquietaba porque no se sentía capacitada, pues sólo había cursado hasta el
cuarto grado de educación primaria.
— ¿Cuántos años tienes? — le preguntó su amiga.
— Veinticinco.
— ¿Cuántos años te llevaría para obtener tu título de psicóloga?
— Cinco, seis, siete… No sé.
— Digamos que sean siete. Tendrías treinta y dos años con toda una vida por
delante para practicar tu don.
Después de una pausa, Maribel contestó pensativa:
— Tienes razón. De pronto, veía lo que podía llegar a ser. Volvió a la escuela.
Fue un camino arduo, pero venció. Terminó la escuela primaria, la secundaria
y la universidad, obteniendo su título de psicóloga. ¡Llegó!
¿A dónde tienes capacidad de llegar? No lo dudes. ¡Puedes!
Diciembre 9 — Falsa Superación
¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan,
y vuestro trabajo en lo que no sacia?, — Isa. 55: 2 a

“¿Por qué gastas tus recursos en lo que no es de verdadero valor y tu tiempo


en hacer lo que no te produce ni te producirá ninguna satisfacción?”
Esta es la pregunta de Dios cuando posa su mirada en nosotras y nos ve
ocupadas, ocupadísimas, en asegurarnos todas las comodidades posibles. No es
malo en sí tener un buen refrigerador, lavarropas, auto, televisor, ropa fina,
comida de la mejor, escuela privada para nuestros hijos, un departamento o
casa con todos los lujos.
Nada de esto es malo, es todo bueno. Se vuelve malo cuando nuestra vida se
convierte en una constante búsqueda de lo material, de tener más, de no
quedarnos atrás en comparación con nuestros parientes, amigos y vecinos.
Tener más es conservar y levantar nuestro “status”. Pero el Señor nos mira y
nos pregunta: ¿Por qué?
¿Por qué? es la misma pregunta que se hace una cantidad cada vez mayor de
jóvenes y adultos afluentes quienes, no pudiendo contestar, caen en la
depresión que muchas veces los lleva al suicidio. Efectivamente, los sectores
sociales donde nada material falta y la gente vive en y para su abundancia, es
donde más depresión existe y donde el índice de suicidios es mayor. Las
posesiones no solucionan el problema de la vaciedad del alma.
Quizá pensaste que porque lograste tener más comodidades te habías superado.
Pero si vives para eso, no es así. Esta no es la verdadera superación. Deja ya de
gastar tus energías y tu dinero en lo que no necesitas y en lo que no te
satisface.
Diciembre 10 — Autentica Superación
Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura,
— Isa. 55: 2 b

“Préstame atención y aliméntate de lo que es bueno… Acércate a mí,


escúchame, llénate de mí y serás feliz” es la invitación y la promesa de Dios
después de preguntar: “¿Por qué te gastas en lo que no satisface?”
En esta invitación del Señor se halla el verdadero camino hacia la superación.
No fuiste creada para vivir separada de Dios. Vives así cuando no lo tienes en
cuenta y te haces la sorda a lo que te quiere enseñar por medio de su Palabra.
Mientras sigas con tu sordera a las cosas de Dios nada te satisfará plena y
permanentemente.
Todo cambia cuando te acercas a tu Creador, lo reconoces como tu Señor y lo
buscas sólo a él. “Comes del bien.” Te alimentas de su Palabra. De todos los
libros que existen, la Biblia es el más importante para ti. No la olvidas por allí
para juntar polvo. La lees y estudias todos los días para escuchar la voz de
Dios. Al hacerlo, se deleita tu alma porque lo que te dice te llena más que lo
demás que compone tu vida.
Es entonces que todo lo material toma el lugar que le corresponde. Ya no vives
para tener más, sino para glorificar a Dios. Es muy posible que poniendo al
Señor primero él te permita tener más cosas materiales. Pero será a fin de que
las administres generosamente para su obra y sirviendo a tus prójimos en el
nombre de Cristo.
Y, si no te da una gran abundancia de los bienes de este mundo, igual te sabrás
rica teniendo la verdadera riqueza del que es “rico para con Dios”. Tu alma ya
no estará vacía sino llena de la gloria de tu Señor. Esa es la superación por
excelencia.
Aliméntate hoy del bien que es el Señor. Búscalo en las páginas de tu Biblia y
verás que realmente te llenará y deleitará tu alma.
Diciembre 11 — No Soy Nadie
Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo, — Mat. 8: 8

“No soy digno”, le dijo el centurión a Cristo cuando éste se disponía a ir a la


casa de aquél para sanar a uno de sus siervos. Sus palabras expresan que se
siente poca cosa ante Jesús. No sabemos si se sentía así únicamente en esta
ocasión, o si creerse insignificante era parte de su personalidad. Porque hay
gente que siempre se siente así.
“No soy nadie. No sé hacer nada. Soy una inútil.” Así se expresaba aquella
mujer hermosa y servicial. ¿Por qué pensaba así? En el hogar de su niñez
siempre se lo dijeron, y si sus padres y hermanos lo decían, sería verdad. Ya
señorita, se casó con un hombre bueno, pero que se creía muy superior a ella,
especialmente cuando ella le decía: “No soy nadie. No sé hacer nada. Soy una
inútil.”
¡Cuántas mujeres arrastran los complejos nacidos de una actitud despreciativa
de parte de las personas que le eran importantes en su niñez! Mamá y papá
saben todo y tienen razón. Si ellos dicen que una no vale nada o, sin decirlo, lo
demuestran con sus actitudes, así será.
Si más adelante la mujer que se cría en un ambiente donde se la menoscababa
forma su hogar con un hombre que, aunque bueno en muchos sentidos, la trata
como un ser inferior, como su propiedad, como una “cosa”, esto le confirma
que sus padres tenían razón. Si tiene la mala suerte de casarse con un hombre
que no es tan bueno y se aprovecha del sentido de inferioridad de ella, la
menosprecia y la hace víctima de toda clase de abusos, ella lo acepta porque
cree que, por “no ser digna”, se lo merece. ¡Qué error!
Si tú piensas que no eres nadie, quiero decirte: Levanta tu rostro y di: “¡Soy
alguien! ¡Yo valgo! ¡No soy una inútil!”
¿Sabes por qué eres alguien, y vales, y puedes hacer más de lo que piensas?
Porque eres la hija de un Rey. Comienza a portarte como tal.
Diciembre 12 — Amor Propio
Y andad en amor, como también Cristo nos amó, — Ef. 5: 2 a

Meditemos en el amor propio, pero no como generalmente lo interpretamos.


Tener amor propio no quiere decir que eres orgullosa. No es ser pagada de ti
misma. No es creerte mejor que nadie.
El amor propio sano es el que nace del amor de Dios quien te otorgó la
posición de hija suya cuando aceptaste a Cristo como tu Salvador.
El amor propio sano surge de tu carácter cristiano desarrollado por la práctica
de la verdad, sinceridad, dominio propio, mansedumbre y honradez. Es sentirte
segura en tu relación con Dios y creer en ti misma. Es mantener tu cabeza
erguida reconociendo con aplomo que has sido útil a la humanidad.
Tu amor propio es como la luz que irradia un faro. Se ve de cerca y de lejos. Se
ve todo alrededor. Es una luz que se respeta porque previene de los peligros
que acechan en el mar. Si tienes amor propio lo irradias como la luz brillante y
silenciosa del faro. Muestras el derrotero a los que te rodean y te ganas su
respeto porque indicas los peligros que les acechan en este mundo.
Margaret Chase Smith, líder en la lucha por obtener el derecho de votar para
las mujeres en los Estados Unidos y más adelante senadora nacional, afirmaba:
“Creo que en nuestra búsqueda constante por sentirnos seguras nunca
podemos obtener paz en nuestra mente hasta no haber asegurado
nuestra alma. Y esto creo sobre todas las cosas, especialmente en los
momentos de mayor desaliento: que tengo que creer. Tengo que creer
en mis prójimos, tengo que creer en mí misma, tengo que creer en Dios
si mi vida ha de tener sentido.”
Tener amor propio es creer en ti misma por haber creído primero en Dios. El
Señor te dé hoy una dosis abundante de amor propio.
Diciembre 13 — Límites
Todo lo puedo en Cristo que me fortalece, — Fil. 4:13

Límites. Límites por todas partes. La frontera entre un país y otro limita
nuestros derechos como ciudadanos. El recorrido del ómnibus limita a dónde
nos puede llevar. El dinero que llevamos en el monedero limita lo que
podemos comprar. La humedad en el ambiente limita cuánto se secará la ropa
que tendemos en la soga. El cuidado de nuestros hijos pequeños limita nuestras
salidas.
Estos son límites que nos imponen las circunstancias. También hay límites que
nos imponemos nosotras:
1. Según la opinión que tengamos de nosotras mismas. Si tenemos un concepto
pobre de lo que somos, nuestros límites serán estrechos. Si tenemos un
concepto bueno, los límites serán más amplios. Por ejemplo, si sin haber jamás
cantado ya nos decimos: “Yo no puedo cantar”, nunca nos ocuparemos de
aprender a cantar.
2. Según lo que queremos lograr en la vida. Si queremos lograr poco, ya con
eso nos estamos imponiendo un futuro muy limitado. Si nos atrevemos a soñar
grandes sueños y a ir en pos de ellos, superaremos nuestros límites naturales.
Por ejemplo, un muchachito en Colombia, hijo ilegítimo de una lavandera,
llegó a ser presidente del país. Cuando, siendo senador alguien se refirió a él
despectivamente como “el hijo de la lavandera”, respondió: “Es mejor llegar a
ser que haber nacido siendo.” Y están los límites que tiene Dios para nosotras.
El relato de lo que aconteció al profeta Elías y la viuda de Sarepta (1 Reyes 17)
es un muy buen ejemplo de esto. Los límites de Dios para nosotras se resumen
en las palabras del apóstol Pablo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”
En Cristo es posible ampliar los límites de nuestras circunstancias y los que
nosotras mismas nos imponemos.
¿Crees de verdad que todo lo puedes en Cristo porque él te fortalece?
Diciembre 14 — Elévame,Señor
Jehová es mi fortaleza, El cual hace mis pies como de ciervas, Y en mis
alturas me hace andar, — Hab. 3:19

Caer presa de las pequeneces de la vida es un constante peligro. ¡Tanto de tu


quehacer diario es rutinario! Lavar, limpiar, cocinar, comer, dormir,
levantarte… para volver a hacer lo mismo todos los días. Sí, son tareas
necesarias, pero no dejes que reemplacen a los altos y nobles propósitos de
Dios para tu vida. Sí, no puedes dejar de cumplir con lo habitual, pero si se ha
convertido en tu TODO, te has cegado a la razón de tu existencia. Haz tuya
esta oración:
Elévame Señor, arriba de mí mismo,
aún más allá de mis niveles altos;
sobre tangibles cosas de orgullo y egoísmo,
hacia esferas nuevas y hacia cielos claros.
Elévame Señor, sobre cosillas tontas
y por encima de mis deficiencias pobres;
de mi voluntad perversa y mi pericia poca
y de mi falta de celos nobles.
Sobre todas mis necesidades terrenales
que muchas veces tan necias son,
porque buscan tan sólo los placeres mundanales
que hacen mal al corazón.
Elévame Señor, arriba de mí mismo,
por encima de las cosas inferiores;
arriba de mis dioses de barro y egoísmo
que roban mis goces interiores.
(Anónimo)
Diciembre 15 — Pruébalo Y Veras
Gustad, y ved que es bueno Jehová, — Sal. 34: 8 a

“No me gusta el pescado”, dice el niño a la mesa tapándose la nariz. La


madre le insiste que lo pruebe, que está rico, pero no lo convence. El niño
cierra la boca con todas sus fuerzas.
¿Será porque muchas veces somos así con Dios que el salmista dice: “Gustad,
y ved qué bueno es Jehová”? En otra palabras: pruébalo, te sorprenderá qué
rica es su bondad. ¿Cómo podemos “gustar” a Dios? Probando a ver si lo que
enseña en su Palabra da resultado.
Por ejemplo, si eres una persona normal, conoces a alguien que no te cae bien.
Sabes que la Biblia enseña que debes amar a tu prójimo como a ti misma, pero
no pruebas hacerlo.
¿Cómo podrías probarlo? Piensa en una persona que no te agrada. Escribe su
nombre en un papelito y colócalo donde lo puedas ver a cada rato. Puede ser
en la cocina, o en una esquina del televisor, o sobre tu Biblia, tu revista
favorita o el tejido que acabas de empezar. Cada vez que veas el nombre de la
persona que no te gusta en el papelito, piensa en Dios. Si ella es de mal
carácter puedes decir: “Señor, ayúdala a dominar su carácter hoy. Si yo hago
algo que la irrita y la pone de mal talante, muéstrame qué es. Señor, te pido
que ella pueda sentir hoy tu amor.”
“Gusta” a tu Señor. ¡Pruébalo! Comienza con un pequeño bocado y verás cuan
bueno es Dios que te escucha y transforma tu actitud para que puedas cumplir
con su mandato de amar “a tu prójimo como a ti mismo”.
Si “gustas” a Dios comprobarás que su poder obra en ti impulsándote a superar
lo que necesitas superar a fin de que cumplas el propósito que tuvo para ti
cuando te creó.
Diciembre 16 — El Punto Critico
Envía tú hombres que reconozcan la tierra de Canaán, la cual yo doy a
los hijos de Israel, — Núm. 13: 2

El pueblo de Israel había llegado al umbral de la Tierra Prometida después de


cruzar el desierto. Dios mandó que enviaran espías para que pudieran saber
qué tenían por delante. Los espías vuelven, diez con informes negativos y
pesimistas. Dos opinan que, con la ayuda de Dios, pueden tomar la tierra.
Este es un punto crítico en la vida de la nación. Deben decidir entre dos
caminos. Uno es el del temor, la cobardía y la incredulidad que sólo considera
sus propias capacidades. El otro camino es el de la confianza, la valentía y la fe
que ve que la capacidad de su Dios es tan grande que aunque ellos no puedan,
él sí puede.
¿Superarán su negativismo? En este punto crítico, ¿qué harán? En lugar de
vencer, se dejan vencer aun antes de empezar la conquista. Es el gran momento
para una gran decisión de fe, y se acobardan. No siguen adelante. Se vuelven
atrás y nunca esa generación puede gozar el cumplimiento de la promesa de
Dios.
En el punto crítico se olvidaron que Dios ya les había dado la tierra aunque
todavía no habían entrado en ella. Por eso no pudieron seguir adelante.
Todas llegamos a puntos críticos en nuestra vida. Siempre, en esas
circunstancias, tenemos dos caminos que podemos tomar: el del temor, la
cobardía y la incredulidad, o el de la confianza, la valentía y la fe en las
promesas de Dios. No decidamos hasta recordar lo que le pasó al pueblo de
Israel frente a la Tierra Prometida. No nos privemos de las bendiciones de
Dios que ya son un hecho si optamos por el camino de la confianza, la valentía
y la fe.
Las decisiones equivocadas te impiden progresar. Las decisiones acertadas te
impulsan hacia adelante, donde compruebas que Dios te tenía reservadas
incontables bendiciones.
Diciembre 17 — Empezar De Nuevo
Vosotros veis el mal en que estamos, que Jerusalén está desierta…
venid, y edifiquemos el muro de Jerusalén… Entonces les declaré
cómo la mano de mi Dios había sido buena sobre mí… Y dijeron:
Levantémonos y edifiquemos, — Neh. 2:17, 18

Jerusalén había sido destruida muchos años antes, y sus habitantes llevados
prisioneros a Babilonia. Pero ahora los judíos habían recobrado su libertad.
Los que querían volver a su patria y reconstruirla podían hacerlo. Algunos
trataron, pero eran hostigados por tribus vecinas porque Jerusalén no tenía
muro que los protegiera. Estaban tratando de empezar de nuevo, pero no
podían.
Nehemías, copero del rey, deja la comodidad de la corte y va a Jerusalén.
“Venid, y edifiquemos el muro,” le dice al pueblo. Habían sido derrotados en
el pasado pero estaban dispuestos a empezar de nuevo. Construyeron el muro y
estuvieron a salvo de sus enemigos.
Cierta jovencita ya terminaba sus estudios secundarios y planeaba su futuro.
Quería ser profesora de gimnasia. Dos semanas antes de terminar las clases, el
ómnibus en que iba a la escuela tuvo un accidente. Como resultado, ella quedó
paralizada de ambas piernas. Desde su silla observaba a sus hermanos ir y
venir, saltar y correr. Cuánta amargura sentía por no poder hacer lo mismo.
“Mi vida ha terminado”, pensaba. Cierta noche se puso a observar la luna.
Pensó en sus fases: luna nueva, cuarto creciente, luna llena y cuarto
menguante. Aunque parecía distinta, siempre era la misma. Se dio cuenta de
que lo mismo sucedía con ella. Ahora parecía distinta, pero seguía siendo la
misma persona. Decidió hacer algo y dejar de tenerse lástima. Se le ocurrió
que, aunque no podía hacer deportes, podía escribir sobre el tema. Pronto
comenzó a vender libretos a la emisora de radio, y artículos a revistas
deportivas.
Empezar de nuevo… es posible hacerlo. “Levantémonos y edifiquemos”
nuestra vida.
Diciembre 18 — No Duerme
Ni se dormirá el que te guarda. He aquí, no se adormecerá ni dormirá…
Jehová es tu guardador, — Sal. 121: 3-5

Te sientes impotente. Creías que eras dueña de las circunstancias de tu vida,


pero un día pasó algo que te demostró que no es así. Quizá fue la muerte súbita
de tu esposo en la plenitud de su vida. O de un hijo a quien nunca imaginaste
sobrevivir.
Quizá la pasabas muy bien y te sentías segura con las buenas entradas de tu
esposo. Pero la compañía donde trabajaba cerró, o su negocio quebró, o lo
despidieron. Quizá siempre dabas por hecho tu buena salud y, de pronto, te
dijeron: “Cáncer”, “quimioterapia”.
Creías que esas eran cosas que les pasan a los demás. Nunca te imaginaste que
te podían suceder a ti. Tenías todo bajo control y “esto” no entraba dentro de
tus planes.
Haberte dado cuenta de que no puedes determinar tus circuns- tancias te ha
quitado el optimismo, el entusiasmo, la esperanza, la ilusión y la alegría que
antes tenías. Estás anulada. Tu sentido de identidad ha sufrido un duro golpe.
¿Volverás a tener esperanza, a hacerte una ilusión, a sentir una alegría? Te
parece que no, porque en tu trauma te has olvidado de que en realidad nunca
fuiste dueña de nada. Que el dueño de todo fue siempre Dios.
Y lo sigue siendo. No se ha olvidado de ti. No desmaya, ni se cansa, ni está
dormido. Está con sus brazos abiertos para tomarte y sostenerte, para darte su
fuerza en este momento cuando te sientes tan impotente. El te levantará. Te
ayudará a superar tu crisis de identidad al hacerte ver que lo principal en la
vida es que eres alguien a quien él ama profundamente.
Cuando vuelvas a sonreír, no olvides quién te ayudó a superar tu crisis. Fue
Dios… nadie más que Dios.
Diciembre 19 — Volverás A Reír
Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría, — Sal. 30: 5

El pueblo de Israel, esclavo en Egipto, lloraba su infelicidad. Dirigió su llanto


a Dios. Dios oyó su clamor y los liberó. El llanto sin esperanza es totalmente
diferente al llanto con esperanza. El primero es el llanto del que ha perdido
aquello en lo cual confiaba. Ha desaparecido lo que lo sostenía y cae en el
pozo de la desesperación. La luz que lo iluminaba se ha apagado y de pronto se
siente en total oscuridad.
El sueño de Eric Clapton, popular “rockero”, era ser padre. Cuando nació el
pequeño Conor, el primer regalo de su padre fueron diez millones de dólares
depositados a su nombre para que en su vida “nunca tuviera problemas”. Pero
en 1991, Conor, ya de cuatro años, accidentalmente cayó de una ventana del
piso 53 donde vivía. Murió instantáneamente. Clapton quedó devastado.
¡Qué distinto es el que llora pero tiene su confianza puesta en Dios! Aun en la
noche de la tristeza siente el consuelo que en su gracia el Señor da. Su
consolación pone en el corazón la certidumbre de un nuevo amanecer. El ser
no se derrumba ni se queda en el pozo de la desesperación. Dios “guarda a
todos los que le aman” (Sal. 145:20 a) y nos guarda de una manera muy
especial en nuestro dolor.
Cuenta Morris Ashcraft, autor del libro La Esperanza Cristiana:
“Mi hijo Jeorg tenía sólo un año y medio cuando falleció. Cada noche,
al acostarlo le dábamos un beso y le decíamos: ‘Te veremos en la
mañana=. Su respuesta abreviada era ‘en la mañana’. Once días antes de
su muerte entró en coma. Las últimas palabras que me dijo la última
noche que estuvo consciente, fueron: ‘En la mañana’. A usted que es
creyente, le prometo que nos veremos ‘en la mañana.’”
Si confías en Dios puedes superar tu sufrimiento. Por la esperanza que hay en
ti, volverás a reír.
Diciembre 20 — Cambia Tu Manera De Pensar
No vivan ya según los criterios del tiempo presente… cambien su
manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a
conocer la voluntad de Dios, — Rom. 12: 2 (D.H.H.)

En La Biblia al Día este versículo dice: “…sean personas nuevas, diferentes,


de novedosa frescura en cuanto a conducta y pensamiento.”
¿Podemos cambiar nuestra manera de pensar, ser de “novedosa frescura en
cuanto a conducta y pensamiento”?
Un día doña Matilde oyó que su hija le decía por teléfono a una amiga: “Mamá
está cada vez más cabeza dura. Ahora que está anciana se ha puesto peor.” A
doña Matilde le dolió oírlo, pero tenía ella una gran virtud. Cuando percibía un
defecto suyo no lo justificaba, ni lo negaba, ni se ponía a la defensiva.
Justificarlo hubiera sido pensar:
“Mi hija tiene razón. Con el pasar de los años los defectos que una
tiene se ponen peor. Así que es muy normal que yo sea más cabeza
dura que antes. ¡Que me aguanten!”
Negarlo hubiera sido pensar:
“Mi hija me calumnia. Yo no soy cabeza dura, nunca lo he sido y nunca
lo seré. ¡Cómo puede decir eso!”
Ponerse a la defensiva hubiera sido pensar:
“Mi hija dice que Yo soy cabeza dura. ¿Y ella? Es diez veces peor que
yo. ¡Miren quién habla!”
Pero doña Matilde suspiró y pensó:
“Tiene razón. ¡Qué malos ratos le hago pasar a mi hija y a toda mi
familia cuando me empecino en algo! Es un defecto feo. El Señor me
ha ayudado a superar otros y me puede ayudar con este también.
Empezaré orando continuamente esta oración: ‘Señor, muéstrame
cuando soy terca y ayúdame a no serlo.’”
Y llegó el día cuando su hija pudo decir: “Mamá siempre fue cabeza dura, pero
ya no lo es.”
Amiga, no uses tu edad para justificar tu defecto. Puedes sorprender a todos
cambiando tu manera de pensar, siendo de “novedosa frescura en cuanto a
conducta y pensamiento”.
Diciembre 21 — No Me Animo
Encomienda a Jehová tus obras, Y tus pensamientos serán afirmados,
— Prov. 16: 3

¿Dar mi testimonio en público? Nunca lo hice antes. No me animo. ¿Enseñar


un estudio bíblico? Nunca lo hice antes. No me animo. ¿Salir a testificar casa
por casa? Nunca lo hice antes. No me animo.
“No me animo.” Este pareciera ser el lema de la vida de muchas de nosotras.
¡Qué distintas de Blanca! Hacía poco que había aceptado a Jesucristo como su
Salvador personal cuando le pidieron que contara una historia bíblica en un
Club Bíblico de Niños. Su rostro se iluminó ante la invitación, y su respuesta
fue:
“Sí, con la ayuda de Dios. ¡Cómo no! Pero, nunca lo hice. ¿Cómo se hace?
¿Usted me enseña?” Le enseñaron, lo hizo, ¡y lo hizo bien!
Un día la iglesia pidió voluntarios para empezar estudios bíblicos en la cárcel.
Blanca fue la primera en levantar la mano. “Yo me ofrezco con la ayuda de
Dios. ¡Cómo no! Pero, nunca lo hice. ¿Cómo se hace? ¿Ustedes me enseñan?”
Le enseñaron, lo hizo, ¡Y lo hizo bien!
Jamás se le oyó decir a Blanca: “Porque nunca lo hice antes, no me animo.”
El “No me animo” nos va encerrando más y más en una caparazón que nos
protege de cualquier riesgo. También es una caparazón que nos impide crecer,
ampliarnos, vivir nuevas experiencias, extender nuestras alas y ser todo lo que
el Señor nos dio capacidad de ser. Y lo más triste es que indica que no
encomendamos nuestras obras a Dios.
Cuando la próxima vez te pidan hacer algo para el Señor que nunca hiciste, y
ya estás diciendo: “Nunca lo hice”, cambia el “No me animo” por “Con la
ayuda de Dios lo intentaré. ¿Me enseñas a hacerlo?”
Diciembre 22 — Esa No Tan Dulce Obsesión
Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto,
todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen
nombre; si hay virtud alguna, sí algo digno de alabanza, en esto pensad,
— Fil. 4: 8

Cargas con una obsesión. ¿Cuál es? ¿A tu hijo lo llamaron al servicio militar
y te obsesiona la idea de que lo van a matar? ¡Con razón se fue tan alicaído y
pesimista!
¿Tu hija se va a casar y te obsesiona tu anhelo de que todo salga perfecto el día
del casamiento? ¡Con razón se largó a llorar sintiéndose como un títere en tus
manos!
¿De niña fuiste pobre y te obsesiona la idea de volver a serlo? ¡Con razón
tienes tanto dinero y tan poca felicidad!
¿Fallaste en algo que emprendiste y te obsesiona la idea de que eres un
fracaso? ¡Con razón ya no haces nada!
¿Hubo un escándalo en tu familia y te obsesiona qué dirán tus amistades y tus
vecinos? ¡Con razón dicen que no eres sincera!
“Obsesión” es ese sentimiento que domina tus pensamientos y te hace ver las
cosas desde una perspectiva distorsionada. Esa distorsión influye moralmente
en ti, coartando tu libertad y ecuanimidad.
Mira de frente la obsesión que te carcome. Escribe en un papel: “Estoy
obsesionada por la idea de que…” (Completa la oración describiendo tu
obsesión.) Debajo, escribe palabra por palabra el versículo que aparece en el
encabezamiento de este devocional.
Enseguida, con el papel todavía en tu mano, dile al Señor lo que anotaste.
Pídele que su gracia lave tus pensamientos y sentimientos para librarte de esta
obsesión. Sí, pídeselo ahora mismo y sigue pidiéndoselo hasta recibir su
contestación. No lo dudes. Lo hará, porque su voluntad es que seas libre de
toda carga.
El Señor quiere librarte de tu obsesión. ¿Dejarás que lo haga?
Diciembre 23 — Ante Las Pruebas De La Fe
…fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis
resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida,
para que podáis soportar, — 1 Cor.

Aceptaste a Cristo y creíste que por hacerlo ya tus problemas y sufrimientos


desaparecerían. Pero no fue así y estás perpleja. Te sientes desorientada y un
poco desilusionada. Es el momento para considerar lo siguiente: Como
creyente, empiezas a caminar por fe. Esa fe se topará con una prueba. Será una
prueba a la medida de tu fe, o sea que cuando te llega cierta prueba es porque
el Señor sabe que tienes la fe necesaria para hacerle frente. Si la superas habrás
dado un salto hacia adelante y notarás que tu fe ha aumentado. Esa fe en
aumento se encontrará con una prueba también más grande. Si superas ésta, tu
fe será aún mayor.
Cuanto mayor sea tu fe más fuertes y a la vez sutiles serán las pruebas que
enfrentarás. Pero, ¿cómo puedes superar cada prueba? ¿Cómo tener la fuerza
para vencer? ¿Cómo mantenerte en pie?
Dios “dará juntamente con la tentación la salida”. La salida la da en la Biblia.
Allí te dice que ninguna prueba será de una magnitud que no esté a tu alcance
vencer. En ella encuentras toda la revelación del Señor que necesitas cuando tu
fe es puesta a prueba. “Si tu ley no hubiese sido mi delicia, ya en mi aflicción
hubiera perecido” dice el salmista expresando lo que tantos fíeles han
comprobado a través de las edades. Cada prueba es una comprobación de lo
que realmente sabes y crees de la Palabra de Dios. Sólo estudiándola en toda
oportunidad que tengas puede tu fe vencer las pruebas y seguir aumentando
cada vez más.
Cuando sientas que tu fe es probada, no olvides que “Mucha paz tienen los que
aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo” (Sal. 119:165).
Diciembre 24 — Maratón
…corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,
puestos los ojos en Jesús, — Heb. 12: 1, 2

Ya tienes la visión de lo que puedes llegar a ser. Te has propuesto una meta, y
empiezas a correr para alcanzarla. Tu carrera, como un maratón, tiene tres
etapas: el arranque, el recorrido y el final.
El arranque, el comienzo, es fácil. Estás entusiasmada, llena de energía y de
buenas intenciones. Trabajas con bríos y optimismo.
El final también es fácil. Ver ya la meta te llena de nuevo entusiasmo, energía
y un optimismo que aumenta aún más con los aplausos y felicitaciones de los
espectadores.
El recorrido, la distancia a cubrir es más difícil. Ya han desaparecido el
entusiasmo y los bríos del comienzo. El optimismo ha sido reemplazado por el
cansancio. El punto de llegada todavía está lejos y es nebuloso. Los corredores
empiezan a descentrarse, a perder su motivación. Nadie vitorea y la carrera es
puro desgaste. ¿Qué los mantiene y los impulsa a seguir adelante? Volver a
pensar en la meta, a concentrarse en ella, a verse mentalmente en el punto de
llegada.
La carrera cristiana es igual. Al comienzo nos sentimos llenas de entusiasmo,
bríos y optimismo. Pero durante el recorrido, habiendo perdido el impulso del
“arranque” y, no viendo todavía la victoria que la Biblia nos promete, caemos
en el peligro de perder nuestra concentración. Hay otras prioridades que
demandan nuestra atención y tentaciones que nos llaman para que
abandonemos la carrera.
La única manera de seguir es mantener toda la concentración en la meta que
tenemos por delante, nuestros ojos puestos en Jesús, el autor y consumador de
la fe.
Para que tu carrera cristiana sea de constante superación, en el medio de la
carrera, cuando ya estás lejos del entusiasmo del principio, sigue con tus “ojos
puestos en Jesús”.
Diciembre 25 — ¿En Qué Consiste El Éxito?
Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová.
Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la
corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su
hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar
fruto, — Jer. 17: 7, 8

Jeremías es un personaje del Antiguo Testamento que conmueve. Fue llamado


por el Señor para advertir al pueblo de Judá de que su infidelidad a Dios
causaría la caída y destrucción de la nación. Profetizó año tras año, pero casi
nadie le escuchó. El constante rechazo lo llevó al punto de decir: “¿Para qué
salí del vientre?” A pesar de todo, no abandonó el cometido que Dios le había
dado y siguió fiel a él durante cuarenta años de rechazo e incomprensión. Fue,
realmente, como aquel árbol plantado junto a las aguas que tan bellamente
describió.
El Hijo de Dios, cuyo nacimiento recordamos hoy, tuvo un ministerio
semejante. También conoció de cerca el rechazo y la incomprensión. Pero,
como Jeremías, cumplió con el propósito para el cual vino a este mundo. Por
eso, ambos fueron personas de éxito; del éxito que de veras vale la pena.
Un autor anónimo define así a la persona de éxito: “Ha logrado el éxito el que
ha vivido bien, ha reído con frecuencia y ha amado mucho; el que ha realizado
su destino y cumplido su cometido; el que ha dejado al mundo un poquito
mejor que lo encontró, el que ha tratado de ver lo mejor en sus prójimos y les
ha dado lo mejor de sí; cuya vida fue siempre una inspiración, cuyo recuerdo
es una bendición.”
Enséñame, Señor, el camino que quieres que yo transite. Quiero ser un éxito
para ti.
Diciembre 26 — Yo No Tengo La Culpa
Entonces los judíos dijeron a aquel que había sido sanado: Es día de
reposo; no te es lícito llevar tu lecho. El les respondió: El que me sanó,
él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda, — Juan. 5:10, 11

El paralítico ha sido sanado milagrosamente por Jesús y va cargando su


estera. Es día de reposo, y esto no es permitido porque es “trabajo”. Entonces,
las autoridades lo enfrentan con su acción. Y él, ni lerdo ni perezoso, le echa la
culpa a Jesús por lo que está haciendo.
Echar la culpa a otros por nuestras deficiencias, fracasos y errores es cómodo y
hasta conveniente. Así, nuestra falta no se debe a nuestra pereza o
irresponsabilidad o cobardía. Decimos que el destino nos fue adverso y por eso
no pudimos alcanzar las potencialidades con que Dios nos creó. Sin duda que
en la vida hay factores y circunstancias que escapan a nuestro control y no nos
es posible cambiarlos. El peligro y la tentación radican en acostumbrarnos a
escudarnos detrás de otras personas y circunstancias para justificar nuestro
estancamiento. Decimos, por ejemplo:
“La culpa la tuvo mamá que no quiso que fuera a la universidad.” “Si
no hubiera sido porque éramos pobres, la familia rica de mi novio no se
hubiera opuesto a lo nuestro y yo no me hubiera casado con otro por
despecho.”
¿Ves cómo la culpa se atribuye a un factor exclusivamente ajeno a una misma?
En cada caso pudo haber intervenido la voluntad de la persona para cambiar
las circunstancias.
“Mamá no quiso que estudiara, pero me puse firme y se conformó. Hoy soy la
pediatra que soñé ser.” “Aquel noviazgo me falló, pero no por eso me dejé
llevar por el impulso cuando otro joven se mostró interesado.”
¿”La culpa la tuvo…” dices? Ya no lo digas más. Hazte cargo de esa
deficiencia por la cual echas la culpa a otro. ¡Supérate!
Diciembre 27 — Puedes Aprender

Plantados en la casa de Jehová, en los atrios de nuestro Dios florecerán. Aun


en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes, para anunciar que Jehová
mi fortaleza es recto, y que en él no hay injusticia, Sal. 92:13-15

La joven madre preguntó: — ¿A qué edad comienzo a educar a mi hijo?


— ¿Qué edad tiene? — inquirió a su vez la consejera.
— Ocho meses.
— Hace ocho meses que debieras haber empezado.
— ¿Por qué pierdes el tiempo con esa clase? — preguntó una señora a su
amiga que enseñaba a un grupo de ancianas en la escuela dominical.
— Porque me fascina ver cuánto aprenden.
El ser humano aprende desde la cuna hasta la tumba. Aprendemos distintas
cosas en distintas etapas y de distintas maneras. Se equivocan, tanto el que cree
que un bebé no aprende, como el que piensa que el anciano ya no puede
hacerlo. Siempre se puede aprender.
Una clave para aprender es tener disposición para ello. El libro de los
Proverbios llama insensatos a los que no quieren aprender (Prov. 1: 7 b). Hay
personas mayores que creen que ya no pueden hacer nada, pero el salmista, al
decir “aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes”, las contradice.
Otra clave para aprender es tener la motivación para hacerlo. Cuando somos de
Dios queremos aprender todo lo posible para ser mejores hijas suyas y llegar a
la “estatura de la plenitud de Cristo”. Tenemos conciencia de que el Señor
tiene un propósito para cada día y que necesitamos ir aprendiendo cuál es y
cómo realizarlo. Así, seguimos siempre “vigorosas y verdes”.
¿Crees que ya no puedes aprender? Cambia tu disposición y encuentra la
motivación más noble que te dará ansias de aprender.
Diciembre 28 — Si Es Cierto Que Me Amas
El que tiene misericordia de los pobres es bienaventurado,
— Prov. 14:21 b

Si es cierto que me amas, no pongas en mis manos


el pez que otros pescaron a fuerza de bogar,
no quiero ser tu esclavo, quisiera ser tu hermano;
levántate y camina, enséñame a pescar.
Si es cierto que me amas, el pan que otros ganaron
no pongas en mi mesa gratuito, por favor,
invítame a los campos, entrégame un arado,
que el pan es más sabroso mezclado con sudor.
Si es cierto que me amas, estréchame la mano
y enfréntame a la vida, anímame a luchar,
ayúdame a ser libre, yo quiero ser tu hermano,
que amar no es sentir lástima ¡Amar es enseñar!
Juan de Js. Cornelio C.
(Tomado de un boletín de “Alfalit”.)
Todas queremos ayudar a nuestro prójimo. Y hay muchas maneras de hacerlo.
Es común darle al necesitado “todo servido”. Pero, hoy le das comida al
hambriento y mañana volverá a tener hambre. Lo que hiciste sirve por ahora.
Es un paliativo para tu conciencia. Tu ayuda tiene sólo un valor momentáneo.
Otra manera es ayudar a otros a superarse. Si enseñas a coser a una madre, le
ayudas más que si le regalas ropa. Si enseñas a alguien a trabajar la tierra y
cultivar sus frutos, le ayudas más que si le regalas alimento.
¿Sientes compasión por algún necesitado? ¡Ayúdalo a superarse!
Diciembre 29 — Cada Uno Enseñe A Uno
Y sí se diere el libro al que no sabe leer, diciéndole:
Lee ahora esto; él dirá: No sé leer, — Isa. 29:12
Al doctor Frank Laubach se lo ha denominado con justa razón “el apóstol de
los analfabetos”. En 1929 fue como misionero a la isla de Mindanao en las
Filipinas. En aquella época era un lugar peligroso para el cristiano, pues su
población mora era completamente hostil.
Al principio, Laubach se sentía rechazado pues no podía encontrar la manera
de que la gente lo aceptara. Una noche tuvo una experiencia profunda de la
presencia y dirección de Dios. Desde ese momento vivió una vida victoriosa.
Empezó a aprender el idioma de los moros y a estudiar el Corán, el libro
sagrado de ellos.
El idioma de los isleños se llamaba Marawam y era sencillo; con solamente
dieciséis sonidos, fáciles de poner en letras romanas. En seis semanas el doctor
Laubach logró juntar un vocabulario de casi 1.500 palabras en forma escrita.
Su próximo paso fue enseñar al pueblo a leer su propio idioma con un método
que él mismo ideó. Tuvo un éxito maravilloso, ya que en poco tiempo la
población pasó de ser totalmente analfabeta a un 70% que sabía leer. La fama
del doctor Laubach se extendió rápidamente y su lema: “Cada uno enseñe a
uno” expresaba su misión al analfabeto en todas partes del mundo.
Predicaba él:
“El único evangelio irresistible es el AMOR EN ACCIÓN; cada uno
enseñe a uno y gane uno para Cristo.”
Cuando falleció en 1970 se calculaba que por su influencia, cien millones de
personas habían aprendido a leer. (Datos tomados de un artículo por Eulalia
Cook, publicado en Alfalit.)
Pídele al Señor que te haga consciente de quiénes a tu alrededor no saben leer.
Atiende el ruego de Frank Laubach: “Cada uno enseñe a uno.” El Señor lo
espera de ti para que mañana alguien pueda decir: “Sí, sé leer.”
Diciembre 30 — No Dejes Reposar Tu Mano
Por la mañana siembra tu semilla, y a la tarde no dejes reposar tu mano,
— Ecl. 11: 6 a

Demasiado comunes son los cinturones de miseria que rodean las grandes
ciudades de América Latina, donde se afincan los pobres que han venido del
campo en busca de un futuro mejor. Una investigación en uno de dichos
“cinturones” muestra la inferioridad de condiciones en que vive la mujer. La
proporción de analfabetismo de la mujer es inmensamente mayor que la del
hombre. Esto muestra la realidad de la mujer explotada por ser ignorante, por
ser pobre y por ser mujer. Por lo general es soltera pero madre de varios hijos,
frecuentemente “propiedad” de un hombre tras otro.
Por su ignorancia no tiene una visión real de cómo salir del pozo en que se
encuentra. Su mundo es muy limitado y sólo sabe vivir para lo inmediato.
Tener qué comer y dar de comer a sus hijos hoy, tener con qué vestirlos hoy,
tener un techo sobre sus cabezas hoy, es todo lo que pretende. Esto se debe a
que, cuanto menos escuela tiene una persona, menor es su capacidad de
formular metas de superación, de cambios positivos más allá de un día, una
semana o un mes.
De la mano de la ignorancia va la pobreza. Su mundo es el de la carencia
constante y de la lucha sin cuartel por sobrevivir. De allí que se convierta en
presa fácil del hombre que provea pan para su mesa. Su relación con él es de
total dependencia, lo que la hace susceptible al maltrato. Y, por ser mujer, se
cree tan dependiente del hombre que esto le da derecho a él a menoscabarla,
maltratarla y abandonarla. No se siente persona, sino objeto.
Cerca de ti hay una mujer explotada que necesita que te acerques y siembres
en ella la semilla de la superación. Dignifícala, como lo hizo Jesús.
Diciembre 31 — Superación Y Esperanza
…como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en
toda vuestra manera de vivir…. para que vuestra fe y esperanza sean en
Dios, — 1 Ped. 1:15, 21

Superación… es ser todo lo que Dios quiere que seamos. Es saber que nuestra
salvación no depende de nuestra superación sino de la obra expiatoria de
Cristo en la cruz.
A principios del siglo diecinueve surgieron pensadores cristianos que
pregonaban un “optimismo” basado en la bondad de la humanidad. “El ser
humano es básicamente bueno, altruista y noble”, decían. Creían que podía
lograr la perfección por su propio esfuerzo solamente. Con el correr del
tiempo, esa constante mejora resultaría en una vida perfecta sobre este planeta.
Pero las guerras y atrocidades del siglo veinte dieron por tierra con estos
conceptos basados en la “bondad humana”. Los pensadores cristianos
regresaron a la triste realidad del pecado humano que el hombre mismo no
puede solucionar.
Entonces, ¿no hay esperanza de superación? Sí, la hay porque la esperanza
cristiana se basa en la obra de Dios a nuestro favor y dentro de nosotros.
Si miras con honestidad hacia el año que está terminando, podrás ver que hubo
obstáculos que el Señor te ayudó a superar. También podrás reconocer que
hubo cambios en tu vida, en tu manera de ser, que muestran tu esfuerzo por
superarte.
¿No lograste todo lo que querías? Recuerda, hay esperanza. Dios tiene un
propósito de superación para ti y él te ayudará en tu esfuerzo por alcanzarlo.
Da gracias a Dios por el camino recorrido juntos durante este año. Renueva tu
promesa de caminar con él el trayecto del nuevo año, hacia la meta de tu
superación hasta llegar a la cumbre,
“a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Ef. 4:13).