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El Hombre, ser conyugal ANA MARÍA SANGUINETTI

(Ciclos de Cultura y Ética Social. Vol. II-1998. El Hombre: Ser Conyugal y Político. CIES Ed. 2000., p. 35-40)

Base antropológica de la conyugalidad.


Señala como base antropológica de la dimensión conyugal humana su condición
sexual en lo que tiene de conjugable: en “la base bio-psico-somática, manifestada en la
estructura anatómica, hay una referencia mutua, complementaria y recíproca, entre el varón y
la mujer, como la que existe entre el macho y la hembra en los individuos de las especies
animales más perfectas, es decir las sexuadas. La biología de lo conjugable remite a la
observación de lo que naturalmente produce atracción mutua, para el acoplamiento y la unión,
en orden a la fecundidad.” (p. 35)
Insiste en la semejanza indicando que en la dimensión corpórea el mecanismo
biológico sexual humano no difiere del dinamismo reproductor de los animales superiores.1
De todos modos no los considera reductibles pues “hay algo más, incomparable, en la
realidad sexual de los humanos, imposible de describir, que hace de la persona no sólo un ser
sexuado, sino un ser conyugal. La sexualidad, valiosa en sí misma, es realidad eminentemente
superior cuando pertenece a la persona, de la que es imposible separarla, por la
inseparabilidad de cuerpo y alma. Ese algo más que supone la sexualidad-conyugabilidad de
la mutua referencia del varón a la mujer y viceversa no es posible describirlo sino más bien
intuirlo, por pertenecer a la dimensión espiritual del hombres. Es algo así como lo que sucede
con la sonrisa, sólo atribuible al hombre. No basta para explicarla el describirla como ‘la
contracción de los músculos de la cara, que hacen una curvatura hacia arriba partiendo de la
comisura de los labios’, ni tampoco el decir que es el resultado o la ‘respuesta a estímulos
positivos’, aunque ésta sea una realidad verdadera. Se trata de un gesto que significa muchas
cosas a la vez: alegría, amistad, satisfacción, acogida, agradecimiento, saludo cariñoso …”
(p.36)
Tras intentar resaltar este aspecto diferenciador en la sexualidad humana anota como
parte de esta diferencia la capacidad de revelarse contra su propio dinamismo y el orden
natural con que se proyecta. Habla de un vivir al revés la sexualidad y se refiere a múltiples
manifestaciones de este fenómeno, especialmente incrementadas en los últimos años, (que
alcanzan el campo lingüístico con términos como sexo seguro, salud reproductiva, políticas
abortivas o divorcistas, familias, regulación de la natalidad, planificación familiar, genero, …)
tanto en la político-legislativo, sanitario, educativo, publicitario, como en general en una
nueva cultura de la sexualidad, no sólo por la llamada cultura del género, sino también por la
transformación de conceptos clave como familia, amor, fidelidad, pareja, noviazgo,
matrimonio, fecundidad, vida, etc.

Los cuatro elementos de la sexualidad.


Prosigue con un análisis de lo que considera los elementos inseparables de una visión
fiel a la realidad diversamente sexuada del ser humano. Si se difumina alguno de ellos
inmediatamente se degrada lo que denomina “la dimensión sexual–conyugal del ser humano”
Ante todo señala, 1º, la diversidad varón–mujer pero, 2º, establecida como una tensión
dinámica que nos atrae hacia la unión con el otro, nacida del deseo y absorbida plenamente en
el proceso de enamoramiento. En el desarrollo de ese dinamismo intervienen, 3º, la razón y la
voluntad que como factores irrenunciables en el desarrollo del proceso, nos ayudan a llevar
esa unión hasta su consumación donde se asienta, 4º, la dimensión comunitaria y social, que
1
Nos parece que en plano anatómico la postura natural que se adopta en el acto conyugal si que marca una
diferencia esencial en el significado de la conyugabilidad humana, por cuanto indica la plenitud de la mutua
apertura a la realidad del otro que convierte la relación sexual humana en un acto esencialmente comunicativo.
derivada de la especificidad de la sexualidad humana, que la fundamenta como una “unión de
dos en lo conjugable” de carácter fecundo y capaz de equilibrar lo personal en la comunidad
conyugal, en la familia y en la misma sociedad.
Termina su análisis haciendo una afirmación decisiva: “Sobre estos cuatro pilares se
apoya una balanceada y enriquecedora dinámica de roles, sostén de la persona, de la familia y
de la sociedad.” (p. 37)

La ideología del género.


El objetivo de toda deconstrucción social es precisamente desestabilizar esta dinámica
de roles y para ello atacar a la diversidad introducida por la diferenciación sexual. Para ello se
ha utilizado el término de género, que se ha introducido de forma paulatina pero avasalladora
como un sustitutivo del término sexo, para utilizarse después, con una inspiración de carácter
fuertemente feminista, como “arma estratégica” al servicio del “cambio de roles en la relación
varón–mujer” y “en la reducción de la fertilidad”. Es sorprendente la cita que aporta: “Para
ser efectivos a largo plazo, los programas de planificación familiar deben buscar no sólo
reducir la fertilidad dentro de los roles de género existentes, sino más bien cambiar los roles
de género.”2
Detrás del uso sexista del término género hay “toda una ideología en la que se busca
cambiar el modo natural de pensar, de obrar y de ser de los seres humanos por lo que se
refiere a su estructura bipolar, lo que supone una planificada ‘deconstrucción’ de su
conyugalidad. Basten unas pocas citas ejemplificadoras, salidas de boca de sus mismas
promotoras y divulgadoras, en su mayoría feministas radicales, de corte neo-marxista: ‘El
género es una construcción cultural; por consiguiente no es ni resultado causal del sexo ni tan
aparentemente fijo como el sexo … Al teorizar que el género es una construcción
radicalmente independiente del sexo, el género mismo viene a ser un artificio libre de
ataduras: en consecuencia hombre y masculino podrían significar tanto un cuerpo femenino y
másculino; mujer y femenino, tanto un cuerpo masculino como uno femenino’ 3 ‘Cada niña se
asigna a una u otra categoría en base a la forma y tamaño de sus órganos genitales. Una vez
hecha esta asignación nos convertimos en lo que la cultura piensa que cada uno es –femenina
o masculino–. Aunque muchos crean que el hombre y la mujer son expresión natural de un
plano genético, el género es producto de la cultura y el pensamiento humano, una
construcción social que crea la ‘verdadera naturaleza’ de todo individuo’4” (p. 38)
Buscando las raíces de este planteamiento feminista de la ideología del género acude
al pensamiento marxista que utiliza a la mujer, que aparece como el elemento más débil y, por
tanto, la excusa que le permitiría, encubiertamente, enfilar sus ataques hacia su verdadero
objetivo: la destrucción de institución familiar como raíz y fundamento de la sociedad
burguesa. Cita a Engels por ser quien puso al feminismo al servicio de los propósitos del
marxismo: “El primer antagonismo de clases de la historia coincide con el desarrollo del
antagonismo entre el hombre y la mujer unidos en matrimonio monógamo, y la primera
opresión de una clase por otra, con la del sexo femenino por el masculino.” 5 El machismo,
como explotación de la mujer, es un fenómeno burgués y sólo la educación puede ser el
principal elemento transformador junto con “los servicios de planificación de la familia, la
2
“Gender Perspective in Family Planning Programs” Division for the Advancement of Women, en La Ideología
de género: sus peligros y alcances, Comisión Episcopal del Apostolado Laical, Conferencia Episcopal Peruana,
en base al informe “La deconstrucción de la mujer” de Dale O’learly, Lima, Abril 1998, p. 30.
3
Judith Butler, Gender Trouble: Feminism and the Subversion of Identity, Routledge, New York, 1990, p. 6, en
Ibidem, p. 5.
4
Lucy Gilbert y Paula Webster, “The Dangers of Feminity”, Gender Differences: Sociology or Biology? p. 41, en
Ibidem, p.10
5
Federico Engels, The Origin of the Family, Property and the State, International Publishers, New York 1972,
pp. 65-66. En Ibidem, p. 12.
promoción directa de la salud de las mujeres y las niñas, y por fin, una tecnología adecuada
para aliviar la carga de las mujeres en el mundo en desarrollo.” (p. 39)

Conclusión.
Resalta lo revolucionario de este intento de deconstrucción social por fundamentarse
en la negación misma de la naturaleza humana como ser sexuado: el hombre habrá de
reinventarse a sí mismo, y puede hacerlo al margen de las limitaciones establecidas por la ley
moral natural. “Salvar la conyugalidad del ser humano, para remitirme al título de esta
exposición, es salvar a la naturaleza misma, tal como ha salido de manos del Creador, y este
es el mayor para el hombre, varón y mujer, porque responde al diseño de su Programador.
Basta con abrir los ojos a la realidad de nuestro mismo ser para comprender la riqueza enorme
que supone la conyugalidad. En ella radica el sustento antropológico básico de la
complementariedad de las funciones del varón y la mujer, signadas por sexualidad, en la
entera realidad de su ser personal conyugable y no sólo en lo relativo a su genitalidad, lo que
equivaldría a un reduccionismo raquítico.” (p. 39-40.)
Termina con dos citas de Jutta Burggraf: “Varón y mujer son ciertamente de igual
valor en su naturaleza; pero esta naturaleza, para el uno y para la otra, ha sido forjada poe
designio divino de modo diverso”6 “Dentro de este marco, es propio de la mujer tener una
misión y una tarea diferente a la del varón: los dos sexos se deben completar recíprocamente y
cada uno de los dos es superior al otro en su función específica. Uno y otra poseen cualidades
espirituales que se expresan en forma diferente: el varón puede sentirse orgulloso de tener un
pensamiento más sobrio y un modo de juzgar más realista que la mujer, pero cuántas veces el
racionalismo excesivo lleva a actuar sin corazón y a un obstinado formalismo. En cambio la
mujer, a menudo se deja guiar por su sensibilidad y su intuición, pero cuántas veces éstas
conducen a la confusión y a la injusticia. Es por esta razón que ambos necesitan el apoyo del
otro sexo para fomentar la armonía y el equilibrio de la persona sana.”7

6
Jutta Burggraf. La complementariedad entre los sexos, conferencia publicada en “Noticias”, Boletín Trimestral
de la Universidad de los Andes, Santiago de Chile, nº 1. Abril-Junio 1994, p. 5.
7
Ibidem, p.7.