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Sharismo: Una revolución de la mente Isaac Mao Traducción : Emilio Quintana

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Grupo Nodos Ele : www.nodosele.com

Isaac Mao (毛向輝) es empresario y blogger de la República Popular de China. Co-fundador de CNBlog.org, director de la Social Brain Foundation y vicepresidente de United Capital Investment Group. website: isaacmao.com

Con la Gente de la World Wide Web comunicando de forma más total y libre en la nueva red (“social media”), a la vez que congregándose en un boom de contenido 2.0, se hace necesario estudiar más de cerca la dinámica interna de una explosión tan creativa. ¿Qué es lo que motiva a los que participan en este movimiento y qué futuro quieren crear? Hay un hecho clave: los que comparten están acumulando capital social y una superabundancia de respeto por parte de la comunidad. El factor clave que motiva la nueva red, y el núcleo espiritual de la Web 2.0, reside en un cambio en la forma de pensar que llamamos sharismo. El sharismo propone una reorientación de los valores personales. Lo vemos en el Contenido Generado por el Usuario. Es la promesa de Creative Commons. Está en los planes de las iniciativas culturales orientadas al futuro. El sharismo es también una práctica mental que cualquiera puede probar, una actitud socio-psicológica que busca transformar un mundo amplio y aislado en un Cerebro Social super-inteligente.

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El texto original apareció publicado como ensayo en la página web del fotógrafo Joi Ito: http://freesouls.cc/essays/07-isaac-mao-sharism.html y está destinado a formar parte de su nuevo libro en prensa: Freesouls: Captured and Released, junto con ensayos de Howard Rheingold, Lawrence Liang, Cory Doctorow, Yochai Benkler, Marko Ahtisaari, y una entrevista al autor. Agradezco a David Vidal (Grupo Nodos Ele) sus sugerencias para mejorar la traducción.

LA DOCTRINA NEURONA El sharismo está codificado en el genoma humano. Aunque eclipsado por los muchos pragmatismos de la vida diaria, la teoría del sharismo funda sus bases en la neurociencia y su estudio del modelo de funcionamiento del cerebro humano. A pesar de que no sabemos completamente cómo funciona el cerebro en su conjunto, tenemos un modelo del mecanismo funcional del sistema nervioso y sus neuronas. Una neurona no es una simple célula orgánica, sino un procesador biológico eléctricamente excitable y muy poderoso. Grupos de neuronas forman redes ampliamente interconectadas que, mediante el cambio en la fortaleza de las sinapsis entre células, son capaces de procesar información, y aprender. Una neurona, al compartir señales químicas con las que la rodean, es capaz de integrarse en redes más significativas que la mantienen activa y viva. Además, esta lógica tan simple se repite y amplifica, ya que todas las neuronas funcionan básicamente según este principio de conectar y compartir. Por su propia naturaleza el cerebro es algo abierto. Una red neuronal existe con la finalidad de compartir actividad e información, y yo creo que este modelo cerebral debería inspirarnos ideas y decisiones sobre las redes de colaboración humanas. Es decir, nuestro cerebro fomenta la idea de compartir por su propia naturaleza. Esto tiene profundas implicaciones sobre el proceso creativo. Allí donde exista una intención de crear, será más fácil generar ideas más creativas si se tiene en cuenta de forma rigurosa el proceso de intercambio (“sharing process”). El proceso de formación de ideas no es lineal, sino que se parece a una avalancha de amplificaciones sucesivas a lo largo de la senda del pensamiento (“thinking path”). Se mueve como una especie de bola de nieve creativa. Si tu sistema cognitivo interno fomenta el compartir, es posible gestionar una retroalimentación continua de felicidad (“feedback loop of happiness”), que a cambio te ayudará a generar más ideas todavía. Es una especie de efecto mariposa, en el que una pequeña cantidad de energía creativa acabará volviendo hacia ti para hacerte, a ti y al mundo, más creativo. Sin embargo, las decisiones que tenemos que tomar a diario tienen un componente bastante bajo de productividad creativa, porque hemos desactivado nuestras vías de intercambio (“sharing paths”). Por lo general, a la gente le gusta compartir lo que ha creado, pero en una cultura que les dice que protejan sus ideas, la gente empieza a creer en el peligro de compartir. Esto lleva a una degradación del sharismo en la forma de pensar de la gente y a que no se fomente en la sociedad. Pero si somos capaces de animar a alguien a compartir, entonces sus vías de intercambio se abrirán. El sharismo estará presente en su mente como recuerdo y como instinto. Y si en el futuro esta persona debe enfrentarse a una opción creativa, elegirá la opción “Compartir”. Estos cambios mentales son demasiado sutiles para ser percibidos. Pero ya que el cerebro, y la sociedad, son un sistema conectado, la acumulación de estas microactitudes, de neurona a neurona y de persona a persona, resultará en un comportamiento observable. Es fácil ver si una persona, un grupo, una empresa o una nación están orientadas hacia el sharismo o no. En el caso de los que no lo estén, la defensa de lo que llaman “bienes culturales” y “propiedad intelectual” es tan solo una

excusa del status quo con la que mantener una comunidad cerrada. Mucha de su “cultura” estará protegida, pero el resultado neto de toda esta política no es sino la pérdida directa de muchas otras ideas valiosas, y la subsecuente pérdida de todas las ganancias potenciales que se derivan de compartir. Este conocimiento perdido es como un agujero negro en nuestra vida, que puede acabar tragándose otros valores también. Una cultura que no comparte (“non-sharing culture”) nos engaña con su absoluta separación de Espacio Privado y Espacio Público. Hace de la acción creativa una elección binaria entre lo público y lo privado, lo abierto y lo cerrado. Esto abre una brecha en el espectro del conocimiento. Aunque esta brecha tiene el potencial de convertirse en un espacio creativo valioso, la inquietud por la privacidad hace que esta brecha sea difícil de cerrar. No debería sorprendernos que, para sentirse seguros, la mayoría de la gente mantenga lo que podría compartir como privado y adopte una actitud “cerrada”. Tienen miedo de que Internet genere una capacidad de abuso contra la que no puedan luchar solos. Sin embargo, la paradoja es esta: Cuanto menos compartes, menos poder tienes.

NUEVAS TECNOLOGIAS Y AUGE DEL SHARISMO Volvamos a 1999, cuando solo había algunos cientos de bloggers pioneros en el mundo, y un número apenas diez veces mayor de lectores que seguían esos blogs. Siempre es igual en la Historia de la humanidad: algo importante estaba pasando, pero el resto del mundo aún no se había dado cuenta. El cambio hacia formas de publicación online fáciles de usar desencadenó una revolución tranquila (“soft revolution”) en tan solo cinco años. La gente hizo una transición rápida y cómoda de leer blogs a dejar comentarios y tomar parte en la conversación virtual, hasta darse cuenta después de que también podían ser bloggers ellos mismos. El aumento de los bloggers multiplicó el número de lectores, y el aumento de los lectores dio lugar a más blogs. La revolución fue viral. Los bloggers generan continuamente información significativa en Internet, y se conectan entre ellos a través de RSS, hipervínculos, comentarios, trackbacks y referencias. La granularidad a pequeña escala del contenido permite cerrar determinadas brechas de experiencia y abrir de este modo una nueva etapa en la historia de la humanidad. Una vez que te has convertido en un blogger, una vez que has acumulado una gran cantidad de capital social en un espacio tan pequeño, es difícil dejarlo. No tiene sentido explicar este hecho a partir de una teoría de la adicción. Es un impulso que lleva a compartir. Es la energía de los memes que quiere distribuirse de boca a boca y de mente a mente. Es más que mandar un email. Es sharismo. A los bloggers les gusta tener en cuenta el contexto social de sus entradas, preguntándose a sí mismos: “¿Quién va a ver esto?”. Los bloggers son ágiles a la hora de ajustar el tono –y de configurar la privacidad- para anticiparse a las ideas y no tener problemas. No se trata de autocensura, sino de la expresión de un sentido común inteligente. Pero una vez que los blogs alcanzaron su punto crítico (“tipping point”), se

expandieron por la blogosfera. Esto hizo necesario un sistema de trabajo en red y una arquitectura para compartir contenidos de forma más sutil. Así, la gente ahora comprende que puede tener un mejor control sobre un amplio espectro de relaciones. Por ejemplo, Flickr permite a la gente compartir sus fotos ampliamente, pero con seguridad. Un nuevo usuario puede no estar familiarizado con la privacidad de Flickr, basada en marcar ciertas casillas, pero esto es una buena muestra del cambio mental que implica el sharismo. Marcando una determinada casilla podemos elegir entre compartir o no compartir. He podido observar personalmente cómo los fotógrafos iban estando cada vez más abiertos a compartir en Flickr, sin perder por ello la capacidad de elecciones flexibles. La rápida emergencia de las aplicaciones sociales que permiten comunicar y cooperar, dejando que la gente pueda intercambiar contenido de un servicio a otro, está dando la posibilidad a los usuarios de introducir sus memes en un ecosistema interconectado. Esta interconectividad permite que los memes viajen a través de múltiples redes online, pudiendo alcanzar una amplia audiencia. Como resultado, un sistema de microconexiones de este tipo está haciendo de las plataformas sociales una auténtica alternativa a los medios de comunicación tradicionales. Estas nuevas tecnologías están haciendo revivir el sharismo en nuestra cultura cerrada.

PRACTICA LOCAL, GANANCIA GLOBAL Si te ha ocurrido que has perdido tu sharismo por culpa de una mala configuración educativa o cultural, no es fácil recuperarlo. Pero no es imposible. Un ejercicio continuo puede llevar a una total recuperación. Puedes ver el sharismo como una práctica espiritual. Pero tienes que practicar todos los días. De otro modo, podrías perder el poder de compartir. Para siempre. Es posible que necesites algo que te estimule, que te impida abandonarlo para volver a una forma de pensar cerrada. Aquí tienes una idea: pon un postit en tu mesa de trabajo que diga: “¿Qué quieres compartir hoy?” No estoy de broma. Así, si algo interesante te llega: ¡Compártelo! La forma más simple de empezar y mantenerse compartiendo es usar diferentes tipos de aplicaciones. El primer meme que quieras compartir puede ser poca cosa, pero es posible amplificarlo con las nuevas tecnologías. Engancha a alguna gente de tu red social e invítalos a una nueva aplicación. Al principio, puede no ser fácil darse cuenta de los beneficios del sharismo. La piedra de toque es ver si puedes mantener la retroalimentación que consigues al compartir. Te darás cuenta de que casi todas las actividades que implican compartir van a generar resultados positivos. La felicidad que obtendrás de este modo es solo la recompensa más inmediata. Pero hay otras. El primer tipo de recompensa que obtendrás va a llegar en forma de comentarios. Así sabrás que has logrado provocar interés, apreciación, emoción. La segunda recompensa es el acceso a todo el material que tus amigos están compartiendo en sus redes sociales. Puesto que los conoces y confías en ellos, te va a interesar mucho más lo que están compartiendo. Ya con esto estás consiguiendo multiplicar la inversión del

pequeño meme con el que empezaste a compartir. Pero el tercer tipo de beneficio es aún más espectacular. Todo lo que decidas compartir puede ser reenviado, puesto en circulación y republicado a través de las redes de otras personas. Este efecto cascada puede hacer que tu obra llegue a las masas en red (”networked masses”). Las mejoras en el software social están haciendo que la velocidad de diseminación sea la de un clic de ratón. Empieza a familiarizarte con tu yo sharista. Estás a punto de convertirte en popular, y rápidamente. Llegamos así al cuarto y último tipo de recompensa. No solo tiene significado para ti sino para el conjunto de la sociedad. Si así lo decides, puedes permitir que los demás creen obras derivadas a partir de lo que compartes. Esta decisión puede dar lugar fácilmente a un efecto bola de nieve que resulte en más creaciones a lo largo de la senda de intercambio, por parte de la gente que está en los nodos clave de la red y que comparten contigo la misma pasión por crear y compartir. Después de muchas rondas de desarrollo continuo, una gran obra creativa puede surgir de tu decisión de compartir. Por supuesto, tendrás el crédito que solicites, y merezcas. Y está bien si lo que buscas es una recompensa económica. En todo caso, lo que seguro que vas a conseguir es algo tan importante como esto: Felicidad. Cuanta más gente creativa participe en el espíritu del sharismo, más fácil será lograr unos medios de comunicación 2.0 bien equilibrados y equitativos hechos por la gente misma a su medida. Los medios de comunicación no serán controlados por ninguna persona concreta sino que residirán en la propia distribución de la red social. Los “shaeros” (Héroes del sharismo) se convertirán de forma natural en los líderes de opinión de la nueva red. Los derechos sobre los medios de comunicación pertenecerán a todos. Tú mismo puedes ser productor y consumidor en un sistema de este tipo.

EL SHARISMO SALVAGUARDA TUS DERECHOS Sin embargo, hay sobre la mesa muchos interrogantes sobre el sharismo como iniciativa en una nueva era. El más importante tiene que ver con los derechos de autor. Preocupa que cualquier pérdida de control sobre un contenido con derechos de autor pueda conducir a déficits perceptibles en el patrimonio personal, o simplemente a una pérdida de control. Hace 5 años, yo mismo habría dicho que se trataba de una posibilidad. Pero las cosas han cambiado. El entorno en el que se comparte está más protegido de lo que se piensa. Muchas de las nuevas aplicaciones sociales permiten configurar fácilmente los terminos de uso a lo largo de tu senda de intercambio. Cualquier violación de los términos puede ser perseguida no solo en los tribunales, sino por parte de tu propia comunidad. Tu público, que se beneficia de lo que compartes, puede convertirse también en la salvaguarda de tus derechos. Incluso si eres un defensor del copyright tradicional, la cosa no puede sonar mejor. Es más, al ver todas las recompensas inmediatas y emergentes que puedes obtener compartiendo, es posible que llegues a darte cuenta de que te has olvidado de los derechos de autor y el “Todos los derechos reservados”. Estarás demasiado ocupado

disfrutando del compartir como para preocuparte de quién te copia. La nueva fórmula económica es: cuanta más gente remixe tus obras, más obtendrás a cambio. Me gustaría señalar que el sharismo no es ni comunismo ni socialismo. Los comunistas duros que conocemos han abusado a menudo de la tendencia natural de la gente a compartir y los han forzado a ceder sus derechos, y sus propiedades. En nuestra experiencia, el socialismo, que tiende al comunismo, adolece también de la falta de respeto a esos derechos. Bajo ambos sistemas, el Estado es el poseedor de toda propiedad. En el sharismo, tú mantienes el derecho de propiedad, si así lo quieres. Pero a mí me gusta compartir. Y esa es la forma en que he elegido expandir mis ideas, y mi prosperidad. El sharismo se basa totalmente en el consentimiento propio. No es un concepto difícil de entender, especialmente porque movimientos “copyleft” como la Free Software Foundation o Creative Commons llevan años funcionando. Estos movimientos están redefiniendo un espectro más flexible de licencias para que puedan etiquetar sus obras tanto los desarrolladores como los usuarios finales. Como las nuevas licencias pueden ser reconocidas tanto por humanos como por máquinas, cada vez es más fácil recompartir obras en nuevos ecosistemas online.

EL ESPIRITU DE LA WEB, UN CEREBRO SOCIAL El sharismo es el Espíritu de la Era de la Web 2.0. Tiene la consistencia de una epistemología naturalizada y de una axiología modernizada, pero también conlleva la promesa de una nueva filosofía en Internet. El sharismo pretende transformar el mundo en un Cerebro Social emergente: un híbrido interconectado de gente y software. Somos Neuronas en Red conectadas entre sí por las sinapsis del software social. Esto supone un salto evolutivo, un pequeño paso para nosotros pero un gran paso para la sociedad humana. Gracias a las nuevas tecnologías “capilares” emergentes que brotan por todas partes, podemos generar mayor conectividad e incrementar el rendimiento de nuestros enlaces sociales. Cuanto más abiertos y fuertemente conectados estemos en tanto neuronas sociales, mejor será el entorno en que se comparte para todo el mundo. Cuanto más colectiva sea nuestra inteligencia, más sabias serán nuestras acciones. La gente ha encontrado siempre las mejores soluciones a través de la conversación. Ahora podemos hacer lo mismo totalmente online. El sharismo será la política de la próxima superpotencia global. No será un país, sino una nueva red humana unida por el software social. Esto puede parecer un sueño lejano, e incluso es posible que una política de compartir bien definida no esté precisamente cerca. Pero las ideas de las que estoy hablando pueden mejorar los gobiernos desde ya. Podemos integrar nuestros sistemas democráticos actuales y emergentes con nuevas folksonomías (basadas en la indexación social y colaborativa de la información) para permitir que la gente se cuestione cosas, comparta datos y remixe información para su uso público. La inteligencia colectiva, en un gran entorno

equitativo, en el que podamos compartir, puede ser la salvaguarda de nuestros derechos, y una estructura de control del gobierno. En el futuro, el diseño de las políticas podrá ser matizado con las micro-implicaciones de la comunidad que comparte. Esta “Democracia Emergente” funciona más a tiempo real que los períodos de sesiones parlamentarias. Igualmente incrementará el espectro de nuestras elecciones, más allá de las opciones binarias de “sí” o “no”. La democracia representativa pasará a ser más oportuna y diligente, porque nos representaremos a nosotros mismos dentro del sistema. El sharismo resultará en una mejor justicia social. En un entorno sano de intercambio, cualquier evidencia de injusticia puede ser amplificada hasta conseguir atraer la atención del público. Cualquiera que haya sufrido un abuso puede lograr apoyo auténtico e inmediato de sus amigos y de los amigos de sus amigos. Las reclamaciones de justicia se canalizarán a través de múltiples redes interconectadas. Usando estas herramientas, cualquiera puede conseguir un gran impacto social. A través de múltiples dispositivos y aplicaciones sociales, cada uno de nosotros se hace más sociable, al tiempo que la sociedad se hace más individual. Ya no tenemos que actuar solos. La democracia emergente solo se hará realidad cuando el sharismo se convierta en una competencia básica (“literacy”) de la mayoría, el tipo de competencia que Howard Rheingold describe en su libro. Puesto que el sharismo puede mejorar la comunicación, la colaboración y la comprensión mutua, creo que tiene también un lugar en el sistema educativo. El sharismo puede ser implementado en cualquier discurso cultural, CoP (comunidad de práctica) o contexto de resolución de conflictos. Es también un antídoto contra la depresión social, ya que no compartir supone un lastre que arrastra hacia abajo nuestra sociedad. En los países totalitarios de antes y de ahora, este ciclo descendente es aún más evidente. El mundo futuro será un híbrido de humano y máquina que generará mejores y más rápidas decisiones en cualquier momento, en cualquier parte. El flujo de información entre mentes se hará más flexible y más productivo. Estas amplias redes colaborativas dedicadas a compartir darán lugar a un nuevo orden social – una Revolución de la Mente.

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