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Qué vergüenza de ministro!

1. Como una zapatilla en San José.

Ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el gobierno se encuentra en una


grave encrucijada. Situación a la cual ha llegado por la incompetencia e
irresponsabilidad de sus principales funcionarios. En principio, del mismo presidente.
¿Quién diablos asesora a Kuczynski en la toma de decisiones tan desastrosas? Especial
responsabilidad tiene en todo este affaire el indescriptible ministro de Justicia, Enrique
Mendoza, ex juez supremo nada menos, que no hace sino meter la pata una y otra vez,
desde el mismo momento en que fue nombrado para el cargo, cuando designó
presidente de la comisión de gracias presidenciales a un anciano de más de 90 años, que
ni enterado estaba de qué se trataba su puesto.

Como he escrito en el semanario Hildebrandt en sus Trece: “Y a este ministro


incompetente e irresponsable, reincidente en artimañas pésimamente concebidas y
ejecutadas, lo han ratificado para seguir ejerciendo el cargo, y ciertamente para seguir
metiendo la pata hasta la ingle, en el denominado gabinete de la “reconciliación”. Todo
un premio gratuito a la incompetencia. Porque ni siquiera la complicidad merece ser
premiada cuando las cosas se hacen tan a lo burro. Tal como van las cosas, y con los
genios que tiene al mando de la nave, al gobierno solo le queda elegir la forma en que
va a perder el caso en San José de Costa Rica”. ¡Allí, el Estado peruano quedará sucio
y maltratado como una zapatilla!

2. Como una zapatilla en Lima.


Hace unos días, el ministro Enrique Mendoza, abogado, ex jez supremo, jurisconsulto
y demás títulos y yerbas, salió muy fresco a decir que “Técnicamente, el indulto no es
revisable”. Lo afirmó con seriedad victoriana. Sin inmutarse. Sin toser. Mintió, claro.
Descaradamente. Sin rubor alguno. El ministro sabe muy bien que, en principio, el
Tribunal Constitucional, de forma consistente, ha sostenido que no existen áreas de la
administración pública exentas de control jurisdiccional; y que, respecto de los casos
de indulto y gracia presidenciales, el máximo intérprete de la Constitución ha concluido
que “… cabe un control jurisdiccional excepcional a efectos de determinar la
constitucionalidad del acto…” y que, por lo mismo “…pued[e] ser objeto
excepcionalmente de anulación en sede jurisdiccional”. Lo sabe, pero le llega.

Claro que el ministro Enrique Mendoza es capaz de superar al ministro Mendoza. Sí,
es posible. Y en el propio caso Pativilca (en verdad, “Caso Caraqueño”). Fíjese usted.
En el proceso seguido contra Alberto Fujimori, Vladimiro Montesinos, Nicolás
Hermoza Ríos y sus angelitos del Grupo Colina por el crimen múltiple ocurrido en
Pativilca (y, salvo el caso del favorecido con el indulto y la gracia truchas, también por
el caso La Cantuta), existe un extremo de la imputación por la comisión del delito de
asociación ilícita, que tiene como agraviado al Estado, y en tal condición participa en
dicho proceso el defensor del ofendido: el Procurador. Hasta hace unos días, el Dr.
Amado Enco, Procurador Especializado en Delitos de Corrupción de Funcionarios.
Como se sabe, el tribunal había fijado el 26 de enero como fecha de la audiencia de
control de la acusación formulada por el Ministerio Público el 17 de julio de 2017.
Acusación que, por cierto, comprende a Alberto Fujimori como autor mediato del delito
de asesinato, y sostiene que de acuerdo con el Derecho Penal Internacional tales sucesos
califican como crímenes de lesa humanidad. Por lo que solicita 25 años de pena
privativa de libertad. Pues bien, acontece que tras ser notificado y convocado a la
audiencia, y especificamente luego de habérsele corrido traslado de la pretensión de
Fujimori de que se declare la extinción de la acción penal en su contra, el correcto
Procurador Enco decidió presenter un escrito a la Sala exponiendo su punto de vista
jurídico respecto de los temas que debían dilucidarse.

Así, el 24 de enero, dos días antes de la audiencia, el correcto y demócrata Procurador


Enco presentó ante la Mesa de Partes de la Sala Penal Nacional un escrito de
“Inaplicación de Resolución Suprema que concede derecho de gracia por control
difuso”. Sí, lo que usted lee. El representante del Estado en los estrados judiciales, en
el mismo proceso seguido por la causa Pativilca, sustentó un conjunto de razones de
naturaleza legal, constitucional y convencional por el que la gracia presidencial debía
ser dejada de lado, obviada, ninguneada, e iniciarse el juicio oral contra Fujimori y sus
amigotes. Lo justo, varón.

Mis fuentes en el Poder Judicial y en el mismo Ministerio de Justicia me datean que al


día siguiente, muy temprano, el ministro de Justicia se enteró de la legítima posición de
la Procuraduría y del escrito presentado. Entró en trompo. Él y sus colaboradores más
cercanos. Habrían pretendido, entonces, “cuadrar” al Dr. Enco. Obviamente, el escrito
no fue retirado por el Dr. Enco. Tampoco relativizado con otro con menos filo y
sustancia.

Ese día 25, el ministro Mendoza, nervioso y obligado por las circunstancias se vería
obligado a echar mano de quien estuviera cerca y dispuesto a sustentar el despropósito
de la gracia presidencial a Alberto Fujimori como causal de extinción de la acción penal
en el caso Pativilca. Como no podia despedir al nombrado Dr. Enco, decidió quitarle el
caso. Reemplazarlo, pues, por alguien que “lo entendiera”. Le susurraron el nombre de
César Romero Valdez. Inmediatamente aceptó. Para hacer la finta de regularidad y
legalidad tuvieron que convocar a una sesion extraordinaria del Consejo de Defensa
Jurídica del Estado. Por eso, en la noche del 25, apareció una edición extraordinaria de
El Peruano, aquella en la que se apartó del caso Pativilca a Enco y se designó a Valdez
(Resolución Suprema N° 011-2018-JUS).

Hoy día, en la audiencia ante la Sala Penal Nacional, el soldado Valdez hizo su papel.
Marchó y sermoneó como se lo ordenó el ministro Mendoza. Sin ningún brillo, defendió
la gracia presidencial trucha,

Qué vergüenza señor ministro Mendoza! No importa. El tribunal tiene entre sus manos
el escrito presentado por la propia Procuraduría, la legítima, la justa. Ese documento –
y la valiente acción de quien lo suscribió- serán valoradas por el tribunal. Como la
Historia lo juzgará a usted, sin contemplaciones, como el irresponsable y cómplice de
la injusticia y la traición que es.