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EDITORIAL

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DOMINGO 29 DE JUNIO DE 2008

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El Siglo de Torreón

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¿Qué Corte?
LUIS RUBIO
Qué clase de democracia queremos los mexicanos? ¿Qué clase de Suprema Corte amerita esa democracia? Uno puede tener muchas respuestas a estos planteamientos, pero esta semana la Suprema Corte de Justicia optó por desperdiciar al menos una primera oportunidad por establecer definiciones centrales sobre el tipo de democracia que será la mexicana. A través de un amparo, se le solicitó a la Corte que definiera si existen derechos inviolables o si basta un cambio de vientos políticos para que todo el andamiaje constitucional, y la certidumbre que de éste se deriva, se vengan abajo. Son temas de esencia. La reforma electoral aprobada el año pasado modificó varios de los elementos fundacionales de la democracia mexicana. En contraste con otras naciones que construyeron transiciones integrales hacia la democracia, en nuestro país el proceso fue acotado y desarrollado a regañadientes. Fue acotado porque la lógica que dominó no fue la de la construcción de una nueva forma de gobernarnos, sino la del apaciguamiento de las oposiciones. Es decir, se negoció con un espíritu de otorgamiento de concesiones y no con el ánimo de la construcción de un nuevo estadio político. Los acuerdos de la década pasada en materia electoral fueron el producto plausible de esas negociaciones. Se construyó un andamiaje institucional para responder al principal reclamo de las oposiciones de entonces: que los procesos electorales eran vergonzosos y no confiables. De ahí que se construyera un conjunto de instituciones en torno a lo que acabó siendo el Instituto Federal Electoral y el Tribunal Electoral como la esencia de una nueva era en materia electoral. Aquellas reformas le confirieron autonomía a los órganos electorales, certidumbre a los partidos políticos y credibilidad a la población en general. Como resultado de esto, México no entró a la democracia en pleno, pero los mexicanos por fin pudimos estar orgullosos de nuestro sis-

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tema electoral y de los resultados que de ahí comenzaron a fluir. El entorno ha comenzado a cambiar. Como resultado de las reformas del año pasado, atrás quedó la inamovilidad del Consejo del IFE, órgano que pasó a depender, para todo fin práctico, de las veleidades de los partidos políticos. Más grave, como parte de aquellas reformas, se modificó uno de los preceptos básicos de nuestro régimen constitucional: la libertad de expresión. Como decía antes, la democracia mexicana nació coja porque no se modificó el régimen político en su conjunto, sino que sólo se transformó un componente del sistema, el electoral. De esta manera, persisten no sólo las estructuras e instituciones del “viejo” régimen, sino sobre todo los criterios que lo caracterizaron: ya no tenemos una Presidencia exacerbada, pero los ciudadanos seguimos siendo una parte marginal de la vida política. Ahora mandan actores partidistas, pero su comportamiento es similar al de la Presidencia de antaño. Por eso la pregunta inicial: ¿qué clase de democracia queremos? ¿Queremos una democracia representativa en la que los ciudadanos podamos ver a nuestros diputados y senadores como voces y representantes de nuestros intereses o una democracia “dirigida” al servicio de los partidos políticos? ¿Queremos una democracia en la que se respeten las reglas del juego o una en la que éstas son modificables según cambien los criterios del legislativo? Estos temas no son abstractos: al modificarse el régimen de libertad de expresión (baste ver sus absurdos resultados en la forma de censurar los spots por parte del IFE), la reforma electoral trastocó quizá el derecho más fundamental de la libertad humana, el de expresarse. ¿Seguirán ahora modificaciones a las garantías en materia de esclavitud, el voto de la mujer o la libertad religiosa? Quizá suene absurdo, pero el hecho es que hemos entrado en territorio desconocido: es evidente que ninguna libertad es absoluta, pero las restricciones que ya

se introdujeron al régimen constitucional son por demás peligrosas y anuncian un camino resbaladizo. Lo que está de por medio en los amparos que tiene la Suprema Corte frente a sí es fundamental y mucho más grande de lo que los integrantes de la propia Corte parecen haber reconocido. A mi juicio, hay tres elementos medulares que la Corte tiene que contemplar en su propio proceso de decisión. Primero, la gran pregunta es cuál es la función de un Tribunal Constitucional en un régimen democrático. En contraste con las cortes equivalentes de Argentina, España y Estados Unidos, instituciones que se han destacado por asumir funciones transformadoras en materia de derechos ciudadanos y humanos en general en sus respectivas sociedades, nuestra SCJ ha sido más bien complaciente y cada vez más propensa a satisfacer clientelas diversas a través de los medios. La Corte tiene que decidir si se convertirá en el factor que rompe desempates entre los otros poderes y contribuye a construir un régimen democrático integral o sigue siendo un mero tribunal más. Una segunda definición fundamental es sobre los derechos o garantías fundamentales de los mexicanos. ¿Existen garantías sacrosantas o todas son modificables? Así como se erosionó garantía de la libertad de expresión, ¿sería posible revertir el voto de la mujer o restituir la institución de la esclavitud? La Corte tiene en su fuero definir si se trata de reglas esenciales, inamovibles, de la interacción social y política en nuestra sociedad. Finalmente, el tercer elemento que tiene la Corte frente a sí, el que es materia específica del amparo del que yo soy parte, es el de la libertad de expresión. Nuestra denuncia a la no resolución de este amparo no responde a un capricho; obedece a la afectación de libertades para todos los ciudadanos que requieren que instituciones como la SCJ protejan de la impunidad generalizada. La forma de censurar del IFE ha hecho evidente que existen enormes riesgos a la li-

bertad de expresión y que esos riesgos son iguales para todos los actores políticos y sociales. La Corte tiene que definir si se trata de un derecho fundamental o no; y si decide legitimar la censura política o no. Nuestra SCJ se ha dedicado a resolver problemas administrativos. Su indecisión respecto a sus funciones daña no sólo la democracia sino a su propia estatura en el desarrollo de país.

La pregunta es si va a trascender como la gran constructora de nuestro futuro institucional. Hoy tiene la oportunidad de redefinir su naturaleza y asumirse como la institución transformadora del futuro del país. La pregunta de fondo es si se asumirá a sí misma como el Tribunal Constitucional que México necesita o seguirá a la espera del aplauso partidista. www.cidac.org

OMAR

REHILETE
JORGE ZEPEDA PATTERSON

La disco
ADELA CELORIO

El linchamiento de Ebrard
E
l PAN está haciendo todo lo posible para convertir la tragedia del New’s Divine en una “noticia divina” para su causa. Hasta ahora Marcelo Ebrard les había ganado el pulso de la batalla por la opinión pública gracias a sus playas de verano, su pista de hielo, los operativos de expropiación contra las bandas criminales y la consulta pública sobre la reforma energética, entre otras. Pero ahora lo han pillado con los dedos en la puerta y harán todo lo necesario para amputárselos. Germán Martínez, presidente del PAN, ha dicho que Ebrard es cien por ciento responsable de la tragedia y que debe pagar políticamente por ello. Más de un comentarista ha pedido la renuncia del jefe de Gobierno. Un despropósito que equivaldría a enjuiciar a Calderón cada vez que una presa derramada damnifica a alguien o un retén militar comete un crimen. Ciertamente creo que Ebrard y su equipo son culpables de una estrategia demagógica que buscaba congraciarse con electores conservadores gracias al combate a la delincuencia. Creyeron que proyectar un poco de Giuliani y “tolerancia cero” vendría bien a las aspiraciones presidenciales para el 2012. Pero se les pasó la mano: carece de sentido dedicar varias docenas de policías a redadas de adolescentes cuando un par de inspectores habría bastado para detectar irregularidades y clausurar el lugar. Pese a ser un político que en teoría se ubica en “la izquierda” hasta ahora Ebrard se había mostrado extrañamente proclive a desplegar cuerpos policiacos ante los ciudadanos (reubicación de comerciantes, operativos en Tepito, desalojo de bloqueadores de calles). Los operativos habían sido aplaudidos por la opinión pública. El jefe de Gobierno tendría que haber sabido que estaba jugando con fuego. Esta semana se quemó. Pero pedirle que asuma la responsabilidad personal, como si él hubiese dado la orden criminal de cerrar las puertas de la discoteca, es obviamente un exceso discursivo que busca medrar políticamente con la tragedia. De hecho, me parece que los instintos políticos que caracterizan a Ebrard han reaccionado rápido y en la dirección correcta: despido del delegado y detención del jefe policiaco responsable de la operación. Recordemos que todavía estamos esperando que algún funcionario importante sea despedido o detenido en los casos de Ulises Ruiz en Oaxaca, Mario Marín en Puebla, o Peña Nieto en Atenco. En todos ellos la presidencia del PAN ha guardado silencio o de plano incurrido en complicidad. Marcelo Ebrard, se había convertido en pluma de vomitar de los panistas por varias razones. Una de ellas, su negativa a reconocer la Presidencia de Felipe Calderón. Pero, sobre todo, es la amenaza que Ebrard representa como rival para el 2012. Hace dos semanas Germán Martínez se deshizo de Santiago Creel, uno de los principales contendientes de la carrera presidencial de 2012, destituyéndolo como coordinador de senadores. Hoy busca provocar el mayor daño posible a otro rival y para ello cuenta con la maquinaria mediática del Gobierno y sus aliados que seguirán explotando la tragedia de la disco. Quedan dos más en la lista que superan en popularidad a Camilo Mouriño, delfín del presidente: Peña Nieto y Josefina Vázquez Mota. Desde luego, se lo pensará dos veces antes de atacar al gobernador del Estado de México y poner en riesgo la alianza con el PRI. Por lo pronto, Ebrard se les ha puesto en la mira y harán todo lo posible por dejarlo mal herido. Germán Martínez está de cacería. (www.jorgezepeda.net)

L

RELATOS DE ANDAR Y VER
ERNESTO RAMOS COBO

Limpias esferas
¿
Volverá a hablarse –y a tener sentido— aquello del destino compartido? Pareciere que no. Que el ideal de contar con sociedades libres, seguras, participativas e incluyentes, se ha reducido a un grupúsculo de esferas que en su oposición se ignoran y se temen. Ahora no se comparte nada porque la sucesión de latigazos nos ha acostumbrado a cerrar los ojos. Que perforen la nuca, que se sofoquen y terminen tirados, que les echen aire, que se mueran de hambre, pero que no osen invadir ésta, nuestra pequeña y limpia esfera, porque la podredumbre pertenece afuera, detrás de vidrios cerrados. Preguntémonos por qué está descompuesto todo esto. Y encontraremos respuestas que inundan en lugares comunes: una traumática historia que ha alimentado la desigualdad, una institucionalidad no consolidada, una concepción errónea del servicio público, un influyentísimo a toda costa, una corrupción galopante. La historia, entonces, como reflejo de lo que somos: un país corrupto, desigual, de instituciones débiles, donde el influyentismo todo lo corrompe, y donde con uñas y dientes se defiende la posición de privilegio; los jodidos aquí y los de billete allá. Es entonces aquí donde nos encontramos. Los de arriba, los de abajo, una clase media debilitada y un cinismo voraz del cueste lo que cueste. ¿Y entonces qué vamos a hacer? ¿Continuar trepando y cuidar la retaguardia? ¿Resignarnos a permanecer allí, en la limpia esfera de ojos cerrados? ¿Gritar y largarnos y tirar todo a la mierda? ¿Sucumbir a cualquier esperanza? Pero poderoso caballero es don dinero y, en tanto fluya, en tanto a este país podamos seguir ordeñándolo, pues para qué marcharnos, para qué buscar otra cosa, al fin de cuentas los de arriba y los de abajo, las prerrogativas, y para qué buscar otros horizontes si no habrá servicio doméstico —seguramente, lo cual será más incomodo. Mejor quedarnos aquí donde hay por lo menos un nivel de confort, algún jardinero, y pues nada, que si los balazos en la esquina y que si los fuegos cruzados, y que si los dientes desechos que piden limosna en el semáforo, pues me encierro y no salgo y de la casa a la oficina y con los ojos bien cerrados, y listo; la piel de elefante sobre todas las cosas. Entonces así logro conservar lo construido, sigo disfrutando de este esquema desigual por excelencia que da de comer, y listo, igual y le cambio los uniformes a las sirvientas el próximo sábado, porque ya están muy percudidos, y qué van a decir las visitas. http://ciudadalfabetos.blogspot.com

os domingos tempranito, los jóvenes antiguos corríamos presurosos al altar de Dios. Hoy corren los jovencitos, los grandotes y los chiquitos a cumplir el sagrado ritual de los viernes en la disco. El que no participa queda marginado, fuera de la grey, por lo que procuran arreglárselas para conseguir dinero (aun los antros de mala muerte como el New’s Divine, suelen ser caros). “Todos van” -argumentan los hijos- y no hay padres que soporten la presión que supone negar el permiso, aunque los muchachos no tienen inconveniente en prescindir de él en caso de que los papis nos pongamos plomitos. De que se van se van, siguiendo esa nueva flauta mágica que es la música tecno. A los padres ni siquiera nos queda el recurso de negociar la hora del regreso. Dueños de la noche, los muchachitos ejercen su derecho de enajenarse hasta la madrugada con el primitivo y ensordecedor ¡BAM! ¡BAM! ¡BAM!, alucinados por la hipnotizante iluminación de las discotecas que apenas abren sus puertas, cuando ya los rebeldes sin causa en la casa, aguardan con toda humildad y paciencia que algún gorila, (creo que les llaman cadeneros) de acuerdo a sabrá Dios qué criterios discriminatorios (güeritos y ricos tienen preferencia) decida como un San Pedro, pero terrícola -tú sí, tú noquien accede a la pista, donde masificados, embutidos en sus imprescindibles vaqueros, todos melenas y avalorios, antreros de identidad y con la única ocupación de mantenerse en movimiento, danzan penetrados hasta las entrañas por el sonido que multiplican potentes amplificadores. Ahí, hermanados en el sudor, los jóvenes se olvidan por unas horas de las licenciaturas, los post grados y el éxito económico que exige la sociedad para concederles la credencial de miembros activos. Como caramelo a los niños, es la discoteca para los jóvenes de todo el mundo. Es un signo de los tiempos. Lo que escandaliza es la frecuencia con que estos lugares entregan malas cuentas. “Doce muertos en una estampida” informan los noticieros como si se tratara de caballos o elefantes y no de nuestros hijos. Me da más rabia que pena y lo primero que se me ocurre es buscar culpables. Por supuesto pienso en mi demonio favorito, la Gorda Gordillo, esa inamovible piedra que sigue obstruyendo la educación. Jóvenes con una clara conciencia de sus obligaciones y derechos ciudadanos, no tendrían que morir en estampidas. Pero si no hay espacio para las matemáticas, ni para la comprensión de la lectura, mucho menos para la educación cívica. Después, pienso en inevitable corrupción que hace posible que ochocientas personas se amasijen en un local para cuatrocientas, y que menores de edad consigan entrar y que les sirvan alcohol. Que nos siga sucediendo estas ignominias como nos sucede Marín y Montiel, es dolor que me recuerda el famosísimo cuento de Augusto Monterroso. Despertamos y los dinosaurios de siempre siguen ahí sin que nadie consiga desaparecerlos. No tengo respuestas, sólo preguntas. “Hay días en que me levanto con una esperanza demencial, momentos en los que siento que las posibilidades de una vida más humana están al alcance de nuestras manos” E. Sábato. Guardadas las debidas proporciones, hay mañanas en que contra todo lo previsible, como Sábato yo también pienso que es posible rescatar la dignidad, el respeto y el derecho a una buena vida. Algunas mañanas luminosas despierto optimista hasta que ¡lástima!, sopeo en mi café las mismas ignominias, siempre recurrentes sólo que más frescas, que me devuelven a la frustrante realidad. ¿Será verdad que tenemos que resignarnos a despertar siempre con los mismos malditos dinosaurios? adelace2@prodigy.net.mx