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El desarrollo económico se puede definir como la capacidad de producir y obtener riqueza,

además éste puede ser tanto a nivel del desarrollo personal como aplicado también a países o
regiones. Ya sea en uno o en otro caso, el desarrollo está ligado al sustento y la expansión
económica de modo tal que garantice el bienestar, se mantenga la prosperidad y satisfaga las
necesidades personales o sociales de las personas.

El desarrollo económico surge con el advenimiento del modo de producción capitalista, el cual
implica un aumento en las tasas de ganancia que permiten el proceso de acumulación del
capital. Estos saltos de acumulación cuantitativa son causados por varios factores que se
pueden combinar como la reducción de costos, incorporación de técnicas o maquinas más
productivas, sobre explotación de las fuerzas de trabajo.

No solo hay factores internos sino también externos, por ejemplo en el caso del desarrollo
económico de una nación, el contexto internacional de tasas de ganancias elevadas o las
inversiones externas. El pensamiento racional económico de políticas públicas apunta a
sostener el nivel de crecimiento, para ello existen regulaciones institucionales llevadas a cabo
con el fin de incentivar y fomentar la eficiencia del sistema productivo.

Existen dos formas principales para comprender la historia del desarrollo económico, que
desembocó en el escenario mundial donde vivimos hoy en día, la concepción liberal y la
concepción proteccionista.

El desarrollo económico es entendido como un proceso donde las condiciones de bienes y


servicios se encuentran en estado creciente y al alcance de todos los grupos sociales que
conforman la comunidad. Una sociedad donde existe un buen desarrollo económico presenta
características de integración económica y social y tendría menos personas viviendo en la
marginalidad. Para conseguir el desarrollo económico los países se guían por los principios
pautados por la ONU, donde se reafirman las medidas macroeconómicas siempre y cuando
estén desarrolladas en pos de una mejor producción que mejore las condiciones de vida de las
sociedades. Dentro de esas medidas se brinda especial atención al desarrollo humano, que no
solamente engloba las necesidades económicas, sino también las intelectuales y culturales. Por
eso, un país en desarrollo debería ofrecer una mejor formación a sus ciudadanos y una guía
para que las capacidades adquiridas de dicha formación pueden ser llevadas a la experiencia
laboral, ejerciendo una actividad eficiente en lo económico, social, cultural y político. Los
conceptos que están íntimamente relacionados con el desarrollo económico son: aumento del
ingreso real per cápita y aumento de la productividad per cápita real en todas las ramas
económicas que se encuentren afectadas.
El desarrollo es un concepto histórico que ha ido evolucionando, por lo que no tiene una
definición única. Aun así, se puede decir que desarrollar es el proceso por el cual una
comunidad progresa y crece económica, social, cultural o políticamente.

Desde sus inicios, las teorías relacionadas con el desarrollo se interesaron por los procesos de
enriquecimiento material, es decir, por el incremento del volumen de producción de bienes y
servicios. Estas teorías economicistas entendían que el medio para alcanzar el desarrollo era la
acumulación de capital físico. Se defendía que un aumento del producto interior bruto per
capita reduciría la pobreza e incrementaría el bienestar de la población. Esta premisa se
basaba en que, a más producción, más renta, y, a más renta, mayor bienestar económico. Es
decir, que el desarrollo estaba directamente relacionado con el crecimiento económico, tanto
de los países como de las personas. Como apunta Keith Griffin en su ensayo “Desarrollo
humano: origen, evolución e impacto”, el crecimiento se convertía no sólo en el medio para
alcanzar el desarrollo, sino en el fin del desarrollo mismo.

Esta idea del desarrollo no sólo influía en la forma en que se entendía el concepto, sino que
también afectaba a la hora de medir el fenómeno. Durante la década de 1970 varios autores y
economistas de instituciones destacadas como el Banco Mundial o la Organización
Internacional del Trabajo reconocieron que el aumento de la producción no era suficiente por
sí solo para reducir la pobreza y alcanzar el desarrollo.