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INTERFERENCIAS ENTRE ARTE Y ARQUITECTURA

Mª DESAMPARADOS PERIS CATALÁ

Profesor
EMILIO JOSÉ MARTÍNEZ ARROYO
La vida en movimiento: arte público, tecnología y diseño.
Programa de Doctorado en Artes Visuales e Intermedia

UNIVERSIDAD POLITÉCNICA DE VALENCIA


FACULTAD DE BELLAS ARTES
Valencia, marzo 2007
INTERFERENCIAS ENTRE ARTE Y ARQUITECTURA
Mª Desamparados Peris Catalá

SÍNTESIS

El objetivo de este artículo es comentar cómo el creciente fenómeno de la


arquitectura-espectáculo se da con mucha frecuencia en nuestros días.
Estas construcciones adquieren la consideración popular de “obra de arte” de
una manera bastante superficial, sin entrar para ello a considerar ningún otro
aspecto que no sea la propia monumentalidad de los edificios.
Por el contrario, las manifestaciones artísticas que eluden la idea de objeto
único y que tienen en su concepción la pretensión de involucrarse con todo
aquello que les rodea, formando una unidad entre arte y vida, tropiezan con la
reticencia del público, que no las considera como obras de arte y que no
encuentra una categoría artística para ubicarlas.

PALABRAS CLAVE

Escultura. Arquitectura. Obra de arte. Interferencias.

INTRODUCCIÓN

Estamos asistiendo con frecuencia al fenómeno del “arquitecto-estrella”, es


decir, al del profesional de la arquitectura cuyas edificaciones son
unánimemente reconocidas por el gran público como obras de arte. Por este
motivo, numerosos edificios son considerados más por su aspecto “escultórico”
o por su impacto como referentes del espacio en el que se erigen, que por su
funcionalidad real. Esta tendencia tiene como consecuencia que, con mayor
frecuencia de la que sería deseable, se acometan grandes proyectos

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arquitectónicos atendiendo principalmente a su conversión en “hitos”, sin
atender debidamente a otros aspectos fundamentales como la integración con
el entorno en el que se sitúan, su utilidad real y su interés para los usuarios a
los que, hipotéticamente, van dirigidos.

La cuestión que planteo en este artículo es por qué se otorga con tan aparente
facilidad la consideración de “obras de arte” a las construcciones
arquitectónicas, incluso a ciertas obras de ingeniería civil, y sin embargo
todavía existen grandes reticencias en el público en general para aceptar que
la escultura ha trascendido su propia objetualidad para dejar a un lado las
limitaciones de la forma y expandirse por el espacio, tanto privado como
público.

DESARROLLO

Para empezar a tratar este asunto rescataremos el texto de Rosalind Krauss,


La escultura en el campo expandido, en el que la autora sitúa las complejas
relaciones que se establecen entre la escultura y todo aquello que es, lo que no
es y lo que sin embargo puede llegar a ser. Estas relaciones incluyen, por
supuesto, a las que establece con la arquitectura.
Resulta esclarecedora la primera conclusión a la que llega Rosalind Krauss en
su intención de definir el campo expandido, y que coloca a la escultura como
aquello que está en el paisaje pero que no es el paisaje, ni tampoco es
arquitectura.
Vemos que se establecen relaciones entre los elementos dando como
resultado la definición de nuevas maneras de hacer escultura, o más
exactamente, nuevas propuestas para trabajar el espacio, que participan de las
diferentes combinaciones. Sin embargo, lo que nos amplía el punto de vista a
la vez nos sitúa en polos opuestos a las dos disciplinas que en el presente
artículo se están tratando.

Esto podría llevarnos directamente al punto esencial de la cuestión: si la


escultura ya no es una categoría absoluta y cerrada sino una forma más de

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hacer arte, quizá si intentamos definir lo que es arte en la actualidad podremos
llegar a establecer la medida en la que la arquitectura podría participar también
de esta definición.

Así pues, si consultamos lo que a este respecto dice el Diccionario de la Real


Academia Española de la Lengua (DRAE), arte es toda manifestación de la
actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y
desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos,
lingüísticos o sonoros.
Para el DRAE, arquitectura es el arte de proyectar y construir edificios, sin
embargo, la definición que en este diccionario se da a la escultura: “arte de
modelar, tallar o esculpir en barro, piedra, madera, etc., figuras de bulto”, está
tan obsoleta que mejor nos quedamos con los conceptos del trabajo de
Rosalind Krauss, mucho más acordes con la realidad de hoy en día.
Con estas definiciones todavía resulta complicado el encaje de ambos
conceptos, escultura y arquitectura.

Consultando la enciclopedia de la red, Wikipedia, encontramos que


tradicionalmente la arquitectura ha sido considerada una de las seis bellas
artes y quizá sea en esta definición donde radica el concepto popular de la obra
“artística-arquitectónica”, es decir, aquel edificio o conjunto de ellos
especialmente impactante por su grandiosidad, por el lujo de sus detalles o por
la armonía de sus formas.
También encontramos en esta web que, según el tratado de Vitrubio sobre
arquitectura, del Siglo I a.C., se consideraba que la arquitectura descansa en
tres principios: la belleza, la firmeza y la utilidad.

Así pues, es curioso, y por ese motivo se traen a este texto, cómo diversos
arquitectos del pasado siglo abordan esta cuestión clave de la utilidad.
Para Adolf Loos, en su obra Arquitectura de 1910, “la casa debe agradar a
todos, a diferencia de la obra de arte que no tiene por qué gustar a nadie. La
obra de arte es un asunto privado del artista. La casa no lo es. (…) ¿no será
que la casa no tiene nada que ver con el arte y que la arquitectura no debiera

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contarse entre las artes? Así es. (…) Todo lo demás, todo lo que tiene una
finalidad hay que excluirlo del imperio del arte”.

Sin embargo, para Le Corbusier, en su obra Vers une Architecture de 1923, “La
arquitectura está más allá de los hechos utilitarios. La arquitectura es un hecho
plástico (…) La arquitectura es arte en su sentido más elevado, es orden
matemático, es teoría pura, armonía completa gracias a la exacta proporción
de todas las relaciones: ésta es la función de la arquitectura”.

Para Javier Maderuelo, al respecto de esta “interferencia” entre escultura y


arquitectura:

La escultura actual está “raptando” parcelas del “espacio” físico y


conceptual de la arquitectura al pretender extender sus límites sobre áreas
tradicionalmente reservadas a la práctica arquitectónica, mientras que la
arquitectura, inconscientemente, ha ido abandonando sus intereses en el
mundo de las Bellas Artes, aunque la arquitectura también se ha
beneficiado de esta supuesta intrusión de la escultura en su “espacio”,
reaccionando con propuestas arquitectónicas más desprejuiciadas desde
el punto de vista disciplinar y formal.”

Señala Maderuelo que en este caudal de “interferencias” que se producen


entre escultura y arquitectura, se ha creado un espacio común a ambas que,
en numerosas ocasiones, está tan entretejido que resulta complicado discernir
cuál de las dos disciplinas es la que ha aportado aquella cualidad que
aparentemente comparten.

No deja de ser curioso en este espacio común que comparten escultura y


arquitectura que las categorías que aparentemente les son comunes,
contribuyan decisivamente a que una de ellas sea apreciada mayoritariamente
por el público en detrimento de la otra. Así, una obra arquitectónica es elevada

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a la categoría de obra de arte por su belleza, por su estética impactante, que
se considera complemento perfecto de su utilidad.
Sin embargo, cuando una obra escultórica se compromete con el espacio
público o intenta ser útil de alguna manera vinculándose con una comunidad o
con alguna causa social, automáticamente parece perder la consideración de
obra artística, ya que, en la apreciación del gran público, la obra de arte no es
algo útil, no es algo que pueda servir para algo más que su mera
contemplación.

Digamos que en este terreno los arquitectos juegan con ventaja. Sus obras
son, por definición, útiles, es decir, sirven para algo, se habitan, se pasean, se
emplean como lugares de estudio, de descanso, en ellas se trabaja, se
compra, se vende…se vive. De esta forma, y dada la aceptación general de
este concepto de “utilidad”, queda a criterio del propio arquitecto el involucrar
su obra con el público desde una perspectiva artística.

Dada la limitada extensión de este artículo, he considerado conveniente traer


dos ejemplos que ilustran esta intersección entre arquitectura y escultura. Así
veremos un equipo de arquitectos que quieren desarrollar sus obras tanto
técnicamente como visualmente, sin olvidar la interacción con el público al que
van destinadas y sin que estos conceptos sean menos importantes que el
primero.
También veremos el trabajo de un artista que diseña espacios habitables, sin
perder de vista tampoco su integración total con el espacio y con sus
destinatarios mientras los convierte en esculturas vivas.

El primero de ellos es el equipo estadounidense SITE, creado en 1970 en


Nueva York, compuesto por arquitectos, artistas y diseñadores que trabajan en
aras de un proyecto común: unir el diseño de edificios con las artes visuales,
con el paisaje y con las tecnologías constructivas basadas en la sostenibilidad
como parte de una visión integradora de todos estos conceptos.
Uno de sus primeros trabajos consistió en una serie de edificios comerciales
(grandes almacenes) para la firma Best. Este equipo multidisciplinar se planteó
estos edificios como algo más que simples contenedores de mercancías,

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estableciendo un juego visual con el público. Sus construcciones aparecen a
medio camino entre la inestabilidad y la ambigüedad, dado que presentan
intervenciones impactantes en sus fachadas. Esta ausencia de formalidad en
su planteamiento explora las relaciones alternativas entre el arte y la
construcción.

Cada uno de los edificios que construyeron para esta firma comercial trata el
prototipo de edificio comercial tipo “caja” como un objeto para ser interpretado
desde el punto de vista de un artista, por medio de la distorsión de la escala,
de desplazamientos de masas, etc.

Asimismo su intención era fomentar la reflexión del público ante las sorpresas
que los edificios despliegan ante sus ojos, explorando los aspectos sociales,
psicológicos y estéticos de la arquitectura.

Indeterminate Façade Building


Houston - 1974

Peeling Project, Richmond - 1971

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Tilt Showroom, Towson - 1978
Notch Showroom, Sacramento - 1977

Cutler Ridge Showroom, Miami - 1979

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El otro ejemplo es el de Michael Jantzen. Este artista estadounidense
desarrolla su trabajo como un experimento constante en ese cruce de caminos
del que hemos hablado antes, entre arquitectura y artes plásticas.

Sus esculturas son a la vez espacios para habitar, en una simbiosis perfecta
con el entorno en el que se emplazan.

Como muestra de su investigación tenemos el proyecto Wind Shaped Pavillion.


Los elementos que lo componen rotan respecto a un eje central por el efecto
del viento, produciendo su propia electricidad para la iluminación nocturna.
Esta rotación influye también sobre su forma, ya que cada elemento es
independiente, facilitando que se pierda la simetría original y dotando al
conjunto de un componente escultórico innegable.

Wind Shaped Pavillion – forma original

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Wind Shaped Pavillion – forma tras la acción del viento

Especialmente interesante es su proyecto para una casa en Malibú, California,


de 1997. Para evitar el efecto de bloqueo que causan las casa edificadas a la
orilla del mar y que impiden su visión, Jantzen propuso esta casa cuya fachada
frontal está construida por pantallas de televisión en las que se muestran, a
tiempo real o pregrabadas, imágenes y sonidos del océano. Esto hace que la
casa “desparezca” a los ojos de los viandantes.

La intención artística es más que evidente, transformando la fachada de la


casa en una instalación audiovisual cuyo fin es restablecer la armonía del
paisaje, que no queda interrumpido por la arquitectura, que lo integra en su
concepción como un elemento indispensable.

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Malibú Video Beach House – 1997

En este espacio de interrelaciones que se establecen entre escultura y


arquitectura podríamos considerar que la arquitectura participaría de las
premisas del arte público en la medida en la que tenga en consideración al

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colectivo al que va dirigida. De esta manera, los edificios se proyectarían a la
medida de las necesidades reales de la población a la que van destinados.
Intentarían, asimismo, ser respetuosos con el emplazamiento, integrándose en
el mismo desde la vocación de formar parte de un conjunto armónico, lo cual
está en consonancia con los parámetros del site-specific, como objeto artístico
que se crea para un lugar determinado y que tiene en cuenta el cómo, dónde y
por qué de su emplazamiento.

Volviendo a la introducción, la tendencia que se observa actualmente en


arquitectura, arropada indefectiblemente por los poderes públicos, que
encuentran en ella uno de sus mejores argumentos propagandísticos, es la de
la arquitectura-espectáculo. Los grandes nombres de la arquitectura actual
aparecen en todos los concursos de ideas que se convocan, con proyectos que
garantizan el impacto mediático, tan valorado por los políticos en la medida en
que consideran que da a su gestión de cierto barniz de modernidad y de
progreso.
Estos proyectos-espectáculo suelen alejarse con más frecuencia de la que
sería aconsejable, de su fin último, que no sería otro que el de dar respuesta a
las necesidades reales de una población. La sola mención de esa docena de
nombres consagrados muchas veces da respaldo a proyectos cuyo resultado
real, una vez construidos, no colman las expectativas que habían generado.

Los dos ejemplos que recoge este artículo, en los que se entiende a la
arquitectura y a las artes visuales como partes equivalentes de un mismo
modo de hacer están, a mi entender, bastante alejadas del concepto tan en
boga de la arquitectura-espectáculo, de la que en Valencia estamos
encontrando últimamente numerosos ejemplos.

CONCLUSIÓN

A modo de conclusión, en este terreno resbaladizo de la confluencia entre


escultura y arquitectura podemos pensar que, efectivamente, hay una vía de
trabajo común que engrandece ambas visiones, la del artista y la del arquitecto.

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No se trataría entonces de considerar al artista como un mero decorador de los
proyectos arquitectónicos, sino de plantear una colaboración real en términos
de igualdad compositiva, sin dejar de lado los aspectos técnicos que conlleva el
ejercicio de la construcción, los cuales son competencia exclusiva del
arquitecto.

Este intercambio de puntos de vista, este interés del arquitecto por las
premisas del artista es la que considero que debería legitimar a un proyecto
arquitectónico para ser considerado obra de arte, en el sentido actual del
término, sin dejarnos llevar por concepciones obsoletas del mismo.

Podemos seguir maravillándonos ante la belleza de ciertos edificios, ante su


espectacularidad, pero no otorguemos con tanta ligereza el calificativo de
“artista” que tantas veces se niega a quienes verdaderamente son
merecedores del mismo.

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BIBLIOGRAFÍA

KRAUSS, Rosalind. La escultura en el campo expandido, Barcelona. Editorial


Kairós, 1985.

MADERUELO, Javier. El espacio raptado, Madrid, Biblioteca Mondadori, 1990.

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA DE LA LENGUA. Diccionario de la Lengua


Española – Vigésimo segunda edición, en su versión on-line.
http://buscon.rae.es/drael/ (consultada el 24/03/2007).

WIKIPEDIA. Enciclopedia libre on-line, en su versión española.


http://es.wikipedia.org/ (consultada el 24/03/2007)

Página web del colectivo SITE.


http://www.siteenvirodesign.com/home.php (consultada el 21/03/2007)

Página web de MICHAEL JANTZEN.


http://www.humanshelter.org/ (consultada el 21/03/2007)

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