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DERECHO SUCESORIO

–el heredero– mediante el beneficio de inventario al aceptar la


herencia o, indirectamente, por la acción de los acreedores del
difunto, si hacen valer el beneficio de separación. Si ninguno de
los señalados –heredero o acreedores del difunto– adopta algu-
na determinación, los acreedores del heredero pueden resultar
perjudicados.

Sección II
EL PRINCIPIO DE LA UNIDAD DEL PATRIMONIO
EN DERECHO SUCESORIO

61. Concepto. Entre los principios rectores del Derecho Suceso-


rio chileno, Bello consagró el de la unidad del patrimonio. No
tiene este principio el alcance de la continuación de la persona
del causante por sus herederos. Tiene relación únicamente con
la sucesión legítima o intestada. Esto significa la adopción de
un cierto concepto de la sucesión y que justifica tratarlo como
principio general.
La unidad del patrimonio se traduce en que las leyes que re-
gulan la sucesión intestada son las mismas para todos los bienes
del de cujus: activo y pasivo; muebles e inmuebles; heredados o
adquiridos a cualquier título por el causante.
No existe en el Código pluralidad de masas hereditarias
determinadas por la naturaleza o el origen de los bienes y que
se sujetaría a reglamentaciones diversas. La sucesión ha sido
considerada como un proceso único, que rige una sola y misma
ley. Se le concibe como una unidad y no como una pluralidad
de masas.

62. Consagración positiva. El principio está consagrado en el Código


en los artículos 955 y 981. En el primero, la sucesión se rige por la
ley del domicilio en que se abre, que será, normalmente, el último
que tuvo el causante. El derecho sucesoral queda entregado a la
ley local del domicilio en que se abre la sucesión, sin atender a
otras consideraciones, como sería la nacionalidad del causante.
En el segundo, no se atiende al origen de los bienes para reglar la
sucesión intestada, de forma tal que poco importa que los bienes
hayan sido transmitidos al causante por sus antecesores, o que los
haya adquirido él y a cualquier título que lo haya efectuado.

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INTRODUCCIÓN, PRINCIPIOS SUCESORALES. LA SUCESIÓN COMO MODO DE ADQUIRIR…

63. Consecuencias. Del principio de la unidad de la ley sucesoral


que adopta el Código se desprenden, entre otras, las consecuen-
cias siguientes:
a) Que el orden de suceder, es decir, las personas llamadas
a recibir el patrimonio del de cujus, a falta de testamento, son
determinadas por la ley del último domicilio. Por lo tanto, los
herederos ab intestato serán, para las sucesiones abiertas en Chi-
le, los que determina el artículo 983, cualquiera que sea la ley
nacional del difunto.
b) La capacidad e incapacidad de los asignatarios quedan de-
terminadas por la ley del último domicilio. Poco importa que el
heredero esté, por su ley personal, afectado de una incapacidad o
indignidad no reconocida por la ley chilena, pues en todo caso es
ésta la que gobierna dichas materias. Así, podrá suceder en Chile
toda persona que a la muerte de un español, cuya sucesión se abre
dentro de nuestro territorio, haya estado concebida y le haya so-
brevivido a la concepción un momento siquiera, por mucho que
según los artículos 30 y 745 del Código Civil de España no pudiera
suceder por reputar esa legislación nacido “el feto que tuviere figura
humana y viviere veinticuatro horas enteramente desprendido del
vientre materno”. Como lo expresa Albaladejo, “hasta que no nazca
y viva veinticuatro horas enteramente desprendido de la madre, se
produce una situación de pendencia que si el concebido llega a ser
persona, se resuelve a su favor como si lo hubiese sido desde que
fue engendrado, y que si no llega a serlo, se resuelve como si nunca
hubiese sido concebido, por lo que su llamamiento a la sucesión
resultaría ineficaz desde un principio por falta de sujeto que le hu-
biese recibido. La descrita situación alcanza, por tanto, no sólo al
concebido, sino también al ya nacido mientras que no transcurran
veinticuatro horas desde su separación de la madre, momento que
es cuando adquiere personalidad” (Curso de Derecho Civil, V. “Derecho
de Sucesiones”, Nº 5, pág. 77, 9ª edición, Madrid, 2008).
c) Los derechos y las obligaciones de los sucesores quedan
en todo sujetos a la ley local. La porción de cada uno de ellos,
las condiciones requeridas para suceder, las obligaciones que
son de su cargo, se gobiernan por la ley chilena. Si la sucesión
de un peruano se rige por la ley chilena, cuando éste ha tenido
su último domicilio en Chile, su responsabilidad por las deudas
hereditarias y testamentarias será ultra vires, por mucho que el
Código peruano disponga la responsabilidad intra vires (art. 661,
C.C. peruano).

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DERECHO SUCESORIO

d) Para determinar los derechos que a cada asignatario co-


rresponden, no deberá estarse a la naturaleza mueble o inmueble
de los bienes ni al origen de los mismos, sea que vengan al cau-
sante de la línea de su padre o de la familia de su madre. Todos
los bienes formarán una sola masa y sobre ellos concurrirán los
herederos.

64. Historia y fundamentación. El principio de la unidad del pa-


trimonio y de la ley sucesoral tiene, como puede observarse de
lo dicho, dos aspectos: en cuanto considera la sucesión como
una sola masa, descartando diversidad de legislación o de sis-
tema sucesoral según el origen o naturaleza de los bienes; y en
cuanto implica regir la sucesión por una sola ley, sin atender a
la situación de los bienes ni a la nacionalidad de la persona que
fallece en Chile para descartar la aplicación, en algún sentido,
de la ley del último domicilio. Aunque ambos aspectos están muy
vinculados, es necesario tratarlos separadamente desde el punto
de vista histórico y de su fundamentación.

64.1. La unidad de los bienes. El art. 981 no tiene, en realidad, una


gran significación práctica. Es más bien un llamado que se hace a
prestar atención a la tradición histórica de la Edad Media y de la
Revolución Francesa. Es una de las tantas normas que cumplen
únicamente la función de reafirmar una concepción de las cosas y
que preside, implícitamente, la reglamentación positiva. Se quiere
declarar que la ley no permite que se restablezcan instituciones
derogadas por los principios de la Revolución Francesa, distin-
guiendo, para regular la sucesión, según el origen o la naturaleza
de los bienes. El Derecho francés antiguo tenía distinciones de
los bienes en nobles y plebeyos; muebles e inmuebles, según el
origen. En cuanto a la naturaleza, los había paternos y maternos,
gananciales y propios. Luego cada costumbre hacía subdistinciones
que complicaban extraordinariamente el sistema sucesoral (sobre
el punto Chabot de L’Allier, Commentaire sur la loi des successions,
t. I, pág. 96, París, 1848). De allí derivaba entre otros el principio
paterna, paternis; materna, maternis, en cuya virtud los bienes que
venían a una persona de la línea paterna no podían pasar, por
sucesión, a la línea materna y viceversa.
Todo esto significaba mantener desigualdades y sostener el
linaje. Siendo la Revolución contraria a esas desigualdades, y
deseando suprimir toda institución que permitiese mantener los

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INTRODUCCIÓN, PRINCIPIOS SUCESORALES. LA SUCESIÓN COMO MODO DE ADQUIRIR…

privilegios de la nobleza, suprimió la distinción y la regla paterna


paternis. El artículo 732 del Código francés consagró la norma
que recogió después el artículo 981 chileno (sobre las razones del
establecimiento de la norma, vid., Discurso del tribuno Simeón
ante el Cuerpo Legislativo, Locré, t. 9, pág. 286; Martínez Paz,
Introducción al Derecho de la Sucesión Hereditaria, pág. 177, Buenos
Aires, 1953). El art. 732 con su texto aludido queda eliminado
en la reforma de 2006.
La afirmación del principio de la unidad, en este sentido, ha
sido recogida en los Códigos (así, art. 3547 de Argentina; art. 1040
de Colombia; etc.).

64.2. La unidad de legislación. La cuestión de la unidad de la ley


que rige el Derecho Sucesorio tiene evidente conexión con la
concepción del Derecho Sucesorio y con los principios del De-
recho Internacional Privado. No se tratará aquí de profundizar
en cuanto diga relación con este último aspecto, que forma parte
de una disciplina autónoma y de técnica propia.
En cuanto a lo primero, dos son los grandes sistemas que
se ofrecen en una opción legislativa: el sistema territorial y el
sistema personal.
Este último postula que la sucesión por causa de muerte
debe regirse por la ley personal del causante, sea la de su último
domicilio, sea la de su nacionalidad. La sucesión es considerada
como una forma de continuar la personalidad del causante en
los herederos. La transmisión de los bienes se hace en con-
sideración de la persona o personas de los sucesores, por lo
cual, si bien el Derecho Sucesorio tiene gran relación con el
Derecho de los Bienes, está mucho más cerca de la regulación
de la familia y de la persona (M. González Alvarado, La Sucesión
ante el Derecho Internacional Privado, memoria, Santiago, 1944,
págs. 23 y ss.; Martínez Paz, ob. cit., pág. 146). Era ésta la teoría
de Savigny (Sistemas de Derecho Romano Actual, t. 6, pág. 297,
edic. española de F. Góngora y Cía., Madrid, 1879). Lo que se
transmite es el patrimonio del causante y no los bienes aislados,
y en función de la voluntad presunta del causante. Todo ello,
a más de razones prácticas, significa regular el Derecho Suce-
sorio por una sola ley: la personal del causante. Pero dentro
de este sistema hay dos posibilidades: o bien se unifica la ley
sucesoral según el derecho del domicilio del causante, o según
el de su nacionalidad.

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DERECHO SUCESORIO

El sistema de la ley nacional pretende que éste suministre una


regla cierta y no variable como la del domicilio, además de que
el Derecho Sucesorio y las relaciones de familia tienen estrechos
vínculos con la tradición y las costumbres (Champcommunale,
La Sucesión Ab Intestato en el Derecho Internacional Privado, versión
castellana, Madrid, págs. 435-436). La sucesión se regulará, pues,
por la ley que corresponda a la nacionalidad del causante, cual-
quiera sea el país donde se sitúen los bienes.
La otra variante del sistema personal, que es la aceptada en
nuestro Derecho, es la que aplica al Derecho sucesoral la ley
del último domicilio del causante. Es bajo esta ley que fallece el
causante y es en el lugar del último domicilio donde éste tenía el
asiento de sus relaciones familiares y patrimoniales. Este sistema
tiene además la ventaja de conciliar las competencias legislativas y
jurisdiccionales, teniendo en cuenta las consideraciones políticas
y económicas, especialmente para países de inmigración (Maury
y Vialleton, ob. cit., t. 4, Nº 11).
Frente a la unidad en materia de ley aplicable a la sucesión
se alza el sistema de la territorialidad que trae como consecuen-
cias, en caso de conflictos de leyes, una pluralidad de derechos
aplicables, según cual sea la situación de los diversos bienes de
la sucesión. Es evidente que el sistema territorial, en su historia,
ha reconocido la aplicación de la ley del domicilio a los bienes
muebles, conforme a la máxima mobilia sequuntur personam gene-
rándose un sistema mixto, pues se aplica la ley territorial a los
inmuebles y la del domicilio a los bienes muebles.
No es posible entrar aquí en mayores detalles, pues, como se dijo,
la cuestión interesa fundamentalmente al Derecho Internacional
Privado. Bastará observar que cada sistema, a más de perseguir
soluciones prácticas para los casos de conflictos de leyes, supone
decisiones políticas y económicas que varían notoriamente según
la tradición y la realidad de cada país. El sistema territorial es la
natural consecuencia de una concepción absoluta de la soberanía
y por esto es lógico que haya tenido gran importancia en países
de inmigración que estarán naturalmente inclinados a aplicar
la ley del domicilio, mientras que aquellos países de emigración
preferirán la ley de la nacionalidad.
Las soluciones en derechos extranjeros recorren toda la gama
de posibilidades, aplicándose para algunos la ley nacional (así, Ale-
mania, arts. 14 y 24 C. Civ.; España, art. 10, inc. 2º, C. Civ.; Vid. Vallet
de Goytisolo, Juan, “Conflictos de leyes en materia de regímenes

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INTRODUCCIÓN, PRINCIPIOS SUCESORALES. LA SUCESIÓN COMO MODO DE ADQUIRIR…

matrimoniales y sucesiones”, en Rev. de Der., U. de Concepción,


Nº 133, págs. 3 y ss.; para otros un sistema mixto que combina la
ley del último domicilio con la de la situación de los bienes. Así,
aunque más por interpretación jurisprudencial que por texto le-
gal, sucedía en Francia. Sobre la cuestión, Maury y Vialleton, ob.
cit., Nº 11; Mazeaud, ob. cit., t. 4, vol. 2, Nº 679). Pero el reciente
art. 720 prescribe directamente que la sucesión “se abre por la
muerte, en el último domicilio del difunto” y como la ley de ese
lugar es la que debe regir, la cuestión queda ahora clara. Muchos
recogen el mismo sistema adoptado en Chile: la ley del último
domicilio, como norma general (así, por ej., era la regla de Los
fundamentos de la legislación civil de la URSS, art. 121; el art. 1012 del
C. Civil de Colombia; art. 10 de la Ley de Introducción al Código
Civil de Brasil, etc. Sobre estas cuestiones, véase en especial Vicente
Simó Santonja, Derecho Sucesorio Comparado, conflicto de leyes en
materia sucesoria, esp. págs. 55 y ss., Madrid, 1968).

65. Las excepciones a la unidad. El principio de la unidad no es


absoluto. Desde luego se concibe, al menos en cuanto a los bie-
nes, para la sucesión legítima. En la testamentaria el causante es
libre de hacer las distinciones que le parezcan, respetando, claro
está, las asignaciones forzosas. Pero más allá de esta observación,
es preciso reconocer que significa, en la unidad legislativa, un
atentado a derechos que la misma ley considera de orden pú-
blico o inderogables. El que fallece bajo el imperio de una ley
extranjera, pero teniendo sucesores chilenos y bienes en el país,
puede llegar, por el reconocimiento que se da a la ley del último
domicilio, a eliminar, según cual sea la disparidad de ella con la
nacional, las asignaciones forzosas. De ahí que el mismo Código
haya consignado algunas excepciones al principio de la unidad
y que tienden a hacer respetar las normas de protección a los
asignatarios chilenos.
Pero es también necesario reconocer que el principio de la
unidad, al imponer una sola y misma ley sucesoria y la no distin-
ción en cuanto a la naturaleza u origen de los bienes, pone en
contradicción los principios que se estimaba lógico defender a la
época de la redacción del Código, con los que protege el derecho
actual. La contradicción es especialmente notable en lo que con-
cierne al derecho previsional que tiene un contenido social muy
diverso al individual que imperó en el siglo pasado. Es por esto
que las leyes previsionales, históricamente, han consignado una

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DERECHO SUCESORIO

variedad de sistemas sucesorales aparte para diversos beneficios


que integran al patrimonio del causante. Indudablemente estas
excepciones están dispersas, han carecido de organicidad, pues
tal es la característica del derecho previsional chileno, surgido
como respuesta a presiones de grupos de intereses más que a
una idea central.

66. Las excepciones del Código Civil. Las excepciones consideradas


en el Código Civil son las del artículo 998.
a) Caso del extranjero que fallece fuera de Chile dejando herederos
chilenos. Por el art. 998 inc. 1º, “En la sucesión abintestato de un
extranjero que fallezca dentro o fuera del territorio de la Repú-
blica, tendrán los chilenos a título de herencia o de alimentos, los
mismos derechos que según las leyes chilenas les corresponderían
sobre la sucesión intestada de un chileno”.
Si el extranjero fallece teniendo su último domicilio en Chile,
no hay excepción a la regla general de la unidad. El extranjero
debe regirse por la ley chilena, pues es la de su último domicilio.
Las sucesiones abiertas en Chile se rigen por la ley chilena y ésta
es obligatoria para todos los que habitan en el país. La disposición
es pues inútil en cuanto consagra que los chilenos, sucesores de
ese extranjero, tendrán los derechos que la ley consagra sobre la
sucesión de un nacional.
Pero no sucede lo mismo en caso de fallecer el extranjero en
otro país, donde tuvo su último domicilio y donde se abre, por
tanto, su sucesión, o en caso de fallecer en Chile, pero estando
aquí transitoriamente, sin haber fijado su domicilio, caso en el cual
la sucesión se abrirá también fuera de Chile. Si la ley del país bajo
la cual se abre la sucesión del extranjero no consagra derechos de
herencia o alimentos, o los consagra en un monto muy inferior
a los de la ley chilena, los sucesores chilenos de ese extranjero
verían menguados sus derechos con respecto a los que tendrían
de haber abierto la sucesión en Chile. Esos chilenos podrán, por
lo dispuesto en el art. 998 y no obstante lo que dispone la ley
extranjera, reclamar los derechos que la ley chilena les conceda
por razón de herencia, alimentos o porción conyugal.
Pero como la ley chilena no puede obligar fuera de Chile,
se ha consagrado también un mecanismo que permite a los su-
cesores chilenos hacer valer sus derechos. Sobre los bienes que
tenga el extranjero en Chile ellos se pagarán de preferencia hasta
enterar sus derechos, o hasta abarcar todos los bienes situados en

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INTRODUCCIÓN, PRINCIPIOS SUCESORALES. LA SUCESIÓN COMO MODO DE ADQUIRIR…

el país si esos derechos son mayores en monto al que alcanzan


tales bienes.
Para determinar los derechos que correspondan a los sucesores
chilenos, se tomarán en cuenta todos los bienes del causante: los
que están en Chile y los que poseía en el extranjero. Establecido
así a cuánto ascienden tales derechos, podrán hacerlos efectivos
sobre los bienes situados en el país. Habrá que formar inventario
de todos los bienes del causante, estimarlos en valor, determinar
sobre el monto total los derechos que la ley chilena les concede
por las razones a que apunta el art. 998, y hacerlos por último efec-
tivos sobre los bienes que existen en Chile. Si éstos no alcanzaren
a cubrirlos totalmente, los beneficiarios tendrán que gestionar
el reconocimiento del excedente en el país donde se abrió la
sucesión, si fuere posible de acuerdo a las normas generales del
Derecho Internacional sobre ejecución de fallos extranjeros. De
otro modo perderán sus derechos en el excedente.
La disposición se refiere a los derechos de los chilenos en
una sucesión legítima o ab intestato de un extranjero. Resultaría
entonces que si un extranjero ha otorgado testamento y en él no
les reconoce derecho alguno, o derechos menores que los que
consagran las normas de sucesión legal, los chilenos perderían
toda opción a suceder.
Sin embargo, debe considerarse que las asignaciones forzo-
sas se imponen a la voluntad testamentaria y deben ser siempre
respetadas. Tendrán entonces los chilenos, a pesar de ese testa-
mento, derecho a reclamar lo que les corresponde en razón de
alguna asignación forzosa. En esa parte, la herencia no puede
ser testamentaria, en el sentido de que no pueden vulnerarse las
normas de disposición legal de las asignaciones obligatorias, y si
ocurriere, la ley pasa por sobre la voluntad del de cujus.
b) Caso del chileno que deja bienes en el extranjero. El art. 998
inc. final dispone que las normas anteriores y que rigen la situación
del extranjero se aplican también al chileno que deja bienes en
el extranjero. Por tanto, cualquiera sea el lugar donde se abra la
sucesión de un chileno, los derechos de los sucesores chilenos se
regirán por la ley nacional, adjudicándoseles, si el caso lo requiere,
los bienes que haya dejado el difunto en Chile. La ley, claro está,
señala que ello se hará “si fuere necesario”, pues lo normal es que
el causante haga lo necesario para que se respeten los derechos de
sus sucesores. Es sólo para el caso que la ley extranjera disponga
modalidades propias para la transmisión de los bienes allí situados

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DERECHO SUCESORIO

y que vulneren los derechos consagrados por las leyes chilenas a


los nacionales, que la regla se hace necesaria.
No se indica, en el art. 998, que esta situación se refiera a la
sucesión intestada. Pero ello resulta evidente desde que en caso
de testamento rige la voluntad del causante en lo que no vulnere
las asignaciones forzosas. Valga pues aquí lo dicho anteriormente
en este aspecto.
Hace excepción también al principio, conforme a la nueva
legislación sucesoral, el llamado derecho de atribución preferente del
cónyuge sobreviviente, que oportunamente se tratará, en cuan-
to existe a su respecto un sistema de asignación distinto de los
bienes al de los demás herederos del difunto (art. 1337, Nº 10,
vid. Nº 68.1).

67. Situación del ausente. La sucesión del ausente es, según cierta
doctrina (Somarriva, ob. cit., pág. 36; Barros Errázuriz, A. Curso
de Derecho Civil, Tercer año, 2ª parte, Santiago, 1931, pág. 45), otra
excepción al principio del art. 955. La excepción se produciría en
caso de que el desaparecido haya efectivamente muerto en país
extranjero, pues según el art. 81 Nº 1 del C. Civil, “la presunción
de muerte debe declararse por el juez del último domicilio que
el desaparecido haya tenido en Chile”. Pero esta opinión parte de
una pura hipótesis: que el desaparecido haya podido fallecer en
el extranjero. Además, la sucesión se abre en Chile, es decir, en el
último domicilio, por lo cual no se observa excepción alguna. Ello
existiría si la sucesión se hubiese abierto en el extranjero, cosa que
no sucede en el caso. Por ello no consideramos esta situación, por
lo demás muy excepcional, como alteración a los principios gene-
rales (en este sentido, R. Domínguez B., “Concepto del Derecho
Sucesorio”, en Rev. de Der., U. de Concep., Nº 116, pág. 81).

68. Las excepciones de la legislación especial. Ya se ha señalado que la


legislación especial contiene muchas excepciones al principio de
la unidad del patrimonio. No se trata aquí de conflictos de legisla-
ciones, sino de aplicación de normas sucesorias diversas del propio
derecho chileno, a algunas masas de bienes, en consideración a
exigencias sociales de protección de personas desfavorecidas y,
en general, conforme al espíritu de la legislación previsional. Las
reglas que determinan la forma de sucesión de algunos bienes
del causante, repetimos, de especial naturaleza previsional, sig-
nificarán una profunda alteración al régimen sucesoral del C.C.,

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INTRODUCCIÓN, PRINCIPIOS SUCESORALES. LA SUCESIÓN COMO MODO DE ADQUIRIR…

disponiéndose de asignatarios diferentes a los que, en concepto


del derecho común, debería corresponder.
Aquí sólo mencionaremos algunas de las que han existido,
pues no se trata de realizar un inventario de la legislación espe-
cial, sino solamente de indicar el espíritu y la tendencia de esas
leyes y de otras de parecida finalidad. Por eso nos limitaremos
a las que consideramos las más importantes, por el número de
personas a que han afectado.
a) Algunas instituciones de previsión han contemplado bene-
ficios que, por norma general, en caso de fallecimiento del impo-
nente, se traducirán en prestaciones para la viuda y huérfanos,
y que no integrarán el as hereditario del causante regido por el
Código Civil, sino que pasarán directamente a los asignatarios
indicados por la ley especial. Incluso más, para algunos de tales
beneficios se constituyen, por las leyes particulares, verdaderos
órganos sucesorales distintos a los del Código, compuestos por
la viuda, los hijos e, incluso, la madre viuda. Tal ha ocurrido, en
diversas etapas de nuestra legislación previsional, con la llamada
“indemnización por años de servicios”, el “seguro de vida”, el
“desahucio” y otros beneficios que, por su carácter fluctuante y
permanente modificación, no podemos tratar aquí en detalle.
Por lo demás, su estudio pertenece a la Seguridad Social. Anota-
remos, sólo como el ejemplo más importante en la hora actual,
que el D. L. 3500 reconoce el derecho a pensión de sobrevivencia
sobre los fondos previsionales acumulados por el difunto sólo al
“grupo familiar del causante” (art. 5º), entendiéndose por tal
“el o la cónyuge sobreviviente, los hijos de cualquier filiación,
los padres y madres del causante” y los requisitos para obtenerla
son particulares para cada miembro. Si el trabajador opta, luego
de reunidos los requisitos del caso, por una renta vitalicia, como
contrapartida de los fondos ahorrados, ella sólo beneficiará a
aquellos parientes y será excepcionalmente entonces que los
fondos acumulados formarán parte del as hereditario (art. 66
inc. final y art. 67 inc. 4º).
b) El D.L. Nº 2079 (Diario Oficial de 18 de enero de 1978),
que fija el texto de la Ley Orgánica del Banco del Estado de
Chile, establece en su art. 37 que, en caso de fallecimiento del
titular de una cuenta de ahorro, sus herederos podrán retirar los
depósitos hasta concurrencia de cinco sueldos vitales anuales de
la Región Metropolitana de Santiago o su equivalente en moneda
extranjera, sin necesidad de posesión efectiva.

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DERECHO SUCESORIO

c) Por último, aunque sólo como referencia histórica, la Ley


Nº 16.640, de 27 de julio de 1967, sobre reforma agraria, contenía
órdenes de preferencia para adjudicar la pequeña propiedad rústica
(art. 193, Nº 1), haciendo excepción a las normas del Cód. Civil.
Ésta se adjudicaba, en caso de fallecimiento del propietario, a un
solo comunero, con el orden de preferencia que señala el art. 5º
del D.F.L. Nº 4, de 26 de diciembre de 1967. Esta legislación hoy
ha desaparecido y sólo conserva un carácter histórico; pero que
ha de recordarse, porque contenía un principio que es actual en
otras legislaciones y que tiende a la mantención de la unidad de
las empresas familiares. Y que consagran todo un estatuto parti-
cular para la protección de las empresas, como por ejemplo, su
atribución preferencial a favor de ciertos parientes. Por ejemplo,
la reciente reforma francesa de 2006 tuvo como uno de sus objetos
esa protección y por ello amplía tales derechos más allá de las
situaciones que había previsto la legislación precedente (así, M.
Grimaldi, Présentation de la loi du 23 juin 2006, portant réforme des
successions et des libéralités, D. 2006, p. 2551, esp. pág. 2552).

68.1. El derecho de atribución preferente. Mención especial merece


el llamado derecho de atribución preferente, contenido en el
art. 1337 Nº 10, introducido por la reforma de la Ley Nº 19.385 a
favor del cónyuge sobreviviente. Se trata de una excepción notable
al principio de que se viene tratando, puesto que se establece un
tratamiento especial para uno de los bienes que componen el as
hereditario y diverso al del resto de los bienes. En la reforma el
cónyuge sobreviviente pasa a tener una condición especialmente
mejorada; pero no sólo por el quantum de los derechos que se le
atribuyen, sino además porque se establece en su favor el derecho
de atribución preferencial del hogar común. Consiste este dere-
cho en permitir al cónyuge sobreviviente exigir, al tiempo de la
división del haber común, que su cuota hereditaria, a cualquier
título que la tenga, es decir, como legitimario, como asignatario
de mejora o de libre disposición, se le entere con preferencia,
mediante la adjudicación en propiedad individual, el inmueble
en que resida y que sea o haya sido la vivienda principal de la
familia, incluyendo en dicho inmueble el mobiliario que lo guar-
nece si era parte del patrimonio del causante, esto siempre que
ese mobiliario sea parte de la comunidad hereditaria.
Como podría suceder que el valor del inmueble y de su mo-
biliario supere el monto de los derechos que como heredero co-

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INTRODUCCIÓN, PRINCIPIOS SUCESORALES. LA SUCESIÓN COMO MODO DE ADQUIRIR…

rresponden al cónyuge sobreviviente, éste podrá pedir que sobre


las cosas que no le sean adjudicadas en propiedad, se constituya
en su favor derecho de habitación sobre el inmueble o de uso
sobre el mobiliario, con carácter de gratuitos y vitalicios.
Entendemos que, como se trata de un derecho conferido al
cónyuge, éste no está obligado a otro por la atribución prefe-
rente.
El llamado hogar familiar queda así sujeto a un régimen su-
cesoral propio y que depende de la opción que haga el cónyuge
sobreviviente.
La institución no es novedosa en el Derecho Comparado, pues
otros derechos la conocen desde hace ya tiempo. El Código argen-
tino la incorporó con la Ley 20.798 en el art. 3573 bis, y el antiguo
art. 832 del Código francés, luego de sucesivas reformas trata de la
atribución preferencial no sólo del hogar familiar, sino de empresas
comerciales, artesanales, industriales y de pequeñas propiedades
agrícolas sin limitar la atribución sólo al cónyuge sobreviviente. La
reforma de la Ley 2006 dedica todo el párrafo 3, subsección 1ª, del
capítulo VIII del Libro III a la atribución preferencial.

69. Conclusión. Exceptuadas las normas del art. 998 del Código
Civil, las excepciones más notorias a la unidad del patrimonio
en el Derecho Sucesorio vienen de la legislación especial. Se tra-
ta, en todas ellas, de un renacer del procedimiento técnico del
antiguo derecho, que distinguía entre diversas masas de bienes,
atendiendo a su origen o naturaleza para aplicarles normas pro-
pias en materia sucesoral. En todas ellas la ley viene a distinguir
también por el origen y el destino de ciertos bienes, constituidos
por fondos o beneficios previsionales, para aplicarles estatutos
sucesorios particulares. Lo mismo puede observarse en cuanto a
las reglas que determinan el destino de las sumas ahorradas en
forma más frecuente. Evidentemente, si el procedimiento técnico
es semejante al del antiguo derecho, esto no significa que se tien-
da a volver al antiguo principio paterna paternis, materna maternis.
Se trata solamente de observar cómo, para alcanzar finalidades
que la actual sociedad considera fundamentales, es posible uti-
lizar recursos técnicos antiguos, que se hacen necesarios ante la
imposibilidad de modificar la legislación común con la rapidez
que la tutela de nuevos principios requiere. ¿No hay en ellos una
premonición de lo inadecuado del régimen sucesoral común
para la época actual?

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