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Juan Horacio Deí Popolo es Abogado, Licenciado en Psicología,
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Egresado dél Postj-grado en Psicoterapia Psicoanalítica de la
Asociación de Psicólogos de Mendoza, Miembro Fundador de la
Sociedad Iberoamericana de Psicología Jurídica, Conferenciante
invitado al IV Congreso Europeo de Psicología y Ley, Profesor
Invitado por el Colegio,Oficial de Psicólogos de España para el
;"dictado de Cursos de la especialidad Psicología Jurídica, Profesor
Titular de Psicología Jurídica en la Carrera de Maestría en
............. . i
Criminología de la Universidad del Aconcagua, Mendoza, Profesor
Titular de Psicología Forense en la Carrera de Psicología en la
Universidad del Aconcagua, Profesor Coordinador de la Carrera
de Post-Grado en la Maestría de Criminología de lá Universidad
dél Aconcagua, MendozaJEx- Juez de Faltas, de la Provincia de
Mendoza, Ex Fiscal en lo Correccional, Ex Fiscal de Instrucción,
Ex Juez de Instrucción, Miembro del Comité de Investigación y -
Práctica de Psicología y Ley déla Asociación Europea de Psicología
y Ley, Director de Nuevos Proyectos Jurídicos-Penales del
Ministerio de Gobierno de la Provincia de Mendoza, DirecLor.del
Centro Privado de Evaluaciones Psicológico-Forenses, Integrante
del Consejo Consultivo de la Dirección de Criminología y
Victimología de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza.
ISBN: 950-9099-38-4
© Copyright by
EDICIONES JURÍDICAS C U Y O
Garibaldi 61 - Mendoza
Tel.-Fax: Q61-200286

Hecho el depósito de la ley 11.723.


Derechos reservados
IMPRESO EN A R G E N TIN A
JUAN M. PEL POPOLO

PSICOLOGIA
JUDICIAL

EDICIONES JURÍDICAS CUYO


Capitulo I

CONCEPTOS BÁSICOS

D e s ig n a c ió n d e la a c t iv id a d

La tarea ha sido denom inada de diversas maneras.


Aunque con distintas concepciones, ha sido llamada psi­
cología legal, forense, judicial, jurídica, psicología y ley,
etc.
Tradicionalmente en el país ha predom inado la desig­
nación psicología forense. Forense aparece calificando el
término psicológico, como un adjetivo, dándole una espe­
cificidad y un sesgo a este quehacer.
Forense, conform e el diccionario de la Academ ia
Española, hace referencia a la plaza donde se trataban
en Roma los negocios públicos y donde el pretor celebra­
ba los juicios.
Por extensión, tam bién se denom ina al sitio en que
los tribunales oyen y dictaminan las causas y lo que con­
cierne al ejercicio de la abogacía y la práctica de los tri­
bunales 1.

1 Véase a] respecto Zelaschi, Hoque, en Revista de Psicología Forense,


APFRA, año 1, ns 1.
8 Juan H. Del Popolo

A partir de este significado etimológico, existe una


corriente que conceptualiza la psicología forense com o
área de la psicología vinculada específicamente a la p r á c ­
tica de los tribunales.
Para el autor, este es un concepto restringido de psi­
cología forense. .La tarea del psicólogo en el área del
derecho es mucho más amplia, que la que se puede desa­
rrollar en relación .con los tribunales de justicia. En todo
caso, los tribunales de justicia son un sector de la activi­
dad jurídica. Como veremos luego, hay otras actividades
que exceden am pliam ente tal quehacer y en las que el
psicólogo puede realizar diversos y valiosos aportes al
mundo del derecho.
A los efectos de evitar esta connotación restringida,
quizás sea más conveniente la denominación psicología
jurídica, con el alcance que más adelante explicaremos.
La conceptualización de la actividad es im portante
porque va a program ar el curso de acción del operador, lo
va a delimitar y acotar. !
En realidad, cualquiera de las denominaciones que
ha recibido esta actividad, de hecho ha implicado la exis­
tencia de dos subsistemas en interacción: el jurídico y el
psicológico.

Algunos antecedentes de la disciplina

Seguidamente trazaremos una breve síntesis de algunos antece­


dentes históricos relacionados'con el desarrollo de la disciplina, forzo­
samente incompleta, teniendo presente la gran densidad de pensado­
res que han contribuido a su desarrollo. Para ello, reseñaremos
algunos aportes históricos a la interacción psicología - derecho, enten­
dida en sentido lato. Sólo haremos mención a alguno de los antece-
Psicología judicial 9

dentes en razón de que una enumeración exhaustiva demandaría, a


ese solo efecto, una publicación específica.
Luego de la atenta lectura de los diversos precedentes que se
mencionarán, se podrá tomar conciencia de la numerosa cantidad de
científicos qué han trabajado intensamente en esta disciplina. Se
advertirán aportes desde todas las escuelas psicológicas: conductismo,
cognitivismo, psicoanálisis, psicología experimental, etc.
El hombre al juzgar la conducta de sus semejantes, históricamen­
te ha hecho aplicación de prejuicios, opiniones o conocimientos en
relación a la conducta humana.
Ya en los antiguos libros sagrados encontramos aplicaciones de
observaciones sobre la conducta '»] mundo de lo jurídico.
Emilio Bonnet (1983) señala que Sang T ’su, jurista del siglo XIII
antes de Cristo, escribió un tratado pericial llamado «Si Yuan» en el
que se señalaban algunos procedimientos para explicar la veracidad
de los testimonios en los casos de homicidio, aconsejando que el pre­
sunto autor fuera colocado frente al cadáver de la víctima y se obser­
varan sus reacciones!
La Biblia también contiene relatos de aplicaciones de conocimien­
tos psicológicos al mundo de lo jurídico.
En el Libro de Daniel, profeta que habría vivido en el siglo VI
antes de Cristo, se cita un interesante caso de exploración de la sin­
ceridad de los testimonios (Ver Daniel Cap. 13).
En el Libro de los Reyes (1 Reyes 3;16 y s.s.) se describe otro ju i­
cio al que se llega luego de extraer conclusiones derivadas de la obser­
vación de la conducta. A llí se relata lo que el Rey Salomón sentenció
frente al caso de dos prostitutas que simultáneamente decían ser la
madre de un niño pequeño. Am bas reclamaban la criatura frente al
Rey.
A los. efectos de decidir la situación, Salomón mandó traer una
espada y ordenó partir en dos al niño vivo y darle una mitad a cada
una de las mujeres que reclamaban al infante.
La verdadera madre del niño conmovida por la suerte que iba a
correr su hijo, dijo al Rey Salomón que le diera a la otra mujer el niño
vivo, en tanto que la otra decía: «No será ni para tí, ni para mí, que
lo partan». El Rey entonces sentenció que el niño fuera para la prime­
ra mujer y que nó se lo matara dado que ella era su madre.
Se advierte aquí cómo la observación de conducta sirvió para dar
una solución al conflicto que se presentaba.
Otros pensadores también hicieron observaciones de los hechos
10 Juan H. Del Popolo

de conducta en relación a la ética y al derecho, por lo que pueden ser


considerados predecesores lejanos de la psicología jurídica, tales como
Aristóteles, Hobbes, Pablo Zacchia, Descartes, Rousseau, entre otros. /
Jordi Bajet I Royo (1992) señala que en el año 1792 aparecen dosr
obras, una de Eckardtshausen sobre la necesidad de conocimientos
psicológicos para juzgar delitos y otra de Schaumann intitulada «Idea
de una Psicología Criminal».
En la última década del siglo pasado, caben mencionar las contri­
buciones de H. Gross, en especial su Psicología Criminal y la de Krafít
Ebing denominada Psicopatología judicial.
Friedrich, en el año 1835, escribe su «Manual sistemático de Psi­
cología Judicial».
Entre los científicos que se ocuparon de esta disciplina cabe recor­
dar a Cattell, quien a fines del siglo pasado realizó experimentos rela­
tivos a la psicología del testimonio en la Universidad de Columbia,
Estados Unidos.
Claparéde también trabajó en el área de la psicología del testimo­
nio en los primeros años del siglo X X . Escribió diversas obras, entre
las que podemos mencionar: «La Psychologie judiciaire», «La question
de la mémorie affective», «Experiences sur les témoignages».
Cesare Lombroso escribió en 1906 una obra intitulada «La Psico­
logía del testimoni nei processi penal» y también estudió el testimonio
de los niños (1908) y el hipnotismo aplicado al procedimiento penal
(1887). Conjuntamente con Ferrero analizó la situación de la mujer
delincuente, la prostituta y la mujer normal (1890). .
Binet realizó experimentos en Francia relativos a este tema.
Escribió distintos trabajos sobre las declaraciones testimoniales entre
los que se cuenta «La science du témoignage», trabajo que data de
1905.
También estudiaron el área de los testimonios W illiam Stern y
Munsterberg. Este último autor en el año 1907 publicó una controver­
tida obra denominada «On the witness stand» que provocó un abierto
rechazo entre los juristas de la época.
El psiquiatra William Healy trabajó con delincuentes juveniles a
principios del siglo X X . Propugnó el «método del estudio de caso» con­
firiendo verdadera relevancia al cuidadoso análisis de cada caso par­
ticular.
Louis Terman, en la década del treinta, realizó sus aportes en el
área de selección de personal para fuerzas de seguridad al igual que
Louis Thurstpne.
Psicología judicial 11

J. Varendondck se interesó por la realización de experimentos a


efectos de investigar el testimonio de niños. Sus trabajos se ubican en
la década de 1910.
Altavilla en las primeras décadas del siglo, en Italia, elabora una
muy interesante obra denominada «Psicología Judicial» (1925), en dos
tomos, cuya traducción es posible obtener en castellano. Altavilla hace
un exhaustivo análisis de una serie de tem as tales como el proceso
psicológico y la verdad judicial, el proceso psicológico en la normali­
dad, teniendo en cuenta la edad y sexo, las emociones y pasiones, las
diferencias individuales, las perturbaciones del proceso psíquico, las
situaciones de los deficientes o enfermos mentales, de los que simu­
lan, de la psicología del acusado, del abogado, del ministerio público,
del juez y sus diferentes funcionarios.
Dentro del Psicoanálisis, Sigm und Freud, escribió una serie de
articulas que en algunos casos hacen reférencia a situaciones estu­
diadas por la Psicología Jurídica. Entre ellos se pueden mencionar
«La indagatoria Forense y el Psicoanálisis» (1 906), «El dictámen de
la Facultad en el proceso H alsm ann» (1 9 3 0 -1 9 3 1 ) y «El delincuente
por sentim iento de culpa» parte éste últim o de un trabajo más
amplio intitulado «Algunos tipos de carácter dilucidados por el tra­
bajo psicoanalítico» (1916). Otros escritos que contienen importan­
tes lineamientos teóricos en relación al área son: «El malestar en la
cultura», «Tótem y Tabú», «El por qué de la guerra» y «Dostoyevsky
y el parricidio» (1928). Dicho sea de paso Dostoyevsky escribió una
célebre obra literaria en la que aborda la problemática del crimen
intitulada «Crim en y Castigo». Tam bién resulta de relieve en el
área, otra de sus grandes obras llam ada «Los hermanos K aram a­
zov».
Donald Woods Winnicott, quien murió en 1971, hizo interesantes
aportaciones al campo de la psicología criminal, particularmente en el
área de la deprivación y su relación con la delincuencia. Le tocó
desempeñarse durante la Segunda Guerra Mundial como psiquiatra
consultor y su tarea estuvo relacionada también con la temática de la
evacuación de personas durante ese conflicto bélico. En estas circuns­
tancias pudo hacer interesantes observaciones relativas a los niños
deprivados y subsecuentes tendencias antisociales.
John Bowlby también estudió y encontró relaciones entre robo y
deprivación, particularmente en relación a la figura materna en la
infancia. A sí surge de su trabajo «La influencia del temprano medio
ambiente en el desarrollo de la neurosis y de la neurosis de carácter»
12 Juan H. Del Popolo

publicado en idioma inglés en «International Journal of Psicho-Analy-


sis», 21-1940.
Interesa destacar un aspecto, en relación a la obra de Winnicott, .
que debiera merecer mayor atención. Para este autor, a la conducta
antisocial de los niños puede asignársele un valor psicológico positivo
como reacción frente a la pérdida de seres queridos siempre y cuando
ella encuentre apropiada respuesta en quienes estén a cargo de ellos.
En una Carta al British Medical Journal, fechada para el día 16 de
diciembre de 1939, John Bowlby, Emanuel Miller y D. W. Winnicott,
sostienen que uno'de los factores externos que causan la delincuencia
persistente es la prolongada separación del niño y la madre cuando
aquel es pequeño. Este autor dirigió numerosas charlas radiales a
padres y padres adoptivos durarite el fenómeno bélico destinadas a
aportar conocimientos psicológicos para las familias inmersas en la
guerra.
Otro autor que desde el psicoanálisis estudió la problemática del
crimen fue Theodor Reik, quien escribió una muy interesante obra
denominada «Psiconálisis del Crimen» (1942) y otra llamada «El
impulso a confesar». En su obra analiza la importancia del sentimien­
to de culpa ep la génesis de la conducta criminal.
Jacques Lacan hizo algunos aportes al área (Crimen de las her­
manas Pappin) y escribió una «Introducción teórica a las funciones
del Psicoanálisis en Criminología».
Alexander y Staub, médico psicoanalista el primeño y jurista el
segundo, escribieron una interesante obra intitulada «El delincuente
y sus jueces desde el punto de vista psicoanalítico».
Melanie Klein realizó sus aportes dentro de esta área, especial­
mente en relación a los niños. Escribió, entre otros, dos artículos rele­
vantes: «Sobre la criminalidad» (1934) y «Tendencias criminales en los
niños normales».
En materia de delincuencia juvenil contribuyó Kate Friedlander
con su obra «Psicoanálisis de la delincuencia juvenil» cuya versión
también se consigue en lengua española. Aichom también se ocupa de
esta temática en un trabajo llamado «Wayward Youth» (1935) introdu­
ciendo el concepto de delincuencia latente presente en algunos niños
que sólo en apariencia resultan adaptados.
En la década de los treinta, otros autores desde el psicoanálisis
hicieron importantes aportes. Tal es el caso de Luis Jiménez de Asúa
quien escribió una obra intitulada «Psicoanálisis criminal» con intere­
santes aportaciones y descripciones de casos. Camargo Marín por su
Psicología judicial 13

parte, en España, escribió una obra llam ada «El psicoanálisis y la


práctica judicial».
Erich Fromm, dentro del psicoanálisis, pero adoptando una pers­
pectiva más sociológica, también contribuyó a la comprensión de la
agresión. Una de sus obras más relevantes en este sentido es «Anato­
mía de la destructividad humana».
Adler investigó en relación al complejo de inferioridad, que según
este autor, sería válido para explicar conductas delictivas que actua­
rían como mecanismo de compensación.
Jung relacionará el delito con los arquetipos inconscientes.
H. Von Henting realizó sus aportes a la materia con una completa
obra en varios tomos llamada «Estudios de psicología criminal».
También deben mencionarse las contribuciones de Eysenck a
nuestra ciencia. Entre sus trabajos se pueden mencionar «Crimen y
personalidad».
Bandura, por su parte, ha incursionado en el terreno de las expli­
caciones de la conducta criminal. Para este autor la conducta criminal
es conducta aprendida. Entre sus obras se pueden mencionar «Princi­
pios de modificación de la conducta», «Análisis del aprendizaje social
de la agresión» (1982), etc.
K ohlbert, discípulo de P iaget, relaciona la conducta delin­
cuente con los niveles evolutivos m orales alcanzado por el indivi­
duo. Uno de sus trabajos m ás im portantes es «Stages in the D eve­
lopm ent of M oral Thought and A ction », publicado en N ew York,
1969.
Emilio Mira y López realizó contribuciones en esta parcela, espe­
cialmente en el área del testimonio. Escribió una interesante obra de
la que fueron publicadas diversas ediciones, denominada «Manual de
Psicología Jurídica».
En relación con la temática específica de la psicología jurídica
merecen destacarse en lengua española los valiosos aportes realizados
por Luis Muñoz Sabaté, Ramón Bayés, Frederic Munné, quienes fue­
ron autores de una conocida obra pionera en el campo denominada
«Introducción a la Psicología Jurídica» (1980).
En la República Argentina el Profesor de la Universidad de San
Luis, Plácido Horas realizó una labor pionera.
En general, hay acuerdo en situar el gran desarrollo de lo que
específicamente se entiende por psicología jurídica a partir de 1960 o
1970. A partir de esta fecha hay una verdadera profusión de autores
y publicaciones que examinan distintos aspectos relevantes para la
14 Juan H. Del Popolo

psicología jurídica y que no resulta posible compendiar aquí en su


totalidad. Basten al respecto las citas hechas.

Asociaciones y publicaciones

Las modernas asociaciones dedicadas al estudio del fenómeno de


la interacción Psicología y Ley constituyen, como se ha dicho, una evi­
dencia de la vitalidad de la disciplina.\
Entré ellas podemos contar a la División 41, Psichology and the
Law Society perteneciente a la Asociación Americana de Psicología
creada en 1981; la División de Psicología Legal de la Asociación de
Psicología A lem ana; el Departamento de Psicología Criminológica y
Legal de la Sociedad Británica de Psicología; la Asociación Iberoame­
ricana de Psicología Jurídica; la Asociación Europea de Psicología y
Ley y la Asociación de Psicología Forense de la República Argentina.
En relación a la Asociación Europea de Psicología y Ley cabe
señalar que tiene su sede en la ciudad de Nuremberg, Alemania y
entre sus objetivos se cuenta la promoción de la investigación y desa­
rrollo, la mejora de los procedimientos legales, la enseñanza y prácti­
ca de la disciplina psicología y ley (Psicología Legal, Ley y Conducta
humana, Psicología Forense, etc.) dentro de Europa y el intercambio
de información a través del mundo.
La disciplina también cuenta con una serie de publicaciones espe­
cializadas y periódicas, la mayoría de ellas extranjeras entre las que
podemos mencionar: Forensic Psychology, Law and Human Behavior.
Law and Psychology Review, Behavioral Science and the Law, Mental
Health and Criminal Behavior.
En castellano debe destacarse el Anuario de Psicología Jurídica
del Colegio Oficial de Psicólogos de España y las publicaciones perió­
dicas de la Asociación de Psicólogos Forenses de la República Argen­
tina.
Otras publicaciones, sin estar especialmente dedicadas a la acti­
vidad de Psicología y Ley, también realizan publicaciones de la espe­
cialidad. Tal es el caso de la revista «Doctrina Penal», en Argentina o
el de los «Cuadernos de Criminología», órgano del Instituto de Crimi­
nología de la Policía de Investigaciones de Chile. Con respecto a las
publicaciones extranjeras podemos mencionar: Journal of Personality
and Social Psychology, Journal of Social Issues.
Psicología judicial 15

El modelo de subordinación

Básicam ente se ham desarrollado dos concepciones


para dar cuenta de la interacción psicología-derecho: la
de subordinación y la compleméhtariedaá,.
El modeló dé subordinación define la actividad como
una psicología aplicada ál m ejor ejercicio del derecho.
M uchos autores consideran que existe al menos una par­
cela del saber psicológico que tiene por finalidad respon­
der a las necesidades del m undo jurídico y satisfacer sus
preguntas y demandas.
Esta concepción también im peró desde la psiquiatría
forense. Al psicólogo, a partir de esta perspectiva, se lo
consideró un mero auxiliar del psiquiatra. Vicente P.
Cabello, en su obra «Psiquiatría Forense en el Derecho
Penal» (véase tomo I, pág 96), identifica o parifica infor­
me psicológico con pruebas psicotécnicas y adjudica al
psicólogo el rol de «la testista». Le atribuye un rol m era­
mente auxiliar y de subordinación, y postula que el diag­
nóstico clínico lo debe efectuar el médic'o y no la psicólo-
ga. Afirm a Cabello:

«... todo informe psiquiátrico en tanto pretenda


develar la personalidad hum ana debe recurrir al
auxilio del psicodiagnóstico, una pericia de esa
naturaleza que prescinda de los test mentales
puede ser tachada de incom pleta...»

El autor citado agrega luego: «insistim os en que la


psicotecnia es una disciplina auxiliar de la psiquiatría
como son la electroencefalografía, los análisis de labora-
16 Juan H. Del Popolo

torio, los exámenes radiológicos, aunque ocupa dentro del


equipo un puesto de privilegio, dada la índole de su /
cometido» (véase obra citada, tomo I, pág. 283). /
Esta concepción de la psicología en relación con la
actividad judicial, nos revela un claro modelo de su bord i-.
nación de la psicología a la psiquiatría. En otros casos se
plantea la subordinación de la psicología al derecho. Su
papel se lo reduce a cooperar concia adm inistración de
justicia, a responder a las necesidades y preguntas del
derecho,"á realizar aplicaciones de los conocimientos psi­
cológicos al terreno legal. Otros creen que el rol del psi­
cólogo en el mundo del derecho es exclusivamente el de
un profesional capaz de responder a las consultas de los
abogados, jueces y juristas, de servir a los Tribunales de
Justicia y sistemas correccionales, de la policía, etc...
Cierto es que no hay inconveniente alguno en que el
psicólogo responda a las preguntas de los Tribunales, y
sirva a la adm inistración de justicia, colaborando en lo
que le sea posible para una mejor administración de ese
servicio. Pero debemos preguntarnos si la esencia de su
rol en relación al mundo jurídico queda agotada en este
modelo que Hemos llamado de-subordinación.
El m odelo de subordinación tiene el defecto de fijar el
quehacer del psicólogo, en este campo, a lo que está defi­
nido en un momento dado como derecho.
Tiene también el problema, derivado de la situación
anterior, de aparecer respondiendo a preguntas desde el
derecho; sin embargo una contribución muy importante
que puede realizar es la d e p r e g u n t a r le al d e r e c h o
p o r la r a c io n a lid a d , p o s ib ilid a d y c o n v iv e n c ia , d e
su s c o n c e p t u a liz a c io n e s y n o r m a s d e s d e el p u n to
Psicología judicial 17

de vista de lo psicológico. Puede desde esta perspecti­


va, preguntándole al derecho, llevar a un co-pensamien-
to, que pueda hacer repensar parcelas del derecho. De
esta forma no participam os de una concepción de la psi­
cología jurídica en la que una ciencia pregunta y 1a otra
responde, y no intercam bian pensam ientos. Se trata de
un modelo lineal, de flujo unidireccional.
Tampoco participam os de la idea de que esta activi­
dad de la psicología, preguntando al derecho y reflexio­
nando psicológicamente sobre él, deba quedar relegadá a
un compartimento estanco, a un sector escindido de las
restantes actividades psicológicas que se relacionan con
el mundo jurídico.
En cualquier tipo de actividad psicológica desarrolla­
da por psicólogos en el área jurídica debe existir una
reflexión y análisis «psicológico» de la realidad con la que
se está tratando para poder lograr, en definitiva, una
buena actuación. Ejemplificaremos este punto.
Aún cuando el psicólogo esté trabajando en el terre­
no de lo pericial y se le form ulen concretas demandas a
elucidar, no puede dejar de pensar, desde la perspectiva
psicológica, acerca de la m ism a demanda pericial. Debe,
por ejemplo, analizar si le es psicológicam ente posible
responder esas preguntas. Esto im plica que no se coloca
en el papel simplista de responder a las preguntas que
el derecho le hace. Am én de ello, para una m ejor contri­
bución científica debe haber analizado los supuestos
implícitos y explícitos psicológicos sobre los que se asien­
ta el foco pericial para poder conocer los límites y posi­
bilidades de su actuación. Este conocimiento deviene de
haberle preguntado al derecho por los supuestos implíci-
18 Juan H . Del Popólo

tos y expresos de su actividad en ese terreno pericial y


de haber examinado suficientem ente sus «ojos de cerra­
dura», térm ino que lüego explicitarem os. Parte de e s t a /
tarea se desarrolla «inform alm ente» en la práctica cuan­
do el psicólogo ayuda al m agistrado a definir los puntos
de pericia que pueden ser científicam ente respondidos.
En estas consultas «inform ales», más allá de los Códigos
de rito que.prescriben que es el juez, quien debe fijar los
puntos de pericia, vem os una lógica actividad de diálogo
(y no de modelo alguien pregunta, alguien responde)
entre el m undo de lo jurídico y el de lo psicológico. Es
natural que así sea ya que resulta bastante ilógico que
alguien pueda preguntar sin saber qué es lo que se pue­
de preguntar y responder. Como observa cualquier per­
sona con m ínim a práctica en el campo de la psicología
jurídica, muchas veces las preguntas de los profesiona­
les del derecho no tienen posibilidad científica de ser
respondidas y en m uchas ocasiones no se preguntan
cuestiones verdaderam ente relevantes e ilustradoras
para el caso en juzgam iento desaprovechando valiosas
observaciones factibles de hacer por el profesional psicó­
logo. Este modelo de subordinación delata en el fondo un
pensamiento de tipo lineal, no abierto a la complejidad,
ni a la interacción. Esta interacción puede tener inm en­
so valor, incluso desde la práctica profesional, al crear
nuevas respuestas para una situación concreta y rom per
estereotipos.
En la práctica profesional de la psicología jurídica es
dable ver como muchos operadores form alm ente m antie­
nen la concepción de subordinación científica en tanto
que en la práctica operan con un concepto de complemen-
Psicología judicial 19

tariedad, que m antienen inconfeso, «a escondidas». Esta


es una disociación inaceptable.
La crítica a este modelo de subordinación no implica
plantear la difusión de roles entre juez y psicólogo, o que
deba existir una decisión cogestionada, o que el juez pase
a ser psicólogo y el psicólogo juez, etc.
Se trata básicamente de un modelo epistemológico, de
una manera de situarse frente al conocimiento, más allá
de sus consecuencias prácticas.
El modelo de subordinación lo vemos tam bién refleja­
do cuando la psicología jurídica reproduce las clasificacio­
nes del derecho para la ordenación de sus propios sabe­
res. Así como el derecho plantea un derecho de familia,
penal, penitenciario, de menores, civil, así la psicología
jurídica suele plantear una psicología pericial de familia,
de menores, civil, penal penitenciaria, etc. Sin perjuicio
de que la actividad se pueda ordenar por quehaceres, ello
no implica que la m ism a deba quedar reducida a ellos, en
una reproducción en espejo de la taxonom ía de otra cien­
cia, que bien puede no ser la más valiosa para el desarro­
llo de la psicología jurídica.
El m odelo de «subordinación» im plica para muchos
psicólogos una posición cómoda, no generadora de las
angustias que conlleva el pensar, el proponer, el crear
respuestas, el cuestionamiento. El modelo de complemen-
tariedad, que seguidam ente describirem os im plica un
riesgo y desafío mayor.
20 Juan H. Del Popolo

E l m o d e lo de c o m p le m e n ta r ie d a d

Frente al m odelo de subordinación de la psicología al


derecho o la psiquiatría, planteamos el modelo de c o m ­
p le m e n t a r ie d a d . Este planteo no se realiza por el
placer de una m era disquisición teórica, sino que está
dirigido a una .optim ización de saberes. El m odelo de
subordinación suboptim iza las posibilidades del conoci­
miento al aislar las disciplinas en compartimentos estan­
cos reproduciendo antiguos modelos epistemológicos.
Por las razones expuestas es que no le conferimos a la
psicología jurídica el carácter de ciencia «aplicada» o
«auxiliar» del derecho, puesto que el conjunto de los cono­
cimientos psicológicos alcanza ya tal densidad que resul­
ta factible que’ no solamente esta parcela científica res­
ponda a las preguntas que desde el derecho se le puedan
formular, sino que también puede analizar, comprender y
criticar psicológicam ente los institutos del derecho, sien­
do tales actividades extremadamente útiles, jncluso des­
de tareas tan prácticas como el cotidiano quehacer peri­
cial. !
Debe aclararse que complementariedad no significa
confusión de saberes. Se trata en todo caso de la intersec­
ción de saberes, pero en los que cada disciplina conserva
ámbitos específicos. Complementariedad abre tam bién la
perspectiva a un diálogo, una interacción con lo jurídico,
desde una posición propia, pero con apertura a otros
saberes.
Psicología judicial 21

Concepto de psicología jurídica

En base a lo expuesto es que form ularem os un con­


cepto de psicología jurídica:

«es el estudió desde la perspectiva psicológica de


conductas com plejas y significativas en forma
actual o potencial para lo jurídico, a los efectos de
su descripción, análisis, comprensión, crítica y
eventual actuación sobre ellas, en función de lo
jurídico».

Análisis del concepto

Analizarem os algunos aspectos de este concepto.

«Estudio desde una perspectiva psicológica...»

Reconocemos que se trata de una «perspectiva» y no


de la «perspectiva». Es una de las tantas formas en que
sé puede observar un fenóm eno de conducta. Hay otras
maneras de observarlo: antropológica, médica, psiquiátri­
ca, biológica, cultural, histórica, sociológica, etc. Pero
esta manera de observar tiene una especificidad: es psi­
cológica. Asienta sobre el estudio del comportamiento,
sobre la comprensión de la conducta y más acotadamente
sobre los procesos mentales.
Este concepto hace compatible el accionar psicológico
en el ámbito jurídico con el de otros profesionales de
otras disciplinas- evitando caer en reduccionismos. Es un
22 Juan H. Del Popolo

concepto abierto a la complejidad y a la interdisciplina,


pero que a la vez reconoce un ámbito específico de acción/
Cuando hacem os referencia a «perspectiva psicológica»
no excluimos aporte alguno de la psicología como ciencia.
El aporte podrá provenir, como de hecho ha ocurrido en
la práctica, de la psicología experimental, cognitiva, psi-
copatología, sistémica, grupps, psicoanálisis, etc.

«...d e conductas com plejas...»:

La conducta de por sí es com pleja puesto que está


densamente intersectada por múltiples significados posi­
bles.
Desde la m ism a perspectiva psicológica puede ser
exam inada a partir de distintos horizontes, como lo vere­
mos en la pericia, al adoptar una perspectiva: pericial
m ultifactorial. Podemos analizar la conducta desde dis­
tintos factores: a) desde el contexto m ínim o donde el
hecho a estudiar ha tenido lugar, b) desde su contexto
grupal, de familia de origen o familia actual, c) desde la
conducta vista en un contexto más amplio como el de la
comunidad donde la misma ha tenido lugar, y a. partir de
determinados constructos individuales.
Al tratar los aspectos periciales profundizarem os al
respecto. Si se recepta esta perspectiva de complejidad se
recala tam bién en la aceptación de la lim itación y de la
humildad en la comprensión de la conducta. El término
«perspectiva» tam bién involucra que uno es sabedor de
que está manejando un recorte de la realidad, observan­
do desde un determinado campo. Esto hace que se deba
tener presente la validez y confiabilidad del instrumento
Psicología judicial 23

o modelo teórico con el que se está operando. Nos permite


preguntarnos en relación a los elementos acerca de los
que válidamente puede dar cuenta el marco teórico.
No hay instrum ento o modelo teórico alguno que pue­
da dar cuenta en forma válida de todo lo observable. N or­
malmente los m odelos teóricos dan cuenta de algunos
observables con nitidez acorde al campo de observación y
la perspectiva del observador. Existen elementos de ese
campo que no pueden ser observados por ese instrum en­
to teórico con igual nitidez y que quedan borrosos o con­
fusos para esa posición de observación.
. A partir de este principio es que resultan valiosos los
enfoques interdisciplinarios, puesto que las distintas
perspectivas perm iten dar cuenta con mayor nitidez, de
múltiples, observables útiles para la comprensión más
unificada del fenóm eno de conducta. Esta actitud podrá
también potenciar las posibilidades de encontrar mejores
soluciones alternativas para problemas humanos relacio­
nados con la disfunción social y que atiendan a la mejora
en la calidad de vida.
Esta complejidad no sólo ha de tenerse en cuenta a la
hora de analizar y visualizar los fenómenos en examen,
sino tam bién al m om ento de actuar estratégicamente
sobre ella. Valiéndose de este modelo se podrán diseñar
estrategias complejas y optimizadoras de cambio.
Por otra parte al enfrentarse con la complejidad el
psicólogo puede entablar diálogo con otras realidades que
posibiliten una am pliación y cuestionamiento de su
saber.
Claro es que, enfrentarse con la complejidad, y la
multiplicidad de inform ación no es sencillo.
24 Juan H. Del Popolo

Precisamente, nuestro m om ento cultural nos sitúa


frente a una a v a la n c h a d e in fo r m a c ió n y c o m p le ji­
d ad . Hoy no tiene s e n t id o caer en reduccionismos fren te''
a la catarata de información y conocimientos provenien­
tes desde los más diversos frentes que nos ilustran desde
«perspectivas» tan diferentes (así por ejemplo, téngase en
cuenta transform aciones producidas por el computador,
las redes informáticas, etcéterá).
No es útil negar las «perspectivas», sino tom ar cuenta
de su existencia, moverse entre ellas y construir creati­
vamente versiones más completas sabiendo elegir líneas
de fuerza de la m ultiplicidad, asomándose a la abismal
multidimensión de la vida y de los fenómenos, abriéndo­
nos a nuevas comprensiones para la psicología jurídica.
Estas «creaciones» para tratar de com prender más,
son un verdadero desafío para el científico actual.
Pero estos ingresos a la complejidad abren la posibi­
lidad de nuevas respuestas que no se alcanzarán por la
simple recolección estadística de datos. Estos «insight»
suscitan la comprensión más profunda del problema y el
comienzo de la búsqueda de alternativas y soluciones
más justas.
/ Esta concepción sitúa a la psicología jurídica como
una forma de entender los fenómenos de la complejidad,
i, a partir de un nivel: la in t e g r a c ió n p s ic o ló g ic a .
Pero el enfrentar la complejidad produce angustia.
Tradicionalmente hay dos maneras de negar esta angus­
tia de la complejidad y del reconocimiento del límite y de
la ignorancia, y que los profesionales de la salud mental
debemos saber reconocer:
a) La impotencia: el psicólogo frente a la situación en
Psicología judicial 25

examen siente que nada puede hacer, que su tarea es


estéril, que hasta que no cambien las «estructuras» nada
. podrá hacer, que está preso del mecanismo de poder, etc.
b) La omnipotencia: normalmente la respuesta om ni­
potente se encam ina por el lado del reduccionismo. Se
toma un factor de la complejidad, biológico, social, psico­
lógico, psicopatológico, y se hace de su influencia un dog­
ma de fe. Se absolutiza esa verdad relativa con pérdida
de la com prensión del fenómeno en general. A partir de
e s t a . seudo-com prensión se piensa ingenuam ente que
modificando tal o cual factor (control social-pobreza, acce­
so y oportunidades, etc.) se modificará la realidad total.
La im agen de las capas de una cebolla puede ayudar
para la com prensión de este punto. Vemos en ella una
amplia confluencia e interceptación de capas, de xnanera
volumétrica. De la misma manera los fenómenos que se
presentan en este campo de estudio suelen estar densa­
mente interceptados. Los fenómenos no suelen estar aco­
tados en sus variables ni éstas, en la realidad, resultan
fáciles dé acotar o aislar. Existe uná densa concurrencia
de factores interactuantes. A todo esto cabe decir que los
«factores» m uchas veces en realidad son construidos y
aislados teóricamente.
Dentro del mismo campo de la psicología, el fenómeno
de la conducta puede ser analizado desde muy distintas
perspectivas y contextos. Hay una amplia gama de cono­
cimientos psicológicos que pueden ser de muchísima uti­
lidad para estudiar un determinado asunto, por ejemplo,
uno sometido a pericia. Esto en un doble nivel al menos:
a nivel de distintas perspectivas teóricas (cognitiva, psi-
coanalítica, sistém ica, del aprendizaje, grupal, familiar,
26 Juan H. Del Popolo

etc.) y de distintos factores operando en el campo (fuerza


del yo, tolerancia a la frustración, ansiedades, defensas,
super yó, estadio moral, aprendizaje, contexto de interac­
ción con la víctima, si es un asunto penal, familiar, gru­
pos de inserción, subcultura, etc.).

L a c o m p le jid a d y o tra s cie n cia s

Esta complejidad también es abarcada por otras ciencias más allá


de la psicología jurídica. Conviene tener con respecto a ellas, una
noción, aunque más no sea sumaria, a los efectos de poder acercarnos
a un trabajo que contemple la apertura a lo interdisciplinario. Breve­
mente las conceptualizaremos:

Psiquiatría forense

* M a r c ó R ib é : la ha definido como la psiquiatría en función de


la justicia y dice que su objeto de estudio es el hombre enfermo de la
mente, ya sea violador de la normativa jurídica, ya sea necesitado de
protección jurídica. ;
* V ic e n te P. C a b e llo : conceptualiza la psiquiatría forense penal
como la aplicación de los conocimientos psiquiátricos a la teoría y
práctica del Derecho Penal.
* J o s é M a r ía C o d ó n e I g n a c io L ó p e z S a iz en su obra «Psi­
quiatría Jurídica Penal y Civil» definen a la Psiquiatría jurídica (no
ya forense) siguiendo a Weigandt como la ciencia que se propone acla­
rar los casos en que alguna persona por el estado especial de su salud
mental necesita una particular consideración ante la ley.
* N e r io R o ja s : para este autor la psiquiatría forense abarca el
estudio de todas las cuestiones legales vinculadas con los alienados.
* E m ilio B o n n e t: esta disciplina estudia la personalidad anor­
mal del individuo humano, en relación de dependencia con la legisla­
ción de cada país.
Psicología judicial 27

Criminología

* A n to n io G a r c ía P a b lo s d e M o lin a : la define en su «Manual


de Criminología» (pág. 41) como la ciencia empírica interdisciplinaria
que se ocupa del crimen, del delincuente, de la víctima, del control
social y del comportamiento desviado.
* G ü n th e r K a is e r : la conceptualiza como la totalidad ordenada
acerca del saber experimental del crimen, del infractor, de las normas
jurídicas, del comportamiento social negativo y del control de dicho
comportamiento.
* R a fa e l G a r ó fa lo : para este autor en la ciencia general de la
criminalidad y de las penas.
* J o sé In g e n ie r o s : la conceptualiza como ciencia del delito.
* H a n s G o p p in g e r : considera a la criminología como una ciencia
empírica e interdisciplinaria y que se ocupa de las circunstancias de
la esfera humana y social, relacionadas con el surgimiento, la comi­
sión y la evitación del crimen, así como del tratamiento de los viola­
dores de la Ley.
* M ic h e la n g e lo P e lá e z : considera la criminología como una
ciencia de hechos, cuyo objeto es el fenómeno criminal, recordando
que está estrechamente vinculado con una realidad normativa, el cri­
men, cuya existencia depende de una definición legal y cuyo estudio
esta confiado a una disciplina jurídica, el Derecho Penal (tomado del
«Diccionario de Derecho Penal y Criminología» de Raúl Goldstein,
Astrea, Bs. A s. 1993)

Antropología criminal

* R o d r íg u e z M a n z a n e r a : «estudio de las características del


hombre criminal desde el punto de vista físico o cultural».

Biología criminal

Estudia el efecto de los factores de tipo biológicos en el sujeto del


crimen y en la criminalidad en general.
28 Juan H. Del Popolo

Sociología criminal

* O sv a ld o N . T h ie g h i: «es la ciencia que estudia el delito como


fenómeno social, es decir la criminalidad en toda su complejidad y la
pena en cuanto reacción social, en sus orígenes, evolución y significa­
ción y en sus relaciones con los demás fenómenos sociales relaciona­
dos con una y otra» (concepto que a su vez toma del Diccionario de
Sociología de Henry Pratt Fairchild Bs. As. 1974 Fondo de Cultura
Económica, transcripto en op. cit. pág. 389).
* H é c to r S o lis Q u iro g a : citado'por R. Manzanera (op cit pág 68)
dice que se «llama sociología porque estudia los hechos sociales, las
interacciones humanas, el real acontecer colectivo, y busca su com­
prensión y entendimiento mediante el descubrimiento y sus conexio­
nes de sentido. Se califica de criminal porque concreta su estudio a los
hechos delictuosos, solo que considerados en su masa o totalidad» .

Victimología

* R a ú l G o ld s te in : en su Diccionario de Derecho Penal y Crimi­


nología la conceptualiza como la parte de la Criminología que estudia
a la víctima (pág. 929)

Fenología

* C u e llo C a ló n : es la ciencia que se ocupa del estudio de los


diversos medios de represión y de prevención directa de delito (penas
y medidas de seguridad) y .especialmente de su ejecución y de la
actuación penitenciaria.
* R o d r íg u e z M a n z a n e r a : es el estudio de la reacción social con­
tra personas o conductas que son captadas por la colectividad (o por
una parte de ellas) como dañinas peligrosas o antisociales.

Medicina forense

* A lfr e d o A c h a v a l: es la aplicación de los conocimientos médicos


a los problemas legales o derivados de la legislación.
* G isb e r t C a la b u ig : es «el conjunto de conocimientos médicos y
Psicología judicial

biológicos, necesarios para la resolución de los problemas que plantea


el derecho, tanto en la aplicación práctica de las leyes como en su per­
feccionamiento y evaluación».

Política criminal

* H a n s G o p p in g e r : es una ciencia que se ocupa de la política de


reforma del derecho penal en sentido amplio y de la ejecución de la
lucha contra el crimen por medio del Derecho Penal.
* C o u siñ o M a c Iver: (Diccionario de Goldstein ya mencionado)
dice que la política criminal es el arte de legislar y comprende la crí­
tica y la reforma de la ley vigente así como la iniciativa para la crea­
ción de nuevas instituciones.
* G iu se p p e M a g g io r e : entiende que la política criminal es la
ciencia o arte de los medios que se sirve el estado para prevenir y
reprimir delitos.

Criminalística

* R o d r íg u e z M a n z a n e r a : es el conjunto de procedimientos apli­


cables a la búsqueda, descubrimiento y verificación científica del
hecho aparentemente delictuoso y del presunto actor de este.
Entre sus disciplinas se cuenta la balística, el estudio de docu­
mentos, accidentología vial, estudio de huellas y manchas, fotografía
forense, explosiones, incendio planimetría, etc.
Existen también otras disciplinas que colaboran en la investiga­
ción de hechos delictivos tales como la química forense, la bioquímica
forense, la odontología criminal, la estadística, etc. Dentro de las cien­
cias jurídico-penales encontramos al Derecho Penal, Derecho Procesal
Penal, Derecho de Ejecución Penal y al Derecho Policial.

Hemos hecho referencia a estas disciplinas, relaciona­


das con el estudio del fenómeno criminal, para poner de
manifiesto la complejidad de este fenóm eno de conducta
que es estudiado desde más que m últiples perspectivas.
Debe recordarse que la psicología jurídica no sólo se
30 Juan H. Del Popolo

ocupa de fenómenos relacionados con la criminalidad. No


compartimos, por ende, la posición de algunos a u to r e s /
que centran el interés de la psicología jurídica en lá
investigación de la conducta delictiva. Tal es la opinión
de M ario Coscio y Eleonora Zenequelli (1980) quienes
expresan que la Psicología Jurídica tiene como objetivo'
fundamental el estudio de la? motivaciones que impulsan '
al acto delictivo y de los mecánismos de la personalidad i
del delincuente, que son puestos en funcionamiento fren­
te a determinados hechos que actúan como desencade-_
nantes. Esta es solamente una parcela de actuación. Por
tanto, y con relación a otros fenómenos de conducta que
estudia la psicología jurídica, es posible encontrar gran
densidad de ciencias interesadas desde diversas perspec­
tivas en esos fenómenos, tales como las ciencias que pue­
den llegar a arrojar m ayor luz sobre los asuntos y con­
ductas de la familia, menores, adopciones, etc.
Se trata entonces de imaginar estos fenómenos de con­
ducta de los que se ocupa la psicología jurídica en forma
volumétrica, interceptados de múltiples maneras. Además
de ello, los fenómenos no son estáticos sino dinámicos, en
modificación permanente. En la práctica esto significa que
debe uno prever estrategias de abordaje que puedan dar
cuenta en forma aproximada de esta complejidad volumé­
trica y que también puedan observar el fenómeno en for­
ma dinámica y no estática.
En el terreno pericial, y a manera de ejemplo, esto
conllevará la necesidad de un abordaje multifactorial, y
múltiple en el tiem po, teniendo en cuenta las caracterís­
ticas dinámicas de los fenómenos bajo examen. Por otra
parte, la visión m ultifactorial no se concilia con una
Psicología judicial 31

suma de fenómenos sino con una visión integrada de la


pluralidad.

Proseguiremos con el análisis del concepto propuesto


de psicología jurídica:

«Conductas.. .significativas en forma actual o poten­


cial para lo jurídico...»

La conducta de la que se ocupa la psicología jurídica ,


j no es cualquier conducta sino aquella relevante, en for- ¡
: ma actual io potencial, para el mundo de lo jurídico. ^ _
- Con los términos actual o potencial queremos signifi­
car que la psicología jurídica no solamente se puede ocu­
par de la conducta actualmente relevante para lo ju ríd i­
co, sino también de aquella, que puede llegar a serlo.
En cuanto a la expresión «jurídico» como bien indica
Pedro Bertolino, m undo jurídico significa algo complejo
abarcador de derechos de todo tipo, conductas, normas,
valoraciones. Para el autor citado, el m undo jurídico en
su estructura presenta una dim ensión sociológica, nor-
m ológica y dikelógica. Para Werner Goldschmidt el fenó­
meno jurídico se conform a con elem entos de distinta
Indole que pueden designarse someramente mediante las
voces: conducta, norm a y justicia.
Esta concepción de lo jurídico es más amplia que
algún ordenam iento norm ativo especifico contenido en
algún código usualmente llamados «derechos», tales como
el «Derecho Laboral», «Penal», «Civil», e t c .1

1 En otras palabras sé estudian desde una perspectiva psicológica los


fenómenos jurídicos integrados por normas (con respecto a ellas se pueden
32 Juan H. Del Popolo

El estudio de la conducta significativa para ese m un­


do jurídico así conceptualizado, desde la perspectiva psi­
cológica, es m ateria propia de la psicología jurídica.
Claramente el concepto se abre no sólo al derecho
positivo actual y vigente, sino a potenciales ordenam ien­
tos jurídicos. Facilita, por ende, la participación de la psi­
cología jurídica en la gestación de proyectos alternativos
y en la crítica al sistema vigente.Este concepto resulta
abarcador de todas las áreas de lo jurídico y de cualquie­
ra de sus actividades: conducta de operadores del siste­
ma judicial, prevención, legislación, ejecución, conducta
institucional de organismos judiciales, asuntos de fam i­
lia, menores, penales, policiales, correccionales, trata­
mientos, etc. La especificidad no esta dada por el hecho
de que sean conductas significativas para el mundo ju rí­
dico, dado que una amplia gama de conductas pueden
reunir esta calidad, sino porque la descripción, análisis,
comprensión, critica y eventual actuación sobre esas con­
ductas está en función de lo jurídico, que rio es lo mismo
que en función de un derecho determinado. La norm a es

indagar psicológicamente sus .supuestos conductuales implícitos, explícitos,


conducencia, capacidad para motivar en orden a su cumplimiento, sentimien­
tos que provocan, idoneidad para comunicar, aspectos semánticos, etc.), con­
ductas en relación a normas y valores de los distintos partícipes de la activi­
dad (abogados, jueces, defensores, fiscales, partes, imputados, víctimas,
testigos, organismos e instituciones, y sus interrelaciones sistémicas) y valores
(sentimiento de lojusto-injusto, valores enjuego en relación a la norma, esta­
dios morales, etc.). El concepto resulta abarcador de distintas actividades que
se han propuesto como ramas o subdivisiones de la psicología jurídica o foren­
se. Creemos que trabajar con este concepto de psicología jurídica resulta valio­
so porque permite enfocar cada tarea en forma multidimensional, captando
desde lo psicológico, normas, conductas y valores presentes (aspectos que
caracterizan al fenómeno “jurídico”) enriqueciendo la perspectiva.
Psicología judicial 33

tan solo una parte de lo jurídico. Se supera también con


este concepto lo que trasunta el concepto de psicología
forense como actividad, aplicada a lo relacionado con los
tribunales, que es en todo caso una parte de la actividad
.jurídica..... -
' El mundo jurídico es una realidad perceptible. La psi­
cología jurídica puede exam inar tanto las conductas de
ese mundo, como las norm as por las que se rige y sus
valores, desde una perspectiva psicológica.
Con este concepto se engloban actividades que diver­
sos autores habían diferenciado y que seguidamente exa­
minaremos.

Modelos propuesto para diferenciar las distintas ramas


.de la Interacción psicológica y ley

Muñoz Sabaté diferenciaba entre:

1) Psicología. deJ, Derecho.


2) Psieologíaven_ePDerecho.
3) Psicología para el Derecho.

La psicología del derecho según este autor trataría de


explicar la esencia jurídica. Indaga sobre la esencia de lo
jurídico, de lo justo como experiencia psíquica.
La psicología en el derecho, según Muñoz Sabaté,
sugiere la idea de que todo el derecho, o gran parte del
mismo, está lleno de componentes psicológicos y que por
lo tanto requiere de la psicología para su puesta en fun­
cionamiento. Esta disciplina trataría de indagar en cuan-
34 Juan H. Del Popolo

to a los componentes psicológicos en la norm ativa del


derecho. /
La psicología para el derecho tendría funciones esen­
cialmente probatorias.
Estas tres actividades en realidad quedan englo­
badas en el concepto que hemos propuesto. Desde una
perspectiva psicológica es posible indagar el v a lo r (parte
de lo jurídico), la experiencia de lo justo como experiencia
psíquica y también investigar desde una perspectiva psi­
cológica los supuestos implícitos y explícitos psicológicos
de una norma (norma, tam bién parte de lo jurídico) como
conductas sometidas al terreno de .lo jurídico.
Todas estas actividades tienen cabida dentro de una
psicología aunque sea aplicada a resolver un problema
jurídico. Así, y a manera de ejemplo, cuando se está
investigando sobre jurados se puede perfectamente tomar
en cuenta la vivencia de lo justo como experiencia psíqui­
ca para este jurado, como así también los componentes
psicológicos de las normas propuestas para que ese jurado
juzgue y a la vez, los aspectos psicológicos de la actividad
probatoria presentada ante ese jurado. Cuando se está'
actuando como perito es conveniente tener en cuenta des­
de lo contratransferencial las vivencias de lo justo-injusto
en el propio perito, como los supuestos psicológicos de las
normas relacionadas con la actividad pericial (incluso
para ver si desde la psicología se puede satisfacer la
demanda en forma real contenida en esas normas) y los
aspectos psicológicos de la actividad probatoria (tales
como dichos de testigos, sus influencias por factores psico­
lógicos, fenómenos de transferencia inconsciente, de foca- i
lización, aspectos de m em oria que puedan afectar la evo- ¡
Psicología judicial 35

cación, aspectos comunicacionales y de sesgo del interro­


gatorio, e t c .).
En realidad proponem os una visión integradora del
potencial de la psicología en relación al derecho. E vita­
mos disociaciones que pueden suboptimizar los resulta­
dos de la interacción psicología-derecho.
Veamos otros autores que tam bién subdividen esta
materia en. diyersas áreas a los efectos de tener un cono­
cimiento más completo en relación al concepto de psicolo-
'g ía jurídica.
C la p a r é d e (1908) ya hablaba de una psicología legal
que a su vez dividía en psicología judicial y psicología cri­
minal.
La psicología ju d icia l, según este autor, hacía refe­
rencia al estudio de los hechos relativos a la actividad
judicial.
La psicología criminal estudiaba la ciencia del crimen
y de la criminalidad.
E n r ic o F e r r i en el año 1925 diferenciaba:
Psicología crim inal: que estudia al delincuente en
cuanto autor del delito.
Psicología ju d icia l: estudia la conducta del delincuen­
te en cuanto se lo imputa en el proceso penal, parte lesio­
nada, parte denunciante, testigos y acusador, defensor,
juez.
Psicología carcelaria: lo estudia en calidad de conde­
nado.
Psicología legal: que coordina las nociones psicológi­
cas y psicopatológicas necesarias para la aplicación de
las normas penales vigentes sobre las condiciones del
m enor (discernim iento), del enfermo m ental, del sordo­
36 Juan H. Del Popolo

mudo, del ebrio, como también de sus peculiares situacio­


nes agravantes o excusantes.
A d e la G a r z ó n también diferencia actividades d e'la
psicología. Expresa que la psicología jurídica hace refe­
rencia a los fundamentos psicológicos del derecho; a las
raíces sociales y psicológicas que hicieron necesaria su
aparición.
Esta autora se refiere también a la psicología forense
o judicial y la define como la aplicación de la psicología a
la práctica profesional del jurista.
F r ie d m a n n diferencia una psicología en el derecho y
una psicología del derecho.

a) La psicología en el derecho, para este autor, parte


del marco legal y es un auxiliar en la planificación legal.
b) La psicología del derecho se encargaría del estudio
de los aspectos psicológicos del derecho.

H a n e y (1980) y B a r to l (1983) -según relata Hess-


describen tres formas en que psicología y ley se relacio­
nan o para usar el término filosófico, «participan».
Psicología en el derecho: hace referencia a las especí­
ficas aplicaciones por psicólogos tales como la pericia
acerca de la insania o acerca de si las condiciones de una
prisión son escandalosas al punto de violar la quinta y
catorce enmienda, o si tal o cual padre es más hábil para
la custodia del niño (se refiere el autor a la legislación
estadounidense).
Psicología y derecho: estudian las facetas del sistema
legal en temas tales como la discrecionalidad policial
cuando llam a a una esposa abusada (violencia sobre la
Psicología judicial 37

mujer), validez del testigo ocular, decisiones estratégicas


de los abogados en el procedim iento de selección de ju r a ­
dos, los efectos de los estándares de prueba cuantitativos
versus los cualitativos, sobre las decisiones del jurado, o
cómo las víctimas pueden ser m ejor tratadas tanto como
para no provocar traum as emocionales adicionales y que
les sea posible rendir un testimonio más revelador.
La psicología de la ley. trata asuntos abstractos tales
como por qué algunas leyes son obedecidas y otras burla­
das; cómo el delito de cuello blanco, el delito de corpora­
ciones o los criminales de corporaciones y los contamina­
dores ambientales racionalizan sus crímenes; y cómo
influye el empleo de guardianes mujeres en estableci­
mientos de detención de hom bres en contraste con el
empleo de guardias hom bres en establecimientos de
mujeres, o cómo los ciudadanos experimentan el stress
del crimen, etc.
R a im u n d J a k o b (1992) en Alem ania diferencia dos
ramas:
a) Psicología del derecho: que es conceptualizada
como la investigación de la esencia y significado de la ley
y justicia como fenóm eno psicológico. Se trata de una
rama no legal y teorética.
b) Psicología en el derecho: rama más empírica y psi­
cológica que es descripta como la psicología al servicio de
la ley, o sea de psicología aplicada.
Aun cuando a nivel teórico puedan hacerse estas dis­
quisiciones, en la tarea práctica del psicólogo existe una
superposición de estos planos que no pueden ni deben ser
ignorados, y a riesgo de ser reiterativos, diremos que
cuando se están aportando conocim ientos psicológicos a
38 Juan H. Del Popolo

los efectos de ayudar en la valoración de una prueba, por


ejemplo testim onial o confesional, necesariamente deben
tenerse presentes los supuestos psicológicos en los que' se
fundan las normas jurídicas de esa parcela de actividad
judicial, al menos para optimizar el trabajo y tener bien
en claro el sentido de los focos y de la demanda pericial,
y las vivencias de lo justo-injusto ligadas a la situación y
que se puedan suscitar en los operadores del sistema,
particularmente en el propio psicólogo que está operan­
do, a los fines contratransferenciales, o con la finalidad
de no sesgar la inform ación a proporcionar.
Se propone entonces un abordaje que no fracture inne­
cesariamente la realidad en compartimentos estancos..
Por esta razón optimizadora de saberes es que propo­
nemos un concepto de psicología jurídica comprensivo de
las distintas actividades muchas veces superpuestas en
la práctica, separables en todo caso en el terreno de lo
especulativo, pero que en el quehacer cotidiano la m ayo­
ría de las veces se encuentran unidas en forma i n e x t r i ­
cable por m últiples interacciones. Si la consideración de
este entramado sé deja de lado, se pierde la captación de
múltiples significados sumamente útiles para, la com ­
prensión psicología de la conducta en relación a la activi­
dad jurídica.

Continuaremos con el análisis del concepto de Psico­


logía Jurídica:

«...a los efectos de su descripción, análisis,com ­


prensión, crítica, y eventual actuación sobre ellas
en función de lo jurídico».
Psicología judicial 39,

Se trata entonces de una serie de actividades que se


realizan a partir del estudio de esas conductas desde la
perspectiva psicológicá.
. Interesará .en primer lugar describir esa conducta en
términos psicológicos; analizarla, examinarla en sus par­
tes constitutivas hasta llegar a conocer sus principios o
elementos. También comprenderla en términos psicológi­
cos y con sentido crítico y eventualmente podrá interesar
actuar sobre ella, por ejemplo, cuando se plantea la
modificación de una institución judicial, o una m odifica­
ción dé conducta de los operadores o de las personas
sometidas al sistema judicial.
Estas tareas, obvio es que se realizan orientadas al
mundo jurídico, en función de lo jurídico.
El concepto es lo suficientemente amplio como para
posibilitar múltiples interacciones entre psicología y dere­
cho y superar el aislamiento que predominó durante
muchos años entre ambas disciplinas. Todas tienden a pro­
poner puntos de contacto entre ambos subsistemas, aun a
riesgo de difuminar algunas superficies de contacto entre
ambas disciplinas.

Otras concepciones de la psicología forense

J a v ie r U r r a P o r t illo : la define como la ciencia que


enseña la aplicación de todas las ramas y saberes de la
psicología ante las preguntas de la justicia, y coopera en
todo momento con la Adm inistración de justicia, actuan­
do en el foro (tribunal) mejorando el ejercicio del derecho.
40 Juan H. Del Popolo

B a r ío l y B a rto l: (1987) definen la Psicología Foren­


se como: /

a) Las investigaciones encam inadas a elucidar la


relación entre comportamiento humano y procedimiento
legal, como por ejemplo, estudios experim entales en
cuanto a testimonios y mejnoria, tom a de decisiones de
jurados, comportamiento criminal, etc.

b) La práctica profesional de psicología, dentro del


sistema jurídico, en sus dos ramas civil o penal.

O s v a ld o V a rela , H é c t o r A lv a r e z , A lfr e d o S a r­
m ie n to : conceptualizan la Psicología Forense como aque­
lla parte de la psicología que se desarrolla dentro del
ámbito jurídico especifico y/o en sus órganos dependien­
tes caracterizándose por poseer técnicas propias que la
convierten en una ciencia auxiliar de ese campo.

Para R . T é ix id o : la psicología jurídica viene a ser el


análisis y descripción de una serie de comportamientos
humanos jurídicam ente significativos y predicables den­
tro de la esfera particular de cuanto consideramos dere­
cho. (cfr. Garrido Genoves, 1982)

F r ie d r ic h L ó s e l1* (1992) en Alem ania expresa que


en términos amplios psicología forense es entendida

u Autor citado en obra intitulada «Psychology and Law: Overtu­


r e s , Ore Scendors and Reprises», en Psychology and Law, Internatio­
nal Perspectives, Berlíp, New York -1992-. Aclara este autor que el
incrementado uso y reuso del término «psicología legal» o psicología y
Psicología judicial 41

como la aplicación de teorías psicológicas y métodos o


hallazgos a la administración de justicia.

E m ilio M ira y L ó p e z : conceptualiza la psicología


jurídica como la psicología aplicada al mejor ejercicio del
derecho.

L a le y y el p s ic ó lo g o

En nuestro país el modelo de subordinación tuvo ple­


na vigencia legal en la ley 17.132 de «Ejercicio de la
Medicina, Odontología y Actividades de Colaboración»
sancionada y prom ulgada el dia 24 de enero de 1967 y
publicada en el Boletín Oficial el día 31 de enero de 1967.
Esta ley regulaba el ejercicio de la medicina, odontología
y a c t iv id a d e s d e c o la b o r a c ió n d e la s m ism a s en la
Capital Federal y Territorio Nacional de Tierra del Fue­
go, Antártida e Islas del Atlántico Sur.
El artículo 91 de la citada ley prescribía que los psi­
cólogos pueden actuar:
a) en psicopatología, ú n ic a m e n t e c o m o c o la b o r a ­
d o r e s del médico especializado en psiquiatría, por su
indicación y bajo su supervisión, control y con las respon­
sabilidades emergentes de los artículos 3S, 49, 19 inc. 9S;
d e b ie n d o lim it a r su a c t u a c ió n a la o b t e n c ió n d e

ley en recientes años debería comprensivamente cubrir todas las


aplicaciones de teorías psicológicas, métodos y hallazgos al
sistema legal, posición con la que en términos generales concorda­
mos.
42 Juan H. Del Popolo

test p s ic o ló g ic o s y a la colaboración en tareas de inves­


tigación.
b) en medicina de recuperación o rehabilitación conio
colaboradores del médico especializado y con la mismas
limitaciones del inciso precedente.

Agregaba este artículo: N


«Les está prohibido toda actividad con personas
enfermas fuera de lo expresamente autorizado en los
párrafos precedentes, asi m ismo como la práctica del psi­
coanálisis y utilización de psicodrogas».
Este artículo fue derogado por la ley 23.277, artículo
10, publicada en el Boletín Oficial del 15 de noviembre
de 1985.
Se advierte aquí claramente el modelo de subordina­
ción del profesional psicólogo al médico psiquiatra, que
aun sigue im perando en la práctica en muchos ámbitos
forenses.
La ley 23.277 autoriza al profesional de la psicología
a ejercer su rol en forma autónoma, pudiendo integrarse
en equipos multidisciplinarios en forma privada o públi­
ca.
Aquí ya estamos en presencia de un modelo de inte­
gración, de complementariedad. La ley 23.277 regula el
Ejercicio Profesional de la Psicología, como actividad pro­
fesional independiente, en la Capital Federal, Territorio
Nacional de Tierra del Fuego, e Islas del Atlántico Sur.
Esta ley, en su artículo 2a considera ejercicio profesio­
nal de la psicología la aplicación y/o indicación de teorías,
métodos, recursos, procedimientos y técnicas específicas
en:
Psicología judicial 43

a) El diagnóstico, pronóstico y tratamiento de la per­


sonalidad y la recuperación, conservación y prevención
de la salud mental de las personas.
b) La enseñanza y la investigación.
c) El desempeño de cargos, funciones, comisiones o
empleos por designaciones de autoridades públicas, inclu­
so nombramientos judiciales.
d) La emisión, evacuación, expedición, presentación
de certificaciones, consultas, asesoram iento, estudios,
consejos informes, dictámenes y p e r ita je s .
A partir del año 1985 se instala en el país una pro­
nunciada tendencia que m odifica el estado de las cosas
existentes hasta esa fecha, en relación al ejercicio de la
psicología. Sin embargo aun hoy existen muchos profesio­
nales psicólogos que no conocen estas nuevas leyes y que
en su práctica profesional tam poco las hacen respetar.
En la provincia de Mendoza la ley 5045 regula el ejer­
cicio profesional del psicólogo. La ley data del año 1985.
En su artículo l 9 prescribe que el ejercicio de la psico­
logía como actividad libre e independiente solo se autori­
za a los egresados de la carrera mayor de psicología,
entendiéndose por tal aquella cuya duración no sea
menor de 5 años de grado académico, previa obtención de
la matrícula correspondiente en el M inisterio de Bienes­
tar Social.
Este cuerpo legal prevé las siguientes áreas ocupacio-
nales «sin perjuicio de que con el avance de la ciencia
pudieran desarrollarse nuevas áreas o limitarse a estas».
1) P s ic o lo g ía c lín ic a : comprendiendo tareas de Pro­
moción, Prevención, Diagnóstico y Tratamiento;
2) P s ic o lo g ía e d u c a c io n a l: en instituciones de cual­
44 Juan H. Del Popolo

quier nivel, práctica privada, investigación, orientación


asesoramiento, asistencia en los distintos niveles copv-
prometidos en enseñanza-aprendizaje. También aqu í se
señala la imcumbencia del rol en promoción, prevención,
diagnóstico y tratamiento.
3) P s ic o lo g ía la b o r a l: con las clásicas subdivisiones
en promoción, prevención, diagnóstico y tratamiento.
4) P s ic o lo g ía s o c ia l: la esfera de acción se relaciona
con todas las instituciones, grupos y miembros de la
comunidad en cuanto fuerzas sociales que afectan la con­
ducta del individuo.
5) P s ic o lo g ía ju r íd ic a : la ley en su artículo 8a inciso
c) se refiere a la p s ic o lo g ía ju r íd ic a . Adviértase como
se designa a esta materia por ley Provincial. Resulta de
interés conocer cual es la esfera de acción que se le atri­
buye al psicólogo jurídico.
«La esfera de acción se halla en penitenciarias, insti­
tuciones de menores, institutos de clasificación, direccio­
nes de asuntos legales o instituciones similares que fun­
cionen en las penitenciarias o fuera de ellas, cuerpo
m édico forense, o instituciones similares, juzgados de
menores, peritajes particulares en lo penal, centros espe­
cializados en el tratamiento de toxicómanos, otros de
igual finalidad donde se realicen entre otras las siguien­
tes tareas:

1ro: «Promoción y prevención»

1) Prevención del delito en todas sus formas y de los


factores ambientales predisponentes al mismo a través
Psicología judicial 45

de elaboración e im plementación de programas informa­


tivos y educativos, propaganda y otros.
2) Asesoramiento y asistencia a los familiares de los
internados y de los liberados, asesoramiento a las diver­
sas instituciones sobre programas de rehabilitación y su
efectividad según la personalidad y pronóstico del inter­
nado o grupo. Detección y asesoram iento en relación a
personalidades con predisposición a delinquir y las nece­
sidades de asistencia y/o internación.
3) Asesoramiento en los casos de adopción, discerni­
miento de tutela, separación y las situaciones derivadas
de derecho de familia.
4) Participación en grupos interdisciplinarios con pro­
fesionales y personal de las instituciones para mejor
desarrollo de la misma.

2do: «Diagnóstico»

La ley prevé un diagnóstico individual, grupal, fam i­


liar, institucional, en los siguientes casos:
1) Diagnóstico y control psicológico en la admisión,
permanencia y egreso de internos. Establecimiento a tra­
vés de diagnóstico diferencial del grado de peligrosidad y
pronóstico criminológico.
2) Determinación de responsabilidades en conductas
que impliquen riesgo para el individuo o sus semejantes.
3) Peritajes.
46 Juan H. Del Popólo

3ro: «Tratamiento»

Se refiere a los tratamientos de los desajustes de ctín-


ductas individuales y grupales, que comprenden:
1) Tratamiento criminológico en personas que delin­
quen y su familia, tendientes a la rehabilitación.
2) Tratamientos psicoterapéuticos a internos en las
instituciones de menores tendientes a ,lograr la integra­
ción al medio.
En su artículo 99 esta ley dice que en todas las áreas
de trabajo el psicólogo es el profesional capacitado para
investigar la conducta en su nivel de in t e g r a c ió n p s i­
c o ló g ic a , sin que estas atribuciones afecten las otorga­
das a otros profesionales de acuerdo a la legislación
vigente.
Se plantea entonces un enfoque multidisciplinario de
trabajo en el que se expresa una especificidad en la labor
del psicólogo: la in v e s t ig a c ió n d e la c o n d u c t a e n su
n iv e l d e in t e g r a c ió n p s ic o ló g ic a .

El artículo 10 autoriza a los profesionales que ejercen


la psicología a certificar las prestaciones o servicios que
se efectúen en forma, totalmente autónoma; asi también
como las conclusiones diagnósticas referentes a estados
psíquicos de las personas en consulta.
También la provincia de Córdoba ha sancionado la ley
7106 (13-9-84) que prevé como área de la carrera la p s i­
c o lo g ía ju r íd ic a con esfera de acción en Tribunales de
Justicia, instituciones penitenciarias de internación de
menores y en la práctica privada de la profesión.
Concretamente el artículo 3S inciso d) prevé que en el
Psicología judicial 47

área de la Psicología Jurídica se considera ejercicio de la


profesión de psicólogo:
— el estudio de la personalidad del sujeto que delin­
que;
— la rehabilitación del penado; ........
— la orientación psicológica del liberado y sus fam i­
liares;
— la actuación sobre las tensiones grupales en insti­
tutos penales con tareas de Psico-higiene;
— la colaboración en peritajes, empleando instrumen­
tos específicos;
— la realización de peritajes psicológicos;
— realización de peritajes y estudios de adopción y de
conflictos familiares.

En España el Convenio Colectivo para el personal labo­


ral al servicio de Justicia (BOZ 3-XII-92) conforme señala
Javier Urra (1993, en colaboración con otros autores) esta­
blece, con respecto a la actuación de los psicólogos:
«Su actuación se refiere a la exploración evaluación y
diagnóstico de las relaciones y pautas de interacción,
aspectos de la personalidad, inteligencia, aptitudes, acti­
tudes y otros aspectos de. la especialidad, de las personas
implicadas en los procesos judiciales de quien se solicite
el correspondiente inform e psicológico por los respectivos
responsables de los órganos judiciales citados, así como
la colaboración con los respectivos miembros de los equi­
pos técnicos, para el desarrollo de las mencionadas fun­
ciones. Desem peña funciones de asesoramiento técnico
en los tribunales juzgados, fiscalías y órganos técnicos en
materia de su disciplina profesional».
48 Juan H. Del Popolo

En Perú en el reciente proyecto de Ley, relativo


al ejercicio Profesional del Psicólogo se contem pla ,•
como especialidad del ejercicio profesional la P sicolo/
gía Legal y Delincuencial.
Se expresa en el referido proyecto que el Psicólo­
go Legal y Delincuencial, analiza los factores psico-
sociales que impulsan al hombre a delinquir y desa­
rrolla programas de orieñtación y consejería para la
readaptación social e interviene como asesor sobre
las dificultades de su competencia en la problem áti­
ca legal y es estado del derecho.
En otros países los profesionales psicólogos han
pasado por problem as similares. Así en Estados
Unidos es dable señalar el precedente del año 1962
«Jenkins vs. Estados Unidos» en el que el Tribunal
Supremo afirmó que es un error judicial rechazar la
peritación de un psicólogo respecto de su área de
especialización.
Capitulo II

ALGUNAS DIFICULTADES QUE EL PSICOLOGO


DEBE TENER EN CUENTA EN LA
INTERACCION PSICOLOGIA-DERECHO.
NECESIDAD DE SU CONOCIMIENTO

El punto de articulación entre los subsistemas psico­


lógico y jurídico es la conducta.
Pero esta conducta es estudiada en forma distinta por
ambas disciplinas.
El derecho estudia la conducta en interferencia inter­
subjetiva, con la finalidad de reglar el deber ser de esa
conducta.
La psicología intenta, comprender las leyes que rigen
las conductas. Se trata de dos perspectivas diferentes de
trabajo. Estas perspectivas distintas conllevan una serie
de situaciones diferenciales entre ambas ciencias que
deben tenerse presentes para un adecuado trabajo profe­
sional.
Reseñaremos algunas de ellas.
Resulta necesario que tanto el trabajador del derecho
como el de la conducta conozca las situaciones que segui-
50 Juan H. Del Popolo

damente se expondrán, relativas a la interacción entre


ambas ciencias por las siguientes razones:
a) previo al trabajo en nuevos campos conviene (corno
es el interdisciplinario psicología-derecho) estar en cono­
cimiento de las dificultades con que se tropezará;
b) este conocimiento perm itirá guiar la acción de
manera más eficaz y productiva;
c) el conocimiento de estas dificultades podrá orientar
un mínimo programa de acción con valor orientado en los
distintos campos de actividad de la interacción psicolo­
gía-derecho.

A) Dificultades a nivel terminológico

El mismo término no necesariamente tiene el mismo


significado para la psicología y el derecho.
Esto sucede con el término «demente».Demente en el
terreno de la psicopatología hace referencia a un déficit
definitivo de causa orgánica, irreversible y progresivo
que afecta al psiquism o en forma global y totalizada,
pero con particular incidencia sobre los procesos intelec­
tuales y que termina por provocar una decadencia, mer­
ma o disminución de los grados previamente alcanzados.
Demente, desde el punto de lo jurídico, tiene otro sig-
nificado.El artículo 141 del Código Civil argentino dice
que son incapaces por demencia las personas que por
causa de enfermedades mentales no tengan aptitud para
dirigir su persona o administrar sus bienes.
El texto original del Código Civil (el transcripto arri­
ba es la versión de la ley 17.711) decía que se declaraban
Psicología judicial 51

dementes los individuos de uno u otro sexo que se hallen


en estado habitual de manía, demencia, o im becilidad
aunque tengan intervalos lúcidos o la manía sea parcial.
Se advierte en el ejemplo los distintos significados para
el mismo término.
Estas diferencias de significación entre el lenguaje
psicológico y jurídico deben ser especialmente tenidas en
cuenta en la labor profesional del psicólogo en los ámbi­
tos de la justicia.
De la m ism a form a debe tenerse especial cuidado en'
la emisión de informes psicológicos en términos técnicos.
Si el destinatario del inform e no lo puede comprender,
poca ayuda se le habrá podido brindar en el caso concre­
to. Una posibilidad es adicionar al final del mismo un
glosario de términos técnicos utilizados a los efectos de
que el lector lego en psicología sepa a que atenerse. Otra
manera de superar la dificultad es utilizar un lenguaje
sencillo en la redacción del informe, al alcance de la per­
sona a quien se dirige, y una tercera es la posibilidad de
intervenir en audiencias orales, hecho que permite que
se produzcan las aclaraciones necesarias para la buena
comunicación entre profesionales de distintas disciplinas.
En equipos m ultidisciplinarios que comienzan su tra­
bajo existe una m arcada tendencia a dar por supuestos
significados comunes de términos que en realidad tienen
distinto significado para cada ciencia.
Resulta entonces conveniente, por razones m etodoló­
gicas, que el coordinador de este equipo, pida precisiones
de significados de términos usados por los miembros del
mismo.
52 Juan H. Del Popolo

B) Dificultades a nivel de la fijación


de los «focos» de trabajo

El psicólogo cuando trabaja en interrelación con el


mundo jurídico debe saber advertir cuál es la demanda
expresa que desde el sistema judicial se le solicita. En
otras palabras, debe conocer cuál es el requerimiento
focal que se le formula. En materia pericial se encuentra
el foco expresado en los denominados «puntos de pericia».
Es muy conveniente que el psicólogo conozca, al
menos en los campos de más frecuente trabajo, los sus­
tentos y repercusiones dentro del sistema, legal, de las
demandas más usuales para la psicología. Así podrá
entender con mayor claridad que es lo que el juez requie­
re del perito psicólogo.
Estudiando los marcos legales relacionados con los
distintos focos periciales podrá conocer hasta dónde, des­
de la psicología, puede satisfacer la demanda de trabajo:
qué es lo que científicamente puede hacer. También debe
estar al tanto de los avances de la psicología en cada una
de las áreas de trabajo para poder brindar una informa­
ción debidamente actualizada.M uchas veces se observa
que el psicólogo brinda a la justicia un informe a la
manera de un psicodiagnóstico clínico destinado a ser
remitido a otro psicólogo, cuando la demanda desde el
operador judicial no es esa. Esto es un grave error ocasio­
nado por la falta de conocimientos específicos en el área
de la psicología jurídica.
Psicología judicial 53

C) D ific u lta d a n iv e l d e «L e y d e T e r r ito r io »

Suele verse en el trabajo interdisciplinario la operati-


vidad de esta ley sustentada por el narcisismo de la dife­
rencia. Cada uno de los operadores de las distintas cien­
cias pierde objetividad y cree tener la verdad absoluta
respecto de un determ inado problema. Tal situación a
veces está muy ligada a concepciones dogmáticas que ter­
minan en guerras «de religión» quedando relegado el ver­
dadero espíritu científico y la pasión por la verdad. Si los
operadores de distintas ciencias en un equipo de trabajo
confunden la tarea con un coto de caza, se hará muy difí­
cil poder im plementar una tarea en común.
M uchos científicos en esta área psicológico-for'ense
han pasado por esta dificultad al enfrentarse con m enta­
lidades estrechas que se amparan en categorías vacías
para sostener argumentos insustanciales que en realidad
no son otra cosa que defensas enfermizas y primitivas de
su presunto territorio.
Udo Undeutsch, investigador alemán que trabajó
intensamente en el área de la credibilidad de las declara­
ciones haciendo aportes sustanciales para la psicología
forense, nos da un ejemplo que vale la pena transcribir.
Dice que inicialmente la evaluación de la credibilidad
del testimonio de la víctima por expertos psicólogos fue
vehementemente resistida y fue considerado no aplicable
a la práctica judicial por ser « u n a in v a s ió n d e n tr o d el
c a m p o d e l J u r a d o » , u n a « v io la c ió n a lo s d o m in io s
d el J u r a d o » , e tc é te r a .
Agrega Undeutsch que el autor más frecuentemente
citado en la historia del derecho Anglo-Am ericano, John
54 Juan H. Del Popolo

H. Wigmore, descartó estas frases llamándolas una mera


porción de «retórica vacía». Hoy en día, en los países en
que estas pericias se aplican, existe un claro consensó de
su utilidad.
Esto sirve para ejem plificar con cuanta vehem encia
se rechaza lo que no se conoce con argumentos vacíos que
en realidad se apoyan ei\ creer que el derecho es sólo
materia dé los juristas.
Esta dificultad se suele plantear en la interacción con
la justicia; una de las maneras de superarlas es el traba­
jo interdisciplinario que comienza por fijar áreas centra­
les de cada disciplina explicando la complejidad de la
ciencia y la necesidad de interacción adecuada.

D) Dificultades por la falta de tolerancia


de la angustia, ignorancia y confusión.
La ilusoria pretensión de erradicar
la «subjetividad»

M uchas situaciones que se ventilan ante la justicia


provocan confusión y angustia en los operadores del sis­
tema que tratan con ellas.
Una manera particular de superar este estado afecti­
vo es a través de la sobresim plificación de los hechos,
encuadrándolos en algún «esquema» legal que les da una
aparente solución. La m aniobra «tranquiliza» pero no
soluciona en realidad los problemas.
Una magnífica descripción de la operatividad de este
mecanispio se observa .en la obra de Salvador Minuchin
«El triunfo de Ellen West».
Psicología judicial 55

El personaje del juez, en esta obra de teatro, cuando


intervienen los afectos de las personas en juzgam iento,
manifiesta sentirse «confundido». Así por ejemplo, cuan­
do ambas partes pretenden ser demandante y demanda­
do ve esto; «muy poco claro e irregular». Trata de discri­
minar un culpable y un inocente, el bueno y el malo, el
héroe y el villano. Este m ecanismo sobresimplificador de
la complejidad es muy común en los ámbitos judiciales,
muchas veces por exigencia explícita o implícita de los
mismos mecanismos legales que exigen el discernimiento
de un culpable o inocente, de un loco o cuerdo, etc.
Este esquema simplista de pensamiento, de larga tra­
dición en los sistemas jurídicos, im pide que una útil car­
ga de información psicológica ingrese a los sistemas lega­
les. El sistema legal criba y selecciona la información,
muchas veces orientada a la búsqueda de una solución
simplificada.
En este aspecto la psicología jurídica tiene mucho que
decir. En primer lugar, cuando se le exigen respuestas
simplistas, debe señalar la im posibilidad de caer en tales
extremos. En segundo lugar, y como tarea propia de psi­
cología jurídica, debe colaborar con los cambios de legis­
lación a los efectos de que los mecanismos del derecho y
de la justicia, puedan receptar un valioso caudal de infor­
mación proveniente desde las ciencias de la conducta que
pueden contribuir para el mejoram iento de las soluciones
que el derecho adopta para la comunidad.
En los procesos de divorcio, es dable ver esta necesi­
dad de discrim inación entre culpable e inocente. Aunque
se trata de una «culpabilidad» de tipo normativo, esta
conlleva im portantes consecuencias para el funciona­
56 Juan H. Del Popolo

miento familiar. De ciertas manifestaciones de conducta


externa tales como adulterio, tentativa de uno de los cón­
yuges contra la vida del otro o de los hijos, injurias gra­
ves, abandono voluntario y malicioso, se hacen derivar
declaraciones de «culpabilidad» para uno de los cónyuges.
En una mirada más amplia, será dable ver en las fam i­
lias la profusa cantidad de interacciones de distinto signo
que pueden haber llevado á ese estado de cosas. A partir
de una visión más amplia, entendiendo algo más el fun­
cionamiento familiar, quizás se pueda revisar en el caso
concreto las consecuencias de una culpabilidad declarada
sólo frente a determinados parámetros estáticos de con­
ducta externa.
Esta búsqueda de la «causa» del divorcio o separa­
ción y el hecho de hacerle surtir consecuencias jurídicas,
obedece a un pensam iento simplista de tipo lineal, que
rechaza la complejidad propia de estas situaciones fam i­
liares.
Esta tendencia a la simplificación, con desprecio de
los hechos, se observa muchas veces cuando se le exige al
perito que diga si tal persona es o no es imputable, si es
o no peligroso, etc. (ello a pesar de que no es misión del
perito discernir si alguien es im putable o no). Se quiere
así cerrar rápidam ente la angustia de la duda con una
«solución».
Predominan en muchos casos m ecanismos obsesivos
de disociación, aislamiento y anulación, particularmente
en el terreno de afectos que confunden.
Psicología judicial 57

La pretensión ilusoria
de erradicar la «subjetividad»

En muchas instituciones del sistema judicial, particu­


larmente el área penal, se ha pretendido erradicar la
«subjetividad del juez», confundiendo subjetividad con
irracionalidad, agresividad o sadismo.
Cierto es que no han faltado razones históricas para
observar cómo esta subjetividad se ha transformado
muchas veces en grosera arbitrariedad.
En relación a este tem a conviene que nos adentremos
algo más para poder comprender mejor el funcionam ien­
to de ciertas instituciones del derecho en aspectos ligados
a la subjetividad y los afectos.
Esto nos permitirá entender algunos de los m ecanis­
mos psicológicos de funcionam iento del área jurídica y a
partir de los supuestos que sustentan muchas normas
particularmente penales.
Cesare Beccaria escribió en el año 1764 una obra lla­
mada «De los delitos y las penas». Beccaria criticó en su
obra el sistema penal vigente caracterizado por la arbi­
trariedad, por la desproporción entre hecho y sanción,
vigencia de crueles torturas, interpretación de la ley
totalmente subjetiva, etc. Basta leer las crónicas de las
ejecuciones de la época para advertir su inhumanidad.
Tal es el caso de la ejecución de «Damiens», José Gabriel
Tupac Amaru y José Antonio Galán. La ejecución de
Damiens puede leerse en la obra «Vigilar y Castigar,
nacimiento de la prisión» de Michel Foucault.
Al decir de Eugenio Zaffaroni, Beccaria fue el autor
de la piedra angular de todas las reformas penales que
58 Juan H. Del Popólo

perm itieron el posterior desarrollo de la disciplina del


derecho penal en la forma que se presenta contemporá­
neamente. /
Beccaria en realidad se enfrenta con la problem áti­
ca de cómo controlar el despotism o y la arbitrariedad
en el ser hum ano. En otros térm inos, en los de Erich
From m , comp controlar la agresión m aligna, en parti­
cular el sadism o. v-
En todo sistema penal se plantea la problemática de
cómo controlar esta situación, tanto la de los «delincuen­
tes» como la de los operadores del sistema judicial a los
efectos de que no tengan respuestas sádicas frente a los
actos sádicos de los judiciables (personas sometidas a
juzgam iento). Ya decía Recasens Siches que el derecho no
nace para satisfacer la justicia sino la necesidad de segu­
ridad para evitar la «ley de la selva».
En ambientes de internación de delincuentes es dable
ver respuestas sádicas del entorno en respuesta al sadis­
mo de los internos, planteándose la existencia de verda­
deros sistemas paralelos paradecisorios.
Esta situación aparece muy clara en el Capitulo II de
la obra de Beccaria «De los delitos y de las penas». Allí se
lee:

«Las leyes son las condiciones bajo las cuales los


hom bres dependientes y aislados se reunieron en
sociedad, hastiados de vivir en un continuo estado
de guerra y de gozar de una libertad que resultaba
inútil por la incertidumbre de conservarla. Sacrifica­
ron una parte de ella para gozar él resto con
seguridad y tranquilidad».
Psicología judicial 59

Frente a este continuo estado de guerra, clara m ani­


festación de impulsos agresivos, surge la ley.
Sigmund Freud en «El malestar en la cultura» tam­
bién ve esta relación entre Cultura e intento de regular
los vínculos sociales. Dice que de faltar este primer inten­
to de regular los vínculos sociales, que es el elemento cul­
tural, «esos vínculos quedarían sometidos a la arbitrarie­
dad del individuo, vale decir, el de mayor fuerza física
resolvería en el sentido de sus intereses y mociones pul-
sionales» (ver Capítulo III, ob. cit.). Dice Freud:.
«La convivencia humana sólo se vuelve posible cuan­
do se aglutina una mayoría más fuerte que los individuos
aislados, y cohesionada frente a estos. Ahora el poder de
esa comunidad se contrapone como derecho al poder del
individuo, que es condenado como violencia ,bruta».
En la perspectiva de Freud, todos contribuyen con el
sacrificio de sus pulsiones a la existencia del derecho.
Esto trae aparejado, la renuncia a poderosas pulsiones y
en consecuencia se desarrolla un alto grado de insatisfac­
ción.
Para Freud, en «El m alestar en la cultura», el ser
humano no es un ser manso, amable, a lo sumo capaz de
defenderse si lo atacan, sino que es lícito atribuir a su
dotación pulsional una buena cuota de agresividad. Sigue
diciendo este autor: «En consecuencia, el prójim o no es
solamente un posible auxiliar y objeto sexual, sino una
tentación para satisfacer en él la agresión, explotar su
fuerza de trabajo sin resarcirlo, desposeerlo de su patri­
monio, humillarlo, inflingirle dolores, martirizarlo y ase­
sinarlo».
Esta tendencia agresiva del ser humano ha sido cons-
60 Juan H. Del Popolo

tatada por diversos autores. Algunos anclan esta tenden­


cia agresiva en los instintos, otros en el carácter, algunos
en el aprendizaje. Pero todos reconocen esta inclinación
«agresiva».
Aún en pueblos civilizados aparece el sadismo y
crueldad bajo circunstancias apropiadas.
Freud en esto es muy claro:

«Bajo circunstancias propicias, cuando están


ausentes las fuerzas anímicas contrarias que suelen
inhibirla se exterioriza también espontáneamente
(la agresión cruel), desenmascara a los seres hum a­
nos como bestias salvajes que ni siquiera respetan a
los miembros de su propia especie. Quien evoque en
su recuerdo el espanto de las invasiones bárbaras,
las incursiones de los hunos, de los llamados m ongo­
les bajo Gengis Khan y Temrlan, la conquista de
Jerusalén por los piadosos cruzados, y ayer apenas,
los horrores de la ultima Guerra Mundial, no podrá
menos que inclinarse desanimado, ante la verdad
objetiva de esta concepción» (op. cit. Cap. V).

Concluye Freud en que la cultura tiene que poner


límites a las pulsiones agresivas de los seres humanos,
para sofrenar mediante formaciones psíquicas reactivas
sus exteriorizaciones.

Una expresión de esa formación cultural es el derecho


que intenta poner límites a esa agresividad cruel.
Muchos vieron en la ley ese instrumento para defen­
derse de la agresión cruel. Así Juan Jacobo Rousseau
Psicología judicial 61

quería «encontrar una forma de asociación que defienda


y proteja con la fuerza común a la persona...» («El con­
trato social o principios del derecho político», en Obras
selectas, 2da. edición, Bs. As., Ateneo 1959, págs. 852/
853).
Montesquieu ve en la separación de poderes una for­
ma de escapar de la tiranía, la arbitrariedad y la opre­
sión.
Francisco Carrara, uno de los grandes sistematizado­
res del Derecho Penal, hace su famoso «programa» con el
fin de poner freno «a las aberraciones de la autoridad en
la represión, en el juicio y en la prohibición».
Franz von Liszt, im portante figura para el Derecho
penal, también intenta proteger la libertad del ciudadano
frente a la arbitrariedad ilimitada del poder estatal.

Sirvan estas pocas citas para poner en relieve tres


situaciones que interesan en sumo grado a la psicología
judicial:

a) La existencia de esta agresividad cruel en el ser


humano.
b) La necesidad, desde la cultura, de controlarla. El
derecho, particularmente el penal, ha ocupado un rol pre­
ponderante en este sentido.
c) La necesidad de controlar esa agresividad cruel en
los aplicadores del derecho, no sólo en los justiciados.

Debido a esta última situación, se diseñaron una


serie de procedim ientos legales destinados a evitar la
arbitrariedad en los encargados de aplicar el derecho.
62 Juan H. Del Popolo

Esos mecanismos de control para evitar la crueldad y


arbitrariedad tendieron fundamentalmente a erradicar
del proceso, en lo posible, la subjetividad del juez* su
afectividad, por temor a que se contaminase con irracio­
nalidad y arbitrariedad. ...................
Así se diseñaron una serie de mecanismos y de resor­
tes tales como el principio de legalidad, la tipicidad
penal, las vías recursivas, el contralor del juez y de sus
decisiones por las partes, reglas de excusación y recusa­
ción, que entre otras finalidades intentan poner limites a
la subjetividad del juez. Se aprecia en las doctrinas que
fundamentan estos mecanismos que se trata de controlar
la subjetividad, pero no tanto por la subjetividad misma,
sino por el peligro cierto de que termine en arbitrariedad
e irracionalidad.
Bien reconoce Freud, sin embargo, en «El malestar de
la cultura», que «la ley no alcanza a las exteriorizaciones
más cautelosas y refinadas de lá agresión humana».
En términos populares impera el refrán «hecha la ley,
hecha la trampa» para mostrar como el sadismo se las
puede arreglar para superar la ley.
El problem a es que la subjetividad, y la afectividad,
resultan esenciales para dar adecuadas respuestas a los
problemas humanos que no se puede resolver en base a
silogismos legales. Por querer eliminar la cizaña de la
irracionalidad y arbitrariedad ligada a la afectividad
subjetiva, se corta también el trigo que puede surgir de
esa afectividad y subjetividad.
Veamos esto en palabras de Beccaria, uno de los auto­
res que contribuyó a dar form a a los sistemas penales
actuales:
Psicología judicial 63

«En todo delito debe hacer el ju ez un silogismo


perfecto: la premisa m ayor debe ser la ley general,
la menor, la acción conforme o no la ley y la conse­
cuencia la libertad o la pena».

Más adelante indica:

«No hay nada más peligroso que el axioma


común de que es necesario consultar el espíritu de la
ley» .

Luego expresa:

«El espíritu de la ley sería, pues, el resultado de


una buena o mala lógica del ju ez, de una buena o
mala digestión; dependería de la violencia de sus
pasiones, de la debilidad de quien sufre, de sus rela­
ciones con el ofendido y de todas aquellas m inúscu­
las fuerzas que transforman las apariencias de cada
objeto en el ánimo fluctuante del hombre».*

Veamos entonces, a través de estos párrafos que han


ejercido profunda influencia en el derecho, una importan­
te tendencia a aislar la afectividad subjetiva del operador
del sistema judicial pretendiendo m anejarse con «perfec­
tos silogismos». Ello ha imperado con más fuerza en los,
sistemas del derecho más form ales com o el derecho
penal.
La dificultad, la gran paradoja desde lo psicológico, es

* Cfr. “De los delitos y de las penas”, op. cit.


64 Juan H. Del Popolo

que sin el juego de la afectividad no se puede crear, ni


comprender empáticamente, ni dar adecuada respuesta a
los problemas humanos.
Creo que esta es una dimensión en extremo relevante
que m uestra la obra de M inuchin «El Triunfo de Ellen
West». Muchos de los personajes de la obra, el juez, Kra-
epelin, el psicoanalista, Biswanger, Bleuler, no alcanzan
a com prender afectivamente a Ellen West.
Bien coloca Minuchin en boca del juez estas palabras
cuando se plantea entre los personajes de la obra un
notorio acercamiento afectivo:
«No aceptaré este nivel de cercanía. Deforma vuestra
perspectiva; la verdad requiere distancia. Esa es la razón
por la' que la justicia es ciega para que se vea sin tergi­
versaciones».
Claramente aquí se m uestia esta necesidad de tomar
distancia de la afectividad y subjetividad.
Resultan llamativas entonces las palabras de Michel
Foucault que prologan la obra de teatro1de Minuchin ya
mencionado:

«Tenemos todavía que escribir la historia de esa


otra forma de locura por la cual los hombres en acto
de soberana razón, confinan a sus prójimos y se
comunican y se reconocen entre sí a través de la des­
piadada lengua de la cordura».

Esta «despiadada lengua de la cordura», esta pretendi­


da vigencia absoluta de «la razón» la vemos palpitante en
aquel deseo expresado por Beccaria de que el juez haga un
«silogismo perfecto» a partir de la situación humana.
Psicología judicial 65

Es claro que nadie en sus cabales puede estar a favor


de la arbitrariedad. El problema es que ésta no se puede
controlar mediante «corsés» racionales que intenten erra­
dicar la subjetividad y afectividad.
__ Esto, por el contrario, suele llevar a un derecho des­
vitalizado, mecánico, sin vida, con soluciones rígidas y
estereotipadas.

¿Cómo puede aprovechar estos conocimientos el psicó­


logo jurídico en su práctica profesional?

Primero:
Comprendiendo la razón de ser de muchas estructuras
rígidas del derecho que no permiten el ingreso de situa­
ciones que tienen que ver con los niveles de cercanía afec­
tiva de los involucrados, especialmente en los derechos
más formales o rituales como el penal. En este sentido el
derecho de menores ha hecho considerables progresos.

Segundo:
Esta comprensión debe servir para discriminar en la
tarea práctica que afectividad-cercanía o subjetividad no
están necesariam ente ligados a arbitrariedad, que en
muchísimas situáciones no se puede dar una más ju sta y
adecuada solución si no existe, aunque sea en un deter­
minado momento del proceso, este nivel de cercanía afec­
tiva con los involucrados, que es m uy probable que los
elementos que tengan que ver con la afectividad —pro­
porcionados por el psicólogo— no puedan ser ingresados
al sistema judicial, más allá de la m uy buena voluntad
que puedan tener algunos de sus operadores.
66 Juan H. Del Popolo

En este último sentido es frecuente oír como un juez


puede decir que «informalmente» puede comprender,1a
situación hum ana de alguna persona o grupo, pero-que
desde lo formal, desde la ley, no pueda adoptar solución
alternativa. Esto se condensa en refranes populares tales
como «Entiendo, pero marche preso».

Tercero:
Debe servir para que se promuevan cambios sobre la
base de la discrim inación subjetividad-irracionalidad, o
subjetividad-peligro de irracionalidad.

E) Dificultad al enfrentarse con los mecanismos


de inercia de la actividad judicial,
al menos en algunos sectores

Esta situación la ilustraremos con los dichos de uno


de los personajes de la obra com entada de Salvador
Minuchin.
El juez en uno de los pasajes de la obra dice:

«...uno de los problemas de la justicia es su


maquinaria de tan difícil manejo. Después de haberla
desconectado sigue todavía marchando un tiempo».

Uno de los personajes, Karl, le pregunta cuánto tiem­


po. Frente a esta pregunta, el juez responde:

«...N o mucho. A veces un par de años, a veces


más»
Psicología judicial 67

Esto nos da la pauta de que estos mecanismos jurídi­


cos siguen operando cuando no existe un real interés de
las partes en su intervención y más allá, muchas veces,
de las necesidades reales de la sociedad y personas invo­
lucradas. - - - -
Este mecanismo ya es reseñado desde antiguo. En el
mismo Evangelio se hace notar su operancia por parte de
los «doctores de la ley» que pretendían ser ciegos aplica-
dores de la ley más allá del mandato de la primera y más
importante: el amor.
Funciona a la m anera de unas «anteojeras» que cie­
rran la visión hacia un determinado ángulo, el del texto
de la ley, sin im portar si beneficia, perjudica, sirve, etc.
También es particularmente funcional en la práctica
del derecho de m enores y fam ilia donde las reglas
muchas veces se aplican tam bién a pesar del menor por­
que «lo manda la ley».

F) Dificultad por la tendencia a fracturar


fenómenos complejos

El psicólogo jurídico tam bién debe enfrentarse con la


tendencia consistente en muchas áreas, de desmembrar
la complejidad de los fenómenos en juzgam iento para que
puedan ser encasillados en determinados moldes legales.
Esta también puede ser una tendencia del propio psi­
cólogo jurídico, como muchas de las otras que se descri­
ben.
Esta ruptura del fenóm eno desde el punto de vista
psicológico, esta simplificación trae graves consecuencias,
68 Juan H. Del Popolo

como sabemos, desde el punto de la contratrarisferencía.


Dar una solución adecuada im plica una com prensión
adecuada de los hechos. /
Sabemos que la norm a legal orienta la m irada del
observador, en este caso del jurista, del abogado, en un
sentido pero al m ism o tiempo le im pide la observación en
otros. Esta últim a circunstancia ha quedado m uy bien
reseñada por Paul W atzlawick con referencia a la com u­
nicación humana. Sostiene que la comunicación se produ­
ce tácitam ente a través de una ausencia de com unica-
ción, agregando que una de las leyes básicas de la teoría
de la inform ación es la de que la aparición de la letra «a»
no significa «a», sino también, no «b» a «z». El significado
en definitiva se com unica a través de aquello que no nos
es com unicado. Vamos a recordar un cuento de Tony de
M ello valioso para reflexionar sobre este punto. El cuen­
to se llama «La palom a real» y dice:
«Nazrrudim , llegó a ser prim er m inistro del rey. En
cierta ocasión m ientras deam bulaba por el palacio vio,
por prim era vez en su vida un halcón real. H asta enton­
ces Nazrrudim. jam ás había visto sem ejante clase de
paloma, de m odo que tom ó unas tijeras y cortó con ellas
las garras, las alas y el pico del halcón. Ahora pareces un
pájaro como es debido, dijo, tu cuidador te ha tenido muy
descuidado».
En este caso el personaje Nazrrudim ve, como se dice
en el poema, por prim era vez el halcón real; pero él lo
único que había visto antes eran palomas, entonces ante­
pone este estereotipo de palom a al halcón y convierte a
ese halcón en lo que él conoce, desde su m arco de refe­
rencia, lo convierte en una palom a. Cuando dice, «tu cui­
Psicología judicial 69

dador te ha tenido m uy descuidado» es porque no «entra»


esa im agen de halcón com o posibilidad en su percepto,
como posibilidad autónom a, independiente; sino que le
tiene que buscar la form a que él ya tiene en su cabeza, la
forma que tiene conocida de pájaro y le im prim e esa for­
ma al halcón real.
Este fenóm eno que está descripto aquí en este poema,
es el mismo que hem os visto desde el punto de vista del
personaje del ju ez, en la obra «El Triunfo de Ellen West»
y es el m ism o fenóm eno que describim os antes como «ojo
de cerradura». Se im pone un constructo desde el marco
legal, a una situación que está en la realidad pero, como
en el caso del halcón real, se lo transform a en una cosa
que no es realm ente tal. Se le cam bia «la form a» con pre­
juicio para la com prensión. Cuando el operador en el sis­
tema judicial se ve enfrentado a este fenóm eno del «ojo
de cerradura», por ejemplo en una pericia psicológica, es
posible que, com o en el personaje del ju ez se sienta per­
plejo, angustiado, confuso y sienta necesidad de transfor­
m ar rápidam ente al m odelo legal esta situación que ante
sus ojos aparece incom prensible. En otros térm inos,
encapsula ese cuerpo extraño en una form a conocida.
Este fenóm eno entonces criba lo observado y le da silueta
y tam bién provoca que se generen consecuencias de dis­
tinto tipo que actúan como un egreso del sistem a. Al así
hacerlo fractura la com prensión de lo real.
Vamos a ejem plificar algo más la situación que pre­
sentamos: si el operador en el sistem a ju d icia l se adscri­
be a un m odelo unifactorial de la conducta hum ana, esto
es que la conducta tiene una causa, tenderá naturalm en­
te frente a un acto de juzgam iento a buscar un «culpa­
70 Juan H . Del Popolo

ble». Si en cam bio el sistem a legal y su operador se ads­


criben a una teoría polifactorial en interacción cirqular
dinám ica en la apreciación de la conducta, el análisis del
caso se podrá orientar hacia el relevam iento de los
distintos factores que en el m ism o han incidido, y la res­
ponsabilidad podría ser considerada com partida. Esta
m anera de ver, o descripción del m undo, generará conse­
cuencias de distinto orden; en la prim er hipótesis será
necesario probablem ente buscar a ese culpable y tal vez
segregarlo en una cárcel o m anicom io ya que es el cau­
sante de los hechos. Si en cam bio el operador se adscribe
al m odelo polifactorial, es posible que tienda a tom ar
m edidas sobre m últiples factores para la solución del
conflicto. Si se quieren im plem entar los conocim ientos de
la psicología com unitaria para colaborar en la solución de
los aspectos jurídicos, es obvio que el prim er m odelo
resulta incom patible para tal fin.
La fracturación de fenóm enos complejos tiene su fun­
cionalidad para el sistem a jurídico. Le permite aislar su
campo transform ándolo en un com partim ento estanco,
quitando el influjo retroalim entador de otras variables
del sistem a que perm itan su transform ación.
Al im plem entar un férreo y cerrado sistem a de n or­
mas que gobiernan el com partim ento estanco y que per­
miten conducirlo en form as más o m enos autosuficiente
le perm ite m antener el sistema. Sin embargo, este equi­
librio por engrosam iento de las periferias lleva tam bién a
que el subsistem a se desconecte de la vida y la realidad.
Por ello urge el análisis y cuestionam iento de los
supuestos en los que se apoya el sistem a más allá de su
validación dentro del propio subsistem a.
Psicología judicial 71

Esta m anera de ver la conducta y el m odelo que fre­


cuentem ente utilizan los sistem as penales tienen tam ­
bién algunas de las características que se describen en el
siguiente punto.

G) D ific u lt a d fr e n t e a la s t e n d e n c ia s r o t u la t o r ia s
d e l s iste m a y a la s p r o p ia s e n ta l s e n tid o

Se tiende a rotular desde lo ju ríd ico realidades de la


conducta, perdiéndose el carácter instrum ental y útil de
este m ecanism o para transform arse en algo rígido en el
que se fija la atención del ju rista fragm entando la reali­
dad en com partim entos estancos. Esta característica se
hace particularm ente visible cuando se trata de encua­
drar legalm ente el hecho. M uchas veces sirve para que el
operador del sistem a ju d icial coloque un rótulo y ponga
así la distancia que hem os ya visto en los pasajes de la
obra de teatro de M inuchin ya citados.
El rótulo tam bién suele ser utilizado en la práctica
judicial por los abogados al hacer una selectiva presenta­
ción de ciertos aspectos de la realidad en función de los
particulares intereses defendidos por la parte y que a
veces poco colabora en la solución de los problem as real­
mente im portantes en el conflicto.
En m uchas ocasiones el sistem a jurídico discurre por
los cauces de la adecuación del hecho en juzgam iento a
los requisitos y form alidades del D erecho, perdiendo su
posibilidad de aportar soluciones para dirim ir el conflic­
to, agravándolo. El sujeto en juzgam iento advierte que su
problem ática no tiene una posibilidad de solución en este
72 Juan H. Del Popolo

campo. Esto se advierte particularm ente en el ámbito de


los procesos de fam ilia. /
El rótulo no es sólo una característica de los sistemas
jurídicos. Tam bién lo vemos en la práctica clínica a tra­
vés del m al uso del diagnóstico, cuando él está orientado
a evitar la angustia y a cesar tam bién en la reflexión en
torno a las posibles soluciones del conflicto. N aturalm en­
te tam bién el m odelo psicológico puede caer en esta pro­
blem ática de rotulación. No es exclusivo de una ciencia.
El rótulo se vuelve en -este sentido perjudicial, cuando
pierde sus características de un m edio para com prender
la realidad, y se confunde, como ya se ha dicho anterior­
m ente, el m apa con el territorio. En este caso hay una
pérdida de la función instrum ental teórica del concepto,
para transform arse en un concepto que priva de una
m ejor com prensión del fenóm eno real.
Este fenóm eno interesa mucho tam bién en psicopato-
logía. El diagnóstico, si bien nos da una aproxim ación a
un fenóm eno, nos orienta en un sentido, pero también
nos cierra la com prensión en otros. Saber no es necesa­
riam ente saber clasificar entidades psicopatológicas. Un
poema de Tony de M ello puede brindar una mayor com­
prensión de esta realidad que estamos tratando de expre­
sar. El m ism o es útil para trabajar en la pericia psicoló­
gica forense y para tener una saludable conciencia y
respeto del lím ite teórico de los instrumentos que usamos
para com prender la realidad.
La poesía se llam a «Nazrrudim ha muerto»:

Se hallaba en cierta ocasión Nazrrudim , que


tenía su día filosófico reflexionando en alta voz:
Psicología judicial 73

Vida y muerte. Quién puede decir lo que son?. Su


m ujer que estaba trabajando en la cocina lo oyó y
dijo: «Los hom bres sois todos iguales, absolutam ente
estúpidos, todo el mundo sabe que cuando las extre­
m idades de un hom bre están rígidas y frías, ese
hom bre está muerto».
Nazrrudim quedó im presionado por la sabiduría
práctica de su mujer. Cuando en otra ocasión se vio
sorprendido por la nieve, sintió como sus manos y
sus pies se congelaban y se entum ecían. «Sin duda
estoy m uerto» pensó, pero otro pensam iento le asal­
tó de pronto: «y qué hago yo paseando si estoy m uer­
to. Debería estar tendido como cualquier muerto res­
petable» y esto fue lo que hizo.
Una hora después unas personas que iban de
viaje pasaron por allí y al verle tendido junto al
camino se pusieron á discutir si aquel hom bre esta­
ba vivo o m uerto. N azrrudim deseaba con toda su
alma gritar y decirles: «estáis locos, no veis que
estoy m uerto, no veis que m is extrem idades están
frías y rígidas» pero se dio cuenta de que los m uer­
tos no deben hablar de m odo que refrenó su lengua.
Por fin los viajeros decidieron que el hombre
estaba m uerto y cargaron sobre sus hom bros el
cadáver para llevarlo al cem enterio y enterrarlo. No
habían recorrido aun m ucha distancia cuando llega­
ron a una bifurcación, una nueva disputa surgió
entre ellos acerca de cual sería el camino del cem en­
terio. Nazrrudim aguantó cuanto pudo pero al fin no
fue capaz de contenerse y dijo: «perdón caballeros,
pero el camino que lleva al cem enterio es el de la
74 Juan H. Del Popolo

izquierda, ya se que se supone que los m uertos no


pueden hablar, pero he roto la norm a sólo por esta
vez y les aseguro que no volveré a decir u n a ,p a la ­
bra»

A quí vem os que cuando la realidad choca contra un


rótulo, una creencia rígidam ente afirm ada com o dice
Tony de Mello, lo que sale perdiendo es la realidad que es
desfigurada. Un último cuento nos da otro matiz de esta
situación. Se llam a «Los expertos»: (del libro de Antoni
de M ello que se llama «El canto del pájaro»).

«Un hombre al que se consideraba muerto fue lle­


vado por sus amigos para ser enterrado. Cuando el
féretro estaba a punto de ser introducido en la tumba,
el hombre revivió inopinadam ente y comenzó a golpe­
ar la tapa del féretro, abrieron el féretro y el hombre
se incorporó. «Que estáis haciendo?», dijo a los sor­
prendidos asistentes; «estoy vivo, no he muerto».
Sus palabras fueron acogidas con asom brado
silencio. A l fin uno de los deudos acertó a hablar.
A m igo dijo, «tanto los m édicos com o los sacerdotes
han certificado que habías m uerto y cómo van a
haberse equivocado los expertos?» . A sí pues, volvie­
ron a atornillar la tapa del féretro y lo enterraron
debidam ente.»

Esto nos está m ostrando, desde un punto de vista en


cierta form a irónico, com o m uchas veces el preconcepto
de la realidad hace que se im ponga una determ inada
interpretación de los hechos.
Psicología judicial 75

H) Dificultad para el trabajo psicológico-forense


por la recurrencia a modelos psicopatológicos

Otra de las características que se presentan desde el


punto de vista del arm azón legal con respecto a la psico­
logía es la recurrencia perm anente al m odelo psicopatoló-
gico de com prensión de los hechos.
Tradicionalm ente la actuación del perito psicólogo ha
aparecido ligada al m odelo m édico y al binom io salud-
enfermedad. Esta circunstancia se presenta, no sólo en
hispanoam érica, sino tam bién en otras latitudes. Thomas
Grisso expresa que las evaluaciones psicoforenses no son
particularm ente psicológicas, lo que está ejem plificado
por el hecho de que los reportes forenses de la psicología
a m enudo no pueden ser distinguidos de aquellos escritos
por los psiquiatras y otros profesionales de la salud m en­
tal. Agrega que los psicólogos, pueden a m enudo incluir
algunos test clínicos que los psiquiatras no podrían, pero
esbozan teorías lógicas, conceptos y m étodos de recolec­
ción de datos que pertencen a un cam po que está m ás
allá de los lím ites de la psicología y que com parte con la
psiquiatría.
Esto tam bién ocurre en nuestro país y debemos seña­
lar que es particularm ente difícil poder superar esta
situación, y que requiere un esfuerzo bastante prolonga­
do de las personas que trabajan en el área psicológica
pues ha habido una im portante contam inación del m ode­
lo psiquiátrico de Salud-Enferm edad.
76 Juan H. Del Popolo

I) Tendencia a volver estáticos los fenómenos


dinámicos / /

Otra característica de m uchos sistem as ju ríd icos es


que se tienden a volver estáticos los fenóm enos dinám i­
cos de la conducta. Se tiende a adoptar una concepción
estática de la conducta hum ana, m odelo que ha queda­
do am pliam ente rebasado con las ciencias de la conduc­
ta que ven al fenóm eno com o fluyente, dinám ico, in te­
ractuante, m utante. L a configuración del tiem po en el
derecho tiende a congelarse, a rigidizarse y a ser in ter­
pretada en form a unívoca. Desde la psicología, en cam ­
bio, sabem os que al m ism o tiem po pueden coexistir
m ultiplicidad de fenóm enos y significados en la mente.
Al ju rista le resulta difícil com prender que en una m is­
ma persona puedan coexistir m otivaciones contradicto­
rias.
A sí en nuestros sistem as legales, la conducta de un
sujeto en un determ inado m om ento de su vida, v. gr., en
el m om ento del delito, hace que a partir de esa situación
se tom en m edidas que se prolongaran por años, por ejem ­
plo la pena, sin considerar en términos generales, la posi­
bilidad de los cam bios que en este sujeto puedan tener
lugar durante el transcurso del tiem po*. Es com o «la
m arca de Caín» que queda perm anentem ente fijada. Es
im portante tener en cuenta este fenóm eno en las evalua­
ciones periciales, en la que el perito no se debe m anejar
con este concepto estático. Se trata de instaurar un

* Decimos “en términos generales” toda vez que hay cambios que sí se
dan, v. gr., régimen progresivo de la pena, pero en general, el sistema no tiene
el dinamismo que debiera.
Psicología judicial 77

modelo que recepte los cam bios en el tiempo. En el caso


de las evaluaciones periciales, se debe tom ar en cuenta la
historia del sujeto. Adem ás, no debe realizarse una única
evaluación pericial, sino que debe existir una secuencia
pericial en el transcurso del tiempo.
Por otra parte las variables en juego en un proceso
son dinám icas, interactúan perm anentem ente y mutan.
Hay fluctuación perm anente en el m undo de lo vivo. Por
ello es que las predicciones que se puedan form ular son
cálculos de probabilidades sujetos a corrección y rectifica­
ción. Lo mismo cabe decir para las m edidas aplicadas en
la justicia. En razón de lo expuesto deben prim ar m eca­
nismos de «feed-back» que perm itan form ular oportunas
correccionqs en las m edidas tom adas en relación a las
personas y los diseños legales.
Así el m om ento del hecho, desde lo penal, no puede
ser adecuadam ente com prendido sin tener en cuenta el
«hecho ligado a un sistem a en perm anente m ovimiento».

J ) T e n d e n c ia a a d o p t a r el r o l d e o b s e r v a d o r n e u t r o

Otra de las tendencias de los operadores del sistema


judicial, con respecto a los aspectos psicológicos, es la de
asum ir el rol de observador neutro. Se tiende a tom ar
una actitud alejada y fría del expediente que se patentiza
en la práctica con la m ención, de que tal caso es «un hu r­
to» o «un robo»,«una estafa». Lo m ism o ocurre en m edici­
na cuando se hace referencia a que se va a operar un
«hígado», «una vesícula», aislando así lo afectivo ponién­
dolo entre paréntesis. Es lo m ism o que ocurre tam bién a
78 Juan H. Del Popolo

nivel psicológico cuando se hace referencia a que tal o


cual persona es un neurótico, «un psicótico». Si bien una-
persona puede operar, como un neurótico o psicótico,
siem pre es algo más que un neurótico o un psicótico, y
m uchas veces este rótulo oblitera la percepción, la segre­
ga y distorsiona.
Sabem os que es un hecho com probado — incluso expe­
rim entalm ente— que lo qué sucede a nuestro alrededor
lo interpretam os dé acuerdo a nuestros esquem as cogni­
tivos y afectivos (Levine Chein, Murphy, 1942)

K) Tendencia al tratamiento disgregado


de la problemática en juego

Otra de las características que suelen presentar algu­


nos sistem as judiciales es un tratam iento disgregado de
las problem áticas en juego, que puede ocasionar gravísi­
mos daños a la com prensión del hecho y a la adopción de
medidas eñcaces. Esto lo ha mostrado acabadamente Sal­
vador M inuchin cuando analiza el caso de María Colwell,
tram itado ante los tribunales de Inglaterra, en el que
intervienen m últiples organism os ( es el caso de tenencia
de una niña), tales como dos investigadores del departa­
m ento de viviendas de Brighton, el tribunal juvenil de
Hove, cinco asistentes de los servicios sociales, dos asis­
tentes sociales de la Sociedad N acional para la preven­
ción de la crueldad ejercida en niños, tres visitantes de la
policía, dos doctores, un visitador m édico, un secretario
de los servicios de salud, integrantes del parvulario y de
la escuela primaria. Por la disgregación en el tratam ien-
Psicología judicial 79

to del tema, no pudieron evitar que el sistem a m ontado


se convirtiera en un sistem a paranoico, com o lo dice el
m ism o M inuchin. El m ism o llevó en definitiva, a la
m uerte de la niña por m alos tratos al ser devuelta a su
fam ilia de origen. Tam bién esta problem ática de segrega­
ción en el tratam iento de la com plejidad, se puede adver­
tir en algunas legislaciones en las que un m ism o proble­
m a de fam ilia, es tratado por m últiples instancias
judiciales distintas, que aportan soluciones contradicto­
rias y m uchas veces inconvenientes. Así, por ejemplo, en
un problem a de fam ilia a veces suele intervenir un juez
civil con relación a determ inadas partes que hacen al
patrim onio de las personas; un juez penal para estable­
cer la responsabilidad penal; un juzgado de m enores; ser­
vicios sociales, etc. En este sentido, la situación se ha vis­
to m ejorada por la creación de tribunales de fam ilia en
los que un m ism o juez, com o en Nueva York, tiene a su
cargo la totalidad de la problem ática, evitando trata­
m ientos desarticulados del m ism o problem a frente a dis­
tintos jueces.
Naciones Unidas en 1985, recom ienda que se adopten
legislaciones específicas, tanto en el ámbito penal, como
en el civil para resolver este tipo de problem as y para
lograr una adecuada coordinación de las respuestas.

L) Visiones ingenuas de la conducta humana

Otra característica de conducta de m uchos sistem as


judiciales es la observación ingenua de la conducta
hum ana. M uchas veces esta conducta se describe en tér­
80 Juan H. Del Popolo

minos de sentido común, en términos de la calle, creyen­


do que se están haciendo observaciones psicológicas.
Otras veces se toma sólo lo m anifiesto del discurso, no
indagando más profundam ente las m otivaciones de las
problem áticas en ju ego.
Así, por ejemplo, se puede pensar que por el hecho de
que un testigo sea honesto responderá con exactitud,
asunto que dista de lo real:
Otra creencia ingenua es que habría sólo un factor
común que lleva a que existan conductas delictivas,
situación que se aleja m arcadam ente de la realidad.
Num erosos factores son los que pueden contribuir a que
una conducta delictiva tenga lugar. No se trata de grupos
que puedan ser identificados por un solo factor común.
H utchins y Slesinger ya en 1929 destacaron como los
jueces utilizan supuestos ingenuos acerca de la conducta
hum ana al construir su juicio.
Otro m ito es el de que todo enferm o m ental resulta
peligroso.

ILL) Acento sobre lo individual

Otra característica que vamos a reseñar, es el acento


sobre lo individual. Esto se derivada de antiguas visiones
individualistas que tuvieron vigencia clara en el siglo
anterior. A partir de esto el derecho en buena m edida se
concentra en la observación de aspectos individuales,
olvidando interacciones sistemáticas con perjuicio para la
com prensión del problem a. Esto se advierte particular­
mente en estudios victim ológicos de años recientes, cuan­
Psicología judicial 81

do frecuentem ente colocan el acento en el autor del hecho


con olvido de la víctima.

M) Visiones racionalistas de la conducta humana

Otra nota es la preponderancia de modelos racionalis­


tas, para interpretar realidades psicológicas. Así se dejan
de lado fenóm enos psicológicos, como hem os visto, en pro
de la efectividad. Por ser m enos visibles o asequibles
estos fenóm enos se los considera inexistentes. Esto es
herencia de una civilización racionalista que pretendió
legislar m inuciosam ente y con códigos racionales situa­
ciones que, como lo muestra, nuestra ciencia psicológica,
escapan a los principios lógicos de identidad, contradic­
ción y de tercero excluido.

N) Tendencia a no utilizar
los datos relevantes de la investigación
científica en tiempo oportuno

Resulta tam bién advertible la falta de m ecanism os


aptos para la más o m enos rápida adaptación de hallaz­
gos científicos a los m ecanism os legales. N orm alm ente,
por la inercia propia de los sistemas legales y la primacía
de com partim entos estancos, viejas concepciones científi­
cas receptadas por la ley tienden a perpetuarse en el
tiempo, sin corrección de ninguna especie a pesar de su
obsolencia.
Lo dicho resulta com probable a partir del simple exa-
82 Juan H . Del Popolo

m en de las teorías de conducta que subyacen a muchos


constructos legales.
Claro es que los científicos en num erosas situaciones
no facilitan el cam ino de la interacción productiva.
Se observa, al menos en nuestro m edio, un claro défi­
cit en la form ación de profesionales para participar en la
investigación y hallazgo de soluciones a problem as con­
cretos de la convivencia y a'p artir de su campo de espe­
cialidad profesional.

N) El fenómeno llamado «ojo de cerradura»

Ardua ha sido la tarea de abrir cam inos de com unica­


ción entre Psicología y Derecho. La historia de la interre­
lación de am bas disciplinas registra la existencia de
num erosos conflictos, inconvenientes y m alentendidos.
En mi opinión, las dificultades de entendim iento de
ambas ciencias tienen mucho que ver con la existencia y
operatividad del fenóm eno que a continuación reseñaré.
Los constructos en torno a la conducta im presos en el
arm azón legal filtran y recortan las observaciones que
hace el aplicador de la ley.
Como un ojo de cerradura sólo dejan pasar cierta car­
ga de inform ación compatible con los presupuestos ju ríd i­
cos.
La existencia y análisis de estos constructos vigentes
en el ordenam iento jurídico, deben ser exam inados por la
psicología ju ríd ica como tarea prioritaria por las conse­
cuencias que los m ism os generan.
Así, el denom inado «tipo penal» le señala al operador
Psicología judicial 83

judicial que es lo que debe m irar de la conducta para ver


si se encuentran presentes los elem entos de la figura
delictiva.
Estos constructos im presos en el armazón legal están
muchas veces basados en observaciones ingenuas de la
conducta, que no se concilian con la observación psicoló­
gica a través de un m étodo científico.
A manera de ejem plo, el artículo 34 inc. I 9 del Código
Penal argentino, en orden a la im putabilidad contiene
una serie de supuestos en relación a la conducta de los
seres humanos im putables:
a) que estos tienen capacidad de conocer y diferenciar
los actos buenos de los m alos, que pueden discrim inar y
hacer juicios de valor al respecto para comprender, y no
sólo entender el acto crim inal;
b) que se está en condiciones de elegir librem ente
hacer o no hacer algo;
c) se vincula la im posibilidad de com prender la crim i­
nalidad del acto o dirigir las acciones con estados psico-
patológicos.
Aquí no se trata de m ostrar si estos supuestos son o
no ciertos. Tan sólo se trata de ejem plificar su existencia.
El aplicador de la ley penal deberá ver si en el caso con­
creto se dan o no los supuestos contem plados en la nor­
ma. Parte entonces, lógicam ente, de un constructo en tor­
no a las capacidades de los seres hum anos, sus
capacidades de discrim inar, de diferenciar y valorar, etc.
Estos constructos en torno a la conducta hum ana selec­
cionan la búsqueda de inform ación y la criban, en el sen­
tido de que la inform ación que ingresa es la compatible
con el constructo legal. El problem a es que hay construe-
84 Juan H . Del Popolo

tos legales que se apoyan en concepciones psicológicas de


las conductas pretéritas y que suboptim izan los datos
que la psicología está en condiciones de ofrecer y las tare­
as que ésta puede em prender. Por eso es que im porta
.revisar adecuadam ente sus constructos detectando los
«ojos de cerradura». Con el avance de la lectura, podre­
mos ir señalando algunos de ellos.

H emos exam inado algunas dificultades de trabajo,


que se suelen presentar en el área de la psicología ju ríd i­
ca. Se trata de tenerlas presentes a los efectos de imple-
m entar una m odalidad de trabajo superadora en cada
uno de los campos en los que el especialista deba actuar
dirigida a lograr una más efectiva m anera de dar res­
puesta a los conflictos que el derecho intenta resolver.
Claro es que la posibilidad de im plem entar nuevos
m odelos y form as de trabajo en los casos concretos de­
penderá de una gran variedad de factores. Pero al menos
resultará conveniente tener estas situaciones en cuenta
para encarar cambios en la m edida de lo posible (siempre
existen posibilidades de cambio).
Se debe tener presente que nuestra form a actual de
resolver conflictos desde el derecho — en particular el
penal— en ciertos sectores, está obsoleta.

M in in o p r o g r a m a d e o r ie n ta c io n e s p a r a la
in t e g r a c ió n d e la p e r s p e c t iv a p s ic o ló g ic a
e n el á re a ju r íd ic a

Se podría enunciar así:


Psicología judicial 85

1) Necesidad de conocimiento básico de la terminología


psicológica y jurídica y del alcance de ciertos conceptos
empleados que guardan estrecha relación con la actividad.
2) N ecesidad de conocim iento básico de supuestos
implícitos y explícitos de algunos constructos del derecho
relacionados estrecham ente con la interacción.
3) Expresión de conclusiones de la especialidad psico­
lógica en lenguaje accesible cuando las com unicaciones
vayan dirigidas a profesionales de otras disciplinas.
4) Previo a la puesta en m archa de equipos multidis-
ciplinarios se deberá trabajar internam ente a los efectos
de la explicitación de modelos óptimos de abordaje y ter­
m inología a em plear acorde a las características del tra­
bajo a im plem entar. En num erosos países funcionan
estos equipos m ultidisciplinarios.
Así, y a m anera de ejemplo, el Código de los Niños y
Adolescentes en Perú (Decreto Ley 26.102 - 1992) prevé
la conform ación del equipo m ultidisciplinario conformado
por m édicos, pedagogos, psicólogos y asistentes sociales.
Son sus atribuciones:
a) em itir inform es que le soliciten el juez y fiscal;
b) hacer el seguim iento de las m edidas em itidas, el
dictámen técnico para los.efectos de la evaluación corres­
pondiente así como las recom endaciones para la toma de
decisiones;
c) las dem ás que se señalen en el Código.

Lo ideal es que los equipos m ultidisciplinarios funcio­


nen con un «feed-back» continuo con las autoridades ju d i­
ciales, dado que de esta m anera la tarea term ina por
resultar más provechosa para todos.
86 Juan if. Del Popolo

La ruptura de fronteras fijas e inam ovibles entre


ciencias, rom piendo la actual taxonom ía, perm itirá un
crecim iento exponencial de saberes, posibilitando' la
em ergencia de procesos creativos.
Com plem entando este punto, y desde una perspectiva
m ultidisciplinaria, se proponen las siguientes:
. s\

Orientaciones para la tarea de los equipos


de trabajo en psicología jurídica

Los equipos científicos de trabajo deberían posibilitar


el cum plim iento de las siguientes funciones, que norm al­
m ente son desem peñados por diversos integrantes:
1) Búsqueda de los datos del caso y relevam iento de
la com plejidad.
2) Búsqueda de inform ación científica pertinente.
3) Visualización creativa de la situación.
4) Estudio de situación.
5) Exam en de alternativas.
6) Conocim iento de las principales demandas del sis­
tem a jurídico; de sus objetivos y sustentos conductuales
de los constructos respectivos.
7) Respeto y escucha de los conocimientos que puedan
provenir desde otras ciencias y exposición clara de los
propios.
8) Tolerancia para enfrentarse a los procesos de
angustia y confusión que provoca el pensar creativo como
mom ento de crecim iento.
9) Conciencia de la com plejidad de los fenóm enos
humanos evitando caer en sobresim plificaciones y reduc-
Psicología judicial 87

cionism os, fracturaciones y visión por com partim iento


estanco, m odelos lineales uni-factoriales.
10) Toma de conciencia de los aspectos afectivos pre­
sentes en la situación y de las fluctuaciones que descar­
tan visiones estáticas de los fenóm enos.
TI) D etección de m ecanism os de aislam iento y diso­
ciación en el abordaje de los fenóm enos a examinar.
12) Detección de los m ecanism os inerciales en la reso­
lución de conflictos presentes en el caso.
13) Visualización de los integrantes del sistem a como
observadores, aplicadores, participantes.
.14) Com prensión de la calidad instrum ental de los
«rótulos» evitando transform arlos en realidades ontológi-
cas y evitando quedar únicam ente ligado al m odelo psic.o-
patológico.
15) Consideración de la dinám ica de los factores en
juego y de su evolución en el tiempo.
16) Consideración de la realidad sistém ica en juego.
17) Detección de los «ojos de cerradura» en el análisis
jurídico de los fenóm enos y su explicitación.
18) Identificación de las visiones racionalistas de la
problem ática y de las m utilaciones a nivel de los afectos.
19) Análisis crítico de las dem andas que desde el
derecho se form ulan y de su capacidad para resolver o
increm entar el conflicto y de los m edios más idóneos para
ello. Si la dem anda es im posible de cum plim entar, así
debe expresarlo.
20) Form ulación de propuestas alternativas para la
com prensión del hecho y para la adopción de m edidas y
en form a apropiada a la situación de que se trate.
21) U n adecuado profesionalism o evitará que el psicó­
88 Juan H. Del Popolo

logo quede contratransferencialm ente actuando roles


incom patibles con el ejercicio profesional que se le
dem andan eventualm ente desde lo jurídico, tales como la
disociación afecto-razón, negación, etc.

Cam pos de trabajo en psicología ju ríd ica

Reseñarem os algunos campos de trabajo propios de la


interacción psicológica:
— Penal
— D erecho industrial
— Laboral
— M enores (adopciones, custodias, tenencias, priva­
ción de patria potestad) y jóvenes
— Fam ilia
— Com ercial y civil
— Penitenciarias j
— Correccionales
— P abellones judiciales de hospitales psiquiátricos
— Centros victim ológicos
— Organism os de asesoram iento crim inológico, tales
como la D irección de Asuntos Penales
— Legislaturas a los efectos del asesoram iento para
la redacción de futuras leyes
— Investigaciones científicas
— Estudios sobre credibilidad y fiabilidad de declara­
ciones
— Clínicas m édico-forenses
— Asesoram iento a instituciones de la com unidad a
Psicología judicial 89

consejos de seguridad y organism os gubernam entales,


cuerpos policiales
— Estudios e investigaciones sobre los actores del
proceso judicial, tam bién llam ada «psicología judiciaria»
— Gabinetes interdisciplinarios
— Estudios sobre jurados, selección de los integran­
tes que lo com ponen y procesos de tomas de decisiones
— Estudios enderezados a diseñar modelos más efica­
ces de organizaciones, e instituciones del sistema de ju s ­
ticia.

A lgunas tareas propias de la psicología jurídica

— Promoción
— Prevención
— Asesoram ientos
— Diagnósticos
— Asistencia
— Peritajes
— Tratam ientos y seguim ientos (intervenciones en
situaciones de crisis, grupos de reflexión, abordajes
comunitarios, m ediación)
— Investigación
— Trabajos interinstitucionales e institucionales.

En relación a la m etodología a im plementar, caben


todas las que científicam ente correspondan a la ciencia
psicológica, desde la sim ulación de m odelos experim enta­
les, encuestas, inventarios de personalidad, experimentos
de laboratorio, aplicación de test m entales, estudio de
90 Juan H. Del Popolo

casos, correlaciónales, observaciones directas, observacio­


nes de cam po, etc. Las tareas se pueden desarrollar,a
nivel individual.
D ebem os señalar que m uchas de estas áreas han
alcanzado im portantes desarrollos convirtiéndose en
especialidades a los que los profesionales se dedican de
tiem po com pleto. Seguidamente com entarem os activida­
des propias de algunas de ellas.

A lgunas áreas de aplicación de la psicología jurídica

Siguiendo el criterio de M egargee, enunciado en el


año 1982, podem os distinguir entre actividades dirigidas
a la evaluación, al tratam iento y al entrenam iento en
m ateria de psicología jurídica. En m ateria de evaluación,
podem os encontrarnos con las siguientes actividades:

Area Policial1 !
Evaluación de perfiles de personalid ad p a ra policías
de percepción y. actitudes m utuas policías-ciudadano.
Este es un terreno m uy novedoso e interesante puesto
que ayuda a evaluar estas percepciones y actitudes
m utuas, a diseñar estrategias de abordaje, a form ular
entrenam ientos en habilidades sociales específicas para
policías, a m ejorar la im agen desde el punto de vista de
la percepción social del personal.
Tam bién el psicólogo ju ríd ico puede evaluar perfiles

1 Incluimos el “área policial” dentro de la psicología jurídica teniendo en


cuenta el concepto amplio de la actividad que hemos tomado, aunque es justo
reconocer su cada vez más creciente desarrollo autónomo.
Psicología judicial 91

de personalidad en los casos de guardia cárceles, perso­


nal de centros correccionales, de rehabilitación, toxicó-
manos, centro de atención a víctimas.
En relación a esta área el psicólogo puede realizar
— además de las tareas de selección, que se vienen prac­
ticando en Estados U nidos desde principios de siglo (por
ejemplo aplicación del Test Stanford - Binet, en C alifor­
nia desde 1916)— las siguientes tareas:
* asesoram iento en m ateria de prom ociones de perso­
nal policial a jerarquías superiores;
* evaluación de aptitudes para cum plir tareas especí­
ficas del cargo, especialm ente luego de incidentes parti­
cularmente traum áticos;
* selección de personal para grupos especiales (SWAT
o similar);
* asesoram iento para la adm inistración y organiza­
ción de unidades policiales;
* intervenciones psicológicas luego de incidentes críti­
cos (ej: muerte de un com pañero, o casos de oficiales heri­
dos en cum plim iento del deber);
* program as de prevención, inoculación de stress y
para lograr su reducción;
* entrenam iento;
* hipnosis para increm entar la seguridad de declara­
ciones testim oniales en relación a hechos criminales;
* program as de form ación de personal policial para
atención de m ujeres golpeadas, chicos abusados, form a­
ciones de consejeros de grupos de pares y para trabajar
con jóvenes o m enores.

También resultan im portantes las siguientes áreas:


92 Juan H. Del Popolo

A u t o p s ia p s ic o ló g ic a : este procedim iento intenta


colectar elem entos de juicio para ayudar a e s t a b le c e r á
la muerte de una persona ha sido producto de un hom i­
cidio, suicidio o accidente. Esta determ inación interesa a
los efectos de la investigación penal y tam bién m uchas
veces a los efectos de ver si corresponde el pago de segu­
ros de vida.
En m uchos casos, los elem entos objetivos de ju icio
reunidos por las autoridades no perm iten aclarar esta
situación, razón por la que se torna necesario im plem en-
tar este procedim iento.
En Estados Unidos, el equipo del Centro de Preven­
ción del Suicidio en Los Angeles (LASPC), instrum entó
un procedim iento en el que se realiza una investigación
que abarca los treinta días previos al hecho de la m uerte
consistente en una descripción desde lo psicosocial de las
actividades de la persona muerta, relaciones interperso­
nales, actitudes y conductas. Se entrevista a personas
que hubieran m antenido contacto (vecinos, padres, hijos,
esposa, em pleados, com pañeros de trabajo). Se trata de
indagar la existencia de motivaciones concientes o incon­
cientes de carácter autodestructivo que perm itan avalar
o no la existencia de una determinación suicida.
Se indaga en tom o a necesidades frustradas, eviden­
cia de plan previo, am bivalencia, depresión, pedidos de
ayuda, estado de salud m ental, constricción de pensa­
miento, pasados intentos y estado del tratam iento que
estuviere llevando a cabo la persona, etc. (ver al respecto
Blau, 1994, op. cit.).
En Evans V. Provident Life and A ccident Insurance
Co., Kan Ct App — 689— Brazil J, 12-28-90, una de las
Psicología judicial 93

Cortes de Apelaciones en Estados Unidos adm itió que es


posible ofrecer testim onio en el Tribunal basado en este
procedim iento (Blau - 1994).
Una vez que estos datos han sido colectados, se ana­
lizan debidam ente a los efectos de proporcionar las con­
clusiones a los solicitantes del informe. Requiere este tra­
bajo form ación y entrenam iento especializado por parte
del psicólogo.

Identificación de perfiles psicológicos


de criminales en serie en relación
a delitos de homicidio o violaciones

Esta es una técnica que se practica desde la década


de 1970 (Reiser 1982).
' A partir de la sem iología delictiva se intentan esta­
blecer algunos rasgos y dinam ismos psicológicos propios
del ofensor. Se tienen en cuenta los actos antes - durante
y después del delito y los que em ergen de la escena m is­
ma del crimen.
Conform e Blau (Blau 1994), la Academ ia del FBI ha
concentrado esfuerzos para estandarizar esta técnica,
que ayuda a resolver casos no resueltos por otros cam i­
nos. En sus prim eras investigaciones de asesinos en serie
diferenciaron el crim inal desorganizado y el organizado.
El desorganizado, además de poseer una serie de rasgos
específicos, tendía a ser asustadizo y confuso al tiem po
del crimen, era verosím il conocedor de la víctim a, tendía
a vivir solo y probablem ente com etía el crim en en la cara
de la víctima. El organizado, entre otros rasgos, planeaba
94 Juan H. Del Popolo

y pensaba su crimen, usualm ente seguía los reportes del


m ism o en los medios, cam biaba de ciudad o trabajo luego
de com eter el crimen, y al tiem po del hom icidio estaba
por lo general deprimido y encolerizado (Blau, 1994).
Se aplica este procedim iento con hom icidas o violado-
. res en serie para tratar de establecer un patrón común
de conducta.
El m ism o procedim iento se aplica en m ateria de crí­
m enes protagonizados por pirom aníacos que en la inves­
tigación m ostraron patrones com unes de personalidad.
E sta técnica tiene por propósito proporcionar a los
investigadores policiales datos útiles para la identifica­
ción del autor del delito.
Se intenta tam bién colectar datos válidos para inferir
m otivaciones subyacentes en el autor del delito.

A s is t e n c ia p s ic o ló g ic a e n m a te r ia
d e n e g o c ia c ió n d e r e h e n e s

El psicólogo en esta área puede ofrecer distintos ser­


vicios tales como:
1) Selección de personal para la integración de grupos
dedicados a esta tarea.
2) Asesoram iento en el lugar del hecho.
3) Investigación de stress y grados de psicopatología
tanto en víctim as como en victimario.
4) Aspectos psicológicos del proceso de tom a de rehe­
nes.
Psicología judicial 95

Motivaciones del delincuente y factores


que determinan su conducta

Concretam ente se indaga por qué m otivaciones con­


cientes o inconcientes ha podido com eter un hecho delic­
tivo y qué factores conductuales se correlacionan con él.
Tam bién resulta factible realizar evaluaciones para la
prevención, predicción, estudios epidem iológicos, y del rol
de los m edios de com unicación social sobre el crimen
como factor propiciatario o inhibidor.

Testimonios

En el área de los procesos psicológicos involucrados en


los testim onios adquiere una gran participación el enfo­
que, desde el punto de vista de la psicología experim en­
tal, de la psicología de la percepción, de la memoria, de la
atención, de la selectividad, de los tipos de memoria en el
m anejo de la inform ación, de la evocación, del recuerdo,
para poder instrum entar un conocim iento que sea aplica­
ble en este campo.
En esta área se investigan procedim ientos para eva­
luar credibilidad de los testim onios de personas y niños
sospechados de haber sido víctim as de abuso sexual (téc­
nica de análisis de R ealidad de las declaraciones), m éto­
dos para colectar la inform ación recibida, procedim ientos
hipnóticos para realizar estas investigaciones con testi­
gos, etc.
96 Juan H . Del Popolo

Capacidad civil

H oy tam bién adquiere relevancia la evaluación dé las


incapacidades m entales en el área del derecho civil, tales
como las incapacidades para hacer testam entos o que
nulifican los actos jurídicos o incapacidad civil (que opor­
tunam ente verem os), o inhabilitaciones.
\
v *.

Iinputabi! idad

También las ciencias de la conducta pueden colaborar


para que el ju ez pueda expedirse en torno a la inimputa-
bilidad, a tenor del artículo 34 del Código Penal, o cuan­
do se plantean externaciones e internaciones en función
de esta inim putabilidad y de la peligrosidad, en la tem á­
tica relativa al «animus», por ejem plo las situaciones
donde se ha de ayudar a deslindar, desde el punto de vis­
ta psicológico, si un individuo ha actuado con dolo even­
tual, o culpa conciente.

Capacidad procesal

También el psicólogo puede ser llam ado a informar en


relación a la capacidad de una determ inada persona para
estar en juicio. Resulta perfectam ente posible que
alguien considerado, im putable al m om ento del hecho
resulte incapaz m entalm ente al m om ento en que se lleve
a cabo el proceso. En tales circunstancias se puede tam ­
bién requerir la actuación del psicólogo.
Psicología judicial 97

Problemática familiar

El profesional de las ciencias de la conducta puede


evaluar situaciones desde el punto de vista psicológico a
los efectos de que luego se puedan adoptar decisiones
relativas a adopciones, tenencias, guardas y prevención
de violencia fam iliar que no solam ente es física sino que
puede ser sexual o em ocional y no solam ente con respec­
to a la mujer, sino tam bién con respecto a los niños o
ancianos o al m ism o m arido o com pañero dentro del ám ­
bito familiar.
En relación a esta problem ática el psicólogo tam bién
puede dictam inar en relación a:
— conveniencia y regulación del régim en de visitas;
— privación o suspensión de la patria potestad;
— venia supletoria para determ inados actos de la
vida civil como el contraer m atrim onio.

Evaluaciones en el área minoridad!

Esta área cada vez presenta un m ayor desarrollo y


complejidad. Quizás sea una de las áreas de m ayor creci­
miento dentro "de la especialidad.
Recordem os que recién en 1899 se crea en Estados
Unidos (Illinois) el prim er Tribunal para m enores y que
a partir de esa fecha com ienza un desarrollo creciente de
las investigaciones y estudios sobre esta parcela.
Con posterioridad se m ultiplicó la creación de la
jurisdicción especializada de m enores en diferentes paí­
ses.
98 Juan H. Del Popolo

Se im pone en el área de los juzgados de m enores el


trabajo en equipo, con otros profesionales, aunque con
distintas m odalidades. El psicólogo en estas instancias
diagnósticas, evalúa situaciones, sugiere tratam ientos,
etc.
Im porta en sum o grado en esta área, el análisis de
factores de contexto com o así tam bién los evolutivos y
psicopatológicos.

Emoción violenta

Otra área es la evaluación de problem áticas ligadas a


la em oción violenta. Esta es un cam po de m ucho interés
en el que la psicología puede prestar un activo auxilio al
jurista y a las partes para poder determ inar la presencia
de este factor que tienen por fin atenuar considerable­
m ente la pena en los hom icidios y en las lesiones.

Daño psíquico

El estudio y evaluación de las alteraciones sufridas


p o r la víctima y daño psíquico, son áreas relativam ente
nuevas en las que existen una serie de parám etros psico­
lógicos que se pueden exam inar a efectos de determ inar
la pu^ptía.de este daño, en función de una reclam ación
de daños y perjuicios. Situaciones de daño psicológico se
presentan en accidentes de tránsito, accidentes laborales,
delitos (en el caso de las víctim as que lós han sufrido y
Psicología judicial 99

que reclam an la indem nización cóm o consecuencia del


evento traum ático que han padecido), etc.

Evaluación de sistemas legales

Estas evaluaciones se refieren no ya a sujetos indivi­


duales sino a las de sistem as legales en vistas a proponer
m odificaciones o sistem as de cam bio, a la psicología del
mismo control social y de los estam entos que la corpori-
zan, a la percepción de los sistem as legales por parte de
usuarios y operadores, a la psicología y percepción de los
hechos por parte de los jurados, conducta de jueces, a los
juicios que em iten, a sus deliberaciones, a la manera de
conform ar jurados. Es un área que tam bién integra el
área de evaluaciones en psicología forense.

Evaluaciones en materia de mal praxis

En estos casos el psicólogo es convocado para expedir­


se en relación a la praxis llevada a cabo por un colega. El
tribunal se avoca a reunir elem entos de juicio para deter­
m inar si existe responsabilidad o no del profesional y su
extensión, por un presunto inadecuado ejercicio profesio­
nal.
La responsabilidad profesional puede ser de naturale­
za:
a) P en a l: en la m edida en que el profesional en el
desem peño de su actividad incurre en una conducta que
la ley tipifica com o delito.
100 Juan H . Del Popolo

b) Civil-, en este caso se trata de juzgar, por lo gene­


ral, si existe obligación de reparar el daño y su extensión.
c) Administrativa-, frente a los órganos encargados del
control del respeto al Código de Etica o del cum plimiento
de los deberes a cargo de los psicólogos que trabajan en
el área de la Adm inistración Pública.
Las situaciones de m al praxis pueden presentarse en
los diferentes niveles y etapas d e.la actividad profesio­
nal: diagnóstico, tratam iento, peritajes, etc. Al sólo efecto
de ilustrar al lector señalem os las causas más com unes
de m al praxis.

A. A ctuar imperito

A ctúa con im pericia el que se desem peña en la


labor profesional p sicológica sin poseer los conocim ien­
tos suficientes para lleva r a cabo la actividad correcta­
m ente en beneficio del paciente o el que teniéndolos,
carece del su ficien te en tren am ien to o habilid ad para
aplicarlos bien, y que com o consecuen cia de ello p rovo­
ca un daño.
Tal puede ser el caso del que se dedique a trabajar en
un determ inado tipo de tratam iento o técnica psicológica
de diagnóstico sin estar debidam ente entrenado o super­
visado para ello.
Psicología judicial 101

B. A ctuar negligente

Otro rostro de la culpa es el de la negligencia que se


produce cuando el psicólogo actúa descuidadam ente u
omitiendo tom ar los cuidados que.el caso requería, y ello
ocasiona perjuicio.
Tal puede ser el caso derivado de errores groseros
cometidos por entrevistas apresuradas, anamnesis insu­
ficientes, o exámenes y evaluaciones de técnicas hechas
con desidia o falta de las debidas precauciones en pacien­
tes con elevado riesgo, por ejem plo, de suicidio.

C. A ctuar imprudente

Otra form a de la culpa profesional es la de aquel psi­


cólogo que actúa con im prudencia, en form a tem eraria,
por ejem plo, sobreinterpretando técnicas, o no teniendo
en cuenta los efectos que sus palabras puedan producir
en relación al «tim ing» del paciente.
M odernam ente se presentan diversas situaciones que
se conocen como «abuso de la transferencia». Incurre en
esta situación el profesional que no conserva el control
adecuado del vínculo con el paciente y como consecuencia
de ello lo coloca en situaciones que le pueden resultar
dañosas.
La jurisprudencia extranjera ha tenido oportunidad
de considerar dem andas en relación a estos casos en los
que el terapeuta había m antenido relaciones íntimas con
el paciente provocándole daño psíquico que debió de
indemnizar.
102 Juan H. Del Popolo

D. A ctuar inobservante de los deberes y reglam entos

Otra form a de la culpa es el actuar inobservante de


los deberes y reglam entos que están a cargo del profesio­
nal y que puedan acarrear un daño al paciente. Tal sería
el caso del psicólogo que durante su guardia se ausenta
indebidam ente abandonando a los pacientes a su cargo,
resultando de ello un daño para ellos; o de quien no
registra en la historia clínica las debidas recom endacio­
nes, observaciones terapéuticas, etc., resultando tam bién
de ello un daño.
Un criterio o patrón de com paración a efectos de ju z ­
gar la corrección o incorrección de la conducta profesio­
nal será el del psicólogo que en esa actividad actúa con el
cuidado, diligencia, conocim iento y entrenam iento debi­
do. Se trata de com parar la conducta con la del profesio­
nal que, reuniendo estas características, hubiera actuado
bajo análogas circunstancias.
No toda equivocación o diferencia de opiniones es fun­
dante de responsabilidad profesional, sino, por lo gen e­
ral, sólo aquella que im plica errores o vicios graves y gro­
seros.

E v a lu a c io n e s e n m a te r ia d e c o n t r a t o s ,
la b o r a l e in d u s tr ia l

También a estas áreas se extiende la actividad profe­


sional del psicólogo, aunque no son tareas m uy frecuen­
tes en el país. El peritaje se realiza con la finalidad de
analizar variables psicológicas que puedan influenciar en
Psicología judicial 103

el desarrollo de las precitadas actividades en su vincula­


ción con lo jurídico.

Tratamiento e intervenciones

El área de tratam iento,com prende tam bién la form u­


lación de program as de rehabilitación para internos en
penitenciarias, correccionales o institutos de m enores,
program as alternativos a la prisión que resultan muy
interesantes en esta época y que perm iten una salida
mucho más conveniente que el encierro que tiene efectos
sum am ente perjudiciales para la salud del individuo,
program as para el tratam iento de víctim as de delitos,
program as para el tratam iento de instituciones y com u­
nitarios que perm itan desarrollar una m ayor capacidad
de estas instituciones para, atender a sus objetivos espe­
cíficos.
Tam bién se investiga y trabaja en relación a proble­
mas psicológicos en prisión por parte del personal encar­
gado de su custodia, m edidas educativas y factores que
influencian la percepción del rol y conducta del personal
de prisiones.
Con respecto a la efectividad de los tratam ientos
realizados sobre delincuentes hasta m ediados de los 80,
prevalecía la idea de que ningún tipo de tratam iento fun­
ciona en m ateria de rehabilitación crim inal («nada fun­
ciona»).
M odernam ente esta opinión tiende a cambiar. Los
estudios hechos a partir de la perspectiva m eta - analíti­
ca tienden a m ostrar diferencias significativas en la rein-
104 Juan H. Del Popolo

cidencia en grupos juveniles tratados con técnicas exito­


sas com parados con grupos no tratados. Las técnicas más
exitosas son en general las conductuales, orientadas'á la
adquisición de habilidades y m ultim odales que general­
m ente incluyen com ponentes conductuales u orientadas
a la adquisición de habilidades.

Entrenamiento

Por último, el psicólogo tam bién colabora en la elabo­


ración de program as de entrenam iento que pueden estar
destinados á funcionarios, por ejemplo, agentes peniten­
ciarios, personal policial, personal de centros asistencia-
les de la víctim a, equipos interdisciplinarios, m agistra­
dos, abogados, a los efectos que tengan un entrenamiento
específico en materia psicológica, para hacer más efectiva
su tarea.
Todas las áreas de aplicación reseñadas no tienen el
m ism o desarrollo. En ciertos países unas alcanzan más
despligue que en otra. Como se observa, se trata de áreas
bastante heterogéneas y diferentes, teniendo como factor
común la interrelación psicología-ley.
A clarada pues, esta situación en relación a algunos
de los cam pos de actividad de la psicología forense,
vamos a señalar en la próxim a unidad tem ática algunos
conceptos m ínim os legales para que el perito psicólogo
desarrolle adecuadam ente su actividad.
C a p it u l o II
APENDICE I

LA PSICOLOGIA JURIDICA
EN AM ÉRICA LATINA

A continuación reproducirem os en form a sumaria, un


estudio realizado en relación con la situación de la psico­
logía ju ríd ica en A m érica Latina, y llevado a cabo en
1994.

Estado del arte

M etodología e instrum entos utilizados para la explo­


ración.
Con la finalidad de evaluar el estado del arte en rela­
ción a la disciplina Psicología y Ley en Am érica Latina,
se procedió a:
1) D iseñar un cuestionario, el que m ás adelante se
transcribe.
2) A n alizar las contribuciones de científicos prove­
nientes de Latino A m érica en los dos últim os eventos
106 Juan H. Del Popolo

científicos que han convocado a distintos psicólogos que


investigan la interacción entre «Psicología y Ley».

Este cuestionario fue rem itido en diciembre de 1993 a


centros universitarios, educativos o gubernam entales
relacionados con la especialidad o que pudiera vincularse
con la misma. x

El listádo de instituciones a las que el m ism o se rem i­


tió se encontrará en las páginas finales de este tomo.

Resultados

Sum ariam ente se consignarán algunos de los resulta­


dos obtenidos a partir del cuestionario rem itido, y de las
respuestas recibidas a vuelta de correo.
Se ha podido com probar que las especialidades psico­
lógicas que se dedican a la apuntada interacción, reciben
distintas denom inaciones que no siem pre reflejan dife­
rentes contenidos.
En Chile, existen cátedras de «Psicología y Derecho»
(Facultad de D erecho D iego Portales) y de «Psicología
Criminal» (Facultad de Derecho U niversidad de Chile).
Existen centros de terapia sistémica, centros de atención
a víctim as, centros de m ujeres donde la especialidad se
aplica al igual que en equipos de psicólogos de gendarm e­
ría y policía.
En el Departam ento de Psicología, de la Facultad de
Educación y Hum anidades de la Universidad de La Fron­
tera, Temuco, se dicta la asignatura Patología Social, de
régim en sem estral y de carácter obligatorio en el que se
Psicología judicial 107

contem plan distintos contenidos relacionados con el fenó­


meno delictivo infanto-juvenil, su com prensión, predic­
ción, análisis, tipo, prevención y tratamiento.
En Costa Rica por una ley de 1977 se crea el Colegio
Profesional de Psicólogos.
En Guatem ala, al parecer, no existe ni ha existido
program a o especialización alguna que tenga que ver con
«Psicología y Ley». Sin em bargo, existe gran interés en
su desarrollo en el Departam ento de Psicología de la U ni­
versidad Francisco M arroquin, según nos expresara su
Director, Dr. Luis Recinos.
E n Perú, no es conocida la especialidad Psicología
Jurídica como tal, aunque de hecho psicólogos generales
o clínicos trabajan en el sector justicia (peritajes), pena­
les (rehabilitación) y m altrato infantil (apoyo).
Las cátedras existentes en Perú, según se nos ha
inform ado son: Psicología D elincuencial en la U niversi­
dad N acional Federico Villarreal, y Psicología Crim inal
en la U niversidad M ayor de San M arcos (UNM SM ), y
enfatizan en sus program as las características clínicas de
las psicopatías. En la U niversidad M ayor de San M arcos
se enseñan aspectos de la política carcelaria.
N o existen cursos de postgrado, ni antecedentes de
sem inarios sobre Psicología Jurídica.
N o existe tam poco ley que respalde la especialidad
aunque si se ha elaborado un proyecto de ley sobre el
ejercicio profesional del psicólogo en el cual se considera
como especialidad a la psicología legal y delincuencial.
Sí se dicta en Perú un curso de psicología delincuen­
cial en un postgrado de m aestría en Ciencias Penales de
la Facultad de D erecho de la U niversidad Nacional
108 Juan H. Del Popolo

M ayor de San M arcos dirigido a abogados y bachilleres


en derecho.
N o hay publicaciones especializadas en psicología
jurídica, aunque se publican artículos de la disciplina.
D entro de la División Nacional de Investigación Cri­
m inal funciona la unidad de Psicología Forense que rea­
liza labores de peritaje conjuntam ente con otras unida­
des de dicha división de'm anera m ultidisciplinaria.
En Brasil, siempre acorde a la inform ación recibida,
especialm ente en la U niversidad del Estado de Río de
Janeiro, existe una im portante actividad en el área Psi­
cología y Ley.
A llí se dicta un Curso de Especialización en Psicolo­
gía Jurídica, que inició sus actividades en el año 1986.
Es un curso de postgrado con una duración de dos
años, que tiene por objetivo especializar a psicólogos,
capacitándolos para teorizar, investigar y prestar servi­
cios psicológicos en el ám bito de las Instituciones del
Derecho.
La Universidad de Río de Janeiro es la única U niver­
sidad de Brasil en ofrecer sistem áticam ente esta especia­
lidad.
Este curso realiza tam bién periódicam ente sem ina­
rios sobre tem as relacionados con la especialidad, tales
como seminario «Psicología e Instituciones de Derecho».
En el Estado de Río de Janeiro, no se ha creado el
cargo de psicólogo junto al Poder Judicial. D istintos pro­
fesionales actúan en presidios, ju zgad os de m enores y
escuelas para m enores infractores.
En el curso de Especialización de Psicología Jurídica
se dictan estas disciplinas o asignaturas: Sem iología de
Psicología judicial 109

los disturbios de Personalidad I y II; Nociones de D ere­


cho; Psicopatología Forense; Patología Social; Psicología
Jurídica I, II y III; P sicología Institucional; M etodología
de Enseñanza Superior (electiva), conferencias m ultidis-
ciplinarias, y se exige la redacción de una m onografía. El
curso tiene 630 horas-aula: de carga horaria.
En el área de la interacción, en Río de Janeiro se dic­
tan: Psicología Jurídica; Psicología Crim inal y Psicología
e Instituciones de D erecho en las U niversidades del
Estado de Río de Janeiro, Facultad de H um anidades
Pedro II y U niversidad Gam a Filho.
Los psicólogos trabajan en instituciones penales,
correccionales, fundaciones y asociaciones particulares,
centros relacionados con tratam ientos de víctim as, m al­
trato de m enores, violencia fam iliar y juzgado de rneno1
res.
En M éxico — conform e la inform ación que nos sum i­
nistrara la U niversidad Iberoam ericana, por interm edio
del Director del D epartam ento de Psicología, Dr. José
Antonio Visseda H eras— la especialidad relacionada con
la interacción Psicología y Ley se ha fom entado poco en
dicha casa de estudio, aunque sus alumnos realizan prác­
ticas en diversos reclusorios con m ucho éxito.
La Universidad N acional Autónom a de México nos ha
hecho saber que en su Facultad de D erecho se dicta la
cátedra de C rim inología; y en la de Psicología, la de
Rehabilitación Conductual, creadas en el año 1969 y
1971, respectivam ente.
Además, se dictan seminarios privados de especializa-
ción en la ciudad de M éxico, y distintos program as de
investigación, aplicándose la Psicología Jurídica en las
110 Juan H. Del Popolo

áreas de Adm inistración de Justicia, Instituciones Pena­


les o Correccionales, Fundaciones y Asociaciones Particu­
lares, centros relacionados con el tratamiento de víctimas,
m altrato de menores, violencia familiar y m ujer golpeada.
En este país los prim eros dictámenes de que se tiene
registro, emitidos por u n psicólogo, al parecer datan de la
segunda m itad de la década de los setenta y fueron rea­
lizados por el entonces Jefé-de D epartam ento de Psicolo­
gía Experim ental Dr. Luis Lara Tapia, sobre casos en las
cortes penales de la ciudad de México.
En Uruguay, los psicólogos intervienen especialmente
en el área de Juzgados de M enores.
En Puerto Rico, el Centro Caribeño de Estudios Post­
graduados, ofrece Sem inarios sobre los estándares lega­
les, la jurisprudencia Portorriqueña y Federal, el trasfon­
do teórico y las Norm as Profesionales para la Evaluación
psicológica y consultorio en casos criminales, como así
tam bién en casos civiles y de m ediación psicológica en
Psicología Forense.
Entre otros objetivos específicos del curso, se propone
el adiestram iento en los criterios a usarse en evaluacio­
nes especializadas en casos criminales tales como la eva­
luación de inim putabilidad, peligrosidad y procesabili-
dad.
El sem inario relacionado con casos criminales, entre
otros temas, aborda la división de las funciones del psicó­
logo en las etapas del proceso de enjuiciam iento criminal
(roles de consultor, am icus curiae, evaluador, psicotera-
peuta), el rol de la evaluación psicológica en la determ i­
nación del derecho a la fianza, las reglas del descubri­
m iento de prueba (incluyendo las deposiciones) y cómo se
Psicología judicial 111

aplican a la labor del psicólogo, el uso dé pruebas de refe­


rencia en la evaluación, análisis de los hallazgos en la
preparación del inform e pericial, y en el peritaje, el deba­
te sobre el uso de hipnosis en casos criminales, la evalua­
ción de sim ulación, de procesabilidad, de com petencia
para testificar, para alegar y renunciar derechos, la
defensa de responsabilidad dism inuida, de insania, de
m ujer m altratada, de defensa propia, de defensa incon­
sistente.
Por otra parte se abordan tem as tales com o el rol del
psicólogo en la evaluación de la credibilidad del testigo,
la credibilidad de los niños testigos, el rol del psicólogo
en la selección del jurado, y como psicoterapista de la víc­
tima en casos crim inales, ingresos involuntarios, deter­
m inación de peligrosidad y m edidas de seguridad, etc..
El sem inario en relación a la consultoría en casos
civiles aborda tem as tales como el peritaje, psicológico en
casos de reclusión civil involuntaria, el peritaje en el
campo educativo, asuntos de fam ilia (divorcio, custodia,
relaciones filiales, tutela, adopción) el psicólogo en casos
de protección de m enores, en casos de daños, determ ina­
ciones de capacidad o incapacidad, entre otros.
La Cátedra de P sicología Forense se dicta en el Cen­
tro Caribeño en E studios Postgraduados desde el año
1981 en la ciudad de San Juan de Puerto Rico estando a
cargo la cátedra de los Profesores Carol R om ay Ph.D. y
Aracelys Llanos, Ph.D. En dicho país no existen hasta el
m om ento leyes relativas a la profesión de psicólogos
forenses.
La ley 96 del año 1983 reglam entó en el país la prác­
tica de la profesión de psicólogo.
112 Juan H. D el Popólo

En Argentina, funciona una multiplicidad de cátedras


(nueve al menos) que se encargan de la enseñanza de
temáticas vinculadas con la interacción Psicología y iiey.
Existen cátedras en las ciudades de Buenos Aires, M ar
del Plata, La Plata, Córdoba, San Luis, Mendoza, Rosario.
Una de las prim eras cátedras de la especialidad en el
país fue la de Rosario en el año 1960 y estuvo a cargo de
la doctora Antonia Ram os de N em eth y la actividad se
desarrollaba en un cuatrim estre. El programa abordaba
temas tales como los fundam entos teóricos de la conducta
desviada, psicología de los delitos de grupo, psicocrimino-
génesis y sociocrim inología, delincuencia juvenil, nocio­
nes sobre el orden jurídico, estudio psicológico del testi­
monio, penología, deontología y del examen de la
bibliografía general citada se desprende que la misma
era realm ente innovadora para su época y sum am ente
profusa. También m erece destacarse la actividad del Pro­
fesor Horas en San Luis y del psicólogo español Mira y
Lopez en nuestra área de trabajo.
En M endoza, República Argentina, la cátedra de Psi­
cología Jurídica se dicta durante el último año de la
carrera de grado y es anual. Los alum nos realizan sus
prácticas en correccionales de m enores, juzgados civiles,
de menores y penales, dirección de asuntos penales, peni­
tenciaría provincial y otros centros de servicios para la
comunidad. En la carrera de postgrado en Criminología,
tam bién se dicta la apuntada disciplina en el primer año.
Se ha conformadQ, asim ism o, a fines de los años 80,
la A sociación de Psicólogos Forenses de la República
Argentina, que tiene una publicación periódica denom i­
nada «Psicología Forense».
Psicología judicial 113

También interesa destacar que en el año 1993, se con­


form ó la A sociación Iberoam ericana de Psicología Jurídi­
ca, con representantes de España, Estados Unidos,
Colom bia, A rgentina, M éxico, Chile, Uruguay, Brasil.
Esta institución trabaja activam ente en favor de la espe­
cialidad.
Las dos asociaciones m encionadas ofrecen cursos y
seminarios de postgrado.
En general, de las encuestas surge que son m uy
pocas las publicaciones en relación a la especialidad,
existentes en Latinoam érica, al igual que la investiga­
ción aplicada, form ación de postgrado, sem inarios de
especializaciones, equipos que trabajen en form a m ulti-
disciplinaria, aplicaciones de la psicología a la creación
de leyes y como soporte para las decisiones de los Pode­
res Ejecutivos y Adm inistradores.

Congresos de psicología

A los efectos de contar con una idea más acabada del


estado de la interacción «Psicología y Ley en Am érica
Latina», analizam os los trabajos presentados en dos de
los más im portantes congresos de la especialidad, a
saber:
1) el realizado en M adrid, España, del cinco al diez de
julio de 1992; y
2) el realizado en Santiago de Chile, del cuatro al
nueve de ju lio de 1993, X X IV Congreso Interam ericano
de Psicología.
1. Con referencia al primero de los Congresos m encio­
114 Juan H . D el Popolo

nados, en al área S im posios, de los siete trabajos p resen ­


tad os en esta área, tres correspondieron a autores L a ti­
n oam ericanos (uno a B rasil, y dos a A rgentina). /
E n el área, Trabajos libres, A rgentina p resen tó trein ­
ta y un (31) trabajos; España, veinte (20); Brasil, seis (6);
M éxico, tres (3); Chile, uno (1); Venezuela, uno (1) y P or­
tugal, uno (1).
A dem ás del «núm ero»M e trabajos presentados, resu l­
ta in teresan te tom ar en cuenta que se abordaron m ú lti­
ples in teraccion es del área «P sicología y Ley», a saber:
P sicología de la víctim a; ofensores; m enores o adolescen ­
tes; pericia; rol del psicólogo; acciones sobre organism os
de ju sticia ; fam ilia; m ediación; psicología del testim onio;
psicología penitenciaria; problem as específicos de la inte­
racción con el D erecho Civil; capacitación; in geniería del
con ocim ien to; im p u tabilid ad ; sida; d elin cu en cia fem en i­
na; etc..
2. En relación al C ongreso In teram ericano de P sicolo­
gía, organ izad o p or la S.P.I., en el área ta ller y m esas
redondas, no se registra ron trabajos en la especialidad.
E n el área S im p osios, se presentaron pocos trabajos
(cinco), corresp on d ien d o: dos a autores ch ilen os; uno a
brasileños; uno bolivian o y uno argentino.
E n el área «C artel», se p resen taron tres (3) trabajos,
corresp on d ien d o a .Argentina y se rela cion a ron con la
conducta del delincuente.
E n el área P on en cia s libres, A rgen tin a presen tó cua­
tro (4) trabajos; V enezuela, tres (3); B rasil, uno (1) y C h i­
le, uno (1).
E n cuanto a los tem as abordados, en su gran m ayoría
se relacion aron con la A d op ción y Tem áticas de M enores.
Psicología judicial 115

Análisis de resultados

Los países que parecen h a b er alcan zad o m ayor desa­


rrollo en la estru ctu ra ción de ám bitos u n iv ersitarios y
p rofesion ales den tro del A rea son: A rg en tin a, B rasil,
M éxico, V enezuela y Chile. M erecen tam bién tenerse en
cu en ta las con tribu cion es del C en tro C aribeñ o de estu ­
dios postgraduados.
E n los restan tes países de L atin oam érica, la d iscip li­
n a aún no se h a d esa rrollad o su ficien tem en te, ello, en
virtu d de las resp u estas recibidas al cu estion ario rem iti­
do y la participación de los autores de d istintos países en
C on gresos de la especialidad.
E n cuanto a las «d en om in acion es» de las m aterias
que se encargan de la in teracción «P sicología y Ley», las
m ism as varían gran dem en te con áreas de superposición.
E n este punto sería deseable u n m ayor con sen so de cla ­
rificación de contenidos.
E n m uy apretada síntesis, se advierte en el con tin en ­
te latin oam erican o un im p ortan te d éficit en los sigu ien ­
tes aspectos:
1) In vestigación A plicada: déficit p osiblem en te ligado
a la carencia de presu p u estos para tal tarea.
2) F orm ación de postgrado.
3) P articip ación de la p sicología en las áreas de:
a) C reación de leyes.
b) Im p lem en tación de p olítica s de poderes ejecu ti­
vos o adm inistradores.
4) Pocos países del A rea poseen leyes que respaldan
la acción de los p sicólog os cuando tra b a ja n en cam pos
vin cu lados con el D erecho.
116 Juan H . D el Popolo

5) E xisten pocas publicacion es especializadas.


6) E xisten pocos equipos m u ltid iscip lin arios que tra­
bajan en la especialidad. ./
7) F alta de con ocim ien to de p osib les aplicaciones de
la in teracción «P sicología y Ley» entre los m ism os p sicó­
logos.

Una propuesta

D e los resu ltados obtenidos, y m ateriales exam in a­


dos, surge que la m ayor cantidad de ap licaciones p rofe­
sion ales y con tribu cion es cien tíficas de la P sicología al
cam po legal se centran en:
A ) A rea pericial y de asesoram ien to experto en la
tom a de decisiones ju d iciales.
B ) A rea asistencial.
C) E n m u ch a m en or m ed id a: área de la prevención.
Si bien estas actividades resu ltan produ ctivas y rele­
vantes, creo que existen un punto en el que se debe in sis­
tir.
Las áreas antes reseñ adas (pericial, asistencial y de
p reven ción ), p ueden estar — y de h ech o a nuestro ju icio
lo están— sirviendo a m odelos agotados del D erecho, que
ya no resu ltan funcionales fren te a los nuevos problem as
que conlleva la convivencia y la d isfu n ción social.
E n la m ayoría, los diseños y constructos que actu al­
m en te op eran en el ám bito de lo ju ríd ico , perten ecen
— p or lo m enos en sus basam entos— a la C iencia Ju ríd i­
ca de p rincipios de siglo.
L a p sicología en los ú ltim os cien años h a realizado
Psicología jud icia l 117

im p ortan tes con tribu cion es en m ú ltip les sentidos, que


requ ieren en lo ju ríd ico , se con stru y a n nu evos diseños
capaces de recep tar las in n ovacion es p ara una m ás ad e­
cuada recon d u cción de la d isfu n ción social. Es tal el
em puje tecn ológico y cien tífico de los ú ltim os tiem pos,
que ya la in fra estru ctu ra ju r íd ic a trad icion al no puede
dar cuenta de ellos. E ste es un punto de fricción, y no de
interacción, donde los conocim ientos que provienen de las
ciencias de la conducta corren el riesgo de quedar infrau-
tilizados.
P o r ende, y fren te a la com plejida d y densidad de las
ciencias que se ocu p an de la con d u cta en sus distintos
niveles, se p lantea el d esa fío de im p lem en tar las estru c­
turas tecn ológicas ju r íd ic a s ad ecu ad as y de servicios a
efectos de que se pueda llevar a cabo un verdadero p roce­
so de tran sform ación eficaz en in teracción holística.
L a falta de estrateg ias que p erm itan m od ificar
m uchos constructos del derecho obsoletos, para hacerlos
m ás adecuados a lo que ahora conocem os de la conducta,
lleva a que in ev ita b lem en te se caiga en volu ntarism os
que d esp ilfarran con ocim ien tos adquiridos en el área,
su bop tim izan d o resu lta d os, cayen d o en m odificaciones
que a lo m ás, m itigan estru ctu ras obsoletas.
Si no se visu a liza el serio p roblem a por el que se
atraviesa, p od em os esta r con tribu yen d o seriam en te a
aum entar la disfu n ción de un sistem a agotado, con stru ­
yen do castillos de arena.
E n este sentido, resu lta esen cial que el psicólogo des­
de su p arcela p u ed a , trabaja n d o en u n a in gen iería in te­
gral con otros científicos:
1) llam ar la aten ción sobre los supuestos im plícitos y
118 Juan H . D el Popolo

exp lícitos de los constructos d el D erech o que resu ltan


agotados a la luz de las ciencias de la conducta;
2) p rop on er rediseños, recon versión y nuevos ingénie-
rías en los sistem as ju ríd icos, lu ego del pertin ente diag­
n óstico circu n stan ciad o del sistem a, a fin de satisfacer
las d em an d as del colectivo socia l, u tiliza n d o los con oci­
m ientos adquiridos y evitando n u evas inversiones en in s­
tituciones agotadas;
3) colaborar en im p lem en tación de nuevos diseños al
respecto.
E sta esen cial tarea la h em os en con trad o ausente en
nuestra investigación .
Las U niversidades, sociedades e institu ciones científi­
cas, o acad ém icas, bien p od ría n asu m ir este desafío de
con form ar equipos de trabajo que oferten a los gobiernos
e in stitu cion es p ertin entes, serias y adecuadas p ropu es­
tas p ara la reconversión integral del sistem a legal, acom ­
pañan do la transform ación y reciclaje de sus operadores
a la luz de los actuales con ocim ien tos en torno a la con ­
ducta.
De esta form a, lograríam os estru ctu rar una «propues­
ta» alternativa al positivism o, m od alid ad en la que el p si­
cólogo aparece sim plem ente satisfacien d o las dem andas
que se le gen eran desde el obsoleto sistem a legal vigente,
para p asar a u n a posición en la que el cien tífico de la
con du cta p ropon e nuevas v isu a liza cion es, acordes al
escen ario esp ecífico en el que el sistem a en estu dio se
encu en tra enclavado^ articulando sus conocim ientos para
que éstos no quéden en las aulas y trabajos de in v estig a ­
ción.
E ste esfuerzo de tran sform ación bien vale la pena, y
Psicología judicial 119

perm itirá p rob a b lem en te crecim ien tos exp on en cia les de
la in teracción «P sicología y Ley», que, p or ahora quedan
atascados en n u m erosos cuellos de botella de un sistem a
inercial y an quilosado.
A lgú n cam in o y a h a sido ad elantado en este sentido,
pero resta m u ch o por hacer.
N atu ralm en te que este esfuerzo de articular la in te ­
racción entre am bos subsistem as debe ser encarado con
u n am plio con ocim ien to de los su bsistem as específicos
in volu cra dos -—lega l y p sicológ ico entre otros— p ara
lograr el objetivo propu esto.

S egu id a m en te tran scribim os el cu estion ario que fue


rem itido a diversas in stitu cion es de A m érica L atin a para
explorar el estado del arte en la R egión.
120 Juan H . D el Popolo

C u e s t io n a r io

I m p o r t a n t e : P u ed e resp on d erlo p a rcia lm en te sin o


está a su alcance toda la inform ación solicitada. S i Ud.
posee m ayor inform ación p u ed e adjuntarla en hoja sep a ­
rada señalando el ítem correspondien te.

1) En su país: ¿existen cátedras U niversitarias de P si­


cología Jurídica, P sicología Forense, Psicología Crim inal,
o cualquier otra cátedra que se relacione con la especia­
lidad «P sicología y Ley»?
(M arque la respuesta adecuada con una cruz)
S I ___ N O ___ N O C O N O Z C O ___
a) D enom inación de las m ism as
1 ........................ 2 ........................ 3 ........................
b) ¿C uántas cátedras existen?
c) F acu ltad o in stitu ción en la que Ud. con ozca que
la/s m ateria/s se dicta/n.
1........................ 2 .......................... 3 .......................
d) A ño de cursado en que se dicta/n la/s m ism a/s.
1.........................2 ......................... 3 .........................
e) ¿E n qué ciudad o esta do del país se d esarrolla la
actividad académ ica?
1........................ 2 ........ 3 .........................
f) Indique, si lo conoce, nom bre del P rofesor titu lar a
cargo de la m ateria.
1........................ 2 ..........................3 ........................
g) A ñ o en que se creó la cátedra.
1........................ 2 . .. . ......................3 .........................
h) Si le es posible le rogam os acom pañar u n p rogra­
m a de los contenidos de la/s m ateria/s.
Psicología judicial 121

2) ¿E xiste en su país C arreras de P ostgrado o S em i­


narios de especialización en las m encionadas d isciplinas?
a) In dique cu áles y en qu é ciudad se d esa rrolla esa
actividad.
b) P rofesor a cargo de la actividad y si puede acom p a­
ñar el program a de con ten id os respectivos.

3) ¿E x isten en su país program as o p royectos de


in vestiga ción en el área, ya sea a nivel u n iv ersitario,
gu bern am en tal, fu n d a cion es o in stitu ciones esp ecia liza ­
das que se ocu p en de las disciplinas antes m en cion adas?
a) D enom inación.
1...................... 2......................
b) ¿D esde cuándo?
1....................... 2...................... 3 ......... ............
c) ¿En qué áreas?
1 ...................... 2 ........................ 3 ........................
d) ¿C on oce el d irector del proyecto?. ¿P uede in d icar
su nom bre y d irección ?
1
2
e) ¿D ónde se lleva n a cabo las actividades?
1........................ 2 .......... , ............

4) Señale si existen:
a) A p licacion es de la P sicología Ju ríd ica en su país (o
ciencias que se ocu p en de la in terrelación P sicología y
Ley) en las áreas:
A d m in istra ción ju sticia
In stituciones penales o correcionales
C entro de segu ridad
122 Juan H . D el Popolo

F u ndaciones o asociaciones particulares


A rea de creación de leyes com o soporte
logistico p ara la tom a de decisiones ,/
P od eres ejecutivos o adm inistradores
C entros relacion ad os con tratam ientos.
de víctim as
M altrato de m enores
V iolen cia fam iliar
M u jer golpeada
O tras %

b) In stitu cion es que se d ediquen a la resolu ción de


conflictos, o cualqu ier otra in stitu ción en la que se ap li­
quen estas disciplinas.

5) ¿E xisten leyes o proyectos de leyes en su país rela ­


tivos a la profesión de psicólogo forense o ju ríd ico o que
se refieran a la interacción P sicología y Ley?

a) ¿Puede su m in istrar la d ocum entación resp ectiva?

6) ¿E xisten en su país In stitu cion es in tern acion ales


que prestan apoyo a la especialid ad o se en cargan de
difundirla?
S I ___ N O ___ N O C O N O Z C O ___
a) ¿Puede detallar cuáles?

7) Libros que se hayan publicado, revistas esp eciali­


zadas, proyectos de in vestiga ción que se hayan d esa rro­
llado en relación a la especialid ad en su país
Psicología judicial 123

8) ¿E xisten equ ip os m u ltid iscip lin arios qu e trabajen


en la especialid ad ?
a) Indique cuáles .
b) ¿En qué lu gar trabajan?

9) ¿Es con ocid a la especialid ad entre los psicólogos?


a) ¿La con ocen otros p rofesionales?
b) ¿C óm o está considerada?

10) ¿Qué propu esta sugiere para el desarrollo de esta


especialidad en su país?

11) A gregue cualqu ier otro dato que considere de in te ­


rés.

P e r s o n a s e i n s t it u c io n e s a la s q u e se
le s h a r e m i t i d o e l c u e s t i o n a r i o *

* U n iv ersid a d S im ón B olivar. C aracas - V en ezuela.


* U n iversid ad de Car abobos - V enezuela.
* U n iv ersid a d C en tral de V enezuela. E scu ela de P si­
cología.
* In stituto de Psicología. F acu ltad de M edicina. C ara-
cas-V enezuela.
* U n iversid ad de Los A n des. V enezuela.
* U n iv ersid ad de Zulia. V enezuela.
* U n iv ersid a d de O riente. V enezuela.
* U n iv ersid a d N a cion a l A u tón om a de M éxico, D.F.,
M éxico. F a cu lta d de Psicología.
* U n iv ersid ad Iberoa m erican a - M éxico D.F.
124 Juan H . Del Popolo

* U .A .N .L ., F acu ltad de Psicología. M éxico.


* U niversid ad A u tón om a de B aja Cal. M éxico.
* U n iversidad Intercontinental. M éxico. ./
* U n iversid ad A u tón om a M etropolitana. M éxico.
* U n iversidad Bonaterra. M éxico.
* U n iversid ad C atólica de Chile. Chile.
* U niversidad D iego Portales. Chile.
* U n iversid ad de la Frontera. Tem uco. Chile.
* U n iversid ad de Concepción. C oncepción. Chile.
* U niversidad de Chile. Chile.
* S ervicio N acion al de la M ujer. S an tiago de Chile.
* Instituto de C rim inología. Santiago de Chile.
* Instituto de P sicología. U n iversidad S an Pablo. Sao
Paulo. Brasil.
* U n iversid ad Católica. Porto A legre. B rasil.
* U n iversid ad de B rasilia. B rasilia D.F. Brasil.
* In stitu to C entral de P sicología. San Pablo. Brasil.
* U niversid ad Federal de Paraiba. B rasil.
* U n iversid ad del E stado de R ío de Jan eiro. M araca­
ná. Brasil.
* U n iversid ad Federal de E spíritu Santo. Brasil.
* U n iversid ad C atólica de Pelotón. Porto. B rasil.
* U n iversidad F rancisco M arroquin. G uatem ala.
* In stituto de Psicología aplicada. G uatem ala.
* U n iv ersid ad Federal Do R io G rande Do N orte.
N atal. B rasil. •
* U n iversidad Católica de San Pablo. San Pablo. B ra ­
sil.
* U n iversid ad N acional de Colom bia. B ogotá. C olom ­
bia.
* U n iversid ad C atólica del N orte. A n tofagasta. Chile.
Psicología judicial 125

* F u ndación «N iñ o y P atria». P u nta A ren a s. Chile.


* U niversidad de P u erto Rico. Puerto Rico.
* Centro C a rib eñ o de E studios. P uerto Rico.
* F acultad de P sicología. H abana. Cuba.
* U niversidad C a tólica B oliviana. Bolivia.
* U n iversid ad de Lim a. Lim a. Perú.
* P SID E . C en tro de in vestiga ción y d ocu m en tación
P sicología y D esarrollo. Lim a. Perú.
* Psicólogos . A seron es. Lim a. Perú.
* E scuela de p ostgra d o en P sicología. M iraflores.
Perú.
* U n iversidad R icard o P alm a. Lim a. Perú.
* Centro de E stu d ios e In vestigación P sicológica.
Lim a. Perú.
* U n iversid ad In ca G arcilaso de la Vega. Jesus
M aría. Perú.
* D epartam en to de P sicología. N icaragu a.
* St. John U niversity. Jam aica.
* In stitu to T ecn ológico de Santo D om in go. Santo
D om ingo.
* H ospital de O ra. H onduras.
* U niversid ad N acion al de Loja. Ecuador.
* Sra. M ón ica Q uevedo. La Paz. Bolivia.
* Sr. C arlos L arrarte. R ep resen tan te A socia ción Ib e­
roam ericana de P sicología. B ogotá. C olom bia.
* Sr. E ric Chargoy. R epresentante A.I.P.J. M éxico.
* Sr. Paolo A ran eda Jara. Representante A.I.P.J. Chile.
* Sra. A n a M a ría B em porta. R ep resen tan te A.I.P.J.
Uruguay.
* Sra. Tania M a ría Jore A iello Tofolo. R epresentante
A.I.P.J. Sao P aulo. B rasil.
C ap itu lo II
A P E N D IC E II

A L G U N O S P R E C E P T O S LE G A LE S

1) L e y 5 0 4 5 de la P rov in cia de M endoza. N o r­


m as para el ejercicio de la profesión de la psicología.
2) L e y 5511 de la P rovin cia de M en d oza L ey de
C arrera P sicológica. P rofesion ales que prestan fu n ­
ciones en la A d m in istra ción P ú b lica P rovin cial y
M unicipal. N orm as y E xcepciones.
3) L e y 583 7 de la P rov in cia de M endoza. M od ifi­
caciones a la ley 5511.
4) Código de Etica y Disciplina de Mendoza
en el ejercicio de la profesión de Psicólogo.
5) L e y 7106. E jercicio de la P rofesión de P sicólo­
go en la P rovincia de C órdoba.
6) L e y 23.277. L ey del E jercicio P rofesion al de la
P sicología (B.O. 15/9/1985).
\

*
L e y 5045

E J E R C IC IO P R O F E S I O N A L D E L A P S I C O L O G I A

E l S e n a d o y C á m a r a d e D ip u t a d o s d e la P r o v in c ia de
M e n d o z a , s a n c io n a n co n fu e r z a d e L e y : ¿v

T ít u lo I
De la profesión del psicólogo

C a p ít u lo I
Parte general

Art. I s — E l e je r c ic io d e l a P s ic o lo g ía c o m o a c tiv id a d p r o ­
fe s io n a l lib r e e in d e p e n d i e n t e , só lo s e a u t o r iz a r á a lo s e g r e s a ­
d o s d e la c a r r e r a m a y o r d e P s ic o lo g ía e n t e n d ié n d o s e p o r t a l ,
a q u e lla c u y a d u r a c ió n n o s e a m e n o r d e cin co ( 5 ) a ñ o s d e g r a d o
a c a d é m ic o , p r e v ia o b t e n c ió n d e la m a t r íc u la c o r r e s p o n d ie n t e
e n el M in is t e r io d e B i e n e s t a r S o c ia l.
Art. 2 - — P a r a p o d e r o b t e n e r la m a t r íc u la h a b ilit a n t e p a r a
e l ejercicio d e la p r o fe s ió n e n l a ju r is d ic c ió n d e la P r o v in c ia se
r e q u ie r e :
a) T e n e r t ít u lo n a c io n a l d e L ic e n c ia d o e n P s ic o lo g ía , D o c to r
e n P s ic o lo g ía , P s ic ó lo g o , o to r g a d o p o r U n iv e r s id a d N a c i o n a l,
P r o v in c ia l, R e g io n a l o P r iv a d a h a b ilit a d o p o r e l E s t a d o N a c io ­
n a l, c o n fo r m e a l a le g is la c ió n u n iv e r s it a r ia ;
Juan H . D el Popólo

b ) T e n e r t ít u lo o ó r g a d o p o r u n iv e r s id a d e x t r a n je r a q u e
h a y a s id o r e v a lid a d o p o r U n iv e r s id a d n a c io n a l;
c) T e n e r t ít u lo o to r g a d o p o r U n iv e r s id a d e x t r a n je r a y qu e
e n v ir t u d d e t r a t a d o s in t e r n a c io n a le s e n v ig e n c ia h a y a sid o
h a b ilit a d o p o r U n iv e r s id a d N a c io n a l;
d ) L o s p r o fe s io n a le s e x t r a n je r o s d e t ít u lo e q u iv a le n t e d e
r e c o n o c id o p r e s t ig ió in t e r n a c io n a l, q u e e s t u v ie r e n e n tr á n s ito
e n e l p a ís y q u e fu e r a n r e q u e r id o s e n c o n s u lt a p a r a a s u n t o s de
s u e x c lu s iv a e s p e c ia lid a d .
L a a u t o r iz a c ió n p a r a el e je rcicio p r o fe s io n a l, s e r á c o n ce d i­
d a , a p e d id o d e lo s in t e r e s a d o s p o r u n p e r ío d o d e s e is m e s e s ,
p u d ié n d o s e p r o r r o g a r h a s t a u n a ñ o co m o m á x im o .
E sta h a b ilit a c ió n no podrá en n in g ú n c ?lso im p lic a r el
e je r c ic io d e l a a c t iv id a d p r o fe s io n a l p r iv a d a m e n t e , d e b ie n d o
lim it a r s e a la c o n s u lt a p a r a la q u e h a sid o r e q u e r id o ;
e) L o s p r o fe s io n a le s e x t r a n je r o s c o n t r a t a d o s p or I n s t i ­
t u c io n e s P ú b lic a s o P r iv a d a s con fi n a li d a d de in v e s t ig a c ió n ,
a s e s o r a m ie n t o o d o c e n c ia , d u r a n t e la v ig e n c ia d e s u c o n tr a to ,
no p o d r á n e je r c e r la p r o fe sió n p r iv a d a m e n t e , d e b ie n d o lim it a r ­
se a los fin e s p a r a lo s q u e fu e c o n tr a ta d o .
f) P r e s e n t a r p le n a c a p a c id a d c iv il y n o e s t a r in h a b ilit a d o
p or s e n t e n c ia ju d ic ia l p a r a el e je rcicio d e s u p r o fe s ió n .
N o p o d r á n e je r c e r l a p r o fe s ió n :
1) L o s c o n d e n a d o s a c u a lq u ie r p e n a p o r d e lito c o n tr a la
s a lu d de la s p e r s o n a s y la fe p ú b lic a co n m o t iv o d el ejercicio de
la p r o fe s ió n y e n g e n e r a l to d o s a q u e llo s c o n d e n a d o s a p e n a de
in h a b ilit a c ió n p r o fe s io n a l;
2 ) L o s e x c lu id o s d e l ejercicio p r o fe s io n a l p o r sa n c io n e s d is­
c ip lin a r ia s .
Art. 3° — N i n g u n a a u t o r id a d o r e p a r t ic ió n p ú b lic a p o d r á
e fe c t u a r n o m b r a m ie n t o d e p r o fe s io n a le s p s ic ó lo g o s q u e p r e v ia ­
m e n t e n o a c r e d ite n h a b e r c u m p lid o co n to d o s lo s r e q u is ito s d e
m a t r ic u la c ió n e n e l M in is t e r io d e B i e n e s t a r S o c ia l.
Psicología judicial 131

C a p ít u lo II
Del uso del título

Art. 4 a— S e c o n s id e r a r á u s o d e l t ít u lo , to d a a c tu a c ió n q u e
p e r m it a in fe r ir la id e a d e l ejercico de la p r o fe s ió n de P sic ó lo g o .
Art. 5 a — E l u s o d e l t ít u lo p o r p r o fe s io n a le s c o m p r e n d id o s
e n la p r e s e n t e ley , e s t a r á s o m e t id o a la s s i g u ie n t e s n o r m a s :
a) S ó lo s e r á p e r m it id o a la s p e r s o n a s de e x is t e n c ia v is ib le
q u e lo p o s e a n y q u e h a y a n c u m p lid o co n lo s r e q u is it o s q u e la
le y e x ig e p a r a s u e je r c ic io ; _/)
b) E n la s s o c ie d a d e s d e p r o fe s io n a le s o c u a lq u ie r c la s e dé*'
a g r u p a c ió n p r o fe s io n a l, corresp on d erá que i n d i v i d u a lm e n t e
c a d a u n o d e lo s in t e g r a n t e s d e l a s m i s m a s p o s e a su t ít u lo p ro ­
fe s io n a l h a b ilit a n t e y c u m p la con lo s r e q u is it o s de m a t r ic u la -
ción e n el M i n i s t e r io d e B ie n e s t a r S o c ia l.

C a p ít u lo I I I
Del ejercicio profesional
\\

Art. 6 9 — A lo s e fe c t o s d e e s t a le y se c o n s id e r a e je rcicio
p r o fe s io n a l d e l a p s ic o lo g ía la a p lic a c ió n de té c n ic a s p s ic o ló g i­
ca s en lo s d i s t in t o s c a m p o s d e s u q u e h a c e r (e d u c a c io n a l, la b o ­
r a l, s o c ia l, c lín ic o y j u r í d i c o ) ; c o m o a s í t a m b i é n , la t a r e a de
in v e s t ig a c ió n e n l a s d i v e r s a s á r e a s d e a p lic a c ió n de la p s ic o lo ­
g ía y la e la b o r a c ió n d e n u e v o s m é to d o s y té c n ic a s de t r a b a jo .
I g u a lm e n t e , se c o n s id e r a r á ejercicio de la p r o fe s ió n d e l p s ic ó lo ­
g o , el c o n tr o l d e l a e n s e ñ a n z a , d ifu s ió n d e l c o n o c im ie n to p s ic o ­
ló g ico y s u s t é c n ic a s . E l p s ic ó lo g o p o d r á e je r c e r s u a c t iv id a d e n
fo r m a in d iv id u a l y /o in t e g r a n d o e q u ip o s i n t e r d is c ip lin a r io s , en
I n s t it u c io n e s o p r iv a d a m e n t e .
E n a m b o s c a s o s p o d r á h a c e r lo a r e q u e r im ie n t o de p r o fe s io ­
n a le s de o tr a s d is c ip lin a s o d e p e r s o n a s q u e p o r p r o p ia v o lu n ­
ta d s o lic ite n s u a s is t e n c i a p r o fe s io n a l, co n a u t o n o m ía d e e le c­
ció n de p r o c e d im ie n t o s y /o té c n ic a s .
Art. 7° — E n to d o s lo s s u p u e s t o s y e n c u a lq u ie r a de lo s
132 Juan H . D el Popolo

c a m p o s , lo s p s ic ó lo g o s s o n lo s p r o fe s io n a le s e s p e c ífic a m e n te
c a p a c it a d o s y a u t o r iz a d o s p a r a a p lic a r T e s t s d e I n t e lig e n c ia ;
T e s t s d e P e r s o n a lid a d , T é c n ic a s y m é to d o s p r o y e c tiv o s , T é c n i­
c a s P s ic o t e r a p é u t ic a s in d iv id u a le s y g r u p a le s (t a le s c o m o 'P s i-
c o d r a m a , P s ic o a n á li s is , P s ic o t e r a p ia s b r e v e s , P s ic o t e r a p ia s
f a m i lia r e s a s í c o m o o t r a s r e fe r i d a s a la m i s m a e s p e c ia lid a d ).
S in q u e l a s p r e s e n t e s a tr ib u c io n e s a fe c te n la s o to r g a d a s a
o tr o s p r o fe s io n a le s d e a c u e r d o a l a le g is la c ió n v ig e n te .

C a p ít u lo I V
Areas ocupacionales y campos de aplicación

Art. 8 Q— C o n el o b je to d e d e li m it a r el e je rcicio d e la p s ic o ­
lo g ía , s e e s t a b le c e n l a s s i g u ie n t e s á r e a s o c u p a c io n a le s s in p e r ­
ju ic io d e q u e co n el a v a n c e d e la c ie n c ia p u d ie r a n d e s a r r o lla r s e
n u e v a s á r e a s o l i m i t a r s e é s t a s . L a s n u e v a s e s p e c ia lid a d e s
d e b e r á n s e r a c r e d ita d a s p o r e l E s t a d o y lo s r e q u is it o s se e s t a ­
b le c e r á n e n l a r e g la m e n t a c ió n de la p r e s e n t e ley.

a ) P s ic o lo g ía c lín ic a : L a e s fe r a d e a cció n se h a lla en h o s p i­


t a l e s g e n e r a le s y e s p e c ia liz a d o s , co m o a s í t a m b ié n o tr o s c e n ­
tr o s d e s a lu d , h o s p i t a le s m a t e r n o s in f a n t ile s , s in q u e e s t a
n u m e r a c ió n s e a t a x a t iv a , c o n s id e r a n d o q u e to d a s la s á r e a s
o c u p a c io n a le s d e l p sicó lo g o r e c ib e n a p o r te s de la P sic o lo g ía C lí­
n ic a .
E n p s ic o lo g ía c lín ic a s e r e a li z a n l a s s ig u ie n t e s t a r e a s :

Promoción y prevención

1) O r ie n t a c ió n y a s e s o r a m ie n t o p sic o ló g ic o r e a liz a d o a t r a ­
v é s d e la u t iliz a c ió n d e m é to d o s y t é c n ic a s p r o p ia s de e s ta c ie n ­
cia q u e t e n g a co m o o b jetiv o p r o m o v e r el d e sa r r o llo a rm ó n ic o de
la p e r s o n a , la f a m i lia y la s in s t it u c io n e s ;
2 ) I n t e r v e n c ió n p s ic o ló g ic a e n m o m e n t o de c r isis in d i v i ­
d u a l, g r u p a l e in s t it u c io n a l (e m b a r a z o , in te r v e n c io n e s q u ir ú r ­
g ic a s , m u e r t e d e fa m ilia r , a c c id e n t e s , in t e r n a c io n e s p r o lo n g a ­
Psicología judicial 133

d a s , c o n d ic io n e s d e la in t e r n a c ió n y o tr a s ) con la fin a lid a d de


e v it a r s itu a c io n e s p a t o ló g ic a s ;
3 ) G u ía y o r ie n t a c ió n p s ic o lo g ía e n la s d is tin t a s e t a p a s d el
d e s a r r o llo e v o lu tiv o (in fa n c ia , p u b e r t a d , a d o le s c e n c ia y d e m á s
e t a p a s );
4 ) P a r tic ip a c ió n e n g r u p o s in t e r d is c ip lin a r io s con p r o fe s io ­
n a le s y p e r s o n a l d e la s in s t it u c io n e s p a r a m e jo r d e s a r r o llo de
la m is m a ;
5 ) I m p le m e n t a c ió n de p r o g r a m a s a n iv e l de la c o m u n id a d
p a r a p r o m o v e r la s a lu d m e n t a l de la p o b la c ió n .

Diagnóstico

1) D ia g n ó s t ic o e v o lu t iv o d e l d e s a r r o llo n o r m a l y p a to ló g ic o
(n iv e l de m a d u r a c ió n , i n t e le c t u a l, p s ic o m o t r iz , de a p t it u d e s e
in t e r e s e s );
2 ) D ia g n ó s tic o d e p e r s o n a lid a d .
D ia g n ó s tic o p r e c o z d e lo s t r a s t o r n o s de c o n d u c ta y d e r e la ­
ció n con el a m b ie n t e .
D ia g n ó s tic o p s ic o p a to ló g ic o .
D ia g n ó s tic o d ife r e n c ia l.
3 ) D ia g n ó s tic o fa m ilia r .
4 ) D ia g n ó s t ic o I n s t i t u c io n a l y d e o tr o s g r u p o s , co n e l fin d e
r e a li z a r u n p r o n ó s t ic o e in d ic a c io n e s d e o r ie n ta c ió n y t r a t a ­
m ie n t o .

Tratamiento

T r a t a m ie n t o P s ic o t e r a p é u t ic o y R e h a b ilit a c ió n d e l a p r o ­
b le m á t ic a p s ic o ló g ic a a t r a v é s d e l a s d is t in t a s té c n ic a s d e p s i­
c o te r a p ia in d iv id u a l y g r u p a l (f a m ilia r , in s t it u c io n a l y o tr a s ).

b ) P s ic o lo g ía e d u c a c io n a l: L a e s f e r a de a c c ió n s e h a l l a e n
in s t it u c io n e s e d u c a t iv a s d e c u a lq u ie r n iv e l y e n l a p r á c tic a p r i­
v a d a de la p r o fe s ió n . A s e s o r a m i e n t o y a s is t e n c ia e n to d o lo
c o n c e r n ie n te a lo s “A s p e c t o s P s ic o ló g ic o s ” d e l q u e h a c e r e d u c a ­
134 Juan H . D el Popólo

c io n a l a t r a v é s d e in v e s t ig a c ió n , o r ie n ta c ió n , a s e s o r a m ie n t o y
a s is t e n c ia e n lo s d is tin t o s n iv e le s c o m p r o m e tid o s en é l p r o c e so
de l a e n s e ñ a n z a y el a p r e n d iz a je , e n r e la c ió n a lo s fa c to r e s p s i ­
c o ló g ico s q u e in c id e n e n lo s m is m o s .
L a p r e c e d e n te c a r a c te r iz a c ió n d e l á r e a o c u p a c io n a l y c a m ­
p ó de a p lic a c ió n d e l a p s ic o lo g ía e d u c a c io n a l n o im p lic a la
e x c lu s iv id a d d e l p sic ó lo g o n i la e x c lu s ió n de o tr o s p r o fe s io n a le s
u n iv e r s it a r io s c u y a c a p a c ita c ió n c u r r ic u la r d e t e r m in e e s p e c ifi-
c a m e n t e i n c u m b e n c ia y a c c io n e s c o n c u r r e n te s en e l m is m o
c a m p o , c o m o e s el c a so de p e d a g o g o s , p s ic o p e d a g o g o s , m é d ic o s
e n a lg u n a s e s p e c ia lid a d e s , lic e n c ia d o s en c ie n c ia s de la e d u c a ­
ció n , a s is t e n t e s s o c ia le s , fo n o a u d ió lo g o s , o r to p e d a g o g o s y o tr o s .
s im ila r e s .

Promoción y prevención

1 ) A s e s o r a m i e n t o r e la t iv o a la in s t it u c ió n e sc o la r, p a r a
lo g r a r q u e la e s t r u c t u r a y d in á m ic a de la m i s m a s e a a d e c u a d a
a la s n e c e s id a d e s p s ic o ló g ic a s de s u s in t e g r a n t e s .
2 ) O r ie n t a c ió n e sc o la r, v o c a c io n a l, p r o fe s io n a l, o c u p a c io n a l
p a r a el m e jo r a p r o v e c h a m ie n to d e s d e el p u n to d e v is t a p sic o ló ­
g ic o , e n e l p r o c e so d e e n s e ñ a n z a -a p r e n d iz a je .
3 ) A s e s o r a m i e n t o y o r ie n ta c ió n d e e d u c a d o r e s y e d u c a n d o s
so b r e lo s a s p e c t o s p s ic o ló g ic o s q u e in c id e n e n el a p r e n d iz a je .
4 ) C o la b o r a r e n e l a s e s o r a m ie n t o s o b r e el c o n te n id o , lo s
m é to d o s y l a s t é c n ic a s d e e n s e ñ a n z a y d e l a e v a lu a c ió n , a fin
de a d e c u a r la s a l a p sic o lo g ía d e l e d u c a n d o e n la s d is t in t a s e t a ­
p a s d e l d e s a r r o llo d e la p e r s o n a lid a d y d e l a s e s t r u c t u r a s co g ­
n o s c it iv a s .
5 ) E s t u d io y a s e s o r a m ie n t o s o b r e l a p s ic o p r o fila x is d e l ro l
d o c e n te y so b r e lo s d iv e r s o s a s p e c t o s d e l a r e la c ió n d o c e n t e s -
a lu m n o s -fa m i lia .
6 ) I m p l e m e n t a t i o n 'de p r o g r a m a s d e d ifu s ió n t e n d ie n t e s a
p r e v e n ir lo s p r o b le m a s d e l a p r e n d iz a je , p o r c a u s a s p s ic o ló g i­
c a s.
Psicología judicial 135

Diagnóstico

1) D e p e r s o n a lid a d y d e capacidá'dfi|s y h a b ilid a d e s g e n e r a ­


le s y e s p e c ífic a s p a r a u n a m e jo r a d e c u a c ió n d e la e n s e ñ a n z a ,
o r ie n t a c ió n v o c a c io n a l y o c u p a c io n a l de lo s e d u c a n d o s .
2 ) Id e n tific a c ió n p r e c o z d e lo s p r o b le m a s d e a p r e n d iz a je y
c o n d u c ta (in d iv id u a l y g r u p a l).
3 ) D ia g n ó s t ic o y e v a lu a c ió n d e l fu n c io n a m ie n t o in s t it u c io ­
n a l y d e la s r e la c io n e s i n t e r p e r s o n a le s q u e a fe c te n el d e s a r r o ­
llo p sic o ló g ic o d e lo s m ie m b r o s .

Tratamiento

T r a t a m ie n t o p s ic o te r a p é u tic o de lo s p r o b le m a s d e l a p r e n d i­
z a je o c o n d u c ta a t r a v é s d e t é c n ic a s de p s ic o te r a p ia in d iv id u a l,
g r u p a l, f a m i l ia r e in s t it u c io n a l.

c) P s ic o lo g ía ju r íd ic a : L a e s fe r a d e a cció n se h a l l a e n p e n i­
te n c ia r ia s , in s t it u c io n e s d e m e n o r e s , in s t it u t o s d e c la sific a c ió n ,
d ir e c c io n e s d e a s u n t o s p e n a le s o i n s t i t u t o s s i m ila r e s q u e fu n ­
c io n e n e n l a s p e n it e n c ia r ía s o fu e r a d e e l la s ; C u e r p o M é d ic o
F o r e n s e o in s t it u c io n e s s i m il a r e s ; j u z g a d o s d e m e n o r e s , p e r it a ­
j e s p a r t ic u la r e s e n lo p e n a l; c e n tr o s e s p e c ia liz a d o s e n el t r a t a ­
m ie n t o d e t o x ic ó m a n o s , o tr o s de i g u a l fin a lid a d d o n d e s e r e a li­
z a , e n t r e o tr a s la s ig u ie n t e t a r e a :

Promoción y prevención

1) P r e v e n c ió n d e l d e lito e n t o d a s s u s fo r m a s y d e lo s fa c to ­
r e s a m b i e n t a le s p r e d is p o n e n t e s a l m i s m o , a t r a v é s d e : E la b o ­
r a c ió n e I m p le m e n t a c ió n d e P r o g r a m a s in f o r m a t iv o s y E d u c a ­
t iv o s , P r o p a g a n d a y o tr o s ;
2 ) A s e s o r a m i e n t o y a s is t e n c i a a lo s fa m i lia r e s d e lo s in t e r ­
n a d o s y d e lo s lib e r a d o s . A s e s o r a m i e n t o a la s d iv e r s a s in s t i t u ­
c io n e s sobre program as de r e h a b ilit a c i ó n y su e f e c t iv id a d
según la p e r s o n a lid a d y p r o n ó s t ic o del in te r n a d o o g ru p o .

I
136 Juan H . D el Popolo

D e t e c c ió n y a s e s o r a m ie n t o e n r e la c ió n a p e r s o n a lid a d e s con
p r e d is p o s ic ió n a d e lin q u ir y la s n e c e s id a d e s d e a s is t e n c i a y /o
in t e r n a c ió n ;
3 ) A s e s o r a m i e n t o en lo s c a so s d e a d o p c ió n , d is c e r n im ie n t o
d e t u t e la , s e p a r a c ió n y la s s itu a c io n e s d e r iv a d a s d e d e r e c h o de
f a m i l ia ;
4 ) P a r t ic ip a c ió n e n g r u p o s in t e r d is c ip lin a r io s co n p r o fe s io ­
n a le s y p e r s o n a l d e la s in s t it u c io n e s , p a r a m e jo r d e s a r r o llo de
la m i s m a .

Diagnóstico

D ia g n ó s t ic o i n d iv id u a l, g r u p a l, fa m ilia r , i n s t it u c io n a l y
o tr o s , e n lo s s i g u ie n t e s c a s o s :
1) D ia g n ó s t ic o y co n tro l p sic o ló g ic o e n la a d m is ió n , p e r m a ­
n e n c ia y e g r e s o d e lo s in t e r n o s .
2 ) E s t a b le c im ie n t o a t r a v é s d e l d ia g n ó s tic o d ife r e n c ia l, del
g r a d o d e p e lig r o s id a d y p r o n ó stic o c r im in o ló g ic o .
3 ) D e t e r m i n a c ió n d e r e s p o n s a b ilid a d e s en la e je c u c ió n de
c o n d u c t a s q u e im p liq u e n r ie s g o s p a r a el in d iv id u o o s u s s e m e ­
ja n te s .
4 ) P e r it a je s .

Tratamiento

D e lo s d e s a ju s t e s de c o n d u c ta in d iv id u a le s y g r u p a le s .
1) T r a t a m ie n t o c r im in o ló g ic o en p e r s o n a s q u e d e lin q u e n y
s u f a m i lia , t e n d ie n t e s a la r e h a b ilita c ió n .
2 ) T r a t a m ie n t o p s ic o te r a p é u t ic o a i n t e r n o s en la s i n s t i t u ­
c io n e s d e m enores t e n d ie n t e s a lo g r a r la in t e g r a c ió n al
m e d io .

d) P s ic o lo g ía la b o r a l: L a e s fe r a d e a cció n se e n c u e n t r a en
in s t it u c io n e s e n la s q u e e x is t e n a c t iv id a d e s v in c u la d a s a l t r a ­
b a jo y e n g a b in e t e s o in s t it u c io n e s p r iv a d a s o p ú b lic a s d e d ic a ­
das a ta l ñ n .
Psicología judicial 137

Promoción y prevención

A s e s o r a m i e n t o e n lo a t i n e n t e a l t r a b a jo y la p r o d u c c ió n
c r e a n d o el c lim a m á s fa v o r a b le p a r a la a d e c u a c ió n d e f't r a b a jo
a l h o m b r e , lo q u e a s u v e z b e n e fic ia r á la in s t it u c ió n .
1) A s e s o r a m i e n t o la b o r a l s o b r e la p r e v e n c ió n de a c c id e n ­
te s;
2 ) S e le c c ió n , d is tr ib u c ió n y p e r fe c c io n a m ie n to d el p e r s o n a l;
3 ) E v a lu a c ió n de p u e s t o s y t a r e a s , e s t u d io s de m o t iv a c io ­
n es;
4 ) A s e s o r a m i e n t o a c e r c a de la fo r m a c ió n , a d ie s t r a m ie n to y
v a lo r a c ió n d el tr a b a jo ;
5 ) A s e s o r a m ie n t o so b r e la fo r m a c ió n de m a n d o s , r o ta c ió n y
c a p a c ita c ió n d el p e r s o n a l, s e g ú n l a s a p t it u d e s p s ic o fís ic a s y
m e n t a le s ;
6 ) A s e s o r a m i e n t o so b r e el d e s a r r o llo d e la c a r r e r a (o r g a n i­
g r a m a );
7 ) A s e s o r a m i e n t o e n lo s c a s o s d e fin a liz a c ió n de la r e la c ió n
la b o r a l (ju b ila c ió n , r e n u n c ia s , s a n c io n e s , d e s p id o s y o tr o s);
8 ) D e s a r r o llo o r g a n iz a c io n a l.

Diagnóstico

I n d i v id u a l, g r u p a l e i n s t i t u c io n a l, p a r a e l a d e c u a d o d e s a ­
r r o llo d e la s r e la c io n e s d e t r a b a jo y e v it a r e v e n t u a le s p e r t u r b a ­
c io n e s.

Tratamiento

— T r a t a m ie n t o p s ic o te r a p é u t ic o d e lo s p r o b le m a s q u e s u r ­
j a n e n la s r e la c io n e s h u m a n a s e n e l t r a b a jo , a t r a v é s de t é c n i­
c a s p s ic o ló g ic a s i n d iv id u a le s , g r u p a le s e I n s t it u c io n a le s .
— T r a t a m ie n t o P p s ic o t e r a p é u t ic o d e l a s t e n s io n e s d e g ru p o
p r o p e n d ie n te a p r e v e n ir , c o n s e r v a r y p r o m o v e r la s a lu d p s íq u i­
ca d e la s r e la c io n e s d e tr a b a jo y e v it a r e v e n t u a le s p e r tu r b a c io ­
n es.
138 Juan H . D el Popolo

e) P s ic o lo g ía S o c ia l: L a e s f e r a d e a c c ió n e s t á r e la c io n a d a
co n to d a s la s I n s t it u c io n e s , g r u p o s y m ie m b r o s d e l a c o m u n i­
d a d q u e , e n c u a n to fu e r z a s s o c ia le s a fe c t a n la co n d u ctq , clel
in d iv id u o el q u e a s u v e z e je r c e i n f lu e n c ia s o b r e la s o c ie d a d :
I n d u s t r i a s , o r g a n i s m o s o fic ia le s y p r iv a d o s , I n s t i t u c io n e s de
I n v e s t ig a c i ó n s o b r e l a o p in ió n p ú b lic a , C e n t r o s d e I n v e s t i g a ­
c ió n P s ic o ló g ic a , a n t r o p o ló g ic a s , e m p r e s a s d e p u b lic id a d y
d e m á s a fi n e s y e n la p r á c tic a p r iv a d a co n l a p e r s p e c t iv a q u e
t o d a s la s á r e a s o c u p á c io n a le s d e l P sic ó lo g o r e c ib a n a p o r t e s d e
la P s ic o lo g ía S o c ia l.

Promóción y Prevención

A s e s o r a m i e n t o y e s c la r e c im ie n t o en la s I n s t it u c io n e s so b re
to d o lo r e fe r e n t e a d in á m ic a g r u p a l:
— D is t r ib u c ió n d e lo s r o le s e n u n g ru p o .
— A p r e n d iz a je y c o m u n ic a c ió n e n la in te r a c c ió n g r u p a l.
— D in á m i c a i n s t r u m e n t a l y o p e r a t iv a en lo s g r u p o s.
— T é c n ic a s y m é to d o s d e a b o r d a je a lo s g r u p o s.
— A s e s o r a m i e n t o a c e r c a de lo s fa c to r e s p sic o ló g ic o s q u e
in c id e n e n lo s fe n ó m e n o s s o c ia le s co m o la p r o d u c c ió n , el c o n s u ­
m o , la s a c t it u d e s , o p in io n e s , p r e ju ic io s , m o t iv a c io n e s y la
c o m u n ic a c ió n .
P a r t ic ip a c ió n en g r u p o s in t e r d is c ip lin a r io s p a r a el a b o r d a ­
j e , d ia g n ó s tic o y t r a t a m ie n t o de la s itu a c ió n .

Diagnóstico

P s ic o s o c ia l
S o c io d in á m ic o
I n s t it u c io n a l

Tratamiento

T r a t a m ie n t o P s ic o te r a p é u tic o de lo s t r a s t o r n o s v in c u la r e s
(I n t e r p e r s o n a le s , i n t r a e in t e r g r u p a le s ) q u e im p id e n e l d e s a ­
Psicología ju dicial 139

rr o llo a rm ó n ic o de la i n s t i t u c ió n , el g r u p o y d el in d iv id u o d e n ­
tr o d el g ru p o .
Art. 9° — E n to d a s l a s ’ á r e a s de tr a b a jo el psicólogo es el p ro ­
fe sio n a l ca p a citad o p a r a in v e s t ig a r la co n d u cta en su n iv e l de
in teg ra c ió n psicológica sin q u e e s ta s a trib u cio n es a fec te n la s otor­
g a d a s a otros p r o fe sio n a le s de a cu erd o a la le g isla ció n v ig e n te .
A s im is m o la in v e s t ig a c ió n t e n d e r á al p e r fe c c io n a m ie n to y
o b te n c ió n d e n u e v o s m é t o d o s , t é c n ic a s y c o n o c im ie n to s de la
p r o m o c ió n y p r e v e n c ió n , d ia g n ó s t ic o y t r a t a m ie n t o .

C a p ít u lo V
De los derechos y deberes de los profesionales

Art. 10 — Los p r o f e s i o n a le s que e je r z a n la p s ic o lo g ía


podrán:
a ) C e r t ific a r l a s p r e s t a c io n e s o s e r v ic io s q u e e fe c t ú e n e n
fo r m a t o t a lm e n t e a u t ó n o m a , a s í co m o t a m b ié n la s c o n c lu sio n e s
d ia g n ó s t ic a s r e fe r e n t e s a e s t a d o s p s íq u ic o s de la s p e r s o n a s en
c o n s u lt a ;
b ) E fe c t u a r i n t e r c o n s u lt a s y /o d e r iv a c io n e s a o tro s p r o fe s io ­
n a le s de la s a lu d , c u a n d o l a n a t u r a l e z a d el p r o b le m a de la p e r ­
s o n a q u e a c u d e a c o n s u lt a a s í lo r e q u ie r a , s e a n é s t a s de a t e n ­
ció n p r iv a d a , m u t u a l i z a d a u h o s p it a la r ia .
Art. 11 — S o n d e b e r e s d e l P s ic ó lo g o :
a) P r e s t a r a s is t e n c ia p r o fe s io n a l p sic o ló g ic a a l se r v ic io de
la s a lu d ;
b ) B r in d a r la c o la b o r a c ió n q u e le s e a r e q u e r id a p o r la s
a u t o r id a d e s s a n i t a r i a s e n c a s o d e e p id e m ia , d e s a s t r e s u o tr a
e m e r g e n c ia , e n q u e s u a c t iv id a d p r o fe s io n a l fu e r e n e c e s a r ia ;
c) D a r c u m p lim ie n t o a la s p r e s c r ip c io n e s de la p r e s e n t e ley,
la s n o r m a s de é tic a p r o fe s io n a l y lo s d e b e r e s i n h e r e n t e s de la
p r o fe s ió n .
Art. 12 — D e r ó g a s e to d a d is p o s ic ió n q u e s e o p o n g a a la
p r e s e n t e ley.
Art. 13 — [D e f o r m a ].
140 Juan H . D el Popolo

L ey 5511

E J E R C IC IO P R O F E S IO N A L D E L P S IC O L O G O
E N L A A D M IN IS T R A C IO N P U B L IC A

E l S e n a d o y C á m a r a de D ip u t a d o s de la P r o v in c ia de M e n ­
d o z a , s a n c io n a n con fu e r z a de L e y :

C a p ít u lo I
Del personal comprendido

Art. 1-. — S e e s t a b le c e p o r la p r e s e n t e le y el r é g im e n de
c a r r e r a p s ic o ló g ic a q u e c o m p r e n d e a lo s p r o fe s io n a le s p sicó lo ­
g o s q u e p r e s t e n fu n c io n e s e n la A d m i n is t r a c ió n P ú b lic a P ro ­
v in c i a l, M u n ic ip a l y O b r a S o c ia l d e E m p le a d o s P ú b lic o s , con
e x c e p c ió n d e lo s q u e p e r t e n e z c a n a la s F u e r z a s de S e g u r id a d y
C u e r p o M é d ic o F o r e n s e .

C a p ítu lo II
De las categorías

Art. 2 e. — L a c a r r e r a p s ic o ló g ic a c u y o r é g im e n se e s ta tu y e
p o r e s t a le y c o m p r e n d e dos (2 ) c a t e g o r ía s : P s ic o ló g ic a A s is t e n -
cia l y P s ic o lo g ía S a n it a r ia .
Art. 3 2. — L o s p r o fe s io n a le s c o m p r e n d id o s e n la p r e se n te
le y se d e n o m in a r á n p sic ó lo g o s d e p la n t a , e n t e n d ié n d o s e por
t a le s a lo s q u e co m p o n e n e la d o ta c ió n n e c e s a r ia p a r a el n o r m a l
c u m p lim ie n t o de t a r e a s a s is t e n c ia le s p r e v e n t iv a s o s a n it a r ia s
y r e v is t a r á n co m o :
a) P s ic ó lo g o t it u la r : E l q u e h a b ie n d o in g r e s a d o p or co n cu r­
so s e in c o r p o r a a l e s c a la fó n co n c a r á c t e r d e ñ n it i v o y p le n a
e s t a b ilid a d .
Psicología judicial 141

b) P sic ó lo g o in t e r in o : E l q u e h a sid o d e s ig n a d o p a r a c u b r ir
e n fo r m a t r a n s i t o r ia la s v a c a n t e s q u e se p r o d u z c a n e n la s
d o ta c io n e s d el p e r s o n a l e fe c tiv o , la s q u e d e b e r á n s e r c o n c u r s a ­
d a s in d e f e c t ib le m e n t e , e n e l a ñ o c a le n d a r io p o s te r io r , e x c e p ­
t u á n d o s e de s e r c o n c u r s a d o s lo s in t e r i n a t o s q u e t e n g a n p o r
o b jeto cu b rir v a c a n t e s p r o d u c id a s p o r in c o r p o r a c ió n d e p sic ó lo ­
g o s a la s fu n c io n e s j e r á r q u i c a s y d ir e c tiv a s q u e se e s t a b le c e n
en el A r t . 4 s, co m o a s í t a m b i é n lo s p r o d u c id o s p o r lic e n c ia s
o r d in a r ia s y e x t r a o r d in a r iá s p r e v is t a s p o r la le g is la c ió n v ig e n ­
te . N o s e r á c o m p u t a b le l a p e r m a n e n c ia e n c a lid a d d e in te r in o
p a r a el e n c a s illa m ie n t o p o r p r o m o c ió n a u t o m á t ic a .

C a p ít u lo III
Del escalafón

Art. 4 q. — L o s p r o fe s io n a le s c o m p r e n d id o s e n el p r e s e n t e
r é g im e n r e v is t a r á n e n el A g r u p a m i e n t o A s it e n c ia l y S a n it a r io
q u e e s t á in t e g r a d o p o r :
a ) T r a m o p e r s o n a l p r o fe s io n a l: se in c lu y e e n e s te t r a m o a
lo s p sic ó lo g o s d e p la n t a , lo s q u e i n g r e s a r á n p o r la C la s e n u e v e
(9 ) in ic ia l o p o r la s u p e r io r q u e le c o r r e s p o n d ie r e c o n fo r m e a s u
a n t ig ü e d a d e n el A g r u p a m i e n t o A s is t e n c ia l c o r r e s p o n d ie n te al
E s c a la f ó n G e n e r a l d e la A d m i n is t r a c ió n P ú b lic a P r o v in c ia l y
M u n ic ip a l.
S e in c lu y e n e n e s t e t r a m o a lo s p r o fe s io n a le s q u e o c u p e n
la s s ig u ie n t e s fu n c io n e s je r á r q u i c a s , q u e c o m p r e n d e n t r e s (3 )
n iv e le s :
1) J e fe d e d e p a r t a m e n t o .
2 ) J e fe d e s e r v ic io s .
3 ) J e fe d e s e c c ió n .
b ) T r a m o P e r s o n a l D ir e c t iv o : S e in c lu y e e n e s t e t r a m o a lo s
p r o fe s io n a le s q u e o c u p e n l a s i g u ie n t e fu n c ió n d ir e c tiv a :
1) D ir e c t o r A s i s t e n t e .
L a r e g la m e n t a c ió n e s t a b le c e r á l a s fu n c io n e s je r á r q u i c a s y
d ir e c t iv a s q u e c o r r e s p o n d a n d e a c u e r d o co n la c o m p le jid a d de
lo s e s t a b le c im ie n to s o u n id a d e s , a s ig n a n d o l a r e s p o n s a b ilid a d
142 Juan H . D el Popolo

d e c o n d u cció n o p e r a t iv a a s is t e n c ia l o s a n it a r ia y d e te r m in a n d o
el p o r c e n ta je q u e e n e l c o n c e p to d e a d ic io n a l p o r fu n c ió n p e rci­
b ir á n lo s p s ic ó lo g o s q u e r e v is t a n co m o J e fe d e D e p a r t a m e n t o ,
J e fe d e S e r v ic io .y J e fe d e S e c c ió n ; c o m o a s im is m o , la s c la s e s
q u e s é l e s d e b e r á a s ig n a r , d e s d e la C la s e d o ce (1 2 ) a la C la s e
tr e c e ( 1 3 ) d e l E s c a la f ó n G e n e r a l, a lo s q u e r e v is t a n e n e l T r a ­
m o d e P e r s o n a l D ir e c t iv o d e c o n fo r m id a d a la c o m p le jid a d de
lo s e s t a b le c im ie n to s o u n id a d e s .

C a p ít u lo I V
Del ingreso-a la carrera y promoción.

Art. 5 a. — E l in g r e s o c o m o t it u l a r s e r e a liz a r á m e d ia n te el
c o n c u r so q u e p r e v é la p r e s e n t e le y y s u r e g la m e n t a c ió n .
Art. 6 s. — N o p o d r á n i n g r e s a r co m o t it u la r e s o in t e r in o s
q u ie n e s :
a ) H u b ie r e n s u fr id o c o n d e n a p o r h e c h o d o lo so .
b) H u b ie r e n s u fr id o c o n d e n a p o r d e lito e n p e rju ic io o con ­
t r a la a d m in is t r a c ió n p ú b lic a .
c) E s t u v i e r a n fa llid o s o c o n c u r s a d o s c iv ilm e n t e , h a s t a q u e
o b t e n g a n s u r e h a b ilit a c ió n . t
d) T e n g a n p e n d ie n t e p r o c e so c r im in a l.
e) E s t é n in h a b ilit a d o s p a r a el ejercico d e c a r g o s p ú b lic o s,
d u r a n t e e l t é r m in o d e l a in h a b ilit a c ió n .
f) H u b i e r e n s id o e x o n e r a d o s e n c u a lq u ie r d e p e n d e n c ia de
la N a c i ó n , de la s p r o v in c ia s , o d e la s m u n ic ip a lid a d e s , h a s t a
t a n t o n o fu e r e n r e h a b ilit a d o s .
g ) S e e n c u e n t r e n e n s it u a c ió n d e in c o m p a t ib ilid a d .
h ) S e e n c u e n t r e n e n in fr a c c ió n a la s o b lig a c io n e s d e e m p a ­
d r o n a m ie n t o , e n r o la m ie n t o o se r v ic io m ilita r .
i) H u b i e r e n sid o d e c la r a d o s d e u d o r e s m o r o s o s d e l fisc o ,
m i e n t r a s n o h a y a n r e g u la r iz a d o s u s itu a c ió n .
j ) S u p e r e n l a e d a d m í n i m a e s t a b le c id a p a r a la ju b ila c ió n
o r d in a r ia p a r a e l p e r s o n a l d e p e n d ie n te , s a lv o lo s c o n te m p la d o s
en el A r t. 7 1 .
Psicología judicial 143

Art. 7°. — E l p e r s o n a l in t e r in o s e r á d e s ig n a d o p o r e l P o d e r
E je c u tiv o e n l a v a c a n t e d e l s e r v ic io o d e p e n d e n c ia q u e c o r r e s­
p o n d a , a lo s e fe c to s d e l a d e s ig n a c ió n d e b e r á n c o n s id e r a r s e lo s
a n t e c e d e n t e s d e l p o s t u l á n t e e n r e la c ió n a s u e s p e c ia lid a d y
c a r a c te r ís tic a d e la v a c a n t e a cu b rir.
Art. 8 s. — L a p r o m o c ió n d e l t r a m o p e r s o n a l p r o fe s io n a l
se r á a u t o m á t ic a p a r a t o d a s la s c la s e s , a c c e d ie n d o a la in m e d ia ­
t a s u p e r io r co n la s ig u ie n t e p e r m a n e n c ia e n s u c la s e d e r e v is ­
t a : T r e s (3 ) a ñ o s e n la C la s e n u e v e ( 9 ) , a la C la s e d ie z ( 1 0 ) ; s ie ­
te (7 ) a ñ o s e n l a C la s e d ie z ( 1 0 ) , a l a C la s e o n ce (1 1 ).
Art. 9 3. — P o d r á n a c c e d e r a l a s fu n c io n e s je r á r q u i c a s y
d ir e c tiv a s ú n ic a m e n t e lo s p s ic ó lo g o s q u e r e v is t a n co m o t it u l a ­
r e s e n el t r a m o p e r s o n a l p r o fe s io n a l co n o ch o ( 8 ) a ñ o s co m o
m ín im o de a n t ig ü e d a d e n la c a r r e r a , e x c e p to p a r a la fu n c ió n
d e je fe de se c c ió n q u e d e b e r á a c r e d ita r só lo s e is (6 ) a ñ o s d e la
m i s m a a n t ig ü e d a d .
Art. 10. — E l a c c e so a c a d a u n a d e l a s fu n c io n e s je r á r q u i ­
c a s y d ir e c tiv a s se lo g r a r á p o r co n c u r so , el q u e a c o r d a r á a l p r o ­
fe s io n a l d e s ig n a d o , u n a e s t a b lid a d de cin co (5 ) a ñ o s e n la fu n ­
ción a lc a n z a d a . P o d r á c o n c u r s a r n u e v a m e n t e u n a v e z v e n c id o
e se p eríod o .
Art. 11. — E l a g e n t e q u e c e s a e n s u fu n c ió n j e r á r q u i c a o
d ir e c tiv a se r e i n t e g r a r á a l t r a m o p e r s o n a l p r o fe s io n a l e n la
c la se q u e le c o r r e s p o n d a , c o n fo r m e a s u a n t ig ü e d a d .
Art. 12 .— L a r e g la m e n t a c i ó n e s t a b le c e r á la s c o n d ic io n e s
q u e d e b e r á n a c r e d ita r lo s a s p ir a n t e s p a r a c a d a u n a de la s f u n ­
cio n es je r á r q u ic a s y d ir e c t iv a s .

C a p ít u lo V
De la cesación en el régimen de carrera

Art. 13. — L o s p r o fe s io n a le s c o m p r e n d id o s e n e l r é g im e n
d e c a r r e r a c e s a r á n e n s u s se r v ic io s p o r la s s ig u ie n t e s c a u s a s :
a ) R e n u n c ia , u n a v e z n o t ific a d a s u a c e p ta c ió n p o r la a u t o ­
144 Juan H . D el Popolo

r id a d c o m p e t e n t e o t r a n s c u r r id o el p la z o d e t r e in t a ( 3 0 ) d ía s
co rrid o s a p a r tir d e l d ía s ig u ie n t e a l de s u p r e s e n t a c ió n , s a ly o
q u e con a n te r io r id a d a l v e n c im ie n to de d ich o t é r m in o s e h u b ie ­
re d is p u e s to i n s t r u ir s u m a r io a d m in is t r a t iv o .
b ) F a lle c im ie n t o .
c) C e s a n t í a .
d) E x o n e r a c ió n .
e) J u b ila c ió n .
f) I n c o m p a t ib ilid a d . \

C a p ítu lo V I
De la estabilidad

Art. 14. — E l ca rg o o b te n id o p o r c o n c u r so c o n fie r e a l p r o ­


fe s io n a l e s t a b ilid a d e in a m o v ilid a d en el m is m o .
S o la m e n t e p o d r á m o d ific a r s e el lu g a r y h o r a r io de tr a b a jo
p o r la s s ig u ie n t e s c a u s a s : —
a ) R a c io n a liz a c ió n a d m i n i s t r a t i v a o fu n c io n a l, d e b id a m e n ­
te f u n d a d a p o r lo s o r g a n i s m o s té c n ic o s y d i s p u e s t a p o r ley,
d e c re to u o r d e n a n z a m u n ic ip a l, e n u n r a d io n o m a y o r de v e in ­
tic in c o ( 2 5 ) k m . d e s u lu g a r de tr a b a jo y e n el h o r a r io c o m p r e n ­
d id o e n tr e la s 7 . 0 0 y 2 1 . 0 0 h o r a s .
b ) C o n c o n s e n t im ie n t o fe h a c ie n t e d e l p r o fe s io n a l o a s u
s o lic itu d .

C a p ítu lo V I I
De las incompatibilidades

Art. 15. — S e r á in c o m p a t ib le el d e s e m p e ñ o , y a s e a en z o n a
r u r a l o u r b a n a , de m á s de u n (1 ) ca rg o r e n ta d o d e p e n d ie n te del
E sta d o P r o v in c ia l, M u n ic ip a l u O bra S o c ia l de E m p le a d o s
P ú b lic o s . C u a n d o el p sic ó lo g o se d e s e m p e ñ e e n el r é g im e n de
m a y o r d e d ic a c ió n P r o fe s io n a l q u e c o m p r e n d a c u a r e n ta y ocho
Psicología jud icia l 145

( 4 8 ) h o r a s s e m a n a le s , t e n d r á i n c o m p a t ib ilid a d a b s o lu t a e n el
d e s e m p e ñ o d e l a p r o fe s ió n e n r e la c ió n d e d e p e n d e n c ia o e n fo r ­
m a in d e p e n d ie n t e .
Art. 16. — L a i n c o m p a t ib ilid a d p a r a lo s p r o fe s io n a le s c o m ­
p r e n d id o s e n lo s r e g ím e n e s d e v e in t ic u a t r o (2 4 ) y t r e in t a y s e is
( 3 6 ) h o r a s s e m a n a le s , c o n o tr o s c a r g o s c u a lq u ie r a fu e r a s u
n a t u r a le z a , in c lu y e n d o l a a c t iv id a d d o c e n te , s e r á ú n ic a m e n t e
la q u e r e s u lt e d e la s u p e r p o s ic ió n h o r a r ia .
Art. 17. — Pondrá d e s e m p e ñ a r s e m á s d e u n (1 ) ca rg o r e n t a ­
do e n la A d m in is t r a c ió n P ú b lic a P r o v in c ia l, M u n ic ip a l y O b r a
S o c ia l de E m p le a d o s P ú b lic o s , só lo e n z o n a s r u r a le s cu a n d o la s
n e c e s id a d e s d e la s a lu d p ú b lic a o la f a lt a de p sic ó lo g o s lo j u s ­
t ifiq u e n co m o m e d id a e x c e p c io n a l, e n cu y o ca so la s d e s ig n a c io ­
n e s e n m á s de u n (1 ) c a r g o d e b e r á n h a c e r s e e n fo r m a in t e r in a
y m i e n t r a s s u b s is t a n lo s m o t iv o s q u e d e t e r m in a r o n la e x c e p ­
ció n .

C a p ít u lo V I I I
Del régimen de trabajo

Art. 18. — E s t a b lé c e n s e lo s s i g u ie n t e s r e g ím e n e s d e t r a b a ­
j o p a r a lo s p r o fe s io n a le s c o m p r e n d id o s e n l a p r e s e n t e le y :
a ) R é g im e n c o m ú n : I m p o r t a e l c u m p lim ie n t o d e v e in t ic u a ­
tr o ( 2 4 ) h o r a s d e s e r v ic io s e m a n a le s .
b ) R é g i m e n d e m a y o r d e d ic a c ió n p r o fe s io n a l: I m p o r t a el
c u m p lim ie n t o d e t r e in t a y s e is ( 3 6 ) h o r a s d e se r v ic io s e m a n a ­
le s .
c) R é g i m e n d e d e d i c a c i ó n e x c l u s i v a : I m p o r t a el c u m p li ­
m i e n t o d e c u a r e n t a y o c h o ( 4 8 ) h o r a s d e s e r v ic io s s e m a n a ­
le s .
Art. 19. — E s t a b é c e s e p a r a lo s r e g ím e n e s p r e c e d e n te m e n te
r e fe r id o s a l d e s e m p e ñ o d e lo s p r o fe s io n a le s e n lo s se r v ic io s en
fo r m a d ia r ia y e n d ía s h á b i l e s , a e x c e p c ió n de lo s s e r v ic io s de
g u a r d ia , d e t e r m i n á n d o s e e l n ú m e r o d e h o r a s d e j o r n a d a s de
acu erdo co n la s n e c e sid a d e s de cada e s t a b le c im ie n t o , no
146 Juan H. D el Popolo

p u d ié n d o s e fi ja r u n h o r a r io m e n o r a l d e t r e s (3 ) h o r a s c o n ti­
n u a d a s p o r d ía .
Art. 20. — E l h o r a r io de tr a b a jo p o d r á e s t a b le c e r s e e n tr e
l a s 7 .0 0 y la s 2 1 .0 0 h o r a s , la s jo r n a d a s só lo p o d r á n s e r fr a cc io ­
n a d a s p r e v io c o n s e n tim ie n to e x p r e s o d e l a g e n te .
Art. 21. — C u a n d o la s n e c e sid a d e s d el serv icio lo e x ija n y la s
p o sib ilid a d e s p r e s u p u e s ta r ia s lo p e r m ita n , el p e r so n a l que r e v is ­
t a en el tr a m o p e r so n a l p r o fe sio n a l, p o d r á a cced er a l r é g im e n de
m a y o r d ed ica ción p ro fesio n a l con la a ce p ta ció n e x p r e sa del a g e n ­
te y p r e v ia r eso lu c ió n fu n d a d a de la a u to r id a d co m p e te n te .
Art. 22. — E l r é g im e n d e tr a b a jo c o n t e m p la r á el d e sa r r o llo
d e a c t iv id a d e s c ie n t ífic a s 'y d e c a p a c ita c ió n , c o m p a tib iliz á n d o s e
c o n l a s t a r e a s a s is t e n c ia le s o s a n i t a r i a s , de a c u e r d o con la s
n o r m a s q u e fije la r e g la m e n t a c ió n .
Art. 23. — L o s r e g ím e n e s de tr a b a jo p a r a lo s se r v ic io s de
g u a r d ia s e e s t a b le c e r á n d e a c u e r d o co n la c o m p le jid a d de los
e s t a b le c im ie n t o s o u n id a d e s ; c u a n d o s e a d o p te u n r é g im e n de
m a y o r d e d ic a c ió n p r o fe s io n a l n o se p o d r á n d e s e m p e ñ a r m á s de
v e in t ic u a t r o ( 2 4 ) h o r a s c o n t in u a d a s e n d ich o se r v ic io .
. Art. 24. — L o s p r o fe s io n a le s q u e d e s e m p e ñ a n fu n c io n e s de
J e fe d e S e r v ic io s y J e fe d e S e c c ió n e n lo s s e r v ic io s de g u a r d ia ,
d e b e r á n c u m p li r u n h o r a r io d e c u a t r o ( 4 ) h o r a s d ia r ia s co m o
m í n im o .
Art. 25. — L a e s t r u c t u r a y e l r é g im e n h o r a r io d e lo s s e r v i­
cio s d e g u a r d ia , s e r á n e s t a b le c id o s p o r la r e g la m e n t a c ió n d e la
p r e s e n t e ley.
Art. 26. — A l so lo e fe c to d e g a r a n t i z a r , e n lo s c a s o s de
u r g e n c ia l a m á s c o m p le t a a te n c ió n p s ic o ló g ic a , lo s je f e s de
g u a r d ia s p o d r á n r e q u e r ir lo s s e r v ic io s d e p r o fe s io n a le s e sp e c ia ­
liz a d o s c o n fo r m e lo q u e d e t e r m in e la r e g la m e n t a c ió n .
Art. 27. — D e n t r o de la j o r n a d a la b o r a l d e l p r o fe s io n a l
c o m p r e n d id a en e sta ley , se e m p le a r á com o p a rá m e tro u n
m ó d u lo d e t ie m p o lla m a d o u n id a d , q u e s e r v ir á p a r a r e g u la r la
t a r e a , t e n ie n d o e n c u e n t a s u e s p e c ific id a d y l a s c a r a c te r ís tic a s
d e la a t e n c ió n p s ic o ló g ic a e n c a d a tip o , d e p r e s t a c ió n q u e la
r e g la m e n t a c i ó n e s t a b le c e r á .
Psicología judicial 147

C a p ít u lo EX
De las remuneraciones

Art. 28. — L o s p r o fe s io n a le s c o m p r e n d id o s e n el tr a m o p e r ­
s o n a l p r o fe s io n a l co n r é g im e n d e tr a b a jo de v e in t ic u a t r o (2 4 )
h o r a s s e m a n a le s , p e r c ib ir á n s u r e m u n e r a c ió n e n fu n c ió n d e s u
c la se de r e v is ta , c o m p r e n d id a e n tr e la C la s e n u e v e (9 ) y la C la ­
se once (1 1 ) d e l E s c a la f ó n p a r a e l P e r s o n a l de la A d m i n i s t r a ­
ción P ú b lic a P r o v in c ia l y M u n ic ip a l, en s u A g r u p a m ie n t o A s i s -
te n c ia l y S a n it a r io , t r a m o p r o fe s io n a l.
Art. 29. — L a r e m u n e r a c ió n p a r a la s d ife r e n te s c la s e s d e l
T r a m o P e r s o n a l P r o fe s io n a l e n el r é g im e n de m a y o r d e d ic a c ió n
p r o fe s io n a l, se d e t e r m i n a r á d e la s i g u ie n t e fo r m a :
a ) P a r a el r é g im e n d e t r e in t a y s e is ( 3 6 ) h o r a s s e m a n a le s ,
e l s u e ld o de la c la s e d e r e v is t a m á s el c in c u e n t a p o r c ie n to
( 5 0 % ) d e l m is m o .
b ) P a r a el r é g im e n d e c u a r e n t a y ocho (4 8 ) h o r a s s e m a n a ­
le s , el s u e ld o d e l a c la s e d e r e v is t a m á s el c ie n to t r e in t a p o r
c ie n to ( 1 3 0 % ) d e l m i s m o .
Art. 30. — L o s p r o fe s io n a le s q u e se d e s e m p e ñ e n e n fu n c io ­
n e s je r á r q u ic a s p e r c ib ir á n a d e m á s d e l h a b e r q u e le s c o r r e s p o n ­
d a p o r s u s itu a c ió n d e r e v i s t a , u n a d ic io n a l p o r fu n c ió n q u e se
a p lic a r á d e a c u e r d o co n lo s p o r c e n t u a le s , q u e e s t a b le c e r á la
r e g la m e n t a c ió n d e l a p r e s e n t e le y c o r r e s p o n d ie n te a c a d a u n o
d e lo s n iv e le s .
Art. 31. — L o s c o e fic ie n te s d e co r r e c c ió n q u e s e a p lic a r á n a l
a d ic io n a l p o r fu n c ió n y q u e e s t a r á n r e la c io n a d o s con la c o m p le ­
j id a d d e l e s t a b le c im ie n t o o u n id a d , s e fija r á n p o r la r e g la m e n ­
ta c ió n .
Art. 32. — L a s r e m u n e r a c io n e s d e lo s p r o fe s io n a le s q u e s e
d e s e m p e ñ a n e n lo s s e r v ic io s d e g u a r d ia t e n d r á n u n in c r e m e n to
p o r c e n t u a l q u e e s t a b le c e r á l a r e g la m e n t a c i ó n d e l a p r e s e n t e
ley.
Art. 33. — L o s p r o fe s io n a le s p e r c ib ir á n a d e m á s lo s a d ic io ­
n a le s y a s ig n a c io n e s e s t a b le c id o s e n la s le y e s g e n e r a le s co m o
c o m p le m e n t a r io s d e lo s s u e ld o s d e l a a d m in is t r a c ió n p ú b lic a ,
148 Juan H . D el Popolo

p a r a el a g r u p a m ie n t o p r o fe s io n a l, c u a n d o se d e s e m p e ñ e n en
z o n a s d e s f a v o r a b le s , a d e m á s d e l s u e ld o q u e le s c o r r e s p o n d a ,
t e n d r á n u n a b o n ific a c ió n c o n fo r m e lo e s ta b le z c a la r e g la m e n t a ­
ció n .
Art. 34. — L o s p r o fe s io n a le s q u e o p te n p o r el r é g im e n de
c u a r e n t a y och o (4 8 ) h o r a s , co n in c o m p a t ib ilid a d p r o fe s io n a l
p e r c ib ir á n u n c in c u e n ta p o r c ie n to ( 5 0 % ) , so b r e la a s ig n a c ió n
de la c la s e de r e v is t a e n c o n c e p to de a d ic io n a l p o r in c o m p a t i­
b ilid a d p r o fe s io n a l.

• C a p ítu lo X
Del régimen disciplinario

Art. 35. — L o s p r o fe s io n a le s s e r á n p e r s o n a lm e n t e r e s p o n ­
s a b le s d e lo s d a ñ o s q u e c a u s a r e n p o r el m a l d e s e m p e ñ o d e s u s
fu n c io n e s , y s in p e r ju ic io d e la s s a n c io n e s c iv ile s y p e n a le s q u e
le s p u d ie r e n c o r r e s p o n d e r , s e r á n p a s ib le s d e la s s ig u ie n t e s
m e d id a s d is c ip lin a r ia s :
a ) A d v e r t e n c ia .
b ) A m o n e s t a c ió n .
c) S u s p e n s ió n d e h a s t a t r e in t a ( 3 0 ) d ía s , i
d ) C e s a n t ía .
e) E x o n e r a c ió n .
E l a c to a d m i n i s t r a t i v o q u e d is p o n g a u n a s a n c ió n , d e b e r á
s e r fu n d a d o y e x p r e s a r á l a c a u s a d e la m i s m a . S e r e q u e r ir á la
fo r m a c ió n d e u n s u m a r io a d m in is t r a t iv o p a r a a p lic a r la s s a n ­
c io n e s d e s u s p e n s ió n , c e s a n t ía y e x o n e r a c ió n .
L a s s a n c io n e s d e a d v e r t e n c ia y a m o n e s tá c ió n , s e r á n a p li­
c a d a s p o r e l j e f e d e s e r v ic io o p o r q u ie n d e s e m p e ñ e fu n c io n e s
e q u iv a le n t e o s u p e r io r e s ; la s a n c ió n d e s u s p e n s ió n d e b e r á s e r
s o lic it a d a p o r el d ire c to r d e l e s t a b le c im ie n to o p o r q u ie n t e n g a
je f a t u r a d e l m i s m o y s é r á a p lic a d a p o r e l M in is t r o d e B ie n e s ­
t a r S o c ia l o p o r el D ir e c t o r d e l a O b r a S o c ia l d e E m p le a d o s
P ú b lic o s . L a c e s a n t ía y la e x o n e r a c ió n só lo p o d r á n s e r a p lic a ­
dos p o r e l P o d e r E je c u t iv o . C u a n d o la ju r is d ic c ió n s e a m u n ic i­
Psicología judicial 149

p a l, la s s a n c io n e s d e s u s p e n s ió n , c e s a n t ía y e x o n e r a c ió n , la s
a p lic a r á el i n t e n d e n t e m u n ic ip a l.
Art. 36. — L o s p r o fe s io n a le s p o d r á n se r s a n c io n a d o s c u a n ­
do e s t é n in c u r s o s e n la s s i g u ie n t e s c a u s a le s :
a) C o m is ió n de d e lito d o lo so .
b) C o n d u c t a in m o r t a l o r e ñ id a co n la s b u e n a s c o s t u m b r e s
en el ejercicio de s u c a r g o .
c) V io la c ió n de la s l e y e s y r e g la m e n t o s q u e r e g u le n el e je r ­
cicio d e la p r o fe s ió n .
d) I n c u m p lim ie n t o d e la s o b lig a c io n e s e n el d e s e m p e ñ o del
cargo-.
Art. 37. — T a m b ié n s e r á n c a u s a le s de sa n c ió n , la v io la c ió n
e in o b s e r v a n c ia de o b lig a c io n e s im p u e s t a s p o r n o r m a s le g a le s
a lo s e m p le a d o s y fu n c io n a r io s p ú b lic o s con c a r á c te r g e n e r a l,
p ero e n n in g ú n c a s o p o d r á s a n c io n a r s e p or m o tiv o s o c a u s a le s
d e ín d o le r a c ia l, r e lig io s a , p o lític a o g r e m ia l.
O r d e n a d a la fo r m a c ió n d e l s u m a r io a u n p r o fe s io n a l, p o d rá
s u s p e n d é r s e le p r e v ia m e n t e a lo s t é r m in o s e s t a b le c id o s e n el
e s t a t u t o d e l e m p le a d o p ú b lic o , c u a n d o la p e r m a n e n c ia en el
se r v ic io p u e d a o b s t a c u li z a r l a in v e s t ig a c ió n y s ie m p r e q u e no
p u d ie r a s e r t r a s la d a d o a o tr o e n fo r m a p r e v e n tiv a .
Art. 38. — C u a n d o s e o r d e n e la fo r m a c ió n de s u m a r io a u n
p r o fe s io n a l c o m p r e n d id o e n e l r é g im e n en de C a r r e r a P s ic o ló ­
g ic a , d e b e r á a c t u a r c o m o in s t r u c t o r u n a s e s o r le tr a d o p e r t e n e ­
c ie n te a l d e p a r t a m e n t o ju r íd ic o de la r e p a r tic ió n q u e se t r a t e .
Art. 39. — E n e l s u m a r io d e b e r á d a r s e in t e r v e n c ió n a l
im p u t a d o h a c ié n d o s e le c o n o c e r la p r u e b a d e ca rg o y a c o r d á n ­
d o s e le u n p la z o d e o ch o (8 ) d ía s h á b ile s p a r a q u e p r e s e n t e
d e fe n s a y o fr e z c a p r u e b a s .
D e b e r á h a c e r s e s a b e r l a e x is t e n c ia d el s u m a r io a la a s o c ia ­
ció n g r e m ia l a la q u e p e r t e n e z c a el s u m a r io , la q u e a c t u a r á
co m o v e e d o r a . C o n c lu id o e l s u m a r io y p r e v io a la r e s o lu c ió n
fin a l, el M in is t r o de B ie n e s t a r S o c ia l, e l I n t e n d e n t e M u n ic ip a l
o el D ir e c t o r d e la O b r a S o c ia l d e E m p le a d o s P ú b lic o s e n s u
c a so , r e c a b a r á o p in ió n d e l H . C o n s e jo D e o n to ló g ic o P sic o ló g ic o ,
q u ie n d e b e r á e x p e d ir s e e n el p la z o d e v e in t e (2 0 ) d ía s h á b ile s .
150 Juan H . D el Popolo

Art. 40. — L o s p r o fe s io n a le s p o d r á n p l a n t e a r r e c u r s o de
r e c o n s id e r a c ió n p o r a n t e el fu n c io n a r io a u to r d el a cto , c o n tr a
la s d e c is io n e s a d m i n i s t r a t i v a s p o r la q u e se i m p o n g a n l a s s a n ­
cio n e s p r e v is t a s e n el A r t . 3 5 en el p la z o de d iez ( 1 0 ) d ía s h á b i ­
le s.
Art. 41. — C o n tr a la d e n e g a to r ia d e l r e c u r s o d e r e c o n s id e ­
ra c ió n p o d r á in t e r p o n e r s e d e b id a m e n t e fu n d a d o e n el p la z o de
d iez (1 0 ) d ía s h á b ile s r e c u r s o p o r a n t e el fu n c io n a r io a u t o r del
a cto , el q u e s in m á s t r á m it e y con s u s a n t e c e d e n t e s lo e le v a r á
a l s u p e r io r j e r á r q u ic o q u e c o r r e s p o n d a s e g ú n se t r a t e de la
A d m in is t r a c ió n P ú b lic a P r o v in c ia l, M u n ic ip a l y O b r a S o c ia l de
E m p le a d o s P ú b lic o s .
Art. 42. — C o n t r a lo s d e c r e to s d e l P o d e r E je c u t iv o o la s
r e s o lu c io n e s de la s m u n ic ip a lid a d e s q u e a g o te n la v ía' a d m in s i-
t r a t iv a y c a u s e n e s ta d o , sólo p o d rá r e c u r r is e p o r a n te la S u p r e ­
m a C o r te d e J u s t ic ia p o r a cció n p r o c e s a l a d m i n i s t r a t i v a .

C a p ítu lo X I
Del régimen de concursos
j
Elección - Convocatoria - Procedimiento

Art. 43. — E s t a b lé c e n s e p a r a la a p lic a c ió n d e la p r e s e n t e


ley , lo s s i g u ie n t e s r e g ím e n e s de c o n c u r so :
a ) P a r a e l in g r e s o a la c a r r e r a e n el t r a m o p e r s o n a l p r o fe ­
s io n a l p a r a c u b r ir v a c a n t e s .
b ) P a r a la s fu n c io n e s je r á r q u ic a y d el t r a m o d ire c tiv o .
Art. 44. — A lo s f in e s de c u b r ir la s v a c a n t e s d e la c a r r e r a
p s ic o ló g ic a , s e d iv id e la P r o v in c ia e n t r e s (3 ) z o n a s :
a ) N o r t e : Q u e c o m p r e n d e lo s d e p a r t a m e n t o s de C a p i t a l,
G u a y m a l l é n , G o d o y C r u z , L a s H e r a s , M a ip ú , L a v a l l e , L u já n ,
T u n u y á n , S a n C a r lo s y T u p u n g a t o .
b) E ste : C om pren de lo s d e p a r t a m e n t o s d e S a n M a r tín ,
R iv a d a v ia , J u n ín , S a n t a R o s a y L a P a z .
Psicología judicial 151

c) S u r : C o m p r e n d e lo s d e p a r t a m e n t o s d e S a n R a fa e l, G e n e ­
ra l A lv e a r y M a la r g ü e .
E n c a s a u n a d e e s t a s z o n a s fu n c io n a r á n d o s (2 ) j u r a d o s de
c o n c u r s o , u n o ( 1 ) p a r a e l T r a m o P e r s o n a l P r o f e s io n a l y o tro
p a r a l a s fu n c io n e s j e r á r q u i c a s y d e l T r a m o D ir e c t iv o .
Art. 45. — L o s j u r a d o s d e l c o n c u r s o d e l t r a m o p e r s o n a l
p r o fe s io n a l, e s t a r á n in t e g r a d o s p o r cin co (5 ) m ie m b r o s t it u la ­
r e s y cin co (5 ) m ie m b r o s s u p le n t e s .
L o s p s ic ó lo g o s e s c a la fo n a d o s d e s ig n a r á n p o r e le c c ió n d ir e c ­
ta y s e c re ta , tr e s (3 ) m ie m b r o s titu la r e s y tr e s (3 ) m ie m b r o s
s u p le n t e s q u e d e b e r á n r e u n ir lo s s i g u ie n t e s r e q u is it o s :
a ) D o m ic ilio r e a l e n la z o n a .
b ) D ie z ( 1 0 ) a ñ o s d e a n t i g ü e d a d e n e l e s c a la fó n .
A e s t o s f in e s , el M i n i s t e r io d e B ie n e s t a r S o c ia l co n fe c c io n a ­
r á el lis t a d o c o r r e s p o n d ie n t e .
L o s r e s t a n t e s in t e g r a n t e s d e lo s ju r a d o s s e r á n d e s ig n a d o s :
U n ( 1 ) t i t u l a r y u n ( 1 ) s u p le n t e p o r el M i n i s t e r io de B ie n e s t a r
S o c ia l y u n ( 1 ) t i t u l a r y u n ( 1 ) s u p le n t e p o r la A s o c ia c ió n de
P s ic ó lo g o s d e M e n d o z a , o e n t id a d q u e lo s r e p r e s e n t e , d e b ie n d o
e n a m b o s c a s o s a c r e d ita r u n a a n t ig ü e d a d m ín im a de d iez (1 0 )
a ñ o s e n el ejercicio d e l a p r o fe s ió n .
Art. 46. — L o s ju r a d o s de c o n c u r s o p a r a l a s fu n c io n e s
je r á r q u i c a s y d e l t r a m o d ir e c tiv o e s t a r á n in t e g r a d o s p o r cin co
(5 ) m ie m b r o s t it u la r e s y cin co (5 ) m ie m b r o s s u p le n te s .
L o s p sic ó lo g o s e s c a la fo n a d o s d e s ig n a r á n p o r ele cc ió n d ir e c ­
t a y s e c r e t a , t r e s (3 ) m i e m b r o s t it u l a r e s y t r e s (3 ) m ie m b r o s
s u p le n t e s q u e d e b e r á n r e u n ir lo s s i g u ie n t e s r e q u is it o s :
a ) D o m ic ilio r e a l e n l a z o n a .
b ) R e v i s t a r c o m o t i t u l a r e n c u a lq u ie r a d e la s fu n c io n e s ,
e x c e p to la de J e fe d e S e c c ió n , o e n el t r a m o d ire c tiv o .
P a r a el c a so q u e n o p u d ie r e i n t e g r a r s e el ju r a d o p o r m i e m ­
b r o s q u e r e ú n a n lo s r e q u is i t o s a n t e s e n u n c ia d o s , d e b e r á co n ­
c lu ir s e e n el lis t a d o q u e a t a l e fe c to c o n fe c c io n a r á el M in is t e r io
de B ie n e s t a r S o c ia l a p r o fe s io n a le s de l a s o tr a s z o n a s co n i g u a ­
le s r e q u is it o s .
L o s r e s t a n t e s i n t e g r a n t e s d e lo s j u r a d o s s e r á n d e s ig n a d o s :
152 Juan H . D el Popolo

Un (1 ) m ie m b r o titu la r y u n ( 1 ) m ie m b r o s u p le n te p o r el
M i n i s t e r io d e B i e n e s t a r S o c ia l y u n ( 1 ) m i e m b r o t i t u l a r y u n
(1 ) m ie m b r o s u p l e n t e p o r la A s o c ia c ió n d e P s ic ó lo g o s d e M e n ­
d o z a o e n t id a d q u e lo s r e p r e s e n t e d e b ie n d o e n a m b o s c a s o s
a c r e d ita r u n a a n t i g ü e d a d m í n im a d e d ie z ( 1 0 ) a ñ o s e n el e je r ­
cicio d e l a p r o fe s ió n .
Art. 47. — L a s v a c a n t e s q u e s e p r o d u z c a n e n lo s n u e v o s
c a r g o s y fu n c io n e s c r e a d o s , p r e s u p u e s t a r i a m e n t e , d e b e n s e r
p u b lic a d o s p o r l a S u b s e c r e t a r ía de S a lu d P ú b lic a , e l ú lt i m o d ía
h á b il d e l m e s d e d ic ie m b r e y lla m a d o s a c o n c u r s o e l ú lt i m o d ía
h á b il d e l m e s d e m a r z o d e l a ñ o s ig u ie n t e .
Art. 48. — L o s c o n c u r s o s p a r a cu b r ir la s v a c a n t e s p r o d u c i­
d a s e n e l t r a m o p e r s o n a l p r o fe s io n a l s e r á n a b ie r t o s p u d ie n d o
p o s t u la r s e lo s p s ic ó lo g o s e s c a la fo n a d o s o n o . L o s c o n c u r s o s
p a r a c u b r ir la s v a c a n t e s en la s fu n c io n e s je r á r q u i c a s s e r á n
c e r r a d o s p a r a lo s p r o fe s io n a le s de lo s s e r v ic io s u o r g a n is m o s
d e l e s t a b le c im ie n t o o u n id a d e n d o n d e se p r o d u z c a la v a c a n t e ;
de n o c u b r ir s e , p o d r á a m p lia r s e p a r a o tr o s p r o fe s io n a le s de
a c u e r d o co n lo q u e d e t e r m in e la r e g la m e n t a c ió n d e la p r e s e n t e
ley.
Art. 49. — L o s c o n c u r s o s s e r á n a b ie r t o s p a r a e l tr a m o
d ire c tiv o c o m o a s im is m o p a r a e l n iv e l m á x im o d e l a e s t r u c t u ­
r a , c u a n d o n o e s t é p r e v is to e s t e t r a m o e n el e s t a b le c im ie n t o o
u n id a d .
Art. 50. — L a s e le c c io n e s p a r a d e s ig n a r lo s m ie m b r o s t it u ­
la r e s y s u p le n t e s d e lo s ju r a d o s d e c o n c u r s o , d e b e r á n e fe c tu a r ­
se c a d a d o s (2 ) a ñ o s , e l ú lt im o d ía h á b il d e l m e s d e o c tu b r e ,
a c t u a r á n c o m o t it u la r e s t r e s (3 ) p sic ó lo g o s q u e h a y a n o b te n id o
la m a y o r c a n t id a d d e v o to s y co m o s u p le n t e s lo s q u e le s s ig a n
en el r e s u lt a d o d e l e s c r u tin io . E n c a s o d e p a r id a d d e v o t o s , se
d e c id ir á p o r s o r t e o . E l M in is t e r io d e B i e n e s t a r S o c ia l y la A s o ­
cia c ió n P s ic o ló g ic a d e la P r o v in c ia d e M e n d o z a , p r o c e d e r á n a
d e s ig n a r lo s r e s t a n t e s m ie m b r o s t it u la r e s y s u p l e n t e s , u n a v e z
r e a liz a d a l a s e le c c ió n y a n t e s d e l lla m a d o a c o n c u r s o .
Art. 51. — E l c a r g o d e m ie m b r o d e j u r a d o , t a n t o t it u la r
c o m o s u p l e n t e c o n s t it u y e c a r g a p ú b lic a y s e r á d e a c e p ta c ió n
Psicología judicial 153

o b lig a t o r ia . No o b sta n te el M i n i s t e r io de B ie n e s t a r S o c ia l
p o d r á e x c u s a r a lo s m ie m b r o s d e l ju r a d o , c u a n d o s e in v o q u e
p o r e s c r it o , l a im p o s ib ilid a d de c u m p lir el c o m e tid o p o r c a u s a
d e b id a m e n t e fu n d a d a y co n p o s t e r io r id a d a la elecc ió n .
Art. 52. — D e s i g n a d o s lo s i n t e g r a n t e s d el ju ra d o , é s te
d e b e r á c o n s t it u ir s e lo s d ía s fija d o s p o r la c o n v o c a to r ia e n la s
r e s p e c t iv a s s e d e s o d o n d e d e s ig n e la a u t o r id a d c o m p e te n te .
Art. 53. — E n la r e u n ió n c o n s t it u t iv a , lo s m ie m b r o s t it u la ­
r e s de lo s j u r a d o s p r o c e d e r á n a l e le g ir d e e n tr e e llo s a u n (1 )
p r e s id e n t e p o r s im p le m a y o r ía . E l ju r a d o d e b e r á c o n s tu ir s e con
cin co (5 ) m ie m b r o s t it u la r e s d e b ie n d o in c o r p o r a r s e lo s s u p le n ­
t e s p o r s u o r d e n e n c a so n e c e s a r io . E l ju r a d o d e b e r á s e s io n a r
c o n la p r e s e n c ia d e la t o t a lid a d de s u s m ie m b r o s y s e r á n v á li­
d a s l a s d e c is io n e s q u e se a d o p te n p o r s im p le m a y o r ía de v o to s.
E l p r e s id e n t e d e l j u r a d o y la S u b s e c r e t a r ía de S a lu d P ú b lic a
p o d r á n c o n v o c a r lo .
Art. 54. — E l j u r a d o d e co n c u r so d e b e r á r e c a b a r to d o s lo s
e le m e n t o s d e ju ic io q u e c o n s id e r e c o n v e n ie n t e s , in c lu y e n d o la
p r e s e n c ia a n t e e l m i s m o d e d o s (2 ) p sic ó lo g o s de la e s p e c ia li­
d a d q u e se c o n c u r s a . D ic h o s p r o fe s io n a le s d e b e r á n se r d e s ig n a ­
d o s p o r la s o c ie d a d c ie n t ífic a d e la e s p e c ia lid a d c o n c u r s a d a y
e n c a s o de n o e x is t ir é s t a , d e b e r á n s e r p r o fe s io n a le s de r e c o n o ­
cid a id o n e id a d e n la m i s m a . E s t o s t e n d r á n v o z , p ero n o v o to .
Art. 5 5 .— L o s a n t e c e d e n t e s d e lo s c o n c u r s a n t e s q u e d e b e ­
r á n e v a l u a r lo s j u r a d o s , s e c o n s id e r a r á n s e g ú n lo s s ig u ie n t e s
ru b ros:
1) A n t e c e d e n t e s d e la b o r p r o fe s io n a l.
2 ) A n t e c e d e n t e s c ie n tífic o s y d o c e n te s .
3 ) A n t e c e d e n t e s e n a c t iv id a d e s c o m u n it a r ia s r e la c io n a d a s
co n l a p r o fe s ió n .
S o b r e u n t o t a l g lo b a l d e c ie n ( 1 0 0 ) p u n to s , la d is tr ib u c ió n
d e l p u n t a je m á x im o q u e se a s ig n a r á a c a d a u n o de lo s r u b r o s
m e n c io n a d o s s e r á :
P a r a el l 9: S e t e n t a ( 7 0 ) p u n to s .
P a r a el 2 8: V e in t e ( 2 0 ) p u n to s .
P a r a el 3 9: D ie z ( 1 0 ) p u n to s .
15 4 Juan H . D el Popolo

L a r e g la m e n t a c ió n d is c r im in a r á lo s a s p e c to s q u e c o m p r e n ­
d e n c a d a r u b r o y el p u n ta je q u e a e llo s le s c o r r e s p o n d a , d e co n ­
f o r m id a d co n el t r a m o q u e s e t r a t e . /
Art. 56. — L a c o n v o c a to r ia a c o n c u r so d e b e r á c o n t e n e r la
n ó m in a d e lo s c a r g o s a cu b rir, a s í c o m o e l n o m b r e d e lo s i n t e ­
g r a n t e s d e lo s j u r a d o s d e s ig n a d o s , y s e p u b lic a r á p o r d o s (2 )
v e c e s e n u n a m i s m a s e m a n a é n el B o le t ín O fic ia l y e n lo s d ia ­
r io s d e m a y o r c ir c u la c ió n d e l a P r o v in c ia .
I g u a lm e n t e d e b e r á n c o lo c a rse a v is o s e n to d o s lo s e s t a b le c i­
m i e n t o s a s is t e n c i a l e s , s a n i t a r i o s o u n id a d e s d e la P r o v in c ia .
Art. 57. — L a s in s c r ip c io n e s d e lo s p o s t u la n t e s se r e c ib irá n
e n lo s lu g a r e s fija d o s co m o s e d e d e lo s j u r a d o s y lo s a s p ir a n t e s
d e b e r á n p r e s e n t a r u n a s o lic itu d q u e se lle n a r á c o n fo r m e a la s
n o r m a s q u e fije la r e g la m e n t a c ió n , d e b ie n d o a c o m p a ñ a r :
a ) D o c u m e n t a c ió n q u e a c r e d ite id e n t id a d .
b ) T ít u lo h a b ilit a n t e d e b id a m e n t e in s c r ip to e n el M i n i s t e ­
rio d e B ie n e s t a r S o c ia l.
c) D o c u m e n t a c ió n p r o b a to r ia d e to d o s lo s a n t e c e d e n t e s q u e
acom pañ are.
d ) F i j a r d o m ic ilio e s p e c ia l d e n t r o d e la c iu d a d s e d e d el
ju r a d o .
J u n t a m e n t e con la s o lic itu d d e in s c r ip c ió n , lo s a s p ir a n t e s
p o d r á n r e c u s a r co n c a u s a a lo s m i e m b r o s d e l j u r a d o e n lo s
c a s o s p r e v is t o s e n el C ó d ig o P r o c e s a l C iv il d e l a P r o v in c ia de
M en doza.
C u a n d o e l c o n c u r s a n t e i n t e g r e u n s e r v ic io c u y a j e f a t u r a
s e a d e s e m p e ñ a d a p o r a lg u n o d e lo s m ie m b r o s d e l ju r a d o , é s te
d eb erá ex cu sa rse.
Art. 58. — S e p r o c e d e r á a l a c la u s u r a d e la in s c r ip c ió n en
a c to p ú b lic o e l d ía y la h o r a fija d o s e n e l lla m a d o a co n c u r so e n
l a s e d e d e l j u r a d o y d e b e r á e s t a r p r e s e n t e s u p r e s id e n t e . S e
l a b r a r á u n a c t a co n la n ó m in a d e lo s p o s t u la n t e s in s c r ip t o s , el
n ú m e r o d e le g a jo q u e le h u b ie r e c o r r e sp o n d id o y l a c a n t id a d de
fo lio s q u e lo i n t e g r a n , y d e b e r á p e r m a n e c e r a d is p o s ic ió n d e lo s
in t e r e s a d o s d u r a n t e cin co (5 ) d ía s h á b ile s p o s t e r io r e s a l a c la u ­
s u r a e n l a s e d e d e l ju r a d o .
Psicología judicial 155

Art. 59. — V e n c id o el t é r m i n o e s t a b le c id o en el a r tíc u lo


p r e c e d e n te y p o r t r e s (3 ) d ía s h á b il e s , lo s a s p ir a n t e s p o d r á n
r e c u s a r a lo s m ie m b r o s d e l j u r a d o d e co n c u r so p or la s c a u s a le s
p r e v is t a s e n el a rtíc u lo 5 6 y lo s m ie m b r o s d el ju r a d o e n ig u a l
c a so y t é r m in o , d e b e r á n e x c u s a r s e d e in t e r v e n ir p o r i g u a le s
m o t iv o s . C u a n d o se p r o d u je r a l a e x c u s a c ió n p o r a lg u n o d e lo s
m ie m b r o s d e l ju r a d o , é s t e i n t e g r a d o a e s e so lo e fe c to con lo s
s u p le n te s q u e c o r r e s p o n d a , d e b e r á d e c id ir so b r e la le g it im id a d
de la e x c u sa c ió n p o r r e s o lu c ió n q u e s e r á irr e c u r r ib le . S i m e d ia ­
re r e c u s a c ió n d e b e r á el p r e s i d e n t e d a r v is t a p o r t r e s (3 ) d ía s
h á b ile s a l m ie m b r o d e l j u r a d o a fe c ta d o , p r o c e d ié n d o s e lu e g o
co m o q u e d a p r e v is to p a r a el c a so d e e x c u s a c ió n .
Art. 60. — U n a v e z c o n s t it u id o s los ju r a d o s en c a d a z o n a ,
d e n tr o de lo s t r e in t a ( 3 0 ) d ía s co r r id o s d e b e r á e x p e d ir s e . E llo
se c o n c r e ta r á v o ta n d o c a d a m ie m b r o del j u r a d o fu n d a d a m e n t e
y r e g is t r á n d o s e e n a c ta .
L a co n clu sió n deberá ser n o tifica d a por céd u la en el dom icilio
le g a l con stitu ido, por la S u b se c re ta r ía de S a lu d P ú blica a cada u n o
de lo s a sp ir a n te s d en tro de lo s cinco (5) d ías h á b iles po sterio res.
Art. 61. — L a s c o n c lu s io n e s d e lo s j u r a d o s de c o n cu rso sólo
podrán s e r r e c u r r id a s p o r v í a d e r e c o n s id e r a c ió n y en los
s ig u ie n t e s c a s o s :
a ) I r r e g u la r id a d e n el p r o c e d im ie n t o fo r m a l.
b ) A p lic a c ió n e r r ó n e a d e l a s b a s e s fi ja d a s en la p r e s e n t e
le y o e n e l r e g la m e n t o d e c o n c u r s o .
D e b e r á in t e r p o n e r s e d e n t r o d e lo s d ie z ( 1 0 ) d ía s h á b ile s
p o s te r io r e s a l a n o tific a c ió n y n e c e s a r ia m e n t e d e b e r á s e r fu n ­
d a d o . E l p r e s id e n t e d e l j u r a d o d a r á v i s t a p o r d ie z ( 1 0 ) d ía s
h á b ile s a lo s a s p ir a n t e s q u e p u d ie r a n r e s u l t a r a fe c ta d o s p o r la
r e v o c a to r ia y v e n c id o el p la z o p a r a h a c e r lo , p r o c e d e r á a d ic ta r
r e s o lu c ió n d e n tr o d e lo s d ie z ( 1 0 ) d ía s h á b ile s p o s te r io r e s a q u e
el r e c u r s o q u e d ó e n e s t a d o d e r e s o lv e r .
S i se p la n t e a r e n v a r io s r e c u r s o s d e r e v o c a to r ia , d e b e r á dic­
t a r s e r e s o lu c ió n q u e c o m p r e n d a a to d o s y e n e s t e c a s o e l p la z o
p a r a r e s o lv e r c o m e n z a r á a c o r r e r d e s d e q u e q u e d e n e n e s t a d o
t o d o s e llo s .
156 Juan H . D el Popolo

Art. 62. — L a re so lu c ió n a d o p ta d a por el ju r a d o d el con cu rso


d eb e rá se r co n fir m a d a p or decreto del P o d e r E je cu tiv o o de in te n ­
d en te m u n ic ip a l e n su ca so . C o n tr a e s ta d ec isió n , sólo p o d rá n
in te r p o n e r se la acción p r o cesa l a d m in is tr a tiv a y d e in c o n stitu c io -
n a lid a d a n te la S u p r e m a C o r te de J u stic ia d e la P ro v in c ia , en los
ca so s y con la s fo r m a s e sta b le c id a s en la C o n stitu c ió n P ro v in c ia l
y e n el C ód igo P r o c e sa l C iv il. L a in terp o sic ió n de e s ta s acciones
lo se r á e x c lu s iv a m e n te con efecto d ev olu tiv o .
Art. 63. — P r o d u c id a la ¿ o n c lu s ió n d e l ju r a d o de c o n cu rso
o r e s u e lt a la r e v o c a to r ia p o r é s t e , el P o d e r E je c u t iv o o el i n t e n ­
d e n te m u n ic ip a l d eb erán p roceder a d e sig n a r al a s p ir a n t e
se le c c io n a d o p o r el ju r a d o d e n tr o de los t r e in t a ( 3 0 ) d ía s co rri­
dos d e sd e la c o m u n ic a c ió n c u r s a d a p o r el m is m o .
E l p r o fe s io n a l q u e g a n e u n co n cu rso y no o cu p e el ca rg o , o
el q u e h a b ié n d o lo o cu p a d o r e n u n c ie al m is m o a n t e s de lo s cie n ­
to o c h e n ta ( 1 8 0 ) d ía s sin r a z ó n d e b id a m e n te ju s t ific a d a de ta le s
a c to s, n o a c u m u la r á p u n ta je p o r e se a n te c e d e n te , c u r s á n d o s e la
p e r tin e n te c o m u n ic a c ió n a l H . C o n se jo D e o n to ló g ico P sicoló gico .

C a p ítu lo X I I
De los establecimientos '■

Art. 64. — A lo s fin e s de la p r e s e n t e ley, lo s e s t a b le c im ie n ­


to s o u n id a d e s a s is t e n c ia le s y s a n it a r io s y s u s s e r v ic io s , s e r á n
c la s ific a d o s p o r c a t e g o r ía s y c o r r e la c io n a d o s con el r é g im e n de
tr a b a jo p or el M in is t e r io d e B ie n e s t a r S o c ia l, la s m u n ic ip a lid a ­
d es y la O b r a S o c ia l de E m p le a d o s P ú b lic o s.

C a p ítu lo X I I I
De las comisiones

Comisión Permanente de la Carrera Psicológica

Art. 65. — C r é a s e la C o m is ió n P e r m a n e n t e d e la C a r r e r a
Psicología jud icia l 157

P s ic o ló g ic a p r e s id id a p o r e l S u b s e c r e t a r io d e S a lu d P ú b lic a e
i n t e g r a d a p o r ig u a l n ú m e r o d e r e p r e s e n t a n t e s p s ic o ló g ic o s d el
M i n i s t e r io d e B ie n e s t a r S o c ia l y d e la A s o c ia c ió n P s ic o lo g ía de
la P r o v in c ia d e M e n d o z a o e n t id a d q u e lo s r e p r e s e n t e , con el
o b je to d e:
a ) E v a l u a r lo s r e s u l t a d o s d e l a a p lic a c ió n d e l a p r e s e n t e
ley.
b ) V e la r p o r el e s t r ic t o c u m p lim ie n t o d e e s t a ley.
c) P r o p o n e r n o r m a s r e g la m e n t a r ia s .
d ) A s e s o r a r s o b r e a s p e c t o s a t i n e n t e s a l a c o n d u c c ió n y
a d m in is t r a c ió n d e l p e r s o n a l c o m p r e n d id o .
e) E s t u d i a r y p r o p o n e r l a s d is p o s ic io n e s t e n d ie n t e s a n o r ­
m a l i z a r lo s d i s t i n t o s n iv e le s d e c o m p le jid a d d e lo s e s t a b le c i ­
m i e n t o s o u n id a d e s a s is t e n c i a le s o s a n i t a r i a s .
f) P r o p o n e r lo s p la n t e le s p r o fe s io n a le s e n o rd e n a s u n ú m e ­
ro y e s t r u c t u r a j e r á r q u i c a , d e a c u e r d o co n s u s n iv e le s d e c o m ­
p le jid a d .
L o s m ie m b r o s d e e s t a c o m is ió n s e r á n d e s ig n a d o s y d u r a ­
r á n e n s u s fu n c io n e s d e a c u e r d o co n lo q u e e s t a b le z c a la r e g la ­
m e n t a c ió n d e la p r e s e n t e ley.

Comisión de Docencia e Investigación

Art. 66. — C r é a s e la C o m is ió n de D o c e n c ia e I n v e s t ig a c ió n ,
q u e e s t a r á p r e s id id a p o r e l S u b s e c r e t a r io d e S a lu d P ú b lic a e
i n t e g r a d a p o r ig u a l n ú m e r o d e r e p r e s e n t a n t e s d e l a S u b ­
s e c r e ta r ía de S a lu d P ú b lic a y d e la A s o c ia c ió n d e P s ic ó lo g o s de
M e n d o z a o e n tid a d q u e lo s r e p r e s e n t e . L a c o m is ió n d e b e r á p ro ­
g r a m a r la s a c t iv id a d e s d e fo r m a c ió n p o s t -g r a d o e n lo s e s t a b le ­
c im ie n t o s y u n id a d e s d e la A d m i n is t r a c ió n P ú b lic a p r o v in c ia l,
m u n ic ip a l y O b r a S o c ia l d e E m p le a d o s P ú b lic o s . D ic h o s e s t a ­
b le c im ie n t o s o u n id a d e s d e b e r á n i m p l e m e n t a r p r o g r a m a s , p la ­
n e s y s i s t e m a s de c a p a c it a c ió n p o s t -g r a d o e n b e n e fic io de lo s
p sic ó lo g o s in c lu id o s o n o e n e s t e r é g im e n d e c a r r e r a , d e a c u e r ­
do con la s d is p o s ic io n e s q u e a t a l e fe c to a d o p te .
158 Juan H . D el Popolo

C a p ítu lo X I V
De los medios de capacitación

Art. 67. — L o s m e d io s de c a p a c ita c ió n p a r a lo s p sic ó lo g o s


n o in c lu id o s e n e s te r é g im e n se p o d r á n o r g a n iz a r y e je c u t a r
m e d ia n t e lo s s i s t e m a s -d e r e s id e n c ia s p sic o ló g ic a s y c o n c u r r e n ­
cia p r o g r a m a d a , los q u e se d e s a r r o lla r á n e n lo s e s t a b le c im ie n ­
to s o u n id a d e s q u e c u e n t e n con la e s t r u c t u r a p r o fe s io n a l a d e ­
c u a d a y q u e d is p o n g a n de lo s 'm e d i o s s u fic ie n t e s .
Art. 68. — E l s is t e m a d e r e s id e n c ia s p s ic o ló g ic a s c o m p r e n ­
d e a lo s p sic ó lo g o s n o in c lu id o s e n e s te r é g im e n de c a r r e r a , que
a d q u ir ie n d o c a p a c it a c ió n ,-s e r á n r e m u n e r a d o s .
Art. 69. — E l s i s t e m a de c o n c u r r e n c ia p r o g r a m a d a c o m ­
p r e n d e a lo s p sic ó lo g o s n o in c lu id o s e n e s te r é g im e n d e c a r r e r a
n i e n .el s i s t e m a de r e s id e n c ia s , q u e a d q u ir ie n d o c a p a c ita c ió n
p r o g r a m a d a y p e r ió d ic a n o s e r á n r e m u n e r a d o s .
Art. 70. — L o s p r o fe s io n a le s q u e s e in c lu y a n e n lo s s is te ­
m a s d e r e s id e n c ia s p s ic o ló g ic a s y c o n c u r r e n c ia p r o g r a m a d a ,
r e a li z a r á n l a s t a r e a s a s is t e n c i a le s q u e s e a n m e n e s t e r a fin de
c u m p li m e n t a r lo s p r o p ó s it o s de c a p a c it a c ió n , p e ro e n n in g ú n
c a so s u s t it u ir á n la s o b lig a c io n e s q u e d e b e n c u m p lir lo s p sic ó lo ­
g o s in c lu id o s e n e s te r é g im e n de c a r r e r a .

C a p ít u lo X V
De las disposiciones generales

Art. 71. — E n c a s o s d e b id a m e n t e fu n d a d o s y p a r a la r e a li­


z a c ió n d e t a r e a s e s p e c ia le s de c a r á c t e r tr a n s ito r io y e x c e p c io ­
n a l q u e n o p u e d a n s e r e je c u t a d a s p o r lo s p s ic ó lo g o s d e p la n t a ,
la a u t o r id a d s a n it a r ia p o d r á c o n t r a t a r p sic ó lo g o s de d e s t a c a d a
. a c t u a c ió n p r o fe s io n a l p a r a s u r e a liz a c ió n , e s p e c ific a n d o el p la n
d e t r a b a jo y e l t ie m p o de d e s a r r o llo d e la ta r e a . E n to d o s los
c a s o s , d e b e r á c o n t a r s e co n el a c u e r d o de la c o m is ió n p e r m a ­
n e n t e d e l a c a r r e r a p s ic o ló g ic a .
Art. 72. — E n la a p lic a c ió n d e la p r e s e n t e ley, e n s u r e g la ­
Psicología judicial 159

m e n t a c ió n y d e m á s d is p o s ic io n e s q u e e n s u c o n s e c u e n c ia se
d ic t e n , d e b e r á t e n e r s e c o m o o b je tiv o p r im o r d ia l el e fic ie n te
fu n c io n a m ie n t o d e l S e r v ic io P ú b lic o d e S a lu d y el in t e r é s de los
p r o fe s io n a le s p s ic ó lo g o s a cu y o efe cto se r e c a b a r á la c o la b o r a ­
ció n d e la A s o c ia c ió n P s ic o ló g ic a de la P r o v in c ia de M e n d o z a o
e n t id a d q u e lo s r e p r e s e n t e .
Art. 73. — L o s t é r m i n o s a q u e s e r e fie r e e s t a l e y s o n d é
c a r á c t e r p e r e n to r io o i m p r o r r o g a b le .
Art. 74. — E n to d o a q u e llo q u e n o s e e n c u e n t r e e x p r e s a ­
m e n t e le g is la d o e n e s t e r é g im e n d e c a r r e r a p s ic o ló g ic a , s e r á n
d e a p lic a c ió n s u p le t o r ia l a s d is p o s ic io n e s le g a le s v ig e n t e s p a r a
lo s a g e n t e s de la A d m i n is t r a c ió n P ú b lic a P r o v in c ia l y M u n ic i ­
p a l.
Art. 75. — E n l a s i n s t i t u c io n e s a s is t e n c i a l e s y s a n i t a r i a s
c o m p r e n d id a s e n el á m b it o d e e s t a ley, d e b e r á c r e a r s e u n a u n i­
d a d , se c c ió n , s e r v ic io d e d e p a r t a m e n t o d e p s ic o lo g ía a co rd e con
la c a n t id a d d e p r o fe s i o n a le s p s ic ó lo g o s d e p la n t a y co n la
d iv e r s id a d de lo s s e r v ic io s s e g ú n l a r e g la m e n t a c ió n e s t a b le z c a .
D e b e r á n e s t a r a c a r g o d e lo s m i s m o s , e n la s r e s p e c tiv a s j e f a t u ­
r a s p r o fe s io n a le s p sic ó lo g o s q u e d ir ig ir á n lo s a s p e c to s a d m i n i s ­
t r a t iv o s , fo r m a t iv o s y té c n ic o s d e lo s p r o fe s io n a le s a s u ca rg o.
S u je t o a la r e g la m e n t a c i ó n q u e se d ic te a l r e s p e c to y sin
p e r ju ic io de q u e el p sic ó lo g o p u e d a r e a li z a r s u c a r r e r a a s is t e n ­
c ia ! s e g ú n el e s c a la fó n g e n e r a l q u e e s t a b le e s t a ley.

C a p ít u lo X V I
De las disposiciones transitorias

Art. 76. — D é j a n s e in c lu id o s lo s p r o fe s io n a le s p s ic ó lo g o s
e g r e s a d o s de la F a c u lt a d P r o v in c ia l d e A n t r o p o lo g ía E s c o la r
co n cu a tr o (4 ) a ñ o s d e c u r r ic u lu m , a lo s e fe c to s de e s t a ley, en
ig u a ld a d de c o n d ic io n e s q u e lo s e g r e s a d o s d e c a r r e r a s m a y o r e s
u n iv e r s it a r ia s d e cin co (5 ) a ñ o s .
Art. 7 7 . — L o s p r o fe s io n a le s q u e s e e n c u e n t r a n d e s e m p e -
16 0 Juan H . D el Popolo

ñando funcionaes jerárquicas a la fecha de la sanción de la pre­


sente ley, con carácter interino, continuarán, en las mismas
hasta su cobertura por el régimen de concursos establecido.
Art. 78. — A los fines de establecer la estructura de funcio­
nes jerárquicas sobre la cual se efectuará el primer llamado a
concurso, la autoridad sanitaria confeccionará la misma con
noventa (90) días corridos de antelación a la fecha de convoca­
toria.
Art. 79. — Derógase cualquier otra norma o disposición en
cuanto se oponga a la presente ley.
Art. 80. — [D e FORMA],
L ey 5837

M ODIFICACIONES A L A LEY DE CARRERA


D EL PSICO LO G O

El Senado y Cámara de Diputados de la Provincia de Men­


doza, sancionan con fuerza de Ley:

Art. 1- — Modifícase el art. 39 de la ley 5511, Carrera Psi­


cológica, el que quedará redactado de la siguiente forma:
Art. 3s — Los profesionales comprendidos en la prsente ley,
se denominarán psicólogos de planta, entendiéndose por tales
a los que componen la dotación necesaria para el normal cum­
plimiento de tareas asistenciales, preventivas o sanitarias y
revistarán como:
a) Psicólogo titular: El que habiendo ingresado por concur­
so se incorpora al escalafón con carácter definitivo y plena
establidad;
b) Psicólogo interino: El que ha sido designado para cubrir
en forma transitoria las vacantes que se produzcan en las
dotaciones del personal efectivo, las que deberán ser concursa­
das indefectiblemente en el año calendario posterior, excep­
tuándose de ser concursados los interinatos que tengan por
objeto cubrir las funciones jerárquicas y directivas que se esta­
blecen en él Art. 4s, como así también los producidos por licen­
cia ordinarias y extraordinarias previstas por la legislación
vigente. No será computable la permanencia en calidad de
interino para el encasillamiento por promoción automática.
Juan H . D el Popolo

“Gozarán de efectividad en sus cargos todos los psicólogos


que al momento de la promulgación del régimen de carrera
psicológica estuvieran desempeñándose en el ámbito de aplica­
ción de la misma”.
Art. 2 a — Modifícase el art. 46 de la ley 5511 carrera psi­
cológica, el que quedará redactado de la siguiente forma:
Art. 46. — Los jurados de.concurso para funciones jerár­
quicas y del tramo directivo estarán integrados por cinco (5)
miembros titulares y cinco (5) miembros suplentes.
Los Psicólogos escalafonados designarán por elección direc­
ta y secreta tres (3) miembros titulares y tres (3) miembros
suplentes que deberán reunir los siguientes requisitos:
a) Domicilio real en la zona;
b) Revistar como titular en cualquiera de las funciones
excepto de la Jefe de Sección o en el tramo directivo.
Para el caso en que no pudiera integrarse el jurado por
miembros que reúnan los requisitos antes enunciados, deberá
incluirse en el listado que a tal efecto confeccionará el Ministe­
rio de Salud, a profesionales de las zonas con iguales requisi­
tos.
Los restantes integrantes de los jurados serán designados:
Un (1) miembro titular y un (1) miembro suplente por el
Ministerio de Salud y un (1) miembro titular y un (1) miembro
suplente por la Asociación de Psicólogo de Mendoza o entidad
que los represente, debiendo en ambos casos acreditar una
antigüedad mínima de diez (10) años en el ejercicio de la pro­
fesión.
De presentarse la imposibilidad de la constitución estos
jurados serán suplidos por los respectivos jurados del tramo
personal profesional en forma completa. Sus miembros debe­
rán excusarse al considerar sus antecedentes cuando al mismo
tiempo sean postulantes a desempeñar funciones jerárquicas o
del tramo directivo.

Art. 3 e. — [D e f o r m a ]
CODIGO DE E T IC A Y D ISC IPL IN A EN E L E JE R C IC IO
D E L A PR O F E SIO N DE PSICO LO G O

Capítulo I
De las normas éticas

Artículo l e — Las normas éticas que se establecen no


importan la negación de otras no expresadas y que pueden
resultar del ejercicio profesional consciente y digno. El profe­
sional procederá con un criterio justo, evitando interpretacio­
nes capciosas o forzadas, con la finalidad de favorecer una
situación propia en perjuicio de colegas o pacientes. Cuando
determinada situación no llegue a estar contemplada
expresamente en este cuerpo de reglas, corresponde resolverlas
al Consejo Deontológico. Los conceptos expresados tienden a
fijar principios y a sistematizar el cuerpo de reglas morales
que deben gobernar la profesión.
Artículo 2° — Las Asociaciones Profesionales, el Departa­
mento de Psicología y Consejeros podrán proponer al Consejo
Deontológico para su consideración, otras conductas que resul­
tasen violatorias de las reglas de ética profesional no previstas
en el presente código.

Capítulo II
De los deberes con la sociedad y con sus pacientes

Artículo 3 q — a) En toda actuación el psicólogo cuidará de


sus pacientes, ateniéndose a su condición humana.
b) No hará distinción de: nacionalidad, religión, raza, de
partido político o clase; sólo verá al ser humano que lo necesi­
ta.
164 Juan H . D el Popolo

c) El psicólogo debe ser un individuo probo, de honor y hon­


rado en el ejercicio de su profesión.
d) Cooperará con sus medios técnicos psicológicos en la
vigilancia, promoción, protección, atención y/o rehabilitación
de la salud psicológica individual y colectiva.
e) Tiene la obligación de denunciar y combatir:
1. El ejercicio ilegal de la profesión, cualquiera sea su for­
ma.
2. Toda, actuación que no se efectúe en el plano y nivel cien­
tífico de la Psicología.
3. La explotación del profesional en el ejercicio de su pro­
fesión. Para ello deberá recurrir a todos los medios legales de
que disponga, con la intervención del Consejo Deontológico.
f) Se dedicará a ampliar la comprensión que el hombre tie­
ne de sí mismo y de los demás. Mientras persigue esta finali­
dad protege el bienestar de cualquier persona que busque sus
servicios.
g) No usará su posición profesional o sus relaciones, ni per­
mitirá con sus conocimientos que sus servicios sean usados por
otros, con fines que no concuerden con los valores señalados
precedentemente.
h) Al mismo tiempo que exige para sí libertad de investigar
y de comunicación acepta la responsabilidad que confiere esta
libertad; ser competente cuando afirma serlo; ser objetivo con
el informe de sus hallazgos y ser considerado para los intereses
de sus colegas y de la sociedad.

Capítulo III
Deberes en las relaciones profesionales

Artículo 4 a — El respeto mutuo, la no intromisión en los


límites de la especialidad ajena y el evitar recurrir a medios
que no sean la competencia científica, constituyen la base de la
ética que rige las relaciones profesionales.
Artículo 5 a — El profesional que desempeña un cargo
Psicología judicial 185

público está obligado a respetar la ética profesional, cumplien­


do con todo lo establecido en este código.
Sus obligaciones con el Estado no lo eximen de sus deberes
éticos con sus colegas y, por lo tanto debe, dentro de la esfera
de su acción, como consecuencia del cargo que ocupa, propug­
nar por:
a) Que se respete el régimen de concurso.
b) Que se respete la estabilidad y el escalafón del profesio­
nal funcionario.
c) El derecho de amplia defensa y de sumario previo a toda
cesantía.
d) El derecho a profesar cualquier idea política o religiosa.
e) El derecho de agremiarse libremente y a defender los
intereses gremiales.
f) Que se respeten los demás derechos consagrados en las
leyes vigentes que hacen a la profesión.
Artículo 6a — Los profesionales psicólogos, tendrán la obli­
gación de cobrar honorarios que estén de acuerdo con la digni­
dad profesional y que no constituyan un factor de competencia
desleal.
Ley 7106

E JE R C IC IO D E L A PR O FESIO N DE PSICO LO G O
EN L A P R O V IN C IA DE CO RD O BA

El Senado y Cámara de Diputados de la Provincia de Cór­


doba, reunidos en Asamblea General, sancionan con fuerza de
ley:

Artículo I a — A los efectos de esta ley, se considera ejerci­


cio de la Psicología la aplicación e indicación de técnicas espe­
cíficamente psicológicas en la enseñanza, el asesoramiento, los
peritajes y la investigación, de la conducta humana, y en el
diagnóstico, pronóstico y tratamiento, tanto de las enfermeda­
des mentales de origen eminentemente psíquico, como de las
alteraciones psicológicas en enfermedades somáticas de las
personas, y la recuperación, conservación y prevención de la
salud mental de las mismas.
Art. 2 a— El ejercicio de la Psicología se desarrollará en los
niveles, individual, grupal, institucional y comunitario, ya sea
en forma público privada, en las áreas de la Psicología Clínica,
Educacional, Laboral, Jurídica y Social.
a) Se entenderá por área de la Psicología Clínica: la esfera
de acción que se halla en hospitales generales, psiquiátricos,
neurosiquiátricos, centros de salud mental, clínicas e institu­
ciones privadas de la misma índole y en práctica privada de la
profesión.
b) Por área de la Psicología Educacional: la esfera de
acción que se halla en instituciones educativas y en la práctica
privada de la profesión;
Psicología jud icia l 167

c) Por área de la Psicología Laboral: la esfera de acción que


se realiza en las instituciones donde están implicadas activida­
des vinculadas al trabajo, en gabinete e instituciones creadas a
tal fin y en la práctica privada de la profesión.
d) Por área de la Psicología Jurídica: la esfera de acción
que se realiza en los tribunales de justicia, institutos peniten­
ciarios, de internación de menores y en la práctica privada dé
la profesión.
e) Por área de la Psicología Social: la esfera de acción rela­
cionada con todas las instituciones, grupos y miembros de la
comunidad que, en cuanto fuerza sociales, afectan la conducta
del individuo, industrias y organismos oficiales, instituciones
de la investigación sobre la opinión pública, centros de investi­
gación psicológicas, antropológicos, las empresas publicitarias
y demás afines, con la perspectiva que todas las áreas ocupa-
cionales del psicólogo reciban aportes de la Psicología Social.
La aplicación de las especialidades en las áreas descriptas se
hará extensible a todas aquellas instituciones que requieran
ejercicio profesional específico de cada especialidad. Asimismo
la enumeración de las áreas no limita la promoción de nuevas
especialidades, que requieran su formación particular y aplica­
ción específica para un mejor servicio a la comunidad determi­
nando así otras áreas ocupacionales.
Art. 3s — Se considerára ejercicio de la profesión de Psicó­
logos:
a) En el área de la Psicología Clínica: la exploración psico­
lógica de la estructura, dinámina y desarrollo de la personali­
dad, la orientación psicológica para la promoción y prevención
del equilibrio de la personalidad; la investigación y formula­
ción de diseños experimentales; el diagnóstico y tratamiento de
los conflictos y tensiones de la personalidad, mediante psicote­
rapia o terapia- psicológica; otras actividades que con el mismo
objetivo, requieran el uso de instrumentos y técnicas estricta­
mente psicológicos.
b) En el área del Psicología Educacional: investigar, orien­
tar, operar y enseñar en todos los niveles de la educación, en la
168 Juan H . D el Popolo

medida que en ella incidan factores psicológicos, con el fin de


crear juntamente con el educador y con los datos provenientes
de otros profesionales, el clima más favorable para lograr g!
éxito del aprendizaje analizando mediante sus técnicas especí­
ficas, los problemas que gravitan en la tarea educativa, deriva­
da de la configuración psíquica y del medio social en que se
desenvuelve.
c) En el área de la Psicología Laboral: la selección, organi­
zación, distribución y desarrollo del personal; evaluación de
puestos y tareas; estudio de motivaciones, investigación y pro­
puesta de sistema de producción a través de los cuales el hom­
bre encuentra un medio dé' realización creando el clima más
favorable para la adecuación del trabajo al hombre; investiga­
ción de las causas psicológicas de accidentes en el ámbito labo­
ral, y asesoramiento sobre la prevención de los mismos; la
actuación sobre las tensiones de grupos propendiendo a preve­
nir, conservar y promover la salud psíquica de los integrantes
de la institución laboral.
d) En el área de la Psicología Jurídica: el estudio de la per­
sonalidad del sujeto que delinque; la rehabilitación del penado;
la orientación psicológica del liberado y de sus familiares; la
actuación sobre las tensiones grupales en institutos penales
con tareas de Psico-Higiene; la colaboración en peritajes,
empleando los instrumentos específicos; la realización de peri­
tajes psicológicos; realización de peritajes y estudios de adop­
ción y de conflictos familiares.
e) En el área de la Psicología Social: el estudio en general
del comportamiento del individuo en relación con el grupo
dinámico; la investigación de las actividades de las personas,
su nivel de aspiración, motivaciones, tendencias, opiniones,
problemas de comunicación de pequeños y grandes grupos.
El ejercicio de la profesión del psicólogo cualquiera fuera
su área podrá desarrollarse interdisciplinariamente. Igualmen­
te se considerará ejercicio de la profesión del psicólogo, la
orientación vocacional y profesional, la enseñanza y la difusión
del conocimiento y técnicas psicológicas.
Psicología jud icia l 169

Art. 4 a — El ejercicio de la profesión de psicólogo, en cual­


quiera de las áreas de la psicología solo se autorizará a aque­
llas personas que como consecuencia de haber cursado una
carrera universitaria mayor, posean títulos habilitantes de psi­
cólogos, licenciado en psicología o doctor en psicología, previa
obtención de la matrícula profesional correspondiente a la ins­
cripción en el Consejo de Psicólogos de la Provincia de Córdo­
ba.
Art. 5 q — Podrán ejercer la profesión de psicólogos:
a) Los que tengan títulos válidos y habilitantes de psicólo­
gos, licenciados en psicología o doctor en psicología expedido
por una Universidad Nacional o Privada autorizada conforme
a la legislación universitaria y habilitado de acuerdo con la
misma.
b) Los que tengan títulos otorgados por Universidad
Extranjera de igual jerarquía perteneciente a un país con el
que exista en vigencia tratado de reciprocidad, habilitados por
una Universidad Nacional.
c) Los profesionales extranjeros con títulos equivalente de
prestigio internacional reconocido y que estuvieran de tránsito
en el país, cuando fueran requeridos en consulta de su exclusi­
va especialidad, previa autorización a ese solo efecto que será
concedida a solicitud de los interesados por un plazo de seis (6)
meses prorrogables a un año como máximo por el Consejo de
Psicología de la Provincia de Córdoba, no pudiendo ejercer la
profesión privadamente.
d) Los que tengan título equivalente otorgado por Univer­
sidad Extranjera de igual jerarquía y que hubiesen revalidado
el título en una Universidad Nacional.
e) Los profesionales extranjeros con títulos equivalentes
contratados por instituciones públicas o privadas con finalida­
des de investigación, asesoramiento, docencia y/o para evacuar
consultas de dichas instituciones durante la vigencia del con­
trato y dentro de los límites que se reglamenten, no pudiendo
ejercer la profesión privadamente.
Art. 6a — Los psicólogos podrán certificar profesionalmen­
170 Juan H . D el Popolo

te, de acuerdo a lo que esta ley establece, las comprobaciones


y/o constancias que efectúen en el ejercicio de su profesión'
como así también los procedimientos técnicos psicológicos uti­
lizados.
Art. 7fi — Los profesionales psicólogos están, sin perjuicio
de lo que establezcan las demás disposiciones legales regla­
mentarias, obligados a:
a) Proteger a los examinados asegurándoles que la prueba
y sus resultados se utilizarán de acuerdo con las normas éticas
y profesionales, cuando necesite aplicar pruebas psicológicas
para propósitos de enseñanza, clasificación o investigación.
b) Prestar la colaboración que sea requerida por las auto­
ridades sanitarias en caso de epidemias, desastres u otras
emergencias.
c) Mantenerse permanentemente informados de los progre­
sos concernientes a su disciplina cualquiera sea su especiali­
dad a los fines de la realización misma.
d) Guardar el más riguroso secreto sobre cualquier pres­
cripción o acto profesional salvo las excepciones de la ley o en
los casos que por la parte interesada se lo relevare de dicha
obligación expresamente. El secreto profesional deberá
guardarse con igual rigor respecto de los datos ó hechos que se
informaren en razón de su actividad profesional sobre las per­
sonas en sus aspectos físicos, psicológicos e ideológicos.
Art. 8 e — Queda prohibido a los psicólogos:
a) Prescribir, administrar o aplicar medicamentos, electri­
cidad o cualquier otro medio médico, o mecánico o químico,
destinado a tratamiento de las enfermedades dé las personas.
b) Aplicar en sus prácticas profesionales procedimientos
que no hayan sido aprobados en los centros universitarios o
científicos del país.
c) Participar honorarios entre psicólogos o con cualquier
otro profesional del arte de curar, sin perjuicio de presentar
honorarios en conjunto o separadamente según corresponda.
Art. 9 a — El Consejo Profesional de Psicólogos de la Pro­
vincia de Córdoba, reglamentará las sanciones a aplicar en
Psicología jud icia l 171

cada caso de incumplimiento o trasgresiones a la presente ley,


debiendo promover además, toda actividad tendiente al perfec­
cionamiento y actualización de los profesionales psicólogos.
Art. 10 — Derógase toda disposición que se oponga a la
presente ley.
Art. 11 — Comuniqúese al Poder Ejecutivo.

Molardo — Medina Allende — Gerónico — Cendoya.

Promulgación: Decreto N2 4624 del 21/09/84.


Publicación: B.O. 27/09/84.
L ey 23.277

PSICO LO GIA. NORM AS PARA EL EJERCICIO


•DE L A PROFESION. D ERO G ACIO N DE LOS ARTS.
92 Y 91 DE LA NORRIA
\
DE FACTO 17.132

Sanción: 27 de noviembre de 1985.


Promulgación: 6 de noviembre 1985 (Aplicación art. 70 C. Nacional).
Publicación: B.O. 15/11/85.

Citas legales: Ley 17.13?; XXVII-A, 44.

Proyecto de los diputados Cáceres y Maglietti, considerado


y aprobado con modificaciones por la Cámara de Diputados en
la sesión del 12 de setiembre de 1985 (D. ses. Dip. 1985, ps.
4436 a 4451) y por el Senado en la sesión del 27/28 de setiem­
bre de 1985 (D. ses. Se. 1985, ps. 2999 a 3002).

Título I
Del ejercicio profesional ámbito y autoridad de aplicación

Art. I 9 — El ejercicio de la psicología, como actividad pro­


fesional independiente en la Capital Federal, Territorio Nacio­
nal de la Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur,
quedará sujeta a las disposiciones de la presente, ley.
El control del ejercicio de la profesión y el gobierno de la
matrícula respectiva se realizará por la Secretaría de Salud,
dependiente del Ministerio de Salud y Acción Social, en las
condiciones que se establezcan en la correspondiente regla­
mentación.
Psicología judicial 173

Art. 2a — Se considera ejercicio profesional de la psicolo­


gía, a los efectos de la presente ley, la aplicación y/o indicación
de teorías, métodos, recursos, procedimientos y técnicas espe­
cíficas en:
a) El diagnóstico pronóstico y tratamiento de la personali­
dad y la recuperación; conservación y prevención de la salud
mental de las personas;
b) La enseñanza y la investigación;
c) El desempeño de cargos, funciones, comisiones o empleos
por designaciones de autoridades públicas, incluso nombra­
mientos judiciales;
d) La emisión, evacuación, expedición, presentación de cer­
tificaciones, consultas, asesoramiento, estudios, consejos, infor­
mes, dictámenes y peritajes.
Art. 3a — El psicólogo podrá ejercer su actividad autónoma
en forma individual y/o integrando equipos interdisciplinarios,
en forma privada o en instituciones públicas o privadas que
requieran sus servicios. En ambos casos podrá hacerlo a reque­
rimiento de especialistas en otras disciplinas o de personas que
voluntariamente soliciten su asistencia profesional.

Título II
De las condiciones para el ejercicio de la profesión

Art. 4a — El ejercicio de la profesión de psicólogos sólo se


autorizará a aquellas personas que:
1. Posean título habilitante de licenciado en psicología
otorgado por universidad nacional, provincial o privada habili­
tada por el Estado, conforme a la legislación o título equivalen­
te reconocido por las autoridades pertinentes.
2. Posean título otorgado por universidades extranjeras
que hayan sido revalidado en el país.
3. Tengan título otorgado por universidades extranjeras
que en virtud de tratados internacionales en vigencia haya
sido habilitado por universidad nacional.
17 4 Juan H . D el Popolo

4. También podrán ejercer la profesión:


a) Los extranjeros con título equivalente, que estuviesen en
tránsito en el país y fueran oficialmente requeridos en consulta
para asuntos de su especialidad. La autorización para el ejer­
cicio profesional será concedida por un período de seis meses,
pudiendo prorrogarse.
. b) Los profesionales extranjeros contratados por institucio­
nes públicas o privadas con fines de investigación, docencia y
asesoramiento. Esta habilitación no autoriza al profesional
extranjero para el ejercicio independiente de su profesión,
debiendo limitarse a la actividad para la que ha sido requerido.
Art. 5s — El ejercicio profesional consistirá únicamente en
la ejecución personal de los actos enunciados en la presente
ley, quedando prohibido todo préstamo de la firma o nombre
profesional a terceros, sean éstos psicólogos o no.

Título III
Inhabilidades e incompatibilidades

A rt. 62 — No podrán ejercer la profesión:


1. Los condenados por delitos contra las personas, el honor,
la libertad, la salud pública o la fe pública, hasta el transcurso
de un tiempo igual al de la condena, que en ningún caso podrá
ser menor de dos años.
2. Los que padezcan enfermedades psíquicas graves y/o
infecto-contagiosas mientras dure el período de contagio.

Título IV
De los derechos y obligaciones

A rt. 72 — Los profesionales que ejerzan la psicología


podrán:
1. Certificar las prestaciones de servicios que efectúen, así
como también las conclusiones de diagnósticos referentes a los
estados psíquicos de las personas en consulta.
Psicología judicial 17 5

2. Efectuar interconsultas y/o derivaciones a otros profesio­


nales de la salud cuando la naturaleza del problema así lo
requiera.
A rt. 82 — Los profesionales que ejerzan la psicología están
obligados a:
1. Aconsejar la internación en establecimiento público o
privado de aquellas personas que atiendan y que por los tras­
tornos de su conducta signifiquen peligro para sí o para terce­
ros; así como su posterior externación.
2. Proteger a los examinados, asegurándose de que las
pruebas y resultados que obtenga se utilizaran de acuerdo a
normas éticas y profesionales.
3. Prestar la colaboración que le sea requerida por las
autoridades sanitarias en casos de emergencias.
4. Guardar el más riguroso secreto profesional sobre cual­
quier prescripción o acto que realizare en cumplimiento de sus
tareas específicas, así como de los datos o hechos que se les
comunicare en razón de su actividad profesional sobre aspectos
físicos, psicológicos o ideológicos de las personas.
5. Fijar domicilio profesional dentro del territorio de la
Capital Federal, Tierra del Fuego e Islas del Atlántico Sur.
A rt. 92 — Queda prohibido a los profesionales que ejerzan
la psicología:
1. Prescribir, administrar o aplicar medicamentos, electri­
cidad o cualquier otro medio físico y/o químico destinado al tra­
tamiento de los pacientes.
2. Participar honorarios entre psicólogos o con cualquier
otor profesional, sin perjuicio del derecho a presentar honora­
rios en conjunto por el trabajo realizado en equipo.
3. Anunciar o hacer anunciar actividad profesional como
psicólogo publicando falsos éxitos terapéuticos, estadísticas fic­
ticias, datos inexorados; prometer resultados en la curación o
cualquier otro engaño.
Art. 10 — Deróganse los arts. 92 y 91 de la norma de facto
17.132, y toda otra disposición que se oponga a la presente ley.
Art. 11 — Comuniqúese, etc.
---- i--- i---
Capitulo III

EL TRABAJO PERICIAL*

Necesidad de tener en cuenta la complejidad

Para un correcto tra b a jo a nivel de com pren sión del


com portam iento d eben a n a lizarse m in u ciosa m en te los
m últiples factores que se in tersecta n en cada situ ación
forense. D iversos autores y m odelos teóricos intentan dar
cuenta de esta com p lejid a d propia de las ciencias de la
conducta. E n tre ellos cabe citar a B u ikhuisen, quién
diseñó una fórm u la de la conducta com o función de fa cto ­
res personales y sociales. D entro de los factores p erson a ­
les este autor con sidera los gen éticos, variables endocri-
nológicas, factores b iológ icos relacionados con el cerebro,
variables neu rofisiológica s, factores bioquím icos, p sicofi-
siológicos, orgán icos, p siq u iátricos, sociológicos, a ctitu ­
des, norm as y valores. C on sidera tam bién factores desde

* En este capítulo, al describir el proceso pericial, sólo hacemos referencia


a ciertos y determinados Códigos de Procedimientos. Pero debe tenerse pre­
sente que al legislar sobre la prueba pericial, gran cantidad de Códigos de dis­
tintas latitudes lo hacen en forma similar, difiriendo tan sólo en detalles.
178 Juan H . D el Popolo

el punto de vista social tales com o los hechos m ínim os al


m om ento del delito y el papel de la víctim a, los factores
de nivel m edio, com o las experiencias previas con la p oli­
cía, el hogar paterno, los am igos y por últim o, los de nivel
m áxim o: situación política, económ ica, em pleo, actitudes,
de la com unidad, grupos subculturales, etc.
\
Estos esqu em as m u ltifactoriales han sido u tilizado
tam bién con éxito p or otros autores. A sí, por ejem plo,
cabe m en cion ar el m odela-ecológico del m altrato infantil
en la obra de C irillo-D i B lasio llam ada «N iños m a ltra ta ­
dos, diagnóstico y terap ia fam iliar». A llí se presenta un
esquem a de tra b a jo a p artir del m odelo ecológico p ro ­
puesto en 1980 por G arbarino y relatado por B row ne en
1988, en él que se consideran factores individuales, fam i­
liares, sociales, cu ltu rales, sistem as sociales de .apoyo y
redes sociales, y los sucesos de las diferentes etapas de la
vida, la in terp retación de los hechos, el stress en el m a l­
trato del niño, etc. D en tro de los: fa ctoresIn d iv id u a les s e
conceptualizan u n a serie de ellos, a saber: p ercep ción de
experiencias infantiles, prácticas educativas, salud física
y m ental, toleran cia a las frustraciones, acercam iento a
la solución de p roblem as, capacidad de h acer fren te a las
dificultades, im agen de sí, etc.. E ntre los f a c t o r e s fa m i-
liarpfe's, se exam in an la estabilidad de la pareja, la in te­
racción entre los m iem bros de la fam ilia, las n ecesidades
particulares de cada uno de los m iem bros, la estructura
fam iliar, las redes, la violen cia fam iliar. Tam bién se ev a ­
lúan los "fa cto re s , s o c ia le s , 'redes sociales form ales e
inform ales, bien estar gen eral de la com unidad, con d icio­
nes de ad ap tabilid ad , in tegración social, agencias de
Psicología judicial 179

com u n id ad de acogid a, recu rsos econ óm icos, d esocu p a ­


ción, y los f a c t o r e s c u lt u r a le s , com o actitudes fren te a
la violen cia y castigos, educación, con cep ción de la fa m i­
lia, de la socied ad , de las in stitu cion es de apoyo a la
fam ilia, el significado atribuido a los conceptos de m érito,
individu alism o, progreso y tecnología.
E ste a bord a je m u ltid iscip linario, fue receptad o en el
centro de la ciu d ad de M ilán p ara la ayuda al niño m al­
tratado y a la fam ilia en crisis.
E n m u ch os lu g ares se ap lican estos esqu em as in te ­
grando d iversas con cep cion es teóricas. Es interesan te la
posibilidad de esta p ersp ectiva ecológica y m u ltifactorial
de dar cu en ta de la m u ltip licid a d de factores p ara la
com pren sión de un hecho. Se trabaja en form a interdisci-
p linaria en m uchos tribu n ales de m enores, y de fam ilia, !
en los que el equ ip o técn ico da una determ in a d a visión j
del p roblem a al ju e z y a partir de ella éste puede, desde j
lo m u ltid iscip lin ario, m ovilizar distintos sectores o fa cto­
res, desde los person ales h asta los fam iliares, y las orga­
nizacion es de la com u n id ad (com o la C ruz R oja o C ari- ;
tas), o d e te rm in a d o s’¡institutos de en señ an za o talleres,
para tratar la m od ificación de la situ ación que se p resen ­
ta, pero y a desde u n contexto social.
T am bién en la escala de R ogers p rop u esta en E E .U U .
p ara la v a lora ción de la resp on sa b ilid a d penal, vem os
que se in teg ra n datos p roced en tes de d istin tas fuentes.
E n la fa se uno de recolección de datos, se revisan los
inform es policiales, las declaraciones del sum ario, se b u s­
can anteceden tes de tipo psicológico, p siq u iátrico, m éd i­
co, de con d u cta d elictiv a anterior, y cu a lq u ier in form a ­
ción en gen era l n ecesaria p ara efectu a r la s valoracion es
180 Juan H . D el Popolo

de la segu n d a fase o para com plem en tar los m od elos de


decisión de la tercera fase. E n definitiva, se está abierto
a cu alqu ier fu en te de in form a ción y va ria b le releva n te
para la com pren sión del caso.
La fa se dos de la escala, com prende d istin tas fases
para la evalu ación tanto de variables p sicológ ica s com o
de contexto, tales com o la organicidad, el con trol conduc-
tual, el cognitivo, psicopatología, etcétera.
En estos m odelos lo im p ortan te es d esta ca r que se
hace el estu dio a p artir de un conjunto de variables.
N osotros hem os elaborado para el uso de la C átedra,
una lista de factores a los efectos de d esa rrollar la labor
pericial, y h an sido elegidos teniendo presentes distintas
contribuciones del área crim in ológica y psicológica, tales
com o, L a bellin g A proach , la visión p sicoan alítica en sus
distintos aspectos, las teorías del aprendizaje, las técn i­
cas de la n eu tralización, las teorías de las subculturas, y
las teorías fu ncionalistas entre otras. De esta form a, se
p lasm ada visión de com plejidad a la que ya hem os hecho
referencia.
A l p od er colectar las con tribu cion es de diversas
escuelas teóricas, hem os partido de la n ecesidad de evi­
tar vision es reduccionistas. Se deben ten er presentes
diversas variables para evaluar su presencia y su peso en
cada caso. C óm o se han de in terrelacion ar es im p osible
de predecir desde u n prim er m om ento. El caso individual
p resen ta siem p re m atices altam ente p articu lares. L a
id en tificación de los factores operantes en cada situ ación
debe com plem en tarse — en el caso de que se nos soliciten
orien tacion es p ara la acción— con técn icas para la solu ­
ción crea tiva de p roblem as. N o h ay recetas ni m odelos
Psicología jud icia l 181

fijos. Ellas tienen por precio la clau d icación de la libertad


de im agin ar y crear alternativas. In ten tam os apartarnos
de m odelos y respuestas estereotipadas para la solución
de problem as. Las estrategias de solu ción conocidas las
tenem os en cuenta a m anera de arsenal para m ovilizarla
fren te al caso concreto. Sólo frente a él se crea una res­
puesta «facetada a m edida». N o obstante, la lim itación de
m edios, es posible h a cer ju g a r altern ativa s creativas, y
m ás aún si trabaja con un gabinete p ericia l in terd iscip li­
nario con egresos m últiples hacia las redes com unitarias.
A partir de la m ejor com pren sión del problem a en
ju eg o, será posible propon er y diseñ ar nuevas altern ati­
vas de solu ción m ás allá de la solución legal que pudiera
ya estar consagrada.
E sta com p ren sión se da a través de la visu alización
de la com plejida d y no a p artir de fa ctores aislados. El
m odelo propuesto se adapta al trabajo, con el com putador
que p u ed e dar cu en ta de m u ltip licid a d de va ria bles en
in tera cción y que p osib ilita abord ar el fen óm en o desde
d istintos focos e interfases, dando cu en ta de p erspectivas
m últiples desde distintas «ventanas». E l m ism o hecho se
p u ed e abord ar desde la p ersp ectiv a de la víctim a, la
com unidad, el autor, lo desen caden ante, etc.
E ste m od elo perm ite tam bién u n a visión articu lad a
de la p roblem ática, evitando a la descalificación de otras
ópticas por el h ech o de no ser propias.
Los factores a ten er en cu en ta p ara la p ericia serán
analizados in extenso en otro tom o de esta obra. P erm i­
ten analizar la situ ación del p eritado u tilizan do una m uy
am p lia gam a de variables. P ero resu lta b a n ecesario en
esta parte de la obra h acer m en ción a la existen cia de
182 Juan H . D el Popo lo

esta «com plejidad». E stos factores d eben tenerse p resen ­


tes para in ten tar tam bién soluciones creativas de los p ro­
blem as con los que tropezam os en la pericia.

E v o l u c i ó n d e l t r a b a jo p e r i c i a l
y a lg u n a s d e s u s c a r a c t e r ís t ic a s .
E l s e cr e to p r o fe s io n a l

El f o c o c e n t r a l d e l t r a b a j o p e r i c i a l consistirá en
la tarea de evacu ar los llam ados puntos de pericia, fija ­
dos por el m agistrado. E ste es p ropiam en te el objeto de
la pericia psicológica: pero aqu í aparece una prim era difi­
cultad. P a ra que el m agistrad o form u le adecuadam ente
los puntos de pericia, y no en form a am bigua o genérica,
ha de ten er un conocim iento m ín im o sobre lo que puede
pedir racion alm en te del perito y los aportes que la cien ­
cia de éste le puede brindar.
E n cuanto a la secu encia m ism a del proceso pericial
m e parece indispen sable que en el p rim er contacto con el
o los sujetos que intervendrán en el p roceso en calidad de
peritad os, se les com unique que se actú a en calidad de
perito y que se pondrá en con ocim ien to del ju e z todos los
resu lta dos que se obten gan del p roceso. T am bién es
im p ortan te h a cerle con ocer de qu é ju z g a d o provien e la
design ación pericial, el tiem p o estim ad o de trabajo, el
objetivo de la tarea y quién es la p erson a que la está lle ­
vando a cabo y au xiliares,qu e.in terven d rán .
E sto ayu d ará a cla rifica r en fa v or del exam in ado la
situ ación de pericia, y p erm itirá evitar fantasías contra-
tran sferen ciales que pu edan in terferir con la tarea.
Psicología jud icia l 183

Tam bién se le debe h a cer saber que, en definitiva, la


resolu ción en la causa la tom a rá el Tribunal y no el p si­
cólogo, y cuál es el rol que el p rofesion al ju gará.
A sim ism o, resu lta n ecesa rio h a cerle con ocer que al
fin alizar el proceso pericial pod rá el entrevistado p regu n ­
tar sobre situ aciones que él q u iera saber. De esta form a
se incluye que habrá d evolu ción de inform ación , circu n s­
tancia que contribuye a red u cir la ansiedad.
| Teniendo el perito oblig a ción lega l de com unicar al
m agistrad o que le en cargó la p ericia todas las circu n s­
tancias relevantes con relación a la labor encom endada y
estando incluso sancionado en A rg en tin a y en otros p a í­
ses con pena de prisión el h ech o de afirm ar una falsedad
o negar o callar la verdad en todo o en parte en la pericia
(con cretam en te en el a rtícu lo 275 del C ódigo Penal
A rgen tin o), parece absolu ta m en te n ecesario hacerle
conocer este hecho al o los sujetos que se p resentarán al
exam en. El deber de com u n ica r al ju e z lo obten ido en
relación a la tarea en com en d a d a provien e del m ism o
m arco norm ativo del derech o y no está el perito en con d i­
ciones de alterar este m an d ato de la ley.
El h ech o de in form a rle al su jeto a exam in ar la apun­
tada circun stancia evitará lu ego fen óm en os contratrans-
feren ciales en el en trevistad or, sin tien d o que está rev e­
lando datos que le fu eron con fiad os en la intim idad.
En segundo lugar, esto le p erm itirá al entrevistado la
posibilidad de negarse a colaborar con el perito. Tal n eg a ­
tiva, resu lta absolutam ente legítim a en el caso del im p u ­
tado (en la esfera penal). E ste no se encuentra obligado a
declarar contra sí m ism o ni a ofrecer pruebas, y m enos si
lo pu eden perjudicar, p e tod a s m an eras, es poco lo que
184 Juan H . D el Popolo

pericia lm en te se puede h acer p ara exam in ar el estado


actual de un sujeto desde el p u n to de vista psicológico si
éste se niega a colaborar con el entrevistador.
R esulta interesante citar el precedente de los EE.U U .
«M iranda vs. A rizona» (1966), en el que se concluye que
n inguna inform ación obtenida p or un psicólogo es válida
si el exam in ado no conoce su derech o a inhibirse de
sum inistrarla.
G isbert Calabuig, entiende que el derecho a m an ifes­
tar librem ente la conciencia es in alien able e intangible y
tod a coacción física o p síq u ica rep u gn a a la n aturaleza
hum an a. D esde esta p ersp ectiva, tam bién cabe p regu n ­
tarse h asta qué punto se p u ed e obligar a una persona
distinta del im putado (por ejem plo, la víctim a o un testi­
go) a colaborar y som eterse al peritaje psicológico. C on­
form e lo que venim os exponien do, parece que correspon­
de inclinarse por la respuesta negativa teniendo presente
la protección de la in tim id ad de esa persona.
( Se recom ien da que la p r im e r en trevista sea lo m ás "
abierta posible. Es inconveniente que el perito conozca en i
esta prim er entrevista pericial m ayores datos en torno a í
la situ ación del sujeto a exam inar. _
Tal actitud tiene por fin alid ad evitar la form ación de
prejuicios o sesgos. El h ech o de no conocer estos datos,
ayudará a que el p sicólogo p u ed a u tilizar las prim eras
im p resion es de la persona o p erson as a exam inar, para
confrontarlas posteriorm ente con los datos que provienen
del proceso p ericial y del estu dio de la causa. En este
sen tido resu lta rá útil hacerle con ocer al sujeto o grupo
exam in ado, que no se tiene con ocim ien to de la causa.
Cabe aclarar que no resu ltará p osib le que se desem peñe
Psicología judicial 185

com o perito p sicólogo, quien haya ten id o a su cargo el


tratam ien to p sicológ ico de la p erson a a exam inar.
H abiendo estado a cargo del tratam iento, el p rofesional
tiene obligación de resg u a rd a r el secreto profesional,
situación que colision a con la obligación de m an ifestar la
verdad que tiene el perito. Por otra parte, desde el punto
de vista técnico, ese doble rol resu lta altam ente in con v e­
niente desde m u ch os aspectos. J
Con respecto al secreto procesional, dispone el artícu ­
lo 247 del C ódigo P rocesal Penal de la provincia de M en ­
doza, que deben absten erse de declarar sobre los hechos
secretos que llegu en a su conocim iento en razón del p ro­
pio estado, oficio o p rofesión, bajo pena de nulidad, entre
otros; los m éd icos, farm a céu ticos, parteras y demás
auxiliares del arte de curar (en este últim o apartado
se inclu yen los psicólogos). La parte final del artículo 247
del C ódigo P rocesa l P en al de la p rovin cia de M endoza,
in d ica que las p erson as antes m en cion ad as no pod rán
negar su testim onio cuando sean liberados del deber de
guardar secreto, y que si el testigo invocare errón eam en ­
te la obligación del secreto, sobre un hecho que no puede
estar com pren d id o en ella, el ju e z p roced erá sin m ás a
interrogar.
¿C óm o se debe in terp retar esta situ ación?
[C on creta m en te, el p sicólogo durante su ejercicio p ro­
fesional, tiene obligación de gu ardar el secreto en torno a
lo que escu cha cuando se desem peña com o tal a nivel de
tratam iento. C u ando cum ple el rol de perito, tiene por el
contrario, ob lig a ción de m a n ifestar la verd ad al ju ez.
O curre m uchas veces que el psicólogo, sin ser designado
perito, es citado com o testigo experto. Tal es el caso del
186 Juan H . D el Popolo

p sicólogo que tiene a su cargo el tratam iento de una per­


sona y que en tal carácter es llam ado a declarar. En este
caso, si se lo in terroga sobre circun stancias que hacen a l ;
tratam ien to, está au torizado p or le y a gu ardar secretó
acerca de lo que el paciente le h a conñado. U na excepción
freiite a este secreto, es que el m ism o paciente lo libere
de guardarlo. E n ton ces, tiene que testim on iar sobre las
circun stancias en torno a las que se le interroga. J
Es con ven ien te en este caso, red actar una a u toriza ­
ción escrita en la que el paciente autoriza al psicólogo a
con cu rrir a tribu n ales a efectos de declarar sobre tal o
cual asunto que ha conocido a raíz de su ejercicio p rofe­
sional. Tam bién resu lta apropiado trabajar en sesión las
fantasías y ansiedades relacionadas con esa intervención.
H ay otras causas, que lu ego verem os, p or las que el
p sicólogo puede q u ed a r liberad o de este precepto de la
ética profesional, tam bién contenido en el derecho, que le
im pide h ab lar sobre lo que con oce en relación al tra ta ­
m iento de u n a persona.
Es válido señalar que la ju risp ru d en cia ha dicho que
es suficiente para am pararse en el secreto, que el p rofe­
sional haya con ocid o las n oticias por razón del ejercicio
de la profesión, no siendo n ecesario qué esas noticias le
hayan sido confiadas en carácter de secreto.
R esulta oportu no, saber que el artículo 156 del C ódi­
go P en al A rgentino, rep rim e con prisión de seis m eses a
dos años o m ulta de 20.000 a 500.000 pesos e in h a bilita­
ción especial en su caso por seis m eses a tres años, al que
teniendo noticias por razón de su estado, oficio, em pleo,
p rofesión , o arte, de u n secreto cuya d ivu lgación p u ed a
causar daño, lo revelare sin ju s ta causa.
Psicología jud icia l 18 7

S e c r e t o es u n térm in o que no solam en te h ace r e fe ­


ren cia a lo que se calla o a lo que se oculta, o a lo que se
confía bajo esa exp resa d en om in a ción al p sicólogo, sino
tam bién, lo que éste, en razón de su p ráctica profesional
descubre o advierte por sí m ism o aunque lo d esconozca el
propio paciente. Todas estas circu n stan cias se en globan
tam bién bajo este con cep to en cuanto h acen referen cia a
la vid a p rivad a de una persona.
( D ijim os que el con sen tim ien to del in teresa d o p uede
h acer que el profesion al quede liberad o del secreto y que
lo p u ed a com unicar. T am bién se señ alan com o causas
que adm iten su divu lgación la defen sa del p ropio interés
o la defensa del in terés del otro. A sí p or ejem plo, la p er­
sona que recibe en su calidad de p sicólogo un secreto y le
resu lta in d ispen sab le com o defen sa person a l en una acu ­
sación contra su b u en crédito p rofesion al y su buen n om ­
bre, revelar circun stancias de un determ inado tratam ien ­
to y exclu siva m en te en la m ed id a de la necesidad, lo
puede h a cer para au tod efen d erse. T am bién puede ser
ju sta causa de revelación el ejercicio de un derecho, por'
ejem plo, el h ech o de revelar que se ha atendido a tal o
cual persona a los efectos de d em an d ar los hon orarios
por servicio p rofesion al y exclu siva m en te en la m edida
n ecesaria para ese fin. A veces la p rop ia ley im pon e la
obligación de den u n ciar ciertos hechos, v. gr., en ferm ed a­
des contagiosas o en ferm edades peligrosas para la salud
que deben ser d en u n ciad as ante los organ ism os com p e­
tentes./
N o sólo se debe gu a rd a r secreto del d iagn óstico de
ese p acien te, sino tam bién de las id eas m orales que
pudo h ab er exp u esto, econ óm icas, p olítica s, o relativas a
188 Juan H . D el Popolo

la situ ación fin a n ciera de ese paciente. El su p ervisor en


m ateria p sico ló g ica tien e ta m bién la m ism a oblig a ción
de gu ardar secreto sobre las cosas que le ha com unicadq
el p sicólogo qu e va y lo consulta. Se trata de un secreto
derivado en ra zón de la profesión .
Q uien viole u n secreto, se expone a que se le dem ande
por resp on sabilid ad p enal (ya hem os visto en el artículo
157 del C ódigo P en al), por respon sabilidad civil, para la
reparación del perjuicio, y eventualm ente por resp on sabi­
lidad ad m in istrativa. T am bién puede suceder que se le
atribuya alguna resp on sabilid ad a nivel de colegio p rofe­
sional.
E n este p u n to ta m bién se debe ten er en cuenta el
artículo 1071 bis del C ódigo Civil, que dispone lo siguien­
te: «el que arbitra ria m en te se entrom etiere en la vida
ajena, publicando retratos, difundiendo correspondencia,
m ortificando a otro en sus costum bres o sentim ientos, o
perturbando de cu alqu ier m odo su intim idad, y el hecho
no fuere u n delito penal, será obligado a cesar en tales
actividades si antes no hu biera cesado y a pagar una
in d em n ización que fijará equ itativam en te el ju e z de
acuerdo a las circun stancias. A dem ás, podrá éste, a p ed i­
do del agraviado ord en ar la p u blicación de la sentencia
en un diario o p eriód ico del lu gar si esta m edida fuese
procedente para u n a adecuada reparación».
Se trata de p roteg er el derecho a la intim idad de las
personas y en particular, en el caso que estam os exa m i­
nando, del paciente. E n el área de los tratam ientos p sico­
lógicos es fu ndam ental este resguardo, puesto que p erm i­
te que el p a cien te pu eda com unicarle librem en te al
psicólogo toda u n a serie de circunstancias que hacen a su
Psicología judicial 189

vid a m en tal y qu e son necesarias p ara el éxito de la


tarea.
El pacto de San José de C osta R ica, aprobado por L ey
23.054 tam bién ga ra n tiza, que tod a p erson a tiene dere­
cho al respeto de su h on ra y al recon ocim ien to de su dig­
n idad y que n ad ie p u ed e ser objeto de in feren cia s arbi­
trarias o abu sivas en su vida p riva d a o en la de su
fam ilia, en su d om icilio o en su correspon den cia, ni ata-
que§ ilegales a su h on ra ni a su reputación.
-E n los esta blecim ien tos públicos de salud, el personal
que entra en con tacto con los archivos, h istorias clínicas
e inform es de p a cien tes, tam bién tien e obligación de
guardar ese secretó. ¡|
H ay una circu n stan cia que h a y que ten er en cuenta:
el paciente que corre serio riesgo de suicidio. E n este caso
es válido in form a r a los fam iliares de esta situ ación y el
profesional, si así lo h ace, no viola el secreto profesional,
pues está en presen cia de un estado de necesidad que lle­
va a que se pueda com u n ica r esta circu n stan cia a los
parientes a los efectos del resguardo de la salud de esa
persona. T am bién es vá lida la p u blica ción de trabajos
científicos sobres casos clínicos, en la m edida en que se
resguarde la in tim id a d y no se difu nda la id en tid ad de
ese paciente.
La A sociación P sicológica A m erican a (APA) estatuye
que «los psicólogos tien en una obligación prim aria de re s­
petar la con fid en cia lid a d de la in form a ción obten id a de
las personas en el cu rso de sus trabajos com o psicólogos».
A grega que «ellos revelan tal in form a ción a otros sólo
con el con sen tim ien to de la p ersona o del representante
legal de la p erson a , excep to en aqu ellas in u su ales cir-
190 Juan H . D el Popolo

cu n stan cias en las cuales no hacerlo podría resu lta r en


u n claro p eligro p ara la p erson a o para otros. D on d e es
ap rop iad o, los psicólogos in form a n a sus clientes de los "
lím ites legales de la confiden cialidad».
N u m erosos C ódigos de É tica tam bién legislan en to r­
n o al S ecreto P rofesion al. A sí lo hace el C ódigo de E tica
y D iscip lin a p ara el ejercicio, la profesión p sicológica
aprobado p or D e cre to .2984 del 18-10-91 de la P rovincia
de M endoza. E n sus artículos 1- y 8e expresa:

CAPITULO IV. Del secreto profesional.

A R T . 7 a. E l Secreto profesional es un deber que nace de la escen-


cia m ism a de la profesión. E l interés público, la seguridad de los
pacientes, la honra de la s fa m ilia s, la respetablidad del profesional
exigen el secreto. E l psicólogo está obligado a conservar como secreto
todo cuanto vea, oiga o descubra en el ejercicio de su profesión y no
debe divulgarlo. El secreto profesional es un a obligación; revelarlo sin
ju sta causa provocando o pudiendo provocar daños a terceros, es un
delito previsto en el art. 156 del Código P enal. N o es necesario publi­
car el hecho para que exista revelación, basta la confidencia a una
persona aislada, cualquiera sea el vínculo con el paciente.

A R T . 8 a. E l profesional no incurre en responsabilidad cuando


revela el secreto en los siguientes casos:
a) cuando actúa como perito, cuando rinda inform es sobre candi­
datos que h an sido enviados para su exam en y a tal fin debe elevar
dichos inform es en sobres, cerrados, cuidando de que lleguen a quien
se los encomendó;
b) cuando está autorizado por autoridad com petente para recono­
cer el estado de una persona;
c) cuando actúa como funcionario de sanidad nacional, provincial,
m unicipal, m ilitar y otras;
d) cuando se trata de denuncias destinadas a evitar que cometa
ton error judicial;
Psicología jud icia l 191

e) cuando el profesional es acusado o dem andado bajo im putación


de daño culposo en el ejercicio de su profesión;
f) cuando el profesional es citado ante el Tribunal Judicial como
testigo para declarar sobre hechos que h aya conocido en el ejercicio de
su profesión, deberá solicitar al ju e z de la cau sa la liberación del
secreto profesional. E n este caso el profesional debe com portarse con
m esura, lim itándose a responder lo necesario sin incurrir en excesos
de inform ación que violen la in tim idad de la persona, sin provecho
para la justicia.

El C ódigo P rocesal C ivil de la P rovin cia de M endoza


aplicable n aturalm ente a la esfera de los ju zgad os civiles,
dispone en su artículo 199 in ciso 4e que si un testigo se
niega a declarar in vocan d o secreto profesional o in m in en ­
cia de daño m oral o m a teria l p ara él o su cónyuge a s­
cendientes o d escen d ien tes, el ju z g a d o r le escu ch ará
privadam en te sobre los m otivos y circu n stan cias de su
n egativa y le perm itirá o no abstenerse de contestar. N o
pod rá invocarse el secreto p rofesional, dispone esta n or­
m a, cuando el in teresa d o exim a al testigo del deber de
gu ardar secreto; salvo que el ju e z por razones vinculadas
al orden público lo autorice a m antenerse en él.
D ebe aclararse, con respecto a esta situ ación, que tal
com o se ha señ alad o, el h ech o de estar p resu n tam en te
am parado por el secreto p rofesion al no exim e al p rofesio­
nal psicólogo de con cu rrir a la citación del tribunal. U na
vez que ha con cu rrid o al m ism o y recién cuando con cre­
tam en te se le ha form u la d o la p regu n ta que con sidera
que viola el secreto p rofesion a l, es que aqu él puede
am pararse en este d erech o y se segu irá el p roced im ien to
previsto en la n orm a ya explicitada.
El p rofesional psicólogo, p u ed e erróneam ente creer
estar am parado en relación al secreto profesional. D ebido
192 Juan H . Del Popolo

a ello es que se prevé este procedim iento donde el ju ez le


escucha para resolver en privado sobre su procedencia y
dispensarlo o no, de esa obligación de declarar.
En consecuencia, en m ateria procesal civil es facultad
del ju e z , conform e in d ica el p rocesálista L ino E n rique
Palacio, d ecidir atendiendo a las circun stancias del caso
si dispensa o no, al testigo del .deber de declarar.
El C ód igo P rocesa l P en a l de la N ación , L ey 23.984,
•con respecto a esta situ ación establece en su artículo 244
que d eberán absten erse de d eclarar sobre los hechos
secretos que h u b ieren llega do a su con ocim ien to, en
razón del p ropio estado, oficio o p rofesión , bajQ_pena de
nulidad, los m in istros de un culto ad m itid o, los abog a­
dos, p rocu radores, y escribanos, los m édicos, fa rm a céu ti­
cos, p a rteros y d e m á s a u x ilia r e s d e l a r t e d e c u r a r ;
los m ilitares y fu n cion arios públicos sobre el secreto de
estado. E n tre estos au xiliares del arte de cu rar es obvio
que se encuentra el profesion al psicólogo. P revé esta dis­
posición que estas p erson as no pod rán n egar su testim o­
nio cu an d o sean liberad as del d eber de gu ard a r secreto
por el in teresa do, salvo las m encionadas en prim er tér­
m ino, es d ecir los m in istros de u n culto adm itido. D ice
esta n orm a que si el testigo in voca re errón eam en te ese
deber con resp ecto a un hecho que no puede estar com ­
p ren d ido en él, el ju e z p roced erá sin m ás a in terrogar.
Es decir, con form e el C ódigo P rocesal P en al de la
N ación, distin to del C ódigo P rocesal C ivil de la P rov in ­
cia, lo que establece el ju e z es si puede o no, la p erson a
estar com p ren d id a en el secreto p rofesion al, pero nada
m ás. E n cam bio, en el C ódigo P rocesal C ivil de M en d o­
za, la d iferen cia con siste en que el ju e z , p uede, com o
Psicología judicial 193

antes exp resam os, d isp en sarlo o no, del deber de d ecla ­
rar, aten d ien d o a la s circu n sta n cia s p ropia s del caso
específico.
El C ódigo P rocesa l C ivil y C om ercial de la N ación, en
su artículo 444, fa cu lta al testigo a rehusarse a con testar
las pregu n tas (in ciso dos), si no pudiera resp on d er sin
revelar un secreto profesional, m ilitar, científico, artístico
o industrial.
C on tin u a n d o p u es, con las secu en cia s del p roceso
p ericia l y y a h bch a s esta s a cla ra cion es con r e la ció n a
los p sicólog os tra ta n te s qu e no se d esem p eñ a n com o
peritos, cabe d ecir qu e lu eg o de esta p rim er en trevista,
realizada en la form a m ás ab ierta p osib le, es con v en ien ­
te in terca la r la s té cn ica s p sicológ ica s g u e se con sid eren
m ás op ortu n as, de con form id a d a la situ a ción a in v e s ti­
gar, p roced ien d o ta m b ién a rea liza r el estu d io del e x p e ­
diente, del q u e se p o d rá n extra er elem en tos vá lid os
para fu n d ar h ip ó te sis que rela cion en el h ech o in v e stig a ­
do con tod a s la s otra s p rob a n za s re u n id a s en el e x p e ­
diente ju d ic ia l. E sta es u n a fase m u y im p o rtan te, en la
que el p sicólog o p u ed e a tra vés de las d ecla ra cion es de
los testig os, de los otros p erita jes, de las m ism as d e cla ­
racion es del im p u ta d o , de las p ericia s crim in a lística s,
esta b lecer e le m e n to s de rela ción en tre lo qu e está
in v estiga n d o y el resto de los elem en tos que están en el
contexto del h ech o.
En cuanto a las técnicas psicológicas a aplicar, d ep en ­
derá en d efin itiva del caso que se está estudiando. D eben
con siderarse los asp ectos relacion ad os c o n la con fia b ili­
dad y va lid ez de ca d a u n a de las técn icas im p lem en ta -
das. T am bién cad a p sicólog o d ebe u tiliza r las técnicas
194 Juan H . D el Popolo

que m ejor conozca y m aneje, siem pre y cuando resu lten


pertin entes p ara el estudio del caso.
D espués de la ap licacion es de la s técn icas p ertin en - !
tes, parece relevan te, ten er u n a en trevista sem idirigidá |
con la p erson a p erita d a, con el objeto de p od er afin ar |í
hipótesis con respecto a las situ aciones exam inadas. v
D ebe record arse que no sólo se aplican en el p roceso
p ericial las técn icas de entrevista, proyectivas, etc., sino
que en num erosos casos resu lta del todo necesario trasla­
darse a efectos de visita r la fa m ilia del peritado, sus
situaciones de contexto: am biente, com pañeros de tra b a ­
jo , fam ilia de origen, colegios a los que hubiere concurri­
do, educadores, centros de salud, con su ltas del exp ed ien ­
te, etc.
Todas estas m edidas perm itirán recolectar datos que i
h agan a la va lora ción debida de su contexto social.
Se p resen ta pues, una situ ación de clara diferen cia­
ción con el encuadre característico de la situ ación clínica
en el que estas m edidas p or lo gen eral no; se llevan a
cabo.
Las observaciones directas de los contextos p roporcio­
nan por lo gen eral, valiosos datos p ara elaborar el in for­
me.
A través del estu dio y análisis de esos factores, se
pod rá gen erar u n a resp u esta creativa con relación a la
situ ación concreta de la p erson a o grupo exam inado.
P or últim o, es pertin ente in stru m en tar algún tipo de
d evolución de la in form a ción al exam in ado, aunque sea
m ínim a, puesto que se está en p resen cia de u n sujeto o
de un grupo que se m oviliza fren te a un proceso pericial,
y no fren te a un objeto del que se extraen datos.
Psicología judicial 195

i A p osteriori de tod o este proceso, han de redactarse


las conclusiones del in form e haciendo m ención a la des­
cripción de la p erson a exam in ada, las operaciones p racti­
cadas, las técn icas im p lem en ta d a, sus resu lta d os y las
conclusiones fu n d am en tad as a las que se arribe, en for­
m a clara y ex p resad as en un len gu aje apto, p ara que
pueda ser entendido p or el ju ez que interviene en la cau ­
sa, a quien va dirigido~él in form e pericial.
El p erito debe ten er especial cuidado con conductas
que le p u ed en llev a r a sesgar inform ación . Se suele
observar la ten d en cia a m an ejarse con ju icios de valor en
torno al sujeto exam in ado que tienden a prejuiciar el pro­
ceso pericial, a pregu n tar sesgadam ente, a negar u om i­
tir inform ación relevan te, a escuchar distorsionadam ente
y a pon er de relieve — dentro del proceso— los datos que
confirm en el p rop io p u n to de vista, negando zonas de
duda y de incertezas.
P ara rea liza r u n bu en trabajo pericial, el p sicólogo
debe ser capaz de tolera r la angustia que produ ce el pro­
ceso de p en sar y no obturarlo con apresuradas con clu sio­
nes. E llo im p lica acep tar en ciertos tram os del p roceso la
confusión y el no saber.
Los a n te ce d e n te s d e lictiv o s d el su jeto a v e ce s tie n ­
den a co n fo rm a r el p r e -ju icio . P o r ello d ebe p r e s e n ta r ­
se e sp e cia l a te n ció n a su in flu e n c ia en el p r o ce s o p e ri­
cial.
Algunos de los errores más frecuentes en la práctica.,
pericial^— al momento de emitir las conclusiones— son:
1) S esgar las conclusion es buscando y va lora n d o evi­
dencias que apoyen las propias im presiones descartando
toda eviden cia en con trario o m inim izándolo.
196 Juan H . D el Popolo

2) M al in terp retación o sobreinterpretación de técn i­


cas psicológicas.
3) N o tom ar en cuenta la va lidez y con fiabilid ad de
las técnicas.
4) C reencias de que signos específicos en u n a técn ica
p ueden decidir p or sí m ism os el caso investigado.
5) N o recon ocim ien to de los lím ites de la tarea con for­
m e posib ilida d es de los in stru m en tos d iagn ósticos u tili­
zados.
S egu ida m en te, en u n ciarem os algunos conceptos que
desde el p u n to de vista legal, resu ltan necesarios p ara el
trabajo pericial.

Objeto de la pericia psicológica

| E l ju e z p u ed e ord en ar una pericia para con ocer o


apreciar algún h ech o o circun stancia pertinente á la ca u ­
sa que se está ventilando,] para lo cual sean n ecesarios o
convenientes con ocim ien tos especiales en alguna ciencia,
arte o técnica.
Las p e r i c i a s pueden ser de m uy distinto tipo. U na de
ellas es la p sicología, pero tam bién se ordenan pericias
caligráficas, con tables, balísticas, en relación a los a cci­
dentes de trán sito, p ericias fon olin gü ísticas, pericias de
tipo gen ético, p ericia s toxicológicas, en las que son n ece­
sarios con ocim ien tos de d istintas ciencias. Se con sid era
que el ju e z sabe de derecho, pero no de una can tid ad de
ciencias que h acen m uchas veces a los hechos que tiene
que investigar. E n ton ces recu rre, p ara p od er con ocer y
Psicología judicial 197

apreciar determ inados hechos, a las personas que tienen


con ocim ien tos especiales (en nuestro caso p sicológicos),
para p od er ilustrarse debidam ente, a los efectos de escla­
recer esos hechos o circu n stan cias y d ictar una reso­
lución. E n este pu n to es im p ortan te señ alar que el c o ­
n ocim ien to psicológico, es un con ocim ien to altam ente
especializado. M uchas veces desde el p u n to de vista in a­
decuado de funcionarios del área de ju sticia , se considera
que se tiene «intuición psicológica», y por esto se p rescin ­
de de n om b ra r un perito a fin de aclarar situ aciones que
por lo com ú n suelen ser m uy com plejas, cual es la in ves­
tigación de la conducta hum ana. Al actu ar así, se incurre
en un error puesto que en realidad, desde la observación
ingenua m uchas veces prejuiciada, se están haciendo ju i­
cios, no solam en te de valor, sino sobre las con d u ctas de
las personas, que pu ed an resu ltar gravem en te falaces y
erróneos. El p sicólogo — a través de su actu ación p eri­
cial— p u ed e arrojar luz para una m ejor in telección de los
conflictos en ju zga m ien to, p oniendo de relieve altern ati­
vas y m atices de la con d u cta que esca p a n a la observa­
ción ingenua.

D iferen cia en tre testigo y p erito

i
\ L a d iferen cia fu ndam ental entre el testigo y el perito
es que el testig o relata los h ech os qu e ha p ercibido; en
cam bio el p erito realiza su m isión p o r u n en cargo del
ju e z y debe expedirse (especialm ente el p erito psicólogo),
en base a sus con ocim ien tos cien tíficos de p sicología en
198 Juan H. Del Popolo

relación al hecho por el cual se le ha solicitado el perita­


je.

Requisitos para ser perito

En cuanto a los r e q u is it o s p a r a s e r p e r ito , debe­


mos señalar que específicamente en relación al perito
psicólogo, debe tener título de tal como prescribe la ley
que regula su actividad obtenida en carrera de por lo
menos cinco años de duración.
Debe gozar de salud mental e idoneidad para desem­
peñar su cometido. No puede ser perito aquella persona
que deba o pueda abstenerse de prestar declaración como
testigo (entre ellos el psicólogo que ha intervenido en el
tratam iento no puede ser a la vez perito, porque es
incompatible el deber de decir la verdad del perito con el
deber de secreto profesional del testigo).
El Código de Procedim ientos Penales de Córdoba,
previo a la L e y '8123, prescribía que no pueden ser peri­
tos los menores de edad* los insanos, los que deban o pue­
dan abstenerse de declarar como testigos, los que hayan
sido citados com o tales, los condenados y los inhabilita­
dos (por ejemplo, si ha recaído una inhabilitación sobre el
profesional psicólogo, éste no podría conform e esta ley
concurrir al proceso como perito).
Nuestro Código Procesal Penal en su artículo 262,
contiene una disposición similar. Dice: «No podrán ser
peritos los menores de edad, los insanos, los que deban o
puedan abstenerse a declarar como testigos, los que en la
causa hayan sido llamados como tales, los condenados e
Psicología judicial 199

inhabilitados durante el tiempo de la condena o inhabili­


tación».

Designación de peritos

En cuanto a la d e s ig n a c ió n d e lo s p e r ito s , confor­


me a Código como el de M endoza, es el juez quien así.lo
hace,- aun cuando pueda ser propuesto por'las partes. El
juez lo designa, y notifica esta medida a las partes. En el
término que el juez fije, estas últim as pueden proponer
otros peritos. Los peritos no oficiales deben aceptar el
cargo bajo juram ento. i

Tipos de peritos

En primer lugar están los peritos oficiales. Es conve­


niente saber que existen psicólogos -designados por el
estado para cum plir esta función y que pertenecen, por
ejemplo, entre otras instituciones, al cuerpo médico
forense y crim inalístico de la provincia. También hay
peritos en juzgados como el de m enores, psicólogos que
desempeñan allí su actividad en relación a la actividad
propia del mismo.
Perito psicólogo de oficio-es, en cambio, el designado
directamente por el ju ez o bien a pedido del Ministerio
Fiscal.
Por último, debemos considerar el perito nombrado a
petición de parte. Téngase en cuenta que siempre al peri­
to lo designa el juez, pero en este caso la designación se
200 Juan H. Del Popolo

realiza a pedido de una de las partes en el proceso que


puede ser por ejemplo la defensa o el actor civil. Esto tie­
ne importancia en materia de honorarios, como veremos
luego.

Obligaciones del perito y algunas, cuestiones


relativas a los procedimientos civiles y penales

Conforme lo establece el artículo 261 del Código Pro­


cesal Penal de la Provincia de M endoza, nadie puede
negarse a acudir al llamamiento del juez para desempe­
ñar un servicio pericial, a no ser que estuviere legítim a­
mente impedido. En este caso, lo deberá informar al noti­
ficársele su designación.
Los peritos no oficiales, aceptan el cargo siempre bajo
juram ento.
Lo norm al es que el ju ez designe o nombre al perito
psicólogo que se tiene que hacer cargo de evacuar la
pericia, y le notifique tal m edida en su domicilio. Una
vez que tom a conocim iento de esta notificación, el perito
concurre al tribunal dentro de un plazo determ inado y
acepta el cargo. Esto se hace a través de un Acta que se
denomina de «aceptación de cargo». En esta acta, se pro­
cede a fijar el domicilio legal que es al lugar donde han
de llegar todas las notificaciones relativas al encargo
pericial.
Si el perito psicólogo fuere notificado de que se le ha
conferido el cargo de perito en un expediente, y ante esta
citación de la justicia no compareciere, en materia penal,
puede ser llevado al tribunal con el auxilio de la fuerza
Psicología judicial 201

pública. Allí entonces tendrá que explicar por qué causas


no ha comparecido al llam am iento. A partir del momento
que acepta el cargo ya se transforma en perito, y empieza
a cumplir su manda pericial. Recordemos que el perito
oficial, que es un funcionario nombrado por la adminis­
tración de justicia, no tienen necesidad de aceptar el car­
go, como sí la tienen los peritos de oficio y los peritos de
parte.
El artículo 243 del Código Penal Argentino sanciona
con prisión de 15 días a un mes al que siendo legalmente
citado como testigo perito o intérprete, se abstuviese de
compárecer o de prestar la declaración o exposición res­
pectiva.
En el caso del perito o interprete, se le impone, ade­
más, inhabilitación especial de un mes a un año.
Los peritos oficiales prestan juram ento al hacerse
cargo de su puesto y por lo tanto, en cada pericia no
están obligados a reiterar nuevam ente el juramento.
Otra obligación, es la de veracidad. Su incumplimien­
to está sancionado por el artículo 275 del Código Penal, y
como hemos visto, deben ser fieles a la obligación de
mantener la confidencia y el secreto en relación a quie­
nes sean terceros dentro del trabajo pericial.
El perito debe cumplir fielm ente su cometido, respon­
diendo a los puntos de pericia que el juez le ha fijado y
dentro del plazo estipulado por el tribunal para respon­
der a su demanda pericial.
Hasta aquí hemos revisado la designación de peritos
en el Procedimiento Penal. Veamos ahora la designación
de peritos en el Procedim iento Civil en la Provincia de
Mendoza.
202 Juan H. Del Popolo

Conforme al artículo 191 del Código Procesal Civil de


Mendoza, cuando se ofrezca prueba de informes o de dic­
támenes de peritos o de expertos (que puede ser el perito
psicólogo), se acompañaran oportunamente los puntos
sobre los cuales versará, es decir, se acompañan los pun­
tos que a la parte dem andante-demandado le interesa
que el perito conteste. Estos auxiliares de la justicia son
designados en la forma establecida por el artículo 177
inciso 11, que prevé lo siguiente: al proveer sobre la
admisión de prueba pericial, el juez citará a los litigan­
tes, (por ejemplo demandante y demandado) a una
audiencia y allí las partes, proponen el perito.
Supongamos que a esa citación va una de las partes.
El juez está facultado para designar el perito que propo­
ne esa parte en esa audiencia. Si no hay acuerdo, es
decir, si las partes no se ponen de acuerdo, en torno a la
persona que quieren designar como perito, se procede en
la forma prevista por el artículo 46 inciso sexto del Códi­
go Procesal Civil de M endoza. El artículo 46, establece
que los jueces tienen la facultad de practicar todas las
designaciones de peritos, expertos y otros auxiliares,
mediante el sorteo público.
De acuerdo al artículo 2fi de la Ley Provincial 1289,
deben hacerse las designaciones por sorteo. Este sorteo
se realiza en base a una lista que se confecciona en la
Suprema Corte de Justicia, en la que se anotan en
determinado momento del año, las personas que desean
integrarla a los efectos de su designación como peritos.
Allí deben anotarse los psicólogos matriculados que
deseen ingresar en las listas a los efectos del sorteo de
peritos.
Psicología judicial 203

En materia civil, una vez que las partes prestan


común acuerdo para la designación del perito, o se desig­
na al perito propuesto por la parte que concurrió a la
audiencia o al sorteado según el caso, se le notifica su
designación y acepta el cargo con arreglo a derecho. Debe
venir a aceptar el cargo el perito dentro de los dos días
de notificado. Caso contrario, queda sin efecto la designa­
ción y se elimina automáticamente su nombre de la lista
de peritos. Igualmente debe constituir domicilio legal, al
momento de ser designado. También se establece que los
peritos expertos (artículo 191 inciso 29) serán uno o tres
según la importancia o complejidad del asunto, a criterio
del tribunal. Si fueran tres, deben actuar y dictaminar
conjuntamente pudiendo en caso de discrepancia sentar
cada uno su dictamen o informe sobre los puntos en desa­
cuerdo, pero dentro de un mismo escrito. En todo caso,
dice el artículo 191 Código Procesal Civil de M endoza,
deben comparecer a la audiencia para sustanciar la cau­
sa, en la que podrá solicitársele aclaraciones sobre los
puntos que le fueren sometidos, debiendo ser citados en
forma dispuesta para el testigo. La incom parecencia sin
justa causa, invocada y justificada antes la audiencia; les
hace perder el derecho a percibir honorarios, sin perjuicio
de que puedan ser obligados a com parecer por la fuerza
pública.
El artículo 192 Código Civil de Mendoza prevé la for­
ma de actuar y dictaminar de los peritos. Este establece:
el reconocimiento o examen lo deben practicar en la
fecha y hora señaladas, (por ejemplo las técnicas pericia­
les), si los litigantes así lo hubieran solicitado al ofrecer
la prueba y el tribunal lo considere conveniente, en cuyo
204 Juan H. Del Popolo

caso se les notificará a domicilio y podrán asistir a la dili­


gencia y hacer las observaciones que creyeran necesa­
rias. El informe o dictamen detallará los principios cien­
tíficos o prácticos, las operaciones experimentales o
técnicas, en las cuales se funden las conclusiones respec­
to a cada punto sometido. El perito psicólogo, en este
caso, los debe detallar: los principios científicos en los
que ha basado su inform e, qué técnicas ha aplicado,
(entrevistas, técnicas gráficas, técnicas proyectivas, etc.)
y las conclusiones fundadas en principios científicos.
El artículo 193 del Código Procesal Civil de Mendoa
establece que si el inform e o dictamen no comprende
todos los puntos propuestos por los litigantes (que son los
puntos a investigar que proponen las partes o señalados
por el juez), o.no se ajustará a lo dispuesto por los artícu­
los que antes hem os expuesto, o adoleciere de otras defi­
ciencias que pudiere restarle eficacia, de oficio (o sea por
impulso del juez) o a pedido de cualquiera de las partes,
se dispondrá en el plazo que se fije, que sean subsanadas
esas omisiones y deficiencias. Los litigantes, podrán ejer­
cer esta facultad dentro de los 5 días de la notificación
por cédula del decreto que dispone su agregación. Si no
cumple el perito con esa orden judicial, puede perder los
honorarios sin perjuicio de que pueda ser hallado respon­
sable de conformidad con el artículo 2Bdel Código Proce­
sal Civil de la Provincia, que es el que le perm ite a los
jueces establecer responsabilidad de los peritos, y apli­
carles las sanciones que le pudieran corresponder por su
mal desempeño.
Vamos a ver algunas normas que se aplican del Códi­
go Procesal Penal de la Nación.
Psicología judicial 205

En él, la situación de los peritos se encuentra regula­


da en los artículos 253 al 267.
En el artículo 253, se establece que el ju ez podrá
ordenar una pericia, siempre que para conocer o apreciar
algún hecho o circunstancia pertinente a la causa sean
necesarios conocim ientos especiales en alguna ciencia,
arte o técnica.
¿Qué calidad habilitante le exige este Código Pocesal
Penal de la Nación a los peritos?
Primero, dice que deben tener títulos de tales en la
materia que pertenezca en el punto sobre el que han de
expedirse. Si se requiere una pericia psicológica, deben
tener la calidad de psicólogos, deben haber egresado y
tener el título de tal y además estar inscriptos en las lis­
tas formadas por el órgano judicial competente.
¿Q uiénes no pueden ser peritos, quiénes son in ca­
paces según el C ódigo Procesal Penal de la N ación?
Son incapaces, 1) los que deban o puedan abstenerse
de d eclarar com o testigos, o que hayan sido citados
como tales en la causa (es decir si alguien va en carác­
ter de testigo, no puede ir a la vez en carácter de peri­
to); 2) los que han sido elim inados del registro de peri­
tos por una sanción; 3) los condenados y 4) los
inhabilitados.
En el ámbito procesal penal de la Nación, es obligato­
ria la aceptación del cargo de perito. Tiene el designado
la obligación de aceptar y desempeñar el cargo, salvo que
tenga un grave impedimento. Si tiene ese grave impedi­
mento, deben ponerlo en conocim iento del ju ez al ser
notificado de la designación.
¿Qué pasa en el ámbito procesal penal nacional si un
206 Juan H. Del Popolo

perito no acude a la citación o no presenta el informe en


el debido tiempo sin causa justificada? Incurre en las res­
ponsabilidades de los artículos 154 y 247 del Código Pro­
cesal Penal de la Nación.
También en el ámbito nacional tenemos el,perito de
oficio, que lo designa el juez. Designa a uno, salvo que
sea imprescindible que sean más y lo hacp entre los que
tengan el carácter de peritos oficiales. Si no hubiere peri­
tos oficiales, lo hace entre los funcionarios públicos que
en razón de su título profesional o de su competencia, se
encuentren habilitados para emitir dictamen acerca del
hecho o circunstancia que se quiera establecer. También
las partes, por ejemplo, el fiscal, el querellante y los
defensores, pueden proponer perito; en el término de tres
días a contar desde que se los notifica de la designación
del perito de oficio por parte del juez.
Este es el ámbito del Código Procesal Penal de la
Nación. En el Código Procesal Civil y Com ercial de la
Nación, vamos a encontrar un régimen específico a partir
del artículo 458. En base a él la parte que demanda pue­
de proponer este tipo de prueba pericial. La contraparte
o parte demandada, al contestar la vista que se le confe­
rirá de la demanda, puede proponer otros puntos de peri­
cia que deban constituir objeto de la prueba y observar la
procedencia de los mencionados por la otra parte, por
quien los ofreció. El juzgado dictará la resolución y si
considerase admisible la prueba pericial, fija una audien­
cia para que las partes, de común acuerdo designen un
perito único, o si se considera que deben ser tres, cada
una de ellas, con la conformidad de la contraria, propon­
drán uno y el tribunal designa un tercero.
Psicología judicial 207

En caso de incomparecencia de una o de ambas par­


tes (es decir que no vayan las partes a esta audiencia), o
a falta de acuerdo (no se ponen de acuerdo para la desig­
nación del perito único, o desconformidad con el propues­
to por la contraria) y cuando los «litis consortes» no con­
cordaran con la designación del perito de parte, el juez
nombra uno o tres según el valor o complejidad del asun­
to. También en esa audiencia el juez oye a las partes
acerca de las observaciones que form ularon respecto de
los puntos de pericia. El juez fija esos puntos de pericia
y puede agregar otros, elim inar los improcedentes o los
superfluos y señala el plazo dentro del cual deben expe­
dirse los peritos. Si no se fija plazo se entiende que es 30
días.
También existe la posibilidad que antes de la audien­
cia, las partes de común acuerdo pueden presentar un
escrito proponiendo peritos y puntos de pericia.
Los peritos, también para el Código Procesal Civil de
la Nación, deben tener título de tales, por ejemplo el títu­
lo de psicólogo.
Hemos visto que dentro del ámbito procesal penal y
procesal civil, existen algunas diferencias con respecto a
la designación de peritos.
'/: En el ámbito del proceso civil, el nombramiento de los
'j peritos, depende más de las partes, que se tienen que
; poner de acuerdo para designar perito. Si no hay acuer-
I do, el juez es quien interviene para designarlo. Es decir,
í siempre lo designa el juez, lo que pasa es que en el ámbi-
f to civil las partes, se poneq de acuerdo y lo proponen y el
.V juez lo designa si hay acuerdo.
En cambio, en el Código Procesal Penal, fundam en-
.208 Juan H. Del Popolo

talm ente es el ju ez el que designa a uno de los peritos y


las partes pueden proponer otros. En el ám bito del pro­
ceso penal, ante la designación, el perito tiene el deber
de aceptar el cargo que se le ha conferido, lo que no ocu­
rre dentro del ám bito del procedim iento civil. Esto se
explica, porque hay intereses com prom etidos de carác­
ter público, es decir la sociedad m ism a es la que está
interesada en el descubrim iento de la verdad, en el des­
cubrim iento de los hechos, porque esos hechos han teni:
do una repercusión dentro del ámbito de esa sociedad.'^-
En cambio, en el Proceso Civil y Comercial, se vinculan ]
a la defensa y al reclam o de intereses ligados a las par- |
tes y no tanto del interés spcial en que no se com etan j
delitos. Por ello es que las regulaciones son d istin ta s..'

El perito y el deber de inhibirse.


Excusación. Recusación

Los códigos procesales prevén una serie de situacio­


nes frente a las que el perito tiene obligación de apartar­
se de la causa, de excusarse de entender en la misma.
Estas causas, además de la de incapacidad, y de incom ­
patibilidad, son las que hacen que los peritos no puedan
actuar como tales. Ya hemos visto las causas de incapa­
cidad e incompatibilidad.
¿Cuáles son esas causas frente a las cuales el perito
se debe inhibir según el Código. Procesal Penal de la Pro­
vincia de M endoza? Son las mismas que se establecen
para los jueces. En general tienden a garantizar que el
perito sea imparcial. Figuran con mayor o menor exten­
Psicología judicial 209

sión en la mayoría de los Códigos Procesales. Abordare­


mos las establecidas para el Código Procesal Penal de
Mendoza (Art. 51). ¡Üna de ellas es ser pariente dentro
del cuarto grado de "consanguinidad o segundo de afini-
d a d con alguno de los interesados^
[Otras causales: si él o alguno de dichos parientes que
acabamos de mencionar tiene un interés en el proceso, si
ha sido tutor o curador o hubiera estado bajo la tutela o
curatera de alguno de los interesados en la pericia, o si
él o sus parientes (dentro de los grados expresados), tie­
ne un juicio pendiente iniciado con anterioridad con uno
de los interesados o una sociedad con alguno de ellos
(salvo la anónima); si el perito, su esposa, padres o hijos
u otras personas que vivan a su cargo fueren acreedores,
deudores o fiadores de algunos de los interesados, salvo
que se tratare de bancos oficiales o constituidos por
sociedades anónimas o si antes de com enzar el proceso,
fue denunciante o acusador de algunos de los interesa­
dos; o denunciado o acusado por ellos, salvo que circuns­
tancias posteriores dem uestren que hay armonía entre
ambos.
También debe apartarse: si hubiere dado consejos o.
hubiere manifestado extrajudicialmente su opinión sobre
el proceso a uno de los interesados, o si tiene amistad
íntima o enemistad m anifiesta con el im putado o con
alguna de las partes que actúa como actor civil o si él, su
esposa, padre o hijo, hubieren recibido o recibieren bene­
ficios de im portancia de alguno de los interesados, o si
después del proceso hubiere^recibido presentes o dádivas
aunque sean de poco valorf J
Hemos enunciado algunas de las causales en las que
210 Juan H. Del Popolo

el perito tiene obligación de excusarse de entender en la


causa.
¿A qué se refiere la ley Procesal Penal de Mendoza
con la expresión «interesados»? Son interesados él o los
imputados, es decir, la o las personas a quienes se ha
atribuido el delito en la causa, el ofendido, el damnifica­
do por ese delito o el civilm ente.responsable, es decir la
persona que por las leyes civiles debe responder por el
delito, aunque este último no se constituya en parte al
igual que sus representantes, defensores o mandatarios.
(^Si no se excusa el perito por sí mismo de entender en
la causa, las partes, el abogado defensor o los m andata­
rios, pueden recusarlo cuando exista alguno de los moti­
vos señaladosjSupongam os que un perito sea amigo ínti­
mo o enemigo íntimo del imputado. Si no cumple con el
deber de apartarse, las partes, pueden pedirle al juez su
apartamiento?¡^e prevé un trámite para la recusación y
para la excusación. Se trata de un procedimiento en que
el perito es oído por el juez. Puede averiguar sum aria­
mente cuál es la verdad de la cuestión y decide el juez
sin recurso alguno. Es un trámite brevísimo en el que se
oye al perito y luego de una averiguación el juez lo apar­
ta o no de la causa en cuestión^
En el Código Procesal Civil de la Provincia de Mendo­
za, también_se prevé que los peritos expertos puedan ser
recusados.! Lás causales en form a genérica son Las
siguientes:'téstán previstas en el artículo 14): tener un
interés directo o indirecto, de naturaleza económica en el
pleito, ser representante legal o convencional de alguno
de los litigantes; ser cónyuge, pariente consanguíneo en
línea directa, colateral hasta el cuarto grado, o por afini- .
Psicología judicial 211

dad hasta el segundo, de cualquiera de los litigantes o


excluido el parentesco colateral de tercero a cuarto grado
de sus abogados representantes o haber dictado la reso­
lución apelada (este caso no es válido para el perito) o
haber anticipado opinión sobre el litigio, es cualquier
carácter. Si el perito ha anticipado opinión sobre el litigio
también tiene obligación de apartarse. }
Si hay recusación, ésta es resuelta por el juez o tribu­
nal, previa vista por tres días al recusado, y el juez
resuelve esta situación acerca de si va a hacer lugar al
apartamiento del perito o no.

Directivas de la pericia

En el Código Procesal Penal de la Provincia de M en­


doza, es el juez quien dirije la pericia, formula concreta-,
mente qué cuestiones se han de elucidar, y fija el plazo
en que ha de expedirse el perito (incluso puede asistir a
las operaciones periciales). La mayoría de los Códigos
Procesales Penales contienen normas iguales o similares.
Tal es el caso del Art. 260 del Código Procesal Penal de la
Nación Argentina, del Art. 262 del Código Procesal Penal
de Córdoba, o del Art. 238 del Código Procesal de Córdo­
ba, Le$r 8123, con la salvedad que acuerda tal poder al
órgano que ordena su realización, y aunque con algunas
variantes, del Art. 224 del Código Procesal Penal italia­
no. El juez tam bién, en el ámbito del procedim iento
penal puede autorizar al perito a examinar las actuacio­
nes del expediente o asistir a determinados actos proce­
sales, por ejemplo a la declaración de un testigo, y siem ­
212 Juan H. Del Popolo

pre el perito esta obligado a guardar reserva sobre estas


cuestiones que oye en el transcurso de su labor profesio­
nal.
El Código Procesal Penal de la Nación, en su artículo
260, establece normas similares, en cuanto a quedes el
ju ez quien dirije la pericia, formula concretamente las
cuestiones a aclarar, fija el plazo en el que ha de expedir­
se el perito y también puede asistir a las operaciones, por
ejemplo a las entrevistas, si lo estima conveniente. Tam­
bién el juez puede autorizar al perito para que examine
las actuaciones o asista a determinados actos procesales?]
Dar las directivas de la pericia, no significa que el
juez vaya a incursionar en ámbitos estrictamente técni­
cos, por ejemplo cuál técnica es más recomendable, si
. tomar un Rorschach en vez de un Bender, etc. Lo que él
hace es establecer qué es lo que interesa averiguar en
definitiva desde el punto de vista pericial, a los fines del
proceso que él está investigando. Esa es la directiva que
él da, orienta con respecto a lo que es menester indagar.
La determinación de los aspectos técnicos está obviamen­
te siempre a cargo del perito.
También el juez puede rem itirse y hacer suyos los
puntos de pericia que las partes han propuesto. Esto es
frecuente en el procedimiento civil.
En materia penal, no obstante, las partes pueden pro­
poner u ofrecer como prueba la realización de una peri­
cia, indicando los asuntos sobre los que ha de versar.
En materia civil, cuanto se ofrece prueba pericial se
deben acompañar en tiempo oportuno los puntos sobre
los cuales versará (Art. 191 inc. I9 Código Procesal Civil
de Mendoza). El tribunal, al designar al perito señalará
Psicología judicial 213

los puntos sobre los que ha de versar el dictamen, de


acuerdo a los ofrecidos por las partes y los que considere
oportuno agregar, pudiendo excluir los que no se refieran
a hechos controvertidos o que resulten claramente inne­
cesarios (ver nota Art. 191 Código Procesal Civil de M en­
doza).

D is c r e p a n c ia s e n tr e p e r ito s

¿Qué sucede si hay discrepancias entre varios peritos


que están interviniendo en el examen pericial, o si los
peritos disienten y no se ponen de acuerdo en cuanto a
los puntos sobre los cuales tienen que expedirse?
Dentro del ámbito del procedimiento penal de la Pro­
vincia de Mendoza, la situación está contemplada en el
artículo 266. A llí se_prevé que los peritos practiquen uni­
dos el examen. Si hay, dos o tres peritos designados todos
cfeben realizar las entrevistas en form a conjunta. Deben
tomar las-técnicas y. asistir, a la entrevista en forma con­
junta. Después de esta toma en conjunto de las técnicas
.que sean menester aplicar al caso, pasan a deliberar en
sesión secreta. El juez puede asistir a esa deliberación y
los peritos redactan un inform e en común si están de
acuerdo. Si no hay acuerdo, redacta cada uno su dictá-
m ep.
LSi los informes son disidentes en número par (un
informe por un lado, un informe por el otro, dos informes
por un lado, dos informes por el otro), el juez puede nom ­
brar otro perito, es decir un tercer perito, para que exa­
mine esos dictámenes e inform e sobre su mérito, con o
214 Juan H. Del Popolo

sin realización de nuevas operaciones, según sea posible


o necesario.
Lógico es que, una pericia de común acuerdo tiene
mayor poder de convicción para el juez que pericias disi­
dentes. De todas maneras, el juez puede formar su pro­
pia opinión, leyendo los dictámenes disidentes y puede
arribar a una opinión distinta a la que han llegado los
peritos al valorar la situación de hecho que tienen que
examinar.
Adviértase que la norma prevé' que los peritos, si son
varios, deben deliberar en sesión secreta. Esto precisa­
mente, hace a la necesidad de que se discutan las distin­
tas opiniones periciales a efecto de llegar, si es posible, a
un dictamen común. Las opiniones de cada uno de los
peritos deben ser sopesadas dentro de esta deliberación
exhaustivamente por los peritos que están interviniendo
en ese momento en el expediente. J
El Código Procesal Penal de la Nación prevé tambjén
normativa muy similar para el caso de las discrepancias
periciales, en su artículo 262 segunda parte.
El Código Procesal Civil de la Provincia de Mendoza
en el artículo 191 establece que los peritos pueden ser
uno o tres según la importancia y complejidad del asun­
to, a criterio del tribunal. Pero si son tres deben actuar y
dictaminar conjuntamente. Si hay discrepancia cada uno
puede asentar en su dictamen o informe la discrepancia
sobre los puntos en desacuerdo, pero siempre en un m is­
mo escrito.
¿Qué es lo que se intenta con esto? En primer lugar,
que los argumentos puedan ser contrastados entre los
peritos. Sabemos que en muchos casos las opiniones pue-
Psicología judicial 215

den ser disímiles y que una discusión puede acercar las


perspectivas de los distintos peritos. De todas maneras,
también se establece la posibilidad de dejar a salvo la
opinión de cada uno de ellos si es que no llegan a un
acuerdo de opinión.

Honorarios de los peritos

Los peritos oficiales tienen un sueldo a cargo del


Estado. Son los peritos que trabajan, por ejemplo, en el
cuerpo médico forense o en el juzgado de menores. Se
trata de funcionarios públicos específicamente designa­
dos para cumplimentar tales funciones y que por lo gene­
ral, forman parte de cuerpos periciales específicos.
Si el perito ha sido nombrado de oficio por el juez, o
ha sido propuesto por el ministerio público, es decir, ha
sido nombrado por iniciativa del juez o a pedido del fis­
cal, tiene derecho a cobrar honorarios, salvo en una
situación:._que tenga, un sueldo en la provincia o en la
municipalidad por cargo desempeñado en virtud de los
conocimientos especiales de la ciencia que la pericia
requiere. Por ejemplo, supongamos que el juez designe
un perito de oficio que trabaje como psicólogo en un hos­
pital público y que tenga un sueldo como tal allí o en una
municipalidad. En este caso, el perito no va a poder
cobrar honorarios por la pericia psicológica encomendada
porque ya tiene un sueldo a cargo de la provincia (la pro­
vincia le está pagando por el desempeño de esa profe­
sión). En cambio, si estuviese empleado en la municipa­
lidad o en el Poder Ejecutivo de la Provincia o en la
216 Juan H. Del Popolo

Legislatura, pero no en razón de esos conocimientos


especiales que la pericia requiere en ese caso (psicológi­
co), sí tiene derecho a cobrar honorarios. ;
¿Qué sucede con el perito nombrado a petición de par­
te? Puede cobrar siempre directamente de la parte que lo
propuso o del condenado en costas sus honorarios. Este
es el procedimiento en el ámbito de la justicia penal den­
tro de la Provincia de Mendoza.
En el ámbito del proceso civil, el juez regula los hono­
rarios de los peritos intervinientes. El perito tiene posibi­
lidad de cobrar estos honorarios cuando están regulados
del condenado en costas o del litigante que motivó la
actuación, el servicio o el gasto. Entonces le puede cobrar
concretamente, una vez que hay regulación de honorarios
a quien lo propuso, (quien motivó ese servicio o gasto) o
al condenado en costas (la persona a la cual el juez ha
establecido que deba pagar las costas del proceso por
haber perdido el litigio).
El ju ez, conforme enseña Lino E. Palacio, debe regu­
lar los honorarios de acuerdo con los aranceles relativos
a la profesión y guardando congruencia con los de los
restantes profesionales que han intervenido en el proce­
so.
A los efectos de conocer los aranceles relativos a la
profesión de psicólogo podrá solicitar informe a los res­
pectivos colegios profesionales. El hecho de que sea el
juez quien regule los honorarios, permite mayor im par­
cialidad a la labor pericial. Generalmente se toman en
cuenta una serie de parámetros tales como:
1) el tipo y extensión del trabajo encomendado;
2) el número de técnicas y sesiones aplicadas;
Psicología judicial 217

3) la cuantía del litigio;


4) el mérito científico de la pericia y su calidad.

Utilización de datos o informaciones


provenientes de terceras personas

¿Es posible considerar en la pericia datos o informa­


ciones proporcionadas p or la persona ofendida, o por
otras personas?
Creemos que no hay obstáculo para que estos datos se
utilicen, lo que no significa que a estas declaraciones con­
tenidas en la pericia se les deba conferir valor probatorio
cóm o'si se tratara de declaraciones tomadas en el proce­
so. Estos datos así obtenidos suelen ser muy importantes
para evacuar las demandas periciales.
El Código Procesal Penal italiano en su artículo 228
soluciona el problema al establecer que «cuando a los
fines del ejercicio del cargo de perito éste solicite informa­
ciones al imputado, a la persona defendida o a otras per­
sonas, los elementos adquiridos de tal modo pueden ser
utilizados solamente para los fines del dictamen pericial».
El problema ha sido controvertido en nuestro medio,
pero es dable pensar que la solución de la ley italiana es
correcta puesto que contempla las necesidades para ela-
b(5rar la pericia, como también la debida recepción de los
medios de prueba por parte del tribunal, en tiempo y for­
ma.
Otras leyes son más restrictivas. Así las Reglas Fede­
rales del Procedimiento Criminal — 1985— Estados Uni­
218 Juan H. Del Popolo

dos, establecen que «ninguna manifestación del acusado


en el curso de una examinación forense, con o sin el con­
sentimiento del acusado, ningún testimonio del experto
basado sobre tales manisfestaciones y ningún otro fruto
de esas manisfestaciones será admitido como evidencia
contra el acusado en un procedimiento criminal excepto
en un asunto respecto de su condición mental sobre la
que el acusado ha introducido testimonio.
La ley francesa en lo civil antes de 1944 y la ordenan­
za en lo penal de 1960, permitían.que el perito interro­
gue a las partes y recepte declaraciones de tarea.
De todas formas, es conveniente que se solicite la
correspondiente autorización del juez para proceder a
receptar tales declaraciones. También el juez podrá dis­
poner si interroga a testigos o a las partes, a los efectos
de recibir los datos que le fueren menester para poder
llevar a cabo la pericia.

Etapas dentro del proceso pericial

En orden a una mayor claridad, resumiremos las cua­


tro grandes etapas dentro de la labor pericial:
^ 1 ) La designación del perito.
(¡§))La tarea pericial propiamente dicha, que compren­
de e f examen de los elementos que hacen a la situación
de hecho que se pretende dilucidar o investigar y la apli­
cación de las distintas técnicas spsicológicas que sean
necesarias para aclarar esa demanda pericial.
Si fuesen varios los peritos psicólogos intervinientes y
no hubiere acuerdo acerca de la manera de llevar a cabo
Psicología judicial 219

la pericia, los peritos deberán informar al juez antes de


proceder (Art. 265 Código Procesal Penal de M endoza)
quien resolverá en definitiva.
El foco pericial perm itirá saber qué sector de los
hechos son relevantes en el caso concreto.
El perito no puede ampliar por sí los puntos de peri­
cia solicitados, ni extenderse más allá de los límites que
estos fijan, entendiendo incluso algunos autores, que en
estos casos el dictámen será nulo y en la medida en que
aborda puntos no pedidos.
( SyfLa. deliberación, si hay pluralidad de peritos.
A la deliberación, conforme el Código Procesal Penal
de Mendoza, (Art. 266), sólo pueden asistir el juez y los
peritos, puesto que se pretende que el acto quede a salvo
de cualquier sesgo indebido. El Código Procesal Penal de
la Nación (Art. 262) contiene una prescripción similar, al
igual que la de muchos códigos.
r'4)i La redacción y/o exposición del dictamen propia­
mente dicho.
Recordemos que el tipo de técnicas a implementar,
variará según la demanda pericial. No es lo mismo peri-
tar una siMiación en la que esté enju ego la necesidad del
tribunal de reunir elementos de juicio acerca de la impu-
tabilidad de una persona, que una pericia destinada a
proveer de elementos para determinar si existió emoción
violenta. También difiere si lo que se trata de establecer
es la posibilidad de una externación o una internación o
si lo que está en juego es la determinación de la capaci­
dad civil, laboral, o una adopción, tenencia, daño psíquico
o si se trata de una pericia sobre una declaración testi­
monial o relativa a una situación donde lo que se trata
220 Juan H. Del Popolo

de establecer es, si existe dolo eventual o culpa conciente


desde la dimensión psicológica. Cada una de estas situa­
ciones podrá exigir técnicas distintas.

Técnicas psicológicas más utilizadas


\

Paul R. Lees-Haley (19.92) condujo una investigación,


en base a un cuestionario administrado a los concurren­
tes al Séptimo Simposio Anual de Psicología Forense
celebrado por el American College of Forense Psychology,
celebrado en Newport Beach California, en mayo de
1991. El mismo fue administrado a 69 concurrentes que
incluía a psicólogos con diverso rango de ejercicio profe­
sional en psicología forense, con una relativamente fuer­
te experiencia en evaluaciones criminales.
Sólo mencionaremos las diez técnicas más usadas
conforme esta investigación, que resultaron ser (en orden
de mayor frecuencia a menor):
1) MMPI o MMPI-2
2) WAIS - R .
3) RORSCHACH Inkblot
4) BENDER GESTALT
5) Test de Completar Oraciones (de todas clases)
6) Escala de Memoria de WESCHLER
7) Dibujo de la FIGURA HUMANA
8) Wide Range Achievement Test
9) WISC - R / WPPSI
10) TAT
Actualmente hay una tendencia creciente a desarro­
llar programas computarizados para la aplicación e
Psicología judicial 221

interpretación de técnicas, los que deben ser manejados -


con conocimiento y cuidado. Los más numerosos resultan
compatibles con IBM y Apple.

Principales errores en la aplicación


de técnicas psicológicas en el ámbito forense

Brevemente reseñaremos algunas cuestiones puestas


de relieve por la investigación llevada a cabo por Wake­
field y Underwager (1993), remitiendo a su publicación
para una más completa ilustración.
Estos autores advirtieron que en técnicas gráficas
(HTP o Kinetic Family Drawings) existen a menudo
sobreinterpretaciones y malas interpretaciones de la téc­
nica, mencionando un trabajo de Harris que observa que
hay muy poca evidencia de «signos» de indicadores váli- /
dos de características de personalidad en gráficos (Draw
A Perron).
La cátedra también examinó en 1991 una pequeña
muestra de técnicas gráficas encontrando muy poca evi­
dencia de que qjdstieran «signos» en gráficos que se corre­
lacionaron en forma positiva con indicadores forenses.

Rorschach

Para los autores mencionados no hay apoyo empírico


para la validez del Rorscharch, excepto cuando el siste­
ma Exnér es usado. En tal sentido se muestran con
serias reservas hacia su uso.
222 Juan H. Del Popolo

M M PI

Es una técnica que ha sido investigada y validada por


muchos años. No obstante, conforme los autores citados,
es sobreinterpretada y mal interpretada, apartándose de
las investigaciones empíricas que le pudieran dar respal­
do.
Otras técnicas son examinadas en este artículo, ejem­
plificando casos de üsos incorrectos.
Debemos concordar con la posibilidad de sobreinter­
pretación o mala interpretación de técnicas psicológicas y
también advertir sobre la necesidad de validaciones
empíricas en relación a su fiabilidad y validez.
Debido a ello, es que sugerimos la necesidad de corre­
lacionar los datos de las técnicas con los datos provenien­
tes de todas las fuentes disponibles en relación a la con­
ducta relevante del individuo o grupo en examen, a los
efectos de disminuir al mínimo las posibilidades de error.

Características de la labor del perito

Dentro del ámbito pericial psicológico, la tarea del


perito es personal e indelegable. Pueden valerse los peri­
tos de determinados auxiliares y delegar estudios com ­
plementarios en manos de otras personas, pero la tarea
de redactar y de fundar el dictamen, es eminentemente
personal del perito designado. Conforme señala Devis
Echandia, no puede encargar el perito a otra persona la
realización de operaciones técnicas que fundamenten la
conclusión ni limitarse a transcribir el concepto de otro,
Psicología judicial 223

porque no existiría el desempeño personal del encargo y


por lo tanto, el dictamen quedaría viciado de nulidad.
Algunos Códigos de Procedimiento como el italiano,
facultan al perito a servirse de auxiliar de su confianza
en el desarrollo de tareas materiales que no impliquen
a p r e c ia c ió n o e v a lu a c ió n , concepto que puede hacerse
extensivo a nuestro procedimiento.

Lugar y tiempo para realizar la pericia

El lugar de realización de la prueba pericial, es el


sitio acordado por los peritos o el lugar designado por el
juez. Normalmente, el lugar designado es el cuerpo médi­
co forense o establecimiento análogo. Si se trata de una
persona privada de la libertad, es trasladada de la peni­
tenciaria al cuerpo médico forense a los efectos de la
práctica pericial. Pero podría ser también que la pericia
se lleve a cabo en la misma dependencia de la penitencia­
ria provincial. Allí, en el día y hora fijados, entonces
comienzan las operaciones a los efectos de la práctica
pericial.

Actuación conjunta con otros profesionales

Puede que en una determinada peritación interven­


gan otros profesionales como peritos psiquiatras. Lo ide­
al es trabajar con un modelo de complementariedad. En
este sentido, la Suprem a Corte de la Provincia de Bue­
nos Aires, reglam entó la organización y estructura de
224 Juan H. Del Popolo

funciones de las secciones y servicios de la asesoría peri­


cial, por acordadas 1793/78 del 27/6/78. Vamos a ver
algunas de las disposiciones aplicables a los psicólogos y
a los psiquiatras. Estas disposiciones rigen para la Pro­
vincia de Bs. As., pero es interesante tenerlas en cuenta
por el precedente legislativo que pueden significar. A la
sección psicólogos, dentro de esta asesoría pericial de la
Provincia de Bs. As., le corresponde actuar en estudios
psicológicos, entrevistas individuales o grupales y admi­
nistración de los test. Se les fija..la tarea de actuar con­
juntamente con los médicos psiquiatras en la elaboración
de los informes periciales, cuando la índole del caso lo
requiera. Aquí tenemos entonces la prescripción de una
tarea conjunta superando el modelo lineal de subordina­
ción en el que el psicólogo actúa por encargo y no por
conjunción con otros profesionales. También el psicólogo
puede actuar en la realización del estudio psicológico de
los procesados, a los efectos de responder a específicos
puntos de pericia requeridos por los m agistrados o a
solicitud de los médicos forenses, concurriendo con su
aporte especializado a las conclusiones m édico legales.
Para el psiquiatra se fijan las siguientes funciones (den­
tro de esta asesoría en la Provincia de Bs.As.): realizar
estudios psicológicos y psiquiátricos individuales o gru­
pales, en caso de divorcio en ocasión de matrimonio,
tenencia de hijos, régimen de visitas, alim entos, adop­
ción, tutela, cúratela, anulación de la patria potestad y
daños y perjuicios e informar diagnósticam ente en los
casos de declaración de insania e inhabilitación e inter­
nación.
Vemos entonces como se va planteando un modelo
Psicología judicial 225

conjunto de actuación más que un modelo estrictamente


individual separado por compartimentos estancos.

Pericias forzosas

Ciertos Códigos Procesales Penales im ponen la rea­


lización de pericias para com probar el estado mental
del im putado en form a obligatoria, cuando se dan cier­
tas condiciones tales como que el delito esté reprimido
con pena no menor de diez años de prisión, o cuando el
im putado sea sordom udo, m enor de 18 años o mayor
de 70 años (Art. 70 Código Procesal Penal de Mendoza;
o cuando fuera probable la aplicación de una medida
de seguridad (Art. 78 Código Procesal Penal de la
Nación).

Forma y contenido del dictamen pericial.

Normalmente el dictamen reviste la forma escrita,


pero en el Código Procesal Penal para la Provincia de
Mendoza también se establece que puede el dictamen
pericial revestir la forma de declaración.
¿Cuál es la estructura que se prevé para este informe
pericial?
\í En primer lugar, corresponde hacer la descripción de
la persona ó dé los hechos o las cosas examinadas enrías
condiciones en que se hallaron. Se describe la persona
sometida a análisis, sus datos personales (de identifica­
ción), y sus funciones psicológicas en el momento actual.
226 Juan H. Del Popolo

K En segundo lugar, se debe hacer una relación detalla­


da de todos las operaciones practicadas y de sus resulta­
dos. Concretamente se enuncian todas las técnicas que se
han utilizado y los resultados obtenidos debidamente dis­
criminados por técnica. Se ha de indicar qué variantes
técnicas se utilizaron, tipos de materiales utilizados,
fechas en que se aplicaron (entrevistas realizadas, con­
signando su tipo, entrevistados y citas a entrevistas a las
que las partes no concurrieron), y resultados de cada
subtest, en caso de que una misma técnica esté compues­
ta por varios de ellos, así como todos los datos obtenidos,
sin omitir ninguno. Puede el perito valerse de tablas o
despersigramas para mejor ilustrar su pericia, y resulta
de buena práctica acompañar en carpeta separada los
distintos protocolos de las técnicas.
Asimismo, se ha de consignar si se obtuvieron regis­
tros de video o audio de las entrevistas, las que serán debi­
damente conservadas para el caso en que el Tribunal las
requiera como prueba. Nuevos procedimientos en el campo
de las técnicas psicológicas forenses requieren el uso de
medios técnicos de registro de las entrevistas para un más
cuidadoso análisis de la información. Incluso resulta útil
esta manera de registrar la información, para llevar a
cabo supervisiones o nuevos re-exámenes del material por
otros profesionales o por parte del Juez o Tribunal.
. En tercer lugar se redactan las conclusiones, siempre
debidamente fundadas en la ciencia psicológica. Las con­
clusiones deberán ser formuladas en lenguaje claro y se
referirán a los distintos puntos de pericia solicitados. Si
el perito no tiene suficientes elementos de juicio para lle­
gar a una conclusión afirmativa o negativa, así debe
Psicología judicial 227

hacerlo saber al magistrado, al igual que si sobre el pun­


to existen otras posibles teorías o interpretaciones.
\En materia civil, él dictamen — según algunos orde-
! namientos procesales— se presenta con copia para las
partes. El Código Procesal Civil de Mendoza prevé que si
el dictamen no comprende todos los puntos propuestos
por los litigantes o señalados por el juzgado, o no se ajus­
taron a lo dispuesto por los Arts. 191, 192 o adoleciera de
otras deficiencias que pudieran restarle eficacia, de oficio
o a pedido de cualquiera de los litigantes, se dispondrá
en el plazo que se fije, que sean subsanadas las omisio­
nes, y deficiencias. A veces se solieran aclaraciones que
permiten al perito sum inistrar información adicional
sobre el objeto de la pericia.
\ Se debe consignar la fecha y lugar en que la pericia
ise practicó y el dictamen debe ser firmado por el perito.
En España, la Ley de Enjuiciamiento Criminal regula
la peritación en el proceso penal (Arts. 456-485) previen­
do que el informe pericial ha de contener en lo posible:
1) la descripción de la persona o cosa que sea objeto
del mismo, en el estado o modo en que se halle;
2) relación de todas las operaciones practicadas y de
su resultado;
3) las conclusiones que de tales datos formulen los
peritos, conforme a los principios y reglas de su ciencia.
Conviene, si el caso lo requiere, adicionar un glosario
al final de la pericia, que contenga los principales signi­
ficados de la terminología científica utilizada.
Se debe expresar en base a qué principios psicológicos
o científicos se llega a la conclusión, y además se debe
consignar la fecha en que las operaciones se practicaron.
228 Juan H. Del Popolo

Se debe diferenciar en el informe si lo observado o


diagnosticado lo es a partir del estado actual o si se trata
de inferencias o diagnósticos retrospectivos a partir del
examen de otros parámetros (estudio del expediente,
datos obtenidos en entrevistas con personas significati­
vas del entorno, etc.) haciéndolos constar en su caso.

Necesidad de crear modelos de interacción


en la relación juez-perito

Normalmente predomina un modelo lineal en el


manejo de la información juez-perito. El juez fija los pun­
tos de pericia y los comunica al psicólogo para que él los
elucide, y los investigue. Pero en la práctica, se suele
observar, la utilidad de que el psicólogo mantenga una
entrevista con quien fijará los puntos periciales, para
intercambiar ideas sobre las posibilidades científicas de
satisfacer la demanda y para esclarecer la posibilidad de
responder a otros puntos que pueden ser de utilidad. A
partir de esta entrevista, muchas veces se suele elaborar
con provecho una lista de puntos periciales que luego
serán de gran utilidad para la mejor comprensión del
hecho en juzgamiento. Otras veces, esta tarea se realiza
con el abogado de parte, en una conversación previa que
permite establecer más claramente los puntos periciales.
Hemos visto que cada ciencia tiene su campo de acción,
sus «ojos de cerradura», sus lenguajes específicos. Preci­
samente mediante esta entrevista previa, se trata de
dilucidar estas cuestiones, para un mejor aprovecha­
miento del trabajo, y del esfuerzo conjunto.
Psicología judicial 229

El modelo pericial que no contemple ningún tipo de


«feed back» entre quien «encarga» la pericia y el que la
realiza, normalmente entorpecerá la función pericial.
Ü Algunos juzgados, sobre todo en el área de menores y
Vde familia, ya funcionan con esquemas de amplia interac­
c ió n en el área pericial.
* De ser posible, es conveniente que el juez se reúna
con el equipo técnico y en conjunto ^precisen la demanda
pericial y los puntos de pericia. Esto posibilitará una
mejor comprensión de la tarea por parte del equipo técni­
co y del juez. A partir de ese momento conjunto, se dise­
ñan los objetivos de la investigación pericial y posterior­
mente permite que haya un permanente «feed back» y
que el juez, pueda realmente compenetrarse en la tarea
y tomar contacto con los «puntos grises» del caso, e inclu­
so con las nuevas necesidades de investigación.
Este esquema también se suele aplicar en países de
habla anglosajona, en los que existe una interacción
entre el fiscal o el abogado que pide la medida y el perito,
a los efectos de poder esclarecer las demandas periciales.
Muchas veces se ha visto que un mal peritaje puede
derivar de un desconocimiento de la necesidad legal por
parte del perito o de una inform ación equivocada sobre
los estándares legales, o de un encargo pericial que des­
conoce lo que la ciencia puede ofrecer.
El perito puede intervenir en audiencias orales. En
nuestra provincia de Mendoza normalmente interviene en
los procesos penales en la etapa de debate oral. Aún cuan­
do exista un informe escrito en la etapa de la instrucción
es preguntado ampliamente por el juez, por el ministerio
fiscal y por la defensa en relación al objeto de su pericia.
230 Juan H. Del Popolo

Se da así una posiblidad mucho mayor para acercar dife­


rencias entre psicología y derecho. El perito entra en con­
tacto directo con el Tribunal y puede éxplicitar mucho
mejor su cometido y el alcance de su ciencia para esclare­
cer los hechos. Puede también responder a aclaraciones, y
brindar explicaciones ulteriores, que muchas veces el sim­
ple escrito no permite contemplar. Esta es la gran ventaja
que tiene el debate oral y la inmediación: la posibilidad de
contrastar datos y de tener adecuado «feed back» entre el
perito y el Tribunal.

Limitación al dictamen pericial

El artículo 268 del Código Procesal Penal de M endo­


za, establece que las pericias psiquiátricas no pueden
versar sobre caracteres generales o genéricos de la perso­
nalidad dél sujeto examinado e independiente de causas
patológicas. Esta disposición que figura en múltiple Códi­
gos Procesales Penales Argentinos ha sido tomada según
Jorge Ciaría Olmedo del Art. 314 del Código italiano pre­
viamente vigente que prohibía establecer por pericia:
1) La habitualidad o profesionalidad en el delito,
2) La tendencia a delinquir.
3) El carácter y la personalidad del imputado.
4) En general, las cualidades psíquicas independien­
tes de causas patológicas.
El Art. 220 del Código Procésal Penal italiano actual,
contiene la misma prohibición en su inciso 29, salvo lo
previsto a los fines de la ejecución de la pena o de la
medida de seguridad.
Psicología judicial 231

El Código Procesal Penal Colombiano, también prohíbe


las peritaciones relativas a los puntos señalados en los inci­
sos l 9, 22, 39, del Código Procesal Penal italiano, Art. 314.
La prohibición de expedirse sobre la «personalidad
del sujeto» es m uy antigua, y en realidad no ha tenido
aplicación práctica. El uso y la costumbre han terminado
por dejarla en la realidad sin efecto. La disposición ha
querido resguardar la intimidad de la persona y que no
se investiguen circunstancias que no tienen que ver con
el objeto del proceso y que sean independientes también
de causas patológicas. Pero desde el punto de vista de la
psicología, hemos visto que no solamente nos ocupamos
de situaciones patológicas sino que también, para arrojar
más luz sobre un hecho, se examinan cuestiones íntima­
mente relacionadas con el accionar de la conducta fuera
de lo patológico y ya plenamente en el terreno de la «nor­
malidad». Esta prohibición, con base en el modelo de la
enfermedad mental, en el momento actual no ayuda pre­
cisamente a la interacción de la psicología y el derecho.

D ife r e n c ia s e n tr e las té c n ic a s a p lic a b le s


en u n a e n tre v is ta c lín ic a y en u n a fo re n s e

En prim er lugar, debemos observar a q u ié n va d ir i­


g id a la in fo r m a c ió n .
En uno de los casos es a un miembro de la adminis­
tración de justicia (juez, fiscal, etc.). En el caso de un psi-
codiagnóstico, el que va a recibir la información es por lo
general el paciente, un psicólogo o un psiquiatra. El des­
tinatario de la información nos hace prever ciertas dife­
232 Juan H . Del Popolo

rencias para el m anejo de los lenguajes y de la com unica­


ción. Por otra parte, los psicodiagnósticos que luego ser­
virán para un posterior tratamiento pueden en el curso"
de este últim o ser verificados o corregidos. En cambio, los
datos volcados en las pericias forenses no tienen tal posi­
bilidad.

En segundo lugar, la persona que consulta en el m ar­


co clínico, es una persona que por lo menos desde el pun­
to de vista consciente está empeñado en obtener una
solución para el problem a por el cual consulta. En la
e n t r e v is t a f o r e n s e , n o r m a lm e n te la p e r s o n a es
e n v ia d a , no concurre por propia voluntad, y se deben
tener en cuenta posibilidades de simulación y de m entira
que nunca hay que descartar en el trám ite de la pericia.
Estos factores de sim ulación pueden estar íntim am ente
relacionados con algún propósito ganancial, tales como
obtener la liberación, un certificado de capacidad, o de
incapacidad, etc. )

; En tercer lugar, hay otra situación que ya Freud


había indagado en un artículo que se intitula «La indaga­
toria forense y el psicoanálisis» (tomo IX, Am orrourtu,
pág. 83). Afirm a que en los casos de neurosis, particular­
mente en la histeria, hay un secreto que develar que el
neurótico tam bién desconoce, se oculta a sí mismo por los
efectos del desalojo y de la represión. En cam bio, en el
caso del crim inal, se trata de un secreto que el sabe y
oculta a los demás. ]
f En el encuadre clínico, está incluido el deber de guar­
dar el secreto profesional en torno a las revelaciones que
Psicología judicial 233

se reciban por parte del paciente acerca de su situación,


creencias, ideologías, problem ática familiar, etc. En el
ám bito forense, ya hem os visto los m atices que esta
situación puede presentar, i
I^Desde lo forense está im plícita la dem anda que se
realiza desde otra ciencia, desde la jurídica, para posibi­
litar la recolección de inform ación necesaria para los
fines jurídicos. En cambio, desde, el punto de vista clínico,
la necesidad proviene de otro sector de la misma ciencia
psicológica o de una necesidad ocupacional, vocacional,
educacional, necesidad de recibir un tratam iento etc., y
no de interacción con otro cam po con sus leyes y su siste­
m atización p r o p ia .!
i Otra diferencia en torno al encuadre, es que las
entrevistas en el terreno forense debieran evitar acerca­
m ientos o sugestiones de tipo terapéuticos para dirigirse
directam ente hacia la obtención de inform ación pertinen­
te. En cambio, en la entrevista clínica para fines terapéu­
ticos, hay un acercam iento terapéutico desde la primer
entrevista, j
■ Debe tenerse presente que, en m ateria forense, el
diagnóstico no agota la tarea. En la etapa del diagnóstico
es conveniente que se utilicen códigos internacionales
para com uilicar la inform ación al ju ez ya sea éJ DSM IV
o ICD9, a los efectos de poder ubicar la situación diag­
nóstica de la persona exam inada, dentro de una catego­
ría que tenga un reconocim iento internacional. Pero
como hem os dicho no se agota aquí la tarea; lo que se
pretende en todo caso es la CQjnprensión de la situación
por la que ha atravesado esa persona o grupo, en función
del foco legal que se dem anda com o prioritario para la
23 4 Juan H. Bel Popolo

aclaración de los puntos periciales. Adem ás, amén del


diagnóstico del estado actual, suele ser necesario el diag­
nóstico retrospectivo y tam bién — y en la m edida de ío
posible— la progresión sobre futuras conductas.
También in teresa en el marco forense saber conden­
sar la inform ación y saber qué inform ación es pertinente
y tener presente que la m ism a se convertirá en relativa-
m ente pública.
N orm alm ente se puede obtener gran cantidad de
inform ación, que puede ser útil a los fines clínicos, pero
no a los fines forenses.
Por últim o, el psicólogo forense m uchas veces se
encuentra en la necesidad de concurrir a audiencias en
las que debe responder a m inuciosos interrogatorios de
las partes, que m uchas veces podrán provocar elevada
ansiedad frente a los que debe actuar con el debido pro­
fesionalism o. '

Encadenamientos de los datos periciales

A través de num erosos estudios se ha visto que rara


vez una sola técnica, o un solo ítem de una técnica, per­
m ite arrojar una conclusión debidam ente fundada y
correlacionada con una determ inada situación pericial.
é'Así, por ejemplo, que aparezca tal o cual rasgo en Rors-
chach, Bender, W eschler o gráficas, no significa de por sí
que el entrevistado, presente tal o cual rasgo de conduc­
ta. Es conveniente realizar, en este sentido, un encadena­
m iento de los datos obtenidos a través de las técnicas con
los de la historia, los de la vida real, y los que surgen del
Psicología judicial

expediente, para ver si todos esos datos en conjunto


muestran que una determ inada hipótesis tiene consisten­
cia. Este método resulta m uy valioso y sobre todo es m uy
im portante para el convencim iento del ju ez en el caso
concreto. No es lo m ism o afirm ar que, tal o cual conclu­
sión se alcanza a través de una técnica o un determ inado
ítem de una técnica por un determ inado barem o estadís­
tico, que m ostrar que la conclusión se alcanza a partir de
varias técnicas en conjunto y m ostrar las correlaciones
de lo observado en la vida real del sujeto o del grupo, que
se está peritando. Estudios em píricos han dem ostrado a
nivel de técnicas gráficas la poca evidencia seria de que
determinados «signos» sean indicadores válidos de carac­
terísticas de personalidad.
A sí tam bién en el accionar delictivo debem os hacer
una correlación entre el plano del delito desde la sem io­
logía de la conducta que estam os investigando y la
estructuración psicológica de determ inado sujeto. Esto
tiene un doble m érito: por un lado perm ite realizar un
inform e mucho mas certero, preciso y concluyente y por
otro, desde el punto de vista de los actores judiciales, lle­
va a una m ayor com prensión de la situación en juego.
Para poder hacer efectiva esta tarea, naturalm ente
que es necesario tener algunos conocim ientos m ínim os
legales como para poder responder con solvencia al foco
pericial, y poder precisar y entender el lenguaje del dere­
cho y del juez.
236 Juan H. Del Popolo

Medios de registros técnicos


de las entrevistas /

En cuanto al uso de m étodos m ecánicos d e'registro


(grabador, videos, etc,) pueden ser usados, pero es conve­
niente hacérselo saber al peritado, y si se observa que
éste está angustiado o ansioso, por el uso de estos, lo con­
veniente es suprimirlos. Si son bien tolerados, ayudarán
m ucho a las supervisiones y a la escucha posterior del
psicólogo. "•
En determ inados procedim ientos periciales (por ej.
análisis de credibilidad de declaraciones), los medios de
registro técnico resultan m uy útiles.
Por otra parte, contribuyen a poder confrontar hipóte­
sis con m ayor exactitud y precisión, dado que una y otra
vez se puede volver a revisar lo registrado.
También facilitan que otros profesionales puedan
supervisar el m aterial y que el m ism o eventualm ente
pueda ser visto por las autoridades que encargaron la
pericia.
Adem ás perm iten el registro de estados irrepetibles
(por ej. la entrevista en el m om ento próxim o al hecho).
Luego, este material podrá ser m inuciosam ente exam ina­
do a la luz de los provenientes de otras fuentes.
En suma, este tipo de procedim ientos resulta de gran
ayuda para la realización de la labor pericial.
Psicología judicial 237

Aparentes reacciones de culpabilidad

El hecho de que el individuo peritado frente a una


situación determ inada, por ejem plo una entrevista, se
presente con signos m anifiestos de ansiedad, no significa
de por sí que esté ocultando o queriendo ocultar inform a­
ción, o que esté ansioso porque sea responsable del hecho
que se esta investigando.
En la historia de la hum anidad se han registrado
algunas técnicas que tenían por finalidad detectar este
estado de ansiedad, al que se lo interpretaba como una
respuesta positiva de culpabilidad de la persona im puta­
da. Así, en la antigüedad se le obligaba a la persona sos­
pechosa a com er arroz seco. Si ésta estaba ansiosa no
había respuestas de salivación adecuadas y por ende no
podía tragarlo.
Este tipo de respuesta, condicionado por la ansiedad,
era interpretada com o la reacción propia de una persona
culpable.
El detector de m entiras, tam bién funciona en base a
alteraciones neurofisiológicas, producidas por la ansie­
dad. La técnica básica es la obtención de un patrón de
respuestas a nivel de respiración, de respuestas galváni­
cas de la piel o del latido cardíaco en las que el sujeto
responde a preguntas neutras que no están relacionadas
con el hecho que se investiga. Este patrón neutro se com ­
para posteriorm ente con preguntas que tienen que ver
con el hecho que se esta investigando y se establece si
hay una alteración de los patrones fisiológicos que antes
hem os m encionado. Pero, la simple alteración del regis­
tro fisiológico no significa que el individuo esté m intien-
238 Juan H. Del Pópolo

do; basta que esté «ansioso» para que se produzca este


tipo de respuesta.
También se ha usado la prueba de asociación de pala­
bras como experim ento destinado a establecer si se pre­
sentan respuestas ansiógenas, o cargadas em ocionalm en­
te, frente a palabras estím ulos. Este tipo de trabajos fue
analizado por Freud en un artículo que se denom inó «La
indagatoria forense y el psicoanálisis». El mismo fue ori­
ginariamente una conferencia pronunciada por Freud, en
junio de 1906, a raíz de.una invitación al Sem inario de
Jurisprudencia de la U niversidad de Viena, para los
alumnos del sem inario (Publicado en el tomo IX de las
obras com pletas editadas por Am orrourtu, pág. 83).
Freud em pieza por reconocer la creciente intelección
sobre la inseguridad de las declaraciones testim oniales
en el ámbito de la Jurisprudencia. Luego realiza algunos
com entarios en torno a un procedim iento usual en esa
época, que fundam entalm ente trabajaba con el m étodo
de asociación de palabras. Se proponía a la persona a
exam inar una palabra estím ulo y luego esta persona
tenía que responder frente a ésta con la primera palabra
que viniera a su m ente. Se observaba el contenido de las
respuestas, el alargam iento en los tiempos de reacción, el
error en la reproducción y la perseveración.
Se postulaba la existencia de un com plejo em ocional
que coloreaba la respuesta con algunos de estos fenóm e­
nos; ya sea con un alargam iento del tiem po de reacción,
cambios en el contenido de la respuesta, etc. En esta aca­
demia de Jurisprudencia, se había ideado una experien­
cia de simulación, donde los alumnos fingían o trataban
de simular ignorar determ inadas cuestiones con respecto
Psicología judicial 239

a un contenido que estaban declarando y se probaba con


esta técnica de asociación de palabras, si realm ente se
presentaba algunos de estos fenóm enos.
Esta experiencia tam bién había sido desarrollada por
Wundt, Kraepelin, Bleuler y Jung. Freud cuando com en­
ta esta técnica recom ienda c a u t e la y advierte del peligro
de hacer aplicaciones apresuradas de ella, y tam bién dice
que en este m étodo de asociación el investigado puede
ser despistado porque el neurótico (y esto es im portante
a los fines de la m ateria) puede reaccionar como si fuera
culpable siendo en realidad inocente, porque lleva en su
interior una conciencia de culpa aprontada y al acecho
para apoderarse de cualquier inculpación. Por tanto, y
haciendo aplicación de esta advertencia y conocimiento,
cualquier respuesta de este tipo, por ejemplo el hecho de
que la persona sufra de taquicardia, ansiedad, palidez
frente a una pregunta del examinador, no debe ser inter­
pretado como signo de culpa, sino en todo caso como sig­
no de ansiedad y esta ansiedad puede obedecer perfecta­
mente a esta situación que estamos explicando y a la que
son propensos los neuróticos.
Esto se com plem enta con lo que hem os expresado
antes, acerca de la necesidad del encadenado de técnicas
y de observaciones de conductas para form ular hipótesis
más probables en torno a la conducta de un individuo. Ya
sabemos que a partir de una observación de conducta
externa, no necesariam ente podem os inferir con validez,
que esté presente intrapsíquicam ente una determ inada
situación. Así, frente a estas m anifestaciones de conduc­
ta ansiosa, no necesariam ente debemos inferir que este­
mos frente a un individuo culpable.
24 0 Juan H . Del Popolo

De la m ism a m anera hay otra observación im portan­


te que realizó Freud, y que está relatada en un artículo'
intitulado «El dictam en de la facultad en el proceso
Halssm an». A llí advierte que com probar la existencia del
com plejo de edipo en un individuo, no es dato suficiente
para extraer conclusiones sobre la autoría de un crimen.
Indica en el artículo citado que, si se hubiese demostrado
objetivamente que el autor del hecho era un sujeto que se
llamaba Philips Halssman, estaría por cierto justificado
traer a cuenta el complejo de edipo con miras de descu­
brir los m otivos de un crimen que de otro modo no se
com prendería. Pero por la existencia de este complejo de
edipo deducir que, verdaderamente había un motivo para
el crimen, era una cosa que no com padecía con la serie­
dad y con el razonam iento científico. Freud comentando
esta situación trae en este artículo una interesante anéc­
dota; dice que se había producido una violación de dom i­
cilio y se condena como delincuente a un hom bre al que
se le encontró la ganzúa. Relata, que tras el pronuncia­
m iento de la sentencia y preguntando al reo si tenía
alguna observación que hacer pidió tam bién ser penado
por adulterio, porque tam bién tenía el instrum ento para
com eter este delito. Con esto quiere significar Freud, que
el hecho de tener el instrum ento para com eter el delito,
no significa haberlo hecho. La constatación de un ele­
m ento de naturaleza psíquica, no necesariam ente signifi­
ca (por ejem plo una fantasía de tipo hom icida) que la
persona haya actuado esta fantasía.
Psicología judicial 241

E l d ic ta m e n p e r ic ia l y e l p e r ito :
la t r a n s fe r e n c ia

El perito no debe caer en una respuesta de om nipo­


tencia o de im potencia, no se trata de responder a todas
las preguntas por si o por no, como si el perito psicólogo
supiera todo. Se debe diferenciar lo que se puede decir
racionalm ente con certeza, lo que se puede plantear en el
terreno hipotético y lo que se desconoce.
Otras veces, se pretende que el psicólogo con su inter­
vención «arregle» omnipotentemente situaciones extremas,
o se intenta que m ejore los «argumentos» que una parte
esgrime contra otra, en lugar de permitirle un espacio de
reflexión propia e imparcial. Así se procura instrumentar
su tarea como un «arma» más de la batalla judicial.
En la técnica pericial, aparecen respuestas de tipo
contratransferencial que son producidas por la situación
que hay en juego; que pueden llevar a veces al perito a
tener una «actuación», a creer que se ha hecho una injus­
ticia con el detenido (que puede serlo), pero a veces esto
se transm ite por interm edio de la «inoculación» y rápida­
mente el perito o la persona que está practicando el exa­
men, se ve com pelida a realizar ciertos actos sin m ayor
reflexión y sin m ayor pensam iento. M uchas veces estas
son respuestas contratransferenciales.
En otros casos hay respuestas que lo llevan a una
situación de im potencia en la que no puede pensar en
torno al m aterial. En m uchos de los casos de pacientes
psicópatas conviene releer atentam ente las entrevistas,
puesto que en prim er instancia estas aparecen como
racionales, lógicas, pero si se em pieza a analizar con cier-
242 Juan H . Del Popolo

to detalle, se ven im portantes elem entos de contradic­


ción, de ilogicidad, de respuestas inoculatorias que per­
turban el pensam iento de la persona que está realizando
esta pericia y lo tienden a inmovilizar. Otras veces el
entrevistado suscita m iedo o temor, y todo esto corres­
ponde que sea exam inado a la luz de lo que está suce­
diendo en el campo de la entrevista.
El perito, tal como está legislado en nuestro Código
de Procedim ientos, debe m antenerse im parcial en sus
valoraciones. Esta situación es distinta de la m isión del
consultor técnico de la parte, que no es propiam ente un
perito (se les llam a tam bién perito contralor). Esta perso­
na asesora a una de las partes y no tiene obligación de
ser im parcial. Para los peritos^de control, por ejem plo en \
el Código Procesal de Córdoba, el cargo no es obligatorio
y tam poco están obligados al trám ite de la excusación y
recusación. Ya vimos que se los considera peritos parcia­
les, porque son peritos que van a asesorar a la parte. Se
trata entonces, de un auxiliar de la parte que lo propuso J
y no tiene el deber de expresarse con veracidad.
Esta postura ha sido criticada por m uchos autores.
De todas m aneras, cuando es esta la situación,, las reglas
son claras y el ju ez sabe a que atenerse; sabe que se tra­
ta en definitiva de un perito de control, de un auxiliar de
la parte, de alguien que no esta obligado a decir la ver­
dad y tiene esto en cuenta para el m om ento de valorar la
pericia.
En M endoza, en la legislación provincial, no existe
este tipo de perito contralor. Sólo existe la obligación de
decir la verdad y de ser fiel al ju ez en cuanto al encargo
que se form ula.
Psicología judicial 243

Valoración de la pericia

■L. Debe recordarse tam bién que el juez es perito de peri­


tos, y en definitiva, en la m ayoría de los Códigos m oder­
nos el dictamen pericial es valorado conforme a los prin­
cipios de la sana crítica y la libre convicción, por lo menos
en la esfera penal? Allí el juez puede examinar la calidad
de los fundam entos científicos que han expuesto los peri­
tos; tener en cuenta su idoneidad, si la pericia es unifor­
me o si ha habido discrepancias y el resto de la prueba
que se ha incorporado al expediente, para determinar, si
se trata de un proceso penal, la verdad real.: El juez no
está obligado a aceptar la opinión de los peritos sim ple­
mente porque éstos la e n u n c ie n .^
El Código de P rocedim ientos'C ivil y Com ercial de la
N ación Argentina establece algunos criterios para esta­
blecer la fuerza probatoria del dictam en pericial, que
pueden considerarse en general válidos. Ellos son:
a) la com petencia de los peritos;
b) la uniform idad o disconform idad de sus opiniones;
c) los principios científicos en que se fundan;
d) concordancia de su aplicación con las reglas de la
ram a crítica y demás pruebas y elem entos de convicción
que la causa ofrezca.
El ju ez fundadam ente puede apartarse del dictam en
pericial.
\J3uele ser frecuente que, si la pericia contiene puntos
obscuros, el perito sea nuevam ente citado al Tribunal a
los efectos de pedirle aclaraciones.~jEsto se puede hacer a
veces por escrito, a veces oralm ente, a veces se le enco­
m ienda una am pliación de la tarea pericial para que se
24 4 Juan H. Del Popolo

expida sobre nuevos puntos que han surgido y que son


im portantes tener en cuenta para resolver el p roceso./'

L Sim ular es dar apariencia de verdad a algo que en


realidad no lo tiene. Este es un factor que se debe tener
siem pre presente en el diagnóstico p e r i c i a l e s posibili­
dad de sim ulación no sólo es im portante en~el cam po del
procedim iento penal, sino en el laboral, civil, de fam ilia.
Así, dentro del procedim iento penal se puede sim ular
para lograr una externación de un hospital psiquiátrico,
aparentando que los síntom as han rem itido; o bien se
puede intentar una sim ulación para fingir haber estado
enajenado al m om ento de cometer un hecho delictivo con
la esperanza de escapar del castigo. También dentro del
campo laboral caben los distintos tipos de simulación. Se
puede sim ular con la finalidad de obtener un beneficio
jubilatorio anticipado o una licencia por razones de enfer­
m edad m ental. Igualm ente en el ámbito civil se puede
sim ular para evitar a una declaración de dem encia que
prive a la persona del m anejo y adm inistración de sus
bienes, o se puede sim ular para hacer aparecer a una
persona sana como demente. En este área, tan ligada a
los propósitos gananciales, debe el perito esmerarse para
establecer posibilidades de simulación en el accionar de
la persona que esta peritando. Sobre todo cuando esto
está dependiendo de algún tipo de beneficio.
Psicología judicial 24 5

Tipos de simulación

I Cuando hablamos de simulación, nos referimos a un


actuar deliberado, consciente y no del actuar de una perso­
na que inconscientemente se puede «engañar» a sí misma, j
H ay distintas variedades de sim ulación. Vamos a
tom ar los conceptos de M arcó Ribé y otros, en su obra
«Psiquiatría forense», los que resum irem os a los efectos
de la clasificación y análisis. Podem os hablar de una
simulación total o verdadera, en la que el sujeto de una
form a consciente y deliberada finge el padecim iento de
enferm edad m ental, de acuerdo a los conocim ientos
intuitivos o concretos que posee acerca de los enfermos
psíquicos.
La sobresim ulación, es una form a de simulación que ¡
realiza un enfermo m ental o un anorm al, pero que pade­
ce un cuadro clínico diferente del que exhibe.
La m etasim ulación o perseveración es la actitud con- y
sistente en prolongar síntom as d e.u n trastorno m ental I
verdadero del que recientem ente curó. _t.J
La hipersim ulación que es bastante corriente, es exa­
gerar su engaño en determ inados m om entos, como lo son
la observación m édico-pericial, los m om entos de vigilan­
cia o de presentación ante el juez.
La retrosim ulación es la reproducción de síntomas de
un proceso que en épocas anteriores el padeció realm en­
te. „
La presim ulación es la realizada por un individuo con
anterioridad a com eter un delito, a fin de poder invocar
posteriorm ente ese padecim iento. Bonnet indica que fue
M airet (1908) quien le asignó este nombre.
246 Juan H. Del Popolo

[ L a disim ulación que es una simulación invertida, con­


siste en el intento por parte del enferm o de ocultar su
p ad ecim ien tojB on n et, citando a Borda (1932), exprésa
que en ninguna form a psiquiátrica, como en el delirio sis­
tem atizado crónico interpretativo se observa.la frecuen­
cia de la disim ulación, com partiendo am pliam ente esta
opinión.
Dentro de las pautas que nos van a perm itir diagnos­
ticar la posibilidad de simulación, vamos a tener en cuen­
ta algunas que son im portantes para estos fines.

T é c n ic a s p a r a la d e t e c c ió n d e s im u la c ió n

1ro.) E x a m e n d e la s e m io lo g ía d e lic t iv a . En el
m ism o hecho delictivo deben observar sus característi­
cas, para ver si responde desde el punto de vista de la
sem iología, a m ecanism os de tipo psicopatológicos. Por
ejem plo: los individuos psicóticos generalm ente produ­
cen hechos que son fríos, absurdos, irrazonables, incom ­
prensibles, sin m otivación aparente, bizarros. Esto se
relaciona con la personalidad del individuo. Este es un
prim er elem ento que se debe tener en cuenta, para
poder determ inar hasta qué punto esa persona con esos
rasgos, pudo haber realizado ese hecho tal com o sé pre­
senta sem iológicam ente. Im porta tam bién el atento exa­
men de los m om entos previos y posteriores al delito, a
cuyo efecto resu ltará de im portan cia la consulta del
expediente.
2do.) H is t o r ia d e l in d iv id u o ; a través de ella se
puede establecer por m edio del registro psicopagológico
previo, si esta persona presentaba los rasgos caracterís­
Psicología judicial 247

ticos y propios de la enferm edad en su desarrollo y evo­


lución.
3ro.) A p lic a c ió n d e la s t é c n ic a s ; entrevistas y dis­
tintos tipos de técnicas, para poder establecer si hay una
correlación entre la supuesta enferm edad y lo que se nos
expresa a través de las técnicas psicológicas.
4to.) O b s e r v a c ió n d e la s p e r s o n a s q u e h a n r o d e ­
a d o a l e n fe r m o ; por ejem plo, los enferm eros que han
estado con él en el hospital psiquiátrico pueden darnos
una valiosa inform ación en relación a la conducta del
enfermo. A sí se puede establecer si responde a los patro­
nes propios de la enferm edad. Ejem plo: los individuos
maníacos sim uladores cuando no están junto a los enfer­
meros pierden su estado de excitación, en la noche duer­
men tranquilam ente. U n m aníaco en pleno brote resulta
difícil que pueda tener una cesasión im prevista del episo­
dio. Para cada cuadro se puede establecer la posibilidad
de un diagnóstico diferencial entre afección sim ulada y
real, por las características de cóm o se presenta esa
enfermedad.
5to.) E x á m e n e s c o m p le m e n t a r io s , en torno al indi­
viduo. M arco Ribe sugiere algunos tipos de pruebas espe­
cíficas para la sim ulación:
* P r u e b a s id e n t ific a t iv a s s im p le s : consisten en
mostrarle al sujeto objetos de uso cotidiano pidiéndole que
lo identifique. U na persona sana o con una enfermedad
psíquica, salvo que tenga una grave alteración de la con­
ciencia, responde satisfactoriamente, en tanto que el sim u­
lador burdo se equivoca. Existen otras pruebas tales como
la presentación de una secuencia simple de letras o núm e­
ros por breve tiempo con la consigna de que la copie lo más
248 Juan H . Del Popolo

exactamente que pueda.’ El simulado suele fracasar en la


tarea sin que se encuentre patología que lo justifique. /
* P r u e b a d e S t ó r r in g : se le hace calcular al indivi­
duo cuanto es 4 + 5; 3 + 6; 8 + 10. Los simuladores m ani­
fiestan no acordarse de estas operaciones m atem áticas o
se equivocan.
* O tra es la d e lo s d íg it o s : se le dice una serie de
números, por ejemplo: un núm ero de teléfono y se le pide
al sujeto que los repita. El sujeto normal los repite casi
todos, los enferm os psíquicos incluso los afectados por
deterioro m ental repiten como mínimo tres, el sim ulador
no puede recordar ni una cifra o falla en dos cifras situa­
das en un m ism o lugar.
* O tr a s p r u e b a s son las de K ra ft E b in g y la d e
A b r h a n s e n , R o s a n o v, J u n g , y e l p s i c o d ia g n ó s t ic o
d e M ir a y L ó p e z , que no comentamos en este apartado.
/ N o debe confundirse simulación con m itom anía. J^a
personalidad m itóm ana confabulatoria, ha sido defiñTda _
por Dupre, como la personalidad que tiene una tendencia _
patológica, más o m enos voluntaria a la m entira y a la
creación de fábulas im aginarias. Esto no significa lo m is­
mo que m entir en una situación determ inada y con un
propósito ganancial.
Sistem áticam ente en estos individuos encontram os
desde la infancia, que existe una propensión hacia la
mentira y hacia la fábula. La simulación es definida por
el DSMIII, como una condición no atribuible a trastorno
mental, es decir a un foco de atención o tratam iento. El
sujeto voluntariam ente presenta síntomas falsos o consi­
derablem ente exagerados. \
El sim ulador presenta características tales com o que
Psicología judicial 249

está m uy poco predispuesto a som eterse al tratam iento


para la curación de su supuesta dolencia, por su falta de
preocupación, por la supuesta enfermedad, cuando no es
observado.
La sim ulación a veces puede ser una respuesta adap-
tativa frente a factores severos de stress, en los que una
persona trata de salvaguardarse a si m ism a de una con­
secuencia grave com o puede ser la prisión. Porot, en su
diccionario de psiquiatría, hace una clasificación en tres
grupos principales:
Uno de los grupos es el que tiene actitudes negativas,
de estupor, m utism o y de sordomudez.
U n segundo grupo está conform ado por aquellas
m anifestaciones más o menos agitadas y delirantes que
hace el simulador.
U n tercer grupo está identificado por la absurdidad
de los planteos que hace.
En estos casos son útiles las técnicas de observación y
el examen detenido de cada una de estas m anifestaciones
de conducta para poder establecer si guardan alguna
relación con un cuadro psicopatológico.
Sin perjuicio de lo expuesto, hay fenóm enos con los
que debe estar fam iliarizado el perito, tales como el Sín­
drome de Estocolm o que se presenta en personas secues­
tradas sometidas a hostilidad. Pese a ello no escapan ni
piden ayuda. En estos casos el psicólogo no debe inter­
pretar estas conductas de las víctim as en el sentido de
consentir la hostilidad. Se trata de un fenóm eno em er­
gente de una com pleja situación psicológica.
Debe tenerse presente que en las técnicas proyectivas
tam bién se puede simular.
25 0 Juan H. Del Popolo

Conforme señala Carlos Rodríguez Sutil i, se realiza­


ron en la U niversidad de Arizona dos investigacioixes
(Albert, Fox y Kahn — 1980— y Kahn, Fox y Rhode
— 1988— ) para intentar comprobar hasta qué punto los
sujetos pueden sim ular sus resultados en el Rorcharch.
Los sim uladores bien informados lograban engañar al
experto, com o así tam bién los sim uladores sin in stru c­
ción, no com probándose lá hipótesis de Exner de que los
sim uladores podían ser detectados por los buenos indica­
dores de Fuerzas del yo (F+%). Este mismo autor, consig­
na el experim ento de Seam ons et. ai. (1981) en la prisión
del Estado de U tah, Estados Unidos, que arroja las
siguientes conclusiones:

C
a) cuando un sujeto intenta parecer norm al, da m ás
puestas populares (P);
b) si el exam inado intenta parecer m entalm ente
enfermo, aparece calidad formal (X+%, F+%) y el índice
Lambda en la norma con elevado número de dram atism o,
sangre, texturas (+) vista (V), movimientos no hqm anos
(M, FM) y com binaciones inapropiadas (INCOM ). j
En realidad resulta del todo conveniente analizar los
datos en su totalidad y en forma encadenada para reali­
zar hipótesis en torno a la posibilidad de sim ulación. No
resulta adecuado llegar a esta conclusión a partir de téc­
nicas aisladas. El conjunto de la técnica, los hechos que
em ergen de la sem iología pre - en - y -post-delictiva y las
observaciones realizadas en relación a la conducta del1

1 S U T IL , Carlos Rodríguez, en «La utilidd del Rorcharch y las


técnicas proyectivas en la evaluación pericial» Anuario de Psicología
Jurídica. Colegio O.F. de Psicología. 1993. España.
Psicología judicial 25 1

exam inado, en el m edio en que este se encuentra, nos


proporcionarán pautas m ás seguras para em itir juicio.

Devolución de información

Í^En cuanto a la devolución pericial, hem os dicho que


es conveniente hacer una devolución al paciente, aunque
sea mínima. Al final del estudio pericial, se le puede pre­
guntar si quiere conocer alguna cosa en relación al estu­
dio y responderle en la m edida de lo posible y lo perti­
nente, porque hay situaciones en las que no se puede
adelantar inform ación hasta que ésta, esté en conoci­
m iento del ju ez 7 f
C apitulo III

APENDICE

I- ACTA. M ODELO DE ACEPTACION DEL CARGO DE


PERITO.
M endoza........................de............de mil novecientos
........................ siendo la s..........horas com parece a
Secretaría el D r............. (m atrícula)....................y
M ANIFIESTA: Que acepta el cargo de perito para el
que fuera designado en estos autos n2................... caratu­
lados................................. .jurando su fiel y leal desem peño
constituyendo dom icilio legal en calle................................
................................leyó y firm ó ante mi.I-

II- M OD ELO DE A U TO R IZA C IO N PARA RE VE LA R


IN FORM ACION RE C IB ID A BAJO SECRETO PR O F E ­
SIONAL. (Puede ser m odificado acorde a las diferentes
circunstancias de cada caso).
P or la presente autorizado al/la Licenciada en P sico­
logía % ....................... m atrícula ................. a revelar toda
la inform ación concerniente a m i (tratam iento - diagnós-
25 4 Juan H. Del Popolo

tico - orientación vocacional, etc.) a las autoridades de (o


al juzgado, etc) ................... realizado a partir de .......
............ y h a s t a .......... ...............-
Firma.
Lugar y Fecha. ■
C apitulo IV

NOCIONES LEGALES BASICAS SOBRE


LAS M AS COM UNES DEM ANDAS PERICIALES

En este capítulo establecerem os algunas característi­


cas de las más frecuentes dem andas periciales*. En con­
creto, se trata de ver qué es lo que pide el derecho que la
psicología aclare con respecto a una serie de situaciones
tales como la irnputabilidad, la capacidad civil, interna­
ciones, externaciones, asuntos relativos al m atrim onio,
divorcio, etc. Debe tenerse presente que el perito psicólo­
go tiene el deber de conocer las principales característi­
cas del sistem a norm ativo en el que actúa, para saber
qué es lo que se dem anda, lo que no im pide que también
pueda situarse en una postura científica crítica con res­
pecto al mismo.

* Sólo se enunciarán en forma genérica algunas nociones legales básicas


con respecto a las pericias más frecuentes . Luego, en los sucesivos tomos del
manual, se harán desarrollos particularizados.
256 Juan H. Del Popolo

Im p u ta b ilid a d

Ricardo Núñez, un prestigioso tratadista de derecho


penal en nuestro país, dice que la im putabilidad es la
condición del delincuente que lo hace capaz de actuar
culpablem ente. Esto significa que, la ley requiere de una
determ inada capacidad para que alguien pueda ser
delincuente. Otros autores, como Zaffaroni, dicen que es
im putable aquella persona que tiene una ausencia de
impedim ento psíquico para la comprensión de la antijuri­
dicidad de la conducta.
Un delito en sentido jurídico, tiene una conceptualiza-
ción desde el punto de vista de la teoría jurídica. No es lo
mismo el concepto de delito desde el punto de vista socio­
lógico que desde el jurídico. Desde esta últim a óptica,
d e lit o es u n a a c c ió n h u m a n a t íp ic a , a n t iju r íd ic a y
c u lp a b le . Que es una a c c ió n , significa, que se está en.
presencia de un com portam iento hum ano que es integra-
tivo tanto del hacer (o sea, de las acciones propiam ente
dichas), como del no hacer. Se puede infringir la ley en
algunos casos, tanto haciendo (por ejem plo, el que mata
a otro), com o om itiendo hacer (por ejemplo, quien omite
prestar los auxilios debidos cuando está obligado a ello).
Adem ás de la acción, el delito es una acción hum ana típi­
ca, antijurídica y culpable, es decir que tenem os otro
requisito que es el de la t ip ic id a d . La conducta para ser
sancionada dentro del ordenam iento penal, tiene que
estar descripta taxativam ente en el ordenam iento ju ríd i­
co penal. Si no existe la descripción de una conducta
prohibida, si no hay ley previa que sancione una determ i­
nada conducta en form a específica y concreta, tam poco
Psicología judicial 257

puede haber ni pena ni castigo. Este es un principio que


costó m uchísim os esfuerzos a la hum anidad para su con­
sagración. De esto se sigue que, todo aquello que no está
prohibido, está perm itido, y entra en la zona de libertad
del ordenam iento jurídico. Para que una conducta sea
sancionada desde el punto de vista penal, debe existir
una conform idad de esa conducta con la descripción que
se hace en el Código Penal o en las leyes penales. A de­
más, para que un accionar sea delictivo, se agrega un
tercer requisito: que sea a n t iju r íd ic o . ¿Cuándo una con­
ducta hum ana es antijurídica? Cuando es contraria al
derecho en su totalidad, cuando está en desacuerdo con
todo el ordenam iento jurídico. Puede ser que una deter­
m inada conducta sea una acción típica, y sin em bargo no
sea antijurídica, y por ende, sea lícita. A sí por ejemplo,
tom em os el caso de un funcionario policial que en el ejer­
cicio de su deber, frente a un asalto tom a su arma para
defender a otras personas del ataque de terceros con
armas de fuego. Es probable que en el curso de su accio­
nar cometa, una acción típica, pero no comete un delito.
Si mata a uno de los asaltantes, ha com etido una acción
típica, pero no antijurídica. ¿Por qué ha com etido una
acción típica? Porque ha desarrollado una acción hum a­
na, en segundo lugar esa acción hum ana está prevista en
el Código Penal como típica (en el artículo 79 del Código
Penal se sanciona al que m atare a otro), pero reunidos
estos requisitos de acción y de tipicidad, la conducta en el
ejemplo no es antijurídica, porque el agente ha obrado en
legítim a defensa de los terceros y adem ás en el cumpli­
miento de su deber. Estas dos situaciones, el haber obra­
do en el cum plim iento del deber, en el legítim o ejercicio
258 Juan H . Del Popolo

de su autoridad, y por otra parte, defendiendo a un ter­


cero de esa agresión ilegítim a que sufría por parte de los
asaltantes, con una necesidad racional del m edio que
em pleó para repeler la agresión — cual es el uso del arma
cuando tam bién los otros estaban arm ados— hace que
esta conducta a los ojos del derecho no sea considerada
delictiva.
Entonces, hay causas que restan antijuridicidad a la
conducta, y se conocen como causas de justificación.
Vamos a ver someram ente algunas de ellas.

¿Cuáles son las causas de justificación que prevé el


Código Penal? Son:

1) E l estado de necesidad que se encuentra previsto


en el inciso tercero del artículo 34. Por esta norm a no es
punible el que causa un m al por evitar otro m ayor inm i­
nente a que ha sido extraño. Quien hurta un pedazo de
pan para satisfacer su ham bre, y esta situación presenta
para esa persona los rasgos de un m al m ayor inminente
y al que ha sido extraño (no es el que sim plem ente va y
hurta porque no quiere trabajar, sino el que hurta en una
situación de necesidad para salvar la vida frente a una
situación de este tipo) puede llegar a am pararse en este
caudal. Lesiona esta persona el bien jurídico de otro (su
propiedad) precisam ente para poder hacer frente a ese
peligro actual e inm inente al cual se enfrenta.

2) O tra situación que justifica, es la prevista por el


inciso cuarto del artículo 34, que es el que determ ina que
no es punible el que obrare en cum plim iento de un deber,
Psicología judicial 259

o en el legítim o ejercicio de su derecho, autoridad o cargo.


En este caso, como la persona obra en el ejercicio legíti­
mo de una autoridad, de un cargo, de un derecho, de un
deber, no com ete delito.

3) Otra causal dé ju stificación es el haber actuado en


virtud de obediencia debida.

4) Otra causal es la legítim a defensa propia o de sus


derechos. Para que haya legítim a defensa tienen que con­
currir las siguientes circunstancias enum eradas por el
inciso sexto del artículo 34 que son:

a) Agresión ilegítim a.

b ) N ecesidad racional del m edio em pleado para im pe­


dirla o repelerla. Con esto querem os decir que tiene que
haber una proporcionalidad, una necesidad del medio
que se usa para repeler la agresión, frente al m edio que
se utiliza para atacar. Es decir, si una persona ataca a
otra con golpes de puño, no hay una proporcionalidad, no
hay una necesidad racional del m edio si la otra persona
se defiende con un arm a de grueso calibre. La excepción
a esta regla sería que quien ataca con golpes de puño
fuera un boxeador profesional, de peso pesado por ejem ­
plo, pero en las circunstancias com unes, donde hay una
sim ilitud física de am bos agresores, no habría una nece­
sidad del m edio em pleado para im pedir o repeler la agre­
sión.

c ) U n tercer requisito para que haya legítim a defensa


260 Juan H . Del Popolo

es que exista falta de provocación suficiente por parte de


la persona que se defiende.

5) Por últim o en el inciso siete del artículo 34, se pre­


vé otra conducta que actúa como causal de justificación y
es la que establece la ley cuando dice que no son punibles
aquellos que obran en defensa de la persona o de los dere­
chos de otro. Esto se llam a la legítim a defensa de un ter­
cero. Se da siempre que haya existido agresión ilegítim a
por parte del agresor, y.tam bién tiene que existir necesi­
dad racional del m edio em pleado para im pedirla o repe­
lerla. Y si ha habido provocación suficiente por parte del
agredido, la ley exige que en esa provocación suficiente
no haya participado el tercero defensor.

Otro de los elem entos m encionados en el concepto


delito es la culpabilidad.
Ricardo Núñez, define a la culpabilidad como el modo
del com portam iento psíquico del autor del delito, que
fundam enta su responsabilidad penal desde el punto de
vista personal y que está subordinado a su capacidad, a
su saber y a su libertad de determinación, v. gr., la per­
sona que com ete un delito bajo am enaza de sufrir un mal
grave e inm inente no actúa culpablem ente, porque no
hay una relación psicológica entre el autor y su hecho.
Esta es una causa de inculpabilidad porque no ha podido
proceder libremente. En esta situación se actúa presiona­
do realm ente por el tem or y por la am enaza que violen­
tan su posibilidad de determ inación, y en consecuencia,
su voluntad queda totalm ente viciada. En este caso de
coacción no se procede culpablem ente. Aclaram os que
Psicología judicial 261

sólo dam os un concepto elem ental del tema, el que en


realidad ha sido m ateria de profusas discrepancias doc­
trinarias.
Un presupuesto de la culpabilidad es la im putabili-
dad.
A la im p u t a b ilid a d , algunos la definen como un pre­
supuesto de la capacidad para ser culpable. Otros, opi­
nan que el concepto de im putabilidad integra la culpabi­
lidad, que es uno de sus elemento. No vamos a entrar en
esta discusión, sim plem ente tom arem os el concepto de
Sebastián Soler, un estudioso del derecho penal, que dice
que la im p u t a b ilid a d es la p o s ib ilid a d c o n d ic io n a d a
p o r la s a lu d y la m a d u r e z e s p ir it u a l d e l a u t o r d e l
h e c h o , d e v a lo r a r c o r r e c t a m e n t e lo s d e b e r e s y d e
o b r a r c o r r e c t a m e n t e c o n e s e c o n o c im ie n t o . B ásica­
mente es una posibilidad que depende de la salud y de la
m adurez espiritual del autor. Por tanto, para poder ser
culpable, se debe ser im putable.
¿Quiénes no son im putables, quiénes no tienen esta
capacidad de ser culpables, quiénes no tienen esta posibi­
lidad de valorar correctam ente los deberes y de obrar de
acuerdo con ese conocim iento en función de un déficit en
su salud o en su m adurez?
En prim er lugar, lo s m e n o r e s . La ley presum e que
por debajo de determ inada edad, la persona no tiene la
capacidad suficiente para ser im putables. La ley argenti­
na 22.278, establece que no es punible (en definitiva, no
es im putable) el m enor que no haya cumplido los 16 años
de edad. Entre los 16 y los 18 años es inim putable, res­
pecto de los delitos de acción privada, o los reprim idos
con pena privativa de la libertad que no exceda los 2
262 Juan H . Del Popolo

años, o penados con multa, o penados con inhabilitación.


¿Cuáles son estos delitos de acción privada, según el a rtí?'
culo 73 del Código Penal? Son: el adulterio, las caluríi-
nias e injurias, la violación de secretos (salvo en los casos
de los artículos 154 y 157 del Código Penal), la concu­
rrencia desleal del artículo 159, y los incum plim ientos de
los deberes de asistencia fam iliar cuando la víctim a fuera
el cónyuge. En estos casos, los m enores que no han cum ­
plido los 18 años no son punibles, y tam poco cuando
com eten un delito que eátá reprim ido con pena privativa
de libertad, pero que no excede los dos años. H ay delitos
que solam ente contienen pena de m ulta o inhabilitación.
Con relación a algunos de estos delitos, tam poco son
estos m enores im putables. En suma, por debajo de los 16
años, los m enores son inim putables cualquiera sea el
delito que cometan. Por encim a de los 16 años (de acuer­
do a esta Ley 22.278) y hasta los 18 años, sólo se los res­
ponsabiliza si com eten u n delito sancionado con más de 2
años de pena privativa de la libertad.
La edad a partir de la que se fija la responsabilidad
crim inal, ha sufrido fluctuaciones en nuestro derecho y
en otras legislaciones.
En el Código Penal Español de 1822 era irresponsa­
ble antes de los siete años. En el Código, de 1848, este
lím ite se llevó a nueve años, exigiéndose luego el discer­
nim iento, que podía en caso de ausencia exim ir de res­
ponsabilidad hasta los 17 años (Código Penal 1822) o 15
años (Código Penal 1848).
H ay otras situaciones que im piden que alguien pueda
ser considerado im putable. Son las circunstancias previs­
tas por el artículo 34 inciso prim ero del Código Penal, que
Psicología judicial 263

en lo pertinente a la im putabilidad dice: «No son punibles


(inciso I a), el que no haya podido en el m om ento del
hecho, ya sea por insuficiencia de sus facultades, por alte­
ración m orbosa de las m ism as o por su estado de incon­
ciencia, error o ignorancia de hecho no im putable, com ­
prender la crim inalidad del acto o dirigir sus acciones. Lo
de error o ignorancia de hecho no imputable, es una causa
que excluye la culpabilidad, no la imputabilidad.
¿Qué es lo que tiene que haber pasado en el m om ento
del hecho para que alguien sea inim putable? Que haya
padecido de una insuficiencia de sus facultades, de una
alteración m orbosa de las m ism as o de un estado de
inconciencia, que lo haya llevado a no com prender la cri­
m inalidad del acto o dirigir sus acciones. Se requiere un
diagnóstico de tipo retrospectivo por parte del perito. A
veces es difícil de poder realizarlo, porque entre el
m om ento del hecho y, el del exam en ha pasado m ucho
tiempo. Otras veces, si el paciente está m edicado, supon­
gamos el caso de un psicótico, la m edicación probable­
m ente ya ha em pezado a provocar su efecto, y por ende
los signos y síntom as que estaban presentes en el
m om ento del hecho suelen quedar bastante desdibujados.
Entonces el perito trata de reunir elem entos de ju icio,
elem entos diagnósticos, para poder visualizar cuáles han
sido las funciones, las capacidades naturales de ese
paciente en ese m om ento del hecho. Para eso puede recu­
rrir, autorizado por el ju ez, al exam en de los testim onios
de la causa. Así, es conveniente saber si lo ha exam inado
un m édico en los prim eros m om entos del hecho o recurrir
a la declaración o al testim onio de ese m édico, a las h is­
torias clínicas.
264 Juan H. Del Popolo

La persona para ser inimputable debe encontrarse en


alguna de las situaciones que hemos descripto, que confor-, '
man lo que se llama el apartado psiquiátrico de la fórmula
del artículo 34 del Código Penal. En otras palabras, en el
momento del hecho debe haber atravesado por un estado
de inconciencia no imputable, o bien, haber padecido una
alteración morbosa o una insuficiencia de sus facultades.
Por insuficiencia de las facultades, entendem os una
falta de desarrollo de las mismas que tradicionalmerite o
m ayoritariam ente se sostiene que hacen refierencia al
campo m ental. Esto se vincula con las oligofrenias.
Zaffaroni no coincide con esta opinión. Dice que no
sólo cuando la ley se refiere a insuficiencia de las facul­
tades habla de las oligofrenias, sino que tam bién com ­
prende. otras facultades pueden ser insuficientes y deter­
m inar una perturbación de conciencia tales com o la
fatiga, el agotam iento, el sueño, etc. Pero este pensa­
miento no es com partido por la m ayoría de la doctrina y
de la jurisprudencia.
Por a lt e r a c ió n m o r b o s a («morbo» significa enferm e­
dad) de las facultades se han dado diversos conceptos.
Para algunos, equivale a alienación m ental. E ste es el
criterio más antiguo, de más vieja data dentro de la tra­
dición jurídica. Es el que sostuvieron Nerio Rojas, H erre­
ra, etc.
Para otros, alteración m orbosa no es igual a alienado.
Para la denom inada tesis nosológica (representada por
Vicente Cabello, Frías Caballero y otros autores) signifi­
ca enferm edad mental. Se traslada la situación a definir
o que ella sea. Nerio Rojas entiende que alienación m en­
tal es el trastorno general y perm anente de las funciones
Psicología judicial 265

psíquicas, cuyo carácter patológico es ignorado o mal


com prendido por el enferm o y que im pide la adaptación
lógica y activa a las norm as del medio am biente sin pro­
vecho para si m ism o o para los demás. Este concepto de
alienación prácticam ente está tom ado sobre la base de la
psicosis.
Habíam os dicho que para Vicente Cabello el concepto
de alteración m orbosa se vinculaba al concepto de enfer­
medad. Cabello luego de realizar un examen de distintos
conceptos de enferm edad tales como los criterios de tipo
cultural, biológico, norm ativo y valorativo, define la
enferm edad m ental como «el resultado de un proceso
cerebral orgánico o funcional, que poniéndose de m ani­
fiesto m ediante síntom as provistos de tipicidad, acepta
una etiología reconocida o postulada en cuya virtud se
produce una alteración de la personalidad, que im posibi­
lita adoptar una conducta acorde con los valores sociales
en vigencia». (Ver Capítulo 99 ,tom o uno). Lo im portante
es señalar que, entre la tesis alienista y la tesis nosológi-
ca hay en el cam po de lo práctico im portantísim as dife­
rencias. Si partim os de la tesis alienista, fundam ental­
m ente ingresan a la inim putabilidad los psicóticos. Pero
hay un im portante sector de enferm os que quedan fuera
de la posibilidad de ser declarados inim putables. Así,
dice Cabello con razón, que son excluidos del concepto de
alienación los neuróticos, las personalidades psicopáti­
cas, los conm ocionados de cráneo, los post-encefalíticos,
el 50% de los epilépticos, los histéricos, los defectuosos
esquizofrénicos, los toxicóm anos, los alcoholistas cróni­
cos, los afásicos preseniles, puesto que son considerados
sem i alienados.
266 Juan H. Del Popolo

HDebemos tener presente que no basta la enferm edad


m ental o la alteración m orbosa de las facultades para .
que alguien sea declarado inim putable. ^Además, esta"
alteración m orbosa debe llevar a que el sujeto en el
m om ento del hecho no haya podido com prender la crim i­
nalidad del acto o dirigir sus acciones. Este com prender
la crim inalidad del acto y dirigir sus acciones, es lo que
se llam a el «apéndice psicológico» de la fórm ula del artí­
culo 34 del Código Penal.
El perito tiene que establecer si el sujeto es un oligo-
frénico o sea, si padece insuficiencias de las facultades, si
presenta alguna enferm edad m ental que hem os dicho
que es equivalente en la tesis nosológica a alteración
m orbosa. En tercer lugar, debe establecer si padeció un
estado (Je inconciencia y si esta circunstancia, desde el
punto de vista de las funciones o capacidades naturales
de la conducta, lo pudo haber llevado a im pedir que diri-
jiera sus acciones y com prendiera la crim inalidad del
acto. Luego, el ju ez en base a estos elementos podrá esta­
blecer si a ese sujeto se le podía exigir una conducta dis­
tinta de la que llevó acabo. Esto ya es resorte valorativo
del tribunal. En definitiva, quien em ite este ju icio de
inim putabilidad es el juez.
Las funciones de ju ez y perito difieren. El perito
podrá establecer si padeció de un estado de inconciencia,
de alteración m orbosa, de insuficiencia de las facultades
(esto referido siempre al mom ento del hecho, es un diag­
nóstico retrospectivo), y además, podrá expedirse en tor­
no a sus efectos psicológicos. Ver si, desde el punto de
vista de sus capacidades naturales pudo com prender y
dirigir sus acciones, sin prejuicio de que el ju ez haga un
Psicología judicial 267

juicio valorativo con respecto a esta situación que es de


su exclusiva incum bencia. Los estados de inconciencia
hacen referencia a profundas perturbaciones de la con­
ciencia, no a la inconciencia total, sino a graves deses­
tructuraciones de la lucidez de conciencia.
Estos estados pueden ser tributarios de una gran
variedad de situaciones. Los estados de inconciencia
reconocen m uy diversas etiologías, son generalm ente de
aparición brusca y están lim itados en el tiempo. Pueden
devenir del alcoholism o agudo, circunstancia que pueden
provocar una grave desestructuración de la conciencia.
Como se aprecia, nuestro código, ha seguido en la fór­
m ula del artículo 34, un m étodo que se llam a psiquiátri­
co, psicológico, jurídico.
H ay algunos códigos, que sim plem ente hacen depen­
der la im putabilidad de un factor de tipo psiquiátrico,
como lo es la salud m ental. A sí por ejem plo, el Código
Penal español, establece en su artículo 89 inciso primero,
que están exentos de responsabilidad crim inal, el enaje­
nado y el que se haya en situación de trastorno m ental
transitorio, a no ser que éste haya sido buscado de propó­
sito para delinquir. El Código español utiliza una term i­
nología, para definir la inim putabilidad, netam ente psi­
quiátrica, biológica, no condicionada a un apéndice
psicológico, com o lo hace la fórm ula del artículo 34 del
Código Penal argentino. O tros códigos, tam bién siguen
este sistem a biológico o psiquiátrico puro, y Vicente
Cabello cita com o ejem plo al Código de H onduras, que
hace referencia al im bécil o dem ente, al de Chile que
habla del loco o dem ente; al de Puerto Rico que m enciona
al idiota o al lunático y el de Bolivia, que contem pla al
268 Juan H . Del Popolo

demente. El Código de Chile, dice en su artículo 10 que


están exentos de responsabilidad crim inal, el loco o
demente, salvo que haya obrado en un intervalo lúcido, y
el que por cualquier causa independiente de su voluntad
se halle privado totalm ente de razón. Se hace referencia
al loco o demente, por tanto, se está atendiendo exclusi­
vam ente a la presencia o ausencia de un factor psiquiá­
trico o a un factor biológico.
Hay otros códigos que atienen fundam entalm ente al
funcionam iento de las operaciones psicológicas y su ren­
dimiento, y que no contienen, para señalar la inim puta-
bilidad, un padecim iento de tipo psiquiátrico. Es decir, no
conceptualizan la inim putabilidad desde un parám etro
psiquiátrico. Como dice Cabello, tal es el sistem a que
im pera en Venezuela, que m enciona la enferm edad m en­
tal (Art. 62 Código Penal venezolano) o el de M éxico que
habla de anómalos mentales (Art. 62 Código Penal); o el
de Colombia, que se refiere a trastorno m ental; o el de
Ecuador, a la capacidad de entender y querer; o el de
Panamá, al discernim iento, conciencia y libertad; o el de
Paraguay, al uso de las facultades intelectuales. En estos
códigos, se finca el problem a de la inim putabilidad en
definir si la persona se encuentra en alguna de estas cir­
cunstancias, sin hacer referencia a ningún cuadro p si­
quiátrico*. Vicente Cabello, estim a que el sistem a mixto
de nuestro Código es más ventajoso, porque, si desde el
apartado psiquiátrico se puede dudar la valoración psico­
lógica decide finalm ente si estamos en presencia de un
imputable o de un inimputable. Con esto quiere decir que

Desconocemos si a la fecha los citados códigos han sido modificados.


Psicología judicial 269

si dudam os de hasta dónde afecta la alteración m orbosa


las facultades, con el apéndice psicológico, salim os de
dudas, porque ese estado necesariam ente debe haber
repercutido en la im posibilidad de com prender la crim i­
nalidad del acto, o dirigir sus acciones. Esta situación de
la im putabilidad y de la inim putabilidad, siem pre ha
preocupado en la historia y en la jurisprudencia, a fin de
no castigar a personas que están severam ente lim itadas
en sus facultades m entales.
Platt y D iam ond, m encionan al Talmud Babilónico,
que dispone que un sordom udo, un idiota y un menor,
son torpes para entender, así com o que la persona que los
ha injuriado a ellos es responsable; m ientras que si ellos
injurian a otros, están exentos. En esta obra de hace
m iles de años, se preveía que los idiotas, los sordom udos
y los m enores, no tienen esta capacidad para entender.
También expresan que este concepto estuvo anclado en la
teología. Así se decía que Dios no podía encontrar ju sta ­
mente responsable a un infante, a un idiota, a un lunáti­
co. A partir de este concepto teológico, que es en Inglate­
rra anterior a Enrique I, se llegó desde el punto de vista
del derecho, a considerar injusto sancionar a una perso­
na que atravesara por este tipo de situaciones y por estos
estados. En alguna época debem os recordar que, sin
embargo, se sancionó a estas personas al igual que a los
«normales», pero desde la teología, se fue ampliando esta
situación al campo de lo secular, que ya había sido tom a­
do tam bién por la ley griega y rom ana. En estas leyes se
decía que los niños por debajo de la edad de 7 años eran
considerados incapaces de dolo, pues no poseían suficien­
te discreción o inteligencia para discernir entre lo acerta-
27 0 Juan H. Del Popolo

do y lo equivocado. En la base existía un soporte antropo­


lógico y filosófico para la adopción de estas fórm ulas. Se
parte del hecho de que quien com prende la crim inalidad'
del acto, puede dirigir sus acciones y presenta un estado
de salud mental, (si no es menor) debe ser responsable de
sus actos. Esto está anclado en una visión antropológica
que presupone la libertad de elección del ser hum ano y el
hecho de ser responsable de sus acciones.
Estos constructos son derivados de nuestra estructu­
ra social y cultural. El perito parte de este constructo y lo
que puede hacer es ver si puede ayudar o no a establecer
si realm ente hubo una alteración m orbosa, una insufi­
ciencia, un estado de inconciencia, y cuál fue su efecto.
En otros países, se han usado distintas reglas para
determ inar si una persona es im putable o no. Así v. gr.
en EE.ÜU. im peró en determ inada época la regla que se
llam a M ’Naghten, que fue establecida en 1843 por los
juzgados británicos. Según ella, un hom bre no es culpa­
ble si ha actuado bajo los efectos de una ienferm edad
mental, de form a tal que no fuera conciente de la natura­
leza, calidad y consecuencia de su acto, o fuera incapaz
de advertir que su acto era nocivo. Adem ás y conform e
expresa Kaplan, para absolver a una persona de castigo,
un delirio tiene que ser tal que si fuera verdadero sería
una defensa adecuada. Si la idea delirante no justifica el
delito, según este autor presum iblem ente el hom bre es
responsable, culpable y castigable. Esta regla M ’N agh­
ten, se conoce com o la prueba del bien y del mal, y deriva
del caso M ’N aghten (1843). En esa fecha, este hom bre
había padecido de delirios de persecución. A sí las cosas,
actuó la situación delirante y cuando un tal Drum ond
Psicología judicial 271

salía de la casa de Pili, M ’N aghten le disparó confundién­


dolo con Pili. Fue declarado enajenado m ental y encerra­
do en un hospital. A raíz de este caso, surgió la regla de
que: para establecer una defensa sobre la base de enaje­
nación m ental, debe probarse claram ente que en el
mom ento de com eter el acto, la parte acusada obró bajo
el influjo de un trastorno de la razón y enferm edad m en­
tal y no conocía la naturaleza o cualidad del acto que rea­
lizaba, y si lo conocía, no sabía que lo que estaba hacien­
do estaba mal; y adem ás cuando una persona obra bajo
un delirio parcial sólo, y no está loco por otras razones, y
debido a su estado com ete un delito, debe ser considerado
en la m ism a situación en cuanto a la responsabilidad
como si los hechos con respecto a los cuales existe el deli­
to fuera real. Com o dice K aplan, lo que pregunta esta
regla es si el defendido entendía la naturaleza o la cuali­
dad del acto y si conocía la diferencia entre el bien y el
mal respecto de la conducta que estaba desarrollando. En
1922, se la reexam ina en Inglaterra y surgió tam bién la
am pliación del concepto de trastorno m ental para los
casos de im pulso irresistible. Esta ley se ha llam ado
como la ley «del policía m uy cerca». Se concede la atenua­
ción por im pulso irresistible sólo si se establece que el
im putado hubiese llevado a cabo su acto aunque hubiese
tenido un policía al lado de él (Kaplan). Adem ás la regla
Durkham , establecida en 1954 en EE.UU. por el ju ez
David Bazelon, establece que un acusado no es crim inal­
m ente responsable si su acto es contrario a la ley y fue
producto de enferm edad o defecto mental.
Han habido m uchos problem as para identificar qué es
producto de una enferm edad m ental, qué no lo es, y tam -
272 Juan H. Del Popolo

bien para interpretar los términos enferm edad y defecto.


Posteriorm ente en 1972, el tribunal de apelaciones del
distrito de Columbia, en el caso Brawner (incluido el ju ez
Bazelon en este tribunal), decidió abandonar la regla
Durkham y adoptar en su lugar la prueba recom endada
en 1962 por el instituto de derecho am ericano en su
Código Penal m odelo, que es la ley de los tribunales fede­
rales en la actualidad en los EE.UU. En este Código
Penal m odelo, el instituto de derecho am ericano reco­
mendó la siguiente prueba .de la responsabilidad m ental:
una persona no es responsable de su conducta criminal si
en el m om ento de realizar esta conducta debido a una
enferm edad o defecto m ental carece de capacidad para
apreciar la crim inalidad, la m aldad, o para conform ar su
accionar, a la exigencia de la ley. Los términos enferm e­
dad o defecto m ental, no incluyen una anomalía m anifes­
tada sólo por conductas crim inales o antisociales, o de
otro tipo, de carácter reiterado (ver al respecto Kaplan,
op. cit.).
La Asociación Am ericana de Psiquiatría de los Esta­
dos Unidos, ha intentado limitar el concepto de enferm e­
dad de la regla anterior, solamente a las enfermedades
gravemente anormales. Después del caso Hinckley, la ten­
tativa de hom icidio frustrada a Ronald Reagan, se ha
intentado lim itar la evidencia de la enfermedad mental al
conocimiento, para apreciar la criminalidad del acto, pero
no para el control, propiam ente dicho de la conducta.
Hemos visto que en el Código Penal argentino, en el
Art. 34, para apreciar la im putabilidad o la inim putabi-
lidad de un sujeto y para proporcionar elementos de valía
para el ju ez en torno a esta situación, atendem os al
Psicología judicial 273

mom ento del hecho. Pero hay una situación que debemos
considerar:
¿Qué pasa con un sujeto que se em briaga o tom a dro­
gas preordenadam ente para com eter un delito?
En este caso, al m om ento de com eterlo, está en un
estado de conciencia que no le permite com prender la cri­
m inalidad del acto o dirigir sus acciones. En este caso:
¿Lo vamos a considerar inim putable, cuando volunta­
riam ente se ha colocado bajo tal estado para darse ani­
mo, para m atar o para com eter un delito?
Veamos distintas situaciones.
Si un sujeto se coloca en un estado de inim putabili-
dad, tom ando una bebida alcohólica, para darse ánimos
para matar, tenem os lo que se llam a ebriedad preordena­
da para com eter el delito. En este caso ha de responder
por la figura dolosa, es decir si com etió un hom icidio,
como el autor del hom icidio, porque usó la bebida como
un instrum ento, (com o un m edio) y en el m om ento de
entregarse librem ente al acto estaba decidido y preorde­
nado y determ inado a matar. Luego, ha de responder por
la figura del hom icidio com o cualquier otro autor.
Puede ser que al m om ento de colocarse en ese estado
de inim putabilidad, simplem ente no se propuso matar,
sino que aceptó con indiferencia que se produjese ese
resultado. Por ejem plo, al momento de emborracharse,
sabiendo que le hacía m al el tóxico, pensó: si mato o no
mato que importa, me da igual. A quí estamos ante la figu­
ra del dolo eventual. Se representa el resultado probable
de la muerte y con indiferencia asiente en la producción
del mismo. En este caso nos vamos a fijar en cuál fue el
contenido subjetivo, el contenido psíquico en ese momento
27 4 Juan H. Del Popolo

previo. Y como ha sido, precisam ente, un contenido del


tipo de lo que se llam a en derecho «dolo eventual», esta
persona ha de responder por dolo. De la m ism a manera,
ha de verse cuál es el estado m ental en el m om ento de
entregarse librem ente al acto que produce al estado de
inconsciencia, para determinar cual será la responsabili­
dad desde el punto de vista de la culpabilidad. No se exa­
mina el momento del hecho, sino su momento previo.
También hay situaciones especiales de la «actio libera
in causa», con respecto a la negligencia, a la im prudencia
y a otras figuras.
Exam inarem os a continuación la institución de la
inim putabilidad disminuida. Hay sujetos en los que uno
no puede decir que están francamente en un estado de
inim putabilidad, como lo hem os visto; pero que tampoco
son plenamente imputables. Son las conocidas zonas gri­
ses. Esto es una realidad que de hecho existe y que no esta
considerada como tal, como inim putabilidad disminuida,
en el Código argentino. Si, por ejemplo, la preveía el pro­
yecto Soler en el año 1960, que hablaba de la inim putabi­
lidad disminuida, haciendo referencia a los casos de insu­
ficiencia de las facultades, alteraciones m orbosas, o
perturbaciones de la consciencia, en las que se halla grave­
mente disminuida en el momento del hecho la capacidad
de la gente para comprender la criminalidad del acto diri­
gir sus acciones, y le aplicaba una pena atenuada.
Esta es una institución que no está expresam ente
legislada.
Para graduar las penas corresponderá hacer aplica­
ción de las previsiones de los artículos 40 y 41 del Código
Penal.
Psicología judicial 275

Estos casos podrán ser considerados al m om ento de


graduar la pena, teniendo en cuenta lo que allí se esta­
blece.
El artículo 40 dispone que en las penas divisibles por
razón de tiem po o de cantidad, los tribunales fijarán la
condensación de acuerdo con las circunstancias atenuan­
tes o agravantes particulares a cada caso y de conform i­
dad a las reglas del artículo 41.
Este últim o dispone que a los efectos de artículo 40 se
tendrá en cuenta:
í ) La naturaleza de la acción y de los medios em plea­
dos para ejecutarla y la extensión del daño y del peligro
causados;
2) la edad, la educación, las costum bres y la conducta
precedente del sujeto, la calidad de los m otivos que lo lle­
varon a delinquir, especialm ente la m iseria y dificultad
para ganarse el sustento propio y necesario y de los
suyos, la participación que haya tom ado en el hecho, las
reincidencias en las que hubiera incurrido y los demás
antecedentes y condiciones personales, así como los vín­
culos personales la calidad de las personas, la circuns­
tancia de tiem po, lugar y m odo y ocasión que demuestre
su m ayor o m enor peligrosidad. Estos parám etros nos
perm iten, en cierta form a, tener en cuenta los casos de
personas im putábles que tienen por su constitución psí­
quica una posibilidad m enor de com prender la crim inali­
dad del acto o dirigir sus acciones, aún cuando sean
im putables a quienes se le puede fijar una pena atenua­
da.
H ay Códigos que expresam ente contem plan estas
situaciones de im putabilidad dism inuida con una penali-
276 Juan H. Del Popolo

dad atenuada. Se ha hablado de los sem ialienados, tam ­


bién para referirse a la situación de personas que no tie- /
nen la plena capacidad, pero que tam poco son absoluta­
m ente incapaces.
La institución de la capacidad disminuida, sin em bar­
go, ha sido m uy discutida por los que sostienen que se es
im putable o no se es imputable.
Analizarem os más en detalle, lo que significa com ­
prender la crim inalidad del acto y dirigir sus acciones.
D irigir las acciones, hace referencia a la posibilidad o
im posibilidad que tienen determ inados enfermos de
poder dirigir lo que hacen. Por ejemplo, en los neuróticos
obsesivos esta de tal manera instrum entada la im pulsión
que les resulta m uy difícil poder abstenerse de hacer lo
que realizan. En estos casos en los que no hay posibili­
dad de dirigir las acciones a partir de un yo, se da esta
condición que transform a al sujeto en inim putable, siem ­
pre y cuando se den las restantes. En cuanto a com pren­
der la crim inalidad del acto Soler indica que por esta
expresión se debe entender la com prensión en un sentido
práctico y empírico, con relación a la vida cotidiana, en la
que se sabe cual es el sentido de hacer lo que se quiere y
se com prende lo que se hace.
Otros autores difieren en cuanto al significado de
com prender la crim inalidad del acto. Así, para Justo Laje
Anaya, 1985 com prender la crim inalidad del acto es
saber o dudar, en síntesis, que lo que librem ente se quie­
re es malo.
Ricardo Nuñez, entiende que com prender la crim ina­
lidad del acto se refiere a la posibilidad del autor de
saber lo que hace y com prender el significado social de
Psicología judicial 277

ello. Y como consecuencia, se habla del carácter antiso­


cial del acto.
Para Caballero, la com prensión de la criminalidad del
acto significa, que el sujeto sabe que es un hecho antiso­
cial y que es perjudicial para el prójim o, que el hecho le
va a ocasionar al otro un trastorno en sus derechos o en
sus bienes. Dice también que com prender la criminalidad
del hecho no es conocer que está sancionado, ni que es
antijurídico, ni que está prohibido.
Para Spolanski (1976) com prender la crim inalidad
del acto, presupone el conocim iento de la existencia de
una norm a que prohíbe el acto bajo amenaza de pena en
la esfera del profano, pero tam bién requiere una actitud
valorativa, por la cual el autor sienta que lo que ejecuta
es un acto disvalioso.
En esto, como hem os visto, hay discrepancias en doc­
trina. Interesa en todo caso, desde el punto de vista peri­
cial, ayudar a establecer desde la óptica de las capacida­
des psicológicas, si la persona pudo dirigir las acciones y
si pudo com prender realm ente el acto que hacía y hasta
que punto.
Hemos señalado sim plem ente algunas pautas que nos
van a ayudar en el discernim iento del caso desde el enfo­
que pericial, proporcionando elem entos al juez, para que
éste pueda establecer si un individuo es im putable o
inim putable*.
En la m edida que no exista una adecuación al orde­
nam iento jurídico, por lo m enos en hechos que son grose-

* E n otros tomos de esta obra ampliaremos estas situaciones bási­


cas en relación a cada uno de los cuadros de la serie psícopatológicas.
278 Juan H. Del Pópolo

ram ente repudiados por el contexto social, hay un juicio


de reproche. De este juicio de reproche, escapa quien no,,
puede entender esto por sus incapacidades m entales, o
en el caso de que aún entendiéndolo, no pueda hacer otra
cosa. En estos casos no se hace tal ju icio de reproche y
por lo tanto tam poco se aplica una pena. En definitiva la
sociedad instaura a través de la cultura y del derecho, un
m ecanism o de adaptación para el cum plim iento de las
normas y prevé quien ha de estar exento de reproche y
de pena.
Desde la psicología forense podem os estudiar estos
m ecanismo de adaptación, cómo funcionan, por qué fun­
cionan, la m otivación de esos controles, y la posibilidad
de otros m ecanism os de adaptación. Todas éstas son
situaciones que podem os estudiar mas allá de la imputa-
bilidad y que podemos referir al m anejo de la agresión en
la cultura y de la necesidad de coptrol desde la perspec­
tiva social.
Con respecto a las técnicas psicológicas específicas de
evaluación, de las capacidades psicológicas en juego en
las pericias —para que luego el ju ez evalúe la inim putabi-
lidad—, en ciertos países se utilizan guías para entrevis­
tas (ej: Técnica de Rogers, o Fitness Interview Test
(F.I.T.) o test de conclusión de Granes (ej: Com petence
Screening Test). Estas técnicas no se han traducido al
castellano ni se han adaptado suficientem ente a pobla­
ciones hispanas.
La escala de Rogers (Rogers Crim inal Responsability
Assesment Scales: R.C.R.A.S.), estructuras diversas varia­
bles cuantificables para evaluar insania desde el concepto
legal a través de 23 variables psicológicas agrupadas en 5
Psicología judicial 279

áreas: confiabilidad del reporte, organicidad, psicopatolo-


gía y control cognitivo y conductual (Rogers, 1981).
Cada una de las variables psicológicas fue configura­
da con criterios altam ente específicos en cuanto a presen­
cia y severidad de la sintom atología (Rogers, 1981).
También se estableció un m odelo jerárquico para la
toma de decisiones, en base a los standarts de insania
tomados por el Am erican Law Institute (A.L.I.)*
Se utilizan el y el 16 P.F., WAIS, y otras téc­
nicas generales com o Bender, gráficas, etc.
En general se consideran inim putables: idiotas, im bé­
ciles, esquizofrénicos en brote, psicóticos m aníaco-depre­
sivos en acceso m aníaco o depresivo, dem entes, dem en­
cias traum áticas, psicosis paranoica. Pero en realidad,
cada caso debe ser exam inado individualmente.
Desde la perspectiva pericial im porta analizar cuida­
dosam ente los factores de contexto m ínim o (que han
estado presentes al m om ento del hecho) medios (contexto
familar, educacional, laboral, del acusado) y m áxim o
(situaiones sociales en las que está inm erso).

Psicogénesis y semiología delictiva

Bien indica E m anuel Ham mer, que en todo acto,


expresión o respuesta de un individuo, como tam bién en

* Regla A .L .I. (1961): “U na persona no es responsable de su con­


ducta criminal al m om ento de tal conducta, como resultado de una
enfermedad o defecto m ental, carecía de capacidad sustancial para
apreciar la criminalidad de su conducta o para conformar su conducta
o los requirimentos de la ley”.
280 Juan H. Del Popolo

sus gestos, percepciones, sentimientos, elecciones, verba-


lizaciones o actos m otores queda «marcada» la im pronta
de su personalidad. A sí como en las técnicas gráficas el
dibujo expresa la psiquis de esa persona, tam bién en los
hechos com etidos adquieren expresión, factores de tipo
psicológicos presentes en esa persona.
Por la expresión “sem iología” se entiende el estudio
de los síntomas de las enfermedades desde un punto de
vista pronóstico y diagnóstico. Se considera que es sinó­
nimo de la expresión semiótica. DasdeJajnerspectiva des-----
d eT aqu e estamos^trabajando, se trata fundam entalm en­
te de indagar en el m ism o hecho delictivo, cuáles son las
características o notas propias.
Se trata de establecer, si es posible, algún tipo de
correlación entre esa form a o factura del delito y las
características de personalidad de su autor. Es obvio que
no existe una relación «uno a uno»; pero partiendo de lo
que decía Hammer, siem pre algunos rasgos de esa perso­
nalidad, algunas características de esa psiquis van a que­
dar impresas en la form a de y en la factura en que se ha
cometido ese hecho delictivo.
Constituirá un objeto de indagación, establecer las
correlaciones que pudieran existir entre la form a de pre­
sentación el hecho y las características de personalidad
de su autor.
Así, el crimen de un psicótico se puede caracterizar
por su frialdad, por sus características bizarras, porque
el hecho resulta incom prensible desde el observador
común.
Esta incom prensibilidad está en función de que, des­
de el punto de vista del observador externo, no se alean-
Psicología judicial 281

za a com prender o vislum brar el m otivo del hecho delic­


tivo. Pero, sin em bargo, este m otivo desde lo intrapsíqui-
co, resulta com prensible. Puede el hecho haber acaecido
bajo el m andato im perativo del delirio, de una alucina­
ción, etc.
Estas características que nos m uestra el hecho, el ser
frío, absurdo, aparentem ente inm otivado, irrazonable,
bizarro, incoherente, guardan una correlación con la per­
sonalidad del autor. En el resto de sus actos, precede
------- tam bién sin una—m otivación—coherente c o n -la —de—los
observadores, desde la óptica m edia del sentido común.
En el oligofrénico, los hechos delictivos se carac­
terizan por su ingenuidad, puerilidad, bajo nivel de pla­
neam iento, por su pobreza en cuanto a preparación o
anticipación. Esta pobreza queda reflejada en el hecho
delictivo.
En los epilépticos, tam bién se suele establecer una
relación entre las características de perseveración y
adherencia de su personalidad, y algunos hechos delicti­
vos que se explican, o por lo menos se com prenden mejor,
a partir del estudio de una personalidad epiléptica.
Estas correlaciones son muy ciertas en otros ámbitos
como por ejem plo en el literario. La obra Dostoyevsky,
«Crim en y castigo», refleja las características de la
personalidad de su autor, de tipo epiléptico. Ha quedado
allí plasmadas las características de adherencia, perseve­
ración.
A sim ism o en los pintores se observa esta situación.
Según sus períodos, tienen etapas donde prim an deter­
m inadas form as o colores y hasta es posible, para el
observador experto, reconocerlas y diferenciarlas de
282 Juan H . D el Popolo

otros pintores, porque estos rasgos han quedado plasm a­


dos en su obra.
D entro de las posibilidades periciales está la de esta­
blecer algunos nexos entre la sem iología del delito y su
psicogénesis.
Este térm ino psicogénesis, ha sido entendido como
sinónim o de crim inogénesis o de.% delitogénesis.
La p sicogénesis no es sólo lá m otivación. Ésta es
sólo uno de los factores psicológicos que puede conside­
rarse en el hecho delictivo. Pueden plasm arse otros ras­
gos de conducta que se expresan a través de la situ a­
ción delictiva. N o sólo la m otivación puede quedar
im presa en la conform ación del delito, sino tam bién los
rasgos de ese individuo, sus defensas, ansiedades, esti­
los, m ecanism os com unicacionales, las características
de su yo, etc...
Psicogénesis, no es para nosotros el estudio y poste­
rior diagnóstico «del m ecanism o psíquico» — como lo es
para Bonet— en virtud del cual se comete un delito. Hay
m últiples expresiones de ese aparato psíquico que pu e­
den quedar plasmados en el hecho delictivo.
Hay una com plejidad de factores con interrelaciones
específicas entre cada uno de ellos.
El térm ino «m ecanism o», da idea de una secuencia.
En realidad no se trata de una secuencia, sino de un
conjunto de rasgos, de fenóm enos que pueden quedar
im presos com o una huella en esa form a de com eter el
hecho.
N o hacem os solo referencia a la m anera, o a los
pasos, o al m ecanism o propio del delito, cuando estudia­
mos este concepto de psicogénesis, sino a la plasm ación
Psicología judicial 283

desde la vertiente psicológica (por eso psicogénesis) de


esos factores en la factura del hecho delictivo.
En el caso de los asesinos en serie (Serial Killers) el
análisis de la psicogénesis y sem iología delictiva adquie­
re capital importancia. Norm alm ente, en distintos delitos
realizados por la m ism a persona, se advierte un patrón
de conducta común; (así D ouglas, Ressler, Burguess, y
Hartm an, 1986). El F.B.I. ha desarrollado al respecto
importantes investigaciones.
Para estudiar la sem iología delictiva debe analizarse
m inuciosam ente el acto delictivo: com ienzo, progresión,
lugar y tiem po en el que tuvo lugar, conductas del autor
en interacción con la víctim a y terceros grados de organi­
zación o desorganización de la conducta, uso de armas,
características de la víctim a, secuencias de conducta víc­
tima, victim ario en form a detallada, etc.
En general, se distingue entre criminales organizados
y desorganizados, y presentan cada uno sus propios per­
files. También se han investigado perfiles de hom icidas,
violadores, pirom aníacos, exhibicionistas, hom icidas en
el grupo familiar, etc.

I n t e r n a c io n e s y e x t e r n a c io n e s

Con respecto a las internaciones, podem os reconocer


al m enos dos situaciones diferentes; una es la interna­
ción voluntaria, con consentim iento del paciente para
someterse a determ inado tratam iento m édico o quirúrgi­
co o por enferm edad m ental. La otra, es la forzada o
284 Juan H. Del Popolo

involuntaria, en la que el individuo es internado sin su


consentimiento.
Muchas veces el perito debe intervenir con su opinión
experta, a raíz de internaciones o eventualm ente para
proceder a externar a un enfermo. Es necesario tener
algún conocimiento de las normas que regulan las inter­
naciones y qué es lo que se busca, desde el campo jurídico.
El magistrado, en este tema, es asesorado por la opi­
nión del perito, quien se supone es experto en temas de
— salud mental. r-
La opinión pericial en m ateria de internaciones y
externaciones, no se debe m ovilizar por factores coyuntu-
rales, como tom ar la decisión de externar en función del
núm ero de camas disponibles, o por la im posibilidad de
m odificar los rasgos del paciente, o por las perturbaciones
que éste ocasiona al resto de los enfermos. Estos factores
pueden ser reales, pero no suficientes para externar.
En ocaciones se m antiene la internación, no tanto por
las características del caso, sino por la posibilidad de que
el sujeto vuelva a com eter un acto delictivo y se vea en
juego la responsabilidad profesional del perito.
Cabe señalar que estos pronósticos de reincidencia
son m uy relativos. En m uchos estudios científicos, se ha
visto que no hay un basam ento realm ente serio para
definir con exactitud, la posibilidad de que una persona
vuelva a com eter algún acto delictivo, sea o no enfermo
mental. *

* Las falsas predicciones de peligrosidad o violencia alcanzan


desde el 54% al 99% de los casos, según Monahan, en “The preventio
of violence”, en “Comunity m ental health and the Criminal Justice
System ”, New York, Pergamon Press, 1975.
Psicología judicial 285

Debem os señalar que en num erosas oportunidades


los derechos del enferm o m ental —-especialmente del hos­
pitalizado— resultan claram ente conculcados por la posi­
ción de vulnerabilidad en que se encuentra. D iversas
organizaciones internacionales se han ocupado de su
situación. Tal es el caso de la Organización M undial de la
Salud, Consejo de Europa, O.E.A. y m uchas organizacio­
nes no gubernam entales.

Principales normas que regulan


la internación de enfermos
mentales en el ámbito argentino

El art. 34 inciso prim ero, segundo párrafo dispone lo


siguiente:

«En caso de enajenación, el tribunal podrá orde­


nar la reclusión del agente en un m anicom io del que
no saldrá sino por resolución judicial, con audiencia
del m inisterio público y previo dictam en de peritos
que declaren desaparecido el peligro de que el enfer­
mo se dañe a si m ism o o a los demás».

No se trata en este caso una pena, sino de na «medida


de seguridad». Las penas se aplican a los im putables;
«las medidas de seguridad», en función de un hecho delic­
tivo ya cometido, se aplican a los inim putables.
Para ordenar esta internación, desde el punto de vis­
ta penal, es necesario que exista la com isión de un hecho
286 Juan H . Del Popolo

delictivo por parte del sujeto. No se prevé la internación,


sólo por la presunción de que un individuo sea peligroso.
Tiene que haber com etido un hecho delictivo primero, y
tiene que existir la posibilidad de que el enfermo se dañe
a si mismo y a los demás. Esto nos esta significando que
es una m edida en función de la protección ese enfermo y
de quienes lo rodean.
Para disponer la cesación de esa m edida de seguri­
dad, debe haber desaparecido el peligro de que el enfer­
mo se dañe a si mismo y a los demás. Adviértase que no
es necesario, para disponer la externación de una perso­
na internada en razón del art. 34 del Código Penal, que
el enferm o se haya «curado». Sim plem ente debe haber
desaparecido tal peligro. Puede tam bién el paciente con­
tinuar su tratamiento en consultorio ambulatorio o exter­
no. Esta externación se produce con audiencia del M inis­
terio Público y con el dictam en de peritos. Luego de este
dictam en, se dicta la resolución ju d icial haciendo o no
lugar a la externación.
También se tom a en cuenta la opinión de los médicos
tratantes que m antienen al enferm o internado. Esta
m edida de seguridad, a diferencia de las penas, tiene una
duración indeterm inada en el tiem po porque su cesación
depende de que realm ente desaparezca la posibilidad del
peligro mencionado.
Cuando la ley hace referencia a que desaparezca el
peligro de que el enferm o se dañe a si m ism o o a los
demás, el daño que se tom a ,en cuenta no es necesaria­
mente la com isión de otro delito, puede ser tam bién cual­
quier perjuicio apreciable. Dice Nuñez, «es el que el pue­
da causarse en su persona o bienes u ocasionar a la
Psicología judicial 287

persona o bienes de terceros», ya que la m edida atiende


a la seguridad personal y a la general.
Algunos fallos han establecido que para que proceda el
egreso del alienado, es necesario que se haya producido
una total y absoluta desaparición del peligro que determ i­
nó la internación, no siendo suficiente a ese efecto el
informe médico que dice «se encuentra en condiciones de
ser dada de alta siem pre que una persona de responsabi­
lidad se encargue de su cuidado y vigilancia». (Así el fallo
de la Cámara Crim inal de la Capital, del 29 de octubre de
1948 publicado en el tom o 54 de «La Ley», en la página
239). En este fallo se exige algo que no puede consignarse
en muchos casos, y es la total y absoluta desaparición de
las posibilidades de peligro. Esto es pretender demasiado.
Aún en relación a una persona sana es im posible afirmar
que en el m om ento siguiente no podrá dañarse a si misma
o a terceros. Fijar tal exigencia como se ha dicho, es poner
una condición im posible, (ver Laje Anaya; Justo; op. cit.).
Esta tesis en form a racional no puede prosperar. En
todo caso habrá que ver si razonablem ente en el diagnós­
tico actual, han desaparecido las condiciones que hacen a
alguien peligroso. Pero no es posible transportar esto
para el futuro en form a indeterm inada, en form a absolu­
ta, total y sin reservas. Decía un destacado tratadista del
derecho penal llam ado Luis Jim énez de A súa que, en
modo definitivo y a priori, «ni los juristas, ni los psiquia­
tras, ni los pedagogos, nadie en suma, es capaz de form u­
lar un juicio absoluto, cierto sobre la tem ibilidad del
hombre».
Lo que puede proporcionar la psicología o la psiquia­
tría en estos casos, es un diagnóstico en relación al
288 Juan H. Del Popolo

momento actual. H ay quienes sostienen que no es posible


que exista un período de prueba, una liberación condicio­
nada del enferm o m ental, porque de la m ism a ley se des­
prendería que esta liberación en el Art. 34 es absoluta­
m ente definitiva y debe darse cuando ha desaparecido el
peligro de que el enferm o se dañe a si m ism o o a los
demás. Han sostenido importantes autores, que la libera­
ción condicional no procede, porque corresponde que la
observación se haga en el m ism o establecim iento del
enfermo. Sin em bargo, sería deseable que en este punto
se reform ara la legislación, perm itiendo el egreso de los
pacientes a prueba para poder evaluar más concretam en­
te su adaptación al medio.
En muchos casos no es conveniente que una persona
pase directam ente de un régim en de internación, a uno
de total libertad e instalación en la sociedad. Vicente
Cabello, sugiere la creación de un patronato de aliena­
dos, a cuyo cuidado y vigilancia debiera someterse el libe­
rado. Esta m edida vendría a cubrir la necesidad de una
progresiva readaptación social, dentro de un régim en
interm edio entre la internación absoluta y el alta defini­
tiva. Es necesaria una zona de transición entre ambas
situaciones.
Vicente Cabello propone una fórm ula de cinco ele­
m entos para evaluar la posibilidad de externación.
1) Personalidad del enfermo: primero se tiene que ver
y estudiar la personalidad en función de la peligrosidad.
2) N aturaleza y carácter de la enferm edad m ental
que padece.
3) M om ento evolutivo de la afección, no es lo mismo
un esquizofrénico en periodo de defecto que en brote.
Psicología judicial 289

4) La gravedad del delito cometido.


5) Las condiciones (que el autor llam a) m esológicas,
las condiciones que existen en el am biente al cual debe
restituirse el presunto insano, que pueden ser adversas,
favorables o neutras.
El tercer párrafo del Art.34 del Código Penal estable­
ce que en los demás casos en que se absolviere a un pro­
cesado por las causales del presente inciso (se refiere al
34, párrafo uno) el Tribunal ordenará la reclusión del
mismo en un establecim iento adecuado, hasta que se
com pruebe la desaparición de las condiciones que lo
hicieron peligroso.
Este párrafo se aplica a todos aquellos casos de enfer­
mos no enajenados. Se requiere para internar en este
establecimiento adecuado (que ya no es un manicomio), la
presencia de condiciones que hagan «peligroso» a la perso­
na. La m edida va a cesar cuando éstas desaparezcan.
Para la externación, en este últim o supuesto, la ley
no requiere el previo dictam en de peritos y audiencia del
M inisterio Público. La duración de la m edida es indeter­
m inada y cesa ya, cuando desaparecen las condiciones
que hacen peligroso al enfermo.
No hay acuerdo con respecto a cuales son las situacio­
nes que la ley prevé en este párrafo tercero. Para Nuñez,
son los casos que derivan de la inconsciencia (por ejem ­
plo, la inconsciencia ebriosa), y para Jim énez de Asúa, no
sólo son los casos de inconsciencia sino tam bién los de
insuficiencia de las facultades (por ejem plo, las oligofre­
nias). Nuñez rechaza este últim o criterio diciendo que la
insuficiencia de las facultades ingresan en el prim er
supuesto, en el caso de enajenación. Estim a que los pre-
290 Juan H. Del Popolo

cedentes legislativos dem uestran que la expresión «ena­


jenación», se refiere a todos los casos de enferm edad
m ental previstos por el apartado uno de la norm a*.
La gran m ayoría de los autores está de acuerdo en
que en este tercer párrafo, la ley no hace referencia a los
casos de error o ignorancia de hecho, no im putables que
se prevé en el párrafo uno del A rt. 34.
En general, se entiende que la obligatoriedad de la
internación está supeditada al hecho de que el agente
presente condiciones que lo hacen peligroso. Para eva­
luar esto se requerirá la ayuda pericial.
El problem a de esta norma y de otras que regulan las
internaciones, reside en que las mismas suelen extender­
se por largo tiem po; a veces mas allá de las necesidades
del paciente. Por otra parte, estas reclusiones pueden
ocasionarles graves prejuicios, com o los derivados del
hospitalism o.
El perito deberá establecer el diagnóstico en el
m om ento actual del paciente, si se trata de un enajena­
do, un neurótico, un psicótico, etc., y adem ás deberá ayu­
dar a estimar, desde el punto de vista de las capacidades
psicológicas de esa persona, si existe el peligro de que ese
enferm o se dañe a sí ó a los demás. Si duda, debe así
expresarlo, pues en definitiva el que tiene que resolver la
situación es el juez.
Por ejem plo, entre las personas que ofrecen peligros
de daño hacia los dem ás, por lo general se encuentran los
pacientes que padecen trastorños celotípicos, paranoicos,
esquizofrenias paranoides. Revierten peligro para si mis-

* A l respecto véase Laje A naya, Justo, op. cit.


Psicología judicial 291

mos los depresivos ansiosos y m elancólicos (por la posibi­


lidad de suicidio y de suicidio ampliado). En general, hay
suficiente evidencia de que la predicción de peligrosidad
dista bastante de ser un juicio objetivo y está interferido
muchas veces por factores subjetivos.
Quizás sea interesante considerar los factores de peli­
grosidad ya m encionados para la pericia psicológica,
como elementos para aproxim arnos en torno al diagnós­
tico actual de la peligrosidad, que siem pre es bastante
incierto y no debe ser form ulado con términos absolutos
y ni asertivos, por no perm itirlo el estado actual de las
ciencias.
Recordem os que en el ámbito de los tratam ientos psi­
cológicos, el profesional tiene el deber de com portarse con
cuidado y diligencia ante el paciente con riesgo suicida.
Ello involucra que no debe ser negligente en la conside­
ración o evaluación del mismo. D ebidam ente evaluado,
debe adoptar la m edida adecuada que puede incluir la
conducta de suscitar una internación, incluso involunta­
ria, para resguardar la vida y salud del paciente. El
hecho de no com portarse con la diligencia debida puede
constituir, unido a otros factores, un caso de responsabi­
lidad profesional por m ala práctica.

Código de procedimientos e inimpmtafoilidad

Abordarem os algunas m edidas previstas en el Código


de Procedim ientos de M endoza, que son aplicables a
quien ha com etido un delito y h a sido absuelto, por resul­
tar inim putable.
292 Juan H. Del Popolo

En prim er lugar, dispone el Código Procesal Penal,


que la m edida de seguridad debe ser vigilada por el tri­
bunal que la dictó y que las autoridades del estableci­
m iento o lugar en que se cum pla, inform arán lo que
corresponda en relación a la situación- del paciente. A de­
más, establece el Art. 557, del Código Procesal Penal
que, el tribunal al disponer la, ejecución de una m edida
de seguridad im partida las instrucciones necesarias a la
autoridad o a la persona encargada de ejecutarla, fijará
los plazos y las form as en que se debe inform ar acerca
del estado de la persona som etida a la m edida o sobre
cualquier otra circunstancia de interés.
Estas instrucciones podrán ser variadas en el curso
de la ejecución según sea necesario, dándole noticia al
encargado.
Se establece que cuando el tribunal determine la apli­
cación de la m edida del Art. 34, inciso prim ero, del Códi­
go Penal, ordenará especialmente la observación psiquiá­
trica del sujeto. Y por otra parte, prevé el dictam en de
dos peritos — que ya habíam os mencionados-— en el
inform e técnico oficial del establecim iento en donde la
m edida se cumple.

Incapacidad mental sobrevenida


durante el proceso

Es la del im putado que al m om ento del hecho es


im putable y a quien durante el proceso le sobreviene
alguna incapacidad mental. En este caso, la ley establece
que el ju ez ordenará la suspensión de la causa y la inter-
Psicología judicial 293

nación del im putado en un establecim iento adecuado,


cuyo director le dará cuenta sem estralm ente sobre el
estado del enfermo.
¿Qué efectos tiene esta suspensión por incapacidad
m ental sobreviniente del im putado?
Im pide su interrogatorio y el ju icio contra él, sin
prejuicio de que se averigüe el hecho o se prosiga la cau­
sa contra los coprocesados*. Cuando el im putado se cura,
la causa continúa. Se puede requerir un dictam en peri­
cial a los efectos de determ inar si ha sobrevenido la inca­
pacidad m ental en el procesado.

¿Por qué el derecho procesal suspende el ju icio en


contra del im putado y su interrogatorio?
Porque caso contrario se estaría violando el derecho
de defensa, pues se estaría procediendo en contra de una
persona que no puede defenderse por esa incapacidad
que lo está afectando. La ley se refiere a incapacidad
mental en térm inos genéricos. En este inciso se contem ­
pla una incapacidad procesal, para estar en juicio y para

* Lo mismo sucede en el derecho comparado, v.gr., en Duskey vs.


United States, 362 U .S . 4 0 2 (I9 6 0 ) de la Suprema Corte de los E sta­
dos Unidos, fallo en el que se decidió que incluso no basta para ser
sometido a proceso, que el acusado esté orientado en tiempo y espacio
o que recuerde eventos, sino que también debe poseer la suficinete
capacidad para consultar con su abogado con un razonable grado de
entendimiento racional y debe tener un racional y fáctico entendi­
miento de los procedimientos seguidos contra él. E n la legislación de
Mendoza, consultar A rt. 7 2 , CPP; en el Código Procesal Penal de la
Nación, la situación se legisla en Art. 77; en Córdoba, Art. 74 del CPP
y Ley 8123, Art. 84.
294 Juan H. Del Popolo

defenderse, que se subsana de la form a antes apuntada.


La ley exige que el im putado pueda entender la acusa­
ción que se le form ula para defenderse adecuadam ente/
Debe tener tam bién la capacidad mental suficiente para
colaborar con su abogado en su defensa y declarar. Se
han desarrollado diversos instrum entos para evaluar la
com petencia del acusado para estar en proceso. Entre
dichas técnicas figuran: Test de Com petencia de Lipsitt,
Lelos y Me. Garry (1977), que es una prueba de oraciones
incompletos.
Resulta útil la aplicación de distintas técnicas proyec-
tivas o custionarios de personalidad, con la finalidad de
evaluar su estado mental. La entrevista es esencial, y se
debe indagar en relación a la autopercepción del inculpa­
do y la situación por la que atraviesa, exam inando las
adjudicaciones de rol que hace con respecto a abogados,
jueces, fiscales, etc. Es conveniente la entrevista semies-
tructurada.
En particular, es apropiada la técnica W ais-R para
poder conocer con m ayor profundidad el estado de las
funciones psicológicas de la persona examinada.
Si hay indicadores de déficits neuropsicológicos,
deben usarse técnicas adecuadas para su evaluación.
(Bender, Benton, Luria, W esbrarka, etc.)
Im portará evaluar la capacidad de com prensión, de
los actos propios del proceso. U na persona que no puede
com prender adecuadam ente tam poco puede distinguir
qué inform ación es relévante para su defensa.
Pensam os que la capacidad que la ley procesal
requiere es la capacidad necesaria para defenders^ y
com prender los actos del proceso. Ello haciendo una
Psicología judicial 295

interpretación sistem ática e integral de las normas seña­


ladas. En otras palabras, y ejem plificando, debe tener
capacidad para entender:
— Que está frente a un tribunal de justicia.
—- La acusación que se le form ula, los hechos que se
le atribuyen, y las pruebas en su contra (lo que dicen los
testigos, peritos, etc.).
— El rol de las partes en el proceso.
— Los derechos que le asisten (debe poder ejercerlos).
— Las instrucciones que se le comunican.
— Que se puede com unicar con su abogado, etc.
Con acierto refiere Jorge Clariá Olmedo que la inca­
pacidad de in terven ción del im putado se vin cu la con
condiciones p sicobiológ icas que no le perm itan defen­
derse personalm ente, por carencia del suficiente poder
de entender o de querer, de ejercer sus derechos y
hacer valer sus in tereses ju ríd icos (t. II. pág. 398, op.
cit.)
Incapacidad sobrevenida no es sinónim o de inimputa-
bilidad, ni de enferm edad m ental. La im putabilidad se
refiere al m om ento del hecho y se deben m erituar los
parám etros propios de cada legislación al respecto (en
Argentina Art. 34, inc. Is, Código Penal). Por otra parte
hay enferm edades m entales que no conllevan esta inca­
pacidad procesal sobreviniente.
La decisión final sobre la capacidad o incapacidad es
resorte del juez y no del perito. Este últim o debe poner al
tribunal en conocim iento de sus hallazgos en relación al
inculpado.
Pero cabe preguntarse qué decisión corresponde
tom ar si el im putado no se “cura” : ¿Ha de seguir eterna-
296 Juan H. Del Popolo

mente internado en el caso de los Códigos que prevén tal


medida? (arg. Art. 72, Código Procesal Penal de M endo­
za).
Adviértase que no se trata ni de una persona conde­
nada, ni tan siquiera de un “procesado”, en m uchos siste­
mas procesales.
La Suprem a Corte de los Estados Unidos tuvo oportu­
nidad de expedirse en relación a esta situación en “Jack-
son vs. Indiana” (406 U.S. 715 y ss. 1972).
A llí se dijo que una persona acusada por el estado,
por una ofensa crim inal y confinada solam ente sobre la
base de su incapacidad para proceder al proceso, no
puede ser retenida m ás que en el período de tiem po
razonablem ente necesario, para establecer si hay una
probabilidad sustancial de que logrará la capacidad en
un futuro previsible. Si se determ ina que este no es el
caso, el estado debe institu ir el acostum brado proceso
civil de internación, que podría ser requerido para
internar indefinidam ente a otro ciudadano, o liberar al
acusado.
En el caso de nuestra legislación pensam os que no
puede indefinidam ente quedar sometido a una m edida de
internación, teniendo presente que no ha sido declarado
culpable, y pesa sobre él tan sólo una im putación. Tan
sólo existe un motivo de sospecha de que ha participado
en la com isión del delito. Tampoco parece prudente suje­
tar su situación a la prescripción a otro modo de term i­
nar el proceso.
En el Código de Procedim ientos Penales a nivel nacio­
nal, el Art. 77 sólo prevé la internación si el estado del
incapaz lo tornare peligroso para si o para terceros.
Psicología judicial 297

No sucede lo m ism o con otros códigos (Art. 72 Código


Procesal Penal de M endoza) que ordenan la internación
por el sólo hecho de ser incapaz. En este sentido la legis­
lación nacional es m ás ju sta y avanzada. Si no hay peli­
grosidad, no hay razón para internar. Pero: ¿cuál es el
período de tiem po razonablem ente necesario para m ante­
ner la internación de una persona por incapacidad sobre-
viniente?
A quí se plantea la necesidad de una respuesta legis­
lativa que deberá ser prudencialm ente fijado. Ciertos
autores han sugerido el plazo de 6 meses como razonable.
El im putado no puede indefinidam ente ser privado de su
libertad, tan sólo por una sim ple sospecha de haber
cometido un posible hecho delictivo. A quí debe prim ar el
estado constitucional de inocencia.
N orm alm ente estas “incapacidades” se presentarán
en los casos de psicosis, aunque no se debe identificar
uno y otro término. Conviene indagar en la entrevista, en
torno a la existencia de procesos psicóticos, v. gr.: desór­
denes del pensam iento, trastornos del juicio o de la
com unicación severos, ideas delirantes, alucinaciones,
desórdenes en la orientación en tiempo y espacio, severos
desórdenes afectivos, adecuación de defensas.
Si el individuo es idiota o im bécil no tendrá la capaci­
dad requerida por ley.
En este tipo de evaluaciones se requiere un diagnós­
tico del estado actual.
En el curso de la entrevista, realizada en form a cui­
dadosa, se podrá analizar si la persona tiene la capaci­
dad requerida, más allá de la expresión abstracta de con­
ceptos relacionados con el proceso. Así, por ejem plo,
298 Juan H . Del Popolo

probablem ente no pueda conceptualizar lo que es “la acu­


sación” , pero del conjunto de la entrevista se podrá c o le -'
gir si lo entiende en térm inos concretos.

Ley penitenciaria y enfermedad mental


\ *

Expresa el Art. 116 de la Ley Penitenciaria Nacional


(Decreto, Ley 412/58 que data del año 1958), que el inter­
no que llegare a presentar algunas de las form as de alie­
nación m ental, deberá ser separado del régim en com ún
del establecim iento al cual se reintegrará cuando dicho
estado de alienación hubiese cesado o remitido.
El Art. 117 establece que, podrá ser separado del régi­
men común el interno que padeciere afección mental, que
sin indicar alienación, sea de tal gravedad e índole que
perturbe la tranquilidad de sus iguales, constituyéndose
en prom otor de conductas indisciplinadas. Ello, sin per­
juicio de su atención psiquiátrica especializada, e incluso
de su internación en un hospital psiquiátrico si fuere
m enester para el tratam iento de la enferm edad en cues­
tión.

L e y d e e s tu p e fa c ie n t e s

Enunciarem os algunas m edidas de seguridad que


prevé la Ley de E stupefacientes en su nuevo régim en,
para las personas adictas. Se trata de la Ley 23.737, san­
cionada por el Congreso de la N ación el 21 de setiem bre
de 1989, prom ulgada el 10 de octubre de 1989 y publica-
Psicología judicial 299

da en el Boletín Oficial, el 11 de octubre del m ism o año.


Rige actualm ente en el país, y es im portante destacar
que el legislador ha considerado al adicto com o delin­
cuente. Se rescata de esta ley, a los fines periciales, las
siguientes norm as, a los efectos de tener un conocim iento
básico de estas disposiciones.
El Art. 16 determ ina que cuando el condenado por
cualquier delito (hurto, robo, falsificación), dependiere
física o psíquicam ente de estupefacientes, el ju ez im pon­
drá además de la pena, una m edida de seguridad curati­
va que consistirá en un tratam iento de desintoxicación y
rehabilitación por el tiem po necesario a estos fines, y
cesará por resolución judicial, previo dictamen de peritos
que así lo aconsejen.
Esta m edida es por tiem po indeterm inado. La ley
anterior, (20.771), lim itaba el tratam iento al tiem po de
duración de la pena. O tra norm a im portante es la que
prevé el Art. 17 de la ley 23.737. Cuando se acredita que
la tenencia es para uso personal, una vez que se declara
la culpabilidad del autor, y que el mismo depende física o
psíquicam ente de estupefacientes, el ju ez puede dejar en
suspenso la aplicación de la pena y som eterlo a una
m edida de seguridad curativa por el tiem po necesario
para su'desintoxicación y rehabilitación. E xpresa la ley
que, acreditado su resu ltado satisfactorio, se exim e al
sujeto de la aplicación de la pena. Si transcurridos dos
años de tratam iento, no se ha obtenido un grado acepta­
ble de curación por la falta de colaboración de la persona
sometida a esta m edida, deberá aplicársele la pena y con­
tinuar con la m edida de seguridad por el tiem po necesa­
rio o sólo esta últim a.
300 Juan H . Del Popolo

Se han form ulado num erosas críticas de esta ley. Una


de ellas es que la m edida de seguridad es por tiem po
indeterm inado, circunstancia que puede ser sum am ente
grave para el sujeto sometido a ella. También se critica la
sum isión a tratam ientos coactivos. Estos tratam ientos
«coactivos», la m ayoría de las veces son inútiles por el
m ism o hecho de ser coactiyos.
El Art. 18 de la Ley 23.737 indica, que cuando se
acredite durante el sum ario por sem i-plena prueba, que
la tenencia es para uso. personal, y existen indicios sufi­
cientes a criterio del juez acerca de la responsabilidad del
procesado, y éste dependiere física o psíquicam ente de
estupefacientes, con su consentimiento se le aplicará un
tratam iento curativo por el tiem po necesario para su
desintoxicación y rehabilitación, y se suspenderá el trá­
mite del sumario.
Acreditado su resultado satisfactorio se dictará sobre­
seimiento definitivo. Si transcurridos dos años de trata­
m iento, por falta de cooperación del procesado, no se
obtuvo un grado aceptable de recuperación, se reanudará
el trám ite de la causa y en su caso, podrá aplicársele la
pena y continuar con el tratam iento por el tiem po nece­
sario o m antener sólo la m edida de seguridad. Esta nor­
m a prevé una situación distinta de la del Art. 17. En este
caso todavía no se ha acreditado la culpabilidad del pro­
cesado en la tenencia de estupefacientes para uso perso­
nal y todavía no se le ha aplicado una pena. El individuo
está bajo sumario.
La disposición del Art. 19 tam bién es im portante.
D ispone que la m edida de seguridad que com prende el
tratamiento, desintoxicación y rehabilitación, prevista en
Psicología judicial 301

los A rt 16, 17 y 18 que ya hem os reseñado, se llevara a


cabo en establecim ientos adecuados, que el tribunal
determ ine de una lista de instituciones bajo conducción
profesional reconocidas y evaluadas periódicam ente,
registradas oficialm ente y con autorización de habilita­
ción por la autoridad sanitaria, nacional o provincial,
quien hará conocer m ensualm ente la listas actualizadas
al Poder Judicial y sera difundida en form a pública. El
tratam iento podrá aplicársele preventivam ente al acusa­
do, cuando prestare su consentim iento para ello o cuando
existiere peligro de que se dañe a si m ism o o a los demás.
Estará dirigido por un equipo de técnicos y comprenderá
los aspectos m édicos, psiquiátricos, psicológicos, pedagó­
gicos, crim inológicos y de asistencia social; pudiendo eje­
cutarse en form a am bulatoria, con internación o de for­
m a alternativa según el caso. Cuando el tratam iento se
aplicare al condenado, su ejecución será previa, com pu­
tándose el tiempo de duración de la m ism a para el cum ­
plim iento de la pena. Respecto de.los procesados, el tiem ­
po de tratamiento suspenderá la prescripción de la acción
penal. El servicio penitenciario federal o provincial debe­
rá arbitrar los m edios para disponer en cada unidad de
un lugar donde, de form a separada al resto de los demás
internos, pueda ejecutarse la m edida de seguridad de
rehabilitación de los Art. 16, 17 y 18.
El Art. 20 que dice «para la aplicación de los supues­
tos establecidos en los Art. 16, 17 y 18, el ju ez previo dic­
tam en de peritos» (acá se utiliza la expresión en plural,
por lo tanto se entiende por lo m enos dos peritos), deberá
distinguir entre el delincuente que hace uso indebido de
estupefacientes y el adicto a drogas que ingresa al delito,
302 Juan H. Del Popolo

para que el tratamiento de rehabilitación en ambos casos


sea establecido en función del nivel de patología y,-del
delito com etido, a los efectos de la orientación terapeúti-
ca más adecuada.
El Art. 21 establece «en los casos de la tenencia de
estupefacientes para consum o personal, si el procesado
no depende física o psíquicam ente de estupefacientes por
tratarse de un principiante o experim entador, el juez de
la causa podrá, por única vez, sustituir la pena por una
medida de seguridad educativa en la form a y modo que
judicialm ente se determine. Tal m edida debe com prender
el cum plim iento obligatorio de un program a especializa­
do, relativo al com portam iento responsable frente al uso
y tenencia indebida de estupefacientes que con una dura­
ción m ínim a de tres m eses, la autoridad educativa,
nacional o provincial, im plem entará a los efectos del
m ejor cum plim iento de la ley».
A dviértase, que se prevé una m edida educativa, no
curativa, en la que la persona tiene que asistir a un pro­
gram a especializado de m ínim a duración, (tres m eses),
relativo al com portam iento responsable frente al uso y
tenencia indebida de estupefacientes. La ley continúa
así: «la sustitución por esta m edida educativa, será
com unicada al Registro N acional de Reincidencias y
Estadística crim inal y carcelaria, organism o que lo com u­
nicará solam ente a los tribunales del país con com peten­
cia, para la aplicación de la siguiente ley cuando esto lo
requiriesen. Si concluido el tiem po de tratam iento, este
no hubiere dado resultados satisfactorios por falta de
cooperación del condenado, el tribunal hará cum plir la
pena en la form a fijada en la sentencia». A quí se sustitu-
Psicología judicial 303

ye la pena de la sentencia por esta m edida educativa


para el adicto. Como hem os dicho, la ley ha sido m uy cri­
ticada por estos aspectos de im posición de tratam ientos
coactivos. Otra tendencia propicia que el tratam iento
para los drogadictos se lim ita a aquellos en los que el
propio adicto preste su conform idad en form a fehaciente
o solicite el tratam iento. Por otra parte, en el país nos
enfrentam os con una segunda problem ática, y es que en
muchas partes no hay centros especializados para el tra­
tam iento de adictos y program as de rehabilitación, por lo
que a veces la aplicación de estas m edidas suele ser utó­
pica o bastante ideal por carencia de recursos económicos
para m ontar estos centros especializados.
El mismo hecho de sancionar al drogadicto cuando la
tenencia es para el uso personal, ya de por si ha sido cri­
ticado. Elias Neum an señala que reprim ir al tenedor, al
adicto, enfrentarlo con la férrea m aquinaria policial,
judicial y carcelaria, im plica m ayores angustias y tensio­
nes y a m ayores cantidades de éstas, hay m ayor necesi­
dad de drogas.

Pericia y emoción violenta

También es factible que al perito psicólogo le puedan


ser encom endadas pericias que guarden relación con los
estados de em oción violenta.
Veamos en prim er lugar la prescripción legal para
luego analizar los focos periciales. E l Código Penal
Argentino en su Art. 81, inc. «a», prescribe:
304 Juan H. Del Popolo

, Art. 81: Se im pondrá reclusión de 3 a 6 años o pri­


sión de 1 a 3 años: a) al que m atare a otro, encontrándo­
se en un estado de emoción violenta y que las circunstan­
cias hicieran excusable.
Esta figura penal se aplica para los casos de hom ici­
dios y en el caso de que se tipifique el delito de lesiones
dolosas, sean estas leves (Art. 89 Código Penal), graves
(Art. 90- Código P e n a l)'o gravísim as (Art. 91 Código
Penal), de conform idad a lo prescripto por el Art. 93 del
Código Penal.
En el caso de hom icidio agravado por el parentesco
(Art. 81 inc. I 2, Código Penal) quien mata a su ascendien­
te, descendiente o cónyuge, sabiendo que lo son, si ha
m ediado em oción violenta se aplica una pena atenuada.
Esa pena atenuada es de reclusión o prisión de 10 a 25
años. Si no existe atenuación, la pena es de reclusión o
prisión perpetua.
Como se observa, el hecho de encuadrar la conducta
del procesado en las disposiciones relativas a la emoción
violenta, trae im portantes efectos sobre la pena a aplicar.
La em oción violenta se configura a partir de un par­
ticular estado de la psiquis del autor. Este estado es el
que puede ser evaluado a partir dé la pericia psicológica.
Los datos fácticos serán luego valorados por el juez,
quien en definitiva establecerá si el hecho queda atrapa-*
do en las previsiones de este artículo y si las circunstan­
cias del m ism o resultan suficientes para excusar que el
autor se haya em ocionado en la form a que lo hizo.
El térm ino «em oción violenta», desde lo legal, confor­
me enseña Ricardo N uñez (Tratado de D erecho Penal,
tom o III, p. 75) hace referencia a un éstado de «conmo-
Psicología judicial 305

ción del ánim o», que influye «sobre la posibilidad del


autor de m antener el pleno gobierno de sus frenos inhibi­
torios frente a las incitaciones o la acción hom icida».
A clara este autor que el estado de conm oción del ánimo
sedxaduce en furor, ira, irritación, excitación, dolor, m ie­
do, etc.
' En otros térm inos, ese «huracán psicológico» com o
tam bién se lo ha llam ado, desborda el normal funciona­
miento de las funciones del yo, dism inuyendo las posibi­
lidades de autodom inio pleno.
En casos excepcionales, la alteración puede llevar a
situaciones de inim putabilidad por inconciencia.
Usualm ente será necesaria la pericia psicológica, a
los fines de aportar elem entos de ju icio que ayuden al
m agistrado a establecer si:

a) Existió el referido estado em ocional y su génesis.


b) Su intensidad.
c) Su efecto sobre las funciones psicológicas del proce­
sado.

Se precisa, en consecuencia, de un diagnóstico retros­


pectivo que perm ita colectar elem entos de ju icio para
establecer hipótesis válidas al respecto.
Es dable observar que en num erosos casos el autor de
estos delitos ha recibido una larga serie de estím ulos
stressantes antes de poner en m archa la conducta delic­
tiva. Por énde, el estím ulo que inm ediatam ente precede
al hecho delictivo, visto aisladam ente, no perm ite com ­
prender debidam ente la conducta hom icida o lesiva/fSi,
en cam bio, se analizan conductas precedentes, especial-
30 6 Juan H. Del Popolo

m ente la relación víctim a-victim ario y los contextos de la


conducta el hecho se puede aclarar notoriam ente en su
comprensión.
A los efectos de realizar un estudio retrospectivo de
los fenóm enos de conducta im plicada en el estado de
em oción violenta, convendrá analizar los siguientes pun­
tos; que tam bién pueden ser pedidos al solicitar la peri­
cia psicológica:

a) Factores de contexto mínimo, m edio y m áxim o pre­


sentes en el hecho. Como ya hem os expuesto, la conducta
se entiende a partir de situarla en un contexto;
b) interacciones víctim a-victim ario e historia de la
relación. Este punto suele ser de mayor im portancia para
la com prensión del hecho;
c) factores desencadenantes de stress en form a previa
al hecho. Conviene identificar todos los factores operan­
tes al respecto, en la historia previa inm ediata del sujeto
evaluando intensidad;
d) posibilidad de control de los im pulsos y tolerancia
a la frustración;
e) juicio de realidad y percepción al m om ento del
hecho, m otivación;
f) presencia de estados psicopatológicos que suelen
aclarar estados de desestructuración de la conciencia.
Debe analizarse con m inuciosidad la personalidad previa
del imputado, el estado de sus defensás y la posibilidad
del yo de control de los im pulsos. E n e s te ú lt im o s e n t i­
d o , la t é c n ic a d e R o r s c h a c h p u e d e o f r e c e r d a to s d e
v a lía e n p a r t ic u la r a l e x a m in a r la s r e s p u e s t a s d e
c o lo r , fo r m a y m o v im ie n t o ;
Psicología judicial 307

g) predom inio de funciones autom áticas, influencia


del estado afectivo sobre la atención y coordinación neu­
romuscular;
h) estado de la m em oria al m om ento del hecho y a
posteriori;
i) sem iología del hecho delictivo. Tipo de reacción y
posibilidad de respuesta diferida (en la que según Cabe­
llo, la respuesta se distancia del estím ulo sin cesar la
emoción) y retardada donde la respuesta de em oción tar­
da en aparecer. En ella se puede advertir la presencia
m ism a de la em oción;
j) autoestima, depresión y grado de la herida narcisis-
ta sufrida;
k) conducta posterior del autor del hecho;
l) presencia o ausencia de consum o de alcohol o dro­
gas, que suelen actuar como deshinibidores de la conduc­
ta;
11) existencia de conducta planificada;
m ) significado sim bólico del hecho para el sujeto,
puesto que nos perm itirá com prender en m ayor m edida
la razón psicológica de su emoción.

En los casos de em oción violenta, existen al menos


dos variables que es posible observar:

y a) Em oción violen ta com o respuesta a un estím ulo


súbito e inesperado que desencadena la conducta delicti­
va.
b) La conducta delictiva ha sido gestada a través de
la presencia de estím ulos reiterados dé carácter stressan-
tes. Esta últim a situación se suele presentar en delito
308 Juan H. Del Popolo

bajo este estado, com etidos dentro del grupo fam iliar en
parejas, en vínculos hom osexuales en los que el sadism o
desplegado en el episodio criminal suele ser notorio. ) '

Algunos autores recurren al concepto de crisis catatí-


m icas para analizar la em oción violenta (W ertham ,
1937). Otros, a la teoría del Caos. Este últim o es el caso
de T. Fabian y W Stadler (1992), quienes analizaron crí­
menes pasionales aplicando esta teoría para explicar la
causa del hecho, y la teoría del stress para m encionar lo
relativo a la intensidad de la reacción. La teoría del caso
resulta apta para referirse a los sistem as no lineales,
como los relacionados con la conducta hum ana que pue­
den ser fuertem ente desestabilizadoras por la aparición
de m últiples m ínim os cambios en las condiciones del sis­
tema. Si se observa la conducta desde una perspectiva
lineal, hom icidio en estado de emoción violenta, aparece
como incom prensible. Si es visto, en cam bio, desde esta
perspectiva teórica, se advierte como m últiples pequeños
cambios, colocan al sistem a en condiciones inestables,
tendiendo la conducta, hacia atractores que antes fueron
ineficaces por la estabilidad del sistema.
if A veces, un hecho o palabra trivial basta para desen­
cadenar la conducta de em oción violenta. Pero esta con­
ducta no puede ser adecuadam ente entendida con un
simple esquem a lineal}:
En suma, deben analizarse cuidadosam ente los facto­
res provocadores de stress, su intensidad y su acum ula­
ción en form a previa al hecho, y los sucesos del m undo
externo que han tenido lugar, y las vivencias del m undo
interno para poder com prender correctam ente la sitúa-
Psicología judicial 309

ción m ental del sujeto al m om ento del hecho que incluso


en ciertos casos puede provocar una im portante pérdida
de la capacidad de com prender la crim inalidad del acto o
dirigir sus acciones.
!' Estos estados de intensa em oción, suelen ir acompa-
ñddos de un aum ento en las respuestas más o m enos
autom áticos, debido a que el yo queda dism inuido en sus
funciones. A veces se advierte en la presencia de procesos
propios del proceso prim ario con desplazam iento del pro­
ceso secundario. Por la m ism a razón, m uchos trastornos
de m em oria son observables en estos estados, aunque es
dable señalar que en ocasiones el hecho alcanza una
m ayor fijación en la memoria. ;
Excepcionalm ente se plantea la posibilidad de que el
sujeto ingrese en un estado de inconciencia como conse­
cuencia de un extenso estado de em oción. Generalm ente,
estas situaciones se asocian con una patología de base.
Tal como indica Reinhart Y Heinz Zipj (1987), pueden
elim inar totalm ente la capacidad de im putabilidad inclu­
so cuando se han originado en una especial excitabilidad
del autor. Entre ellos se mencionan: explotaciones de ira,
estados de la más alta excitación por m iedo o deseo
sexual, etc.
; Debido a que el yo y sus funciones suelen ser arrolla­
das por la intensa emoción, la reflexión, la anticipación,
pensam iento lógico y secuencial, el planeam iento, que­
dan dism inuidos o anuladosl Por esta razón es que se
producen los fenóm enos de «racionalización» descripto
por Cabello, en que el sujeto tiende a «em parchar» sus
declaraciones, dado que muchos eventos por el proceso
catatím ico vivido no quedan adecuadam ente fijados.1'
31 0 Juan H . Del Popolo

Suelen tener intensas repercusiones som áticas du­


rante el hecho (aceleración del ritm o cardíaco, respira­
ción acelerada, palidez, sequedad de boca) y con posterio­
ridad estos puntos deben ser investigados en la pericia.
n
Vicente Cabello distingue, siguiendo a López Ibor, dos
form as de reacción frente a la em oción violenta:
\

a) Sobresalto o activa;
b) sobrecogim iento o pasiva en la que el sujeto queda
inm óvil, indefenso, se queda «frío», como clavado en el
suelo, sin atinar a nada.

D em en cia s»
P e r ic ia s e n t o r n o a la c a p a c id a d c iv il

Para trabajar pericialm ente en esta área hay que


tener un m ínim o conocim iento de determ inadas normas.
Del Código Civil vam os a examinar, la norm a prevista,
por el artículo 141. Esta norm a dice: «Se declaran in ca­
paces por d e m e n c ia , las personas que por causa de
enferm edades m entales, no tengan actitud para dirigir
su persona o adm inistrar sus bienes».
A dviértase que el concepto de dem encia civil es dis­
tinto del psicopatológico. Sabemos que la dem encia tiene
un particular significado desde el punto de vista de la
fenom enología psiquiátrica.
D em encia en sentido psicopatológico es un déficit de
causa orgánica, definitivo, progresivo e irreversible, que
afecta al aparato psíquico de m anera totalizada y global
Psicología judicial 311

con particular incidencia sobre los aspectos intelectuales,


provocando una declinación m anifiesta de los procesos
intelectuales. En cam bio, para ser demente según el
Código Civil, se requiere una enferm edad m ental y que
como consecuencia de la m ism a, la persona no tenga acti- -
tud para dirigir su persona o adm inistrar sus bienes.
Recordem os que el artículo 140 del Código Civil, dis­
pone que ninguna persona será habida por demente,
para los efectos que en este código se determ inan, sin
que la demencia sea previam ente verificada y declarada
por juez com petente. El artículo 142 del Código Civil,
prevé que la declaración ju d icial de demencia no podrá
hacerse sino a solicitud de parte y después de un examen
de facultativos.
El artículo 143 establece que si del examen de facul­
tativos resultare ser efectiva la dem encia, deberá ser
calificada en su respectivo carácter y si fuere m anía,
deberá decirse si es parcial o total. Luego vamos a ver
algunas normas aplicables a este proceso por demencia.
La definición anterior que había dado Vélez Sarsfield
sobre la dem encia,establecía que se declaran dem entes
los individuos de uno u otro sexo que se hallen en estado
habitual de m anía, dem encia, o im becilidad aunque ten­
gan intervalos lucidos o la m anía sea parcial. Este con­
cepto ya no está vigente. En definitiva, cuando se solicita
una pericia en torno a la incapacidad m ental de determ i­
nada persona, (la incapacidad por dem encia) pericial­
m ente han de investigarse dos situaciones. Prim ero, si
esa persona padece de una enferm edad mental. En este
caso habrá que realizar el diagnóstico de esa enferm edad
m ental en el m om ento actual. Es conveniente realizar el
Juan H . Del Popolo

diagnóstico en términos de las clasificaciones de las orga­


nizaciones internacionales (por ejem plo, la de la A socia­
ción Am ericana de Psiquiatría o de la Organización M un­
dial de la Salud). Segundo, debe determ inarse si esa
^enfermedad conlleva que la persona no tenga aptitud
para dirigir su persona o adm inistrar sus bienes. Se han
considerado incluidos dentro de esta categoría los oligo-
frénicos, esquizofrénicos, personas que padecen del sín­
drome delirante persecutorio de carácter paranoico. En
cuanto a los débiles, se .los ha incluido en el grado infe­
rior en la zona lim ítrofe con la im becilidad.
Aún cuando la persona padezca de enfermedad m en­
tal, no corresponde declararla insana o demente (incapaz
por dem encia), si puede adm inistrar sus bienes y los
m edios de vida que le son necesarios para un desenvolvi­
m iento normal.
El hecho de envejecer, el hecho de perder algunas
facultades m entales o dism inuirlas, no significa un esta­
do de dem encia. Una cosa es la dem encia senil y otra
cosa es la senilidad, que conlleva de por sí una dism inu­
ción o enlentecim iento de las facultades físicas y m enta­
les. Para declarar la incapacidad no debe tratarse de
senilidad, sino de una dem encia senil propiam ente dicha.
Con respecto a las características de la enfermedad,
la doctrina ha señalado que debe ser grave y profunda,
de tal m anera que ponga a la persona en incapacidad de
dirigir su persona o adm inistrar sus bienes, no debe ser
m eram ente tem poral sino que debe ser extendida en el
tiem po, para que se pueda declarar la incapacidad por
demencia.
Veremos otras nociones de estos procesos para de-
Psicología judicial 313

clarar la insania por dem encia de una persona. En pri­


m er lugar, el juicio de insania está regulado por el Códi­
go Civil y tam bién por leyes de procedim iento que tam ­
bién en nuestro caso están contenidos (en el caso de la
Provincia de M endoza), en el Código de Procedim iento
Civil. En prim er térm ino, debe existir una solicitud de
parte para que proceda el ju icio por dem encia y además
se exige un exam en de facultativos.
Conforme al Código de Procedim iento Civil, (artículo
305 de la Provincia de M endoza), tienen personería para
promover o intervenir en el proceso por declaración de
insania, o por rehabilitación del insano en el interés de
éste, el cónyuge, los ascendientes y descendientes sin lim i­
tación de grado, los hermanos y el ministerio pupilar. Los
demás parientes y el cónsul respectivo si el interesado fue­
ra extranjero, pueden denunciar el estado de presunta
demencia, o su cesación, y también puede hacerlo cualquier
persona cuando la dem encia por su naturaleza traiga apa­
rejada molestias o peligros. La rehabilitación del insano
puede ser solicitada, además por el curador definitivo.
Cuando intervinieren diversos parientes en el proce­
dimiento, se aplicarán en lo pertinente las disposiciones
de una institución que se llam a «litis consorcio» para que
los parientes actúen en una m ism a posición procesal.
Para la prom oción de la dem anda de insania el ar­
tículo 306 del Código Procesal Civil exige, además de los
recaudos genéricos para una dem anda, que se denuncie
el nombre y domicilio de los parientes del dem andado de
grado más próxim o que el actor si los hay, y que se acom ­
pañe un certificado m édico que acredite el estado m ental
de aquél.
31 4 Juan H. Del Popolo

Con respecto a algunas notas propias de este procedi­


m iento, cabe señalar que una vez que se ha interpuesto
la dem anda se designa un curador provisorio de la lista
de abogados y a ese curador se le corre el traslado de la
demanda. El ju ez está autorizado en cualquier estado del
proceso a decretar m edidas precautorias sobre la persona
y bienes del presunto insano. Son m edidas destinadas a
salvaguardar su situación y la de sus bienes. El ju ez
debe ver y escuchar personalm ente al presunto insano y
adm itir las pruebas idóneas que ofreciere. Para declarar
la insania, sin prejuicio de las facultades del ju ez en la
apreciación de las pruebas, el Código de Procedim ientos
Civiles prevé que es indispensable el dictam en concor­
dante de dos peritos m édicos por lo menos.
La sentencia, por últim o, debe contener decisiones
categóricas sobre la capacidad o incapacidad del dem an­
dado; y designará un curador definitivo conform e a lo
dispuesto por el Código Civil. Adviértase cómo en esta
legislación del Código de Procedim ientos Civiles, siempre
se está hablando de certificado médico o de pericia o de
dictam en concordante de dos peritos m édicos por lo
menos. Es decir, no se está haciendo referencia a profe­
sionales de la salud, sino a profesionales médicos. Esta
es una manera de legislar esta institución, y en este caso,
por la m ism a disposición de la ley, el psicólogo tiene un
papel en cierta form a auxiliar.
¿Qué requisitos debe tener este prim er certificado
m édico con el que se inicia una dem anda de insania?
Es suficiente que establezca «prim a facie» cuál es el
estado de salud m ental de la persona exam inada. Ello
sin perjuicio de que posteriorm ente, la persona sea revi-
Psicología judicial 315

sada o examinada m entalm ente por los m édicos forenses


con m ayor profundidad.
El Código de Procedim iento Civil de la N ación en su
artículo 626, inciso tercero, exige que sean por lo menos
tres médicos psiquiatras o legistas los que den esta opi­
nión o peritaje. En el ám bito del Código Procesal Civil y
Com ercial de la N ación, en su artículo 631, se dispone
una serie de recaudos que debe observar la prueba peri­
cial m édica. Ellos son: debe contener el diagnóstico, la
fecha aproxim ada en que la enferm edad se m anifestó, el
pronóstico, el régim en aconsejable para la protección y
asistencia del presunto insano y la necesidad de su inter­
nación. Sin ser obligatorio en la provincia, es conveniente
observar en las pericias algunos de estos puntos.
Las personas que pueden pedir la declaración de
demencia, están m encionadas en el artículo 144 del Códi­
go Civil. Son: el esposo o esposa no divorciados, los
parientes del dem ente, el m inisterio de m enores, el res­
pectivo cónsul si el dem ente fuera extranjero o cualquier’
persona del pueblo cuando el dem ente sea furioso o inco­
mode a sus vecinos.
El artículo 145 del Código Civil, dispone que si el
demente es m enor de 14 años, no puede pedirse la decla­
ración de dem encia. Tam poco cuando una solicitud se
hubiere declarado ya im probada, aunque sea otra perso­
na quien la solicita; salvo si expusiese hechos de dem en­
cia sobrevinientes a esa declaración judicial. Esto evita
que se reiteren los pedidos de declaraciones de demencia.
Es parte esencial en este proceso, el M inisterio de M eno­
res, conform e lo dispone el Código Civil.
Si la dem encia apareciera notoria e indudable, confor-
316 Juan H. Del Popolo

me al artículo 148, el ju ez m anda inm ediatam ente a


recaudar los bienes del demente denunciado y entregar­
los bajo inventario a un curador provisorio para que égíe
los administre.
¿Cuándo cesa la incapacidad por el com pleto restable­
cim iento del dem ente? Conforme al artículo 150, después
de un nuevo exam en de sanidad hecho por facultativos y
después de la declaración judicial con audiencia del
M inisterio de M enores. Al insano que ha recuperado su
capacidad, se le otorga nuevam ente su capacidad civil.
En realidad, lo que se exige conforme a la m ayoría de
la doctrina, no es una perfecta salud m ental, sino que
cese de la incapacidad que antes tenía. Dicho de otro
modo, que supere ese estado por el que la enferm edad
m ental lo hacía incapaz de dirigir su persona o adm inis­
trar sus bienes. Es necesario el examen de facultativos
que declaren esta situación.
Fundam entalm ente vem os que esta institución de la
declaración de dem encia, m ira precisam ente a resguar­
dar la persona insana para que no quede expuesta a
situaciones donde otros se puedan aprovechar de su per­
sona o patrimonio.
En general, y en relación al valor probatorio del dic­
tamen, se acepta que si los peritos m édicos inform an que
la persona denunciada com o dem ente en realidad está
sana, el ju ez no puede apartarse de esta situación. En
cam bio, cuando el dictam en de los peritos afirm a la
enferm edad de la persona que está sujeta al ju icio de
incapacidad, el ju ez deberá ver si realm ente se cumple
tam bién, en base a toda la prueba, que esa enferm edad
m ental lo incapacite para dirigir su persona o adminis-
Psicología judicial 31 7

trar sus bienes. En otras palabras, se ha dicho que si el


inform e de los m édicos acepta la incapacidad, por otras
pruebas, por ejem plo por pruebas testim oniales arrim a­
das al proceso, el ju ez puede persuadirse de una opinión
contraria y en ese caso no está obligado a ajustarse al
dictam en m édico. Si en cam bio, se considera que el
denunciado está sano, no puede apartarse el ju ez de este
criterio de los facultativos.
Con posterioridad a la sentencia que declare a una
persona dem ente, conform e lo dispone el Código Civil en
su artículo 1041, son nulos los actos jurídicos otorgados
por personas absolutam ente incapaces por su dependen­
cia de una representación necesaria. Por otro lado dispo­
ne el artículo 472 del Código Civil, que si la sentencia
que concluye el ju icio declara incapaz al dem andado,
serán de ningún valor los actos posteriores de adm inis­
tración que el incapaz celebrare. No vam os a entrar a
discutir profundam ente todas las situaciones de los actos
anteriores y posteriores a la declaración de la incapaci­
dad o dem encia por ser un tema netam ente de caracterís­
ticas jurídicas. A quí sólo interesa exam inar la situación
en relación a la pericia y cómo se tram ita (por lo menos
tener los conocim ientos generales relativos a la dem en­
cia), para conocer lo básico de esta institución.
Agreguem os, por últim o, que tienen incapacidad
absoluta desde el punto de vista del D erecho Civil, con­
form e lo establece en el artículo 54 del Código Civil, los
dem entes entre otras personas.
Aclarem os que el térm ino «curador», señala a la per­
sona que es designada como representante legal del inca­
paz. En caso de los dem entes y sordo m udos, son repre-
318 Juan H. Del Popolo

sentantes legales de los incapaces, los curadores que se


les nom bre. Ello en razón de que estas personas carecen
de capacidad para los actos de la vida civil, razón por lá
cual la ley les designa un curador a los efectos de su
representación. U na de las principales obligaciones del
curador del incapaz, es cuidar que éste recobre su capa­
cidad si es posible y tam bién con este objeto aplicar con
estas referencias las reiítas de sus bienes.
D ispone el artículo 475 del Código Civil, que los
declarados incapaces son-considerados como m enores de
edad en cuanto a su persona y bienes. Las leyes sobre la
tutela de los m enores se aplicará a la curaduría de los
incapaces.
Ahora bien a las personas que padecen oligofrenia en
los grados m ás profundos, ya sea de im becilidad o de idio­
cia en general, se los puede considerar com pletam ente
incapaces a los efectos del Código Civil, y susceptibles de
declaración de demencia. Esta situación se suele plantear
cuando reciben bienes por vía de donación, herencia, etc..
En cuanto a las personas débiles mentales, generalmente
con un coeficiente m ayor de 50, hay que ver caso por caso,
com probando a si se da la situación de que esta persona
no puede dirigir su persona o adm inistrar sus bienes.
En los cuadros demenciales que se presentan franca­
m ente, es bastante claro que el individuo resulte total­
mente incapaz. Las form as iniciales de dem encias son las
que pueden ofrecer algunas situaciones de duda con res­
pecto a la declaración de capacidad o incapacidad. H ay
form as que presentan un tránsito lento hacia la dem en­
cia, y otras que son más bruscas en cuanto a la form a
final de la enfermedad.
Psicología judicial 319

Con respecto a la esquizofrenia, con la actual m edica­


ción a veces no hay necesidad de llegar a una incapacita­
ción civil, salvo en algunos casos de esquizofrénicos cata-
tónicos o de alguna form a de defecto esquizofrénico, de
esquizofrenias particularm ente graves. Si los brotes
esquizofrénicos fueran reiterados, graves, severos, inten­
sos, y la persona tiene bienes o hay peligro en cuanto a
lesión de su persona, es conveniente la incapacitación sin
perjuicio de que sesada esta situación vuelva a su capa­
cidad. Si se presenta un deterioro esquizofrénico profun­
do, lo apropiado es la incapacitación de la persona. La
esquizofrenia en «proceso» y los enferm os con deterioro
de carácter psicótico deben ser declarados incapaces; en
los restantes casos puede bastar la inhabilitación.
En la m anía tam bién puede llegarse a la incapacita­
ción, sobre todo por situaciones que tienden a que estas
personas realicen contratos y entren en litigios y hagan
gastos indebidos, precisam ente por su m ism a situación
maníaca.
Los paranoicos pueden a veces dilapidar su patrim o­
nio en base a sus delirios (particularm ente delirios rela­
cionados con los aspectos m egalom aníacos). Fuera del
delirio, puede ser que las personas actúen con norm ali­
dad.
Los delirantes, por lo general, deben ser declarados
incapaces.
En definitiva, habrá que ver cada uno de los casos a
ver si se cum ple o no con los requisitos que establece
nuestra ley y que ya hem os m encionado.
En las epilepsias, la incapacitación en general no pro­
cede, puesto que el ataque epiléptico no tiene una
32 0 Juan H . Del Popólo

influencia decisiva sobre la capacidad de dirigir y adm i­


nistrar los bienes de esa persona.
En general los neuróticos, salvo los gravem ente enfer­
m os, no pierden la posibilidad de dirigir su persona y
adm inistrar sus bienes, ál igual que los psicópatas (en el
sentido en que nosotros utilizam os el term ino). En los
casos graves habrá que estudiar en cada caso cuál es la
situación concreta.
Con respecto a los alcohólicos, seguidam ente vamos a
hacer algunas referencias sobre todo al hablar de inhabi­
litación de enfermos.
En el apéndice del presente capítulo podrá encontrar­
se la enum eración de los puntos periciales que conviene
tener en cuenta para satisfacer estas demandas.

Inhabilitaciones

La «Inhabilitación» está prevista por el artículo 152


bis del Código Civil, sancionado por la Ley 17.711. Esta
institución está fundam entalm ente destinada a proteger
a ciertos sujetos que están afectados por trastornos de la
conducta que inciden sobre su capacidad, colocándolos en
una situación de m inusvalía para la adm inistración de
sus bienes. El derecho tome ciertas m edidas destinadas a
protegerlos.
D icha norm a dice: «Podrá inhabilitarse judicialm ente
a: 1— Quien por em briaguez habitual o uso de estupefa­
cientes, estén expuestos a otorgar actos jurídicos perjudi­
ciales a su persona o patrimonio. 2— A los dism inuidos
en sus facultades, cuando sin llegar a la situación previs-
Psicología judicial 321

ta en el artículo 141 del Código Civil, el ju ez estime que


del ejercicio de su plena capacidad puede resultar presu­
miblemente daños a su persona o patrimonio. 3— A quie­
nes por la prodigalidad en los actos de adm inistración de
sus bienes, expusieren a su fam ilia a la pérdida del patri­
monio. En este últim o caso sólo procederá la inhabilita­
ción si la persona im putada tuviere cónyuge, ascendiente
o dependiente y hubiere dilapidado una parte im portante
de su patrim onio. La acción para obtener esta inhabilita­
ción sólo corresponderá al cónyuge, ascendiente o depen­
diente. Al inhabilitado se le nombra un curador y se apli­
carán en lo pertinente las norm as relativas a la
declaración de incapacidad por dem encia y rehabilita-
, ción. Sin la conform idad del curador, los inhabilitados no
podrán disponer.de sus bienes por actos entre vivos. Los
inhabilitados podrán otorgar por sí actos de adm inistra­
ción salvo lo que lim ite la sentencia de inhabilitación
teniendo presente las consecuencias del caso.
En relación a estas personas que están en estas cir­
cunstancias de m inusvalía, se pueden tom ar medidas de
protección. Éstas consisten en nom brarles o designarles
un curador. Sin la conform idad de éste, estas personas no
pueden disponer de sus bienes por actos entre-vivos, es
decir no por causa de m uerte; y adem ás se les perm ite
que puedan adm inistrar sus bienes, salvo las lim itacio­
nes que establezca la sentencia de inhabilitación.
En el prim er supuesto, tenemos que analizar la situa­
ción de los ebrios habituales. Se exige ebriedad con hábi­
to. No se m ira a quien está accidentalm ente bajo la
influencia del alcohol o del uso de estupefacientes. Por
otra parte, se obliga tam bién que esta situación revista
32 2 Juan H . D el Popolo

caracteres graves para esa persona o su patrim onio. El


sólo vicio sin que se dé esta circunstancia de gravedad,
no faculta a la ley para tom ar tan grave m edida de inha­
bilitación. Por ende, se deberá exam inar la etapa o fase
de la carrera alcohólica por la que atraviesa el peritado.
También debe prestarse atención a la sintomatología físi­
ca y psíquica relacionada con el consumo habitual de este
tóxico.
El inciso dos se refiere a aquellas personas dism inui­
das en sus facultades, cuando no llegan al supuesto de
demencia, y si el juez estim a que del ejercicio de su plena
capacidad puede resultar presum iblem ente algún daño a
su patrim onio o a su persona. Esta situación com prende
las cuestiones relativas a los denom inados «sem ialiena-
dos». Son personas que no han perdido totalm ente la
razón en términos jurídicos como para llegar a una decla­
ración de demencia, pero que debido a la dism inución de
esas facultades están expuestos a otorgar actos perjudi­
ciales para su persona o patrim onio. Por ejemplo, pueden
ser personas que frente a edad avanzada o frente a sor­
dera o parálisis com pletas, o a otras situaciones de ori­
gen psicopatológico, puedan estar en esta situación.
Se requiere una dism inución de carácter permanente
de estas facultades m entales y, por otra parte, la posibi­
lidad de esta gestión patrim onial perjudicial.
Persona pródiga, es aquella que por un desorden en
su conducta, disipa su fortuna en gastos sin sentido, y en
estos casos ya la ley njism a fija las condiciones para que
proceda la inhabilitación. D ebe ser una conducta habi­
tual, haber perdido una parte im portante de su patrim o­
nio, debe haber una exposición de la fam ilia derivada de
Psicología judicial 323

esta pérdida del patrim onio y actos dilapidatorios en los


actos de adm inistración y de disposición.
En cuanto a los inhabilitados, no hay propiam ente
una representación, com o en el caso de los incapaces,
sino una com plem entación de su capacidad. El inhabili­
tado sigue actuando por sí, pero la validez o nulidad de
su actuación quedan subordinadas a la expresión de la
voluntad del asistente llam ado en este caso curador.
Como dijimos, la situación fundam ental, está dirigida
a la disposición de los bienes que requiere de la conform i­
dad del curador.
En relación a los actos de adm inistración, sólo son
capaces los lim itados por la sentencia. En el caso de los
ebrios, de los toxicóm anos y de los individuos dism inui­
dos en sus facultades, es indispensable el examen de los
facultativos por aplicación de los preceptos del artículo
142 del Código Civil. En estos casos, el perito opina téc­
nicam ente sobre la situación de enferm edad y sobre la
repercusión de esa situación en torno a los actos propios
de la persona que se quiere eventualm ente inhabilitar.
En lo relativo a la rehabilitación de los inhabilitados, se
aplican las disposiciones referidas a la cesación de la
dem encia del artículo 150 del Código Civil.
Al m encionar la ley a los ebrios habituales obviam en­
te se está refiriendo a los alcohólicos crónicos. Respecto
de ellos habrá que precisar en la persona la etapa del
alcoholism o en que se encuentran, grado de deterioro y
sintom atología general del paciente. En referencia a los
estupefacientes corresponderá realizar un exhaustivo
análisis del sujeto y sus contextos m ínim o y medio.
En general, los autores han incluido dentro del grupo
324 Juan H . D el Popolo

de los dism inuidos en sus facultades, que no llegan a las


demencias, a los traumatizados, cerebrales, a enferm eda­
des infecciosas u orgánicas que produzcan una debilita­
ción m ental, a las epilepsias, esquizofrenias (especial­
m ente form as de defecto) form as m aníaco-depresivas en
la psicosis m aniaco-depresiva, psicopatías, neurosis, his­
teria y en general a la ancianidad en cuanto curse con
debilidad m ental.
La vejez solam ente puede ser m otivo de inhabilita­
ción cuando reúna las características de una enfermedad
m ental; porque no es el envejecer norm al lo que justifica
las características de una inhabilitación.
Las personalidades psicopáticas, para algunos, se
consideran m odos de ser y no enferm edades. Esto es
im portante para ver hasta qué punto pueden ser conside­
radas enferm edades m entales sujetas a esta declaración.
Desde el punto de vista psicopatológico, la prodigali­
dad se puede asociar a veces con procesos de dem encia
senil, artereoescleróticos, preseniles, delirios m egalom a-
niacos o eróticos, debilidad m ental o psicosis maniaco-
depresiva en su faz maniaca.
Desde el punto de vista pericial, se tratará de ver si
estas personas, un toxicóm ano y si desde su capacidad
psicológica natural, están expuestas a otorgar actos ju r í­
dicos perjudiciales a su persona o su patrim onio. En el
caso del inciso segundo, de los dism inuidos en sus facul­
tades, habrá que precisar cuál es el cuadro nosológico
siempre referido a la categorización en térm inos de orga­
nizaciones internacionales, y si se puede esperar presu­
m iblem ente daño a su persona o patrim onio. En relación
a los pródigos, tam bién habrá que determ inar si existe
Psicología judicial 325

diagnóstico psicopatológico y revisar esta situación a la


luz de sus funciones yoicas. Girbert Calabuig, cita a
M oglie, y distingue una prodigalidad esencial y una sin­
tom ática. La últim a «seria expresión de una indudable
enfermedad m ental, con desórdenes de conducta, debili­
dad volitiva e insuficiencia crítica por déficit de juicio».

Internaciones desde el Código Civil

Dispone el artículo 482 del Código Civil que, «el


demente no sera privado de su libertad personal sino en
los casos en que sea de tem er que, usando de ellas se dañe
a sí mismo o dañe a otros. No podrá tam poco ser traslada­
do a una casa de dementes sin autorización judicial».
Sigue esta norm a:» Las autoridades p oliciales
podrán disponer de la internación dando inm ediata
cuenta al ju e z de las personas que por padecer enferm e­
dades m entales o ser alcoholistas crónicos o toxicóm a-
nos, pudieran dañar su salud o la de terceros o afecta­
ren la tranquilidad publica. D icha internación sólo
podrá ordenarse previo dictam en del m edico oficial. A
pedido de las personas enum eradas en el artículo 144,
el ju ez podrá, previa inform ación sum aria, disponer la
internación de quienes se encuentren afectados de
enferm edades m etales, aunque no ju stifiq u en la decla­
ración de dem encia, alcoholistas crónicos y toxicóm anos
que requieren asistencia en establecim ien tos ad ecu a­
dos, debiendo designar un defensor especial para asegu­
rar que la internación no se prolongue m ás de lo in d is­
pensable y aun evitarla; si pueden p restarle debida
326 Juan H . D el Popolo

asistencia las personas obligadas a la prestación de a li­


m entos».
E n este artículo, se faculta al ju ez y a la autoridad
policial a propiciar y determ inar la internación bajo
determ inadas circunstancias.
El criterio de la ley civil, para privar de libertad a un
demente, es en función del probable daño que puede cau­
sar hacia su persona o a terceros. No se persigue propia­
mente un propósito de curación sino de evitar peligros de
daño. De hecho, existen personas aquejadas de enferm e­
dades m entales y que para el derecho pueden ser dem en­
tes (o sea que no puedan dirigir su persona o administrar
sus bienes) y declaradas tales, que en realidad no presen­
ten peligro de dañarse a sí m ism o o a otros. Entonces,
con respecto a ellos no es necesario ordenar la interna­
ción en un establecim iento especializado.
En otros países se sigue un criterio semejante. Así, en
Estados Unidos, K aplan refiere que en el año 1976 en el
caso de O’Connor y D onaldron, el Tribunal Suprem o
determinó que los pacientes m entales inofensivos no pue­
den ser confinados contra su voluntad sin tratam iento si
pueden vivir en libertad.
La ley autoriza ál personal policial a disponer la
internación dando inm ediatam ente al juez cuenta de las
personas que resulten ser enferm os m entales, alcoholis-
tas crónicos o toxicóm anos y que puedan dañar su salud
o la de terceros o afecten la tranquilidad pública. Otra
vez aquí aparece el prepósito tutelar de la ley para evitar
estos daños o que se afecte la tranquilidad pública. Pero
la policía cuando realiza esta m edida, debe anoticiar
inm ediatam ente al ju ez, cosa que no siem pre ocurre y
Psicología judicial 32 7

que a veces sucede con m ucha tardanza. Esto ha sido


m otivo para que a nivel nacional se reglam ente una ley
especial con m ejores plazos y m ayores garantías para la
persona que ha sido privada de su libertad com o conse­
cuencia de una internación policial. De todas m aneras,
esta internación, debe ordenarse previo dictam en de un
m édico oficial. (Ley 22.914; ver apéndice).
La últim a parte de este artículo, faculta al juez, pre­
vio la inform ación sum aria, a disponer la internación de
los enferm os m entales (aunque no sean declarados
dementes), alcohólicos y toxicóm anos que requieran asis­
tencia en establecim ientos adecuados. Se les designa un
defensor para que la internación no se prolongue más de
lo indispensable y adem ás para que pueda reclam ar asis­
tencia de las personas obligadas a pedir alimentos.
Las personas enum eradas en el artículo 144 a que
hace referencia esta norma, son las habilitadas para soli­
citar al ju ez esta m edida que acabam os de señalar.
A estos procesos de internaciones forzadas o involun­
tarias, se le ha prestado poca atención desde la ju risp ru ­
dencia e incluso desde la m ism a psiquiatría y psicología
en cuanto a la eticidad y m aneras de proceder en la
internación y de controlar que la m endida no se exceda
en perjuicio de la persona que la sufre. Así, se han regis­
trado num erosas situaciones de abuso con respecto a per­
sonas que padecen internación por largo tiem po, más allá
del recom endable, con todas la consecuencias negativas
para la adm inistración pública y para el hospital, y con­
secuencias nocivas para la com unidad.
En m uchos casos la internación forzada no es necesa­
ria, por que hay otros m edios que perm iten resolver la
32 8 Juan H . D el Popolo

situación con m enos costo para el paciente y para su


fam ilia. M uchas veces la fam ilia es la que prom ueyé
estas internaciones porque no puede hacerse cargo de'la
problem ática que se plantea en relación al enfermo. N or­
m alm ente, los internos en los pabellones de los hospita­
les psiquiátricos en el Am bito de lo Judicial, suelen ser
personas de m uy bajos recursos, personas prácticam ente
marginales^
En el ám bito nacional, se dio un paso adelante con la
Ley 22.914 del año 1983, que fija una serie de condicio­
nes para la internación y regula cómo ha de ser ésta.
Esta ley sólo rige para el ámbito nacional no para el
ámbito de la Provincia de Mendoza.

Pericias y matrimonio

En m ateria de m atrimonio, el artículo Í66 inciso octa­


vo del Código Civil, prevé que es un im pedim ento para
contraer m atrim onio la privación perm anente o transito­
ria de la razón por cualquier causa que fuere. Eventual­
mente, el perito puede ser llam ado a intervenir para
establecer si se da esta situación en una persona.
A título ilustrativo, cabe decir que estamos en presen­
cia de una nulidad relativa conforme lo prevé el artículo
220 inciso dos del Código Civil. En este caso, la nulidad
puede ser dem andada por los que habrían podido oponer­
se a la celebración del m atrim onio, y el m ism o incapaz
puede dem andar la nulidad cuando recobre la razón si no
continuara la cohabitación; y el otro cónyuge, si hubiera
Psicología judicial 329

ignorado la carencia de razón al tiem po de la celebración


del m atrim onio y no hubiese hecho vida m arital después
de conocida la incapacidad.
. Otra situación que eventualm ente puede demandar la
actuación del perito psicólogo, es la prevista por el Art.
203 del Código Civil. En virtud de esta norm a, uno de los
cónyuges puede pedir la separación personal en razón de
alteraciones m entales graves de carácter permanente,
alcoholismo o adicción a la droga del otro cónyuge, si tales
afecciones pueden provocar trastornos de conducta que
im piden la vida en com ún o la del cónyuge enfermo con
los hijos. Se trata entonces, de que el perito psicólogo
establezca si existen esas alteraciones mentales graves de
carácter permanente, o alcoholismo o adicción a las dro­
gas del otro cónyuge. Pero no basta esta situación, sino se
requiere que tales trastornos im pidan la vida en común o
la del cónyuge enfermo con los hijos. Se deberá hacer un
estudio desde el punto de vista diagnóstico, psicopatológi-
co y de las interacciones o relaciones familiares de estas
personas a los efectos de precisar la situación prevista.
Tam bién puede intervenir pericialm ente en áreas
relacionadas con la nulidad del m atrim onio; vicios de
consentim iento, etc. y es especialm ente en el área de la
separación o divorcio en la que se utilizan técnicas de
m ediación que perm iten que no se profundicen las ruptu­
ras y desacuerdos fam iliares, situación m uy común en los
procesos contenciosos en los que todos los m iem bros de la
fam ilia resultan perjudicados. Se pueden im plem entar
técnicas para la resolución creativa de problem as, para
facilitar la com unicación, para negociar, controlar el
stress, etc.
330 Juan H . D el Popolo

Pericias y testamento

En m ateria de testamentos se puede solicitar la inter­


vención del perito psicólogo. El artículo 3615 del Código
Civil dispone que, para testar es preciso que la persona
esté en su perfecta razón. Los dem entes sólo podrán
hacerlo en los intervalos lúcidos que sean suficientem en­
te ciertos y prolongados, para asegurarse que la enferm e­
dad ha cesado por entonces. En algunas oportunidades se
tendrá que determ inar .por m edio de un diagnóstico
retrospectivo, si al m om ento del testam ento esa persona
estaba o no en perfecto uso de sus facultades mentales.
Si se trata de un demente en sentido jurídico, se deberá
establecer si ha estado en un intervalo lúcido lo suficien­
tem ente cierto y prolongado, para asegurar que la enfer­
m edad había cesado. Esto tam bién podrá constituir el
cam po de la m ateria pericial. A veces se tiene que recu­
rrir a una serie de análisis, entre los que se cuenta el
caligráfico, a efecto de poder establecer debidam ente esta
situación.
El artículo 3607 define lo que es el testam ento. Es un
acto escrito, celebrado con la solem nidades de la ley, por
el cual, una persona dispone del todo o parte de sus bie­
nes para después de su muerte. A nalizarem os, en este
punto, las exigencias legales vinculadas a la pericia y lo
que hay que determ inar como foco pericial.
El artículo 3614 de Código Civil, establece que no
pueden testar los m enores de 18 años de uno y otro sexo.
Otra norm a de im portancia es la del Art. 3616 del
Código Civil, que señala que la ley presum e que toda per­
sona esta en su sano ju icio m ientras no se pruebe lo con-
Psicología judicial 331

trario. Al que pidiese la nulidad del testam ento, agrega,


le incum be probar que el testador no se hallaba en su
com pleta razón al tiem po de hacer sus disposiciones.
Pero si el testador, tiem po antes de testar, se hubiese
hallado notoriam ente en estado habitual de dem encia,
quien sostiene la validez del testam ento debe probar que
el testador lo ha ordenado en un intervalo lúcido.
Resulta interesante hacer una m ención de la nota de
Vélez Sarfield al artículo 3615, aunque m ás no sea en
form a parcial. Dice el codificador, que m enciona solam en­
te en el artículo a los dem entes (prevé que solo los
dem entes podrán hacer testam entos en los intervalos
lúcidos y que se requiere que se esté en perfecta razón
para testar), porque la dem encia es la expresión genérica
que designa todas las variedades de locura. Es la priva­
ción de la razón con sus accidentes y sus fenóm enos
diversos. Sigue V élez Sarffield, todas las especies de
dem encia tienen por principio una enferm edad escencial
de la razón, y por consiguiente, falta de deliberación y
voluntad. La dem encia com prende la locura continua o
interm itente, la locura total o parcial, la locura tranquila
o delirante, el furor, el idiotism o, etc. La prim era parte
del artículo com prende la em briaguez y todo accidente
que prive de la com pleta razón.
Esta « perfecta razón» se requiere al m om ento en que
se hace el testam ento y se requiere aquí, no una perfecta
o ideal inteligencia, sino en la m edida para determ inarse
válidam ente en m ateria testam entaria. Se debe estar
entonces en sano ju icio al m om ento de testar.
Algunos opinan que cuando el artículo 3615 menciona
a los dem entes, se refiere a los no declarados tales en ju i-
332 Juan H . D el Popolo

ció, porque el declarado en juicio es incapaz de actos de


la vida civil.
Por la term inología «intervalos lúcidos», el codificador
entiende, la adquisición durante un determ inado tiempo
aunque sea en form a transitoria de la enferm edad de la
razón o de la salud mental. Algunos han cuestionado la
existencia de tales intervalos. Estos intervalos se podrían
dar en la locura circular, en la psicosis m aníaco depresiva
que es una enferm edad que tiene esta posibilidad de
intervalo de normalidad.. También podría ocurrir, en otras
enferm edades com o en las esquizofrenias, donde puede
haber intervalos más o menos libres entre brote y brote.
Para el estudio de esta situación pericial, norm alm en­
te habrá que recurrir a un diagnóstico retrospectivo, pre­
cisar las circunstancias históricas y concom itantes al
m om ento de otorgar el testamento, estudiar su contenido
fechas, firm as, grafías, etc, para poder determ inar hasta
que punto esta persona podía o no estar afectada de una
enferm edad m ental. Así mismo, se puede1usar inform a­
ciones provenientes de terceros, como médicos que hallan
atendido al paciente durante algún tiem po al m om ento
contem poráneo de testar, o estudios psicológicos, psico-
diagnóstico, de jubilación, que pudieran haber sido
hechos en algunos de estos mom entos, y testim onios de
fam iliares, amigos, etc.
En ciertos casos, especialmente fuera del país, se esti­
la solicitar un inform e psicológico de la persona que va a
realizar un testam ento. Se recom ienda grabar las entre­
vistas en vídeo-tape, puesto que se contará con un ele­
mento de ju icio llegado el mom ento para sostener la vali­
dez del acto de últim a voluntad.
Psicología judicial 333

Si eltestador está vivo, se podrá realizar una amplia


entrevista sem iestructurada en relación a las funciones
psicológicas, focalizando en las razones para testar y las
relaciones que lo unen con su ámbito familiar. Los cua­
dros seniles deben m erecer especial consideración en la
entrevista.

Pericias y patria potestad

La patria potestad, según el artículo 264 del Código


Civil es el conjunto de deberes y derechos que correspon­
den a los padres sobre la persona y bienes de los hijos,
para su protección y form ación integral desde la concep­
ción de éstos y m ientras sean m enores de edad y no se
hallan em ancipado. El artículo 307 del Código Civil, indi­
ca que se puede privar de la patria potestad al padre o a
la madre por el abandono,entre otras causas, que h icie­
ren de alguno de sus hijos, para el que los haya abando­
nado aún cuando quede bajo guarda, sea recogido por el
otro progenitor o un tercero. También por poner en peli­
gro la seguridad, la salud física o psíquica o la m oralidad
del hijo m ediante malos, tratam ientos, ejem plos pernicio­
sos, inconducta notoria o delincuencia. La situación que
puede estar m ás asociada a los fines periciales psicológi­
cos, aunque todas están relacionadas, es la correspon­
diente a colocar en peligro la salud psíquica del hijo
m ediante m alos tratam ientos, ejem plos perniciosos es
inconducta notoria o delincuencia. Se tratara de estable­
cer m ediante el procedim iento pericial si se ha puesto o
no en peligro esa salud psíquica de ese m enor a los fines
334 Juan H . D el Popolo

f de ilustrar al ju ez sobre este particular. Adviértase que


i se requiere peligro, no la concreción de ese daño psíquico./
En esta área debe prestarse particular atención a .lá
constitución del síndrom e del niño golpeado, y a la exis­
tencia de las distintas form as de abuso infantil, que tie­
nen una incidencia m ucho m ayor de la que se sospecha y
conoce. \

Especial atención m erecen los indicadores de depriva­


ción em ocional. En m uchos casos éstos golpes llegan a
provocar la m uerte del menor.
Estos casos en num erosas ocasiones no se denuncian
y pasan a integrar las cifras negras de la crim inalidad.
La deprivación m aterna ha sido bien estudiada por
W innicott y Bowlby. Produce una im portante serie de
m anifestaciones entre las que se encuentran: retraso
mental, autism o, retraso emocional, etc.
El m altrato no sólo se m anifiesta por deprivaciones
afectivas, sino tam bién por abuso físico (golpes, fractu­
ras, heridas, arrojam iento de líquidos calientes, quem a­
duras), sexuales (por ejemplo, actos de corrupción) o abu­
so psicológico (coacción, insulto, gritos, reprim endas,
excusión).
El abuso puede provenir de los padres, padrastros,
concubinos de los padres, abuelos, y aparecen en todos
los estratos socio-económ icos, aunque en las clases más
altas tiene m ás posibilidad de pasar oculto. El autor pue­
de ser un psicópata, alcohólico, adicto, perverso. M uchos
en su infancia, también, han sido víctim as de m alos tra­
tos.
Psicología judicial 335

P e r i c i a y a d o p c ió n

En m ateria de adopción tam bién se suele requerir la


intervención de los peritos. Se pueden solicitar distintos
inform es para evaluar la situación del menor, la fam ilia
a la que va a ingresar, la conveniencia o no de esta situa­
ción para el niño adoptado y para el matrimonio.

P e r ic ia y o t r a s s itu a c io n e s
d e fa m ilia

El psicólogo puede intervenir en pericias relaciona­


das con custodia y tenencia de hijos m enores, régim en
de visitas, etc., situaciones que m ás adelante abordare­
mos, y en las que interesa, entre otros factores, tener
presente las habilidades de cada padre para hacerse car­
go de los m enores, las interacciones fam iliares, estudio
de los m iem bros y en torno a roles, hom eostasis, com u­
nicación, etc. Las técnicas psicológicas suelen ser de
gran valor para identificar las necesidades del niño en
función de elegir la custodia o guarda más conveniente
para él. Im porta evaluar la posibilidad de custodia com ­
partida.

D eterm inación de probables actos violentos


en las fam ilias

Es im portante tom ar en cuenta, algunos parám etros


que la investigación h a puesto de relieve en relación a la
336 Juan H . Del Popolo

posibilidad de que se com eta un hom icidio dentro del


grupo familiar.
H agam an, Wells, Blau y Wells (1987), determ inaron7
que un hom icidio fam iliar, es más probable que ocurra
cuando se alcanzan estas situaciones:
1) Drogas o alcohol en uso al tiem po del evento.
2) Presiones culturales para que el perpetrador salve
las apariencias.
3) Previas amenazas de suicidio por parte del perpe­
trador. s
4) Reciente depresión profunda del perpetrador.
5) Reciente relación amorosa rota.
6) El perpetrador ha estado últim am ente separado de
su familia.
7) Am enazas de venganza contra la fam ilia por parte
del perpetrador.
Interesa tener estos factores presentes a los efectos
de exam inar niveles de riesgo en familias, y sugerir opor­
tunas m edidas preventivas. Estos riesgos se pueden che­
quear luego de una entrevista dirigida a ese efecto.

M ediación

En el campo de la Psicología Jurídica aplicada a los


asuntos de fam ilia, existe la posibilidad de un m ayor
avance para superar fenómenos del tipo «ojo de cerradu­
ra».
Así, se han im plem entado nuevas m aneras de solu ­
cionar conflictos en esta área, como los Program as de
M ediación que intentan conseguir acuerdos consertados
Psicología judicial 337

en el proceso de separación o divorcio, con mucho menos


costo afectivo y económ ico para las partes que tom an
parte en él. Estos acuerdos negociados logran la dism inu­
ción de los incum plim ientos de lo acordado, y se refiere a
tenencia de los hijos, acuerdos sobre bienes, visitas, etc.
Estos program as han funcionado con éxito en Espa­
ña, conform e expone la doctora Trinidad Bernal Samper,
directora del Program a de M ediación im plem entado por
la D irección General de Protección ju rídica del Menor,
dependiente del M inisterio de Asuntos Sociales (Setiem ­
bre de 1990). El program a se puso en m archa en Febrero
de 1991, en Madrid, en el Centro de Psicología Abside. El
equipo de trabajo se com pone de abogados y psicólogos
que trabajan en form a interdisciplinaria. Es subvencio­
nado por el M inisterio de Asuntos Sociales y se oferta al
público en form a gratuita. Un alto porcentaje de los
usuarios considera al program a, luego de un año,
totalm ente satisfactorio (72% ) o bastante satisfactorio
( 22 , 1% ).
Los resultados del m ism o pueden ser consultados en
el anuario de Psicología Jurídica, del Colegio Oficial de
Psicólogos, delegación M adrid, 1993.
Este tipo de program as im plica un claro apartam ien­
to de la m anera tradicional de intentar resolver conflic­
tos, a través del esquem a: decisión del ju ez (asesoram ien-
to del perito), que ha resultado a veces ineficaz y
potenciador de conflictos*.

* También reem plaza el concepto tan usual en proceso del juicio


como “batalla” con “derrotados” y “victoriosos”, por el diálogo y acuer­
do.
338 Juan H . D el Popolo

En general, la m ediación intenta a través del m edia­


dor (persona neutral), facilitar la com unicación entre los
padres, relevar los puntos de acuerdo y los de conflictó,
agilizando la tom a de decisiones com partidas, ayudar a
clarificar m alos entendidos, diferenciando urgencias y
necesidades, y procesos em ocionales que interfieren con
una más sana y racional tom a de decisiones.
En las decisiones obtenidas a través del arbitraje o
del ju ez, son estos últimos funcionarios quienes deciden.
En cam bio, en el proceso de m ediación, son los m ism os
padres los que acuerdan com o llevar adelante la situa­
ción.
Las técnicas de m ediación en la problem ática de
separaciones y divorcio, representa un claro avance sobre
el m odelo contencioso. Seguidam ente m encionam os las
etapas por las que atraviesa este proceso, en el que el
psicólogo y el abogado realizan entrevistas conjuntas a
partir del m odelo de trabajo expuesto por Trinidad B.
Sam per y M. Gloria Francisco (1991):
1) E ntrevista conjunta realizada por un abogado y
psicólogo, con una fase catártica y otra en la que se cana­
lizan emociones, se inform a de alternativas y de la conve­
niencia de que concurra el otro cónyuge.
2) Sum inistro de la inform ación psicológica y jurídica
pertinente a la situación, (efectos em ocionales de la rup­
tura, explicación del m ecanism o de reciprocidad, procedi­
m ientos judiciales, costos, consecuencias, etc.).
3) Estudio psicológico y ju ríd ico de la problem ática
planteada para concretar las alternativas más viables y
m enos perjudicial para todos los m iem bros de la familia.
4) Im plém entación de m odelos educativos para adqui-
Psicología judicial 339

rir destreza para afrontar problem as, (habilidades socia­


les, de com unicación, técnica de resolución de problem as,
de control de entes, habilidades de gestión y negociación).
5) R esolución del conflicto: inicio del procedim iento
judicial que puede ser con o sin acuerdo.
Adem ás de la m ediación, el psicólogo puede evaluar
ajuste de la m adre o padre para la paterm idad, peticio­
nar el cambio de custodia, plan de visitas, signiñcado de
abuelos para el menor, etc.

Niños maltratados y víctimas de delitos.


Pericias e intervenciones técnicas cuando
estos son testigos

Se han desarrollado una serie de procedim ientos e


intervenciones técnicas, destinados a evitar victim izacio-
nes secundarias o agravam ientos del conflicto en m eno­
res víctim as de delitos o que los han presenciado, y con
fuerte im pacto em ocional para ellos.
La actual estructura del procedim iento pericial en
nuestro país, y en m uchos del extranjero, no perm ite que
exista un trato adecuado en estas situaciones para el
mentor.
En general, el m enor víctim a, atraviesa por estas difi­
cultades:*

* Repetidos interrogatorios. En distintas etapas del


procedimiento en relación a la situación traumática. Así,
se lo suele interrogar en sede policial, en dependencias del
cuerpo médico forense, al realizar la pericia psiquiátrica o
34 0 Juan H . D el Popolo

psicológica, por parte del asistente social, a los efectos de


la encuesta ambiental, en el juzgado de instrucción, en la,
cámara del crimen. Esta multiplicidad de interrogatorios
puede tener efectos m uy negativos, puesto que im plican
revivir los hechos en contextos no apropiados, con la apa­
rición de sentimientos de humillación, vergüenza, etc.
A

* Interrogatorios no apropiados a la edad en lugares


inadecuados. El interrogatorio no se realiza en sitios ade­
cuados con las circunstancias por las que atraviesa el
menor. Así, las salas no son apropiadas porque se lo inte­
rroga en salas de justicial-resultan absolutam ente extra­
ñas o intim idatorias para el m enor víctim a, o en oficinas
policiales, sin ninguna preparación al efecto, con perm a­
nente gente en tránsito, interrupciones, personal no
entrenado, etc.
La term inología y procedim iento de interrogatorio,
m uchas veces es inadecuada. En m uchos países, desde
hace años se im plem entan técnicas de juego, uso de
muñecos, técnicas gráficas para trabajos con el m enor en
estas situaciones.

* Largas esperas los días de audiencia y eventuales


postergaciones del debate. En estas circunstancias el
m enor se ve obligado a esperar — a veces horas— hasta
ser atendido, incluso con la posibilidad de que el debate
sea postergado y citado para nueva audiencia. *

* Confrontaciones con el imputado. En num erosas


ocasiones es obligado a carearse con el im putado o se ve
obligado a encontrarse con él. Tal es el caso de los
Psicología judicial 341

encuentros producidos cuando está a la espera de prestar


declaraciones o durante la declaración en debate, con el
consiguiente efecto traum ático para la víctim a o incluso
potenciales intim idaciones.

* Ignorancia de las circunstancias en la que se


encuentra inmerso o de lo que sucederá. En la m ayoría de
las ocasiones, la víctim a menor, no ha recibido explicacio­
nes de lo que sucederá en el procedim iento ju dicial, de
las personas que intervienen, de la finalidad de los actos
que se llevan a cabo.

* Carencia del necesario acom pañam iento terapéutico.


Es dable observar que el m enor víctim a debe enfrentar
las distintas situaciones sin el debido acom pañam iento
de personal especializado, a los efectos de reducir el
estrés propio de estas situaciones.
Como consecuencia de estos factores, se pueden ope­
rar efectos traum áticos sobre el menor, desencadenantes
de una segunda victimización, luego de la primera produ­
cida por la perpetración m ism a del hecho.
Estos efectos post-traum áticos, no son deseables ni
para el m enor ni para el procedim iento judicial. Para el
menor, en tanto y en cuanto tienen potencial para agra­
var el cuadro previo.
Y para el procedim iento judicial, porque un testigo
que transita por estos factores potenciadores de la ansie­
dad, tiene menos probabilidades de brindar una declara­
ción más fidedigna, porque puede incluso inhibir el fun­
cionam iento adecuado de sus funciones yoicas y las de
memoria.
342 Juan H . Del Popolo

Frente a estas circunstancias, el psicólogo jurídico


puede proporcionar auxilio en alguna de las siguientes
áreas:

a) Diseños, de procedim ientos y ambientes adecuados


para escuchar al m enor víctim a del hecho.
b) Conducción de la entrevista — con la presencia del
ju ez— a los efectos de recolectar los datos que podrían
ser necesarios para la investigación, pero im plem entando
el «tim ing» adecuado, ajustando term inologías al nivel
evolutivo de la víctim a, a su acostum brado vocabulario,
etc.
c) Observación de conducta de la víctim a y terceros a
efectos de proporcionar criterios en torno a. la credibili­
dad de la declaración. En este últim o sentido, Undeustch
y M ax Estellor en Alem ania, entre otros, han investigado
procedim ientos y m aneras de evaluar la declaración de
m enores víctim as para ilustrar a los jueces.
Estos elem entos de ju icio — analizados debidam en­
te— luego serán datos útiles para que el Tribunal pueda
evaluar la credibilidad del testim onio, aún cuando el dic­
tam en no sea vinculante.
d) Abordaje para la contención del m enor en situación
de crisis.
En este sector puede el psicólogo coordinar la activi­
dad con lós servicios de salud o atención victim ológica,
para una prestación de servicios psicológicos tem pranos
que ayude a superar las situación traum ática lo m ejor y
más rápidam ente posible.

En m uchos países se ha aconsejado la utilización de


Psicología judicial 343

m edios de registro de las entrevistas (audio, video) que


evitan la repetición de innecesarios interrogatorios; per­
miten que el psicólogo jurídico pueda analizar la declara­
ción del m enor a partir de un material ñdedigno y tam ­
bién conservan con exactitud la declaración desde los
prim eros m om entos del hecho.
La últim a alternativa es especialm ente recom endable
porque el transcurso del tiem po tiende a afectar los
recuerdos de la m em oria.
En el Estado de Israel, desde el año 1955, se aplica
un procedim iento especial para los m enores de 14 años
víctim as de ofensas contra la m oralidad, (ver apéndice).
Existe la figura del interrogador juvenil, que es quien
otorga el perm iso para que un niño sea oído en el Tribu­
nal, cuando un delito contra la m oralidad ha sido com e­
tido sobre su persona o en su presencia o sospechado de
él, y luego de entrevistarse con él y de exam inar una
serie de elementos.
En el caso de que esta persona otorgue el perm iso,
ninguna persona estará presente en la declaración,
excepto el fiscal, el acusado, el interrogador juvenil y la
persona que hubiese sido autorizada por la corte.
El criterio con el que opera el interrogador para auto­
rizar o no la audiencia, se basa en el hecho de que la mis­
ma pueda provocar o no daño al menor.
Se autoriza tam bién la grabación de la entrevista.
La defensa, el fiscal, y el juez, pueden solicitar ulte­
rior interrogatorio del menor.
El interrogador se suele valer de técnicas, de dibujos,
muñecos, etc. para cum plir su cometido; incluso, m oderna­
mente, puede opinar sobre la credibilidad del testimonio.
344 Juan H . D el Popolo

Si el funcionario no autoriza al m enor a declarar lo


hace él — por el m enor y a partir de sus dichos— en la -•
audiencia.
En Alem ania, intervienen testigos expertos (norm al­
mente psicólogos) para evaluar la credibilidad de las
declaraciones. Hay una serie de criterios para conducir la
evaluación, y a ella se ha recurrido en gran cantidad de
casos desde 1954.
El análisis de credibilidad propiciado por Steller se
basa en una serie de criterios: m otivaciones, caracterís­
ticas del testigo, estructura lógica, estructuración de la
producción, can tid ad de detalles, encaje contextual,
descripción de interacciones, reproducción de conversa­
ciones, detalles inusuales o superfluos, relatos del esta­
do m ental del sujeto, correcciones espontáneas, etc.
Son diecinueve (19) criterios entre los que se encuen­
tran algunos de los citados en el párrafo precedentes,
divididos en cinco grandes secciones:

1) Características generales de la declaración.


2) Contenido específico.
3) Peculiaridades de contenido.
4) M otivación y contenidos referidos.
5) Elem entos específicos de la ofensa.

En Canadá, EE.UU., Inglaterra, Noruega, Suecia, se


han propiciado la adopción de criterios distintos a estos
efectos.
En los casos en que pericialm ente se investigue el
probable abuso de un menor, han de tenerse en cuenta
estos parám etros.
Psicología judicial 345

1. Evaluación de sintom atología relacionada con


ansiedad:
e Fácil cansancio.
° Insomnio.
° D ificultad para “ir a la cam a” o dormir solo. . _
° Pérdida del apetito.
® Aislam iento.
® D ificultades en la concentración.
° Juegos repetidos que expresan aspectos relaciona­
dos con conductas de abuso.
• Pérdida de intereses previos.
® Evitación de actividades antes placenteras.
® Trastornos en alimentación.
• Trastornos del sueño o pesadillas.
® Hiperexcitabilidad.
2. Problem as somáticos:
® Trastornos gastrointestinales.
° Dolores de cabeza.
° Enuresis, encopresis.
• Vóm itos.
• Órganos genitales (inflam ación, dolor, etc)
3. Aparición de sentim ientos de depresión.
4. A parición de conductas problem áticas (robo, hurto,
incendio, vandalism o, crueldad, conductas de auto-daño,
o de excesiva m asturbación o trastornos en hábitos higié­
nicos.
5. Trastornos a nivel escolar (en la conducta adapta-
tiva o en el rendim iento). Súbitas declinaciones en el ren­
dimiento escolar.
6. Problem as con figuras del am biente y adultos.
346 Juan H . Del Pópala

7. Conductas fóbicas o regresivas. E vitación de figu­


ras m asculinas o femeninas.
8. M otivaciones en el grupo familiar.
9. Signos de stress, vergüenza o hum illación durante
entrevistas o en relación con padre o figura de autoridad.
10. O bservación de conducta gráfica y de juego. Con­
ducta en relación a los pares.,
11. Consistencia y característica de la declaración.
12. Com paración entre la conducta previa y posterior
al abuso sospechado.
13. Rango de funcionam iento intelectual.

G u ía p a r a la r e c e p c ió n d e d e c la r a c io n e s
e n n iñ o s a b u s a d o s

Vemos algunso criterios para la recepción de declara­


ciones de niños sospechados de haber sido abusados, apli­
cables para aquellos que deben tom arlas:
A) A plique los conocim ientos generales acerca de
como recepcionar un testim onio correctam ente;
B) El debido respeto de los derechos y necesidades del
niño, tam bién se concreta y operativiza en la form a en
que se le recibe declaración.
C) U n niño víctim a o testigo inadecuadam ente trata­
do:
a— Sugre em ocionalm ente en form a innecesaria una
doble victim ización.
b— Por el “stress” padecido por el sufrim iento no es
un testigo útil.
Debe lograr en la declaración un adecuado “rapport”,
si pretende que la declaración sea útil a la justicia y no
Psicología judicial 347

perjudicial para el niño. Requiere de tacto, com prensión


y paciencia, por tanto no debe realizarla en los momentos
en que esté mas fatigado. Evite interrogatorios múltiples.
Le ayudarán las siguientes pautas:
F a s e I : M om entos previos a la recepción de la decla­
ración.
1— Recepcione la declaración lo más inm ediatam ente
posible luego del hecho.
2— Prevea la intervención de algún trabajador de la
salud mental con entrenam iento en el trabajo con niños
para la fecha de la recepción de la declaración.
. 3— Cite a las personas que estén a cargo del niño,
previo a realizar la audiencia, y si no son sospechosos del
hecho investigado. Explíqueles los objetivos del procedi­
m iento. Solicíteles que inform an del m ism o al niño y
acerca de la im portancia de decir la verdad al mom ento
de recepcionar la declaración.
4— Prevea que el día de la audiencia pueda contar con
una sala confortable, sin distracciones ni interrupciones.
F a s e II: Día en que se recibe la declaración.
1— Un representativo de la institución debe recibir al
niño en el lugar de espera y a quien lo acompañe.
2— Arbitre en lo posible una sala adecuada para la
espera del niño distinta de la del resto de los citados.
3— Empiece puntualm ente la audiencia. Evite repro­
gramarla.
4— Acom pañe al niño a su ingreso a la sala donde se
le recibirá la declaración. Si es pequeño, tóm elo de la
mano.
5— Preséntelé la sala y perm ita que la observe.
Hágale conocer las personas que están presentes por
348 Juan H . D el Popolo

su nom bre y función. U tilice un lenguaje sencillo y no


enjuiciante con la víctim a. Evite preguntas abstractas ,
referidas al cuando y por qué. N o use form a alguna dé
am enaza, intim ación, coerción, para obtener la declara­
ción. Explíquele qué es lo que se espera de él o ella en ,1a
audiencia.
6— Tome la precausión de que se siente cóm odam en­
te.
7— Si no existe sala especial para recepcionar la
declaración, adapte las com odidades con que cuenta, y
evite el uso de estrados cuando se le recepciona declara­
ción. La sala debe ser al menos confortable y debe hacer
sentir seguro al niño.
8— Interrum pa la declaración del niño, tantas veces
como sea necesario si advierte signos de fatiga o angus­
tia. N o su p ere en la recep ción de la d ecla ra ción los
20-30 m inutos. El personal de salud debe contener la
aparición de sentim ientos de vergüenza, culpa y hum i­
llación.
9— Com ience la declaración con una conversación
inform al para poder conocer el nivel de desarrollo del
niño y sus expresiones. Explíquele la im portancia de
decir la verdad* de n o adivinar respuestas y form ule
algunas preguntas de prueba para asegurarse que ha
com prendido esta consigna correctam ente.
10— Use, si es necesario, m uñecos correctos anatóm i­
cos para qúe el niño pueda expresarse mejor. En su caso,
recurra al trabajo con el experto para la realización de
este tipo de pericias. Solicite un análisis de credibildiad
de la declaración.
11— Evite preguntas sesgadas o sugestivas. Use tér-
Psicología judicial 349

m inos sencillos. G rabe la audiencia. Una vez puesto a


funcionar el m edio de registro técnico no lo interrum pa y
vuelva a poner en funcionam iento.
F a s e II I: Cierre de la declaración.
1— N o cierre la entrevista abruptam ente. Pregunte
al niño como se ha sentido y si quiere agregar algo más.
2— A gradezca al niño y no le asegure cosas que no
esté seguro que se cum plirán. Explique al niño (si lo pue­
de entender), o a sus padres, los sucesivos pasos del pro­
cedimiento.

Pericia y esfera laboral

En la esfera laboral, se pueden presentar incapacida­


des que dem andan un procedim iento pericial en relación
al trabajador. Por ejem plo, incapacidad m ental sobrevi-
niente, que puede llevar a que se tenga que pagar un
seguro o una prestación jubilatoria por incapacidad, o
un despido con las consiguientes posibilidades de indem ­
nización. En estos casos, la pericia deberá versar sobre la
capacidad o incapacidad del trabajador y las característi­
cas de la enferm edad que sufra y sus repercusiones en lo
laboral.j^sí, en los depresivos, se suelen dar incapacida­
des labórales porque generalm ente faltan m ucho al tra­
bajo, sienten que no pueden hacer nada, absolutam ente
impotentes, se autorreprochan conductas, se sienten in ú ­
tiles y esto lleva, a veces, por renuncia del trabajador o
por despido del em pleador, a situaciones en donde se
plantean tem áticas periciales. En el m aníaco es frecuen­
te que renuncie, guiado por las ideas de tipo m egalom a-
350 Juan H . D el Popolo

níaco de que ya no necesita depender de ningún trabajo.


Los paranoicos son m uy difícilmente adaptables a la vida
laboral, porque norm alm ente presentan roces y proble-'
m áticas con sus jefes y con sus com pañeros de trabajo.
En cuanto a los epilépticos, se registran causas de acci­
dentes, y de ausentism o en estos pacientes. En la psico­
sis tóxica, se presentan consecuencias de tipo psicológico
para las cuales se solicita peritaje. En las neurosis, los
neuróticos fóbicos tam bién suelen registrar cuando la
fobia es acentuada, problem áticas de tipo laboral. A
veces se inhiben y no pueden salir de su dom icilio. Los
psicópatas, en el sentido del trastorno de la personalidad
antisocial, tam bién resultan difícil que m antengan un
adecuado vínculo. Por ende, suelen abandonar con facili­
dad su trabajo, por no establecer vínculos estables.^)

Pericia y culpabilidad

Otras áreas periciales son las relativas a la culpabi­


lidad, por ejem plo, la determ inación del dolo eventual o
culpa consciente. Á1 respecto se ha realizado un trabajo
de tesis m uy interesante que podrá consultarse por
separado en esta obra. Tam bién el psicólogo puede peri-
tar en relación a los aspectos psicológicos en los casos de
sujetos a quienes se les atribuyen actos de negligencia o
im prudencia.
Psicología judicial 351

Pericia y daño psíquico

El daño psíquico ha sido definido por M atilde Zabala


de González, como una perturbación patológica de la per­
sonalidad de la víctim a que altera su equilibrio básico o
agrava algún desequilibrio precedente. Adviértase que en
esta definición se habla prim ero de perturbación patoló­
gica de la personalidad y en segundo lugar, que altere el
equilibrio básico que ya tenia o que agrave algún dese­
quilibrio precedente. Luego, no es necesario que la perso­
na haya estado en perfecto estado de salud m ental, en
form a previa al hecho en consideráción.
El daño psíquico, pueden provenir de distintas situa­
ciones: un accidente de tránsito, mal praxis m édica,
haber sido víctim a de un delito (por ejemplo una viola­
ción, corrupción, o un delito de abuso deshonesto), de un
accidente laboral, etc. Se trata de establecer hasta que
punto la víctim a, se ha visto perturbada patológicam en­
te o se ha agravado ese desequilibrio precedente al que
hacíam os referencia.
Para poder determinar cómo se ha visto agravada una
situación precedente, conviene solicitar (o hacer solicitar)
toda constancia o estudio psicológico que permita conocer
su funcionamiento psicológico antes del evento traumático.
Estos datos tam bién permitirán comparar el actual nivel
psicológico con el previo. Im portan registros escolares,
informes, orientaciones vocacionales, estudios para selec­
ción de personal, psicodiagnóstico realizados, etcétera.
El tipo de situación a examinar, determ inará la clase
de m aterial a utilizar el que debe ser apropiado en rela­
ción al sujeto a examinar.
352 Juan H. Del Popolo
í
I La m uerte traum ática de un m iem bro de la familia,
tam bién puede acarrear situaciones de m al funciona­
m iento psicológico, y pueden ser evaluadas en m iras a
solicitar un eventual resarcim iento^!
Pueden provocar daños psicológicos la exposición o
uso de determ inados productos o sustancias o piezas en
m al estado.
En todos casos, deben revisarse con sum o cuidado en
la entrevista la historia del paciente, desde el momento
del suceso traum ático que se sospecha ocasionara el daño
psíquico hasta el mom ento actual, para identificar otras
fuentes posibles del mismo.
En ciertas áreas — por ejem plo la policial— se han
conducido investigaciones específicas relativas a los efec­
tos psicológicos de incidentes particularm ente traum áti­
cos.
Así, R. Solom an y J. Horn (en Reese y H. Goldstein
«P sichological Services for Law E nforcem ent» -—1986—
W ashington D .C.) estudiaron las reacciones de 86 oficia­
les de policía, luego de que ellos hicieran fuego a un
sujeto en la línea del deber. Se identificaron las siguien­
tes reacciones (en orden de frecuencia): elevada sensa­
ción de riesgo; sentim ientos de enojo; pesadillas; aisla­
m iento; m iedo y ansiedad acerca del futuro; dificultades
en el sueño; «flashbacks»; adorm ecim iento em ocional;
depresión; alienación; sentim iento de culpa; aflicción o
rem ordim iento; problemas con figuras de autoridad; pro­
blem as sexuales; uso de alcohol y drogas y pensam iento
suicida.
En los casos de post-stress postraum ático conviene
— de ser posible— que se brinde a la víctim a asistencia
Psicología judicial 353

psicológica lo más rápido posible — dentro de los tres (3)


días posteriores al evento, según Blau-1994— . Este últi­
mo autor distingue tres fases de reacción siguientes a un
evento traumático y en policías:

1) Fase de im pacto: com ienza con evento traumático y


continua hasta que el agente stressante ya no tiene efec­
to directo. Esta fase puede durar m inutos o días y el foco
de atención está sobre el presente y sobre el evento trau­
mático. Pueden existir sentim ientos o actos sin sentido o
torpes entre otras conductas.
2) Fase de aislam iento: que dura hasta que a la per- '
sona le es posible retornar a la vida y rutina diaria. La
persona tiene necesidad de contar su historia en un
intento de dom inar el stress.
3) Fase post-traum ática con síntom as típicos.

Conviene que la labor pericial sea llevada a cabo en


la form a más próxim a al evento traum ático que m otiva
la m ism a y que, en lo posible, existan m últiples entre­
vistas en distintos m om entos a los efectos de hacer un
m ejor seguim iento de la evolución psicológica del pacien­
te.
Es útil em plear en las entrevistas cercanas al hecho,
medios de registros técnicos (audio o video), a los efectos
de que esos primeros m om entos queden bien registrados,
los que podrán ser revisados luego por otros profesiona­
les peritos.
Esta conceptualización relativa al daño psicológico, es
distinta a la del daño m oral, que es otro rubro por el cual
se suele solicitar indem nizaciones en la esfera de la ju s-
35 4 Juan H. Del Popolo

ticiaJjNTo siempre el daño psíquico se acompaña de daño


físico, aunque en m uchas situaciones, por ejemplo am pu­
taciones o severos traum atism os físicos, provocan tam ­
bién un daño de tipo psicológico?]
( E l hecho de que exista daño m oral tampoco significa
de. por sí que exista daño psíquico. Puede resultar posible
que se vivencie el sufrim iento sin que esto conlleve una.
alteración patológica en la personalidad de la víctim a J
El sufrim iento dé por si, no im plica la existencia de
una patología, pudiendo estas vivencias transitar por los
carriles del duelo normal.
j El daño psíquico, en cam bio, puede acarrear pérdidas
m ateriales (por ejemplo: que como consecuencia del pade­
cimiento psicológico, no pueda cum plir con un determ ina­
do trabajo, el pago del tratam iento, etc. y sufrim iento
como consecuencia de su padecimiento^ J
Sin embargo, cabe señalar que fijar la cuantía de la
indem nización no es sencillo para los jueces, aún cuando
puedan haber ciertos parám etros para ello. Es bueno
tener presente que dos individuos no responden de igual
m anera frente a sim ilar traum a psíquico; como tampoco
responden de igual m anera frente a similares traum as
físicos. En cada caso existe un significado simbólico indi­
vidual del traum a, y factores cognitivos coñductuales y
de contextos distintos.
£ Im porta fundam entalm ente la determ inación del
daño psíquico para que el ju ez pueda fijar el resarcim ien­
to . Está incluido en él tratam iento terapéutico psicológi­
co, que sea necesario para la curación del paciente. En
este ám bito, norm alm ente se hace un pronóstico de la
situación posible de tratam iento, que no tiene por que ser
Psicología judicial 355

en términos rígidos sino que puede ser una prospectiva


probable de tratam iento, indicando una determ inada fre­
cuencia semanal y un determ inado costo, a los efectos de
que el ju ez tenga elem entos o parám etros para fijar la
indem nización que sea menester.J
Este es un terreno m uy interesante desde el punto de
vista psicológico. En general, se puede asociar este tipo
de situaciones, con las derivadas de las neurosis póst-
traum áticas del DSMIV. Los pacientes suelen presentar
una serie de signos y síntom as que hay que investigar:
dificultades en el sueño, signos som áticos que están rela­
cionados con ansiedad como jaquecas, vértigos, cefaleas,
opresiones precordiales, disnea, taquicardias, síntom as
digestivos, palidez, ahogo, dolor precordial, fotofobia,
sudoración, anorexia, bulim ia. Todos estos síntom as se
explican, por el elevado nivel de ansiedad que es propio
de estos pacientes, luego de haber sufrido el choque trau­
mático. Tam bién se deben exam inar las circunstancias
previas al accidente y los eventos posteriores, y la aten­
ción al post-evento traum ático.
>/ Es importante determinar si han existido internaciones,
como a transcurrido la vida del paciente durante la misma,
la contención familiar, el personal que lo ha atendido, las
relaciones con los profesionales, etc. Muchas veces los profe­
sionales provocem en la víctima lo que se llama una segun­
da victimización, como consecuencia de una mala atención
(otr^s veces lo hacen los Tribunales o los policías).
^En ocasiones, el increm ento del perjuicio psicológico
obedece al trato dado a la persona con posterioridad al
daño, circunstancia que debe ser diferenciada en el tra­
bajo pericial. )
356 Juan H. Del Popolo

En algunos países se acostumbra a que las declaracio­


nes de las personas víctim as de delitos, por ejem plo de /
m enores, sean tom adas por personal experto, de tal
m anera de evitar en lo posible segundas victim izaciones.
(Interesa revisar las experiencias de duelos previos que se
puedan haber reavivado con m otivo del acontecim iento
tr a u m á tic o j
En cuanto a situaciones propiam ente psicológicas,
habrá que indagar estados depresivos post-traum a, sen­
tim ientos de pánico, recuerdos dolorosos intrusivos,
situaciones de hiperalerta, respuestas de alarma o irrita­
bilidad, evitaciones. Tam bién habrá que exam inar la
existencia de sentim ientos de inferioridad, cómo es el
estado del yo previo y posterior al hecho, las vivencias y
hasta que punto estas han lesionado la autoestim a,
tem ores fóbicos, efectos sobre la salud en general, cam ­
bios de carácter, síntom as disfóricos, atención fatigable,
qug.se suelen producir luego de estas situaciones.
l_Conviene solicitar al paciente, que compare el antes y
el después del evento traum ático y que relate los cambios
que dice haber sufrido en la form a más com pleta p osib le/]
^Tam bién se deberá realizar un prolija evaluación de
la historia del paciente en orden a identificar situaciones
patológicas preexistentes.]!
j]N o sólo im porta precisar los efectos em ocionales del
trauma, sino las repercusiones en las funciones yoicas.
En los sujetos que han sufrido daño en su im agen cor­
poral, se debérá investigar la influencia del evento en el
área del narcisimo^j
La simulación y exageración de síntomas es esperable
y debe m erecer una cuidadosa evaluación.
Psicología judicial 357
] --
i Desde el ámbito del m undo extem o, hay que constatar
sentimientos de aislamiento porque suelen producirse lue­
go de estos hechos, pérdida de intereses previos, dificulta­
des para concentrarse, fallas de memoria, dificultades para
el estudio, dificultades en el trabajo o en las vivencias de
placer, sentimientos de desamparo, de vergüenza, humilla­
ción e inferioridad, actitud de los demás hacia el paciente
luego del accidente, situaciones de tensión social, anhedo­
nia y la alteración de proyectos previos. A veces, esta alte­
ración está ligada a cambios corporales que no permiten la
ejecución de las funciones que antes desempeñaban.~j
'.Las dificultades para concentrarse adecuadam ente
causan im portantes perjuicios a profesionales y estudian­
tes en sus tareas. _j
f Debe prestarse atención a la prolongación de senti­
m ientos de dependencia que pueden verse agravados
más allá de la necesaria y útil, que este tipo de situacio­
nes produce. El paciente en muchos casos suele autoinva-
lidarse, perm aneciendo en la dependencia, en form a no
útil y más allá de su necesidad. /
E n estos casos se atraviesa por las fases caracte­
rísticas del duelo y habrá que examinar, luego de un acci­
dente traum ático, en que fase se encuentra el paciente,
(protesta, negación, invasión, reacción depresiva, de de­
pendencia o de adaptación). Es im portante establecer
estas fases para ayudarlo a em erger de estas situaciones
por las que puede estar pasando.
El daño psicológico tam bién puede derivar de otras
fuentes, como las secuelas de traum atism os encéfalocra-
neanos en espina dorsal. Será en ciertos casos, necesario
establecer la repercusión del traum atism o sobre las fun-
35 8 Juan H . Del Popolo

ciones psicológicas del sujeto en estudio (Tabaddor et. al.,


1985-citado— por V ázquez M ezquita y H ernández Sán­
chez en “Secuelas Psicológicas del T.C.E. [Traumatismos
craneoericefálicos], en los accidentes de tráfico; Anuario
de Psicología Jurídica, M adrid, 1993). Estos autores
inform an que los dos m ejores índices de pronóstico de
recuperación cognitiva en pacientes que han sufrido estos
traumatismo son reconocimiento, comprensión y coordina­
ción visom otora ejecutando el test de recuerdo verbal.
Resulta apropiada una atención lo m ás próxim a al
hecho para dism inuir las posibilidades de daño psíquico.
Debe tenerse presente que la labor de evaluación no
sé desarrolla dentro de las estrategias del m arco clínico,
sino dentro del encuadre psicológico forense, por lo que
debe recurrirse a diversas fuentes de inform ación ade­
más de las que sum inistra el sujeto afectado, para reco­
lectar datos pertinentes con respecto a la conducta. Es
un error com ún el im plem entar abordajes clínicos a los
fines forenses. H ay que establecer si las vivencias des­
criptas por el paciente en relación a su estado psicológico,
son características de los cuadros psicotraum áticos y si
existe correlación con los hallazgos clínicos.

A lg u n a s t é c n ic a s p e r ic ia le s p s ic o ló g ic a s .
L e s ió n p s íq u ic a

Escala P K

Escala elaborada por Keane para ser usada en el


MMPI, m idiendo PTSD en veteranos de guerra, 1984.
Psicología judicial 359

Escala P S

Escala creada por «Reserch Triangle Institute North


Carolina».

Indicadores en técnicas de Rorschach

Indices de Van der KoeK: aumento de m (m ovim iento


inanim ado), contenido aum entado de respuestas anató­
m icas sangrientas o de sangre, m ás bajo M: (M + Sum
C), indicadores de desorden del pensam iento, form as
vagas, form a convencional a expensas de percepciones
precisas.

Sym pton Checklist 90 revised

Especialm ente diseñada para m ujeres víctim as de


delitos violentos y a los efectos de evaluar PTSD.

Watson PTSD Interview.

Spitzer and Williams structured clinical interview for


DSM-I11 PTSD.

Técnicas Neuropsicológicas.
360 Juan H. Del Popolo

Puntos periciales que pueden ser solicitados


para evaluar la lesión psíquica

Seguidam ente indicam os algunos posibles puntos de


pericia:
A) Indique estado del paciente en el m om ento actual.
D escripción de sus funciones psicológicas y de sus m eca­
nismos defensivos en las siguientes áreas:

1) M odificaciones en lá conducta del paciente que se


hubieren detectado en el trabajo pericial y a partir del
evento m ateria de la litis en los presentes actuados.
2) ¿Han existido causas preexistentes que justifiquen
su estado actual?
3) Evolución psicológica del paciente a partir del
evento traum ático.
4) Indique si existen posibilidades de simulación.
5) Indique si existen posibilidades de organicidad.
6) D etalle naturaleza y extensión, en sü caso, de las
incapacidades encontradas. .

B) Recom endaciones terapéuticas que se form ulan.


Costo aproxim ado en su caso del tratam iento indicado.
Tipo de tratam iento que se indica y razones que lo ju sti­
fiquen.
C) Influencia del estado actual del paciente sobre su
conducta en el m undo externo y de relación.
D) Pronóstico y recom endaciones que se puedan for­
mular.
Psicología judicial 361

Daño psíquico y mujeres maltratadas.


P e r ic ia s e n c a s o d e m u je r e s m a ltra ta d a s

En ocasiones, m iem bros de la fam ilia víctim a de la


violencia, especialm ente m ujeres maltratadas, suelen ser
causa del pedido de estudios periciales psicológicos.
En estos casos es im portante considerar y evaluar la
existencia de ciclos de violencia conyugal (Ciclo de W al­
ker), analizando cuidadosam ente las circunstancias de
conducta presente en la fam ilia, para analizar cuando
comenzó, personas involucradas, extensión y frecuencia
de.los ciclos de abuso, y las m odalidades del m ism o en la
interacción fam iliar (por ejem plo, si es de tipo emocional,
físico, sexual, etc.)
En num erosos casos suelen presentar, en el m iem bro-
víctima, signos de stress postraum ático, como trastornos
del sueño, somáticos, depresión, miedo, ansiedad difusa,
etc.
Veremos a continuación algunos índices que suelen
aparecer en las técnicas psicológicas en los casos de
mujeres que padecen el síndrom e de mujeres golpeadas y
que com eten actos de violencia contra su abusador.
Conform e Levit (1991),í en los casos en los que la
m ujer com ete hom icidio o ¿Salto como m anifestación de
su autodefensa no se presentan los rasgos de Stress Post
Traumático. En los casos en que la autodefensa aparece
como prim er factor, no hay pánico o depresión aguda
relativa al hom icidio mismo7\
Veamos los rasgos que, conform e este autor, se pre­
sentan en técnicas psicológicas de m ujeres que padecen
el síndrom e y tam bién en los casos de Stress Post Trau-
362 Juan H. Del Popolo

mático. Transcribiremos al autor en lo sustancial m encio­


nado en el trabajo citado, quien detecta los siguientes, '
hallazgos:
Wechsler: aparecen disminuidos los subtest de dígito
de símbolo (claves) y retención de dígitos y puede haber
una dism inución en el resto de las funciones intelectua­
les. También puede presentarse una disrupción en analo­
gía y com pletam iento de figura (dism inución), la reduc­
ción en las funciones intelectuales puede ser tanto como
un 20 o 30% del puntaje prorrateado en razón de los
devastadores efectos de la situación traum ática y de la
total inhabilidad para rescatar fuerzas que operan duran­
te el prim er o segundo m es luego del ataque. Siempre
estam os hablando de mujeres que han cometido un acto
delictivo como consecuencia de homicidios o casos de vio­
lencia por parte de la mujer, en el cual el síndrome de la
m ujer golpeada ha actuado como factor desencadenante.

T ’ip SCasa, A rbol, P ersona^ y B en d er:[ hay indicadores de


aguda ansiedad intensa, intem alización de la hostilidad,
depresión, sentim iento de culpa, apartam iento de la rea­
lidad y están afectados en form a generalizada los proce­
sos pérceptuales los que dan un cierto c o l o r o r g á n ic o al
c u a d r o . En realidad las m anifestaciones en el Bender o
en el HTP, no son consecuencias de un cuadro orgánico
sino derivada del stress post-traum ático. Tam bién hay
indicadores que dan la im presión de una psicosis funcio­
nal aguda.

R orsch a ch :fel núm ero de respuestas está siem pre


m arcadam ente dism inuido, con signos de ansiedad
Psicología judicial 363

depresión y retirada de la realidad. Tomando este test de


6 a 12 meses después del hecho, particularm ente si se ha
m ediado psicoterapia m ientras la m ujer espera su juicio,
puede aparecer un significativo m ejoram iento en todas
las áreas de funcionam iento, particularm ente en la inte­
lectual. Cuando la fase aguda dism inuye, procesos más
norm ales em ocionales e intelectuales com ienzan a apare­
cen^
Cuando m edia autodefensa que no deriva o no es
reflejo del síndrom e de la mujer golpeada, las funciones
intelectuales influenciadas por la ansiedad y la depresión
aparecen m ucho m ás intactas en el HTP, en el Bender
hay signos de ansiedad pero estos aparecen más relacio­
nados con la situación legal por la que atraviesa la
mujer. Estos test no reflejan rasgos psicóticos orgánicos o
funcionales como suelen aparecer en el caso de la mujer
golpeada que com ete un hecho delictivo como respuesta a
la situación. En el Rorschach, se aproxim a a la norm ali­
dad esperable. La orientación está generalm ente intacta.
Es im portante evaluar pericialm ente si se trata de una
m ujer golpeada o de un episodio de autodefensa a los
efectos de que un Tribunal pueda encuadrar m ejor la
situación legal m ism a.
Las técnicas señaladas deberán ser com paradas y
constatadas con los restantes elem entos que la pericia
pueda colectar antes de proporcionar una opinión válida.
En general, y con respecto a la pericia, debe tenerse pre­
sente que:
l)|En estados post-traum áticos, las defensas del yo en
los prim eros m om entos pueden quedar desbordadas por
la gran carga de excitación que inunda el aparato m en-
364 Juan H . Del Popolo

tal, recurriendo a la im plem entation de procesos regresi­


vos, propios del proceso primarioA
2) D eben detallarse tanto las m odificaciones a niyel
del m undo interno, como del m undo externo en la vida
del paciente.
3) El punto pericial es relevante porque a veces, el
suceso traum ático tan solo , agrava condiciones que ya
existían en la vida m ental del sujeto, por ende, deben
diferenciarse estas situaciones, en la m edida de lo posi­
ble, a los fines de que el ju ez pueda diferenciar sus cau­
sas y fijar la indem nización más justa. Siem pre el evento
traum ático se encadena dentro de una historia vital que
puede tener m enor o m ayor intensidad psicopatológica.
4) D eben detallarse las fases por las que ha atravesa­
do el paciente a partir del evento traum ático.

Pericias sobre peligrosidad

[^Conforme investigaciones de cam po practicadas en


diversas latitudes, resulta en extrem o dificultoso identi­
ficar factores que señalen confiablem ente la posibilidad
de que un individuo reincida en el d elito*.1)
Hay algunos factores de riesgo al respecto. Enuncia­
mos los criterios para evaluar riesgos de nueva com isión
delictiva en delincuentes sexuales, utilizado por el «Juve-

* A sí, Sloven Ko R. eh Psichiatry and Law, Borton,: Little,


Brown, 1973; Zis Kin, J. Coping with psychiatric and psychological
testimony, Warna del Rdo, Law and Psychology Press. Incluso, la exis­
tencia de una historia de violencia en el sujeto no es criterio seguro
para entender que será peligroso.
Psicología judicial 365

nile Sexual O ffender Program » (fuente: Wayne R. Smith,


U niversity o f W ashington, Seatle, 1987) publicado por
Cándido Sánchez en el artículo intitulado «Perspectivas
Actuales en la D elincuencia Sexual», (Anuario Psicología
Jurídica, Colegio O ficial de Psicología, 1993).
fC riterios de b a jo r ie s g o :
Prim er delito conocido sin evidencia de patrón delicti­
vo desarrollado.
D elincuente receptivo en la exploración de m anera
no-defensiva.
El infractor reconoce y com prende el impacto negati­
vo del delito sobre la víctim a....
La fam ilia identifica problem as dentro del grupo
fam iliar relacionados con el com portam iento sexual des­
viado del agresor.
El infractor tiene una adecuada adaptación social,
con presencia de apoyo de un grupo de iguales y de par­
ticipación en actividades.
El delincuente na posee antecedentes de problem as
conductuales y o académ icos.
Criterios de riesgo moderado:
El infractor ha com etido dos o más delitos probados y
evidentes.
Suspensión de la conducta delictiva cuando la víctim a
exterioriza dolor o sufrim iento.
El agresor se resiste a describir y explorar el delito,
aunque desde una postura no defensiva....
El infractor posee antecedentes de trastorno conduc-
tual que im plican agresión física.
El delincuente m uestra una adaptación social pobre,
incluyendo aislam iento con respecto al grupo de iguales.
366 Juan H. Del Popolo

El agresor sexual tiene un historial de problem ática


adaptativo/com portam ental o académica.
Criterios de a lt o r ie s g o : y
El infractor ha recibido tratam iento p or haber com e­
tido un delito sexual previam ente.
El delito fue predatorio (con ensañam iento).
El delito fue ritualista... .
H istoria de consum o crónico de tóxicos.
El infractor ha sido víctim a de abusos físicos y/o
sexuales repetitivos.
La unidad fam iliar del agresor es crónicam ente dis­
fu ncional.?

En todo caso resulta necesario realizar, cuando se


solicitan estos dictám enes, evaluaciones en extrem o pru­
dentes y cautelosas.
Es útil la realización de evaluaciones continuas en el
tiem po acerca de la situación del sujeto en su contexto,
para poder dar cuenta en m ayor m edida de la evolución
de los factores de riesgo.
I Es necesario tener presente una v isión m u ltifa cto­
rial para la evaluación de los factores de riesgo, en la
peligrosidad en los que se consideren factores p e r s o n a ­
le s (edad, habilidades em páticas, coeficiente in telec­
tual, traum atism os cerebrales, afectos y defensas,
depresiones, fantasías agresión para resolver conflictos,
patologías orgánicas y psicopatológica, disfunciones
cerebrales, etc.), de c o n t e x t o m ín im o (papel de la víc­
tim a, tipo de violencia, planeam iento, uso de drogas o
alcohol, im p ulsividad, desencadenantes, etc), de c o n ­
t e x t o m e d io (conocim iento o desconocim iento de la víc-
Psicología judicial 367

tim a, etiquetam iento, historia de la relación, aprendiza­


je de pautas de conducta violenta para la resolución de
problem as, stress, pautas de violencia familiar, historial
de violencia, experiencias de deprivación, conflictos con
la autoridad p olicial o ju d icia l, habilidades de Vida y
sociales, subcultura, historia de contacto con in stitu cio­
nes) y de c o n t e x t o m á x im o (situación desde el m acro-
contexto). |
Estos fáctores podrán dar tan solo una visión orienta-
tiva y no deben ser analizados en form a aislada, sino que
deben verse sus interfases y entrecruzam ientos en la
situación concreta en form a dinámica. Im porta tener en
cuenta, si el individuo está privado de su libertad, el con­
texto social al que irá, y sus posibilidades reales de con­
tención.
En ocasiones, ciertos estudios parecen dem ostrar el
peso de los factores biológicos y orgánicos cerebrales en
la conducta violenta. A sí parece surgir del estudio de
Yeuddall y otros (1971) en el Alberto H ospital que sostie­
ne que, en criminales con carrera criminal persistente, se
constató en un alto porcentaje (80%) la incidencia de pro­
blem ática neuropsicológica localizada en el cerebro
(región tem poral y frontal).
Claro es que, ningún factor biológico puede ser aisla­
dam ente considerado.
M últiples investigaciones tienden a m ostrar tam bién
la im portancia del factor edad. Luego de los 30 años el
historial de violencia tiende a disminuir.
Los padecim ientos psicopatológicos no deben ser aso­
ciados a la peligrosidad de m anera lineal, aunque hay
ciertas enferm edades frente a las que cabe esperar com-
368 Juan H . Del Popolo

portam ientos peligrosos para el sujeto u otros (depresión


ansiosa, paranoia, esquizofrenia en form a de comienzo), y
Los estudios em píricos realizados no han tenido
resultados alentadores a fin de predecir la peligrosidad,
predom inando la presencia de fases positivas y negativas
(estudios de Kozol, Bacher, Garófalo (1972); con predic­
ciones incorrectas de peligrosidad en el 60% de los casos;
estudios de Wenk y. otros (1972); estudios Baxtron, etc,
Cocozza y otro (1978)).
Ciertam ente las pericias de este tipo corren el riesgo
de resultar severam ente sesgadas por la ideología del
entrevistador, por ello es prudente presentar al juez los
factores de riesgo que se hayan identificado a partir de
evidencias y datos concretos, poniendo a su vez de relieve
frente a quién encarga la pericia los límites científicos de
la tarea.

Pericias y experiencias relativas


a situaciones contractuales

Este cam po pericial está poco desarrollado, aunque


con respecto a él la psicología tiene m ucho que ofrecer.
Un caso judicial muy interesante ha sido expuesto
por Luis M uñoz Sabaté en «Introducción á la Psicología
Jurídica».
La pericia psicológica en el caso, debía establecer
asuntos netam ente ligados a la percepción espacial en
relación a lá posibilidad de caer en error evitable. El
autor plantea un interesante modo de acción que hubiera
podido desarrollar un perito psicológico, desde lo experi-
Psicología judicial 369

m ental y en el caso concreto. Rem itim os al lector intere­


sado a su lectura.
En m ateria de determ inar errores y si el mismo es
vencible o no, en casos en los que estén involucrados pro­
cesos perceptivos espaciales, la psicología puede ser de
gran ayuda.
En algunos países, el perito psicólogo es llam ado a
dictam inar en demaridas relacionadas con indem nizacio­
nes por daños o m uerte, sufridos com o consecuencia de
uso de productos defectuosos o utilizados indebidamente.
En estas circunstancias, el psicólogo ha sido llam ado a
testificar acerca de la posibilidad y adecuación de las
advertencias e instrucciones para m anejar el producto
cuestionado, desde el punto perceptivo acerca de cómo el
consum idor interpreta las directivas para su uso, cómo
ve el producto, la im agen creada por la publicidad, entre
otros aspectos (al respecto ver Blau, 1984). También peri­
ta en relación a infracciones relacionadas con patentes,
m arcas registradas, anuncios o publicidad a los efectos
de proporcionar elem entos científicos que ayuden a
establecer desde la percepción del público la copia o
sem ejanza de los m ism os. Se suelen realizar en estos
casos investigaciones de los consum idores y experim en­
tos de laboratorio.

Peritajes sobre la credibilidad


de las declaraciones

Esta es un área pericial de gran interés para la ju sti­


cia. Fundam entalm ente en este tipo de pericias se inten-
37 0 Juan H. Del Popolo

tan poner de relieve los aspectos psicológicos presentes,


en una declaración testim onial relacionada con su fiabi­
lidad, validez, exactitud, errores de memoria, incidencia
en la em oción, ansiedad, fenóm enos especiales, percep­
ción del tiem po, técnicas de interrogatorio, entre otros
temas. El punto será desarrollado en otro de los tomos de
este m anual.
C apitulo IV
A péndice I

PUNTOS PERICIALES QUE PUEDEN SER


SOLICITADOS Á LOS EFECTO S DE LA POSTERIOR
VALORACION JUD ICIAL DE LA IM PUTABILIDAD

Seguidam ente se trasncribirán algunos puntos de


pericia que pueden ser solicitados directam ente por el
Tribunal, o luego de la pertinente solicitud del Ministerio
Público o Defensa, y a los efectos de que por interm edio
de la labor pericial se puedan reunir elementos de juicio
suficientes para que el ju zgad or pueda valorar fundada­
m ente la im putabilidad o inim putabilidad del procesado
en el caso concreto.
La tarea de dilucidar si un individuo es im putable o
inim putable corresponde al ju ez y en m anera alguna el
psicólogo o psiquiatra puede suplantarlo en tal misión.
Sin em bargo, estos profesionales están en condiciones
óptimas para ofrecer valiosos datos acerca de la conduc­
ta, que le perm itirán al m agistrado form ular sus juicios
en form a más cercana a la verdad. Com prender la crimi-
372 Juan H. Del Popolo

nalidad del acto y dirigir las acciones, aun cuando pue­


dan ser consideradas conductas desde el punto de vista-'’
de lo valorativo, im plican tam bién un sustrato de tipo
psicológico.
Eventualm ente, los puntos de pericia propuestos más
abajo, también podrán resultar útiles a los efectos de que
el perito pueda tener en cuenta algunos aspectos relevan­
tes a evaluar, aun cuando no le sean solicitados expresa
y puntualm ente.
Los puntos de pericia son m eram ente orientativos y
deberán ser seleccionados, para su aplicación en un caso
concreto, luego de analizar cuidadosam ente su pertinen­
cia y utilidad en la situación específica en juzgam iento.
También en lo pertinente podrán ser aplicados a dem an­
das periciales que se puedan form ular en legislaciones
diferentes a la Argentina, en las que se deban establecer
desde los hechos situaciones psicológicas semejantes.
He estim ado útil confeccionar esta lista para facilitar
en; a media de lo posible la tarea de los profesionales en
esta área, y porque la experiencia pone de relieve que en
muchas ocasiones los profesionales del derecho no cono­
cen — ni tienen por qué conocer necesariamente;— qué es
lo que la psicología en cada caso de demanda pericial les
puede ofrecer. De otra parte los profesionales de las cien­
cias de la conducta m uchas veces tampoco saben que es
lo que realm ente necesitan los profesionales del derecho
en cada una de las áreas periciales, y por lo tanto, entre­
gan inform es periciales que no son lo suficientem ente
útiles o com pletos a los fines jurídicos, o que muchas
veces son m eros inform es de tipo clínicos.
Debe tenerse presente qué, imposible agotar todos los
Psicología judicial 373

posibles puntos de pericia que en cada caso puedan ser


fomulados.
Para cum plim entar este tipo de dem andas periciales,
es necesaria la realización de un estudio de conducta
retrospectivo, tarea que en la mayoría de los casos no es
sencilla, y en la que en m uchas ocasiones no se cuenta
con elem entos suficientes de juicio para arribar a una
conclusión con cierto grado de certeza. Esta tarea, se ve
a veces dificultada por el hecho de que el paciente a exa­
m inar ha recibido tratam iento farm acológico luego de
cometido el hecho, con la consiguiente alteración de su
comportamiento.
Este diagnóstico retrospectivo puede ser configurado
a partir de muy diversas fuentes, entre las que se cuen­
tan las siguentes;
£*. — Entrevistas al im putado. Resulta de gran im por­
tancia escuchar y registrar su relato del hecho para luego
analizarlo m inuciosam ente.
— Entrevistas a fam iliares, testigos del hecho, fam i­
liares de la víctima.
— H istorias clínicas confeccionadas con anterioridad
al delito investigado, o al tiem po del m ism o (delitos
cometidos por personas internadas).
— Conducta previa y posterior al hecho investigado.
— Registros de técnicas psicológicas aplicadas con
anterioridad, como las utilizadas a los efectos de realizar
una orientación vocacional, selección en el ám bito de lo
laboral, tratam iento psicoterapeútico, etc.
— Lectura y análisis de las constancias del expedien­
te, previa autorización ju d icial a los efectos de que le sea
perm itida al perito su consulta.
374 Juan H . Del Popolo

— Datos provenientes de:


1) aplicación de diversas técnicas psicológicas;
2) inform es de m édicos forenses;
3) de la historia vital, infancia, historia familiar, his­
toria educacional, relaciones anorm ales; -
4) de la m ism a escena del crim en, los que norm al­
m ente figuran en el expediente.
En cuanto a las declaraciones que figuran transcrip­
tas en el expediente, deben ser leídas con cuidado, habi­
da cuenta de los fenóm enos que distorsionan la recepción
de las declaraciones, los que en otra parte de esta obra se
estudiarán.
5) los prim eros m om entos a partir de la detención;
6) de previas actividades delictivas.
Decim os estudio retrospectivo de conducta, toda vez
que lo im portante es ofrecer las apreciaciones que desde
la psicología ayuden a definir los aspectos relevantes al
m om ento del hecho. El diagnóstico clínico, si bien es un
elemento im portante no agota la situación. Para el juez
será de gran utilidad tener un panoram a lo más com ple­
to posible del funcionam iento del im putado en aquel
mom ento, a partir de un diagnóstico descriptivor^\
Las ciencias de la conducta, y en particular la ciencia
psicológica, pueden ofrecer valiosos aportes para enten­
der y com prender m ejor las situaciones en examen. Pre­
vio a que el ju ez valore si el individuo es im putable o
inim putable, debe conocer con la m ayor precisión posible
las circunstancias fáeticas conductuales. Los m odernos
aportes dé las ciencias de la conducta pueden ayudar a
discrim inar las denom inadas zonas “grises” en las que
sólo un detenido exam en de las circunstancias de conduc-
Psicología judicial 37 5

ta presentes én el caso, puede ayudar a establecer hasta


qué punto una determ inada persona puede ser considera­
da im putable o ininm putable. También el más profundo y
m eticuloso análisis de los hechos de conducta podrá pro­
porcionar com prensiones más discriminadas de las situa­
ciones de conducta p or las que atraviesan las personas,
que lleven a su vez a la necesidad de plantear otras
alternativas para los im putables e inim putables, distin­
tas a las del m anicom io o la cárcel.fLos procedim ientos
periciales tradicionales más antiguos, sólo perm iten
diagnosticar con claridad los puntos claramente extrem os
del continuo im putabilidad-inim putabilidad. Así, por
ejemplo, por lo general no se duda que una persona que
padece de una esquizofrenia al m om ento del hecho, en
pleno brote “psicótico” , debe ser considerada inim putable.
Donde las situaciones no son tan claras es en otro tipo de
afecciones com o las neurosis, psicopatías, etc. En estos
casos, la ciencia psicológica puede contribuir para arrojar
más claridad acerca de los procesos de conducta desenca­
denados durante el hecho. El detallado análisis psicológi­
co podrá tam bién ser de utilidad, aún cuando el indivi­
duo fuera considerado im putable, a los efectos de las más
adecuadas m ensuración de la pena, por ejem plo a la luz
del los Arts. 40 y 41 Código Penal Argentino; o de la apli­
cación de la condena condicional (art. 26 Código Penal); o
de la suspensión del proceso a prueba; (art. 76 bis C.
Penal) etc. La m enor posibilidad para autoderm inarse de
conform idad a la norm a, tam bién debe ser tom ada en
cuenta para la elección y fijación de la pena.
En relación a los distintos puntos de pericia que
seguidam ente se propondrán, se m encionarán distintas
376 Juan H . Del Popolo

técnicas psicom étricas que pueden auxiliar al perito a los


efectos de evaluarlos. Pero debe tenerse presente que,
ninguna técnica puede por sí m ism a dar cuenta acabada
de los complejos aspectos de conducta que se encuentran
en juego en las distintas cuestiones periciales que se
detallarán. Sus resultados deben ser analizados a la luz
de la com plejidad de factores y perspectivas presentes en
cada caso. -
Tampoco se pueden ofrecer conclusiones a partir del
sim ple resultado num érico de un test o subtest. N o es
válido realizar afirm aciones genéricas basadas en m eras
diferencias num éricas inter o intra test como m uchas
veces en la práctica se observa.
Bien decía David W eschler (1973) que, “la inteligen­
cia, como la personalidad, es un ente demasiado com pli-
. cado para definirla por m edio de un sim ple núm ero” .
A gregaba este autor que, “los individuos que tienen el
m ism o cociente intelectual pueden diferir considerable­
mente en cuanto a su capacidad efectiva o potencial para
la conducta inteligente”. Por tanto, las técnicas que en
cada caso se indican para evaluar las distintas situacio­
nes periciales, deben ser analizadas en conjunto con
otros factores y elem entos de juicio provenientes del aná­
lisis global de la conducta en examen. Ningún dato psico-
m étrico aislado por sí sólo bastará para dar adecuada
respuesta a las situaciones que se propondrán.
Hechas estas aclaraciones, transcribirem os algunas
posibles dem andas periciales en el área de la im putabili-
dad y tal como pueden ser form uladas al perito intervi-
niente.
Psicología judicial 377

E je m p lo s d e p u n t o s d e p e r ic ia

'-L a dem anda pericial —-para que posteriorm ente el


Tribunal, conjuntam ente con otros elementos de prueba,
pueda analizar la im putabilidad— podría configurarse de
la siguiente form a:
1. Para que exprese el perito si al m om ento del hecho
que en estos autos se le atribuye al im putado, éste pade­
cía de:
— A lgún tipo de alteración m orbosa de sus facultades
m entales;
— Tratorno de la conciencia;
— Insuficiencia de sus facultades mentales;

A dviértase que en este prim er punto de pericia, se


interroga al perito a partir de la letra del artículo 34
inciso l e del Código Penal Argentino, en su prim er apar­
tado.]}
La dem anda pericial podría continuar de la siguiente
forma, en el caso de que se sospeche la presencia de algu­
na probable “alteración m orbosa” de las facultades m en­
tales.
l2 . Exprese el perito fundadam ente cuál es el diagnós­
tico de la alteración m ental padecida por el im putado y
de conform idad a los códigos internacionales en vigencia
(por ejemplo, Clasificación Diagnostica contemplada en el
DSM IV, de la A sociación de Psiquiatría Am ericana).
3. En su caso, refiera el perito cuáles pudieron ser los
efectos ciertos o probables de la alteración m orbosa
encontrada sobre la conducta del im putado al m om ento
del hecho que en estos obrados se le atribuyen.
378 Juan H. Del Popolo

4. Indique el perito la severidad o gravedad de la


alteración padecida por el imputado. 7
5. Establezca el perito en su caso la fase o estado.de
la enferm edad padecida por el imputado.
6. Exprese el perito la etiología probable de la dolen­
cia, su evolución y pronóstico/']

Ejemplificación de puntos periciales que pueden


ser solicitados a los efectos de reunir elementos
de juicio desde lo psicológico para que el juez
valore fundadamente la posibilidad del imputado
de “comprender la criminalidad del acto”

A continuación, se m encionarán algunas áreas de


funcionam iento psicológico que pueden sér exam inadas
por el perito psicólogo a los efectos de reunir datos de
im portancia para que el Tribunal pueda valorar con
mejores elem entos de juicio la capacidad de “com prender
la crim inalidad del acto” del inculpado en el caso concre­
to, y al m om ento del hecho. Posteriorm ente incluirem os
posibles puntos de pericia que pueden ser solicitados
cuando se sospecha, desde las capacidades psicológicas
del sujeto, un trastorno en la posibilidad de “ dirigir las
acciones”. Cierto es que, resulta m uy difícil desde el pun­
to de Vista pericial ilustrar al Tribunal en relación a las
capacidades del sujeto desde el punto de vista natural de
com prender la crim inalidad del acto o dirigir las accio­
nes. Ya K urt Schneider señalaba esta dificultad, cuando
expresaba que los psiquiatras casi nunca podían diferen­
ciar este tipo de situación y que tan lejos en sus respues-
Psicología judicial 379

tas no llegaban. Pero la ciencia psicológica, al menos pue­


de ofrecer un panoram a del estado de ciertas funciones
psíquicas que resultan im prescindibles para llevar a cabo
estas funciones. Luego enunciarem os algunos puntos
periciales que pueden ser solicitados al explorar trastor­
nos de la conciencia, o insuficiencia de las facultades
mentales.
En realidd todos los puntos de pericia que se propo­
nen para la evaluación de las capacidades que desde el
punto de vista psicológico son necesarias para analizar la
im putabilidad, funcionan en el psiquism o en forma inter­
relacionada. Incluso, com prender la criminalidad del acto
y dirigir las acciones desde un punto de vista psicológico,
requieren de la interrelación adecuada de una gran gama
de factores de orden em ocional e intelectual. Se hace la
subclasificación, que a continuación se desarrolla, al sólo
efecto de hacer más didáctica la exposición y proporcio­
nar una guía orientativa al profesional que debe solicitar
la pericia.

Ejemplificación de puntos de pericia


que se pueden solicitar

Indique el perito, las consecuencias ciertas o proba­


bles de la alteración m orbosa padecida por el inculpado,
sobre las siguientes áreas de funcionam iento psicológico:
380 Juan H . Del Popolo

A . J u i c i o C r ít ic o
Com entario

D avid Rapaport (1971), expresa que el concepto “ju i­


cio” im plica la m ovilización autom ática y sin esfuerzo de
aquellas inform aciones que conduzcan a una respuesta
apropiada y pertinente ante uqa situación dada.
CEI subtest de “Com prejisión”, dentro del test de
W eschler (WAIS), es adecuado para estim ar esta situ a­
ción. En los sujetos psicóticos, depresivos y gravem ente
neuróticos, este subtest suele presentar un puntaje m ar­
cadam ente inferior al que se obtiene en Vocabulario. Por-
tuondo (1970), indica que casi todos los psicóticos fallan
bastante en este subtest por su juicio deteriorado. Estas
fallas en la capacidad judicativa hacen que la com pren­
sión del acto se vea distorsionada. Los sujetos que pade­
cen trastornos mentales orgánicos, tam bién suelen pade­
cer de alteraciones del juicio y de la capacidad para
entender plenam ente el significado de un p roblem á.j
Como expresa D.Weschler (1973), una de las m ayores
recom pensas de este subtest es que cuapdo se aplica
oralm ente, puede brindar valiosos datos clínicos acerca
del sujeto. Agrega que con frecuencia es de valor al diag­
nosticar personalidades psicopáticas, algunas veces
sugiere la presencia de tendencia esquizofrénica (como lo
revela la presencia de respuestas perversas y extrava-
gentes) y casi siempre nos dice algo de la experiencia
social y cultural del sujeto.
Zim m erm an y Woo Sam (1976), sostienen que este
subtest puede revelar modos de enfrentarse con la reali­
dad (pasivo, dependiente, adecuado y autodom inio). El
Psicología judicial 381

análisis de “estos modos de enfrentarse con la realidad”,


de estos modos de construir juicios y respuestas frente a
situaciones dadas, y que pueden ser revelados por este
subtest, nos resultará valioso a la hora de saber de las
posiblés desviaciones y contam inaciones del juicio crítico
del exam inado. Esto, a su vez, nos aportará un dato
valioso para conocer algo más acerca de “cóm o” el exam i­
nado se enfrentó y vivenció la situación en el m om ento
del hecho por el cual se lo juzga, y hasta qué punto la
“com prendió” desde su psiquism o. Los datos de m ayor
utilidad, son lo que se extraen al analizar desde el punto
de vista clínico las diferentes respuestas dadas por el
sujeto al ser observado m ediante la aplicación de este
subtest. Los autores citados en últim o término, ejem pli­
fican distintos tipos de respuestas con las posibles inter­
pretaciones clínicas posibles (respuestas de tipo fóbicos,
dependientes, provocadoras, irreflexivas, paranoides, his­
téricas, tem erarias, obsesivas), que pueden ser consulta­
das a los efectos de una más com pleta ilustración en su
obra, reiterándose que las conjeturas sobre cada respues­
ta particular deben ser analizadas a la luz de la conducta
global del examinado en situación.
[ El test de Rorschach tam bién puede ser aplicado para
evaluar desviaciones del juicio, que puedan im plicar una
distorsión en la com prensión de los hechos. H abrá que
prestar atención a la existencia de algunos de los
siguientes fenóm enos:

— Verbalizaciones desviadas, o arbitrarias.


— Contam inaciones.
— Confabulaciones.
38 2 Juan H. D el Popolo

— Lógica autista.
— Verbalizaciones absurdas.
— Bajo nivel formal.
— Existencia de preceptos rotos, destruidos, partidos.
— Autorreferencias.
— Pérdida de distancia con la lám ina.

El análisis siempre se practicará, a partir del conjun­


to de los resultados obtenidos a través de todo el proceso
pericial. Debe recordarse q.ue en todos los casos se obten­
drá un registro de las funciones del im putado en el
m om ento actual, y que podrán servir com o elem entos de
ju icio para evaluar el m om ento del hecho.
Para que un sujeto pueda com prender el sentido de
una conducta se requiere que, entre otras funciones, ten­
ga la capacidad de evaluar lo que resulta adecuado y'p er­
tinente a la situación. A su vez, para que esto pueda
suceder, es necesario un equilibrio desde el punto de vis­
ta afectivo que supone la presencia de un funcionamiento
adecuado en diversas áreas de la personalidad.
Por m edio dél ju icio crítico, el hom bre puede diferen­
ciar lo correcto de lo incorrecto, lo bueno de lo m a lo .^

B. Capacidad de planear y anticipar conductas


Comentario

(_ Para com prender el sentido de un acto y sus conse­


cuencias, es necesario contar, con la posibilidd de antici­
par cuáles serán las consecuencias de la conducta que se
asume. En los sujetos que padecen esquizofrenia, en los
psicóticos depresivos, esta posibilidad se encuentra noto-
Psicología judicial 383

riamente dism inuida. El sujeto que carece de la posibili­


dad de realizar anticipaciones correctas de las consecuen­
cias de la conducta que adopta, tam poco está en condicio­
nes de com prender cabalm ente el sentido de un acto.
Desde el punto de vista psicom étrico, algunos autores
afirman que el subtest de ordenam iento de figuras
(WAIS) resulta adecuado para evaluar esta capacidad
psicológica. Zim m erm an y ot. (1976), entienden que para
que el sujeto realice con éxito la tarea, debe captar los
detalles de los dibujos, detectar las secuencias y ordenar
las tarjetas de m odo que cuenten una historia con senti­
do. Agregan que; quienes realizan esta tarea deben pose­
er la capacidad de dem orar la solución, hasta que capten
todos sus com ponentes y com prendan sus posibles im pli­
caciones. La capacidad de anticipar y planear conductas,
im plica la posibilidad de representarse m entalm ente los
propios actos de conducta y sus consecuencias. Desde el
punto de vista de las funciones psicológicas, com prender
el sentido de una acción conlleva la posibilidad de com ­
prender las secuencias de las acciones y su consecuencia.
También el subtest de rom pecabezas puede asociarse
con la capacidad de planear conductas.
Debe tenerse presente que, com o hem os dicho, n in ­
gún subtest aislado puede llegar a dar cuenta acabada­
m ente de la situación psicológica del examinado. Sólo un
análisis global de todas las funciones perm itirá llegar a
un juicio más adecuado. !
384 Juan H. Del Popolo

C. P r u e b a d e r e a lid a d
Comentario

Fenichel (1979), expresa que la prueba de realidad


im plica la capacidad de anticipar el futuro en la im agina­
ción, mediante un ir probando la realidad ensayando, de
una m anera activa y en pequeñas dosis lo que podría
sucederle a Uno de una m anera pasiva y en dosis desco­
nocidas. Esta capacidad psicológica de “prueba de la rea­
lidad” , de acción de ensayo, es necesaria para que desde
el punto de vista intrapsíquico, se pueda decir que el
sujeto ha podido com prender el sentido de la conducta
que desarrollará. El desarrollo de esta capacidad permite
elaborar un juicio adecuado.

D . S e n t id o d e r e a lid a d
Comentario

( i ! yo m ediante esta función puede establecer si lo


percibido está en el m undo interno o en el m undo exter­
no. La función colapsa en los psicóticos, que bajo ciertas
condiciones no discrim inan si lo percibido está en el
m undo interno o en el m undo exterior. Es necesaria esta
posibilidad de discrim inación para comprender el sentido
de un acto?)

E. C a p a c id a d d e d is c r im in a r
Comentario

Esta capacidad perm ite distiguir lo que corresponde a


una situación dada de los elem entos que pueden ser aje-
Psicología judicial 385

nos a ella. ¡É sta posibilidad de diferenciación, fracasa


cuando hay motivos m asivos de proyección sobre lo perci­
bido. Si no existe una adecuada discrim inación, mal pue­
de existir una adecuada com prensión de la situación en
la que el sujeto está inm erso. I

F. Funciones simbólicas del yo: capacidad de


entender adecuadamente significante y significado
Comentario

La correcta intelección de los significados del signifi­


cante resulta tam bién esencial para com prender la situa­
ción. Esta capacidad se halla alterada gravem ente en los
procesos psicóticos, y en m enor m edida en las neurosis.
ÍE1 test de sem ejanzas, dentro de la técnica de Wesch-
ler, perm ite exam inar la capacidad del sujeto de com ­
prender el significado en el área de la form ación de con­
ceptos verbales. Para que el sujeto pueda com prender
semejanzas y diferencias en este subtest, debe poder cap­
tar los significados?/

G. Percepción interna de necesidades y capaci=


dad de percibir angustia y señal de alarma
Com entario

Estas capacidades tam bién resultan im portantes a


los fines de evaluar hasta qué punto un sujeto determ i­
nado ha estado en condiciones de com prender el sentido
de un acto.
386 Juan H. Del Popolo

H. Curso y contenido del pensamiento


Comentario

Son alteraciones del curso y contenido del pensamién-


to: aceleración, lentitud, inercia, interceptación, barraje,
pers ever ación, estereotipias, verbigeración, fusión, incohe­
rencia, disgregación, ideas obsesivas, fijas, delirantes,
existencia de neologismos. Ellas interfieren en la compren­
sión dél sentido del acto, como fácilmente se advertirá.
Todas las funciones antes transcriptas son necesarias
en m ayor y m enor grado para poder “com prender” psico­
lógicam ente el sentido de una conducta, lo disvalioso de
la jp ism a , su significado, etc.
j Es conveniente que el ju zgad or conozca, pericia
m ediante, hasta qué punto la “alteración m orbosa”
encontrada, puede o no incidir sobre las capacidades psi­
cológicas necesarias para una adecuada com prensión de
la situación. Estas funciones son factibles de ser evalua­
das en m ayor y m enor grados por medio de distintas téc­
nicas psicológicas que gozan de adecuada validación y
confiabilidad, f

Ejemplificacipn de puntos de pericia


relacionados con la capacidad psicológica
de dirigir las acciones

Veremos algunos probables puntos de pericia que


guardan m ayor relación con la posibilidad de “ dirigir las
acciones” desde un punto de vista psicológico, e indepen­
diente de que el Tribunal pueda realizar la pertinente
valoración desde el punto de vista jurídico en relación a
Psicología judicial 387

las conductas del im putado. Los puntos de pericia podrí­


an ser enunciados como a continuación se detalla:
»*■*»

[— Exprese el perito fundadam ente, y en la m edida de


su conocim iento y posibilidades científicas, hasta que
punto la alteración m orbosa encontrada ha tenido in ci­
dencia al m om ento del hecho sobre las siguientes áreas
de com portam iento:
a— Posibilidades del yo de controlar los im pulsos

Esta capacidad resulta esencial y se halla alterada en


diversas patologías. Así, por ejem plo, en ciertas neurosis
obsesivas graves, se presentan im pulsos que el paciente
vive como una im posición, sientiéndose obligado a reali­
zar determ inandos rituales, careciendo de la libertad
para elegir otra conducta. Estos casos representan una
im portante pérdida de la libertad de optar. En otros
casos m enos dram áticos, esta libertad de elección se
encuentra dism inuida, aunque en m enor medida.
Debe exam inarse la capacidad del yo de controlar el
acceso a la motilidad desde el punto de vista de la psiquis.
El yo no puede ser observado escindido del contexto en el
que el hecho ha sucedido. En num erosas oportunidades,
es dable observar que la cantidad de estímulos internos y
externos que inciden en un m om ento dado sobre el yo es
tan arrolladora, que hace que colapsen sus funciones y el
sujeto adopte los m ecanism os propios del procesos prim a­
rio, dejando de lado los del secundario con las consiguien­
tes pérdida de las posibilidades de reflexión sobre la pro­
pia conducta. Tal situación suele ser observada en los
intensos cuadros de em oción, aunque excepcionalm ente
388 Juan H. Del Popolo

esta situación ingresará por sí misma, como situación que


conlleve la inim putabilidad. También se han de identifi­
car los agentes estresantes a los que hubiere estado el/
im putado sometido, que pueden haber disminuido sensi­
blemente la capacidad del yo de controlar estímulos.
Adviértase que las funciones del yo pueden debilitar­
se tanto por regresión como por represión. \

b— Capacidad de tolerar la frustración

C Poder tolerar la frustración y la espera, resulta esen­


cial para poder pensar y dirigir las acciones.
Conlleva la posibilidad de aplazar la satisfacción del
deseo teniendo en cuenta la realidad o los m andatos del
superyo.
La im posibilidad de tolerar frustraciones, ju ega un
rol esencial en m uchas patologías. En las psicopatías de
carácter grave, este rasgo se presenta en forma marcada.
El paciente resulta incapaz de aplazar la satisfacción del
deseo, y por ello ve lim itadas sus posibilidades de resistir
a la tentación de realizar el acto, que m uchas veces es
delictivo. Ello, en m anera alguna bastará para conside­
rar que el sujeto ha perdido la posibilidad de dirigir las
accionesj pero será un elemento más a tener en cuenta,
para lá com prensión de la situación global de conducta al
m om ento del hecho, j
:■
• • 'v \ r*

c-— Coordinación visomotriz

\ E s ta función tam bién resulta im portante a los efectos


de poder dirigir las acciones en el caso concreto. Podem os
Psicología judicial 38 9

señalar que en los graves trastornos de la conciencia, se


suelen presentar episodios de pérdida de la coordinación
visom otriz con la em ergencia de autom atism os. Jj
Los subtest de Construcción con cubos, Com posición
de objetos y Sím bolos de dígitos, suponen una adecuada
organización de la actividad viso-m otriz y pueden ser uti­
lizados a los efectos de evaluarla.
{ Los pacientes orgánicos presentan un pobre rendi­
m iento en esta área. N um erosos cuadros tóxicos hacen
que el paciente pierda la coordinación visom otriz y no
pueda dirigir adecuadam ente sus acciones.

d— A decuada capacidad de atención y concentración

Presupone la lucidez de conciencia. Estas capacidades


son necesarias, al m enos en cierto grado, para poder
com prender el sentido de cualquier acto y dirigir las
acciones. Los graves estados de perturbación de la con­
ciencia com prom eten estas capacidades seriamente.
Los subtest de aritm ética y retención de dígitos en el
test de Weschler, conform e Rapaport, se correlacionan
con la posibilidad de evaluar atención y concentración.

Otras evaluaciones a solicitar

También es conveniente solicitar la evaluación de


otras funciones que guardan estrecha relación con la
posibilidad de com prender la crim inalidad del acto y diri­
gir las acciones, a saber:
390 Juan H . Del Popolo

e— Ansiedades predom inantes al m om ento del hecho


y defensas del yo

C En determinados momentos, el grado de ansiedad expe­


rimentado por el sujeto puede ser tan intenso que lleve a
qué el sujeto desbordado no pueda implementar m ecanis­
mos de defensas útiles y adecuados para la situación. )

f — M em oria del hecho

¡ La m em oria del hecho, es un elem ento de gran u tili­


dad par evaluar num erosa cantidad de factores en el
terreno de la psicología forense, aunque en num erosas
oportunidades es un factor m uy dependiente de la posibi­
lidad de simular.

g— Interacciones víctim a-victim ario

\ Proporciona elem entos de valía para entender, desde


un punto de vista sistém ico, la conducta. Los esquemas
lineales no posibilitan la adecuada intelección de las con­
ductas em ergentes y de su sentido. Su correcta com pren­
sión ayuda a establecer con m ayor claridad el sentido y
dirección de la conducta desde el punto de vista de las
capacidades psicológicas naturales del sujeto en examen.

h— Influencias de la situación de contexto

El análisis de los contextos m ínim o m edio y máximo


perm ite analizar con m ayor claridad las posibilidades
psicológicas de com prender y dirigir las acciones.
Psicología judicial 391

i— Correlaciones que pudieran existir entre el estado


de las funciones p sicológicas del acusado y la sem iología
delictiva

Permite contar con valiosos indicios para confirm ar ó


descartar la existencia de la patología pretextada. Por
otra parte, el hecho debidam ente analizado tam bién nos
habla de las características de personalidad del sujeto.

j — Posibilidades de sim ulación

En toda pericia psicológica deben tenerse en cuenta


las posibilidades de sim ular de los sujetos.

k— Otros estudios que se puedan recom endar

Del estudio pericial psicológico puede surgir la nece­


sidad de sugerir la realización de otros estudios: neurolo­
gicos, de clínica m édica, o por m edio de técnicas especia­
lizadas, para poder corroborar o descartar la existencia
de otras patologías.
También es relevante solicitar el estado actual de las
funciones del im putado y en relación a los m ism os pun­
tos antes transcriptos.
392 Juan H. Del Popolo

Ejamplificación de puntos periciales útiles


para reunir elementos desde el punto
de vista psicológico para evaluar la existencia
de trastornos de la conciencia

Abordarem os algunos puntos de pericia que resultan


pertinentes de soliciitar cuando se evalúa la incidencia
de un “trastorno de la conciencia”, sin perjuicio de que
dichos puntos puedan ser solicitados cuando se examina
la posibilidad de com prender el sentido de un acto, la
capacidad de dirigir las acciones, etc.; dado que el psi-
quismo funciona holísticam ente y no por com partim entos
estancos. Hacem os esta división al solo efecto didáctico y
para una m ejor com prensión del tem a que se desarrolla.
Los puntos de pericia factibles de ser solicitados a este
fin son:
(^“Para que el perito se expida acerca de posibles alte­
raciones perceptivas, a nivel cuatitativo o cualitativo,
que pudieran haber existido al mom ento del hecho”.
El estudio de las alteraciones de la percepción es
im portante para poder establecer las características y
profundidad del trastorno de la conciencia. Existe una
gran gama de trastornos de la percepción que podemos
subdividir en cualitativos, y cuantitativos. Dentro' de los
cuantitativos adquieren im portancia la pesquisa de posi­
bles alucionaciones, pseudo alucionaciones y alucinosis^j
La alucinación, clásicamente ha sido definida como
“una percepción sin objeto” . La pseudo-alucinación, con­
forme enseña Pereyra (1973), puede definirse como “la
proyección de representaciones vivas acordes con un
estado subjetivo, que son tomadas por hechos reales por
Psicología judicial 393

una deficiencia de ju icio”. La claridad sensorial es mucho


menor que en los casos de alucinación donde ésta es más
íntima. La “alucinosis”, en cam bio, hace referencia a
aquel proceso en que todo el fenómeno consiste en la alu­
cinación sin que ella esté seguida o precedida de ideas
delirantes. A la luz de lo expüesto, resultará útil en los
casos de trastornos de la conciencia en los que se sospe­
che la presencia de este tipo de fenóm enos, interrogar al
perito en relación a los siguientes puntos:
Detalle presencia de posibles ilusiones o alucinacio­
nes al m om ento del hecho.
° O rientación auto y alopsíquica al m om ento del
hecho.
° Severidad del trastorno de la conciencia.
• Probable etiología del mismo.
° Form a de com ienzo y desaparición.
Q E xistencia de autom atism o, debiendo en su caso
detallarse tipo y características del mismo.
° Posibilidades de simulación. \

Ejemplificación de puntos de pericia que pueden


ser solicitados en los casos en que se sospecha
insuficiencias de las facultades

En cuanto a la tem ática de la Insuficiencia de las


Facultades, resulta factible interrogar al perito sobre los
siguientes puntos:
p® Tipo de insuficiencia (idiocia, imbecilia, debilidad).
'• Cociente intelectual a nivel psicom étrico, clínico
educacional y social.
394 Juan H. Del Popolo

N o sólo im porta la apreciación psicom étrica del co­


ciente de inteligencia que puedan arrojar las distintas
técnicas psicológicas, sino tam bién las apreciaciones clí­
nicas y educacionales para poder trazar un panoram a
com pleto de sus características. Por esta razón, es que se
solicitan com o puntos de pericia.
< La precisión en la severidad y tipo de la insuficiencia
tam bién interesa para poder establecer las posibilidades
de la com prensión del acto,]E n ciertos casos de débiles
m entales subsiste la posibilidad de com prender el senti­
do y características de actos sencillos (como la rotura de
una vidriera), circunstancia que no se presenta en rela­
ción a actos más complejos, como puede ser la participa­
ción en una m aniobra defraudatoria de cierta com pleji­
dad en la que el individuo podrá ser no im putable en
relación al hecho. ^Recordemos que tanto el idiota como el
im bécil deben ser considerados inim putables.
° Correlaciones que pudieran existir entre la insufi­
ciencia de las facultades y semiología delictiva.
En relación a esta situación, la m ism a sem iología
delictiva m uestra las características de un delito de m uy
pobre nivel de planeam iento. Suele ser un dato de im por­
tancia para tener en cuenta.
® Posibilidades de simulación.
Las posibilidades de sim ulación suelen ser m uy esca­
sas, atento a las características propias de la oligofrenia
y a los detalles que pueden surgir de la historia vital del
paciente.
e Area de los afectos y carácter.
Im porta establecer las características erécticas o apa­
cibles o tórpidas del deficiente. Los débiles arm ónicos
Psicología judicial 395

suelen ser dóciles y sum isos y no presentan m ayores pro­


blem as de carácter a diferencia de los erécticos que son
más tórpidos y agresivos.
Codon y López Saiz (1968), refieren que el oligofréni-
co activo o eréctico suele ser el protagonista de crím enes
horrendos y m onstruosos com etidos contra fam iliares o
seres débiles o indefensos, sin que se encuentre m otiva­
ción, finalidad ni som bra de justificación. ^
Suele ser conveniente la solicitud de'exám enes com ­
plem entarios a los efectos de precisar la existencia de
otros trastornos que pueden acom pañar a las oligrofre-
nias, como trastornos neurologicos, del lenguaje, som áti­
cos, etc.
El estudio del estado actual es de gran im portancia,
puesto que entre el estado actual y el del m om ento del
hecho, en lo referente a la insuficiencia de las facultades
intelectuales, no se observa m ayor diferencia.

Ejemplificación de puntos de pericia que pueden


ser solicitados para evaluar
incapacidad en el juicio de insania

Seguidam ente propondrem os algunos puntos de peri­


cia que pueden ser solicitados por los profesionales inter-
vinientes al Tribunal a los efectos de reunir elem entos de
ju icio para que posteriorm ente éste pueda pronunciarse
con m ayores elem entos en los casos en los que se tram ita
la insania de una persona.
Los puntos periciales que se proponen tam bién pue­
den ser tenidos en cuenta por los peritos intervinientes,
396 Juan H. Del Popólo

aun cuando no fueren propuestos expresam ente en la


dem anda pericial, y en el m arco de dem andas m ás am ­
plias y genéricas. /
Seguidam ente los enunciarem os a los fines puram en­
te ejem plificativos.
M uchos de los factores que se enunciarán a los efectos
de evaluar las capacidades psicológicas de las personas
para dirigir su persona o adm inistrar sus bienes, ya han
sido exam inados cuando me refería a la proposición de
puntos de pericia en materia de im putabilidad, por lo que
me remito a aquella descripción en honor a la brevedad.
Podría la dem anda pericial ser form ulada en los
siguientes términos:
l 9 Exprese el perito si en el m om ento actual el exam i­
nado padece alguna enferm edad mental.

Comentario

El artículo 141 del Código Civil utiliza la expresión


“enfermedades m entales” en su texto. En efecto dice:
“Se declaran incapaces por dem encia, las personas
que por causa de enfermedades m entales no tengan apti-
tud.para dirigir su persona o adm inistrar sus bienes” .
Por ende, en la demanda pericial interrogam os expre­
sam ente acerca de la existencia de tales enferm edades.
El Código Civil Español asume una redacción diferen­
te. Este expresa:
Art. 199. Nadie puede ser incapacitado sino por sen­
tencia judicial en virtud de las causas establecidas en la
ley.
Psicología judicial 397

Art. 200. Son causas de incapacitación, siem pre que


im pidan a la persona gobernarse por sí misma:
1. La enferm edad de deficiencia m ental.
2. Las deficiencias orgánicas o funcionales persisten­
tes.
3. El alcoholism o y la toxicom anía grave y habituales.
Los distintos focos periciales, en su caso, podrán ser
incluidos en consecuencia en la dem anda pericial dentro
de este otro sistema legislativo.
En la anterior redacción del Código Civil Argentino
no se utilizaba la expresión enferm edades m entales, sino
que se disponía que se declaran dem entes los individuos
de uno y otros sexo que se hallan en estado habitual de
manía, dem encia'o im becibilidad aunque tuvieran inter­
valos lúcidos o la m anía fuera parcial.
El Código Civil Argentino no hace distinción entre
enfermedades m entales, por lo que cualquier enfermedad
que conlleve la falta de aptitud para que el exam inado
dirija su p erson a’ o adm inistre sus bienes, bastará para
considerarlo incapaz por demencia.

2- En caso de que la respuesta a la pregunta anterior


fuere afirmativa, form ule el diagnóstico de la enfermedad
padecida.

Comentario

El artículo 143 del Código Civil Argentino establece:


“Si del exam en de facultativos resultare ser efectiva
la dem encia, deberá ser calificada en su respectivo carác-
39 8 Juan H . Del Popolo

La “calificación en el respectivo carácter” incluye la


precisión diagnóstica del padecim iento m ental, asunto
que en el punto pericial propuesto es m ateria de interro­
gatorio.

3e D escriba los principales rasgos de la enferm edad,


incluyendo fase o estado de la m ism a en que el enferm o
se encuentra. '
La descripción de los rasgos de la enferm edad pa­
decida perm itirá ilustrar al ju ez acerca de sus caracterís­
ticas y le posibilitará valorar en que grado la enferm edad
interfiere con la aptitud para dirigir la persona o bienes
del adminitrado.
L a precisión de la fase o estado de la enferm edad es
pertinente dado que las enferm edades tienen distintos
cursos que inciden en diferente m edida en la capacidad
del individuo peritado a los efectos previstos por la ley.

4- Exprese el perito cuáles son las consecuencias que


la enferm edad encontrada tiene en relación a la capaci­
dad del examinado para dirigir su persona y adm inistrar
sus bienes y en especial qué incidencia tiene sobre las
funciones psicológicas que a continuación se detallan,
debiendo indicarse en cada caso la severidad del trastor­
no:
— Juicio crítico.
— Orientación autopsíquica.
— Orientación alopsíq.uica.
— Prueba de realidad.
— Sentido de realidad.
— Tolerancia a la frustración.
Psicología judicial 399

— Capacidad del yo de controlar los impulsos.


— Contacto con la realidad.
— Trastornos en el curso y contenido del pensam ien­
to;
— Atención.
— Concentración.
— Coordinación visom otriz.
— Capacidad de anticipar y planear conductas.
— Percepción.
— Vínculos.
— Ansiedades predom inantes y defensas del yo.
— Trastornos de la identidad.

— Deterioro.
— Cociente intelectual a nivel psicom étrico, clínico y
social.
— Trastornos en el área de los afectos.
— Posibilidades yoicas de discrim inación.
— Percepción interna de necesidades.
— Función sintáctica del yo.

Comentario

En este punto pericial se interroga en torno a los


efectos de la enfermedad sobre las áreas que específica­
mente establece la norma del Código Civil Argentino.
Asimismo el punto contiene el pedido de una descrip­
ción del estado psicológico en relación a distintas áreas
de conducta especialmente ligadas a las aptitudes para
gobernarse a sí mismo y administrar los bienes. El
mayor detalle en relación a estas funciones permitirá al
400 Juan H. Del Pópolo

juez apreciar hasta qué punto el sujeto resulta capaz,


desde el punto de vista psicológico, para hacerse cargo de
esas funciones. El análisis particularizado por área de
conducta permite am plificar la visión para que el Tribu­
nal pueda pronunciarse con m ayor certeza.
Sin mayor esfuerzo se comprenderá que a los efectos
de dirigir la propia persona y adm inistrar los bienes se
requiere de un adecuado juicio crítico, de un aparato de
percepción que funcione adecuadamente, de un adecuado
control de los im pulsos,de una suficiente posibilidad de
atención, concentración y coordinación visom otriz. No
menos im portantes resultan las otras funciones indivi­
dualizadas tales como la capacidad de anticipar y planear,
un adecuado nivel de inteligencia y adecuadas defensas
del yo. Cada una de las áreas propuestas resulta suscep­
tible de ser evaluada psicológicam ente con cierta preci­
sión y, en su caso, proporcionará información en relación
a si existen áreas en déficit y la severidad del trastorno,
lo que a su vez perm itirá al juez tener una idea más aca­
bada del grado de incapacidad y si la m ism a se presenta
sólo en determinadas áreas, situación que permitirá, por
ejemplo, disponer la m edida prevista por el artículo 152
bis del Código Civil. Esta última norma le da la posibili­
dad al juez, en determinados casos en ella previstos, deli­
mitar sólo determinados actos de administración de con­
formidad a las circunstancias del caso. Pues bien: a partir
de una adecuada evaluación de las distintas funciones
podrá la pericia proporcipnar datos para que el juez pue­
da justipreciar más acertadamente que áreas de la admi­
nistración de los bienes no deben permitir en función del
estado psicológico que el sujeto presenta.
Psicología judicial 401

Ciertas situ aciones p sicop atológicas pueden req u e­


rir de la in cap acitación , p or ejem plo en el caso de los
delirantes lúcidos, que p u ed en perder su patrim on io
com o consecuen cia de segu ir las insp iracion es de su
delirio. ------
El factor deterioro puede adquirir relevante im por­
tancia en este tipo de actividades periciales. M uchos de
los juicios de insania que se tram itan tienen por sujetos
a personas afectadas de síndrom es demenciales (aquí nos
referim os a dem encia en sentido psicopatológico, que no
es sinónimo de dem encia en sentido jurídico).
En los procesos de este tipo resulta im portante tener
una medida psicom étrica del deterioro del sujeto som eti­
do a examen, sin perjuicio de que tam bién resulte esen­
cial su valoración desde el punto de vista de la clínica.
Aclarem os que el deterioro no solamente es propio de
los procesos dem enciales sino tam bién es un fenóm eno
que se presenta en form a fisiológica por el envejecim ien­
to. (llam ado deterioro m ental normal).
A los fines de satisfacer esta necesidad la técnica de
W eschler ofrece una valiosa ayuda.
Su creador entiende por deterioro mental la caída sig­
nificativa o pérdida de habilidades intelectuales. Afirm a
el autor citado que “concretam ente” , se considera que
una persona da evidencia de deterioro mental cuando ya
no resulta capaz de llevar adelante sus tareas mentales
con la velocidad, exactitud o eficiencia previam ente
características de su nivel de funcionamiento.
En los procesos dem enciales estas pérdidas suelen ser
muy significativas, com prom etiendo severamente la apti­
tud para dirigir su persona o adm inistrar sus bienes.
402 Juan H. Del Popolo

Im portará procesar con la ayuda de las técnicas psi-


com étricas las áreas en que las funciones se encuentran
dism inuidas a los efectos de ver en cada caso cuan com ­
prometedoras pueden ser para que la persona pueda diri­
gir su persona o adm inistrar sus bienes, que puede no
juzgarse con un parám etro en general, sino que deberá
considerarse en relación a las actividades que esa perso­
na desem peña.
Im porta tener presente el concepto de pseudodeterio-
ro de Portuondo (1970), al respecto este autor señala que
el pseudodeterioro m ental es el que podem os observar
con cierta frecuencia, por ejemplo, en la ezquizofrenia, en
el cual los enferm os pueden llegar a un alto grado de
deterioro y bajo tratam iento volver a niveles más o
menos norm ales. Por esta, entre otras razones, es que
hemos incluido entre los puntos periciales a ser indaga­
dos, los efectos esperados del tratam iento del sujeto.
El deterioro patológico, a diferencia del deterioro nor­
mal o fisiológico, se caracteriza por ser irreversible.
M ás allá del porcentaje num érico de deterioro, debe
evaluarse el m ism o en form a clínica, toda vez que como
indica el m ism o Portuondo aparecen “deterioros” que en
realidad no son tales sino simples desajustes emocionales.
Los sujetos afectados de idiocia o im becilia no tienen
capacidad de hecho para el ejercicio de sus derechos. La
evaluación de la capacidad intelectual podrá ubicarlo en
algunas de estas categorías diagnóstica. Los débiles m en­
tales tienen una capacidad más lim itada que deberá será
evaluada en cada caso concreto a los efectos de aplicar la
m edida que para ellos resulte m ás conveniente.
Adem ás de proponer la evaluación de las áreas de
Psicología judicial 403

conducta antes m encionadas, en todo o en parte, propo­


nemos tam bién la posibilidad de incluir alguno de los
siguientes puntos de pericia:
5. Exprese el perito fecha probable o cierta de apari­
ción de la enferm edad o trastorno al que ha hecho refe­
rencia.
6. Pronóstico de la enfermedad.
7. Régim en de protección y asistencia del enferm o e
indique si resulta necesaria la internación del m ism o.
8. Recom endaciones y sugerencias terapéuticas. E fec­
tos esperables de los tratam ientos sugeridos.
9. Otros éxam enes que se recomiendan.
10. N otoriedad de la enfermedad.
11. H istoria y evolución de la enfermedad.
12. Posibilidad de sim ulación.
Se solicita el p ron óstico y probable evolución de la
enferm edad en razón de que m uchos trastornos hoy en
día se benefician enorm ente con la terapéutica adecuada
por lo que si el proceso, por ejem plo psicótico, se prevé
que es de corta duración puede ser altam ente in con ve­
niente declarar la insania de la persona en cuestión. Tal
puede ser el caso de los brotes esquizofrénicos adecuada­
mente tratados. La conducta a adoptar puede ser d ife­
rente en el caso de los sujetos que padecen una psicosis
de tipo m aníaco dado que se sienten m uchas veces p re­
dispuestos a com portarse en form a prodiga quedando
ellos y su fam ilia en la ruina.
Si se plantea en la causa de N ulidad de algún acto
jurídico, en función de la insania de la persona que lo
otorgó podrán solicitarse estos puntos de pericia sin per­
juicio de los que antes m encionáram os y en lo pertinente:
404 Juan H. Del Popolo

— Estado psíquico del otorgante del acto al m om ento


de los actos cuya nulidad se peticiona;
— Para que exprese el perito si en el m om ento referi­
do en el punto anterior existían rasgos que hicieran noto­
rio el padecim iento del examinado, debiendo detallarlos
en su caso.
\

Com entario

En los casos apuntados el perito deberá realizar el


denominado diagnóstico retrospectivo. Conocidas son las
dificultades para realizar tal tipo de diagnóstico que
m uchas veces se debe apoyar en inferencias. El perito
para su construcción ha de valerse de datos generalm en­
te históricos. La com plejidad de la situación se agrava
cuando se ha de peritar a los efectos de ilustrar al Tribu­
nal en relación al acto otorgado por una persona fallecida
al m om ento de que el Tribunal ordena la tarea pericial.
En este últim o caso el perito deberá valérse de varia­
dos elem entos de ju icio, tales como datos provenientes de
los estudios psico-caligráficos, entrevistas realizadas con
fam iliares, vecinos, com pañeros de trabajo, historiales
clínicos, psicodiagnósticos realizados para esas fechas,
rendim iento laboral o educacional, conductas desem pe­
ñadas contem poráneas a esa fecha, etc.
IV
C a p it u l o
A II
p é n d ic e

Trabajo pericial realizado por:


Lie. Omar H ugo Mejía, con la coordinación
del Dr. Juan H. Del Pópolo

EL CASO “M ” : U N CASO INUSUAL EN M ATERIA


PERICIAL PSICOLOGICA

¿Homicidio mediando dolo eventual


o culpa consciente?

En la presente com unicación, se sigue en cierta form a


la línea de trabajo desarrollado por Hilde K aufm ann en
su obra i, en cuanto anuda a partir del caso concreto lo
psicológico y lo ju ríd ico en nuevas síntesis con capacidad
para provocar cam bios en nuestra m anera de com pren­
der y operar en el sistem a judicial.
Se pretende m ostrar a partir de una situación peri­
cial psicológica concreta, la posibilidad cierta de incursio-
nar en un nuevo e inhabitual campo pericial. Se trata de
m ostrar tam bién la factibilidad de proporcionar al juzga-

1 Hilde K aufm ann: “Delicuentes juveniles, diagnosis y ju zg a ­


miento”. Ed. Depalma. 1983.
40 6 Juan H. Del Popolo

dor indicios de valía (no certezas) para expedirse en tor­


no a la culpabilidad en un campo tan arduo, para el dere­
cho en la práctica, como el de deslindar el dolo eventual
de la culpa consciente, m uchas veces de im portancia vital
para la persona som etida a proceso penal. Se eligió pre­
sentar la situación a partir de un caso concreto, com o
una form a de poner relieve a las vivas articulaciones
entre los distintos y m últiples m atices que ofrecen situa­
ciones de este tipo con conceptos netam ente jurídicos. En
un área de frontera poco' explorada, y que excede el cam ­
po de tareas que com unm ente se encom iendan al perito
psicólogo. De esta form a, se avanza hacia un nuevo hori­
zonte de la actividad, que podrá tener posiblem ente
grandes proyecciones y en el que la psicología tiene
m ucho que ofrecer, aún cuando por el m om ento las posi­
bilidades de vinculación han sido poco desarrolladas.

1. Introducción

Presentarem os aspectos de un análisis pericial psico­


lógico, no tradicional, llevado a cabo en nuestro m edio y
trascendente, al m enos, por las consecuencias jurídicas
que tuvo en torno a la situación de un hom bre (en ade­
lante “M ”) que ocasionó la m uerte de su cónyuge m edian­
te el disparo de un arm a de fuego.
Estim am os que presentar un caso concreto en base a
la aplicación de conocim ientos específicam ente psicológi­
cos podía resultar m ás ilustrativo que la m ención de con­
ceptos generales abstractos sobre el tema, en atención a
los sutiles m atices que ofrece este tipo de investigaciones
Psicología judicial 407

periciales, en donde se anudan com plejas estructuras


conceptuales, legales y psicológicas. El caso individual
com entado perm ite m ostrar m últiples articulaciones
entre psicología y derecho: más concretam ente en rela­
ción con lo conductual y los conceptos legales de dolo
eventual y culpa consciente.
El tipo de análisis desde la psicología jurídica que
desarrollamos; -bastante inhabitual en nuestro m edio- ya
había sido rescatado como posible objeto de la psicología
forense por M uñoz Sabaté cuando, en su conocida obra2,
afirmaba que hay términos verbales cuyo análisis sem án­
tico corresponde científicam ente a la Psicología por estar
ligado al análisis de descriptores jurídicos como el “ani­
m us”.
El hecho que aquí se analizó, dió lugar a un proceso
judicial ventilado ante los tribunales penales de M endo­
za, Argentina, en el que se planteó una y otra vez, por
parte de las distintas instancias judiciales cómo debía
calificarse legalm ente el hecho: si, com o hom icidio doloso
calificado por el vínculo, m ediando dolo eventual (Art. 80
inc. I s del Código Penal), o si com o hom icidio culposo
(Art. 94 del m ism o Cuerpo legal; Código Penal A rgenti­
no). En el prim er caso, la pena m ínim a a aplicar si el
procesado es encontrado culpable es de prisión perpetua;
en el segundo, la pena m áxim a factible de ser aplicada es
de tres años de prisión. Como fácilm ente se com prende­
rá, la correcta calificación del hecho tendría im portantes

2 Muñoz Sabate, B ayes, M um m e: “Introducción a la Psicología


Jurídica”, Ed. Trilles. Biblioteca de Psicología Científica. México 1980.
408 Juan H. Del Popolo

repercusiones, como de hecho las tuvo, para la vida del


procesado.
La peritación psicológica, durante el curso del
proceso, ayudó a esclarecer, notablem ente, cuál era la
más adecuada calificación jurídica. En base a ella el Tri­
bunal de Instrucción la calificó com o culposa y así el pro­
cesado pudo obtener su libertad. El criterio fue en prin­
cipio com partido por el Tribunal de A pelación y por la
Suprema Corte de la Provincia, no así, por otro tribunal
que tam bién intervino en.la investigación.

2. O b je to d e la d e m a n d a p e r ic ia l

Estuvo orientada a buscar desde la conducta elem en­


tos que ayudaran a dilucidar si “M ” com etió el homicidio
con dolo eventual o con culpa consciente. Por otra parte,
el objeto de la presente pericia difiere de las prácticas
que más com unm ente se realizan en esta m ateria , tales
como las que ayudan a establecer la im putabilidad, peli­
grosidad, em oción violenta, necesidad de internación o
externación, etc.
Para que el lector ajeno a las ciencias jurídicas pueda
entender con m ayor precisión, los alcances de la perita­
ción que se encomendó, reseñarem os los conceptos de
dolo eventual y culpa consciente.
Resulta clarificadora la fórm ula de Frank cuando
enseña que hay dolo eventual donde la convicción de la
necesidad del resultado, previsto com o posible, no habría
hecho desistir al autor.
En este sentido, como nos ilustra Fontán Balestra, no
Psicología judicial 409

solam ente se precisa que el resultado se halla previsto


cuando m enos posible, sino que se debe haber asentido
en él y en últim a instancia haberlo aceptado (“D erecho
Penal”, Parte General II, pag. 303).
Siguiendo el criterio del Tribunal Superior de Justicia
de Cordoba, A rgentina3, el dolo eventual y la culpa cons­
ciente tienen en com ún la previsión como probable o posi­
ble del agente crim inoso (en este caso la muerte de la víc­
tim a por parte de “M ”); pero m ientras actúa con culpa
quien term ina rechazando ese evento por confiar en que
no se produciría, actúa con dolo eventual quien m antiene
esa representación y hace suyo ese resultado (para deter­
m inar si “M ” ingresaba en este últim o “standard” ju ríd i­
co, debía establecerse si éste se representó psíquicamente
el resultado letal y al m enos asintió con indiferencia en
su producción).
Bien sostiene el m aestro español Luis Jim énez de
Asua, que en estos casos se requiere que el ju ez examine
las representaciones y los motivos que actuaron sobre la
psique del sujeto, investigando en los recónditos elem en­
tos del alma hum ana 4.
Teniendo presente este últim o concepto, obvio es que,
la ciencia psicológica tiene elem entos propios de suma
valía que aportar para inclinar la balanza de la justicia,
con un adecuado basam ento científico, en uno u otro sen­
tido.
El autor m encionado señala que es arduo deslindar

3 Barbera de Risso, M aría Cristina “Doctrina Penal del Tribunal


Superior de Justicia de Córdoba”, vol. I. Ed. Depalma. 1983.
4 Jiménez de A sua Luis: “Tratado de Derecho Penal”, tomo V. Ed.
Losada. Bs. A s, 1956.
410 Juan H. Del Popolo

entre las fronteras del dolo eventual y la culpa conscien­


te; por ello, la pericia psicológica desem peñará un más
que im portante papel, toda vez que se trata de investigar
situaciones que asiente fundam entalm ente en la psique
del sujeto y en un hecho de conducta.
En definitiva, los térm inos dolo eventual y culpa
consciente, son términos verbales, cuyo análisis sem ánti­
co corresponde científicam ente (al menos en buena parte,
agregam os nosotros), a la Psicología; como lo plantea
M uñoz Sabate, cuando explícita en el capítulo VIII de su
ya tradicional Introducción a la Psicología Jurídica, la
posibilidad de análisis operacional de descriptores ju ríd i­
cos como el “A nim us” 5.
Si bien puede haber una observación ingenua de la
conducta, desde el sentido común, resulta de innegable
interés que el perito psicólogo se expida científicam ente
sobre la situación planteada, pues, está en óptimas con­
diciones para discrim inar desde la conducta, elem entos
de ju icio que ayuden a corroborar una u Otra hipótesis;
que el Juez, en definitiva, discernirá a la luz de todos los
factores incorporados a la causa.

3. Relato suscinto del hecho

“M ” , quien se desem pañaba com o agente de seguri­


dad social, (con unos m eses de antigüedad), se encontra­
ba separado de la víctima,, su esposa, diez m eses antes
del hecho.

5 Op. cit.
Psicología judicial 411

El im putado concurre a tom ar m ate a la casa de la


occisa (en adelante “L ”). E n m om entos en que se encon­
traba en el dorm itorio de “L” , “M ” m anipula su arm a
reglam entaria efectuando un disparo que im pactó en el
cráneo de “L” y le ocasionó su muerte.
U n testigo presencial del hecho expone que cuando la
víctim a estaba conversando con el im putado, éste tom ó el
arma y a “L” del brazo, diciéndole esta últim a: tené
cuidado que se te puede escapar un tiro...” en tanto que
“M ” apuntándole con el arm a le dijo: “ ...no... qué se me va
a escapar...”; y en ese preciso instante el testigo sintió el
disparo, observando, m ientras salía de la habitación que
“L” caía al suelo.
Com o im aginará el lector, el hecho de que el autor
haya apuntado a la cabeza de la víctim a con el arma,
pese a la advertencia de ésta en torno a la posibilidad
letal y siendo agente de seguridad social (conociendo por
su profesión el funcionam iento y la peligrosidad del
arma), fue uno de los elem entos que dio pie a la hipótesis
de que se estaba en presencia de un hom icidio doloso.
Para com prender m ejor la conducta del im putado se
tuvieron en cuenta otras secuencias conductuales e histo­
ria personal de “M ” y “L ” que brevem ente relatarem os.

4. Conducta posterior-inmediata de ÍSM”


luego del hecho

“M ”, luego del hecho, dijo:


“... no puede ser, no puede ser, no puede ser...”; "... me
412 Juan H. Del Popolo

tengo que matar, me tengo que morir, no sé como pudo


ocurrir esto, me tengo que m orir yo...”
Inm ediatam ente después del hecho, el encartado, y
otras personas, trasladan a la víctim a a un hospital. En
el viaje “M ” decía a uno de Ids ocupantes del transporte:
“... calíate, no se va a morir, no se tiene que morir,
porque yo a ella la necesito, no se me va a morir...”
De esta form a, m ientras “M ” conducía, gritaba:
“ ...Dios m ío, en que despelote m e m etí...” ; “ ...que se
mataba él, pero que le devolviera la vida a e l l a . . q u e
lo había hecho sin querer, que rio tenía noción que el
arma estaba cargada porque la había lim piado...”
En el hospital, el im putado decía:
“ ... te m até, te m até...” (y se agarraba la cabeza y se
la golpeaba con las m anos y lloraba).

5. Actitud y conducta del encartado en momentos


previos al hecho

Dicen los testigos: “... “L ” estaba lavando, él (“M ”) se


puso a ayudarle a lavar y después que terminaron se fue­
ron a la habitación y allí se pusieron a conversar...” .
Agregando que la relación entre ambos era muy buena,
como cuando eran novios.
La pareja esa noche se disponía a salir de paseo y no
hubo evidencia de discusiones recientes.
Psicología judicial 413

6. Relato de actitudes habitualmente imprudentes


del encartado

Los testigos son coincidentes en afirm ar que “M ” solía


gastar brom as con sü arma, que vivía jugando con ella,
apuntaba a los niños, incluso a su propia hija, “jugando” .
En este punto, los testigos expresan: vivía jugando
con el arm a...”
“... tenía por costum bre jugar con el arma, les presta­
ba las balas a los niñitos para que jugaran, le sabía
apuntar a ella o a cualquiera, cosa que ocurría con
m ucha frecuencia...”
“ ... El siempre jugaba con el arma, la desarmaba, la
arm aba, le apuntaba jugando a los chicos...”
"... Cuando llegaba de trabajar ju gaba con la pisto­
la...”
“... Siempre hacía esos chistes, cuando venía descar­
gaba el arma, se las m ostraba a los chicos, o les decía: “si
no te portás bien te m eto un tiro” , y les ponía el arma en
la cabeza, parece que le picaba, a veces la dejaba arriba
de algún m ueblé y la tomaba, la desarm aba, la enseñaba;
cuando salía con “L ” a comprar, se la ponía en la cintura,
lo cual era perm anente.”
“... La nena le decía “te voy a m atar”, y él (“M ”) le
decía: yo tengo un revolver más grande que el tuyo...”
En sus declaraciones ante la ju sticia no reconoce
tales conductas com o propias, afirm ando: “ ... yo no era de
ju g a r con el arm a...”
414 Juan H . Del Popolo

1. E x p lic a c io n e s b r in d a d a s p o r e l im p u t a d o s o b r e
lo o c u r r id o
/

En prim er instancia en sede policial dijo: "... me dis­


ponía a tom ar m ate con m i esposa, por lo que fuimos a la
habitación y aproveché para lim piar el arm a...” . Expresa
que procedió a retirar el cargador y constatar que el
arma no estuviera cargada, cuando, “accidentalm ente” la
misma se disparó.
Luego, en sede judicial, dice haber verificado si el
arma tenía o no “bala en boca”, sosteniendo que al lim ­
piarla se le escapó un tiro. N iega haber jugado con el
arma diciendo que su m ujer no se hallaba en la habita­
ción, que no la vió entrar y que se encontraba sentado
lim piando el arma.
Como se advierte, las versiones del encartado resul­
tan contradictorias. El relato en sede judicial, tam poco se
concilia con las conclusiones de la pericia balística que
determ ina que el autor al m om ento del disparo se halla­
ba de pie, con el brazo extendido a 30-60 cm. de la vícti­
ma, y que el arma se disparó sin tener el cargador colo­
cado, en razón de que la estaba lim piando.
Estas contradicciones señaladas tam bién contribuye­
ron a pensar en la existencia de una conducta dolosa.

8. D atos, p e r s o n a le s d e “ M ”

Al m om ento del hecho tiene 25 años, estudios prim a­


rios com pletos, convive con su padre, m adre y una her-
Psicología judicial 415

m ana. El grupo fam iliar es de condición hum ilde, y no


registra antecedentes penales ni psicopatológicos.
“M ” se desem peñó com o abastero en un frigorífico,
chofer de camión, m etalúrgico y em pleado en una em pre­
sa petrolera. Tam bién em prendió trabajos en una verdu­
lería por cuenta propia y finalm ente se desem peñó como
agente de seguridad, m otivado por el em barazo de su
esposa y porque no tenía servicios asistenciales (mutual
m édica).
Im porta tener presente la inestabilidad laboral de
“M ” , porque es un rasgo de conducta que unido a otros,
que se indicarán más adelante, nos perm itirá com pren­
der m ejor el objeto de la investigación propuesta.

9. Datos de la víctima

Cuenta al m om ento del hecho con 27 años, es ama de


casa y tiene estudios prim arios com pletos. U nos días
antes del hecho com enzó a trabajar en servicio dom ésti­
co. Sin antecedentes penitenciarios o psicopatológicos.

10. Relación de pareja entre víctima y victimario


(resumen de la pericia socio-ambiental)

“M ” conoció a su m ujer en séptim o grado de la escue­


la primaria. Estuvo de novio 13 años y casado 2 años. Del
vínculo nace una niña, contrayendo m atrim onio poste­
riormente, en el m ism o año.
Luego de contraer nupcias la pareja convivió con la
416 Juan H. Del Popolo

fam ilia de origen de “M ” , ocupando una habitación en


construcción, com partiendo el baño y la m esa familiar. •
La m adre del causante explica que “L ” le exigía a “]S/Í”
vivir solos, pero como éste no podía pagar un alquiler, la
joven se fue a vivir a casa de su m adre-con su pequeña
hija. “M ” concurría allí con m ucha frecuencia. M enciona
tam bién que su hijo era toda chacota...”. Por su parte,
el padre del autor refiere acerca de su hijo lo que sigue:
“ ...lo he criado regalón..” , agrega que nunca le pegó y que
tiene alm a de niño..” .
La madre de la víctim a dice: “ ...que nunca oyó dispu­
tar a la pareja en form a violenta...” . Cuando nació su nie­
ta asevera que “M” no se preocupaba por ésta, que no
parecía responsable y que no trabajaba.
Es. dable destacar que en la p ericia socio-am biental
ninguno de los vecin os de la fam ilia de origen de “M ”
lo describen com o sujeto de conductas agresivas fran ­
cas.
10.1. Investigaciones periciales realizadas en el caso
a) N ecropsia: Consideraciones m édico-legales: M ujer de
27 años de edad, que falleciera como consecuencia de “un
im pacto de bala en form a accidental” ; según consta en
nota policial.
Se observa orificio de entrada de proyectil por arma
de fuego a nivel de región occipitotem poral derecha.
Cuyas direcciones fueron: a- de izquierda a derecha; b-
de adelante-atrás; levem ente descendente. Causa de
muerte: Dilaceración de m asa encefálica por proyectil de
arma de fuego.
b) Guantelete de parafina: Resultado negativo.
Psicología judicial 417

c) Dosaje alcoholico: Tres centigram os de alcohol por


mil mi. de sangre. N orm al al m om ento de la extracción.
d) Peritaje balístico: Ver resultado en punto 7.
e) Exam en psiquiátrico: N o presenta al m om ento del
exam en trastornos psíquicos encuadrables dentro del
concepto de alienación m ental. Sus funciones psíquicas
acordes a edad, sexo, grado de instrucción y m edio socio-
cultural. El causante com prende la crim inalidad de sus
actos y puede dirigir sus acciones.
f) Encuesta socio-am biental: Ver punto 10.
g) Exam en psicológico

11. Semiología delictiva

En relación con las características del delito y sus cir­


cunstancias, encontram os algunos aspectos llam ativos,
indicios que nos acercan al modo en que obró el autor.
El hecho fue com etido en la propia casa paterna de
“L”, en m om entos en que dicha vivienda se hallaba ocu­
pada por parientes cercanos a ésta. Por los datos que sur­
gen del expediente judicial se constata que “ M ” no ocultó
a la víctima, ni el delito de su autoría, como tampoco pre­
tendió huir con posterioridad al mismo. Por el contrario,
según la crónica, intentó recuperar a “L ” y se entregó
espontáneam ente a la autoridad. Tampoco, podem os
decir, confeccionó el autor del hecho un plan, previam en­
te razonado, que le perm itiera ejecutar el acto criminoso
y librarse de sufrir las consecuencias penales. Por otra
parte es difícil encontrar desde lo fenom enológico un
m otivo que haga “com prensible” la respuesta agresiva.
41 8 Juan H . Del Popolo

Tal vez por ello, es notable, el carácter de “accidental”


que le confieren al evento algunas opiniones vertidas por
los testigos. En este sentido, nos parece oportuno c ita r a
E. From m cuando en su libro 6 hace referencia a la agre­
sión accidental o no intencional. A sí nos dice: "... El ejem ­
plo clásico de este tipo es el disparo de rifle que hiere o
m ata por accidente a un individuo circundante. El psico­
análisis ha reducido algo la sim plicidad de la definición
jurídica relativa a los actos accidéntales al introducir el
concepto de m otivación inconsciente, de m odo que uno
puede plantear la cuestión de si lo que aparece acciden­
tal no lo deseo inconscientem ente el agresor. Esta consi­
deración dism inuiría el núm ero de casos que entran en la
categoría de agresión no intencional, pero sería una sim ­
plificación exagerada y puram ente dogm ática suponer
que toda agresión accidental se debe a m otivaciones
inconscientes” . Teniendo en cuenta tal advertencia, y a la
espera de un exam en global de la conducta del encarta­
do; sólo querem os destacar otro elemento que se despren­
de de tales declaraciones; esto es, el carácter de “chiste”,
de “brom a” que llegó a mal término, con el cual califican
los testigos la conducta delictiva de “M ” ; elem ento a con­
siderar con m ayor detenim iento al avanzar en el presen­
te trabajo.

6 Fromm, Erich: “Anatomía de la destructividad humana”. Ed.


Siglo Veintiuno. 1974.
Psicología judicial 419

12. T é c n ic a s d e e x p lo r a c ió n p s ic o ló g ic a s e m p le a d a s
e n e l t r a b a jo p e r ic ia l p s ic o ló g ic o

1- H T P : Com o síntesis general de la evaluación de


esta técnica, constatam os un yo débil, con una autoim a-
gen pobre y débil autoestim a. Sensación de im potencia y
futilidad. La com unicación en parte se halla m ediada por
la fantasía, obstaculizando un contacto adecuado con la
realidad. Asim ism o, son notorios los aspectos de pasivi­
dad e inm adurez y elem entos correlacionados con una
fuerte necesidad interna de protección. Se pueden inferir,
además, a partir de los relatos, una carga im potente de
idealización, especialm ente en el gráfico de la pareja.
A quí el dibujo se torna más primitivo y desorganizado y
no se encuentran características diferenciales en los
dibujos de ambos sexos; expresando la dificultad del suje­
to para establecer diferenciación en el rol y papel sexual.

2- D esid era tivo: Presenta dificultades en la integra­


ción de la em oción con el pensam iento. A nsiedad perse­
cutoria. Se destaca una considerable disociación entre los
aspectos buenos y m alos que el sujeto siente poseer. De
este modo aparecen fluctuaciones im portantes entre sen­
tim ientos de utilidad e inutilidad. Es posible que exista
en el sujeto, una fuerte hostilidad inconsciente, com o
tam bién, un sentim iento profundo de inutilidad.

3- Bender-. B uena organización en su plano vital. No


presenta indicaciones de lesión cerebral. Débil autoesti­
ma. im pulsividad, ansiedad, falta de atención en la
tarea. Terquedad. N ivel de coordinación normal.
420 Juan H. Del Popolo

H ostilidad reprim ida (evaluación según H U TT -uso


del espacio I-figuras 4,5,6 y 7.

4- Test de R oschach: (evaluación según K lopfer)


Son característicos los fracasos y la falta de com pro­
m iso que el sujeto establece con el m aterial para organi­
zar respuestas. Estos fracasos pueden obedecer por una
parte, al aum ento de la ansiedad persecutoria propiciada
por las características am biguas del m aterial de test. Es
probable, además, que-frente a la dificultad para contro­
lar conscientem ente las respuestas, el sujeto no las de,
como intento de ocultar contenidos internos que en su
fantasía lo com prom etan en el proceso judicial y como
form a de brindar una im agen socialmente aceptable.

Tot. R. : 5 Adic.: 1 M: Suma C = 0 : 0


F % : 40 % (FM + m): (Fe + c + C’) = 3 : 0
FK F Fe : 40 % N Rep. Lam: V I I I - I X - X = 40%
R
W :M =4 :0
N Populares : 4 F = 37 %
N Originales : 0 F + T = 65 %
AT : 0 Grupo Vital = 100 %
H: 20 % Indice de realidad : 6
(H + A) : (Hd + Ad)= 5: 0 Fracasos: II-IV-VI-VII-IX

Relaciones suplementarias
M : FM = 0 : 3
M : FM + m = 0 : 3
FK + Fe + F = 0 : 2,50
FK + Fk + Fe : KF + K + KF + cF + c = 0 : 0
FC : CF + c = 0 : 0
W : 50 %
D : 25 %
S : 25 %
Psicología judicial 421

5- TAT (abreviado)
El héroe de las historias generalm ente es un niño,
donde se destacan aspectos de inm adurez y dependencia.
Idealización de la relación de pareja. Se constata un alto
nivel de aspiración, sin m ediar en ésta los pasos interm e­
dios para realizarlo. A sí en la historia de la lám ina N I
“M ” relata: "... U n niño que está pensando en ser un gran
violinista... Piensa que puede estar en una gran orques­
ta, ser im portante, lograr gran fama, ser un gran escri­
tor. La historia puede term inar en la fábula que él se
imagine, ser de lo más grande...”

6- Test de W eschler-Bellevue: (puntajes equiparados)


Logra un m ejor desem peño en el área verbal abstrac­
ta, adecuados puntajes en los subtest de Inform ación,
Vocabulario y Com prensión que le. perm iten organizar el
pensamiento. En el nivel ejecutivo su rendim iento no es
homogéneo, donde aparece su dificultad para relacionar­
se con las personas y para m anipular las situaciones
sociales, como tam bién para enfrentar los problem as que
debe resolver y su reacción ante sus errores y responsa­
bilidades.

Información: 10 Comprensión Visual: 7


Comprensión: 14 Observación: 10
Analogías: 16 Construcción: 12
Dígitos: 7 Razonamiento Práctico: 8
Aritmética: 6 Atención: 8
Vocabulario: 12 Total de puntajes sub-test de
Total de puntajes equiparados ejecución: 45
sub-test verbales: 65
422 Juan H . Del Popolo

Puntaje total equiparado: 99


CI Verbal: 109
CI Ejecución: 96 /
CI Total: 103 (normal promedio)
Deterioro: 16%

\
12.1. Sem iología de las funciones psíquicas
Atención: En la primera entrevista estuvo disminuida
la atención voluntaria,, asociada a factores afectivos deri­
vados del contexto de encierro y de su preocupación por
el futuro.
Orientación auto y alopsíquica: Sin alteraciones.
Curso y contenido del pensam iento: Sin alteraciones.
Rapaport: R elación con ciertas reservas, pero sin
ocultar m anifiestam ente información.
Defensas: De tipo confusional, paranoide, en las pri­
meras entrevistas.
M em oria de corto y largo plazo: Aparece conservada.
En el mom ento del hecho no parece probable que hubiese
existido una conciencia restringida que afectara la aten­
ción y la fijación. Adviértase que su eficacia práctica,
durante el transcurso de los m om entos posteriores al
hecho, no se vio alterada por falta de control o desorgani­
zación; como es frecuente que ocurra en estados de em o­
tividad exaltada, que no sólo afecta el estado de concien­
cia, sino tam bién la eficacia práctica de la conducta
(condujo un autom óvil). Por ende, el recuerdo del hecho
distinto de la versión que ofrecen las pruebas, bien puede
obedecer a un fenóm eno de disim ulación o de transfor­
m ación de lo ocurrido y no a un fenóm eno patológico de
Psicología judicial 42 3

la conciencia o de algún acontecim iento traum ático que


altere la memoria.

13. Datos de la investigación psicológica y su


importancia para satisfacer la demanda pericial

Concretamente el peritaje psicológico debía proporcio­


nar elem entos de ju icio para ayudar a establecer al Tri­
bunal si “M ” al m om ento del hecho:
a) Se representó la posibilidad del resultado mortal
b) Si se representó tal posibilidad y confió en que el
resultado no se produciría (Hipótesis de H om icidio culpo­
so)
c) Si se representó el resultado y asintió con indife­
rencia en su producción (en cuyo caso debía responder
como autor de un H om icidio doloso)

Para lograr configurar esta respuesta se realizó un


análisis de la conducta desde una perspectiva longitudi­
nal (historia de “M ”) y transversal, funciones psicológicas
en el aquí y ahora y al m om ento del hecho.
A partir de este doble registro se advirtieron las
siguientes características en su conducta que com enta­
mos a continuación y que posibilitaron que se pudiera
responder al requerim iento pericial, con valiosos indicios,
engarzando la perspectiva psicológica con la necesidad
jurídica; logrando una com prensión del hecho que sin el
auxilio de la psicología no se podría haber obtenido, posi­
bilitando una m ás ju s ta aplicación de la ley.
42 4 Juan H . Del Popolo

A)D ism inución de la eficiencia de las funciones p sico­


lógicas relacioadas con el ju icio crítico
En este punto seguim os a Bellak en su trabajo “Eyá-
luación de la funciones del Yo”, quien al referirse al juicio
crítico com o función del Yo enuncia Jus factores que lo
com ponen y del que tomamos el item í“Anticipación de las
posibles consecuencias de un hecho’* (previsión de peli­
gros probables-problem as legáles-vcensura social-desapro-
bacjón-inadecuación-daño físico), j
JEn relación a esta función en el test de W eschler se
observó una dism inuición en el test de Com prensión
visual que resulta relevante y que se asocia con déficit en
la capacidad de anticipar y planear la conductaT}
En la historia vital del sujeto a sí m ism o advertimos
esta falta en la función yoica. Así, relata en las entrevis­
tas que construyó el techo de la vivienda que habitaba
luego de que contrajera m atrim onio, sin poseer conoci­
mientos y habilidades específicas para tal fin, term inan­
do ésta por derrumbarse.
En su historia laboral tam bién se verifica la falta de
un proyecto sólido en el terreno ocupacional con inestabi­
lidad en sus em prendim ientos que trasuntan este mismo
déficit en relación a esta función. A sí mismo, el embarazo
de su pareja no es deseado por “M ” , representándoselo
como “accidental”, no planeado.
Cuando presta indagatoria en sede ju d icial tampoco
anticipa ni planea lo que va a declarar; com o consecuen­
cia de ello logra agravar notoriamente su situación proce­
sal al proporcionar explicaciones contradictorias como las
que ya hem os reseñado.
Por otra parte, el déficit en la función de anticipación
Psicología judicial 425

se m anifiesta en la conducta de “M ” expresada en los


“ju eg os” que éste establecía con el arma. Tal conducta
refleja en parte, la falla en la conciencia de las probables
consecuencias dañinas en su accionar. Dichos com porta­
mientos son referidos por los testigos como “habituales”,
“frecuentes” , otorgando por ello un grado cuantitativa­
m ente alto de conductas que expresan juicios erróneos.
En las entrevistas, “M ” siente que las cosas “le ocu­
rren”, “le suceden”, “se le im ponen”, no reconociendo su
déficit en la anticipación de las conductas que im plem en­
ta. De esta m anera com enta "... no nos preparan cono­
ciendo las leyes, en mi caso yo las conozco aquí (prisión);
le pasan las cosas y uno no sabe...” A l delito cometido lo
define como: “ ... un golpe en la vida...”
Estos elem entos, desde lo longitudinal y lo transver­
sal reseñan un rasgo de conducta de “M ” que notoria­
m ente se correlaciona con el objeto de la dem anda peri­
cial.
Es dable sostener a la vista de este déficit en esta
función yoica que como “M ” dice no haya anticipado con­
sistentem ente la posibilidad del resultado mortal.
Este prim er rasgo de conducta contribuye a conside­
rar la hipótesis del H om icidio doloso com o menos proba­
ble.
A sí cobran sustento desde la óptica conductual sus
m anifestaciones de que "... lo hizo sin querer...”, “...no se
dió cuenta...” , “....que se le escapó un tiro...”

B) R asgos om nipotentes en la conducta de “M ”


Los testigos nos ilustran en torn o a la conducta de
“M ” con el arma. En tal sentido expresan en el expedien­
426 Juan H . Del Popolo

te que eran com unes en “M ” las siguientes expresiones


(especialm ente con los niños): "... yo tengo un revolver
m ás grande que el tuyo...” , "... si no te portás bien te
m eto un tiro...” . N o se desprendía del arm a, ni aún para
salir de com pras fuera de su trabajo. Elem entos.testim o­
niales donde aparece claram ente com o el autor utilizaba
el arm a para reafirm ar su autoridad, para que los otros
obedecieran y acataran su deseo. “M ” dejaba este instru­
m ento a la vista y al alcance de los demás; "... la enseña­
ba...”, "... la m ostraba...” , com o si este objeto no pudiera
dejar de ser reconocido o ignorado para los otros.
Es factible pensar dadas estas singularidades en la
conducta que venim os exponiendo, com o por ejemplo, la
gran valoración afectiva con la que el sujeto tenía el
arma, com o tam bién la notable simbiosis que le im pedía
desprenderse de la misma, que este instrum ento actuaba
para “M ” com o un reasegurador de su autoridad y poder;
confundiendo los atributos de la cosa con su propia iden­
tidad.
Estas circunstancias avalan la hipótesis de que arma
y función operan com o dadores de una seudo identidad
om nipotente.
Aunque “M ” tam bién expresaba "... m ire, yo tengo un
concepto: el que entra com o agente de seguridad es un
inútil...” . Como se advierte, la situación resulta típica de
los trastornos narcisistas de la personalidad en los que se
oscila en la autovaloración del 0 al 10, de la im potencia
a la om nipotencia. También en las entrevistas aparece el
efecto de com pletud, de plenitud, propio del “espejo” des­
cripto por Lacan donde el “otro” funciona com o parte de
sí. A sí refiere “M ” acerca de su m atrim onio: “ ...nos enten­
Psicología judicial 42 7

díamos m irándonos... y así sentíam os todo...”; “...no tení­


amos problem as ni secretos...” . En este discurso no hay
lugar para las diferencias, ni los desacuerdos; tam poco
para “oir” seriam ente la advertencia del otro de que era
posible un resultado m ortal.
Desde las técnicas psicológicas nos lim itarem os a
reseñar tan solo la lám ina 1 del TAT que resulta particu­
larmente ilustrativa al respecto. A llí relata: “... un niño
que está pensando en ser violinista... puede soñar en ser
un gran violinista. Piensa que puede estar en una gran
orquesta im portante, lograr gran fama, ser un gran escri­
tor. La historia puede term inar en la fábula que él se
im agina, ser de lo m ás grande” .
En el HTP se constata a partir de su evaluación un
yo débil, con autoim agen pobre, débil autoestima, sensa­
ción de im potencia y futilidad.
En esta lám ina señalada (TAT) se advierte un alto
nivel de aspiración en el que queda puesto de relieve el
rasgo de om nipotencia que venim os reseñando; que encu­
bre un profundo sentim iento de im potencia. A nuestro
entender, es posible que la conducta de “ju egos” m anifes­
tada por el encartado revelara el aspecto inverso, om ni­
potente, a tales sentim ientos inconscientes de debilidad,
inutilidad y de baja autoestim a que a modo de “autoen-
gaño” evita al sujeto hacerse cargo conscientem ente de
estos aspectos tem idos. A su vez, esta “pátina” om nipo­
tente proporciona ilusoriam ente una autoim agen contra­
ria a estos elem entos rechazados del sí mismo, como de
alguien “fuerte”, “grande” y poderoso.
Desde esta perspectiva se puede establecer un segun­
do punto de articulación útil a los fines periciales pro-
42 8 Juan H. D el Popolo

puestos. La frase dicha por el autor en momentos previos


al hecho “...no, qué se m e va escapar un tiro...” se hace
plenam ente com prensible en su dinám ica psicológica ,,á
partir de los m ecanism os om nipotentes referidos, com o
consecuencia de los cuales el sujeto cree ilusoriam ente en
su capacidad de control sobre el arm a y de su “poder
ju g a r” ilim itadam ente con un elem ento peligroso. Desde
este punto de vista, se cuenta con otro elem ento para,
considerar como m enos probable desde lo psicológico que
se hubiese representado la posibilidad del resultado m or­
tal, asintiendo en él.
Reinhart Leem p en su obra 7, reseña un caso análogo
al que nos ocupa. Se trata de D AN IEL “M ” quien tam ­
bién presentaba notables trastornos de autoestim a y
gran necesidad de prestigio colocándose en la pose de
“hom bre fuerte”, jugando al “pistolero”, provocando igual­
m ente la muerte de la víctim a.

C) Aparición de la conducta delictiva a la m anera


de acto fallido
El hecho en su factura recuerda lo desarrollado por el
psicoanálisis en torno al denom inado “acto fallido” en
donde em erge la agresividad m ás allá de lo querido cons­
cientem ente. Esta idea se relaciona con la teoría del acto
fallido elaborada por S. Freud en 1901. En un artículo de
este a u to r 8 leemos: “Si a ciertas insuficiencias de nues­
tras raciones psíquicas -olvidos, errores en el habla,

7 Leem p, Reinhart: “Delincuencia juvenil: Análisis de ochenta


casos de homicidio”. Ed. Herder. Barcelona. 1979.
8 Freud, Sigmund: “Obras C om pletas”. Ed. Amorrourtu, 1980.
Psicología judicial 42 9

escritura, lectura, acciones casuales-... y a ciertos desem ­


peños que parecen desprovistos de propósito se les aplica
el procedim iento de la indagación analítica dem uestran
estar bien m otivados y determ inados pon unos m otivos
no consabidos a la conciencia” . De esta m anera, porque
existe en esta concepción la idea de fuerza inconsciente,
se explica así, algunos casos de error personal; donde por
ejemplo se dice o se hace todo lo opuesto de lo que cons­
cientemente se quería decir o hacer. Ya que la motivación
es desconocida por el sujeto, es muy posible que se tienda
a explicar dicha acción fallida como una “desatención” o
una “casualidad”.
En las técnicas gráficas y en el test de Bender hem os '
encontrado tam bién indicios de hostilidad reprim ida con­
form e la interpretación según H utt (uso del espacio I -
figuras 4,5,6 y 7). En el D esiderativo se ha advertido
ansiedad persecutoria y una notable disociación entre los
aspectos buenos y m alos que el sujeto siente poseer, dan­
do pie a la hipótesis de la existencia de una fuerte hosti­
lidad no consciente.*
En conclusión, es posible que “M ” en el m om ento del
hecho careciera de una m otivación consciente que avala­
ra el resultado de su acción resultándole a él m ism o
“inexplicable” lo sucedido; por lo cual verbaliza al poco
tiem po del hecho: no sé cómo pudo ocurrir ésto...” ;
acercándonos por lo tanto a la hipótesis de culpa.

* Las declaraciones de los testigos que atribuyen a la conducta de


juego de “M ” el m atiz de “chiste” y al homicidio como de “broma que
terminó m al”, refuerza esta hipótesis desde el ángulo de fuerza
inconsciente que se m aterializó en la acción letal.
i
430 Juan H. Del Popolo

D esde esta tercera perspectiva se puede sostener la


hipótesis de que se está en presencia de una acción /
im pensada, de un acting neurótico (Bellak), producto de
una falla en la regulación y control de los im pulsos. Así
el sujeto siente "... que se le escapó...” un tiro, que fue
víctim a de un im pulso desbocado, desconocido.

D) E stado de la relación de pareja precedente al hecho


Al describir la relación de pareja señalarem os ante­
riorm ente cómo para “M ” no existía un conflicto en tanto
form ula su m atrim onio como ideal. Desde lo fenom enoló-
gico no aparecen indicios que nos perm itan hallar una
m otivación consciente en el sujeto que explique la res­
puesta agresiva.
Desde esta óptica, para el punto pericial, cabe desta­
car esta ausencia de conflicto de pareja, por lo cual, des­
de lo consciente, no estuvo presente en el sujeto una
m otivación com prensible que hubiese actuado para dese­
ar el resultado de su acción, acercándonos afirm ativa­
m ente a la hipótesis de culpa.

E) Conducta posterior al hecho


En el punto cuatro Señalamos la conducta posterior al
hecho de “M ” y la respuesta em ocional del autor (“en
fresco” inm ediatam ente posterior al hecho delictivo) ver­
tidas en los datos testim oniales. D eclaraciones otorgadas
por los fam iliares de la víctima. Repetirem os algunos de
estos testim onios:
“M ” decía luego del hecho: “ ... no puede ser, no puede
ser, no puede ser...” ; “que se m ataba él pero que le devol­
viera la vida a ella...” ; “ ... me tengo que matar, me tengo
Psicología judicial 431

que morir, no sé cómo pudo ocurrir ésto, me tengo que


m orir yo...”. Los testigos lo habían visto a “M ” muy ner­
vioso y asustado después del hecho.
Estos testim onios sirven para discernir en m ejor
m edida acerca del núcleo afectivo vivenciado por el autor
y de esta m anera ver si encuadra en la categoría de dolo
eventual o culpa, que es lo que nos ocupa en el trabajo
pericial.
A cerca de la acción dolosa Fontan Balestra enseña
que se requiere que no solam ente el resultado se haya
previsto cuando m enos com o posible, sino que se haya
asentido en él, que en últim a instancia se lo acepte
(Derecho Penal, Parte general II, pág. 303).
En su obra Vicente Cabello 9 nos ilustra acerca de la
raíz subjetiva del dolo eventual cuando explica que ésta
debe rastrearse en la indiferencia; siguiendo la regla de
Reinhard Frank de aquellas personas que dicen: “resulte
así o de otro modo, pase lo que pase, obro en todo caso” .
Las expresiones afectivas del autor (reconstruidas a
partir de los datos testim oniales) transm iten reproche,
sorpresa, preplejidad, confusión ante algo (resultado) que
no se esperaba que ocurriera. La respuesta emocional de
“M ” m om entos posteriores al hecho se puede correlacio­
nar con las fallas en las funciones psíquicas de anticipa­
ción y planeam iento ya m encionadas. Por otra parte, la
“sorpresa” y perplejidad m anifestada por el encartado
m om entos posteriores al hecho puede ser pensada como
efecto terminal del posible rechazo de la previsión m ism a

9 Cabello, Vicente: “Psiquiatría forense en el derecho penal”.


Tomo I. Cap. V. Ed. H am m urabi. Bs. A s.
43 2 Juan H. Del Popolo

que se puede inferir de la frase em itida por “M ” m om en­


tos previos al delito, a saber: "... no... qué se me va a,
escapar...” /
Los intentos de revertir el resultado por parte de “M ”
se encuentran im pregnados de com ponentes m ágicos-
om nipotentes (“ ... que se m ataba él, pero que le devolvie­
ra la vida a ella...”) como concretos (ya que el autor tras­
lada a “L” a un hospital como intención de recuperarla),
destacan el rechazo (con m ayor probabilidad) emocional
al desenlace letal, o bien, la no aceptación insensible del
mismo.
En definitiva, pensam os a partir de los elem entos
m encionados, que la respuesta em ocional del encartado
encuadra m ejor en la hipótesis de culpa, contribuyendo a
restar probabilidad a la hipótesis del Hom icidio m edian­
do dolo eventual.

F) A porte psicológico p a ra el entendim iento de las


contradicciones de “M ” en su relato del hecho
Se m encionaron anteriorm ente las contradicciones
burdas y poco creíbles que “M ” ofreció a la justicia en su
versión de los hechos. Frente a tales contradicciones se
increm entó la sospecha en algunos funcionarios como
tam bién el interrogante de: ¿qué se proponía el autor al
distorcionar los hechos?
Si bien la actitud de “M ” es reprochable desde el pun­
to de vista ético, esto significa necesariam ente, que tales
contradicciones y faltas a la verdad tengan como inten­
ción ocultar un hecho doloso. Por sobre todo, aclaram os
al com ienzo del trabajo, que, para diferenciar un acto
doloso de uno culposo era necesario, entre otras cosas,
Psicología judicial 433

discernir retrospectivam ente el estado anímico del encar­


tado m om entos previos al hecho y con posterioridad al
mismo. De este modo, tales contradicciones pueden obe­
decer a muy diversos m otivos. En tal sentido reseñam os
en el apartado de B de esta sección acerca del alto grado
de disociación sobre sus aspectos negativos (inutilidad-
hostilidad-inm adurez...) para evitar lo tem ido de sí m is­
mo e im pidiendo reconocer conscientem ente su propia
responsabilidad en los hechos. Esta característica se
encuentra definida en el llam ado Trastorno de personali­
dad narcisista otorgado por el M anual de diagnóstico
DSM-III-R. A llí leem os acerca de este rasgo: “Es frecuen­
te el autodelirio defensivo y el autoengaño por medio de
la deform ación de los hechos, de m odo que se preserva el
sentimiento de la propia im portancia”.
Como hipótesis pensam os que “M ” no reconoce haber
sido partícipe de los “ju eg os” con el arma (que declaran
reiteradam ente los testigos) porque de acuerdo a su
m odalidad psíquica no puede dar una im agen de ser fali­
ble preservando una autoim agen “fuerte” , “poderosa”, y
libre de fallas. Es posible que tal autoengaño tenga
características defensivas para el sujeto (reconociendo
éste en las últim as entrevistas sufrir rem ordim ientos por
su acción), ya que le perm ite liberarse de mom ento al no
reconocer su propia responsabilidad en el hecho, de dosis
poco tolerables de culpa por su accionar que provocó
finalmente el deceso de su esposa.
434 Juan H . Del Popolo

14. Conclusión

Los elem entos aportados por la pericia psicológica'


perm iten afirm ar como hipótesis más probable que, “M ”
al m om ento de com eter el hecho no asintió con indiferen­
cia en la producción del resultado m ortal de su cónyuge
y que, con el mismo grado de probabilidad se puede sos­
tener que resulta creíble su afirm ación de que creyó que
el resultado no se produciría. Aún cuando sobre el parti­
cular no se pueda proporcionar certeza, sus característi­
cas conductuales dan pie para dar crédito a sus versiones
al menos para favorecerlo con el beneficio de la duda, que
ya es mucho.
A sí m ism o, a partir de la dinám ica psicológica de “M ”
se hacen com prensibles las contradicciones en que incu­
rren sus explicaciones brindadas ante la justicia (falta de
anticipación y planeam iento y aspiración de brindar una
im agen idealizada, sin fallas), sin que ello im plique que
su intención sea ocultar un hecho doloso, como desde una
m irada ingenua se interpretó.
De esta forma, el presente trabajo plantea la posibili­
dad de explorar psicológicam ente conductas que constitu­
yen la m aterialidad fáctica de standards legales relacio­
nados con la culpabilidad, articulación poco explorada
hasta el mom ento y de prom isorios desarrollos.
APÉNDICE

Aproximación al examen del hecho a partir


de una perspectiva lacaniana

Las características del hecho como las circunstancias


que lo rodearon m uestran al delito como desprovisto de
un móvil que lo “ju stifiq u e” . Desde el sujeto (“M ”), actor
principal del dram a heteroagresivo no aparece una
“razón esencial” que haga com prensible el acto crim inal,
como podría ser un beneficio económ ico a partir del m is­
mo. Por el contrario, “M ” no sólo no aporta m otivos a los
magistrados y profesionales en su labor pericial, sino que
dicha incógnita encarna en el sujeto cuando a partir de la
crudeza m aterializada de su acción dice:

m e tengo que matar, me tengo que morir... no sé


com o pudo ocurrir esto... me tengo que m orir yo...”

En donde el sujeto atónito y desesperado tratando de


“borrar” el resultado de su acción prefiere morir, anular
su vida. Esta vez la agresión se dirige para sí com o auto-
agresión con el intento m ágico de revertir esta situación
trágica que, (al recon ocer “lo distinto” revelado por la
realidad cotidiana) “contradice” lo que el sujeto creía y
quería mantener.
D ecim os “esta vez” porque a m anera de hipótesis
436 Juan H. Del Popolo

suponemos que ocurrió algo inm ediatam ente anterior al


acto agresivo que vino como a poner “en duda” su poder "
de control y que posiblem ente fué detonante otorgando
m ovilidad al m ecanism o de agresividad incorisciente.
Previo al acto, la víctim a se dirige a “M ” del siguiente
m odo: tené cuidado que se te puede escapar un
tiro...”, al observar al encartado en sus ju egos con el
arma. Discurso sostenido por la víctima a lo cual sigue de
parte de “M ” un: “...No.. ..qué se me va a escapar (un
tiro)...”. Como efecto de creencia en un “poder ju g a r” ili­
m itadam ente con un elem ento peligroso sin tom ar en
cuenta, tendiendo a desconocer características de la rea­
lidad externa y de su propio m undo interno. De esta
manera, el resultado de su acción incluye tácitam ente un
límite,, duro por cierto, a su propia creencia y un corte en
“su saber” acerca de sí mismo. Es en este punto donde se
pierde, se extravía de mom ento la causalidad, el sentido
de su acción; elim inando como producto no sólo a otra
persona, sino desapareciendo su autocontrol, dando paso
a “eso” que produce un “esto” desilusionante y fatal. Es
aquí donde la sociedad se hace responsable de él, la ley
de los hombres tom a cartas en el asunto aislándolo de los
demás, recluyéndolo en una prisión.
Ahora bien, ¿de qué m anera vivió y experim entó “M ”
su relación de pareja?. Al respecto contam os con algunos
datos que nos confieren algún entendim iento sobre el
vínculo establecido con su cónyuge.
En las entrevistas “M ” refiere acerca de su m atrim o­
nio lo que sigue: "... No teníam os problem as... toda una
vida estuvimos juntos, fue algo herm oso... nos entendía­
m os, m irándonos ya sentíam os todo... teníam os todo..
Psicología judicial 43 7

m ucho amor, buen com pañerism o... no teníam os secre­


tos...”. A continuación transcribim os la historia que
acom paña al gráfico de la pareja: “ ... M i señora y yo, fue
una relación m uy buena, m uy unida, m uy com pañeros;
nunca tuvim os algo negativo, lo que quería uno el otro
también, el poco tiem po que estuvim os com o m atrimonio
fue algo herm oso y hubiera sido algo m uy lindo...”
Frases sugerentes en las cuales se actualiza en el
sujeto el efecto de “com pletud”, de plenitud propio del
espejo. Donde el otro (sem ejante) funciona como parte del
sí mismo devolviendo la im agen de sí por la m irada, de
un Otro que “sabe” lo que se siente; que tiene “todo” ,
como si el entendim iento estuviera sentado predom inan­
tem ente en lo im aginario donde no hay lugar para los
problem as surgidos a partir de lo diferente del otro. No
podían surgir divergencias en el “querer” como si ambos
fuesen lo m ismo. A l parecer no se toleraban los desacuer­
dos en esta pareja; por lo cual, no se podía ser distinto
acortando com o intento la distancia con un Otro ideal.
En relación con esto “M ” no podía establecer una dis­
tancia con su mujer, no toleraba una separación de la
misma. A sí definida la relación, carece de lugar para las
diferencias, para el conflicto que podía surgir y de hecho
surgen, de la convivencia cotidiana con un ser querido y
es llam ativo que la convivencia real de esta pareja fue de
unos pocos m eses en contraste con un noviazgo prolonga­
do de trece años.
Sin em bargo, constatam os que en los prim eros
m om entos de form ación de las parejas, sucede por lo
común una reedición de este sentim iento del “ser uno con
el otro” . M om ento por dem ás fundante de la m ism a, gra­
438 Juan H . Del Popolo

tificante, que se acom paña de una buena dosis de ilusión


y fantasía. A l respecto, es interesante rescatar una frase
de J. Lacan al definir el am or com o un “D ar lo que no se
tiene a quien no lo es” , donde, a nuestro entender resue­
na en ella algo del orden de la ilusión. Pero acaso este
estado ideal, fundante, ¿puede darse de otra m anera?
Parece cierto tam bién, qué en su evolución gradual­
m ente las parejas (algunas por lo m enos) em piezan a
reconocer lo distinto del otro; abandonando tal estado con
la correspondiente desilusión del “no eras com o yo creía” ,
aprendiendo y tolerando hasta cierto punto convivir con
un otro distinto del que se demanda. Es en el plano de la
génesis del am or y con la pérdida de este m om ento nar-
cisista com o efecto de castración, pérdida de este Otro
incondicional y en el intento inconsciente de reecontrarlo
que se busca, se dem anda la plenitud lógica de un estado
anterior en el cual el otro no está como objeto diferente,
sino como objeto pleno. Pérdida de este Otro sin barrar
dada por la historia constitucional edípica del sujeto y en
la m edida que éste se defiende de la castración de este
Otro porque es intolerante, se busca, se dem anda aquello
que está antes de la castración, es decir; un Otro sin
fallas que “todo lo puede”. Es posible pensar com o hipó­
tesis a partir de las frases dichas por “M ” que éste inten­
taba recuperar en esta relación un estado de plenitud
ideal, anhelo por dem ás inconsciente.
Las dificultades surgen en relación con el intento
inconsciente de recuperación de la satisfacción lógica
experim entada con ese Otro incondicional; sin tener en
cuenta desde la intim idad que el otro de la realidad es
distinto al que se anhela; es decir, pasando por lo alto
Psicología judicial 439

aspectos de la realidad del otro sem ejante sin considerar


sus posibilidades y lim itaciones por ejem plo. Inconve­
nientes originados cuándo desde lo inconsciente no se
acepta, no se tolera, que el otro objeto de afecto sea dis­
tinto a ese Otro que se tuvo, que se expresa en el neuró­
tico en ese intento a toda costa de coincidir siendo “uno
con el otro” . A sí com o dice un hum orista italiano: “El cri­
men perfecto es com o el m atrim onio perfecto, todo anda
bien m ientras no lo agarren”.
Este tolerar lo diferente de un otro semejante depen­
de de la historia constitucional del sujeto, (de cóm o atra­
vesó los m om entos edípicos) y hace que se pueda convivir
más o m enos pacíficam ente con ellas o que por el contra­
rio, se las intente “borrar” por m edio de la agresión en
sus m últiples form as, perm itiendo en algunos casos m an­
tener libre al sujeto de fallas que no se toleran del sí m is­
mo puestas en el otro.
Podría pensarse, asim ism o, que esta respuesta agre­
siva m arca la intolerancia de lo inconsciente ante un
Otro castrado (m etaforizado), agresión que viene como
intento de recuperación, de m antenim iento, de este Otro
inolvidable, poseedor de la verdad. Por ello surge el
reproche dirigido a este otro de la realidad que no “se
atreve” a ser com o se quiere que sea desde lo íntim o.
Reproche y enojo que va dirigido a un Otro que “puede”
pero que no quiere dar lo que se pide. En m ayor o m enor
m edida este m ecanism o se activa en cualquier pareja
norm al y en m uchas situaciones de la vida.
Retom ando algunos puntos teóricos originales de
S.Freud, la escuela F rancesa enseña que existe en los
sujetos un anhelo inconsciente de recuperación del esta­
440 Juan H. Del Popolo

do de com pletud que se experim entó previo a la castra­


ción, como satisfacción lógica experim entada del “ser uno .
con el otro” . A partir de la castración (m etáfora paterna)
que pone un lím ite a una. relación dual previa, fusionan­
te, este Otro pasa a ser dividido, no da respuesta, no es
garante de nada, es deseante a su vez por lo cual no está
completo. Problem a que rem ite al sujeto a la experiencia
sufriente de no tener a alguien que lo signifique y lo con­
suele; que lo deja en el vacío. Castración de este Otro que
lo remite a un m om ento de desamparo original, vincula­
do tam bién a los m om entos de desarticulación y caos
intraorgánico propio de la prem aturación específica de la
cría humana.
Form ulaciones teóricas que parcialm ente al menos
pretenden dar cuenta de eso que en lo cotidiano llam a­
mos reproche, intolerancia, enojo, agresión; cuando desde
la intim idad inconsciente del sujeto se pasa por alto el
“no poder” por la fórm ula im aginaria del “no querés dar­
me lo que te pido” . Presentificando por el acto la creencia
inconsciente en este Otro absoluto. Traem os a colación
estas articulaciones teóricas para establecer alguna rela­
ción hipotética en la génesis del proceso delictivo en “M ” .
Espejo que se corre de m om ento m ostrándole lo distinto
por su voz al sujeto. Voz que le m uestra al sujeto la posi­
bilidad de que ocurra “lo im posible”. H acia esta voz, pen­
samos, va dirigida la acción agresiva de “M” que le m ues­
tra lo diferente, lo que él no tolera: ser falible con el
arma (terreno de la castración sim bólica).
A su vez, pensam os que dicha acción, de tipo Acting-
out, im pensada de parte del autor, viene a presentificar
como por un acto de fe de la existencia sostenida desde lo
Psicología judicial 441

inconsciente de un Otro sin barrar; que no “puede equi­


vocarse”, no dando lugar a dudas (terreno de la frustra­
ción im aginaria). A cción irreflexiva donde de momento se
acorta la distancia a este Otro sabio que se anticipa a la
acción, reafirm ando su “poder de verdad”.
/
L egislación

LEY 22.914
INTERNACIO N Y EGRESO
DE ESTABLECIM IENTOS DE SALUD MENTAL
(B.O. 20/9/83)

A rtícu lo l 2 — [C asos de internación] La internación de


personas en establecimientos públicos o privados de salud
mental o de tratamiento para afectados de enfermedades men­
tales, alcohólicos crónicos o toxicómanos, sólo se admitirá:
a) por orden judicial;
b) a pedido del propio interesado o su representante legal;
c) por disposición de la autoridad policial en los supuestos
y con los recaudos establecidos en el segundo párrafo del art.
482 del Cód. Civil;
d) en caso de urgencia, a pedido de las personas enumera­
das en los ines. I9 al 49 del art. 144 del Cód. Civil.

Art. 29 — [Instancia propia o del representante legal]


La internación a pedido del propio interesado o de su represen­
tante legal deberá ajustarse a las siguientes disposiciones:
a) el peticionante suscribirá una solicitud de internación
ante el director del establecimiento o quien lo reemplace, pre­
sentando con ella un dictamen médico que identifique al posi­
ble internado, efectúe su diagnóstico y dé opinión fundada
sobre la necesidad e internación;
444 Juan H. Del Popolo

b) admitida la internación el director del establecimiento


deberá:
1) efectuar dentro de las cuarenta y ocho horas su propio./
dictamen médico o convalidar el de otro facultativo del mismo
establecimiento;
2) comunicar dentro de las setenta y dos horas al ministe­
rio de menores e incapaces la internación efectuada cuando se
trate de alguna de las circunstancias contempladas en los
arts. 141, 152 bis, ines. Is y 2a o 482, párrafos segundo y
tercero del Cód. Civil ó en el caso de constar que la misma
persona ya había sido internada con anterioridad. Con tal
comunicación acompañará copia de los dictámenes médicos
producidos;
3) en cualquier otro caso si la internación superara los
veinte días deberá formularse igual comunicación;
c) si el internado estuviera sujeto a tutela o cúratela, su
representante deberá comunicar al juez de la causa la interna­
ción efectuada dentro de las veinticuatro horas de producida.
Art. 3e — [D is p o s ic ió n de l a a u t o r id a d p o l ic ia l ] Cuando
la internación hubiese procedido por disposición de autoridad
policial el director del establecimiento deberá efectuar su pro­
pio dictamen médico o convalidar el de otro facultativo del mis­
mo establecimiento e informar dentro de las veinticuatro horas
del comienzo de la internación al ministerio de menores e inca­
paces, acompañando copia del dictamen y el del médico o fiscal
dispuesto previamente por la autoridad policial.
En el sexto día de la internación, de no mediar notificación
judicial ordenando mantenerla, el director del establecimiento
comunicará tal situación al ministerio de menores e incapaces
interviniente, y si dentro del tercer día siguiente no recibiere
la orden judicial requerida, por su sola autoridad dispondrá el
cese de la internación, notificación de ello al internado o a su
representante legal.
Art. 4e — [Casos de urgencia] En los casos de urgencia a
que se refiere el inciso a) del art. l g se observarán las siguien­
tes disposiciones:
Psicología judicial 445

a) las personas facultadas deberán pedir la internación por


escrito firmado ante el director del establecimiento o quien lo
reemplace, quien accederá o rechazará fundadamente;
b) producida la internación, el solicitante deberá comuni­
carla al ministerio de menores e incapaces, dentro de las vein­
ticuatro horas;
c) el director del establecimiento procederá en estos casos
de igual modo al establecido en el art. 3°. De no mediar orden
judicial en contrario y aunque no hubieren vencido los plazos
establecidos en el artículo citado, dispondrá por su sola auto­
ridad que la internación cese tan pronto desaparezcan las
causas que la justificaron, notificando de ello al interesado o
a su representante legal y al ministerio de menores e incapa­
ces.
Art. 5 9 — [D e p e n d e n c ia j u d ic ia l ] Cuando el internado se
encuentre bajo la autoridad judicial, cualquiera sea el origen
de la internación, el director del establecimiento:
a) deberá informar al juez de la causa con una periodicidad
no mayor de cuatro meses, sobre las novedades que se produz­
can en la historia clínica del internado;
b) podrá autorizar salidas o paseos a prueba, si los juzga
convenientes y el grado de recuperación del internado lo per­
mite, individualizando con precisión a la persona responsable
de su cuidado fuera del establecimiento e informando al juez
dentro de las veinticuatro horas;
c) requerirá autorización judicial para disponer el alta pro­
visoria, la transferencia del internado a otro establecimiento o
su extemación definitiva.
Art. 62 — [COMUNICACION] Toda internación será comunica­
da inmediatamente por el director del establecimiento a los
parientes del internado u otras personas que este indique.
Art. 1- — [H is t o r ia c l í n i c a ] La dirección del estableci­
miento confeccionará una historia clínica de cada internado, en
la que constará con la mayor precisión posible: sus datos per­
sonales, los exámenes verificados, el diagnóstico y el pronósti­
co, la indicación del índice de peligrosidad que se le atribuya,
44 6 Juan H. Del Popólo

el régimen aconsejable para su protección y asistencia, las eva­


luaciones periódicas del tratamiento, y las fechas de interna­
ción y egreso.
A la historia clínica se agregarán:
a) solicitudes de internación y egreso. Deberán contener los
datos personales del peticionante;
b) las órdenes judiciales y las disposiciones de la autoridad
policial;
c) copia de las comunicaciones y notificaciones a que se
refiere esta ley, con las constancias de su recepción por los des­
tinatarios.
Art. 8s — [V is it a s ] El internado podrá ser siempre visitado
por su representante legal o por el defensor especial previsto
en el art. 482 del Cód. Civil. Tales visitas no podrán ser impe­
didas.
A rt. 9H— [I mpulso judicial de oficio] L os jueces im pul­
sarán de oficio y con la mayor celeridad las actuaciones ju d i­
ciales relativas a las personas comprendidas en la presente
ley.
Art. 10 — [Inspección judicial] Los jueces inspeccionarán
los lugares de internación y verificarán las condiciones de alo­
jamiento, cuidado personal y atención médica.
Art. 11 — [E greso de los internados] L os jueces dispon­
drán de oficio todas las medidas apropiadas a fin de que las
internaciones se limiten al tiempo indispensable requerido por
las necesidades terapéuticas y la seguridad del internado y de
terceros. El ministerio de menores e incapaces y, en caso, el
defensor especial del art. 482 del Cód. Civil, serán notificados
de las disposiciones que se adopten.
El director del establecimiento, en informe fundado, hará
saber cuando el internado se encuentre en condiciones de egre­
sar y, de ser posible, propondrá a quienes tengan mayor idonei­
dad para hacerse cargo de él o, en su caso, manifestará lo inne­
cesario de esta previsión. El juez, previa vista al curador y al
ministerio de menores e incapaces, resolverá con preferente
despacho.
Psicología judicial 447

Art. 12 — [F u n c io n e s d e l m in is t e r io d e m e n o r e s e in c a p a ­
ces] Los asesores de menores e incapaces deberán:
a) visitar los establecimientos de internación de las perso­
nas que se encuentren bajo su representación promiscua, toda
vez que fuera necesario y al menos cada seis meses, verifican­
do la evolución de su salud, el régimen de atención, las condi­
ciones de alojamiento, el cuidado personal y la atención médica
que reciben, informando al juez interviniente;
b) promover según corresponda, el proceso de declaración
de incapacidad por demencia o la información sumaria previs­
ta por el art. 482 del Cód. Civil, así como la rehabilitación de
los incapaces;
c) controlar el trámite de las actuaciones en que interviene,
requiriendo las medidas conducentes al mejor tratamiento y
cuidado de los internados, así como la administración y custo­
dia de sus bienes y, tan pronto sea pertinente, solicitar el cese
de las internaciones.
Art. 13 — [R e s p o n s a b il id a d d e l o s d ir e c t o r e s d e e s t a b l e ­
c im ie n t o s a s is t e n c i a l e s ] El incumplimiento total o parcial de
los deberes que la presente ley impone a los directores de los
establecimientos asistenciales, será puesto en conocimiento de
la autoridad a la que competa el ejercicio del poder de policía
sanitaria y, en su caso, de la autoridad judicial correspondiente
en lo criminal y correccional.
Los jueces y el ministerio de menores e incapaces deberán
denunciar de inmediato a aquellas autoridades, las inobser­
vancias que lleguen a su conocimiento.
Art. 14 — [C e n t r o d e o b s e r v a c ió n ] El ministerio de justi­
cia estudiará la posibilidad de constituir un centro de observa­
ción para recibir a las personas cuya internación se inicie con
intervención de la autoridad policial, observándose en ese caso
las disposiciones de los arts. 3g y 4B.
Art. 15 — [Á m b it o d e a p l ic a c ió n ] La presente ley se apli­
cará en la Capital Federal y en el Territorio Nacional de Tierra
del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.
El Poder Ejecutivo Nacional informará a los gobiernos de
448 Juan H . D el Popolo

las provincias del texto y los fundamentos de la presente, a fin


de que se contemple la posibilidad de implementar una legis­
lación similar.
Art. 16 [De f o r m a ]
DERECHO COMPARADO

DISPOSICIONES PROCESALES
EN CASO DE NIÑOS ABUSADOS

E stado de Isr ael


L ey de REVISION de LA PROTECCION
DE EVIDENCIA EN NIÑOS

A rtícu lo l 2 — D efiniciones.
En esta ley por “niño” se entiende toda persona menor de
catorce (14) años de edad; ofensa “contra la moralidad” signifi­
ca alguna de las ofensas que se enumeren en el “listado”.
Art. 2° — A u dien cia del n iñ o com o testigo.
a) Salvo con el permiso de un interrogador juvenil, el niño
no será oído como testigo en una ofensa contra la moralidad
cometida sobre su persona o en su presencia, o de la cual el-
ella es sospechoso; y una declaración por el niño sobre tal ofen­
sa no será admitida como evidencia.
b) En el lugar en que el interrogador juvenil ha permitido
a un chico ser oído como testigo, ninguna persona estará pre­
sente al momento de tomar la evidencia excepto el fiscal, el
acusador, el interrogador juvenil, y la persona a la que la Corte
le ha permitido estar presente.
c) La Corte puede ordenar que la toma de la evidencia o la
recepción de la declaración bajo la subsección a) sea interrum­
pida si después de oir al interrogador juvenil, este es de la opi­
nión que la continuidad de ella, puede causar daño al niño.
Art. 32 — N om bram iento de in terroga d ores ju v e n i­
les.
450 Juan H . Del Popólo

a) El Ministerio de Justicia nombrará los interrogadores


juveniles para los propósitos de esta ley.
b) Un interrogador juvenil puede ser nombrado sólo des-'
pués de consultar con el comité.
c) El comité consistirá dé cinco miembros, a saber:
1) Un Juez de Juzgado Correccional actualmente desempe­
ñándose como Juez para los propósitos de la ordenanza 1937
de Delincuentes Juveniles nombrado por el Ministerio de Jus­
ticia;
2) Un experto en higiene mental nombrado por el Ministe­
rio de Salud;
3) Un educador nombrado por el Ministerio de Educación y
Cultura;
4) Un experto en cuidado del Joven y del niño nombrado
por el Ministerio de Bienestar Social;
5) Un oficial superior de la Policía nombrado por el Minis­
terio de Policía;
d) El juez deberá actuar como Presidente del Comité;
e) El Comité deberá dictar las reglas para sus deliberacio­
nes y trabajo en la medida que ellas no han sido dictadas por
regulaciones.
Art. 4B— E xanim ación solo p or in terrogad or ju ven il.
Excepto para la examinación como testigo permitida por el
interrogador juvenil bajo la sección 2, un niño no será exami­
nado en relación a una ofensa contra la moralidad salvo por el
interrogador juvenil; pero esta previsión no deberá aplicarse:
1) Para las preguntas hechas al tiempo o inmediatamente
después de la comisión del delito o tan pronto como una sospe­
cha razonable se alce de que tal ofensa ha sido cometida;
2) Para las preguntas hechas por el padre, madre, guar­
dián, la persona que tenga la supervisión del niño o un médico.
Art. 5s — P resen cia en la exam inación.
Ninguna persona deberá estar presente al tiempo de la
examinación de un niño por el interrogador juvenil, salvo con
el permiso de este último.
Art. 62 — P u blicación .
Psicología judicial 451

a) Ninguna persona deberá publicar cosa alguna destinada


a revelar la identidad de un niño examinado en relación a una
ofensa ante una Corte salvo con el permiso de la Corte.
b) La persona que contravenga esta sección es pasible de
ser encarcelada por un término de seis meses o una multa de
250 libras o ambas clases de penalidades.
Art. 7s — P resen cia del n iñ o en las op era cion es de
investigación.
Donde, en el curso de una investigación policial en una
ofensa contra la moralidad, aparezca necesario llevar a cabo
un acto requiriendo la presencia o participación de un niño, tal
acto no deberá ser llevado a cabo, salvo en acuerdo con las
directivas del interrogador juvenil.
Art. 8s — R ep orte a la p olicía .
a) En los casos en que una examinación en relación a una
ofensa contra la moralidad ha sido celebrada por un interroga-
dor juvenil a requerimiento de la Policía, el interrogador juve­
nil deberá revelar a la Policía las particularidades de la exami­
nación y presentar sus conclusiones ante ella.
b) Las previsiones de la sección 6 deberán aplicarse “muta­
tis mutandi” al reporte del interrogador juvenil bajo esta sec­
ción.
Art. 99 — E vid en cia adm isible.
La evidencia, en relación a una ofensa contra la moralidad
tomada o grabada por un interrogador juvenil o grabada por
un interrogador juvenil y cada una de las actas o reportes de
una examinación en relación a la ofensa preparada por el inte­
rrogador juvenil durante o después de la examinación son
admisibles como evidencia en la Corte.
Art. 10 — E xam inación ad icional.
En los casos en que la toma de evidencia o recepción han
sido discontinuados bajo la sección 2c) o en los que la evidencia
como la referida en la sección 6 ha sido sometida a la Corte el
procesado puede requerir y el Juez ordenar que el interrogador
juvenil reexamine al niño y le pregunte una particular cues­
tión, pero el interrogador juvenil puede refutar solicitar todas
452 Juan H . D el Popólo

o algunas de las preguntas así requeridas si el o ella es de la


opinión que solicitarlas es probable que cause daño al niño.
Art. 11 — Apoyatura.
Una persona no deberá ser convicta sobre la evidencia bajo
la sección 9 a menos que sea corroborada por otra evidencia.
Art. 12 — Im plem entación y regu lacion es.
El Ministerio de Justicia estará a cargo de la implementa­
ción de esta ley y de hacer las regulaciones relacionadas a la
tal implementación:
Art. 13 — Entrada en vigencia.
Esta ley deberá entrar en vigencia en el cuarto Tishrei
5716 (20 de setiembre, 1955)
Listado
(Sección 1)
Ofensas contra secciones 208-209-210-211-345 (A)-346-347-
348-349-337-368 (B)-368 (C) -del Código Criminal.
Yitzchak Ben-Zvi Moshe Sharett Pinchas Rosen
Presidente Primer Ministro Ministro Just.

Enm iendas (1989). Prim era enm ienda: La ley se aplica


no solo a ofensas sexuales sino también a cualquier ofensa
cometida contra el niño por sus padres.
Segunda enm ienda: La ley autoriza al Juez a remover al
acusado de la Corte cuando un chico esta testificando sobre
incesto.
T ercera enm ienda: Toda interrogación juvenil debe ser
grabada.
Algunas d isp osicion es del sistem a canadiense. Esta-
tuto-Bill-C-15-1987.
—Sección 274: dispone que no es esencial tener evidencia
adicional para corroborar el testimonio de un niño víctima o
testigo en orden a condenar a alguien por un delito sexual.
—(P.640) La evidencia de reputación sexual, sea general o
específica, no es admisible para los propósitos de refutar o
corroborar la denuncia.
—(P.640) Si el denunciante es, al tiempo de el proceso o de
Psicología ju d icia l 453

la investigación preliminar, un menor de 18 años, el presidente


del Tribunal puede ordenar que el denunciante testifique fuera
del recinto de la Corte o detrás de una pantalla u otro artefacto
que le pueda permitir ál denunciante no ser visto por el acusa­
do, si el Juez es de la opinión que la exclusión es necesaria para
obtener un completo y cándido relato de los actos denunciados.
—(P.641) Un video-tape puede ser hecho y usado, que con­
tengan el testimonio de un niño víctima si la cinta es grabada
dentro de un tiempo razonable después del delito alegádo. El
niño luego en el estrado “adopta” el video-tape y su contenido.

Alem ania. F allo de la Suprem a Corte


de la R ep ú b lica F ederal

B g Hst 1955, 7, pp-82-86.


“Un experto psiquiatra o psicólogo debe ser llamado a tes­
tificar acerca de la veracidad del relato de un testigo, si la con­
vicción depende primaria o exclusivamente sobre el testimonio
de un testigo bajo la mayoría de edad o si el testimonio no es
sustancialmente corroborado por otra evidencia.”
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INDICE

Capítulo I .
CONCEPTOS BASICOS

Designación de la a ctiv id a d ......................................... 7


Algunos antecedentes de la disciplina...... ............................ 8
Asociaciones y publicaciones................................................. 14
El modelo de subordinación............................................... 15
El modelo de complementariedad...................................... 20
Concepto de psicología jurídica.......................................... 21

Análisis del concento ...................................................... 21


La complejidad y otras ciencias............................................ 26
Psiquiatría forense................................................................ 26
Criminología........................................................................... 27
Antropología criminal............................................................ 27
Biología criminal.................................................................... 27
Sociología criminal............................................................... 28
Victimología............................................................................ 28
Fenología................................................................................ 28
464 Indice

Medicina forense.................................................................. 28
Política criminal................................................................... 29
Criminalística......................... 29

Otras concepciones de la psicología foren se............ 39


La ley y el p s ic ó lo g o ........................................................ 41

Capítulo II
ALGUNAS DIFICULTADES QUE EL PSICOLOGO DEBE TENER
EN CUENTA E N LA INTERACCION PSICOLOGIA-DERECHO.
NECESIDAD DE SU CONOCIM IENTO

A) Dificultades a nivel terminológico................................ 50


B) Dificultades a nivel de la fijación de los “focos”
de trabajo....................................................................... 52
C) Dificultad a nivel de “ley de territorio”....... ................ 53
D) Dificultades por la falta de tolerancia de la angustia,
ignorancia y confusión. La ilusoria pretensión de
erradicar la “subjetividad” ............................................ 54

La pretensión ilusoria de erradicar la


“subjetividad” ............................................................. 57
E) Dificultad al enfrentarse con los mecanismos de
inercia de la actividad judicial, al menos en algunos
sectores........................................................................... 66
F) Dificultad por la tendencia a fracturar fenómenos
complejos........................................................................ 67
G) Dificultad frente a las tendencias rotulatorias del
sistema y a las propias en tal sentido........................ 71
Indice 465

H) Dificultad para el trabajo psicológico-forense por la


recurrencia a modelos psicopatológicos....................... 75
I) Tendencia a volver estáticos los fenómenos
dinámicos....................................................................... 76
J) Tendencia a adoptar el rol de observador neutro....... 77
K) Tendencia al tratamiento disgregado de la
problemática en juego.................................................. 78
L) Visiones ingenuas de la conducta humana................. 79
LL) Acento sobre lo individual........................................... 80
M) Visiones racionalistas de la conducta humana........... 81
N) Tendencia a no utilizar los datos relevantes de la
investigación científica en tiempo oportuno.................. 81
Ñ) El fenómeno llamado “ojo de cerradura”............. ....... 82

Mínimo program a de orientaciones para la


integración de la perspectiva psicológica
en el área ju r íd ic a .................................................... 84
Orientaciones para la tarea de los equipos de
trabajo en psicología ju ríd ica ................................... 86
Identificación de perfiles psicológicos de
criminales en serie en relación a delitos de
hom icidio o violacion es.............................................. 93
Asistencia psicológica en materia de negociación
de re h e n e s..................................................................... 95
M otivaciones del delincuente y factores que
determinan su con d u cta ............................................ 95
Testim onios.......................................................................... 95
Capacidad c iv il................................................................. 96
Im putabilidad................................................................... (96
Capacidad p rocesal......................................................... 9(T
Problem ática fam iliar.................................................... 97
466 Indice

Evoluciones en el área m in orid a d .............................. 97


Em oción violenta.............................................................. 98
Daño p s íq u ic o ....................... 98
Evaluación de sistemas legales..................................... 99
Evoluciones en materia de mal praxis....................... 99

A) Actuar imperito................................................... 10
B) Actuar negligente................................................................. 101
C) Actuar imprudente................................................... 101
D) Actuar inobservante de los deberes y reglamentos.... 102

Evaluaciones en materia de contratos, laboral e


in dustrial....................................................................... 102
Tratamiento e intervenciones........................................ 103
Entrenam iento.................................................................... 104

Capítulo II
Apéndice I
LA PSICOLOGIA JURIDICA EN AM ÉRICA LATINA

Estado del arte......................... 105


Resultados............................................................................ 106
Congresos de psicología....................................................... 113
Análisis de resultados......................................................... 115
Una propuesta............................................................... 116
Cuestionario..............................:.......................................... 120
Personas e instituciones a las que se les ha
remitido el cuestionario........................................ 123
Indice 467

Capítulo II
Apéndice II
A LGUNOS PRECEPTOS LEGALES

.......................................................................:..................... 127
Ley 5045. Ejercicio profesional de la psicología.............. 129
Ley 5511. Ejercicio profesional del psicólogo en la
administración pública................................................... 140
Ley 5837. Modificaciones a la ley de carrera del
psicólogo....................................................................... 161
Código de Etica y Disciplina de Mendoza en
ejercicio de la profesión de p s ic ó lo g o ................... 163
Ley 7106. Ejercicio de la profesión de psicólogo en la
provincia de Córdoba..................................................... 167
Ley 23.277. Psicología. Normas para el ejercicio de la
profesión. Derogación de los arts. 9a y 91 de la norma
de facto 17.132................................................................ 172

Capítulo III
EL TRABAJO PERICIAL

............................................................................................... 177
Necesidad de tener en cuenta la complejidad..................... 177
Evolución del trabajo pericial y algunas de sus
características. El secreto profesional.......................... (182'
Objeto de la pericia psicológica............................................ 186
Diferencia entre testigo y perito.................................... 197
Requisitos para ser perito...................................... 198
468 Indice

Designación de peritos.................................................... 199


Tipos de peritos............................................................... 199
Obligaciones del perito y algunas cuestiones relativas
a los procedimientos civiles y penales......................... 201
El perito y el deber de inhibirse. Excusación. Recusación 208 >
Directivas de la pericia......................................................... 211
Discrepancias entre peritos................................... 213
Honorarios de los peritos ...................................................... 215
Utilización de datos o informaciones provenientes de
terceras personas.......................................... 2
Etapas dentro del proceso pericial....... •............................. <218
Técnicas psicológicas más utilizadas................................... 220
Principales errores en la aplicación de técnicas
psicológicas en el ámbito forense................................... 221
Características de la labor del perito................................. 222
Lugar y tiempo para realizar la pericia............................. 223
Actuación conjunta con otros profesionales........................ 223
Pericias forzosas.................................................................... 225
Forma y contenido del dictamen pericial............................ 225
Necesidad de crear modelos de interacción en la
relación juez-perito.......................................................... 228
Limitación al dictamen pericial............................................ 230
Diferencia entre las técnicas aplicables en una
entrevista clínica y en una forense.................................23t¡
Encadenamientos de los datos periciales............................. 234
Medios de registros técnicos en las entrevistas................ 236
Aparentes reacciones de culpabilidad.................................. 237
El dictamen pericial y el perito: la transferencia............... 241
Valoración de la pericia......................................................... 243
Simulación............................................................................... ^244,
Tipos de simulación............................................................... 245
Indice 469

Técnicas para la detección de simulación.......................... 246


Devolución de información.................................................. 251

Capítulo III
Apéndice

I. Acta. Modelo de aceptación del cargo de perito......... 253


II. Modelo de autorización para revelar información
recibida bajo secreto profesional.................................. 253

Capítulo IV
NOCIONES LEGALES BASICAS SOBRE LAS MAS COM UNES
DEM ANDAS PERICIALES

............................................................................................... 255
Imputabilidad....................................................................... 256
Psicogénesis y semiología delictiva.................................... 279
Internaciones y externaciones............................................ 283
Principales normas que regulan la internación de
enfermos mentales en el ámbito argentino................ 285
Código de Procedimiento e inimputabilidad..................... 291
Incapacidad mental sobrevenida durante el proceso....... 292
Ley penitenciaria y enfermedad mental............................ 298
Ley de estupefacientes........................................................ 298
Pericia y emoción violenta.....................................................(303)
Demencias. Pericias en torno a la capacidad civil............ 310
470 Indice

Inhabilitaciones.................................................. 320
Internaciones desde el Código Civil................... 325
Pericias y matrimonio........................................................... 328
Pericias y testamento............................................................ 330
Pericias y patria potestad....................................... 333
Pericia y adopción................................................................. 335
Pericia y otras situaciones de familia v.............................. 335
Determinación de probables actos violentos en las
familias....................................................................... 335
Mediación................................ 336
Niños maltratados y víctimas de delitos. Pericias e
intervenciones técnicas cuando éstos son testigos..... (339 /
Repetidos interrogatorios................................................ 339
Interrogatorios no apropiados a la edad o en lugares
inadecuados................................................................ [340 ¡
Largas esperas los días de audiencia, eventuales
postergaciones del debate......................................... 340
Confrontaciones con el imputado................................... 340
Ignorancia de las circunstancias en la que se
encuentra inmerso o de lo que sucederá................... 341
Carencia del necesario acompañamiento terapéutico. 341
Guía mínima para la recepción de declaraciones en
niños abusados................... 346
Pericia y esfera laboral......................................................... 349
Pericia y culpabilidad....................................................... 350
Pericia y daño psíquico......................................................... 351
Algunas técnicas periciales psicológicas. Lesión psíquica. 358
Puntos periciales que pueden ser solicitados para
evaluar la lesión psíquica............................................... 360
Daño psíquico y mujeres maltratadas. Pericias en caso
de mujeres maltratadas.................................................. 361
Indice 471

"i
Pericias sobre peligrosidad................................................. (364
Pericias y experiencias relativas a situaciones
contractuales.......... ¿....................................................... 368
Peritajes sobre la credibilidad de las declaraciones......... 369

Capítulo IV
Apéndice I
PUNTOS PERICIALES QUE P U E D EN SE R SOLICITADOS A LOS
EFECTOS DE LA POSTERIOR VALORACION JUDICIAL DE LA
. IMPUTABILIDAD

............................................................................................... 371
Ejemplos de puntos de pericia............................................ 377
Ejemplificación de puntos periciales que pueden ser
solicitados a los efectos de reunir elementos de juicio
desde lo psicológico para que el juez valore
fundadamente la posibilidad del imputado de
“comprender la criminalidad del acto” ........................ 378
Ejemplificación de puntos de pericia que se puedan
solicitar........................ .................................................. 379
a. Juicio crítico.............................................................. 380
b. Capacidad de planear y anticipar conductas........... 382
c. Prueba de realidad.................................................... 384
d. Sentido de realidad................................................... 384
e. Capacidad dé discriminar......................................... 384
f. Funciones simbólicas del yo: capacidad de entender
adecuadamente significante y significado.............. 385
g. Percepción interna de necesidades y capacidad de
472 Indice

percibir angustia y señal de alarma....................... 385


h. Curso y contenido del pensamiento...................... 386
Ejemplificación de puntos de pericia relacionados con la
capacidad psicológica de dirigir las acciones.............. 386
a. Posibilidades del yo de controlar los impulsos....... (387.)
b. Capacidad de tolerar la frustración........................ (388
c. Coordinación visomotriz............ ............................... 388
d. Adecuada capacidad de atención y concentración... 389,,'
e. Ansiedades predominantes del momento del
hecho y defensas del yo...... .:...................................... 390'
f. Memoria del hecho....................................................... 390-
g. Interacciones víctima-victimario............................... 390
h. Influencias de la situación de contexto.................. 390
i. Correlaciones que pudieran existir entre el estado
de las funciones psicológicas del acusado y la
semiología delictiva..................................................... 391
j. Posibilidades de simulación........................................ 391
k. Otros estudios que se puedan recomendar............. 391
Ejemplificación de puntos periciales útiles para reunir
elementos desde el punto de vista psicológico para
evaluar la existencia de trastornos de la conciencia... 392
Ejemplificación de puntos de pericia que pueden ser
solicitados en los casos en que se sospecha
insuficiencias de las facultades.................................... 393
Ejemplificación de puntos de pericia que puedan ser
solicitados para evaluar incapacidad en el juicio
de insania..................................................................... 395
Indice 473

Capítulo IV
Apéndice II
EL CASO “M”: UN CASO INUSUAL EN MATERIA PERICIAL
PSICOLOGICA

¿Homicidio mediando dolo eventual o culpa consciente?.. 405


1. Introducción................................................................... 406
2. Objeto de la demanda pericial...................................... 408
3. Relato suscinto del hecho.............................................. 410
4. Conducta posterior-inmediata de“M”luego del hecho 411
5. Actitud y conducta del encartado en momentos
previos al hecho............................................................. 412
6. Relato de actitudes habitualmenteimprudentes
del encartado................................................................. 413
7. Explicaciones brindadas por el imputado sobre lo
ocurrido..... ..................................................................... 414
8. Datos personales de “M” ............................................... 414
9. Datos de la víctima....................................................... 415
10. Relación de pareja entre víctima y victimario
(resumen de la pericia socio-ambiental)..................... 415
10.1. Investigaciones periciales realizadas en el caso...... 416
a) Necropsia....... ............................................................ 416
b) Guantelate de parafina............................................. 416
c) Dosaje alcohólico........................ :.............................. 417
d) Peritaje balístico....................................................... 417
e) Examen psiquiátrico................................................. 417
f) Encuesta socio-ambiental.......................................... 417
g) Examen psicológico................................................... 417
11. Semiología delictiva...................................................... 417
12. Técnicas de exploración psicológicas empleadas en el
trabajo pericial psicológico............................................ 419
474 Indice

1. H.T.P............................................................................ 419
2. Desiderativo................................................................ 419
3. Bender......................................................................... 419
4. Test de Rorschach..................................................... 420
5. TAT (abreviado).................... 421
6. Test de Wechsler-Bellevue........................................ 421
12.1. Semiología de las funciones psíquicas...................... 422
13. Datos de la investigación psicológica y su importancia
para satisfacer la demanda pericial........... ................. 423
A) Disminución de la eficiencia de las funciones
psicológicas relacionadas con el juicio crítico....... 424
B) Rasgos omnipotentes en la conducta de “M”........ 429
C) Aparición de la conducta delictiva a la manera de
acto fallido......... .............. 428
D) Estado de la relación de pareja precedente al
hecho......................................................................... 430
E) Conducta posterior al hecho................................... 430
F) Aporte psicológico para el entendimiento de las
contradicciones de“M” en su relato del hecho....... 432
14. Conclusión....................................................................... 434

Apéndice
APROXIM ACION A L E X A M E N D E L H EC H O A PARTIR DE U N A
PERSPECTIVA LA C A N IA N A

435
Indice 475

LEGISLACION

Ley 22.914. Internación y egreso de establecimientos de


salud mental (B.O. 220/9/83) ....................................... 443

D erecho com parado. Disposiciones procesales en caso


de niños abusados. Estado de Israel. Ley de revisión
de la protección de evidencia en niños ...................... 449

Bibliografía............................................................................ 455

Indice 463
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en el mes de julio de 1996
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