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El solsticio de verano - Fuego

El solsticio de verano corresponde al elemento fuego, en la tradición occidental corresponde con


el espíritu, con la conexión con la realidad última, con la divinidad, globalidad o principio de
coherencia universal.

En su aspecto positivo, este elemento aporta actividad, energía, fuerza e iniciativa, siendo el
primer principio iniciador de cualquier resultado posterior. En su aspecto negativo aporta el odio,
los celos, la vindicación y la irascibilidad.

Los signos de este elemento son: Aries, Leo y Sagitario. Signos muy activos, energéticos, impulsivos
y con dotes de liderazgo.

El color que se le asocia es el rojo y la citrina de cuarzo y el ámbar son sus minerales, por lo que
portar está gema o prendas con este color favorecen las cualidades de este elemento. Su zona en
el cuerpo es la cabeza, el sentido físico que se le atribuye es la vista y su punto cardinal es el Sur.

El arma mágica, es la vara, que representa la voluntad, la capacidad de materializar lo que procede
del espíritu.

En el judeo-cristianismo corresponde con el arcángel Miguel, cuyo nombre significa “¿Quién como
Dios?”, aludiendo a todo el poder incomparable de la Unidad. Este es su sello mágico:
En kabbala corresponde con el plano de Atziluth, es decir “emanación”, el inicio del descenso al
resto de los planos. Es donde surge la primera chispa, el espíritu que dará sentido a los otros
planos. En el tetragramaton o nombre de Dios en hebreo, corresponde con la letra “YOD”.

En la mitología celta corresponde con el dios “Belenos”, que es el que rige la luz, el Sol, el fuego y
todo tipo de energías que causan la renovación tanto física como interior.

Los seres elementales del Fuego, son las “salamandras”, son semejantes a los seres humanos, con
cara pequeña, cuello muy largo y delgado.

El elemento Fuego, es el Espíritu, la primera fuerza que en los siguientes planos irá dando lugar al
intelecto, a las emociones y a la estructura o definición material última.

El equinoccio de primavera - Aire

Los solsticios y equinoccios que marcan las estaciones del año siempre han tenido una importancia
filosófica en las distintas creencias de las diferentes culturas. En la tradición occidental se asocian
las estaciones con los cuatro elementos, es decir, con el Aire, el Fuego, el Agua y la Tierra,
quedaría un quinto el Espíritu. Cada uno de estos elementos tiene una serie de cualidades y
elementos simbólicos que ayudan a un mayor entendimiento del propio interior. En esta ocasión
veremos los elementos del elemento Aire, al que corresponde la primavera.

Vamos a examinar las distintas atribuciones y elementos simbólicos que pueden ser utilizados en
las meditaciones y en forma de objetos representativos que ayuden a manifestar las cualidades de
este elemento, sobre todo durante el periodo de su estación, la primavera. Estación propicia para
planificar, organizarse y meditar antes de entrar a la realización efectiva.

El Aire como elemento representa el intelecto, la mente en todas sus dimensiones, por lo que
cuando está enfocado favorablemente se produce la diligencia en el pensamiento, el optimismo y
el disfrute con uno mismo, el optimismo y el refinamiento. Si el aspecto del Aire está mal enfocado
fomenta la frivolidad, la verborrea, el chismorreo y el despilfarro de todos los recursos.

Los signos de este elemento son: Géminis, Libra y Acuario. Signos inquietos, intelectuales, muy
reflexivos para bien y para mal.

El color que se le asocia es el verde y la gema es el zafiro, por lo que portar está gema o prendas
con este color favorecen las cualidades de este elemento. Su zona en el cuerpo es el pecho, el
sentido físico que se le atribuye es el oído y su punto cardinal es el Este.

El arma mágica, es la daga, que representa el discernimiento, la capacidad de cortar lazos y


alcanzar la libertad interna. Separa, divide y limita.

En el judeo-cristianismo corresponde con el arcángel San Rafael, cuyo nombre significa “curación
de Dios”, y no solo referido al cuerpo sino a todo el ser, empezando por la mente, pues una actitud
negativa afecta al cuerpo. Este es su sello mágico:
En kabbala corresponde con el plano de Yetzirah, es decir “formación”, donde empiezan a
manifestarse las realidades a un nivel existencial. Primero surge la chispa del espíritu y después se
manifiesta en un concepto, en una idea, que más tarde tomará forma. En el tetragramaton o
nombre de Dios en hebreo, corresponde con la letra “VAU”.

En la mitología celta corresponde con el dios “Lug”, que estaba en lo más alto de la jerarquía de
divinidades, pero no teniendo una función específica, sino que abarcaba todas las facetas
necesarias, el intelecto, la mente es la que prepara para todo lo que se ejecuta desde el corazón y
en lo material.

Los seres elementales del Aire, son las “sílfides”, pequeñas entidades etéreas, volátiles con
aspecto humano y delicado.

El elemento Aire, es la mente como origen de la realización, es lo que va dar lugar a los
sentimientos (elemento Agua) y a los hechos (elemento Tierra) y que procede de la voluntad
(elemento Fuego).