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LA FILOSOFÍA EN PANTUFLAS

tomemos un café y… filosofemos sobre la vida

Marcos H. Lafon Fariña

Editorial Dunken
Buenos Aires 2008 Hecho el depósito que prevé la ley 11.723
Impreso en la Argentina - © 2008 Marcos H. Lafon Fariña
E-mail: marcoslafon7@hotmail.com
Página Web: lafiloenpantuflas.com.ar
ISBN 978-987-02-2833-2 - Impreso por Editorial Dunken
Ayacucho 357 (C1025AAG) - Capital Federal
Tel/fax: 4954-7700 / 4954-7300
E-mail: info@dunken.com.ar Página web: www.dunken.com.ar

Lafon Fariña, Marcos H. La filosofía en pantuflas. Tomemos un café y... filosofemos sobre la vida.
1a ed. - Buenos Aires: Dunken, 2008. 136 p. 23x16 cm.
ISBN 978-987-02-2833-2 1. Filosofía. I. Título CDD 180

Agradecimientos
A mi familia, quienes me acompañaron en el proceso de “compartir y pensar juntos”, como así también algunas
sugerencias y correcciones: Especialmente a la memoria de mi sobrino/ahijado, ya fallecido, David (lo extraño
horrores) quien con sus punzantes y profundos planteos –y diálogos– hizo que me preguntara y repreguntara
muchas cosas sobre mi vida.
A mis amigos y demás afectos, quienes me alentaron con esta obra, y en particular a: Dr. Andres Motto; Dr.
Oscar De Masi, Ing. Julián Gardella; Maestra Adriana García, Lic. Eduardo Oswald y Dr. Ciro Rene Lafon
(fallecido ya); y a las dueñas de la editorial La Colmena, por aportar sus opinionesy correcciones.
A mis alumnos de la Universidad Católica de Salta, Subsede Gendarmería Nacional en el período 2002 a
Agosto de 2004, quienes me escucharon con atención y sin saberlo me acompañaban en un difícil momento de
mi vida –paradójicamente una crisis personal estaba en su momento más álgido– aportaron
sus comentarios y gran dosis de humor.
Tampoco puedo dejar de citar a mis hermanos Scouts, Ony y Mauro Volders, Alejandro Domínguez, Cecilia
Caffaratti, Gerardo Mattei, Pbro. Guillermo Alas y a algunos scouts de mi grupo San Antonio María Claret, de
la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
A todos los que me hicieron crecer, a través del sufrimiento –que es donde la crisis se hace presente y surgen los
profundos interrogantes y planteos sobre la existencia – como también de los muchísimos momentos gratos.

Introducción
Este escrito es el fruto de combinar varias cosas, entre las que destacaré solo algunas de ellas: Lectura de
bibliografía (que se citan al final); de las clases y momentos compartidos, café de por medio, con mis alumnos;
de clases que he participado como oyente y cursante tanto en mi etapa de seminarista como de alumno laico de
la Facultad de Teología de la Universidad Católica Argentina; mates de por medio con mis Amigos;
conversaciones en noches de campamentos con mi grupo scout, y otros.
Es mi deseo poder compartir con usted, lector, algo de mi para tratar de hacer que su vida pueda ser vista con
una perspectiva diferente de lo que vivió hasta el presente, y por qué no un poco más amplia. Usted sacará sus
conclusiones al finalizar la presente lectura.
El Autor
12. Arist óteles (Siglo III a.C.)
A este autor trataremos de desarrollarlo lo más sintético posible ya que su pensamiento –que lo reflejó en su
obra cumbre y célebre “Metafísica”– fue el que marcó el final de una etapa en el devenir del pensamiento del
hombre occidental, dejando varias “piedras fundamentales”, como su “Lógica”, hasta hoy no superada, si bien
tuvo varios intentos, en distintos tiempos.
Es importante que recordemos brevemente el contexto histórico en el que se desenvolvió.
Toma la doctrina de Platón, con la sana intención de aprovechar toda la riqueza que dejó en el campo de la
filosofía, no sin señalar algunos errores con la intención de poder rescatar todo lo que contiene de acertado en lo
filosófico, ya que hasta él la filosofía se encontraba en una especie de estado embrionario, pero desde acá
empezará a desarrollarse de manera indefinida, hasta nuestros días.
En cuanto a las objeciones que le hace a su maestro, encontramos que lo define como idealista. ¿Y qué significa
esto? Una doctrina que niega el valor de la existencia de la naturaleza y exagera el valor de la inteligencia, es
por ello que la mente “produce o fabrica” una realidad a gusto, que le da visos de una realidad concreta, una
existencia de mundo real. Recordemos una de sus expresiones: “Lo que existe en mi mente es la realidad”.
Esta es la base de lo que conocemos hoy como “amor platónico”, es decir sin contacto físico. Sirva un ejemplo
sencillo:

Estimado Lector: Cuando éramos niños, u hoy escuchamos a algunos de


ellos, solíamos decir que “…fulanita es mi novia pero ella no lo sabe…”. O,
quién no se ha enamorado –o no conocemos que le haya pasado o escuchado
la anécdota– del maestro o maestra?
Acá se observa claramente la ruptura de la ESENCIA, ya que se encuentra
fuera de la cosa.
Cuando volvemos a la realidad, eso que “está ahí”, lo que nos rodea, encontramos a las esencias con una
existencia concreta: las cosas existen en la realidad y no sólo porque las pienso.
Por ejemplo: La maceta con el geranio está frente a mí, y no sólo por que “pensé en una maceta que contiene
una planta que se llama geranio”, sino que la cosa-maseta “está ahí”.
No obstante, en nuestro pensamiento está “esa idea”, esa posibilidad de que exista tal maceta con tal planta, es
decir que tenemos “una esencia posible” y, después del proceso de abstracción –ya citado en el punto 5–
tendremos una “ESENCIA PENSADA”.
Decíamos que la realidad es todo aquello que nos rodea, y como ello es la naturaleza, definimos a ésta como
todo ser corpóreo que existe fuera de nosotros.
De esta manera, nuestro autor rechaza a Heráclito –que sostenía que en la naturaleza no había nada permanente
ya que “sólo existe le cambio”– y también rechaza a Platón pues éste sostenía que la naturaleza sólo era una
ilusión.

12.1. Causa Formal


Asimismo, descubre en ella, la naturaleza, un elemento inmaterial… la CAUSA FORMAL de un SER, es decir
la ESENCIA de una cosa y este elemento ininteligible está dentro de la cosa y no separado de ella (como
pretendía Platón), por eso, aunque existe el cambio en la naturaleza vemos, siguiendo con el ejemplo de la
maceta que contiene la planta geranio, que aunque las hojas se pongan amarillentas por el paso del tiempo; que
se caigan; que crezcan otras hojas, esta planta NO deja de ser geranio. Hay algo que es INMUTABLE; que no
cambia, que permanece.
Con lo expuesto precedentemente, Aristóteles admite una ciencia que busque las últimas causas de los seres
corpóreos, llamada Filosofía de la Naturaleza. Pero también debemos tener en cuenta que en la naturaleza se
encuentra un elemento importante, la materia prima o primera. A modo de síntesis de la naturaleza, decimos que
en ella encontramos dos elementos importantes: la esencia, lo que constituye la causa formal de un ser,
y la materia prima, que constituye la causa material de los seres corpóreos.
Respecto a las causas, ya desarrolladas anteriormente (ver punto 5, consideraciones previas), y sólo a modo de
ampliación, ya que es nuestro autor su propulsor, debemos acotar que da un fuerte impulso a la “causalidad”, y
ésta explica el mundo corpóreo y la causalidad de la Metafísica.
12.2. El Hombre
Para Aristóteles, el hombre es un ser “COMPLETO”, una substancia completa, pero compuesto de dos
elementos: Cuerpo y Alma (vemos que es diferente a la concepción de Platón, quien sostenía que el hombre es
solo alma).
Y ésta alma dice referencia al cuerpo, pero que necesita de los sentidos para conocer, de tal manera que NADA
HAY EN EL ALMA QUE ANTES NO HAYA PASADO POR LOS SENTIDOS. (recordar la Teoría del
Conocimiento, punto 5). Destaca que la racionalidad es del alma puesto que nos permite comprender que lo que
nos rodea no es un vegetal o una piedra sino que el hombre, mediante su inteligencia y razonamiento, es un ser
racional.
Vale decir que el hombre, su unidad sustancial, es un ser completo compuesto, de dos partes incompletas cada
una, pero complementarias entre sí.
Ello así, podemos apreciar que no encontramos en esta definición ni un angelismo ni tampoco un materialismo,
por lo que los actos humanos no dependen solamente de la inteligencia sino que son necesarias la voluntad y su
libertad.

12.3. La Metafísica
Es su obra cumbre. En ella desarrolla un equilibrio en la filosofía, ya que busca una especie de medianera en la
concepción de las esencias: no están sólo en el pensamiento, pero tampoco están sólo en las cosas existentes,
sino que las esencias tienen distintas existencias: en la naturaleza; en nuestro pensamiento; en el Ser
SUPREMO, Dios.
En esta obra, se pueden apreciar algunas etapas que se manifiestan en nuestro autor en forma de preguntas, y
que en el presente veremos 3 de ellas.

• ¿Cómo es el Ser? Referido al “ser en cuanto ser”, que pertenece al tercer grado de abstracción ya visto
(ver punto 5).
EL SER ES: SER ESENCIA, es lo que una cosa es y no puede ser de otra manera, lo distinto de lo otro Y SER
EXISTENCIA, que es la última perfección de un ser, y cuando la posee ese ser “es la realidad”.
• 2. ¿Se divide el ser esencia? Sí.
Esencia que es SUSTANCIA, es el ser que existe en sí. Y Esencia que es ACCIDENTE, es el ser que existe en
otro.
También menciona 10 maneras de ser de la ESENCIA, y los llama PREDICAMENTOS: las sustancia; cantidad;
calidad; relación; lugar; situación; tiempo; posesión; acción y pasión.
Las sustancias como los accidentes pueden ser incorpóreos (el alma humana) y corpóreo (piedra, gato, planta,
hombre). También la sustancia puede ser completa, que por si sola constituye una esencia (el ángel), e
incompleta, que necesita de “otra” esencia más para poder complementarse y formar una esencia, como por
ejemplo el hombre: posee alma y necesita del cuerpo.

• 3. ¿Existe otra división? Sí. Es la división del ACTO y del POTENCIA.


El ser en ACTO es el que se posee, y el ser en POTENCIA es la capacidad de llegar a ser en acto. Y por lo tanto
el movimiento será el ser que se encuentra en potencia y que se dirige a ser en acto.
Y el ACTO PURO, es el que es en sí, a modo como el primer motor inmóvil, mueve a otros pero que no
necesita ser movido “por otro”. Que no es ninguna potencialidad. Y este es Dios.
Esta excelente definición del acto y la potencia soluciona el problema que plantearon los presocráticos,
relacionado con el ser estático y con el ser en movimiento.
Con respecto a la esencia, vemos que el ser Supremo, Dios, su Inteligencia “piensa” las esencias con elementos
que realmente se complementan. Tenemos así una esencia posible, o con posibilidad de existir, por lo que
encontramos las esencias con una existencia concreta, como por ejemplo un gato, no teniendo la posibilidad de
que ésta esencia se la piense. Hay una esencia que existe, o existente, y también en nuestro pensamiento hay una
existencia intencional, fruto de la abstracción, que nos vino por medio de los sentidos.
Vale recordar en este momento del desarrollo de la historia del pensamiento del hombre, que el concepto
“esencia” ya lo había manifestado Sócrates (ver item 10).

Como podemos apreciar, con lo expuesto en el párrafo precedente, es el fundamento de lo que habíamos
tomado como premisa: Nuestro filósofo es el hombre del equilibrio.
Ni qué hablar de su Tratado de Lógica. En él fija los 3 elementos constitutivos de esa ciencia tan exacta: El
Concepto, es aquello que nos dice, nos muestra una cosa en si, pero que no nos dice nada más, no afirma ni
niega nada de ella (el agua, el perro); El Juicio, es la unión de 2 conceptos, mediante el cual nos dice lo que una
cosa es o no es (el agua no es perro), y finalmente el Razonamiento, que es la unión de 2 juicios, que nos dice si
es correcto o incorrecto (el agua no es perro, porque uno es un elemento bebible y el otro pertenece al reino
animal; uno pertenece al 1º grado de abstracción y el otro al 2º).
A modo de síntesis, podemos decir: De modo positivo, fundamenta su filosofía partiendo de la naturaleza y
culminando con el estudio del ser que abarca a todos los seres, el ser ilimitado, el Ser Puro, Dios. Y de modo
negativo, lo que podemos notar es que no llega al concepto de creación, tarea que desarrollará Santo Tomas de
Aquino, y lo veremos más adelante.
Desde su nacimiento hasta la Edad Media, con San Alberto Magno, pasaron varios siglos en los cuales la
filosofía había entrado en decadencia, con lo cual sus obras estuvieron incluidas en ella. Y alrededor del siglo
VI, cuando aparece Mahoma –fundador del Islam– con su cruzada en todo oriente, incluirá España. Esto no es
sólo un hecho histórico de que “pasó tal hecho o vivencia en tales años”, sino que sus consecuencias en la
filosofía fueron muy importantes.
Las obras de Aristóteles pasaron por la cultura árabe y, en lo cristiano, por San Alberto Magno que –como
simple comentario ahora– será el maestro de Santo Tomás de Aquino. A éste lo veremos más delante.

Estimado Lector: Habiendo pasado sintéticamente por este autor muy importante en la historia del
pensamiento de la humanidad, traeré a colación, para que compartamos y pensemos juntos, un sólido
argumento mediante el cual podremos apreciar que el origen del universo es Dios.
En nuestro diario vivir, o tal vez en algún momento de nuestra vida, solemos interrogamos –o escuchamos
hablar– sobre cuál es el inicio o génesis de la creación, o de dónde viene tal o cual cosa, cómo se originó el
universo, etc., que la podemos resumir en la tan trillada frase “¿Quién está primero? ¿El huevo o la gallina?”
Ahora, a esta altura del desarrollo de nuestra obra, podemos apreciar –con el concepto definido de lo que es el
“acto puro”, de la existencia de ese “primer motor que no necesita ser movido por otro”, pero que sin embargo
mueve a los “otros motores-seres”– que hay “un alguien o algo que es primero” y eso es absolutamente
filosófico y no teológico o religioso, tarea que veremos e intentaremos desarrollar en San Agustín y,
especialmente, en Santo Tomás de Aquino –en cuya obra culmen Summa Teológica–, nos dejará el legado de
sus famosas 5 vías, donde nos propondrá el camino para tratar de llegar a la idea (al decir de Platón) o al
concepto de que ese tal primer motor inmóvil, de ese Uno, es Dios y, que en Él encontramos el modelo de todas
las creaturas existentes.
Y siguiendo con nuestra frase del huevo o la gallina, deberíamos decir que primero estuvo la gallina porque
debe incubar al huevo, y el modelo de la primera gallina es Dios: Lo sacó de si mismo.
Ello así, concluimos que el inicio de todo lo que existe tiene su origen en DIOS, hecho éste desarrollo por S. T,
de Aquino en su obra teológica que citábamos anteriormente.