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COLEGIO CUMBRES DE BOCO

GRADO
HISTORIA, GEOGRAFIA
Fecha de elaboración : NOMBRE: 4º-------

Tema: LOS AZTECAS


Indicador de logros: Explica las características económicas, políticas, sociales y culturales de las
comunidades indígenas de América: los Aztecas

Los aztecas provenían de un lugar del


norte de México que ellos llamaban
Aztlan. Eran un pueblo nómada que
buscaba un territorio donde
establecerse.
Hacia el siglo XIV, los aztecas se
ubicaron en la meseta mexicana de
Anahuac, que quiere decir “cerca del
agua”.

En solo dos siglos, los aztecas


organizaron un gran imperio.
Pudieron hacerlo, en parte, debido a
su creencia en una leyenda. Según
esta leyenda los aztecas fundarían
una gran civilización en una zona
pantanosa en la que encontrarían un
nopal o cactus sobre una roca. Sobre
el cactus habría un águila devorando
una serpiente. Los sacerdotes
afirmaron haber visto todo eso al
llegar a esta zona.

Como reflejo de esta tradición, la


imagen del águila devorando la
serpiente representa el símbolo
oficial de México, que aparece en el
escudo nacional y en los billetes y
monedas de este país.
En el año 1325 los aztecas fundaron la ciudad de Tenochtitlán, en el lugar donde se encuentra la actual
ciudad de México.
Las ciudades aztecas fueron construidas con grandes bloques de piedra tallada; hicieron enormes
pirámides, viviendas, plazas de mercado y sistemas de acueductos.
Los aztecas lograron extender sus territorios desde el centro de México hasta la actual frontera con
Guatemala.

Organización social y gobierno de los aztecas.


La sociedad azteca estaba conformada por nobles, campesinos,
artesanos y esclavos.
El principal gobernante azteca era el Gran Tlatoani, monarca,
jefe militar y juez supremo. Era considerado representante de
dios, por lo tanto, su persona era sagrada y en su presencia se
debía permanecer descalzo y con la frente baja.

Sin embargo, el poder del Gran Tlatoani estaba limitado por el


Gran Consejo, que estaba conformado por los jefes de los
calpullis. Estos jefes hacían las leyes, administraban el territorio
que tenían a cargo,
impartían justicia y
designaban a los cuatro
grandes nobles que debían
elegir sucesor del Gran
Tlatoani.

Los campesinos y
artesano estaban
agrupados en doce
calcullis. Cada calpulli
estaba conformado por
familias dueñas de un
territorio y dirigidas por un
jefe.
Las familias debían
entregar una parte de sus
cosechas a los
gobernantes, otra a los
templos y otra para el
sostenimiento de los
esclavos y de los prisioneros.
Los prisioneros de guerra y quienes cometían delitos eran condenados a la esclavitud. Bajo esta condición
debían desempeñar toda clase de trabajos. Algunos esclavos eran sacrificados en honor de sus dioses.

Actividades económicas
Los aztecas desarrollaron actividades
económicas como la agricultura, el
comercio, la domesticación de aves y el
trabajo del oro y la plata (minería) y
textilería.

Para obtener una mayor cantidad de


productos agrícolas, los aztecas inventaron
las chinampas, que eran una especie de
islas artificiales construidas en el lago
Texcoco. En las chinampas cultivaban una
gran variedad de maíz, fríjoles, calabaza,
pimiento, ají, tomate, cacao, aguacate,
verduras, y flores. También las utilizaron
para criar animales domésticos.

La segunda actividad
económica del imperio
azteca fue el comercio.
Los comerciantes se
desplazaban entre las
distintas ciudades del
imperio para
intercambiar mercancías
como mantas, objetos de
cerámica, de oro, de
plata, plumas, cacao, y
pieles de jaguar.

Las caravanas
comerciales y los
mercados en cada
ciudad eran controlados
por la poderosa clase de

mercaderes llamada
pochtecas.
Minería, conseguían obsidiana (piedra cristalina de origen volcánico) de la Sierra Madre Sur y Occidental para
elaborar armas y objetos cotidianos (cuchillos, platos,collares).

Textileria, otra industria muy importante entre los habitantes del imperio azteca fue la textil, la cual tenía entre sus
principales productos la fabricación de tejidos de algodón y fibra de maguey.

Creencias y costumbres de la sociedad azteca.

Al igual que los demás pueblos indígenas


americanos, los aztecas les rindieron culto a
fenómenos naturales como la lluvia, los terremotos y
también a los astros.

Los aztecas creían en la existencia de cielos e


infiernos, a donde se iba después de la muerte, de
acuerdo con la categoría social y la vida que hubiera
llevado el fallecido.

Los guerreros muertos en combate y las mujeres que


morían de parto iban a un cielo superior.

Las ceremonias religiosas eran acompañadas de


sacrificios humanos y de animales.

La educación en la sociedad azteca era muy importante.


A las mujeres se les enseñaba a se discretas y
recatadas en sus modales y en el vestir.
Además se les enseñaban los quehaceres domésticos
como moler, preparar alimentos, desmontar algodón,
hilar, tejer y confeccionar la ropa de la familia.

A los hombres aztecas se les inculcaba la vocación


guerrera. Desde pequeños se les formaba para que
fueran fuertes, de modo que los bañaban con agua fría,
los abrigaban con ropa ligera y los hacían dormir en el
suelo.
Los jóvenes aprendían música, bailes,
cantos, religión, historia, matemáticas,
interpretación de los códices, artes
marciales, escritura pictórica y
conocimiento del calendario, entre otras
disciplinas.
Para los aztecas era importante fortalecer
el carácter de los niños mediante castigos
severos y el fomento de valores como el
amor a la verdad, a la justicia y el deber,
el respeto a los padres y a los ancianos,
el rechazo a la mentira y al libertinaje y la
misericordia con los pobres y los
desvalidos.

El desarrollo de la cultura azteca


Los aztecas desarrollaron una escritura pictográfica, es decir, a base de dibujos. Escribían textos en
códices, que eran libros hechos con hojas de maguey y pieles de bandos. Aunque la mayoría de estos
libros fueron destruidos por los españoles, algunos de ellos aun se conservan.
Los aztecas inventaron un calendario de 18 meses, cada uno de 20 días. Los cinco días restantes fueron
conocidos con el nombre de Nemontemi, que eran los días de sacrificios.
El calendario azteca fue esculpido en piedra y hoy se conserva en el Museo Nacional de Antropología de la
ciudad de México.
Esta cultura también desarrolló un sistema de numeración. Consistía en utilizar puntos que representaban
los 19 primeros números y diferentes dibujos para representar los demás.Los aztecas también se
destacaron por la construcción de pirámides gigantes, alrededor de las cuales hacían ciudades inmensas
construidas en piedra, con impotentes templos y una amplia red de acueductos.
Jade precioso pluma de Quetzal

Si al nacer hubieras sido un niño o una niña azteca, tus padres te habrían saludado con gran alegría:
"Eres mi jade precioso, mi pluma de Quetzal".

Habrían puesto en tus


manos objetos de la vida
diaria:

Para un varón, un
pequeñísimo escudo,
lanza o utensilio de
trabajo.
Para las niñas, un
telarcito y trastes de
cocina.

Así, se sentirían seguros

Tus padres consultarían al sacerdote para escoger tu nombre, de manera


que fuera igual al del día de tu nacimiento, ya que cada día tenía su
nombre propio y su símbolo.

Después de buscar en sus libros, el sacerdote determinaba si el nombre


era de buen agüero, pues, de lo contrario, te lo cambiaban por otro de
mejor suerte.

Cada niño recibía varios nombres, tales como:

Siete Flor y Pluma de Águila o Cuatro Venado y Ramillete de Flores.


Siete Flor corresponde al día del nacimiento y Pluma de Águila al nombre
que les gustó a los padres.

Cada uno de los dieciocho meses del año tenía veinte días. Cada día era
representado por un signo. Al final del año había cinco días de descanso.

Imagina un día cualquiera:

Por la mañana los sacerdotes despiertan a la población con su ronca


trompeta de caracol. A través de las paredes de las casas, fabricadas con
carrizo y adobe, se oye el rítmico palmear de las tortilleras. Camino al
trabajo, los hombres se saludan con sus vecinos.
Desde muy temprano se nota una intensa actividad en los patios de las
casas: las mujeres tejen, y los niños, rodeados de itzcuintlis —los perros
pelones— y guajolotes, corretean entre las flores.

Ya tienes cuatro años:

Estás listo para ayudar a tus padres. Las niñas aprenden a tejer, barrer y
guisar; los niños, a traer leña, ir a la milpa o al taller. ¡Hay que tener
cuidado de hacer bien el trabajo porque te pueden castigar picándote con
púas de maguey, o bien obligándote a respirar el humo de chiles quemados
que hace llorar! Así lo preparaban a uno para enfrentarse a las duras
tareas de ir a la guerra y mantener fuerte el territorio.
Muchas canoas cruzan los canales de la gran México-Tenochtitlán. Las
chinampas, donde se cultivan verduras y flores, son pequeñas islas
construidas por lo hombres. Ellos ponen estacas entretejidas con ramas,
formando paredes que contienen el fértil lodo del fondo del Lago de
Texcoco.

Los agricultores emplean la coa para hacer hoyos en la tierra y depositar


en ellos las semillas. Los pescadores usan redes, anzuelos y arpones para
pescar. ¡Qué sabroso comer pato silvestre, hueva fresca de mosco y
pescado de agua dulce de los lagos!
Eres ya muy importante: ¡Por fin tienes edad para estudiar! Todos los
niños, pobres y ricos, van a la escuela, ya sea al Calmecac o al
Telpochcalli. Si entras a la escuela llamada Calmecac, para aprender a ser
sacerdote y gobernante, estudiarás la lectura y escritura, las
matemáticas y el movimiento de los astros. Dejarás de jugar y
escucharás con cuidado los consejos de tu padre: "Todos los días tendrás
que hacer penitencia, bañarte en agua fría, ayunar y aprender a
obedecer, para que seas capaz de enfrentarte a la disciplina de la vida
azteca y de ser útil a tu patria".

El Telpochcalli es la escuela donde los guerreros veteranos preparan a los


jóvenes para la guerra. Los alumnos reparan canales, cultivan en común las
tierras y hacen trabajos de interés público.

En cambio las niñas viven en la escuela, junto a los templos, hasta que se
casan. Allí aprenden las costumbres religiosas bajo la dirección de las
sacerdotisas.

Por las tardes, los muchachos se reúnen con las muchachas en el patio de
la escuela de danza para divertirse y aprender el baile y el canto.

Cualquier pretexto es bueno para pasar por el mercado, que parece una
feria llena de movimiento y color.
A pesar de ser tan grande está ordenado y limpio.

En una parte hay frutas y verduras; en otra ropa y alhajas.

También se encuentran montones de pieles de puma, jaguar, lobo y


venado; plumas de águila, halcón y aves tropicales. Se pueden comprar
guajolotes, conejos, liebres, patos e itzcuintlis; pescado, ranas y hueva de
mosco.

—¿Cuánto vale el azul para teñir?

—Yo quiero un cuchillo de obsidiana.

—Yo, una pipa y un tabaco.

—A mí deme dos petates.

—Me duele el estómago, ¿que yerba me tomo?

— Le pago con mi manta.

— Ándele.

En cada mercado hay jueces que deciden quién tiene razón cuando surgen
diferencias por el precio o la calidad de alguna mercancía.
¡Todos corren a ver a los comerciantes! Son formidables viajeros
llamados pochtecas. Llegaron con éxito de sus peligrosas misiones en
busca de ámbar y plumas de quetzal. Es fácil reconocerlos: visten
lujosamente y siempre portan bastones y abanicos. Hablan muchos
idiomas para poder cambiar sus mercancías, y son los predilectos del
Emperador; no sólo porque le traen valiosos y raros obsequios, sino
porque en sus viajes le sirven de espías. A través de sus relatos, el
Emperador sabe qué pueblos están descontentos y cuáles conviene
conquistar.
Los aztecas observan todo lo que les rodea y lo pintan con amor en libros
que guardan en grandes bibliotecas. El pintor-escribano, con tierra de
colores mezclada con la savia de algunas plantas, pinta sobre piel de
venado o en papel hecho de corteza de árbol.

Las hojas se doblan como acordeón y forman libros llamados códices. En


ellos relata las batallas, las hazañas de los reyes y la historia de los
dioses. También hay códices sobre hierbas medicinales, astronomía,
compra y venta de mercancías y mapas.

Dan ganas de quedarse horas enteras mirando cómo trabajan los hábiles
artesanos. Unos hacen collares y anillos de oro, plata, turquesa, y
trabajan el jade en forma de animales. Otros cubren máscaras con
concha nacar, coral y mosaicos. ¡Mira el colorido de los bordados en los
vestidos y mantas! Las capas y los huipiles, entretejidos con miles de
pequeñas plumas multicolores, son muy bonitos.

Cuando ves las hermosas artesanías de tu gente te das cuenta que, si tus
padres te llaman "piedra preciosa" o "pluma de quetzal", es porque eres lo
más bello de su vida.
Desde los diez años, a los niños que estudian para guerreros les cortan el
pelo y sólo les dejan un mechón, que les quitarán si capturan un
prisionero. Al lograr esta hazaña suben de rango, y si matan o capturan a
cuatro enemigos, ascienden a comandantes y forman parte del consejo de
guerra. Los más valientes son los caballeros jaguar y los caballeros águila.
Cuando entran en combate, el Emperador toca un pequeño tambor de oro
para animarlos a conquistar la victoria.

Los pueblos conquistados pueden seguir viviendo como antes, conservando


sus costumbres, siempre y cuando entreguen al Emperador tributos como
mantas, cacao, plumas de quetzal y otras riquezas.

La lista de tributos se anota cuidadosamente. Se entregan cuentas de


jade, trajes de guerrero, mantas y ropa, jarras de miel y muchas otras
cosas, y cada pueblo paga según lo que produce.

Un dedo dibujado encima del objeto significa que debe entregarse una de
estas piezas; una banderita indica que deben entregarse veinte; y una
pluma, cuatrocientas.
Durante la guerra, los aztecas toman prisioneros, se hacen de riquezas
ajenas y adquieren prestigio. Al guerrero se le enseña, como a todo buen
soldado, que el triunfo depende de él.

Las armas del guerrero son: un escudo de cuero sobre un armazón


cubierto de plumas, una macana de madera con orillas de obsidiana, arco y
flechas, y una lanza-dardos llamada átlatl. Además se protege con un
traje de algodón acolchado. Al atacar, los guerreros levantan sus
estandartes, gritan de manera escalofriante y tocan con furia sus
tambores y silbatos. Así atemorizan al enemigo.

Todos los niños quieren saber cómo se formó el mundo. Los viejos cuentan
que existieron cuatro mundos, llamados soles, los cuales nacieron y
después se apagaron. En cierta ocasión se reunieron todos los dioses en la
sagrada ciudad de Teotihuacán, para decidir quién se sacrificaría a fin de
crear el Quinto Sol y acabar así con la oscuridad.

Para ello, se ofrecieron dos dioses: Tecuciztécatl, el rico, cubierto de


plumas y jade, y Nanahuatzin, el pobre, lleno de llagas y vestido de papel.
Los dioses hicieron una gran fogata para que aquéllos se arrojaran al
fuego. Cuando las llamas brincaban y el calor era insoportable,
Tecuciztécatl se acobardó.

En cambio, el pobre Nanahuatzin se lanzó en medio de las llamas y se


convirtió en un sol que subió al cielo.
Entonces, avergonzado, Tecuciztécatl también se sacrificó y subió al
cielo junto con el primero. Al ver los dos soles iguales, los otros dioses se
preguntaron "¿Cuál es cuál?" Mientras trataban de resolver su duda, pasó
un conejo; entonces los dioses lo cogieron de las orejas y lo tiraron
directamente al segundo sol, con lo que lograron reducir su brillo. A éste,
lo llamaron Luna. Por eso, si miras la luna, verás en ella un conejo.

El Sol brillaba pero no se movía. Para darle fuerza y movimiento, todos los
demás dioses se sacrificaron y lo alimentaron con su sangre para que el
Sol pudiera seguir su camino.

Los aztecas tienen muchos dioses. Huitzilopochtli, el Dios Supremo, lleva


un colibrí azul; Tonatiuh, el Sol, se representa con la cara roja;
Tezcatlipoca, Espejo Humeante, porta un espejo de obsidiana en donde se
reflejan las acciones de los hombres.
El dios del viento, Ehécatl, tiene un pico de pato de donde sale aire;
Tláloc, Dios de la lluvia, siempre lleva círculos de jade —que simbolizan el
agua— alrededor de los ojos.

Xilonen, diosa del maíz tierno, es una muchacha joven, y Chicomecóatl,


diosa del maíz duro, es una mujer de más edad. Dentro de las ciudades se
encuentran imágenes de esos dioses en los lugares públicos y en los
altares de las casas, y antes de emprender cualquier acción importante se
les consulta. Cientos de templos en forma de pirámide y decorados con
muchos colores se elevan por encima de los demás edificios.

Imitando el camino del Sol en el cielo, los sacerdotes suben por una ancha
escalinata de la pirámide y realizan el sacrificio frente a la estatua del
dios que está en su templo.
¡Mira cuántos miles de trabajadores! Es asombroso darse cuenta que
estas pirámides son construidas sin la ayuda de animales de carga, ni
instrumentos de hierro.

¡Cuánto movimiento, cuánto trabajo, cuánto ingenio y esfuerzo el de un


pueblo entero que levanta a sus dioses estas formidables construcciones!

El Emperador, con diadema de turquesa, orejeras y joyas de piedras


preciosas contempla las ceremonias desde un trono de tule tejido.
Solamente los gobernantes pueden sentarse en este tipo de silla.

Algunos prisioneros de guerra pelean en público con guerreros bien


armados. Para defenderse, el cautivo sólo cuenta con un palo de madera.
En esta pelea desigual, el que pierde es sacrificado.

Durante las fiestas, la ciudad adornada con arcos de flores vibra por el
sonido de los tambores y flautas. El aroma del copal alcanza todos los
rincones. La gente se divierte con el teatro, los acróbatas, los danzantes
y los cantores.

Y así, cuando ha caído la noche, te vas a dormir, contento de haber


pasado un día en el país del jade y del quetzal.

Si tienes la posibilidad de estar en la Ciudad de México, no dejes de


visitar el Museo Nacional de Antropología, en el parque de Chapultepec.

Funciona de martes a domingo de 10 a 1 8 hrs.

Para los escolares la entrada es gratis.

Este museo enseña mucho sobre los orígenes del hombre y acerca de
todas las culturas que poblaron nuestro territorio.

Tiene todo un piso con reproducciones de casas en tamaño natural con los
muebles y utensilios propios de cada región. También hay figuras vestidas
con trajes típicos y rodeadas de su rica producción artesanal.

Encontrarás una sala dedicada a la cultura mexica y en ella la maqueta del


mercado de Tlatelolco, del que ves aquí solamente una parte.

Es la reproducción del tianguis que existía en todas las ciudades y


pueblos prehispánicos. Allí los antiguos mexicanos realizaban
intercambios de mercaderías.

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