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Michel, Guillermo. (1990).

Dialogar con los


medios. En Para leer los medios. Prensa,
radio, cine y televisión (pp. 17-40).
México: Trillas

Dialogar

Con los

Medios

Mi propósito no es enseñar aquí 

El método que cada cual debe seguir para 

Guiar, acertadamente su razón, 

Sino solamente el de mostrar de que manera 

He tratado de ganar la mía. 

Renato Descartes 
RODEADO POR SÌMBOLOS Y RUIDOS, POR LUCES Y POR SOMBRAS

Todo aquí tiene la piel

De los silencios, la húmeda soledad

Del tiempo disecado...

Efraín Huerta

Vivo asediado por todas las señales que me llegan del mundo. Cada
mañana descubro en el puesto de los periódicos una cantidad inmensa de papel
que se imprime día a día, semana a semana, mes por mes. Ante mis ojos se
despliegan los grandes titulares de la prensa que atraen mi atención y a veces me
conmueven, me angustian, me entristecen, me alegran…Es la historia del hombre,
vivida el día anterior, lo que aquí se me ofrece, en un proceso de comunicación
mediante el cual percibo y siento los múltiples mensajes que otros quieren
enviarme.

“Ellos”-ausentes, distantes- me ponen en contacto con el pensamiento y los


sentimientos de otros actores sociales. Y esto es lo que entiendo por
comunicación: establecer un vínculo, producir un contacto. Algo así como la
chispa de un incendio que provoca otro incendio mayor, y esto, precisamente esto,
es lo que hace la prensa periodista (diaria, semanal o mensual); me pone en
contacto con un mundo al que no tengo acceso directamente, ¿pero me incendia?
Ciertamente no, porque la verdadera comunicación se da de tú a tú; de mi “yo”
más profundo a otro yo que me abre sus puertas y ventanas. ¿Su alma? ¿Su
corazón?

En la misma forma, andando por la calle –o absorto tras el volante- percibo


otros sonidos, otras voces humanas por medio del ese aparato que llamamos
radio; ¿qué escucho en la radio?, ¿qué vibraciones me transmite?
La radio –no mi radio- parece omnipresente. La encuentro lo mismo en la
peluquería que en la farmacia. Cuando se me hace tarde y me dice la hora,
cuando se producen embotellamientos,. . . cuando me siento solo.

Me fastidia, me divierte. Me alegra, me entristece, puede ser la música que


yo escogí, o la que me escogió el vecino. La percibo en muchas ocasiones sin
siquiera escucharla. Otras veces despierta en mí diferentes estados de ánimo,
coraje, alegría, tristeza, preocupación, deseos de cantar o bailar. Esas voces
humanas –de cantantes o de locutores- también se comunican conmigo y me
ponen en contacto con otros mundos, con otras vibraciones, con otras situaciones.
Por la radio escucho otras voces y se acercan a mí otros actores sociales,
cantantes, comerciantes, publicistas, locutores. Todo un mundo me grita su
existencia. Y me repite, una y otra vez, “¡aquí estoy, escúchame!”.

Todo el día ha transcurrido en un ir y venir acelerado. Regreso a mi casa.


Trato de concentrarme en la lectura de un libro, pero otros ruidos me llaman; mi
mujer y mis hijos ven un programa de televisión. El cansancio me invade. Está
presente en mi cabeza, en mis músculos tensos, en mis huesos. No logro
concentrarme. Prefiero refugiarme en la magia electrónica, de una comedia
insulsa, interrumpida cada cuatro minutos por cortes comerciales. Parecería que
todo se anuncia aquí; café instantáneo, cerveza, cigarrillos, panes y pasteles,
papel higiénico “ofertas” en almacenes y supermercados, cantantes, centros
nocturnos, películas, obras de teatro. . .Inagotable seria la lista de todo lo que
“ellos” quieren vender a los tele adictos sedientos de distracción, de evasión, de
esparcimiento, ¡y hay quienes dicen que nada cuesta encender la televisión!

Por fin llega mi hora. Los niños ya se durmieron. Mi mujer teje y teje. Ahora
si. Es mi turno de ejercer la libertad. Una de las pocas que todavía están vigentes
en nuestra vida diaria: la libertad de cambiar de canal. Escojo, ya encamado, un
canal cultural: ¡libremente! Me seduce la perspectiva de ver una película francesa,
sin cortes comerciales. . .O casi. No obstante, a los pocos minutos empiezo a
cabecear y no tarda mi cuerpo en quedar sepultado en mis inconscientes
fantasías. Afortunadamente, con el control remoto, marqué el sleep del sueño.
La prensa de este día me anuncia –entre sus buenas noticias- que está en
exhibición una excelente película: “¡Un film de Woody Allen! -¡Hannah y sus
hermanas!”. Aunque también se ofrece a mi libre albedrio otra posibilidad. El color
púrpura, dirigida por Steven Spielberg. Como atractivo adicional, el publicista-
distribuidor, lanza una pregunta al aire (a ver quien la pesca): “¿Por qué la
Academia no se atrevió a premiar esta película?” En el mismo anuncio, otro
gancho adicional: “¡Nominada” para 11 Óscares!”

Me atraen estas dos películas, entre las veinte o treinta programadas para
este día. ¿Cuál escoger?

Me gusta el cine. Y como muchos “críticos” deploro el desperdicio que se


hace en este medio de comunicación, que alguien –tal vez en un momento de
euforia- llamó “Séptimo arte”. Sin embargo, me cuesta trabajo desplazarme hasta
una “sala cinematográfica”. Hay películas que me han dejado una profunda huella,
porque me comunicaron algo profundamente significativo, o porque me
permitieron comprender otras formas de vida. Tal vez sean sólo dos o tres. Otras
me han impresionado por la belleza de su fotografía, y otras por la crudeza con
que presentan ciertos temas. Los olvidados de Luis Buñuel; Barry Lyndon, y 2001;
Odisea en el espacio de Stanley Kubrick; Escenas de un matrimonio y Fanny y
Alexander de Ingmar Bergman se cuentan entre mis preferidas.

¿DESENTRAÑO SUS CÒDIGOS SECRETOS?

Todas las verdades pueden ser

percibidas claramente, pero no por todos,

a causa de los prejuicios.

Renato Descartes
Me interesan los llamados medios de comunicación social. Y me preocupa
aprender a descifrarlos, porque si reflexiono seriamente sobre su constante
presencia en la vida moderna, me inquieta descubrir que sus mensajes vienen
cifrados y obedecen a ciertas claves, como las que utilizan los espías para
comunicarse entre sí.

Desentrañar sus códigos secretos es parte de mi vida; pero no sólo eso;


como ser humano que vive en contacto permanente con los medios, me ha
interesado aprender a leerlos, 1 porque leer es una actividad muy seria que
encierra un alto nivel de comprensión. Es decir, de conocimiento afectivo-
intelectual, que forma parte medular del “arte de la interpretación”, conocido
también como hermenéutica, verdadero arte de espejos, en los cuales mi yo, se
refleja, se proyecta. 2

De aquí nació, hace ya varios años, el intento por encontrar un método de


análisis –al mismo tiempo sencillo y profundo- que pudiera aplicarse no
únicamente a la realidad social que llamamos medios (prensa, radio, cine y
televisión), sino a cualquier realidad social: económica, política, cultural o
educativa. Después de todo este tiempo, prosigo la búsqueda.

En realidad, se trata del llamado método de investigación social, desde una


perspectiva existencial, vivencial, fenomenológica que tome en cuenta la
subjetividad y la afectividad de todos aquellos que intervienen en la búsqueda.
Una investigación es como la vida; parte de una serie de preguntas cuya
respuesta puede estar en el viento (como cantaba Bob Dylan) o en un libro, o en
una persona cercana o -¿por qué no?- dentro de mí mismo. Pero las preguntas –

                                                            
1
 En mi obra aprende a aprender (págs. 89-93) se plantean tres diferentes maneras de “¡ver la
realidad!” 
2
 Sobre la hermenéutica convienen comprender las cuestiones fundamentales de hermenéutica, de
Emerich Coreth, Herder, Barcelona, 1972. También puede consultarse El retorno de Hermes
Kairos, Barcelona. Varios autores, o, finalmente de Guillermo Michel. Uso Introducción a la
hermenéutica. Arte de espejos. Castellanas editores, México 1996.

 
de cualquier nivel- surgen de la propia curiosidad; los porqués y cómos infantiles
no agotan la posibilidad de hacernos preguntas y hacer preguntas a otros. Y cada
quien las responde como puede, desde su propia perspectiva, desde su historia.
Incluso desde sus acciones.

Así como cuando Jaime Sabines pregunta ¿Quién soy yo?, él mismo se
responde desde las alturas de su poesía:

Hijo soy de las horas, hijo ciego,

balbuceante, mecido en un oscuro pensamiento.

No soy éste o el otro, soy ninguno,

qué importa lo que soy, mano de fuego,

llanto de solo un ojo, danza de espectros. . . 3

Un biólogo o un psicólogo no se hubieran respondido de la misma manera.


Y nadie, si realmente practica la introspección –o visión interior de sí mismo-
puede contestar de manera idéntica esta sencilla pregunta, llena de
complejidades: ¿Quién soy yo?

Porque si es cierto que desde mi “yo” más profundo veo, capto, percibo al
mundo que me rodea, contestar esa pregunta inicial, es de trascendental
importancia para descubrir por qué percibo al mundo como la percibo. Y ese
mundo, en el caso que aquí me preocupa, es –repito- el mundo de la prensa, de la
radio, del cine y de la televisión. Sus lenguajes, sus códigos secretos (en “clave”)
sólo pueden ser descubiertos por nosotros si nos hacemos y les hacemos
preguntas.

En este caso, el “yo” –mi propio cuerpo- percibe un aspecto u otro de esa
realidad y trata de comprenderlo desde su experiencia única, de sentido común,
que trata de averiguar donde quedo la bolita. En otras palabras trato de encontrar
una respuesta a mis preguntas.
                                                            
3
 Jaime Sabines; Nueva antología Poética; Mortìz, México 1977 
En efecto, mi sentido común me advierte que comprendo algo realmente,
cuando puedo interpretarlo; descubro sus conexiones e interrelaciones, cuando
capto fielmente las palabras o las acciones del otro. En un diálogo con otra
persona esto se hace evidente, porque al hablar con otro no sólo oigo sus
palabras, sino que las escucho. Miro sus ademanes y sus gestos, Además,
atiendo al tono y volumen de su voz, porque todo eso –en conjunto- quiere
significar, y de hecho significa algo muy preciso. Así es como he podido aprender
–por observación simple- si mi interlocutor está triste o contento, enojado o alegre,
preocupado o relajado. . . En fin, puedo captar el significado de sus palabras, de
sus gestos y de sus ademanes globalmente. Más aún, muchas veces que sin el
otro me diga una sola palabra, me es posible “adivinar” su estado de ánimo.

De manera semejante, con un poco de esfuerzo, puedo también dialogar


con los medios, captar sus intenciones y descifrar el significado de sus códigos
secretos, diferentes –como lo hemos podido vislumbrar- en cada uno de los cuatro
casos aquí analizados. No obstante, inmerso como estoy en su mundo, mi
consciencia se refleja en ellos –y ellos en mí-; por lo cual, al comprenderlos me
comprendo, diluyéndose de esta manera la pretendida (y falsa) separación entre
sujeto y objeto; pues mí perspectiva se entrelaza con las suyas, en reciprocidad
perfecta, puesto que co-existimos en el mismo mundo, como cuerpo, como si en
todo lo que percibimos y entre nosotros mismos hubiera un entrelazamiento
profundo como el que hay entre las olas del mar y la arena humedecida por sus
aguas.

 
EN BÙSQUEDA DE UN MÈTODO

Y resolviéndome a no buscar

más ciencia que la que pudiera

hallarse en mí mismo.

Renato Descartes

¿Qué es lo que busco? Un método de acercamiento, de comprensión, de


interpretación. Y al decir método, quiero referirme a lo que significa en sus
orígenes griegos; camino. Busco un camino para llegar a comprender e interpretar
esto que llamamos “medios de comunicación social o masiva”. En otras palabras,
busco un camino al conocimiento.

No obstante, descubrí paulatinamente que no hay un solo camino para


llegar a esa meta. Sé que el calor quema, por experiencia. Sé que las estrellas son
soles de luz incandescente porque así me lo han dicho, y yo lo creo. Sé que la
vida es triste, si no la vivimos con una ilusión; en parte por experiencia y en parte
por introspección.

Por tanto, para llegar al conocimiento existen muchos caminos, muchas


vías, pero todas nos indican que el mundo es así como es, sólo porque hablamos
con nosotros mismos de que es así como es, -según afirma don Juan Matus, el
Indio yaqui que hizo famoso Carlos Castañeda-. En otras palabras, ese diálogo
interno que llevo acabo entre mi mente y mi corazón me enseña (cada día y cada
momento) que el mundo es como es, sólo porque yo digo (y me repito) que es así
como es.

Sin embargo, si yo digo que es como es, se debe a que he encontrado un


camino para decir que así es. Esto significa que en toda situación yo percibo la
realidad –cualquier aspecto del mundo que me rodea- desde una perspectiva
única y original que es la mía propia. Yo comprendo lo que comprendo, porque
sólo me han enseñado a interpretar al otro y a lo otro –al mundo- de una
determinada manera, sino porque yo he aprendido –a partir de mis propias
experiencias- a interpretarlos así, tanto al tú que dialoga conmigo, como al mundo
que me habla mediante los códigos secretos de la prensa, de la radio, del cine y
de la televisión.

En consecuencia, mi meta, además del conocimiento, resulta ser la


comprensión. Pero, ¿qué significa comprender?

A mi modo de ver, comprender significa interpretar afectivamente lo que el


“otro” (tu) o “lo otro” (el mundo) son o hacen. Así, yo puedo conocer a un tú (un
amigo, una hermana, un hijo, una madre), pero no comprenderlo. “Te entiendo –
decimos muchas veces- pero no te comprendo”.

En efecto, la comprensión es un acto afectivo-intelectual que ocurre en un


mismo instante. Yo comprendo con-la-mente-y-con-el-corazón en un mismo y
único acto de conocimiento. Entiendo algo (o a alguien) cuando soy capaz de
descifrar Intelectualmente qué es o qué hace. Pero lo comprendo, cuando puedo
observar e interpretar no únicamente situaciones vividas aquí y ahora, sino los
procesos históricos –biográficos- que lo han conducido a esta situación. En
cualquier conversación cotidiana, si nos hacemos conscientes de lo que ocurre,
experimentamos acuerdos o desacuerdos, aceptaciones o rechazos. 4

“¡No estoy de acuerdo contigo!” –puedo exclamar en algún momento, si


alguien expresa ideas diferentes a las mías- “¡Me das asco!” -puedo afirmar
enfáticamente, si el “otro” me expresa que vive una vida que no concuerda con la
mía.

Por tanto, mi mundo, el mundo de mis experiencias, lejanas o cercanas, ese


mundo que despliegan ante mis ojos y oídos los medios de comunicación masiva,
es un mundo interpersonal, intersubjetivo. Es producto o resultado de las acciones
                                                            
4
 Para una mejor comprensión léame E. Coreth; op. cit, Págs. 95-117 
de otros seres humanos (como yo), que actúan por alguna razón, con algún
objetivo, impulsados hacia la adquisición de algo valioso (éxito, fama, dinero,
belleza, amor, justicia. . .), y constituye, para ellos, la meta de su acción.

¿Puede la comprensión –tal como la hemos entendido- llegar a constituir un


método, un camino hacia el conocimiento?

Pienso que sí, y también lo siento. Aunque soy consciente del hecho de que
es difícil llegar a las intenciones de los actores sociales con quienes convivo.
Romper barreras o acortar distancias entre mi yo y el tú, tampoco me parece
sencillo. Tal vez ni ninguna descripción del método/camino para lograrlo haya sido
expuesto con tanta claridad y sencillez como lo hizo Irena Majchzrak en su libro
Cartas a Salomón.

Yo, una polaca –dice- ando por estas tierras buscando la comunicación en
un lenguaje que no es ni polaco, ni español, ni nahua, ni mazateco. Espero
lograrlo algunas veces. Mi único método será exponerme al “choque de culturas”,
al azar de los encuentros humanos siempre únicos, siempre definido por las
culturas y las experiencias vitales de los participantes (mis interlocutores). .
.Memorizar las caras, las miradas, las sonrisas, las palabras de una conversación
común, el modo de estrechar la mano, y el abrazo, cuando se da. . .

Por consiguiente, para comprender la realidad que me envuelve debo


exponerme, abrir mis ojos, mis oídos, todos los poros de mi piel, así como mis
papilas del gusto y del tacto. 5 Mi cuerpo, mi carne y mi espíritu perciben y son
percibidos. Pero es mí ser carnal el ancla de mi mundo, las ventanas, las puertas,
la proyección a otros mundos y a los mundos de otros. “Mundo” y “yo” formamos
una unidad.

                                                            
5
 Véase mi obra aprender a ser tú mismo, el capitulo 3, “Aprender con los 5 sentidos”, Trillas 1985
*Desde la perspectiva de la “biología del conocimiento” Humberto Maturana, ha escrito una
penetrante obra –Emociones y lenguaje en Educación y práctica- Hachatte.CED, Santiago de Chile
1994
 
Más aún, para comprender en profundidad, debo de reconocer que también
conocemos con el corazón y que incluso nuestra razón tiene “corazonadas” que el
corazón desconoce. Por esto mismo, mis sentimientos dan color a las ideas. Así,
por ejemplo, mi tristeza da un tono gris a mis pensamientos, o mi alegría puede
inundar de blanco incandescente el día más nublado. Pero en todo momento, mis
sentimientos envuelven a mi mente en corrientes de euforia o desesperación, y no
pocas veces la sepultan.* Más metafóricamente lo expresa un Koan Japonés,
surgido de la tradición budista-zen, a través de un diálogo entre un maestro y su
discípulo. Helo aquí:

Joshu preguntó al maestro Nansen: “¿Cuál es el verdadero Camino?

Nansen respondió: “Cada día es el verdadero camino”

Joshu pregunto; “¿Puedo estudiarlo?”

Nansen respondió: “Cuanto más lo estudies, más te alejarás del camino. . .


porque el Camino no es de las cosas que se ven ni de las que no se ven. . .
No lo busques, ni lo estudies, ni lo nombres. Para alcanzarlo, ábrete con la
amplitud del cielo.”

ARROJADO AL MUNDO, ENCONTRADO EN EL TIEMPO

Soy, existo. . . esto es cierto

Pero. . .

¿por cuánto tiempo?

Renato Descartes
¿En qué consiste, pues, el método vivencial, orientado más a la
comprensión que al análisis? Está dicho ya en una sola palabra; apertura. Sobre
todo, y en primer lugar, apertura.

Pero esta apertura me lleva a comprender, primero, que lo que ahora soy
es lo que he llegado a ser a través del tiempo. Y soy, aquí y ahora, conflicto vivo
entre mi “yo” y mi mundo. Libre –aunque atado por mil cadenas- me expreso como
una fuente inagotable de posibilidades. Sin embargo, sin ser todavía lo que llegaré
a ser, soy ya desde ahora, eso que voy llegando a ser, con todo mi ser y mi
tiempo. Así, a medida que vivo y aprendo de la vida, veo, siento y aprendo que mi
libertad consiste en quitar obstáculos, mediante un proceso de liberación
progresiva, ya que a la libertad se llega por la liberación, por una auto-liberación
continua, ilimitada.

¾ En segundo lugar, soy consciente de que no soy una isla. Como-ser-en-el-


mundo he sido arrojado a la sociedad, a un grupo humano, a una clase social.
Toco el mundo y me parece áspero. Lo huelo y me llega un tufo pestilente, y me
hace sentir que “Algo está podrido en Dinamarca” – como diría Shakespeare-
[¿Sólo en Dinamarca. . .?”]. Me asomo por las ventanas de la prensa diaria (o
semanal) a lo que no puedo percibir por mis sentidos, y escucho estallidos de
guerras, luchas políticas encarnizadas, promesas incumplidas. Si miro con más
detalle. No tarda en subir a mi nariz el vapor maloliente de fraudes electorales, o el
aire contaminado de cloacas humanas. El mundo de los apocalípticos se me hace
presente por la prensa, la radio, el cine o la televisión.

Nunca las buenas noticias son noticias. Y lo que me llega por los medios
es, en parte, realidad-real, y en una parte mayor, realidad ficticia o realidad
manipulada. Sin embargo, también de esta manera se construye esa novela, que
no es mi vida. Aunque, sí soy-con-otros, también lo es. Ésa es la novela que
describen algunos de “los actores sociales” (políticos, escritores, artistas,
cantantes, magnates financieros, estrellas del mundo fílmico...) que tienen el
“privilegio” de aparecer en la prensa, de ser noticia o espectáculo. A veces llega a
tal grado mi asombro que llego a preguntarme con Paul Watzlawick “¿es real la
realidad? ¿Soy yo con otros el que la inventa?”

¾ En tercer lugar, fuera de ese mundo que describe el periodismo impreso o


electrónico, encuentro cada día un mundo de gente. Esos otros “actores
sociales” con quienes se tropiezan mis miradas: secretarias, obreros,
intelectuales, parejas de enamorados. . .

Los he visto a menudo.

-a ellos, a los enamorados-

en las aceras, sobre la yerba, bajo un árbol,

encontrarse en la carne,

sellarse con los labios.

Y he visto el cielo negro

en el que no hay ni pájaros

y estructuras de acero

y casas pobres, patios,

lugares olvidados.

Jaime Sabines

Soy yo quien así miro. Esto soy yo: testigo unas veces, y otras protagonista
(“primer actor”) de sucesos innumerables, de multitud de experiencias que pasan
por mi corazón: gente sola, remota; amasijo de cuerpos en un camión urbano,
transeúntes que corren –tal vez para no llegar tarde a su trabajo-, conductores
tensos por la prisa (con el radio en el auto a “vos en cuello”), campesinos recién
desembarcados a los “surcos” de asfalto o de cemento, mendigos disfrazados de
payasos. “Marías y tragafuegos, niños que juegan en la calle, cadavéricos rostros
de burócratas (ocultos tras montañas de papeles). . .Y ellos, todos esos otros que
he visto –remotos o cercanos- en la calle, en la “tele”, en la prensa, en alguna
película. . ., todos ellos –los otros- también me hablan del mundo; de mi mundo.
Mundo que entra de lleno a mi conciencia; a esta “casa del día”.

A la casa del día entran gentes y cosas,

yerbas de mal olor,

caballos desvelados,

maniquíes iguales a muchachas;

entremos tú, Tarumba, y yo.

Entra la danza, entra el sol.

Un agente de seguros de vida

y un poeta..

Un policía.

Todos vamos a vendernos, Tarumba.

Jaime Sabines
. . . Y PENETRO EN EL MUNDO AL MODO ESTEREOFÒNICO

¿Qué veo desde esta ventana

sino sombreros y gabanes

que pueden vestir espectros;

o bien, fingidos hombres

que sólo se mueven

por medio de resortes?

Renato Descartes

Abrirme al mundo de las noticias y de los espectáculos me es indispensable


para llegar a la comprensión y para hacer conscientes mis acuerdos o
desacuerdos con ese mundo de gente, remota o cercana.

Pero si quiero sistematizar mis observaciones cotidianas, debo agregar algo


más, a fin de seguir un camino que me lleve a descubrir o producir conocimientos,
y estructurarlos de acuerdo con un orden, una norma o un sistema determinado.

En efecto, el método, desde la perspectiva en la que he venido analizando,


es un conjunto sistemático de técnicas y procedimientos para encontrar
soluciones a la compleja problemática que plantea la realidad: respuestas a
interrogantes.

Ya he hablado bastante acerca de la conformación de esa realidad social;


los actores sociales (entre los que yo mismo estoy incluido). Algo he mencionado
también sobre como todo actor social vive cada día inmerso en algunas (o en
muchas) situaciones específicas: de trabajo, de felicidad, de evasión, de
enamoramiento, de placer, de dolor. . . En una oficina, en un hospital, en el seno
de una familia, en la escuela, en la calle, en una iglesia, en la casa del día. . . –
como diría Sabines. Por lo mismo, este vivir-en situación lo hago –como todo actor
social-de acuerdo con determinadas normas culturales, expresión de
determinados valores, que guían mi acción. Así, por ejemplo, sería muy diferente
mi comportamiento, y toda mi actitud interior, en una iglesia o en una cantina, en
una fiesta o en una ceremonia fúnebre.

Por todo esto, ningún método puede garantizarme la objetividad al juzgar la


realidad social, y menos aún cuando mi meta no es juzgar, sino comprender.

En este caso, “el problema de la llamada objetividad científica para un


segundo plano para dar un lugar a un conocimiento centrado en las motivaciones
de la conducta humana, en los valores y actitudes sobre los que se basa la
construcción de los hechos sociales y, finalmente, en las intenciones de los
actores sociales, cuyas razones (que el corazón desconoce) dan sentido a su vida,
a su trabajo, a su cultura. En una palabra, a su viaje por el mundo”. 6

Por tanto, como en el país de Oz, los hombres sin cerebro, o con una
esponja en lugar de pensamientos, somos como “el espantapájaros”. Pero los
hombres sin sentimiento –ni alegría, ni angustia, ni cólera, ni pasión- con corazón
de acero, de barro o de ónix, nos convertimos en el “hombre de hojalata”. 7

Trato de penetrar en el mundo al modo de estereofónico; abiertos los


canales emocionales e intelectuales: mi corazón y mi inteligencia.

Más, para comprender en forma sistemática los hechos o situaciones


sociales, es imprescindible:

Primero: identificar a los actores sociales y su posición en el fenómeno


analizado.

Segundo: definir la situación, tal como la perciben e interpretan los actores


sociales que intervienen en el hecho o fenómeno en cuestión y aclarar como sus
                                                            
6
 Guillermo Michel, Por una antropología Existencial (mimeo). 1981 Pág. 4 
7
  Léame el cuento Mago de Oz por L. . .Frank Baum Alfaguara/CNCA, México, 1991 (la versión
original data de 1900)
 
sentimientos, percepciones e interpretaciones influyen en su conducta o en sus
actitudes, frente al fenómeno que traro de comprender.

Tercero: hacer explícitas las normas, valores, actitudes, sentimientos, leyes,


reglas o pautas de conducta, que condicionan o determinan a los actores a vivir
como viven esa determinada situación

En una forma o en otra, mi lectura de los medios siempre incluye estos tres
aspectos, presentes en todo fenómeno social, así como en cualquiera de los
géneros utilizados por los mismos medios: noticia, reportaje, crónica, drama,
comedia, anuncio publicitario, melodrama, telenovela o espectáculo en vivo y a
todo color.

Decidido a investigar, - a descubrir respuestas a mis preguntas- lo primero


que me planteo es la interdependencia entre mi yo (sujeto cognoscente) y el
objeto o fenómeno que social que trato de comprender. En otras palabras,
reivindico mi posición de ser parcial, subjetivo y unilateral. Como actor social, yo
también soy, ser-en-situación, soy “yo-y-mis-circunstancias”. Por lo mismo, llevo
en mis espaldas un fardo de experiencias acumuladas, de intenciones, de
anhelos y de esperanzas.

En consecuencia, mi percepción de los medios está cargada de emociones,


sentimientos, prejuicios y sesgos ideológicos; pero también constituye una
búsqueda de verdades verdaderas (al estilo de Víctor Jara), de explicaciones, de
significados, con el fin de comprender mejor el mundo en que vivo y en el que
todos hacemos nuestras vidas. Así pues, me importa la experiencia humana en
todas sus manifestaciones y en todas sus formas, percibida, captada desde mi
cosmovisión, desde mi historia personal, desde mi consciencia. Lo que percibo
soy yo mismo; pues, en último término, soy yo el que confiere y atribuye
significados. Sin embargo, no debo perder de vista que toda percepción es una
comunicación o una comunión. . . una (cópula) de nuestro cuerpo con las cosas
(M. Merleau-Ponty)
Si bien, como en el caso de Irene Majchzrack, mi único método será
exponerme a los medios para interpretarlos, también es cierto que ese método
(como cualquier camino) está constituido por escalas, por tramos más o menos
precisos.

Por tanto, trataré primero de definir el problema que me preocupa; en


segundo lugar, expondré la perspectiva teórica que me sirve de marco referencial
y, finalmente, delinearé la estructura de los capítulos siguientes, para establecer
un método de lectura.

Ya ha quedado claro –según creo- que los medios (prensa, radio, cine y
televisión) son puentes que me unen a realidades remotas; reales, ficticias o
manipuladas. En mis intentos de interpretación, he descubierto en la
fenomenología una fuente abundante en sugerencias para contestar mi pregunta
clave “¿Cómo leer los medios?”. Sé bien, y creo que muchos lo sabemos, que los
medios se aproximan a la realidad y de ella obtienen, noticias, argumentos, ideas,
opiniones, temas, comentarios. . .En fin, todo el paquete de hechos o situaciones
que diariamente exponen ante nuestra vista. No obstante, me siento indefenso
ante tal bombardeo de información, y por ello me preocupa encontrar un refugio
para comprender cómo y por qué me llegan sus mensajes como me llegan.

También sé que imposible que sus mensajes sean objetivos. Ellos –los
emisores- son tan parciales, tan subjetivos y tan unilaterales como lo soy yo.
Comprender su parcialidad, unilateralidad y subjetividad puede significar, para mí,
evitar ser manipulado, por las cargas afectivas que me envían, a veces
eróticamente perfumadas. Como quien dice, trato de penetrar en sus mensajes
para aprender a leerlos –a descifrarlos, a decodificarlos- desde mi “yo” más
profundo: desde ese rostro que tenía antes de que nacieran mis padres: “¿Cómo
leer los medios?” He aquí el problema.

Para llegar a esto, he tenido que iniciar una búsqueda teórica que ilumine el
camino interpretativo. Paul Ricoeur, Hans-Georg Gadamer, Carlos Castañeda,
Georges Devereux, Maurice Merleau-Ponty, Jack Douglas y otros más, me
8
han
acompañado en este camino. Mi búsqueda no ha sido un vuelo solitario. Hay
poderes que me guían: filósofos, historiadores, sociólogos y lingüistas, que me
han permitido aprender a ser yo mismo. A invitación de Oscar Wilde 8 he tratado
de imaginar (y convencerme) que la perfección no consiste en acumular o poseer
cosas exteriores. Tu perfección –dice- está dentro de ti mismo. . . Lo que posees
es lo que realmente llevas en ti. . . Lo que eres. . .Sé tu mismo.

Por su parte Merleau-Ponty 9 me ha permitido redescubrir que la relación


sujeto-objeto no puede ser únicamente una relación cognoscitiva en la que el
objeto aparece siempre construido por el sujeto. Por el contrario, se trata de una
relación ontológica, a través de la cual –para usar una paradoja- el sujeto es su
cuerpo, su mundo, su situación y, en cierto sentido, entra en interacción con él.

En otras palabras, lo que Merleau-Ponty 10 me indica es que soy el cuerpo,


el mundo y la situación de aquello que trato de comprender; porque al entrar en
contacto con el objeto de mi comprensión, éste penetra en mi carne. Y en este ser
elemental de carne (donde) debe buscarse el secreto de la sensibilidad. 11 “En mí
mismo. Dentro de mi ser, soy-con-otros.

A partir de estas mismas ideas, Jack Douglas” 12 llega a dos consecuencias


fundamentales para toda teoría científica:

Primera: Las ideas tradicionales acerca de la objetividad deben de ser


modificadas o abandonadas, y. . .

Segunda: Cualquier intento por conocer la verdad, por racionalizar lo que


pensamos sobre el mundo, por hacer más objetiva nuestra concepción del mundo.
. . depende, inevitablemente, de un análisis de la misma inteligencia que conoce,
así como de otros aspectos del sujeto cognoscente. . . .

                                                            
8
 Oscar Wilde. “El alma del hombre bajo el socialismo…Barcelona, Págs. 10-23 
9
 Maurice, Merleau-Ponty, The primary of Perception. Nortwestern 
10
  University Press, Evanston, Léame también su Fenomenológica de la percepción. Península,
Barcelona; 1994 
11
 Idem The visible and the invisible, Evanstein, Nortwestern University Press 1969.  
12
 Jack Douglas y John M. Johnson, Existential Sociology, Cambridge University Press 1978 
Por todo lo anterior, lo que hasta aquí he escrito esta expresado en primera
persona del singular, porque esto es lo que percibo como sujeto cognoscente,
como aquel que busca comprender (y comprenderse) incluso en el proceso mismo
de la escritura. Por las mismas razones, he buscado la comprensión de los medios
en su contexto sentimental, emocional; en lo que afecta mi corazón, mi mente, mi
cuerpo y mi espíritu, consciente de que nuestra razón tiene corazonadas que el
corazón desconoce.

DETECTIVE DEL FENÒMENO HUMANO

Mejor es modificar

nuestros deseos,

que la ordenación del mundo.

Renato Descartes

Ya he dicho antes que llevo sobre las espaldas toda una vida encima. Vida
además; que nunca he pasado en soledad absoluta, sino rodeado por otros –unos
remotos y otros cercanos- cuya presencia ha ido forjando el ser que soy ahora y
ha infundido en mí formas diversas de interpretar al mundo que me rodea. Pero
este “yo” que investiga, que observa y escucha, que habla y siente, y que intenta
comprender a los otros al percibirlos, se enfrenta con ellos como totalidades
vivientes, cargadas también de historia, de vivencias:

La percepción que se tiene del “otro”, no es la de un maniquí cuya vida


interior pudiera yo imaginar a mi antojo, sino la de una totalidad viviente y
expresiva, de modo que, desde el principio, no percibo los ojos, sino la mirada; no
el rubor del rostro, sino la vergüenza. 13

Aquí, como investigador o como detective de fenómeno humano experimento


empatía o simpatía. Y esto es lo que me permite comprender estados de ánimo
que yo no experimento y que, tal vez, nunca experimenté antes. Y, sin embargo,
siendo yo mismo aperturo o comprensión, no puedo destruir
13 la distancia entre mi
“yo” y el “tú”. Ni la comunicación más profunda de las existencias puede destruir
mi individualidad. Puedo comprender a los “otros” y a lo “otro”, pero sin dejar de
ser “yo”, único, insustituible e irrepetible. 14

Por lo mismo, para que exista comunicación real entre mi “yo” y un “tu”,
debo abrirme y ser penetrado, mientras yo penetro en ese “tú” por las puertas y
ventanas que abrió para mí. Cuando me acerco a aun “tú” de esa manera, puedo
comprenderlo pero jamás agotarlo. Esta barrera, precisamente tiene dos
consecuencias ya mencionadas anteriormente.

Primera: la objetividad es imposible, y debe de pasar a un segundo plano,


para dar lugar a una comunicación intersubjetiva, interpersonal, centrada en la
comprensión de motivaciones, actitudes y estados de ánimos, perceptible, para
mí, mediante la envoltura corporal que se expresa en todo momento, en gestos o
ademanes, en palabras y en silencio.

Segunda: la historia de la humanidad y la historia de cada hombre –


incluyendo la mía- es también un problema de comunicación. Un problema de
comprensión.

Si este “yo” que soy-con-los-otros, en mi propio ser, es alguien


esencialmente subjetivo, parcial y unilateral, alguien que siempre es ser-en-
situación y que comprenden con la cabeza y con el corazón. . . ¿qué puede hacer

                                                            
13
 André Dartigues, La Fenomenología Herder, Barcelona 181
14
 Para una excepción más amplia de las ideas, léame mi obra Aprender a ser tú mismo, ya citada,
pág. 91-107, de manera mucho más profunda el problema hermenéutico es tratada por Hans
Georg Gadama en verdad y método, Sígueme. Barcelona 1977 (primer volumen) y 1992 (segundo
volumen) 
para acercarse a los medios y leerlos, para descubrirlos e interpretarlos? ¿Cómo
romper las barreras –o acortar las distancias- que lo separan de cada uno de esos
medios a fin de convertirlos en objeto de conocimiento y de comprensión? La
respuesta a estas preguntas me conduce al tercer aspecto –enunciado al principio
de este apartado: el de la estructura de los capítulos siguientes.

En primer lugar, he tratado de trazar, muy brevemente, la trayectoria


histórica de cada medio, haciendo resaltar los rasgos que lo han convertido en lo
que ahora es, con el fin de comprender como ha llegado ser como es.

A continuación expongo mis vivencias (algunas de ellas, por lo menos) en


forma de cuento o mito, a fin de continuar la tradición platónica de sugerir, más
que de imponer, algunas vías de análisis. Es mi intención que cada lector pueda
escribir también algo imaginario, que lo lleve a expresar sus vivencias,
proyectando su realidad-real a la realidad-ficción: al reino de la fantasía. En el mito
–en efecto- puede cada uno encontrar (como narradas por otro) las distorsiones
de su propia percepción, pero que de cualquier manera lo llevan a exclamar “¡Y
esto percibo!” 15

No menos importante es el tercer aspecto del análisis, en el cual trato de


hacer ver diferentes aspectos de la realidad que constituyen las esencia de cada
medio (¿qué es?) entrelazada con la función (¿para qué sirve o puede servir?).
Obviamente, aquí me apoyaré en percepciones de diferentes a investigadores o
comentaristas (famosos o no), con el fin de suscitar una reflexión entre quienes se
dan a la tarea de descubrir nuevos códigos, nuevas definiciones o nuevos usos
alternativos a los medios.

Finalmente, propongo una manera de leer cada medio, no como si ésta


fuera la única, sino como punto de partida para la creatividad personal; porque la

                                                            
15
 Georges Devereux, de la Ansiedad al método. . . Siglo XXI, México 1993

15
 
lectura de cualquier mensaje (radiofónico, periodístico, televisivo o
cinematográfico) depende de la personalidad –ya lo he dicho- de quien percibe.
Esto significa que, de acuerdo con lo que ahora soy, quito o agrego datos a los
mensajes percibidos por mí. Por lo tanto, de acuerdo con mi modo de ir-siendo,
con mi trayectoria histórica, con mis necesidades y conflictos del aquí y del ahora,
yo reconstruyo esa “realidad” –real o ficticia-. Y puedo estar seguro de que
mientras mayor sea mi angustia al percibir un fenómeno o al vivir una situación,
mayores serán también las distorsiones de mi percepción: negando u omitiendo
hechos, no escuchando o equivocando palabras o, finalmente, comprendiendo. 16

Dicho lo anterior solo quiero, por ahora, recalcar una vez más que antes de
iniciar la lectura de los subsiguientes análisis, es imprescindible realizar una
zambullida en el “yo” más profundo, a fin de obtener, mediante esa introspección
un autoconocimiento de las motivaciones y objetivos que nos mueven a actuar en
tal o cual dirección, o a interpretar este mundo medial de diferentes formas.

Si sé (más o menos) quien soy –como ser en búsqueda- debo saber


también, cuál es el propósito o los propósitos que me llevan a querer descubrir
determinado aspecto de la realidad. De esta realidad que llamamos medios.

Reconstruir la realidad –cualquier realidad- significa emprender un largo, y


muchas veces tortuoso, camino de aprendizaje para comprender -desde el “yo”
más profundo- diversas actitudes personales, finalidades, objetivos, metas y
opiniones. . , que me hacen escoger éste (y no otro) aspecto de la realidad
circundante. 17

                                                            
16
  Ihid., Págs. 70-72. Devereux hace ver como la percepción/interpretación del mundo vivido
siempre en existencial, surge del cuerpo viviente: entre lazo conciencia-inconsciencia encarnados
en un sujeto en íntima fusión con el mundo percibido el cual es envuelto, por así decir, por la
cuerpo receptor. 
17
 Desde la perspectiva en sentido opuesto al Oráculo de Dellos, puedo afirmar –basadas en mis
propias experiencias- lo siguiente “Comprende la naturaleza de los medios y a sus dioses, y te
conocerás a ti mismo, “Basta con comprenderé tu propia conciencia y tu Yo perceptor, tu ser-
cuerpo. Para apoyar estas reflexiones puede ayudar la obra de Mario Teo Ramírez. El quiasmo
Universal Mexicana, México, 1994. 
De otra manera, tal vez pudiera aplicarse –a mí y a otros- el reproche que
hiciera Heráclito, a sus contemporáneos, aproximadamente 500 años antes de
Cristo:

Malos testigos son los ojos y los oídos para los hombres, si tienen almas
que no entienden su lenguaje.

Heráclito nos advierte que ojos y oídos perciben el mundo a partir de una
visión del mundo, cuyo lenguaje, cuyas “palabras” hablan mi propia lengua. Es
decir, que toda descripción o explicación del mundo hecha por los medios es ya
una interpretación, cuyos símbolos debo percibir a fin de entender su lenguaje.

En otras palabras la Hermenéutica –como ciencia de la interpretación- vista


desde un horizonte de percepción existencial, lleva al intérprete a comprenderse a
sí mismo, al comprender algo. Aplicada a los medios masivos, esta manera de
interpretar, me lleva a concebirlos como un espejo, el cual refleja la estructura de
la propia conciencia, del cuerpo Intérprete. Es decir, reflejan al Yo perceptor de
un modo semejante al descrito por Xavier Villaurrutia en su “Nocturno miedo”.

¿Y quién entre las sombras de una calle desierta, en el muro, lívido espejo
de la soledad, no se ha visto pensar y venir a su encuentro, y no ha sentido miedo,
angustia, miedo mortal?