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Introducción

Resulta muy gratificante para los autores comprobar la evolución favorable de toda
obra documental. En este caso, el posible éxito se debe sin duda más al estado de necesidad del
campo y a la colaboración externa obtenida, que a la aportación original de los compiladores.
En cualquier caso, nos encontramos ante una tercera oportunidad para conformar una obra
instrumental centrada en el clínico y en sus necesidades en la clínica con pacientes psiquiá-
tricos.

Parece adecuado el nombre familiar que se le ha venido dando a esta obra, «el libro verde
de instrumentos», en la medida en que indica la necesidad de nuevos esfuerzos madurativos y
de ampliación con nuevos instrumentos, unos más específicos y otros dirigidos a nuevas
parcelas, anteriormente no incorporadas.

Es justo reconocer que en esta oportunidad hemos contado con mucha colaboración de
otros autores y clínicos españoles, que nos han facilitado los instrumentos y sus correspon-
dientes referencias bibliográficas. Este aspecto colaborativo y participativo nos parece muy
deseable que persista para futuras ediciones, ya que reflejaría que la obra, no sólo ofrece mate-
riales para el trabajo, sino que incorpora el esfuerzo desarrollado en evaluación por distintos
grupos de psiquiatras españoles.

En esta ocasión no podemos dejar de hacer hincapié en que, si bien se observa una
mayor difusión y frecuencia de uso de los instrumentos de evaluación en el campo de la prác-
tica clínica, no se debe perder de vista que estas evaluaciones siempre deben ser consideradas
complementarias y de ayuda, entre otros dominios, al diagnóstico médico.

La utilidad más frecuentemente admitida es, sin duda, detectar y/o evaluar la intensidad
o gravedad clínica, aunque cada vez más se utilizan para apoyo al diagnóstico y para precisar
la respuesta a las diferentes formas de tratamiento.

En estos momentos en que está a punto de aprobarse la Ley de Ordenación de las


Profesiones Sanitarias, en la que se regulan tanto los aspectos básicos de las profesiones sani-
tarias tituladas como la formación, desarrollo y participación en la planificación de éstos, se
siguen reconociendo las tradicionales funciones del médico, como profesional de la salud
capaz de ocuparse de la promoción y mantenimiento de la salud, la prevención de las enfer-
medades y los enjuiciamientos diagnóstico, pronóstico y terapéutico, y pueden mejorarse
estas funciones con el uso de este tipo de instrumentos.

Quedan por tanto sin cubrir dentro de las atribuciones del médico las relativas a la ges-
tión clínica en las organizaciones sanitarias, que necesitan también de instrumentos estanda-
rizados para su evaluación, tanto del desempeño como de los resultados de la gestión. A este
reto esperamos poder dar respuesta en próximas ediciones de la obra.

Esperamos que esta tercera edición reciba la misma favorable acogida que las anterio-
res, y que siga contribuyendo a la extensión, diseminación y uso de los instrumentos de eva-
luación clínica.

Oviedo, noviembre de 2003 Julio Bobes García


Catedrático de Psiquiatría