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ESTUDIO DE LOS EVANGELIOS

P. Santiago Andrade Triviño, ofm.

INTRODUCCIÓN

Hablar de los Evangelios es descubrir la Buena Noticia que Jesús ha traído a los hombres. Dios se
muestra al hombre, se da a conocer y se revela a través de muchos acontecimientos históricos. Y en última
instancia se dio a conocer en la persona de su Hijo, que es la máxima revelación del Padre. Frente a esta
manifestación de Dios, el hombre responde por medio de la fe, que es la adhesión total del hombre a Dios y a
su obra. Lo que sabemos de la persona y obra de Jesucristo es a través de la experiencia de sus primeros
seguidores, que más tarde condensaron por escrito, dando lugar al Nuevo Testamento especialmente: los
evangelios. Los cuatro evangelios forman parte de los 27 libros que conforman el Nuevo Testamento. A
través de los Evangelios obtenemos algunas pautas: hablan de Jesús, aunque no son biografías de Jesús en
sentido estricto, tampoco son crónicas, sino buena noticia, y predicaciones acerca de Jesús de Nazaret.

No vamos aquí hacer un estudio completo de los cuatro evangelios, sino que daremos una
pequeña orientación introductiva que nos entusiasme a un estudio más profundo a estas cuatro obras tan
importantes y tan leídas en el mundo cristiano.

Jesús pudo haber escrito, pero no lo hizo; toda su enseñanza está expresada en los Evangelios. Cada
evangelio tiene una preocupación teológica de acuerdo a sus comunidades; les interesa entregar la doctrina
del Señor en forma clara y precisa, de manera que no queden dudas por parte de los oyentes acerca de la
persona del Salvador. La doctrina que los evangelios presentan son una experiencia de fe de la comunidad
cristiana que vivió y experimentó la misma suerte de su maestro. Hay que dejar en claro, que los evangelios
antes de ser escritos fueron: vivido por la comunidad .Un evangelio es algo más que un conjunto de
ideas estampadas en un libro. Es ante todo vida, y como es vida sigue ofreciendo respuestas al hombre de
hoy, sigue interpelando a las comunidades actuales y sigue siendo camino obligado de todo cristiano que
quiere conocer y amar más a Jesús.

Hubo toda una evolución hasta la conformación de los evangelios, hay como dos períodos bien
marcados. Por un lado está la Tradición Oral, que presenta hechos y palabras de Jesús, predicación oral de
los apóstoles; aparecen las primeras fórmulas literarias escritas: confesiones de fe (ejemplo: Rom 4,24-25;
10,9; I Cor 6,14; Rom 8,34, etc.). Todo esto transmitido en forma oral de padres a hijos o por la misma
comunidad que se reúne en el culto para la celebración. Y por otro lado está la Tradición Escrita, donde
comienzan aparecer algunos escritos agrupados en temas, como la infancia, algunos dichos de Jesús, algunos
relatos de milagros, como también los relatos de la Pasión y resurrección del Señor que ocuparon un puesto
importante en la comunidad de los primeros siglos. Y finalmente aparecen nuestros evangelios, como fruto de
una larga reflexión y experiencia de la comunidad.

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I. SIGNIFICADO DE LA PALABRA EVANGELIO

No vamos a entrar en un estudio minucioso del término evangelio, sino que señalaremos algunas
cosas. En primer lugar hay que señalar que Evangelio es una palabra griega, que significa Buena Noticia.
Este término ya era conocido en el mundo profano, es decir, fuera de la Biblia. En un primer momento
significó el regalo que se daba al portador de una buena noticia (así lo encontramos en la Odisea de
Homero). Más tarde llegó a significar el sacrificio ofrecido a los dioses por una buena noticia. Y
posteriormente llegó a significar la buena noticia en sí misma.

Entonces, digamos que el término evangelio ha sido "prestado" de la literatura profana, ya que no
es invención de Jesús o de los primeros cristianos. El Nuevo Testamento tomó el término al parecer de la
Biblia griega llamada de los Setenta (cf. 2Sam 4,10; 18,20.22.25.27; 2Re 7,9). Esta Biblia utiliza unas veinte
veces el verbo "evangelizar" y seis veces el sustantivo "evangelio", o "evangelios", para designar la
próxima llegada del reino de Dios, y se dan como signos: la paz, la liberación y la felicidad (Is 40,9; 52,7;
62,6; 61,1;cf. Sal 40,9; 96,2).

Para los judíos no hay más que una buena noticia, la buena noticia de la llegada del reino de Dios. Y
en este sentido la utiliza Jesús. En el pensamiento del Nuevo Testamento, la palabra evangelio la podemos
agrupar en tres categorías:

1. Jesús anuncia el evangelio del reino de Dios

Jesús se sitúa claramente en la línea del mensaje del profeta Isaías; mensaje que según Lucas, toma el
mismo Jesús como base de su discurso programático en la sinagoga de Nazaret (Lc 4,18, citando a Is 61,1-2).
Jesús anuncia la buena noticia de que el reino de Dios, esperado para el futuro, llega con su predicación (cf.
Mt 4,23; 9,35; 11,5; 24,14; Lc 4,18-43; 1,14-15; Lc 7,22; 8,1; 16,16; Act 8,12; 10,36, 13,32. Jesús tiene
conciencia de que, por su medio, o al menos con ocasión de su ministerio, el reino de Dios está llegando. Y
ese es el objeto de la oración que enseña a sus discípulos: Venga a nosotros tu reino (Mt 6,9).

2. Los discípulos anuncian el evangelio de Jesús

El anunciante pasa a ser el anunciado. Jesús anuncia el reino de Dios, los discípulos anuncian a Jesús
resucitado. Por tanto, proclamar que alguien ha resucitado, que Dios ha resucitado a Jesús, equivale a
proclamar que ha llegado el reino de Dios, que los últimos tiempos ha comenzado. La nueva situación de
Jesús es el signo más manifiesto de esta llegada del reino.

3. Marcos escribe un evangelio

Este evangelista ya lo dice en 1,1: Principio del evangelio de Jesucristo. Es difícil imaginar la novedad
que suponía esta frase de Marcos. Hasta entonces se proclamaba el evangelio oralmente. La transmisión de la
enseñanza corría a cargo de testigos vivos: apóstoles, profetas, doctores, ancianos, presbíteros. Y eran estos
testigos vivos, los garantes de su autenticidad.

Al reunir los diversos elementos aportados por la tradición y organizarlos en una historia de Jesús,

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Marcos abre el camino a un género literario nuevo que apenas tiene equivalente en otras literaturas. A partir
de entonces se van a componer muchos “evangelios”, pero el sentido cristiano realizará una selección entre
ellos y sólo se quedará con cuatro. Esta innovación correspondía a una necesidad: los testigos auténticos
comenzaban a desaparecer. Frente a las numerosas interpretaciones, a veces divergentes, que se daban
al pensamiento de Jesús, se hacía necesario procurar unas garantías y asegurar sus raíces en el pasado de
Jesús. Va a ser en el siglo II, cuando se va a emplear la palabra evangelio en plural (evangelios) para designar
a los cuatro escritos que tenemos, y a sus autores se les llamará evangelistas.

II. ETAPAS EN LA FORMACIÓN DE LOS EVANGELIOS

Sobre esto ya hemos adelantado algo en la introducción. En la formación de los evangelios hay tres
etapas:

1. Jesús de Nazaret (6 a.C. - 30 d.C)

Jesús nació en el reinado de Herodes, seguramente seis años antes del comienzo de nuestra era. Vivió
en Nazaret como un piadoso judío, practicando la ley según el espíritu de los fariseos, los más religiosos
entre los judíos. Hacia los años 27-28, después de ser bautizado por Juan Bautista, inaugura sus dos o tres
años de vida pública. Escoge algunos discípulos y, junto con ellos, proclama con palabra y sobre todo con los
hechos de su vida, la venida del reino de Dios.

Jesús no escribió nada como ya hemos dicho, excepto una vez cuando lo hizo en la tierra (Jn 8,8).
Habló, vivió, eso es todo. Y esto tiene su importancia. Lo mismo le sucedió a Sócrates que no escribió
nunca nada, sino que fue su discípulo Platón el que redactó las enseñanzas de su maestro. Y ahora se estudian
las obras de Platón, pero interesa la persona de Sócrates. Esto es más verdad aún en el caso de Jesús. En la
fuente de la buena nueva, del evangelio, está él, su persona. Si él hubiera escrito, quizás sentiríamos la
tentación de considerarlo solamente como un maestro de sabiduría. Como vivió, simplemente, plenamente,
hemos de acudir a su persona misma. Y fue esta persona, con todo su misterio, lo que impresionó a sus
discípulos. Condenado por los responsables religiosos, fue crucificado por los romanos, seguramente el 7 de
abril del año 30.

2. Las comunidades cristianas (alrededor de los años 30-70)

La resurrección de Jesús y la venida del Espíritu en Pentecostés permiten a los discípulos comenzar a
descubrir el misterio de Jesús. Estos discípulos siguen siendo judíos, pero forman en el seno de judaísmo un
grupo extraño: el de los testigos de Jesús resucitado. Tienen que mantener una doble fidelidad: a Jesús y a la
vida, que les plantea no pocas cuestiones. Para responder a éstas, se remiten a los recuerdos que tenían de
Jesús. Pero lo hacen a la luz de la resurrección. Esos recuerdos van tomando forma, sobre todo, entorno a tres
centros principales de interés:

a) los discípulos predican para anunciar a los judíos y luego a los paganos a Jesús resucitado: es el
grito de fe de los primeros cristianos;
b) los discípulos celebran al resucitado en la liturgia, sobre todo en la eucaristía. Con esta ocasión
toman forma muchos de sus recuerdos sobre Jesús;

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c) Los discípulos enseñan a los nuevos bautizados, recogiendo para ellos, los hechos y las palabras
de Jesús. Pronto se agregan nuevos discípulos a los primeros: Bernabé, los siete diáconos con Esteban y
Felipe, sobre todo Pablo; convertido hacia el año 36, llevará la buena nueva al Asia Menor, Grecia hasta
Roma.

Los paganos pueden desde entonces entrar en la Iglesia sin verse obligados a hacerse judíos
previamente: es lo que se decidió en el concilio de Jerusalén del año 50. El año 70 d. C. los romanos
destruyen Jerusalén. Algunos fariseos, reunidos en Yamnia (o Yabné al sur de Tel-Aviv), le dan una nueva
vida que continúa hasta hoy.

3. Redacción de los Evangelios (alrededor del 70-100 d.C)

Cuatro teólogos reúnen las tradiciones que ya se habían redactados y dan su testimonio sobre Jesús. El
evangelio según San Marcos recoge hacia el año 70 la predicación de Pedro en Roma. Intenta hacer ver que
Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, sobre todo a través de sus actos, especialmente sus milagros. El
evangelio según San Lucas se escribió hacia el año 80-90 para las comunidades compuestas sobre todo por
paganos convertidos. Muestra cómo, en Jesús, Dios visita a su pueblo y viene a manifestarle su cariño. Lucas
escribió un segundo tomo: Los Hechos de los Apóstoles, donde muestra cómo la palabra de la buena nueva,
llevada por los apóstoles bajo el impulso del Espíritu, llega a todos los rincones del mundo.

El evangelio según San Mateo se redactó seguramente entre el 80-90, en una comunidad de antiguos
judíos que se hicieron cristianos. Mateo ataca con viveza a los fariseos de Yamnia y muestra cómo Jesús
cumple las escrituras. Mateo y Lucas, en su intento por llegar al misterio de Jesús, se remontan hasta su
infancia, presentándola bajo la luz de su vida y de su resurrección. El evangelio según San Juan es una
meditación muy profunda sobre Jesús palabra (Verbo) de Dios. Escrito quizás entre el 95-100, muestra cómo
el crucificado está hoy vivo y nos da su Espíritu. A través de los signos que hace Jesús, hay que creer para
ver.

III. AMBIENTE HISTÓRICO EN TIEMPO DE JESÚS


El cristianismo nace en el seno de un pueblo que vivió una historia borrascosa. Los judíos vivían
esclavizados bajo el imperio romano. El poder político predominante era ejercido por funcionarios romanos.
Los romanos seguían invadiendo a las regiones judías. En vista de esto no quedaba otra cosa que atacar a
Roma, pero se veía imposible; es entonces cuando el pueblo judío torna su mirada hacia un Mesías, que cada
día tomaba fuerza y actualidad.

Pero a pesar de la invasión romana, no les impedían a los judíos mantener sus tradiciones
religiosas; pero era una estrategia política, porque de hecho Roma nombraba y removía a su antojo a los
Sumos sacerdotes y reyes. Palestina en el siglo I era una sociedad estructurada en clases sociales; tenían un
modelo de producción no capitalista. El estado romano retenía el excedente de la producción sobre todo a
través del control aduanero de todo movimiento comercial. Las clases sociales estaban conformadas por los
grupos dominantes y los grupos dominados, que eran la gran mayoría.

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1. Grupos dominantes

Pertenecían a este grupo los soberanos de la corte: la familia de Herodes, sus esposas, hijos,
concubinas, funcionarios del palacio. Adoptaron un estilo de vida altamente sofisticado semejante a las
formas de vida de la corte romana. Para poder sostener este número alto de población cortesana, suponía
recargar en trabajos e impuestos a las masas populares, rurales y urbanas.

Pertenecían también a este grupo los grandes comerciantes: latifundistas, hombres de la alta política,
los recaudadores de impuestos (publícanos). Generalmente tenían sus propiedades en el campo y su
residencia en la ciudad. Formaban parte de este grupo dominante la aristocracia sacerdotal, que estaba
dividida en cuatro categorías:

a) El Sumo Sacerdote en ejercicio. En él se concentraba todo el poder. En ausencia del rey, el sumo
sacerdote representaba al pueblo judío ante los romanos. Además era el presidente de Sanedrín.
b) Los sacerdotes en jefe, que estaban a cargo del culto y del servicio al templo, y además eran los
encargados de las finanzas. Estos dos grupos vivían en la zona residencial de Jerusalén, junto con los ricos;
eran grandes propietarios de tierra. Tenían el control del movimiento comercial y financiero a través de la
administración del tesoro del templo y acaparaban cargos políticos y administrativos.
c) Los sacerdotes del común, que se encargaban del culto ordinario del templo, y finalmente,
d) los levitas o clero menor, que no tenían ninguna influencia en el plano social y político;
pertenecían más bien al grupo dominado.

2. Grupos dominados

Aquí pertenecían una gran cantidad de grupos presentados en orden de importancia según los criterios
de la época.
2.1. Jornaleros agrícolas: son el sector con mayor significación económica; sobre ellos descansa la
mayor parte de la producción- Son los trabajadores del gran latifundio y posiblemente antiguos propietarios
campesinos.

2.2. Pequeños propietarios agrícolas: conservan sus antiguas propiedades, pero viven en extrema
miseria, fruto de la baja calidad de la tierra de que son dueños, y también del abusivo sistema de impuesto
que tenían que pagar.
2.3. Los esclavos: pertenecían a la servidumbre doméstica de las clases altas.
2.4. Los obreros urbanos: dedicados fundamentalmente a las labores de la construcción pública
financiadas con el tesoro del templo, o a las tareas de mantenimiento salarial despreciable.
2.5. Pequeños comerciantes y pequeños artesanos o jornaleros: éstos constituyen un alto listado:
zapateros, carpinteros, albañiles, perfumistas, tejedores, sastres, panaderos, carniceros, copistas,
peluqueros, lavanderos, etc. Vivían con lo mínimo para subsistir.
2.6. Los levitas: pertenecían también al grupo dominado; ellos eran del bajo clero, maestros populares
itinerantes por el campo y las aldeas iban enseñando. Normalmente estaban muy adentro de la problemática
popular. Su precaria situación económica los lleva a desempeñarse como artesanos.
2.7. La mujer: su situación era de ausencia total de derechos. Ante la ley judía era un ser disminuido, por
eso no podía participar en la vida pública. Las reglas de buena educación prohibían encontrarse a solas con
una mujer, y para un alumno de escriba constituía un deshonor hablar con una mujer en la calle. La mujer
debía pasar inadvertida en público.
2.8. Sobrepoblación: estaba constituida por los jornaleros sin trabajos; los enfermos, viudas y huérfanos

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que dependían de la caridad del templo. Muchos vivían de la mendicidad (cf. Lc14,21-24) .

3. Situación religiosa

En el tiempo de Jesús existían las siguientes instituciones religiosas:


a) La Sinagoga: era el lugar de reunión de los judíos. Nació durante el exilio babilónico; es el lugar que
había en cada aldea o ciudad, donde se reunían los sábados para rezar, leer la ley y los profetas (cf. Lc 4,16-
30).
b) El templo: es el centro de la vida nacional y religiosa de Israel. Fue construido y mantenido con el
aporte de los fieles; en el templo se realizaban los sacrificios ofrecidos a Dios. Todos los judíos estaban
obligados a visitarlos por lo menos una vez al año.
c) Los sacerdotes: descendientes de la familia de Aarón. Eran los encargados de cuidar el templo de
Jerusalén, donde ofrecían los sacrificios. Eran saduceos o fariseos; también habían sacerdotes escribas. Uno
de ellos era nombrado Sumo sacerdote, y era el que presidía el Sanedrín.
d) El sanedrín: era un senado compuesto por 71 miembros y presidido por un sumo sacerdote. Forman
parte del sanedrín: sacerdotes, ancianos y escribas. Tenían a su servicio algunos soldados con poder de juzgar
y castigar a los que cometían faltas en materia religiosa. Para condenar a muerte a alguien se necesitaba el
permiso del representante romano.

4. Grupos político-religiosos

Es difícil hacer una separación entre grupos religiosos y grupos político, ya que ambos campos eran
asumidos por un mismo grupo. Lo religioso iba muy unido a lo político y social.

4.1. Los Escribas

Ser escriba no era fácil ya que necesitaba muchos años de preparación. Eran los intérpretes de la
ley, teólogos, moralistas, juristas que lindaban con el escrupuloso legalismo. Podían ser sacerdotes o laicos.
Se ordenaban por imposición de manos y ejercían un gran poder en el pueblo. Se dedicaban al estudio de la
Escritura y la enseñaban a los demás. Para ellos la ley lo era todo y por eso chocaban con Jesús (cf. Mt 23,3:
Hagan lo que ellos dicen, pero no lo que hacen). y les recriminaba de frente: Hay de ustedes que cierran a
los hombres el reino, no entran ni dejan entrar. Mt (23,13) Para ellos la ley era el supremo valor: sólo la ley
salva; pero a juicio de Jesús esa ya no era la ley de Dios.

4.2. Los herodianos

No constituían un partido político ni una secta religiosa, sino que eran partidarios del rey Herodes,
cuya misión era denunciar a la autoridad romana todas las palabras hostiles que se decían contra el César de
Roma. Eran fervientes partidarios del tributo al César. Se trataba de familias de Galilea donde residía
Herodes, interesadas por el poder, aunque no participaran en la corte del tetrarca. Aparecen mencionados
en los evangelios (cf. Mt 22,16; Mc 3,6;12,13).

4.3. Los samaritanos

Eran un grupo reducido, localizado en Samaría, la actual Nablus que hasta el día de hoy existe una
población de samaritanos. Jesús se acerca a ellos y comienzan a convertirse al evangelio (Jn 4,5-42). Los
judíos los consideraban gentiles y continuamente surgían hostilidades con ellos. En realidad, étnica y

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religiosamente eran diferentes. Los samaritanos descendían de colonos asiáticos importados por los asirios
y tenían su propio templo en Garizim; mientras los judíos se consideraban descendientes de Abraham y se
gloriaban de su templo en Jerusalén.

4.4. Los saduceos

Los Saduceos no eran tanto una secta, sino un sistema de vida, contrapuesto a los fariseos. Los
saduceos, racionalistas de corte helénico (griego), se proclamaban liberales e innovadores, pero en lo
jurídico y lo cultural eran tradicionalistas hasta el extremo; sostenían que sólo había que atenerse a lo
estrictamente establecido por Moisés, a la tradición más pura; lo demás era para ellos invento de los fariseos.
No creían en la resurrección ni en nada que dijera que la vida podía prolongarse. Juan el Bautista los trata
muy duramente a llamarlo "raza de víboras" (Mt 3,7-10). Era una tendencia aristócrata no querida por el
pueblo. Pertenecían a esta corriente incluso algunos sacerdotes. Allí se albergaban las grandes familias
pudientes con gran influencia social y política. Su situación privilegiada les llevaba a apoyar en la práctica
al poder romano, a frenar las aspiraciones del pueblo y a considerar iluso todo lo que sonara a advenimiento
del reino.

4.5. Los fariseos

Surgieron en la insurrección de los macabeos dirigida contra la política helenista de los monarcas
seléucidas," separados" de las corrientes helenizantes. Los fariseos tenían influencia en los medios populares.
A través de las sinagogas intentaban que todos compartieran su afán de pureza y su amor a la ley que Dios
había dado a su pueblo. Apoyándose en sus escribas, enseñaban a las gentes las reglas que su tradición se
sacaba de la ley para las diversas circunstancias de la vida. La santidad para ellos no estaba solamente
reservada a los sacerdotes, oficiantes del culto, sino que afectaba a todos. Por otra parte, no limitaban su
atención únicamente a los miembros del pueblo elegido, sino que se preocupaban de los paganos. La buena
imagen que rodeaba a la religión judía entre la clase pagana culta no era sin duda extraña a este celo de los
fariseos y a su ideal altamente religioso. Eran muy contestatarios a la intromisión extranjera; tenían
una tendencia muy opuesta a los saduceos; rechazaban todo lo pagano, lo ignorante, lo extranjero y lo
helenista. Creían en la existencia de los ángeles, en la resurrección de los muertos y en el mesianismo, que
querían acelerar a través de su estricto cumplimiento. De los fariseos salían la mayoría de los doctores de la
ley y los maestros famosos.

Los fariseos eran hombres piadosos, y el pueblo los aceptaba muy bien, y por eso tienen
influencia. Políticamente odiaban a Roma y a Herodes; conocían bien la ley de Moisés y se esforzaban por
vivirlo, y consideraban como obligación suya difundirla a su alrededor, tal como lo hacían en la sinagoga. Es
una pena que se le haya caricaturizado como hipócritas, y esto es debido al texto polémico de Mt 23, que sin
duda firmarían muchos fariseos conscientes ellos mismos de su imperfección. Pero no todos los fariseos
eran como los del evangelio; en un grupo tan grande es inevitable de que haya de todos. Los mismos fariseos
sabían distinguir con humor un tanto cruel entre los "buenos" y los "malos" fariseos. Por eso tenemos:

1. Los anchos de espaldas: escriben sus acciones sobre la espalda para que los hombres les respeten.
2. Los "rezagados": con el pretexto de un precepto urgente que cumplir retrasan pagar a los obreros.
3. Los calculadores: se dicen que, como tienen ya muchos méritos acumulados, pueden permitirse el
lujo de cometer algún delito.
4. Los "ahorradores": se preguntan qué cosita pueden hacer para aumentar sus méritos.

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5. Los "escrupulosos": se preguntan por los pecados ocultos cometidos para compensarlos con
alguna buena acción.
6. Los fariseos del temor: son los que confían con todas sus fuerzas en Dios; es la actitud propia de
Job.
7. Los fariseos del amor: son los que actúan como Abraham, son por lo tanto los auténticos. Si duda
Pablo perteneció a este grupo de fariseos.
Su recelo del poder y su preocupación por la educación de las masas les dieron a los fariseos una
influencia enorme entre el pueblo, hasta el punto de que los jefes tenían que seguir siempre sus consejos. El
sumo sacerdote tenía que someterse a su decisión, incluso en un acto tan estrictamente religioso como el
acceso al Santo de los Santos el día del Kippur (expiación). Herodes el grande al parecer tuvo más
consideración con ellos que con los Saduceos. Cuando subió al trono liquidó a muchos de sus adversarios,
pero se contentó con imponer una multa a los fariseos que le negaban el juramento. En el siglo I de nuestra
era, los fariseos encuentran apoyo en los reyes Agripa I y II. Dada su influencia en el sanedrín, fueron
verdaderamente los defensores del pueblo y se presentan, como el primer partido tanto político como
religioso.

4.6. Los zelotes

Esto es, "celosos" de la vocación nacional, política y religiosa de Israel. Nacieron como una fracción
de los fariseos y se separaron de ellos. La causa de esto, se debió a que no aceptaban el pasivismo fariseos
frente a Roma. Sostenían que los hijos de Abraham estaban llamados a ser el primer pueblo de la tierra.
Proclamaban al Dios de los Padres, como Dios único, jefe y Señor de los patriotas. Esperaban que el
Mesías apareciera repentinamente, pusiera su trono en Jerusalén y sometiera políticamente a los romanos y a
las naciones todas. Aseguraban que, para alcanzar la supremacía política de Israel sobre los pueblos, había
que tomar las armas. El Nuevo Testamento se refiere a ellos algunas veces: menciona a un discípulo.
Judas, no el Iscariote, como antiguo miembro de esos grupos. Jesús, en un pasaje donde afirma que no se
puede racionalizar el mal, indirectamente pareciera declarar que la vía zelota conduce más a la muerte que a
la vida del pueblo (Mt10,4; Lc 2,2; 6,15; 13,1-5; Jn 9,3 etc.).

Se constituyeron en un grupo de resistencia frente a los romanos. En el censo mandado por Sulpicio
Quirino introdujeron a rebelión a aldeanos galileos convenciéndolos que ello significaba aceptar la
sumisión de la nación electa de Yahveh al sacrílego dominio de impuros extranjeros. El poder romano lo
reprimió. Hubo matanza y se dispersaron. Posteriormente, cambiaron de tácticas. Desde el clandestinaje
surgían, con puñal en mano atentaban contra los funcionarios del Imperio romano. Brigadas de vanguardias
se mezclaban entre los aldeanos para convencerles de no pagar el tributo al César, explicándoles el
mandato de la tradición mosaica que prohibía efigie humana en las monedas. Boicoteaban todo lo que
representara presencia romana en Judea: destrucción de lugares, monumentos y escudos. Estos nacionalistas
usaban todos los medios como legítimos contra el imperio.

Hay autores que sostienen que algunos discípulos de Jesús habrían pertenecido a este grupo
revolucionario. Se habla de Judas Iscariote, que estaría relacionados con los sicarios, que era un grupo
revolucionario que sabían usar muy bien el puñal (de allí el nombre de "sicarios", de "sica": puñal). Se
ofrecen tres posibilidades de derivación del nombre "Iscariota" dado a Judas:

1) Le llaman así por su lugar de origen: el de Ceriot, ciudad de Judea meridional mencionada en Jos

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15,25, y cuya localización exacta es difícil de determinar. Judas entonces, incluso por su origen, sería un
extraño.
2) Se relaciona Iscariote con Sicarius. Según eso, Judas estaría también relacionado con el
movimiento de los zelotas o sicarios.
3) Se entiende Iscariote como nombre motivado (hombre de falsedad). Entonces, la comunidad
cristiana le habría dado posteriormente ese nombre. Según Jn 6,71; 13,2.26 habla del padre de Judas llamado
Simón Iscariote. Aquí lo de Iscariote está asociado con el nombre del padre. Esto hablaría a favor del nombre
del lugar Ceriot. El número dos es poco probable que Judas haya pertenecido a ese grupo, ya que estos
grupos tuvieron su apogeo hacia los años 60 d.C. También se ha dicho lo mismo de Pedro. Según Mt 16,17
Pedro recibe el sobrenombre de Barjona, ya que a los celotes se los llamaba así. Pero resulta que los celotes
recibieron ese nombre mucho más tarde del nacimiento de los evangelios. Por tanto no tiene fundamento de
peso, sobre todo si tomamos en cuenta a Jn 1,42; y 21,15 donde se habla de Simón Hijo de Juan. En cambio,
el otro Simón del grupo de los Doce, con su sobrenombre de "el cananeo", que Lc 6,15 traduce
acertadamente por "el fanático", aparece como zelota. Pero tampoco clarifica bien si ese apodo es por haber
pertenecido a los celotes, o por ser “celoso” de su fe en Cristo. Por falta de datos precisos y por prudencia,
creemos que es totalmente gratuita la afirmación de algunos autores que ven en algunos discípulos de Jesús
como revolucionarios armados.

4.7. Los esenios

La Biblia no los menciona explícitamente. Sabemos algo de ellos por algunos historiadores antiguos,
como Flavio Josefo, Filón de Alejandría y Plinio el viejo. Eran confraternidades religiosas, nacidas hacia la
mitad del siglo II a.C. que se diseminaron en varios puntos del desierto. Tenían como centro principal el oasis
de Engaddi, en la orilla occidental del Mar Muerto. Eran en total unos 4.000. El nombre de "esenios" puede
provenir del arameo hassaya, que significa "piadosos". Aunque en la práctica habían huido del sistema del
judaísmo oficial, todo su género de vida se inspiraba en el más auténtico patrimonio hebreo.

Corrientes extrañas a Israel quizás influyeron en sus orígenes, ya que creían en la preexistencia del
alma, algo ignorado en el judaísmo, y practicaban el celibato, asunto nunca estimado por los israelitas.
Además de considerarse de la raza de Abraham, adoraban a Yahveh, veneraban en sus corazones a Moisés y
esperaban el advenimiento del reino de Dios. Eran asiduos en el estudio de la ley, y observaban durante todo
el día un silencio habitual. Guardaban gran respeto por el día sábado; y para mantener su vinculación con
todo Israel enviaban variadas ofrendas al templo de Jerusalén.

Impresionaba su práctica de la oración, centrada en una gran plegaria colectiva cada mañana
temprano, y el sábado, acompañando la lectura y explicación de la ley. Ninguno tenía casa propia; los bienes
lo ponían en común y elegían entre ellos funcionarios para administrarlos. Estos bienes eran fruto de su
trabajo. El vestido consistía en un taparrabos y en una túnica blanca ceñida por una cuerda. Esta túnica
simbolizaba la pureza que preocupaba constantemente al esenio. Su alimentación era sencilla, y lo extraían
de vegetales y animales del desierto. La comida constituía todo un rito: bendición de los alimentos por el
sacerdote, y una acción de gracias al final. Entre ellos estaba prohibido el comercio, la fabricación de armas y
la esclavitud. Los rollos encontrados en 1947 en las grutas junto al mar muerto, denominados manuscritos
de Qumrán, aportan muchos datos sobre los esenios, y sobre la posible influencia de éstos en la literatura
neo testamentaria.

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4.8. JUAN BAUTISTA

En medio de esta panorámica tan convulsionada aparece Juan el Bautista, el gran profeta que cierra el
Antiguo Testamento y da inicio al Nuevo. El viene desde el desierto donde había recibido la Palabra de Dios
(Lc 3,2). Predica en el desierto y hace un llamado a conversión en vista al perdón de los pecados. Predica un
cambio, un nuevo camino para el pueblo de Dios basado en la justicia a través del Bautismo (Mt 3,1-2; Me
1,4;Lc 3,3). Juan era un hombre de vida pobre: vestía de pieles de animales y se alimentaba de especies
vegetales y silvestres (Mt 3,4; Mc 1,6). En medio de la multiplicidad de purificaciones practicadas por los
judíos surge Juan, pobre, desde el desierto predicando un único bautismo (Mt 3,6; Mc 1..4-5; Lc 3,3).

Pero la predicación de Juan el Bautista no era lo principal los avisos particulares e indicaciones
prácticas concretas. Esto sin duda importaba mucho. Juan no predicaba tanto una moral o ética, sino una
conversión histórica. Su llamado a la conversión, al cambio de vida, estaba basado en imperativos
escatológicos. El reino de Dios está cerca (Mt 3,2), esto es, el juicio de Dios está próximo (Mt 3,7; Lc 3,7),
porque el hacha está puesta en la raíz de los árboles y todo árbol que no de buen fruto será cortado y echado
al fuego (Mt 3,10; Lc 3,9). Todos se han olvidado prácticamente de la inminencia del Reino de Dios, es
decir, nadie hace frutos de arrepentimientos (Mt 3,8, Lc 3,8). Basta con mirarlo: uno tiene dos túnicas y el
otro no tiene con que vestirse; uno tiene que comer y el otro no (Lc 3,11); el cobrador de impuesto cobra más
para beneficio propio (Lc 3,13); Herodes se da el lujo de vivir en concubinato público con la esposa de su
propio hermano Filipo (Mt 14,3; Mc 6,17; Lc 3,19).

Se hace necesaria la conversión, el cambio (Mt 3,2), vale decir, éste es el momento de dar frutos de
arrepentimiento (Mt 3,8); el nacimiento del pueblo de la promesa es hoy posible. Y bautizarse es aceptar la
conversión, esto es, confesar los pecados y comenzar a dar frutos de arrepentimiento (Mt 1,4; 3,6; Mc 1,5;
Lc 3,3), aunque este bautismo sea sólo con agua juntos a las piedras del Jordán (Mt 3,11; Lc 3,16; Jn 1,26).

Algunos han querido ver a Juan como que habría permanecido antes a los esenios, pero existen
algunas convergencias entre la figura del Bautista y la comunidad de Qumrán, que pueden explicarse también
por la cercanía geográfica entre el lugar de la actividad del Bautista y el asentamiento de los esenios en las
orillas del mar Muerto. Pero también hay muchas diferencias, como el carácter espiritual y ético de
la conversión predicada por el Bautista abierta a todos los hombres, las características originales de su
bautismo como signo de cambio interior radical, los rasgos proféticos de la vida ascética del Bautista y el
reconocimiento de Jesús como Mesías. Estas cosas lo hacen ser diferente a los esenios. Más bien hay que ver
al Bautista como un personaje único de la historia de Palestina.

IV. LA CUESTIÓN SINÓPTICA

Como hemos dicho antes. Jesús pudo haber escrito pero no lo hizo. El recuerdo de su vida y de su
obra se ha perpetuado por escrito en cuanto libros o relatos que la Iglesia tiene como canónicos, es decir,
como garantizados por el Espíritu Santo, que inspiró a los autores su redacción. Son los evangelios:
según San Mateo, según San Marcos, según San Lucas y según San Juan. Los tres primeros reciben el
nombre de “evangelios sinópticos” porque se puede distribuir su texto en columnas paralelas, de modo que
coinciden los pasajes que relatan los mismos hechos o palabras de Jesús, y a simple vista se pueden ver las
semejanzas y diferencias entre los tres libros (del griego syn-opsis, que significa mirar conjuntamente).

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Esta denominación se ha dado a partir del sigloXVIII.

Los cuatro evangelios coinciden en muchos rasgos, pero no pocas veces difieren, incluso en cosas de
importancia. Estos elementos semejantes y diferentes se refieren al material, al orden de colocar este
material, al vocabulario y a las frases que usan cada uno de los evangelios. En el orden del material, Marcos
tiene 661 versículos de los que son propios solamente 30, ya que los demás son paralelos a los otros
evangelistas. Mateo tiene 1068 versículos, de los que son propios unos 330; 600 son comunes con Marcos.
Lucas tiene 1149 versículos; de ellos 548 son propios y 350 comunes con Marcos y Mateo. Pero Lucas tiene
235 versículos comunes que no están en Marcos.

Con respecto al orden de la narración, en los tres evangelios se halla el mismo esquema de la vida
pública de Jesús. Empieza con la aparición de Juan Bautista y el bautismo de Jesús. Luego cuentan una
actividad más larga de Jesús en Galilea, teniendo a Cafarnaúm como centro; un viaje pasando por Perea, a la
Pascua de la Pasión y una estancia en Jerusalén, y terminan con la muerte y sepultura de Jesús.

En cuanto a las diferencias entre los relatos sinópticos de un mismo hecho o de un mismo discurso
son frecuentes. Veamos algunos ejemplos. El Padrenuestro está narrado en dos contextos totalmente
diferentes: en Mt 6,9ss se encuentra dentro del Sermón de la montaña, y en Lc ll,2ss, un día en que los
discípulos piden a Jesús que les enseñe a orar; además la plegaria tiene en Lucas dos peticiones menos que
Mateo. Cuando se presenta Jesús en la sinagoga de Nazaret y toma allí la palabra. Según San Lucas este
hecho ocurrió al principio de la vida pública de Jesús. En cambio para Mc 6,lss y-Mt 13,55ss, ya bien
avanzada la misión en Galilea, poco antes de la decapitación de Juan Bautista. ¿Quién habla con Jesús
para pedirle que sane a un muchacho enfermo? Para Mt 8,5 fue el centurión; para Lc 7,3 fueron unos
ancianos enviados por el centurión. Si el relato de Jn 4,46ss se refiere al mismo milagro, las diferencias de
los dos relatos precedentes son bien grandes.

¿Quién compró el campo del alfarero con las treinta monedas de plata en que Jesús fue vendido?
Para Mt 27,7 fueron los sacerdotes; en cambio para Act 1,18 fue Judas en persona antes de suicidarse. Hay
diferencias notables entre las dos genealogías de Jesús que aparecen en Mateo y Lucas. Mt l,lss, parte de
Abaraham hasta llegar a Jesucristo; mientras que en Lucas se remonta hasta Adán (Le 3,23ss). Los tres
sinópticos (Mt-Mc-Lc) narran la escena de Cesárea de Filipo, en que Pedro confiesa a Jesús como Mesías, el
Hijo del Dios vivo (Mt 16,13; Mc 8,27ss; Lc 9,18ss), pero sólo en Mateo figura la narración de la importante
promesa que Jesús hace a Pedro de constituirlo en roca que va a edificar su Iglesia. Hay diferencias hasta en
las palabras en la Institución de la eucaristía (Mt 26,26s y Mc14,22s por un lado, y Lc 22,19s y ICor ll,23s
por otro).Verdaderamente importante y difíciles de armonizar son las diferencias entre los distintos relatos de
las apariciones de Jesús resucitado con que termina todos los evangelios.

Las diferencias entre los Sinópticos y San Juan son mucho mayores. Los sinópticos presentan una
vida pública de Jesús que podría caber en el ámbito temporal de un año escaso: hablan sólo de la celebración
de una fiesta de Pascua y de un viaje a Jerusalén, Juan precisa mejor el marco cronológico y geográfico de la
vida pública de Jesús: habla de tres pascuas y una fiesta innominada, que podría ser otra pascua, lo que da
por lo menos dos años y medio de vida pública. Informa, además, de cuatro viajes de Jesús a Jerusalén. Juan
es también más exacto y más prolijo en detalles que los sinópticos en el relato de la Pasión.

De los 29 relatos narrados por los sinópticos, Juan repite solamente dos: la multiplicación de los
panes, y el caminar sobre las aguas (Jn 6,1-21), o a lo sumo tres, si el de la curación del funcionario real (Jn
4,43-54) es lo mismo que el narrado en Mt 8,5ss.

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En cambio relata minuciosamente otros milagros tan importantes que es raro que los sinópticos no digan
nada, como es: las bodas de Cana (Jn 2,lss), la curación de un paralítico de la piscina probática (5,lss), la de
un ciego de nacimiento (9,lss) y la resurrección de Lázaro (ll,lss). Se cuentan, pues, siete milagros, y
siete es un número simbólico que encanta a Juan. Es curioso que el cuarto evangelio no haya recordado ni
una sola curación de endemoniados.

La estructura de los discursos es también notablemente diversa en unos y otros. Los discursos de
Jesús en los sinópticos reúnen sentencias seguramente pronunciadas en momentos y ocasiones diversas y
abundan las parábolas. En Juan, los discursos tienen unidad temática, y hay en ellos, con frecuencia un
diálogo vivo con los interlocutores. Jesús se expresa con alegorías, pero no con parábolas.

Una vez visto las diferencias y semejanzas, podemos preguntarnos, ¿A qué se debe todo esto?
¿Significa que los evangelistas conocieron otras fuentes escritas para redactar su evangelio? Aquí entra a
actuar, la llamada cuestión sinóptica, que es la cuestión sobre las relaciones de dependencia entre los
sinópticos. ¿Cómo se explica todo esto? Dada sus amplias coincidencias, los evangelios no pudieron nacer
independientemente unos a otros. Pero también hay que explicar las divergencias que aparecen al respecto.

Diversas soluciones han sido propuestas para resolver este problema literario, pero hay que advertir,
que se trata solamente de hipótesis que no han llegado a solucionar todo el problema. Hago una presentación
de las más importantes y fáciles de entender.

1. Un evangelio primitivo

Esta teoría fue propuesta en 1778 y continuada después por otros estudiosos de la Biblia. Esta consiste
en decir, que los tres sinópticos han recurrido a una fuente común más primitiva. Se trataría de un evangelio
escrito en hebreo o arameo, de rico contenido, explotado y traducido al griego por los tres sinópticos.
Esta hipótesis no explica muchas cosas, y por otro lado no hay ningún testimonio antiguo ni moderno sobre
la existencia de un evangelio primitivo.

2. Hipótesis de las narraciones (diégesis)

Propuesta en 1807; Consiste en afirmar que al principio existían escritos sueltos de discursos y relatos
(cf. Lc 1,1). Nuestros evangelios serían escritos basados en estos fragmentos, y lo habrían redactado a
su manera. El problema es cómo esta teoría explica el plan o esquema general, que es ampliamente el mismo
en los tres evangelios.

3. La tradición oral

Esta hipótesis fue iniciada en 1797. Consiste en afirmar que los tres evangelistas bebieron únicamente
de la tradición oral, que por razón de la catequesis, tomó ya muy tempranamente formas fijas. Con esto no
parecen explicarse las semejanzas en el texto y en el orden de las largas secciones. Parece que han tenido que
existir dependencias literarias.

4. Hipótesis de las dos fuentes

Según esta hipótesis, el evangelio más antiguo es el de Marcos, el cual fue utilizado por Mateo y

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Lucas. Esto significaría que Marcos es fuente, y por lo tanto no sabemos de dónde sacó material para
elaborar su evangelio. Esto explica los relatos que son comunes a los tres evangelios sinópticos. Pero, tanto
Mateo como Lucas tienen pasajes que son comunes a los dos y que no aparecen en Marcos. La explicación
estaría que tanto Mateo como Lucas conocieron otra fuente que los estudiosos llaman la fuente Q (de la
primera letra de la palabra alemana Quelle que significa fuente), perdida para nosotros, que contenía
principalmente discursos, y ambos utilizaron además tradiciones peculiares. Entonces, tanto Marcos como
Q serian las fuentes que utilizaron Mateo y Lucas .Pero también hay que recordar que hay material que
solamente aparece en San Mateo. Los estudiosos dicen que Mateo además de utilizar a Marcos y Q conoció
otra fuente llamada M. Los mismo sucede con Lucas que tiene relatos propio, significaría que conoció una
fuente, la que se le da el nombre de "fuente L".Mateo y Lucas parece no haberse conocido, ya que si, se
hubieran mutuamente utilizado, sería difícil comprender sus diferencias en la historia de la infancia, en las
genealogías, en la narración de la pascua, etc. Si bien, esta hipótesis no logra tampoco explicar del todo la
cuestión sinóptica, sin embargo es la más aceptada por todos, aunque con algunas precisiones.

A. EL MATERIAL SINÓPTICO

Ahora haré una pequeña presentación del material que encontramos en los evangelios sinópticos
(Mt-Mc-Lc), distribuidos en dos secciones: el material narrativo y el material didáctico. No hay que olvidar
que cuando se lee los evangelios nos encontramos con varios géneros literarios, e incluso el mismo evangelio
es un género literario.

1. MATERIAL NARRATIVO

1.1. Las Anécdotas

También se le conoce con el nombre de "Palabras encuadradas", "paradigmas", etc. Desde el


punto de vista literario son: narraciones cortas, breves y bien terminadas. Se narra por ejemplo, como Jesús
ha respondido a una pregunta que le han hecho. Las anécdotas están escritas en un estilo edificante. Lo que
interesa en una anécdota es la palabra de Jesús; por lo tanto, se trata de un dicho que va condensada una
enseñanza. La característica principal es, que termina siempre con la palabra de Jesús. La narración por lo
general es breve y sencilla, lo cual se eliminan todos los relatos inferiores para hacer destacar el dicho de
Jesús que era de interés permanente para los primeros cristianos.

Corresponde a este género literario, entre otros: Mc 2,23-28; 3,1-6; 14,3-9; 7,5-15; Lc 7,18-23;
9,57-62; 6,4ss; ll,27ss; 14,1-6; Mt 17,24-27; Mc 3,51; 2,18etc.

1.2. Historia de milagros

También se le da el nombre de "relatos maravillosos". Este género literario tiene una finalidad: revelar
y manifestar la divinidad y el poder sobre humano de Jesús, es decir, su misión de taumaturgo (que hace
grandes cosas). Pero no basta que figure un milagro en el relato para hablar de este género literario de
"historia de milagro". Los rasgos característicos de este género literario es el siguiente: reúne datos, se ponen
las circunstancias. En las curaciones se reconocen tres etapas:
a) siempre comienza este relato con la presentación del enfermo y su enfermedad, y muchas veces se
describen los malos intentos que han utilizado para curarlo;

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b) se describe propiamente la curación con mayores y menores detalles acerca de los medios que Jesús
ha utilizado para efectuar la curación;
c) la descripción de la mejoría a través de la consecuencia, por ejemplo en nuevo comportamiento de
enfermo. También se narran las circunstancias de quienes son testigos de tal enfermedad.

Estamos en presencia de un relato maravilloso, cuando es evidente el objetivo del relato: mostrar el
poder de Jesús. Varios relatos de historia de milagros sobre todo en Marcos tienen carácter anecdótico, como
es el caso de Mc 2,3-12, lo cual dificulta a veces distinguirlo bien. Corresponden a este género literario: Lc
11,14; Mt 12,22-24; Mc 1,23-27.29-31.40-45; 2,3-12; 5,1-20.21-43; 7,32-37; 8,22-26; 9,14-29; 10,46-52;Lc
5,1-11.

1.3. Relatos de la Pasión

Desde el punto de vista literario, estos relatos fueron narrados como un relato continuo. Comparando
los cuatro relatos de la Pasión, nos podemos dar cuenta, que la historia de la Pasión como aparece en Marcos
tiene un carácter histórico, porque desde el punto de vista literario es conexo. En Juan, el relato de la Pasión
tiene una estructura semejante a la de los sinópticos. Desde el punto de vista de la historiografía, encontramos
en los cuatro evangelios, el curso de los acontecimientos narrado en un plano coherente y caracterizado
por las notas de sobriedad y realismo. El relato de la pasión tiene un carácter teológico: los sinópticos lo
presentan como expiación, es decir, quieren probar que todos estos acontecimientos son para redimir,
salvar, pagar; mientras que en Juan, sin negar el carácter expiatorio, es presentado con un tilde
marcadamente glorificatorio, es decir, la muerte de Cristo presenta el aspecto de gozo, felicidad y gracia.
Los textos: Mt 26,1-28,8; Mc 14-16; Lc 22-23; Jn 18-19.

1.4. Relatos biográficos

Estos relatos se pueden contar fácilmente, ya que son pocos. Pertenecen a este género literario: La
Infancia de Jesús (Mt 1-2, Lc 1-2); el bautismo (Mt 3,13-17; Mc 1,9-11; Lc 3,21-22); las tentaciones en el
desierto (Mt 4,1-11; Mc 1,12-13; Lc 4,1-13); la confesión mesiánica de Pedro (Mt 16,13-20; Mc 8,27-30; Lc
9,18-21); la Transfiguración de Jesús (Mt 17,1-9; Mc 9,2-13; Lc 9,28-36), y la entrada mesiánica de
Jesús a Jerusalén (Mt 21,1-10; Mc 11,1-11; Lc 19,29-38; Jn 12,12-19).Desde el punto de vista literario se
puede decir que no son ilustrativos de la enseñanzas y el poder de Jesús, lo cual corresponderá a la exégesis
de cada uno para determinar su contenido real. Tiene su centro de interés en la relación de la vida misma de
Jesús, y su número como lo hemos visto es reducido.

2. MATERIAL DIDÁCTICO

2.1. Las sentencias

Las sentencias son dichos de Jesús transmitidos sin ninguna vinculación y relación determinada.
Estos dichos se transmitieron sin estar ubicado en un marco necesario para ser entendido, para leer un dicho
no es necesario leer el contexto, ya que se puede sacar y entender sin tener presente el contexto,
ejemplos: Mc 9,40; 9,50. Estos dichos fueron entendidos así por los evangelistas y le colocaron en un
contexto determinado. Textos que pertenecen a este género literario: Mc 9,41.42.49.50a.50b; Lc
12,32.33-34.49.50.51-53.54-56.57.58-59. Podemos clasificar este género literario en dos partes: a) sentencias
de tipo popular: Mc 2,17; 9,50; Lc 4,23; 5,39; 6,39; 10,7b; Mt 6,34b; 10,16b.31; 12,34b; 24,28; b) sentencias
de tipo erudito: Mc 2,27; 7,15; 8,35; 10,42-44; Lc 9,62; 12,3.47-48; 14,11; Mt 6,22-23.24; 7,6; 10,24-

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25.28;

2.2. Las estrofas

Se trata de un método didáctico. Son agrupaciones de dichos que no tienen carácter de artificialidad
como es el caso de las sentencias. Por lo tanto poseen una unidad temática entre ellas, ya que no se puede
entender un dicho separado de otro, sino a través del contexto. En Marcos sólo aparece en 9,38-42.49-50; en
cambio en Mateo y Lucas es muy abundante, ejemplos: Lc 6,20-21; Mt 5,3-10; Lc 6,32-34; Mt 5,46-47;. Lc
6,47-49; Mt 7,24-27; Lc 11,9-13; Mt 7,7-11; Lc 11,31-32; Mt12,41-42; Lc 11,42-48; Mt 23,1-32; Lc 12,22-
28; Mt 6,25-30; Lc13,24; Mt 7,13-14.

2.3. Las parábolas

Las parábolas constituyen un método pedagógico de enseñanza, la parábola es diferente a la


alegoría. En la alegoría se pueden encontrar diversas enseñanzas, en cambio, en la parábola solamente hay
una sola enseñanza. Las parábolas de Jesús son su misma enseñanza basado en la realidad concreta de la
vida. Fue un vehículo importante para la enseñanza en el mundo hebreo, por eso son numerosas en el
Antiguo Testamento, sobre todo en los libros históricos (cf. Jue 9,8-15; 2Sam 12,1-4; 14,4-14); también se le
encuentra en los libros proféticos (Is 5,1-6; 28,23-29; Ez 19,1-9) y en los libros sapienciales (Pr 5,15-19). Y
en el Nuevo Testamento se le encuentra en los evangelios sinópticos. Algunas son breves (Lc
13,18ss;20,21; 15,4-6); otras son medianas (Mt 7,24-27), y las extensas, tales como la del "hijo pródigo"
(Lc 15,11-32); el buen samaritano (Lc 10,29-37); el fariseo y el publicano (Lc 18,9-14), y todo el capítulo 13
de Mateo donde encontramos las parábolas del reino.

B- CÓMO FUERON REDACTADOS LOS EVANGELIOS

Los sinópticos fueron redactados unos 30 a 40 años después de la muerte de Jesús; el de San Juan, por
lo menos medio siglo más tarde. Se trata de obras que fueron escritas después de ser maduramente meditadas,
y no hecha en forma rápida como podía ser un reportaje periodístico de los hechos y dichos de Jesús. Lo que
nos lleva a pensar esto, es sin duda lo que nos cuenta San Lucas en su prólogo (l,1ss), donde explica su
método de trabajo y la finalidad de su empeño. Sin duda que el método y la finalidad de los demás
evangelistas a sido muy semejante.

El prólogo de Lucas desarrolla algunos puntos importantes:

a) Un evangelio es una obra literaria. El autor ha investigado, seleccionado materiales con


espíritu crítico y ordenado el resultado de su búsqueda. En definitiva, ha hecho una obra marcada por su
propia personalidad.

b) Para redactar ha recurrido a documentos escritos relativamente numerosos, pues han sido
muchos quienes antes que él intentaron narrar la vida y obra de Jesús.
c) Estas fuentes escritas están en acordes con una tradición oral, garantizada por el testimonio de
hombres que vieron y oyeron al Señor, y con la predicación de misioneros que extendieron por el mundo
la buena nueva, bajo la dirección de los apóstoles.
d) Finalmente, el autor no oculta su Intención. Es un hombre de fe, que con su obra quiere comunicar

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a otros esa fe. No es un historiador frió y distante, sino un entusiasta de ser protagonista de su relato. Desea
dar a conocer, a su lector la solidez de las enseñanzas recibidas acerca del Señor.

Los evangelios no son colecciones de fotografías, ni tampoco narraciones interpersonales de


hechos desnudos, sino que son obras literarias donde cada evangelista tiene una personalidad definida, y
como cualquier otro escritor, bueno o malo, imprime necesariamente el sello de esa personalidad en su obra.
Los evangelios dependen de una tradición oral y escrita. Debido a esto, los hechos tienden a sufrir
modificaciones.

Marcos es seguramente el más antiguo de los evangelios. Escribe pensando que Jesús es el Hijo de
Dios a pesar de su muerte ignominiosa. La tradición considera que este evangelio es obra del propio Marcos,
es decir, del Juan Marcos que aparece mencionado en Act 12,12.25. Este evangelio es rudo y breve, lleno de
detalles pintorescos y se fija más en los hechos que en las palabras de Jesús.

Mateo es un escritor que elabora mejor su evangelio. Tras unas noticias de la Infancia de Jesús,
ordena la vida del Señor en episodios cortados por cinco discursos. La ley es suplida por la predicación de
Jesús. Se trata del evangelio obsesionado por el cumplimiento del Antiguo Testamento, y es el más duro
contra los judíos.

Lucas, es el escrupuloso investigador, presenta los hechos en un orden cronológico más exacto que
Mateo y Marcos. Predica a los gentiles, y su evangelio está lleno de alegría y de misericordia; y sin
olvidar que desde el punto de vista literario este evangelio es el más elegante de todos.

Juan, por su parte, aunque su evangelio se aparta del esquema de los otros tres, sin embargo resalta
aspectos muy importantes, como es el simbolismo, y además se le llama con mucha frecuencia evangelista
"del amor", ya que le dedica bastantes páginas a este tema.

La simbología cristiana de los primeros siglos del cristianismo, a partir de textos bíblicos tomados de
Ezequiel 1,5-10 y Apocalipsis 4,7, atribuyó a Mateo la figura de un ángel u hombre con alas en alusión al
carácter humano con que presenta a Cristo. A Marcos le atribuyó el león con alas, evocación de la “voz que
grita en el desierto” con que comienza y símbolo de la resurrección con que concluye. A Lucas se le atribuyó
un toro con alas de acuerdo a la función sacrificial del templo de Jerusalén con que comienza y al sacrificio
nuevo y definitivo de Cristo. Y a Juan, el águila por la profundidad del mensaje de Cristo y por iniciar su
escrito hablando del origen celeste de Cristo.

LOS EVANGELIOS SINOPTICOS

1. Evangelio de San MATEO

El Evangelio de San Mateo ha sido el más querido y valorado en la Iglesia hasta el siglo XVIII, cuando
la Iglesia comenzó a darle importancia también a los otros. Se le ha considerado como el "evangelio
eclesial", no sólo por ser el único que utiliza el término Iglesia, sino también porque es el testigo de una
comunidad cristiana consciente de haber sido fundada por Jesús de Nazaret y de vivir de su presencia como

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resucitado La atribución de este escrito al apóstol Mateo es universal en la Tradición, desde los
primeros siglos del cristianismo. Se cree que se trata de Mateo Apóstol, aquel publicano que fue llamado
por el Señor a su seguimiento (Mt 10,3; 9,9). Este publicano es llamado Leví por Marcos 2,14 y por Lucas
5,27, y Mateo por el propio Mt 9,9. La Tradición pensaba que el evangelio de Mateo se dirigía, según la
opinión de los Santos Padres más antiguos "a los creyentes venidos del judaísmo", lo que ha sido
confirmada por los estudiosos actuales: Mateo es por excelencia el evangelio palestiniano. Mejor que
Marcos y que Lucas evoca el medio en que vivió Jesús; más aún: la manera como lo evoca revela el medio
donde fue escrito. Se reconoce por el vocabulario que utiliza, las costumbres que relata, las tendencias
teológicas que costumbres judías de la época, por eso que no las comenta.

El evangelio de Mateo, por un lado se relaciona con una forma de pensar judía, y por otra, tiene
una apertura universalista, es decir está dirigido a la gran cristiandad de la Iglesia universal (8,llss; 25,31-
46; 21,43; 28,18ss.). Parece retirarse del Israel histórico, y considerar a la comunidad cristiana como el
verdadero Israel. Con todo, muestra un vivo interés por el judaísmo y una vinculación con su tradición. Hay,
además, una clara polémica contra la capa de rabinos-fariseos, a los cuales trata muy mal.

1.1. Vocabulario y enseñanza

Su vocabulario es netamente palestino. Solamente aquí encontramos expresiones netamente judías,


tales como: "Reino de los cielos", "mi Padre", "nuestro Padre" (5,16.45; 6,1,, 8) "cumplir la ley" (5,17);
"la carne y la sangre"(16,17); "atar y desatar" (16,19; 18,18) para designar sea una excomunión, sea una
decisión de orden doctrinal y jurídico; "la ciudad Santa"(4,5 ), la "condenación en la gehena” (23,33).
Además usa expresiones netamente judías y no las traduce: raka (5,22) o mamonas (6,24), giros como "de
estos dos preceptos dependen la ley entera y los profetas" (22,40), "soy inocente de la sangre de este justo"
(27,24), "la consumación del siglo" (24,3), "las tinieblas exteriores, y el crujir de dientes, etc.

Su enseñanza es como la de una escuela catequética y misionera del cristianismo primitivo,


familiarizada con la exégesis judía y con su tradición de enseñanza. El evangelio de Mateo pretende
transmitir la enseñanza de Jesús a las comunidad de discípulos, congregados desde todos los pueblos, cuyo
Señor con pleno poder es Jesús (28,18-20). En el evangelio se muestra quien es ese Señor y cuál es la tarea
de sus enviados. No está en el centro cómo hacer discípulos, sino cómo conservar esa calidad. En este
sentido, la contraposición de Marcos entre fe e incredulidad, se transforma en Mateo, entre fe y poca fe.

Más que el Jesús exorcista de Marcos, es el Maestro actual que juzgará conforme a su enseñanza. Es la
historia actualizada del poder de Jesús en la enseñanza, en hechos que despiertan la fe y en dichos de perdón
de pecados. Mateo reflexiona sobre el camino hacia los paganos. Respecto al nuevo Israel (la Iglesia) usa la
Escritura, y la enseñanza es la de Jesús; es la interpretación autoritativa de la ley, válida en un trasfondo de
discusiones con sus enemigos.

1.2. La estructura de Mateo

La estructura del evangelio de Mateo podemos hacerlo en tres pasos:

a) Jesús inserto en su pueblo

No hay que olvidar lo que ya hemos dicho antes: este evangelio es escrito por un judío y destinado a

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una comunidad judía. Encontramos muchos elementos que tienen relación con el Antiguo Testamento.- Jesús,
Hijo de David y de Abraham;- nacimiento por genealogías a través de José, lo lleva a David (Mt 1,23 cf. Is
7,14);- Nace en Belén (Mt 2,5 cf. Miq 5,1);- vuelta de Egipto (Mt 2,15 cf. Os 11,1);- matanza de los
inocentes (Mt 2,16-18 cf. Jer 1,15);- se le llamará Nazareno (Mt 2,23 cf. Is 11,1; 53,2);- sus obras y milagros
(Mt 8,16-17 cf. Is 53,4);- enseña en parábolas (Mt 13,35 cf. Sal 77,12);- entra en Jerusalén (Mt 21,4-5 cf. Zac
9,9);- fue entregado (Mt 27,9-10 cf. Zac 32,6-10) .Todo esto lo resume Jesús en Mt 26,54. La vida de Jesús
para Mateo es inserción en su pueblo, y lo hace a través de ese recurso literario: aludiendo a la Escritura.

b) Jesús rechazado por su pueblo

Comenzó su ministerio en Cafarnaúm (13,1). Cafarnaúm lo rechaza (13,58); Jesús va a Nazaret y


también sus habitantes lo rechazan (13,58). La lucha fuerte se lo hacen los escribas y fariseos (Mt 23);
Jerusalén también lo rechaza (23,37); lo rechaza el senado (26,57-68). En la escena ante Pilato, lo rechaza el
pueblo, ya que todos piden crucificarlo.

c) Apertura de Jesús a todos los hombres

Jesús funda otro Israel (Mt 16,16-19), sobre Simón Pedro, quien será la piedra donde Jesús va a
edificar su Iglesia. Esto ya estaba anunciado en el sermón de la montaña (Mt 5 al 7). Este nuevo Israel (Mt 8
al 9) tiene sus signos que corresponde a las 10 plagas de Egipto. De esta forma se va viendo en Jesús rasgos
de Moisés. En el capitulo 10, Jesús habla de las condiciones de aquellos que en el nuevo Israel son
enviados por él a predicar el reino; lo van a perseguir. Ser miembro del nuevo Israel significa renunciarse a sí
mismo y seguir a Jesús (10,37).

1.3. Retratos de Jesús

Mateo tiene una manera muy especial de presentar a Jesús. En primer lugar. Jesús es presentado como
Mesías, el Hijo de David, prometido en el Antiguo Testamento y ardientemente esperado por los judíos.
Pero este Mesías ha sido rechazado por culpa de su pueblo, y sobre todo, por culpa de sus jefes. Como
consecuencia de este rechazo culpable, los judíos no entran en el reino de los cielos mientras que los gentiles
son llamados por Jesús.

Jesús es el Mesías, ya que las profecías mesiánicas han sido cumplidas en él (1,22; 2,15.17.23, etc.).
Jesús con mucha frecuencia apela a la Escritura (13,14s cf. Is 6,9s; Mt 21,16 con Is 8,3; Mt 9,13 con Os 6,6;
Mt 12,17 con Os 6,6). Es importante destacar también aquí los títulos mesiánicos que son puesto de relieve,
los más significativos son dos: Jesús, el Cristo, y Jesús Hijo de David.

a) Jesús, el Cristo

Este título lo encontramos a partir de las genealogías (1,1.16.18), como también la primera enseñanza
sobre la suerte del Hijo del hombre (16,21). Jesús es el rey mesiánico que ha sido perseguido desde su
nacimiento por los jefes del pueblo judío, Herodes (2,1-23). Los sumos sacerdotes y los escribas se indignan
de la aclamación dirigida a Jesús por los niños (21,14-16). El conjunto del pueblo judío acepta la
responsabilidad de la condenación del Mesías (27,24-26). Los sumos sacerdotes y los fariseos llaman a Jesús
"ese impostor", y lo persiguen incluso después de muerto (27,62-66). Finalmente, no aceptan los signos
de la resurrección (28,11-15). Cabe destacar que este rechazo ya se había predicho en el Antiguo Testamento,
sobre todo en diversos signos: el abajamiento del Mesías (Mt 2,23; 21,15 cf. Is 62,11 y Zac 9,9); el

18
servidor sufriente de Yahveh (Mt 3,17; 17,15 cf. Is 42,1; Mt 8,17 cf. Is 53,4); la incomprensión y persecución
de su pueblo (Mt 13,14s cf. Is 6,9: Lc 26,54).

Los judíos permanecen fuera del reino, mientras que los gentiles ocupan su lugar. Los reyes magos,
primicias de los gentiles adoran al Mesías humilde, mientras que los jefes del pueblo elegido lo persiguen
(2,1-23). El centurión que cree, es el tipo de los gentiles que entrarán al banquete con los patriarcas, mientras
que los herederos naturales del reino" serán arrojados a las tinieblas de fuera" (8,lss). "Los publícanos y
las prostitutas irán antes que vosotros al reino de Dios" (21,31). En la parábola de las bodas reales, el rey
castiga a los asesinos (judíos) y destruye su ciudad (Jerusalén), enseguida invita a todos aquellos que
sus servidores encuentran en las encrucijadas de los caminos, y éstos responden a su invitación (22,7-10).
Este llamado a los gentiles fue también predicho (12,17-21 cf. Is 42,1-4) y se concretizó después de la
resurrección (28,19).

b) Jesús, Hijo de David. Los dos primeros capítulos de Mateo han sido redactados, ante todo, en función de
este título (1,1.20; 2,2.55ss; 9,27;12,23; 15,22; 20,30s; 21,9.15; 22,42ss). Mientras, marcos y Lucas sólo
se fijan dos veces en este título, con ocasión del ciego de Jericó (Mt 20,30 y par.) y de la controversia sobre el
hijo de David (Mc 12,35 Lc 20,41; cf. Mt 22,42), Mateo muestra en Jesús, al Hijo de David (1,1), acogido
por José (1,20). Como el ciego de Jericó, los dos ciegos de Cafarnaúm (9,27) y la cananea (15,22) imploran
al hijo de David; las turbas preguntan si no lo será realmente (12,23) y lo aclaman como a tal a su entrada en
Jerusalén (21,9-15). Los niños lo aclaman en el templo (21,15).

Los personajes que se oponen son los fariseos, los ancianos, los senadores del pueblo (9,30;
12,9.15; 21,23-37). El título Hijo de David tiene en Mateo un aspecto trascendente. Se trata de un
mesianismo superior a David, por eso va a vincular este título con el de Señor, donde pone a Cristo a la
altura de Yahveh.

1.4- Los Apóstoles

Mateo trata a los apóstoles desde un ángulo admirativo. Es verdad que los apóstoles no están a la
altura de la enseñanza de Jesús, y el maestro se impacienta a veces. Jesús agrupa y fortifica a sus discípulos
(14,1-16,20), les revela el misterio de la pasión y les enseña la ley del servicio fraterno (16,21 - 20,28). Les
llama dulcemente la atención a causa de su torpeza para entender sus lecciones (16,8-11), pero al fin acaban
por comprender (16,20, no así en Mc 8,21). Así mismo tienen la inteligencia de las parábolas (13,51). Viendo
a Jesús caminar sobre las aguas, reconocen en verdad al Hijo de Dios (14,33, no así en Mc 6,52); se afligen
por la insistencia con que Jesús anuncia la pasión (17,23; en Mc 9,32 no comprenden). Se puede comparar
además: Mt 8,26 con Mc 4,40, y Mt 13,16 con Mc 4,13.

La familiaridad de los discípulos con su maestro queda atenuada en los siguientes textos: Mt 8,25 con
Mc 4,38; Mt 14,17 con Mc 6,37; Mt 15,33 con Mc 8,4. Igualmente sus imperfecciones (Mt 18,1).
Finalmente, son elevados tan alto por Jesús mismo que son llamados profetas, sabios, escribas de la nueva
ley (13,52; 23,34), y bajo la admiración de las turbas ante la "autoridad" y la "potestad" concedida a los
hombres (es decir, a los apóstoles), se presiente aquella misma que ha sido conferida el hijo del hombre (9,8).

1.4. La Iglesia en San Mateo

La situación de la Iglesia en la que Mateo escribe su evangelio es la siguiente: la misión en su


universalidad está en pleno curso. La Iglesia está amenazada y perseguida; existe el peligro de que sea

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seducida por los falsos profetas que proceden de ella misma. Crece la indisciplina y se enfría el amor. Por
eso la salvación final sólo será alcanzada por aquellos que se mantengan fieles hasta el fin (24,10-14).

Encontramos en este evangelio un vivo interés por la comunidad eclesial. Los contenidos esenciales
los podemos resumir así:- Presenta a la Iglesia, a la vez, como una sociedad jerarquizada, fundada sobre
Pedro (16,17-19), y como una comunidad de perdón y de amor (18,18).- El discurso eclesiástico, enseña
los principios que deben regir la relación de los fieles en el interior de la comunidad eclesial (18,1-35).-
Insiste sobre el carácter comunitario de la Iglesia cuyos miembros son todos hermanos que tienen un solo
Padre (23,8-10) a quien todos juntos invocan llamándolo "Padrenuestro" (6,9).- Afirma la presencia de
Cristo en la comunidad eclesial(18,19-20 y 28,20). Dobla la enseñanza de ciertos dichos de Jesús,
adaptándolos a la situación y a las necesidades de la Iglesia(cf. Mt 7,22-23; 18,12-14; 15,17; 24,9-14, etc.).

1.5. Su catequesis

Mateo posee un espíritu de catequista y pastor, esto se nota en la preocupación por entregar en forma
clara su doctrina sus oyentes. Si se da cuenta que un pasaje presenta dificultad, inserta de inmediato
una explicación. Por ejemplo los pobres son proclamados dichosos, pero explica que se trata de los "pobres
de espíritu" (5,3). Hay que tener hambre y sed, pero de la justicia (5,6). Se dirá toda clase de mal contra los
discípulos, pero será con mentira (5,11). Se busca primero el reino de Dios (6,33). Con un sentido muy
pastoral. Mateo califica de antemano a las personas y las cosas en el plano moral, para orientar la
interpretación de su lector. Por eso, que los personajes de las parábolas son presentados como siervos
malos (24,48), o como hombres prudentes o insensatos (7,24.26). Los pensamientos de los fariseos son malos
(9,4). Incluso antes de que los testigos hayan declarado en el proceso de Jesús, el lector ya sabe que son
falsos testigos y que los jueces buscaban, por su parte, un falso testimonio (26,59.60).

A Mateo le gusta explicitar con toda claridad posible, la enseñanza del texto bíblico, al final de un
relato. Se sabe, de esta manera, que la levadura de los fariseos es su doctrina (16,12), que Elías vino en la
persona de Juan Bautista (17,13), que las curaciones milagrosas son obtenidas gracias a la fe (9,22). Con una
prudencia admirable, Mateo sabe equilibrar los dichos de Jesús. Los misioneros no deben ir de casa en casa
buscando un mejor albergue sino que deben tener cuidado de alojarse en casa de alguien digno (10,11). Los
discípulos son la sal de la tierra y la luz del mundo (5,13-16), pero deben guardarse de entregar el mensaje de
modo desconsiderado (7,6).

La Tradición cristiana, a partir de textos bíblicos (Ezequiel 1,5-10; Apocalipsis 4,7), atribuyó a Mateo
la figura de un ángel o de un hombre con alas, en alusión al carácter humano con que presenta a Cristo.

2. Evangelio de San MARCOS

La Tradición atribuye en forma unánime este evangelio a San Marcos, y reconoce en él los recuerdos de
San Pedro. Marcos fue el intérprete de San Pedro; le siguió y aprendió de memoria sus instrucciones, fue fiel
al escribir, al igual que su maestro Pedro. Al parecer este Marcos lo podemos identificar con el Juan Marcos
que habla varias veces el Nuevo Testamento. Según Act 12,12, la madre de Marcos recibe en su casa de
Jerusalén a una parte de la comunidad para la oración. Marcos fue, primero compañero de misión del apóstol
Pablo (Act 12,25;13,5.13; 15,37-39, Col 4,10; Film 1,24; 2Tim 4,11; 1Pe 5,13). Los testimonios más antiguo
de que el autor del segundo evangelio lo encontramos a principios del siglo I, que después será reafirmado

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por los demás Padres de la Iglesia. Hoy se discute mucho el asunto de los autores de los evangelios, pero por
ahora no es importante meternos en esa problemática por ser irrelevante para nuestro objetivo. Lo que sí hoy
día está definido es en la afirmación de que Marcos es el evangelio más antiguo, escrito antes del año 70 d.C,
ya que desconoce la destrucción del templo que tuvo lugar precisamente en esa fecha (70 d.C).

2.1. El estilo de Marcos

Marcos es un escritor sencillo, aunque se muestra como un narrador de talento. Su vocabulario es


monótono y sorprendente. Son numerosos los relatos que van introducidos por la conjunción coordinante Y.
Por ejemplo en 10,33-34, donde aparece 9 veces: “Mirad, que estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo el
Hombre será entregado a los sumos sacerdotes y los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a
los gentiles. Y se burlarán de él y lo escupirán y lo azotarán y lo matarán, y después de tres días resucitará.
Además usa con mucha frecuencia adverbios como “en seguida” (al tiro), o “de nuevo”. Repite hasta el
cansancio los verbos "hacer", "haber", poder, querer. Hay pobreza de vocabulario, pero existe el toque
original de lo bien visto, giros populares y estilo semítico que tiene como antecedente común el estilo oral.
Usa palabras sencillas como, “camilla” (2,11), aldeas (1,38), con porfía (14,31).

También usa una serie de palabras que designan realidades concretas, y tiene una preferencia por los
diminutivos: habla de migajas y de perritos (7,27), o de pececillos (8,7), y sólo él se acuerda de que Jesús se
sirvió de la palabra niña para resucitar a la hija de Jairo (Me 5,41cf. Mt 9,24s). Sólo Marcos escucha a padres
desconsolados gritar: Mí hijita está muriéndose (5,23; 7,25), como también se acuerda de la barquilla (3,9),
de las sandalias (6,9), de la punta extrema de la oreja del servidor ¿el Sumo sacerdote (14,47).

Finalmente, Marcos está salpicado de palabras arameas, y cuando se da cuenta que su auditorio no lo
va a comprender, los explica: Boanerges, que significa hijo del trueno (3,17); Talita Kum: muchacha a ti te
digo: Levántate. (5,41): korbán: ofrenda (7,11): effatá: ábrete (7,34); Abbá: Padre, etc. Marcos quiere
revelar a los paganos la buena nueva, y afirma con fuerza que Jesús es el Hijo de Dios (1,1), el cual pretende
llevar al lector a reconocer en Jesús de Nazaret al Hijo de Dios, el que nos ha salvado venciendo al diablo.

2.2. Rasgos humanos de Jesús

Es característico en este evangelio encontrar los rasgos más humanos de Jesús de Nazaret. Los
demás evangelios, ciertamente también lo hacen, pero queda oculto por la divinidad, dando la
impresión de ocultar los rasgos que consideran demasiado humanos de Jesús. Marcos en cambio no tiene
miedo en presentar a Jesús en su condición de hombre concreto, y esto queda demostrado en los siguientes
rasgos:

- Jesús se compadece del leproso y después lo despide (1,41.43).- Siente pena por la dureza de los corazones
humanos (3,5). - Se maravilla de la incredulidad de la gente de Nazaret (6,6).-Impone su saliva sobre la
lengua del tartamudo sordo y sobre los ojos del ciego (7,33 y 8,23).-Pregunta a sus apóstoles (9,16.33).- Se
enfada (10,14).- Gime y suspira (7,34 y 8,12).-Estrecha a los niños en sus brazos (9,36 y 10,16).-Ama al
joven rico a pesar de que no lo sigue (10,21).

Todos estos rasgos enumerados anteriormente son propios de Marcos, los cuales han sido omitidos
por Mateo y Lucas.

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2.3. El secreto mesiánico

La característica de este evangelio está en lo que los estudiosos de la Biblia llaman el secreto
mesiánico. Marcos tiene la tendencia de ocultar siempre quién es Jesús, es decir, su mesianismo. Jesús tiene
conciencia de ser el Hijo de Dios, pero según su designio, quiere llevar a sus discípulos a este reconocimiento
de una manera progresiva. Desde ese momento, Marcos se esfuerza por respetar el desarrollo de la fe en los
discípulos, aunque sin dejar de subrayar a grandes rasgos su incomprensión. Jesús manifiesta su voluntad
de ocultar su verdadera identidad: su secreto no debe ser divulgado. Por eso se lo impone a los demonios
(1,34; 3,12), a los favorecidos con milagros (1,44; 5,43; 7,36; 8,26), a los discípulos (8,30; 9,9). Las
prohibiciones de Jesús son a veces sorprendentes: ¿cómo podrán Jairo y su esposa guardar secreto la
resurrección de su hija, ya que la multitud ha comprobado su muerte? (5,39-43). ¿Cómo callar un milagro
realizado en plena sinagoga? (1,23-28).

Al secreto mesiánico corresponde el tema de la in inteligencia de los discípulos. Según Marcos,


los discípulos manifestaban una incomprensión notoria del misterio de Jesús y de las realidades espirituales
del reino (cf. Mc 4,13.41; 6,51-52; 8,17.21; 9,32; 10,24-35). Se puede explicar el secreto mesiánico por un
designio pedagógico del mismo Jesús. Frente a un nacionalismo judío exacerbado por la ocupación romana, y
que sólo esperaban un jefe para que lo libere del yugo enemigo frente también a una teología mesiánica
centrada sobre el mesías belicoso de los escribas y de los zelotes, o el mesías extravagante de los apocalipsis:
un mesías que echará a los romanos fuera de Palestina, Jesús sólo podía revelar su mesianidad de
manera progresiva, en la misma medida en que su vida humilde y la predicación de la Pasión venía a
rectificarlas ideas corrientes y a conformarlas con -la imagen de que enceguecer a las almas rectas, pero
mal formadas en la teología oficial, con la luz deslumbrante de un mesianismo espiritual, sino más bien,
había que abrir los ojos y domesticar los espíritus, introducirlos progresivamente en el plan de Dios según
el cual el Mesías debía triunfar pasando por la cruz.

Marcos pareciera también querer interpretar los orígenes humildes del cristianismo en medio de
Israel. Si la predicación de Jesús no fue un triunfo entre los suyos, o a lo mejor, desconocida, es porque
Jesús no ha querido revelarse en plenitud. Por eso había impuesto a sus discípulos el secreto sobre su
persona y sobre su vocación divina. Pero cuando se encontraba en territorio pagano, entonces levantaba el
secreto. Así había ordenado al endemoniado de Gerasa a "anunciar todo lo que el Señor había hecho por él"
(5,19). El misterio de Jesús es sobrenatural; nadie puede comprenderlo si no ha recibido un espíritu de
sabiduría, y de revelación, que ilumina los ojos del corazón (Ef 1,17-18). Si los apóstoles lo comprenden es
porque ellos "se les ha dado el misterio del reino de Dios" (4,11). Por naturaleza tienen el corazón
endurecido, el espíritu embostado; por gracias, pueden contemplar el misterio. Así, detrás de esos relatos
maravillosos, tan populares y tan vivos, Marcos nos entrega una profunda teología: nos propone un misterio,
y nos invita a oír el llamado de la gracia de Dios.

2.4. La persona del Señor en San Marcos

Al igual que los otros evangelios. Marcos de inicio a fin habla de Cristo. Aquí solamente vamos a
destacar dos títulos cristológicos importantes en este evangelio: Jesús, Hijo de Dios, y Jesús, Hijo del
Hombre.

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2.4.1. Jesús, Hijo de Dios

En el primer versículo de su evangelio. Marcos precisa la intención y la meta de su obra: Comienzo


del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Aquí Jesucristo tiene conciencia de ser el Hijo de Dios. Presenta al
Hijo de Dios con poder, en su vida terrestre, y a la vez, explica por qué él tuvo un camino de tanta
incomprensión que lo llevó a la cruz (1,11; 9,7). Encontramos este título mesiánico en varios pasajes: los
demonios lo confiesan "Hijo de Dios" (5,7; 13,11), en un sumario (3,11); la expresión se halla en las
cumbres del Evangelio: por la voz de Dios en el bautismo (1,11), y en la transfiguración (9,7), finalmente en
la boca del centurión que, en nombre de los paganos, proclama la eficacia de la muerte de Jesús:
Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.(15,39). El evangelio de Marcos quiere revelar, como ya lo
hemos dicho, la buena nueva a los paganos: Jesucristo es el Hijo de Dios, en sentido propio y no sólo en
sentido mesiánico.

2.4.2. Jesús, Hijo del Hombre

Este es un título privilegiado, porque lo encontramos en todas las cristologías de los evangelios, e
incluso en Pablo y en Apocalipsis. En Mc 8,38 y 14,62 hacen referencia al juicio que recibirán todos aquellos
que no reconozcan al Hijo del hombre como Mesías. En 13,26 aparece la relación a la salvación final de la
comunidad. El Hijo del hombre tiene actualmente poder para perdonar los pecados (2,10) y es Señor del
sábado.

La expresión “Hijo del hombre” es una traducción de la palabra aramea bar anasha, y de la hebrea
ben adam, que significa: “hombre”, pero con una matiz: el hombre en cuánto pequeño, débil. Dios le habla al
profeta Ezequiel y lo llama “hombre. El matiz es la humildad y de insignificancia (ejemplo Sal 8,5). El Hijo
del hombre aparece con especial solemnidad en Daniel 7, 13-14, como el que aniquila los reino que oprimen
a Israel y entrega el poder al pueblo de los santos del Altísimo.

En los evangelios, Hijo del hombre es el título corriente de Jesús, que connota al mismo tiempo su
humillación y su glorificación, como se ve especialmente en los anuncios de la Pasión (Mc 8,31; 29,39;
10,33,34 y los pasajes paralelos de Mt y Lc). Posteriormente el título de Hijo del hombre se usó en general
para recordar la bajeza de Jesús su “naturaleza humana”. Jesús al utilizar este título tiene conciencia especial
de su pre-existencia, de venir del Padre; una conciencia de que él ya es el hijo del hombre, por eso que en
muchos pasajes se refiere a su condición terrena. Este título tiene referencia también al tema del servidor
sufriente de Yaveh del que habla el profeta Isaías 53. Este Hijo del hombre sufre y es glorificado por el Padre
(Daniel 7,13-14). Pero este Hijo del hombre es fuerza, poder y dominio para todos los santos del altísimo.

Los textos más seguros nos muestran que Jesús afirmó ser el Hijo del hombre: el Hijo del hombre está
sentado a la derecha (Mc 14,62; Mt 26,64; Lc 22,69; que ha de venir con poder y gloria (Mc 13,26; Mt
25,31), rodeados de ángeles (Mc13,27; Mt 25,31; Jn 1,51). En estos textos se habla del dominio del Hijo del
hombre sobre todos los pueblos (Mt 25,32, Mc13,27).

La Tradición cristiana primitiva atribuyó a Marcos la figura del león con alas, como evocación de la
“voz que grita en el desierto” con que comienza y símbolo de la resurrección con que concluye.

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3. Evangelio de San LUCAS

Una tradición, de la segunda mitad del siglo II d.C., designa al autor del tercer evangelio, como
también al libro de los Hechos de los Apóstoles, a Lucas, originario de Antioquía, médico de profesión, y
discípulo de San Pablo (Act 16,10ss; 20,5ss; 27,lss; Col 4,10-14; 2Tim 4,11). Desde el punto de vista
literario este evangelio es el más elegante de todos: Presenta los hechos en un orden cronológico más exacto
que Mateo y Marcos.

El autor es un gentil convertido que escribe para los gentiles convertidos al cristianismo. Por esta razón
subraya en su obra el carácter universalista y misericordioso de la doctrina de Jesús. Presenta a Jesús como
el Salvador universal que inspira confianza a los no judíos (2,32; 19,10 etc.). Además, es el evangelista que
más insiste en el tema de la oración, en el desprendimiento de las riquezas y en la acción del Espíritu Santo.
Es, además, el evangelista de las mujeres, a las que presenta frecuentemente en escena, siempre con respeto y
simpatía. Pone de relieve la bondad universal del Señor en la mayoría de las parábolas que le son propias (18
parábolas son propias de este autor).

El evangelio de Lucas es también el evangelio de la alegría, porque está bañado en una atmósfera
de alegría espiritual y de gratitud a Dios por los bienes recibidos de él. Además, usa con mucha frecuencia el
verbo griego Evangelizar, que significa anunciar una buena noticia. Efectivamente, cuando nace Jesús, los
ángeles cantan el Gloria (2,13), y cuando un pecador se arrepiente se celebra una fiesta en el cielo (15,7-10).
Esta jubilosa noticia consiste en que Dios se encarna para salvar a todos los hombres sin distinción, lo mismo
a los judíos como a los gentiles, a los libres como a los esclavos.

Lucas insiste más que los otros evangelistas en la elección de los apóstoles hecha por Jesús, acto
trascendental que fue procedido por una noche de oración (6,12-13), y es el único que señala el
nombramiento de otros 72 discípulos, como queriendo darnos a entender el desarrollo de la jerarquía de esa
Iglesia visible (5,10; 22,31-32).

3.1. El Reino de Dios

La buena nueva es el Reino de Dios (4,43; 8,1), en el sentido adaptado por el objeto de la predicación
cristiana (9,2.60.62; 16,16; 18,29 cf. Act 1,3; 8,12; 19,8; 20,25; 28,23.31). Con este término. Lucas, no
designa ordinariamente la realidad divina que actúa en la tierra (sentido habitual en Mateo), sino el reino
escatológico, o cielo, que rige nuestro comportamiento acá abajo y exige nuestra fe (13,27-29; 14,15; 19,11,
22,16-18). Así, su parábola del sembrador no significa, como en Mateo y Marcos, la presencia en el misterio
del reino, sino la exigencia de la fe (8,12.15). Si el reino está presente en la tierra (17,21), lo está en la
persona del Hijo del hombre (17,22), así se explicaría que, si bien tiene todavía que venir el reino (11,2), sin
embargo, ha sobrevenido ya (10,9.11; 11,20).

3.2. El Espíritu Santo

El Espíritu Santo es para Lucas un don por excelencia; es una fuerza de tipo profético, que mueve a
muchos personajes, tal es el caso de: Juan Bautista desde el seno materno (1,41.67), Simeón (2,25-27).
Está presenta en la concepción de Jesús (1,35); está presente en Isabel (l,41ss), y en la profetiza Ana
(2,36).

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Jesús está lleno del Espíritu Santo (4.1); con la fuerza de Espíritu abandona el desierto para hacer
milagros (4,14),con esa fuerza es con que cura a los enfermos (4,17), y echa a los demonios por medio del
dedo de Dios (11,20 cf. Mt 12,28). Jesús exulta en el Espíritu (10,21). Como dice Pedro, Dios lo ungió con
espíritu y poder (Act 10,38). Finalmente, los discípulos serán instruidos por el Espíritu Santo en la
persecución (12,12; Mt 10,20 cf. Mc 13,11), tema amplificado en Juan, descrito en los Hechos de los
Apóstoles.

Los milagros de Jesús son referidos al poder del Señor (5,17), a una fuerza, es decir, la de Espíritu
(6,19). Jesús se llena de gozo "bajo la acción del Espíritu Santo", porque la revelación de su mesianidad es
acordada a los pequeños (10,21). Jesús escoge a sus apóstoles "por medio del Espíritu Santo"(Act 1,2). En
Lc 11,13 nos manifiesta particularmente la importancia del Espíritu Santo para su evangelio; reemplaza
"las cosas buenas" de Mt 7,11 por el "Espíritu Santo", don supremo que contiene todo lo demás- el evangelio
va a terminar con el anuncio solemne: “Mirad, yo voy a enviar sobre vosotros la promesa de mi Padre. Por
vuestra parte permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de poder desde lo alto” (24,49, cf. Act
1,8).

3.3. La oración

Fuera de los pasajes comunes con Mateo y Marcos, Lucas menciona expresamente la oración de
Jesús en nueve circunstancias: 3,21: después del bautismo de Jesús; 5,16: en medio del ministerio; 6,12:
antes de escoger a los apóstoles; 9,18: antes de la profesión de fe de Pedro; 9,28ss: antes de la
transfiguración; 11,1: antes de enseñar el Padre Nuestro; 22,32: Jesús ora para que la fe de Simón Pedro no
desfallezca. 23,34: Jesús ora por sus verdugos; 23,46: Jesús ora antes de morir. Lucas, recuerda, por tanto,
que Cristo oraba en todos los momentos mayores de su misión, a fin de poder escuchar al padre, de conocer
su voluntad y aceptarla.

La oración de sus discípulos debe estar insertada en su propia oración; tal es el sentido del Padre
Nuestro enseñado inmediatamente después que Cristo ha orado (ll.1ss). Jesús enseña que es necesario orar
con perseverancia (11,5-8), sin cesar (21,36), con porfía (18,1-8), pero con sentimientos humildes como el
publicano (18,9-14). Personajes secundarios están también en oración: la multitud (1,10), Zacarías (1,13), la
profetiza Ana (2,37), los discípulos de Juan el Bautista (5,33). Se sugieren como fórmulas de oración, además
del Padre Nuestro, el Benedictus (1,68-79), el Magníficat (1,46-55), el Gloria a Dios (2,14), el Nunc dimittis
(2,29-32). A veces se pone al Espíritu Santo explícitamente en relación con la oración, ejemplo: 1,15.17;
3,21ss; 10,21; 11,13.

3.4. Los privilegiados de Jesús

Para Lucas, los privilegiados de Jesús son: los pobres, las mujeres y los pecadores.

3.4.1. Los pobres

Tal como Mt 5,3, Lc 6,20 introduce el mensaje inaugural de Jesús con la bienaventuranza de los
pobres. Lc 6,21 asocia a los hambrientos y a los que lloran. Los privilegiados de la buena nueva son, pues,
para él, los desheredados de este mundo. Lucas ya había encontrado en Isaías 61,1 el anuncio de que el
mesías vendría por los pobres, como Mt 11,5, Lc 7,22 cita esta profecía en la respuesta de Jesús a los
enviados de Juan Bautista; pero Lc 4,18 es el único que la repite cuando Jesús se presenta en la sinagoga de

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Nazaret. El atractivo de Lucas por este grupo de privilegiado se manifiesta en los pasajes que sólo él relata:
las parábolas del campesino rico (12,13-21), del administrador astuto (16,1-12) y del pobre Lázaro (16,19-
31); la declaración de Jesús sobre la elección de invitados (14,13s).

3.4.2. Las mujeres

Las mujeres tan despreciadas en el judaísmo, ocupan en Lucas un puesto de preferencia. Basta
recordar lo que dijimos al hablar de los grupos dominados. La mujer en el antiguo cercano Oriente, era
generalmente considerada como un ser inferior, y no como una persona igual al hombre. En tiempo de Jesús
los judíos hombres rezaban así: Te doy gracias Señor, por no haberme creado pagano, mujer e ignorante. Y
en uno de sus libros sagrados (el Talmud); se lee: es mejor quemar la Torah (ley) que transmitirla a las
mujeres. Para Jesús la mujer tiene los mismos derechos y deberes que los hombres. Los capítulos 1 y 2 de
Lucas están dominados evidentemente por la madre de Jesús, pero también se encuentra, la madre de Juan el
Bautista y Ana la profetiza. Del resto del evangelio podemos extractar las figuras de: la pecadora
perdonada (7,36-50); la viuda de Naím, a quien Jesús devuelve su hijo único (7,11-17), un grupo de mujeres
siguen y sirven a Jesús (8,1-3), Marta y Marta reciben a Jesús (10,38-42); la alabanza dirigida a la madre de
Jesús por una mujer (ll,27s); sobre el camino del calvario, un grupo de mujeres manifiestan su simpatía a
Jesús (23,27-31); las dos parábolas: de la mujer que busca su dracma perdida (15,8-10), y de la viuda
importuna (18,1-8). Y también los pasajes más característicos de los Hechos de los Apóstoles: 1,14; 9,36-
42;12,12; 16,13-15.

3.4.2. Los pecadores

Los pecadores encuentran en Jesús a un amigo (7,34), que no se niega a tratar con ellos
(5,27.30;15,1s). Por eso, Lucas, es el único en relatar cuatro conversiones importantes: la pecadora (7,36-
50), Zaqueo (19,1-10), Pedro (22,61), y el malhechor en la cruz (23,39-43). Además, Jesús afirma que los
pecadores son los privilegiados de Dios por razón de su arrepentimiento (15,1-32) y en virtud de la
longanimidad divina (parábola de la higuera seca 13,6-9). Jesús perdona no sólo al paralítico (5,20), sino
también a la pecadora (7,36-50), a los responsables de su muerte (23,34), a Pedro (22,61), al buen ladrón
(23,39-43), etc. Todo el capítulo 15 de Lucas está consagrado a la misericordia divina con respecto a lo que
estaba perdido, la parábola del fariseo y el publicano (Lc18,9-14) nos muestra la actitud de Dios frente al
hombre pecador. El fariseo se considera justo y por tanto se cierra a la intervención de Dios; en cambio el
publicano sabe que es pecador, y, desesperado de sí mismo, se entrega a la misericordia gratuita de
Dios. Los extranjeros son también, para Lucas, objetos de la solicitud de Jesús; no hay que hacer que baje
sobre ellos fuego del cielo (9,54s); incluso son presentados como ejemplo (7,9;10,25-37; 17,11-19), ya que,
el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido (19,10; 5,31).

3.5. El universalismo

Al leer este evangelio, como el libro de los Hechos, nos podemos dar cuenta, que se dirige a un público
no palestino, sino intenta pasar las fronteras de Israel para expandirse por el mundo entero. Este
universalismo se nota en las mismas expresiones que utiliza Lucas para que comprendan sus auditores.
Completa el sujeto de la frase, oscura en la tradiciones paralelas: por ejemplo. Mc 3,2 cuenta que "se lo
observaba". Lc 6,7 precisa: “los escribas y fariseos” (ver también 19,32; 20,10; 21,31). En Mc 1,34: los
demonios "le conocían", se convierte en Lc 4,41: sabían que era el Cristo (ver también 8,5; 9,7; 22,52).
Cuando un punto parece oscuro, Lucas explícita: así a Mc 2,17: "no he venido a llamar a los justos, sino a
los pecadores", añade Lc 5,32: a la penitencia. Otros textos: 5,17

26
6,8.19; 8,12.15.20.33.37.40; 20,20; 21,4; 22,34.45; 23,26. En fin, algunas puntualizaciones quitan toda
ambigüedad o justifican el curso de los acontecimientos (4,43; 6,1; 18,36).

Jesús reconoció expresamente que no había sido enviado, durante su ministerio terrestre, sino a salvar
al pueblo de Israel (Mt 15,24-26). Es por esta razón que Jesús envía a sus discípulos solamente hacia la
población judía de Palestina, y les prohibe toda misión con los samaritanos y los paganos (10,5s), aunque en
forma excepcional, realizó algunos milagros a favor de paganos ( Mc 5,2ss; 7,25ss; Mt 8,5s), pero jamás
emprendió una misión a los paganos.

Pero Jesús experimentó una gran alegría al constatar en los paganos, una fe que no había encontrado
en ninguna parte en Israel (Mt 8,10; 15,28). Proclama en consecuencia, el rechazo de Israel y la entrada de
los paganos en el Reino futuro (Mt 8,10-12; Lc 13,28s). Jesús resucitado encargó a sus discípulos la misión
de ir a todos los pueblos, sin imponer límite alguno. Los evangelistas son unánimes sobre este punto (Mt
28,19; Mc 16,15; Lc 24,47; Act 1,8; Jn 20,21). La situación es ahora diferente a la del tiempo del ministerio
de Jesús. Como consecuencia de su resurrección y glorificación a la diestra de Dios, Jesús ha sido constituido
como Señor del universo (Act 2,36; Fil 2,9-11; Mt 28,18). Los predicadores enviados por Jesús resucitado
deben, ante todo, anunciar el mensaje salvífico al pueblo de la promesa y colocarlo ante la alternativa de
aceptar o rechazar el evangelio. Se comprende, entonces, que Pablo haya predicado sin cesar, primero a los
judíos, para dirigirse a los paganos solamente cuando su mensaje había sido rechazado por Israel (Act 13,46;
18,6; 28,25-28).

La simbología de los primeros siglos cristianos, atribuyó a san Lucas, la imagen de un toro con alas,
de acuerdo a la función sacrificial del templo de Jerusalén con que comienza su evangelio, y al sacrificio
nuevo y definitivo de Cristo.

4. Evangelio de San JUAN

Hasta el siglo pasado nadie dudaba en atribuir a Juan este cuarto evangelio. Pero a partir de esa fecha
se ha venido dudando de que Juan sea el autor del evangelio, de las cartas y del Apocalipsis. De todas
maneras, quedémonos con afirmar y atribuir a Juan el cuarto evangelio, porque al igual que los otros
evangelistas, por el momento no es importante hablar del problema del autor. Juan, era hermano de Santiago
el mayor; ambos hijos de Zebedeo, que con San Pedro fueron los tres apóstoles predilectos de Jesús. Fue el
último en escribir su obra, y lo hizo en los últimos años de su vida.

El cuarto evangelio fue sin duda meditado y predicado largo tiempo antes de ser redactado, y ello
primeramente en Siria, y más exactamente en Antioquía, y es probable que Juan halla conocido a Lucas y
Mateo, lo cual explicaría la cierta finitud que hay especialmente entre Juan y Lucas. El cuarto evangelio es
un trabajo dirigido a creyentes que son capaces de entender, ya que llevan una vida de fe bastante madura en
la Iglesia. Esto lleva a Juan a usar y poner palabras de Jesús que son muestras de fe de la comunidad,
ejemplo fórmulas de fe en la primera carta, que en el evangelio son palabras de Jesús (1Jn 3,14 cf. Jn 5,24;
1Jn 3,11 cf. Jn 13,34). Este cuarto evangelio es diferente de los tres sinópticos. Por otra parte nos
completa el conocimiento de la vida y de la doctrina del Señor, sin intentar agotar el tema (21,25). San Juan
adoptó su evangelio a los cristianos que conocían ya los sinópticos, algunas epístolas de San Pablo y las
primeras herejías.

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San Juan, debido a su avanzada edad, conoció mejor que ningún otro apóstol el desarrollo de las
Iglesias, y por consiguiente, los errores que se iban extendiendo en algunas comunidades cristianas,
principalmente, algunas herejías, o desviaciones de la recta doctrina. Esto explica la terminología que usa:
Verbo o Logos, espíritu, carne, luz, vida, agua, sangre, etc. Estos herejes, contaminados por algunas
ideas filosóficas, consideraban la materia como intrínsecamente mala, y llegaban a la conclusión de que Dios
no podía de ningún modo unirse a ella; por esto negaban la divinidad de Jesucristo, y distinguían entre Cristo
(ser espiritual, incapaz de sufrir) y Jesús (el hombre, cuyo cuerpo era aparente o estaba dominado por la
divinidad en orden a la sensibilidad y al sufrimiento).

Frente a estas herejías escribió Juan su evangelio, demostrando la Divinidad de Jesucristo con sus
milagros, que son como signos o pruebas irrefutables: estos han sido escrito para que creáis que Jesús es el
Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyéndolo tengáis vida en su nombre (Jn 20,31). El cuarto evangelio, al
igual que el de Mateo es apologético (defensa de la fe).

4.1. La persona de Jesús en San Juan

Juan destaca mejor que los otros evangelistas la Divinidad de Jesucristo, ya aparece en los primeros
versículos (l,lss). Además destaca temas importantes como la Trinidad y la eclesiología (estudio de la
Iglesia), que queda demostrada en la alegoría del rebaño y del pastor, así como la primacía de San Pedro; de
los sacramentos como fuente de vida divina y gracia santificante, etc. La moral de los escritos de San Juan se
resume en la caridad: amor divinizado y universalizado. El argumento principal de San Juan es, que el Hijo
de Dios encarnado fue enviado por el Padre a los hombres para revelarles y comunicarles las riquezas
misteriosas de la vida divina. Estas riquezas les serán ofrecidas dentro de la Iglesia. Por el Logos
(Verbo) existe una relación real entre el mundo trascendente de Dios y el cosmos. Por su función
mediadora, universal y exclusiva, puede comunicar al hombre la salvación, que en el lenguaje de Juan se
llama: luz y vida. Por eso Jesús, como el Verbo encarnado, es el único camino y la única puerta para la
salvación. Cristo, según Juan se auto define como el Yo soy, es el revelador exclusivo del Padre. En ellas se
expresa lo que Jesús significa para el mundo: "Yo soy la luz del mundo" (8,12); "yo soy la puerta de las
ovejas" (10,7); "yo soy el buen pastor"(10,11.14); "yo soy la resurrección y la vida" (11,25); "yo soy el
camino, la verdad y la vida" (14,6). En estas afirmaciones, el Yo es siempre el sujeto destacado, mientras que
el predicado formula la salvación presente en Jesús con imágenes que no son directamente de tipo mesiánico,
sino que usan corrientemente en cualquier círculo religioso y resultan comprensibles para cualquiera.

Los signos muestran visiblemente el sentido revelador de las proclamas de Jesús que empiezan por
Yo soy y son inseparables de su palabra. Al mismo tiempo demuestran que Jesús tiene de hecho el poder de
realizar su pretensión de comunicar la salvación al mundo. En Juan a diferencia de los sinópticos hace
resaltar más la personalidad divina del salvador. A pesar de este cambio de perspectiva, el Cristo del cuarto
evangelio no es distinto del de los sinópticos. Si bien la misericordia y la compasión es mucho menos
frecuente que en los sinópticos el motivo de su actividad, deja, sin embargo, traslucir sentimientos
profundamente humanos (la resurrección de Lázaro, los discursos después de la cena).

4.2. La soteriología (la salvación)

En la teología de Juan el tema de la salvación es inseparable de Cristo, puesto que ésta se


encuentra ordenada totalmente a Cristo. Esto lo podemos ver en el concepto VIDA. Pues Cristo no solamente

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confiere la vida, sino que él mismo es la vida en persona (Jn 11,25; 14,6; 5,26) y el pan celestial de vida
(6,35.48). Es enviado para traer la vida al mundo (3,15s; 10,10). El que cree en él tendrá la vida eterna (Jn
3,15s.36; 5,24; 6,40.47; 10,28; 17,2s; 20,31; 1Jn 5,12). Al creyente se le transmite la salvación, que en su
esencia es comunión con Cristo (Jn 15,1-5), en la generación sacramental (el bautismo) por el espíritu de
Dios (1,13;3,5s; 4,14; 7,38s; 1Jn 5,6ss) a través de la entrega de Jesús a la muerte “por la vida del mundo” y
de su representación y aplicación en el don eucarístico (Jn 6,51-58), e igualmente a través de la
aceptación obediente de la palabra vivificante de Cristo en la fe (5,24; 6,63.68; 8,51). La fe es el camino para
la salvación, entendiéndose, el acto de creer en forma totalmente existencial, como entrega decidida y
radical de la persona entera con todas sus fuerzas al salvador Jesucristo; ya que en la teología joánica. Jesús
es siempre el objeto de la decisión de fe, y por lo tanto lo único que importa es Jesucristo.

4.3. La escatología (estudio del más allá)

En Juan, Cristo es entendido como el acontecimiento escatológico por excelencia, en el que la


salvación y la condenación no se deciden sólo en el futuro, sino ya "ahora" (Jn 3,18). Pero también conoce un
juicio futuro (Jn 5,27ss;15,6). Pero es curioso ver que Juan no menciona ningún pasaje apocalíptico que
encontramos con mucha frecuencia en los sinópticos, es decir, ninguna mención de la venida del Hijo del
hombre sobre las nubes; ninguna descripción del proceso del juicio final. Pero con esto no se quiere decir,
que Juan deseche el aspecto escatológico del mensaje cristiano, sino lo que sucede es que, mucho más que
los sinópticos, subraya la idea de que en Cristo se alcanza ya la cima o el fin de la historia del mundo. Con la
muerte de Jesús queda vencido el mundo y arrojado fuera el príncipe de este mundo (12,31;16,33); por esta
razón tal muerte es la "consumación" escatológica (19,30).

4.4. La Iglesia en San Juan

Aun cuando el concepto Iglesia no desempeñe ninguna función especial en Juan, sin embargo el
contenido mismo, está presente en él, tanto desde el punto de vista teológico como en el aspecto institucional.
Juan considera a la Iglesia como la grey que Jesús congrega y conduce, como la grey por la que éste como el
buen pastor entrega su vida (Jn 10,1-8) y para la que después de su partida dejó a Pedro como sucesor en su
tarea pastoral (21,16s). Los miembros de la Iglesia son los sarmientos de la vid, que es Cristo (15,1-5).
La esencia de la Iglesia también aparece en la teología de Juan a través de la frecuente fórmula "nosotros", en
la que se pone de manifiesto la comunión de la comunidad de fe y tradición. Juan manifiesta una conciencia
comunitaria muy exclusiva, en cuanto afirma que la comunidad está en el mundo, pero no es "del mundo"
(Jn17,11-19); sufre las presiones del mundo (16,33), pero rebosasen amor, paz y gozo de su Señor (16,33;
17,13.26).

4.5. Los otros escritos de San Juan

Se le atribuye también a San Juan: tres cartas y el Apocalipsis. La Primera Carta es obra del mismo
autor del cuarto evangelio. Es una instrucción doctrinal que tiene por objeto poner en guardia a los fieles
contra los herejes cristianos, a quienes llama "anticristos", los cuales negaban que Jesús fuese el Cristo, el
Hijo de Dios encarnado y salvado del mundo. Su contenido doctrinal se puede resumir así: Dios es luz,
santidad y amor. Para participar de la vida de Dios y de Cristo, debemos caminar en la luz, evitar el pecado y
amar a nuestros hermanos los hombres; así llegaremos a ser hijos de Dios, nuestro Padre.

La segunda y tercera carta son muy breves dirigidas a destinatarios concretos. La segunda carta va

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dirigida a una Iglesia particular, y la tercera a un tal de nombre Gayo. La segunda insiste en el tema de la
caridad y de los anticristos o seductores que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. La tercera elogia
a Gayo por su hospitalidad con los hermanos y censura a Diotrefes, un obispo ambicioso que se permite
criticar al autor de la epístola y no recibe a los hermanos.

Otro libro importante atribuido a San Juan es el Apocalipsis. Bajo el imperio de Domiciano, el
apóstol San Juan fue desterrado a la rocosa isla de Patmos, en el mar Egeo. Aquí escribió lo que le dictaba su
madura experiencia de místico sobre la persecución de la Iglesia y su triunfo definitivo. Apocalipsis es una
palabra griega que significa revelación, manifestación. Se trata del único libro profético del Nuevo
Testamento. Fue escrito para animar a los cristianos que sufrían persecución. San Juan les habla de la lucha
de la Iglesia contra los enemigos presentes y futuros, y les asegura que saldrá victoriosa, según lo predijo el
mismo Jesús: Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella… tened confianza, yo he vencido al
mundo. En el Apocalipsis todo son visiones, símbolos, pariciones de ángeles y de seres extraordinarios.
Se perciben en él las influencias literarias de Ezequiel y Daniel. Su lectura resulta difícil al hombre de hoy,
que no siempre acierta a traducir en lenguaje conceptual lo que en esas páginas está dicho en lenguaje
simbólico, pero es un libro esencial del Nuevo Testamento: es la historia del futuro de la Iglesia y de la
humanidad.

El Apocalipsis se presenta como una obra unitaria Precedida de un prólogo (1,1-3) y termina con
un epílogo (22,6-21), en donde el autor puso la última mano. La obra consta de dos partes generales,
desiguales en amplitud, pero fácilmente reconocibles. La primera está constituida por un conjunto de siete
cartas que, después de una introducción más general, se desarrolla orgánicamente en las cartas a las siete
iglesias (1,4 al 3,22). La segunda parte tiene una estructura más compleja y desigual, teniendo en cuenta
ciertos indicios literarios, cabe distinguirla en cinco secciones.

La primera sección (cap. 4 al 5) tiene una función introductoria: presenta los elementos y los
personajes que entrarán luego en acción: Dios, la corte celestial, el cordero, el libro de los siete sellos. La
quinta sección (16,17 al 22,5) presenta un aspecto de conclusión: la condenación definitiva e irreversible del
mal, la exaltación suprema del bien, confluyen en la síntesis final de la Jerusalén celestial. Entre estas
dos secciones tenemos un movimiento lineal ascendente de desarrollo. Ese movimiento comienza ante
todo en la segunda sección (6,1 al 7,17), caracterizada por la apertura sucesiva de los sellos: es una
primera exposición en esbozo de los elementos típicos que intervendrán en la lucha dialéctica entre el bien y
el mal, una especie de planteamiento del problema. Sigue la tercera sección (8,1 al 11,4), caracterizada por la
sucesión septenaria de las trompetas; expresa también una confrontación dialéctica entre el bien y el mal,
profundizando en la figura de los protagonistas negativos y subrayando la "parcialidad" histórica de ese
conflicto, es decir, nos dice que en el curso de la historia de la salvación habrá estancamientos, puntos
muertos, resultados provisionales de una y otra parte. La cuarta sección (11,15 al 16,16), caracterizada por
las tres "señales" (la, la mujer el dragón, los siete ángeles), nos presenta la lucha entre el bien y el mal en su
desarrollo dramático hasta su punto culminante, el gran día (16,16).

Pero el desarrollo lineal hacia adelante no es unívoco. En efecto, advertimos que, paralelamente a
ese movimiento progresivo que implica una sucesión temporal en sentido estricto, hay otros muchos
elementos que giran libremente, moviéndose hacia adelante o hacia atrás respecto al eje principal de
desarrollo. Este fenómeno literario, que puede observarse en todas las secciones, da al movimiento
progresivo una fisonomía característica, que lo libera del esquema de una sucesión histórico-cronicista de
todo tipo y tiende a colocarlo en la zona ideal de la meta historia.

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El tema del simbolismo en el Apocalipsis resulta particularmente difícil. Esta dificultad radica
en la multiplicidad de imágenes usadas por el autor, y muchas veces utilizando su imaginación. Los
Apocalipsis judíos utilizaban palabras veladas, imágenes y símbolos, en esto no se distingue de ellos el
Apocalipsis de Juan. Sin embargo, conociendo bien el Antiguo Testamento, la mayor parte de las imágenes
empleada se pueden descifrar con facilidad: "el Hijo del hombre" (Ap 1), esposo (Ap 19), etc., son títulos que
se refieren claramente al Mesías profetizado por el Antiguo Testamento. En Ap 5,6 se nos presenta al
Cordero que "estaba de pie, aunque parecía degollado; tenía siete cuernos y siete ojos". Tenemos una
clara intuición de fondo, que se pone de manifiesto con la equivalencia entre el cordero y Cristo.

Sobre esta intuición de fondo, el autor construye su vertical simbólica. El primer nivel simbólico
nos presenta al cordero de pie, aunque parecía degollado: esta imagen no puede registrarse en la fantasía, y
entonces, en una pausa reflexiva, el lector o el oyente elabora los datos que ofrece el autor: degollado:
expresa el sacrificio cruento de Cristo; de pie: se refiere a su resurrección (triunfo); la unión forzada de los
dos rasgos simbólicos sugiere que los dos aspectos, la muerte y la resurrección, coexisten en el cordero-
Cristo. Tenia siete cuernos: es un segundo nivel simbólico. Olvidando los elementos del primer nivel, en una
nueva pausa de reflexión, se llega a esta elaboración: "la totalidad (siete) del poder (cuerno)" se le atribuye a
Cristo-Cordero. Sigue un tercer nivel simbólico: siete ojos: el mismo procedimiento utilizado más arriba
nos da el siguiente resultado, "la plenitud de los dones del Espíritu le pertenece a Cristo". El simbolismo no
es una copia deforme del discurso realista. Tiene su propio contenido específico, su propia dimensión, su
propio alcance, que no puede reducirse exactamente a una equivalencia realista. Y es precisamente este
carácter irreductible lo que permite al símbolo expresar ciertas realidades que superan el nivel
humano. Las equivalencias realistas son por eso mismo simples indicaciones, una especie de traducciones
lexicales, que facilitan el contacto con la imagen expresada en el símbolo, dejándola tal como es. Será
luego la elaboración completa hecha por el lector o por el oyente, la síntesis intuitiva que de allí habrá de
derivarse, lo que constituye la verdadera comprensión de los símbolos empleados.

Apuntes para el uso privado de los alumnos del curso NUEVO TESTAMENTO 2012.

UNIVERSIDAD CATOLICA DE TEMUCO.

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